Las ediciones en rústica de
Las Profecías de Sanctus Germanus Volumen 1 y 2
ya están a la venta.
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Una Narración Personal de
Entrenamiento como Medium--Parte 5
Otro Encuentro Más
En mi vuelo de regreso de Singapur, aterrizamos esa noche in Newark, Nueva Jersey durante la peor ventisca de la temporada. Tan pronto desembarcamos, todas las puertas de embarque se cerraron y el aeropuerto se cerró. Los autobuses de enlace para los hoteles dejaron de correr y el tren de enlace que conectaban con los terminales dejó de funcionar. Miles estaban estancados en el aeropuerto y dejados solos para dormir en el piso del Terminal. No había forma de salir del aeropuerto excepto a pie. Me dijeron que esto era un signo de lo que vendrá: los sistemas técnicos del hombre son tan frágiles que no serán capaces de manejar el caos causado por los cambios terrestres que se están acercando. Esta es la prueba inconfundible. Más adelante en este año tuvimos al huracán Katrina que impactó a Nueva Orleáns, y algunas de esas escenas tenían una marcada similitud a lo que yo vi esa noche en el aeropuerto.
¿Qué iba yo a hacer? Encontré una esquina apartada en el Terminal para acostarme a dormir por la noche. Estaba cansada después de un vuelo de 20 horas y me dormí enseguida sobre el piso. Desperté a las 5 de la mañana y me encontré rodeado de otros pasajeros estancados que se habían acomodado alrededor de mí. Todo era bastante extraño. Recogí mis cosas y fui al mostrador de la línea aérea para ver si había alguna posibilidad de salir ese día, ya que se acercaba otra tormenta. Me metí en una larga cola de pasajeros estancados.
Cuando finalmente llegué al agente, me dijo que el único asiento que tenían disponible era dentro de dos días, de lo contrario tendría que buscar otro medio de transportación. Ningunos de los trenes, autobuses y taxis estaban disponibles, así que ¿Qué podía hacer?
Fui a la planta baja al mostrador del autobús. Había dos turistas indios también buscando una forma de salir. Había un letrero en el mostrador notificando que todos los servicios de autobús estaban cancelados hasta nuevo aviso. Ellos se encogieron de hombres y se marcharon. Yo permanecí parado solo y aturdido pensando en cómo iba a regresar a Montreal, cuando de pronto oí una voz detrás de mí. « ¿Quieres ir al centro de la ciudad?»
Me viré y ahí estaba un tipo agradable de aproximadamente 38 años de edad. Yo le dije «Sí, pero todo está cerrado y no podemos salir.»
«Yo trabajo aquí. Mire, esta es mi placa oficial. Acabo de salir del trabajo. Yo trabajo toda la noche quitando el hielo a los aviones para que puedan despegar. »
«Yo creía que habían cerrado el aeropuerto,» dije yo.
«Oh no, hemos estado despegando vuelos toda la noche. Ven. No podemos tomar un taxi en este terminal. Tenemos que ir al terminal número 3. »
« ¡Espere! » dijo. En ese momento una blanca furgoneta oficial del aeropuerto bajó por la rampa. Corrió afuera y lo paró. La señora conductora asintió con la cabeza, y él me hizo señas para que subiera. Arrastré mi maleta y mis cosas a través de la nieve y subí a la furgoneta, que nos llevó al próximo terminal. Nos acercamos a un taxi, el único a la vista. El hombre se bajó y regateó con el chofer y me dijo, «20 dólares para llevarnos a la estación de ferrocarril de Newark.» Accedí, y él me ayudó a cargar todas mis cosas al baúl del taxi y nos subimos al taxi.
En el taxi, el hombre me dio un billete de $10.00. «Aquí tienes mi parte», me dijo. «Tú lo pagas.»
En menos de diez minutos llegamos a la estación de ferrocarril de Newark. Al entrar en el Terminal, me preguntó, « ¿Quieres un café? »
Le dijo, «Sí, yo invito. Pero voy a revisar el horario de trenes primero. Vuelvo enseguida.»
Él fue al final de la cola y yo caminé alrededor de 20 pies para revisar el horario del tren que estaba en tablón. Cuando miré para atrás a la cola de café, el hombre había desaparecido. Caminé alrededor del puesto de café pero no logré encontrarlo, entonces pensé que lo encontraría en el mismo tren a Manhattan para poder darle las gracias.
Subí las escaleras a la vía indicada en el horario del tren, pero no había nadie ni siquiera el tren. De pronto apareció un empleado del ferrocarril. « ¿Vas a Manhattan?» Yo dije que sí. «Ese tren está en la vía al otro lado. Ven, yo te llevo.» Tanta cortesía en Nueva Jersey, pensé. ¡Y a las cinco de la mañana!
El hombre del ferrocarril me llevó al otro tren y le dijo al otro empleado que yo quería ir a Manhattan. Me dijo que comprara un boleto de la máquina expendedora que estaba en la pared. «Puedes subir, pero no sabemos cuando vamos a partir. Al menos está cálido adentro.»
« ¿Cuánto pasajeros tienen? » Le pregunté esperando ver al caballero que me ayudó llegar ahí.
«Solamente seis.» dijo.
Me subí y miré alrededor a los otros pasajeros. El caballero no estaba entre ellos. De verdad que quería agradecerle.
Tan pronto me senté, el tren empezó a moverse. Dentro de pocos minutos ya estábamos en la estación Penn de Manhattan.
La estación Penn en medio de una tormenta de nieve es algo de otro mundo, como un depósito de cadáveres. La gente sin techo estaban durmiendo parados dondequiera, y los pocos guardias de seguridad empujaban a los que se habían aflojados al piso obligándolos a pararse. No se permite merodear o dormir en la estación. Subí arriba a la puerta de salida en la esquina de la Séptima Avenida y había un enorme terraplén de nieve que el arado había empujado contra la entrada, así que tuve que treparme encima para poder llegar al otro lado de la calle. Todavía estaba oscuro y no se veía a nadie. ¿Qué iba yo hacer ahora? Entonces me fijé en un coche con los faros destellando en mi dirección. Milagrosamente resultó ser un taxi amarrillo. Le hice señas para que viniera. El chofer tenía puesto un turban y parecía ser un Sikh. No era comunicativo y no quería charlar. Sin tráfico, llegamos al apartamento de mi amigo. Al apearme, miré mi reloj. ¡¡El viaje entero desde el puesto del autobús en el aeropuerto de Newark al apartamento de mi amigo en Manhattan tomó menos de una hora!! ¡Me asombré y supe instantáneamente que alguna forma de intervención divina había ocurrido!
Eventualmente, logre tomar otro vuelo de regreso a Montreal desde el aeropuerto La Guardia ese día.
Una Nueva Cara para la Fundación
Pasé el próximo mes mudando la Fundación a un edificio de oficina. El ruido de los estudiantes en la planta baja había hecho imposible proseguir con nuestro trabajo. Decoré la nueva oficina para que no aparentara ser una oficina, y la mayor parte de la gente se sorprende al entrar. Es tan silencioso que llevamos acabo sesiones de meditación en grupo ahí.
Después de instalar la nueva oficina, alquilé una pequeña casa de campo al lado de un lago en las montañas Laurencias al norte de Montreal. Era un sitio ideal para empezar a escribir el boceto de las Profecías de Sanctus Germanus Volumen 2.
Los Maestros, principalmente St. Germain, transmit ían información a una hora predeterminada por la mañana o por la tarde en un jardín pequeño frente al lago, un lugar hermoso y sereno. Muchas veces estas transmisiones eran consejos sobre lo que debiera investigar o pensar. Su esfuerzo era involucrarme en lo escrito, en vez de dármelo todo. Así que después de terminar con las transmisiones, escribí el primer borrador, pensando que pasaría las próximas semanas puliéndolo con un editor. Sin embargo, me notificaron que el libro aún no estaba listo para la publicación. Tendría que terminarlo después de hacer otro viaje a la India.
Regreso a Darjeeling y el Viaje a Rumtek, Sikkim
Mientras me preparaba para ir a Darjeeling en noviembre de 2005, recibí un mensaje que debería traer conmigo unas patillas para dolor, y entonces vi una escena proyectarse en mi mente en que me estaba retorciendo de dolor en la cama. « ¿De qué se trata esto?» pregunté.
«Ya verás, si vas.» Me advirtieron que este sería un viaje de espinas. ¿Por qué? No contestaba. Así que la decisión era mía. Pero sabía que sería otra prueba más de mi sinceridad y compromiso en lo que estaba haciendo.
« ¿No he demostrado suficiente compromiso hasta el día de hoy? Pregunte. No contestaron.
Otro Encuentro Más
El viaje tuvo un mal comienzo. Mi vuelo de Montreal a Newark fue en un nuevo avión tipo “Brazilian Embrear”, y había desarrollado problemas con sus instrumentos antes de levantar vuelo. Yo había planeado en una espera de cinco horas en Newark antes de tomar el vuelo de enlace a Singapur, así que según el personal aéreo, el fallo en el sistema estaría compuesto, y no tendría problema alguno en hacer la conexión. Les dijeron a los pasajeros que esperasen en el avión. Todo iba a salir bien.
El tiempo pasó hasta que el piloto anunció que tendrían que llamar un equipo de especialistas para arreglar el problema con los instrumentos. Todo estaría bien y dentro de poco tiempo saldríamos. Uno hora más tarde, un equipo de tres técnicos subió al avión. Dos de ellos fueron a la cabina del piloto y el tercero se dirigió por el pasillo hacia el fondo del avión. Cuando me pasó, se sonrío ampliamente, como si me conociera. Yo también lo reconocí, pero no me recordaba de donde. Él ajustó algo en el panel electrónico, y entonces se dirigió hacia el frente para reunirse con sus compañeros. Otra vez, cuando me pasó por el lado, se volteó y se sonrió de nuevo. En ese instante, me di cuento de quién era. Era el mismo hombre que me ayudó salir de la ventisca del aeropuerto de Newark – el que había desaparecido ante de yo poder comprarle un café para agradecerle el favor . ¿Pero qué hacia él en Montreal? ¿Acaso no era de Nueva York? Claramente no había una respuesta lógica a este encuentro, así que lo acepté con una risa ahogada. De pronto me sentí muy seguro volando de ese avión.
Segundo Viaje a Darjeeling
Finalmente llegamos a Newark con seis horas de atraso, justo a tiempo para yo perder mi vuelo a Singapur. El próximo vuelo sería dentro de tres días. En ese instante sentí ganas de regresar a Montreal en vez de quedarme tres días en Newark.
Finalmente, cuando la Línea Aérea de Singapur se dio cuenta que no había sido por culpa mía, decidieron cambiar mi boleto y permitieron que fuera en el vuelo del próximo día desde JFK Nueva York a Frankfurt y entonces a Singapur y Kolkata (Calcuta). El viaje desde Newark a JFK fue tenso, estuvimos metidos en tráfico por horas. Tuve miedo que se repitiera el mismo escenario, pero con suerte llegamos justo a tiempo para tomar el vuelo.
Al llegar a Singapur dos días más tarde, encontré que había perdido el vuelo a Kolkata, India y tendría que permanecer en Singapur un par de días. Aproveché la ocasión para visitar algunas amistades. Finalmente, llegué a Kolkata con seis días de atraso y agotado.
Después de un par de días de descanso, volé a Bajdogra donde alquilé un coche que me llevara a Darjeeling. Me dijeron que escogiera un chofe particular por que si no, tendríamos problemas en el camino. Ellos habían proyectado la imagen de un hombre tibetano que sería el chofer. Cuando llegue al aereopuerto de Bagdogra, pagué por adelantado al taxi, como es la costumbre. Por la ventanilla, pude ver al despachador asignarme un chofer, pero no se parecía a la persona cuya imagen había visto. Decidí correr el riesgo. Si algo sucediera, tendría que aceptar las consecuencias.
Al salir del aeropuerto con mis maletas, de pronto un joven tibetano se paró frente a mí. «Hola, soy su chofer.» Él era el que vi en la imagen proyectada. Me dijo que había intercambiado boletos con el otro chofer para no tener que volver a Darjeeling vacío. Me sentí seguro con este tipo, así que durante mi viaje a Darjeeling y Sikkim, lo mantuve como mi chofer. Vamos a decir que fue “altamente recomendado”, y por cierto que era un chofer muy bueno, cuidadoso y no frenético como muchos de los jóvenes chóferes indios.
Llegamos a Darjeeling al oscurecer y fui al hotel para registrarme. Era un sitio de mala muerte, así que fuimos a otro, que era un poco mejor, excepto que no tenía buena calefacción y los vecinos de la segunda planta eran ruidosos. Después de una noche sin dormir, me mude a otro hotel que estaba en la cima de una colina.
Me sentí un poco débil del viaje pero de todos modos bajé al Monasterio Bhutia Busto para ver a mi amigo el Lama Tenzing. Cuando llegué, el asistente del lama me dijo «Lama Tenzing no está aquí. Se fue a Calcuta hace dos semanas y se suponía que llegara pronto. Pero llamó hoy y nos dijo que alguien de Canadá va a venir. Debe ser usted. Él dijo que estará aquí mañana.» Hacía dos años que no hablaba con el lama, y no le dije que iba a venir. Había aprendido al conocerlo mejor que él era muy telepático y clarividente, y hay muchas cosas que no tengo que decirle porque ya lo sabe.
Como ya estaba en el monasterio, pedí permiso para meditar en el salón del segundo piso del monasterio. Al comenzar la meditación, entré en un semi-trance. Los Hermanos me dieron una entusiasmada bienvenida. Se presentaron en el plano etéreo y St. Germain se acercó para hablar a través de mis cuerdas vocales. Me felicitaron por hace el viaje y dijeron que había sido una excelente decisión hacer el viaje a pesar de los problemas encontrados. Entonces, St. Germain me habló dándome algunos detalles sobre la organización de la Fundación Sanctus Germanus y las tareas por hacer.
Después de esta sesión, fui al balcón. Uno de los monjes gritó, « ¡Está aquí! ¡Ahí viene!» Ahí estaba el Lama Tenzing bajando por una montaña con un porterito detrás cargando sus dos maletas. En seguida me reconoció y charlamos un poco. Estaba muy cansado de su largo viaje y yo también, así que hicimos planes para reunirnos al día siguiente en mi hotel.
Parecía que yo era el único huésped en el hotel. El día siguiente el Lama llegó muy temprano y desayunamos juntos. Él tenía que viajar a Sikkim y estaría muy ocupado con pujas y viajes a los pueblos cercanos, por lo tanto, nos quedamos de vernos de nuevo dentro de unos cuantos días.
Al momento, yo estaba enfermo con un resfriado debido a la tensión de tantas noches sin sueño durante el viaje. Entonces algo más me empezó a ocurrir. Estaba pasando por algunos otros ajustes, la mayor parte ocurrieron en el área de mi cabeza y garganta. Hubo momentos en que creía que mi cabeza literalmente se iba a partir en dos. No podía bajar al restaurante para comer y me tuvieron que servir la comida en mi cuarto. Estos ajustes duraron alrededor de diez días hasta que me dejó muy debilitado, pero todo ese tiempo sabía que ellos estaban trabajando conmigo. Supe no dejarme llevar por el pánico al pensar en morirme sólo en las Himalayas, aunque algunas veces sentí que me iba a morir. Sabía que era un ajuste necesario, y que tenía que pasar por esto. Por esto fue que hice este viaje. Comprendí ahora porqué compre las pastillas para el dolor.
Lo que ocurrió fue una de las últimas etapas del alzamiento de la energía kundalini desde la base de la espina dorsal. En vez de subir de momento, mi experiencia a través de un periodo de cinco años ha sido que la liberación del kundalini llegó a través de diferentes intervalos, y a través del tiempo fue subiendo por la espina dorsal de chakra a chakra. Sentía malestar en la parte baja de mi espalda seguido por varios síntomas raros o dolor en la chakra afectada. Esto se iba y venía. Esta vez el kundalini estaba llegando a mi chakras de la garganta y la frente lo cual causó un dolor intenso en la cabeza.
Después de este episodio, permanecí en un estado físico debilitado por alrededor de un mes. Tomó tres semanas más de playa y comiendo comida fresco para recuperar por completo. Descubrí otras cosas sobre esta apertura. Me explicaron porqué ocurrió esta apertura y el trabajo que voy a desempeñar en el futuro. Comunicaciones desde dimensiones superiores necesitarían más precisión de mensajes y enseñanzas más complejas, y yo tendría que grabarlas tan precisamente posible. Las imágenes acompañantes que se proyectan ahora son de un color más vívido y realista.
Visita a Rumtek, Sikkim y el Monasterio Rumtek
Aunque me sentía un poco débil, decidí alquilar un jeep e ir a Sikkim, específicamente a Rumtek, donde está ubicado el famoso Monasterio Rumteck. Más tarde entendí porqué tenía que ocurrir esta visita.
Después de un paseo de interminable vericuetos por las Himalayas para llegar a Rumtek, me registré en el Hotel Shamballa, que quedaba a pocos pasos del Monasterio. Yo pensé que era un nombre apropiado, ya que el tema de Shamballa, el trono etéreo de la Jerarquía Espiritual siempre me ha fascinado.
Yo era el único huésped en el hotel, sin embargo estaba completamente provisto de personal. Me sentí como un rey.

Fui a visitar al Monasterio la siguiente mañana donde fui parado por los guardias armados para revisar mi pasaporte y la visa interna de Sikkim. Después de este puesto de control un tanto inquietante, subí a la entrada principal al Monasterio solo para encontrar dos soldados más con ametralladoras vigilando la puerta principal. Otra vez, me sorprendí ver la demostración de fuerza bruta en la entrada de un monasterio, que se suponía que fuese un lugar de paz y espiritualidad.
El Monasterio Rumtek se supone que sea la sede de la orden exiliada Kagyu de los budistas tibetanos que fue construida hace 40 años por el decimosexto Karmapa, el antiguo dirigente espiritual de la orden. Él murió en los Estados Unidos en el 1981. La orden esperó pacientemente por la reencarnación del Karmaza y no fue hasta el 1992 que un pelotón de búsqueda que se mandó a Tibet encontró a un niño que se suponía fuese su reencarnación. El decimoséptimo Karmapa niño se entronizó en Tibet, y fue oficialmente reconocido por el Dalai Lama. Desde ese momento, sobrevino un lucha de dominación entre los monje Kagyu de alto rango. El Shamar Rinpoche, o sub-dirigente del fallecido decimosexto Karmapa declaró al niño Karmapa tibetano un impostor y estableció a su propio candidato, otro tibetano, en Kalimpong, India. Por lo tanto, había ahora dos jóvenes tibetanos de veintitantos años reclamando ser el decimoséptimo Karmapa.
En el Monasterio Rumtek se dice que se encuentran los grandes tesoros de la orden Kagyu que el previo Karmapa pasó a escondidas de Tibet. Esto incluye un sagrado sombrero negro que accedió los poderes mágicos al Karmaza decimosexto. Ambas facciones en los Kagyu reclaman a Rumtek como la sede del Karmapa, pero ninguna ha podido ni siguiera acercarse a la puerta principal. Los guardias armados alrededor del monasterio están estacionados ahí para proteger los tesoros mientras esta controversia sigue hirviendo. Nadie puede predecir si o cuando este problema de los dos Karmazas será resuelto.
Pasé por los dos guardias armados y entré al patio del monasterio. Era impresionantemente hermoso.
Uno de mis objetivos era reunirme con los que están encargados de enseñar la astrología tibetana, ya que también encuentro útil la astrología, especialmente la astrología védica. Seguí a algunos visitantes al templo mayor, donde pasé al patio principal donde estaban cientos de monjes vestidos de rojo pululando, charlando, practicando sus esculturas de mantequilla (estaba lo suficientemente frío para que la mantequilla no se derritiese), o jugando alborotadamente persiguiéndose el uno a otro como niños en cualquier patio de la escuela. Me fijé en un monje trabajando en una escultura de mantequilla y me acerqué a él. Se sonrió y yo le comenté sobre lo intrincado que era su escultura. ¿Estaba estudiando escultura de mantequilla? Él dijo que sí, como muchos otros de los monjes.
Le pregunté si me podía dirigir a la escuela de astrología. Se sonrió tímidamente y respondió, «Yo soy el único estudiante de astrología en el monasterio.» ¡De los cientos en el patio, fui dirigido al único estudiante de astrología! Tuve que reírme entre dientes. «Mi maestro está ahí dentro y muy enfermo. Él es muy viejo. Quieren que yo aprenda lo más posible antes de que muera.» Apuntó hacia el cuarto de su maestro.
Me dijo que sus compañeros no estaban interesados en astrología. Solamente él. Me enseñó sus textos y las cartas astrales que utilizan. Todo estaba escrito en tibetano, pero por la forma de las cartas, pude ver que probablemente había una fusión de la astrología védica con probablemente la china.
« ¿Puedo enseñarte el monasterio? » preguntó.
Recibí con entusiasmo la oportunidad. Fue a poner sus cosas en su cuarto y volvió de nuevo. Subimos al Instituto Nalanda de Tibetologia, visitamos otro templo en el piso superior del instituto donde todos los monjes se congregan, entonces caminamos por un pequeño camino que nos llevaba a otros edificios en la cima de la montaña donde los monjes entran para su retiro de tres años. Finalmente, me llevó a un cuarto donde se preservaba algunas reliquias del Karmapa decimosexto. En el mismo cuarto, había dos otros altares consagrados a ambos niños reclamantes al puesto del Karmapa decimoséptimo. Le pregunté al joven monje cuál de ellos creía que fuese el verdadero Karmaza. Él contestó, «Ambos.»
Le pregunté si podía ver su cuarto monástico. Él accedió. Era muy simple con dos camas arregladas en un patrón L contra la pared. Una cama era un poco más alta que la del monje. Él dijo que esa cama era para un monje superior, su mentor. Me di cuenta de un retrato de una cantante popular tibetana en la pared. Bromando le pregunté si era su novia, sabiendo que la pregunta lo abochornaría. Él se rió y dijo que era una cantante popular. ¿Se permite a los monjes tener novias? «Solamente como amigas,» contestó.
Entonces me dio su tarjeta con su nombre y me sorprendí que tuviera una dirección electrónica. «Sí, algunas veces voy al café del Internet en Gangtok.» Tuve que reírme. Aún en esta parte remota de Sikkim, los monjes jóvenes de hoy día saben del milagro del Internet.
Una Comunicación Sorpresiva con Krishnamurti
Mientras estaba en las Himalayas, los Hermanos me transmitían mensajes diariamente. Estos mensajes tienen que ver con los asuntos futuros de la organización de la Fundación Sanctus Germanus, dispersado con consejos sobre una gama de asuntos.
Una noche en el Hotel Shambhala, recibí una indicación para canalizar un mensaje de alguien diferente. Prendí la grabadora y me senté silenciosamente. La voz se presentó a si mismo como el fenecido Krishnamurti, la persona que los teosofiítas de la primera etapa habían designado como el próximo Maestro Mundial y quien más tarde repudió su misión con la Sociedad Teosófica. Esta ruptura con los teosofiítas causó un gran escándalo y vergüenza a la segunda generación de dirigentes teosóficos, especialmente Annie Besant y Charles Leadbeater, sus principales promotores.
En la comunicación con Krishnamurti, me explicó un poco sobre los ajustes físicos que yo había padecido en Darjeeling y cómo él tuvo que padecer por unos similares. Él me dio la explicación sobre el kundalini que yo expliqué anteriormente.
Le pregunté sin rodeos porqué había abortado su misión como maestro mundial. Él contestó que él no lo había abortado, sino que simplemente rompió su conexión con la Sociedad Teosófica. Me recordó que había pasado su vida entera enseñando, escribiendo y dando conferencias. Tuve que admitir que tenía razón. Pero el problema, dijo él, fue que lo que enseñó era demasiado avanzado para lo que debiera haber enseñado. El mundo no estaba listo para esto. Admitió que había sido engañado por otras fuerzas (los cuales yo asumo eran extraterrestres) en algunos ocasiones, pero al mismo tiempo, nunca repudió su conexión con el Maestro KH y el mensaje del Cristo que se suponía que transmitiera.
Esta comunicación me hizo sentir una profunda compasión por él y una mayor compresión sobre lo que fue sometido, especialmente los ajustes físicos que compartimos. Y simplemente viendo el estado del mundo entre las dos guerras mundiales, yo creo que su misión fue malentendida desde el principio. Quizás fue un avatar mandado en ese momento de crisis mundial para reducir alguna negatividad, pero ciertamente debe haber sido las visiones ambiciosas de Besant y Leadbeater que causó el malentendido de él ser el Maestro Mundial. Algunos dicen que el mundo hubiera sido un sitio muy diferente si hubiera seguido su misión. Quizás, pero seriamente lo dudo, ya que la maquinaria de guerra ya había sido movilizada.