|Relatos de los padres | Artículos del Comité del Proyecto (NREP por sus siglas en inglés)

Una invitación a participar en el Proyecto Educativo Nueva Raza

Al acercarnos al final del ciclo presente, una nueva raza se está manifestando poco a poco. La misma llevará a la humanidad hacia una Nueva Era. Toda una generación compuesta de niños de una nueva raza se ha estado encarnando desde la década del 1960. Es probable que este grupo de vanguardia haya padecido de los mayores sufrimientos por parte de un mundo que no les comprendió. Muchos de ellos han sobrevivido las dificultades de su niñez y ahora son a su vez padres de niños de la nueva raza.

Los niños de esta nueva raza están manifestando habilidades psíquicas que incluyen la clarividencia, la clariaudiencia y/o la percepción psíquica a través de los sentimientos. Estas cualidades pueden convertirse en regalos maravillosos si la educación del niño se maneja adecuadamente. Sin embargo, si otros adultos (padres, maestros o tutores) no entienden estas cualidades y las interpretan como síntomas de enfermedades, demencia, retardación mental, etc., el niño experimentará un infierno en la tierra.

La Fundación Sanctus Germanus ha creado un comité llamado el Proyecto de Educación Nueva Raza, el cual tiene como objetivo estudiar este tema y eventualmente desarrollar guías y modelos educativos que los padres de estos niños puedan utilizar como referencia. El comité está compuesto de miembros de la fundación que son también padres de niños de la nueva raza.

El Proyecto de Educación Nueva Raza desea obtener las recomendaciones de aquellos que han tenido el privilegio de educar a estos niños: los padres de niños de la nueva raza. Estos niños están encarnando en todos los continentes y representan a todas las razas y culturas. Deseamos aprender tanto como nos sea posible sobre estos niños y tal vez esbozar unas características comunes e individuales que nos permitan dar forma a un programa educativo adecuado para las futuras generaciones de niños de la nueva raza en la Nueva Era.

De modo que le invitamos a compartir sus experiencias como niño de la nueva raza o como padre de uno de estos niños.

Estamos planificando la creación de un foro bajo el auspicio de la Fundación Sanctus Germanus que estará abierto a todos los interesados en los niños de la nueva raza. Le invitamos a compartir los retos que ha confrontado o que confronta actualmente. Para unirse a nuestras discusiones grupales y para compartir sus puntos de vistas con otros, por favor contáctenos a través de EMAIL.

A continuación incluimos algunos relatos de padres de niños de la nueva raza. Le invitamos a que incluya aquí su experiencia.

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Relatos de las experiencias de los padres o de los niños

He aquí un resumen sobre mis hijos. Trataré de ofrecer una versión imparcial, con los aspectos positivos y los negativos.
En general, mis tres hijos se llevan muy bien entre sí, son muy unidos y se quieren mucho. Nunca ha habido entre ellos una pelea campal, ya que parecen resolver sus problemas de una manera muy razonable. Mi segunda hija (de 10 años) y mi hijo (de 6) tienen la mayor cantidad de conflictos, aunque son muy pequeños. Los niños están rodeados de música y arte ya que Mamá es cantante y pintora-artista y Papá es músico. Siempre hemos limitado el uso de la televisión y no acostumbramos jugar juegos de vídeo. Preferimos que utilicen juegos educativos en la computadora, y siempre con límite de tiempo. Nos enorgullecemos de que nuestros hijos pueden entretenerse jugando con ramitas, piedras u hojas, pintando, tocando instrumentos musicales o simplemente disfrutando de la naturaleza durante horas. Mi hijo de seis años me dijo durante una excursión a pie, “Papá, me encanta caminar disfrutando de la naturaleza”. A Papá le encantan la naturaleza y la jardinería y le enseñó a los niños a oler las rosas desde que eran bebés. Todavía continúan haciéndolo y esto aumenta su chi y su energía pránica. Al pensarlo detenidamente, mis hijos se caracterizan más que nada por el Amor, la Paz y la Armonía. No se caracterizan por la guerra y el y espero que sigan así. 

Hemos criado a nuestros hijos sin enfatizar ninguna religión en particular, enseñándoles a estar abiertos a los mensajes de los profetas de cada cual. Quiero que sientan su espiritualidad. Están muy conscientes de los Maestros Ascendidos y están familiarizados con el Maestro Jesús, Serapis Bey y St. Germain. A menudo les hablo a los niños sobre nuestra capacidad psíquica latente y practicamos la comunicación telepática entre nosotros como un juego divertido, con resultados similares a los que obtuvo Carl Jung en sus experimentos. A todos les encanta cocinar y probar nuevos alimentos, y su dieta es primordialmente vegetariana. Sobre este ultimo punto, sabemos que los niños pueden tener problemas con sus hábitos de alimentación. Nosotros decidimos que tan pronto comieran alimentos sólidos, les animaríamos a comer la comida que les fuera servida. A medida que fueron creciendo, continuamos con esta costumbre con gran éxito. Nunca han sido difíciles para comer. Pero nos dejan saber si hay algo que realmente no pueden comer- lo cual sucede en pocas ocasiones. Les encanta disfrutar de una variedad de comidas y prefieren los vegetales a la carne, aunque nunca les hemos animado a escoger. Les hablamos sobre lo dañino de las comidas procesadas, a leer las etiquetas correctamente ya que aquí en los EEUU las empresas de alimentos pueden brindarnos información falsa en las etiquetas sin tener problemas legales por ello. La leche aquí en los EEUU está llena de aditivos y rastros de antibióticos, a excepción de la leche orgánica. La leche de arroz y de almendras es una buena alternativa para nosotros.

Mi primogénita tiene 12 años. Amor a primera vista. Era una niña muy equilibrada. Parecía comer y dormir sin problemas pero te dejaba saber si necesitaba algo. Una característica que siempre se destacó en ella fue lo que sólo puedo describir como su naturaleza compasiva y humana, la cual mantiene hasta el día de hoy. Cuando su hermana nació, manifestó un poco de celos. Cuando era bebé, dormía entre grabaciones en estudio y funciones en el escenario (justo al lado del escenario) mientras tocábamos nuestra música. Era obvio que su voz sería su talento. A los dos años cantaba una canción muy complicada con buena entonación, la que aún conserva. Recientemente asistió a una audición para una escuela de artes escénicas con solo 128 puestos disponibles para 800 solicitantes y ella obtuvo un lugar. Sus estudios se concentrarán en la voz. Ella puede ser impaciente y su habilidad para concentrarse puede ser un poco errática. A pesar de tener grandes problemas con las matemáticas cuando estaba en grados primarios, su mamá le ayudó a superar el problema al descubrir que tenía una dislexia numérica y ahora es una de las mejores en matemáticas, lo cual constituye un verdadero milagro.

Al nacer mi segunda hija, quien tiene ahora diez años de edad, su mirada pareció penetrar mi alma y sus ojos me dijeron que era un alma vieja. Ella es equilibrio puro y siempre lo ha sido. Su nivel de satisfacción es una lección para toda la familia. Tiene mucha fuerza, amor y compasión, pero a la vez tiene una actitud de luchadora, de triunfadora, pero de una manera muy equilibrada y segura. Ella también es cantante pero tiende a hacer trabajos manuales, trabajando en diseño de vestidos, con la ayuda de Mamá, por supuesto. Ella es zurda y ha tenido grandes problemas con la actividad motriz, que la han definido en sus movimientos y acciones. No se trata de problemas de destrezas motrices finas, sino más generales. Tardó mucho en mostrarnos si sería derecha o zurda. Terminó siendo zurda. Ella podía estar de pie frente a ti y de pronto se caía, no como una enfermedad pero de manera más graciosa. No sólo tiene articulaciones sumamente flexibles, sino que además puede doblarse como un pedazo de goma. De alguna manera, ella es una mensajera y maestra que nos fue otorgada para que entendamos sus cualidades. Mi hijo de seis años es el más rápido de todos y le llamamos “la abeja laboriosa”. Es demasiado rápido para su propio bien y muy seguro de sí. Una característica más similar a la de nuestra hija mayor, es que él nos asombró con su capacidad para el lenguaje y la lectura. Sin exagerar, él pasó literalmente de no decir una palabra a utilizar un lenguaje articulado y a leer, utilizando palabras demasiado complicadas para un niño de su edad. Para sorpresa nuestra, aún durante las vacaciones de verano leía libros de quinto año de primaria (ahora está pasando a segundo año). Siempre me he preguntado de dónde ha sacado esta habilidad. Parece que está destinado a ser un ORADOR… él te dice claramente lo que quiere y no te lo dirá un tercera vez porque te comunicó el mensaje alto y claro la primera o la segunda vez. La paciencia no es una de sus virtudes en este momento. Cuando era un bebé, su Mamá cantaba y grabó una canción para una película en un estudio de grabación, mientras el niño lloraba a todo pulmón en su cuna portátil. Exigía que lo tomaran en brazos y solamente cuando esto sucedió fue que permitió que su Mamá cantara. Para sorpresa nuestra, y contrario al desempeño escolar de Papi, en su primer año nos trajo a casa calificaciones de A (10). Estamos muy interesados en ver si esto continúa en su segundo año escolar. Tiene cuerpo de atleta, le encantan los deportes y está en esta carrera de la vida para largo rato (a Papá le encanta correr.) Nunca ha sido capaz de sentarse solo y entretenerse. Siempre necesita jugar con alguien. Tiene un gran problema de control del temperamento con el cual todavía estamos lidiando, pero también su Papá tiene ese problema. Y aún sigo trabajando en él, cuatro décadas más tarde. A pesar de todo, somos una familia que se sienta a la mesa para comer una comida casera… luego hablamos y hablamos y hablamos durante la cena y nadie se levanta de la mesa hasta que la última persona termina de hablar- o de comer. Ja, ja. Esos somos nosotros. La energía y especialmente la ATENCIÓN que le hemos brindado a los niños, creo yo, ha sido la clave de la armonía que disfrutamos hasta el momento, y el AMOR que recibimos a cambio completa nuestras vidas.

Namaste, una familia europea que vive en los Estados Unidos.

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El artículo siguiente fue escrito por la madre de una niña pionera de la Nueva Raza, quien fue criada en una familia que fortaleció sus dotes y talentos naturales y le ayudó a desarrollar su potencial. Al momento de escribirse este artículo, ella era una jovencita encaminada a una gran vida de servicio a la humanidad. Desafortunadamente, su vida fue truncada prematuramente debido a fuerzas imprevistas que crearon una misteriosa enfermedad. Incluimos este artículo como tributo a las almas valientes que vinieron a preparar el camino para los niños de la Nueva Raza que están encarnando en la actualidad. La Fundación Sanctus Germanus está dedicada a ayudar a estos niños maravillosos y sensibles a desarrollar su potencial al máximo a través de la educación, la consejería y la sanación.
ÁNGELA por su mamá (1988)

Ángela es un ángel en forma humana. Aunque por lo general no soy propensa a la exageración, tengo que recurrir al término “ángel” – otras palabras como ésta también tendrán espacio en este pequeño ensayo que escribo mientras el significado de Ángela está tan presente en mi conciencia. Ella se está preparando para viajar a Costa Rica como representante de las Naciones Unidas de la Juventud.

Para quien la conoce de una manera incidental, sin estar consciente de la naturaleza real de Aquel con Quien están compartiendo una pequeña experiencia, ella, como mínimo, será vista como una persona de belleza física poco común. Desde que era una niña, su cabello grueso, rojo, ojos azules claros y piel de porcelana- salpicada de unas cuantas pecas claras- han provocado comentarios provenientes de desconocidos.
Ella también muestra una gracia y una libertad de movimiento que alegra a quienes aman la estética del cuerpo humano en movimiento. Aquellos que se acercan a unos pies de ella sentirán una cierta dulzura.

La sensibilidad es tal vez la característica predominante que ella muestra en la expresión exterior de su vida diaria; sensibilidad a todo, en todos los niveles de la existencia.

Ella es una niña humana, pero muestra la sagacidad característica de las almas más antiguas y experimentadas. Parece descubrir el propósito de nada –y de todo- a la misma vez.

Tiene acceso a conocimiento que está más allá de la mentalidad humana. Pocas veces intenta comunicar lo que sabe, pero demuestra su sabiduría en su vida diaria negándose a vivir la “falsedad” que se nos propone y presenta. (El Universo NO exige anotaciones y grabaciones superficiales en las escuelas entre su estructura celular humana – de información que no puede perderse ni tiene uso permanente.) A ella no le interesa- su interés reside, tal vez, en conocer el viento.

Ella conoce a las mariposas, incapaz de moverse entre ellas sin que la atracción de éstas se encienda en la niña. Ella conoce a los pájaros. Conoce a los animales—puede "hablar" con ellos al tocarlos y al mirarlos. Conoce las plantas. Conoce a los niños. ¡Conoce a los bebés y los bebés saben que ella los conoce!
Si un puñado de tierra corriera entre sus dedos, probablemente irradiaría con un nuevo brillo, resultado de la suave unión con su esencia.

Si estás en la periferia de su magnetismo, ella- discretamente y hasta sin intención- leerá el tipo de tus pensamientos y sentimientos. No se equivocará.

Ella sufre. Ella padece. Porque aún no hay lenguaje para la comunicación real de su conocimiento- uno puede aprender de ella sólo por absorción. Ella se recrea en la soledad absoluta de todos aquellos que se adelantan a su tiempo. Es amada por aquellos que la conocen bien, y envidiada por quienes la conocen menos. Algunos hasta le tienen lástima. Estos están al tanto de su sufrimiento y se lo atribuyen a una perspectiva incorrecta.

Al contrario, su perspectiva es la correcta, éste es su problema. Ella viene de otra dimensión y está en una misión cuyo propósito es ser completada – o no serlo. Es horriblemente posible que ella haya llegado demasiado pronto.

Un lector puede darse cuenta desde el comienzo de estas líneas que la admiro, respeto, amo y aprecio. Alguien que nunca la haya conocido, al leer esto, podría creer que si me prolongo tanto en este tema es porque me motiva algún tipo de ilusión o engaño. Si esta apreciación es correcta, entonces mi vida entera es una falsa y constante persecución de la Verdad que me ha dejado desamparada.

Sé que la oportunidad de conocerla, de cuidar de ella durante su preparación para “hacerse cargo” de su tiempo aquí fue un privilegio supremo y ha ayudado a confirmar misterios fascinantes que se esconden en la existencia.

Creo que es importante para ella permanecer libre de expectativas por parte de cualquier persona cercana a ella. Sólo debe existir un mínimo de interferencia mientras ella descubre los métodos que necesita para aclimatarse aquí.

La Examinación cuidadosa de su Ser es una atención que no tengo que negarme para asegurar su libertad; soy capaz de asumir el papel de observadora fascinada.

A veces me pregunto si Dios no me ha permitido estar en su compañía, siendo ella tan poco común y preciosa, simplemente porque sé como “ver” quién es ella—y es necesario que alguien traduzca las exquisitas precipitaciones de divinidad -como es ella- en corrientes de pensamientos para el reconocimiento de la humanidad.

¡Sin su presencia en la Tierra, existiría un cierto vacío espiritual; significaría que esas “chispas” del futuro que ella representa han sido llamadas a un lugar de manifestación que se ajusta mejor a las magníficas posibilidades!

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La historia de mi niñez

Mi nombre es Sandra Richmond, y cuento mi historia con la esperanza de que arroje luz para otros.

Mis padres padecían de sordera severa desde la infancia. Mi madre creció en la ciudad y mi padre en el campo, en Escocia. Cada uno fue educado en un sistema escolar muy distinto. El programa escolar de mi madre se concentraba en enseñarle a los niños sordos a hablar; el de mi padre, en brindarle el adiestramiento necesario para tener un trabajo con el cual ganarse la vida. Mi padre tenía 27 años y mi madre 20 cuando yo vine al mundo.

Nací en casa y mi madre fue asistida por una partera. Después de un parto muy largo finalmente vine al mundo, con lo que se conoce como la membrana amniótica. Esto es una membrana adicional que cubre la cabeza y/o el rostro del recién nacido. Me han dicho que en la tradición celta esto indica que el niño tiene el don de clarividencia.

Mis padres eran inteligentes y estaban inclinados a dar de sí mismos por naturaleza. Brindaron mucho de su tiempo a la comunidad sorda de Glasgow, sirviendo en varios comités a través de los años. En última instancia, mi padre estuvo en el Comité de Gerencia y mi madre fungió como secretaria de la Asociación Británica de Sordos por un período de tiempo.
Mi madre era una lectora voraz. Nuestra casa estaba llena de sus libros y revistas. Sus intereses personales incluían el teatro, el cine, la astrología, la numerología y todas las artes adivinatorias. Con ella jugábamos e imaginábamos, y hasta hacer las tareas de la casa era divertido. Patinábamos en el piso de la sala, con trapos atados a los pies, cuando ella pulía el piso. Cuando ella cantaba, nos reíamos, qué crueles éramos. Sin embargo, ella también reía y seguía cantando. Mi padre era un artista bastante bueno. Pasaba horas divirtiéndonos con sus dibujos, el ratón Mickey, el pato Donald, todo tipo de animales. Nuestras imaginaciones nos brindaban cuentos e historias de todos ellos. De modo que, como pueden ver, éramos tranquilos pero no aburridos.

Mi vida familiar era bastante tranquila, literalmente sin televisión, teléfono o radio. La familia de mi madre era pequeña pero los veíamos a menudo ya que vivían en la ciudad en ese tiempo. Después de que mi hermano nació, tres años después que yo, nos mudamos al pueblo de mi padre. Allí tuvimos lo que considero como una crianza feliz. La familia de mi padre vivía en este pueblo y mis padres tenían amigos con quienes fuimos muy unidos.

Diría que tuvimos una vida muy protegida. Mi hermano y yo teníamos habilidades psíquicas y crecimos muy unidos. Al ser la mayor, me convertí en la que cuidaba a todos los demás, al menos así lo veía yo. Cuando mis padres tenían problemas de comunicación, yo me convertí en su intérprete, una responsabilidad que tomaba muy en serio. Creo que la telepatía jugó un papel muy importante en nuestra familia. A veces me maravillaba al ver cómo mis padres parecían saber lo que sucedía entre sus hijos. Mi madre usaba la antigua frase “Tengo ojos en la parte posterior de mi cabeza, ¿no lo sabías?”, una expresión que he usado frecuentemente con mis propios hijos. Puede ser muy útil aún si no entendemos la telepatía. Mis padres no tenían la capacidad de escuchar, pero definitivamente podían “ver” muy bien.

Mi padre era un hombre paciente, en particular conmigo. Porque yo era quien lo despertaba con frecuencia en medio de la noche para decirle que había gente en la parte baja de la casa, en la sala, hablando, que había alguien en la cocina cocinando y lavando platos, pero que no sabía dónde estaba ahora. También, en muchas ocasiones había simplemente ruidos en la casa, alguien tocando a la puerta, pisadas, animales, golpes y yo tenía miedo. Eso de dormir en la oscuridad no era para mí… la luz del pasillo siempre se dejaba encendida para alumbrar las sombras y figures que se movían. No recuerdo que mis padres me dijeran cosas terribles como “no seas tonta”, “es tu imaginación”, “eres una molestia”, “¡Madura!”. Luego, cuando fui mayor, me di cuenta del por qué. Mis padres también tenían habilidades psíquicas.

A pesar de que mi hermano era menor que yo, era igual de psíquico. Ahora que miro hacia el pasado veo un denominador común entre todos nosotros: mi abuelo, mi padre, mi hermano y ahora mi hijo. Mi abuela, mi madre, yo y mi hija también, todos fueron o somos psíquicos. ¿Estamos caminando entre dos mundos? Así lo creo.

Muchas veces mi hermano y yo pensábamos que estábamos sosteniendo conversaciones privadas, ya que mamá y papá eran sordos. Ja… no era así, perdí la cuenta de las veces en que segundos más tarde papá entraba en la conversación de repente, tomando el tema justo donde lo habíamos dejado, con un brillo de diversión en sus ojos. Muchas veces volteábamos nuestros rostros y comentábamos sobre cualquier cosa, pensando que como ellos no podían vernos hablando, no entenderían lo que decíamos. Pronto comprendimos que no habría secretos entre nosotros. Fue esto lo que mi madre quiso decir cuando nos dijo: “Dios determinó que fuéramos sordos, pero nos compensó de otras maneras, para hacerlo más llevadero.”

Cuando yo tenía nueve años de edad, mi amada abuela materna falleció. Ella se me apareció en una visión y me explicó lo que había sucedido, pero me aseguró que siempre estaríamos unidas y que la vería de nuevo, aunque no por mucho tiempo. Me dijo adiós y se alejó de mí, caminando por una calle larga, brillante y hermosa, dio vuelta en una esquina y se fue. A la mañana siguiente nos enteramos de que abuela había fallecido durante la noche.

Más tarde, cuando fui adulta y estaba estudiando Espiritualismo Tradicional, me di cuenta del gran regalo que ella me había hecho. No sólo me mostró la vida después de la muerte, sino que además me enseñó el mundo espiritual de manera que pudiera entenderlo en esa etapa de mi vida.

Cuando éramos adolescentes, mi hermano y yo experimentamos con la Comunicación con los Espíritus. Para nuestro deleite, sucedió muy fácilmente y de una manera que no nos dio miedo. Con nuestros amigos, conducíamos sesiones espiritistas, trabajábamos con el espíritu del cristal antes de que la tabla de Ouija fuese mercadeada masivamente. Aunque en aquel momento no entendíamos lo que sucedía, ahora veo que aprendimos muchísimo. En una de las revistas “Horoscope” de mi madre encontré un anuncio de “Cartas de Adivinación”. Pedí un paquete de éstas, y luego descubrí que eran muy limitadas, y que yo percibía mucho más por mí misma. ¿Qué tipo de preguntas hacían las chicas de 16 y 17 años al Espíritu en los años 60? Las mismas que hacen hoy. ¿Me casaré, tendré hijos, cuántos? Una noche en casa de un amigo, seis de nosotros, incluida yo, hicimos las mismas preguntas. Las respuestas para mí fueron:

Sí, con alguien de apellido Joyce. Sí, dos. Esta información resultó ser correcta. El apellido de la familia de mi ex esposo es Joyce y tengo un hijo y una hija. Cuando mi hermano tenía 14 años, vino a casa un día para decirnos que ese día, en su clase de ciencias, levitó con el permiso de su maestro. Me impactó el hecho de que el maestro lo permitiera. Nos reímos de nuestros amigos, a quienes a veces asustábamos con nuestras ideas, sin embargo, ellos siguieron siendo nuestras “víctimas” fieles.

Tal vez no fuera tan escandalizante en realidad, ya que poco a poco yo fui enterándome de cuán aceptables eran este tipo de experiencias en nuestra cultura. En Escocia, si no conocías a una “profetisa”, podías encontrar una con facilidad. De ahí que desde los 16 años hasta los 21 pasé mucho tiempo visitando varios psíquicos y médiums. Todo esto me ayudó a entenderme a mí misma.

A los 21 años conocí a mi futuro marido, mi hermano dejó la casa para servir en el Ejército Británico y murió en Irlanda del Norte a manos de terroristas. Lo supe antes de que sucediera, él se me apareció mientras hacía su transición. Mi infancia se fue con él.
Todo esto constituye la base que me brindó mi amorosa familia.
SR, Canadá

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Olvidémonos del género.

Vivimos en una era en la que todo está definido, polarizado y nos es mercadeado. Los especialistas del mercado nos dicen qué cosas son inteligentes, sexy, cuáles son los mejores juguetes para los niños, los automóviles que hay que tener, los mejores diseños para la cocina, los teléfonos celulares adecuados y la lista no tiene fin. Cuando vas a ser padre o madre, todo comienza con el género: ¿niño o niña? Hoy día, muchos padres quieren saber el sexo del niño antes de que éste nazca para preparar mejor su habitación. Si revisa cualquiera de los montones de catálogos de muebles, ropa y juguetes para niños, todos están divididos por colores. El rosa es para las niñas, las princesitas, mientras que el azul es el color de preferencia para los varones. Y las oleadas publicitarias de los productos para niños constituyen una industria de miles de millones de dólares que comienza desde que el niño es concebido hasta que llega a la adultez y obtiene su propia tarjeta de crédito.

Este fenómeno de mercadeo también crea un estricto código de conducta que se define como normal. Los niños y las niñas son segregados a base de su género, y su conducta -incluyendo gustos, intereses y actividades- están claramente definidos. Cualquier cosa que esté fuera de esta definición representa un reto para cualquier padre o niño. La segregación de los niños y las niñas es tan completa en nuestra sociedad, que abarca juguetes, colores, actividades, e incluso hasta películas. ¿Qué sucede cuando un niño no se conforma a esas definiciones dictadas por el mercado? ¿Quién dijo que a las niñas sólo les gusta el color rosado? ¿Por qué se debe educar a un niño para que deteste un color del espectro del arco iris? Si damos un paso hacia atrás, ésta es una determinación muy arbitraria.

En los Estados Unidos del siglo diecinueve, los colores específicos para niños y niñas eran los siguientes: el rosado para los varones, ya que se consideraba como un color feroz, un rojo aguado; mientras que el azul era para las niñas ya que se consideraba un color delicado y femenino, asociado con la Virgen María. En algún momento después de la Segunda Guerra Mundial los colores fueron invertidos en los EEUU. Nuestro sistema actual sólo tiene 60 años, pero creo que también pasará a mejor vida y cambiará.

El reto que confrontamos es cómo educar a un niño que desafía las normas convencionales. Y cómo retar esas normas para educar a un niño especial. En mi caso, tenemos un hijo de cuatro años cuyo color favorito es el rosa, seguido del púrpura. Su actividad favorita es el ballet y sus mejores amigas son dos niñas en su preescolar. A su corta edad, ya ha confrontado las críticas, el ridículo y las burlas porque adora los vestidos rosados y el ballet. Como padres, hemos confrontado los retos de los abuelos que desaprueban su baúl de disfraces, el cual incluye vestidos rosados, bufandas de seda color púrpura y un disfraz de princesa. Esta alma joven se está expresando –más allá de su género- y es pura expresión. De pronto es una princesa de las hadas vestida de seda y satén, y luego un niño pequeño en vaqueros y una camiseta, corriendo fuera de la casa para hablar con los niños del vecindario.

Lo primordial que todo niño necesita es un ambiente de apoyo, amoroso y seguro, donde pueda explorar y jugar libremente. Olvidemos el género en estas edades tan tiernas, ya que los propios niños no entienden todas las asociaciones que ello implica. Se trata de almas que están explorando y reflejando el ambiente que les rodea.

El reto radica en que los padres acepten totalmente las expresiones de sus niños pequeños sin limitaciones, sin forzarlos a participar en ciertas actividades o jugar con ciertos juguetes, y sin prohibirles ciertas actividades o juguetes debido a las definiciones del mercado del siglo 21 y las normas culturales. Este es un gran reto para que los padres se sobrepongan a su propia crianza y a sus prejuicios y le enseñen a sus hijos a través del ejemplo y promoviendo el arte de la tolerancia y el no juzgar.
Cuando los maestros y padres de ese compañerito de escuela de mi hijo —aquel que se burla porque otro niño es amante del ballet— corrigen ese prejuicio aprendido, ese niño aprende una lección importante a una edad temprana: la aceptación de otras personas que son diferentes. Sin embargo, si el prejuicio y comportamiento del niño no se corrigen, se le está enseñando que la intolerancia y el ridículo son aceptables.

Mientras tanto, mi hijo también tiene que aprender una dura lección: alejarse del ridículo y aprender a tener un compromiso con sus pasiones y el camino de su vida. Mi hijo estuvo a punto de dejar el ballet poco después de comenzar a practicarlo porque las burlas eran terribles. Fue a través del diálogo con él, al trabajar con él para que aprendiera a tener más seguridad en sí mismo a pesar de la adversidad, que él decidió continuar con su clase de ballet, porque al fin y al cabo le encantaba.

Como padres, veremos más y más niños que rompen los moldes de lo que la sociedad considera “normal” y vendrán más y más de una nueva raza que trasciende todo lo que hemos visto hasta ahora. Para ello, tenemos que evitar caer en la trampa de tratar de dirigir estos niños, sino simplemente animarles, con las herramientas adecuadas, a seguir su propio camino. Y como padres, tenemos que trascender nuestros propios prejuicios y limitaciones y ser cada vez mejores, de manera que podamos enseñar con el ejemplo.

LF, California, Estados Unidos

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Mi Pequeño Félix

Si tuviera que describir a mi hijo menor de seis años de edad con una sola palabra, usaría la palabra “pacífico”. El era un pequeño “rayo de sol” desde su nacimiento y es un hombrecito muy maduro. Recuerdo que desde antes de caminar y hablar, hacía sonreír a los demás. Cuando salíamos a caminar, a veces veíamos personas mayores sentadas en los bancos de los parques. Lucían tristes, introvertidos y solos. Félix corría hacia ellos, les “hablaba” y aun desde lejos podías ver cómo estas personas se iluminaban y sonreían. Esto sucede con tanta frecuencia, que pienso que es una tarea que se ha encomendado a sí mismo, porque yo nunca lo he animado a hacerlo.

Otra característica prominente fue evidente cuando comenzó a estar con otros niños, como en el jardín de infantes. Algunos de los niños estaban pateando, peleando, mordiendo—todo tipo de interacción social—y después de un tiempo me di cuenta de que Félix nunca fue uno de ellos. Ciertamente es cualquier clase de hombre fuerte o luchador que pueda imaginarse—Robin Hood, Batman, un alguacil, ninja, “power ranger”, y por supuesto, es un caballero por encima de todo. Con frecuencia él desempeña estos papeles en casa, con o sin amigos, y le gusta disfrazarse de sus personajes favoritos. Pero siempre tiene que haber una princesa para salvar o proteger. Su mejor amigo tiene que llevar a su hermana a la casa para que haya alguien por quien luchar, ya que no le gusta pelear contra otros.

Creo que desempeñar esos personajes le ayudó a le ayudó a lidiar con su agresividad natural y a canalizarla por un camino seguro. Me di cuenta de esto cuando otras mamás “socialmente correctas”, quienes nunca dejarían a sus hijos jugar con armas, se quejaban de que sus pequeños eran agresivos y no sabían qué hacer.

Bueno, recientemente este episodio me dejó sin habla. Félix y yo estábamos visitando a mi amiga y su hijo y nos encontrábamos en un parque cercano. Los niños eran una pintoresca mezcla de nacionalidades. En un momento dado noté que los gritos y peleas se hicieron tan violentos, que me acerqué y observé a varios niños de 8 años jugando a las ejecuciones. Tenían una víctima y le estaban “disparando” en las orejas. Me espanté tanto que honestamente no supe cómo reaccionar, de modo que terminé diciéndoles cuán doloroso y peligroso podía ser esto en los oídos. No me atreví a continuar educándolos, ya que sus madres estaban cerca y obviamente no les importaba lo que ellos hacían. Me pregunté dónde estaba Félix y lo encontré momentos después, sentado en un árbol, comiendo una manzana. Había decidido no participar en ese juego. Fue su naturaleza amante de la “paz” la que prevaleció.
GT, Bavaria, Alemania

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Nuestra hija Paige

Nuestra hija, Paige, nació el 17 de enero de 1999. Fue una bebita feliz, al amparo del amor de unos padres ya maduros que la idolatraban. Ella estaba, y sigue estando cómoda en este mundo y con su interacción con otras personas. Cuando tenía menos de un año de edad, la gente me decía que ella parecía mirar a través de ellos.

Cuando tenía cuatro años me dijo que no era como ninguna otra persona. Le pregunté qué quería decir con eso.
Ella me dijo que había ido a un recital de baile. Un hombre que estaba sentado frente a ella le bloqueaba la vista, de modo que ella simplemente miraba a través de la cabeza del hombre para poder ver a los bailarines. Últimamente Paige ha mencionado haber visto a un hombre alto con una túnica blanca, negra y roja caminando en nuestra terraza en más de una ocasión.

Hace unos días le pregunté si podía ver a través de las cosas. Me dijo que a veces podía hacerlo y a veces no. También me dijo que yo era un padre raro, porque yo le creía cuando ella me decía estas cosas y su madre no.

Tal vez la característica más impresionante sobre mi hija es su habilidad para percibir y comentar sobre cosas que parecen estar más allá de su capacidad. Hace un mes estuvimos en el aeropuerto de Denver. Ella y yo fuimos a comprar tres conos de helado y una botella de agua. El total a pagar fue $16.73. Cuando regresamos a la puerta de embarque me dijo que en ese lugar, lo único que contaba era el dinero.

A veces ella puede exhibir un temperamento feroz, pero por suerte se calma tan pronto como se enoja. Eso contrasta con su lado amoroso, el cual es la parte dominante de su constitución emocional y espiritual.

Mi esposa, quien es una tradicional y devota cristiana interdenominacional, llevó a Paige a la iglesia, donde vieron una mujer que sufría de cáncer facial. Después de ver esto, Paige se volvió hacia su mamá y le dijo que debían rezar por ella. A través de su mamá y de la escuela parroquial donde estudia ella está siendo educada dentro de la cristiandad tradicional.
Esto no me preocupa ya que confío en que a medida que vaya creciendo, su visión espiritual se irá expandiendo.

No tiene problemas en la escuela. Bueno, he oído que puede ser muy habladora en ocasiones.

Ella sobresale en el arte y la música. Su participación es adecuada en aquellas materias en las que no está tan interesada.

Reconociendo el hecho de la reencarnación y la existencia eterna del alma, es con humildad que mi esposa y yo hemos sido honrados al traer un individuo como ella a la encarnación física. Para mí es intimidante saber que ha pasado un largo tiempo desde la última vez que ella estuvo en el plano físico. Sólo puede uno preguntarse qué hizo la entidad que hoy conocemos como Paige durante ese tiempo. Aunque ella tiene algunos atributos de sus padres, ella es realmente ella misma. Somos afortunados porque Paige siente que realmente pertenece a este mundo, en este momento y no ha experimentado la incomodidad psíquica que aqueja a algunos de sus contemporáneos.

SM, Dakota del Sur, Estados Unidos

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Fred: Transición a una Nueva Raza


Fred tiene 26 años de edad y estoy profundamente consciente de que es un alma sabia y antigua, amada por quienes cruzan su senda. Tiene un encanto increíble, se siente a gusto con las personas, y ama la armonía y la paz.

También sé que piensa de manera diferente, que su cerebro funciona de una manera diferente. Entiendo esto ahora a la luz de la información que se está divulgando sobre los niños de la nueva raza. No creo que Fred sea un niño Índigo o Cristal como tales, pero creo que es uno de los muchos de su generación que ha facilitado la transición a la nueva raza. Uno que tuvo que adherirse a las reglas de una generación más vieja, que no estaba equipada para saber cómo lidiar con niños que tenían diferentes destrezas de aprendizaje.

Las características que parecen vincularlo con la nueva raza son la noción del tiempo, la noción del espacio y el proceso de razonamiento lógico, que es tan diferente del de la generación anterior.

Recientemente jugamos 4 rondas del juego “Mastermind” en una noche lluviosa. Su proceso de deducción es totalmente diferente al mío, tan diferente que ninguno de los dos entiende la deducción lógica del otro; pero ambos llegamos al final con casi el mismo nivel de éxito, con las mismas puntuaciones. Si hubiésemos jugado una quinta ronda, me hubiese ganado, pues su método es más meticuloso que el mío.

Fred no tiene sentido del tiempo, y frecuentemente llega tarde a las citas. El vive mucho en el momento, pasándoselo bien y a través de su comportamiento, hace que otros se lo pasen bien y que pierdan toda noción del tiempo.

Fred tiene un sentido del espacio diferente al de los demás. Encuentra muy rápidamente los 8 errores en las caricaturas; tiene una memoria fotográfica y se da cuenta de detalles que otros ignoran. Sin embargo, para él es un reto el sentido del espacio en la palabra escrita—se le diagnosticó dislexia a temprana edad. Pero si se le reta en cualquier visualización, va más allá que los demás, ejercitando una creatividad que no es lineal y que es como su segunda naturaleza. Le deja mensajes a la familia y amigos en íconos. Los “Lego” le permitieron expresar su creatividad por horas sin fin cuando era niño, mezclando piezas de la era espacial con castillos medievales, una grúa “Technic” con caballeros andantes; de nuevo, desafiando las reglas convencionales del tiempo y del espacio de la generación anterior.

Tiene excelentes destrezas sociales, sabe cómo hacer que la gente se sienta cómoda. Cuando era un niño, tenía grandes conversaciones con trabajadores que dejaban lo que estaban haciendo para explicarle cómo funcionaban las cosas. Recuerdo que vi a un técnico de teléfonos bajar de un poste para pasar 10 minutos explicándole las cosas a un curioso niño de 5 años; a un basurero que le mostró el mecanismo del camión de basura y le explicó como recogía y tiraba el contenido de los contenedores. Un tío suyo pasó unos días con él en el campo de Waterloo en Bélgica, describiendo los movimientos de cada ejército, la estrategia de cada general. El puede explicarte estos detalles en cualquier momento… sólo si tienes el tiempo y el nivel de concentración necesarios para entender su explicación larga y detallada.

Desde su adolescencia, Fred ha sido capaz de movilizar a un grupo de adolescentes hacia una actividad grupal en un santiamén, ¡una tarea nada fácil cuando se trata de adolescentes! Hoy día, ¡esos amigos todavía lo llaman para que les organice actividades!

La crianza de Fred fue una delicia absoluta desde su nacimiento hasta el comienzo de la escuela primaria… y luego la casa de naipes se desbarató. Hacer las tareas era una experiencia sumamente larga y dolorosa cada noche. Necesitaba tutoría y ayuda adicional para pasar las clases. Lo castigaban con regularidad porque se la pasaba soñando despierto en las clases. ¡Imagínense! Sus calificaciones estaban llenas de comentarios de los maestros, diciendo que el niño no alcanzaba su potencial. Los maestros se disculpaban diciendo “porque Fred es un niño muy bueno, pero…” Sin embargo, el sistema le falló miserablemente.
A los 13 años, se le diagnosticó Trastorno por Déficit de Atención. ¿Era realmente TDA o fue el comienzo de la moda de ponerle etiquetas a los niños que no encajaban con los estándares escolares? ¿Un soñador con TDA? Fred se negó rotundamente a tomar píldoras para el TDA, y yo respeté su decisión. ¿Fue TDA o era simplemente un niño—niño al fin—, cuya energía nerviosa necesitaba ser descargada mediante más actividad física? Cuando se ponía muy turbulento en la casa, lo enviaba a dar tres vueltas a la manzana. Esto tuvo un efecto positivo inmediato en ambos: él podía tranquilizarse, después de gastar energía física, y yo podía serenarme también. Los maestros, de alguna manera, no podían aceptar este enfoque.

Cambié a Fred de escuela cinco veces hasta que puede encontrar una que le permitió ser como era: encantador, creativo, soñador, pero suficientemente inteligente para aprender y suficientemente aceptado para ser él mismo—una chico cálido, amoroso y listo. Simplemente aprendía de una manera diferente. Las escuelas de su generación estaban estructuradas para enseñar de una manera lineal, poniendo énfasis en el aprendizaje por memorización y muy poco énfasis en entender la materia. Esta era la estructura; los niños que no se ajustaran al molde tenían que encontrar la manera de tener éxito, y si no, sus padres lo hacían—de lo contrario, fracasaban. En la escuela secundaria, Fred tuvo 8 sesiones con un psicólogo que le hizo pruebas para saber cómo aprendía y le enseñó trucos sobre cómo estudiar. Esto fue sumamente útil y le ha ayudado hasta el día de hoy. Esto fue el resultado de una decisión de sus padres, no fue una iniciativa de la escuela.

Cada octubre, las reuniones de padres y maestros eran una pesadilla recurrente para mí. Tenía que “educar” a los maestros de Fred sobre cómo él aprendía: a través de relatos, no leyendo un libro de texto; al entender una situación, no mediante el aprendizaje por memorización. Era muy difícil para todos, ya que el sistema escolar no estaba orientado a este tipo de aprendizaje. Yo podía predecir las calificaciones de Fred: los exámenes basados en aprendizaje por memorización, fracasaban; los exámenes que requerían comprensión, estrategia, causa y efecto: excelentes. Dependiendo del peso que los maestros le dieran a las dos categorías de exámenes, Fred podía pasar o reprobar un curso.

Ahora que Fred está en el ambiente laboral, el reto continúa. A pesar de ser excelente en sus funciones como representante de Servicio al Cliente, las limitaciones de tiempo para las llamadas lo frustran, ya que piensa que los libretos están diseñados para deshacerse del cliente lo antes posible, en lugar de llevarlo de la mano a través de una verdadera llamada de servicio; todo por cumplir las metas de la empresa.

¿Haría yo algo diferente el día de hoy? Seguro. Fred no era el único caso de su categoría en su clase; alrededor del 20% de su clase compartía sus características. Si fuera a comenzar de nuevo, 1) conseguiría un entendimiento profundo de cómo mi niño aprende a una edad temprana; 2) obtendría información sobre los métodos de enseñanza de la escuela bajo consideración y 3) me tomaría el tiempo de estudiar todas las alternativas de métodos de enseñanza disponibles en mi área; 4) confiaría en mi instinto y sobre todo en el de mi hijo. Me parece que en lo que acerté fue en que en aquellos momentos en que algo no le sentaba a mi hijo, buscaba la manera de cambiar el maestro o la escuela hasta encontrar una alternativa correcta, o por lo menos mejor. Lo que salvó la situación fue que la personalidad de mi hijo generalmente atrae lo mejor de las personas, y por eso disfrutó de mayor aceptación y tolerancia. ¡Por esto estoy sumamente agradecido!

MR, Montreal, Canadá

* * *


Dígale “No” al Ritalin

Mientras esperábamos la llegada de nuestro bebé, todo lo que deseaba era que fuese saludable y que tuviera la oportunidad de disfrutar de una vida normal y libre de enfermedades serias. Cuando finalmente llegó el día, revisé cuidadosamente el cuerpecito de mi hijo, conté cada dedo de las manos y los pies, y me sentí satisfecha de que, ciertamente, mi deseo había sido concedido. El niño estaba creciendo como lo haría cualquier niño saludable, explorando el mundo son su alegría habitual.

No fue sino hasta que entró al sistema de educación pública que comenzamos a recibir malas noticias. Casi todos los días recibíamos información de la maestra de jardín de infantes de nuestro hijo en el sentido de que se estaba comportando mal y que estaba tocando a otros niños con sus manos, lo cual parecía ser un “crimen” serio en su escuela. Hice lo mejor que pude para cooperar con la maestra, pero fue difícil para mí lidiar con problemas que no observaba en la casa. Pero la “luz roja” se encendió para mí cuando recibí una orden de la maestra para someter a mi hijo a una evaluación psiquiátrica. La maestra de mi hijo ya había sugerido que mi hijo sufría del Trastorno por Déficit de Atención (TDA) o del Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), y el médico, designado por la escuela, iba a confirmar esta evaluación. El próximo paso a seguir, discutido previamente por los oficiales de la escuela, era someter a mi hijo a un tratamiento con Ritalin, un medicamento que haría que mi hijo se conformara a las expectativas de la escuela y la maestra.

Hasta ese momento, yo estaba sinceramente dispuesta a cooperar con la escuela, pero no más. Desde ese momento, tomé el asunto en mis propias manos. Seguí el consejo de la escuela y sometí a mi hijo a dos evaluaciones psiquiátricas independientes, una en la universidad local, y la segunda la organizamos en nuestra casa, en el ambiente en el cual mi hijo se sentía seguro, amado y feliz. Ambas evaluaciones arrojaron resultados negativos en cuanto al TDA o al TDAH se refiere. El niño era saludable y su exceso de actividad surgía de la necesidad de conocer el mundo que le rodeaba. El exceso de actividad usualmente se presentaba cuando mi hijo tenía que hacer la misma tarea escolar por un tiempo demasiado largo—en otras palabras, cuando se aburría con las actividades del salón de clases, buscaba otras formas de “entretenerse”.
Cuando llegó el nuevo año escolar, llevé los documentos de las evaluaciones a la oficina de la escuela, con una nota personal que decía: “Si alguien vuelve a sugerir que someta a mi hijo al uso de medicamentos químicos para que hacerle la vida más fácil a su maestra, voy a demandar a la escuela por discriminación y hostigamiento a este niño pequeño.” No podía creer que esta frase funcionó para nosotros. Nunca volví a escuchar a nadie en esa escuela mencionar una sola palabra sobre Ritalin o cualesquiera de los otros sedantes que se le administran a los niños.

Al mismo tiempo, me involucré activamente en el trabajo del salón de clases de mi hijo. Un día por semana, durante un año, trabajé como madre voluntaria en el salón de clases y pude ser testigo de la diferencia que una pequeña píldora hace en la vida de un niño. En un caso en particular, observé un niño particularmente activo, un niño hermoso que siempre parecía hacerle muchas preguntas a la maestra. Yo amaba a ese niño. Sus preguntas eran inteligentes y expresaban su curiosidad sobre el mundo a su alrededor. Pero la maestra no tenía tiempo para dedicarle a las preguntas inteligentes de niño alguno, de modo que ella convenció con éxito a la madre del niño de administrarle el mismo medicamento contra el cual yo luché tan arduamente. Yo podía distinguir claramente cuándo el niño estaba tomando el medicamento y cuándo no. Cuando tomaba el medicamento, se sentaba entre el grupo de niños como un zombi. Ya no tenía más preguntas que hacer. De hecho, parecía estar completamente ausente de lo que sucedía en el salón de clases. Le podías pedir que se sentara y él lo hacía, como un perro endrogado. Yo estaba consternada por lo que observaba, pero como la madre del niño había dado su consentimiento, no había nada que yo pudiera hacer para ayudar a este niño.

No supe lo que sucedió con este niño, ya que saqué a mi hijo del sistema escolar tan pronto tuvimos la oportunidad. Inscribí a mi hijo en escuelas privadas cuidadosamente escogidas, en las cuales cada niño recibía una atención individual, dirigida a desarrollar al máximo el talento natural de cada cual y donde la cantidad de responsabilidades escolares dependía del nivel de interés del niño en aprender.

Hoy día, diez años después de que quisieran catalogar a mi hijo con el emblema de TDA o al TDAH, nuestro hijo fue clasificado nuevamente. Esta vez fue “catalogado” como uno de los más talentosos alumnos de su clase. Ha sido invitado a participar en actividades que sólo 1% de los jóvenes del país, “catalogados” como los más talentosos entre sus compañeros, son invitados anualmente. Ha recibido hasta la fecha suficientes premios y elogios para llenar dos carpetas de una pulgada de espesor. Además, ciertamente es querido y respetado por sus amigos y maestros. Cada vez que trae un nuevo reconocimiento escolar, pienso en lo que hubiera sucedido si hubiera accedido a la petición de aquella maestra de jardín de infantes. ¿Hubiera podido hacer lo que hace ahora? ¿Y qué fue de aquel niñito de cabello rubio ondulado, grandes ojos azules y hermoso rostro lleno de curiosidad? Tal vez nunca sabré las contestaciones a estas preguntas, pero lo que sí sé es que una de las mejores decisiones que he tomado como madre fue prohibir que las escuelas le administraran Ritalin a mi hijo.

ABP, Illinois, Estados Unidos

* * *


Algunas observaciones personales sobre esta Nueva Raza

Tengo dos hijos, nacidos con 15 meses de diferencia. Ana tiene 7 años de edad, Jai tiene 6. Cuando interactúo con sus personalidades, y observo sus formas de pensar y de sentir y lo que es importante para ellos en sus vidas, a menudo (como casi todos los padres) al preguntarme qué los motiva, la respuesta es un gran signo de interrogación. Como la mayoría de las madres, quiero brindarles el ambiente apropiado que necesitan sus Espíritus para florecer, y al tratar de hacer esto, siempre me pregunto cuáles son sus verdaderas necesidades, tratando de entender qué es lo que quieren de la vida, qué es importante para ellos y por qué. A medida que mi capacidad para entenderles va mejorando, estoy encontrando que estos dos niños no podían ser más diferentes. Y no es solamente en sus estilos de interacción, y sus personalidades. Sólo en nuestras interacciones del diario vivir, es muy obvio para mí que hay algo completamente NUEVO en mi hijo, que no se encuentra (todavía) en mi hija. Ella está desarrollando aquello que ya él esta viviendo. ¿Qué es este “algo”?

Al tratar de describir este algo NUEVO, es importante enfatizar que es algo que se experimenta, algo captado más por un sentimiento instintivo que aquello que uno captura y coloca en una caja por lógica o tratando de entenderlo...
20 de marzo de 2000.

Mirando a mi hijo como lo haría un astrólogo, las estrellas pueden ser herramientas útiles para explicar la forma especial en que él expresa este nuevo patrón de energía. Por lo que entiendo de astrología (que es muy poco), él nació en un día especial, el Equinoccio Vernal (20 de marzo) bajo una luna llena en el año 2000. Claro. Lo que veo en mi hijo como algo NUEVO puede ser algo personal, un patrón de energía que sólo él tiene. Pero mi intuición me dice que no es así. Creo que él es sólo uno de muchos de estos nuevos niños que están naciendo y que traen consigo destrezas poco usuales e intereses y talentos que de alguna manera se desarrollaron antes de que ellos nacieran. Podría ser que todo el mundo fuera excepcional de alguna manera en su generación. Aunque él nació en un día especial, aún creo que él no es nada especial para su generación, simplemente una de las muchas semillas de esta nueva raza. […]

He aquí algunas historias sobre mi hijo Jai.

Un día conversábamos sobre la experiencia de su nacimiento, a la cual se refirió como un hecho. De hecho, él fue quien trajo el tema a colación, como lo haría un adulto, como diciendo “es tiempo de discutir algo que me ha estado molestando por mucho tiempo…”:“Mami, cuando yo nací, ¿por qué no esperaste por mí? ¿Por qué tenías tanta prisa?”

Sorprendida por la exactitud de su pregunta, le dije que de hecho, durante su nacimiento, yo tenía prisa. Las enfermeras me estaban ayudando para que pujara más intensamente rodando de un lado al otro. A pesar de que hice lo que me pidieron, sentí que no era lo correcto. Sentí que se suponía que yo hiciera el proceso de nacimiento más lento en lugar de acelerarlo. Sentí como si estuviese esperando que algo importante sucediera, y que cuando esto sucediera, sólo entonces sería el momento de continuar. Pero en ese momento me faltó el valor para seguir mi corazonada. Simplemente hice lo que las enfermeras me dijeron, y aceleré el proceso de nacimiento al rodar de un lado a otro. Lo sorprendente de esta pregunta en particular es la oportunidad que me dio para preguntarle a él sobre su experiencia (estos niños te abren las puertas, pero tú tienes que atravesar esas puertas… ellos no comparten sus experiencias personales a menos de que les preguntes). Aprovechando la “puerta” que abrió, le pregunté si me podía decir lo que sucedió, desde su perspectiva, cuando él nació. Por supuesto, aunque él tenía 6 años cuando tuvimos esta conversación, pudo describir claramente, como si hubiese sido ayer, lo que experimentó como Espíritu que entraba al plano terrestre.

Al contarme sobre su “viaje”, me dijo lo que había visto y sentido al entrar a la Tierra envuelto en un rayo de luz azul, y cómo se había sentido atraído por lo que considero que son vórtices de energía, y cómo se sentía estar girando alrededor mientras pasaba por las diferentes etapas del proceso de entrada. Todo estuvo bien durante este proceso, hasta que llegó a una “zona amenazante” que dice que se encuentra muy cerca de la Tierra. Cuando se encontró con esta energía, dice que sintió miedo de repente. Entonces, dice que mientras entraba la “zona amenazante”, quiso tener tiempo para encontrar a algunos amigos que sabía que estarían esperándole allí para ayudarle a cruzar esta “zona amenazante”, pero que yo estaba demasiado apresurada y no le di tiempo de encontrarlos. Le pregunté si vino a la Tierra solo, o si vinieron ángeles o ayudantes con él. ¿No iban ellos a la “zona amenazante” con él? El me dijo que mientras se acercaba a la Tierra (antes de llegar a la zona amenazante), estaba hablando con el Buda. Luego, me dijo muy casualmente que mientras se acercaba a la Tierra, el Buda le dijo que él lo había “escogido como su hijo”. Jai ha dicho esto varias veces, con absoluta certeza y convicción, que él es el hijo del Buda. Entonces repitió esta parte de la experiencia que trajo el tema a colación… a medida que se acercaba a la tierra, esperaba encontrarse con sus otros “amigos”, pero yo lo apresuré, y no tuvo la oportunidad de presentarse a quienes están ya aquí. Ahora, tiene que encontrar esos amigos, y no sabe dónde viven, y es sólo un niño pequeño, de modo que esto es más difícil de hacer cuando se está en el cuerpo que en Espíritu, y hubiese sido más fácil si tan sólo yo hubiese esperado por él.

Después de escuchar su historia, sentí oleadas de compasión, luego un despertar… y me sentí incómoda al comprender cuánto daño nuestra prisa y el querer empujar las cosas le hace a aquellos que nos quieren ayudar desde el plano Espiritual. Si el pujar con más fuerza para que el parto sea más rápido terminó causando toda esta interrupción en el viaje de mi hijo para comenzar su encarnación, entonces me detuve a considerar cuánto más daño hago diariamente al no prestar atención al momento oportuno según el Plan Divino, al desarrollo natural del Plan. En ese momento, hice un compromiso con mi hijo para escuchar con más cuidado e ir más despacio cuando lo necesite.
Lo que demuestra esta historia es cómo estos niños provocan cambios en nosotros. Cuando interactuamos honesta y humildemente con estos niños, es sorprendente experimentar cómo su sola Presencia—y cómo el escuchar sus historias, y el contestar sus preguntas con humildad y autenticidad, y el verlos vivir sus vidas como lo hacen—hace que todos los que hemos estado en ante ellos nos preguntemos ‘¿Cómo?’ Y simplemente al abrir nuestras mentes para observar la vida en la Tierra a través de sus ojos puede traer grandes cambios en nuestra manera de pensar. El solo hecho de escuchar las historias de estos niños, tomando en serio las preguntas que se atreven a hacernos, da un empujón a nuestros viajes espirituales. Además de compartir sus experiencias con nosotros (según las experimentaron ellos), el hecho de que aceptemos su insistencia -basada en el Espíritu- de que lo físico es una expresión auténtica de lo espiritual es otra manera en que ellos provocan un cambio en nuestro pensamiento.

He aquí otro ejemplo. Este, de antes de que Jai naciera.
Cómo mi hijo escogió su nombre: Muchas madres te dirán lo siguiente. Cuando una mujer está embarazada y la pareja está escogiendo nombres para su hijo, algunos nombres tienen un tipo de “adherencia”, se sienten apropiados. Por ejemplo, al escoger el nombre de nuestra hija, examinamos nombres de santas católicas, y comenzamos a tropezarnos una y otra vez con el nombre de Ana o Anna, solo o en combinación con otros, como Brianna, Arianna. Mientras evaluaba estos nombres, tuve la certeza de que la criatura que estaba en mi vientre se sentía muy directa y poco complicada. De modo que nos decidimos por la simplicidad. Debido al origen latino de mi esposo, nos decidimos por algo muy simple: la versión del nombre en español, Ana. Y cuando escogimos el segundo nombre, sentimos que Marie era el correcto, en honor a una larga estirpe de Maries en mi familia que vinieron de Francia. De modo que se quedó Ana Marie. Simple. Fácil. Sin embargo, con mi hijo, tenía yo ocho meses de embarazo y no había nombres que se “adhirieran”. Examinamos todos los nombres de santos, y ninguno se aproximaba a lo que debía ser. Sentíamos que la urgencia de encontrar el nombre apropiado iba en aumento, cuando comenzamos a experimentar con la práctica moderna de ponerle a los niños nombres de lugares de los EEUU… lugares de Latinoamérica… pero nada. Entonces, el pánico se apoderó de mí (y las mujeres que tienen 8 meses de embarazo pueden estar un poquito locas de todas maneras). Comencé a estresarme porque mi hijo (sabía que sería niño por el sonograma) nacería sin nombre. Entonces, le pedí a mi esposo (está bien, le exigí) que escribiera una lista con los nombres de todas las personas que había conocido en sus viajes alrededor del mundo, los sitios que le encantaban, etc. Puso su mejor empeño en hacer lo mejor posible, y cuando me dio la lista, esperaba que progresáramos en alguna medida. Sin embargo, para su decepción, sentí pánico cuando estudié todos los nombres en la lista… ninguno parecía apropiado. Al estudiar la lista, sentí aún más pánico al darme cuenta de que ni siquiera había una clave en esta lista que nos pudiese llevar a aquello que sería apropiado para nosotros. De modo que, frustrada y desesperada, dirigí una oración antes de dormir a Dios y los ángeles, y a todos aquellos que vinieron a mi mente, en especial a mi hijo: “¡Hijo mío, por favor, dime tu nombre!” Es difícil describir la gratitud que sentí esa noche cuando llegó la respuesta. Como respuesta a esa plegaria, tuve un sueño. Y en el sueño, estaba en un lugar desconocido… algún tipo de templo budista, o monasterio. Había un niño pequeño que estaba jugando al escondite conmigo, y yo sabía que se trataba de mi hijo. Mientras se escondía detrás de una estatua de Buda, finalmente me permitió verle por un instante, y dije tan rápidamente como pude, antes de que saliera corriendo nuevamente: “¿Cómo te llamas?” El respondió “Yo Jai.” Y se escondió de mí otra vez. Desperté de repente y miré la lista de mi esposo. En efecto, estaba en la lista. Uno de los lugares preferidos de mi esposo en todo el mundo es el Taj Mahal, pero a él no le gusta el nombre de la ciudad cercana, llamada Agra. Pero a él le pareció que Jaipur era un nombre interesante, de modo que lo puso en la lista, para así recordar al Taj Mahal. Sintiéndome aliviada por esta validación, marqué con un círculo las letras “Jai” de la palabra “Jaipur”, y traté de despertar a mi esposo, quien dijo: “genial, dímelo en la mañana”. Por supuesto, estuve despierta el resto de la noche, celebrando mi buena suerte. Cuando por fin pude compartir mi sueño con mi esposo (Dave), él actuó como si ya lo supiera, y finalmente todo estuvo bien con respecto a este proceso de ponerle nombre al niño.

Más adelante, Dave comenzó a intercambiar correspondencia con algunos de sus amigos chinos, y les dijo que finalmente habíamos escogido un nombre. Uno de sus amigos le dijo que “Jai” significa “hijo de” en mandarín. De ahí, Jai David. "Hijo de David". Después, estábamos conversando con personas de la India que conocimos durante un viaje, y les preguntamos qué significaba “Jai” en hindi. Contestaron que en realidad se trata de una palabra en sánscrito, y no tiene traducción al inglés.* No obstante, ellos trataron de describir el significado… “Si conocen la película ‘El Señor de los Anillos’, piensen en la escena en que Frodo arroja el anillo al fuego (con la ayuda de Gollum, por supuesto). En el momento en que el anillo golpea la lava… eso es jai. Significa la victoria final de la verdad sobre la ilusión, del bien sobre el mal, el amor lo puede todo. Y Jaipur es la ciudad donde la iluminación triunfó sobre el desorden, y cuando se construyó Jaipur, representó un período de progreso e iluminación. Por supuesto, como pasa con todos los momentos de iluminación, eventualmente comienza el deterioro, la ciudad pierde su brillo, y lo que vemos hoy… es la memoria de las glorias pasadas. Así, como ves, el momento de “jai” debe ser sostenido por un líder poderoso que pueda mantener la energía de iluminación fluyendo y moviéndose y evolucionando. Luego, procedieron a explicar que el hecho de que Jai eligiese su propio nombre, trae consigo mucho poder y la responsabilidad de arreglar lo que está mal en el mundo. Será muy perseverante en guiarnos hacia los cambios que la humanidad experimentará a medida que el mundo avanza hacia una nueva era.

Lo que significa el nombre de Jai en tailandés:

Cuando Jai tenía sólo 3 años de edad, nos encontrábamos de vacaciones en Tailandia visitando los lugares turísticos. […] En Bangkok, disfrutamos visitando los templos (como turistas). Los recorríamos a toda prisa, como si nuestra meta fuese ver cuántos templos podíamos visitar en una hora. Manteníamos un buen paso, pero a menudo Jai nos obligaba a hacer una pausa en nuestra visita relámpago porque quería detenerse en las escaleras entre los distintos “niveles” para leer los dibujos. Como la mayoría de los turistas que no saben lo que está pasando, sólo queríamos ver el “espectáculo” del popurrí de elefantes y leones y tigres y osos mágicos que parecen rodear las figuras sagradas de Buda en los diferentes niveles de estos templos. Pero a Jai no le interesaban estos niveles de exhibiciones. Sólo quería “leer” los dibujos en las paredes de las escaleras (donde las historias sagradas de los viajes entre “niveles” están pintados en las murallas, y relatados en dibujos). Es como si él hubiese visto todo esto anteriormente. Debo decir, que aunque tuve ese sueño de recibir su nombre mientras se escondía detrás de una estatua del Buda, todavía me sorprendía que entendiera todo lo que estaba viendo. ¿Cómo podía hacerlo? Aun siendo católica, comenzaba a sentir que había algo de verdad en la doctrina de la reencarnación. ¿De qué otra forma se podría explicar esto? El todavía no tenía el lenguaje necesario para hablar sobre esto, pero se podía ver en sus ojos que lo entendía todo. Hubo una ocasión en particular en la cual él no quería que lo apresuraran, mientras la familia subió rápidamente por las escaleras hacia el siguiente nivel. Mientras él estaba ahí parado, sentí un mensaje del Espíritu que decía “Esto es muy importante para él. Déjalo.” […] De alguna manera lo entendía todo… y nos preguntaba los nombres y las palabras que encajaran con los dibujos que veía en las paredes. También fue en Tailandia que descubrí otra dimensión sobre el significado del nombre de Jai, de la cual hablé antes. Más adelante durante este viaje, nuestra salida de Bangkok se atrasó y nos quedamos varados en el aeropuerto porque nuestro vuelo a Bali (y luego a Dili) se canceló. Con seis horas de espera y dos niños, pasamos gran parte de ese tiempo en una librería del aeropuerto, lejos de las multitudes. Mientras examinaba los libros, me topé con uno titulado “El Lenguaje del Corazón… cómo dominar el uso de Jai en tailandés.” Por supuesto, agarré el libro y lo compré de inmediato, y lo leí tanto en el aeropuerto como en el avión, ya que se trataba de lo que el nombre de Jai significa en tailandés. En tailandés, jai significa literalmente “que viene del corazón”. Aparentemente, en tailandés, cuando se expresa una emoción, es simplemente una emoción. En este caso, un “sentimiento” es visto como el resultado, la reacción a un evento, la respuesta causada por algo más. Se reacciona a un evento externo o interno. La emoción está allí porque tu cuerpo te alerta a prestar atención a algo relacionado a este evento, y lo hace matizando la experiencia con un “tono” de sentimiento para que tengas alguna información sobre la “causa” aparente de tu reacción emocional. Por ejemplo, experimentas furia porque el semáforo está en rojo. Sientes alegría porque tu amigo recordó tu cumpleaños. Así es como la mayoría de los “sentimientos” son sentidos y discutidos en tailandés. Sin embargo, cuando se trata del corazón, y el resultado es un sentimiento, se le considera una “causa” y no un “resultado”. Cuando es un movimiento del corazón… es un sentimiento que viene del corazón y que se siente muy profundamente. Cuando esto sucede, se convierte en una frase jai. Así, en tailandés, se puede tomar una expresión que normalmente se utilizaría para describir un estado emocional, luego se le añadiría el uso apropiado de jai a esa expresión, y así se le convierte en algo más profundo y fundamental. En el caso de la ira, por ejemplo, una ira que viene del corazón es una necesidad urgente y apasionada de justicia. En el caso del amigo que recuerda tu cumpleaños, es una experiencia profunda de amor y gratitud. Una experiencia jai es distinta de la experiencia del semáforo porque le añade el corazón, y le añade a la experiencia el poder de la verdad.

Junto con este libro vino un disco compacto. Jai disfrutaba al escuchar este disco compacto mientras jugaba con sus juguetes (o con su hermana). Disfrutaba al escuchar su nombre en cada frase. Y, quién sabe, es posible que hasta haya entendido lo que decían. Pero, como no podía comunicarse verbalmente en inglés (a los tres años de edad), nadie sabe lo que realmente estaba experimentando al escuchar su nombre una y otra vez, en cientos de frases en tailandés. […]

CS, Boulder, Colorado, Estados Unidos

*N. de la T.: Se refiere a que el relato original es en inglés.


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