La Conciencia del Átomo
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul
(Alice A. Bailey)
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Prefacio
Las
conferencias presentadas en este libro fueron pronunciadas por la autora en
Nueva York, durante el invierno pasado. El propósito de esta serie fue exponer
al auditorio el testimonio de la ciencia referente a la materia y a la
conciencia, permitir al auditorio observar en otros y sucesivos estados
superiores de la existencia la misma manifestación de estas relaciones y de
ciertas leyes fundamentales; llevarlos a una comprensión de la universalidad
del proceso evolutivo y de su actualidad, tratando parcialmente las expansiones
de conciencia y la vida más amplia hacia la cual se encamina el género humano.
Por lo tanto, estas conferencias estaban destinadas a servir de introducción a
un estudio más detallado y a aplicar las leyes de la vida y del
desenvolvimiento humano, que generalmente van incluidas en el término
"ocultismo".
Se observará en esta serie de conferencias un sinnúmero de
repeticiones, donde se recapitula brevemente en cada una, el tema abarcado en
la precedente. Debido a que en cada conferencia había nuevos asistentes, fue
necesario presentar a grandes rasgos el campo abarcado y las razones debidas a
la posición adoptada. Esto tenía la ventaja de fijar en la mente del auditorio
algunos conceptos fundamentales y nuevos para muchos de ellos, ayudándolos a
captar y aceptar fácilmente ampliaciones del tema. Al presentar las
conferencias en forma de libro, se ha creído prudente mantener su texto completo,
tal como fue dado. Quienes estudian la sabiduría esotérica podrán seguir sin
dificultad la línea de la argumentación; pero para quienes consideran por vez
primera los temas aquí tratados, la repetición ocasional de los puntos
fundamentales ayudarán a una rápida comprensión, y este libro ha sido destinado
principalmente a este tipo de lectores.
Septiembre 1922 Alice A. Bailey
EL CAMPO DE LA EVOLUCIÓN
PRIMERA CONFERENCIA
En la
historia del pensamiento nunca hubo probablemente un período que se asemeje al
actual. Los pensadores de todas partes son conscientes de dos cosas: primero,
que hasta ahora jamás se habían definido con tanta claridad las regiones
misteriosas y, segundo, que esas regiones pueden ser penetradas más fácilmente
que nunca. Por lo tanto, quizás sea posible persuadirlos a revelar algunos de
sus secretos si los investigadores de todas las escuelas persiguen determinantemente
su búsqueda. Los problemas que enfrentamos al estudiar los conocidos hechos de
la vida y de la existencia, son susceptibles de ser definidos con más claridad
que antes, y aunque no conozcamos la respuesta a nuestras preguntas ni la
solución de nuestros problemas, ni tengamos en la mano la panacea para remediar
las dolencias del mundo, sin embargo, el hecho de definirlos y señalar donde
reside el misterio, y que la ciencia, la religión y la filosofía, han arrojado
luz sobre dilatadas extensiones consideradas anteriormente tierras tenebrosas,
constituye la garantía del éxito futuro. Exceptuando el círculo de doctos y
místicos, sabemos mucho más que hace cinco siglos. Hemos descubierto varias
leyes naturales, aunque todavía no sepamos aplicarlas, y el conocimiento de la
"cosa tal cual es" (empleo deliberadamente esta frase) ha ganado
mucho terreno.
No obstante, permaneciendo aún inexplorada la tierra del misterio,
nuestros problemas son numerosos. Tenemos el problema de nuestra propia vida
particular, sea cual fuere; además el problema de lo comúnmente llamado noyo;
que concierne a nuestro cuerpo físico, medio ambiente, circunstancias y
condiciones de vida; si somos introspectivos tenemos el problema de nuestra
particular serie de emociones, pensamientos, deseos e instintos, por los
cuales controlamos la acción. Los problemas grupales son muchos. ¿Por qué hay
sufrimiento, hambre y dolor? ¿Por qué el mundo entero está esclavizado por la
abyecta indigencia, la enfermedad y el malestar? ¿Cuál es el propósito
subyacente en todo lo que vemos a nuestro alrededor y cuál será el resultado
de los asuntos mundiales considerados como una totalidad? ¿Cuál es el destino
de la raza humana, cuál su origen y la clave de su actual condición? ¿Hay otra
vida después de ésta y su único interés reside en lo visible y material? Tales
preguntas surgen en nuestra mente y surgieron en la mente de los pensadores en
el transcurso de los siglos.
Se
intentó diversamente responder a estas preguntas, y al estudiarlas hallamos
que las respuestas dadas se dividen en tres grupos principales, y que tres
soluciones mayores se presentan a la consideración de los hombres, y son:
Primero, Realismo. Otro nombre es materialismo. Enseña
que "la representación del mundo externo en nuestra conciencia es
verídica"; que las cosas son lo que aparentan ser; que la materia y la
fuerza, tal como las conocemos, son la única realidad; que no es posible para
el hombre ir más allá de lo tangible, y que debe satisfacerse con los hechos
tal como los conoce o enseña la ciencia. Este método es perfectamente legítimo
como solución, pero para muchos no va suficientemente lejos. Trata sólo lo que
puede ser probado y demostrado, y se detiene en el punto en que el investigador
se pregunta: "esto es así, pero ¿por qué?" No tiene en cuenta muchas
cosas conocidas y comprendidas como verdades por el hombre, aunque él es
incapaz de explicar por qué sabe que son verídicas. Los hombres de todas partes
reconocen la exactitud de los hechos de la escuela realista y de la ciencia
materialista, aunque al mismo tiempo sienten innatamente que en la comprobada
manifestación objetiva, subyace alguna fuerza vitalizadora y algún coherente
propósito que no puede explicarse sólo en términos de materia.
Segundo,
tenemos un punto de vista que podríamos muy bien denominar supernaturalismo.
El hombre siente que quizás después de todo, las cosas no son exactamente
lo que aparentan ser, y que aún queda mucho que es inexplicable. Reconoce que
no es simplemente una acumulación de átomos físicos, un algo material y un
cuerpo tangible, sino que latente en él hay una conciencia, un poder y una naturaleza
síquica que lo vincula con todos los miembros de la familia humana y con un
poder fuera de sí mismo que forzosamente debe explicar. Esto ha conducido, por
ejemplo, a la evolución del punto de vista judío y cristiano que postula un
Dios fuera del sistema solar creado por Él, pero extraño al sistema. Ambos
sistemas enseñan que el mundo ha evolucionado por un Poder o Ser, que construyó
el sistema solar, guía correctamente a los mundos, mantiene nuestra pequeña
vida humana en el hueco de su mano y "ordena suavemente" todas las
cosas de acuerdo a algún propósito oculto que nuestra mente finita es incapaz
de vislumbrar y mucho menos de comprender. Tal es el punto de vista religioso
y sobrenatural, basado en la creciente autoconsciencia del individuo y en el
reconocimiento de su propia divinidad. Análogo al punto de vista de la escuela
realista incluye únicamente una verdad parcial y requiere ser complementado.
Tercero, podría llamarse idealismo. Postula un proceso
evolutivo dentro de toda manifestación e identifica la vida con el proceso
cósmico. Es el exacto polo opuesto del materialismo, y coloca a la
sobrenatural deidad que predica el religioso, como una gran Entidad o Vida, que
evoluciona por medio de todo y del universo, así como la conciencia del hombre
lo hace a través de un cuerpo físico objetivo.
En estos tres puntos de vista, el francamente materialista, el
puramente sobrenatural y el idealista, tenemos presentes tres principales
líneas de pensamiento para explicar el proceso cósmico. Son verdades parciales
y, sin embargo, ninguna está completa sin la otra. Todas aisladamente consideradas
desvían y conducen a la oscuridad, y no desvelan el misterio central; pero
sintetizadas, unidas y fusionadas, quizás contengan (y es tan sólo una insinuación
mía) tanta verdad de la evolución como la mente humana puede captar en la
actual etapa evolutiva.
Tratamos profundos y amplios problemas y quizás nos entrometemos
en cosas elevadas y superiores, invadiendo regiones reconocidas como el dominio
de la metafísica, e intentamos resumir en pocas y breves charlas todo el contenido
de las bibliotecas del mundo, es decir, intentamos algo imposible. Lo que cabe
hacer es considerar breve y sucintamente un aspecto tras otro de la verdad.
Todo cuanto lograremos es bosquejar las líneas fundamentales de la evolución,
estudiar las mutuas relaciones, entre sí y con nosotros, como entidades
conscientes, y luego esforzarnos por fusionar y sintetizar lo poco que
lleguemos a conocer, hasta esclarecer la idea general del entero proceso.
Debemos recordar, en conexión con todo enunciado de la verdad, que
cada uno ha sido emitido desde un punto de vista particular. No podremos
responder plenamente a la pregunta ¿qué es la verdad?, ni expresar sin
prejuicios ningún aspecto de esta verdad, en forma perfectamente directa,
hasta haber desarrollado algo más los procesos mentales y ser capaces de pensar
en términos abstractos y concretos. Algunas personas poseen un horizonte más
amplio que otras, y pueden ver la unidad subyacente en los diferentes aspectos.
Otros se inclinan a pensar que su perspectiva e interpretación son las únicas
verdaderas. Espero en estas charlas ampliar algo más su punto de vista. Espero
también que lleguemos a comprender que el hombre interesado únicamente en el
aspecto científico, limitado al estudio de esas manifestaciones puramente
materiales, se ocupe además de estudiar lo divino como lo hace su hermano
cabalmente religioso, que sólo se interesa por el aspecto espiritual, y que el
filósofo, después de todo, sólo trata de destacar el tan necesario aspecto de
la inteligencia que vincula los aspectos material y espiritual y los fusiona en
un todo coherente. Quizás por la unión de estas líneas, ciencia, religión y
filosofía, adquiramos un conocimiento práctico de la verdad tal cual es,
recordando al mismo tiempo que "la verdad reside en nosotros mismos".
La expresión de la verdad por un solo hombre no es completa, y el único
propósito del pensamiento es trabajar con materia mental y poder erigirla
constructivamente para nosotros mismos.
Quisiera
bosquejar mi plan esta noche y sentar las bases para las charlas futuras,
tocando las principales líneas de la evolución. Por lógica, lo más evidente es
ocuparse de la evolución de la sustancia, el estudio del átomo y la
naturaleza de la materia atómica. De esta última línea de evolución nos
ocuparemos en la próxima conferencia.
La
ciencia tiene mucho que decir sobre la evolución del átomo, y ha recorrido un
largo camino desde hace cincuenta años, a partir del siglo pasado, cuando se
consideraba al átomo como una indivisible unidad de sustancia, considerándoselo
ahora un centro de energía o fuerza eléctrica. De la evolución de la sustancia
vamos lógicamente a la evolución de las formas o del conglomerado de átomos, y
se abren a nuestra consideración otras formas que no son las estrictamente
materiales -existentes en sustancia sutil, como las formas mentales raciales y
de organizaciones. En este doble estudio, se hará resaltar uno de los aspectos
de la deidad, si se elige utilizar el término "deidad", o una de las
manifestaciones de la naturaleza, si se prefiere esta expresión menos
sectaria.
Entonces
se considerará la evolución de la inteligencia o el factor mente, que actúa con
ordenado propósito en todo lo que vemos a nuestro alrededor. Esto revelará un
mundo que no camina a ciegas, sino que obedece a determinado plan, a un
coordinado esquema y organizado concepto, que se desarrolla por medio de la
forma material. Uno de los motivos por los cuales las cosas parecen difíciles
de comprender, es que nos hallamos en medio de un período de transición, y el
plan es aún imperfecto. Estamos demasiado cerca de la maquinaria y somos parte
integrante del conjunto. Vemos una parte aquí, otra un poco más allá, pero no
percibimos la grandiosidad de la idea Podemos tener una visión, un elevado
momento de revelación, pero al hacer contacto con la realidad en todas partes,
dudamos de la posibilidad de materializar el ideal, porque el reajuste de la
relación inteligente entre la forma y lo que la utiliza, está muy lejano.
El
reconocimiento del factor inteligencia conducirá inevitablemente a contemplar
la evolución de la conciencia en sus diversas modalidades, desde las
consideradas subhumanas, pasando por la humana, hasta la que lógicamente
podemos suponer conciencia superhumana, aunque no sea posible demostrarla. La
inmediata pregunta que enfrentaremos será: ¿qué hay detrás de todos estos
factores? ¿Existe detrás de la forma objetiva y de su inteligencia animadora
una evolución que corresponde a la facultad del yo, el Ego en el hombre? ¿Hay
en la naturaleza y en cuanto vemos a nuestro alrededor la actuación del
propósito de un Ser individualizado y autoconsciente? Si existe tal ser y
existencia fundamental, podríamos percibir algo de sus inteligentes actividades
y observar Sus planes, en vías de fructificación. Aunque no podamos probar que
Dios o que la Deidad existe, por lo menos podemos decir que la hipótesis de que
Él existe es razonable, la sugerencia es racional, lo cual constituye una
posible solución para todos los misterios que nos rodean. Para ello debe
demostrarse que hay un propósito, un propósito inteligente, desarrollándose a
través de todo tipo de formas, razas, naciones, y en todo cuanto se halla
manifestado en la civilización moderna, más las etapas recorridas por este
propósito y el gradual desenvolvimiento del plan, y quizás por esa demostración
podremos ver lo que nos espera en las etapas futuras.
Consideremos brevemente qué significan las palabras "proceso
evolutivo". Se emplean constantemente, y el hombre común sabe que la
palabra evolución sugiere un desenvolvimiento de adentro afuera y el
desarrollo de un centro interno; pero necesitamos definir más claramente la
idea para tener un mejor concepto de ella. Una de las mejores definiciones que
conozco de la evolución es: "el desenvolvimiento de un continuo y
creciente poder de responder". Aquí tenemos una definición muy
iluminadora, al considerar el aspecto material de la manifestación. Entraña el
concepto de vibración y la respuesta a la misma, y aunque con el tiempo
tenemos que descartar la palabra "materia" y emplear el término
"centro de fuerza", el concepto aún tiene validez y la respuesta del
centro al estímulo puede ser percibida con mayor exactitud. La misma definición
es muy valiosa al considerar la conciencia humana. Implica la idea de una
creciente y gradual comprensión, de una respuesta, en desarrollo, de la vida
subjetiva a su medio ambiente, que eventualmente conducirá hacia arriba, al
ideal de una existencia unificada, síntesis de todas las líneas de evolución Y
al concepto de una Vida central o fuerza que fusiona y mantiene coherentes
todas las unidades
evolucionantes, sean de materia, como el átomo del físico y del químico,
o unidades de conciencia, como los seres humanos. Esto es evolución, el proceso
que desenvuelve la vida dentro de las unidades, el anhelo en desarrollo que
oportunamente fusiona unidades y grupos, hasta obtener la suma total de
manifestación, denominada Naturaleza o Dios, el conjunto de todos los estados
de conciencia. A este Dios se refieren los cristianos cuando dicen: "en Él
vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser". Ésta es la fuerza o energía
reconocida por los científicos Ésta es la Mente Universal o Super-alma del
filósofo y también la inteligente voluntad que todo lo rige, une, construye,
desarrolla y lo lleva a la máxima perfección. Es esa Perfección inherente a la
materia y la tendencia latente en el átomo, en el hombre y en todo cuanto existe.
A esta interpretación del proceso evolutivo no se la considera como resultado
de una Deidad externa que derrama su energía y sabiduría sobre un expectante
mundo, sino más bien como algo latente en el mundo mismo, oculto en el corazón
del átomo químico, en el del hombre, en el planeta y en el sistema solar. Es
ese algo que impulsa todas las cosas hacia la meta y la fuerza que gradualmente
pone orden en el caos, la ultérrima perfección de la imperfección temporaria,
el bien del aparente mal. De las tinieblas y del desastre saldrá algún día
aquello que reconoceremos como bello, correcto y verdadero. Esto es todo cuanto
hemos concebido y vislumbrado en nuestros más elevados y mejores momentos.
Se ha
definido también la evolución como "desarrollo cíclico", y esta
definición me sugiere un pensamiento que ansío captar completamente. La
naturaleza se repite continuamente hasta alcanzar determinados fines y obtener
ciertos resultados concretos y respuestas a la vibración. Por el
reconocimiento de este hecho podemos demostrar el inteligente propósito de la
Existencia inmanente. Para ello se emplea el método del discernimiento o de
inteligente elección. Los textos de las diferentes escuelas expresan la misma
idea, tales como "selección natural" y "atracción y
repulsión". Evitaré en lo posible emplear términos técnicos, porque algunas
escuelas de pensamiento significan con esto unas veces una cosa y otras otra.
Si encontramos una palabra similar, pero no ligada a ninguna escuela o línea
de pensamiento, quizás hallemos una nueva luz para nuestro problema. Atracción
y repulsión en el sistema solar, es sólo la facultad de discernir que poseen el
átomo o el hombre, manifestada en los planetas y en el sol. Atracción y repulsión
existen en los átomos de todo tipo; podría llamársele adaptación o poder de
crecer o de adaptarse el ente a su ambiente, por el rechazo de ciertos factores
y la aceptación de otros. En el hombre común se manifiesta como libre albedrío
o la facultad de elegir, y en el hombre espiritual como la tendencia al
sacrificio, porque el hombre elige una particular línea de acción a fin de
beneficiar al grupo al cual pertenece, y rechaza lo estrictamente egoísta.
Podemos
definir finalmente la evolución como un ordenado cambio y constante mutación,
demostrados en la incesante actividad de la unidad o del átomo, en la interacción
de los grupos y en la interminable acción de una fuerza o tipo de energía sobre
otra.
Vimos
que la evolución, sea de la materia o de la inteligencia, conciencia o espíritu,
consiste en el siempre creciente poder de responder a la vibración que,
mediante un constante cambio, progresa por la aplicación de una política
selectiva o el empleo de la facultad discernidora y por el método de desarrollo
cíclico o de repetición. Las etapas que caracterizan al proceso evolutivo
podrían clasificarse en tres, y corresponden a las de la vida del ser humano:
niñez, adolescencia y madurez. En lo que concierne al hombre, se manifiestan
en la unidad humana o en la raza, y a medida que transcurren y progresan las
civilizaciones, se podrá observar la misma triple idea en toda la familia
humana, y así nos cercioramos del divino objetivo, estudiando su imagen o
reflejo, el HOMBRE. Podemos expresar estas tres etapas en términos más
científicos y vincularlas con las tres escuelas de pensamiento referidas, y las
analizaremos como:
a. La etapa de energía atómica
b. La etapa de coherencia grupal.
c.
La etapa de la existencia unificada o sintética.
Trataré
de aclarar el concepto. La etapa de energía atómica concierne mayormente al
aspecto material de la vida y corresponde al periodo de la niñez en la vida del
hombre o de una raza. Es el período de realismo, de intensa actividad, y ante
todo de desarrollo mediante la acción, de pura autocentralización o autointerés.
Produce un punto de vista materialista y conduce inevitablemente al egoísmo.
Involucra el reconocimiento de que el átomo se basta a sí mismo y que
análogamente las unidades humanas tienen vida separada independiente de las
demás unidades, sin relación entre sí. Esta etapa puede observarse en las
razas subdesarrolladas del mundo, en los niños y en los individuos poco
evolucionados. Son normalmente autocentrados; dedican sus energías a su propia
vida; se ocupan de lo objetivo y tangible, y los caracteriza un necesario y
protector egoísmo. Es una etapa indispensable en el desenvolvimiento y
perpetuación de la raza.
De
este período atómico y egoísta surge otra etapa, la de la coherencia grupal,
que se supone la construcción de formas y especies hasta obtener algo coherente
e individualizado, pero constituido por multitud de individualidades y formas
menores. En conexión con el ser humano corresponde a su conocimiento
incipiente de la etapa de responsabilidad y al reconocimiento del lugar que le
corresponde dentro del grupo. Requiere del individuo la capacidad de reconocer
una vida superior a la suya, ya se la denomine Dios o se la considere
simplemente como la vida del grupo, al cual pertenecemos como unidad, esa gran
Identidad de la cual formamos parte. Esto corresponde a la escuela de
pensamiento supernaturalista y con el tiempo lo sustituirá otro concepto más
amplio y verdadero. Según hemos visto, la primera etapa o atómica, se
desarrolló por el egoísmo o la vida autocentrada del átomo, sea el átomo de la
sustancia o el humano; la segunda etapa llega a la perfección por el sacrificio
de la unidad, en bien de los muchos, y del átomo, en bien del grupo, en el cual
tienen cabida. De esta etapa muy poco sabemos y, frecuentemente, la
visualizamos y anhelamos. La tercera etapa está aún muy lejana, y algunos la
consideran como una vana quimera. Otros poseen la visión y, aunque inalcanzable
ahora, es lógicamente posible si nuestras premisas son exactas y sentamos
correctamente las bases de la existencia unificada. Entonces no sólo habrá
unidades independientes, átomos diferenciados en la forma, grupos constituidos
por multiplicidad de entidades, sino que tendremos el conglomerado de formas,
grupos y estados de conciencia, fusionados, unificados y sintetizados en un
todo perfecto, denominado sistema solar, naturaleza o Dios. Los nombres no
tienen importancia. Corresponde a la etapa adulta del ser humano; análoga al
período de la madurez y a esa etapa donde se supone que el hombre tiene un
propósito y trabajo definido en la vida y también un bien determinado, llevado
a cabo con la ayuda de su inteligencia. En estas charlas quisiera, si es
posible, demostrar que algo similar se está llevando a cabo en el sistema
solar, en el planeta, en la familia humana y en el átomo. Confío que podré
demostrar que en todo subyace una inteligencia, que de la separación vendrá la
unión, producida por la fusión y mezcla grupal y que con el tiempo surgirá de
108 distintos grupos un todo perfecto, plenamente consciente, compuesto por
miríadas de identidades separadas, animadas por un sólo propósito y una sola
voluntad. Si esto es así, ¿cuál es el paso práctico que deben dar quienes
alcancen esta comprensión? ¿Cómo aplicar prácticamente este ideal a nuestras
propias vidas y cómo asegurarnos nuestro inmediato deber a fin de participar y
cumplir conscientemente con el plan? En el proceso cósmico tenemos nuestra
diminuta participación y en cada día de actividad debemos desempeñar nuestra
parte con inteligente comprensión.
Nuestro
primer objetivo debería ser la autocomprensión, por la práctica del
discernimiento. Aprender a pensar con claridad, a formular nuestros
pensamientos y a dirigir nuestros procesos mentales. Saber lo que pensamos y
por qué lo pensamos, y descubrir el significado de la conciencia grupal por el
estudio de la ley del sacrificio. No sólo debemos descubrir en nosotros la
primitiva etapa infantil de egoísmo (que ya debiéramos haber trascendido) y
aprender a diferenciar entre lo real y lo irreal, por la práctica del
discernimiento, sino a pasar a algo mucho mejor. Nuestra meta inmediata debe
ser descubrir el grupo al cual pertenecemos. No pertenecemos a todos los
grupos ni es posible saber cuál es nuestro lugar en el gran grupo, pero podemos
encontrar algún grupo donde hallar cabida, un conjunto de personas con el cual
colaborar y trabajar, algún hermano a quien socorrer y ayudar. Esto involucra
practicar conscientemente el ideal de la hermandad, y -hasta haber evolucionado
en la etapa en que nuestro concepto es universal- significa que debemos
descubrir el particular grupo de hermanos a quienes podemos amar y ayudar por
medio de la ley de sacrificio y la transmutación del egoísmo en amoroso
servicio. Así colaboraremos en el propósito general y participaremos en la
misión del grupo.
LA EVOLUCIÓN DE LA MATERIA
SEGUNDA CONFERENCIA
Evidentemente
en una serie de conferencias como éstas no puede tratarse concretamente un
tópico tan importante, aunque yo tuviera la suficiente preparación para dictar
cátedra sobre un asunto tan fundamentalmente científico. Además, si las
conclusiones de la ciencia sobre la evolución de la materia fueran
definitivas, el tema sería, aún así, demasiado vasto para tratarlo, pero como
no lo son, de ahí proviene su mayor complicación. Esta noche quiero enunciar
previamente que mi objetivo consiste en hablar especialmente a quienes carecen
de conocimiento científico, para darles un concepto general de las ideas
comúnmente aceptadas. Por lo tanto, haré algunas sugerencias que ayudarán a ajustar
nuestras mentes a este gran problema de la materia. Por lo común se ha
presentado el aspecto sustancia de la manifestación en forma separada y sólo
últimamente se presentó al público lo que podría llamarse "sicología de la
materia", mediante las investigaciones y conclusiones de científicos de
mente más amplia.
La
semana pasada, como recordarán, traté de indicarles en forma extensa y
general, que existían tres líneas de acercamiento para estudiar el universo
material. Tenemos la línea que sólo considera el aspecto materialista y se
ocupa únicamente de lo visible, tangible y demostrable. La segunda línea es el
supernaturalismo que reconoce más el aspecto denominado divino que el aspecto
material de las cosas; trata de los aspectos de la vida y del espíritu,
considerando esa vida como una potestad extraña al sistema solar y al hombre, y
a esa Potestad como un gran Agente creador, que guía y crea el universo
objetivo, aunque permanece fuera de él. Ambas líneas de pensamiento son
postuladas por científicos francamente materialistas y también por los
cristianos ortodoxos y los deístas de todos los credos.
Mencioné también una tercera línea denominada concepto idealista,
la cual reconoce la forma material, ve la vida dentro de ella y admite una
conciencia que evoluciona por medio de la forma externa. Es la línea que
destacaré e insinuaré en estas conferencias, porque ningún orador puede,
después de todo, disociarse totalmente de su propio punto de vista, habiéndome
propuesto desarrollar en estas charlas la tercera línea, porque para mí
sintetiza las otras dos y añade ciertos conceptos que producen un conjunto
coherente cuando se fusiona con ambas. A ustedes les corresponde decidir si
este tercer punto de vista es lógico, razonable o claro.
Para la mayoría de nosotros, la realidad más común de la vida es
el mundo material, el cual podemos ver y tocar con los cinco sentidos, y los
pensadores metafísicos denominan "no-yo", o lo objetivo para cada
uno de nosotros. Como sabemos, la tarea del químico es reducir las sustancias
conocidas a sus elementos simples, y hasta no hace mucho tiempo se creyó
haberlo logrado satisfactoriamente. Las conclusiones del químico señalaban
entre setenta y ochenta el número de elementos conocidos. Sin embargo, hace más
o menos veinte años, en 1898, se descubrió un nuevo elemento que se lo
denominó radio, y este descubrimiento revolucionó totalmente las ideas
mundiales sobre la materia y la sustancia. Si consultamos los libros de texto
del siglo pasado, o buscamos en los antiguos diccionarios la definición del
átomo, veremos citado a Newton, quien lo definía como la última, indivisible y
dura partícula de la materia, algo imposible de mayor subdivisión. Se lo
consideró el ultérrimo átomo del universo, y los científicos de la Era
Victoriana lo denominaron "la piedra fundamental del universo", creyendo
que habían llegado hasta donde era posible llegar y que habían descubierto todo
lo subyacente detrás de la manifestación y de la objetividad misma. Pero,
descubierto el radio y otras sustancias radiactivas, fue necesario encarar un
nuevo aspecto de la situación, y, evidentemente, se vio que lo que hasta
entonces se había tenido por la ultérrima partícula, no era tal. Hoy el
diccionario define el átomo en los siguientes términos:
"El átomo es un centro de fuerza, una fase de los fenómenos
eléctricos, un centro de energía, activo por su propia construcción interna,
que emite energía, calor o radiación."
Por lo
tanto, el átomo es, según conjeturaba Lord Kelvin, en 1867, un "vórtice
anular" o Centro de fuerza, y no una partícula de lo que entendemos por
sustancia tangible. Se ha demostrado que esta ultérrima partícula de la materia
está compuesta de un núcleo positivo de energía, circundado, como el sol por
los planetas, por varios electrones o corpúsculos negativos, subdividiendo así
el átomo de los antiguos científicos en numerosos cuerpos menores. Los elementos
difieren según el número y disposición de estos negativos electrones alrededor
de su núcleo positivo, y giran o circulan en torno a esta carga central de
electricidad, como nuestro sistema planetario gira alrededor del sol. El
profesor Soddy, en uno de sus últimos libros, señala que en el átomo puede
observarse todo un sistema solar -con su sol central y los planetas que recorren
sus órbitas a su alrededor.
Resulta evidente para cada uno, que al analizar y estudiar esta
definición del átomo, surge un concepto totalmente nuevo de la sustancia. Por
lo tanto, las aseveraciones dogmáticas están fuera de lugar, porque nos damos
cuenta que probablemente un próximo descubrimiento puede revelar que los
electrones son mundos dentro de otros mundos. Hay una interesante conjetura
sobre estas líneas en un libro escrito por un pensador científico, donde
sugiere dividir y subdividir el electrón en lo que denomina
"sicones", y penetrar así en reinos que ahora no se consideran
físicos. Quizás sea esto un sueño, pero lo que trato de plasmar en mi mente y
en la de ustedes, es que apenas sabemos dónde nos encontramos respecto a las
ideas científicas, como tampoco sabemos dónde nos hallamos en los mundos
religioso y económico. Todo pasa por un período de transición, cambia el
antiguo orden, y los viejos métodos de ver las cosas resultan falsos o
inadecuados, y las caducas formas de expresar las ideas parecen inútiles. Todo
cuanto cabe ahora al hombre inteligente es reservar su opinión, cerciorarse de
lo que cree ser la verdad, y entonces esforzarse por sintetizar ese aspecto particular de la verdad universal
con el aspecto aceptado por su semejante.
Podemos entonces considerar que el átomo se resuelve en
electrones, y expresarlo en términos de fuerza o energía. Un centro de energía
o actividad, sugiere un concepto dual: la causa del movimiento o energía, y
aquello que energetiza o activa. Esto nos conduce directamente al campo de la
psicología, porque siempre se ha considerado que la energía o fuerza es una
cualidad, y donde hay cualidad estamos realmente considerando el campo de los
fenómenos síquicos.
Al ocuparnos de la materia aparecen continuamente ciertos términos
comunes, factibles de una amplia diversidad de definiciones. Al hojear días
pasados un libro científico, me desalentó saber que el autor decía que eran
totalmente diferentes los átomos del químico, del físico, del matemático y del
metafísico, y ésta es una de las razones para no dogmatizar sobre estas
cuestiones. Sin embargo, correcta o no, tengo que presentar una hipótesis bien
definida. Al hablar del radio, probablemente nos aventuremos en el reino de la
sustancia etérea, la región del éter o del protilo, palabra acuñada por Sir
William Crookes, que la definió como:
"Protilo es una
palabra análoga a protoplasma, y expresa la idea de la materia original
primaria, antes de la evolución de los elementos químicos. La palabra que me
aventuré a emplear para tal propósito está compuesta de dos voces griegas que
significan 'antes que' y 'la materia de que están hechas las cosas“.
Por lo
tanto, estamos retrotrayendo el concepto de la materia al punto en que siempre
lo ubicó la escuela oriental, a la materia primordial, llamada también por los
orientalistas "éter primordial", aunque debe recordarse que el éter
de la ciencia está infinitamente lejos del éter primordial del ocultista
oriental, el cual nos lleva de vuelta a ese intangible algo, base de las cosas
objetivas que vemos, tocamos y manejamos. La palabra "sustancia"
significa lo que "está debajo" o detrás de las cosas. En
consecuencia, sólo podemos decir en relación con el éter del espacio, que es el
medio en que actúa o se hace sentir la energía o fuerza. Cuando en estas
Conferencias hablé de energía y fuerza y de materia y sustancia, podemos
separarlas en nuestra mente de la manera siguiente: al referirnos a energía y
sustancia consideraremos lo que aún es intangible, y emplearemos la fuerza, en
conexión con la materia, al tratar con el aspecto objetivo que estudian
definidamente los científicos. Sustancia es el éter en uno de sus múltiples
grados, subyacente en la materia misma.
Cuando mencionamos energía debe existir lo que energetiza esa
fuente de energía y su origen, que se manifiesta en la materia. Esto es lo que
trato de destacar. ¿De dónde procede esta energía y qué es?
Los científicos reconocen cada vez con mayor claridad las
cualidades que el átomo posee, y convendría tomar los diversos tratados
científicos que se ocupan del tema de la materia atómica, y observar cuál de
sus numerosos y variados términos pueden ser a su vez aplicados al ser humano.
He tratado de realizar esto en pequeña escala y me resultó muy iluminador.
Ante
todo sabemos que al átomo se le atribuye energía y el poder de cambiar sus
modos de actividad. Un autor lo ha dicho: "en todos los átomos del mundo
se estremece una absoluta inteligencia". A este respecto señalaré que
Edison, al ser entrevistado por un periodista de Harpen's Magazine en
febrero de 1890, y al ampliar sus declaraciones en el Scientific American en
octubre de 1920, en la primera entrevista dijo:
"No creo que la materia sea inerte y la mueva una fuerza
externa. Me parece que todo átomo posee algo de inteligencia primitiva.
Consideremos los miles de formas en que los átomos de hidrógeno se combinan con
los de otros elementos para formar las diversas sustancias. ¿Quiere usted
decir, dijo el periodista, que lo hacen sin poseer inteligencia? Los átomos en
armónica y útil relación asumen hermosas e interesantes formas y colores, o
exhalan un fragante aroma como si expresaran su satisfacción... , o unidos en
determinadas formas, constituyen animales de orden inferior. Finalmente, se
combinan en el hombre, que representa la total inteligencia de todos los
átomos."
El periodista preguntó: Pero ¿de dónde procede originariamente
esta inteligencia?
Edison respondió: "De algún poder superior a nosotros."
Entonces ¿cree usted en un Creador inteligente, en un Dios
personal?
"Desde luego. La existencia de un Dios así, puede
demostrarse, a mi entender, por medio de la química."
En la
larga conversación publicada en 1920 en el Scientific American, Edison
presentó un gran número de interesantes suposiciones, de las que extraje las
siguientes:
1. La vida es
indestructible, como la materia.
2. Nuestro cuerpo está
constituido por miríadas de entidades infinitesimales, siendo cada una en sí,
una unidad de vida, así como el átomo está constituido por miríadas de
electrones.
3. El ser humano actúa
como un conjunto más bien que como una unidad. El cuerpo y la mente expresan
la voz y el voto de las entidades de vida.
4. Las entidades de vida
construyen de acuerdo a un plan. Si parte del organismo vital es mutilado, lo
reconstruyen exactamente como era antes...
5. La ciencia reconoce la
dificultad de trazar una línea entre lo inanimado y lo animado. Quizás las
entidades de vida extienden sus actividades a los cristales y cuerpos químicos.
6. Las entidades de vida son
inmortales, de manera que por lo menos, en esta medida, la vida eterna es una
realidad que muchos anhelamos.
En una alocución Sir Clifford Allbut, Presidente de la Asociación
Británica de Médicos, tal como lo informó el Literary Digest del 26 de
febrero de 1921, se refirió a la
capacidad del microbio para seleccionar y rechazar, y en el transcurso
de sus observaciones dijo:
"Cuando el microbio se aloja en el cuerpo puede estar o no a
tono con algunas o todas las células con que hace contacto. Probablemente en
ningún caso suceda algo morboso... , la morbosidad podría ocurrir entre el
microbio y las células del cuerpo que están a su alcance y no a tono con él. Es
razonable suponer que cuando un microbio se acerca a una célula corpórea puede
atacarla de un modo u otro, entonces el microbio inocuo se convierte en
virulento. Por otra parte las células pueden educarse para vibrar en armonía
con el microbio disonante, o haber intercambio y adaptación mutua...
"Pero si esto es así, enfrentamos en verdad una maravillosa
y amplia facultad, la facultad de elegir, y esta elevación desde el fondo de la
biología a la cima -facultad formativa-, la autodeterminación o, si prefieren,
la mente."
En 1895, Sir William
Crookes, uno de nuestros más grandes científicos, dio una interesante
conferencia ante un grupo de químicos de Gran Bretaña, donde trató la capacidad
del átomo de elegir su propio camino, rechazar y seleccionar, y demostró que la
selección natural se observa en todas las formas de vida, desde el átomo
ultérrimo de entonces, pasando por todas las formas de existencia.
En otro artículo
científico se reconoce que el átomo posee también sensación:
"La reciente discusión acerca de la naturaleza del átomo, que
en una u otra forma debemos considerar como factores máximos de todos los
procesos físicos o químicos, parece que podrá dirimirse mediante el concepto
de que esas diminutas masas poseen -como centros de fuerza- un alma
persistente, y que todo átomo tiene sensación y movimiento."
Análogamente Tyndall
señala que hasta los mismos átomos parece que tuvieran "instinto con deseo
de vida"
Si consideramos estas diferentes cualidades del átomo, como
energía, inteligencia, capacidad de selección y rechazo, atracción y
repulsión, sensación, movimiento y deseo, tendremos algo muy parecido a la
sicología de un ser humano, aunque dentro de un radio más limitado y en grado
más circunscrito. Por lo tanto, ¿no hemos llegado acaso, retrospectivamente, a
lo que podría llamarse la siquis del átomo? Hemos visto que el átomo es una
entidad viviente, un diminuto mundo vibrante, y que dentro de su esfera de
influencia hay otras vidas, en análogo sentido en que el hombre es también una
entidad o núcleo positivo de fuerza o vida, que mantiene dentro de su esfera de
influencia a otras vidas menores, es decir, las células de su cuerpo. Esto
atañe al hombre y, en la misma medida, al átomo.
Ampliaremos ahora el concepto del átomo y quizás lleguemos a la
causa fundamental que encierra la solución de los problemas del mundo. El
concepto del átomo como manifestación positiva de energía, que contiene dentro
de su campo de actividad su polo opuesto, puede extenderse no sólo a todo tipo
de átomo, sino también al ser humano. Podemos considerar a cada ente de la
familia humana como un átomo humano, porque el hombre es simplemente un átomo
mayor. Es centro de fuerza positiva que mantiene dentro de la periferia de su
esfera de influencia las células de su cuerpo, y demuestra discernimiento, inteligencia
y energía. La diferencia es sólo de grado. Posee una conciencia más amplia y
vibra a una mayor medida que el diminuto átomo químico.
Podemos aún dilatar
el concepto y considerar el planeta como un átomo. Quizás exista internamente
en el planeta una vida que retiene en él la sustancia de las esferas y de todas
las formas de vida en un todo coherente, con una específica esfera de
influencia. Esto quizás parezca una disparatada especulación, pero si juzgamos
por analogía, quizás exista en la esfera planetaria una Entidad cuya conciencia
esté tan alejada de la del hombre, como la del hombre de la del átomo químico.
El mismo concepto
puede ampliarse hasta incluir el átomo del sistema solar. En el corazón del
sistema solar tenemos el sol, centro positivo de energía, que mantiene los
planetas en su esfera de influencia. Si existe inteligencia en el átomo y la
hay en el ser humano, si existe en el planeta una Inteligencia que controla sus
funciones, ¿no sería lógico ampliar el concepto y afirmar que existe una
poderosa Inteligencia detrás del átomo mayor del sistema solar?
Esto nos lleva
finalmente al punto de vista sostenido por el enfoque religioso, de la
existencia de un Dios o Ser divino, donde el cristiano ortodoxo diría
reverentemente Dios; el científico, energía, con igual reverencia, y ambos
significarían lo mismo. Cuando el maestro idealista habla del “Dios interno”
que reside en la forma humana, otros con igual exactitud se referirán a la
"facultad energetizadora" del hombre que lo impulsa a la actividad
física, emocional y mental.
En todas partes existen centros de fuerza, y la idea puede
ampliarse desde un centro de fuerza como el átomo químico, ascendiendo a través
de los distintos grados y grupos
de estos centros inteligentes, hasta el hombre, y de allí a la vida que se
expresa por medio del sistema. Así se manifiesta el Todo maravilloso y
sintético. Algo de esto pensaría San Pablo al hablar del Hombre celestial, y
cuando mencionó el "cuerpo crístico", con toda seguridad se refirió
a esos entes de la familia humana que están dentro de su esfera de influencia
y constituyen Su cuerpo, así como el conjunto de células físicas forman el
cuerpo físico del hombre. Es necesario, en estos días de trastornos religiosos,
demostrar que las verdades fundamentales del cristianismo son verdades
científicas. Por lo tanto, es preciso hacer científica la religión.
Hay una interesante escritura sánscrita que data de miles de años
y me aventuro a exponerla aquí, y dice:
"Toda forma en la Tierra y toda partícula (átomo) en el
espacio, se esfuerza en formarse a sí misma y seguir en el Hombre celestial el
canon trazado para ella. La involución y la evolución del átomo... todo tiene
un único y mismo objetivo, el hombre."
¿No se advierte que
este concepto abre una gran esperanza? Todo átomo de materia con inteligencia
latente, discernimiento, facultad selectiva, llegará en el transcurso de los
eones a una etapa avanzada de conciencia llamada humana. Ciertamente podemos
también suponer que el átomo humano progresa hacia algo aún más ampliamente
consciente y que con el tiempo alcanzará la etapa de desarrollo de esas
excelsas Entidades cuyos cuerpos constituyen los átomos planetarios. Cabe
preguntarse, ¿qué les espera a esas entidades? Alcanzar ese estado
omnincluyente de conciencia llamado Dios o Logos solar. Ciertamente es lógica y
práctica esta enseñanza. La antigua y esotérica exhortación que dice al hombre:
"Conócete a ti mismo, porque en tí hallarás todo lo Conocible", es la
regla para el inteligente estudiante. Si nos consideramos científicamente
centros de fuerza, manteniendo la materia de nuestro cuerpo dentro de nuestra
esfera de control y actuando en y dentro de ellos, tendremos una hipótesis
capaz de interpretar todo el plan cósmico. Si como insinúa Einstein, nuestro
sistema solar es sólo una esfera, se deduce que éste a su vez es un átomo
cósmico; así nos ubicaríamos dentro de un sistema aún mayor y tendríamos un
centro alrededor del cual gira nuestro sistema solar, como lo hace el electrón
respecto al átomo. Los astrónomos dicen que todo el sistema solar
probablemente gire en torno de un punto central en el firmamento.
Así la idea fundamental que he tratado de destacar puede trazarse
ascendiendo a través del átomo químico y físico, a través del hombre, de la
vida energetizadora de un planeta, hasta el Logos, la Deidad del sistema
solar, la Inteligencia o Vida, que subyace en toda manifestación o naturaleza,
y de allí a un sistema mayor, donde nuestro Dios debe desempeñar Su parte y
hallar el lugar que le corresponde. Si es verdad, es un maravilloso cuadro.
Ahora bien, no puedo tratar esta noche los distintos desarrollos
de esta inteligencia que anima a los átomos; pero quisiera considerar
brevemente lo que quizás, desde el punto de vista humano, es el método de su
evolución, que tan íntimamente nos concierne, recordando que lo que es verdad
para un átomo lo es en mayor o menor grado para el todo.
Al considerar ampliamente los átomos del sistema solar,
incluyendo el sistema mismo, existen dos cosas notables:
Primero, la vida y la actividad intensas del átomo
mismo y su energía atómica interna; segundo, su interacción con otros átomos
-repeliendo a unos y atrayendo a Otros. De estos hechos podemos deducir que el
método de evolución de cada átomo, se debe a dos causas: su vida interna y su
interacción o intercambio con los demás átomos. Ambas etapas son evidentes en
la evolución del átomo humano. Cristo puso el énfasis en lo primero cuando
dijo: "el reino de Dios está en vosotros". Así adjudicó a los átomos
humanos el centro de vida o energía dentro de sí mismos, enseñándoles que por
medio de este centro deben expandirse y Crecer. Todos somos conscientes que
estamos centrados en nosotros mismos, consideramos todas las cosas desde nuestro
propio punto de vista, y los acontecimientos externos resultan interesantes
siempre que nos conciernen. Tratamos las cosas si nos afectan personalmente, y
en determinada etapa de nuestra evolución lo que le ocurre a los demás nos
parece importante si nos atañe. En esta etapa se hallan muchos actualmente y es
característica de la mayoría, siendo el período de intenso individualismo,
donde el concepto yo es de suprema importancia. Involucra mucha actividad
interna.
El segundo método de
evolución del átomo humano es por medio de su interacción con los demás átomos,
y esto es algo que recién ahora alborea en la inteligencia humana, asumiendo su
justa importancia, pues sólo comenzamos a comprender la relativa significación
de la competencia y de la colaboración, y estamos en vísperas de saber que no
podemos vivir egoístamente, en forma independiente del grupo al que
pertenecemos; empezamos a aprender que si nuestros hermanos se detienen y no
progresan y si otros átomos humanos no vibran debidamente, cada átomo del
cuerpo colectivo es afectado. Nadie será perfecto hasta que las demás unidades
alcancen el más pleno y completo desarrollo.
En la próxima conferencia me extenderé algo más sobre
esto, cuando me ocupe de la construcción de la forma. Al finalizar esta
conferencia trataré de llevar a sus conciencias un conocimiento del lugar que
cada uno ocupa en el esquema general, lo cual nos permitirá comprender la importancia
de la interacción de los átomos. Trato de señalar la necesidad de descubrir el
lugar en el grupo al que por naturaleza pertenecemos, donde somos como
electrones para la carga positiva y, una vez descubierto, realizar nuestra tarea
dentro del átomo mayor, el grupo.
Esto hace que la
hipótesis no sea un mero sueño descabellado sino un ideal útil y práctico. Si
es verdad que todas las células de nuestro cuerpo son, por ejemplo, electrones
que mantenemos en coherencia, y si somos el factor energetizador dentro de la
forma material, es de suma importancia reconocerlo y ocuparnos correcta y
cientificamente de esa forma y sus átomos. Esto implica el cuidado práctico del
cuerpo físico y la adaptación inteligente de toda nuestra energía al trabajo
que se debe realizar y a la naturaleza de nuestro objetivo, pues es necesaria
la sensata utilización del conjunto de células, nuestro instrumento o
herramienta, y nuestra esfera de manifestación. Muy poco sabemos sobre esto.
Cuando se desarrolle este concepto y se reconozca al ser humano como un centro
de fuerza, cambiará fundamentalmente la actitud de las personas respecto a su
trabajo y modo de vivir. Cambiará, por ejemplo, el punto de vista del campo de
la medicina y se estudiarán los correctos métodos para utilizar la energía. No
habrá enfermedades causadas por la ignorancia y se estudiarán y practicarán los
métodos de transmisión de fuerza. Seremos entonces verdaderamente átomos
inteligentes, algo que aún no somos.
No sólo seremos
prácticos para manejar nuestro cuerpo material, pues conoceremos su
constitución, sino que conscientemente hallaremos nuestro lugar en el grupo y
dirigiremos nuestra energía para su beneficio, y no como ahora para nuestros
propios fines. Muchos átomos no sólo poseen vida interna propia, sino que la
irradian, y así como la radiactividad se va comprendiendo gradualmente,
también se estudiará al hombre como centro de radiación activa. Estamos en
vísperas de admirables descubrimientos; nos acercamos a una maravillosa
síntesis del pensamiento mundial; avanzamos hacia ese período en que la ciencia
y la religión se ayudarán mutuamente, y la filosofía contribuirá al conocimiento
de la verdad.
El empleo de la
imaginación abrirá con frecuencia una maravillosa visión, y si esta imaginación
se basa en lo esencial y comienza con una hipótesis lógica, quizás nos lleve a
solucionar algunos de los enigmas y problemas que perturban hoy al mundo. Si
las cosas son misteriosas e inexplicables para nosotros, será porque la gran
Entidad que se manifiesta por medio de nuestro planeta está llevando a cabo un
propósito y plan definidos, análogamente a como lo hacemos en nuestras vidas.
A veces llevamos el cuerpo físico a situaciones donde le producimos
dificultades dolorosas y agobiadoras; aceptada la hipótesis tratada, es lógico
suponer que la gran Inteligencia de nuestro planeta también lleva su cuerpo de
manifestación -que incluye la familia humana- a situaciones angustiosas para
los átomos. Ciertamente es lógico suponer que el misterio de cuanto vemos a
nuestro alrededor está oculto en la voluntad o inteligente propósito de esa
Vida mayor que actúa a través de nuestro planeta, como el hombre actúa a través
del cuerpo físico. Sin embargo, esa Vida, esa Inteligencia superior a la
nuestra, es un átomo de una esfera aún mayor, donde mora el Logos solar, la
inteligencia que contiene todas las vidas menores.
LA EVOLUCIÓN DE LA FORMA
O LA EVOLUCIÓN GRUPAL
TERCERA CONFERENCIA
ESTA noche ampliaré
la idea fundamental y el concepto de la unidad consciente o inteligente,
desarrollada parcialmente en la conferencia anterior. Se ha dicho que toda evolución
procede de lo homogéneo, pasa por lo heterogéneo y retorna a lo homogéneo, y se
ha puntualizado que:
"La evolución es
una continua marcha acelerada de todas las partículas del universo, llevadas
simultáneamente por un camino de destrucción, pero en forma ininterrumpida y
sin pausa, desde el átomo material hasta la conciencia universal, donde se
conocen la omnipotencia y la omnisciencia, en otras palabras, el. pleno
conocimiento de lo Absoluto de Dios."
La evolución procede desde esas diminutas diversificaciones
llamadas átomos y moléculas; asciende hasta sus conglomerados al constituirse
en formas, y sigue a través de la construcción de esas formas a otras mayores,
hasta formar el sistema solar en su totalidad. Todo prosigue de acuerdo a la ley,
y las mismas leyes básicas rigen la evolución del átomo y de un sistema solar.
El macrocosmos se repite en el hombre, el microcosmos, y éste a su vez se
refleja en los átomos menores.
Estas observaciones
y la conferencia anterior conciernen principalmente a la manifestación
material de un sistema solar, pero en posteriores conferencias pondré el énfasis
principalmente en lo que podría llamarse evolución síquica, o gradual
manifestación y desenvolvimiento evolutivo de la subjetiva inteligencia o conciencia,
que se halla detrás de la manifestación objetiva.
Dividiremos esta conferencia en cuatro partes. Primero, veremos
el proceso evolutivo, que en este caso particular es la evolución de la forma o
del grupo; después el método para el desarrollo grupal; seguirá el estudio de
las etapas que deben recorrerse durante el ciclo de evolución, y, finalmente,
trataremos de ser prácticos y extraer de nuestras conclusiones alguna lección
aplicable a la vida diaria,
Ante todo conviene considerar parcialmente lo que en realidad es
la forma. El diccionario la define diciendo que "es la configuración
externa de un cuerpo". Esta definición subraya lo externo, lo tangible y
la manifestación exotérica. El mismo concepto subyace en el significado
etimológico de la palabra manifestación, que deriva de dos palabras latinas: manus,
mano, y fendere, tocar, esto es, tocar con la mano. Este significado
sugiere una triple idea, en el sentido de que se puede sentir, tocar y
comprender como algo tangible. Sin embargo, en ambas interpretaciones se
prescinde de la parte más vital del concepto, por lo cual debernos buscar una
definición más adecuada. A mi entender, Plutarco expresa con mucha más claridad
que los diccionarios, la idea de la manifestación de lo subjetivo mediante la
forma objetiva, cuando dice:
"Una idea es un ser incorpóreo que no tiene subsistencia
propia, pero da forma y figura a la informe materia, y es la causa de la
manifestación."
Tenemos aquí una interesante frase de verdadero significado
esotérico, y compensará el cuidadoso estudio y consideración que de ella se
haga, pues contiene un concepto aplicable no sólo a una pequeña manifestación,
el átomo químico y el físico, sino a todas las formas que éstos constituyen,
incluyendo la manifestación del ser humano y la deidad de un sistema solar, la
excelsa Vida, la omniabarcante Mente universal, el vibrante Centro de energía,
la incluyente Conciencia denominada Dios, Fuerza o Logos, esa Existencia que se
manifiesta por medio del sistema solar.
En la Biblia cristiana el mismo pensamiento está corroborado por
San Pablo en una carta a la Iglesia de Efesios. En el segundo capítulo de la
epístola a los Efesios, dice:
"Porque somos a
hechura suya" . Pero la exacta traducción del griego es: "Somos su
poema o idea". El pensamiento del apóstol es que por medio de cada vida
humana o del conjunto de vidas que constituyen un sistema solar, Dios, mediante
la forma, cualquiera sea, está llevando a cabo una idea, un concepto
específico, un detallado poema. El hombre es un pensamiento corporificado, y
tal es el concepto latente en la definición de Plutarco. Tenemos en ella,
primero, la idea de una entidad autoconsciente, después, el pensamiento o
propósito que dicha entidad trata de expresar y, finalmente, el cuerpo o forma,
resultado secuencial.
Al hablar de la Deidad, el Nuevo Testamento emplea con
frecuencia la palabra Logos. El término Logos, traducido como el Verbo, se
utiliza frecuentemente en el Nuevo Testamento al referirse a la Deidad.
El pasaje más notable en este punto es el primer capítulo del Evangelio de San
Juan, que dice: "En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y
el Verbo era Dios". Consideraremos brevemente el significado de esta
expresión. La traducción literal es "el Verbo", y ha sido definido
como "la expresión objetiva de un pensamiento oculto". Si tomamos
cualquier sustantivo o palabra similar, por ejemplo, y estudiamos su
significación objetiva, descubriremos que siempre expresa a la mente un
definido pensamiento, involucrando propósito, intención o quizás algún concepto
abstracto. Si empleamos ese mismo método incluyendo la idea de la Deidad o del
Logos, se esclarecerá el abstruso tema de la manifestación de Dios o
Inteligencia central, mediante la forma material, sea que Lo veamos
manifestándose en la minúscula forma de un átomo químico o en Su gigantesco
cuerpo físico denominado sistema solar.
En la conferencia
anterior vimos algo que puede aplicarse a todos los átomos y constituye cierta
notable característica que los científicos de todas partes van reconociendo.
Se ha demostrado que los átomos poseen vestigios de mente y una rudimentaria
inteligencia. El átomo demuestra poseer la facultad de discernir y el poder de
seleccionar, la capacidad de atraer o repeler. Podrá parecer extraño el empleo
de la palabra inteligencia con relación a un átomo químico, no obstante, la
etimología de la palabra incluye perfectamente esta idea. Deriva de dos
palabras latinas:
inter, entre, y legere, elegir.
Por lo tanto, la inteligencia es la facultad de pensar o elegir, seleccionar y
discernir. En realidad es ese algo abstracto e inexplicable que reside detrás
de la gran ley de atracción y repulsión, una de las leyes básicas de la
manifestación. Esta fundamental facultad de la inteligencia caracteriza a toda
la materia atómica y rige también la construcción de las formas o conglomeración
de átomos.
Anteriormente nos ocupamos del átomo en sí, pero no lo
consideramos cuando interviene en la construcción de la forma o de esa
totalidad de formas denominadas reino de la naturaleza. Consideramos también
parcialmente la naturaleza esencial del átomo y su incipiente característica
de inteligencia y destacamos aquello con lo cual están construidas las
distintas formas tal como las conocemos -las del reino mineral, vegetal, animal
y humano. En la totalidad de las formas tenemos toda la naturaleza, tal como
generalmente se comprende.
Ampliemos la idea, desde las formas individuales que constituyen
cada uno de los cuatro reinos de la naturaleza, y considerémosla proporcionando
esa forma aún mayor denominada reino y observemos a éste como una unidad
consciente, formando un todo homogéneo. Así cada reino de la naturaleza puede
considerarse como una forma a través de la cual puede manifestarse determinado
tipo o grado de conciencia. También así, el conglomerado de formas animales
constituye esa forma mayor o reino animal, que a su vez ocupa un lugar en un
cuerpo aún mayor. Por medio de ese reino procura expresarse una vida
consciente, y por el conglomerado de reinos trata de manifestarse una Vida
subjetiva mayor.
En los cuatro reinos mineral, vegetal, animal y humano, tenemos
tres factores, siempre que, lógicamente, la base de nuestro razonamiento sea
correcta: primero, el átomo original es una vida; segundo, las formas están
construidas por una multiplicidad de vidas, y proporcionan un coherente
conjunto, a través del cual una entidad subjetiva lleva a cabo un propósito;
tercero, la vida central dentro de la forma constituye su impulso directriz, la
fuente de su energía, el origen de su actividad y lo que mantiene unida la
forma como una unidad.
Esta idea puede aplicarse al hombre, y para los propósitos de
esta conferencia podemos definirlo como esa energía central, vida o
inteligencia, que actúa por medio de una manifestación material, o forma
construida por miríadas de vidas menores. Sobre el particular diré que en el momento
de la muerte se ha observado frecuentemente un extraño fenómeno. Hace algunos
años me llamó la atención sobre esto, una de las más hábiles enfermeras
quirúrgicas de la India, que durante mucho tiempo fue atea, pero había
comenzado a dudar de su incredulidad después de haber sido testigo de ese
fenómeno repetidas veces. Me explicó que en el momento de la muerte, en
diversos casos, había visto surgir de la cima de la cabeza un destello de luz,
y que en un caso particular, al morir una joven de evidente avanzado desarrollo
espiritual, de gran pureza y santidad de vida, quedó el aposento iluminado
momentáneamente como por una luz eléctrica. Además, hace poco, en una de
nuestras populosas ciudades meridionales, varias eminencias médicas recibieron
una carta, donde un investigador preguntaba si habían observado algún fenómeno
particular en el momento de la muerte. Algunas respondieron haber visto una
luz azulada surgiendo de la cima de la cabeza del moribundo, y una o dos
afirmaron que habían oído un chasquido en la cabeza. Este último caso está
corroborado por el Eclesiastes, donde se menciona la rotura del cordón
plateado, o de ese vínculo magnético que une la entidad que mora internamente,
o el pensador a su vehículo de expresión. En los dos casos mencionados, se
advierte una demostración visual del retiro de la luz central o vida, y la
consiguiente desintegración de la forma y dispersión de las miríadas de vidas
menores.
A algunos les parece una hipótesis lógica, que así como el átomo
químico es una infinitesimal forma o esfera, con un núcleo positivo, que
mantiene girando a su alrededor los electrones negativos, también las formas de
los reinos de la naturaleza son de análoga estructura, y sólo difieren en grado
de conciencia o inteligencia. Por lo tanto, podemos considerar a los reinos
como la expresión física de una gran vida subjetiva, y por lógicos pasos llegar
a reconocer que cada unidad de la familia humana es un átomo en el cuerpo de
esa Vida o Entidad superior, llamada en algunas Escrituras, el Hombre
celestial. Llegamos finalmente al concepto de que el sistema solar es sólo un
conglomerado de los reinos de las formas y el Cuerpo de un Ser que Se expresa
por su intermedio y lo utiliza para llevar a cabo un definido propósito y una
idea central. En todas estas ampliaciones de nuestra hipótesis final vemos la
misma triplicidad; una Vida o Entidad animadora que se manifiesta por medio de
una forma o una multiplicidad de formas y denota inteligencia discriminadora.
No es posible ocuparnos del método de la construcción de formas ni
ampliar el estudio del proceso evolutivo por cuyo medio los átomos se combinan
en formas, y las formas se agrupan formando esa unidad mayor que llamamos reino
de la naturaleza. Dicho método podría resumirse en tres términos: involución,
o sea circundar de materia la vida subjetiva, método por el cual la Entidad
inmanente se posesiona de su vehículo de expresión; evolución, o
utilización de la forma por la vida subjetiva, su gradual perfeccionamiento y
la final liberación de la vida aprisionada; la ley de atracción y repulsión,
por la cual se coordinan el espíritu y la materia, la vida Central adquiere
experiencia, expande su conciencia y por el empleo de esa particular forma
logra el conocimiento y el control de si misma. Todo se efectúa de acuerdo a
esta ley básica. En cada forma existe una vida central o idea, que viene a la
manifestación, revistiéndose cada vez más de sustancia, adoptando una forma o
configuración adecuada a su necesidad y requerimiento, utilizándola como medio
de expresión y, con el tiempo, liberándose de la forma circundante, a fin de
adquirir otra más adecuada a su necesidad. Así, a través de todo tipo de forma,
progresa el espíritu o vida, hasta que el sendero de retorno haya sido
recorrido, llegando al punto de origen. Tal es el significado de la evolución y
el secreto de la encarnación cósmica. Eventualmente el espíritu se zafa de la
forma, logra la liberación y desarrolla una cualidad síquica y graduada
expansión de conciencia. Consideremos brevemente estas etapas. Tenemos en el
primer caso el proceso de involución. En este período se limita la vida dentro
de la forma o envoltura, y este lento y prolongado proceso abarca millones y
millones de años. En este gran ciclo participa todo tipo de vida. Concierne a
la vida del Logos solar, manifestándose por medio de un sistema solar. Es parte
del ciclo de vida del Espíritu planetario, manifestándose por medio de una
esfera como nuestro planeta Tierra; incluye esa vida denominada humana, y atrae
hacia el camino de su energía a esa diminuta vida que actúa por medio del átomo
químico. Es el gran proceso del devenir, que hace posible la existencia
y el ser. Después de este período de limitación, de gradual y creciente
aprisionamiento y de descenso más profundo en la materia, le sigue otro de adaptación,
donde la vida y la forma se interrelacionan íntimamente; después viene el período
en que se perfecciona esa relación interna. Entonces la forma está adecuada a
las necesidades de la vida y puede ser utilizada. A medida que la vida interna
se desarrolla y amplia, se va cristalizando paralelamente la forma, y ya no es
apropiada como medio de expresión. Después del período de cristalización
tenemos el de desintegración. La limitación, adaptación, utilización,
cristalización y desintegración, constituyen las etapas que abarca la vida de
una entidad o idea corporificada, de grado superior o inferior, que trata de
expresarse por medio de la materia.
Apliquemos
este pensamiento al ser humano. Al tomar forma física es donde se ve el proceso
de limitación, y también en los primeros días de rebeldía, cuando el hombre
henchido de deseos, aspiraciones, ansiedades e ideales, es incapaz de
expresarlos o satisfacerlos. Llega después la etapa de adaptación, cuando el
hombre comienza a utilizar lo que posee y a expresarse como mejor puede, por
medio de las miríadas de vidas e inteligencias menores que constituyen sus
cuerpos, físicos, emocional y mental. Energetiza su triple forma, obligándola a
obedecer sus mandatos y a cumplir sus propósitos; así lleva a cabo su plan,
para bien o para mal. A esta etapa le sigue aquella en que utiliza la forma hasta
donde es capaz, llegando a lo que denominamos madurez. Finalmente, en las
etapas posteriores de la vida llega la cristalización de la forma, y el hombre
reconoce lo inadecuado de la misma, entonces sobreviene la feliz liberación
llamada muerte, ese solemne momento en que el "aprisionado espíritu"
escapa de los muros de su forma física. Nuestras ideas sobre la muerte han
sido erróneas. Hemos considerado a la muerte como terrible final, pero en
realidad es la gran evasión, la entrada en una más plena actividad, y la
liberación de la vida desde el vehículo cristalizado y la forma inadecuada.
Ideas análogas pueden
aplicarse a todas las formas, no sólo a la del cuerpo físico humano; a formas
de gobierno, de religión, de ciencia y de filosofía, y su actuación en forma
peculiar e interesante puede verse en este ciclo en que vivimos. Todo se halla
en estado de flujo. Cambia el antiguo orden y está en marcha un período de
transición; en toda corriente de pensamiento se desintegran las viejas formas,
pero únicamente para que la vida que les dio el ser, pueda liberarse y
construir para silo que será más satisfactorio y adecuado. Tomemos, por
ejemplo, la vieja forma religiosa de la fe cristiana; quisiera que no me
interpreten mal, porque no trato de demostrar que es inadecuado el espíritu
del cristianismo ni que sean erróneas sus bien comprobadas y experimentadas
verdades; Tan sólo trato de señalar que la forma por cuyo intermedio trató de
expresarse ese espíritu, ha servido su propósito y constituye una limitación.
Las mismas grandes verdades y las mismas ideas fundamentales requieren un
vehículo más adecuado a través del cual actuar. Los pensadores cristianos en
esta época, deben diferenciar
cuidadosamente entre las vitales verdades del cristianismo y la cristalizada
forma teológica. El impulso viviente fue dado por Cristo. Enunció esas grandes
y eternas verdades y las envió para adquirir forma y satisfacer la necesidad de
un sufriente mundo. Fueron limitadas por la forma, y sobrevino un largo período
en que esa forma (dogmas y doctrinas religiosas) creció gradualmente y se
configuró. Transcurrieron siglos durante los cuales la forma y la vida
parecieron estar mutuamente adaptadas, y los ideales cristianos se expresaron
por medio de dicha forma. Ahora ha llegado el período de cristalización, y la
conciencia cristiana en expansión halla inadecuadas y restrictivas las limitaciones
de los teólogos. La gran trama de dogmas y doctrinas erigida por los
eclesiásticos y teólogos de las edades, debe inevitablemente desintegrarse,
pero sólo con el fin de liberar la vida interna y construir un mejor y más
satisfactorio medio de expresión y así estar a la altura de la misión para la
cual se la envió.
Lo mismo se observa
en las distintas escuelas de pensamiento. Todas expresan una idea mediante una
particular forma o conjunto de formas, y debe recordarse que la triple vida
detrás de cada forma es una, aunque los vehículos de expresión sean diversos y
resulten inadecuados en el transcurso del tiempo.
Entonces ¿qué propósito
subyace en este interminable proceso de la construcción de formas y en esta
combinación de formas menores? ¿Cuál es la razón de todo ello y cuál su
finalidad? Con seguridad debe ser el desarrollo de cualidades, la expansión de
la conciencia, el desenvolvimiento de la comprensión la obtención de los
poderes de la siquis o alma, la evolución de la inteligencia, la demostración
gradual de la idea básica o propósito que esa gran Entidad llamada Logos o
Dios, está llevando a cabo por medio del sistema solar. Es la demostración de
Su calidad psíquica, porque Dios es Amor inteligente, y cumple su determinado
propósito, porque Dios es Voluntad inteligente y amorosa.
Para cada uno de los
diferentes tipos y grados de átomos existe un propósito y una finalidad. Hay
una meta para el átomo químico, hay una etapa de realización para el átomo
humano, el hombre; algún día el átomo planetario manifestará su propósito
fundamental y, eventualmente, se revelará la gran Idea que subyace detrás del
sistema solar. ¿Sería posible en breves momentos de estudio adquirir un sólido
concepto de lo que puede ser este propósito? Quizá tengamos una idea amplia y
general si abordamos el tema con suficiente reverencia y sensible perspectiva,
teniendo en cuenta que únicamente es dogmatizada por el ignorante y que sólo el
imprudente se ocupa detalladamente al considerar estos estupendos tópicos.
Hemos visto ya que el
átomo químico, por ejemplo, denota inteligencia, vestigios de una mente
discernidora y de una rudimentaria capacidad selectiva. Así la diminuta vida
dentro de la forma atómica manifiesta cualidad psíquica. El átomo entra en la
construcción de las diferentes formas en distintas épocas y etapas, y cada vez
adquiere algo de acuerdo a la fuerza y vida de la entidad que anima esa forma
y mantiene su homogeneidad. Tomemos, por ejemplo, el átomo que se utiliza en la
construcción de una forma del reino mineral; no sólo demuestra mente
discernidora y selectiva, sino también elasticidad. En el reino vegetal
aparecen estas dos cualidades y además una tercera, podría denominársela
sensación rudimentaria. La inteligencia inicial del átomo adquiere algo durante
la transición de una forma a otra y de un reino a otro. Acrecienta su respuesta
al contacto y su percepción general. Cuando tratemos de la evolución de la
conciencia consideraremos más ampliamente este punto; pero ahora me limito a
demostrar que las formas del reino vegetal construidas por átomos, no sólo
denotan discernidora inteligencia y elasticidad, sino también capacidad de
sensación, o de lo que en el reino vegetal corresponde a la emoción o
sentimiento, pues la emoción es amor rudimentario. Sigue luego el reino animal,
donde las formas animales, no sólo demuestran las cualidades mencionadas, sino
el instinto, o lo que algún día florecerá como mentalidad. Finalmente llegamos
al ser humano, que muestra todas estas cualidades en un grado superior, pues el
cuarto reino es el macrocosmos de los tres reinos inferiores. El hombre
demuestra actividad inteligente, es capaz de sentir emoción y amor y ha
agregado otro factor, la voluntad inteligente. Es la deidad de su propio y
pequeño sistema. Y no sólo es consciente sino autoconsciente. Construye su
propio cuerpo de manifestación, como lo construye el Logos, aunque en menor
escala. Rige su sistema por la ley de atracción y repulsión, lo mismo que el
Logos, y energetiza y sintetiza su triple naturaleza en una coherente unidad.
Es el tres en uno y el uno en tres, lo mismo que el Logos.
Todo átomo tiene su
porvenir en el sistema solar. El átomo ultérrimo tiene ante sí una grandiosa
meta, y a medida que transcurren los eones, la vida que lo anima pasará por los
sucesivos reinos de la naturaleza, hasta llegar a su meta en el reino humano.
Ampliando la idea
podemos considerar esa excelsa Entidad vida animadora del planeta, que contiene
en Su conciencia todos los reinos de la naturaleza. ¿No sería posible que su
Inteligencia, animadora de todo grupo y reino, fuera la meta para el hombre, el
átomo humano? Quizás con el correr del tiempo, su actual conocimiento pueda
ser también el nuestro, y para Él y todas esas grandes Vidas que animan a los
planetas del sistema solar, constituya la adquisición de esa grandiosa amplitud
de conciencia que caracteriza a esa excelsa Existencia que es la vida animadora
del sistema solar. Quizá sea verdad que entre los diversos grados de conciencia
que se extienden desde el átomo químico y físico hasta el Logos del sistema
solar, no haya separaciones ni bruscas transiciones, pero siempre hay una
gradual expansión y evolución de una forma de manifestación inteligente a
otra, y siempre la vida dentro de la forma adquiere cualidad por medio
de la experiencia.
Cuando hayamos arraigado esta idea en nuestra conciencia, cuando
resulte evidente que existe un propósito y orientación que subyace en todo,
cuando nos demos cuenta que nada ocurre que no sea resultado de la consciente
voluntad de alguna entidad, y que todo lo que sucede tiene un definido objetivo
y meta, entonces tendremos la clave de nosotros mismos y de todo lo que vemos
suceder a nuestro alrededor en el mundo. Por ejemplo, si comprendemos que
debemos construir y cuidar el cuerpo físico, que controlamos nuestra naturaleza
emocional y somos responsables de desarrollar nuestra mente; si comprendemos
que somos factores energetizadores de nuestro cuerpo, y que al retirarnos de él
se desintegra y desmorona, quizá entonces tengamos la clave de lo que puede
estar haciendo la Vida animadora del planeta al actuar por medio de todo tipo
de forma (continentes, civilizaciones, religiones y organizaciones) en el
mundo, entonces quizás tengamos la clave de lo que ha sucedido en la Luna, que
es hoy una forma en desintegración, lo que está sucediendo en el sistema solar,
y lo que sucederá en él, cuando el Logos retire lo que para Él sólo es una
manifestación temporaria.
Apliquemos
prácticamente estas ideas. En la actualidad atravesamos un período donde todas
las corrientes de pensamiento se desintegran; la vida religiosa de los pueblos
ya no es lo que era, y los dogmas y doctrinas de todo tipo caen bajo el
escalpelo de la crítica. Muchas formas antiguas del pensamiento científico se
desintegran, y se conmueven los cimientos de las antiguas filosofías. El
destino nos ha deparado uno de los períodos más difíciles de la historia
mundial, caracterizado por el derrumbe de las naciones, la ruptura de antiguas
relaciones y vínculos y la evidentemente inminente dislocación de la
civilización. Sería un estimulo recordar que todo esto ocurre porque la vida de
esas formas es tan pujante, que las considera una prisión y limitación; debe
tenerse presente que este período de transición entraña la mayor promesa que
jamás conociera el mundo. No hay lugar para el pesimismo ni la desesperación,
sino para el máximo optimismo. Muchos se contrarían y afligen al ver sacudirse
los cimientos, ante la amenaza de derrumbarse las tan cuidadosamente erigidas y
profundamente queridas estructuras del pensamiento, creencias religiosas y los
conceptos filosóficos; no obstante, sentimos ansiedad porque la forma nos ha
absorbido demasiado y también porque nos ocupamos en demasía de nuestra
prisión, y si sobreviene la desintegración, es sólo para que la vida construya
para sí nuevas formas y pueda evolucionar. Tanto la tarea del destructor como
la del constructor constituyen el trabajo de Dios, y el gran dios de la
destrucción debe aplastar y destruir formas, a fin de facilitar el trabajo del
constructor para que el espíritu pueda expresarse más adecuadamente.
A muchos les
parecerán novelescas, fantásticas e insostenibles estas ideas, y aunque sólo
sean hipótesis pueden ser interesantes y darnos la clave del misterio. Vemos la
destrucción de la civilización, vemos tambalearse la trama religiosa, las
filosofías vapuleadas y sacudidos los cimientos de la ciencia materialista.
Pero, después de todo, ¿qué son las civilizaciones?, ¿qué las religiones?, ¿qué
las grandes razas? Sencillamente las formas en que se manifiesta esa grande y
triple Vida central que anima nuestro planeta y trata de expresarse. Así como
nosotros nos expresamos por medio de la naturaleza física, emocional y mental,
así Él se manifiesta por medio de los reinos de la naturaleza, de las naciones,
razas, religiones, ciencias y filosofías,
existentes hoy. Cuando Su vida palpita en cada sector de Su ser,
nosotros, como átomos y células de esa gran manifestación, pasamos etapa tras
etapa por cada transición. Al transcurrir el tiempo y al ampliar nuestra
conciencia, adquirimos mayor conocimiento de Su plan, tal como Lo lleva a
cabo, pudiendo eventualmente colaborarse con Él en Su propósito esencial.
Resumiendo el pensamiento central de esta conferencia, tratemos
de reconocer que no existe tal cosa como materia inorgánica, que cada átomo es
una vida, que todas las formas son vivientes y que cada una de ellas es la
expresión de una entidad inmanente. Comprendamos que esto también atañe al
conglomerado de formas. He aquí la clave de nosotros mismos y quizás la clave
del enigma del sistema solar.
LA EVOLUCIÓN DEL
HOMBRE, EL PENSADOR
CUARTA CONFERENCIA
Esta es la cuarta de una serie de conferencias dadas este último
mes, y por su intermedio se tendrá una idea de uno de los fundamentales
principios de la evolución, viéndolo actuar en el sistema solar.
Recapitulemos brevemente lo expuesto, a fin de encarar el tema de
esta noche con ciertas ideas claramente formuladas. Vimos que la
interpretación del proceso de la naturaleza implica un concepto triple que
concierne a los aspectos vida y sustancia y a su estrecha interrelación
mediante la facultad de la inteligencia, manifestándose como grado de
conciencia. Dicha interrelación producirá finalmente la perfecta expresión (por
medio de la materia) del consciente propósito de alguna entidad interna. Trato
de destacar que mi objetivo es presentar una hipótesis y sugerir que quizás
contenga el germen de una posible verdad, y que para algunos parece ser la
forma más clara de explicar el misterio del universo. Vimos que las tres partes
de un gran todo son:
Espíritu o Vida, manifestándose por medio de un segundo factor
llamado sustancia o materia, que utiliza un tercero, la inteligencia. En la
gradual síntesis de los tres aspectos componentes de la Deidad puede verse la
evolución de la conciencia.
Después llegamos, en forma más técnica, a discutir el tema de la
sustancia, sin tratar las sustancias o los elementos diferenciados, sino el
concepto de una sustancia primordial, retrotrayéndonos todo lo posible a lo que
Sir Williams Crookes llamó "protilo", o sea lo subyacente en todo lo
tangible u objetivo. Consideramos el átomo, y vimos que recientemente fue
definido como una unidad de fuerza o energía; consistiendo en una carga de
electricidad positiva que energetiza cierto número de partículas negativas. Evidencióse
que el minúsculo átomo químico y físico es en sí un sistema solar con la misma
conformación general del sistema mayor, con análoga actividad y regido por
leyes similares, y hallamos que tiene un sol central en cuyo torno giran en
definidas órbitas los electrones. También observamos que los elementos
químicos sólo difieren según el número y disposición de los electrones,
alrededor de la positiva carga central. De allí pasamos a considerar el alma o
siquis del átomo, y encontramos que los científicos reconocen que el átomo
posee cualidades, denota vestigios de mente o inteligencia, y es capaz de
discernir, seleccionar y elegir.
Seguidamente procedimos a relatar lo que parece un cuento de
hadas. Nos imaginamos al ser humano como un átomo, y vimos la semejanza de
ambos y que atrae y mantiene dentro de su esfera de influencia, la materia de
sus cuerpos físico, emocional y mental, del mismo modo que los electrones se
mantienen girando alrededor de su punto focal central. Fue factible expandir
aún más la idea y fijamos nuestra atención sobre el planeta, imaginándolo de
naturaleza análoga a la del átomo humano y al del ultérrimo átomo de
sustancia, que sólo es la expresión de una vida que se manifiesta por medio de
una forma esferoidal y lleva a cabo un propósito inteligente. Entonces llegamos
a la culminación, consideramos al sistema solar como un átomo cósmico
energetizado por la vida del Logos.
Por lo tanto, hemos considerado cuatro clases de átomos:
Primero, el átomo químico y físico.
Segundo, el átomo humano u hombre.
Tercero, el átomo planetario, energetizado por el Logos planetario
u Hombre celestial.
Cuarto, el átomo solar habitado por el Logos o Deidad solar.
Si es correcto nuestro concepto fundamental, si hay algo de
realidad en nuestra hipótesis y si existe un fondo de verdad en nuestra idea de
que el átomo compone los elementos, debemos reconocerlo como una vida que
actúa inteligentemente por medio de una forma. Quizás así podrá demostrarse
que el hombre es también una vida o centro de energía, manifestándose por medio
de sus cuerpos, y, además, que un planeta es asimismo el medio de expresión de
un centro mayor de energía, y que de acuerdo a la Ley de analogía llegaremos a
probar en el futuro que existe un Dios o Vida central detrás de la naturaleza
material, y una Entidad que actúa conscientemente a través del sistema solar.
En la conferencia
anterior consideramos otra fase de la manifestación. Estudiamos el átomo en sí,
vimos cuando entra en relación con otros átomos, y que por mutua coherencia forman grupos o conglomerados
de átomos; en otras palabras, lo consideramos como elemento constructor de las
distintas formas de los reinos de la naturaleza, y observamos que en el proceso
de evolución los átomos gravitan como electrones hacia puntos centrales,
convirtiéndose a su vez en electrones. Así cada forma es un conglomerado de
vidas menores.
Consideramos después sucintamente, los diferentes reinos de la
naturaleza y trazamos el desarrollo del alma o siquis, en todos ellos. Ya
habíamos dicho que el átomo posee inteligencia o poder de discernir y que en la
construcción de las formas de los reinos mineral, vegetal y animal, aparece lo
que entendemos por sensación, teniendo así los rudimentos de la emoción o
sentimiento en embrión -reflejo del amor en el plano físico. Éste es un aspecto
de la triple naturaleza de Dios, la inteligencia, manifestándose en el átomo;
y por medio de la forma se manifiesta el amor o cualidad de atracción. Esto
también puede explicarse como el reconocimiento de que en estos dos aspectos de
la vida divina central, existe la tercera persona de la Trinidad logoíca colaborando
con la segunda; tenemos también la actividad inteligente de la divinidad o el
aspecto Espíritu Santo, actuando en conexión con el segundo aspecto, el Hijo,
constructor de las formas. La Biblia, en Prov. 8, expresa esto en forma
interesante, donde la sabiduría clama en voz alta (la sabiduría representa al
aspecto Crístico en el Antiguo Testamento), y después de señalar que Él
era con Dios antes de la creación, dice: "... estableció los cimientos de
la tierra, con Él estaba como maestro trabajador o constructor". Los estudiosos
harían bien en estudiar este capítulo en relación con las ideas expuestas,
asegurándose de que la traducción sea exacta.
Vamos a considerar ahora el tema de la evolución del hombre, el
pensador. Veremos que en el hombre interviene otro aspecto de la divinidad.
Browning, en “Paracelsus”, abarca el tema en forma interesante, resumiéndolo
de la manera siguiente:
"Él (Dios) mora en todo.
Desde el ínfimo comienzo de
la vida hasta el fin,
el hombre -culminación de
este esquema
del ser, la culminación de
esta esfera
de la vida; cuyos atributos han sido por
doquier
diseminados en el mundo
visible,
pudiendo ser combinados estos
tenues fragmentos,
destinados a ser unidos en un
todo maravilloso,
cualidades imperfectas en la
creación,
que sugieren una criatura
increada,
alguna etapa donde todos esos
rayos diseminados
deberían converger en las
facultades del hombre."
Por lo tanto, habiendo descubierto dos aspectos de la divinidad,
en el átomo y en la forma, hallaremos la perfecta triplicidad en el hombre.
Sabemos que el hombre está hecho a imagen de Dios, y por eso debemos verlo
reflejarse en la triple naturaleza del Logos. Debe demostrar inteligencia, expresar
amor y manifestar voluntad. Consideremos algunas definiciones del hombre en
diccionarios y libros. El Standard Dictionary da una definición muy poco
interesante: el hombre es "un individuo de la raza humana", y sigue
una larga serie de sugestivas derivaciones de la palabra hombre, en diferentes
idiomas, y concluye diciendo que muchas de ellas son improbables. A mi
entender, la etimología más satisfactoria es la que deriva de la palabra de
raíz sánscrita "man", hombre, que significa "el que
piensa". Annie Besant, en una de sus obras, da la siguiente definición
excepcionalmente clara: "El hombre es el ser en que el supremo espíritu y
la ínfima materia están vinculados por la inteligencia". Esta definición
describe al hombre como el punto de convergencia de las tres líneas de
evolución: el espíritu, la materia y el intelecto vinculador. Unifica el yo y
el no-yo, mediante la relación entre ambos. Es el conocedor, lo conocido y el
conocimiento. ¿Cuál es, pues, el propósito del intelecto y del conocimiento?
Con toda seguridad su propósito consiste en adaptar la forma material a las
necesidades y exigencias del espíritu inmanente; permite al pensador que
reside en el cuerpo, ser utilizado inteligentemente y para algún propósito
definido; también que debe existir con el fin de que la central unidad
energetizadora pueda controlar constructivamente su aspecto negativo. Todos
somos entidades animadoras de una forma, que por medio de la inteligencia
procuramos utilizarla para un especial propósito existente en la consciente
voluntad del verdadero ser.
En un libro esotérico muy antiguo -tan antiguo que no es posible
asegurar su fecha- hallamos una ilustradora definición del hombre, de acuerdo
con el concepto que estamos explicando. Define al hombre como "la Vida y
las vidas". Hemos visto que el átomo es una vida que se manifiesta por
intermedio de una minúscula esfera, de la cual es el centro. Vimos también que
toda forma mineral, vegetal y animal, es un conglomerado de vidas. Pasemos a la
siguiente etapa de la gran escala de evolución, y hallaremos que el ser humano
es la lógica secuencia de estos precedentes desarrollos. Primeramente, la
sustancia primordial que en esencia es energía inteligente; después la materia
atómica, con toda su variada actividad, formando la combinación elemental;
luego la forma o conglomerado de átomos, hasta llegar al que mora en la forma,
que no sólo es de activa inteligencia e inherente atracción y amor, sino
también resuelta voluntad. El "morador interno" tomó posesión de la
forma cuando ya tuvo cierto grado de preparación y las vidas componentes
habían alcanzado cierta capacidad vibratoria. Ahora la está utilizando y
repite dentro de su propia esfera de influencia, la obra de un átomo de
materia, aunque no se manifiesta de una manera ni dos, sino de tres. Por lo
tanto, en el hombre tenemos realmente y en verdad, lo que el cristiano llama
"imagen de Dios". Para todos los pensadores debe ser evidente que la
única manera de conocer a Dios es por el estudio de Su naturaleza o Su cualidad
síquica. Sabernos que Dios es inteligencia, que es amor, o la gran fuerza
atractiva del sistema solar y la enorme voluntad o propósito detrás de todo lo
manifestado. Las Escrituras del mundo representan a la Deidad bajo estos tres
aspectos y Se manifiesta triplemente en la naturaleza.
La evolución de la
materia se desarrolla gradualmente, siendo a su vez complementada por la lenta
acción de la interna cualidad subjetiva de la vida de Dios, cuya
esencial naturaleza queda así demostrada. Primeramente, tenemos un aspecto,
luego otro y finalmente un tercero, teniendo así la maravillosa combinación y
consumación, el ser humano, que sintetiza los tres aspectos y es la totalidad
de los divinos atributos, aunque todavía muy embrionarios, y que debe repetir
en su ciclo evolutivo el idéntico proceso seguido por el átomo. Así como el
átomo sigue su curso interno y posteriormente debe ser
atraído por otros átomos, para fusionarse y mezclarse y formar un grupo,
análogamente el átomo humano debe hallar el lugar que le corresponde dentro de
una forma mayor.
Por consiguiente, consideremos brevemente el
proceso evolutivo del ser humano. Hemos visto que en él convergen las tres
líneas, que es un punto de síntesis, que aún predomina un aspecto, el de la
inteligencia, y que el segundo aspecto de amor-sabiduría recién está haciendo
sentir su presencia, teniendo en embrión el aspecto Superior, la voluntad
espiritual.
A casi todos se nos
ha enseñado a creer en el concepto bíblico de "la caída del hombre",
pero pocos son hoy los que creen en este relato tal como aparece en el tercer
capitulo del Génesis, y para la mayoría es una interpretación alegórica. ¿Qué
oculta verdad subyace en esa curiosa historia? Sencillamente, que la verdad
acerca del descenso del espíritu en la materia, le es impartida a la infantil
mentalidad del hombre por medio de un cuadro simbólico. La convergencia de las
tres líneas supone un doble proceso. Por una parte, tenemos el descenso de la
entidad, la vida central, a la materia, y la encarnación del espíritu; por
otra, el ascenso fuera de la materia de esa vida o espíritu, más todo lo adquirido
mediante la utilización de la forma. Experimentar la materia, morar en la
forma, energetizar la sustancia, abandonar el Jardín del Edén (donde no hay
lugar para el necesario desenvolvimiento) y el deambular del Hijo Pródigo en
un país lejano, constituyen las distintas etapas representadas en la Biblia
cristiana, donde el hombre descubre que él no es la forma, sino la entidad que
la utiliza. Es inteligencia y, por lo tanto, está hecho a imagen de la tercera
Persona de la Trinidad; es amor, y en él se manifestará algún día perfectamente
el aspecto amor de la Deidad, y podrá exclamar con su hermano mayor el Cristo,
en respuesta a la demanda: "Señor, muéstranos al Padre", y así
"el que me ha visto a mí, ha visto al Padre", porque Dios es amor y,
finalmente, por medio del hombre se manifestará el superior aspecto de la
voluntad de Dios, y será entonces perfecto como perfecto es Su Padre en los
cielos.
Así como en la
evolución de la sustancia podemos ver tres etapas -la energía atómica, la coherencia
grupal y la eventual síntesis- las mismas etapas aparecen en la evolución del
hombre. En las primeras etapas de la evolución humana, que podríamos llamar
atómica, el hombre reconoce gradualmente que es una unidad autoconsciente, con
individualidad propia. Quien ha educado niños, conoce bien esta etapa. En la
constante repetición de "mío, mío, mío", puede observarse la etapa de
apropiación para sí, sin pensar en los demás. Los niños son por naturaleza,
sensata e inteligentemente egoístas. Es la etapa del gradual reconocimiento de
la existencia separatista, y la cada vez más potente utilización, por el átomo
humano, de su interna fuerza atómica. El niño se rebela contra la forzada
vigilancia de quienes tratan de protegerlo, pues cree bastarse a sí mismo. Esto
se observa en el individuo y en la raza.
A
medida que la vida transcurre, el hombre pasa de la etapa atómica a otra
superior y mejor, donde reconoce sus relaciones grupales, se da cuenta que
tiene responsabilidades grupales y debe desempeñar funciones con otros átomos.
Empieza a hacerse sentir la conciencia grupal. Así el átomo humano encuentra su
lugar en el grupo, en la unidad mayor a que pertenece, y comienza el aspecto
amor. El hombre ha pasado de la etapa atómica a la etapa de la coherencia
grupal.
Posteriormente llega
a la etapa en que se da cuenta de que no sólo tiene responsabilidades con el
grupo, sino que existe algo mayor, tiene conciencia de que es parte de una gran
vida universal, subyacente en todas las agrupaciones; que no es un átomo
universal ni tan sólo parte de un grupo, sino que al sumergirse en el grupo sin
perder su identidad, el grupo mismo debe fusionarse nuevamente con la
conciencia de esa gran Identidad, la síntesis de todo. Así llega a la etapa
final de la inteligente apreciación de la divina unidad.
Esta triple idea está
sintetizada en la notable frase donde Jehová le dice a Moisés, el hombre
representativo: "Yo soy ese yo soy". Si dividimos en tres partes esta
frase tendremos la idea de lo que he tratado de exponer hoy: primero, la
conciencia atómica YO SOY; después el grupo, YO SOY ÉSE, la conciencia de que
él no es una individualidad separada ni sólo una unidad autocentrada, tampoco
una entidad auto-consciente, sino algo aún superior. Entonces el hombre alcanza
ese reconocimiento que lo conducirá a sacrificar su identidad al servicio del
grupo y a sumergir su conciencia en la del grupo. De esta consciente unión nada
sabemos todavía. Esto ocurrirá cuando esa etapa superior del YO SOY ESE YO SOY
no constituya un ideal imposible, un concepto visionario, sino una realidad
fundamental; cuando los hombres en conjunto se reconozcan como expresión de la
vida universal, y la conciencia grupal misma se fusione con la conciencia de
todo el conjunto de grupos.
Supongo y tengo la
esperanza de que salimos rápidamente de la etapa atómica y que nuestra esfera
de influencia e interés no está limitada por un muro atómico, sino que nos
estamos haciendo radiactivos, utilizando un término familiar. Cuando así sea,
no estaremos circunscritos ni limitados por nuestros propios cascarones ni por
los estrechos confines de nuestra vida personal, contrariamente comenzaremos
a irradiar y hacer contacto con otros átomos, llegando así a la segunda etapa,
la de atracción.
Por lo tanto, ¿cuál
es la meta para cada uno de nosotros? ¿Cuál la de estos diferentes átomos de
los que nos ocupamos? Las antiguas Escrituras orientales dicen que la meta del
átomo de la sustancia es la autoconsciencia. ¿Cuál es, por lo tanto, la meta
del átomo humano que ya es autoconsciente, se ha individualizado y se guía a sí
mismo por medio de su voluntad? ¿Qué tiene el hombre por delante? Sencillamente
la expansión de su conciencia hasta incluir la conciencia de la excelsa Vida o
Ser, en cuyo cuerpo es una célula. Nuestro cuerpo físico está, por ejemplo,
constituido por innumerables vidas menores o átomos, cada uno separado del
otro, y caracterizado por su propia e inherente actividad, y cada uno forma una
esfera, que contiene dentro de su periferia otras esferas menores o electrones.
Hemos visto que el
hombre es la carga positiva, que mantiene a su multiplicidad de átomos o vidas
menores energetizados y unidos en formas coherentes. Cuando en la muerte se
retira el aspecto espíritu, la forma se desintegra y disuelve, y estas pequeñas
vidas conscientes, habiendo cumplido su función, se dispersan. La conciencia
del átomo dentro del cuerpo es muy distinta de la conciencia del hombre, y
esto lo comprenderemos si reflexionamos un poco. Si aceptamos que el hombre es
una célula, en una esfera mayor, ¿no sería posible la existencia de una
conciencia que fuera para el hombre lo que su conciencia es para las células de
su cuerpo? ¿No sería posible que nuestra meta inmediata fuera obtener esa
conciencia, en el mismo sentido en que el átomo de la sustancia tendrá que
lograr algún día la conciencia de un ser humano? Sería esto lo que pensaba Browning
cuando dijo: "El género humano está constituido por cada uno de los
hombres, y en dicha síntesis termina el relato". Nos presenta aquí el
concepto de un hombre superior, síntesis o suma total de todas las unidades
menores. Esta síntesis podría ser la gran Vida o Entidad planetaria que está
detrás de nuestra manifestación planetaria y es la suma total de la conciencia
grupal. Sugiero que así como la autoconsciencia es la meta para todas
las formas subhumanas de vida, y la conciencia grupal o la del Hombre
Celestial es la meta del ser humano, así también existirá para él una meta, y
la realización puede ser el desarrollo de la conciencia de Dios; de
manera que él debe luchar para lograr el conocimiento que posee el Logos
solar.
De este modo podemos
ver la unidad de conciencia desde el más diminuto átomo hasta la Deidad misma,
abriendo ante nosotros una admirable perspectiva de posibilidades, pudiendo
verse también la vida de Dios en Su triple y esencial manifestación,
desarrollándose en una conciencia siempre en expansión, expresándose en el
átomo de sustancia, ampliándose por medio de la forma, hasta llegar al punto
culminante en el hombre y, luego, continuar su curso hasta manifestarse como la
conciencia planetaria, suma total de todos los estados de conciencia en nuestro
planeta Tierra, hasta llegar a la Vida fundamental y básica que sintetiza todas
las evoluciones planetarias, dentro de Su esfera mayor, el sistema solar. En
resumen, tenemos cuatro estados de inteligente actividad que podemos o
denominar: conciencia, autoconsciencia, conciencia grupal y conciencia de Dios,
que se manifiestan respectivamente mediante los cuatro tipos de átomo: primero,
el átomo químico y todas las formas atómicas; segundo, el átomo humano;
tercero, el átomo planetario, y, finalmente, el omniabarcante átomo solar.
Animando a estas formas atómicas, podemos ver la manifestación de todos los
tipos de vida subhumana, desde la vida del átomo de la sustancia, hasta la vida
animadora de los animales superiores; luego esa vida denominada humana, el
hombre, el pensador; después el Hombre celestial, y, finalmente, la excelsa
Vida del sistema solar, que los cristianos denominan Dios o Logos.
Browning expresa la
idea de la gradual expansión de la conciencia de un ser humano hacia algo mayor
y más vasto, con las palabras siguientes:
"Cuando la raza
llegue a ser perfecta, es decir, como un hombre; todo lo dado al género humano,
y hasta ahora producido por el hombre, habrá llegado a su fin; pero en el
hombre íntegro se inicia nuevamente una tendencia
hacia Dios. Las predicciones auguraron el o acercamiento del Hombre; en el yo
del hombre surgen augustas anticipaciones, símbolos, tipos de tenue esplendor
siempre existentes en ese eterno Círculo perseguido por la vida.Los hombres
comienzan a cruzar los límites de la naturaleza, descubriendo nuevas esperanzas
y obligaciones, que rápidamente suplantan sus propias alegrías y pesares;
llegan a ser demasiado grandes para los estrechos credos del mal y del bien,
que se desvanecen ante la inmensurable sed de bien; en tanto surge de ellos la
paz en forma creciente. Estos hombres se hallan ya en la tierra, serenos en
medio de las criaturas semiformadas que
los rodean, que deberían ser salvadas por ellos y unirse a
ellos".
LA EVOLUCIÓN DE LA
CONCIENCIA
QUINTA CONFERENCIA
LA semana pasada analizamos en forma inadecuada la evolución del
hombre, el pensador, el morador de los cuerpos, que los utiliza mediante el
ciclo de evolución. Vimos que constituía el resumen de las evoluciones
precedentes. En dos conferencias anteriores nos preparamos para el estudio de
esa evolución, considerando primero la sustancia o materia atómica, antes de
ser utilizada para construir la forma, o el diminuto átomo antes de ser
incorporado a determinado vehículo. Después estudiamos la construcción de las
formas, por medio de la gran ley de atracción que agrupa a los átomos,
haciendo que se adhieran y vibren al unísono, produciendo una forma o
conglomerado de átomos. Reconocimos que en la sustancia atómica había un
aspecto de la Deidad y de la fuerza central o energía del sistema solar,
manifestándose como el aspecto inteligencia, y vimos manifiesta en el aspecto
forma de la naturaleza otra cualidad de la Deidad, la de amor o atracción,
fuerza cohesiva que mantiene la unidad de la forma. Después nos ocupamos del
ser humano u hombre, y observamos que reúne los tres aspectos divinos, y lo
reconocimos como la voluntad central, manifestándose mediante una forma
compuesta de átomos, expresando las tres cualidades de Dios, inteligencia,
amor-sabiduría y voluntad o poder.
Hoy nos apartaremos del aspecto materia de la manifestación,
tratado ya, y entraremos a considerar la conciencia de la forma. Notamos que
el átomo puede considerarse como la Vida central manifestada por medio de la
forma esferoidal, expresando la facultad mental; el átomo humano también puede
ser considerado como una positiva vida central que utiliza una forma y denota
las distintas cualidades ya enumeradas; dijimos que si nuestra hipótesis
sobre el átomo era correcta y si estábamos en lo cierto al considerar al ser
humano como un átomo, podríamos entonces aplicar este primer concepto al
planeta y decir que en el átomo planetario reside una excelsa Vida manifestada
a través de una forma, denotando cualidades específicas al llevar a cabo una
meta específica; por último extendimos este concepto a la gran esfera del
sistema solar y a la Deidad que mora en ella.
Ahora nos ocuparemos
de la cuestión de la conciencia; estudiaremos brevemente el problema y la
reacción de la vida en la forma. Si con esto les proporciono unas pocas ideas
generales de acuerdo con lo dicho anteriormente, colocaré un ladrillo más sobre
la estructura que trato de erigir.
La palabra conciencia
deriva de dos palabras latinas: con, con, y scio, saber, y
literalmente significa "aquello por lo cual conocemos". Los
diccionarios definen la conciencia como "el estado de ser consciente"
o la condición de percibir, la capacidad de responder a los estímulos, de
reconocer contactos y el poder de sincronizar vibraciones. Estas frases pueden
ser incluidas en cualquier definición de la conciencia, pero lo que quiero
acentuar ahora es la que proporciona el Standard Dictionary, ya
mencionado. Al pensador común que consulta la mayoría de los textos que se
ocupan del tema, le resultará confuso, porque fragmentan la conciencia y el
estado de ser consciente en varias divisiones y subdivisiones hasta llegar a
confundirlos. Sólo trataremos hoy tres tipos de conciencia, a saber: conciencia
absoluta, conciencia universal y conciencia individual. De los tres, sólo dos
pueden definirse más o menos con claridad.
Para el pensador
común es prácticamente imposible conocer la conciencia absoluta. Un autor la
define como "la conciencia en que existe todo, tanto lo posible como lo
actual" y concierne a todo lo que puede concebirse como que ocurrió, está
ocurriendo u ocurrirá. Posiblemente, ésta es la conciencia absoluta, y desde el
punto de vista humano es la conciencia de Dios, que contiene en sí el pasado,
el presente y el futuro. Por lo tanto ¿qué es la conciencia universal? Podría
definírsela como la conciencia que piensa en tiempo y espacio, conciencia con
ideas de ubicación y sucesión, involucradas en sí, o, en realidad, conciencia
grupal, el grupo mismo formando una unidad mayor o menor. Finalmente, la
conciencia individual puede definirse como esa medida de conciencia universal,
que la unidad separada puede alcanzar y concebir de sí misma.
Para comprender estas vagas expresiones de conciencia absoluta,
conciencia universal y conciencia individual, será de ayuda si trato de
ilustrarlas. Vimos en anteriores conferencias que el átomo debe ser considerado
en el cuerpo humano como una minúscula entidad, una diminuta vida inteligente
y una microscópica esfera activa. Tomemos ahora la pequeña célula como punto de
partida y obtendremos por su intermedio algún concepto de lo que son estos
tres tipos de conciencia, observándolos desde el punto de vista del átomo y del
hombre. Para el pequeño átomo en el cuerpo del hombre, la conciencia individual
sería su propia vida vibratoria, su interna actividad y todo cuanto específicamente
le concierne. Para la pequeña célula, la conciencia universal podría ser la
conciencia de todo el cuerpo físico, observándolo como la unidad que incorpora
al átomo. Para el átomo, la conciencia absoluta sería la conciencia del hombre
pensante que energetiza el cuerpo, lo cual resultaría para el átomo algo tan
remoto, desde su propia vida interna, que le sería prácticamente inconcebible e
incognoscible; sin embargo arrastra, dentro de la línea de su voluntad, a la
forma y al átomo que está en la forma y a todo lo que ello concierne. Esto
puede aplicarse al hombre, viéndolo como un átomo o célula del cuerpo de una
excelsa Entidad, de allí que podamos aplicar este concepto a tres tipos de
conciencia. Sería inteligente descender y ocuparnos de cosas más prácticas que
la conciencia absoluta.
La ciencia occidental
va acercándose gradualmente a la conclusión de la filosofía esotérica de
Oriente, que no sólo reconoce la conciencia en el hombre y en el animal, sino
también en el vegetal y el mineral, y que la auto-conciencia debe
considerarse como la consumación del evolutivo desenvolvimiento de la
conciencia en los tres reinos inferiores. Quizás sea posible, en el breve
tiempo que me queda, encarar ese estudio fascinador del desarrollo de la
conciencia en los reinos animal y vegetal, y su aparición en el reino mineral,
así descubriríamos que incluso los minerales manifiestan vestigios de
conciencia y de reacción a los estímulos, que dan señales de fatiga y que es
posible envenenar a un mineral y matarlo como se hace con un ser humano. La
realidad de que las flores tienen conciencia se está aceptando rápidamente, y
se publican artículos muy interesantes sobre la conciencia de las plantas,
abriendo un amplio campo de reflexión. Hemos visto que respecto a la materia
atómica, lo único que podemos afirmar con seguridad es que denota
inteligencia, poder de seleccionar y discriminar. Éste es el rasgo predominante
de la conciencia al manifestarse por medio del reino mineral. En el reino
vegetal aparece otra cualidad, la de sensación o sensibilidad rudimentarias,
que responden en forma distinta de la del mineral. En el reino animal, aparece
una tercera reacción, el animal no sólo demuestra señales de sensación en
acrecentado grado, análogamente a la respuesta del reino vegetal, sino que
manifiesta señales de intelecto o mente embrionaria. El instinto es una
facultad que poseen todos los animales, y las palabras instinto e instigación,
derivan de la misma raíz. Cuando el poder de instigación se inicia en la forma
animal, es signo de que la mentalidad embrionaria comienza a manifestarse. En
estos reinos existen distintos grados y tipos de conciencia, mientras que en el
hombre tenemos los primeros síntomas de la autoconsciencia, o la facultad con
que el hombre se hace consciente de que es una entidad separada, el impulso
inmanente en el cuerpo, que está en proceso de hacerse consciente a través de
dicho cuerpo. Esto ha sido enseñado en Oriente a través de las épocas, y
"la filosofía esotérica también enseña que todo vive y es consciente, pero
que no toda vida y conciencia es similar a la humana", y además hace
resaltar que "existieron dilatados intervalos entre la conciencia del
átomo y de la flor, la de la flor y el hombre, la de éste y Dios". Según
dijo Browning: "En el hombre comienza nuevamente la tendencia hacia
Dios". El hombre no es un Dios, sino un Dios en ciernes; está labrando la
imagen de Dios, y algún día la producirá a la perfección. Se esfuerza en
manifestar la triple vida divina subjetiva, mediante la objetiva.
El método del desarrollo evolutivo de la conciencia de un ser
humano es la repetición, en una vuelta más elevada de la espiral, de las dos
etapas observadas en la evolución del átomo, la de la energía atómica y la de
coherencia grupal. Actualmente podemos ver en el mundo a la familia humana en
la etapa atómica, manifestación que conduce a una meta aún no lograda, la etapa
grupal.
A quienes están interesados por la facultad de percepción y
habitualmente observan lo que sucede a su alrededor, les resulta evidente los
distintos grados de mentalidad que vemos en todas partes y los variados tipos
de conciencia que existen entre los hombres. Conocemos individuos alertas,
despiertos, que se dan cuenta de todo lo que sucede; agudamente conscientes,
responden a los distintos tipos de corrientes mentales en los asuntos humanos;
perciben contactos de todo tipo; otros individuos parecen estar dormidos, nada
les interesa, totalmente inconscientes a los contactos, están todavía en la
etapa de la inercia y son incapaces de responder a los estímulos externos, pues
no se hallan mentalmente despiertos. También lo observamos en los niños;
algunos responden rápidamente y otros en cambio parecen tontos. No es que
realmente unos sean más estúpidos que otros, sino que, sencillamente, se debe a
la etapa interna de evolución del niño, a que encarnaron con más frecuencia y a
que se dedicaron durante períodos más prolongados a ser conscientes.
Consideremos ahora las etapas del átomo y de la forma, y veamos
cómo se desarrolla la conciencia humana, teniendo en cuenta que en el átomo
humano está acumulado todo lo adquirido en los tres reinos inferiores de la
naturaleza, en las primeras etapas. El hombre es el beneficiario de ese vasto
proceso evolutivo que quedó atrás. Comienza con lo adquirido, latente en él.
Es autoconsciente y tiene ante si una meta definida, el logro de la conciencia
grupal. El logro de la autoconsciencia constituye la meta para el átomo
sustancia. La finalidad para el hombre consiste en adquirir mayor Conciencia y
un campo más amplio.
La etapa atómica que estamos considerando es
peculiarmente interesante, interesante porque en ella se halla la mayoría de
la humanidad. Pasamos allí el indispensable período de la autocentralización,
ciclo en que el hombre se ocupa principalmente de sus propios asuntos, de lo
que le interesa, y vive su propia vida interna vibratoria, intensamente.
Durante un largo período y quizás también en la actual etapa (creo que nadie
debe ofenderse si no ha alcanzado la perfección ni la meta), somos
intensamente egoístas, y sólo nos interesamos mentalmente de lo que sucede en
el mundo y, probablemente, lo hacemos por compasión o desagrado, o porque es
común. A pesar de esta actitud mental, ponemos la atención en lo que atañe a
nuestra vida individual. Estamos en la etapa atómica y somos intensamente activos
respecto a nuestros problemas personales. Si observamos las multitudes en las
calles de una gran ciudad populosa, veremos por todas partes personas en la
etapa atómica, centradas en sí mismas, preocupadas únicamente en sus negocios,
procurando sus propios placeres, deseando sólo divertirse, e incidentalmente
preocupadas en los asuntos que conciernen al grupo. Esta etapa es necesaria. y
protectora, de esencial valor para cada ente de la familia humana. Su
comprensión nos hará pacientes con nuestros hermanos que con tanta frecuencia
nos provocan irritabilidad.
¿Cuáles son los dos
factores por cuyo intermedio evolucionamos dentro y fuera de la etapa atómica?
Durante muchos siglos, en Oriente, se ha considerado que el proceso de
evolución es dual. Se le ha enseñado al hombre que él evoluciona y llega a ser
consciente, primeramente por medio de los cinco sentidos, después por el
desarrollo de la facultad de discernimiento, conjuntamente con el
desapasionamiento. En Occidente hemos dado importancia a los cinco sentidos, y
no se ha enseñado el discernimiento, tan esencial. Si observamos el desarrollo
de un niño, advertiremos, por ejemplo, que primeramente desarrolla los cinco
sentidos en ordenada secuencia. El primer sentido es el oído; oye algún ruido y
mueve la cabeza. Después el tacto, y empieza a palpar con las manos. Le sigue
la vista. No es que el niño no vea o nazca ciego como los gatos, sino que
transcurren varias semanas antes de ver y reconocer conscientemente los
objetos. La facultad ha estado latente en espera de su realización. Así sucede
con las graduadas expansiones de conciencia y conocimientos que tiene ante sí
el hombre. En estos tres principales sentidos: oído, tacto y vista, tenemos
una interesante analogía y relación con la triple manifestación de la Deidad,
el yo, el no-yo y la relación entre ambos. El yo oye y responde ocultamente a
la vibración y se reconoce a sí mismo. Se hace consciente del no-yo y de su
tangibilidad por medio del tacto, pero hasta actualizar la visión o consciente
reconocimiento, no se establece la relación entre ambos. El yo utiliza otros
dos sentidos, el gusto y el olfato, al hacer sus contactos, pero no son tan
esenciales como los tres primeros para desarrollar la percepción inteligente.
Por medio de los cinco sentidos podemos efectuar cuantos contactos son posibles
en el plano físico; por ellos aprendemos, crecemos, somos conscientes, nos
desarrollamos, evolucionan los grandes instintos, constituyen los sentidos
protectores, que no sólo nos permiten relacionarnos con nuestro medio ambiente,
sino que nos protegen del mismo.
En consecuencia,
habiendo llegado a ser inteligentes unidades por medio de los cinco sentidos, y
expandido por su intermedio la conciencia, llegamos a un punto crítico donde
aparece otro factor: el inteligente discernimiento. Aquí me refiero al discernimiento
manifestado por la unidad autoconsciente, esa elección consciente evidenciada
por ustedes y yo, que forzosamente utilizaremos cuando el poder de la
evolución nos impulse hacia el punto en que aprenderemos a diferenciar entre
el yo y el no-yo, lo real y lo irreal, entre la vida dentro de la forma, y la
forma que ésta utiliza, y entre el conocedor y lo conocido. He aquí la finalidad
de la evolución, el logro de la conciencia del verdadero yo por medio del
no-yo.
Atravesamos
un largo período o ciclo de muchas vidas donde nos identificamos con la forma y
estamos tan unificados con el no-yo que no vemos la diferencia, ocupándonos
totalmente de las cosas transitorias y pasajeras. Esta identificación con el
no-yo, trae dolores, insatisfacciones y sufrimientos en el mundo; sin embargo,
debe recordarse que por medio de la reacción del yo sobre el no-yo, aprendemos
inevitablemente y nos apartamos finalmente de lo impermanente y lo irreal.
Este ciclo de identificación con lo irreal va paralelo a la etapa de la
conciencia individual. Así como el átomo de la sustancia debe abrirse camino
hacia una forma y contribuir a vitalizar a una unidad mayor, también mediante
la evolución de la conciencia, el átomo humano debe llegar a un punto en que
reconozca su lugar en el Todo mayor, y cargar su responsabilidad en la
actividad grupal. Tal es la etapa a la que se acercan muchos individuos de la
familia humana. La gente comprende como nunca hasta ahora, la diferencia entre
lo real y lo irreal, lo perecedero y lo permanente. Por medio del dolor y el
sufrimiento, reconoce que el no-yo es insuficiente, y busca externa e internamente
algo que satisfaga más adecuadamente sus necesidades. Muchos anhelan hoy
conocerse a sí mismos, hallar el reino de Dios en su interior y, mediante la
Ciencia Mental, el Nuevo Pensamiento y el estudio de la psicología, llegarán a
ciertos conocimientos que serán de inestimable valor para la raza humana. Por
lo tanto, hay indicios de que llega rápidamente la etapa de la forma y
los hombres pasan del período atómico a algo infinitamente mejor y más grande.
Comienza el hombre a sentir las vibraciones de esa excelsa Vida de cuyo cuerpo
es un átomo; empieza en pequeña escala a responder conscientemente al magno
llamado y a descubrir posibles canales mediante los cuales podrá comprender a
esa excelsa Vida que presiente, pero que no conoce aún. Si persiste en ello
hallará al grupo al que pertenece, entonces cambiará su centro. Ya no estará
limitado por su propio y pequeño muro atómico, sino que irá más allá,
convirtiéndose a su vez, en parte consciente, inteligente y activa del Todo
mayor.
¿Cómo se produce este
cambio? La etapa atómica se desenvolvió por medio de los cinco sentidos y la
aplicación de la facultad discernidora. La etapa en que el hombre alcanza la comprensión grupal y llega a
participar conscientemente de las actividades del grupo se logra de dos
maneras: por medio de la meditación y por una serie de iniciaciones. Al emplear
la palabra meditación no indico lo que generalmente se entiende por ella, un
estado mental receptivo, negativo o de trance. Existe un concepto erróneo
sobre lo que es realmente la meditación, y se practica una pseudo meditación
que hace poco fue verazmente descrita por alguien que dijo "cierro los
ojos, abro la boca y espero que suceda algo". La verdadera meditación
requiere intensa concentración mental, máximo control del pensamiento y una
actitud equilibrada, que no es negativa ni positiva, sino un punto de
equilibrio entre ambos extremos. Las Escrituras orientales describen, a quien
practica la meditación para obtener resultados, con las siguientes palabras,
cuya consideración proporcionará ayuda e iluminación: "El Maha Yogi, el
gran asceta, en quien está centrada la máxima perfección de austera penitencia y meditación
abstracta, y por la cual alcanza ilimitados poderes y obra milagros
y prodigios, adquiere el supremo conocimiento espiritual y llega eventualmente
a la Unión con el excelso espíritu del universo". Aquí se sostiene
que la unión con la Vida grupal es resultado de la meditación y no puede
lograrse de otra manera.
La verdadera
meditación (cuyas etapas preliminares son la concentración y la dedicación en
cualquier línea determinada de pensamiento) diferirá según el individuo y el tipo.
El hombre religioso, el místico, enfocará su atención en la vida que reside en
la forma, en Dios, en Cristo, o en lo que para él encarne su ideal. El
comerciante, el profesional, que durante horas de trabajo se centraliza en su
negocio y enfoca su atención en los problemas que debe resolver, aprende a
meditar; posteriormente, cuando entra en el aspecto espiritual de la
meditación, descubrirá que ha recorrido la parte más ardua del camino. Quien
lee un libro difícil y se esfuerza con todo su poder mental en comprender el
sentido de las palabras, medita hasta donde le es posible en ese momento. Digo
esto para alentarlos, pues vivimos en una época en que hay muchos libros que se
refieren a la meditación. Todos presentan algún aspecto de la verdad y pueden
ser de ayuda, pero no contienen lo mejor para el individuo. Debemos descubrir
nuestro propio método de concentración, cerciorarnos de cuál es nuestro método
de acercarnos a lo interno y estudiar qué es la meditación.
Sería conveniente hacer aquí una advertencia. Debe
desconfiarse de las escuelas y métodos que combinan la meditación con los
ejercicios de respiración, enseñan diferentes posturas físicas y enfocan la
atención en determinados órganos o centros físicos. Quienes siguen estos
métodos van hacia el fracaso y, además de los peligros físicos que entrañan y
de los riesgos de locura y desórdenes nerviosos, se ocupan de la forma, que es
una limitación, y no del espíritu, que es la vida. Por este camino nunca se
llegará a la meta. Para la mayoría de nosotros la concentración intelectual,
resultado del control de la mente y de la capacidad de pensar con claridad y
sólo sobre lo que queremos, debe preceder a la verdadera meditación, algo que
muy pocos conocen. No me es posible explayarme sobre la verdadera meditación,
la cual dará por resultado un definido cambio en la polarización, abriéndole al
hombre un campo de experiencias hasta ahora insospechado, revelándole contactos
que aún no conoce, y permitiéndole hallar el lugar que le corresponde en el grupo.
Ya no estará recluido entre las paredes de su vida personal, comenzará a
fusionar esa vida en la totalidad mayor. Ya no se ocupará de sus intereses
egoístas, sino que atenderá los problemas del grupo. No empleará el tiempo en
cultivar su propia identidad, sino que procurará comprender esa Identidad mayor
de la cual es parte. En realidad, esto es lo que los hombres avanzados
comienzan más o menos a hacer. Por poco que lo comprenda el hombre común, los
grandes pensadores como Edison y otros, solucionaron sus problemas por medio de
la meditación. Por la concentración reflexiva, la constante recapitulación y la
intensa aplicación a la línea particular de pensamiento que les interesa,
obtienen resultados, extraen de las reservas internas de inspiración y poder, y
permiten que desciendan de los niveles superiores del plano mental, resultados
benéficos para el grupo. Cuando hayamos efectuado cierta medida de trabajo en
la meditación y cultivado el interés por el grupo y no el propio, cuando desarrollemos
un cuerpo físico fuerte y sano, y controlemos el cuerpo emocional, para que no
nos arrastre el deseo, y el cuerpo mental sea nuestro instrumento y no nuestro
amo, entonces conoceremos el verdadero significado de la meditación.
Cuando
el hombre, por la meditación, ha establecido contacto con su grupo al cual
pertenece, y es cada vez más consciente del grupo, entonces se halla en la
etapa en que puede recibir una serie de iniciaciones, según se las denomina,
que son simplemente expansiones de conciencia obtenidas con la ayuda de Quienes
alcanzaron la meta, están identificados con el grupo y son parte consciente del
cuerpo del Hombre celestial. Con la asistencia de estos Seres y su
participación, el hombre despertará gradualmente al conocimiento que Ellos
poseen.
Existe gran interés sobre el tema de la iniciación
y se ha destacado mucho, quizá demasiado, su aspecto ceremonial. Conviene
recordar que cada gran desenvolvimiento de la conciencia es una iniciación, y
cada paso adelante en el camino de la percepción es también una iniciación.
Cuando el átomo de sustancia entró a constituir parte de una forma, fue una
iniciación para el átomo, conoció otro tipo de fuerza y se extendió su campo de
contacto. Cuando la conciencia de los reinos vegetal y animal se fusionó y pasó
del reino inferior al superior, constituyó una iniciación; cuando la
conciencia del animal se expandió hacia la conciencia del hombre, tuvo lugar
una iniciación aún mayor. Se entra en los cuatro reinos a través de una
iniciación o expansión de conciencia. La familia humana tiene ante sí un quinto
reino o espiritual, en el cual se ingresa mediante cierta iniciación, según se
infiere de la lectura de El Nuevo Testamento. En todos estos casos la
iniciación se logró con la ayuda de Quienes tienen conocimiento. De manera que
en el esquema evolutivo no hay grandes separaciones entre un reino y otro, un
estado de percepción y otro, sino un desarrollo gradual de conciencia, donde
cada uno de nosotros desempeñamos y desempeñaremos nuestra parte. Si recordamos
la universalidad de la iniciación, obtendremos un proporcionado punto de
vista. Cada vez que somos más conscientes de nuestro medio ambiente y aumenta
nuestro contenido mental, es una iniciación en pequeña escala. Cada vez que
nuestro horizonte se dilata y pensamos y vemos con más amplitud, es una
iniciación. En esto reside el valor de la vida y la magnitud de nuestra
oportunidad.
Aquí deseo señalar que toda iniciación debe ser
autoiniciada. Esa etapa final, donde recibimos ayuda definida de fuentes externas,
no se debe a que los Grandes Seres ansían ayudarnos, llegar a nosotros y tratar
de elevarnos; llega porque hemos realizado el trabajo necesario y nada puede
evitar recibirla, pues nos corresponde por derecho. Quienes llegaron a la
perfección, pueden y quieren ayudar, pero Sus manos están atadas si no hemos
desempeñado nuestra parte en la tarea. Por lo tanto, nada de lo hecho se pierde
para acrecentar nuestra utilidad en el mundo, mejorar nuestros cuerpos,
adquirir dominio propio y equipar el cuerpo mental. Este ingreso en el cúmulo
total traerá algún día una gran revelación; cada hora y cada día el esfuerzo
acrecentará la oleada de energía que llevará al portal de la iniciación. El
significado de iniciación es "entrar en". Simplemente significa que
iniciado es quien ha dado los primeros pasos hacia el reino espiritual y ha
recibido la primera serie de revelaciones espirituales, cada una de las cuales
es la clave de una revelación mayor.
LA META DE LA
EVOLUCIÓN
SEXTA CONFERENCIA
No me inspira mucha
confianza el título "La Meta de la Evolución", pues reconozco
que únicamente puedo exponer algunas suposiciones forjadas en mi imaginación,
debido a que la mente finita es incapaz de calibrar exactamente el plan de
Dios. Sólo cabe estudiar la historia, investigar las condiciones actuales,
conocer algo de las tendencias naturales y raciales y seguir lo más lógicamente
posible los diversos pasos y etapas. Lo único que podemos hacer es comenzar
desde la sólida base de los hechos y conocimientos adquiridos, luego reunirlos
y establecer sobre ellos una hipótesis respecto a lo que pueda ser la probable
meta. No es posible ir más allá.
En
charlas anteriores, sobre el tema de la evolución, como mencioné en la primera,
nos ocupamos de conjeturas y posibilidades. Sabemos ciertas cosas y comprobamos
verdades, pero las conclusiones de la ciencia, tan mencionadas y repetidas hace
cuarenta años, ya no se consideran como hechos ni se emplean o promulgan tan
drástica y enfáticamente como antes. La ciencia descubre que su conocimiento es
muy relativo. Cuanto más capta y conoce el hombre, mayor es el horizonte que se
abre ante él. Los científicos se están aventurando en los planos sutiles de la
materia y, por lo tanto, en los reinos de lo no comprobado, y si recordamos, la
ciencia había negado hasta ahora su existencia. Estamos trascendiendo la esfera
de la llamada materia sólida" y
entrando en esos reinos que se infieren al hablar de los "centros de
energía", de la "fuerza positiva y negativa", de los
"fenómenos eléctricos", donde se resalta cada vez más la cualidad de
la sustancia. Cuanto más adelante miramos, más amplias son nuestras conjeturas
y tentativas; al tratar de justificar la telepatía, el psiquismo y otros
fenómenos, más nos internamos en el reino de lo subjetivo y subconsciente, y
nos vemos obligados a expresarnos en términos de cualidad o energía.
Si
logramos explicar lo poco común, lo inexplicable, y cerciorarnos de la realidad
de lo oculto, llegaremos a establecer una condición casi paradójica, y gradualmente
convertiremos lo subjetivo en lo objetivo.
El
tópico que consideraré ahora nos afecta íntimamente, se refiere al logro, por
el hombre, de esa conciencia grupal que es su meta, y las expansiones de la
pequeña conciencia hasta llegar a la altura de esa conciencia superior que la
circunda. Recordarán que al explicar la diferencia entre la autoconsciencia, la
conciencia grupal y la conciencia de Dios, expuse el ejemplo de que en el
pequeño átomo de sustancia del cuerpo físico -esa minúscula vida centralizada
que contribuye a la constitución de la forma humana- teníamos la analogía de
la autoconsciencia del ser humano; que la vida del cuerpo físico, considerando
cada uno de sus sectores como una totalidad, es para esa pequeña célula que se
basta a sí misma, lo que la conciencia grupal es para nosotros; que la
conciencia del verdadero hombre, la entidad animadora del cuerpo, es para ese
átomo lo que la conciencia de Dios para nosotros, siendo tan lejana como
inexplicable. Si ampliamos este concepto del átomo del cuerpo y su relación con
el hombre, el pensador, hasta considerar al átomo humano como una unidad
dentro del cuerpo mayor, comprenderemos la radical diferencia entre estos tres
estados de conciencia.
Hay una analogía muy interesante entre la evolución del
átomo y la del hombre (y supongo, por lo tanto, que también debe haberla
respecto a la evolución de la Deidad planetaria y del Logos solar) en los dos
métodos de desenvolvimiento. Vimos que el átomo tiene su propia vida atómica,
y que cada átomo de sustancia del sistema solar, análogamente, es en sí un
minúsculo sistema con un centro positivo o sol central, y los electrones o
centros negativos, giran en sus órbitas a su alrededor. Tal es la vida interna
del átomo, su aspecto autocentrado. Observamos también que se está estudiando
el átomo bajo un nuevo aspecto, el de la radiactividad, y que en muchos casos
se evidencia una activa radiación. Es imposible decir a dónde nos llevará este
descubrimiento, porque el estudio de la sustancia radiactiva está todavía en su
infancia y poco se sabe de ella. Muchas enseñanzas primitivas de la ciencia de
la física han sido alteradas por el descubrimiento del radio, y cuanto más
descubren los científicos, tanto más se evidencia (como ellos mismos se dan
cuenta) que estamos en vísperas de grandes descubrimientos y de profundas
revelaciones.
A
medida que evoluciona y se desarrolla el ser humano, se observan dos etapas: la
primitiva o etapa atómica, en la cual el hombre sólo se interesa por sí mismo y
su propia esfera de actividad, donde la autocentralización es la ley de su ser.
Es una etapa de la evolución necesariamente protectora. El hombre puramente
egoísta se ocupa principalmente de sus cosas. En una etapa posterior, la
conciencia del hombre comienza a expandirse, su interés trasciende la esfera
personal y llega un período en que tantea en busca del grupo al cual
pertenece. Esta etapa corresponde a la de radiactividad. Desde ese momento el
hombre ya no es sólo una vida exclusivamente autocentrada, sino que empieza a
afectar definitivamente su medio ambiente, aparta la atención de su propia
vida personal egoísta y busca su centro superior. De un simple átomo que es, se
convierte en un electrón y queda bajo la influencia de la gran Vida central, la
cual lo sujeta dentro de su esfera de influencia.
Si
esto es así, etapas análogas transcurrieron en la vida de la Deidad planetaria,
y quizás explique las vicisitudes y acontecimientos que ocurren en el planeta.
Creemos que los asuntos del mundo se deben a la actividad humana. Se considera,
por ejemplo, la guerra mundial como
resultado de errores y debilidades humanas. Quizás sea así, porque sin duda pudieron
contribuir a su estallido las condiciones económicas y las ambiciones humanas;
pero tal vez fue consecuencia del cumplimiento del propósito de esa gran Vida
central, cuya conciencia aún no alcanzamos y que tiene Sus propios planes,
propósitos e ideales, y probablemente también esté experimentando con la vida.
En Su vasta escala y nivel elevado, este Espíritu planetario aprende a vivir, a
establecer contacto y a expandir Su conciencia; en realidad va a la escuela
como ustedes y yo. Lo mismo puede suceder en el sistema solar y con
acontecimientos de tanta magnitud que escapan completamente a nuestra
comprensión. Quizás, los acontecimientos del sistema solar deriven de que se
están llevando a cabo los planes de la Deidad o Logos, esa Vida central, fuente
energetizadora de todo cuanto existe en el sistema solar. Constituye una
interesante línea de pensamientos, y no produce ningún daño el conjeturar si
su efecto consiste en darnos una amplia visión, inspirar mayor tolerancia o
infundir un intenso e inteligente optimismo, no lo sé.
Habiendo visto que
las dos etapas de actividad, atómica y radiactiva, caracterizan la evolución de
todos los átomos del sistema solar, veamos ahora cuáles son los diferentes
desenvolvimientos que parecen esperarse a medida que evoluciona la conciencia
en el átomo humano. Concentremos la atención sobre este tipo humano de
conciencia, porque es la evolución central de este sistema solar. Cuando los
tres aspectos de la vida divina se unen -la vida o espíritu inmanente, la forma
material o vehículo sustancial, y el factor actividad inteligente- se producen
ciertos resultados específicos y el gradual desarrollo de determinado tipo de
conciencia; la adquisición de una
cualidad síquica, el efecto de la vida subjetiva sobre la forma material; la
utilización de la forma para fines específicos, y el logro de ciertas cualidades
por la entidad que mora internamente. La verdadera naturaleza de la vida
central, sea Dios u hombre, se manifestará durante un ciclo de vida, solar o
humano. Lo mismo sucede en el hombre y probablemente también en el Logos
planetario y, por lo tanto, en el Logos solar.
Consideremos ahora
los diferentes desenvolvimientos en relación con los cuatro tipos de átomos, el
de la sustancia, el humano, el planetario y el cósmico. Uno de los primeros y
más importantes desarrollos será la consciente respuesta a toda
vibración y contacto, es decir, la capacidad de responder al no-yo en cada
plano. Permítanme ilustrar. Podría reunir un auditorio de personas sin cultura
y analfabetas y repetirles lo que he dicho hoy y no entenderían, pero podría
darles una charla como la que di hace diez años sobre conceptos estrictamente
evangélicos, y obtendría una rápida respuesta. No tiene aquí cabida lo bueno y
lo malo, sino la diferencia de capacidad, las distintas categorías y tipos de
hombres en las diversas etapas de evolución, para responder al contacto y la
vibración. Significa sencillamente que ciertas personas están en una etapa a
la que puede llegarse mediante un llamado emocional, en lo que se refiere a su
propia salvación personal, pues están todavía en la primitiva etapa atómica.
Existe otra etapa que incluye a esa, pero permite a la persona responder
también a un llamado más intelectual, que proporciona cierto interés y
satisfacción en charlas como éstas, y significa investigar cuestiones que
conciernen al grupo. Ambas etapas son correctas.
Podemos considerar
este asunto desde otro ángulo. Es muy posible conocer personajes, hombres y
mujeres de talento, sin que lleguen a impresionarnos, al pasar a su lado, ni
reconocerlos, perdiendo así lo que podrían darnos. Esto sucedió en Palestina
con el Cristo hace dos mil años. ¿Por qué? Porque no somos lo suficientemente
talentosos para responder a ellos. Carecemos de algo, de manera que somos
incapaces de comprender o sentir su particular vibración. He oído decir, y creo
que es verdad, que si Cristo volviera a la Tierra y caminara entre los hombres
como entonces, podría vivir con nosotros día tras día y no advertiríamos la
diferencia entre Él y otras personas buenas y altruistas. Aún no hemos
cultivado la capacidad de responder a lo divino que existe en nuestros
hermanos. Sólo vemos lo malo y lo burdo, reconocemos principalmente sus fallos
y somos aún insensibles hacia las personas más evolucionadas.
Otro
desarrollo consistirá en poder actuar conscientemente en todos los
niveles del ser. Ahora actuamos conscientemente en el plano físico y pocos
pueden hacer lo mismo en el siguiente nivel sutil, el astral (palabra que me
desagrada, pues no imparte verdadero significado a nuestra mente) o plano
emocional, donde el hombre está activo fuera del cuerpo físico, en las horas de
sueño, e inmediatamente después de la muerte. Pocos seres humanos pueden actuar
con la conciencia plenamente despierta en el nivel mental y menos aún en el
espiritual. El objetivo de la evolución es que actuemos conscientemente con
plena continuidad de conocimiento en los planos físico, emocional y mental.
Ésta es la gran realidad que alcanzaremos algún día. Entonces sabremos que
hacemos cada hora del día, no sólo doce o catorce horas de las veinticuatro.
Actualmente no sabemos dónde está nuestra verdadera entidad pensante mientras
dormimos. Desconocemos sus actividades y las condiciones ambientales. Algún día
utilizaremos y aplicaremos cada minuto del día.
Otro
de los propósitos de la evolución tiene triple finalidad: coordinar el
propósito o voluntad, el amor y la energía. Esto aún no se ha hecho. Ahora
desplegamos mucha energía inteligente, pero es rara la persona cuya vida está
animada por un propósito central que cumple indesviablemente, animada e
instigada por el amor que actúa mediante la actividad inteligente. Sin
embargo, llegará el momento en que habremos expandido nuestra conciencia en tal
medida y estaremos tan activos internamente que seremos radiactivos. Entonces
llevaremos a cabo un definido propósito, resultado del amor, y lograremos
nuestro objetivo a través de la inteligencia. ¿No es esto lo que hace Dios? En
nuestra actual etapa de desenvolvimiento somos, sin duda alguna, inteligentes,
pero aún amamos muy poco. Algo de amor sentimos por nuestros amigos, conocidos
y algo más por nuestra familia, pero prácticamente nada sabemos sobre amor
grupal. No obstante, es verdad que hemos llegado a una etapa en la que podemos
responder parcialmente cuando los grandes idealistas de la raza hablan del amor
grupal y sentimos que es algo que quisiéramos ver realizado. Es bueno recordar
que cuanto más reflexionamos sobre tales líneas definidamente altruistas, tanto
más construiremos cosas de mayor valor y desarrollaremos lenta y laboriosamente
los rudimentos de una verdadera conciencia grupal, muy lejos aún de la mayoría
de nosotros.
Existen
otros desarrollos en el proceso evolutivo, de los cuales podría hablarse, pero
tan distantes actualmente que prácticamente son inconcebibles, a no ser que
poseamos un cerebro capaz de pensar en forma abstracta. Existe una etapa en que
se trasciende el tiempo y el espacio, por ejemplo cuando la
conciencia del grupo en todo el planeta sea nuestra conciencia, y cuando
resulte muy fácil establecer contacto con la conciencia de un amigo en la India,
África o cualquier otra parte, como si estuviera aquí; la distancia y la
separación no serán barreras para el intercambio. Sus síntomas pueden
observarse en la capacidad con que algunas personas se comunican
telepáticamente o practican la psicometría.
Aceptemos
dedicar algunos momentos a visualizar esta meta distante e imaginarnos lo que
realizará el Logos de aquí a millones de años, pero es de importancia más vital
tener una idea de la etapa inmediata y comprender lo que podemos esperar, en
conexión con el proceso evolutivo durante los próximos milenios. Consideremos
esta idea. Sabemos que existen en el mundo tres corrientes principales de
pensamiento, la científica, la religiosa y la filosófica. ¿En qué consisten? La
línea científica de pensamiento incluye todo cuanto concierne a la materia, el
aspecto sustancia de la manifestación. Se ocupa de la objetividad, lo material,
tangible y visible, literalmente, de lo que puede ser comprobado. El
pensamiento religioso concierne a la vida en la forma, al retorno del espíritu
a su origen, a lo adquirido por medio de la forma y al aspecto subjetivo de la
naturaleza. El orden filosófico atañe a lo que podríamos llamar utilización de
la inteligencia por la vida inmanente, a fin de que la forma se adapte adecuadamente
a sus necesidades. Consideremos a este respecto ciertos desarrollos que cabe
esperar en el futuro inmediato, recordando que cuanto digo sobre el particular,
son meras sugerencias y en modo alguno declaraciones dogmáticas.
Para la mayoría de
los pensadores es evidente que habiendo comenzado la ciencia el estudio de la
radiactividad, está al borde de descubrir la naturaleza del poder del átomo
mismo; probablemente antes de mucho tiempo la energía de la materia atómica
podrá ser controlada para todo propósito concebible, calefacción, iluminación y
aquello que yo podría denominar la motivación de todo lo que se lleva a cabo en
el mundo. Algunos sabemos que hace cincuenta años, un investigador llamado
Keely, estuvo a punto de descubrir esa fuerza en Estados Unidos, pero no se le
permitió dar su descubrimiento al mundo debido al peligro que implicaba. Los
hombres son demasiado egoístas y no puede confiárseles la distribución de la
energía atómica. Ese descubrimiento probablemente irá a la par del desarrollo
de la conciencia grupal. Sólo cuando el hombre sea radiactivo y capaz de
trabajar y pensar en términos grupales, podrá utilizar sin peligro el poder
latente en el átomo. Todo en la naturaleza está bellamente coordinado y nada
puede descubrirse ni utilizarse antes del momento oportuno. Sólo cuando él
hombre sea altruista se le podrá confiar el formidable poder de la energía
atómica. No obstante, creo que podemos esperar que la ciencia dé grandes pasos
en la comprensión de la energía atómica.
Paralelamente
a su evolución, podemos esperar que el ser humano llegue a dominar el aire. Hay
en el sistema solar un plano, esfera o nivel vibratorio, llamado en algunos
libros esotéricos el plano intuitivo, y en la literatura oriental el plano
búdico, cuyo símbolo es el aire. Así como el hombre comienza, mediante el
desarrollo de la intuición, a penetrar en el plano búdico, también la ciencia
ha emprendido la conquista del aire, cuyo dominio será cada vez mayor a medida
que el hombre vaya desarrollando la intuición.
Podemos
esperar algo más (y ya se está reconociendo), y es el desarrollo de la
capacidad de ver la materia sutil. En todas partes nacen niños que pueden ver
más que ustedes y yo. Me refiero a algo que se basa estrictamente en el terreno
material y concierne al ojo físico. Es la visión etérica, que consiste en ver
la materia refinada del plano físico o éter. En California, estudiantes y
científicos efectuaron trabajos interesantes. El doctor Frederick Finch Strong
ha hecho un gran trabajo en este sentido y enseña que el ojo físico es capaz de
ver etéricamente, y que su visión etérica es función normal del ojo. ¿Qué
traerá el desarrollo de esta facultad? Hará que la ciencia rectifique
definidamente su punto de vista respecto a los planos sutiles. Si en los próximos
cien años la visión normal del hombre percibe ciertos aspectos y formas de vida
consideradas hoy imaginarias, se desvanecerá para siempre el burdo materialismo
que nos ha caracterizado durante tanto tiempo. Si lo ahora invisible llega a verse,
¿quién puede decir hasta dónde será posible llegar en el transcurso del tiempo?
Además, la evolución propende a la síntesis. Si descendemos a la materia y a la
materialización, tenemos heterogeneidad; si ascendemos hacia el espíritu,
llegamos a la unidad, de modo que en el mundo religioso podemos esperar la
unidad. Existe hoy mayor tolerancia que hace cincuenta años, y se acerca
rápidamente el momento en que la gran unidad fundamental de todas las
religiones, de que cada credo es una parte necesaria de un gran todo, será
reconocida por los hombres de todas partes, y en este reconocimiento tendremos
la simplificación de la religión. Acentuaremos y utilizaremos las grandes
realidades centrales y pasaremos por alto las pequeñas y mezquinas diferencias de
organización y explicación.
Además, podemos
esperar un interesante acontecimiento, en conexión con la familia humana, pero
¿qué ocurrirá cuando la conciencia grupal se convierta ampliamente en un
objetivo consciente del hombre? El ser humano entrará en lo que el mundo
religioso llama "el sendero". Entonces se controlará definidamente a
sí mismo y procurará vivir la vida del espíritu, negándose a llevar una vida
atómica autocentrada; buscará el lugar que le corresponde en el todo mayor, y
lo descubrirá por medio del esfuerzo autoiniciado, para unificarse con ese
grupo. Esto es lo que significa realmente las enseñanzas sobre el sendero, en
las iglesias protestante, católica y budista, al que designan con los diversos
nombres de Camino, el Noble Óctuple Sendero, el Sendero de Iluminación o de
Santidad. Sin embargo, es el solo y único sendero, que brilla y brillará hasta
el día perfecto.
Además, es de esperar
el desarrollo del poder de pensar en forma abstracta y el despertar de la
intuición. A medida que las grandes razas se han ido sucediendo en el planeta,
hubo siempre un desenvolvimiento ordenado y dirigido de los poderes del alma y
una secuencia definidamente planificada. En la tercera raza raíz, la
lemuriana, el aspecto físico del hombre llegó a una elevada etapa de
perfección. Posteriormente en la gran raza que precedió a la nuestra, la
atlante, que pereció en el diluvio, se desarrolló la naturaleza emocional. En
la raza aria o quinta, a que pertenecemos, debe desarrollarse la mente concreta
o inferior, y lo estamos haciendo década tras década. Algunos individuos
comienzan también a desarrollar el poder del pensar en términos abstractos.
Cuando esto suceda
predominará cada vez más esa interesante y peculiar capacidad, evidenciada por
algunas personas, denominada inspiración. No me refiero a la mediumnidad ni a
la facultad mediumnica. No existe nada tan peligroso como el significado común
del término "médium". El médium común es una persona negativa o de
naturaleza receptiva, y por lo general tan superficialmente coordinada en su
triple naturaleza, que una fuerza extraña puede utilizar su cerebro, sus manos
o su cuerpo. Este fenómeno es muy común. Las escrituras automáticas, las
planchetas y las sesiones espiritistas de orden inferior abundan en estos días
y llevan a miles de personas a la insania y a los trastornos nerviosos. La
mediumnidad es la distorsión de la inspiración, y cuando la mente humana
llega a la etapa evolutiva en que el hombre está consciente y positivamente
controlado por su propio yo superior, el Dios interno, entonces puede recibir
inspiración. El regidor interno, el verdadero yo, puede controlar su cerebro
físico por el contacto definido y permitir al hombre tomar decisiones y también
comprender la verdad, independientemente de la facultad razonadora; este Dios
interno le permite hablar, escribir y conocer la verdad sin valerse de la mente
inferior; la verdad reside internamente. Cuando hagamos contacto con nuestro
Dios interno, se nos revelará la verdad. Seremos conocedores. Esto es algo
positivo, no algo negativo, y significa que nos ponemos en alineamiento directo
y consciente con el yo superior o ego, sin permitir que se introduzca en la
personalidad cualquier entidad o ánima pasajera.
Aunque en la
actualidad esto ocurre a veces, no es frecuente que el hombre común se ponga
en contacto con su yo superior, lo cual sucede sólo en los momentos de elevado
esfuerzo, en las crisis de la vida y como resultado de una larga disciplina y
ardua meditación. Pero algún día
regiremos nuestra vida, no desde el ángulo personal o egoísta, sino desde el
Dios interno, que es revelación directa del Espíritu en el plano más elevado.
Por último, diré hoy
que la meta que tenemos por delante cada uno de nosotros, es el desarrollo
de los poderes del alma o de la siquis, lo cual significa que todos vamos a
ser síquicos. Sin embargo, no empleo esta palabra en el sentido que se le da
comúnmente. La siquis es literalmente el alma interna o yo superior, que surge
del triple yo inferior como la mariposa de la crisálida. Es la hermosa realidad
que lograremos como resultado de nuestra vida o vidas terrenas. Los verdaderos
poderes psíquicos nos ponen en contacto con el grupo. Los poderes del cuerpo
físico que diariamente empleamos nos ponen en contacto con individuos; pero
cuando hayamos desarrollado los poderes del alma y desplegado sus
potencialidades, seremos verdaderos síquicos. Ahora bien, ¿cuáles son estos
poderes? Sólo puedo enumerar algunos.
Uno de ellos es
controlar conscientemente la materia. La mayoría de nosotros controla
conscientemente el cuerpo físico, que obedece nuestros mandatos en el plano
físico. Algunos controlamos conscientemente el cuerpo emocional, pero pocos, la
mente. La mayoría estamos dominados por nuestros deseos y pensamientos. Pero se
acerca el momento en que controlaremos conscientemente nuestra triple naturaleza
inferior. Entonces no existirá el tiempo para nosotros. Poseeremos continuidad
de conciencia en los tres planos del ser -físico, emocional y mental-, que nos
capacitará para vivir como el Logos en la metafísica abstracción del Eterno
Ahora.
Otro poder del alma
es la psicometría. ¿Qué es la psicometría? Es la habilidad de tomar una cosa
tangible que pertenece a un individuo y, por su intermedio, relacionarnos con
él. La psicometría es la ley de asociación de ideas aplicada a la cualidad
vibratoria de la fuerza a fin de obtener información.
La raza será también
clariaudiente y clarividente, que significa la capacidad de oír y ver con
claridad y exactitud en los planos sutiles como lo hacemos en el plano físico.
Entraña el poder de oír y ver todo cuanto atañe al grupo, es decir, en la cuarta
y quinta dimensiones. No estoy lo bastante versada en matemáticas para
explicar estas dimensiones y me confundiría considerarlas, pero me fue dado un
ejemplo que puede aclarar toda la cuestión. Un pensador sueco me explicó que:
"la cuarta
dimensión es la facultad de ver a través y alrededor de una cosa. La quinta
dimensión es la capacidad, por ejemplo, de tomar un ojo y por medio del ojo
ponernos en relación con los demás ojos en el sistema solar. Ver en la
sexta dimensión podría definirse como el poder de tomar un guijarro y por su
intermedio ponerse en relación con todo el planeta. En la quinta dimensión,
allí donde llevamos el ojo estamos limitados a determinada línea de
manifestación, pero en la sexta dimensión, donde tomamos un guijarro, nos
ponemos en contacto con todo el planeta". Todo esto se halla muy lejos de
nosotros, pero interesa hablar de ello, porque es una promesa para todos y cada
uno.
No dispongo de tiempo
para tratar los demás poderes ni puedo enumerarlos, entre ellos está incluida
la curación por el tacto, la manipulación de fluidos magnéticos y la creación
consciente por medio del color y el sonido. Todo cuanto realmente nos
concierne. Por ahora es conocernos debidamente y procurar cada vez más que el
regidor interno nos controle, lleguemos a ser radiactivos y desarrollemos la
conciencia grupal.
LA EVOLUCIÓN CÓSMICA
SÉPTIMA CONFERENCIA
ALGUIEN puede considerar
ridículo dar una conferencia sobre la Evolución Cósmica, porque, como es
lógico, yo ni ninguna mortal sabe algo sobre este tema y, en consecuencia,
somos incapaces de explayamos sobre él. Sin embargo, hay ciertas deducciones
que podemos extraer de acuerdo a la ley de analogía, que podrán conducirnos a
interesantes regiones del pensamiento.
Durante varias semanas consideramos la
evolución del átomo, etapa tras etapa, hasta incluir el entero sistema solar en
el término átomo. Estudiamos, primeramente, en líneas generales, el átomo de
sustancia, después el átomo humano y luego aplicamos lo que conocemos sobre
ambos a una esfera mayor, átomo o planeta, denominado átomo planetario;
extendiendo la idea hasta el átomo del sistema solar, dijimos que tiene su
lugar dentro de un todo mayor.
Estudiamos tres
métodos de evolución o desarrollo, en conexión con este tema. Consideramos los
aspectos que evolucionaron por medio de esos átomos, sus cualidades o naturaleza
síquica y vimos que en el átomo de sustancia la única cualidad síquica que
podíamos atribuirle era la inteligencia. Pasamos después a las formas atómicas
subhumanas y vimos que las formas en los reinos mineral y vegetal, manifestaban
otra cualidad de la deidad, sensación, sensibilidad, amor embrionario y
emoción. También descubrimos que en el reino animal comenzaba a manifestarse
una tercera cualidad, la mente rudimentaria, y al llegar al átomo humano
teníamos la expresión de tres aspectos, inteligencia, amor y una voluntad
central. Extendimos este concepto al planeta y al sistema solar, y hallamos que
por medio de la forma del sistema solar actúa una excelsa Inteligencia o Mente,
utilizada para demostrar otra cualidad, Amor o Sabiduría, y que energetizaba
todo mediante una gran VOLUNTAD. De ello deducimos que esa voluntad podía ser
la manifestación de una Entidad que anima a todo el sistema solar, desde el
ínfimo átomo de sustancia hasta la gran Vida que energetiza al sistema
planetario.
Sentados estos
fundamentos, pasamos a considerar la evolución de la vida consciente en la
forma atómica, y vimos que en cada átomo evolucionaba conscientemente un tipo
superior de conciencia, y que la conciencia humana se distingue de las otras
formas inferiores en que es autoconsciente; que el hombre es una inteligente
voluntad que ejecuta conscientemente cada acción, y se da cuenta de lo que lo
rodea, actuando en definida línea de actividad con un particular objetivo. La
autoconsciencia del hombre conduce a algo más elevado, a la conciencia del gran
Espíritu planetario, que puede describirse mejor como conciencia grupal. A
medida que avanza la evolución, el hombre pasará de la etapa de la
autoconsciencia en que nos hallamos ahora, ustedes y yo, al conocimiento de lo
que significamos por conciencia grupal, algo prácticamente desconocido, excepto
como un hermoso ideal, un sueño que se materializará en un lejano futuro. La
conciencia grupal conducirá lógicamente a lo que a falta de mejor término,
llamamos conciencia de Dios, aunque desapruebo el empleo de la palabra Dios
debido a que ocasiona muchas discusiones entre los distintos pensadores de la
familia humana. Estas diferencias se fundan mayormente en las distintas
fraseologías y términos que se emplean para expresar ideas fundamentales y los
varios métodos de organización. Cuando el científico habla de fuerza o energía,
el cristiano de Dios y el hinduísta emplea términos análogos a 'yo soy ese yo
soy', o el yo, todos se refieren a la misma Vida una, y pierden el tiempo en el
intento de demostrar el error ajeno y la exactitud de su propia
interpretación.
Vimos después, en
términos generales, que la evolución atómica podía dividirse en dos etapas:
una, la atómica; la otra, a falta de mejor término, la radiactiva. La etapa atómica
es ésa donde el átomo vive su vida autocentrada, preocupándose totalmente de
su propia evolución y del efecto producido por sus contactos. A medida que
prosigue la evolución, se evidencia que el átomo comienza a reaccionar a una
vida mayor fuera de sí mismo y tenemos aquí un período análogo al de la
construcción de formas, donde los átomos de sustancia son atraídos por una
mayor carga de energía o fuerza eléctrica positiva, si desean llamarla así, que
los absorbe o atrae y construye una forma con ellos, que a su vez se convierten
en electrones. Vimos que en nuestro caso y en el de toda unidad autoconsciente,
se sigue el mismo procedimiento y que posemos una vida central que mantiene
dentro de la esfera de su influencia a los átomos que constituyen los distintos
cuerpos, físico, emocional y mental; también que nos manifestamos, nos movemos
y vivimos nuestra vida, desarrollamos nuestros propósitos, atrayendo hacia sí
átomos de sustancia adecuados a nuestra necesidad para poder así realizar los
necesarios contactos. Estos átomos son, para nosotros, la vida central, lo que
los electrones para la carga central positiva en el átomo de sustancia.
Después comprendimos que si esto es verdad, es decir, si existe una etapa
autocentrada o período estrictamente atómico para el átomo y para el átomo
humano, entonces se podría decir lo mismo del átomo del planeta, habitado por
su Vida central espiritual. De allí entramos en el campo de las conjeturas y
consideramos que todo lo que transcurre en el planeta se debe a la condición
autocentrada de la Entidad que lleva a cabo su propósito por medio del planeta.
Finalmente introducimos la misma idea en conexión con el sistema solar.
Pasamos luego a
considerar la segunda etapa, la radiactiva, que los científicos están
estudiando desde hace veinte años en conexión con el átomo químico y físico, y
vimos una condición análoga en la evolución del átomo humano, pero precedida
por un período paralelo al de la etapa atómica, donde el hombre es puramente
egoísta, totalmente autocentrado y no le interesa el bienestar del grupo del
cual forma parte. Esta etapa previa es muy evidente hoy en el mundo. Un gran
porcentaje de la familia humana se halla en la etapa atómica, pero recordemos
que es una etapa protectora y necesaria; por ella pasa toda unidad humana durante
el proceso de descubrir su lugar en el grupo, permitiéndole desarrollar algo
que dé valor a ese grupo cuando entre en la segunda etapa.
También hay en el
mundo unidades humanas que están pasando a la segunda etapa y llegando a ser
radiactivas y magnéticas, influyen a otras formas y van siendo conscientes del grupo. Salen de la etapa
del "yo soy" y entran en el conocimiento de "yo soy ése";
comienzan a conocer la vida y propósito de la excelsa Entidad de cuyo cuerpo
son parte; se dan cuenta del propósito detrás de la vida del Espíritu
planetario el impulso subjetivo, subyacente en la manifestación objetiva de la
tierra. Empiezan a colaborar con Sus planes, a trabajar por el mejoramiento de
su grupo, y la diferencia entre ellos y los otros átomos de la familia humana
es que ahora son conscientes del grupo, poseen perspectivas más amplias,
reconocimiento grupal y un propósito mayor. Al mismo tiempo, no pierden su
autoconsciencia ni su identidad individual, y mantienen su propia vida esferoidal,
pero no aplican a sus propios planes la fuerza y la energía que afluye a través
de ellos, sino en la inteligente colaboración con la excelsa Vida de la cual
forman parte. Dichos hombres son pocos y vienen de vez en cuando, pero cuando
sean más numerosos, entonces podremos esperar un cambio en las condiciones del mundo, y también la llegada
de ese momento de que habla San Pablo, cuando dice: "No deberá haber
desavenencia en el cuerpo, sino que los miembros deben cuidarse mutuamente. Si
un miembro padece, todos sufren con él, y si un miembro es honrado, todos se
regocijan con él... El mismo Dios actúa en todos. Hay diversidad de dones, pero
el mismo espíritu; hay diversidad de ministerios o servicios, pero el mismo
Señor". Cuando todos seamos conscientes del grupo, entonces lo seremos del
propósito subyacente en la manifestación, en nuestro planeta; cuando seamos
conscientemente activos y apliquemos nuestra energía en llevar a cabo los
planes del grupo, entonces llegará lo que los cristianos llaman el "milenio".
Ahora bien, si
tenemos en la evolución del átomo de la sustancia y en el humano, ambas etapas,
y si son la base de todo futuro desarrollo, entonces dentro del átomo planetario
tendremos las mismas dos etapas, aquella en que la Vida planetaria lleva a cabo
Sus propios planes, y otra donde colabora con los planes superiores de la Vida
que anima al sistema solar. Como aún no puedo entrevistar al Espíritu
planetario, no puedo decir si colabora con los propósitos del Logos solar, pero
podemos tener una idea general del propósito, estudiando la evolución de la
raza y el desarrollo de los grandes planes internacionales en el planeta.
También debe recordarse que aunque los seres humanos nos consideramos como la
manifestación más elevada en el planeta, puede haber otras evoluciones, a
través de las cuales pudiera estar actuando la Vida central y de la cual muy
poco sabemos. No sólo debemos estudiar al hombre, sino también la evolución
angélica o dévica, como la llama el hinduista. Esto nos abre un dilatado campo
de estudio y reflexión.
En el sistema solar
esperamos hallar además análogas etapas, y probablemente la gran Vida que anima
el entero sistema solar, esa gran Entidad que utiliza al sistema solar para
llevar a cabo un definido propósito, lo energetiza por medio de estos grandes
centros de fuerza que llamamos átomos planetarios, que a su vez actúan por
medio de centros menores o grupos, haciendo descender su energía a través de
los grupos de átomos humanos, a los distintos reinos de la naturaleza, y así al
minúsculo átomo de sustancia que refleja a su vez todo el sistema solar. Si
meditamos sobre esta cuestión de la vida atómica, resulta muy interesante y nos
introduce en múltiples conjeturas. Uno de los puntos más interesantes que nos
ofrece es la íntima correlación, la estrecha interacción de los diversos átomos
y la omnipenetrante unidad que finalmente debemos reconocer. Si hemos
descubierto que en la evolución de los átomos de todo tipo llega una etapa en
que palpan y buscan su lugar en el grupo, y de positivos se convierten en
negativos, en lo que respecta a una vida mayor, si es verdad que en estas
manifestaciones de conciencia hay una etapa autoconsciente y otra de conciencia
grupal, ¿no sería lógico y posible, después de todo, que nuestro sistema solar
sea sólo un átomo dentro de un todo mayor? ¿No habrá para nuestro sistema solar
y Logos solar, una vida central más grande hacia la cual el espíritu animador,
dentro de la esfera solar, sea gradualmente atraído y a cuya conciencia aspira
nuestra deidad? ¿Se observan en alguna parte, indicios de esta fuerza atractiva
o meta? ¿Hay mayores esferas de vida solares fuera de nuestro sistema, que
producen un definido efecto sobre él? Todo esto puede ser una mera conjetura,
pero ofrece puntos interesantes. Si consultamos los tratados de astronomía
para averiguar si lo afirman los astrónomos, hallaremos muchas opiniones
contradictorias. Unos dicen que en las Pléyades hay un punto central en cuyo
torno gira nuestro sistema planetario, y otros declaran que el punto de
atracción magnética está en la constelación de Hércules, y por otra parte otros
lo contradicen rotundamente. Algunos astrónomos hablan de "deslizamientos
de estrellas" y dicen que van hacia una dirección específica, mientras otros
arguyen que en distancias tan vastas no es posible determinar si ciertos
sistemas siguen o no una órbita definida.
Sin embargo, si
consultamos los antiguos libros mitológicos, podremos definir el mito como
algo que oculta una gran verdad, hasta comprenderla, y si estudiamos los
antiguos libros de Oriente, hallaremos que todos aluden a dos o tres
constelaciones que poseen una relación íntima y peculiar con nuestro sistema
solar. Respecto a esto los modernos astrónomos mantienen una actitud agnóstica,
que corresponde al punto de vista de la ciencia materialista. Lo que trato de
acentuar es que un tópico sobre el cual están divididos y discuten los
astrónomos, y que sin embargo exponen tan claramente los libros orientales,
debe basarse en la realidad científica y en que probablemente hay algo de
verdad en tal afirmación. Mi sugerencia personal sobre este aspecto de la
verdad no reside en la interpretación física, sino en la Conciencia; que
la evolución síquica se está llevando a cabo en el átomo (empleando la palabra
síquica en sentido de conciencia subjetiva), puesto que está insinuada en
dichos libros, subrayando la oculta relación que tenemos con otros sistemas
solares. Quizás aquí encontremos la verdad. La vida subjetiva puede ser una, la
energía que fluye entre ellas también puede ser una; pero en las formas físicas
reside la diversidad. Quizás en la evolución de la inteligencia, en la
manifestación del amor, o conciencia grupal, y en el desarrollo de la voluntad,
o propósito, reside la unidad, la unicidad de la vida subjetiva y el eventual
reconocimiento de que sólo en la forma existe separación y diferenciación.
Al considerar este asunto, los libros
orientales dicen que las siete estrellas de la Osa Mayor, las siete estrellas
de las Pléyades y el sol Sirio, están en íntima relación con nuestro sistema
solar y tienen estrecha relación psicomagnética con nuestro Logos solar.
Hemos visto que la meta para el átomo de la
sustancia es la autoconsciencia, y que para la entidad que está evolucionando
a través de un planeta, la meta puede ser la conciencia de Dios. Pero,
lógicamente, al considerar al Logos solar fallan las palabras; sin embargo,
para Él también debe haber una meta, que bien podríamos denominar Conciencia
Absoluta. Daré un ejemplo: se dice que nuestro cuerpo está constituido por
multitud de pequeñas vidas, células o átomos, poseyendo cada uno su propia
conciencia individual o autoconsciencia. La conciencia del cuerpo físico,
considerado en conjunto, podría ser, desde el punto de vista del átomo, como su
conciencia grupal. Después tenemos la conciencia del hombre, el pensador, que
energetiza al cuerpo, lo maneja a voluntad, y es para el átomo de su cuerpo,
análogamente a lo que denominamos conciencia de Dios. Nuestro conocimiento
autoconsciente se halla tan lejos del átomo, como la conciencia del Logos solar
está de la nuestra. Para el átomo del cuerpo humano, esa conciencia del Logos
solar, ¿no podría ser la denominada Conciencia Absoluta? Esta idea puede
extenderse al átomo humano y al átomo planetario, de modo que el Logos solar
tiende a una conciencia más allá de la propia, análoga a la que se extiende
entre nuestro átomo y el de Él. Aquí se nos abre una maravillosa perspectiva
sumamente alentadora, porque si estudiamos la célula del cuerpo físico y
consideramos la enorme distancia recorrida entre su conciencia y la humana,
tenemos la promesa y la esperanza de una futura realización y el incentivo
para perseverar en nuestro esfuerzo.
Los antiguos libros
de Oriente han mantenido en secreto durante largos siglos muchas verdades que
hoy empiezan a introducirse en la conciencia del occidental. Enseñaron hace
miles de años la radiactividad de la materia, y quizás después de todo puede
haber el mismo fondo de verdad en su enseñanza sobre las constelaciones. Acaso
en las estrellas que vemos en el lejano firmamento, y en la vida que en ellas
evoluciona, esté la meta de nuestro Logos solar, y las influencias que afluyen
hacia él, lo atraen y a su debido tiempo lo hacen radiactivo. Los libros orientales
dicen que en el sol Sirio está la fuente de la sabiduría y que de allí emana la
influencia o energía del amor. También dicen que hay una constelación que está
más estrechamente vinculada a nuestro Logos solar, debido a que Éste no ha
evolucionado bastante para responder completamente a Sirio, pero puede
responder a la influencia de las siete hermanas, las Pléyades, que es una
interesante constelación. Si consultamos en un diccionario la palabra
"electricidad", hallaremos que se refiere etimológicamente a la
estrella Electra, una de las siete hermanas, que para algunos es la
Pléyade perdida. Los instructores orientales dicen que en el misterio de la
electricidad está oculto todo conocimiento, y que cuando lo sondemos,
conoceremos todo lo conocible. No es posible decir qué relación existe entre
las Pléyades y nuestro sistema solar; pero la Biblia cristiana reconoce tal
relación, pues Job habla de la "dulce influencia de las Pléyades", y
alguna de las Escrituras orientales afirman que la conexión reside en el sonido
o vibración. Quizás las Pléyades son la fuente de la vida atómica de nuestro
Logos, el activo aspecto inteligente, el primero que se desarrolló y al que
podríamos llamar materia eléctrica.
Tenemos luego la Osa Mayor. Mucho de
interés dicen los escritos orientales acerca de la relación entre las Pléyades
y la Osa Mayor. Se dice que las siete hermanas son las siete esposas de las
siete estrellas de la Osa Mayor. ¿Qué verdad encubre esta leyenda? Si las
Pléyades son la fuente de la manifestación eléctrica, el activo aspecto
inteligente del sistema solar y la energía que anima a toda materia, pueden
representar el aspecto negativo, cuyo polo opuesto o positivo serían sus siete
esposos, las siete estrellas de la Osa Mayor. Quizás la unión de ambas
constelaciones engendró nuestro sistema solar. Acaso estos dos tipos de
energía, el de las Pléyades y el de la Osa Mayor, al unirse en su conjunción,
produzcan y sigan produciendo el surgimiento en los cielos de lo que llamamos
nuestro sistema solar.
La relación de ambas constelaciones o más
bien su relación subjetiva, debe tener una base real, pues de lo contrario no
la insinuarían las diversas mitologías. Debe haber algo que las relaciona entre
las miríadas de constelaciones, con nuestro sistema solar. Pero nos extraviamos
cuando tratamos de aplicarla en forma puramente física. En cambio, si la
definimos en líneas de la vida subjetiva y la conectamos con la energía,
cualidad o fuerza, probablemente tropecemos con la verdad y descubramos algo
de la realidad subyacente en lo que a primera vista parece una disparatada
fábula. Todo cuanto dilate nuestro horizonte y nos permita ampliar la visión y
obtener una clara perspectiva de lo que sucede en el proceso evolutivo, será
muy valioso, no por lo que valga la acumulación de hechos comprobados, sino por
lo que permite acrecentar dentro de nosotros mismos, acrecentar nuestra
capacidad de pensar en términos más amplios, ver más allá de nuestro
autocentrado punto de vista e incluir en nuestra conciencia aspectos diferentes
del nuestro. Al hacerlo desarrollamos la conciencia grupal y llegamos
eventualmente a comprender que los hechos aparentemente maravillosos por los
cuales luchamos y morimos, en el transcurso de los siglos, y destacamos como
toda verdad, fueron, después de todo, simples fragmentos de un plan y porciones
infinitesimales de la gigantesca suma total. Quizás cuando volvamos de nuevo a
la tierra y podamos mirar las cosas que tanto nos interesan ahora y tan
importantes nos parecen, descubramos cuán erróneos eran los hechos tal como los
captamos entonces. Después de todo, los hechos no tienen importancia; no la
tienen ahora los hechos del último siglo, y en el próximo siglo los científicos
se reirán de nuestras aseveraciones dogmáticas y se admirarán de cómo
observábamos la materia. Lo importante en realidad es el desarrollo de la vida
y su relación con lo que la circunda, y aún mayormente el efecto que producimos
con quienes estamos asociados y el trabajo que realizamos, que afecta para bien
o mal, al grupo al cual pertenecemos.
Al cerrar esta serie de conferencias no
puedo hacer nada mejor que citar las palabras de San Pablo: "Porque tengo
por cierto que las aflicciones del tiempo presente, no son comparables con la
gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse... porque somos salvados por
la esperanza... por lo cual estoy seguro de que ni la muerte ni la vida, ni
ángeles ni principados, ni potestades, ni lo presente ni lo por venir, ni lo
alto ni lo profundo, ni ninguna cosa creada, nos podrá separar del amor de
Dios..."
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