Psicología Esotérica I
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul
(Alice A. Bailey)
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PREFACIO
Cada vez que se publica un libro para los
aspirantes vehementes, surge el interrogante: ¿ Qué línea de instrucción se
llevará a cabo para su entrenamiento con mayor rapidez? La rapidez es un factor
esencial si se quiere aprovechar correctamente el desarrollo actual y aliviar
la tensión y tirantez existentes en el mundo. La enseñanza a dar, deberá
acrecentar análogamente la capacidad mental y conducir a esa estabilización del
cuerpo emocional, que le permitirá liberarlo rápidamente para prestar servicio.
Debe recordarse que el estudio constante sobre la Sabiduría Eterna, y la
captación de sus enunciados por medio del oído y de la vista, sólo sirven para
aumentar la responsabilidad, o bien producir cansancio mental y estancamiento,
con la consiguiente rebeldía a las instrucciones. Únicamente lo que es
aplicable en la vida, tiene valor práctico y mantiene su vivencia. Aquellos que
nos dedicamos a la enseñanza, buscamos inevitablemente sinceridad ante todo.
A
quienes leen mis libros quisiera aclararles que el principal resultado que
espero obtener es la colaboración y la comprensión grupales y no el beneficio
individual. Estudiando y leyendo detenidamente se establece una interacción y
se logra una mayor integración grupales, se vinculan más íntimamente los entes
que lo componen y se fusionan más estrechamente como grupo con el Plan que los
Grandes Seres están desarrollando. Construimos y hacemos planes para el futuro y
la humanidad, y no para el desarrollo personal de determinado aspirante. El
progreso individual no tiene significación alguna. La formación y el desarrollo
de un grupo de aspirantes consagrados y entrenados, para trabajar juntos y
responder en forma unánime a la enseñanza, es de verdadera importancia para
quienes somos responsables del entrenamiento y de la preparación del grupo de
discípulos mundiales que actuará en forma libre y poderosa en un ciclo
posterior. Ustedes sólo ven una parte ínfima del Plan. Nosotros vemos el Plan a
medida que se va desarrollando durante una serie de vidas futuras, y hoy
buscamos a quienes se les puede enseñar
a trabajar en forma grupal y así constituir una de las unidades que
estarán activas en los grandes acontecimientos venideros, vinculados con los
dos tercios de la humanidad que entrará en el sendero al finalizar esta era, y
el otro tercio esperará un posterior desenvolvimiento. Entrenamos a hombres y
mujeres en todas partes para que puedan ser sensibles al Plan y a la vibración
de su grupo y colaboren inteligentemente con el propósito en desarrollo. Es un
error creer que el Plan significa entrenar aspirantes para que sean sensibles a
la vibración de un Maestro o a la de la Jerarquía. Esto es sólo incidental y de
poca importancia.
Estos
libros han sido escritos con el propósito de entrenar aspirantes a fin de que
desarrollen la percepción grupal. Personalmente deben reconocer que nadie es
importante, pero el grupo ciertamente lo es. La enseñanza no se imparte con el
único fin de entrenarlos y ofrecerles una oportunidad. La vida toda es
oportunidad y la reacción individual a esta oportunidad es uno de los factores
que demuestran desarrollo del alma. Para esto basta el entrenamiento en la
escuela del mundo.
Al
impartir la verdad no se debe imponer autoridad alguna. Los aspirantes deberán
sentirse libres para beneficiarse o no, de la enseñanza; el trabajo espiritual
debe progresar por la libre elección y el esfuerzo autoiniciado por el
estudiante. En mis libros se han trazado tres líneas fundamentales de
enseñanza:
Primero, se han dado técnicas comparativamente nuevas sobre el
control del cuerpo.
Segundo, se ha divulgado la enseñanza sobre la formación del Nuevo
Grupo de Servidores del Mundo.
Tercero,
se han tratado las líneas generales del trabajo mágico de la creación.
La
primera línea de enseñanza concierne al individuo y su desarrollo; la segunda
indica la naturaleza y los ideales del grupo, en el cual puede ingresar si ha
asimilado las enseñanzas y aprendido a controlarse; la tercera, si pudieran
comprenderla, detalla en cierta medida los métodos y formas de trabajo que se
emplearán durante la futura nueva era.
Reflexionen
sobre estos tres principales acercamientos a la verdad, y cavilen con lucidez
mental. La apreciación mental de su significación traerá comprensión y
acrecentará análogamente la captación grupal de la enseñanza que he tratado de
impartir. Todo estudiante que piensa con claridad y aplica la enseñanza en su
vida diaria contribuye a acrecentar valiosamente la percepción grupal.
El aspirante se pregunta con frecuencia: ¿
Sirvo para algo? ¿Cómo puedo servir al mundo en mi pequeña esfera?".
Permítaseme responder a estas preguntas diciendo que si llevan mentalmente el
contenido de este libro a la mente del público, si explican al prójima la
enseñanza que imparte y si viven una vida de acuerdo a sus enseñanzas, su
servicio a prestar será muy real.
Esto
necesariamente implicará la consagración de la entera personalidad para ayudar
a la humanidad y la promesa hecha al Yo Superior de que hará el esfuerzo
necesario para olvidarse del yo inferior al servir -servicio que se prestará en
el lugar y circunstancias que el destino del hombre y su deber le hayan
deparado. Me refiero a la renovación del esfuerzo para lograr la purificación
de todos los cuerpos, de manera que el hombre inferior llegue a ser un canal y
un instrumento puros, a través de los cuales pueda fluir la fuerza espiritual
sin obstáculos, y también adoptar esa actitud en que el aspirante nada desea
para el yo separado, y considera que todo lo que posee puede ofrendaría en el
altar del sacrificio para ayudar a sus hermanos. Si todos los que leen este
libro pudieran ver los resultados de este esfuerzo unido, efectuado
conjuntamente, surgirían grandes cosas de esta actividad grupal emprendida
inteligentemente. La mayor parte de las personas van de un lado a otro, detrás
de uno u otro individuo, de un trabajo a otro y nada logran ni obtienen
resultados grupales porque actúan sin coordinación inteligente. Un esfuerzo
grupal conjunto traerá como resultado una inspirada reorganización del entero
mundo, más la eliminación de obstáculos, y se harán verdaderos sacrificios y se
renunciará a lo que desean y quieren, a fin de servir a los propósitos
grupales.
Ante
y sobre todo se debe eliminar el temor. Este tema ya lo he expuesto
extensamente en Tratado sobre Magia Blanca, y he dado ciertas reglas y fórmulas
para dominar el temor. ¿ Cuántos de los que han leído estas enseñanzas han
asimilado la información impartida? Dado que el mundo demanda ayuda ¿ no
quisiera el lector eliminar el temor e ir adelante con determinación, alegría y
valor hacia el futuro?
Todos
los libros que he escrito contienen un propósito definido y una creencia
planeada de la enseñanza. Será de utilidad detallarías:
El
primer libro publicado fue Iniciación Humana y Solar. Estaba destinado al
aspirante común para sacarlo de donde estaba y llevarlo a, visualizar un grupo
de instructores organizados que trataban de ayudar a la humanidad (e
incidentalmente a él) y proporcionarle
algunas ideas sobre la técnica del trabajo y los modos de proceder.
En
el libro Cartas sobre Meditación Ocultista se indica la forma de llegar a esos
instructores y la disciplina que deben practicar en la vida para recorrer el sendero.
Estos dos libros son especialmente para aspirantes.
El
Tratado sobre Fuego Cósmico es de índole totalmente diferente. En último
análisis, es una guía para los iniciados del mundo, que apartará los ojos del
aspirante de sí mismo y de su propio desarrollo y los dirigirá a un más vasto
concepto y a un ideal universal. La característica del iniciado es: la falta de
interés en sí mismo, en su propio desarrollo y en su destino personal y todo
aspirante que llega a ser discípulo aceptado tiene que dominar los tecnicismos
del desinterés, apartar sus ojos del grupo de trabajadores y de aquellos que lo
constituyen y fijarlos en horizontes más amplios y en campos de actividad más
vastos. Este libro se ocupa del gran Plan creador, sus leyes, su técnica de desarrollo
y del trabajo de los Constructores del Universo. Detrás del cúmulo de hechos
impartidos que subyace en toda la enseñanza, existe la idea de una gran Vida
con Su propia sicología e ideas. Trata de dar un cuadro sintético de la
actuación de la Mente de Dios al llevar a cabo sus Planes a través de los Hijos
menores de la Mente. Por medio de símbolos y frases arcaicas se han velado las
verdades y principios que están en la raíz del proceso creador, y están
totalmente más allá de la captación del estudiante avanzado. Al mismo tiempo
constituye un valioso compendio de información que servirá para trasmitir la
verdad y desarrollar la intuición.
El
último libro, Tratado sobre Magia Blanca, va a la par del Tratado sobre Fuego
Cósmico. Así como el primero trata de la sicología de la Deidad, la actuación
del Macrocosmos y las leyes mediante las cuales se rige el Logos Solar, el
presente libro constituye un tratado sobre la sicología de un Hijo de Dios y la
actuación del microcosmos. Concierne íntimamente al lugar que Él ocupa en el
todo mayor, siendo de aplicación práctica en la vida diaria.
También
he ayudado a A. A. B. a traducir los Aforismos de la Yoga de Patanjalí, libro
de enlace (titulado La Luz del Alma) destinado a explicar al aspirante las
reglas por las cuales puede ser desarrollada la luz que en él existe y aplicado
el poder de la intuición a los problemas y a los fenómenos de la vida misma.
Ahora
daré cumplimiento a mi intención de escribir un libro sobre el tema de los
Siete Rayos, tópico que siempre ha sido de interés para los estudiantes, pues
poco se sabe sobre los rayos. Por La
Doctrina Secreta sabemos que son Fuerzas constructoras y la suma total de todo
lo que hay en el universo manifestado, pero su efecto en el reino humano y su
cualidad y naturaleza esenciales, siguen siendo un misterio. Es necesario que
omita la nota cósmica si puedo denominarla así, porque quiero que la
información sea de valor práctico para el estudiante y el lector inteligente.
Por lo tanto encararé el tema desde el punto de vista de la familia humana y lo
trataré en términos de valores sicológicos, sentando las bases para la tan
necesaria nueva sicología, y así ocuparme principalmente de la ecuación humana.
A continuación haré un comentario a fin de ampliar las palabras que están en el
prólogo de La Doctrina Secreta: "Todas las Almas son una con la
Super-Alma".
Aceptaremos
desde el principio la realidad de la existencia del alma. No consideraremos los
argumentos en pro o en contra de la hipótesis de que existe un alma-universal,
cósmica y divina o individual y humana. Para los fines de nuestro estudio el
alma existe, y se supone su realidad intrínseca como un principio fundamental y
probado. Sin embargo, quienes no aceptan esta suposición pueden estudiar el
libro desde el punto de vista de una hipótesis temporariamente aceptada, y
tratar de reunir esas analogías e indicaciones que puedan sustanciar tal punto
de vista. Para el aspirante y aquellos que tratan de comprobar la existencia
del alma, porque creen en su existencia, en la tradición y en la expresión de
sus leyes, en su naturaleza, origen y potencialidades, se convertirá en un
fenómeno que gradualmente experimentarán y profundizarán.
Las
indicaciones y sugerencias que pueda hacer, les anticipo que serán demostradas científicamente
durante la futura era acuariana. La ciencia, para entonces, habrá penetrado un
poco más dentro del campo de los fenómenos intangibles, pero reales; habrá
descubierto (quizás ya lo ha hecho) que lo denso y concreto no existe; sabrá
que hay sólo una sustancia, presente en la naturaleza en diversos grados de
densidad y actividad vibratoria, y que esta sustancia es impulsada por un
urgente propósito que expresa la intención divina.
Trataremos
de evitar en lo posible esas vagas generalizaciones, tan penosas para la mente
analizadora y académica, en las cuales el místico halla tanto alivio y
regocijo. Sin embargo, quiero pedir a los que estudien este tratado que
reserven su opinión y no se formen un juicio cristalizado hasta que no haya
sido presentado el tema en su totalidad, percibido claramente su delineamiento
y elaborado en cierta medida los detalles.
Será necesario presentar el tema sobre una
base amplia y vincular lo individual con lo general; esto quizás parezca, al
principio, un tópico muy extenso, una presentación demasiado especulativa y un
delineamiento vago y nebuloso, pero no puede evitarse, porque el argumento
-como en todo trabajo verdaderamente oculto- debe ser considerado desde lo
universal a lo particular, desde lo cósmico a lo individual. Debido a que los
hombres todavía se interesan demasiado por lo particular e individual, hallan
fácil aplicar el mismo interés al gran Todo en el cual "viven, se mueven y
tienen su ser". Ellos no poseen, como regla general, ese mecanismo interno
de pensamiento y esa percepción intuitiva de la verdad que les permita captar
fácilmente el significado de lo que subsiste en el simbolismo de las palabras,
o ver con claridad el delineamiento subjetivo que está detrás de la forma
objetiva. Pero el esfuerzo por comprender tendrá su propia recompensa; la
tentativa por captar y comprehender el Alma -cósmica, universal, planetaria e
individual -conduce inevitablemente a un desarrollo del aparato mental (con el
consiguiente desarrollo de las células cerebrales que se hallan aún inactivas),
que oportunamente producirá la coordinación de la facultad pensante y la
consiguiente iluminación.
Además
se deberá considerar la naturaleza de nuestro universo septenario y observar la
relación del triple ser humano con la Trinidad divina. Es de valor tener una
idea general de todo el cuadro simbólico. Cada estudiante a medida que emprende
el estudio de los rayos debe tener siempre en cuenta que él mismo -como ente
humano- tiene su lugar en uno de estos rayos, y esto presenta un problema muy
real. El cuerpo físico podrá responder a un tipo de fuerza de rayo, mientras
que la personalidad, como un todo, puede vibrar al unísono con otro. El ego o
alma puede pertenecer también a un tercer tipo de rayo, respondiendo así a otro
tipo de energía de rayo. La cuestión del rayo monádico en muchos casos
introduce un nuevo factor, pero esto sólo puede insinuarse y no dilucidarse.
Como he dicho repetidas veces, sólo un iniciado de la tercera iniciación puede
llegar a hacer contacto con su rayo monádico, o con su aspecto de vida más
elevado, pero el humilde aspirante no puede todavía saber si es una mónada de
Poder, de Amor o de Actividad Inteligente.
Para
finalizar, les pediría su sincera colaboración en el trabajo que hemos
emprendido. Este libro será de mayor valor general y público que cualesquiera
de mis otros libros. Procuraré que este tratado sobre el alma sea relativamente
breve. Trataré de expresar dichas verdades abstractas de tal modo que el público en general, interesado en el alma,
pueda ser atraído y adquiera una consideración más profunda de lo que todavía
es una velada suposición. En la Era acuariana se demostrará la realidad del
alma. Esto es sólo una tentativa llevada a cabo en medio de las dificultades de
un período de transición que aún carece de la terminología necesaria para
apoyar tal demostración.
Permítanme
agregar también que la actitud que ustedes deberían adoptar ante las
instrucciones impartidas, es la del estudiante que busca esa verdad que pueda
ser verificada y esa información que pueda ser aplicada a la vida diaria y
probada en el crisol de la experiencia de la vida. Por ejemplo, si existen
verdaderamente siete rayos que personifican siete tipos de energía divina,
entonces un hombre debería ser capaz de reconocer estos tipos y energías en el
particular campo de fenómenos, en el cual desempeña su pequeña parte. Si la
verdad que se imparte está velada con simbolismos y ofrecida como una
hipótesis, deberla ser al mismo tiempo suficientemente develada para que sea reconocible
y también ejercer una atracción suficientemente inteligente como para
justificar su investigación. Las palabras "todas las almas son una con la
Super-Alma" creo que pueden personificar y personifican esa información
fundamental y esencial, pero si no se evidencia en el mundo que está surgiendo
una relación viviente entre los seres sensibles, tal afirmación carece de
sentido. La realidad es que en todas partes se reconoce que existe y se está
desarrollando la sensibilidad universal y la percepción general. El mundo está
colmado de conocimiento que es, en último análisis, la respuesta sensible a las
condiciones existentes de las mentes que están en proceso de desarrollo, pero
que no lo han logrado aún totalmente. Se evidencia en forma gradual que bajo la
diversidad reside una unidad fundamental, y que nuestra percepción es
equitativa y veraz, y correcta en la medida que podamos identificamos con esa
unidad.
Para
finalizar les pido a todos seguir adelante. Que nada del pasado -inercia
física, depresión mental, falta de control emocional- les impida comenzar de
nuevo con alegría y dedicación y hacer el necesario progreso que los capacitará
para servir en forma más útil y activa. Que nadie se vea inhibido por el pasado
o el presente, sino que pueda vivir como observador, es la súplica constante y
fervorosa de vuestro instructor.
EL TIBETANO.
CAPITULO 1
INTRODUCCIÓN
1. Los Tres
Objetivos en el Estudio de los Rayos
EL ESTUDIO de los rayos y la verdadera y
profunda comprensión de la significación interna de la enseñanza, proporcionará
tres cosas:
A. Arrojará mucha luz sobre el panorama
histórico transcurrido durante épocas y ciclos. En último análisis, la historia
es un relato del crecimiento y desarrollo del hombre desde la etapa de las
cavernas, con su conciencia centrada en la vida animal, basta el momento actual
en que la conciencia humana va siendo cada vez más incluyente y mental, y así
sucesivamente va ascendiendo hasta la etapa de un perfecto hijo de Dios. Narra
lo que el hombre ha captado de las ideas creadoras que han moldeado la raza y
están estableciendo su destino. Nos presenta un cuadro dramático del progreso
realizado por esas almas que entran y salen de la manifestación debido a la
aparición o desaparición de un rayo. A medida que estudiamos veremos que las
palabras entorpecen en gran parte las explicaciones dadas sobre las realidades
implicadas, por lo tanto, debemos procurar penetrar por debajo del significado
superficial y llegar hasta la estructura esotérica de la verdad. Los rayos están
en constante movimiento y circulación, y manifiestan una actividad progresiva y
cíclica que evidencia un impulso cada vez mayor. En ciertas épocas dominan, en
otras permanecen inactivos, y de acuerdo al rayo particular que haga sentir su
presencia en un período determinado, así será la cualidad de la civilización,
el tipo de formas que aparecerán en los reinos de la naturaleza y la
consiguiente etapa de percepción (estado de conciencia) de los seres humanos
que vienen a la vida en una era particular. Estas vidas que encarnan (en los
cuatro reinos de la naturaleza) responderán a determinada vibración, cualidad,
colorido y naturaleza en cuestión. El rayo que está en manifestación afectará
poderosamente los tres cuerpos que constituyen la personalidad del hombre, y la
influencia del rayo producirá cambios en
su contenido mental y en su naturaleza emocional, determinando la calidad del
cuerpo físico.
Me
doy cuenta que al dar a conocer esta enseñanza relativamente nueva sobre los
rayos, y en mi esfuerzo por arrojar nueva luz sobre el tema, quizás
momentáneamente aumente su complejidad. Pero a medida que se hacen experimentos
y se estudian a las personas en los laboratorios de los sicólogos y de los
psicoanalistas, en relación con los rayos y lo que ellos manifiestan, y a
medida que las nuevas ciencias puedan ser utilizadas inteligentemente dentro de
una esfera adecuada, obtendremos muchos beneficios y corroboraremos la
enseñanza dada. Entonces veremos surgir un nuevo acercamiento a las antiguas
verdades y una nueva forma de investigar a la humanidad. Mientras tanto,
procuremos enunciar con claridad la verdad acerca de los rayos, y tratemos de
clasificar, delinear e indicar su naturaleza, propósito y efectos.
Los
siete rayos se manifiestan cíclicamente y, debido a ello, entran y salen
continuamente de la manifestación, dejando en el transcurso de las épocas su
impronta en el género humano, conteniendo por lo tanto la clave para toda
verdadera investigación histórica, investigación que aún queda por hacerse.
B. Otro de los resultados que se lograrán
por el estudio de los rayos esclarecerá nuestro conocimiento sobre la
naturaleza del hombre. La moderna sicología experimental y académica ha reunido
mucha información respecto a cómo funciona el hombre, cuál es la naturaleza de
sus reacciones, la capacidad de su aparato mental, la cualidad de su mecanismo
físico, su modo de pensar y la suma total de sus complejos, sicosis, neurosis,
instintos, intuiciones y estabilidad intelectual, que indudablemente él es. La
sicología médica también nos ha dado mucho, y hemos aprendido que el ser humano
está totalmente condicionado por su instrumento de expresión y no puede
manifestar más de lo que le permiten sus sistemas nervioso, cerebral y
glandular. Sin embargo, algunas de las teorías, hasta las mejores que se han
comprobado, se desmoronan dadas las diversas condiciones. El campo que abarca
la sicología en la actualidad es tan vasto, como numerosas y variadas son sus
escuelas y engorrosa su terminología, que no intentaré ocuparme de ello.
La
deuda de gratitud que tiene el mundo para con los sicólogos entrenados es
inestimable, pero si no se introduce una idea clave en el campo del
pensamiento, caerá por su propio peso y producirá (como ya lo está haciendo)
problemas, complejos y enfermedades mentales, resultado directo de sus
propios métodos. El conocimiento que
ahora tenemos del modo en que actúan los hombres en el plano físico como
personalidades integradas, y cómo puede esperarse que actúen dadas ciertas
condiciones, es extenso y sólido, y la amplitud de su comprensión puede, hasta
cierto punto, ser medida si comparamos lo que actualmente sabemos con lo que se
sabía hace ciento cincuenta años. El conocimiento se ha fundado en gran parte
en el estudio de lo anormal y en el aspecto forma (siendo este último el
verdadero método científico); por lo tanto se halla limitado y circunscripto al
comprobarlo en el análisis definitivo, comprobado a la luz de lo supranormal
que indudablemente existe. Lo que quiero hacer y la contribución que deseo
aportar al tema conciernen al énfasis que pondremos sobre la naturaleza del
principio integrador que reside en todas las formas coherentes, y en aquellos
que denominamos alma o yo, a falta de mejor término. Este principio, que anima
al cuerpo y expresa sus reacciones por medio de sus estados emocional y mental,
es lógicamente reconocido por muchas escuelas de sicología, pero sigue siendo,
sin embargo, la cantidad desconocida e indefinible. No pueden descubrir su
origen; no saben qué es, si es o no una entidad animadora, distinta y separada
del cuerpo; se preguntan si es la suma total energética integrada, traída a la
existencia mediante la función de las células corporales y, por lo tanto, a
través del proceso de la evolución, que constituye un ente pensante y sensible,
o si es sólo el conjunto de vida y conciencia de las mismas células.
Lo
antedicho es una generalización que servirá a nuestro propósito y abarcará el
tema en general. A medida que se estudia, veremos que las energías que animan a
las personalidades y constituyen la naturaleza del ser humano se dividen
lógicamente en tres grupos:
1.
Las energías denominadas "los
espíritus de los hombres". Obsérvese la absoluta superficialidad de esta
frase. Conduce a error y no tiene sentido. El espíritu es Uno, pero dentro de
esa esencial unidad se ven y observan "los puntos de fuego" o
"las chispas divinas". Estas unidades, dentro de la unidad, están
matizadas por tres tipos de energía y reaccionan a ellas en forma cualitativa,
porque es una verdad científica y una realidad espiritual de la naturaleza de
que Dios es Tres en Uno y Uno en Tres. El espíritu del hombre vino a la
encarnación a lo largo de una línea por donde emana la fuerza proveniente de
una u otra de estas tres corrientes, las cuales forman una corriente que emana
desde el Altísimo.
2.
Estas corrientes de energía se
dividen en tres corrientes principales, no obstante ser una sola corriente.
Esto es un hecho oculto, que merece la más profunda reflexión. A su vez se
diferencian en siete corrientes que "conducen hacia la luz" a los
siete tipos de almas, según se dice, los cuales consideraremos aquí.
3.
Las energías dentro de las cuales se
distribuyen las tres corrientes se convierten en siete, que a su vez producen
los cuarenta y nueve tipos de fuerza que se expresan a través de todas las
formas, en los tres mundos y en los cuatro reinos de la naturaleza. Por lo
tanto tenemos:
a.
Tres grupos monádicos de energías.
La Unidad esencial expresa, mediante estos tres, las cualidades de Voluntad,
Amor e Inteligencia.
b.
Siete grupos de energías, por cuyo
intermedio los tres grupos expresan las cualidades divinas.
c.
Cuarenta y nueve grupos de fuerzas,
a las cuales todas las formas responden, constituyendo el cuerpo de expresión
de los siete, que a su vez son reflejo de las tres cualidades divinas.
Por
lo tanto, en cierta forma misteriosa, las diferenciaciones que se manifiestan
en la naturaleza se encuentran en el reino de la cualidad y no en el reino de
la realidad.
Consideraremos
los siete grupos de almas (o energía del alma) y las triples formas del cuarto
reino de la naturaleza que ellas crean, a través de las cuales tienen que
expresar la cualidad de su grupo de rayo y la energía de uno de los tres grupos
esenciales con el que se relaciona el rayo del alma. Por eso intentaremos, si
es posible, agregar algo más a la sicología moderna y enriquecer su contenido
con la sicología esotérica que trata del alma o yo, la entidad animadora dentro
de la forma.
C. El tercer efecto que se producirá al
estudiar los rayos será doble. No sólo llegaremos a comprender algo de la parte
interna de la historia, o a adquirir una idea de las cualidades divinas que
surgen de los tres aspectos y determinan las formas de expresión en el plano
físico, sino que tendremos un método práctico de análisis para llegar a una
correcta comprensión de nosotros mismos como entidades animadoras, y a una
comprensión más inteligente de nuestros semejantes. Por ejemplo, cuando
comprobamos por el estudio que la tendencia de nuestro rayo de alma es de poder
o voluntad, pero que el rayo que rige a la personalidad es el de devoción,
entonces podemos medir con más exactitud nuestras oportunidades, capacidades y
limitaciones y determinar con más precisión nuestra vocación y servicio,
nuestro debe y haber y nuestro verdadero valor y fortaleza. Cuando podemos
agregar a ese conocimiento un análisis que nos permita comprender que el cuerpo
físico reacciona preeminentemente al rayo del alma, mientras que el cuerpo
emocional está bajo la influencia del rayo de la personalidad, históricamente
en manifestación en ese momento, entonces estamos en posición de juzgar con
acierto nuestro problema, y podemos ocuparnos más inteligentemente de nosotros
mismos, de nuestros hijos, amigos y asociados. Descubriremos que somos capaces
de colaborar más inteligentemente con el Plan, a medida que trata de
manifestarse en determinada época.
Es
una verdad muy conocida que el verdadero significado de "sicología"
es "lo que dice el alma". Es el sonido que puede ser emitido por un
rayo determinado, el cual produce un efecto en la materia. Esto es en cierto
modo difícil de expresar, pero si tenemos en cuenta que cada uno de los siete
rayos emite su propio sonido, y al hacerlo pone en movimiento esas fuerzas que
deben actuar al unísono con él, podrá solucionarse toda la cuestión del libre
albedrío del hombre, de su destino eterno y de su poder de autofirmación. A
medida que proseguimos trataremos de responder a estos interrogantes.
Algunos
de los puntos que trataré de aclarar no podrán ser sustanciados ni comprobados
por ustedes, por lo tanto, sería prudente aceptarlos como hipótesis activas, a
fin de comprender lo que trato de decir. Otros puntos que mencionaré podrán ser
verificados en sus propias experiencias de la vida, y demandarán el reconocimiento
de la mente concreta, o podrán producir una reacción que traerá como
consecuencia una intensa convicción que emanará de sus Yoes intuitivamente
conscientes. De todos modos, lean lentamente; apliquen las leyes de analogía y
de correspondencia; hagan un análisis de sí mismos y de sus hermanos; procuren
vincular lo que digo con el conocimiento que puedan poseer de las teorías
modernas, y recuerden que cuanto más vivan realmente como almas, tanto más
captarán lo que se trata de impartir.
A
medida que estudian no olviden el concepto fundamental de que todo trabajo
oculto se ocupa de la energía -unidades de energía, energía contenida en las
formas y corrientes de energía que afluyen; estas energías llegan a ser
poderosas y encarnan nuestro propósito mediante el empleo del pensamiento, pues
siguen las líneas bien definidas de las corrientes mentales del grupo.
Debe
recordarse, sin embargo, que en la región del pensamiento se produce la
separación entre la magia blanca y la magia negra. Utilizando el poder del
pensamiento se puede observar cómo actúan los dos aspectos de la magia y, por
lo tanto, verificar que no existe magia negra, en sí, hasta que se llega al
reino de la mente. Nadie puede ser mago negro hasta que la voluntad y el
pensamiento no trabajen al unísono, hasta que el control mental y el trabajo
creador de la mente enfocada puedan comprobarse. Se ha dicho repetidas veces
que el mago negro es muy raro, y esto es verdad porque el pensador creador que
tiene el poder de aplicar la voluntad en forma sostenida, también es raro.
Permítaseme
explicarlo. Es necesario pensar en forma clara sobre estas cosas, porque a
medida que estudiamos la sicología del microcosmos y llegamos a comprender sus
impulsos y energías de rayo, debemos lógicamente ver con claridad el camino a
seguir, a fin de hollar el sendero del altruismo, que conduce a ser consciente
del grupo, y no el sendero del individualismo que lleva oportuna e
inevitablemente (a medida que el aspecto mental se organiza) al sendero de la
izquierda, de la magia negra.
Esas
almas fuertes que conscientemente y a sabiendas entran en los reinos de la
fuerza espiritual y toman de allí lo que necesitan y desean, tienen que
trabajar con inteligencia para que pueda haber la consiguiente y sensata
distribución de fuerza dentro de una zona elegida. Quienes saben que forman
parte de las filas de aspirantes y poseen la perseverancia que los llevará
adelante hacia la meta, deben recordar que tienen la responsabilidad de agregar
su cuota a la suma total, lo cual se lleva a cabo cada vez que piensan en el
grupo, escriben a un aspirante o meditan.
Extiendan
la idea, comenzando desde el estudiante de un grupo hasta el grupo mismo,
considerándolo como una unidad grupal dentro de un grupo mayor. Así tendrán una
perfecta analogía de la forma en que los Grandes Seres trabajan actualmente.
Por lo tanto, consideren que todo el trabajo que realizan es grupal, que causa
efectos inevitables y contribuye a la potencialidad de la forma mental del
grupo.
La
segunda cosa que quisiera explicar concierne a las pruebas que inevitablemente
se realizan ahora entre aspirantes y discípulos. Esto no es sólo una prueba
sobre el lugar que ocupan en el Sendero, sino más bien la capacidad de vivir en
el
mundo como ciudadanos de otro reino y como
custodios de aquello que el mundo como regla general no reconoce. Hasta donde
se aplique esa prueba y hasta donde pueda medirse, señalaré que no se la aplica
como algunos creen por la afiliación en algún grupo, ni por su determinación
fija de hollar el Sendero, sino porque la propia alma del aspirante lo ordenó
antes de reencarnar y su voluntad era que debería lograrse cierta medida de
desarrollo, desconocido hasta entonces, alcanzar cierto grado de desapego de la
forma y adquirir cierta preparación que lo liberará de la vida de la forma. Es
totalmente falsa la idea de que un renovado esfuerzo hacia la meta de la luz
espiritual ocasione trastornos o produzca desastres. El grado de disciplina a
que debe ajustarse un discípulo es decidido y conocido por su alma antes de
reencarnar, lo cual está determinado por la ley.
Ahora
trataremos de investigar el problema de las unidades de energía y la mutua
interacción que subsiste en el tema de los rayos. Cada grupo en el mundo es un
núcleo para el enfoque y la interacción de los siete tipos de fuerza, así como
cada ser humano es el punto de reunión para los siete tipos de energía -dos en
el ascendente y cinco menos poderosos. Cada grupo puede ser, por lo tanto, un
centro creador, y producir aquello que es la expresión de las energías
controladoras y del pensamiento dirigido de los pensadores del grupo. Según el
punto de vista de Quienes observan y guían, cada grupo construye algo que sea
relativamente tangible y esté regido por ciertas leyes constructivas. El gran trabajo
de los Constructores prosigue con firmeza. Frecuentemente, lo que se construye
es incipiente, fútil, amorfo, sin propósito, y no sirve a los dioses ni a los
hombres. La raza como un todo está entrando en una era en que la mente se
convierte en un poderoso factor; la mayoría está aprendiendo a mantener la
mente firme en la luz y, en consecuencia, es receptora de ideas hasta ahora
desconocidas. Si un grupo de mentes pueden atraerse mutuamente y fusionarse en
una síntesis adecuada, y si (en sus meditaciones individuales y diarias) se
mantienen enfocadas y orientadas en lo que puede ser aprehendido, se captarán
grandes conceptos y se intuirán grandes ideas. Los hombres pueden aprender a
pensar -como grupo- y llevar a la manifestación las ideas intuidas sobre la
verdad y la belleza del Plan; de esa manera podrá construirse una bella
creación que incorpore un principio divino. Reflexionen sobre esto, traten de
capacitarse para registrar tales ideas, entrénense para formularlas en
pensamientos y trasmitirías, a fin de que otros puedan también captarlas. Tal
la naturaleza del verdadero trabajo que deben realizar los nuevos grupos, y
los estudiantes que puedan captar hoy
esta idea, tendrán la oportunidad de realizar algo de este trabajo precursor.
El
individuo avanzado y equilibrado siempre ha sido capaz de intuir y concretizar
ideas. Los grupos de estudiantes que meditan en forma sincronizada deben ahora
tratar de hacer lo mismo. El empeño demostrado en sincronizar el esfuerzo no se
relaciona con el elemento tiempo, sino con la unidad de intensión y de
propósito.
En
el reino de la intuición existen cosas maravillosas; hoy es posible hacer
contacto con dicho reino. La raza tiene ahora el privilegio de hacer contacto
con "esa nube de cosas conocibles", a la cual se refirió el antiguo
vidente Patanjali en su cuarto libro de los Aforismos; la raza por medio de sus
numerosos aspirantes puede hoy precipitar esa "nube", para que los
cerebros humanos de todas partes puedan registrar ese contacto. Hasta ahora
esto había sido el privilegio del raro e iluminado vidente. Así se introducirá
la Nueva Era y penetrará el nuevo conocimiento en la mente de la humanidad.
Esto
puede ser demostrado prácticamente si quienes se interesan por este Tratado
sobre los Siete Rayos logran armonizarse y pensar con claridad, y con mente
equilibrada e iluminada tratan de comprender lo que es relativamente un nuevo
aspecto de la verdad.
Al
comprometerme a revelar algo sobre los siete rayos siento la necesidad de
recordar, a quienes emprenden este estudio, que cualquier conjetura que se hace
respecto a la fuente de origen de los rayos no será útil hasta que cada
estudiante desarrolle el aparato de respuesta y ese mecanismo sensible que le
permitirá registrar campos de contacto más amplios de lo que es posible ahora.
Muchas personas se encuentran todavía en la etapa inicial donde se registra la
percepción de un campo de expresión que saben que existe -el campo de
percepción del alma-, pero que aun no constituye para ellas el campo natural de
expresión. Teóricamente conocen mucho sobre esto, pero desconocen los efectos
prácticos del conocimiento aplicado. Otros son conscientes de la conciencia,
del reino del alma y de una casual reacción a una impresión de ese reino, pero
aún no son la conciencia misma ni están tan identificados con el alma como para
que desaparezca la conciencia de todo lo demás. Su meta y objetivo es lograrlo.
Además
quiero recordarles que el curso que sigue la mónada (un aspecto de la energía
que se halla en uno de los tres rayos principales) puede dividirse más o menos
en tres partes, las cuales conducen a una cuarta:
1.
La realización de una unidad inferior, es
decir, la unidad de la naturaleza forma. El alma en esta unidad se identifica
tan íntimamente con el aspecto material que no establece diferencia alguna,
cree que es la forma, y no se conoce como alma. Esto con frecuencia llega a su
máxima expresión en determinada vida donde se manifiesta plenamente la
personalidad, donde el alma está totalmente centrada en las reacciones de la
personalidad, y la vida inferior es tan fuerte y vital que se expresa en forma
potente y material.
2.
La consiguiente y dolorosa
diferenciación de la conciencia en una dualidad realizada. En esta condición el
hombre es consciente de lo que se denomina su dualidad esencial; sabe que es
espíritu-materia, vida-forma y el alma en manifestación. Durante esta etapa,
que abarca muchas vidas y conduce al hombre por el sendero de probación y del
discipulado hacia la tercera iniciación, el centro de gravedad (si así puedo
denominarlo) cambia constantemente, sale de la forma y se centra cada vez más
en el alma. Hay una acrecentada conciencia de que existe una Realidad que
envuelve y al mismo tiempo extingue a la dualidad.
Recuerden
que toda la historia de la evolución es la historia de la conciencia y de la
creciente expansión del principio de "llegar a ser consciente", de
manera que desde el microscópico interés del hombre consciente de sí mismo
-porque vamos a confinar la explicación dentro de los límites del cuarto reino
de la naturaleza- tenemos una inclusividad que se desarrolla lentamente, y que
lo llevará finalmente a la conciencia del Cristo cósmico.
3.
La elevada realización de la unidad
sigue a este sentido de dualidad y, en esta etapa final, se pierde la sensación
de ser el alma y el cuerpo. La conciencia se identifica con la Vida que mora
internamente en el planeta y en el sistema solar. Cuando esto sucede, se
registra un estado del ser que está más allá de las palabras, de la mente y de
la forma.
El
gran vidente judío trató de explicar estas tres etapas con las palabras,
Yo-Soy-Ese-Yo-Soy. Lo expresó en forma concisa y adecuada. ¡ Si tuviéramos el
desarrollo necesario para comprenderlo ! La tercera etapa -en cualquier forma
que se entienda- desafía toda explicación e insinúa un cuarto tipo de
comprensión, el de la Deidad misma, sobre la cual no podemos hacer conjeturas.
2. Vida - Cualidad - Apariencia
En
el estudio de los rayos debe recordarse que nos ocupamos de la expresión-vida
por intermedio de la materia-forma. La unidad superior será reconocida sólo
cuando se perfeccione esta relación dual. La teoría de la Vida Una podrá
mantenerse, pero no me ocupo fundamentalmente de la teoría, sino de lo que
puede ser conocido, siempre que haya progreso y se aplique la verdad en forma
inteligente. Me ocupo de las posibilidades y de lo que puede realizarse. Muchas
personas hablan y piensan hoy en términos de esa Vida Una, pero no son más que
palabras e ideas, pues la verdadera percepción de esa Unidad esencial sigue
siendo un sueño y una fantasía. Dondequiera se plasme esta realidad en
palabras, se acentúa la dualidad y se acrecienta la controversia espiritual,
empleando la palabra en su significado fundamental y no en su significado común
antagónico. Tomemos, por ejemplo, las palabras: "Creo en la Vida Una"
o "para mí sólo existe una Realidad", y observen cómo expresan la
dualidad en su terminología. La vida no puede ser expresada en palabras y
tampoco su perfección. El proceso de "llegar a ser" que conduce a
"ser" es un hecho cósmico, que incluye a todas las formas, y ningún
hijo de Dios está aún exento de ese proceso mutable. Mientras reside en la
forma no puede conocer lo que es la Vida, aunque, cuando haya dado ciertos
pasos y actúe con plena conciencia en los planos superiores del sistema podrá,
con plena conciencia, comenzar a vislumbrar a esa grandiosa Realidad. En el
transcurso de las épocas ciertos grandes iniciados han cumplido su función de
reveladores y han mantenido ante los ojos de los discípulos precursores de la
vida, el ideal de la Unicidad y de la Unidad. Esto ha sido simplemente un
cambio progresivo del foco de atención de una forma a otra, para obtener, desde
un punto de vista más elevado, una nueva vislumbre de una posible verdad. Cada
era (y la actual no es una excepción) creyó que su captación de la Realidad y
su sensibilidad a la Belleza interna eran mejores y estaban más cerca que,
nunca de la Verdad. La más elevada comprensión de lo que se denomina la Vida
Una es la percepción (del iniciado de grado superior) que ha alcanzado del
Logos encarnado, la Deidad, y Su identificación con la conciencia de ese
estupendo Creador Que trata de expresarse por medio del sistema solar. Ningún
iniciado del planeta puede identificarse a sí mismo con la conciencia de ese
Identificado Ser (en el sentido esotérico del término) quien en el Bhagavad Gita, dice:
"Habiendo compenetrado toda el universo con un fragmento de Mí Mismo, Yo
permanezco”.
Les
recomiendo que reflexionen y consideren cuidadosamente estos pensamientos y
procuren que haya una constante expansión del sentido de percepción y una
creciente capacidad para hacer contactos comprensivos con esa Verdad, Realidad
y Belleza emergentes que el universo manifiesta. Al mismo tiempo eviten los
lirismos místicos sobre la Vida Una, que sólo son la negación de toda captación
mental y la lujuria de una percepción sensual muy desarrollada y de naturaleza
emocional de alto grado.
Todas
las consideraciones hechas en este Tratado sobre los Siete Rayos se mantendrán
necesariamente dentro del pensamiento, lo cual significa percibir la dualidad.
Emplearé el lenguaje de la dualidad, pero no porque trate de recalcaría en
desmedro de la unidad (pues ésta es para mí algo real y la vislumbro como algo
más que una posibilidad), sino porque todos los aspirantes, discípulos e
iniciados, hasta la tercera iniciación –como lo he dicho anteriormente- oscilan
como un péndulo entre los pares de opuestos espíritu y materia. No me refiero a
los pares de opuestos sino a las dualidades del plano astral o emocional
-reflejos ilusorios de los verdaderos pares de opuestos- fundamentales de la
manifestación. Consideraré el material que es de valor práctico y puede ser
captado por la inteligencia iluminada del hombre medio. Es necesario que los estudiantes,
que buscan la iluminación y la correcta captación de la verdad, no pongan el
énfasis frecuentemente sobre ciertos aspectos y presentaciones de la verdad,
diciendo que unos son espirituales y otros mentales. En el reino denominado
mental se halla el gran principio de la separatividad, produciéndose también
allí la gran unificación. Las palabras del iniciado Pablo tienen aquí un lugar
apropiado: "Que la mente que estuvo en Cristo esté en vosotros", y
agrega en otra parte que el "Cristo había hecho en sí mismo de dos un
nuevo hombre". Por medio de la mente se formula la teoría, se distingue la
verdad y se capta la Deidad. Cuando hayamos avanzado más en el Sendero sólo
veremos el espíritu en todas partes; el aforismo expresado por ese gran discípulo
H.P.B. que dice "materia es espíritu en el punto inferior de su actividad
cíclica", y "espíritu en materia en el séptimo plano" el
superior, será con el tiempo una realidad en nuestra conciencia. Esto es una
frase intelectual que tiene todavía muy poco significado, excepto que enuncia
una verdad que no puede ser comprobada. Todo lo que existe es la expresión de
la conciencia espiritual, la cual espiritualiza a través de su vida inherente a
todas las formas-materia. La larva o el gusano que desarrolló su pequeña vida en una masa de
sustancia en descomposición constituye una manifestación espiritual, como
también lo es un iniciado que cumple con su destino en un conjunto de formas
humanas, las cuales cambian rápidamente. Todo es Deidad manifestada; todo es expresión
divina; todo es una especie de percepción sensible y de respuesta al medio
ambiente, por lo tanto, un modo de expresarse conscientemente.
Los
Siete Rayos son la primera diferenciación de la divina triplicidad
Espíritu-Conciencia-Forma, y proporciona todo el campo de expresión para la
Deidad manifestada. Se nos dice en las Escrituras del mundo que la interacción
o la relación entre Padre-Espíritu y Madre-Materia produce eventualmente un
tercero, el Hijo, o aspecto conciencia. A ese Hijo, producto de ambos, se lo
define esotéricamente como "el Uno que fue tercero, pero que es
segundo". La razón de dicha terminología reside en que primero existían
los dos aspectos divinos Espíritu-Materia, o materia impregnada de vida, y
únicamente cuando estos dos lograron su mutua unidad (observen la necesaria
ambigüedad de esta frase) surgió el Hijo. El esotérico, sin embargo, considera
al Espíritu-Materia como la primera unidad, y al Hijo, el segundo factor. Este
Hijo, la vida divina encarnada en la materia y, por consiguiente, el que
produce la diversidad y la inmensidad de formas, es la personificación de la
cualidad divina. Podríamos por lo tanto emplear, para mayor claridad, los
términos de Vida-Cualidad-Apariencia, que pueden reemplazarse por la
triplicidad más común Espíritu-Alma-Cuerpo o Vida-Conciencia-Forma.
Utilizaré
la palabra Vida cuando me refiera al Espíritu, a la energía, al Padre, al
primer aspecto de la Divinidad y a eso Fuego eléctrico, dinámico y esencial que
produce todo lo que existe, Fuente y Causa sustentadora y originadora de toda
manifestación.
Utilizaré
la palabra Apariencia para expresar lo que llamamos materia, forma o
manifestación objetiva; es esa apariencia ilusoria, tangible y externa animada
por la vida. Éste es el tercer aspecto, la Madre, salvaguardada y fertilizada
por el Espíritu Santo o la Vida, unida a la sustancia inteligente. Es el fuego
por fricción -fricción efectuada por la vida y la materia y su interacción, que
produce un constante cambio y mutación.
Utilizaré
la palabra Cualidad para expresar el segundo aspecto, el Hijo de Dios, el
Cristo cósmico encarnado en la forma -forma que vino a la existencia por la
relación espíritu materia. Dicha interacción produce la Entidad sicológica
denominada el Cristo. El Cristo cósmico nos demostró su perfección, en lo
que a la familia humana concierne,
mediante el Cristo histórico. Esta entidad sicológica puede poner en función
activa una cualidad que existe dentro de todas las formas humanas, la cual
esotéricamente puede "eliminar las formas" y atraer tanto la
atención, que oportunamente será considerada el factor principal y que
constituye todo lo existente. Tal verdad respecto a la vida, a la cualidad y a
la forma, está bien y claramente evidenciado en la historia del Cristo de Galilea.
Continuamente recordaba a su pueblo que Él no era lo que aparentaba ser, y
tampoco era el Padre en el Cielo, y todos los que Lo aman y conocen se refieren
a Él en términos de cualidad. Nos demostró la cualidad del amor de Dios, y
personificó en Sí mismo no sólo lo que había desarrollado de las cualidades de
los siete rayos, sino también -como lo hacen muy pocos hijos de Dios- el
principio fundamental del rayo del Logos solar mismo, la cualidad del Amor.
Esto lo estudiaremos más detenidamente cuando consideremos el segundo Rayo de
Amor-Sabiduría.
Los
siete rayos son la personificación de siete tipos de fuerza que nos demuestran
las siete cualidades de la Deidad. Estas siete cualidades tienen por
consiguiente un séptuple efecto sobre la materia y las formas que existan en
todas partes del universo, y también una séptuple interrelación entre sí.
Vida,
cualidad y apariencia, forman una síntesis en el universo manifestado y en el
hombre encarnado, y el resultado de esta síntesis es séptuple, dando origen a
siete tipos de formas cualificadas que surgen en cada plano y en cada reino.
Debe recordarse que todos los planos, que desde nuestro pequeño punto de vista
consideramos amorfos, no lo son en realidad. Nuestros siete planos son sólo
siete subplanos del plano físico cósmico. No nos ocuparemos de los planos,
excepto en su relación con el desarrollo del hombre, ni del macrocosmos, ni de
la vida en desarrollo del Cristo cósmico. Limitaremos totalmente nuestra
atención al hombre y a sus reacciones sicológicas hacia las formas
cualificadas, en tres direcciones: hacia las formas que existen en los reinos
subhumanos de la naturaleza, aquellas con las cuales está asociado en la
familia humana, las de la Jerarquía guiadora, y las del mundo de las almas. Los
siete tipos de rayo deben ser estudiados en su totalidad desde el punto de
vista humano, porque este tratado está destinado a proporcionar al hombre un
nuevo acercamiento sicológico mediante la comprensión de las energías, siete en
total, y sus cuarenta y nueve diferenciaciones, las cuales lo animan y hacen de
él lo que es. Más adelante, a medida que estudiemos cada tipo de rayo,
someteremos al hombre a un detenido
análisis y estudiaremos su forma de reaccionar en estas tres direcciones.
Estos
siete rayos son las siete corrientes de fuerza que emergen de una energía
central después que (desde el punto del tiempo) fue establecido ese vórtice de
energía. Entonces entre el espíritu y la materia se produjo la interacción, y
la forma, o apariencia, del sistema solar inició su proceso de llegar a ser
-proceso que conduce oportunamente a ser. Esta idea es antigua y verídica. En
los escritos de Platón y de los iniciados que antiguamente sentaron las
proposiciones fundamentales que guiaron a la mentalidad humana durante épocas,
se hace referencia a los siete eones y a las siete emanaciones, a la vida y a
la naturaleza de los "Siete Espíritus que están ante el Trono de
Dios". Estas grandes Vidas, actuando dentro de los límites del sistema
solar, reunieron en Sí la sustancia que necesitaban para la manifestación, y
construyeron las formas y apariencias mediante las cuales podían expresar mejor
Sus cualidades innatas. Dentro de Su radio de influencia reunieron todo lo que
ahora existe. Este conglomerado de material cualificado constituye Su cuerpo de
manifestación, así como el sistema solar es el cuerpo de manifestación de los
aspectos de la Trinidad.
Esta
idea podrá captarse mejor si se recuerda que todo ser humano constituye a su
vez un conjunto de átomos y células que componen la forma, en la cual están
diseminados órganos y centros de vida diferenciados, que actúan con ritmo y
relación, pero poseen distintas influencias y diferentes propósitos. Este
conglomerado de formas animadas tiene la apariencia de una entidad o vida
central, caracterizada por su propia cualidad que actúa de acuerdo al grado de
evolución, impresionando así con su radiación y vida a todo átomo, célula y
organismo dentro del radio de su influencia inmediata y también a cada ser
humano con quien se pone en contacto. El hombre constituye una entidad síquica,
una Vida que, mediante la influencia irradiatoria, ha construido una forma, la
ha matizado con Su cualidad síquica, presentando así en el mundo circundante
una apariencia que persistirá durante todo el tiempo que viva en esa forma.
Esta
afirmación abarca también la historia de la vida y la aparición cualificada de
uno de los siete rayos. Dios, Rayo, Vida y Hombre, son todas entidades
sicológicas y constructoras de formas. En consecuencia, una gran vida
sicológica está apareciendo a través de un sistema solar, y siete vidas
sicológicas, cualificadas por siete tipos de fuerza, también están apareciendo
por intermedio de los siete planetas. Cada vida planetaria repite la misma
técnica de manifestación, vida, cualidad y
apariencia, y en su segundo aspecto cualitativo se manifiesta como una
entidad sicológica. Cada ser humano es una réplica en miniatura de todo el
plan. También es espíritu, alma y cuerpo; vida, cualidad y apariencia. Cobra su
apariencia con su cualidad y la anima con su vida. Debido a que todas las
apariencias son expresiones de la cualidad, y las menores están incluidas en
las mayores, cada forma de la naturaleza y cada ser humano pertenece a uno de
los siete rayos cualificadores, y su apariencia en la forma fenoménica está
matizada por la cualidad de su rayo fundamental y cualificado predominantemente
por el rayo de esa vida particular de cuya emanación surgió, pero incluirá
también, en forma secundaria, los otros seis tipos de rayo. Por lo tanto, aceptemos
-como analogía simbólica-, la realidad de una Vida Central (externa y fuera del
sistema solar y, sin embargo, dentro de él durante el proceso de
manifestación). Que decide dentro de Sí misma tomar forma material y encarnar.
Así se establece un vórtice de fuerza como paso preliminar, entonces tenemos al
mismo tiempo a Dios Inmanente y a Dios Trascendente. Este vértice, resultado de
su actividad inicial, se manifiesta por intermedio de lo que llamamos sustancia
(utilizando un término técnico de la ciencia moderna, lo mejor que podemos
hacer por ahora), o a través del éter del espacio. La consecuencia de esta
interacción activa de la vida y la sustancia es que se constituye una unidad
básica. Padre y Madre se han unido. Dicha unidad está caracterizada por la
cualidad. Por medio de esta triplicidad de vida, cualidad y forma, la Vida
central evoca y manifiesta conciencia, es decir, responde conscientemente a
todo lo que acontece, pero en un grado que resulta imposible conocerlo, debido
a que estamos limitados por nuestra actual y muy poco desarrollada etapa de
evolución.
Quienes
estudian este tratado deben tener en cuenta que es necesario familiarizarse,
desde el comienzo, con estos cuatro factores condicionantes
-vida-cualidad-apariencia- y su resultado o síntesis, que denominamos
Conciencia.
Por
eso, siempre hablamos de lo que está fuera de la apariencia y de lo que es
consciente de esa apariencia. Esto involucra la percepción de su desarrollo
material, la consiguiente expresión adecuada y también la percepción de su
desarrollo síquico. Ningún estudio sobre los rayos es posible si no se conocen
estos cuatro factores. Captaremos el tema con mayor facilidad si aprendemos a
considerarnos como una exacta (aunque todavía no desarrollada) expresión y
reflejo de este cuaternario inicial y creador. Somos vidas que aparecen,
expresan cualidad y lentamente se dan
cuenta del proceso y objetivo a medida que nuestras conciencias se asemejan
cada vez más a la de la Divinidad Misma.
3.
Enumeración de los Siete Rayos
Como
parte del Plan original, la Vida Una trató de expandirse, y siete eones o
emanaciones, surgieran del vórtice central y repitieron activamente el proceso
anterior en todos los detalles. Aquellos también vinieron a la manifestación y,
en la tarea de expresar la vida activa cualificada por el amor y limitada por
la apariencia externa fenoménica, pasaron a una actividad secundaria y se
convirtieron en los siete Constructores, las siete Fuentes de Vida y los siete
Rishis de todas las antiguas escrituras. Estas entidades síquicas originales
tienen la capacidad de expresar el amor (lo cual implica aceptar el concepto de
la dualidad, el que ama y es amado, el que desea y es deseado) y pasar del ser
subjetivo al devenir objetivo. A estas siete Entidades las denominamos:
1.
El Señor de Poder o Voluntad.
Esta Vida resuelve amar, y utiliza el poder como expresión de la divina
benevolencia. Para su cuerpo de manifestación utiliza ese planeta del cual el
Sol es el sustituto esotérico.
2.
El Señor de Amor-Sabiduría,
personifica el amor puro; los esotéricos consideran que está tan cerca del
corazón del Logos solar, como lo estaba el amado discípulo cerca del corazón
del Cristo de Galilea. Esta Vida infunde en todas las formas la cualidad del
amor, conjuntamente con la manifestación más materialista del deseo; constituye
el principio atractivo de la naturaleza y el custodio de la Ley de Atracción,
que es la demostración de la vida del Ser puro. Este Señor de Amor es el más
poderoso de los siete rayos, porque pertenece al mismo rayo cósmico de la
Deidad solar. Se expresa a Sí mismo principalmente a través del planeta
Júpiter, el cual constituye Su cuerpo de manifestación.
3.
El Señor de Inteligencia Activa. Su
trabajo está íntimamente ligado con la materia y actúa en colaboración con el
Señor del segundo rayo. Es el impulso motivador en el trabajo inicial de la
creación. El planeta Saturno constituye Su cuerpo de expresión en el sistema
solar, y por intermedio de la materia
(que en forma benéfica obstruye y obstaculiza) proporciona a la humanidad un
amplio campo de experimento y experiencia.
Quisiera
indicarles aquí que al hablar en términos de la personalidad, forzosamente
tengo que emplear el pronombre personal, en consecuencia no deben acusarme de
personalizar dichas grandes fuerzas. Hablo en términos de Entidad, del Ser
puro, y no en términos de personalidad humana. Pero aún persiste la limitación
del lenguaje, y al enseñar a quienes piensan con la mente concreta inferior,
cuya intuición está aletargada o sólo se manifiesta en forma de destellos, me
veo obligado a hablar en parábolas y a emplear un lenguaje simbólico.
Permítanme indicar también que todas las declaraciones que haga tienen relación
con nuestro planeta y se exponen en términos que puedan ser comprendidos por la
humanidad que nuestro planeta ha producido. El trabajo, según lo voy
describiendo, constituye sólo una fracción del trabajo emprendido por dichos
Seres; cada uno de Ellos tiene Su propio propósito y radio de influencia, y
como nuestra Tierra no es uno de los siete planetas sagrados (ni el cuerpo de
manifestación de uno de los siete rayos fundamentales), esos Seres tienen
propósitos y actividades donde nuestra Tierra desempeña una pequeña parte.
4.
El Señor de Armonía, Belleza y Arte. La
principal función de este Ser consiste en crear Belleza (como expresión de la
verdad) mediante la libre interacción de la vida y la forma, basando el canon
de la belleza en el plan inicial tal como existe en la mente del Logos solar.
No se ha revelado cuál es el cuerpo de manifestación de esta Vida, pero fa
actividad que de él emana produce una combinación de sonidos y colores y un
lenguaje musical que expresan -en forma de ideal- lo que es la idea
originadora. Este cuarto Señor de expresión creadora reasumirá Su actividad en
la Tierra de aquí a seiscientos años, aunque ya se sienten las primeras débiles
expresiones de Su influencia, y en el próximo siglo se verá el renacimiento del
arte creador en todas sus ramificaciones.
5.
El Señor de Conocimiento Concreto y
Ciencia. Esta gran Vida está en íntimo contacto con la mente de la Deidad
creadora, así como el Señor de segundo rayo lo está con el corazón de esa misma
Deidad. Su influencia es grande actualmente, aunque no tan poderosa como lo
será más adelante. La ciencia es el desenvolvimiento sicológico en el hombre,
debido a la influencia que ejerce este rayo, y recién ahora comienza a realizar
su verdadero trabajo. Su influencia aumenta en poder, de la misma manera que
disminuye la influencia del sexto Señor.
6. El Señor de Devoción e Idealismo. Esta Deidad Solar constituye la expresión peculiar y característica de la cualidad del Logos solar. No olviden que en el gran esquema del "universo universal" (no sólo nuestro universo), la cualidad de nuestro Logos solar es tan diferente y distinta como la de cualesquiera de los hijos de los hombres. Esta fuerza de rayo, junto con el segundo rayo, constituye una verdadera y vital expresión de la naturaleza divina. Las cualidades de dicho Señor son: la centrada militancia sobre un ideal, la centrada devoción al impulso de la vida y la sinceridad divina, las cuales plasman sus impresiones sobre todo lo que existe dentro de Su cuerpo de manifestación. Los esotéricos avanzados