Del
Intelecto a la Intuición
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul
(Alice A. Bailey)
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Capítulo Primero
CONCEPTOS DE INTRODUCCIÓN
“El método
científico –independientemente del estrecho punto de vista agnóstico y
pragmático –es incompleto e insuficiente por sí mismo– para establecer contacto
con la realidad, exige por lo tanto el complemento de algo
metafísico."
Joseph
Maréchal, S. J.
El amplio interés que el tema de la meditación ha
despertado en la actualidad,
evidencia una necesidad mundial que exige clara comprensión. Cuando descubrimos
una tendencia popular hacia cualquier dirección unilateral constante, podemos
con certeza deducir que de ello surgirá algo que la raza necesita en su marcha
hacia delante. Lamentablemente la meditación es considerada por quienes la
definen superficialmente, como un "modo de orar". Sin embargo, se
puede demostrar que en la correcta comprensión del proceso de meditación y en
su acertada adaptación a las necesidades de nuestra civilización moderna, se
encontrará la solución de nuestras dificultades pedagógicas y el método por el
cual será posible llegar a la comprobación de la existencia del alma –ese algo
viviente que llamamos "alma", a falta de un término más adecuado.
El propósito de este libro es dilucidar la naturaleza y
la verdadera significación de la meditación, así como su aplicación en gran
escala en Occidente. Se ha sugerido que, con el tiempo, suplantará a los
métodos actuales de entrenar la memoria y llegará a ser un potente factor en
los procedimientos pedagógicos modernos. Este tema ha preocupado a los
pensadores de Oriente y Occidente durante miles de años, y esta similitud de
interés es en sí misma importante. Los nuevos desarrollos que llevarán a la
raza adelante por el sendero de su conciencia en desenvolvimiento, tomarán el
camino de la síntesis. El crecimiento del conocimiento humano debe producirse
por la fusión de las técnicas oriental y occidental ira el entrenamiento de la
mente. Esto se está logrando rápidamente y los pensadores de ambos hemisferios
comprenden que esta fusión lleva hacia un conocimiento más significativo. Edward
Carpenter 1 dice:
“Parece que ha llegado el momento, con la
difusión de nuestro conocimiento del globo, en que está teniendo lugar, en
forma natural e inevitable..., una gran síntesis del pensamiento humano... A
consecuencia de esta unión de los elementos, ya están surgiendo los tenues
delineamientos de una filosofía que con toda seguridad debe dominar el
pensamiento humano durante un prolongado período.“
Aquí reside la gloria y la esperanza de la raza
y el triunfo sobresaliente de la ciencia. Somos ahora un sólo pueblo; la
herencia de cualquier raza está a disposición de las demás; las mejores ideas
de los siglos están disponibles para todos; las antiguas técnicas y los métodos
modernos deben unirse e intercambiarse. Cada uno deberá modificar su modo de
presentación y realizar un esfuerzo para comprender el espíritu subyacente que
ha producido una peculiar fraseología y simbología. Pero hechas estas
concesiones se descubrirá que emerge una estructura de la verdad que encarnará
el espíritu de la nueva era. Los pensadores modernos lo comprenden así, y el
Dr. H. A. Overstreet, 2 señala:
"Sospechamos
que la filosofía oriental ha tenido escasa influencia sobre el pensamiento
occidental, debido principalmente al modo de exponerla. Pero existen todas
las razones para
creer que a medida que la
influencia del pensamiento occidental
–particularmente su empecinamiento experimental– se haga sentir en Oriente, se
adoptará una nueva modalidad filosófica, y la profunda espiritualidad del
pensamiento oriental será expresada en forma más aceptable para la mente
occidental."
Hasta ahora ambas escuelas han manifestado mutuo
antagonismo; sin embargo, la búsqueda de la verdad ha sido la misma; el
interés por lo que es y lo que pueda ser, no está confinado a ninguno de los
dos grupos, y los factores con los que han trabajado son los mismos. Aunque la
mente del pensador oriental se deje llevar por la imaginación creadora, y la del
investigador occidental por la realización científica creadora, el mundo que
ambos penetran es curiosamente el mismo; el instrumento del pensamiento que
emplean, se llama "mente" en Occidente y "sustancia mental"
(chitta) en Oriente, y ambos emplean el lenguaje de los símbolos para expresar
sus conclusiones, y alcanzan un punto en que las palabras son inútiles para
incorporar las posibilidades intuidas.
El Dr. C G. Jung, 3 uno de los que
tratan de unir estos elementos hasta ahora discordantes, los toca en el
siguiente párrafo, extraído de su "Comentario sobre un Antiguo Escrito
Chino", que dice:
"La
conciencia occidental no es en manera alguna conciencia general, sino un factor
históricamente condicionado y geográficamente limitado, que representa sólo a
una parte de la humanidad. La expansión de nuestra propia conciencia no debiera
proseguir a expensas de otros tipos de conciencia, sino realizarse mediante el
desenvolvimiento de los elementos de nuestra siquis, análogos a los de una
siquis extranjera, así como Oriente no puede prescindir de nuestra técnica,
ciencia e industria. La invasión europea en Oriente fue un acto de violencia en
gran escala y nos ha dejado el deber –nobleza obliga– de comprender la mente oriental. Esto es
quizá más necesario de lo que creemos hoy."
El Dr. Wm. E. Hocking 4 de Harvard,
también expone la misma idea cuando dice:
"Es
razonable esperar un porvenir físico mejor para la raza, con la ayuda de una
sana higiene mental. Para cuando haya pasado la era de los charlatanes y hasta
cierto punto con la ayuda de los mismos, se vislumbra la posibilidad de un
constante acrecentamiento del
autodominio, a medida que el sentido espiritual de una disciplina como la de la
yoga se combine con los sombríos elementos de la sicología occidental y con un
sensato sistema de ética. Ninguno tiene valor sin el otro."
Quienes estudiaron en ambas escuelas, dicen que
las imágenes místicas de Oriente (lo mismo que de nuestros místicos
occidentales) son nada más que un velo tras el cual han podido penetrar siempre
los dotados de percepción intuitiva. La ciencia de Occidente, al hacer resaltar
la naturaleza de la forma, nos ha conducido también a la esfera de la intuición
y parecería que ambos sistemas podrían fusionarse, y cada un –descartando lo no
esencial– llegar a una comprensión básica recíproca, desarrollando un nuevo
acercamiento al misterio central del hombre, fundado en antiguas y comprobadas
verdades. El Dr. Jung 5 se ocupa de esto en el mismo libro:
"La
ciencia es la mejor herramienta de la mente occidental; con ella pueden abrirse
más puertas que con las manos. Por lo tanto, es parte integrante de nuestra
comprensión, y sólo ofusca nuestra percepción cuando pretende ser el único y
excepcional modo de captación. Pero Oriente nos ha enseñado otra comprensión
más amplia, profunda y superior, es decir, la comprensión por medio de la vida.
Conocemos este medio sólo vagamente, como un mero sentimiento difuso extraído
de la terminología religiosa y, por consiguiente, placenteramente ubicamos la
'sabiduría' oriental entre comillas, y la relegamos a la oscura región de la
fe y de la superstición. Pero de esta manera, el realismo oriental es
enteramente incomprendido. No consiste en intuiciones sentimentales,
exageradamente místicas que bordean lo patológico y emanan de los reclusos
ascéticos y lunáticos. La sabiduría de Oriente está basada en el conocimiento
práctico, y no tenemos la más leve justificación para despreciarla."
El nudo de la situación reside en el
entrenamiento de la mente. La mente humana es el instrumento que podemos
emplear en dos direcciones, hacia lo externo. Al actuar así registra nuestros
contactos con los mundos físico y mental en que vivimos y reconoce las
condiciones emocional y sensoria. Registra y correlaciona nuestras sensaciones,
reacciones y todo lo que le llega por conducto de los cinco sentidos y el
cerebro. Este campo del conocimiento ha sido estudiado extensamente, y mucho
progreso efectuaron los sicólogos al comprender los procesos de la
mentalización. El Dr. George Binney Dibblee 6 cita al Dr. Jung
cuando dice que "pensar es una de las cuatro funciones psicológicas
básicas". Es esa función psicológica que, de acuerdo con sus propias
leyes, pone en conexión conceptual determinadas presentaciones. Es una actividad
perceptible, activa y pasiva. El pensar activo es un acto de la voluntad, el
pensar pasivo una ocurrencia.
Como veremos más adelante, el mecanismo pensante
involucra la meditación y debe entrenarse para agregar, a la primera función de
la mente, la aptitud de ir hacia otra dirección y registrar con igual facilidad
el mundo interno e intangible. Esta aptitud reorientadora permitirá a la mente registrar el mundo de
realidades subjetivas, de percepción intuitiva y de ideas abstractas. Esta
elevada herencia del místico, al parecer, no está aún al alcance del hombre
medio.
El problema que hoy enfrenta la familia humana,
en el campo de la ciencia y de la religión, se debe a que quien sigue a ambas,
descubre que se halla en el portal de un mundo metafísico. Ha llegado a su fin
un ciclo de desenvolvimiento. El hombre como entidad pensante y sensoria parece
haber llegado a una comprensión, bastante completa, del instrumento con el cual
debe trabajar.
Y se pregunta: ¿En qué podrá emplearlo? ¿Adónde lo
conducirá esa mente que poco a poco está aprendiendo a dominar?
¿Qué le tiene reservado el futuro al hombre?
Algo que sentimos de mayor belleza y certidumbre que lo conocido hasta ahora.
Quizá llegaremos universalmente a ese conocimiento que el místico individual
ha obtenido. Nuestros oídos se ensordecen por el ruido de nuestra civilización
moderna y, no obstante, captamos a veces sobretonos que testimonian la existencia de un mundo
inmaterial. Nuestros ojos están cegados por la niebla y el humo de nuestro
primer plano inmediato, no obstante llegan destellos de clara visión, que
revelan un estado del ser más sutil y disipan la niebla, permitiendo ver
"la gloria que jamás existió en mar o tierra". El Dr. Charles Bennet7
de Yale, expresa estas ideas en términos muy hermosos:
"Cae
el velo de los ojos y aparece el mundo bajo una nueva luz.
Las cosas ya no son comunes; llega la certeza de que éste es el mundo real, cuyo verdadero carácter ha permanecido oculto debido a W ceguera humana."
Allí donde los sistemas giratorios
se oscurecen
y se remontan nuestros insensibles conceptos,
aunque prestemos atención,
no percibiremos la caída de una pluma,
cuando hace impacto sobre nuestras puertas
clausuradas
con
arcilla.
Los ángeles ocupan sus antiguos puestos.
¡Ni una sola piedra mueven, ni baten un ala!
Eres tú y tu extraño rostro,
el que no percibe al multiesplendoroso ser.
"La
experiencia al principio es tentadora e ilusionante. Se percibe el rumor de un
mundo nuevo y el espíritu ansía emprender el viaje sobre mares desconocidos. El
mundo familiar debe dejarse atrás. Comienza la gran aventura religiosa. . .
"
"En
alguna parte existe una certidumbre. Un universo en desarrollo puede
proporcionar un abierto porvenir, pero quien afirme que el universo está en
desarrollo, afirmará un hecho inalterable acerca de su propia estructura, cuya
realidad es la eterna garantía de la posibilidad y de la validez del
experimento..."
"El
hombre es un puente. Aun el superhombre, cuando nos demos cuenta que es sólo el
símbolo de un arduo ideal, resultara ser también un puente. Nuestra única
seguridad reside en que las puertas del futuro están siempre abiertas."
Posiblemente el problema consiste en que los
portales del porvenir se abren sobre un mundo inmaterial y un reino intangible,
metafísico Y supersensorio. Hemos agotado completamente los recursos del mundo
material, pero no hemos aprendido aún a actuar en el mundo inmaterial, llegando
a veces hasta negar su existencia. Encaramos la inevitable experiencia que
llamamos muerte, sin embargo, no damos los pasos racionales para determinar si
realmente existe una vida más allá. Los progresos de la evolución han
producido una raza maravillosa, dotada de un mecanismo sensorio de respuesta y
de una mente razonadora. Poseemos los rudimentos de un sentido denominado
intuición, y así equipados permanecemos ante las puertas del porvenir y
formulamos la pregunta: ¿A qué dedicaremos este mecanismo complejo que llamamos
ser humano? ¿Hemos llegado a nuestro pleno desarrollo? ¿Existen aspectos de la
vida que escaparon hasta ahora a nuestra atención, debido a que tenemos poderes
latentes y capacidades que aún no comprendemos? ¿Es posible que estemos ciegos
a un vasto mundo de vida y belleza, con leyes y fenómenos propios? Los místicos, los videntes y los pensadores
de todas las épocas y de ambos hemisferios, han afirmado que tal mundo existe.
Con su
equipo, que podríamos llamar personalidad, el hombre tiene un pasado, un
presente caótico y un porvenir imposible de vislumbrar. No puede permanecer
estático; debe avanzar. Vastas organizaciones pedagógicas, filosóficas,
científicas y religiosas, se esfuerzan al máximo para indicar el camino a
seguir y ofrecer una solución a su problema.
Lo estático
y cristalizado se desmorona con el tiempo, y donde cesa el crecimiento se
producen anormalidades y retrocesos. Alguien ha dicho que debemos evitar el
peligro de la "personalidad desintegrada". Si la humanidad no
constituye una potencialidad, si el hombre ha llegado al cenit y no puede ir
más allá, deberá reconocerlo y procurar, en lo posible, que su decadencia y
caída sean fáciles y hermosas. Resulta alentador observar que ya en 1850
llegaron a percibirse vagamente los difusos contornos del portal que da entrada
a una nueva era, y los pensadores de esa época demostraron gran preocupación
por que el hombre aprendiera la lección y siguiera adelante. Las palabras de
Carlyle8 citadas en el libro de L. P. Jacks, describen
apropiadamente la época actual:
"Hasta
los tontos se detienen a preguntar qué significa la época que estamos pasando;
pocas generaciones han tenido días tan impresionantes. Días de interminables
calamidades, derrumbes, desorganizaciones, dislocamientos y confusiones cada
vez peores... Necesitamos algo más que una esperanza, pues la rutina... es
universal. Debe haber un nuevo mundo si queremos que exista el mundo. Es muy
remota la esperanza de que los seres humanos de Europa vuelvan a la antigua y
penosa rutina, para seguir adelante constante y firmemente. Estos días de
mortandad universal deberán ser de renacimiento universal, para que la ruina no
sea total ni definitiva. Ha llegado el momento de que el más torpe se preocupe
por saber de dónde viene y hacia dónde va."
Mirando retrospectivamente, los setenta y tantos
años transcurridos desde que Carlyle escribió dichas palabras, nos consta que
el género humano ha ido adelante. Se inauguró la era de la electricidad y
todos conocemos los maravillosos descubrimientos de la ciencia de nuestra
época. Por lo tanto en momentos de nuevas crisis, podemos seguir adelante con
optimismo y verdadero valor, pues los portales de la nueva era se perciben con
mayor claridad que antes. Quizás sea verdad que el hombre recién está llegando
a su mayoría de edad, y en vísperas de entrar en posesión de su herencia
descubra dentro de sí mismo poderes, aptitudes, facultades y tendencias que
garantizan una madurez útil, vital y una vida eterna. Estamos finalizando la
etapa en que dimos gran importancia al mecanismo y al conjunto de células que
constituyen el cuerpo y el cerebro, con su reacción automática al placer, dolor
y pensamiento. Sabemos mucho acerca del Hombre, la máquina. Hemos contraído una
gran deuda con la escuela mecanicista de
sicología, por sus descubrimientos sobre el mecanismo por el cual el ser humano
se pone en contacto con su medio ambiente. Pero existen hombres entre
nosotros que no son meras máquinas, lo que nos concede el derecho de medir
nuestras máximas aptitudes y grandeza en potencia, comparándolas con lo que
han realizado los más grandes hombres, los cuales no son "rarezas"
del capricho divino ni de los ciegos impulsos evolutivos, sino la garantía de la realización final del
conjunto.
Irving Babbit9 hace observar en su
libro que hay algo en la naturaleza del hombre "que lo diferencia, simplemente
como hombre, de otros animales", y a ese algo lo define Cicerón como
"sentido del orden, del decoro y de la mesura en los hechos y las palabras".
Babbit10 añade (y esto es algo digno de observarse) que "el
mundo será mejor si un mayor número de personas estuvieran seguros de que son
humanos, antes de tratar de ser superhumanos". Probablemente existe una
etapa intermedia donde actuamos como hombres, mantenemos relaciones humanas y
desempeñamos nuestras debidas obligaciones, cumpliendo de esta manera nuestro
temporal destino. Aquí surge el interrogante de si tal etapa sería generalmente
posible, teniendo en cuenta que en la actualidad existen millones de
analfabetos en nuestro planeta.
Pero a la
par de esta tendencia a lograr una humanidad pura, y apartarse de la
regimentación del ente humano, surge un grupo denominado místico, que nos da
testimonio de la existencia de otro mundo de experiencias y de contactos y fe
de realizaciones personales, manifestaciones y satisfacciones fenoménicas,
desconocidas por el hombre común. El Dr. Bennet11 dice: "los
mismos místicos describen lo que han obtenido, como visión, del significado del
Universo y de que todas las cosas están unidas. Ellos Han descubierto la
clave". Los místicos han aparecido en el transcurso de las épocas y al
unísono han proclamado: Existe otro reino de la naturaleza con sus propias
leyes, fenómenos y relaciones íntimas. Es el reino del espíritu. Lo hemos
descubierto y todos pueden comprobar su naturaleza. Estos testigos forman dos
grupos; uno, de buscadores puramente místicos y emotivos, quienes al percibir
la visión caen en un rapto de iluminación ante la belleza presentida; el otro,
de conocedores, que añaden al rapto emotivo la realización intelectual
(orientación de la mente), permitiéndoles hacer algo más que presentir y gozar.
Comprenden, conocen y se han identificado con ese nuevo mundo del ser al que
aspira el místico puro. La línea demarcatoria, entre los conocedores de las
cosas divinas y quienes perciban la visión, es muy tenue.
No
obstante, entre ambos grupos existe una tierra de nadie donde tiene lugar una
gran transición. Se establece un intervalo entre la experiencia y el
desarrollo, donde el místico visionario se trasforma en conocedor práctico.
Existen también un proceso y técnica a los que el místico se somete a fin de
coordinar y desarrollar en él un nuevo y sutil mecanismo, por el cual ya no percibe
la visión de la realidad divina, sino que sabe que él es esa realidad. La
técnica de la meditación tiene que ver con el proceso de transición y con la
tarea de educar al místico. Este libro se ocupa de esa técnica.
El problema
de conducir al hombre a tomar posesión de su herencia, como ser humano, es
función de los educadores y de los sicólogos y deberán conducirlo al portal del
mundo místico. Por paradójico que parezca, la misión de ponerlo en posesión de
su herencia espiritual corresponde a la religión y a la ciencia. El Dr. Pupin12
dice: "la ciencia y la religión se complementan mutuamente y son los dos
pilares del portal que el alma humana atraviesa para penetrar en el mundo
donde reside la divinidad".
Debemos dar a la palabra "espiritual"
un significado más amplio. No me refiero a las verdades religiosas, pues las
exposiciones de los teólogos y de los eclesiásticos de las grandes
organizaciones religiosas, orientales y occidentales, pueden ser o no
verdaderas. Empleamos la palabra "espiritual" para significar el
mundo de luz y belleza, de orden y propósito, mencionado en las Escrituras, objeto
de detenida investigación por parte de los científicos, y en el cual han
penetrado los precursores de la familia humana y han regresado de él para
relatarnos sus experiencias. Consideremos espirituales todas las
manifestaciones de la vida, y así ampliaremos lo que comúnmente entendemos por
esta palabra, a fin de significar las energías y potencias subyacentes en todas
las formas de la naturaleza, que otorgan a cada una su esencial característica
y cualidad distintivas. Durante miles de años, en todo el planeta, los místicos
y conocedores dieron testimonio de experiencias en mundos más sutiles, donde
tuvieron contacto con fuerzas y fenómenos que no pertenecen a este mundo
físico. Hablan de haber encontrado huestes angélicas; hacen referencia a la
gran nube de testigos; se comunican con los hermanos mayores de la raza que
trabajan en otras dimensiones, y manifiestan poderes acerca de los cuales el
ser humano común nada sabe; hablan de una luz y una gloria, de un conocimiento
directo de la verdad y de un mundo fenoménico, idéntico al de los místicos de
todas las razas. Quizá sea verdad que gran parte de estos testimonios puedan
ser considerados como alucinaciones; también puede ser verdad que muchos de
los santos de la antigüedad fueron casos sicopáticos y neuróticos, pero queda un
resto de testimonios y un número suficiente de testigos intachables que lo
corroboran y nos obligan a creerlo. Estos testigos de los mundos invisibles
hablaron con palabras categóricas y dieron mensajes que moldearon las ideas de
los hombres y dirigieron la vida de millones de seres. Afirmaron que existía
una ciencia del conocimiento espiritual y una técnica de desarrollo, mediante
las cuales los hombres podrían alcanzar la experiencia mística y así conocer a
Dios.
Ésta es la ciencia que vamos a estudiar en este
libro y la técnica que trataremos de desarrollar. Concierne al correcto empleo
de la mente, por el cual el mundo de las almas se revela a sí mismo y se
descubre y abre la puerta secreta que conduce de la oscuridad a la luz, de la
muerte a la inmortalidad y de lo irreal a lo real.
La solución definitiva de nuestro problema
mundial depende de que alcancemos este conocimiento –conocimiento que no es ni
oriental ni occidental, pertenece a ambos. Cuando nos hayamos unido con
Oriente, fusionando los mejores pensamientos de Oriente y Occidente, tendremos
una enseñanza sintética y equilibrada que liberará a las futuras generaciones,
debiendo empezar en el campo de la educación y con la juventud.
En Occidente la conciencia se ha enfocado en los
aspectos materiales de la vida y todo nuestro poder mental se ha concentrado
en el control y utilización de las cosas materiales, en el perfeccionamiento de
las comodidades físicas y en la adquisición y acumulación de posesiones. En
Oriente, donde las realidades espirituales se mantienen en forma más uniforme,
el poder mental se ha empleado en la concentración y la meditación y en profundos
estudios filosóficos y metafísicos; pero las masas, incapaces de estas
actividades, se hallan en condiciones notoria y peculiarmente terribles, desde
el punto de vista de la vida física. Mediante la fusión del progreso de ambas
civilizaciones (llevado ahora con creciente rapidez) se está obteniendo un
equilibrio, gracias al cual toda la humanidad será capaz de manifestar su plena
potencia. Oriente y Occidente irán aprendiendo gradualmente a compartir, en
beneficio mutuo. La tarea en este campo es una de las cosas fundamentales y
necesarias del actual ciclo.
Notas:
1.
The Art of Creation, pág. 7.
2.
Tite Enduring Quest, pág. 271.
3.
El Secreto de la Flor de Oro.
4.
Self, Its Body and Freedom, pág. 75.
5.
El Secreto de la Flor de Oro.
6.
Instinet and Intuitión, pág. 85.
7.
A Philosophical Study of Mysticism, pág. 23, 117,
130.
8.
Religious perplexities, pág. 46
9.
Humanísm: An Essay at Definition.
10.
Ídem.
11.
A Philosophical Study Of Mysticism, Pág. 81
12.
The New Reformation, pág. 217.
EL PROPÓSITO DE LA EDUCACIÓN
"... la educación está sufriendo
importantes transformaciones. Desde el proceso relativamente externo de
inculcar hechos, se está convirtiendo en un creciente proceso de evocar las
posibilidades generadoras más profundas que residen en el individuo."
H. A. Overstreet
UNO de los
muchos factores que han traído a la humanidad a su actual etapa de desarrollo,
es el desenvolvimiento y perfeccionamiento de los métodos y sistemas
educativos. En su comienzo estaban en manos de las religiones organizadas,
pero en la actualidad prácticamente están en manos del Estado y fuera del
control de los grupos religiosos. En el pasado la educación ha estado en gran
parte matizada por la teología, y los métodos eran dictados por los eclesiásticos
y los sacerdotes. En la actualidad el vasto grupo de maestros es entrenado por
el Estado; no existen prejuicios
religiosos debido a los numerosos y diferenciados grupos religiosos, y
la tendencia de la enseñanza es casi totalmente materialista y científica.
Antiguamente, tanto en Oriente como en Occidente, se educaba sólo a los
miembros más altamente evolucionados de la familia humana. Hoy tenemos la
educación masiva. Al tratar la comprensión del futuro y (según creemos) la
educación superior, deben tenerse en cuenta estos dos hechos, porque
encontraremos el camino de salida en la síntesis de dos métodos: la educación
individual y masiva, la religiosa y la científica.
Análogamente, como todo
lo demás en este período de transición, nuestros sistemas pedagógicos se
encuentran en estado de fluidez y cambio. Hay un sentimiento general de que se
ha realizado bastante para elevar el nivel de la mente humana, conjuntamente
con una profunda corriente de disconformidad por los resultados. Cabe
preguntarse si nuestros sistemas pedagógicos están logrando el máximo bien
posible. Valoramos el enorme avance hecho durante los últimos doscientos años,
no obstante nos preguntamos si después de todo obtenemos el máximo beneficio de
la vida, posible para un pueblo que tiene un sistema adecuado de educación.
Nos sentimos íntimamente satisfechos de la extensión de nuestros conocimientos,
de la masa de datos acumulados, de nuestro control sobre las fuerzas de la
naturaleza; a pesar de todo seguirnos debatiendo la cuestión de si hemos
introducido una verdadera cultura. Enseñamos a nuestros niños a aprender de
memoria una enorme colección de hechos y asimilar una vasta variedad de
detalles extensamente diversificados y, sin embargo, a veces dudamos de si les
enseñamos a vivir más satisfactoriamente. Gastamos miles de millones de dinero
para construir y subvencionar Universidades e Institutos y, no obstante, los
educadores de más amplia visión se preocupan seriamente de si la educación
organizada satisface realmente las necesidades del ciudadano común.
Ciertamente parece que fracasaran en su misión de educar al niño que sale de lo
común y al hombre o mujer dotados. De acuerdo a nuestro entrenamiento, la
juventud parece hallarse ante el tribunal que ha de juzgarla. Sólo el porvenir
dirá si se hallará algún camino de salida por el cual la cultura del individuo
pueda marchar paralelamente a la civilización de las masas mediante la
educación.
En una era de realización
científica y de pensamiento sintético, en todas las esferas del conocimiento
humano, uno de nuestros educadores, el Dr. Rufus M. Jones1 dice:
"Pero ninguna de estas realizaciones nos hace mejores. No existe
equivalencia entre la cuenta corriente bancaria y la bondad del corazón.
Conocimiento no es en manera alguna sinónimo de sabiduría o de nobleza de
espíritu... En el mundo nunca se vio un ejército tan numeroso de educadores
trabajando para la juventud del país, ni hubo en toda la historia del mundo
presupuestos tan generosos para la educación, tanto primaria como secundaria.
El resultado total, sin embargo, es descorazonador, y falla por su base.
Nuestras instituciones de enseñanza producen algunos buenos escolares y
proporcionan una masa de hechos científicos a un gran número de estudiantes,
pero es un lamentable fracaso como función principal de la educación, que es, o
debería ser, la formación del carácter, la cultura del espíritu y el
desenvolvimiento del alma."
En Asia y Europa antiguas, se
entrenó y cultivó al individuo hasta el siglo xviii.
Se entrenó intensivamente a las clases llamadas altas, y a quien manifestaba
marcadas aptitudes para la cultura espiritual. Bajo el sistema brahmánico de
Oriente y en los monasterios de Occidente, se dio una cultura especializada a
quienes podían beneficiarse con ella, y así surgieron los destacados individuos
que hasta la fecha han dejado su impronta en el pensamiento humano. El mundo
occidental ha sustituido esto por la educación masiva. Por primera vez se
enseña a miles de hombres a utilizar sus mentes, empiezan a afirmar sus propias
individualidades y a formular sus propias ideas. La libertad del pensamiento
humano, su liberación de todo control teológico, religioso o científico, son
el grito de guerra del presente, y mucho se ha logrado. Las masas empiezan a
pensar por sí mismas, pero es mayormente un pensar masivo, y la incierta
opinión pública moldea ahora el pensamiento como lo hacían antes las teologías.
El individuo precursor enfrenta muchas dificultades para hacer sentir su
influencia en el actual mundo del pensamiento y del esfuerzo, como sucedía
antiguamente.
Quizá, con el girar de la gran
rueda de la vida tengamos que volver a los antiguos métodos de dar
entrenamiento especializado a un determinado individuo, lo cual no significará
el abandono del sistema educativo masivo. De esta manera se unificarán definitivamente
los métodos del pasado y de Oriente, con los del presente y de Occidente.
Antes de considerar ambos
métodos, intentaremos definir la educación, determinar su meta y así aclarar
nuestras ideas respecto a los objetivos hacia los cuales deben dirigirse todos
nuestros esfuerzos.
Esto no es fácil. Si
consideramos su aspecto menos interesante, podría definirse a la educación como
el acto de impartir conocimientos a un alumno, que generalmente no está
dispuesto, y recibe un conjunto de informaciones que no le interesan en lo más
mínimo. Emite una nota árida y vacía, se ocupa principalmente de entrenar la
memoria, hace conocer los denominados hechos concretos, e impartir al
estudiante algún conocimiento sobre un vasto número de temas, sin relación
entre sí. Sin embargo, literalmente, la palabra educación significa "guiar fuera
de" o "extraer", lo cual es muy instructivo. La idea latente en
este concepto es que deberíamos extraer de los instintos y de las
potencialidades inherentes al niño, a fin de guiarlo de un estado de conciencia
a otro más amplio. De esta manera se guiará por ejemplo a los niños que
simplemente son conscientes de que están vivos, hacia un estado de
autoconciencia; se los hará conscientes de sí mismos y de sus relaciones
grupales; se les enseñará a desarrollar los poderes y facultades, especialmente
por medio del entrenamiento vocacional, para llegar a ser económicamente
independientes, y miembros de la sociedad, que se bastan a sí mismos. Se les
explota su instinto de autoconservación, a fin de conducirlos por el camino del
conocimiento. Podría decirse, ¿se empieza a utilizar su mecanismo instintivo
para conducirlos hacia el camino del intelecto? Quizá sea así, pero dudo que
habiéndolos conducido hasta aquí, se lleve a cabo la buena obra y se les enseñe
el verdadero significado de la intelección, como entrenamiento para
desarrollar la intuición. Se les enseña a utilizar su instinto e intelecto,
como parte del mecanismo de autoconservación en el mundo externo de las
actividades humanas, pero el empleo de la razón pura y el eventual control de
la mente por la intuición, durante el trabajo de autopreservación y de
continuidad de la conciencia en los mundos subjetivos y reales, es aún
conocimiento privilegiado de unos pocos precursores.
Si el Prof. H. Wildon Carr 2
está en lo cierto al definir la intuición como "la captación por la
mente, de la realidad directamente tal cual es, no bajo la forma de una
percepción o concepto, ni como una idea u objeto de la razón, todo lo cual, por
contraste, es captación intelectual."
Clasificamos la ciencia de la
mente, o "las modificaciones del principio pensante" según el indú lo
llama, como estrictamente humanas, relegando las reacciones instintivas del
hombre al grupo de cualidades que posee en común con los animales. Quizá sea
posible que la ciencia de la intuición, el arte de la clara visión sintética,
pueda algún día ser para el intelecto lo que éste es para la facultad
instintiva.
El Dr. G. B. Dibblee,3
hace interesantes comentarios sobre el instinto y la intuición, que tienen
cabida aquí debido a que abogamos por el reconocimiento de una técnica
educativa que conduzca al desarrollo de la facultad de la percepción superior,
dice:"
... tanto el instinto como la intuición, comienzan dentro de las partes
extraconscientes de nosotros mismos, hablando concretamente, y en forma
análoga surgen inesperadamente a la luz de la conciencia cotidiana... Los
impulsos del instinto y de la intuición se engendran en total secreto. Cuando
aparecen son necesariamente casi completos y su advenimiento a nuestra
conciencia es repentino".
En otro lugar añade que la
intuición se encuentra más allá de la razón y el instinto. Tenemos, por lo
tanto, esta interesante triplicidad: instinto, intelecto e intuición; con el
instinto bajo el umbral de la conciencia, por así decirlo, el intelecto ocupa el
primer lugar en el reconocimiento del hombre como humano, y la intuición, más
allá de ambos, ocasionalmente hace sentir su presencia en las súbitas
iluminaciones y captaciones de la verdad, el don de nuestros más grandes
pensadores.
Ciertamente hay algo más en el
proceso educativo que la mera capacitación del hombre para enfrentar los hechos
externos y su medio ambiente arbitrario. La humanidad debe ser conducida a un
porvenir más amplio y a una realización más profunda de la vida. Debe estar
equipada para resolver y manejar todo lo que se le presenta, a fin de obtener
resultados mejores y más elevados. Los poderes del hombre deben ser extendidos
hasta su máxima expresión constructiva. No debería fijarse límite alguno de
realización, pues tal adquisición los hará complacientes, autosatisfechos y,
por lo tanto, estáticos. Deben ser siempre guiados de los estados inferiores a
los superiores de comprensión, de manera que la facultad de percepción debe
expandirse constantemente. Expansión y crecimiento son ley de la vida, y
aunque la masa humana debe ser elevada por un sistema de educación adaptado
para proporcionar el máximo bien al mayor número, hay que entregar al
individuo su plena herencia y proporcionarle una cultura especial que fomente y
fortalezca a los más aptos y mejores entre nosotros, porque en su realización
reside la promesa de la nueva era. Los ineptos de mentalidad retrasada, deben
tener también su entrenamiento especial, a fin de poder alcanzar la norma
elevada que, establezcan los educadores. Pero es de mayor importancia que ningún
individuo con aptitudes y facultades especiales, quede detenido al nivel de
uniformidad de las clases cultas.
Precisamente aquí es donde se
presenta la dificultad de definir la educación, y surge la duda sobre cuál
serán los verdaderos objetivos y la real meta. El Dr. Randall4
expresa esto mismo en un artículo sobre educación y religión, en el cual dice:
"Recomendaría que la
educación se definiera como un posible ejercicio de meditación personal. Que
cada uno se pregunte a sí mismo qué entiende por educación; si discurre
profundamente sobre la cuestión descubrirá que para contestarla debe penetrar
hasta el significado más profundo de la vida misma. Pensar seriamente sobre el
significado de la educación obliga a encarar las cuestiones fundamentales de
la vida como nunca se hizo... ¿Es el conocimiento la finalidad de la educación?
Ciertamente sí; ¿pero conocimiento de qué? ¿Su finalidad es el poder?
Nuevamente, sí; pero poder, ¿con qué fin? ¿Su finalidad es el ajuste social? La
era moderna contesta enfáticamente, sí; pero ¿qué clase de ajuste debe ser y
qué ideales lo han de determinar? La educación no persigue el mero conocimiento
o el mero poder de cualquier tipo, sino el conocimiento y el poder aplicados a
usos correctos. Esto lo reconoce la mente pedagógica más progresiva, aunque no
la opinión popular del momento..."
"La
nueva educación tiene como gran finalidad, el entrenamiento y desarrollo del
individuo con fines sociales, es decir,
para el máximo servicio del hombre..."
"Comúnmente
clasificamos la educación bajo tres subdivisiones: primaria, secundaria y
superior. A éstas debe agregarse otra, una cuarta, más elevada, la religión,
que también es educación:"
Es
interesante observar que las mismas ideas fueron expresadas por Bhagavan Das,5
en la Primera Conferencia Asiática de Educación, dijo:
"Las reglas de la religión, es decir, de la ciencia superior, nos
permiten... cumplir más ampliamente con todas estas deudas y deberes. Se ha
descrito a la religión como el mandamiento o revelación de Dios. Esto en otras
palabras significa sólo las leyes de la naturaleza de Dios, según lo revelan
las tareas intelectual, intuitiva e inspirada, de los videntes y científicos de
todas las religiones y naciones... Hemos oído hablar de lectura, escritura y
aritmética, y de otra ciencia, la genuina religión, mucho más importante que
todas... Pero primero hay que descubrirla y pensarlo cuidadosamente.
Corresponde a todos los educadores sinceros ayudar en esta tarea, aplicando los
métodos científicos de determinar coincidencias en medio de diferencias".
En Oriente y Occidente se
tiene la impresión de que un sistema educativo que no aparta al hombre del
mundo de los asuntos humanos y no lo lleva a una conciencia más amplia de las
cosas espirituales, fracasa en su misión y no está a la altura de las elevadísimas
exigencias del alma humana. Un método que se limite a cultivar el intelecto y
prescinda de la facultad de intuir la verdad, evidenciada por las mejores
mentalidades, carece de muchas cosas. Al dejar a los estudiantes con mentes
cerradas y estáticas, quedan sin los elementos que los ponen en contacto con
el intangible y sutil "cuatro quintos de la vida", que el Dr. Wiggam 6
se refiere, donde dice, "que están enteramente fuera del entrenamiento
científico". Es necesario abrir la puerta a quienes puedan ir mas allá del
entrenamiento académico de la mente, en relación con la vida en el plano
físico.
El éxito del porvenir de la
raza está ligado al éxito de esos individuos que tienen la capacidad de lograr
cosas más grandes porque son más espirituales. Estos individuos de la familia
humana deben ser descubiertos y alentados para que sigan adelante y penetren
en el reino de lo intangible. Deben cultivarse y entrenarse y dárseles una
educación que se adapte a lo más elevado y mejor que haya en ellos. Tal
educación requiere una percepción apropiada del estado y desarrollo individual,
y una exacta comprensión del paso inmediato que en cada caso debe darse; exige
percepción, simpatía y comprensión, de parte del instructor.
Los educadores comprenden la
necesidad de elevar cada vez más los avanzados procedimientos pedagógicos y
también los que están bajo su influencia, sacándolos del nivel de la mente
crítica, puramente analítica y llevándolos al nivel de la razón pura y de la
percepción intuitiva. Bertrand Russell dice, "la educación no debería
tender a lograr una percepción pasiva de hechos muertos, sino una actividad
dirigida hacia ese mundo que nuestros esfuerzos deben crear." Debemos
recordar que toda creación supone un creador animado y activo, que actúa
intencionalmente y utiliza la imaginación creadora. ¿No podría ser éste el
resultado de nuestros sistemas educativos modernos? ¿No está acaso la mente
regimentada y restringida por nuestro sistema de educación masivo y el método
de recargar la memoria con hechos mal asimilados? Si Herbart está en lo cierto
cuando dice que "el principal deber de la educación es la revelación ética
del universo", probablemente tiene también razón el Dr. Moran cuando
expone que "una de las causas subyacentes, quizás la principal en nuestra
era materialista, es la falta del elemento espiritual en nuestra educación
formal."
Algunos consideran que existe
una meta aún más amplia que la revelación ética y que posiblemente la humanidad
sea el custodio de una iluminación y gloria, que se comprenderá en su plenitud
únicamente cuando las masas logren algo de la magnificencia que ha
caracterizado a los Personajes mundiales del pasado. ¿No está de acuerdo con el
desarrollo evolutivo, la idea de que la finalidad verdadera de la educación es
llevar a la humanidad, desde el cuarto reino o humano, a la esfera
espiritual, donde los precursores que llamamos místicos, y los Personajes
que fijan las normas de la raza, viven, se mueven y tienen su ser? De esta
manera el género humano será elevado desde el mundo material objetivo hasta la
región del espíritu, donde residen los verdaderos valores y se establece
contacto con ese yo superior que puede ser revelado por los yoes individuales
que sólo existen para ello.
Keyserling,7
sugiere esto mismo en las siguientes palabras:
Somos
conscientes de los límites de la razón humana; entendemos la significación de
nuestras luchas; somos los amos de la naturaleza. Podemos pasar por alto
simultáneamente el mundo interno y el externo. Debido a que podemos determinar
científicamente cuáles son nuestras verdaderas intenciones, no tenemos por qué
ser víctimas del propio engaño... En adelante esta Posibilidad debe convertirse
en el móvil consciente de la vida. Hasta ahora no ha desempeñado esa
parte. Sin embargo, esto es precisamente lo más importante, porque el centro
de la conciencia determina el punto de partida del hombre. Dondequiera que
cambie el énfasis dentro de sí mismo, allí precisamente queda; el entero Ser
del hombre se reorganiza de acuerdo con él; por consiguiente, una vida basada
en el conocimiento, necesita una educación que lleve a la síntesis de la
comprensión y de la acción.
Toda la
educación en Oriente va dirigida estrictamente hacia la comprensión
sensoria..., única manera de probar que conduce a elevar el nivel del Ser
esencial... Lo esencial no es información sino comprensión, y la
comprensión puede alcanzarse únicamente mediante la aplicación creadora personal... Percepción sensoria siempre quiere decir dar
significado a una cosa; la dimensión de la significación se dirige de
adentro hacia afuera. Por lo tanto conocimiento (en el sentido de información)
y comprensión, tienen en realidad la
misma relación entre sí que la
naturaleza y el espíritu. La información se obtiene de afuera adentro; la
comprensión es un proceso creador en dirección opuesta. Bajo estas
circunstancias no hay una vía directa que conduzca de una meta a otra. Se puede
saber todo sin comprender nada, y esto es precisamente a lo que nuestra
educación, que tiende a la acumulación de información, ha llevado a la
mayoría".
Este libro
presenta un método por el cual puede desarrollarse la capacidad de actuar con
una más amplia conciencia, y el hombre reorganizar su ser para lograr cosas
mayores. Se ocupa de esa técnica mediante la cual cada unidad individual, que
anhela alcanzar esta meta más amplia, puede recibir un especializado
entrenamiento y autocultura. Si esa aspiración adquiere una forma racional y
clara en su mente, considerándola como un objetivo perfectamente legítimo,
capaz de lograr éxito, ansiosamente lo emprenderá. Si la sociedad proporcionara
los medios y la oportunidad para tal progreso, muchos buscarían gustosos el
camino. El método propuesto es una técnica individual que permitirá al
estudiante, que haya sacado provecho de las ventajas comunes de la educación
académica y de las experiencias de la vida, expandir su conciencia hasta
trascender gradualmente sus actuales limitaciones y reorientar su mente hacia
más amplios conocimientos. Descubrirá que el alma es la gran realidad,
obteniendo así experiencia directa sobre cosas espirituales.
Everett
Dean Martin8 define la educación como "la revalorización
espiritual de la vida humana. Su tarea es reorientar al individuo,
permitirle alcanzar una visión más significativa y valiosa de sus experiencias
y ubicarlo sobre y no dentro del sistema de sus creencias e ideales". Esta
definición abre necesariamente la puerta a la controversia, porque vivimos en
un medio ambiente distinto; cada uno tiene sus problemas y características
especiales, basados en la herencia, condición física y muchos otros factores.
La consiguiente norma de valores debe ser modificada para cada persona, cada generación,
país y raza. La educación está destinada a prepararnos para un "vivir
pleno" (como dice Herbert Spencer), lo cual podrá ser verdad, pero difiere
el alcance y capacidad de cada hombre. El nivel inferior y el superior que
puede alcanzar el hombre, varía al infinito, y quien está dotado para actuar en
una esfera particular puede resultar ridículamente inadecuado en otra. Por lo
tanto para "vivir plenamente" tendrían que desarrollarse algunas
normas si se quiere que tal definición sea de utilidad. Para hacerlo debemos
determinar el tipo puro del hombre integro y perfecto y la suma total de su
límite de contactos. No es probable haber agotado todas las posibilidades del
mecanismo de respuesta del hombre ni del medio ambiente en el cual esto puede
ponerlo en contacto. ¿Dentro de qué límites el
hombre puede actuar? Si hay
estados de percepción que abarcan desde
el hotentote hasta nuestros intelectuales, y hasta los genios y líderes en
todos los campos de la expresión humana, ¿cuál es la diferencia entre ellos?
¿Por qué esos campos de percepción son tan ampliamente diversos?
Desenvolvimiento racial, responden unos; estabilidad o inestabilidad glandular,
dirán otros; posesión o carencia de facilidades educativas adecuadas,
diferencias de medio ambiente y de herencia, dirán también otros grupos de
pensadores.
Pero del
cúmulo de opiniones surge el hecho básico del amplio alcance de los estados de
percepción humanos y la maravillosa comprobación de que la humanidad ha dado
origen a un asombroso conocimiento comprensivo de pureza de expresión y de
perfecta influencia mundial, evidenciada por Cristo, Buda, Platón y muchos
otros, cuyos pensamientos y palabras dejaron su impronta en las mentes de los
hombres durante miles de años. ¿Por qué son lo que son? ¿Son milagros que
surgieron del corazón del Infinito, por eso nadie podrá igualarlos? ¿Son
producto del proceso evolutivo y llegaron a ser poderosos por la vasta
experiencia y desenvolvimiento? ¿0 son la flor de la raza humana que agregaron
a sus facultades y entrenamiento una cultura especializada que les permitió
entrar en un mundo espiritual herméticamente cerrado para la mayoría, y actuar
en una dimensión de la cual nuestros más avanzados pensadores nada saben?
Nuestros sistemas educativos actuales, ¿llevaron a toda la humanidad a una
condición, donde millares están preparados para esta cultura especializada y,
enfrentando una crisis en el campo de la educación, cimentada en un éxito que,
si se lleva a cabo en línea análoga, será en detrimento en vez de ayuda, porque
el hombre está preparado para algo nuevo? Muchos creemos que esto es posible y
que ha llegado el momento de que los educadores empiecen a preparar a los
hombres para la nueva y divina experiencia y para el maravilloso experimento
que los pondrá en posesión de sí mismos, algo que hasta ahora ha sido exclusiva
prerrogativa de los místicos y conocedores de la raza. Estos conocedores
ofrecen el testimonio de un mundo más amplio que el revelado por el mecanismo
de los nervios y el investigado por el químico, el físico, el biólogo y el
antropólogo; hablan en términos precisos de una esfera de contactos y de percepción
donde son inútiles los sentidos físicos; afirman que han vivido y actuado en
estas regiones sutiles, y la perseverancia demostrada en la búsqueda mística de
la realidad y la similitud de su testimonio en el trascurso de las edades,
inclinan a creer en la posibilidad de ese mundo intangible y de un mecanismo de
respuesta, por el cual se pueda establecer el contacto con tal mundo. Las filas
de estos ilusos místicos y pensadores intuitivos, cuentan cientos de miles de
las mejores mentes de la raza. Repetiremos las palabras de Walt Whitman,9 "Yo y los de mi clase no convencernos
con argumentos; convencernos con nuestra presencia."
La educación
se ha caracterizado también por una "venturosa búsqueda del significado de
la vida, que implica la capacidad de reflexionar cabalmente". No sé quién
lo dijo, pero me parece una descripción excelente del método del místico y de
la técnica de la meditación, por la cual el místico se trasforma en conocedor
plenamente consciente. No obstante, por mucho que uno trate de explicarlo,
tenernos el hecho de que el hombre ha ido investigando a través de las edades y
que su búsqueda lo lleva a mayores profundidades que las exteriorizaciones
concretas del mundo en que vive. El Dr. Overstreet10 lo destaca con
palabras que llevan el verdadero mensaje místico, diciendo:
"Somos, por lo general, criaturas que vemos 'cosas'. Vemos lo que
vemos y comúnmente no vemos más allá. Experimentar el mundo meramente como un
mundo de cosas, es sin duda dejar de ver algo significativo. La experiencia de
las cosas es indudablemente buena hasta cierto punto. Permite movernos en
nuestro mundo y manipular los factores de la vida con algún éxito. . . Sin embargo, es posible obtener una
'percepción' distinta de nuestro mundo si somos capaces de desarrollar otro
hábito mental. Éste es, en pocas
palabras, el hábito de ver lo
invisible en la realidad visible, de
penetrar superficies, de ver a través de las cosas su fuente de origen".
Los
hombres, quizás ahora, estén preparados para penetrar bajo la superficie y
llevar su búsqueda dentro de la forma externa de la naturaleza, hasta alcanzar
su causa misma. Quizá tendamos demasiado a confundir el espíritu religioso con
la búsqueda mística. Todo pensamiento claro acerca de la vida y de las grandes
leyes de la naturaleza, si se lleva adelante con persistencia y firmeza,
conduce finalmente al mundo místico, y esto lo empiezan a comprender los
científicos más destacados de nuestra época. La religión empieza con la
hipótesis aceptada de lo invisible y de lo místico, pero la ciencia llega al
mismo punto, trabajando de lo visible a lo invisible y de lo objetivo a lo
subjetivo. Como ya se ha expuesto, por el proceso de investigación y de pasar
internamente de una forma a otra, el místico llega finalmente a la gloria del
yo develado. Parece ser una verdad indiscutible que todos los senderos conducen
a Dios, considerando a Dios como la meta final, lo cual simboliza la búsqueda
de la realidad por el hombre. Ya no es un signo de superstición creer en una
dimensión más elevada y en otro mundo del Ser. Aún la palabra sobrenatural
ha llegado a ser profundamente respetable, y posiblemente algún día nuestros sistemas
educativos consideren la preparación del individuo para trascender sus
limitaciones naturales, como parte legítima de sus asuntos. Es interesante lo
que el Dr. C. Lloyd Morgan11 dijo acerca de la palabra sobrenatural
en las conferencias de Gifford de 1923 y en el Prefacio de su libro:
"Acepto que existe un sentido inteligible del cual puede decirse que
en la jerarquía ascendente de las etapas de progreso, consideradas como
manifestaciones del propósito divino, cada etapa superior es, a su vez, sobrenatural
para la precedente. En este sentido la vida es sobrenatural para lo inorgánico;
la comprensión reflexiva es sobrenatural para la mera percepción irreflexiva;
la actitud religiosa, que acepta el propósito divino, es sobrenatural para la
actitud ética en los asuntos sociales. Para quienes alcanzan esta etapa más
elevada, según se la considera, la actitud religiosa ofrece el ejemplar
supremo de lo sobrenatural. Es lo que distingue al hombre espiritual".
Y añade muy
bellamente, en lo que a nuestro tema concierne: "El esfuerzo es hacia una
nueva actitud, porque creo que es lo que emerge. De allí que se hable de una
nueva 'visión', de un nuevo 'corazón' capaz de sentir una forma de gozo más
elevada e intensa".12
En su
notable obra el Dr. Hocking 13
observa que la educación tiene dos funciones. Ante todo establece el
tipo y luego proporciona el desarrollo más allá de dicho tipo. La educación
está destinada a que el hombre sea verdaderamente humano, a completar y
perfeccionar su naturaleza y revelar y posibilitar las más profundas
potencialidades hacia las cuales tiende toda la humanidad. A la evocación de la
voluntad de saber y luego de la voluntad de ser, debe seguir un proceso natural
de desarrollo. A este respecto el método de la meditación será considerado
parte de la técnica de la educación superior, que la nueva era verá
desarrollada; se hallará por este medio que el ser humano íntegro puede ser
desarrollado algo más y conducido a un nuevo reino de la naturaleza. La
meditación es primordialmente un proceso educativo autoiniciado que demanda
todos los poderes de la voluntad, basado en las actuales facultades,
produciendo finalmente un nuevo tipo, el tipo egoico, con su propio mecanismo
interno, conteniendo en sí la simiente de un desenvolvimiento aún mayor.
De algo
impuesto desde afuera, el nuevo proceso educativo se convierte en algo que
surge desde adentro, y constituye esa disciplina mental autoimpuesta que
describimos con las tan mal interpretadas palabras: concentración, meditación y contemplación. De un proceso de
entrenamiento de la memoria y el desarrollo de un rápido método para manejar
el mecanismo de respuesta que nos pone en contacto con el mundo externo, la
técnica educativa se convierte en un sistema de control de la mente, que
conduce eventualmente a la percepción interna de un nuevo estado del ser. Tal
técnica produce a la larga, una rápida reacción y respuesta a un mundo
intangible e invisible, a una nueva serie de conocimientos instintivos que
tienen su ubicación en un mecanismo de respuesta más sutil. El tipo egoico, se
impone al tipo humano como el humano al animal, y así como el humano es
producto del entrenamiento y del instinto masivo y se ha desarrollado extraordinariamente
gracias a nuestros sistemas educativos modernos, el tipo egoico es el producto
de un nuevo método de entrenamiento mental, impuesto al individuo por su alma y
exigido por la urgencia de la búsqueda y por un acto de su voluntad. El alma
está siempre latente en la forma humana, pero es atraída a la actividad
manifiesta, mediante la practica de la meditación.
Estos dos
métodos de completar al ser humano y elevarlo a una regimentación masiva, para
producir el surgimiento de un nuevo tipo, el egoico, constituyen la principal
diferencia entre los métodos educativos occidental y oriental.
El
contraste entre ambos métodos de desarrollo es altamente instructivo. En
Oriente se cultiva cuidadosamente al individuo, dejando prácticamente sin
educación a las masas. En Occidente tenemos educación masiva, pero el individuo
queda por lo general sin cultura específica. Cada uno de estos dos grandes y
divergentes sistemas ha producido una civilización, que expresa su genio y
manifestaciones peculiares, pero también los marcados y respectivos defectos.
Los postulados sobre los cuales dichos sistemas están basados, son ampliamente
divergentes y valdría la pena considerarlos, pues en su comprensión y en la
unión final de ambos, es posible hallar la solución para la nueva raza de la
nueva era.
Primero: El
sistema oriental supone que en toda forma humana habita una entidad o ser,
llamado yo o alma. Segundo: Este yo utiliza la forma del ser humano como
instrumento o medio de expresión y, mediante la suma total de los estados
mental y emocional, oportunamente se manifestará, utilizando el cuerpo físico
como mecanismo funcionante en el plano físico. Finalmente el control de estos
medios de expresión se logra por la Ley de Renacimiento. Mediante el proceso
evolutivo (desarrollado a través de muchas vidas en el cuerpo físico), el yo
construye gradualmente un instrumento apto para manifestarse, y aprende a
dominarlo. Así, el yo o alma, llega a ser verdaderamente creador y
autoconsciente, en el sentido más elevado, y también activo en su medio
ambiente, manifestando perfectamente su verdadera naturaleza. Con el tiempo
alcanza su total liberación de la forma, de la esclavitud de la naturaleza de
deseos y del dominio del intelecto. Esta emancipación final y la consiguiente
trasferencia del centro de la conciencia del reino humano al espiritual, se
acelera y nutre mediante una educación especializada, denominada proceso de
meditación, que es incorporado a una mente amplia e inteligentemente
cultivada.
El
resultado de este entrenamiento intensivo e individual, ha sido en extremo
espectacular. El método oriental de origen asiático, es el único que ha hecho
surgir a los fundadores de todas las religiones mundiales. Es responsable
también de la aparición de las inspiradas Escrituras del mundo, que moldearon
los pensamientos de los hombres, y de la venida de todos los Salvadores del
mundo: Buda, Zoroastro, Shri Krishna, Cristo y otros. Así Oriente ha traído a
la manifestación, como resultado de su técnica particular, a los grandes
individuos que emitieron la nota de su era peculiar e impartieron la enseñanza
necesaria para el desenvolvimiento de la Idea de Dios en las mentes de los
hombres, conduciendo a la humanidad adelante en el sendero de la percepción
espiritual. El resultado exotérico de sus vidas puede observarse en las grandes
religiones organizadas.
En el
entrenamiento de los individuos altamente evolucionados se ha ignorado en toda
Asia a las masas y, en consecuencia, el sistema (desde el ángulo del
desenvolvimiento racial) deja mucho que desear, siendo uno de sus defectos el
desarrollo de las tendencias visionarias imprácticas. El místico con
frecuencia es incapaz de amoldarse a su medio ambiente, pues cuando se hace
hincapié exclusivamente en el aspecto subjetivo de la vida, se descuida y pasa
por alto el bienestar físico del individuo y de la raza. Se deja a las masas
debatirse en la ciénaga de la ignorancia, enfermedad y suciedad, de allí que
existan las deplorables condiciones que predominan en todo Oriente, al lado de
la iluminación espiritual más elevada de unos pocos favorecidos.
En
Occidente ocurre todo lo contrario. El aspecto subjetivo está descuidado,
considerándoselo como hipotético. Los postulados, sobre los cuales está
asentada nuestra cultura son: Primero, existe una entidad llamada ser humano
que posee una mente, un conjunto de emociones y un mecanismo de respuesta por
el cual se pone en contacto con el medio ambiente. Segundo, según la calidad de
su mecanismo y la condición de su mente, más la naturaleza de las
circunstancias que lo rodean, así será su carácter Y disposición. La meta del
proceso educativo, aplicado global e indiscriminadamente, es que el hombre sea
físicamente apto y posea una mente alerta y una memoria educada, reacciones
controladas y un carácter que harán de él un valor social y un factor que
contribuirá a la administración corporal. La mente es considerada un depósito
de hechos captados, y el entrenamiento dado a todo niño tiene por objeto hacer
de él un miembro útil de la sociedad, capaz de autoabastecerse y ser decente.
El resultado de estas premisas es contrario a las del oriental. No tenemos una
cultura específica que dé Personajes como los proporcionados por Asia, pero
hemos desarrollado un sistema de educación en masa y grupos de pensadores, de
allí nuestras universidades, institutos y escuelas públicas y privadas, los
cuales dejan su marca sobre millares de personas, regimentándolas y
entrenándolas para obtener un producto humano poseedor de cierto conocimiento
uniforme, con una acumulación estereotipada de hechos y variada información.
Esto significa que no existe tan deplorable ignorancia como en Oriente, sino un
regular alto nivel de conocimientos generales. Se ha obtenido lo que llamamos
civilización, con su riqueza de libros y sus muchas ciencias, que dieron origen
a la investigación científica del hombre y, en la cima de la evolución humana,
a los grandes Grupos, en contraposición a los grandes Individuos. Este
contraste se puede resumir burdamente de la manera siguiente:
Occidente Oriente
Grupos ............................................. Individuos
Libros ............................................... Biblias
Conocimiento..................................... Sabiduría
Civilización Objetiva .......................... Cultura subjetiva
Desarrollo mecánico .......................... Desarrollo místico
Regimentación ................................... Excepcionalidad
Educación masiva .............................. Entrenamiento especializado
Ciencia .............................................. Religión
Entrenamiento de la memoria ............. Meditación
Investigación ...................................... Reflexión
Sin embargo, la causa es
básicamente una –el método de educación. Ambos son también fundamentalmente
correctos, no obstante necesitan suplementarse y complementarse mutuamente. La
educación de las masas en Oriente conducirá a corregir sus problemas del plano
físico que exigen solución. Un amplio sistema de educación general que llegue a
las masas analfabetas del pueblo asiático es una necesidad apremiante. La
cultura del occidental y el injerto en su cuerpo del conocimiento impuesto por
una técnica de la cultura del alma, tal como llega de Oriente, elevará y
salvará nuestra civilización, que está desmoronándose rápidamente. Oriente
necesita del conocimiento y de la información; Occidente de la sabiduría y la
técnica de la meditación.
Este sistema científico y
cultural, cuando se aplique a nuestros seres humanos altamente educados,
producirá ese vinculador grupo de hombres que unificará las realizaciones de
ambos hemisferios y unirá los reinos subjetivo y objetivo. Actuarán como
precursores de la nueva era cuando los hombres sean prácticos, respecto a los
asuntos mundanos, y sus pies estén firmemente asentados en la tierra, pero
serán a la vez místicos y videntes, vivirán en el mundo del espíritu y llevarán
inspiración e iluminación a la vida cotidiana.
Para obtener estas condiciones
y llegar a formar ese gran grupo de místicos prácticos, que finalmente salvarán
al mundo, son necesarias dos cosas: mentes entrenadas que tengan como base el
conocimiento amplio y general (y esto puede dárnoslo el sistema occidental),
además, una percepción espiritual de la divinidad inmanente, el alma, que se
alcanzará por el sistema oriental de meditación científica. La mayor necesidad que
se ha producido en Occidente se debe a no haber reconocido al alma ni a la
facultad de la intuición que, a su vez, lleva a la iluminación. El desaparecido
Profesor Luzzatti,14 Primer Ministro de Italia, en el Prefacio de
su valiosa obra pedagógica, dice "En todas partes se observa que el
creciente imperio del hombre sobre sí mismo, no va a la par del acrecentamiento
del imperio del hombre sobre la naturaleza". Es esencial que nuestro mundo
occidental perfeccione sus sistemas educativos a fin de lograr esta conquista
del imperio sobre nosotros mismos.
Notas:
1.
The Need
for a Spiritual Element, World Unity Magazine. Octubre 1928.
2.
Plilosophy
of Change, pág. 21.
3.
Instinct
and Intuition, pág. 128.
4.
Educationi
and Religion, World Unity, Magazine, octubre 1928.
5.
The Unity
of Asiatic Thought, ¡.e., Of All Religions, pág. 12.
6.
The New
Decalogue of Science.
7.
Creative
Understanding, págs. 257, 216‑217.
8.
Liberal
Education, pág. viii, Prefacio.
9.
Leaves of
Grass,
10.
The
Enduring Quest, pág. 114.
11.
Life, Mind
and Spirit. pág. x.
12.
Idem.
13.
Human Nature and its Remaking.
14.
God and
Preedom.
LA
NATURALEZA DEL ALMA
"Dicen los filósofos que el
alma tiene dos caras, la superior contempla siempre a Dios, la inferior mira
hacia abajo e informa a los sentidos; el rostro superior, cúspide del alma, se
halla en la eternidad y nada tiene que ver Con el tiempo: nada sabe del tiempo
ni del cuerpo".
Meister
Eckhart
DURANTE
la explicación de la técnica que, según se afirma, puede convertir al
intelectual culto en conocedor intuitivo, es conveniente establecer la
hipótesis sobre la cual está basada la ciencia de la meditación. Durante tal
proceso deben reconocerse los distintos aspectos (de la naturaleza o de la
divinidad, la que se prefiera) de los cuales el hombre es la expresión, sin
olvidar la conexión básica que los mantiene unidos como unidad integrada. El
hombre es un ser integrado, pero la existencia significa para unos más que para
otros. En algunos es puramente animal; en muchos representa la suma total de
las experiencias emocionales y sensorias; en otros comprende todo lo anterior,
más esa percepción mental que enriquece grandemente y profundiza la vida; en
unos pocos (entre ellos la flor de la familia humana), ser significa reconocer
la habilidad de registrar contactos universales y subjetivos, lo mismo que
individuales y objetivos. Keyserling1 dice:
"Al
hablar del ser de un hombre, en contradicción con su capacidad, significa su
alma vital, y al decir que ese Ser es quien decide, significa que todas sus
expresiones estén compenetradas de vida individual, que cada expresión irradia
personalidad, la cual finalmente es la responsable".
Puede afirmarse aquí, como
condición sine qua non, que únicamente las personas reflexivas y responsables,
están preparadas para aplicar las reglas e instrucciones que les permitirán
hacer la transición y alcanzar la conciencia característica del místico
iluminado y de los conocedores intuitivos.
Los hermosos versos del libro
del Dr. Winslow Hall,2 señalan la meta:
En todos los hombres se esconde la Luz. ¡En cuán
pocos
se manifiesta, como debiera,
Iluminando desde dentro, nuestra lámpara carnal,
avivando la llama cósmica, en almas traídas desde
lejos!
¡Esplendor de Dios, cuán pocos son! Pero, nuestra
es la culpa;
porque torpemente, por rutina e iracundia,
sin discernimiento amortiguamos y sofocamos
la chispa divina que brilla en todo niño.
Todo niño es por naturaleza un pedazo de Dios;
si ellos tuvieran libertad, Dios
se desenvolvería en ellos; surgiría
matizándolos y moldeándolos, hasta florecer como
flores perfectas
colmados de develada hermosura.
Ésta es la meta del proceso de
la meditación —conducir a los hombres a que alcancen la Luz que reside en
ellos, para que en esa luz vean la Luz. Esta tarea de revelación está basada en
ciertas y precisas teorías sobre la constitución y la naturaleza del ser
humano. La evolución y el perfeccionamiento de la facultad mental del hombre,
con su agudeza y capacidad para concentrarse, ofrecen a Occidente, en esta
época, la oportunidad de poner a prueba dichas teorías. Éste es el momento más
apropiado para un experimento inteligente, "la nueva síntesis mente y
alma"; dice Keyserling en su libro, 3 "debe originar en
la mente, en las alturas de la suprema intelectualidad, para que suceda algo
decisivo.
Para hacer esto, debe haber una
clara comprensión de tres puntos, sobre los cuales se basa la posición oriental
y, si son veraces, le darán validez a todo lo que sustenta el estudiante de la
técnica oriental de la meditación, sin olvidar el proverbio chino que dice:
"Si los medios correctos son empleados por el hombre incorrecto, los
medios correctos actúan incorrectamente". Estas tres premisas son:
Primero: Existe un alma en toda
forma humana, que emplea los aspectos inferiores del hombre, simplemente como
vehículos de expresión. La finalidad del proceso evolutivo es acrecentar y profundizar
el control del alma sobre este instrumento. Cuando se ha logrado tenemos una
encarnación divina.
Segundo: Al conjunto de estos
aspectos inferiores, una vez desarrollados y coordinados, lo llamamos
personalidad. Esta unidad está compuesta de los estados mentales y emocionales
del ser, la energía vital, el mecanismo físico de respuesta, y la
"máscara" que oculta al alma, aspectos que se desarrollan sucesiva y
progresivamente, según la filosofía oriental, y cuando se alcanza un estado
relativamente elevado de desenvolvimiento, es posible al hombre coordinarlos y
más tarde unificarlos conscientemente con el alma inmanente. Luego el alma
ejerce control, y se produce la expresión constante y creciente de su
naturaleza. Esto a veces se expresa simbólicamente como la luz de una lámpara.
Al principio la luz no brilla, pero gradualmente hace sentir su presencia,
hasta que son comprendidas claramente las palabras del Cristo, "Yo soy la
luz del mundo", exhortando a sus discípulos a "dejar brillar su luz
para que los hombres vieran".
Tercero: Cuando la vida del
alma, actuando de acuerdo a la Ley de Renacimiento, ha llevado a la
personalidad a esa condición donde es una unidad integrada y coordinada, se
establece entre ambos una interacción más intensa, que se logra por el proceso
de la autodisciplina, la activa voluntad hacia el Ser espiritual, el servicio
altruista (modalidad en que se manifiesta el alma consciente del grupo) y la
meditación. La consumación de la tarea es la comprensión consciente de la
unión, llamada en terminología cristiana, unificación.
Estas tres hipótesis deben
aceptarse, como ensayo, si se desea que este proceso educativo, por medio de la
meditación, sea eficaz. El Diccionario de Webster4 define al alma de acuerdo a estas teorías:
"Una
entidad concebida como la esencia, sustancia o causa actuante de la vida
individual, especialmente de la vida que se manifiesta en las actividades
síquicas; el vehículo de la existencia individual cuya naturaleza es
independiente del cuerpo y cuya existencia se considera inseparable".
Webster5 agrega un
comentario aplicable a nuestro tema, que "algunos conceptos, como el de
Fechner, respecto a que el alma constituye todo el proceso unitario espiritual,
conjuntamente con el entero proceso unitario corporal, parecen encontrarse a
mitad de camino entre los puntos de vista idealista y materialista. El concepto
estrictamente oriental lo da en su libro el Dr. Radhakrishna,6 de
la Universidad de Calcuta, diciendo:
"Todos
los seres orgánicos tienen un principio de autodeterminación, al cual se lo
denomina generalmente 'alma' En el sentido estricto de la palabra, alma se
aplica a cada ser que tiene vida, y las distintas almas fundamentalmente son de
idéntica naturaleza. Las diferencias se deben a las organizaciones físicas que
oscurecen y deforman la vida del alma. La naturaleza de los cuerpos, donde las
almas están incorporadas, explica los diversos grados de oscuración... El ego
es la unidad sicológica de la sucesión de experiencias conscientes, que
constituye lo que conocemos como vida interna de un yo empírico.
"El
yo empírico es una mezcla del espíritu libre y del mecanismo de purusha y de
prakriti... Cada ego posee dentro del burdo cuerpo material, que se disuelve al
morir, un cuerpo sutil, formado por el mecanismo psíquico, incluyendo los
sentidos".
Esta alma es
un fragmento de la Superalma, una chispa de la Llama Una, aprisionada en el
cuerpo. Es el aspecto vida que da al hombre, como a todas las formas en
manifestación, vida o ser, y conciencia. Es el factor vital, ese algo coherente
e integrante que hace del ser humano (compuesto, no obstante, unificado) una
entidad que piensa, siente y aspira. El intelecto en el hombre es el factor o
cualidad de percepción egoica, que le permite dirigirse a su medio ambiente,
durante las etapas en que su personalidad está en desarrollo; pero por la
meditación apropiada le permite luego orientarse hacia el alma, como separada
del mecanismo, y así, hacia un nuevo estado de percepción del ser.
La relación
del alma con la Superalma es la de la parte con el Todo, y esta relación y sus
consiguientes reconocimientos se desarrollan en sentido de unicidad con todos los
seres y con la Realidad suprema, de la cual los místicos dieron siempre testimonio.
La relación del alma con el ser humano es la relación de la entidad consciente,
con su medio de expresión; la de quien piensa, con el instrumento pensante; la
de quien registra un sentimiento, con el campo de la experiencia sensoria, y
la relación del actor con el cuerpo físico —único medio de hacer contacto con
ese campo particular de actividad, el mundo de la vida física. Esta alma se
expresa mediante dos tipos de energía, denominados principio vital o fluídico,
el aspecto vida y la energía de la razón pura. Durante la vida, estas energías
están enfocadas en el cuerpo físico. La corriente de vida se centra en el
corazón, utiliza la corriente sanguínea, las arterias y las venas, y anima
todas las partes del organismo. La otra corriente, la energía intelectual, está
centrada en el cerebro y utiliza el sistema nervioso como medio de expresión.
Por lo tanto, en el corazón reside la sede del principio vida y en la cabeza la
sede de la mente razonadora y de la conciencia espiritual, la cual se alcanza
empleando la mente en forma correcta. El Dr. C. Lloyd Morgan7, dice en conexión con la palabra
"alma":
"En
todos los casos lo que comúnmente se comprende por 'teoría del alma' tiene sus
raíces en el dualismo. Lo que algunos quieren dar a entender al hablar de una
'sicología sin alma', es la sicología no dualista... Sin embargo, existe un
aspecto del cual puede decirse como definición apropiada, que el alma
caracteriza ese nivel de desarrollo mental, donde el concepto espíritu
está incluido dentro del campo reflexivo de referencia".
Anteriormente en el mismo libro 8 dice:
"Cada
uno de nosotros es una vida, una mente y un espíritu ––ejemplo de vida, como
expresión del plan mundial; de mente, como diferente expresión de dicho plan, y
de espíritu, hasta donde la sustancia de ese plan se revela en nosotros. El
plan mundial en todo sentido, desde su aspecto más ínfimo a su más elevada
expresión, es manifestación de Dios; en ustedes, en mí, y en cada uno en
particular, Dios, como Espíritu, se revela parcialmente."
Esta
revelación de la Deidad es la meta del esfuerzo místico y el objetivo de la
actividad dual de la mente ––Dios como vida en la naturaleza; Dios como amor,
subjetivamente; Dios como plan y propósito. Esto es lo que la unificación,
producida por la meditación, revela al hombre. Mediante esta técnica ordenada
el hombre descubre esa unidad que es él mismo, luego su relación con el Universo,
que su cuerpo físico y sus energías vitales son parte integrante de la
naturaleza misma, que en efecto es la vestidura externa de la Deidad; percibe
que su aptitud para amar y sentir lo hace consciente del amor que palpita en el
corazón de toda la creación y, finalmente, descubre que su mente puede darle la
llave que le abre la puerta de la comprensión para penetrar en los propósitos y
planes que guían a la mente de Dios mismo. En efecto, llega hasta Dios y
descubre a Dios como la Realidad central; sabiendo que él es divino, descubre
que el Todo es igualmente divino. El Dr. F. Kírtley Mather de la Universidad de
Harvard ha dicho en un artículo muy ilustrativo:
"No
puede negarse que el Universo está administrado. Algo determina y continúa
determinando la actuación de la ley natural, la ordenada trasformación de la
materia y de la energía. Puede que sea la 'curvatura del cosmos', o 'ciega
casualidad', o 'energía universal, o 'un Jehová ausente', o un 'espíritu
omnipenetrante, pero debe haber algo. Desde cierto ángulo, la pregunta de si
existe un Dios, recibe rápidamente una respuesta afirmativa".
Descubriéndose
a sí mismo y comprendiendo su propia naturaleza, el hombre llega a ese centro
dentro de sí mismo, que es uno con todo cuanto existe; descubre que está dotado
de un mecanismo que puede ponerlo en contacto con las manifestaciones diferenciadas,
mediante las cuales la Deidad trata de expresarse. Posee un cuerpo vital que
responde a la energía universal, y es el vehículo para las dos formas de
energía anímica, anteriormente nombradas. El tema del cuerpo vital, su relación
con esta energía universal y los siete puntos de contacto con el organismo
físico, fueron tratados en mi libro 9, por lo tanto, no me
explayaré aquí, excepto transcribir un párrafo:
"Detrás
del cuerpo objetivo existe una forma subjetiva, constituida de materia
etérica, que actúa como conductor del principio vital de energía o prana. Este
principio vital es el aspecto fuerza del alma y por medio del cuerpo etérico el
alma anima a la forma, otorga sus cualidades y atributos peculiares, plasma en
ella sus deseos y, finalmente, la dirige valiéndose de la actividad de la
mente. Por medio del cerebro el alma energetiza al cuerpo, impulsándolo a la
actividad consciente (dirigida), y a través del corazón, la vida compenetra
todas las partes del cuerpo".
Existe además
otro cuerpo, compuesto de la suma total de todos los estados emocionales,
sentimientos e inclinaciones, que reacciona al medio ambiente físico del
hombre, en respuesta a la información recibida por el cerebro, por conducto de
los cinco sentidos y trasmitida a él por el cuerpo vital, siendo así arrastrado
a actividades de carácter puramente egoísta y personal, o puede entrenárselo
para que reaccione, en primer lugar, a la mente, considerándola (algo que raras
veces ocurre) como intérprete del yo espiritual, el alma. Este cuerpo
emocional, caracterizado por el sentimiento y el deseo, en la mayoría de los
casos actúa más poderosamente sobre el cuerpo físico, considerado por el
esoterista como un autómata, impulsado a la acción por la naturaleza del deseo
y energetizado por la energía vital.
A medida que
la raza progresa, viene a la existencia y entra en actividad otro cuerpo, el
mental, el cual asume gradualmente el control activo y natural. Análogamente a
los organismos físico y emocional, este mecanismo mental es al principio
enteramente objetivo en su orientación, y entra en actividad debido a los
impactos que le llegan del mundo externo por conducto de los sentidos. Cada vez
es más positivo, y, lenta aunque firmemente, empieza a dominar los otros
aspectos fenoménicos del hombre, hasta que la personalidad y sus cuatro
aspectos, actúan completos y unificados, como entidad activa en el plano
físico. Cuando esto ocurre se llega a una crisis y se hacen posibles nuevos
desenvolvimientos y desarrollos.
Durante todo
este tiempo las dos energías del alma, vida y mente, actuaron a través de los
vehículos, sin que el hombre se diera cuenta de su origen o finalidad. Como
resultado de esta actividad es ahora un ser humano inteligente, activo y
evolucionado. Pero, como Browning10 dice: "En el hombre
íntegro comienza nuevamente la tendencia hacia Dios", y es impelido por
una inquietud divina hacia una percepción y contacto conscientes con su alma,
factor invisible que presiente y del cual es personalmente inconsciente. Así
comienza el proceso de la propia educación y la intensa investigación de su
verdadera naturaleza. Su personalidad, hasta entonces orientada hacia el mundo
de la vida física, emocional y mental, con la atención enfocada objetivamente,
pasa por un proceso de reorientación y se dirige hacia dentro, al yo. Se enfoca
subjetivamente y tiene por finalidad hacer surgir a la manifestación ese
"ser más profundo" de que habla Keyserling. Se busca la unión
consciente con el alma, pero no sólo desde el punto de vista emocional y
sensorio del devoto y del místico. Se busca la experiencia directa, el
conocimiento del Yo divino y la seguridad mental de la existencia del inmanente
Hijo de Dios, lo cual se convierte en la meta de todo esfuerzo.
Éste no es el
método del devoto místico que, por el amor impulsivo de su naturaleza
emocional, ha buscado a Dios. Es el método del acercamiento intelectual y de la
subordinación de la entera personalidad, al impulso de dirigirse hacia las
realidades espirituales. Todos los tipos puramente mentales y las personalidades
verdaderamente coordinadas son místicos en el fondo, y pasaron por el período
místico alguna vez o en determinada vida. A medida que el intelecto se afirma y
la mente se desarrolla, este misticismo puede desvanecerse temporariamente en
la penumbra y quedar por algún tiempo relegado al reino del subconsciente,
pero, final e inevitablemente, se pone el énfasis sobre la voluntad de saber,
y la vida (a la que no satisfacen los aspectos externos y visibles de la
manifestación) es impulsada hacia el conocimiento del alma y a utilizar la
mente en la comprensión de la verdad espiritual.
En este
esfuerzo se unen la cabeza y el corazón. La mente y la razón pura se fusionan
con el amor y la devoción, efectuándose un completo reajuste de la personalidad
en una nueva esfera de percepción. Se registran nuevos estados de conciencia;
se percibe gradualmente un nuevo mundo fenoménico, y el aspirante empieza a
comprender que el foco de su vida, así como su conciencia, pueden elevarse por
encima de su antiguo campo de esfuerzo. Descubre que puede caminar con Dios,
morar en los cielos y conocer un nuevo mundo dentro de las formas externas
familiares. Empieza a considerarse como habitante consciente de otro reino de
la naturaleza, el reino espiritual, tan real, vital, ordenado y fenoménico,
como cualesquiera de los hoy conocidos. Persistentemente asume la actitud del
alma hacia su instrumento, el cuerpo humano. Deja de considerarse como un
hombre dominado por sus emociones, impulsado por la energía y dirigido por su
mente; sabe que es el yo, que piensa por medio de la mente, siente por medio de
las emociones y actúa conscientemente. A medida que esta conciencia se
estabiliza y se hace permanente, el trabajo de la evolución queda consumado;
la gran unificación se ha efectuado y la unión entre el yo y su vehículo de
expresión queda establecida. Así encarna conscientemente un divino Hijo de
Dios.
Gracias a la
educación en todas sus ramas, se ha acelerado extraordinariamente la
coordinación de la personalidad. La mentalidad de la raza asciende
constantemente la escala de la realización. La humanidad, mediante sus vastos
grupos de individuos educados y mentalmente enfocados, está preparada para
asumir su autodeterminación y ser dirigida por el alma. Se puede ya emprender
la cultura intensiva del individuo, tal como se enseña en el sistema oriental.
La educación y reorientación del ser humano avanzado debe hallar su lugar en
nuestro sistema de educación en masa. Por eso se aboga en este libro y por eso
se ha escrito. ¿Cómo puede el hombre descubrir su alma o probar la realidad de
la existencia de esa alma? ¿Cómo puede el hombre reajustarse a las condiciones
de la vida del alma y empezar a actuar consciente y simultáneamente como alma
y como hombre? ¿Qué debe hacer para alcanzar la unión entre el alma y su
instrumento, condición esencial para satisfacer el impulsivo anhelo de su
naturaleza? ¿Cómo puede saber y no simplemente creer, esperar y aspirar?
La voz
experimentada de la sabiduría oriental responde con una sola palabra:
Meditación. La pregunta surge lógicamente: "¿Es eso todo?" y la
respuesta es: "Sí". Cuando la meditación se practica correctamente y
la perseverancia es la tónica de la vida, se establece creciente contacto con
el alma. El resultado de este contacto se traduce en autodisciplina, en
purificación y en una vida de aspiración y servicio. La meditación, en sentido
oriental como veremos, es un proceso estrictamente mental, que conduce al
conocimiento del alma y a la iluminación. Es un hecho en la naturaleza de que
"como el hombre piensa, así es él".
Notas:
1. Creative Understanding, pág. 180.
2. Iuminanda, pág 218
3. Creative Understanding, pág. 180
4. Webster's New International Dictionary, Ed.
1923.
5. Idem.
6. Indian Philosophy, T. ii, págs. 279, 283, 285.
7. LÍe, Mind and Spirit, pág. 35.
8. Idem, pág.
32.
9. EL Alma y su Mecanísmo. Cap.iii, de Alice A. Bailey.
10. Paracelsus.
LOS OBJETIVOS DE LA MEDITACIÓN
"La
unión se logra subyugando la naturaleza psíquica, y restringiendo la sustancia
mental. Cuando se alcanza esto, el yogui se conoce a sí mismo tal como en
realidad es".
Patanjali
CONSIDERADAS
correctas las teorías delineadas en los capítulos precedentes, será útil
establecer con claridad la meta definitiva que persigue el hombre culto cuando
empieza a practicar la meditación y diferenciar entre la meditación y lo que el
cristiano llama plegaria. Es esencial tener una idea clara de estos puntos, si
queremos progresar en forma práctica, pues la tarea del investigador es ardua;
necesita algo más que un entusiasmo pasajero y un esfuerzo momentáneo, para
dominar esta ciencia y aplicar eficazmente su técnica. Vamos a considerar
primeramente el último de los dos puntos mencionados y compararemos los métodos
de la plegaria y de la meditación. La oración puede describirse, quizás, con
los versos de J. Montgomery:
Plegaria
es el sincero deseo del alma,
expresado
o inexpresado,
el
movimiento del fuego oculto,
que
se estremece en el pecho.
Expone la idea del deseo y del requerimiento; la fuente
del deseo es el corazón. Pero debe tenerse en cuenta que el deseo del corazón
puede ser la adquisición de algo que la personalidad ambiciona, o las
posesiones trascendentales y celestiales que el alma anhela. Sea lo que fuere,
la idea básica es demandar lo que se desea, y así entra el factor anticipación,
y también algo se adquiere finalmente, si la fe del peticionante es
suficientemente intensa.
La meditación difiere de la oración en que es, ante
todo, una orientación de la mente, orientación que produce comprensión y
reconocimiento, y se convierten en conocimiento formulado. Existe una gran
confusión en la mayoría de las personas sobre esta diferencia. Bianco de Siena
hablaba realmente de meditación, cuando dijo: "¿Qué es la oración, sino la
elevación de la mente directamente a Dios?".
Las personas polarizadas en su naturaleza de deseos,
siendo predominantemente de tendencia mística, demandan lo que necesitan, se
esfuerzan por adquirir en la plegaria virtudes largo tiempo anheladas; ruegan a
la Deidad que los escuche y mitigue sus dificultades; interceden por sus seres
queridos y quienes los rodean; importunan a los cielos por las posesiones
materiales o espirituales, que consideran esenciales para su felicidad. Aspiran
y ansían cualidades, circunstancias y factores condicionantes, que simplifiquen
sus vidas o los liberen, para alcanzar lo que creen ser la libertad para una
mayor utilidad; agonizan orando, para obtener alivio en sus enfermedades y
padecimientos, y tratan de que Dios responda a su demanda mediante alguna
revelación. Pero este pedir, demandar y esperar, son las principales
características de la oración, predominando el deseo e implicando el corazón.
La naturaleza emocional y la parte sensoria del hombre busca lo que necesita, y
el campo de las necesidades es grande y real; el acercamiento se hace por medio
del corazón.
Lo antedicho contiene cuatro
tipos de plegaria:
1. Para
beneficios materiales y ayuda.
2. Para
virtudes y cualidades del carácter.
3. Para
otros, es decir, oración intercesora.
4. Para
iluminación y comprensión divinas.
Se
observará en el análisis de estos cuatro tipos de plegaria, que todos tienen su
raíz en la naturaleza de deseos, y el cuarto lleva al aspirante a un punto
donde puede terminar la oración y comenzar la meditación. Séneca debió haber
comprendido esto cuando dijo: "La oración no es necesaria, salvo para
pedir por un buen estado de la mente y por la salud (plenitud) del alma."
La meditación lleva el trabajo hasta el reino mental; el
deseo cede su lugar al trabajo práctico de preparación para el conocimiento
divino, de manera que el hombre que inició su larga carrera y experiencias de
la vida con el deseo como cualidad básica, y alcanzó el estado de adoración de
la Realidad divina tenuemente percibida, pasa ahora del mundo místico al del
intelecto, al de la razón y de la eventual comprensión. La oración más la
abnegación del altruismo disciplinado produce al místico. La meditación más el
servicio disciplinado y organizado produce al Conocedor. El místico, como hemos
visto, presiente las realidades divinas,
establece contacto (desde las alturas de su aspiración) con la visión mística
y ansía incesantemente la repetición constante del estado de éxtasis a que su
oración, adoración y veneración, lo han elevado. Por lo común es completamente
incapaz de repetir esta iniciación a voluntad. Pére Poulain en "Des grâces
D'Oraison", sostiene que ningún estado es místico a menos que el vidente
sea incapaz de producirlo. En la meditación sucede lo contrario, pues mediante
el conocimiento y la comprensión, el hombre iluminado puede entrar a voluntad
en el del alma y participar inteligentemente de su vida y estados de
conciencia. Un método implica la naturaleza emocional y está basado en la
creencia en un Dios que otorga; el otro involucra la naturaleza mental y está
basado en la creencia en la divinidad del hombre mismo, aunque no niega las
premisas místicas del otro grupo.
Se observará, sin embargo, que las palabras, místico y
misticismo se emplean muy a la ligera y comprenden, no sólo al puramente
místico, con sus visiones y reacciones sensorias, sino también aquellas que
van en camino hacia el reino de la certidumbre y del conocimiento puro. Abarcan
estados inesperados e intangibles, basados en la aspiración y devoción puras, y
también esos estados provenientes de un acercamiento inteligente y ordenado, a
la realidad, y susceptibles de repetirse, de acuerdo a las leyes que el
Conocedor aprendió. Bertrand Russell 1 trata estos dos grupos de manera muy
interesante, aunque emplea el Único término místico en ambas relaciones. Sus
palabras constituyen el preludio más fascinador para nuestro tema:
"La filosofía mística, en todas las
edades y partes del mundo, se caracteriza por ciertas creencias, ilustradas por
las doctrinas ya consideradas.
"Existe primeramente la
creencia en la percepción interna, en oposición al conocimiento discursivo
analítico; la creencia, repentina, penetrante, coercitiva, en camino a la
sabiduría, en contraste con el lento y falible estudio de la experiencia
externa, por una ciencia que se apoya totalmente en los sentidos...
La percepción interna del
místico empieza con la sensación del misterio develado, de la sabiduría oculta
que se trasforma repentinamente en certidumbre, más allá de toda duda. La
sensación de certeza y revelación llega antes de toda creencia definida, a los
cuales llegan los místicos como resultado de la reflexión sobre las
experiencias inarticuladas, adquiridas en el momento de la percepción
interna...
"La primera y más directa
consecuencia del momento de la iluminación, es la creencia en la posibilidad de un medio de conocimiento que
puede llamarse revelación, percepción o intuición, opuesto al sentido, a la razón
y al análisis, considerados como ciegos guías que conducen a la ciénaga de la
ilusión. Íntimamente relacionado con esta creencia, está el concepto de una
Realidad tras el mundo de las apariencias, completamente distinta. Se contempla
esta Realidad con admiración, que a menudo raya en adoración; se la siente
siempre y en todas partes al alcance de la mano, tenuemente velada por el
espectáculo del sentido, preparada para que la mente receptiva brille en toda
su gloria, aunque sea a través de la evidente idiotez y maldad humana. El
poeta, el artista y el amante, buscan esta gloria: ellos persiguen la
evanescente belleza del débil reflejo de su sol. Pero el místico vive en la
plena luz de la visión: él conoce lo que otros apenas perciben; comparado con
el conocimiento que posee, todo lo demás es ignorancia.
"La
segunda característica del misticismo es la creencia en la unidad, y la negación en admitir la oposición
o división...
Una
tercera señal de casi toda metafísica mística es la negación de la realidad
del factor tiempo, consecuencia de negar la división; si todo es uno, la
distinción entre pasado y futuro debe ser ilusoria...
La
última de las doctrinas del misticismo a considerar, es la creencia de que todo
mal es mera apariencia, ilusión producida por las divisiones y oposiciones del
intelecto analítico. El misticismo no sostiene que todas las cosas, como
crueldad, por ejemplo, sean buenas, pero niega que sean reales: pertenecen al
mundo inferior de los fantasmas, del cual debemos liberarnos, por la percepción
interna de la visión".
Pero el
camino místico es una preparación para el camino del conocimiento, donde el
místico se detiene para adorar la visión y anhelar al Amado; el buscador del
verdadero conocimiento se hace cargo de la tarea y lleva adelante el trabajo.
El Dr. Bennet 2, de Yale, dice al final de su libro sobre
misticismo: "El místico, al término de su preparación, espera simplemente
una aparición un acontecimiento que cuida de no definir demasiado
detalladamente; también espera, con plena conciencia, de que su propio esfuerzo
lo ha llevado hasta donde puede llegar, y que debe ser completado por algún
contacto externo". Este pensamiento circunscribe la idea a la esfera de la
percepción sensoria, pero hay algo más, el conocimiento directo, la comprensión
de las leyes que rigen esta nueva esfera del ser, el sometimiento a un nuevo
procedimiento y los pasos y contraseña que conducen al portal y hacen que se
abra. Es aquí donde la meditación desempeña su parte y la mente cumple su nueva
función de reveladora. Gracias a la meditación, la unión que el místico ansía y
presiente, y de la cual tienen una breve y fugaz experiencia, se define, y la
conoce más allá de toda controversia, siendo recuperable a voluntad. El Padre
Joseph Maréchal,3 en su notable obra indica que:
"...
el simbolismo se desvanece, las imágenes se esfuman, el espacio desaparece, la
multiplicidad se reduce, se silencia el razonamiento, la sensación de extensión
se reduce en sí misma y luego se desintegra, la actividad intelectual se
concentra total e intensamente; capta sin necesidad de intermediarios, con
la soberana certidumbre de la intuición, el Ser, Dios...
"La
mente humana es, entonces, una facultad en busca de su intuición –es decir, de asimilación del Ser, el Ser
puro y simple, soberanamente uno, sin restricción, sin distinción de esencia y
existencia, de posibilidad y realidad." (Lo subrayado me pertenece. A.A.
B.)
El objetivo
del místico convencido es tomar la mente y doblegarla a su nueva tarea como
reveladora de lo divino. Para hacerlo con éxito y felicidad, necesita una clara
percepción de su meta y un lúcido entendimiento de los resultados que
finalmente deben manifestarse. Requiere una aguda formulación de los haberes
con los cuales inicia su esfuerzo, y es análogamente la valoración de aquello
de que carece y de sus defectos. Debe alcanzar una perspectiva lo más
equilibrada posible de sí mismo y de sus circunstancias. Sin embargo,
paralelamente debe haber también una perspectiva equilibrada de la meta, y una
comprensión de las maravillosas realizaciones y dones que le pertenecerán una
vez que haya trasferido su interés de
las cosas que ahora absorben su atención
y sus emociones, hacia valores y normas más esotéricos.
Hemos tocado
el punto en que la meditación es un proceso por el cual la mente se reorienta
hacia la Realidad y que, correctamente empleada, puede llevar al hombre a otro
reino de la naturaleza a otro estado de conciencia y del Ser y a otra
dimensión. La meta de la realización se traslada a esferas más elevadas del
pensamiento y conocimiento. ¿Cuáles son los resultados definidos de esta
reorientación?
Ante todo
diremos que la meditación es la ciencia que permite llegar a la experiencia
directa de Dios. Aquello en que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser,
deja de ser el objeto de la aspiración, o el símbolo, para nosotros, de una
posibilidad divina. Conocemos a Dios como la Causa Eterna y la fuente de todo
cuanto existe, incluso nosotros mismos. Reconocemos al Todo. Llegamos a ser
uno con Dios cuando llegamos a ser uno con nuestra propia alma inmortal, y al
producirse este grandioso acontecimiento descubrimos que la conciencia del
alma individual es la conciencia del todo, y que la separatividad y división,
las diferencias y conceptos de yo y tú, de Dios y de un hijo de Dios, se han
desvanecido en el conocimiento y realización de la unidad. El dualismo ha
cedido su lugar a la unidad. Es el Camino de la Unión. La personalidad
integrada ha sido trascendida mediante el proceso ordenado de desenvolvimiento
del alma, y se ha alcanzado la consciente unificación del yo inferior o
personal, con el yo superior o divino. Esta dualidad debe ser primero
comprendida, luego trascendida, antes de que en la conciencia del hombre el
verdadero yo se convierta en el Yo supremo. Se ha dicho que las dos partes del
hombre no han tenido nada en común durante largas edades, y ambas son el alma
espiritual y la naturaleza forma, pero están unidas eternamente (y aquí está la
solución del problema del hombre) por el principio mente. En el antiguo libro
hindú,4 se encuentran estas significativas palabras:
El
yo superior es el amigo del yo inferior para aquel en quien el yo inferior ha
sido conquistado por el yo superior; pero para aquel que está alejado del yo
superior, su propio yo inferior le es hostil como un enemigo".
Y
San Pablo5 dice prácticamente lo mismo en su desesperado lamento:
"Porque
sé que en mi (es decir, en mi carne) nada bueno mora, porque el querer está en
mí; pero no encuentro cómo hacer el bien... Porque al seguir el hombre interno
me deleito en la ley de Dios. Pero veo otra ley en mis miembros que se revela
contra la ley de mi mente y me conduce cautivo a la ley del pecado que está en
mis miembros. Desdichado de mí ¡Quién me liberará! (el verdadero yo) de este
cuerpo de muerte".
Este
Ser real es Dios –Dios Triunfante, Dios Creador, Dios Salvador del hombre.
Según las palabras de San Pablo, "Cristo en nosotros esperanza es de
gloria". Esto se convierte en un hecho en nuestra conciencia y no
simplemente en una esperada teoría.
La meditación
hace que nuestras creencias se trasformen en hechos comprobados y nuestras
teorías en experiencias probadas. La afirmación de San Pablo no es más que un
concepto y una mera posibilidad hasta que, por medio de la meditación, se evoca
la vida crística y se convierte en factor dominante en la vida diaria. Al
hablar de nosotros decimos que somos divinos e hijos de Dios. Sabemos que
algunos demostraron su divinidad al mundo, y se hallan al frente de la
humanidad, y testimonian facultades que están más allá de nuestro alcance.
Somos conscientes internamente de anhelos que nos impelen hacia el
conocimiento, y de impulsos internos que
han forzado a la humanidad a ascender la escala de la evolución, hasta alcanzar
la etapa actual, que denominamos seres humanos cultos. Un anhelo divino nos ha
impulsado adelante desde la etapa de los moradores de las cavernas hasta
nuestra civilización moderna. Sobre todo, somos conscientes de quienes poseen o
pretenden poseer una visión de cosas celestiales que ansiamos compartir, y de
quienes dan testimonio de la existencia de un camino directo hacia el centro de
la Realidad divina y piden que lo sigamos. Se dice que es posible tener
experiencia directa, y la tónica de la época moderna puede resumirse en las
palabras: "De la autoridad a la experiencia". ¿Cómo podemos saber?
¿Cómo tener esta experiencia directa, sin la intromisión de un intermediario?
La respuesta es: existe un método, seguido por incontables millares de
personas, y un procedimiento científico, formulado y seguido por pensadores de
todas las épocas, mediante el cual se han convertido en conocedores.
El proceso educativo ha efectuado probablemente su principal trabajo al
preparar la mente para que emprenda la práctica de la meditación. Ha enseñado
que se posee tal mecanismo y ha expuesto algunos de los medios para utilizarlo.
Los psicólogos han dicho mucho acerca de nuestras reacciones mentales y hábitos
instintivos. Ha llegado el momento en que el hombre se posesione conscientemente
de su instrumento y pase de las etapas iniciales del proceso educativo al aula
y laboratorio internos, donde podrá descubrir por sí mismo a Dios como objetivo
de toda educación. Alguien dijo que el mundo no es una cárcel, sino una escuela
de párvulos espirituales, donde millones de niños confundidos tratan de
deletrear a Dios. La mente lleva de aquí para allá en el trabajo de deletrear
la verdad, hasta que alborea el día y, agotados, nos retiramos dentro de
nosotros mismos, meditamos y luego descubrimos a Dios. El Dr. Overstreet 6
dice: "Toda nuestra eterna búsqueda encuentra su explicación y
significación. Es Dios que está activo en nosotros. Allí descubrimos los
valores más perdurables, o si los creamos, desempeñamos la parte de Dios en
nuestras propias vidas."
Podernos definir también la meditación como el método por el cual el
hombre alcanza la gloria del yo develado, mediante el proceso de rechazar una
forma tras otra. La educación no es exclusivamente tarea de las escuelas y
universidades. La más grande escuela es la experiencia de la vida y las mejores
lecciones son las que aprendemos por nosotros mismos, identificándonos con una
sucesión de formas —formas de placer, de los seres amados, de deseos y de
conocimiento, ¡la enumeración es interminable! Pero solo son sustitutos que
creamos y establecemos corno objeto de adoración, o esas ideas de la felicidad
y la verdad que otros formularon y vamos incesantemente tras ellas, sólo para
descubrir que se desvanecen en la niebla ante nuestros cansados ojos. Buscamos
satisfacciones en todo tipo de fenómeno, sólo para hallar que se convierten en
polvo y ceniza, hasta que alcanzamos ese algo (intangible y, sin embargo,
infinitamente real) que les dio existencia. Quien ve todas las formas como
símbolos de la Realidad está cerca del yo sin velos. Para lograrlo es necesaria
la captación mental y una intuición guiada. Posiblemente Sir James Jeans7
tuvo una vislumbre de esto cuando dijo:
"Los fenómenos llegan disfrazados en su
armazón de tiempo y espacio; son mensajes cifrados cuya significación final no
entendemos hasta haber descubierto la forma de descifrarlos, despojados también
de sus envolturas de tiempo y espacio"
El hombre es un punto de luz divina oculto dentro de varias envolturas,
así como ésta oculta la luz de una linterna, la cual puede estar apagada o
encendida. Su luz puede brillar o estar oculta y por lo tanto no tiene utilidad
alguna para los demás. En los Aforismos de Yoga
de Patanjali, libro de texto básico para la meditación, del cual mi libro
La Luz del Alma 8 es una paráfrasis y comentario, se asegura
que por medio de las correctas disciplina y meditación, desaparece
gradualmente "... lo que oscurece la luz.. ." y
"cuando la inteligencia espiritual... se refleja en la sustancia mental,
entonces se obtiene la percepción del yo". En algún momento de la historia
de cada ser humano, ocurre una crisis decisiva, donde la luz debe ser percibida
a través de una inteligencia correctamente empleada, estableciéndose así el
inevitable contacto con lo divino. Esto lo hace resaltar Patanjali 9
cuando dice: "La transferencia de la conciencia de un vehículo inferior a
otro superior, es parte del gran proceso creador y evolutivo". Lenta y
gradualmente, el conocimiento directo se hace posible y la gloria que está
oculta detrás de toda forma puede ser revelada. El secreto está en saber cuándo
ha llegado este momento y aprovechar la oportunidad". Franz Pfeiffer 10
dice:
"Si el alma estuviera despojada de todas sus
envolturas, Dios aparecería ante su vista sin envolturas, y se entregaría a
ella sin reserva alguna. Mientras el alma no se haya despojado de sus velos,
por muy sutiles que sean, es incapaz de ver a Dios."
Así enseñan Oriente y Occidente la misma idea, con los mismos símbolos.
La meditación es, en consecuencia, un proceso ordenado por el cual el
hombre descubre a Dios. Es un sistema bien probado y constantemente empleado
que invariablemente revela lo divino. Las palabras importantes aquí, son:
"proceso ordenado". Hay ciertas reglas que seguir, ciertos pasos
precisos que dar y ciertas etapas de desenvolvimiento que experimentar, antes
de que el hombre pueda cosechar el fruto de la meditación. Es una parte del
proceso evolutivo según hemos visto y, como todo lo demás en la naturaleza,
lento pero seguro, e infalible en sus resultados. No hay desengaños para el
hombre que está dispuesto a obedecer las reglas y trabaja de acuerdo a un
sistema. La meditación exige autocontrol en todas las cosas, y a no ser que la
práctica de la meditación vaya acompañada de otros requisitos del "proceso
ordenado" (tales como autocontrol y servicio activo) fallará en su
finalidad. El fanatismo no es necesario. Esto aparece bien claro en el Bhagavad
Gita.11
"No hay meditación para el hombre que come
poco ni para el que come mucho; para el que duerme excesivamente o demasiado
poco. Pero aquel que es frugal en el alimento y ordenado en el trabajo, en el
sueño y en el despertar, la meditación llega a ser el destructor de todo
sufrimiento.
La meditación puede ser considerada correctamente como parte del proceso
natural que hasta ahora ha conducido al hombre por el sendero de la evolución,
desde una etapa muy cercana a la del animal, a la etapa de realización mental,
de adquisición científica y de divino descontento. Este centro de conciencia
cambia constantemente, y la atención se ha enfocado continuamente en un campo
de contactos cada vez más amplio. El hombre ha pasado ya del estado puramente
animal y físico del ser, a una percepción intensamente sensoria y emotiva. En
esta etapa se encuentran millones de personas, y tantos otros progresan hacia
una esfera más elevada de percepción que denominamos esfera de la mente. Otro
grupo, mucho menos numeroso, está pasando a una esfera donde es posible un
campo universal de contactos, y a éstos se los denomina los "Conocedores de la raza". A través de todos los métodos empleados corre
el hilo de oro del propósito divino, y la meditación es el medio por el cual la
conciencia humana es trasferida al conocimiento del alma y a la percepción de
la misma.
Este proceso de revelar al yo, negando el aspecto forma de la vida, y la
eventual incapacidad de las diversas envolturas para ocultarla, puede
describirse como trasmutación, lo mismo que en términos de trasferencia de
conciencia.
Trasmutación es el cambio y reorientación de las energías de la mente, de
las emociones y de la naturaleza física, a fin de revelar al yo y no
simplemente a las naturalezas síquica y física.
Se dice, por ejemplo, que tenemos cinco instintos principales que compartimos
en común con los animales, los cuales, cuando se aplican a fines egoístas y
personales, acrecientan la vida del cuerpo, refuerzan la forma o naturaleza
material y sirven para ocultar cada vez más al yo, el hombre espiritual. Tales
instintos deben ser transmutados en sus contrapartes superiores, pues cada
característica animal tiene su prototipo espiritual. El instinto de
autoconservación debe ser finalmente reemplazado por la comprensión de la
inmortalidad y, aunque "morando siempre en lo Eterno", el hombre
caminará sobre la tierra y cumplirá su destino. El instinto que hace que el yo
inferior se lance adelante y fuerce su camino hacia arriba, eventualmente se
trasformará en control del yo superior o espiritual. La afirmación del yo
inferior cederá a la del yo superior. El sexo, que es un instinto animal que
rige poderosamente todas las formas animales, cederá su lugar a una atracción
superior, la cual, en sus aspectos más nobles, dará origen a la consciente
atracción y unión entre el alma y su vehículo; mientras que el instinto de
rebaño se transmutará en conciencia grupal. Un quinto instinto, llamado el
impulso de descubrimiento e investigación que caracteriza a todas las mentes
que se hallan tanto en un nivel inferior como superior, cederá su lugar a la
percepción y la comprensión intuitivas, realizándose así la gran tarea, y el
hombre espiritual dominará a su creación, el ser humano, y elevará todos sus
atributos y aspectos a los cielos.
La meditación desarrolla en la mente el conocimiento espiritual, y
partiendo de la base del conocimiento común, se expande constantemente nuestra
comprensión del término, hasta fusionar el conocimiento en sabiduría. Esto es
conocimiento directo de Dios por medio de la facultad mental, y así
convirtiéndonos en lo que somos, podemos manifestar nuestra naturaleza divina.
Tagore, en uno de sus escritos define la meditación como (la entrada en una
gran verdad, hasta ser poseídos por ella); verdad y Dios son términos
sinónimos. Se dice que la mente conoce dos objetos, el mundo externo, mediante
los cinco sentidos y el cerebro, y el alma y su mundo, mediante lo que
podríamos llamar el empleo introvertido de la mente y su intenso enfoque sobre
un nuevo y poco común campo de contactos. Entonces "la sustancia mental,
reflejando tanto al conocedor (el
yo) como a lo cognoscible, deviene omnisciente...,
se convierte en el instrumento del yo y actúa como agente unificador".12
Al hombre que verdaderamente medita, le son reveladas todas las cosas.
Comprenderá las cosas ocultas de la naturaleza y los secretos de la vida y del
espíritu. También sabrá cómo es que sabe. Así la meditación trae unión o
unificación.
El místico occidental hablará de unificación, mientras que su hermano
oriental hablará de Raja Yoga o de
Unión y Liberación, pero ambos quieren dar a entender lo mismo. Quieren
significar que la mente y el alma
(Cristo en nosotros o yo superior)
actúan como una unidad, como un conjunto coordinado, expresando
perfectamente la voluntad del Dios interno. René Guénon,13 en uno de
sus libros, hace los siguientes e interesantes comentarios sobre la palabra
"unión", los cuales son oportunos aquí:
"La comprensión de esta identificación se
efectúa por la yoga, es decir, la unión íntima y esencial del ser con el
principio divino o, si se prefiere, con lo universal. El significado apropiado
de la palabra yoga es, en efecto,
'unión' y nada más... Debe observarse que esta realización no debe considerarse
estrictamente como un 'logro', o la 'producción de un resultado no preexistente',
según la expresión de Shankarâchârya, porque la unión en cuestión, aunque no se
realice de hecho en el sentido que se sobreentiende aquí, existe no obstante
potencialmente o, mejor dicho, virtualmente; lo que implica es meramente el
logro efectivo por parte del ser individual... de la conciencia y de lo que
verdaderamente proviene de toda la eternidad".
Por medio de las etapas ordenadas del
proceso de la meditación se establece gradual y firmemente, una relación entre
el alma y su instrumento, hasta llegado el momento en que son literalmente uno.
Entonces las envolturas sirven simplemente para revelar la luz de hijo de Dios
interno; el cuerpo físico está bajo el control directo del alma, porque la
mente iluminada trasmite (como veremos más adelante) el conocimiento del alma
al cerebro físico; la naturaleza emocional se ha purificado y simplemente
refleja la naturaleza amor del alma,
de la misma manera que la mente refleja los propósitos de Dios. Así los
aspectos hasta entonces desorganizados y separados del ser humano se sintetizan
y unifican, se produce una relación armónica entre ellos, siendo el alma su
creador, su fuente de energía y su poder motivador.
Esta ciencia de la unión implica la disciplina de la vida y un sistema experimental de coordinación. El método es atención enfocada, el control de la mente o la meditación. Es un método de desarrollo por el cual efectuamos la unión con el alma y llegamos a ser conscientes de estados internos de conciencia, lo cual está sintetizado en las familiares palabras de Browning: 14
La
verdad está en nosotros;
no
surge de cosas externas, tal como se cree;
existe
un recóndito centro en todos,
donde
la verdad mora en toda su plenitud;
muro
sobre muro la carne nos circunda,
... y saber
Consiste
más bien en abrir un camino,
por
donde pueda evadirse el aprisionado esplendor,
en
vez de entrar para obtener la luz,
que
se supone está afuera.
El entero objeto de la ciencia de la meditación es, por
lo tanto, permitir al hombre ser en la manifestación externa lo que es en la
realidad interna, e identificarse con su aspecto alma y no simplemente con sus
características inferiores. Es un proceso rápido para el desenvolvimiento de la
conciencia razonadora, pero en este caso debe ser autoaplicada y autoiniciada.
En la meditación la mente se emplea como instrumento para observar los estados
eternos y con el tiempo se convierte en un instrumento para la iluminación, por
cuyo medio el alma o yo, trasmite conocimiento al cerebro físico.
Finalmente, la meditación trae la iluminación. Franz
Pfeiffer, en uno de sus libros, 15 citando las palabras de Meister
Eckhart en el libro de los Sermones, escrito por éste en el siglo xiv, dice:
"Tres tipos de hombres ven
a Dios. El primero ve a Dios por la fe; no sabe de Él más de lo que puede
discernir parcialmente. El segundo contempla a Dios a la luz de la gracia, pero
sólo como respuesta a sus ansias, otorgándoles dulzura, devoción, interioridad
y otras cosas análogas... El tercero Lo ve en la luz divina".
Es precisamente esta luz lo que el proceso de la
meditación revela y con la cual aprendemos a trabajar.
El corazón del mundo es luz y en esta luz veremos a
Dios. En esta luz nos descubrimos a nosotros mismos. En esta luz se revelan
todas las cosas. Pantajali16 dice que "cuando los métodos de la
yoga han sido practicados con constancia y se ha vencido la impureza, tiene
lugar el esclarecimiento, que conduce a la plena iluminación".
"Entonces la mente tiende... al acrecentamiento de la iluminación respecto
a la verdadera naturaleza del yo".
Como resultado de la meditación llega el resplandor de
la luz. Esta iluminación es gradual; se desarrolla etapa tras etapa. 17
De esto trataremos con mayor detalle más adelante.
Como consecuencia de los factores mencionados, los poderes
del alma se desarrollan por medio de la meditación. Cada vehículo, por el cual
se expresa el alma, contiene latente en sí cierta potencia inherente; pero el
alma, fuente de todos ellos, la posee en su forma más pura y sublime. El ojo
físico por ejemplo, es el órgano de la visión física. La clarividencia es el
mismo poder que se manifiesta en lo que se considera como mundo psíquico –el
mundo de ilusión, de sensación y de emoción. Pero el alma manifiesta ese mismo
poder como percepción pura e infalible visión espiritual. Las analogías
superiores de los poderes inferiores, físicos y síquicos, entran en activa
función por medio de la meditación, y de esta manera reemplazan a sus
expresiones inferiores.
Dichos poderes se desenvuelven en forma normal y natural,
no porque se deseen o desarrollen conscientemente, sino porque a medida que el
Dios interno ejerce control y domina Sus cuerpos, Sus poderes se manifiestan en
el plano físico como potencialidades y son realidades conocidas.
El verdadero místico no se preocupa de poderes y
facultades, sino del Poseedor de estos poderes. Se concentra en el yo y no en
las potencias de ese yo. A medida que se fusiona cada vez más con la realidad,
que es él mismo, los poderes del alma se manifiestan en forma normal, útil y
sin peligro. El proceso ha sido sintetizado por Franz Pfeiffer 18
en estas palabras:
"Los poderes inferiores del
alma deberían supeditarse a los superiores y éstos a Dios; sus sentidos
externos a los internos y éstos a la razón; el pensamiento a la intuición y la
intuición a la voluntad, y todos a la unidad..."
Las palabras del Dr. Charles Whitty,19
traductor del libro de René Guénon, son oportunas en este capitulo sobre los
objetivos del proceso de la meditación. Se refiere:
"... al abrumador testimonio
del mutuo y confirmador acuerdo, sobre todos los puntos esenciales de las
tradiciones esotéricas occidentales, hinduistas, musulmanas y del Lejano
Oriente. La verdad, que tan precipitadamente llamamos inaccesible, nos espera
allí con majestad inalterada e inmutable, velada para los ojos precipitados y
burlones, pero cada vez más evidente para el buscador ansioso e imparcial.
Según Plotino, el acto de la contemplación, que esencialmente constituye la
vida de todo individuo y del género humano, asciende gradualmente, y, por
progresión natural e inevitable, va de la naturaleza al alma, del alma al
intelecto puro y del intelecto al Supremo 'Uno'. Si es así, la actual
preocupación sobre cuestiones síquicas o semisíquicas de los representantes más
avanzados del pensamiento y de la ciencia occidental, puede o más bien debe,
ser tarde o temprano reemplazada por la atención de igual intensidad, sobre
cuestiones superiores y hasta de mayor importancia.
Como se verá, lo atribuido a la meditación es muy
elevado, y el paso del testimonio de los místicos e iniciados de todas las
edades, pueden corroborarlo. El hecho de que otros se hayan realizado, puede
alentarnos e interesarnos, pero únicamente eso, a no ser que emprendamos una
acción definida. Es muy cierto que existe una técnica y una ciencia de unión,
basadas en el correcto manejo del cuerpo mental y la correcta aplicación del
mismo; pero este conocimiento no es de utilidad a no ser que cada pensador
culto encare la cuestión. Debe decidir sobre los valores implicados y
dedicarse a demostrar la realidad de la mente, su relación en dos direcciones
(con el alma por un lado y el medio ambiente externo por otro) y, finalmente,
su capacidad para utilizar esa mente a voluntad, según decida. Esto implica el
desarrollo de la mente como un sentido que se ha sintetizado. el sentido común,
rigiendo su empleo en relación con el mundo de la vida terrena, de las
emociones y del pensamiento. Involucra también su orientación a voluntad hacia
el mundo del alma, y su capacidad de actuar como intermediaria entre el alma y
el cerebro físico. La primera relación se desarrolla y fomenta por medio de los
sensatos métodos educativos exotéricos y de entrenamiento. La segunda es
posible por la meditación, una forma más elevada del proceso educativo.
Notas :
1.
Mysticism and Logic, págs. 8, 9, 10, 11.
2. A Philosophical Study of Mysticism, pág.
192.
3.
Studtes in the Psychology of the Mystics, págs. 32,
101.
4. Bhagavad Gita, vi: 6.
5. Ro, 7: 18; 22, 23 y 24
6.
The Enduring Quest, pág. 265.
7. One Universe Around Us, pág. 339.
8.
Libro
ii, Af. 52.
9. Libro iv,
Af. 2.
10. Meister Eckhart, pág. 114.
11. Bhagavad Gita, Libro vi, Af. 16, 17.
12. La Luz del Alma, Libro iv, Af. 23 y 24.
13. Man and His Becoming, pág. 37.
14. Paracelsus (versión libre).
15. Meister Eckhart, pág. 101.
16. La Luz del Alma, Libro ii, Af. 27, 28; L. iv, Af. 26.
17. Ídem, Libro iii, Af. 5, 6.
18. Meister Eckhart, pág. 40.
19. Man and His Becoming, pág. x.
20.
ETAPAS DE LA Meditación
"¿Qué harías en lo interno, oh alma, hermana mía?
¿Qué harías en lo interno?
Obturaría puerta y ventana para que nadie pudiera verla:
Así solos quedaríamos
(¡Solos,
cara a cara
en ese lugar iluminado por la llama!)
Y por primera vez hablaríamos".
Evelyn Underhill
HEMOS estudiado brevemente los
objetivos que tenemos ante nosotros al tratar de reorientar la mente hacia el
alma para, mediante esta unión, entrar en comunicación con un mundo más elevado
del Ser. Tratamos de utilizar el equipo que nos fue dotado por una larga serie
de experimentos y experiencias en la vida. Si emprendemos la tarea desde el
punto de vista del devoto místico o del aspirante intelectual, existen ciertos
requisitos básicos que deben preceder a todo ejercicio definido. Las palabras
del Reverendo R. J. Campbell exponen sucintamente la situación y nuestra tarea,
y dice:
"A
fin de conocer la naturaleza del yo, tuvimos que abandonar nuestro hogar eterno
en Dios, luchando y sufriendo en medio de las ilusiones del tiempo y de los
sentidos. Debemos superarnos antes de penetrar en la verdad eterna que reside
detrás de todo lo visible. Con la superación debemos dominar la carne y
magnificar el espíritu, despreciar el mundo para salvarlo y perder la vida
para descubrirlo".
Ahora
consideraremos la situación y los procesos a que debemos ajustarnos, si
queremos alcanzar la meta. Sólo se indicarán los requisitos preliminares, pues
son universalmente reconocidos, y en parte los cumple todo principiante, de lo
contrario no podría entrar en esa fase particular de la legendaria búsqueda de
la verdad.
Somos conscientes de la dualidad en nosotros
mismos y de un estado de lucha entre los dos aspectos de que estamos
constituidos. Somos conscientes de un profundo descontento hacia toda la vida
física y de nuestra incapacidad de captar y comprender la divina realidad que
esperamos exista, pero es cuestión de fe y ansiamos estar seguros de ello. La
vida de los sentidos no parece llevarnos muy allá en el camino hacia nuestra
meta. Llevamos una existencia flexible, a veces impelidos por el elevado deseo
hacia la maravillosa cumbre de la montaña, hasta alcanzar una vislumbre de la
belleza, y luego somos arrojados al abismo de nuestro cotidiano medio ambiente,
la naturaleza animal y el mundo caótico en que el destino nos ha colocado.
Presentimos que hay algo cierto, pero nos elude; tratamos de alcanzar una meta
que parece estar fuera de nosotros y evade nuestros más frenéticos esfuerzos;
luchamos y ansiamos alcanzar el conocimiento, del que los santos nos dan
testimonio y los Conocedores de la raza continuamente atestiguan. Si nuestra
voluntad es bastante fuerte y nuestra determinación se arraiga en la
persecución constante e indesviable al comprender las antiguas reglas y
fórmulas, podemos encarar nuestro problema desde un nuevo ángulo y utilizar
nuestro equipo mental en vez de la aplicación emocional y el deseo febril.
Sin embargo, tiene cabida la
actividad del corazón, y Patanjali en sus bien conocidos Aforismos 1 que han guiado los esfuerzos de cientos de
Conocedores, dice:
"Las
prácticas que conducen a 'la unión con el alma'... son: primero, 'aspiración
ardiente', luego 'lecturas espirituales' y finalmente, 'devoción' al
Maestro".
La palabra
"aspiración" viene del latín "ad" y "aspirare"
––respirar, alentar hacia, según el Diccionario Webster. La palabra
"espíritu" viene de la misma raíz. Aspiración debe preceder a la
inspiración. Debe haber una expiración del yo inferior, antes de haber una
inspiración del aspecto superior. Desde el punto de vista del misticismo
oriental, aspiración involucra la idea de fuego. Denota un deseo ardiente, una
fogosa determinación que eventualmente produce tres cosas en el aspirante.
Proyecta una viva luz sobre sus problemas y constituye la hoguera purificadora
donde el yo inferior debe penetrar, a fin de consumir toda la escoria, a la vez
que destruir todos los entorpecimientos que lo retengan. Esta misma idea del
fuego aparece en todos los libros sobre misticismo cristiano, y en la Biblia se
encuentran muchos pasajes similares.
La voluntad de "cargar la
cruz, entrar en el fuego, morir diariamente" (no importa qué simbología se
emplee), es la característica del verdadero aspirante, y antes de poder
continuar en el camino de la meditación y seguir los pasos de las miríadas de
hijos de Dios que nos precedieron, debemos medir la profundidad y altura y
prepararnos para la ardua ascensión y la fiera lucha. Debemos decir como J. C.
Earle: 2
"Cruzo el valle. Asciendo
la cuesta;
cargo la cruz; la cruz me carga
a mí.
La luz me conduce a la luz.
Lágrimas
de gozo vierto al pensar en lo
que espero ver
una vez escalada la ardua
cumbre;
por cada doloroso paso que doy,
atravieso mundos sobre mundos de
luz, y
penetro en las honduras más
profundas de Dios."
Empezamos con una comprensión emocional de nuestra
meta, y de allí seguimos adelante a través del fuego de la disciplina, hacia
las alturas de la certidumbre intelectual. Esto está bellamente descrito en la
Biblia, en la historia de Sidrac, Misac y Abedago. Leemos que fueron arrojados
a una hoguera ardiente; no obstante, el resultado de esta aparente tragedia fue
la aparición de una cuarta Identidad entre ellos, de apariencias semejantes a
la del Hijo de Dios. Estos tres amigos simbolizan el triple hombre inferior. El
nombre Misac significa "ágil" (facultad de la mente discernidora, el
cuerpo mental). Sidrac significa "gozando del camino", y describe la
trasmutación del cuerpo emocional y el acto de trasladar el deseo al camino;
Abedago significa "un servidor del Sol", y así hace resaltar el hecho
de que la única función del cuerpo físico es ser servidor del Hijo (Sol), del
ego o alma. (Véase Daniel iii,
23-24). No hay medio de escapar de la ardiente hoguera, pero la
recompensa es proporcional a la prueba.
La significación
del segundo requisito, lecturas espirituales, debe ser también captada. La
palabra leer es de origen muy oscuro; según los filólogos, deriva de dos
palabras. Una es la latina "reri", pensar, la otra la sánscrita
"radh", tener éxito. Quizás ambas ideas sean aceptables, porque
realmente la verdad es que el hombre capaz de pensar mejor y de controlar y
utilizar su mecanismo de pensar, es quien domina más fácilmente la técnica de
la meditación.
La oración es
posible para todos; la meditación únicamente para el hombre mentalmente
polarizado. Conviene hacer resaltar este punto, pues frecuentemente encuentra
oposición cuando se lo expone. Todo hombre que esté dispuesto a sujetarse a una
disciplina y a transmutar la emoción en devoción espiritual, puede llegar a
santo, y muchos se someten a ello. Pero no todos los hombres pueden llegar a
Conocedores, porque esto implica todo cuanto el santo ha alcanzado, más el
empleo del intelecto y el poder de pensar hasta alcanzar el conocimiento y la
comprensión. El hombre que triunfa es aquel que puede pensar y utilizar el
sexto sentido, la mente, para producir ciertos resultados específicos. Otros
orígenes que se sugirieron tienen que ver con las palabras que significan
aceptar consejos y advertencias. Tenemos así tres ideas básicas: obtener éxito
mediante la mente, lograr la perfección, aceptar consejos y utilizar todos los
canales de información, a fin de adquirir el conocimiento.
Esto es
fundamentalmente lo que Patanjali quiere significar cuando emplea la expresión
"lectura espiritual". En realidad significa leer con los ojos del
alma, con la visión interna alerta, para descubrir lo que se busca. Se
comprende que las formas no son más que símbolos de una realidad interna o
espiritual, y que lectura espiritual implica el desarrollo de la capacidad
de "leer", o ver el aspecto
vida que la forma externa vela u oculta. Se observará que lo dicho se aplica
tanto a la forma humana como a las formas de la naturaleza. Todas ellas velan
un pensamiento divino, idea o verdad, y son manifestación tangible de un
concepto divino. Cuando el hombre sabe esto empieza a leer espiritualmente, a
ver debajo de la superficie, y así establece contacto con la idea que dio
existencia a la forma. Gradualmente, a medida que se adquiere práctica, se
Llega al conocimiento de la Verdad y ya no engañan los aspectos ilusorios de la
forma. En su aplicación más práctica, esto conducirá al hombre, por ejemplo, a
rechazar el aspecto forma que puede asumir un semejante y a ocuparse de él,
basándose en la oculta realidad divina, lo cual no es fácil, pero sí posible,
si se entrena en la lectura espiritual.
El tercer
requisito es obediencia al Maestro. No es una obediencia servil a los mandatos
de algún supuesto Instructor o Maestro, que actúa misteriosamente detrás de la
escena, como pretenden tantas escuelas de esoterismo. Es mucho más sencillo. El
Maestro real, que reclama nuestra atención y la consiguiente obediencia, es el
Maestro en el Corazón, el alma, el Cristo interno. Este Maestro hace sentir Su
presencia, primeramente por medio de la "voz tenue y queda" de la
conciencia, impulsándonos a un vivir más elevado y menos egoísta, emitiendo una
rápida advertencia cuando nos desviamos del estricto sendero de la rectitud.
Luego es conocida como la Voz del Silencio, la palabra que llega, el
"Verbo encarnado", nosotros mismos. Cada uno es un Verbo hecho carne.
Después lo denominados intuición despierta. Quien estudia meditación aprende a
diferenciar con exactitud estos tres. Este requisito exige, por lo tanto,
obediencia implícita, que el aspirante presta rápidamente a los impulsos
superiores que puede registrar en todo momento y a cualquier precio. Cuando se
presta obediencia a esto, desciende del alma un raudal de luz y conocimiento.
Cristo lo señala en las palabras: "Si
uno cumple Su
voluntad sabrá..." (Jn. 7:17)
Estos tres
factores —obediencia, búsqueda de la verdad, en todas las formas, y ardiente
anhelo de liberación— son las tres partes de la etapa de aspiración, y deben
preceder a la de la meditación. No es necesario expresarlas en su plenitud o
extensión, sino incorporarlas a la vida como reglas prácticas de conducta.
Conducen al desapego, una cualidad sobre la que se hace hincapié en Oriente y
Occidente. Consiste en liberar al alma de la esclavitud de la vida de las
formas, y subordinar la personalidad a los impulsos superiores. El Dr.
Maréchal 3 expresa esta intención cristiana en las palabras:
"Qué
significa 'desapegarse' del yo,"
"Ante
todo, en realidad, es desapegarse del ego inferior y sensorio —la subordinación
habitual del punto de vista carnal al espiritual; la coordinación de la
multiplicidad inferior, en una unidad superior.
"Igualmente
es desapego del 'ego jactancioso', del ego disperso y caprichoso, juguete de
las circunstancias externas, esclavo de la opinión fluctuante. La continuidad
de la vida interna no podrá acomodarse a una unidad tan fluctuante.
"Sobre
todo, es desapegarse del 'ego orgulloso'. Debe tenerse una exacta comprensión
de ello, por que la humildad es considerada con justicia una de las notas más
características del ascetismo y del misticismo cristianos".
Lo antedicho
acentúa la subordinación de la vida física, emocional y mental, al proyecto
divino de alcanzar la unidad, porque el capricho es una cualidad del mecanismo
sensorio, y el orgullo una cualidad de la mente.
El proceso de
meditación se divide en cinco partes, cada una conduce sucesivamente a la otra.
Tomaremos estas diversas etapas y las estudiaremos por separado, porque al
dominarlas podemos atribuir el ascenso constante del hombre espiritual
consciente, desde la esfera del sentimiento a la del conocimiento, y de ésta a
la iluminación intuitiva. Estas etapas pueden ser brevemente enumeradas:
1.
Concentración. Es el acto de concentrar la mente, aprendiendo
a enfocarla y a utilizarla.
2.
Meditación. Es el enfoque prolongado de la atención en
una dirección y el firme mantenimiento de la mente sobre cualquiera idea
deseada.
3.
Contemplación. Es una actividad del alma, en forma
independiente de la mente, mantenida en estado de pasividad.
4.
Iluminación. Es el resultado de los tres procesos
anteriores, y consiste en hacer descender a la conciencia cerebral el conocimiento
adquirido.
5.
Inspiración. Es el resultado de la iluminación, tal como
se manifiesta en la vida de servicio.
Estas cinco etapas, seguidas
fielmente, conducen a la unión con el alma y al conocimiento directo de la
divinidad. Para la mayoría de quienes emprendan el estudio de la meditación, la
etapa que debe absorber su atención durante largo tiempo ––casi con exclusión
de todas las demás–– es la concentración, el control de los procesos mentales.
Se supone que existe cierta medida de aspiración, de lo contrario no habría
deseo de meditar. Sin embargo, debe señalarse que la aspiración no sirve de
nada, salvo que esté apoyada por una fuerte voluntad, la aptitud para
perseverar y la paciente persistencia.
I. La Etapa de Concentración.
En todas las
escuelas de misticismo avanzado o intelectual, el primer paso necesario es
alcanzar el dominio de la mente. En el siglo xiv,
Meister Eckhart 4 dijo:
"San
Pablo nos recuerda que, por estar hechos a imagen de Dios, podemos alcanzar la
visión más alta y verdadera. Para ello es necesario tres cosas, dice San
Dionisio. La primera, dominar la propia mente. La segunda, una mente libre. La
tercera, una mente capaz de ver. ¿Cómo podemos adquirir esta mente
especuladora? Por el hábito de la concentración mental".
Esto está en
estricta conformidad con el método oriental, el cual busca que el hombre domine
su mecanismo mental a fin de ser él quien lo emplee a voluntad, y no (como
ocurre muchas veces) convertirse en la víctima de su mente, impelida por
pensamientos e ideas sobre los cuales el hombre no tiene control, ni puede
eliminarlos por muy fuerte que sea su deseo de hacerlo.
Las mismas
ideas expresadas por Meister Eckhart se encuentran en la antigua Escritura
indú, El Bhagavad Gita: 5
"Krishna,
la mente oscila, turbulenta, impetuosa, potente; creo que es tan difícil de
sujetar como el viento.
"Sin duda...
La mente oscilante es difícil de sujetar; pero mediante asidua práctica.. . se
puede sujetar firmemente.
"Cuando tu alma haya pasado
más allá de la selva de la ilusión, ya no se tendrá en cuenta lo que se
enseñará ni lo que se ha enseñado.
"Cuando abandones la
enseñanza tradicional tu alma permanecerá constante y firme en la visión del
alma, entonces alcanzarás la unión con el alma".
Por lo tanto
el primer paso es el dominio de la mente. Esto significa el poder de hacer que
la mente haga lo que uno quiera, piense lo que uno decida y formule ideas y
secuencias mentales dirigidas. La función de la mente en la mayoría do los
casos es recibir, primeramente, mensajes del mundo externo, por conducto do los
cinco sentidos, siendo trasmitidos por el cerebro. Hume dice que "la mente
es una especie de teatro donde aparecen sucesivamente varias
percepciones". Es el asiento de las funciones intelectuales y un gran
centro registrador de impresiones de todo tipo, sobre las cuales actuamos o las
rechazamos, si no nos agradan. La mente tiene tendencia a aceptar lo que se le presenta. Las ideas del
psicólogo y de la ciencia, respecto a la naturaleza de la mente, son demasiado
numerosas para tratarlas aquí. Algunos consideran la mente como una entidad
separada; otros como un mecanismo del cual el cerebro y el sistema nervioso son
partes integrantes. Una escuela la considera como "una especie de
estructura superior, no física... que puede someterse a un estudio
estrictamente científico y sujeta a sus propios desórdenes". Unos la miran
como una forma del yo, con vida propia, como un mecanismo de defensa construido
a través de las edades, como un mecanismo de respuesta a través del cual
hacemos contacto con aspectos del universo, que de otra manera serían
inalcanzables. Para algunos es simplemente un término vago, que significa
aquello con lo cual registramos pensamientos o respondernos a vibraciones,
tales como las expresadas en la opinión pública y en los libres escritos en el
trascurso de los siglos. Para el esoterista, la mente es simplemente una
palabra que representa un aspecto del hombre que responde en una sola dirección
––al mundo externo del pensamiento y de los hechos––, pero que podría responder
igualmente en otra dirección, es decir, al mundo de las energías sutiles y del
ser espiritual. Mantendremos este último concepto al estudiar la técnica de la
meditación. El Dr. Lloyd Morgan 6 nos da una síntesis en la cual
están incluidas todas las definiciones menores, y dice:
"...
la palabra 'mente' puede emplearse en tres sentidos; primero, como mente o
espíritu cuando se refiere a alguna actividad, que para nosotros es Dios;
segundo, como cualidad que emerge de un alto nivel de evolución; tercero, como
un atributo síquico, que compenetra todos los acontecimientos naturales en
correlación universal".
Tenemos aquí
la idea del propósito divino, la mente universal, y también de esa mentalidad
humana que, en la escala de evolución, diferencia al hombre del animal, y
además, una referencia a esa conciencia síquica universal, que compenetra a lo
animado y a lo inanimado. Como seres humanos consideramos la mente como una
cualidad que emerge de un elevado nivel de la evolución. Es un modo o método de
contacto, que recibe información de varias fuentes y por diferentes medios. Los
cinco sentidos transmiten información gracias a la cual el hombre se da cuenta
del mundo de los fenómenos físicos y de la vida síquica en que está sumergido,
y también que la mente registra impresiones provenientes de otras mentes y de
los pensamientos (antiguos y modernos) de los hombres, que le llegan por medio
de la lectura, la palabra hablada, el drama, las imágenes y la música. La mayor
parte de esto es simplemente registrada y acumulada, para expresarse más tarde
como memoria y presentimiento. Los estados de ánimo, las reacciones emocionales,
los sentimientos y deseos, sea de alta o baja calidad, son también registrados
por la mente, pero es lo único que ocurre en las personas comunes. Muy poco
raciocinio sigue al registro de la información y rara vez se produce una clara
formulación de ideas. Una de las funciones de la mente es revestir las ideas
con palabras que expresan dichas ideas con claridad, sin embargo, ¡cuán pocas
personas tienen ideas o pensamientos realmente inteligentes! Sus mentes
responden a lo que les llega del mundo externo, pero no tienen actividades
inherentes o autoiniciadas.
Por lo tanto,
el proceso que actualmente controla en el caso del hombre común, es desde el
mundo externo hacia dentro, a través de los sentidos, al cerebro. El cerebro
entonces telegrafía a la mente la información registrada, la cual a su vez, la
registra, y ahí termina generalmente el incidente.
Pero en el
caso de los que verdaderamente piensan, ocurre algo más. Después del registro
viene el análisis del incidente o información; se correlaciona con otros
incidentes y se procede a un estudio de la causa y el efecto. La
"sustancia mental", como la llama el oriental, es impulsada a la
actividad; se crean imágenes y formas mentales en relación con la idea presentada.
Entonces, si lo desea, el claro pensamiento del hombre se imprime en el
cerebro y se establece una actividad recíproca. Pero el místico y el hombre que
empieza a meditar descubren algo más. Encuentran que la mente, dirigida y
disciplinada adecuadamente puede responder en forma más amplia y profunda y
hasta puede llegar a darse cuenta de ideas y conceptos procedentes de una
esfera profundamente espiritual, comunicados por el alma. En vez de llegar
impresiones de la vida diaria externa, registradas en la sensible placa
receptora de la mente, llegarán del reino del alma, cuya causa es la actividad
de la propia alma del hombre, o de otras almas con las cuales está en Contacto
su alma.
Entonces la
mente adquiere una nueva y renovada utilidad y su campo de contacto no sólo
abarca el mundo de los hombres, sino también el de las almas. La función de la
mente, en tales condiciones, es actuar como intermediaria entre el alma y el
cerebro, y trasmitir a éste lo que el hombre como alma ha percibido. Ello es
posible cuando las antiguas actividades mentales son reemplazadas por
actividades superiores y cuando la mente es momentáneamente insensible a todas
las impresiones externas. Sin embargo, esto no se obtiene empleando métodos
para hacer a la mente pasiva y receptiva, ni por el sistema de dejar la mente
en blanco, o aturdiéndola para hacerla negativa; tampoco por otras formas de
autohipnotismo. Se produce por la fuerza expulsiva de un nuevo y más grande
interés y por la centralizada atención de las facultades mentales, enfocadas en
un nuevo mundo de fenómenos y de fuerzas. Éste es el sistema de concentración
y el primero y más difícil paso hacia la iluminación de la vida.
La palabra
"concentración" deriva de las palabras latinas "con", con,
y "centrare", centrar. Significa "reunir o traer a un centro
común o punto focal"; supone reunir nuestros pensamientos e ideas
dispersos y mantener la mente firme y fijamente enfocada o centrada, en el
objeto de nuestra atención inmediata, sin desviación ni distracción. Implica la
eliminación de todo lo externo o extraño al asunto en observación. Patanjali7
la define así: "La concentración consiste en fijar la sustancia mental en
un objeto determinado".
Esto necesariamente involucra la
diferencia entre el pensador, el mecanismo de pensamiento y lo que el pensador
va a considerar. Por lo tanto debemos establecer la diferencia entre quien
piensa y aquello que se emplea para pensar, la mente. Luego viene el tercer
factor, sobre qué se piensa.
Los estudiantes harán bien,
desde el comienzo de la meditación, en aprender a establecer claramente estas
diferenciaciones básicas y cultivar el hábito diario de hacer estas
distinciones. Hay que distinguir siempre entre:
El
pensador, el verdadero yo o alma.
2.
La mente, o el mecanismo que el pensador trata de
utilizar.
3.
El proceso de pensar, o la tarea del pensador al
imprimir en la mente (cuando está equilibrada) lo que está pensando.
4.
El cerebro, que a su vez es impresionado por la
mente, actuando como agente del pensador, a fin de trasmitir impresiones e
información.
Concentración es el poder de
enfocar la conciencia sobre un tema dado y mantenerla allí todo el tiempo
deseado; es el método de percibir con exactitud y el poder de visualizar
correctamente; cualidad que permite al pensador percibir y conocer el campo de
percepción. Otra palabra para la concentración es atención, es decir, atención
enfocada en una sola dirección. Es interesante notar lo que el Padre Maréchal 8
dice a este respecto. Indica que "la atención es un sendero directo hacia
la plena percepción, la alucinación, o, por lo general, hacia la creencia...
Produce la unificación, al menos momentánea, de la mente, debido al predominio
de un grupo mental... Pero esta 'unidad mental' realizada hasta cierto grado en
el fenómeno de la atención, es también la única condición subjetiva que, como
hemos visto, acompaña siempre a la percepción, verdadera o falsa, de lo
real".
Se
preguntarán cuál es el método más fácil para aprender a concentrarse. Se podría
responder con palabras del proverbio francés: "Le meilleur moyen de
déplacer est de remplacer" –– " el mejor modo de eliminar es
sustituir", y uno de los mejores medios es utilizar lo que se ha llamado
"el poder expulsivo de un nuevo afecto". Interesarse profundamente en
algún asunto nuevo e intrigador y enfocar la atención en un tema nuevo y
dinámico, automáticamente tiende a dar a la mente una sola dirección.
Otra respuesta podría ser:
concentrarse todos los días en lo que se hace durante el día. La concentración
se desarrolla rápidamente si se cultiva el hábito de la exactitud en todas las
cosas de la vida. Para hablar con más precisión es necesario poner cuidadosa
atención en lo que decimos, leemos u oímos, y esto necesariamente implica
concentración, por eso debe ser desarrollada. La verdadera meditación, después
de todo, es una actitud mental, y derivará de una actitud concentrada.
Por
consiguiente, el objetivo de nuestros esfuerzos consiste en entrenar la mente
para que sea nuestro servidor, no nuestro amo, y cultivar el poder de
concentración, preparatorio para la práctica de la verdadera meditación. El
estudiante ansioso aplicará esta cuidadosa atención a los asuntos de la vida
diaria, y así aprenderá a regular su mente como mecanismo de sus pensamientos.
Permítanme
hacer hincapié sobre la necesidad de una actitud constantemente concentrada
hacia la vida. El secreto del éxito puede expresarse en estas simples palabras:
¡Presten atención! Al hablar con las personas, leer un libro o escribir una
carta, enfoquen firmemente los pensamientos en lo que hacen y gradualmente
desarrollarán la capacidad de concentrarse.
A esta
actitud cultivada debe agregársele definidos ejercicios de concentración,
practicados diariamente con perseverancia. Esto consiste en fijar la mente en
un objeto determinado, o tema elegido de reflexión. Le sigue el proceso de
aprender, constante y serenamente, a abstraer la conciencia del mundo externo
y de las condiciones exotéricas, y enfocarla a voluntad sobre cualquier tema.
La práctica
regular y constante de la concentración diaria, gradualmente supera la
dificultad a ejercer control y puede traer los siguientes resultados:
1.
Reorganizar la mente.
2.
Polarizar al individuo en el vehículo mental en
vez del emocional.
3.
Apartar la atención de las percepciones sensorias,
aprendiendo a centrarse en el cerebro. La mayoría de las personas, igual que
los animales, utilizan el plexo solar.
4.
Desarrollar la facultad de concentrarse
instantáneamente, como preliminar de la meditación.
5.
Permitir el enfoque de la atención
indesviablemente sobre cualquier pensamiento simiente elegido.
II. La Etapa de La Meditación.
Patanjali
define la concentración como el mantenimiento de la conciencia perceptora en
cierta zona, y la meditación como el mantenimiento prolongado de la conciencia
perceptora también en cierta región. Ello implica simplemente una diferencia en
el factor tiempo y parecería que ambas etapas fueran la adquisición del
control. Mediante la práctica de la concentración el estudiante deberá lograr
el suficiente control a fin de no tener que reunir continuamente sus
pensamientos dispersos. Por lo tanto, la concentración prolongada ofrece
oportunidad a la mente para actuar sobre cualquier objeto, dentro del círculo
infranqueable de la zona elegida. La elección de una palabra o de una frase
como tema de meditación, establece este "círculo infranqueable", y si
la meditación se practica en forma correcta, la mente nunca se aparta del tema
elegido, se mantiene enfocada y continuamente activa, durante todo el período
de meditación. Además, no debe permitirse a la mente hacer lo que le plazca con
el tema o pensamiento simiente. Durante la concentración, el que medita debe
estar en todo momento consciente de que utiliza su mente. Durante la
meditación, desaparece la conciencia de que se está utilizando la mente, pero
no se debe soñar despierto ni seguir el hilo de las ideas relacionadas con el
tema, surgidas al azar. El pensamiento simiente se elige con un propósito ––sea
por su efecto sobre quien medita, o por el servicio dedicado a otra persona, o
en relación con alguna obra espiritual, o en alguna fase de la búsqueda de la
sabiduría. Si el proceso tiene éxito, produce en quien medita poca o ninguna
reacción, sea ésta placentera o no. Si se trascienden las reacciones
emocionales, la mente, por propio derecho, puede actuar libremente. El
resultado es una claridad mental nunca lograda anteriormente, porque la
actividad común de la mente está siempre asociada a algún deseo, o es afectada
por éste. En tal estado de conciencia se trasciende el deseo, así como más
adelante se trasciende el pensamiento en la etapa de contemplación. Cuando la
mente se aturde hasta la inacción, sea por inhibición o por repetición
persistente, no puede ser trascendida en la contemplación ni utilizada en la
meditación. La práctica de dejar la mente en blanco no sólo es tonta, sino
realmente peligrosa.
En los Aforismos de la Yoga de Pantajali
encontramos las siguientes palabras:
"La gradual conquista de la tendencia de
la mente de saltar de 'un objeto a otro y el poder de enfocarla en una sola
dirección, produce el desenvolvimiento de la contemplación".
La meditación
es el resultado de la experiencia, el logro instantáneo de una actitud de la
mente, consecuencia de largas prácticas. En el Bhagavad Gita, 10 se
dice que en toda acción están implicados los siguientes cinco factores:
1. El
instrumento material............................... el
cerebro.
2. El
que obra................................................ el
yo.
3. El
órgano................................................... la
mente.
4. El
impulso.................................................. la
energía
5. El
destino.................................................. el
karma".
La meditación
es una actividad muy intensa y, como se verá, están implicados los cinco
factores mencionados. El instrumento material a emplearse en la meditación es
el cerebro físico. Muchos creen que deben trascender el cerebro, alcanzar una
gran altura y quedarse en el pináculo de algún pensamiento, hasta que suceda
algo trascendental, y poder decir entonces que conocen a Dios. Lo que realmente
se necesita controlar son los procesos mentales y cerebrales, para convertir
al cerebro en un receptor sensible a los pensamientos y deseos del alma, el yo
superior, al trasmitirlos por conducto de la mente, considerando a ésta como un
sexto sentido y al cerebro como placa receptora. Utilizamos los cinco sentidos
como avenidas de percepción que telegrafían constantemente información al
cerebro, por cuyo intermedio el hombre tiene a su disposición informes sobre
cinco vastos campos de conocimiento o cinco escalas de vibración. Se trata
ahora de que la mente sirva un objetivo similar. Esto lo comprendía Franz
Pfeiffer en Meister Eckhart, 11 y personifica la posición de
todos los místicos en ambos hemisferios:
"Primero,
procúrese que los sentidos externos estén debidamente controlados... Luego
obsérvense los sentidos internos o los nobles poderes del alma, inferior y
superior. Tómense primero los poderes inferiores, los intermediarios entre los
poderes superiores y los sentidos externos. Los poderes inferiores, son
activados por los sentidos externos; lo que el ojo ve y el oído oye, lo ofrecen
al deseo que, a su vez, lo brinda en el trascurso al segundo poder, llamado
'juicio', el cual lo considera y lo pasa al tercer poder, el razonamiento...
"El
hombre debe tener, además, la mente aquietada... el cuerpo descansado del
trabajo corporal, no sólo las manos, sino la lengua y los cinco sentidos. El
alma se mantiene más despejada en el silencio, pero en un cuerpo cansado a
menudo queda dominada por la inercia. Entonces, tenaz y esforzadamente, tratar,
con amor divino, de alcanzar la visión intelectual hasta abrirnos camino a
través de los sentidos, y ascender más allá de nuestra mente, a la maravillosa
sabiduría de Dios... Al elevarse el hombre a la cumbre de su mente él es el
excelso Dios".
Valiéndose de
la mente como instrumento dirigido, el alma puede manipular los impulsos o
corrientes de pensamientos. Estas fuerzas fluyen en el campo de la experiencia
del pensador, el cual debe aprender a dirigirlas conscientemente y a trabajar
con ellas, a fin de producir los resultados deseados.
El quinto
factor nos recuerda que debe alcanzarse cierta etapa de desarrollo evolutivo,
antes de poder en verdad meditar, haber hecho cierto trabajo y alcanzado cierto
refinamiento en nuestro instrumento, antes de poder meditar inteligentemente
sin peligro. No todos están equipados para meditar y obtener éxito, lo cual no
debe desalentar a ningún estudiante. Siempre se puede empezar y preparar
sólidos cimientos, controlar los procesos mentales y ser llevados a un elevado
punto de realización, haciendo posible que el alma disponga de un mecanismo
mental para ser utilizado. En todo el proceso descrito se ha estudiado la
naturaleza física o forma, al reaccionar a las tres etapas de la meditación, de
manera unificada; se ha considerado la cualidad que la anima y el móvil o causa
de la manifestación de la forma. También se ha producido una concentración cada
vez más profunda y una meditación más intensa. La atención se ha dirigido cada
vez más hacia dentro y se ha prescindido de lo externo. Todo esto no se ha
logrado mediante una actitud pasiva, sino por el más agudo y vital interés. La
meditación ha sido positiva en su método y no ha Llevado a una condición
negativa o de trance. La mente ha estado ocupada todo el tiempo, pero en una
sola dirección.
Llega
finalmente a la etapa denominada bienaventuranza o identificación. La
conciencia ya no se enfoca en el intelecto, se identifica con el objeto de la
meditación. Esto lo consideraremos más adelante.
Tenemos, por
consiguiente, las cuatro etapas brevemente resumidas, las cuales constituyen lo
que se llama "meditación con simiente".
1.
Meditación sobre la naturaleza de
determinada forma.
2.
Meditación sobre la cualidad de determinada
forma.
3.
Meditación sobre el propósito de
determinada forma.
4.
Meditación sobre la vida que anima a
determinada forma.
Todas las formas son símbolos de
la vida inmanente, y por la meditación con simiente llegamos al aspecto vida.
En Tratado sobre Fuego
Cósmico 12 se encuentran las siguientes palabras:
"El
estudiante inteligente considerará que todas las formas de expresión son
símbolos. Un símbolo tiene tres interpretaciones; representa la expresión de
una idea, y esa idea tiene detrás de sí, a su vez, un propósito o impulso aún
inconcebible. Las tres interpretaciones de un símbolo pueden ser consideradas
de la manera siguiente:
1.
La interpretación exotérica
de un símbolo se basa, en gran medida, en su utilidad objetiva y en la
naturaleza de la forma. Lo que es exotérico y sustancial sirve a dos
propósitos:
a.
Dar algunas vagas indicaciones respecto a la idea
o concepto. Esto vincula el símbolo...
con el plano mental, pero no lo libera de los tres mundos de la
comprensión humana.
b.
Limitar, confinar y aprisionar la idea,
adaptándola así al grado de evolución alcanzado por el hombre, La verdadera
naturaleza de la idea latente es siempre más poderosa, completa y plena, que la
forma o símbolo por medio del cual trata de expresarse. La materia sólo es el
símbolo de una energía central. Cualquier tipo de forma en todos los reinos de
la naturaleza, y la totalidad de los vehículos manifestados, en su más amplio
significado, sólo son símbolos de la vida —lo que esa Vida puede ser, continúa
siendo un misterio.
2.
La interpretación subjetiva o
significado, revela la idea subyacente en la manifestación objetiva. Esta
idea, incorpórea en sí, llega a concretarse en el plano de la objetividad.
Estas ideas son evidentes para el estudiante, después que ha practicado la
meditación, así como las formas exotéricas del símbolo, es toda lo que puede
ver el hombre que recién comienza a practicarla. En cuanto el hombre emplea conscientemente
su mecanismo mental y ha hecho, aunque sea, un pequeño contacto con su alma»
Ocurren tres cosas:
c.
Va más allá de la forma y trata de justificarla.
d.
Llega con el tiempo hasta el alma que ocultan
todas las formas, y lo hace por medio del conocimiento de su propia alma.
e.
Comienza entonces a formularse ideas, a crear y a
manifestar esa energía del alma o sustancia, que puede manipular.
"Enseñar a las personas a trabajar con materia
mental es prepararlas para la creación; enseñarles a conocer la naturaleza del
alma es ponerlas en contacto consciente con el aspecto subjetivo de la
manifestación, otorgándoles el poder de trabajar con la energía del alma;
capacitarlas para desarrollar los poderes del aspecto alma, es sintonizarlas
con las fuerzas y energías ocultas... en los reinos de la naturaleza.
"El hombre puede ––cuando hace contacto con su alma
y fortalece y desarrolla su percepción subjetiva–– convertirse entonces en un
creador consciente, colaborando con los planes de la evolución y de Dios. A
medida que cursa las diferentes etapas, se acrecienta su habilidad para
trabajar y su capacidad para alcanzar el pensamiento que subyace detrás de
todos los símbolos y formas. Ya no lo engañan las apariencias, pues las conoce
como formas ilusorias que velan y aprisionan algún pensamiento.
3. El significado espiritual es lo que se
halla detrás del sentido subjetivo, velado por la idea o el pensamiento, así
como la idea está velada por la forma que asume en la manifestación exotérica,
lo cual puede ser considerado como el propósito que engendró la idea y la
condujo a su surgimiento en el mundo de las formas. La energía dinámica
central es responsable de la actividad subjetiva."
Este
proceso de llegar a la realidad tras todas y cada una de las formas, es el
resultado de la meditación con simiente. Implica la comprensión de los tres
aspectos de la Vida divina. Por eso se recomienda a los estudiantes que, para
la meditación, tomen algunas palabras específicas o un versículo de algún libro
sagrado, a fin de desarrollar el poder de llegar detrás de la forma de las palabras
y alcanzar su verdadero significado.
Hemos
penetrado en el mundo de las causas; ahora debemos tratar de captar el Plan,
tal como existe en la Mente de Dios y como lo expresa el amor que emana del
Corazón de Dios. ¿Es posible para las mentes humanas llegar más allá del amor y
voluntad de Dios? Justamente aquí es donde se establece contacto con la Divinidad.
La mente cesa de actuar y el verdadero estudiante de la meditación se desliza
hacia un estado de identificación consciente con la realidad espiritual,
denominada el Cristo interno, el Alma divina. En este punto es donde el hombre
penetra en Dios.
Notas:
1.
La Luz del Alma, Libro ii, Af. 1, 2.
2.
Onward and Upward, pág. 508
(Oxford Book of English Mystical Verse).
3.
Studies in the PsychoLogy of the Myjstics, pág.
166.
4.
Meister Eckhart, págs. 196-197,
Franz Pfeiffer.
5.
Bhagavad Gita, vi:
34-35; ii 52-53.
6.
Emergent Evo!ution, pág. 37.
7.
La Luz del Alma, Libro iii, Af. 1. Alice A. Bailey.
8.
Studies in the Psychology of the Mystics, pág. 90.
9.
La Luz del Alma, Libro iii, Af. 11.
10.
Bhagavad Gita, Libro xviii: Af. 13, 14.
11.
Meister Eckhart,
pág. 279, 47, de Franz Pfeiffer.
12.
Tratado sobre Fuego Cósmico, págs. 964, 65, 66, de
Alice A. Bailey
ETAPAS DE LA MEDITACIÓN
(Continuación)
Milarepa finalmente se
desprendió de la Doble sombra y se remontó al Espacio espiritual hasta que
alcanzó la Meta, donde todas las doctrinas se fusionan, unificándose...
Habiendo fusionado las ideas y conceptos en la Causa primera, (él) eliminó la
Ilusión de la Dualidad.
Rechung (extraído del libro EL
Tibetano)
HEMOS
llevado a cabo la práctica de la meditación, de acuerdo a lo que podrían
llamarse líneas seculares, porque implica el empleo de la mente, y aunque se
supone que el tema de la meditación ha sido religioso, los mismos resultados
se hubieran alcanzado con un tema puramente mundano, como objeto o
"pensamiento simiente" de la misma. Nuestra finalidad ha sido educar
la mente a mantenerse atenta en una idea elegida. Por lo tanto, nos hemos
ocupado de lo que legítimamente podría llamarse parte del proceso educativo.
Aquí
es donde se evidencia la divergencia entre los métodos oriental y occidental.
Una de estas escuelas enseña, antes que nada, a controlar el mecanismo del
pensamiento, a descubrir su existencia principalmente por la falta de control
y, luego, mediante la concentración y la meditación, a adquirir la facilidad
de obligar a la mente a centralizarse en cualquier dirección. Otras escuelas
enseñan que poseemos algo denominado mente, y comienzan a llenarla de información
y a entrenar la memoria para que tenga retentiva, y el estudiante disponga
fácilmente de su contenido. Son relativamente pocos los que de esta etapa pasan
al correcto empleo de la mente, interesándose profundamente en alguna ciencia o
modo de vida, pero la mayoría nunca consigue controlarla. Los métodos
educativos tales como los actuales, no enseñan al estudiante esta técnica preliminar,
de ahí la gran confusión que existe acerca de la naturaleza de la mente y la
diferenciación entre la mente y el cerebro.
Si
el cerebro y las células cerebrales son todo lo que hay, la posición del
pensador materialista, cuando dice que el pensamiento depende totalmente de la
calidad de las células cerebrales, es lógica y correcta. La parte que el
cerebro juega está hábilmente expuesta en la obra de Ludwig Fischer: 1
"El
perfeccionamiento del proceso de captación depende principalmente de la
estructura y del funcionamiento de cierto órgano que recibe y relaciona las
diferentes impresiones de los sentidos y retiene, además, parcialmente, los
vestigios de impresiones anteriores, permitiéndoles indirectamente entrar en
acción. Este órgano es el cerebro, con sus ramificaciones y órganos subsidiario.
El perfeccionamiento de la estructura y el funcionamiento de este órgano determina
la perfección con que podemos lograr deliberadamente el intento de producir
una representación de la complejidad del Todo, empleando las formas específicas
de la percepción sensoria que están a nuestra disposición...
"El
cerebro permite tener una intuición y captación intelectual de la complejidad
del mundo. La manera en que esto se produce depende de la excesivamente
complicada estructura interna de este órgano y su relación reciproca con otras
partes del Todo, relación que tiene muchas graduaciones".
Si la percepción y la captación
sensoria con el consiguiente racionalismo y la institución del subsiguiente
proceso mental tienen su origen en el cerebro, entonces el Dr. Sellers 2 tiene razón en su libro cuando dice que
se puede considerar a la mente como "categoría física" y que
"debería significarse con ello los procesos nerviosos que se expresan como
conducta inteligente".
Pero este
concepto no satisface a la mayoría de los pensadores, y muchos de ellos,
pertenecientes a otras escuelas ––que no son puramente materialistas––, afirman
que hay algo más que la materia y consideran a la mente como distinta del
cerebro; sostienen la hipótesis de que es una realidad subjetiva sustancial,
capaz de utilizar el cerebro como terminal de expresión, susceptible de ser
impresionado para expresar los conceptos e intuiciones que un hombre puede
utilizar conscientemente. Lo que consideramos no es en manera alguna una
facultad supernormal o la posesión de un mecanismo especializado, por unos
pocos privilegiados; la mente debería ser empleada por las personas cultas, y
al finalizar el proceso educativo (llevado a cabo en los años de formación) el
hombre debería poseer una facultad que comprenda y emplee a voluntad. El Dr.
Mac Dougall 3 indica que la actividad mental (usualmente
inconsciente) puede ser subnormal, normal o supranormal. En el primer caso se
tendrá al idiota o tonto, en el segundo, al ciudadano común inteligente, cuya
mente es un teatro, o más bien un cinematógrafo que registra todo lo que se
presenta; finalmente, descubrimos en el tercer caso las contadas almas cuya
conciencia está iluminada y cuyas mentes registran lo que está oculto para la
mayoría. Con estas últimas nada tenemos que ver. Son el producto de las etapas
finales de la meditación —la contemplación y la iluminación. La concentración
y la meditación se refieren específicamente a la mayoría y a los normales.
En Oriente, y
muchas personas en Occidente, consideran la mente como algo separado y distinto
del cerebro. El Dr. C. Lloyd Morgan 4 cita a Descartes, donde dice
"existe realmente (1) sustancia corpórea (res extensa) y (2)
sustancia mental o pensante (res cogitans), pero para existir necesitan
la ayuda de Dios... Aparte de esta dependencia común de Dios, ninguna de las
dos depende de la otra". El Dr. Morgan 5 resume su propio punto
de vista como sigue:
"El
espíritu no es en manera alguna separable de la vida y de la mente, ni éstas lo
son de aquél. Lo que se da como contemplación reflexiva es un plan mundial de
acontecimientos naturales. Mantengo que este plan mundial es una manifestación
del propósito divino... Además, somos manifestaciones del espíritu que se
'revela' en nosotros. Cada uno de nosotros es una vida, una mente
y un espíritu —un ejemplo de vida como expresión del plan mundial, y de mente
como expresión distinta de ese plan mundial del espíritu, en lo que la
sustancia de ese plan mundial se revela en nosotros... Esta revelación es sólo
parcial, pues cada uno de nosotros es sólo un ejemplo individual de lo que en
plena manifestación es universal".
Dios revela
su propósito mediante la actividad de la forma. Lo mismo hace a través de la
actividad de la mente, que a su vez impresiona al cerebro, sintonizado al punto
de receptividad. Más tarde la mente responde a una iluminación que emana del
aspecto espíritu, lo cual se considerará más adelante. Esto se acerca mucho al
punto de vista oriental, que supone la "sustancia mental" puesta en actividad
desde el mundo externo de la actividad humana por medio de los sentidos, las
emociones y otras mentes. Esta intensa actividad de la sustancia mental debe
ser definidamente contrarrestada por la concentración y la meditación, si se
quiere que la mente alcance una condición en que se pueda reenfocar y
reorientar hacia otro campo de percepción y otro orden de ideas. Por lo tanto,
para el esoterista, el objeto de la meditación (llevada a las etapas finales)
es que la mente cese de registrar toda forma de actividad, no importa cuán
elevada sea, y en cambio empiece a registrar impresiones que emanan de ese
factor, en constante manifestación, llamado (a falta de términos más
adecuados) la Mente de Dios, la Mente Universal. Esta mente se caracteriza por
un sentido de plenitud y de síntesis.
Toda la historia evolutiva de la
humanidad puede considerarse desde el ángulo de este concepto del Plan y podría
verse que el foco de interés se cifra en una acrecentada conciencia en el
hombre, de un Universo que es la revelación de una Vida y de una Deidad, y
donde el género humano desempeña su parte en el Todo mayor. Ludwing Fischer 6
llama nuestra atención al hecho de que todas nuestras facultades "están
fundadas en algo misterioso inconsciente que domina el conjunto de nuestra
vida intelectual", y señala la necesidad de lo que él llama elemento no
racional, en las respuestas que damos a los complejos interrogantes de todos
los días. Sus conclusiones respecto a la situación básica que el hombre debe
enfrentar en relación con el pensamiento y con nuestro progreso hacia regiones
más elevadas e irracionales, son exactas y concluyentes, y dice:
"Sólo
es posible un camino de avance. El camino se recorre bajo la guía de la
intuición de las mentes cuya sensibilidad instintiva es mayor de lo común;
sigue la razón analítica que consolida la posición y hace el camino
practicable para el resto de la humanidad. El progreso hacia lo desconocido
empieza con una hipótesis, y una hipótesis sólo es una estructura más o menos
irracional, obtenida intuitivamente. Una vez establecida, se la compara en
todas sus implicaciones con la experiencia, de manera que la hipótesis sea en
lo posible comprobada y razonada".
Al estudiar
el proceso del control de la mente llegamos a un punto en que debemos proseguir
basados en una hipótesis. No obstante, será primeramente una hipótesis sólo
para los de mente materialista, pues las conclusiones a que se llega y la
esfera del conocimiento en que se penetra, han sido aceptadas como verdades y
hechos probados, por muchos miles de personas en el trascurso de las edades.
He delineado
un método, antiguo y probado, por el cual, según se afirma, la mente puede ser
captada y utilizada a voluntad, y he indicado un medio por el cual se puede
prescindir de los factores que han absorbido su atención hasta ahora, lo cual
posibilita la entrada en un nuevo campo de percepción. Antes de continuar con
las instrucciones será útil definir la hipótesis sobre la cual proseguiremos.
Podemos expresarla de la manera siguiente:
Existe un
reino del alma, llamado a menudo el reino de Dios, que en realidad es otro
reino de la naturaleza, el quinto reino. La entrada en este reino es un proceso
tan natural como lo ha sido, en el proceso de la evolución, el tránsito de la
vida evolutiva de cualquier reino de la naturaleza a otro. Cuando los
sentidos, y todo lo que ellos imparten, están enfocados en ese "sentido común" que místicos como Meister Eckhart le adjudicaron
a la mente, lo enriquecen y le abren muchos estados de percepción. Cuando
pueden rechazarse estas actividades y la mente enriquecida y sensible puede a
su vez reenfocarse, se convierte en un mecanismo sensible (un sexto sentido, si
quieren); registra "las cosas del reino de Dios" y abre al hombre, en
profunda meditación, estados de conciencia y esferas de conocimiento hasta
entonces cerrados para él, pero que son parte del Todo y del contenido del
mundo como cualquier otro campo de investigación. Esta es nuestra hipótesis y
sobre ella proseguiremos. Teniendo en cuenta que la percepción instintiva ha
cedido su lugar al conocimiento intelectual, ¿no sería posible que esta
percepción intelectual sea, a su vez, trascendida y reemplazada por la
conciencia intuitiva?
A esta altura de nuestro
argumento, y siendo quizás de valor dilucidar el tema de este libro, parecen
necesarias ciertas proposiciones, y son tres:
Primero:
En el largo proceso evolutivo que ha elevado al hombre de la etapa animal a la
del ser humano, descubrimos que hemos llegado a la fase en que es consciente de
sí mismo. Permanece en el centro de su propio mundo y el universo gira a su
alrededor. Todo lo que ocurre se relaciona con él y sus asuntos, siendo el
factor importante y el efecto que la vida y las circunstancias producen sobre
él.
Segundo:
A medida que el hombre acrecienta su conocimiento y percepción intelectual, el
cerebro y la mente se coordinan. El primero es simplemente la herramienta o
instrumento de los instintos entrenados y de la mente controlada, la cual
extrae, de lo que se ha llamado "el contenido del subconsciente", de
la memoria activa y del medio ambiente, lo que necesita para llevar adelante
el proceso de vivir en un mundo exigente. El hombre se convierte en un ser
humano eficiente y útil, y ocupa su lugar como célula consciente en el cuerpo
de la humanidad. Comienza a comprender algo de las relaciones grupales, pero
hay algo más.
Tercero:
Desde las primeras etapas de la existencia humana hasta la del hombre superior
altamente coordinado, ha existido siempre una conciencia de algo diferente, de
un factor que está más allá de la conocida experiencia humana, y de una meta,
búsqueda o deidad. Esta percepción sutil o indefinible, surge inevitablemente
y hace que el hombre trate siempre de avanzar buscando aquello que la mente
(tal como se la conoce), las circunstancias o el medio ambiente, no pueden
proporcionarle. A esto se lo puede denominar la búsqueda de la certidumbre;
el esfuerzo por lograr la experiencia mística o el impulso religioso, no
importa cómo se lo denomine, está infaliblemente presente.
Estas tres
proposiciones delinean someramente el camino que el hombre ha recorrido en su
conciencia. Representan la condición en que se encuentra un vasto número de
seres humanos en la actualidad —eficientes, intelectuales, bien informados, responsables,
pero al mismo tiempo descontentos. Dudan del futuro o enfrentan la
inevitabilidad de la muerte; anhelan avanzar hacia una conciencia más amplia,
llegar a una seguridad de las cosas espirituales y a la Realidad final. Este
anhelo de una comprensión y conocimiento más amplios, está siendo demostrado en
gran escala en la actualidad, y la secuencia del crecimiento evolutivo, ya
establecido, persiste evidentemente y deberá persistir, si queremos agregar
otro reino o estado de conciencia a los ya alcanzados.
En este punto
todas las grandes religiones del mundo ofrecen al hombre una senda de
conocimiento y un proceso de desenvolvimiento capaz de apresurar, y apresura,
el trabajo de desarrollo. El Dr. Rudolf Otto 7 dice: "el
hombre debe ser guiado y conducido a través de los caminos de su propia mente,
por la consideración y discusión de los temas, hasta llegar a un punto en que
el 'nóumeno' en él, empiece forzosamente a vibrar y a iniciar la vida y la
conciencia".
La palabra
nóumeno se dice que viene del latín numen, que significa poder divino
sobrenatural y también "la captación religiosa específica e irracional y
su objetivo, en todos sus niveles, desde los primeros síntomas imperceptibles,
donde la religión, apenas puede decirse que existe, hasta las formas más
excelsas de la experiencia espiritual". 8
Su traductor,
el Dr. Harvey, profesor de filosofía en el Instituto Armstrong, añade que se
desarrolla en el hombre una "creciente percepción de un objeto,
deidad..., una respuesta, por así decir, al impacto de 'lo divino' en la mente
humana revelándose en forma oscura o clara. El hecho primario es la
confrontación de la mente humana con un Algo, cuyo carácter se aprende, sólo
gradualmente, pero que desde el principio se siente como una presencia
trascendente, 'el más allá', hasta que es sentida como 'el hombre
interno'". 9
Mediante la
atención al propósito de la vida, la concentración sobre el trabajo en la vida,
el vivo interés en las ciencias, que ocupan la atención de nuestras mejores
mentes, y la meditación, tal como la practican algunos en la esfera religiosa,
muchos han alcanzado ese punto en que ocurren dos cosas: una, la idea de lo
santo, del Ser, y de la relación con
ese Ser, presentándose como factores
dominantes en la vida; la otra, que la mente comienza a manifestar una nueva
actividad. En vez de registrar y acumular en la memoria los contactos que los
sentidos han comunicado, y de absorber esa información que constituye, por
medio de libros y de la palabra hablada, la herencia cotidiana, se reorienta
hacia un nuevo conocimiento y empieza a extraer de nuevas fuentes de información.
El instinto y el intelecto han efectuado su trabajo; empieza entonces la
intuición a desempeñar su parte.
Llegamos a
este punto por la práctica de la meditación, de la cual nos hemos ocupado, y
para la cual nos ha preparado la educación de la memoria y la clasificación
del conocimiento mundial, los que han tenido ya su período preponderante. Para
millares de personas constituye un nuevo esfuerzo. ¿No será posible que para
esas almas que vienen hoy al mundo de la experiencia, sean insuficientes la
antigua educación, con su entrenamiento de la memoria, los libros, las
conferencias y la apropiación de los denominados hechos? Para ellas tendremos
que formular un nuevo método, o modificar la actual técnica y encontrar tiempo
para dedicarlo al proceso de reorientación mental, que permitirá al hombre ser
consciente en otros campos del conocimiento, además de los ya conocidos. Así
demostraron la verdad las palabras de Mr. Chaplin: 10 "... los
procesos corporales alcanzan su significación a través del alma".
Ante el
hombre se presenta hoy la conquista del reino del alma. Se acerca el día en que
la palabra psicología volverá a tener su significado original. La
educación tendrá entonces dos funciones: preparar al hombre para manejar sus
asuntos mundanos con máxima eficiencia y utilizar inteligentemente el
mecanismo que el psicólogo conductista tanto ha hecho por explicar, a la vez
que lo introducirá en ese reino del que los místicos siempre testimoniaron su
existencia, y del que la mente, correctamente empleada, tiene la llave.
En el
capítulo anterior se trató el método por el cual el hombre puede empezar a
dominar su instrumento, la mente, y aprender a enfocar su pensamiento sobre el
tema o idea elegida, para poder dejar fuera o rechazar, todos los conceptos
externos y cerrar herméticamente la puerta al mundo fenoménico. Consideraremos
cómo se podría elevar cada vez más el pensamiento enfocado (usando el lenguaje
del místico), hasta que la mente misma falle y el hombre se encuentre en la
cima del pensamiento, desde la cual pueda vislumbrar un nuevo mundo. En el
proceso de la meditación hasta esta etapa, ha habido una intensa actividad y no
una condición de quietud, negatividad o receptividad pasiva. El cuerpo físico
ha sido olvidado y el cerebro mantenido en un estado de receptividad positiva,
preparado para entrar en acción, impulsado por la mente, en cuanto ésta dirige
su atención hacia abajo. Debe recordarse que al emplear expresiones tales como:
"hacia arriba", "hacia abajo", "más alto" o
"más bajo", se habla simbólicamente. Una de las primeras cosas que
el místico aprende es que en la conciencia no existen dimensiones y que
"lo interno y lo externo, lo
inferior y lo superior", sólo son figuras gramaticales, mediante las
cuales se trasmiten ciertas ideas respecto a los conocidos estados de
percepción.
El punto
alcanzado lleva al borde de lo trascendental. Seguiremos basados en la
hipótesis. Lo tangible y objetivo se olvida momentáneamente y ya no absorbe la
atención, y tampoco ningún tipo de sensación constituye el objetivo. Por el
momento, toda índole de sensación debe rechazarse. Las pequeñas molestias y
cosas análogas deben, lo mismo que la tristeza, olvidarse, así como también el
gozo, pues no buscamos "el consuelo de la religión". La atención está
enfocada en la mente, y las únicas reacciones que se registran son mentales. El
pensamiento ha dominado la conciencia durante la etapa de la "meditación
con simiente", o con un objeto, pero hasta esto debe desaparecer. Según
dice un escritor místico: "¿Cómo podré dejar la mente fuera de la
mente?". Debido a que mi objetivo no es sensación ni sentimiento, tampoco
es pensamiento. Aquí está el obstáculo más grande para llegar a la intuición y
al estado de iluminación. No debe prolongarse por más tiempo el intento de
mantener algo en la mente, ni tampoco pensar en nada. Debe dejarse de lado el
razonamiento y ocupar su lugar el ejercicio de una facultad superior, hasta
entonces probablemente no utilizada. El pensamiento simiente ha atraído nuestra
atención y despertado nuestro interés, y éste se ha sostenido durante la fase
de la concentración. Se prolonga también durante la contemplación, siendo la
iluminación el resultado de esta última. Tenemos aquí un breve resumen de todo
el proceso: atracción, interés, atención concentrada, reflexión prolongada y
centralización o meditación.
¿Cuáles
han sido los resultados del proceso de la meditación hasta este punto? Se
enumerarán, porque los resultados deberían:
1. Reorganizar
la mente y reorientarla.
2. Centralizar
la atención del hombre en el mundo del pensamiento en vez del mundo del
sentimiento y, de allí, apartar el foco de atracción de los sentidos.
3. Desarrollar
la facultad de concentración instantánea, como preliminar para la meditación, y
la capacidad de enfocar la mente indesviablemente sobre cualquier asunto
elegido.
Evelyn
Underhill 11 define esta facultad como:
"El
acto de concentración perfecta, el apasionado enfoque del yo en un solo punto,
cuando se aplica a la 'unidad del espíritu y a los lazos del amor', a cosas
reales y trascendentales, constituye en el lenguaje técnico del misticismo, el
estado de meditación o recopilación..., preludio necesario para la contemplación
pura".
III. La
Etapa de la Contemplación.
Entramos ahora en la esfera del
conocimiento, obstaculizada por dos cosas: el empleo de las palabras, que sólo
sirven para limitar y deformar, y los escritos de los místicos mismos que,
aunque colmados de maravillas y de verdad, están matizados por el simbolismo
de su raza y época y por la cualidad del sentimiento y la emoción. Los
místicos, por regla general, oscilan entre momentos de alta iluminación o
visión y las brumosas planicies de intensos sentimientos y anhelos. Están
sometidos al gozo y éxtasis de la realización, que sólo dura un fugaz momento,
o a la agonía del deseo de continuar la
experiencia. Parece (en la
mayoría de los casos) que no hay seguridad o certeza de que se repita, sino sólo
el ansia de alcanzar tal estado de santidad, a fin de que la condición pueda
continuar. En la antigua técnica y en la meditación ordenada, proporcionada
últimamente por Oriente, parece que, mediante el conocimiento del camino y la
comprensión del proceso, es posible trascender la experiencia mística y
alcanzar a voluntad, el conocimiento de las cosas divinas y la
identificación con la Deidad interna. La raza posee ahora el equipo mental
necesario, y al método del místico puede agregarse el método del intelecto
consciente.
Pero, entre la etapa de
concentración prolongada, denominada meditación, y la de contemplación, de
categoría totalmente distinta, llega un período de transición que el estudiante
oriental llama "meditación sin simiente",
o "sin objeto". No es contemplación ni proceso mental. Ello
corresponde ya al pasado, pero la etapa posterior aún no se ha alcanzado. Es un
periodo de estabilidad mental y de expectativa. El Padre Nuet 12 lo
describe muy bien en las siguientes palabras:
"Cuando el hombre que ora,
progresa considerablemente en la meditación, pasa insensiblemente a la oración
afectiva, que siendo intermedia entre la meditación y la contemplación, como lo
es el alba entre la noche y el día, posee algo de la una y de la otra. Al principio
contiene más de meditación, porque aún emplea el 'razonamiento...;
porque habiendo adquirido mucha luz por el empleo prolongado de
consideraciones y razonamientos, entra inmediatamente en tema y ve sin
dificultad todo su desarrollo... En consecuencia, a medida que se
perfecciona, abandona el razonamiento..."
La versatilidad de la sustancia
mental que se mueve con rapidez y responde sensiblemente, puede ser llevada,
como hemos visto, a una condición estable, a través de la meditación
prolongada. Esta produce un estado mental donde el pensador no responde a las
vibraciones y contactos procedentes del mundo fenoménico externo y del mundo de
las emociones, de manera que el mecanismo sensorio, el cerebro y la vasta red
entrelazada, denominados sistema nervioso, entra en pasividad. El mundo en que
el hombre funciona comúnmente queda fuera; no obstante, mantiene al mismo
tiempo una atención mental intensa y una orientación centralizada, hacia un
nuevo mundo, donde lo que llamamos alma, vive y se mueve. El verdadero
estudiante de la meditación aprende a mantenerse mentalmente despierto y
poderosamente consciente de los fenómenos, vibraciones y estados del ser. Es
positivo, activo y confía en sí mismo, y el cerebro y la mente enfocada están
estrechamente coordinados. No es un soñador impráctico, sin embargo, niega
temporalmente el mundo de los asuntos prácticos y físicos.
Si el estudiante no es por
naturaleza un tipo mental positivo, debe emprender junto con la práctica de la
meditación, algún entrenamiento intelectual serio y persistente (destinada a
crear polarización y agudeza mental), de otra manera el proceso degenerará en
fantasía emocional o en vacuidad negativa. Ambas condiciones tienen sus propios
riesgos y, si se prolongan, tenderán a hacer del hombre una persona
impráctica, impotente e ineficiente en los asuntos de la vida diaria. Su vida
será cada vez menos útil para sí y los demás y su mente divagará cada vez más
en fantasías irracionales e incontroladas y en fluctuaciones emotivas. En tal
terreno germina fácilmente la semilla del egotismo y florece el psiquismo.
La mente positiva, alerta y bien
controlada, se remonta en alas del pensamiento y se mantiene firme en el punto
más elevado alcanzado. Entonces se produce en la mente una condición análoga a
la que se produjo en el cerebro. Se mantiene en actitud expectante, mientras
que la conciencia del pensador se traslada a un nuevo estado de percepción y
llega a identificarse con el verdadero hombre interno y espiritual; lo que se
denomina técnicamente "la conciencia perceptora" está a la
expectativa.
Estas dos etapas de meditación,
una de intensa actividad y la otra de intensa expectativa, han sido llamadas
los estados de Marta y María, y la idea, gracias a esta metáfora, se hace más
clara. Es un período de silencio, mientras algo interno trasciende y es quizás
la parte de la técnica más difícil de dominar. Es muy fácil retroceder a la
actividad intelectual que implica la meditación común para quien no ha
aprendido todavía a contemplar. El Dr. Charles Bennett 13 describe
esta etapa en algunos comentarios sobre Ruysbroeck. Dice:
"Ruysbroeck
establece la diferencia entre dos signos de 'verdadera' pasividad: Primero, se
busca activamente, es decir, se necesita cierto esfuerzo para mantenerla. Segundo,
difiere de toda ayuda natural o automática, debido a la preparación moral que
la precede... Esta espera obligatoria, esta receptividad autoimpuesta, que es
la marca distintiva de la etapa de la contemplación, no es el fin de la carrera
del místico. Es el fin de sus esfuerzos en el sentido de que nada puede ya
hacer, está destinada a ceder su lugar a la etapa del éxtasis, cuando las
cosas están fuera del control del individuo, que se convierte en vehículo de un
poder más grande que él. 'Permanece firmemente en ti, hasta que seas arrancado
de ti mismo sin acción alguna de tu parte' ".
El Dr. Bennett habla más
adelante, en el mismo capítulo, de la atención expectante, la espera, bien
ganada y sostenida, de la revelación divina. El anciano sabio de la India,
Patanjali, dice lo mismo: "la sustancia mental es absorbida en lo que es
la Realidad (o la idea encarnada en la forma), y pierde la noción de la
separatividad y del yo personal", lo cual lleva al hombre a la etapa de la
contemplación, penetrando en la conciencia del alma. Descubre que durante todo
este tiempo el alma lo ha llevado a la unión consigo mismo. ¿Cómo? Otro
instructor hinduista dice: "el alma tiene el medio. El pensamiento es el
medio. Cuando el pensamiento ha completado su tarea de liberación, ha hecho lo
que debía hacer y cesa". 14
En la contemplación entra en
acción un agente superior. La que contempla es el alma. La conciencia
humana cesa su actividad y el hombre deviene lo que en realidad es, un alma, un
fragmento de la divinidad, consciente de su unicidad esencial con la Deidad. El
yo superior entra en actividad y el yo inferior o personal, queda totalmente
pasivo y aquietado, mientras que la verdadera Entidad espiritual entra en su
propio reino y registra los contactos que emanan de ese reino espiritual de
fenómenos.
Se ve el mundo del alma como una
realidad; las cosas trascendentales se conocen como hechos en la naturaleza; se
comprende que la unión con la Deidad constituye un hecho en el proceso
natural, como la unión entre la vida del cuerpo físico y ese cuerpo.
La conciencia del hombre, por lo
tanto, ya no está enfocada en la mente expectante, ha cruzado la frontera y
entrado en el reino del espíritu, convirtiéndose literalmente en el alma,
actuando en su propio reino, percibiendo "las cosas del Reino de
Dios"; entonces es capaz de comprobar directamente la verdad y, con plena
conciencia vigílica, su propia naturaleza, prerrogativas y leyes. Mientras el
verdadero hombre espiritual actúa así en su propia naturaleza y en su propio
mundo, la mente y el cerebro se mantienen estables y positivos, orientados
hacia el alma. Según la facilidad con que esto se haga, será la capacidad de
ambos de registrar y plasmar lo que el alma esté percibiendo.
En la meditación tratamos de
recibir impresiones del Dios interno, el yo superior, directamente en el
cerebro físico, por mediación de la mente. En la contemplación se entra en un
estado aún más elevado y tratamos de recibir en el cerebro físico lo que el
alma misma percibe, cuando mira externamente hacia esos nuevos campos de
percepción.
En el hombre común, el alma está
ocupada (como perceptor) en los tres mundos del esfuerzo humano, y observa, por
consiguiente, los estados físico, emocional y mental del ser. El alma se
identifica durante eones con las formas por medio de las cuales debe hacer
contacto, si esos estados inferiores de conciencia deben ser conocidos. Más
tarde, cuando el hombre ha logrado dominar su mente y la puede ofrecer al alma
como agente trasmisor, se despliega entonces ante él, una vasta región de la
percepción espiritual. Luego el alma puede convertirse en un agente trasmisor
e inculcar en el cerebro físico, por mediación de la mente, algunos de los
conocimientos y conceptos del aspecto espíritu. Los estudiantes harían bien en
recordar las palabras:
"La
materia es el vehículo para la manifestación del alma en este plano de
existencia, y el alma es, en un plano superior, el vehículo para la
manifestación del espíritu, y los tres constituyen una Trinidad sintetizada
por la Vida que los compenetra a todos". 15
Esto, en el
lenguaje académico ocultista, es lo que conoce el místico. El Cardenal
Richelieu llama a la contemplación el estado "en que el hombre ve y conoce
a Dios, sin emplear la imaginación ni el razonamiento discursivo". Tauler
16 expresa lo mismo:
"Dios
desea residir en las facultades superiores: la memoria, el intelecto y la
voluntad, y actuar en forma divina. Ésta es Su verdadera morada. Su campo de
acción; allí Él encuentra Su semejanza; allí debemos buscarlo si queremos
encontrarlo por el camino más corto. Entonces el espíritu se remonta muy por
encima de todas las facultades a un vacío de inmensa soledad, donde ningún
mortal puede hablar adecuadamente... Cuando estas personas vuelven en si, descubren
que poseen un conocimiento distinto de las cosas, más luminoso y perfecto que
el de los demás".
La
contemplación se ha descrito como un portal psíquico que conduce de un estado
de conciencia a otro. Jerency Taylor 17 llama "transición de la
intensa meditación a esa contemplación que alcanza la visión de las maravillas
de Dios, al entrar el alma humana en el reino de la luz divina". François
Malaval,18 que vivió en el siglo xvii,
lo explica maravillosamente, diciendo:
"Este
acto (contemplación) es más perfecto que el razonamiento, porque en el
razonamiento el alma habla, mientras que en ese acto se regocija. El
razonamiento... convence al alma mediante sus principios; pero aquí el
alma es más bien iluminada que convencida; ve, más que examina. El razonamiento
se ocupa de considerar una palabra, una proposición o una conversación, pero
esta simple visión de Dios, suponiendo todos los razonamientos como cosas
pasadas y conocidas, contempla su objeto en Dios Mismo..."
El hombre
transpone este portal de visión y se encuentra que es el alma. Desde la
prominencia del alma se conoce a sí mismo como Perceptor, capaz de percibir
también el mundo de las realidades espirituales y de la experiencia diaria;
puede mirar a voluntad en cualquier dirección.
El problema
es adquirir, en las esferas espirituales, la misma facilidad de percepción
alcanzada en las esferas terrenales, teniendo en cuenta que uno de los puntos
importantes que debe recordarse es que, en ambos casos, la triplicidad de alma,
mente y cerebro, debe desempeñar su parte, pero con distintas orientación y
atención. Es una simple cuestión de enfoque. El cerebro actúa de manera casi
subconsciente respecto a los instintos y hábitos que guían nuestra vida y
apetitos en el plano físico. Mediante la correcta educación, aprende
a ser receptivo a las impresiones que emanan de la mente, y en vez de ser tan
sólo un registro sensorio, aprende a responder a las impresiones del
pensamiento. La mente, a su vez, tiene la tendencia instintiva de registrar
toda información externa, pero puede ser educada para recibir del alma y
registrar toda información externa, procedente de una fuente superior. Con el
tiempo, puede adquirir facilidad y práctica para utilizar el cerebro o la
mente, activa o pasiva, y oportunamente lograr una perfecta interacción entre
ellos y, por último, entre el alma, la mente y el cerebro. Puede resumirse lo
acontecido durante las tres etapas consideradas, en las palabras de Patanjali:
19
"La
conquista gradual de la tendencia de la mente a saltar de un objeto a otro (eso
es concentración), y el poder de dirigirla en una sola dirección (eso es
meditación), constituye el desenvolvimiento de la contemplación".
Y cuando estos tres se efectúan simultáneamente,
se dice que "este triple poder de atención, meditación y contemplación, es
más interno que los medios de crecimiento descritos anteriormente". Es
interesante observar que Malaval, en su Tratado Segundo, Diálogo III, presenta
la misma idea, vinculando la fe, la meditación y la contemplación, como un acto
sintético. Los conocedores de Oriente y Occidente, piensan en forma similar.
La
contemplación ha sido también definida por Evelyn Underhill en su libro Mysticism,
como "la pausa entre dos actividades". Durante esta pausa se
instituye un nuevo método de conocer y ser. Este es quizá uno de los modos más
simples y prácticos para comprender la contemplación. Es el intervalo en que
el alma está activa, y esta actividad va precedida de lo que podemos
llamar una actividad ascendente. Se ha aquietado el cerebro físico al que se
mantiene firme, y también el mecanismo del sentimiento o de la sensación, al
cual ya no se le permite registrar información de su campo común de percepción;
la mente ha sido enfocada, y es mantenida activamente pasiva en la luz que
irradia el reino del alma. Rechazamos toda información procedente del mundo
fenoménico común, lo cual se ha logrado por la adecuada concentración y
meditación. Alcanzado esto, tiene lugar el intervalo donde el hombre se conoce
a sí mismo como alma, morando en lo eterno y liberado de las limitaciones de la
forma. Este intervalo es necesariamente breve al principio, pero a medida que
progresa su control, se prolonga. La clave de todo el proceso está en la concentración
y atención sostenida de la mente, "mientras el alma, el hombre espiritual, el ser que
percibe, contempla".
En un libro
anterior 20 he tratado más extensamente el empleo de la mente
como instrumento del alma, y repetiré un párrafo:
"Sin
embargo, debería aclararse que el perceptor en su propio plano ha sido siempre
consciente de lo que ahora reconoce. La diferencia está en que el instrumento,
la mente, se halla bajo control, por lo tanto, el pensador puede imprimir en el
cerebro lo que percibe vía la mente controlada. El hombre también percibe
simultáneamente en el plano físico, y es posible por primera vez la verdadera
meditación y contemplación. Al principio será durante breves segundos. Un
destello de percepción intuitiva, un instante de visión y de iluminación y
todo desaparece. La mente empieza de nuevo a modificarse y entrar en actividad,
pierde de vista la visión, el momento elevado ha pasado y la puerta al reino
del alma parece cerrarse repentinamente. Pero se ha obtenido seguridad,
registrado una vislumbre de la realidad en el cerebro y alcanzado la garantía
de una futura realización".
La segunda
actividad concierne a un trabajo dual desarrollado por la mente. Habiéndose
mantenido firme en la luz, anota y registra las ideas, impresiones y conceptos,
que el alma en contemplación le imparte, formulándolas en frases,
construyéndolas en formas y nítidas imágenes mentales. Será evidente que para
esto es necesario poseer un buen mecanismo mental. Una mente educada, una
memoria bien provista y una mentalidad cuidadosamente cultivada, facilitarán
grandemente la tarea del alma para lograr anotar y registrar con exactitud sus
conocimientos. Luego, continuando esta actividad mental, proseguirá el proceso
de trasmitir al cerebro expectante y pasivo, la información adquirida.
Cuando el
alma ha aprendido a manejar su instrumento, valiéndose de la mente y el
cerebro, aumenta constantemente la facilidad de contacto a interacción directa
entre ambos, al punto que el hombre puede enfocar a voluntad su mente, sobre
las cuestiones terrenas y ser un miembro eficiente en la sociedad, o sobre las
cosas celestiales, y actuar en su verdadero ser como un Hijo de Dios. Cuando
esto sucede, el alma utiliza la mente como agente trasmisor y el cerebro físico
es entrenado para responder a lo que se le trasmite. El verdadero Hijo de Dios
puede vivir en dos mundos a la vez, ser ciudadano del mundo y del reino de
Dios. La mejor conclusión de este capítulo serán las siguientes palabras de
Evelyn Underhill: 21
"La
plena conciencia espiritual del verdadero místico no se desarrolla en una sola
dirección, sino en dos, aparentemente opuestas, pero que en realidad son
complementarias... Por una parte es intensamente consciente de que es uno (y
como tal se reconoce) con el activo
mundo del devenir... En consecuencia, aunque ha roto para siempre las ligaduras
de los sentidos, percibe en cada manifestación de la vida un significado
sacramental, una belleza, una maravilla, un significado enaltecido, que se
oculta a otros hombres... Por otra parte, alcanza también la plena conciencia
mística, la que creo es realmente su cualidad característica... Desarrolla el
poder de captar al Absoluto, al Ser puro, al totalmente trascendente... Esta
cabal expansión de conciencia, con su doble poder de conocer, mediante la
comunión, los aspectos temporal y eterno, inmanente y trascendente, de la
realidad..., es la señal peculiar, el último sigilo del gran místico..."
Consideraremos
a continuación el resultado de esta actividad dual y facilidad para la
interacción. La intuición empieza a actuar; se experimenta la iluminación; se
estudiará la vida de inspiración con sus innúmeras características especiales,
todo lo cual será tratado en el capítulo siguiente.
Notas:
1. The
Structure of Thouqht, pág. 135.
2. Evolutionary
Naturalism, pág. 300.
3. Psychology,
the Science of Behaviour.
4. Emergent
Evolution, pág. 291.
5. Life,
Mind and Spirit, pág. 32.
6. The
Structure of Thought, pág. 361.
7. The
Idea of the Holy, pág. 7.
8. Idem,
Prefacio del Traductor, pág. xix.
9. Idem,
pág. xv.
10.
The Soul, pág. 63.
11.
Mysticism, pág. 58.
12.
Conduit del'Homme d'Oraison, Libro IV. Cap. I
13.
A PliLosophical Study of Mysticism, pág. 62.
14.
The Vishnu
Purana, VI: 7, 90.
15.
La Doctrina Secreta, H. P. Blavatsky, T. I, pág.
106.
16.
Graces of Interior Prayer, pág. 272. Citado por el P. Poulain,R.P.S.J.
17.
Prayer, pág.
181, citado por Mario Pugliesi.
18.
A Simple Method of Raising the SouL to
Contemplation, pág. 102.
19.
La Luz del Alma, Libro iii: Af. 11 de Alice A. Bailey.
20.
La Luz del Alma, Libro iii , Af. 9, de Alice A. Bailey
21.
Mysticism, págs. 42, 43.
INTUICIÓN E ILUMINACIÓN
"Y
Dios dijo:
¡Hágase
la luz!
y
la luz fue hecha".
La Biblia
HEMOS
sentado la premisa general de que los métodos pedagógicos modernos de
Occidente, habiendo familiarizado al hombre con la idea de que posee una mente,
indujeron a valorar el intelecto a tal punto, que para muchos el logro de la
capacidad intelectual constituye la culminación de la evolución. Sugerimos,
además, que cuando la técnica oriental de la meditación (con sus etapas de concentración,
meditación y contemplación) haya sido aplicada por el intelectual occidental,
los procesos del entrenamiento de la mente se podrán llevar al punto más
elevado de desarrollo y después se reemplazarán por una facultad más elevada,
la intuición. Hemos observado también que las mentes más agudas de Occidente
pueden, por el intenso interés y aplicación, alcanzar el mismo grado de
realización que con la meditación el estudiante oriental alcanza el
conocimiento. Pero en este punto el paralelismo desaparece. La educación de Occidente
no lleva a sus exponentes a la esfera de la intuición o de la iluminación. En
efecto, sonreímos ante la idea de una conciencia iluminada y atribuimos gran
parte de los testimonios que se ofrecen, a alucinaciones de místicos
sobreestimulados, o a casos psicopáticos que nuestros sicólogos tratan
constantemente.
Pero puede
probarse, según creo, que la percepción espiritual desarrollada y el intelecto
iluminado, forman parte de las facultades del científico o del hombre de
ciencia, sensato y equilibrado, y no tienen por qué indicar necesariamente
falta de equilibrio psíquico ni tampoco inestabilidad emocional. La luz de la
iluminación y de la inspiración es perfectamente compatible con el desempeño
de nuestras ocupaciones cotidianas, y esto se dijo hace siglos en una antigua
enseñanza china que data del Siglo xvii,
en el libro de R. Wilhelm y C. G. Jung: 1
"El
Maestro Lü Tzu dijo: "Cuando se logra producir gradualmente la
circulación de la Luz, el hombre no deberá abandonar sus ocupaciones comunes al
hacerlo". Los antiguos decían: "Cuando nos dan ocupaciones, debemos
aceptarlas; cuando nos llegan las cosas debemos comprenderlas totalmente. Si
las ocupaciones están reguladas por pensamientos correctos, la Luz no se
diluye por cosas externas, pero circula de acuerdo a su propia ley".
Estas
características de la iluminación y sus resultados, se observan actuando en la
conciencia del hombre, que ha pasado por las etapas delineadas anteriormente y
son el tema de este capítulo. La iluminación es una etapa en el proceso de la
meditación, porque presupone control cuidadoso de la mente y un acercamiento
científico al tema; es el resultado de un estado verdaderamente contemplativo
y de contacto con el alma, y sus efectos consecutivos indican la institución de
la segunda actividad de la mente, considerada en páginas anteriores.
De acuerdo
con los precursores en las esferas del alma, la iluminación sobreviene
directamente en la etapa de la contemplación y puede decirse que a su vez
produce tres efectos en el plano físico: un intelecto iluminado, una percepción
intuitiva y una vida inspirada. Esta condición ha sido reconocida por todos los
místicos y escritores dedicados al tema de la revelación mística. La idea de
una Luz que penetra y brilla en nuestro camino, el simbolismo de la radiación
intensa y enceguecedora que acompaña la fase del contacto divino, son de
aplicación tan general, que hemos llegado a considerarlas simplemente como algo
revestido de una fraseología mística, significando relativamente muy poco más
que el intento del aspirante visionario de expresar en palabras las maravillas
percibidas.
Sin embargo,
cuando se investiga, se descubre que hay mucho significado en esta
terminología especial y en estas frases simbólicas. La uniformidad del lenguaje,
el testimonio de muchos miles de testigos honorables y la similitud de los
sucesos relatados, parecen indicar un genuino acontecimiento fenoménico. El Dr.
Overstreet 2 menciona un gran número de prestigiosas personalidades
que, según se dice, eran iluminadas, y señala que "estos hombres no
razonan sus conclusiones, aunque la razón —la búsqueda de la verdad—
aparentemente desempeña una parte en la preparación de su percepción final.
"En todo caso", añade, "experimentaron lo que a falta de una expresión
más adecuada podemos llamar iluminación". Continúa advirtiendo que
"podemos indudablemente poner de lado estas experiencias como
aberraciones... "dice, "pero estos hombres no se comportan como
individuos que sufren aberraciones. De ellos proviene una gran parte de la sabiduría
espiritual de la raza. Pertenecen, por así decirlo, a los iluminados del género
humano. Si 'por sus frutos los conoceréis', los frutos de estos hombres se
hallan tan por encima de lo común, que se han convertido en los líderes
espirituales de la humanidad".
La dificultad
del místico común, aunque no la de los descollantes personajes a que se
refiere el Dr. Overstreet, está en su incapacidad para definir o expresar
claramente dicho estado de iluminación. "El místico", se dijo en las
Conferencias de Bampton en 1930 3 "no puede explicarlo, pero
sabe lo que ha conocido y no simplemente sentido, y con frecuencia este
conocimiento lo posee perdurablemente y no le afecta la crítica..., aunque
incapaz de trasmitir un conjunto de verdades que no puede ser alcanzado
mediante los canales más comunes de la experiencia y el razonamiento, no
obstante, es posible que la intensidad de su captación especial de la realidad,
sirva, como en los casos extremos sirve para probar la verdad de algún teorema
geométrico general, para plantear nuestro problema fundamental bajo una luz más
clara".
Aquí entra Oriente y expone el sistema por el
cual puede obtenerse la iluminación, y también presenta a nuestra consideración
un método y un proceso ordenados, que llevan al hombre a la identificación con
el alma. Este método presupone —como resultado de tal identificación y sus
consecuentes efectos— la percepción iluminada y la comprensión intuitiva de la
verdad. Las escrituras orientales dicen que la mente refleja la luz y el
conocimiento del alma omnisciente, iluminando a su vez al cerebro. Esto sólo es
posible cuando la interacción entre los tres factores, alma, mente y cerebro,
es completa. Patanjali, en sus Aforismos de la Yoga 4 dice:
"El
Señor de la mente, el perceptor, es siempre consciente de la constante
actividad de la sustancia mental...
"Debido
a que la mente puede ser vista y conocida, resulta evidente que no es la
fuente de iluminación.
"Cuando
la inteligencia espiritual, que permanece sola y libre de los objetos, se
refleja en la sustancia mental, entonces se obtiene la percepción del yo.
"Así la sustancia mental,
reflejando al conocedor y lo conocible, deviene omnisciente.
"Entonces la mente
tiende a la discriminación y al acrecentamiento de la iluminación.
"Cuando
los métodos de la yoga han sido practicados con constancia y se ha vencido la
impureza, tiene lugar el esclarecimiento que conduce a la plena iluminación.
"El
conocimiento (o iluminación) alcanzado es séptuple, y se alcanza progresivamente".
Patanjali 5 señala
más adelante que después de la debida concentración, meditación y contemplación, "lo que oscurece la luz
va desapareciendo gradualmente", y agrega:
"Cuando
aquello que vela la luz desaparece, se alcanza ese estado del ser, llamado
desencarnado (o incorpóreo), liberado de las modificaciones del principio
pensante. Éste es el estado de iluminación.
Por lo tanto,
es muy probable que cuando el Cristo recomendó a sus discípulos que
"dejen brillar su
luz", de ninguna manera hablaba en forma simbólica, sino que los
exhortaba a liberarse de la conciencia corpórea, a fin de que la luz del alma
afluyera al cerebro a través de la mente para obtener esa iluminación que le
permite al hombre exclamar: "En esa Luz veremos la luz".
La Iglesia
Cristiana siempre ha conocido el camino hacia esa liberación, denominado
"Camino de Purificación". Implica la purificación o sutilización de
la naturaleza inferior del cuerpo y del velo de la materia que oculta la luz
dentro de cada ser humano. El velo debe ser atravesado, para lo cual hay muchas
maneras de hacerlo. El Dr. Winslow Hall,6 menciona tres de ellas: la
belleza, el intelecto y el alma. Por medio de la belleza y la búsqueda de la
realidad que la ha producido, el místico va más allá de la forma externa y
descubre el bien y lo maravilloso. El Dr. Otto 7 se ocupa de esto en
su exégesis sobre la facultad de "adivinación", la capacidad para
reconocer con reverencia y asombro lo esencialmente santo y bello, detrás de
todas las formas. Este capítulo es digno de detenida consideración. Así el
místico diviniza (gracias a lo divino en sí mismo) la realidad que el velo de
la materia encubre. Éste es el método de los sentidos. Tenemos luego el método
del intelecto, el intenso enfoque de la mente en un problema y en el aspecto
forma, a fin de penetrar hasta la causa de su ser. Por este método los
científicos han progresado tanto y penetrado tan adentro tras el velo, que
descubrieron ese algo denominado "energía". El Dr. W. Winslow 8
define el tercer método:
"El
método del alma es a la vez el más antiguo y el más amplio de los tres...
porque el alma hace algo más que traspasar el velo de la materia; se identifica
tanto con el velo como con la Realidad tras el velo. De esta manera alma, velo
y Realidad, se sienten como si fuera uno".
Volvemos así
a la idea de la plenitud y unicidad con el universo, mencionada anteriormente,
y el Dr. Hall 9 agrega: "Definir la iluminación como un
irresistible sentimiento de unicidad con el Todo".
Trataremos
aquí de exponer en la forma más simple posible, adónde nos han llevado nuestras
conclusiones, y veremos qué sucede a quien ha sido educado desde la etapa de
entrenamiento de la memoria y acumulación de datos, hasta el empleo consciente
del intelecto, y de éste a la esfera del conocedor consciente.
Mediante la
concentración y la meditación ha logrado en gran parte el control de la mente y
ha aprendido a "mantener la mente firme en la luz". La conciencia
entonces se evade del yo inferior (sale de la zona de percepción del cerebro y
de la mente), mientras que el místico pasa al estado contemplativo donde actúa
como alma y se reconoce a sí mismo como el
Conocedor. La naturaleza del alma es conocimiento y luz y su esfera de
existencia el reino de Dios. Mientras continúa esta identificación con el alma,
la mente permanece firme y se niega a responder a los contactos que proceden de
otros estados de percepción, como los que provienen de los mundos emocional y
físico. Absorbida en la unión con Dios, trasportada al "Tercer Cielo" (como lo fue San Pablo) y en la
contemplación de la beatífica visión de la Realidad, no conoce nada, no ve
nada, no oye nada, excepto los fenómenos propios del mundo en que está
viviendo. Pero en ese mundo, oye, ve y conoce; se da cuenta de la Verdad,
develada y libre de todo espejismo que el velo de la materia proyecta sobre
ella; escucha la sabiduría que está acumulada en su propia e insondable alma, y
esta misma sabiduría ya no existe para él como sujeto y objeto: es ambos y lo
sabe. Penetra en la Mente de Dios —el depósito universal de conocimiento, cuya
puerta está siempre abierta para las mentes individuales, capaces de control y
aquietamiento suficiente que le permita ver la puerta y transponerla. No
obstante, a través de todo este proceso trascendental, la mente se ha mantenido
firme en la Luz.
Sin embargo,
el estado contemplativo llega a su fin y la mente es arrastrada a una actividad
renovada, actividad basada en su reacción a la luz y en su poder de registrar y
recopilar la información con que el alma trata de dotarla. Las energías del
alma fueron dirigidas externamente al mundo de las realidades divinas; ahora el
foco de su atención cambia y la Deidad dirige su mirada al expectante
instrumento, tratando de plasmar en él toda la sabiduría y el conocimiento que
es capaz de recibir y reflejar.
Existe la
tendencia a confundir iluminación con sentimiento, en quienes escriben sobre
misticismo y se ocupan exclusivamente del método místico, sin estudiar
adecuadamente la técnica oriental. Evelyn Underhill, 10 por ejemplo,
dice "... el estado iluminado presupone la visión del Absoluto: el sentido
de la Presencia Divina, pero no la verdadera unión con El".
"Es", añade, "un estado de felicidad". La iluminación de la
mente por el conocimiento de la unión con la Deidad y la comprensión de las
leyes que rigen el reino espiritual, traerán finalmente felicidad, la cual es
consecuencia y no parte del estado de iluminación. La verdadera iluminación
se relaciona con el intelecto y debería estar —en su aspecto más puro—
divorciada totalmente del sentimiento. Es una condición de conocimiento, un
estado donde la mente se pone en relación con Dios, y cuanto más tiempo pueda
mantener esta condición libre de reacciones emocionales, más directas serán la
comunicación entre el alma y su instrumento y más puras las verdades
impartidas.
La
comparación del sendero del conocedor con el del místico, será útil aquí. El
místico, especialmente de Occidente, alcanza su correspondiente destello de
percepción interna: ve al Bienamado, alcanza alturas de conciencia, pero su
acercamiento, en la mayoría de los casos, es por el sendero del corazón, e
involucra sentimiento, percepción sensoria y emoción. El resultado fue el
éxtasis. Su técnica ha sido la devoción, la disciplina, un esfuerzo emocional
hacia adelante, "la elevación del corazón hacía el Señor", la visión
del "Bienamado", "las nupcias en los cielos", "la
ofrenda de su amor a los pies del Bienamado" y el consiguiente éxtasis.
Después, si hemos de creer en los escritos de los mismos místicos, sigue un
período de reajuste a la vida cotidiana y, frecuentemente, un sentimiento de
depresión y decepción, porque ha pasado tan elevado momento, juntamente con la
incapacidad de hablar con claridad sobre lo que se ha experimentado. Luego se
inicia un nuevo ciclo de devoción y disciplina, hasta alcanzar de nuevo la
visión, estableciendo nuevamente contacto con el Bienamado. En ciertos
aspectos, la autocentralización del místico occidental es notable, y digno de
observarse que no emplea el intelecto. Hemos de exceptuar no obstante, a
místicos tales como: Bohme, Ruysbroeck o Meister Eckhart, en cuyos escritos
resalta fuertemente el elemento intelecto y se destaca mucho la cualidad del
conocimiento. Veamos lo que dice Franz Pfeiffer: 11
"Hay
un poder en el alma, el intelecto, de importancia primordial para que el alma
sea consciente de Dios y pueda detectarlo... Los más sólidos argumentos afirman
expresamente (que es la verdad) que el germen de la vida eterna reside más bien
en el conocimiento que en el amor... El alma no depende de cosas temporales,
sino que, en la exaltación de la mente, se halla en comunicación con las cosas
de Dios".
El Conocedor
emplea un método distinto al del místico, dirige el intelecto al objeto de su
búsqueda; es el método de la mente, su disciplina y control. Mantiene firme la
mente; detiene su versatilidad y la enfoca; busca a Dios; se aparta del
sentimiento, y no le interesa su satisfacción personal, porque la mente es sentido
común y, en su más elevada utilización, está dotada de la facultad de
síntesis, de plenitud. El Conocedor, como dice el Dr. Muller-Freienfels, 12
"ya no habla de su alma, sino del alma universal que se manifiesta y
desarrolla en él como en todas las demás criaturas, y persistirá aunque perezca
la ilusión de la individualidad... Vivirá su vida como 'vida', es decir, como
autorrealización y autoconsumación, con la conciencia de que no es meramente su
propio yo lo que está siendo realizado y perfeccionado, sino el Universo, la
Deidad, de la cual su yo aparente es una parte".
El
sentimiento personal es desechado. El aspirante domina la mente y la mantiene
firme en la luz, entonces, ve y conoce. A esto sigue la etapa de la iluminación 13 que resume la
diferencia entre los dos métodos.
"El
conocimiento eleva el alma al rango de Dios; el amor une el alma con Dios: su
empleo perfecciona el alma para Dios. Los tres sacan al alma del tiempo y la
trasladan a la eternidad".
Estas
diferencias deben ser cuidadosamente observadas. Actualmente para muchos,
alcanzar el conocimiento de Dios es de mayor importancia que el amor de Dios. A
éste ya lo poseen; constituye el trasfondo de sus esfuerzos, pero no de su
objetivo y disciplina actuales. Para la vasta mayoría que no piensa, quizás sea
verdad que el método místico de amor y devoción, debería ser la meta, pero para
los pensadores del mundo el logro de la iluminación debería ser la meta de sus
esfuerzos.
En el hombre
verdaderamente iluminado tenemos la rara combinación del místico y del conocedor,
el efecto resultante de métodos místicos de Oriente y Occidente y la unión de
la cabeza y del corazón, del amor y del intelecto. Esto produce lo que en
Oriente se denomina un yogui (el conocedor de la unión) y en Occidente, un
místico práctico —modo poco satisfactorio de designar al místico que ha
combinado el intelecto con la naturaleza sensoria, por lo tanto, es un ser
humano coordinado, en quien el cerebro, la mente y el alma, actúan en la más
perfecta unidad y síntesis.
La
iluminación de la mente por el alma, y la proyección del conocimiento y la
sabiduría, prerrogativa del alma, sobre la sustancia mental expectante y
atenta, produce en el hombre realmente unificado y coordinado, resultados que
difieren según la parte de su instrumento con la que se efectúa el contacto.
Dejando el tema de la unión y el desarrollo de poderes trascendentales para ser
considerados más adelante, nos limitaremos a los efectos directos de la
iluminación. Podemos, para mayor claridad, compendiar estos resultados de la manera
siguiente:
Un efecto
sobre la mente es la captación directa de la verdad y la comprensión directa de
un conocimiento tan vasto y sintético que lo abarcamos en el nebuloso término
de Mente Universal. A este tipo de conocimiento se lo llama a veces intuición,
y es una de las características principales de la iluminación. Otro efecto
sobre la mente es que responde a la comunicación telepática y es sensible a
otras mentes que alcanzaron la capacidad de actuar en niveles del alma. No me
refiero a la llamada comunicación telepática en niveles psíquicos, o a la que
se establece entre cerebros, en el intercambio común cotidiano tan conocido,
sino a la interacción que es posible establecer entre almas divinamente
sintonizadas, que en el pasado dio por resultado la trasmisión de verdades,
inspiradas en las sagradas escrituras del mundo y en esos pronunciamientos
divinos emanados de ciertos grandes Hijos de Dios, como Cristo y Buda. La
intuición y la telepatía en su forma más pura son, por lo tanto, dos consecuencias
de la iluminación de la mente.
En la
naturaleza emocional o, según el lenguaje esotérico, en el cuerpo de deseos o
de emociones, el efecto constituye la manifestación de gozo, felicidad y
experiencia del éxtasis. Se alcanza un sentimiento de plenitud, satisfacción y
de expectativa gozosa, de tal manera que el mundo se ve bajo una nueva luz y
las circunstancias toman un colorido más feliz.
"Arriba, el cielo, es azul más brillante,
abajo, la tierra, es de un verdor más delicioso,
algo vive en cada matiz,
que los ojos sin Cristo jamás han visto".
En el cuerpo
físico se producen ciertas reacciones muy interesantes, constituyendo dos
grupos principales: Primero, un estímulo que inicia una intensa actividad, con
un efecto bien marcado sobre el sistema nervioso y, segundo, la frecuente
aparición de una luz visible dentro de la cabeza, aunque los ojos estén
cerrados o en la oscuridad.
El Dr. W.
Winslow Hall, 14 en su libro sobre la iluminación, trata este
aspecto de la luz, y dice que desea probar que "la iluminación es un
hecho, no solamente sicológico sino también fisiológico".
Los resultados que se producen en el triple
mecanismo, mental, sensorio y físico, denominado ser humano, no son más que
manifestaciones de la misma energía básica, al ser trasferida de un vehículo a
otro. Es la misma divina conciencia haciendo sentir su presencia en las
diferentes esferas de percepción y conducta humanas.
Primero
veremos la reacción mental. ¿Qué es esa cosa misteriosa denominada intuición?
Resulta interesante observar que este término ha sido totalmente ignorado en
algunos libros de sicología, e ignorado frecuentemente por los más grandes hombres
en este campo. La intuición no ha sido reconocida. Podemos definirla como
captación directa de la verdad, aparte de la facultad razonadora o de cualquier
otro proceso del intelecto. Es el surgimiento en la conciencia de alguna verdad
o belleza nunca sentida. No procede de la subconciencia o de la memoria racial
o individual acumulada, sino que desciende directamente a la mente desde la
superconciencia o alma omnisciente. Se la reconoce inmediatamente como verdad
infalible, y no despierta duda alguna.
Todas las
soluciones repentinas de problemas aparentemente insolubles o abstrusos, y un
gran número de las invenciones revolucionarias, caen dentro de esta categoría.
Evelyn Underhill 15 se refiere a esto en los siguientes términos:
"...
esta iluminada captación de las cosas, esta purificación de las puertas de la
percepción, es, seguramente, lo que podemos esperar que ocurra a medida que el
hombre avanza hacia centros más elevados de la conciencia. Su inteligencia
superficial purificada de la dominación de los sentidos, es invadida cada vez
más por la personalidad trascendente. Constituye el 'Hombre nuevo', que por naturaleza
es un habitante del mundo espiritual, cuyo destino, en lenguaje místico,
consiste en 'retornar a su origen'. De allí la afluencia de nueva vitalidad, la
ampliación de los poderes de la visión y una enorme exaltación de sus poderes
intuitivos".
Este acceso
inmediato a la verdad es el destino final de todos los seres humanos, y
probablemente algún día la mente misma quede bajo el umbral de la conciencia,
así como se encuentran hoy los instintos. Entonces actuaremos en la esfera de
la intuición y hablaremos en términos de intuición, con tanta facilidad como
ahora hablamos en términos de la mente y tratamos de actuar como seres
mentales.
El Padre
Maréchal 16 define la percepción intuitiva en los siguientes
términos:
"La
intuición —definida en forma general— es la asimilación directa del objeto por
la facultad conocedora. Todo conocimiento es en cierto modo una asimilación; la
intuición es una información inmediata, sin un intermediario interpuesto
objetivamente; es el único acto por el cual la facultad conocedora se modela a
sí misma, no en una semejanza abstracta del objeto, sino el objeto mismo; es,
si se quiere, la estricta coincidencia, la línea común de contacto entre el
sujeto conocedor y el objeto".
Uno de los
libros más notables y sugestivos sobre el tópico de la intuición y que engrana
maravillosamente tanto como la teoría oriental como con la occidental, es el
del Dr. Dibblee, 17 del Instituto Oriol de Oxford, donde da varias
definiciones interesantes de la intuición, cuando dice: "lo que la
sensación es al sentimiento, la intuición es al pensamiento, al ofrecerle
material". Cita las palabras del Dr. Jung cuando expresa que es un
proceso mental extraconsciente, del que de vez en cuando nos damos cuenta
vagamente. Nos da también la definición del Profesor H. Wildon Carr 18: "La intuición es la captación, por parte
de la mente, de la realidad directamente tal cual es, y no bajo la forma de una
percepción o concepto (ni como una idea u objeto de la razón), todo lo cual,
por contraste, es captación intelectual". "La intuición", dice
el Dr. Dibblee en la misma obra, 19 "se interesa puramente en
resultados intangibles y si prescinde del tiempo, es también independiente del
sentimiento". En el siguiente párrafo, con meridiana claridad define 20
(quizás sin intención, porque su tema es de otra índole) al místico práctico
coordinado o conocedor, y dice:
"...la
inspiración Intuitiva y la energía instintiva son finalmente subyugadas y
unificadas en el yo, que por último forman una sola personalidad".
Aquí tenemos
las relaciones y reacciones físicas del mecanismo, guiadas y dirigidas por los
instintos, actuando por medio de los sentidos y del cerebro, y el alma guiando
y dirigiendo a su vez a la mente mediante la intuición, teniendo su punto de
contacto físico en el cerebro superior. Esta idea la resume el Dr. Dibblee 21
en estas palabras: "He llegado a la etapa de aceptar definidamente la
existencia de dos órganos distintos de la inteligencia en los seres humanos, el
tálamo, asiento del instinto, y la corteza cerebral, asiento de las facultades
afines, el intelecto y la intuición". Esta posición va paralela con la de
la enseñanza oriental, la cual afirma que el activo centro coordinador de toda
la naturaleza inferior se halla en la región del cuerpo pituitario y que el
punto de contacto del yo superior y la intuición, se encuentra en la región de
la glándula pineal.
La situación
es por lo tanto, la siguiente: la mente recibe la iluminación del alma en forma
de ideas proyectadas o intuiciones, que imparten conocimiento exacto y directo,
porque la intuición es siempre infalible. Este proceso es, a su vez, repetido
por la mente activa, que inculca en el cerebro receptivo las intuiciones y el
conocimiento trasmitido por el alma. Cuando esto se efectúa automáticamente y
con exactitud, tenemos al hombre iluminado,
al sabio.
La segunda
actividad a que la mente responde, debido a la iluminación alcanzada, es la
telepatía. Se ha dicho que "la iluminación puede considerarse como el
ejemplo más elevado conocido de la telepatía, porque durante todo el resplandor
de esta suprema iluminación, el alma humana es el perceptor, y el Padre de las
Luces el agente". El agente puede actuar por medio de muchas mentes,
porque el mundo del alma es el mundo de la conciencia grupal, y por esto abre
un campo de contactos ciertamente amplio. El alma del hombre se ha sintonizado
no sólo con la Mente Universal, sino con todas las mentes, por cuyo intermedio
el Propósito Divino, llamado Dios, puede estar actuando. Esto explica la ininterrumpida
corriente de escritos iluminados y de mensajes que, a través de las edades, han
guiado los pensamientos y el destino de los hombres y los han llevado por el
sendero de la realización, desde la etapa del animismo y fetichismo, hasta
nuestro concepto actual de una Deidad inmanente. Desde el punto de vista del
hombre y de la naturaleza, progresamos hacia el Todo divino, en el cual
vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, y con el cual estamos
conscientemente identificados. Sabemos que somos divinos. Unos tras otros,
los Hijos de
Dios han tomado posesión de Su herencia y han descubierto que son
sensibles al plan mundial. Gracias a la perseverancia en la contemplación, se
han dotado a sí mismos para actuar como intérpretes de la Mente Universal, e
intermediarios entre las multitudes no telepáticas y la fuente eterna de la
sabiduría. A los iluminados del mundo, a los pensadores intuitivos en todos
los campos del conocimiento y a los comunicadores telepáticos e inspirados, se
debe lo mejor que el hombre sabe ahora, el origen de las grandes religiones
mundiales y los triunfos de la ciencia.
Esta
comunicación telepática no se ha de confundir con la mediumnidad, o con la masa
de escritos llamados inspirados que inunda actualmente el mundo. La mayoría de
estas comunicaciones son de carácter mediocre y no traen nada nuevo, ni tienen
mensaje alguno que conduzca al hombre a dar un paso adelante hacia la nueva
era, o guíe sus pasos a medida que asciende la escala hacia los lugares
celestiales. En contacto con el subconsciente, las enunciaciones de una
mentalidad digna y de elevada calidad, darán la explicación del noventa y ocho
por ciento del material. Indican que el hombre ha realizado mucho y que está
coordinándose, pero no que haya actuado la intuición ni haya estado activo el
don de la telepatía espiritual. Es necesario tener mucho cuidado para
distinguir entre instinto e intuición, entre intelecto y sus aspectos
inferiores y entre mente superior y abstracta. Debe mantenerse la línea
divisoria entre las expresiones inspiradas por un alma en contacto con la
Realidad y con otras almas, y la trivialidad de una mentalidad brillante y
culta.
El efecto del
proceso iluminador sobre la naturaleza emocional asume dos formas y, aunque
parezca paradójico, son exactamente opuestas. En algunos produce el
aquietamiento de la naturaleza, de manera que todas las ansiedades y
preocupaciones mundanas cesan y el místico entra en la paz que trasciende toda
comprensión. Entonces puede decir:
Una llama ha permanecido dentro de mí.
Inmóvil y despreocupado al paso de los años,
ajeno al amor, la risa, la esperanza y los
temores,
a la torpe palpitación del mal y al vino del bien;
no siento la sombra de los vientos que acarician,
ni oigo el murmullo de la marca del vivir,
ni albergo pensamientos de pasión ni lágrimas,
libre del tiempo, de las costumbres.
No conozco el nacimiento ni la muerte que hiela;
no temo al destino, moda, causa ni credo.
Superaré el sueño de los montes,
soy el capullo, la flor y la semilla;
pues sé que en lo que veo,
yo soy la parte y ella es mi alma. 22
En sentido
opuesto puede producir el éxtasis místico —esa elevación y afluencia del
corazón hacia la divinidad, que atestigua constantemente nuestra literatura
mística. Es una condición de exaltación y de gozosa certidumbre respecto a las
realidades sentidas. Lleva a su poseedor en alas del arrobamiento, de manera
que, temporariamente, nada puede tocarlo o dañarlo. En sentido figurado, los
pies vuelan en pos del Bienamado, y la interacción entre el que ama y el Amado
es muy grande; pero siempre existe el sentido de la dualidad o un algo que está
más allá de lo alcanzado. Esto debe mantenerse en la conciencia el mayor tiempo
posible, si no desaparecerá la visión extática; las nubes velarán el sol, y el
mundo, con todas sus preocupaciones, oscurecerá los cielos. Se dice que el
éxtasis, físicamente considerado, es trance. Es un estado de arrobamiento y
puede ser bueno o malo, dice Evelyn Underhill, 23 citando al Padre
Malaval:
"Los
grandes doctores de la vida mística enseñan que hay dos tipos de arrobamiento,
que deben diferenciarse cuidadosamente. Uno saturado de egocentrismo, sea por
la fuerza de su febril imaginación, que capta vívidamente un objeto sensorio,
o por el artificio del demonio... El otro tipo de arrobamiento es,
contrariamente, efecto de la visión intelectual pura de quienes poseen un
grande y generoso amor a Dios. A las almas generosas, que renunciaron
totalmente a sí mismas, Dios nunca deja de comunicarles cosas elevadas en estos
arrobamientos".
El mismo
escritor continúa diciendo que psicológicamente es éxtasis 24
"La absorción del yo en la idea y el deseo únicos, es tan profunda —y en
el caso de los grandes místicos—, tan apasionada, que todo lo demás se
borra". Se observará que la idea del deseo, del sentimiento y de la
dualidad, caracteriza la condición de éxtasis. Están siempre presentes la
pasión, la devoción y una arrobadora exteriorización hacia la fuente de
comprensión; por lo que es necesario que el experimentador haga una cuidadosa
diferencia de tales estados, o degenerará en una condición morbosa. En esta
condición de percepción sensoria nada tenemos básicamente que hacer. Nuestra
elevada meta es la constante intelectualización y el firme control mental, y
sólo en las primeras etapas de la iluminación se descubrirá esta condición.
Más adelante se verá que la verdadera iluminación excluye automáticamente tales
reacciones. El alma se sabe a sí misma libre de los pares de opuestos —del
placer lo mismo que del dolor— y permanece firme en el ser espiritual. El
canal o línea de comunicación, es eventualmente directo y eliminador desde el
alma a la mente y desde la mente al cerebro.
Cuando
alcanzamos el nivel físico de la conciencia y la reacción a la iluminación,
que descienden al cerebro, generalmente tenemos dos objetos dominantes. Existe
el sentimiento o la conciencia de una luz en la cabeza y con frecuencia
también el estímulo de una actividad anormal. El hombre parece impulsado por
la energía que fluye a través de él, y los días le parecen demasiado cortos
para lo que quiere realizar. Se siente tan ansioso de colaborar en el Plan, con
el cual se ha puesto en contacto, que su razonamiento momentáneamente se
entorpece, y trabaja, habla, lee y escribe, con incansable vigor, no obstante
desgastar su sistema nervioso y afectar su vitalidad. Todos los que trabajaron
en el campo de la meditación, y trataron de enseñar este tema, observaron tal
condición. El aspirante entra en el reino de la energía divina, descubre que responde
intensamente a ella y presiente sus relaciones y responsabilidades grupales, y
que debe hacer lo máximo posible para estar a la altura del grupo. Este
registro de la constante afluencia de la fuerza vital es inminentemente
característico, porque la coordinación entre el alma y su instrumento, y la
consiguiente reacción del sistema nervioso a la energía del alma es tan íntima
y precisa, que lleva al nombre bastante tiempo efectuar los ajustes necesarios.
Un segundo
efecto, como hemos visto, es el reconocimiento de la luz en la cabeza. Este
hecho está tan bien corroborado que no necesita mayor explicación. El Dr. Jung 25
se refiere a esto de la siguiente manera:
"...
la visión-luz es una experiencia común para muchos místicos, e indudablemente
de gran significación, porque en todo tiempo y lugar aparece como algo
incondicional que reúne en sí misma el poder más grande y el significado más
profundo. Hildegarde von Bingen, una destacada personalidad, aparte de su
misticismo, explica su visión, en forma bastante similar dice: 'desde mi niñez
veo siempre una luz en mi alma, pero no con los ojos externos ni por medio de
los pensamientos en mi corazón; tampoco toman parte en esta visión los cinco
sentidos externos>>... La luz que percibo no es de naturaleza local sino
mucho más brillante que la nube que refleja el sol. No puedo distinguir en ella
altura, anchura ni longitud... Lo que veo o aprendo en tal visión lo conservo
por mucho tiempo en mi memoria. Veo, oigo y sé al mismo tiempo y lo aprendo en
el mismo momento. No puedo reconocer forma alguna en esta luz aunque a veces
veo en ella otra luz que conozco como luz viviente... Mientras gozo del
espectáculo de esta luz, toda tristeza y dolor desaparecen de mi memoria...
"Conozco
individuos que están familiarizados con este fenómeno por experiencia personal.
Hasta donde he podido comprenderlo, el fenómeno parece que se relaciona con un
estado de conciencia tan intenso como abstracto, una conciencia desapegada...
de lo que, como Hildegarde observa oportunamente, trae a las zonas de la
conciencia acontecimientos síquicos, comúnmente envueltos en la oscuridad. El
hecho de que, en relación con esto, desaparezcan las sensaciones corporales
generales, índica que su energía específica ha sido retirada y aparentemente ha
pasado a aumentar la claridad de la conciencia. Por regla general, el fenómeno
es espontáneo, viniendo y desapareciendo por propia iniciativa. Su efecto es
asombroso porque trae casi siempre la solución de complicaciones psíquicas, con
lo cual libera a la personalidad interna de complicaciones emocionales e
imaginarias, creando así la unidad del ser, que se siente universalmente como
'liberación'".
Todo
instructor de meditación experimentado puede, sin vacilación alguna, apoyar
las anteriores palabras. El fenómeno es muy familiar y viene ciertamente a
probar que existe una íntima correspondencia física con la iluminación mental.
Cientos de casos se podrían presentar si la gente relatara sus experiencias,
pero muchos se abstienen de hacerlo para no exponerse a las burlas o al
escepticismo del ignorante. Esta luz en la cabeza asume diversas formas y, con
frecuencia, es correlativa en su desenvolvimiento. Primero se ve una luz
difusa; a veces fuera de la cabeza y posteriormente dentro del cerebro, mientras
se piensa o medita profundamente; luego se centra más, y aparece, según lo
expresan algunos, como un sol radiante y muy brillante. Después en el centro de
esa radiación aparece un punto azul eléctrico vívido (quizás la "luz"
viviente ya mencionada) y de allí arranca una dorada senda de luz hacia fuera,
denominada Sendero, y posiblemente el profeta no habló en mero simbolismo,
cuando dijo que "el sendero del justo es como brillante luz que aumenta
hasta que el día sea con nosotros".
En esta luz
en la cabeza, que se parece al acompañamiento universal del estado de
iluminación, tenemos probablemente el origen del nimbo representado alrededor
de la cabeza de los iluminados del mundo.
Debe
investigarse aún mucho en esta dirección y contrarrestar la gran reticencia y
los prejuicios. Muchos comienzan a registrar sus experiencias, pero no son los
sicópatas de la raza, sino trabajadores serios y acreditados en los diversos
campos del esfuerzo humano. Quizá no pase mucho tiempo antes de que el hecho de
la iluminación sea reconocido como un proceso natural, y la luz en la cabeza
considerada como indicios de cierta y definida etapa de coordinación e
interacción entre el alma, el hombre espiritual y el hombre en el plano físico.
Cuando esto suceda, nuestra evolución humana habrá llegado al punto en que el
instinto, el intelecto y la intuición, podrán ser empleados a voluntad por el
hombre entrenado y cabalmente educado, y proyectarse "la luz del
alma" sobre cualquier problema. Así se manifestará en la Tierra la
omnisciencia del alma.
Permítanme
cerrar este capítulo con unas palabras escritas por un místico hinduista y
otras por un místico cristiano moderno, como ejemplos típicos de los dos puntos
de vista, el del místico y el del conocedor.
El hinduista
dice:
"Se llaman Brahmines, sólo aquellos cuya
luz interna actúa en ellos...; el alma humana es una lámpara que no puede
ocultarse. La lámpara no emite los rayos de la carne, sino los rayos de la luz
mental, para iluminar a toda la humanidad y es, por lo tanto, el canal para el
alma del mundo. Los rayos de la luz mental ayudan a la humanidad durante su
crecimiento y expansión mentales y, por lo tanto, la lámpara es uno de lo
Eternos Brahmines del Mundo. Proyecta su luz en el mundo, pero no toma nada de
lo que el mundo puede dar".
El cristiano
escribe:
"¡He visto una vida ardiendo en Dios!
Padre mío, imparte
Tu
bendición a una vida consumida por Dios,
para
que pueda vivir para Ti.
¡Una
vida de fuego! una vida que arde en Dios,
¡iluminada
por los fuegos del amor de Pentecostés!
¡Una
vida ardiendo!, ardiendo por amor a los hombres,
encendida
desde arriba por la divina compasión.
¡Una
vida ardiente!, que Dios pueda tomar y abandonarla
en
la casa, en la calle o donde sea Su voluntad,
a
fin de incendiar otra vida para Él
y
así propagar aún más el fuego".
Así se pondrá en evidencia la
etapa final del proceso de la meditación, que llamamos inspiración. Los grandes
Seres de las edades, testimonian la posibilidad de esa vida. Se reconocieron a
sí mismos corno Hijos de Dios y llevaron ese conocimiento a su plena
realización en la encarnación física. Son los inspirados exponentes de la
realidad de la verdad, de la inmortalidad del alma y de la existencia del reino
de Dios. Son las luces que en los lugares oscuros, alumbran el camino de
retorno al Hogar del Padre.
Notas:
1. El
Secreto de la Flor Dorada.
2. The
Endurjng Quest, págs. 238-40.
3. Psychology
and God, págs. 203-04.
4. La
Luz del Alma. Libro iv, Af. 18,
22, 23, 26, 27 y 28, Libro ii,
Af. 27-28.
5. La
Luz del Alma. Libro iii, Af. 43.
6. Iluminanda,
pág. 93.
7. The
Idea of the Holy.
8. Iluminanda,
pág. 94.
9. Ídem,
pág. 21.
10.
Mysticism, pág. 206.
11.
Meister Eckhart, pág. 114, 83, 28.
12.
Mysteries of the Soul, pág. 336.
13.
Meister Eckhart, pág. 286
14.
Iluminanda, pág. 19.
15.
Mysticism, pág. 311
16.
Studies in the Psychology of de Mystics, pág. 98.
17.
Instinct and Intuition, pág. 85
18.
Philosophy of Change, pág. 21.
19.
Instinct and Intuition, pág. 132.
20.
Ídem, pág. 130.
21.
Intention, pág. 165.
22.
Quiet, pág. 629, por John Spencer Muirhead.
23.
Mysticism, pág. 431.
24.
Ídem, pág. 434
25.
El Secreto de la Flor Dorada.
LA Universalidad DE LA MEDITACIÓN
"Ante
cada hombre se abre
un
Camino, y Caminos y un Camino.
Y
el alma superior asciende por el Camino superior
y
el alma inferior va a tientas por el inferior;
y
entremedio, en las brumosas planicies,
los
demás van a la deriva de aquí para allá.
Pero
ante cada hombre se abre
un
Camino superior y otro inferior,
y
cada hombre decide
el
Camino que debe seguir su alma".
John Oxenham
HEMOS
delineado el método por el cual el místico puede convertirse en conocedor
consciente y también definimos el desarrollo correlativo que con el tiempo
produce la iluminación del cerebro físico e induce a llevar una vida inspirada
en la tierra. Empezamos con el hombre que, habiendo agotado los recursos y las
satisfacciones de vivir físico y enfrentando la inevitabilidad de una gran
transición hacia otra dimensión de la vida, busca la senda hacia el
conocimiento y la certeza. Descubre, si ha investigado imparcialmente, que han
existido en todas las épocas quienes saben y penetraron hasta el corazón del
misterio del ser, y regresaron trayendo la seguridad de la inmortalidad del
alma y la realidad del reino de Dios. Hablan también de un método por el cual
llegaron a esta captación de la Verdad divina, más una técnica que les
posibilitó la transición del cuarto al quinto reino de la naturaleza.
Hallamos que en el transcurso de
las edades, estos hombres iluminados dan testimonio de la misma verdad y
afirman que este método universal les proporciona los siguientes resultados:
Primero: Una experiencia directa
de las realidades divinas, de las verdades trascendentales y del mundo
sobrenatural. Cuando se hace contacto con esto es un proceso tan natural y
parte vital del desarrollo evolutivo, como cualesquiera de los procesos comprobados
por las ciencias de la biología, de la física y de la química. Así como estas
tres grandes ciencias son esotéricas e inalcanzables para el estudiante común,
también la metafísica superior es esotérica e inalcanzable para el académico
que carece de la necesaria amplitud de criterio y de un definido entrenamiento
y equipo.
Segundo: El desarrollo y la
revelación del yo. Mediante la educación mental y espiritual que la práctica de
la meditación avanzada confiere, se resuelve el problema de los sicólogos respecto
a la naturaleza del yo, el amo, la siquis, y la palabra siquis, nombre dado al
alma, vuelve a su significado original. El proceso ha sido la revelación
gradual y el acercamiento progresivo al alma, surgiendo la siquis en su
verdadero ser.
Detrás de la materia existe un
factor potente e inmanente, responsable de la coherencia de la naturaleza
forma, y constituye la personalidad actuante en el mundo físico. Este factor
puede ser considerado como el aspecto vida, con el cual luchan continuamente
los estudiosos que tratan de llegar a su origen y a su causa. Aún más
profundamente arraigado tenemos los aspectos, sentimiento, sufrimiento,
experiencia y emoción del yo, actuando por medio del sistema nervioso y del cerebro
y rigiendo muy poderosamente todas las actividades del mundo de los asuntos
humanos. El hombre siente placer y dolor; está ensimismado en su estado de
ánimo y reacciones emocionales hacia la vida y en sus preocupaciones y deseos
de todo tipo. Esta es la vida personal común de la mayoría de nosotros, porque,
en la actual etapa del desarrollo humano, sentimos más que pensamos. La razón
de ello nos la da claramente Patanjali, 1 cuando dice:
"El
sentido de lo personal se debe a que el conocedor se identifica con el
instrumento del conocimiento... La ilusión de que el Perceptor y lo percibido
son una y la misma cosa, es la causa (de los efectos que producen dolor) que
debe evitarse".
En otra parte dice Patanjali 2
que la experiencia de la vida y el proceso de vivir y sentir en el plano físico
viene de "... la incapacidad del alma para distinguir entre el
yo personal y el espíritu o purusha. Las formas objetivas existen para uso (y
experiencia) del hombre espiritual. Meditando sobre esto surge la percepción
intuitiva de la naturaleza espiritual".
Mediante esta experiencia vital
y por el proceso del deseo sensorio y de la percepción consiguiente, el hombre
agota este aspecto de su naturaleza y penetra más profundamente, hasta llegar
al tercer factor, la mente. El hombre se halla actualmente en este punto de la
investigación, y la cuidadosa consideración de los procesos mentales y el
estudio de las reacciones de la mente, sus causas y objetivos, absorben la
atención de los sicólogos de todas partes. Entre ellos hay muchas escuelas de
pensamiento que mantienen opiniones ampliamente divergentes, pero se acepta
universalmente que existe algo llamado mente, lo cual influye acrecentadamente
sobre la raza.
Desde este punto ¿a dónde vamos?
En el transcurso de las edades hubo un gran progreso en la evolución de la
conciencia humana; un constante crecimiento en la comprensión de la naturaleza
y del mundo en que los hombres viven una creciente captación del Todo; hasta
que hoy el mundo está unido por la radio, el telégrafo y la televisión. El
hombre es omnipresente, y la mente es el principal factor que ha producido este
aparente milagro. Hemos llegado a un entendimiento de las leyes que rigen al
mundo natural y alguna de las que gobiernan el mundo síquico. Las leyes del
llamado reino espiritual quedan por ser descubiertas y empleadas
científicamente. Pocos las han conocido y hablaron de ellas a la humanidad,
pero son utilizadas únicamente por los espíritus precursores de nuestra raza.
Entre los pocos que aparecen como conocedores eminentes tenemos a Buda,
Cristo, Platón, Aristóteles, Pitágoras, Meister Eckhart, Jacob Boehme, Spinoza
—los nombres son muchos. Empecemos por formular las adecuadas preguntas; ¿ No
es acaso posible que muchos cientos de personas están en condiciones de
coordinar el cerebro, la mente y el alma, para trasponer el portal de la
percepción mental hacia el reino de la luz, de la percepción intuitiva y el
mundo de las causas? Desde el punto de vista del mundo mental, en que hemos
penetrado, dejando atrás el cuerpo físico y la naturaleza síquica, ¿no podemos
ahora continuar hacia el siguiente desenvolvimiento evolutivo? Poseyendo algún
entendimiento de la naturaleza de la humanidad y de la mente, ¿no podemos
empezar a captar la naturaleza de la intuición y actuar en otro reino con la
misma comprensión y facilidad con que lo hacemos como hombres? Los Conocedores
dicen que sí, e indican el camino.
Tercero: En el lenguaje de algunos de los precursores del reino, el
tercer resultado de la meditación es encontrar a Dios. Relativamente tiene
poca importancia lo que en forma detallada significa esa breve palabra de
cuatro letras. No es más que un símbolo de la realidad. Cada religión mundial
acepta la existencia de una vida inmanente en la forma y una causa que ha
traído todas las cosas a la existencia. Todo ser humano es consciente
internamente de luchas imprecisas (que se agudizan a medida que el intelecto se
desarrolla) que llevan a conocer, entender y responder a las preguntas de ¿por
qué y adónde? La mayoría de los hombres cualquiera sea la teología que
profesen, al encontrarse ante el portal de la muerte, afirman su creencia en el
Padre de los Seres y aceptan lo que implica esta Paternidad. Consideremos a
Dios como ese "elevado y desconocido Propósito" que puede ser
reconocido como el conjunto de formas, que expresan la Vida, y de todos los
estados de conciencia y también como la vida misma; consideremos a la Deidad
como aquello en que vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, que actúa por
medio de todas las formas en la naturaleza (incluyendo la forma humana), Su
propio Plan incluyente y sintético. Los Conocedores dicen que cuando llegaron a
un Camino mediante un método, y siguiendo ese camino entraron a un nuevo estado
del ser, se les reveló el Propósito y el Plan divinos. Ellos pueden participar
activamente en él y llegar a ser trabajadores conscientes e inteligentes en el
aspecto evolutivo. Saben lo que está ocurriendo, porque han visto los
anteproyectos.
Cuarto: Con las palabras de las
escuelas de misticismo en ambos hemisferios, estos resultados están
compendiados en las expresiones: Unión con Dios o Unificación con la Divinidad.
Dios y el hombre están unificados. El yo y el no-yo están unificados. Tauler 3
lo dice:
"En
esta unión... el hombre no llega a Dios por imágenes o meditaciones, ni por un
esfuerzo mental superior, por un gusto ni por una luz, en verdad lo recibe a Sí
Mismo internamente y en una forma que supera grandemente todo el sabor y la
luz de los seres creados, la razón, la mesura y la inteligencia".
Todos los demás factores por
debajo de la realidad espiritual son caminos hacia el centro y deben ser
totalmente reemplazados durante el estado contemplativo, cuando el hombre sale
de la conciencia de la forma y pasa a la realidad espiritual, el alma, la cual
es parte consciente e indivisible del alma universal, por paradójico que
parezca, y está desprovista de todo sentido de separatividad; de ahí que la
unión con Dios sea un hecho conocido de la naturaleza, que siempre ha existido.
El alma se reconoce conscientemente como una con Dios. Con estas ideas en
nuestras mentes, y con una comprensión de la parte que ha desempeñado el
intelecto, adquieren nueva claridad las palabras de San Pablo: "Que esta
mente sea en vosotros como fue en Cristo Jesús, Quien siendo a imagen de Dios,
no consideró usurpación ser igual a Dios".
Esta consumada unión (consumada
en estado contemplativo) trae como resultado la iluminación de la mente y del
cerebro, siempre que se hayan mantenido positivamente aquietados y a la expectativa.
Cuando la iluminación es frecuente, y podemos atraerla finalmente a voluntad,
produce con el tiempo una vida de inspiración.
Si estas etapas se comprenden y
se denominan y si las personas inteligentes están dispuestas a someterse a la
técnica delineada, muchos demostrarán esta ciencia divina. Podrá comprobarse la
verdad de las palabras expresadas en mi libro 4 que dicen: "surgirá
una nueva raza que poseerá nuevas capacidades e ideales y nuevos conceptos
acerca de Dios y de la materia, de la vida y del espíritu. En dicha raza y
humanidad futuras, se evidenciará no sólo un mecanismo y estructura, sino un
alma, una entidad que, valiéndose del mecanismo, manifestará su propia
naturaleza, que es amor, sabiduría e inteligencia".
Es interesante observar aquí la
uniformidad de la enseñanza de todas las religiones y razas, respecto a la
técnica para entrar en el reino del alma. Al parecer, en cierto punto del
sendero de evolución, todos los caminos convergen y todos los peregrinos llegan
a una posición idéntica en el Camino. Desde este punto de convergencia, siguen
el mismo camino, emplean los mismos métodos y utilizan una fraseología
curiosamente similar. Ha llegado el momento de comprender esto definitivamente,
al observar la amplitud del estudio de las religiones comparadas y la
interacción entre las razas. Ambos factores están derribando las antiguas barreras
y demostrando la unicidad del alma humana. Hablando en términos generales, este
Camino está casi universalmente dividido en tres secciones principales, que
pueden verse, por ejemplo, en las tres grandes religiones: cristiana, budista e
hindú. La iglesia cristiana habla del sendero de probación, del sendero de
santidad y del sendero de iluminación. El Dr. Evans-Wentz de Oxford, en la
introducción de su libro cita a un instructor
hinduista en los siguientes términos:
"Las
tres escuelas tibetanas principales marcan, a mi modo de ver, tres etapas en el
sendero de iluminación o progreso espiritual. En la primera, el devoto está
sujeto a advertencias y prohibiciones..., es decir, ligado por los
reglamentos. En la segunda se adhiere a los métodos tradicionales..., donde en
cierta medida no son tan estrictas las restricciones comunes, aunque el devoto
aún no se ha liberado del todo. En la tercera, el Adi-Yoga, cuando se ve la luz
por medio de las prácticas de la yoga, ya no hay restricciones, porque
se ha alcanzado el estado de Buda... Estas tres etapas corresponden, hablando
en forma general, a lo que los Tantras quieren dar a entender con las
expresiones..., estados del hombre-animal, del héroe y del Divino
Iluminado".
El Método del Budismo Tibetano
Al estudiar
la vida de Milarepa, 6 el Santo del Tíbet, que vivió en los siglos xi y
xii de la era cristiana, hallamos la afirmación de que obtuvo la unión
por el método de la práctica de la meditación y, últimamente, la iluminación.
Dice:
"Fue
aquel que habiendo dominado las ciencias místicas y ocultas le fue
comunicado... continuamente los cuatro estados beatíficos de la comunión del
éxtasis...
"Fue
aquel que, habiendo alcanzado la omnisciencia, la buena voluntad
omnipenetrante, el amor que resplandece, juntamente con la adquisición de
poderes y virtudes trascendentales, se convirtió en un Buda autodesarrollado,
que sobresalió sobre todas las opiniones y argumentos contradictorios de las
distintas sectas y credos...
"Fue
el ser más diligente y perseverante en la meditación sobre el raro sendero. ..
Habiendo adquirido pleno poder sobre los estados y facultades mentales
internos, venció todos los peligros de los elementos externos...
"Fue
un ser que practicaba en forma perfecta las cuatro etapas de la meditación
(análisis, reflexión, bondad, beatitud). Éstos son los cuatro estados mentales
progresivos que conducen a la completa concentración de la mente y producen la
iluminación del éxtasis...
"Fue
un sapientísimo profesor de la Ciencia de la Mente, y probó que la mente era,
más allá de toda discusión, el principio y el fin de todos los fenómenos
visibles, materiales y espirituales, cuyos rayos debe dejárselos brillar sin
impedimentos, y se desarrollan (como bien sabía) en la triple manifestación del
Ser divino universal, por medio de su propio y libre poder inherente".
Tenemos el
mismo procedimiento —actividad mental, contemplación, unión e iluminación.
El Método del Budismo Chino.
Una de las
principales contribuciones al proceso de iluminación es la comprensión de cómo
el Buda halló la Luz, lo cual demuestra en forma notable, el empleo de la
mente para vencer la ignorancia y su consiguiente inutilidad para conducir al
hombre al mundo de la luz y del ser espiritual. El Dr. Suzuki, 7
Profesor del Budismo Zen en el Instituto Budista, en Kioto, habla sobre ello en
los siguientes ilustrativos párrafos. Dice que por medio del "supremo y
perfecto conocimiento", Buda alcanzó la sabiduría que, de un Bodhisattva,
lo trasformó en Buda. Este conocimiento es:
"...una
facultad intelectual y espiritual a la vez; mediante su actuación el alma puede
romper las cadenas de la intelectualidad, que es siempre dualista, pues conoce
el sujeto y el objeto; pero en prajña, sabiduría que se ejercita 'al unísono
con la visualización de un solo pensamiento', no hay separación entre el
conocedor y lo conocido; éstos se perciben en un sólo pensamiento, y la
iluminación es consecuencia de ello...
"Vemos
pues que la iluminación es un estado absoluto de la mente donde no hay
discernimiento'... y exige un gran esfuerzo mental el alcanzar el estado de
percepción de todas las cosas 'en un solo pensamiento'. En efecto, nuestra
conciencia lógica y práctica, tiende demasiado al análisis y a la ideación, es
decir, para comprender las realidades las separamos en elementos, pero cuando
se las une para reconstruir cl original, los elementos se destacan demasiado
conspicuamente y no percibimos el todo 'en un solo pensamiento'. Y sólo cuando
tenemos un 'solo pensamiento' alcanzamos la iluminación, entonces debe hacerse
el esfuerzo de ir más allá de nuestra conciencia relativamente empírica... El
hecho más importante subyacente en la experiencia de la iluminación es, por
consiguiente, que Buda realizó el más arduo esfuerzo para resolver el problema
de la ignorancia y ejerció el máximo poder de la voluntad para alcanzar el
éxito en la lucha... La iluminación, en consecuencia, debe involucrar la voluntad
lo mismo que el intelecto. Es un acto de intuición nacido de la voluntad...
El Buda alcanzó esta finalidad cuando obtuvo una nueva percepción interna, al
terminar su incesante razonamiento circulatorio de la decadencia y la muerte a
la ignorancia, y de ésta, a la decadencia y la muerte... Pero poseía una
voluntad indomable; quería con la máxima fuerza de su voluntad llegar a la real
verdad de la cuestión; golpeó hasta que las puertas de la ignorancia cedieron
y se abrieron ante un nuevo panorama, jamás presentado antes a su visión
intelectual".
En páginas
anteriores, el Dr. Suzuki señala que alcanzar el nirvana es, esencialmente y
después de todo, la afirmación y la adquisición de la unidad. En el mismo escrito
encontramos las palabras:
"Ellos
(los budistas) descubrieron finalmente que la iluminación no era una cosa que
pertenecía exclusivamente a Buda, sino que todos pueden alcanzarla si se
liberan de la ignorancia, abandonando el concepto dual de la vida y el mundo;
además llegaron a la conclusión de que el nirvana no significaba desaparecer
en un estado de absoluta inexistencia; ni algo imposible mientras debamos tener
en cuenta los hechos reales de la vida, y que el nirvana en su final
significación era una afirmación más allá de todos los opuestos. 8
El término
"prajña", utilizado anteriormente, es muy interesante... Es "la
presencia de una facultad en cada individuo... :es el principio que hace
posible la iluminación en nosotros lo mismo que en Buda. Sin "prajña' no
podría haber iluminación, el poder espiritual más elevado que poseemos. El
intelecto... es relativo en su actividad... Buda antes de la iluminación era un
común mortal, y nosotros, los mortales comunes, seremos Budas cuando nuestros
ojos mentales se abran a la Iluminación". 9
Tenemos aquí
la mente enfocada y utilizada hasta su capacidad máxima y luego la cesación de
tal actividad. Sigue después el empleo de la voluntad para mantener la mente
firme en la luz, y entonces tendremos visión, esclarecimiento e iluminación.
El Método de la Yoga del
Hinduismo.
Los
hinduistas han analizado, quizás más claramente que ningún otro grupo de
pensadores, el proceso de acercamiento mental a la realidad, y la parte que la
mente debería desempeñar. Shankaracharya, citado por René Guénon 10
en su libro, dice:
"El
yogui cuyo intelecto es perfecto, contempla todas las cosas como residiendo
dentro de sí mismo (en su propio "yo', sin diferenciar lo interno ni lo
externo) y así él, mediante el ojo del conocimiento (Jñana-chaksus, expresión
que se puede traducir con bastante exactitud como 'intuición intelectual'),
percibe (o más bien concibe), no en forma racional o discursiva, sino por
percepción directa o inmediato asentimiento, que todo es atma".
El
yogui o quien ha alcanzado la unión (puesto que yoga es la ciencia de la
unión), se conoce a sí mismo como es en realidad. Descubre, una vez que la
ignorancia cede su lugar al conocimiento trascendental, que está identificado
con Brahma, la Causa Eterna, el Único y Solitario. Se conoce a sí mismo, más
allá de toda controversia, como Dios, Dios inmanente y Dios trascendente. Y
continúa diciendo: 11
"Él
es 'el Supremo Brahma, eterno, puro, libre, solo (en su absoluta perfección),
incesantemente pleno de Beatitud, sin dualidad (no condicionado), Principio de
toda existencia, conociendo (sin que este conocimiento implique distinción
alguna entre sujeto y objeto, lo cual sería contrario a la no-dualidad) y sin
fin".
"Él
es Brahma, por quien todas las cosas se iluminan (participando de su
Esencia de acuerdo a sus grados de realidad), Luz que hace brillar el sol y
todos los cuerpos luminosos, pero no se manifiesta por su luz.
"Él
'Yo', iluminado por la meditación..., luego, ardiendo con el fuego del
conocimiento (comprendiendo su esencial identificación con la Luz suprema), es
librado de todo accidente... y brilla en su propio esplendor, como oro
purificado en el fuego.
"Cuando
el sol del Conocimiento espiritual nace en el cielo del corazón (es decir, en
el centro del ser...), disipa la oscuridad (de la ignorancia, que vela la sola
Realidad absoluta), lo compenetra todo, lo envuelve todo y lo ilumina
todo".
El Padre Maréchal 12 dice:
"...
la experiencia psicológica vivida por los contemplativos pasa por dos fases de
concentración mental e inconsciencia, descritas por M. Oltramare, de acuerdo
con el Sarvadarsanasangraha: 'En dos fases sucesivas el yogui absorbe
anticipadamente la base de ulteriores existencias y borra las impresiones
determinadas por la actual. En la primera es consciente...; luego el
pensamiento está atento exclusivamente a su objeto apropiado, y todas las
modificaciones del principio pensante quedan suspendidas en la medida que
dependen de las capas externas; los frutos que obtiene bajo esta forma son visibles
—la cesación del sufrimiento—, o invisibles ––percepción inmediata del Ser, el
objeto de la meditación... El segundo período de la yoga es inconsciente... el
órgano pensante se resuelve en su causa..., la sensación de la personalidad se
pierde, el sujeto que está meditando, el objeto que ocupa su pensamiento y el
acto de la meditación misma, constituyen una sola cosa..."
Patanjali, el
maestro más grande del mundo sobre la Ciencia de la Yoga, 13 ha
condensado las etapas finales en su Libro iv,
en las siguientes palabras:
"El
estado de unidad aislada (absorbido en la verdadera naturaleza del yo) es la
recompensa del hombre capaz de discriminar entre la sustancia mental y el yo, u
hombre espiritual.
"El
estado de unidad aislada es posible cuando las tres cualidades de la materia
(los tres gunas o potencias de la naturaleza) ya no aferran al yo. La
conciencia espiritual pura se retrotrae en el Uno".
"Cuando
la inteligencia espiritual, que permanece sólo libre de objetos, se refleja en
la sustancia mental, entonces se obtiene la conciencia del yo... Luego la mente
tiende a... una creciente iluminación..."
Tenemos aquí
el mismo concepto. El empleo de la mente, la abstracción final de la conciencia
mental y la realización de la unidad. Esto tiende a la constante iluminación.
El Método del Sufisrno
Los escritos
de los Sufíes están muy velados por la imaginería y el simbolismo y tienen un
sentido de dualidad más pronunciado que quizá otro sistema religioso esotérico,
excepto los escritos místicos cristianos. Pero de ellos surgen la misma
expresión de la verdad y método básico. Los siguientes extractos tomados del
más antiguo Tratado Persa sobre Sufismo lo demostrará. Es interesante
observar que los escritos que más persisten y demuestran mayor y amplia
utilidad, nos llegan de los Conocedores, donde relatan sus experiencias de la
divinidad de tal modo, que puedan enseñar y delinear, lo mismo que declarar y
afirmar. En el libro The Kashf Al-Mahjúb 14 se dice:
"El
primer paso para la unificación es la aniquilación de la separación, porque
separación es la declaración de que nos hemos apartado de las imperfecciones,
mientras que la unificación es la declaración de la unidad de una cosa... En
consecuencia, el primer paso hacia la unificación es negar que Dios tiene un
asociado y apartar toda mezcla.
"Nuestros
principios de unificación son cinco: la eliminación del fenomenismo, la
afirmación de la eternidad, el alejamiento de los lugares familiares, la
separación de los hermanos y el olvido de lo conocido y lo desconocido.
"La
eliminación del fenomenismo consiste en negar que el fenómeno tenga relación
con la unificación, o que los fenómenos puedan alcanzar Su santa esencia, y la
afirmación de la eternidad consiste en convencernos que Dios siempre ha
existido...; el alejamiento de los lugares habituales, para el novicio
significa alejarse de los placeres habituales del alma inferior y de las formas
de este mundo, y para el adepto, el abandono de los lugares elevados, de los
estados gloriosos y los milagros excelsos; la separación de los hermanos significa
alejarse de la sociedad humana e ir hacia la sociedad de Dios, pues un solo
pensamiento que no sea el de Dios es un velo y una imperfección, y cuanto más
se asocian los pensamientos del hombre con otro que no sea Dios, más velos
cubren a Dios; porque universalmente se acepta que la unificación es la
concentración del pensamiento, mientras que contentarse con otra que no sea
Dios, significa dispersión del pensamiento..."
Encontramos en el mismo libro 15 estas
palabras:
"Uno
de los Shaykhs dice: 'Cuatro cosas son necesarias para quien ora: aniquilación
del alma inferior, pérdida de los poderes naturales, pureza en lo íntimo del
corazón y perfecta contemplación. La aniquilación del alma inferior se alcanza
únicamente por la concentración del pensamiento, la pérdida de los poderes
naturales, por la afirmación de la Majestad Divina, lo cual implica la destrucción
de todo lo que no sea Dios; la pureza en lo íntimo del corazón se alcanza sólo
por el amor, y la contemplación perfecta por la pureza de lo más íntimo del
corazón'".
Tenemos así, nuevamente, la misma verdad.
El Método del Cristianismo.
Resulta fácil
encontrar muchos pasajes que unen el camino del Conocedor cristiano con el de
su hermano oriental. Dan testimonio de la misma eficacia del método y emplean
también el intelecto hasta donde éste puede alcanzar y luego suspender todo
esfuerzo, mientras se instituye una nueva condición del ser y sobreviene un
nuevo estado de conciencia. San Agustín dice: "Así como es inefable lo que
surge del Hijo y del Padre en el primer proceso, así también existe algo oculto
tras el primer proceso, el intelecto y la voluntad". Meister Eckhart 16
se vincula con los Conocedores orientales en las siguientes palabras:
"El
intelecto es el poder más elevado del alma, por el cual el alma capta el bien
divino. Libre albedrío es el poder de saborear el bien divino que el intelecto
lo hace conocer. La chispa del alma es la luz del Reflejo de Dios, que mira
atrás, hacia Dios. El arcano de la mente es el conjunto, por así decirlo, de
todo el bien divino, y los dones divinos en la más profunda esencia del alma,
son un pozo sin fondo de bondad divina.
"Los
poderes inferiores del alma deben estar supeditados a los superiores y los
superiores a Dios; los externos a los internos y los internos a la razón, el
pensamiento a la intuición y la intuición y todo, a la unidad; para que el alma
pueda estar sola, sin que nada penetre en ella, sino la pura divinidad,
fluyendo en sí misma.
"Cuando
la mente del hombre haya perdido el contacto con todas las cosas, sólo entonces
hará contacto con Dios.
"En
este influjo de gracia, surge inmediatamente la luz de la mente, a la que Dios
envía un rayo de Su límpido esplendor. En esta poderosa luz, un mortal se halla
tan por encima de sus semejantes, como el hombre vivo lo está de su sombra en
la pared.
"El
hombre egoico trascendiendo su modalidad angélica y guiado por el intelecto,
penetra en la fuente de donde afluyó el alma. El intelecto queda afuera con
todo lo nombrado. Así el alma se fusiona en una pura unidad".
Las grandes
escuelas de meditación intelectual (desprovistas de sentimiento y emoción en
las etapas finales) conducen así al mismo punto. Desde el punto de vista del
budismo, del hinduismo, del sufismo y del cristianismo, tenemos la misma meta
básica: Unificación con la Deidad; la misma trascendencia de los sentidos; el
mismo enfoque de la mente en su punto más elevado; la misma inutilidad aparente
de la mente, más allá del punto que lleva al aspirante a su objetivo; la misma
entrada en el estado de contemplación de la Realidad; la misma asimilación en
Dios; la percepción de identidad con Dios, y la misma subsiguiente iluminación.
Todo
sentimiento de separatividad ha desaparecido Existe unidad con el Universo;
Identidad con el Todo; percepción consciente del Yo y asimilación, en plena
conciencia vigílica, con la naturaleza interna y externa. Esta es la meta
definitiva para quien busca el conocimiento.
El yo, el
no-yo y la relación entre ambos, son conocidos corno un solo hecho, sin
diferenciación. Se conoce a Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo,
actuando juntos sin razonamiento, corno una sola Identidad —los Tres en Uno y
el Uno en Tres. Éste es el objetivo de todas las escuelas, en que el místico
trasciende cl sentimiento y hasta el pensamiento y, finalmente, se une con el Todo. Sin embargo, la individualidad se
mantiene en conciencia; pero está de tal manera identificada con el conjunto,
que todo sentimiento de separatividad desaparece. Nada queda, sino la Unidad
realizada.
Notas:
1.
La Luz del Alma, Libro ii, Af. 6 y 17, por Alice A. Bailey.
2.
Ídem, Libro
iii, Af. 35.
3.
The Graces of Interior Prayer, pág. 80, citado por
Poulain, R. P. S. J.
4.
El Alma y su Mecanismo. Cap. vii.
5.
Tibet's Great Yogi, Melarega, pág. 5.
6.
Evans-Wentx, W.Y., Tibet's Great Yogi, Milarepa,
págs. 32, 33, 35, 38.
7.
Essays in Zen Buddhism, pág 113-115
8.
Essays in Zen Buddhism, pág. 47
9.
Ídem, págs, 52, 53.
10.
Man and His Becoming, pág. 254.
11.
Ídem, págs. 256, 258, 259, 260.
12.
Studies in the Psychology of de Mystics, págs. 312,
313.
13.
La Luz del Alma, Libro iv, Af. 22, 25, 34, por Alice A. Bailey.
14.
Págs. 281, 282.
15.
Págs. 302, 303.
16.
Meister Eckhart, Franz Pfeiffer, págs. 61,
101, 144, 338.
Capítulo Noveno
LA
PRÁCTICA DE LA MEDITACIÓN
"Debería tenerse en cuenta que la doctrina de
este libro no instruye a todas las personas, sino únicamente a quienes
mortificando en sumo grado los sentidos y las pasiones han avanzado y
progresado en la oración, llamados por Dios a seguir el Camino interno, donde
Él los alienta y guía, siendo liberados de los obstáculos que impiden el logro
de la perfecta Contemplación".
Miguel
de Molinos, The Spiritual Guide.
HASTA aquí nuestra exposición ha sido
académica y comparativa, discursiva e informativa. Se ha delineado el Camino
que muchos han seguido, y hemos considerado el Sendero hacia la Iluminación.
Ahora corresponde comprender el trabajo práctico que nosotros mismos podemos
realizar, de lo contrario el objetivo de nuestro estudio de la meditación se
perderá y sólo habremos acrecentado nuestra responsabilidad, sin haber
progresado realmente en el Camino.
Dos preguntas surgen de inmediato y reclaman nuestra atención.
Primero:
¿Puede, quien lo desee, beneficiarse con la práctica de la meditación y dominar
su técnica?
Segundo:
Los Conocedores orientales obtuvieron la iluminación, apartándose del mundo,
aislados y en silencio. Las condiciones de vida de la civilización occidental
lo impiden, por lo tanto, sin desaparecer en la soledad del mundo, en las
selvas y las junglas y en el encierro monástico, ¿pueden esperarse resultados?
Vamos a considerar cada pregunta por separado.
Ambas deben ser dilucidadas y contestadas antes de delinear la práctica de la
meditación e indicar el adecuado método a seguir.
En respuesta a la primera, sobre la adaptabilidad
de los aspirantes para este arduo trabajo, debe recordarse desde el comienzo,
que el solo anhelo de emprenderlo puede considerarse que indica el llamado del
alma hacia el Sendero del Conocimiento. No debemos amedrentarnos si en ciertas
cosas esenciales descubrimos que carecemos de las cualidades necesarias. La
mayoría estamos más avanzados, mejor equipados y somos más inteligentes de lo
que creemos. Todos podemos empezar a practicar la concentración desde ahora,
si queremos. Poseemos una gran masa de conocimientos, de poder mental, de
actitudes, que nunca hemos extraído de los reinos del subconsciente, ni hemos
llevado a la utilidad objetiva. Quien quiera haya observado los efectos de la
meditación, producidos en el principiante, corroborará esta afirmación —a
veces trae confusión mental a quien no sabe qué hacer con sus descubrimientos.
Los resultados del primer paso en la disciplina de la meditación, es decir, la
concentración, son a menudo sorprendentes. Las personas se descubren a sí
mismas; descubren facultades ocultas y una comprensión que nunca habían
aplicado; desarrollan una percepción, incluso del mundo fenoménico, que para
ellas es milagrosa; repentinamente registran la existencia de la mente y de
que pueden utilizarla, y la diferencia entre el Conocedor y el instrumento del
conocimiento se hace cada vez más evidente y reveladora. Al mismo tiempo se
produce una sensación de pérdida. Los antiguos estados de ensoñación, de
beatitud y paz, otorgados por la oración y meditación mística, desaparecen, y
se experimenta temporalmente un sentido de aridez, nulidad y vacuidad, siendo
a menudo desesperante. Esto se debe a que el foco de la atención se ha alejado
de las cosas de los sentidos, no importa lo bellas que sean. Las cosas que la
mente conoce y puede registrar, aún no se han plasmado; tampoco el mecanismo
sensorio hace su impacto familiar sobre la conciencia. Es un período de
transición que debe mantenerse hasta el momento en que el nuevo mundo empiece a
impresionar al aspirante. Ésta es una de las razones por las cuales la
persistencia y la perseverancia deben desempeñar su parte, particularmente en
las primeras etapas del proceso de la meditación.
Uno de los primeros efectos de la práctica de la
meditación es comúnmente una creciente eficiencia en la vida diaria, sea en el
hogar, en el trabajo o en cualquier campo de la actividad humana. Emplear la
mente en los asuntos del vivir es en sí, un ejercicio de concentración y
produce notables resultados. Alcance o no el hombre la iluminación final,
mediante la práctica de la concentración y la meditación, habrá adquirido
mucho y enriquecido grandemente su vida, aumentado mayormente su utilidad y
poder y ampliado su esfera de influencia.
Por consiguiente, desde el punto de vista
puramente mundano, es de gran utilidad aprender a meditar. ¿Quién podrá negar
que una acrecentada eficiencia en la vida y en el servicio constituye un paso
en la senda del progreso espiritual, como cualquier visión del místico? Los
efectos espirituales de la dedicación mental, que el mundo de los negocios
occidental manifiesta, pueden ser, en última instancia, una contribución vital
a todo el esfuerzo espiritual, de tanto valor como cualquier efecto observable
en el mundo del esfuerzo religioso organizado. Confucio enseñó hace siglos que
los complementos de la civilización eran de carácter altamente espiritual, por
el resultado de las ideas. Hu Shih en sus interesantes comentarios, dice
"...es altamente idealista y espiritual la civilización que emplea
plenamente el ingenio y la inteligencia humana en la búsqueda de la verdad, a
fin de controlar la naturaleza y trasformar la materia en bien del género
humano; liberar al espíritu humano de la ignorancia, de la superstición y de
la esclavitud de las fuerzas de la naturaleza, y reformar las instituciones
sociales y políticas en bien del mayor número —una civilización así es
altamente idealista y espiritual". 1
Nuestras ideas sobre lo que constituye la espiritualidad
se han ampliado constantemente. Hemos visto a muchos miles de seres humanos que
por el empleo del deseo, el sentimiento y las reacciones de la naturaleza
emocional, alcanzaron un punto en que se vieron obligados a trasmutar el deseo
en aspiración, el sentimiento en sensibilidad hacia las cosas del espíritu, y
el amor a sí mismos en amor a Dios. Así surge el místico.
Por el empleo de la mente en el mundo de los
negocios, en los trabajos profesionales, en la ciencia y en el arte, hemos
presenciado dos hechos sorprendentes: Grandes empresas organizadas, con sus
intereses egoístas e ideas materialistas fueron llevadas, no obstante, a una
condición donde por primera vez se ha considerado seriamente la conciencia e
interacción grupales y el interés del mayor número. Éstos son resultados
puramente espirituales; indicios de la futura hermandad de las almas. La
ciencia aplicada se ha desarrollado en todos los campos, en tal forma, que ha
penetrado en el reino de la energía y de la metafísica pura. El estudio de la
materia nos ha conducido a la esfera del misticismo y del transcendentalismo.
La ciencia y la religión se están dando la mano en el mundo de lo invisible e
intangible.
Éstos son pasos en la debida dirección. Cuando las
facultades mentales se hayan desarrollado racialmente, gracias a nuestra
técnica occidental en el mundo comercial (una vasta escuela de concentración),
inevitablemente tendrá lugar una transmutación análoga a la de la naturaleza de
deseos, como frecuentemente ha ocurrido. Entonces se podrá reorientar la mente
hacia valores más reales y elevados, y enfocarla en una dirección que no sea la
de la vida materialista. Así surgirá el Conocedor.
Todo aquél que no sea puramente emocional, que
tenga una regular educación y esté dispuesto a trabajar con perseverancia,
puede emprender el estudio de la meditación con ánimo, empezar a organizar su
vida y dar los primeros pasos en el sendero hacia la iluminación, y tal
organización constituye uno de los pasos más difíciles. Téngase presente que todo
paso inicial es difícil, porque deben neutralizarse hábitos y ritmos de muchos
años; pero una vez dados y dominados dichos pasos, el trabajo resulta más
fácil. Es más dificultoso aprender a leer, que dominar un libro difícil.
La antigua ciencia de la meditación, "el
camino soberano de la unión", como se lo ha denominado, podría también
llamarse ciencia de la coordinación. Aprendimos ya a coordinar la naturaleza
emocional sensoria y de deseos y el cuerpo físico, lográndolo a tal grado que
estos estados son automáticos y a veces irresistibles; el cuerpo físico es
ahora simplemente un autómata, la criatura del deseo, superior o inferior,
bueno o malo, según el caso. Muchos están ya coordinando la mente con ambos y,
mediante los difundidos sistemas educativos actuales, fusionamos en una unidad
coherente esa totalidad que constituye el ser humano: la naturaleza mental,
emocional y física. Mediante la concentración y los primeros aspectos de la
práctica de la meditación, se apresura grandemente esta coordinación, seguida
por la unificación de otro factor en la triplicidad del hombre, el factor alma,
el cual ha estado siempre presente como lo ha estado la mente en los seres
humanos (excepto en los idiotas), pero se mantiene pasiva hasta el momento
oportuno cuando se ha hecho el trabajo necesario. Todo es cuestión de
conciencia. El Profesor Max Muller 2 dice:
"Debemos recordar que el
principio fundamental de la filosofía Vedanta no es: 'Tú eres Él' sino
'Tú eres Ése'. No era: Tu serás; sino Tú eres. 'Tú eres'
expresa algo que es, que ha sido y que siempre será; no algo que aún debe
alcanzarse o vendrá, por ejemplo, después de la muerte... Por el verdadero
conocimiento el alma individual no se convierte en Brahma, sino que es
Brahma, en cuanto sabe que realmente es, y que siempre lo ha sido".
La misma verdad hace resaltar San Pablo cuando
habla de "Cristo en mí esperanza es de gloria". Esta Realidad interna
es conocida por la mente entrenada y enfocada; el Tres en Uno y el Uno en Tres,
son hechos probados en la evolución de la vida de Dios en el hombre.
Se evidencia por lo tanto que la respuesta a
nuestra primera pregunta es:
Primero:
Aceptamos la hipótesis de que existe un alma y que esta alma puede ser conocida
por el hombre capaz de entrenar y controlar su mente.
Segundo: Con esta hipótesis como base empezamos a
coordinar los tres aspectos de la naturaleza inferior y a unificar la mente,
las emociones y el cuerpo físico, en un todo organizado y comprensivo. Esto se
logra mediante la práctica de la concentración.
Tercero: A medida que la concentración se fusiona con
la meditación (acto de concentración prolongada) se hace sentir la imposición
de la voluntad del alma sobre la mente. Poco a poco, el alma, la mente y el
cerebro, se ponen en armonía. En primer lugar la mente controla al cerebro y a
la naturaleza emocional, luego el alma controla a la mente. Lo primero es
consecuencia de la concentración; lo segundo, de la meditación.
De esta correlatividad de actividades, el
investigador interesado logrará comprender que hay un verdadero trabajo que
realizar y que la primera cualidad necesaria es perseverancia. Cabe observar
aquí dos cosas que ayudan en la tarea de coordinación: Una, el esfuerzo para
lograr el control de la mente, al intentar llevar una vida de concentración. La
vida de consagración y dedicación, tan característica del místico, da lugar a
la vida de concentración y meditación, característica del conocedor, y la
organización de la vida mental en todo momento y en todas partes. Otra, la práctica
regular de la concentración, diariamente a la misma hora si es posible,
proporciona la actitud unilateral, siendo ambas la base del éxito. La primera
toma algún tiempo, pero puede iniciarse inmediatamente. La segunda requiere
períodos de concentración establecidos, y su éxito depende de dos cosas:
regularidad y persistencia. En el primer caso el éxito depende, en su mayor
parte, de la persistencia y también del empleo de la imaginación. Mediante la
imaginación asumimos la actitud del Observador, el Perceptor. Nos imaginamos
ser el Uno que está pensando (no sintiendo),
y firmemente guiamos en todo momento nuestros pensamientos de acuerdo a las
líneas elegidas, pensando sobre lo que queremos y negándonos a pensar en lo que
queremos excluir, no por el método de la inhibición, sino por el interés
dinámico puesto en otra cosa. No permitimos a nuestra mente divagar a voluntad,
o ser impulsada a la actividad por nuestros sentimientos y emociones, o por
corrientes mentales del mundo que nos circunda. Nos obligamos a poner atención
en todo cuanto hacemos, la lectura de un libro, el desempeño de nuestras tareas
en el hogar o en el negocio, la vida social o profesional, la conversación con
un amigo, o cualquier otra actividad del momento. Si la ocupación es de tal
naturaleza que se puede realizar instintivamente y no exige el empleo activo
del pensamiento, podemos elegir una línea de actividad mental, o cadena de
razonamiento, y seguirla comprensivamente, mientras nuestras manos y ojos estén
ocupados en lo que está haciendo.
La verdadera concentración nace de una vida
concentrada y regida por el pensamiento. El primer paso para el aspirante es
empezar por organizar su vida diaria, regularizar sus actividades de manera que
su vida esté centrada y sea unilateral. Esto puede hacerlo quien tiene bastante
interés en realizar el esfuerzo necesario y es capaz de llevarlo a cabo con
perseverancia. Este es el primer requisito básico; cuando reorganizamos y
ajustamos nuestra vida, ponemos a prueba nuestro temple y la fortaleza de
nuestro deseo. Se observará que para el individuo de vida centralizada no cabe
la negligencia en el deber. Cumple con sus deberes familiares, sociales,
comerciales y profesionales, completa y eficientemente, y aún halla tiempo para
los nuevos deberes que su aspiración espiritual le impone, porque comienza a
eliminar de su vida lo no esencial. No evade ninguna obligación, porque la
mente enfocada permite al hombre hacer más cosas que antes, en menos tiempo, y
logra mejores resultados de sus esfuerzos. Las personas regidas por sus
emociones, malgastan mucho tiempo y energía y realizan menos que las personas
mentalmente enfocadas. La práctica de la meditación es mucho más fácil para el
individuo entrenado en los métodos comerciales, que ha ascendido al rango de
ejecutivo, que para el trabajador mecánico, irreflexivo, o para la mujer que
lleva una vida puramente social o del hogar. Estos deben aprender a organizar
sus días y abandonar sus actividades no esenciales. Son los que siempre están
demasiado ocupados para todo, y les resulta insuperable encontrar veinte
minutos cada día para la meditación, o una hora para el estudio. Se hallan tan
ocupados con las amenidades sociales, la rutina del hogar, las multitudes de
pequeñas actividades y conversaciones sin sentido, que no se dan cuenta que por
la práctica de la concentración, pueden hacer mucho más y mejor de lo hecho
hasta ahora. Al ejecutivo entrenado, de vida activa y plena, le resulta más
fácil encontrar el momento adicional que requiere el alma. Siempre tiene tiempo
para algo más. Ha aprendido a concentrarse y frecuentemente a meditar; lo único
que necesita es cambiar el foco de su atención.
La respuesta a la segunda de las preguntas, sobre
la necesidad de retirarse a la soledad a fin de evocar el alma, nos brinda la
oportunidad de una o dos consideraciones interesantes. Del estudio de las
condiciones en que se halla el aspirante occidental moderno, se evidencia que
debe desechar el cultivo de la naturaleza del alma, hasta que pueda adaptarse a
la antigua regla de retirarse, o formular un nuevo método y adoptar una nueva
actitud. Muy pocos estamos en posición de renunciar a nuestras familias y responsabilidades,
y desaparecer del mundo de los hombres para meditar y buscar la iluminación,
bajo nuestro particular árbol Bo. Vivimos en medio de una multitud y una
condición caótica, que hace imposible toda esperanza de rodearnos de paz y
quietud. ¿Es insuperable el problema? ¿No hay manera de sobreponemos a esa
dificultad? ¿Tenemos que renunciar a toda esperanza de iluminación, porque no
podemos (por la fuerza de las circunstancias, el clima y las causas económicas)
desaparecer del mundo de los hombres y buscar el reino del alma?
Indudablemente la solución no está en renunciar a
las posibilidades, de las cuales los hombres de los primeros siglos y razas
testimonian, sino en la recta comprensión de nuestro problema y en el
privilegio que tenemos de demostrar un nuevo aspecto de la antigua verdad. Los
occidentales pertenecemos a una raza más joven. En el milenario Oriente, unos
pocos precursores aventureros buscaron la soledad, aseguraron las oportunidades
y conservaron las reglas. Protegieron la técnica hasta el momento en que las
masas estuvieran preparadas para avanzar en gran número, y no de uno o dos a la
vez. Ese momento ha llegado. En medio de la tensión y agitación del moderno
vivir, en la jungla de nuestras grandes ciudades, en medio del estruendo y
bullicio de la vida y el intercambio diario, los individuos pueden descubrir y
descubren, el centro de paz dentro de sí mismos y pueden entrar y entran, en
ese estado de positiva concentración silenciosa que les permite llegar a la
misma meta, obtener el mismo conocimiento y penetrar en la misma Luz, de que
los grandes Personajes de la raza dieron testimonio. El lugar solitario en que
el hombre se retrae lo descubre en sí mismo; el lugar de silencio, donde establece
contacto con la vida del alma, es ese punto dentro de la cabeza donde el alma y
el cuerpo se unen, esa región, ya referida, donde se mezclan y fusionan la luz
del alma y la vida del cuerpo. El hombre que puede entrenarse para estar
suficientemente centralizado puede retirar sus pensamientos en un centro
dentro de sí mismo, en cualquier momento y en cualquier lugar. Allí se realiza
la gran obra de unificación, e implica atención más dinámica y meditación más
poderosa; la fuerza interna y el poder mental de la raza ha progresado y
aumentado en los últimos tres mil años y puede hacer lo que no era posible para
los videntes de la antigüedad.
Una tercera pregunta surge aquí. ¿Qué le ocurre,
en realidad, sicológica y fisiológicamente, al aspirante durante la meditación?
La respuesta es: Muchas cosas. Psicológicamente hablando, la mente queda
controlada y bajo el dominio del alma; al mismo tiempo, no hay negación de las
facultades mentales comunes, las cuales pueden ser utilizadas más fácilmente,
y la mente se hace más aguda. Se adquiere la facultad de pensar con más
claridad. El aspirante descubre que además de poder registrar impresiones del mundo
fenoménico, puede también registrar las del mundo del espíritu. Posee poder
mental en dos sentidos, y la mente se convierte en agente coordinador y
unificador. La naturaleza emocional, a su vez, queda dominada por la mente y se
la mantiene quieta y tranquila y, por consiguiente, no obstaculiza la afluencia
de conocimiento espiritual al cerebro. Una vez producidos ambos efectos,
tienen lugar en la cabeza ciertos cambios en el mecanismo mental y perceptivo
—según los Conocedores orientales, y la evidencia parece confirmarlo. Los
pensadores avanzados de Occidente, como ya vimos, ubican las facultades
mentales superiores y el asiento de la intuición, en la parte superior del
cerebro, y las facultades mentales inferiores y las reacciones emocionales elevadas,
en la parte inferior del cerebro. Esto coincide con la enseñanza oriental de
que el alma (con su conocimiento superior y la facultad de percepción
intuitiva) tiene su asiento en un centro de fuerza situado en la región de la
glándula pineal, mientras que la personalidad tiene su asiento en un centro de
fuerza situado en la región del cuerpo pituitario.
La hipótesis, sobre la cual se desarrollará, con
el tiempo, la nueva escuela en el campo de la educación (si las teorías
propuestas en este libro tienen una base real) podría exponerse en las siguientes
proposiciones:
Una: El centro de energía por intermedio del cual actúa el alma se
halla en la parte superior del cerebro. Durante la meditación, si ésta es
efectiva, la energía del alma afluye al cerebro y produce un efecto preciso
sobre el sistema nervioso. Pero si la mente no está controlada y predomina la
naturaleza emocional (como ocurre en el caso del místico puro), el efecto se
hace sentir principalmente en el mecanismo sensorio, en los estados emocionales
del ser. Cuando la mente es el factor dominante, entonces el mecanismo mental
de la parte superior del cerebro entra en actividad organizada. El hombre
adquiere una nueva capacidad para pensar clara, sintética y poderosamente, a
medida que descubre nuevas regiones del conocimiento.
Dos: En la región del cuerpo
pituitario tenemos el asiento de las facultades inferiores, cuando están
coordinadas en el ser humano de tipo superior. Allí se coordinan y sintetizan
y —de acuerdo a ciertas escuelas acreditadas de sicología y endocrinología—
residen las emociones y los aspectos más concretos de la mente (derivados de
hábitos raciales e instintos heredados), y por lo tanto no exigen el ejercicio
de la mente creadora o superior. Éste fue el tema de mi anterior libro El
Alma y Su Mecanismo, y no me extenderé sobre ello.
Tres: Cuando la personalidad (los
estados físicos, emocional y mental) es de orden elevado, el cuerpo pituitario
actúa con creciente eficacia, y la vibración del centro más cercano de energía
llega a ser muy potente. Debe observarse que de acuerdo a esta teoría, cuando
la personalidad es de orden inferior, cuando las reacciones son principalmente
instintivas y la mente prácticamente está inactiva, entonces el centro de
energía está cercano al centro plexo solar y predomina en el hombre la
naturaleza animal.
Cuarto: El centro,
situado en la región de la glándula pineal, y la parte superior del cerebro,
entran en actividad cuando se aprende a enfocar atentamente la conciencia en la
cabeza. En los libros orientales esto se denomina con el interesante término
"correcto retiro o correcta abstracción". Significa que debe desarrollarse
la capacidad de subyugar la tendencia de los cinco sentidos a exteriorizarse.
Así se enseña al aspirante el correcto retiro o abstracción de la conciencia,
que dirige externamente al mundo fenoménico y así aprende a concentrar la
conciencia en la gran usina central de la cabeza, desde donde puede
distribuirse conscientemente la energía a medida que participa de la gran
tarea; desde allí puede también establecer contacto con el reino del alma y recibir
los mensajes e impresiones que emanan de ese reino. Ésta es una etapa definida
de realización y no simplemente un modo simbólico de expresar interés en una
sola dirección.
Las diversas avenidas de percepción de los
sentidos se aquietan, y la conciencia del hombre real ya no afluye
externamente a través de sus cinco avenidas de contacto. Los cinco sentidos
quedan dominados por el sexto, la mente, y toda la conciencia y la facultad
perceptiva del aspirante se sintetizan en la cabeza y se dirige hacia dentro y
hacia arriba. De esta manera la naturaleza síquica queda subyugada y el plano
mental se convierte en el campo de la actividad del hombre. Este proceso de retiro
o abstracción, se verifica en etapas:
1. El
retiro de la conciencia física o de percepción, por medio del oído, el tacto,
la vista, el gusto y el olfato. Estos medios de percepción quedan
momentáneamente dormidos. La percepción del hombre es puramente mental y la
conciencia del cerebro es lo único activo en el plano físico.
2. El
retiro de la conciencia en la región de la glándula pineal, de modo que el
punto de comprensión del hombre se centralice en la región situada entre el
medio de la frente y la glándula pineal. 3
Quinto: Cuando se
ha hecho esto y el aspirante adquiere facilidad para enfocarse en la cabeza, el
resultado de este proceso de abstracción es el siguiente:
Los cincos sentidos van siendo sintetizados
constantemente por el sexto, la mente. Éste es el factor coordinador. Más
tarde, percibe que el alma tiene análoga función. La triple personalidad se
pone así en comunicación directa con el alma y, por lo tanto, el hombre llega a
ser con el tiempo inconsciente de las limitaciones de la naturaleza corporal,
y el cerebro puede ser entonces impresionado directamente por el alma vía la
mente. La conciencia del cerebro se mantiene en una condición de espera
positiva con todas las reacciones del mundo fenoménico totalmente inhibidas,
aunque temporalmente.
Sexto: La personalidad
intelectual, de alto desarrollo, con su foco de atención localizado en la
región del cuerpo pituitario, empieza a vibrar al unísono con el centro
superior en la región de la glándula pineal. Entonces se establece un campo magnético
entre el aspecto positivo del alma y la personalidad en expectativa, que se
hace receptiva, debido al proceso de atención enfocada. Se dice que entonces
irrumpe la luz, el hombre logra la iluminación y aparece la luz fenoménica en
la cabeza. Todo esto es el resultado de una vida disciplinada y del enfoque de
la conciencia en la cabeza, producido a su vez por el intento de concentrarse
en la vida diaria y mediante determinados ejercicios de concentración. A esto
le sigue el esfuerzo de la meditación y más tarde —mucho después— se hace
sentir el poder de la contemplación.
Éste es un breve resumen de la mecánica del
proceso, siendo necesariamente sucinto e incompleto. Sin embargo, estas ideas
deben ser aceptadas provisionalmente, antes de poder emprender con inteligencia
la práctica de la meditación. Aceptar una hipótesis como la indicada, es tan
justificable como aceptar cualquier otra, como base práctica para la
investigación y la conducta. Quizá sea más justificable su aceptación, porque
tantos miles de personas prosiguieron de acuerdo con ella, llenaron los
requisitos necesarios y como resultado, cambiaron la suposición en certidumbre,
y en recompensa obtuvieron amplitud mental, persistencia y descubrimiento.
Habiendo formulado nuestra hipótesis y aceptándola
momentáneamente, continuaremos con el trabajo hasta comprobar su falsedad, o
mientras nos interesa. Una hipótesis no será necesariamente falsa por no
lograr probarse a sí misma en el plazo que consideramos adecuado. La gente
abandona frecuentemente su búsqueda en este campo del conocimiento, porque
carece de la necesaria perseverancia o su interés se transfiere a otra parte.
Sin embargo, hemos determinado seguir adelante con nuestra investigación y dar
tiempo a que las técnicas y fórmulas antiguas se comprueben a sí mismas.
Cumpliremos los primeros requisitos y trataremos de que nuestra vida sea
influida por una actitud mental más concentrada, a fin de practicar la
meditación y concentración diariamente. Si somos principiantes o poseemos una
mente desordenada, fluídica, versátil o inestable, empezaremos por practicar
la concentración. Si somos intelectuales disciplinados, lo único que debemos
hacer es reorientar la mente hacia un nuevo campo de conocimiento y empezar a
meditar verdaderamente. Es fácil enseñar a meditar al hombre cuyo interés se
cifra en los negocios.
Luego se intenta regular la práctica de la
meditación y se fija cada día un determinado momento para ello. Al principio,
quince minutos son suficientes, y no debería intentarse practicarla durante
más tiempo el primer año. En verdad podría decirse que no está interesado quien
dice no disponer de quince minutos de los mil cuatrocientos cuarenta que
constituye un día. Quince minutos pueden encontrarse mientras pongamos voluntad
para el esfuerzo; es siempre posible levantarse quince minutos más temprano o
prescindir de la charla matinal con la familia, la lectura de un libro, el cine
u otras cosas durante el día. Seamos honestos con nosotros mismos y
reconozcamos las cosas tal cual son. La excusa "no tengo tiempo", es
completamente vana, e indica simplemente falta de interés. Consideremos las
reglas sobre las cuales vamos a proceder.
Ante todo, procuraremos hallar tiempo por la
mañana temprano para la práctica de la meditación. La razón estriba en que después
de haber participado de los acontecimientos del día y en el toma y daca general
de la vida, la mente está en un estado de violenta vibración, lo cual no
sucede si la meditación es la primera práctica de la mañana. Entonces la mente
está relativamente aquietada y puede sintonizarse más rápidamente con los
estados superiores de conciencia. Si iniciamos el día enfocando nuestra
atención en cosas espirituales y cuestiones del alma, vivimos el día en forma
muy distinta. Si esta práctica se convierte en hábito, veremos muy pronto
cambiar nuestras reacciones a las incidencias de la vida y empezaremos a pensar
lo que el alma piensa. Entonces se realiza el proceso de la actuación de una
ley, porque "como el hombre piensa, así es él".
Luego trataremos de buscar un lugar realmente
tranquilo y libre de intromisiones. No quiero decir tranquilo en el sentido de
que no haya ruido, porque el mundo está lleno de sonidos, y a medida que
nuestra sensibilidad aumenta, descubriremos que es más ruidoso de lo que
pensábamos, pero libre de todo acercamiento y exigencias de otras personas.
Quisiera indicar una actitud que todo principiante debería asumir. Es la
actitud de silencio. Los aspirantes a la meditación hablan mucho de la
oposición que encuentran por parte de la familia y los amigos; el marido objeta
que su mujer medita, o viceversa; los hijos despreocupados o desconsiderados
interrumpen las devociones de los padres; los amigos no simpatizan con el
intento. En la mayoría de los casos es culpa del aspirante mismo, sobre todo
las mujeres. La gente habla demasiado. A nadie le importa qué hacemos durante
quince minutos de nuestro tiempo cada mañana y no es necesario hablar de ello a
la familia, ni exigirles estar quietos porque queremos meditar. Inevitablemente
esto evocará una reacción contraria. Por lo tanto no divulguemos el método de
desarrollar la conciencia espiritual, pues es un asunto exclusivamente nuestro.
Guardemos silencio sobre lo que hacemos; no dejemos libros ni escritos en cualquier
parte, tampoco diseminemos por la casa literatura que no interesa en lo más
mínimo al resto de la familia. Si es imposible tener un momento pata meditar,
antes que la familia se disperse para los quehaceres del día, o antes de
iniciar nuestra tarea, busquemos el momento propicio durante el día. Siempre
hay una salida para cualquier dificultad si lo deseamos suficientemente, en
forma que no signifique eludir deberes u obligaciones. Simplemente requiere
organización y silencio.
Encontrado el momento y el lugar, sentémonos
cómodamente y empecemos a meditar. Entonces surge la pregunta ¿cómo debemos
sentarnos?, ¿Cuál es la mejor posición, las piernas cruzadas, arrodillados,
sentados o de pie? La posición más fácil y normal es siempre la mejor. La
posición con las piernas cruzadas ha sido, y aún es, la más corriente en
Oriente, y se han escrito muchos libros sobre posturas, de las cuales hay
aproximadamente ochenta. El hecho de haberlo utilizado en el pasado y en
Oriente, no significa que sea la más cómoda para nosotros en la actualidad y en
Occidente. Estas posturas son costumbres de la época en que la raza era
entrenada psicológica y emocionalmente, y se parece mucho a la disciplina que
se le impone a un niño cuando se lo manda a un rincón y se le ordena quedarse
quieto. Algunas de las posturas tienen también relación con el sistema
nervioso y con esa estructura interna de nervios sutiles que los hindúes
denominan nadis, que subyacen en el sistema nervioso, como se lo conoce en
Occidente.
El inconveniente de tales posturas conduce a dos
reacciones, hasta cierto punto indeseables; nos llevan primero, a concentrar la
mente en la mecánica del proceso y no en su finalidad; segundo, con frecuencia
producen un agradable sentido de superioridad, basado en la intención de hacer
algo que la mayoría no hace y que permite destacarnos como conocedores en
potencia. Nos absorbe el aspecto forma de la meditación y no el Originador de
la forma. Nos preocupamos del no-yo en lugar del yo. Debemos elegir esa postura
que nos haga olvidar más fácilmente el cuerpo físico. Para el occidental
probablemente la mejor postura es estar sentado: lo importante es que nos
sentemos erguidos, con la columna vertebral en línea recta, relajados (sin
dejarse caer) para que no haya tensión en ninguna parte del cuerpo, bajando la
barbilla parcialmente a fin de eliminar toda tensión en la nuca. Hay personas
que cuando meditan sentadas, miran el techo con los ojos firmemente cerrados,
como si el alma estuviera allí, en posición extremadamente rígida, apretando
fuertemente los dientes (quizás para impedir que se les escapen palabras
inspiradas llegadas del alma). Todo el cuerpo está tenso y rígido. Estas
personas se sorprenden cuando nada ocurre, excepto fatiga y dolor de cabeza.
El retiro de la conciencia de los conductos de los sentidos no implica la
transferencia de la sangre del cuerpo a la cabeza, ni el aceleramiento sin
control de las reacciones nerviosas. La meditación es un acto interno y se
practica con éxito sólo cuando el cuerpo está relajado, en posición adecuada y,
luego, olvidado.
Las manos deben estar entrelazadas en el regazo y
los pies cruzados. Si aceptamos lo que el científico occidental dice, cuando
afirma que el cuerpo humano es en realidad una batería eléctrica, probablemente
su hermano oriental esté también en lo cierto cuando afirma que la meditación
es la unión de la energía negativa y de la positiva, y que por este medio se
produce la luz en la cabeza. En consecuencia es prudente cerrar el circuito.
Obtenida la comodidad física y el relajamiento, y
habiendo retirado la conciencia del cuerpo, observamos a continuación nuestra
respiración. Veamos si es tranquila, pareja y rítmica. Considero útil hacer una
advertencia acerca de los ejercicios respiratorios, que no son recomendables
sino para quienes primeramente han practicado durante años en debida forma la
meditación y la purificación de la naturaleza corpórea. Mientras no se tenga
experiencia y pureza, la práctica de ejercicios respiratorios ofrece verdadero
peligro. Nunca se hará resaltar esto suficientemente. Existen hoy muchas
escuelas que dan instrucciones sobre respiración y muchos dicen que la
respiración es un medio para el desarrollo espiritual. Sin embargo, nada tienen
que ver con esto, pero sí con el desarrollo psíquico, y su práctica conduce a
muchas dificultades y peligros. Es posible, por ejemplo, desarrollar la
clariaudiencia y clarividencia mediante la práctica de ciertos ejercicios
respiratorios; pero, si no se tiene una verdadera comprensión del proceso y si
la mente no ejerce el correcto dominio de la "versátil naturaleza
síquica", quien lo practique sólo logrará entrar por la fuerza en nuevos
campos de fenómenos, desarrollar facultades que es incapaz de controlar, y
muchas veces descubrir que no puede excluir sonidos y visiones que aprendió a
registrar, y al no poder evadir los contactos síquicos y físicos, es impulsado
en dos direcciones, sin hallar paz alguna. Los sonidos y las visiones físicas
son herencia normal, y lógicamente hacen su impacto sobre los sentidos; pero
cuando el mundo psíquico —con sus propias visiones y sonidos— hace también
impacto, se encuentra perdido, no puede cerrar los ojos ni apartarse del
indeseable medio ambiente psíquico.
Un doctor en teología y pastor de una numerosa congregación
me escribió hace poco, diciéndome que practicaba ejercicios de respiración, con
la idea de mejorar su salud, indicados por, un instructor que había llegado a
donde él vivía. El resultado de su ignorancia, aunque bien intencionada, fue
que se le abrió síquicamente el oído interno. Decía en su carta: "A medida
que le escribo a máquina, oigo toda clase de voces, palabras y sonidos que no
son físicos. No puedo silenciarlos y temo enloquecer. ¿Quisiera decirme por
favor qué puedo hacer para eliminarlos?" Durante los últimos diez años,
varios cientos de personas me pidieron ayuda debido a los efectos producidos al
seguir indiscriminadamente los consejos vertidos por quienes instruyen sobre la
respiración. Casi todos desesperados y frecuentemente en serias condiciones
psíquicas. Algunos fueron ayudados, pero nada pudimos hacer por otros, que
terminaron en el manicomio o en clínicas de desequilibrados mentales. Mi gran
experiencia sobre estos casos me obliga a formular esta advertencia, porque la
mayoría de los trastornos síquicos incontrolables provienen de la práctica de
ejercicios respiratorios.
En las antiguas enseñanzas de Oriente no se
permitía el control de la respiración, sino después de haberse perfeccionado
en los tres primeros "medios de unión". Estos "medios" son:
Primero, los cinco mandamientos, que son: inofensividad, veracidad, no hurtar,
continencia e inavaricia. Segundo, las cinco reglas, que son: purificación
interna y externa, gozo, ardiente aspiración, lectura espiritual y devoción.
Tercero, correcto aplomo. Cuando una persona es altruista e inofensiva en
pensamiento, palabra y acción y conoce el significado de la posición adecuada
—la postura emocional lo mismo que física— entonces verdaderamente puede
practicar ejercicios de respiración con la adecuada instrucción, y hacerlo sin
peligro. Aún así, lo único que conseguirá es unificar las energías vitales del
cuerpo y llegar a ser un psíquico consciente; pero esto puede tener su utilidad
y objetivo si quien lo practica se considera un investigador y experimentador.
El no haberse ajustado a los pasos preliminares
necesarios ha conducido a dificultades a más de un investigador digno. Es peligroso
para una persona emotiva y débil, hacer ejercicios de respiración con el fin
de apresurar su desarrollo; cualquier instructor que trate de enseñar estos
ejercicios a grupos numerosos, como frecuentemente sucede, se expone a
dificultades, tanto él como sus seguidores. Los instructores elegían
antiguamente a algunos individuos para este tipo de enseñanza, que, sumado al
entrenamiento, había producido ya cierta medida de contacto con el alma,
pudiendo ésta guiar las energías evocadas por la respiración, impulsar sus
objetivos y servir mundialmente.
Por lo tanto, lo único que debemos procurar es que
nuestra respiración sea tranquila y regular; entonces retiraremos totalmente
nuestro pensamiento del cuerpo y empezaremos la tarea de concentración.
El siguiente paso en la práctica de la meditación
es el empleo de la imaginación. Nos imaginamos al triple hombre inferior alineado,
o en comunicación directa con el alma. Hay varias maneras de hacerlo. A esto lo
llamamos práctica de la visualización. La visualización, la imaginación y la
voluntad, parecen ser tres factores muy potentes en todo proceso creador. Son
las causas subjetivas de muchos de nuestros efectos objetivos. Al principio la
visualización es en gran parte cuestión de fe experimental. Sabemos que
mediante el proceso de razonamiento, llegamos a la comprensión de que dentro y
más allá de los objetos manifestados, existe un objeto o canon ideal, que está
tratando de manifestarse en el plano físico. La práctica de la visualización,
la imaginación y el empleo de la voluntad, son actividades calculadas para
acelerar la manifestación de este ideal.
Al visualizar, utilizamos nuestra concepción más
elevada de lo que ese ideal puede ser, revestido de cierto tipo de materia,
generalmente mental, pues aún somos incapaces de concebir formas y tipos más
elevados de sustancia con la cual envolver nuestras imágenes. Al imaginar un
cuadro, la sustancia mental de nuestra mente establece cierto ritmo de
vibración que atrae hacia sí el correspondiente grado de sustancial mental, en
que la mente está sumergida. La voluntad mantiene esta imagen fija y le da
vida. Este proceso continúa, seamos o no capaces de verlo con el ojo mental. No
tiene importancia que podamos o no verlo, porque el trabajo creador se realiza
igualmente. Quizás podamos alguna vez seguir y ejecutar conscientemente todo el
proceso.
En conexión con este trabajo, en la etapa
del principiante, algunas personas se imaginan a los tres cuerpos (los tres
aspectos de la naturaleza forma) vinculados por un cuerpo radiante de luz, o
visualizan tres centros de energía vibrante que recibe el estímulo de un centro
más elevado y poderoso; otros imaginan al alma como un triángulo de fuerza,
unido al triángulo de la naturaleza inferior —vinculado por el "cordón
plateado", mencionado en la Biblia cristiana, el sutratma o hilo del alma
de las escrituras orientales, la "línea de la vida" de otras
escuelas de pensamiento. En cambio otros mantienen la idea de una personalidad
vinculada con la divinidad que mora internamente, ocultando en sí misma a esa
divinidad, "Cristo en nosotros, esperanza es de gloria". Tiene poca
importancia la imagen elegida, siempre que se inicie con la idea fundamental de
que el yo trata de establecer contacto con el no-yo, utilizar su instrumento en
los mundos de la expresión humana y viceversa, impulsar al pensamiento de ese
no-yo para que se dirija hacia la fuente de su ser. Mediante el empleo de la
imaginación y la visualización, el cuerpo de deseos, o naturaleza emocional, se
alinea con el alma, y una vez realizado, puede continuarse con la práctica de
la meditación. El cuerpo físico y la naturaleza de deseos se sumergen a su vez
bajo el nivel de la conciencia, entonces nos centramos en la mente y tratamos
de someterla a nuestra voluntad.
Precisamente aquí enfrentamos el problema. La
mente se niega a amoldarse a los pensamientos que decidimos pensar, y recorre
todo el mundo en su acostumbrada búsqueda de temas. Pensamos en lo que vamos a
hacer durante el día, en lugar de reflexionar sobre nuestro "pensamiento
simiente"; recordamos a alguien a quien debemos ver o alguna actividad que
demanda nuestra atención; empezamos a pensar en algún ser querido, e
inmediatamente descendemos al mundo de las emociones, debiendo empezar el
trabajo de nuevo. De manera que reunimos nuevamente nuestros pensamientos y
los retomamos con mucho éxito durante medio minuto, pero de pronto recordamos
una cita o una diligencia que alguien está gestionando y volvemos otra vez al
mundo de las reacciones mentales, quedando olvidada la línea de pensamientos.
Nuevamente reunimos nuestras ideas diseminadas y retomamos la tarea de someter
a la mente obstinada.
Will Levington Confort, en su 113ª carta resume
este proceso, diciendo:
"Ni siquiera hemos soñado
lo dispersa que es nuestra atención hasta que comenzamos a concentrarnos, y de
la práctica de la concentración surge una nueva rectitud y fijeza en medio de
la febril ineficacia de la vida personal. En los primeros intentos de
meditación, prescindimos de las instrucciones comunes de elegir el tema y mantener
la mente firme y fiel a ese tema; pasamos rápidamente sobre ello, sentimos
pasión por el éxtasis y la iniciación, a fin de obtener algún medio con que
dominar a los demás y destacarnos. Nos era permitido pastar en las brumosas
praderas de la emoción, denominadas los brillantes campos del espíritu; creíamos
que pensábamos... hasta que al perder la importancia, se ponía de manifiesto la
angustiosa incertidumbre e inestabilidad de nuestros cimientos. Convencidos,
finalmente, comenzábamos ansiosamente de nuevo desde abajo y aparecía la
palabra estabilidad". 4
Luego
dice en la misma carta:
"Al comenzar a practicar la
concentración, el esfuerzo efectuado nos deja sin aliento, y esta tensión hará
que durante un tiempo no se produzcan los resultados esperados, pero a la larga
y con la práctica, se adquiere la habilidad de mantener una centralización
mental sin esfuerzo, que puede ser fortalecida sin peligro alguno". 5
¿Cómo se alcanza este fortalecimiento? Siguiendo
una fórmula o delineamiento; al practicar la meditación y automáticamente, se
establece un círculo infranqueable alrededor de la mente, que dice
"llegarás hasta aquí y nada más". Deliberadamente y con intento
inteligente, establecemos los límites de nuestra actividad mental, en tal
forma, que forzosamente tenemos que darnos cuenta cuando salimos de esos
límites. Debemos ubicarnos nuevamente dentro del muro protector, establecido
por nosotros mismos. Es necesario seguir alguna fórmula de meditación durante
varios años, si no la hemos practicado previamente y, generalmente, hasta los
que llegaron a la etapa de la contemplación se someten frecuentemente a
prueba, utilizando una fórmula para asegurarse de que no han caído en una
pasividad negativa emocional.
Durante los últimos siete años he empleado
fórmulas como la siguiente, al enseñar la técnica de la meditación, a tres mil
estudiantes aproximadamente, y ha demostrado su bondad en tantos casos, que la
incluyo aquí.
Fórmulas de Meditación
Para Desarrollar la Concentración
Etapas
"Más radiante que el sol,
más puro que la nieve, más sutil que el éter, es el Yo, el espíritu que reside
en mi; Yo soy Ése Yo. Ése Yo soy Yo".
"Hay una paz que a toda
comprensión trasciende; reside en los corazones de quienes viven en lo Eterno.
Hay un poder que todas las cosas renueva; es el que vive y se mueve en quienes
saben que el Yo es uno".
Esto en definitiva es una meditación para principiantes. Contiene varios
puntos focales donde se emplea el proceso de recapitulación y el método de
reenfoque. Hay muchos otros delineamientos de meditación que traen los mismos
resultados, y también muchos otros para estudiantes avanzados. Hay
delineamientos de meditación preparados para producir ciertos resultados
específicos en determinadas personas, pero evidentemente no pueden incluirse en
un libro como éste, siendo sólo posible dar una fórmula general de meditación
que no ofrezca peligros. En todas ellas, sin embargo, lo primero que debe
tenerse en cuenta es mantener la mente activa y ocupada con las ideas y no con
el esfuerzo por concentrarse. Tras todas las palabras pronunciadas y las etapas
a seguirse, debe haber la voluntad de comprender y una actividad mental unilateral.
En la sexta etapa, en que se hace un esfuerzo para meditar sobre cierta
forma de palabras que velan una verdad, no debe haber nada automático en el
proceso. Es muy fácil provocar en uno mismo una condición hipnótica, mediante
la repetición rítmica de ciertas palabras. Se dice que Tennyson provocó en sí
mismo un elevado estado de conciencia, repitiendo su propio nombre. Ésta no es
la finalidad. El trance o la condición automática es peligrosa. El medio seguro
es una actividad mental intensa, confinada en el campo de las ideas, abierto
por un determinado "pensamiento simiente", o tema de meditación.
Esta actividad excluye todos los pensamientos extraños, excepto los que
despiertan las palabras en consideración, las cuales tomadas en una fórmula
determinada, pueden ilustrarlo, y el proceso describe la correlación del
pensamiento:
Dios tú me ves.
Este Dios es lo divino en mí, el Cristo inmanente, el alma.
Durante largas edades, el alma me ha visto y observado.
Por primera vez estoy en condición de ver a Dios.
Hasta ahora he sido negativo a esta Realidad divina.
La relación positiva está siendo posible.
Esto parece indicar la idea de dualidad.
Yo y Dios somos uno.
Yo soy Dios y lo he sido siempre.
Mi Yo me ha visto a mí.
Yo soy Ése Yo; Ése Yo soy Yo.
Esto es fácil de decir, pero para mantener la mente activa y atenta sobre
el sentido y significado, se deberá pensar firme y concentradamente y habrá
grandes dificultades para eliminar todo pensamiento que nada tenga que ver con
el tema. He podido ayudar a veces al principiante confundido y desalentado,
porque era incapaz de pensar cuándo y como él quería, diciéndole:
"Imagínese que debe dar una conferencia sobre un tema. Véase formulando
las notas sobre lo que va a hablar. Guíe a su mente de una etapa a otra y hallará
que transcurrieron cinco minutos sin que su atención se desviara, debido al
gran interés puesto".
Se deben elegir frases que tengan efectos positivos, y evitarse las que
provocan un estado mental negativo y expectante. Es necesario cierto grado de
comprensión y experiencia, para poder introducirse sin peligro en la práctica
de la meditación, en expresiones como: "tranquilízate y sabe que yo soy
Dios" (a menudo elegidas por principiantes bien intencionados). Exigen
demasiada pasividad a la personalidad poco entrenada, y la energía que evocan
estimula la naturaleza síquica. Will Levington Confort señala esto muy bien en
la carta anteriormente citada, donde dice:
"Creo que la meditación sobre palabras como,
'tranquilízate y sabe que Yo soy Dios', pueden resultar desastrosas si se abusa
de ellas. Más de una persona aún no madura, ha provocado en si misma una
receptividad al poder que, actuando sobre sus aspiraciones insatisfechas,
despertó pasiones y ambiciones secretas que están más allá de su capacidad para
manejarlas. La meditación 'Yo soy Dios' podría decirse que es demasiado directa
y eficaz, hasta el momento que quien la practica sabe lo que está haciendo.
Algunos pueden acercarse al ego y continuar durante mucho tiempo desarrollando
ese papel ante los hombres. El resultado será enfermedad, una desesperante
fatiga, pérdida del camino, a medida que predica a otros. No es cuestión de
lograr algo para enseñarlo a los hombres, sino comprender que estamos hechos
como personalidades; presentir la llave de una potencia totalmente nueva y
consagrar a toda la naturaleza humana, con ardiente entereza, a la tarea de
encontrar y hacer girar esa llave. Comprendo que este párrafo acerca de la meditación.
'Yo soy Dios', contiene una atracción lo mismo que una advertencia. En verdad
llegará el momento en que actuemos desde el sitial del ego, en vez de la
personalidad, pero antes de ser capaces de adquirir el poder debemos alcanzar
una refinada integración de la personalidad." 6
El método correlativo sugerido es un medio seguro para
el neófito. Se le ocurrirán otros al estudiante inteligente. Mundos enteros de
pensamientos que puede recorrerlos a voluntad (observen estas palabras), se
abren a la mente, siempre que tengan que ver con el pensamiento–simiente y se
relacionen definidamente con la idea elegida sobre la que tratamos de
concentrarnos. Evidentemente cada persona seguirá la inclinación de su propia
mente (artística, científica o filosófica), y para ella será la línea de menor
resistencia. Todos formulamos nuestros conceptos a nuestra manera. Pero la
actitud indicada por la expresión "tranquilízate", no es para
nosotros. Inhibimos otras actividades mentales mediante un intenso interés,
pero no alcanzamos el silencio por el embotamiento mental o por la adopción de
un método que induce al trance o a la completa ausencia de pensamiento.
Pensamos definidamente en líneas precisas. Todo aquel que enseña meditación
sabe que es difícil inducir al místico a que renuncie a su condición pasiva
(resultado del esfuerzo por hacer unilateral a la naturaleza emocional),
obligándolo a que comience a emplear su mente. Oímos con frecuencia la queja:
"esta técnica no me gusta, es demasiado intelectual y mental y nada
espiritual". Pero lo que realmente quiere decir es: "Soy demasiado
perezoso para emplear mi mente, sufro de inercia mental y prefiero mucho más
las rapsodias emotivas e imponer un estado de paz sobre mi naturaleza
emocional. Me siento mejor. Este método exige un trabajo demasiado
intenso". ¿Por qué confundir la espiritualidad con las emociones? ¿Por
qué el conocimiento no debe ser tan divino como el sentimiento? En efecto, este
método exige trabajo arduo, especialmente al principio. Pero puede realizarse
si se vence la pereza inicial. Quienes han triunfado conocen su valor supremo.
Al terminar este intento de indicar la labor inicial que
el aspirante a este camino ha de realizar, debemos observar que la llave del
éxito está en la práctica constante y persistente. A menudo, durante nuestra
tarea con estudiantes de todo el mundo, hallamos que las mentes más agudas
llegan en segundo término, porque falta el perseverante esfuerzo, en cambio una
mente común llega repentinamente a la región del conocimiento comprobado,
dejando atrás a su hermano más brillante, porque posee la aptitud de
persistir. Los esfuerzos aislados no llevan al aspirante a ninguna parte, por
el contrario, son perjudiciales, pues desarrollan un sentimiento constante de
fracaso. Una pequeña tarea, realizada constante y fielmente día tras día,
durante un largo período, producirá resultados infinitamente mayores que el
esfuerzo entusiasta, pero esporádico. Unos pocos minutos de concentración o
meditación regular, llevarán al aspirante mucho más lejos que varias horas de
esfuerzo, tres o cuatro veces al mes. Se ha dicho en verdad que "para que
la meditación sea eficaz en resultados, no debe ser meramente un esfuerzo
esporádico, hecho cuando nos sentimos inclinados a ello, sino una persistente
presión de la voluntad".
Otro punto debe recordarse: que el último en apreciar
los resultados de su labor es el estudiante mismo. La meta que él se ha
señalado es tan maravillosa que probablemente se sentirá desanimado más que
satisfecho. Lo más prudente es abandonar toda idea de resultados eventuales y de
efectos fenoménicos, desechándolos definitivamente, y seguir simplemente las
antiguas reglas. No debemos preocuparnos constantemente de si progresamos o no.
Quienes nos rodean notarán, segura y verdaderamente, el progreso hecho,
juzgándolo por nuestra creciente eficiencia, autocontrol, estabilidad y
servicio. Es prudente medir el desarrollo de un estudiante por la práctica de
la meditación, la extensión de su campo de servicio y lo que dicen sus amigos
de él, más que por los informes que envía. Nuestro trabajo es ir constantemente
adelante, desempeñando nuestra tarea sin apegos, como dice el aspirante
hindú.
Para alcanzar el éxito, debe haber un deseo genuino y
persistente, una clara visión del valor de los resultados y una convicción de
que la meta puede ser alcanzada por el conocimiento definitivo de la técnica
del método. Esto, con la persistente presión de la voluntad, es todo lo que se
necesita, y está al alcance de todo aquel que lea este libro.
Notas:
1.
Whither Mankind, pág. 41 de Charles Beard.
2.
Theosophy or Psychological Religion, pág. 284.
3.
La Luz del Alma, pág. 152, de Alice A. Bailey.
4.
Letters.
5.
Ídem.
6.
Letters.
LA PRECAUCIÓN
EN LA MEDITACIÓN
"La vida limpia, la mente abierta, el corazón puro, el intelecto
ansioso, la revelada percepción espiritual, el hermanazgo con el condiscípulo,
la disposición a dar y recibir consejo e instrucción..., la disposición a
obedecer los preceptos de la Verdad..., sufrir valerosamente las injusticias
personales, la valerosa declaración de principios, la valiente defensa de
quienes fueron injustamente atacados, la constante atención hacia el ideal de
la progresión y perfección humanas, descritas por la ciencia secreta,
constituyen la escalera de oro, por cuyos peldaños puede ascender el aprendiz
hasta el Templo de la Sabiduría Divina".
H. P. Blavtsky
EL
DELINEAMIENTO de la práctica de la meditación, dado en el
capítulo anterior, constituye un buen ejercicio de concentración para el
principiante, y lo llevará, con el tiempo, si es constante, a la práctica
genuina de la meditación. Es difícil poder concentrarse durante un minuto, pero
constituye un verdadero paso en el proceso de la meditación, el cual es un
acto de concentración prolongada. El delineamiento ayudará a lograr una atención
activa. Muchos delineamientos similares pueden ser descritos por quienes
conocen las reglas y son buenos sicólogos, y pueden satisfacer las necesidades
de diversos tipos de personas. En las últimas páginas de este libro aparecen
algunos delineamientos, pero evidentemente en un libro de este tipo no tienen
cabida prácticas más avanzadas ni un trabajo más intenso. Ello sólo puede
llevarse a cabo con inteligencia cuando se han dominado las primeras etapas.
Debe
observarse que con indesviable atención, todo proceso mental que conduzca desde
la forma externa, hacia dentro, a la energía o aspecto vida de esa forma, y
permita al pensador identificarse con ella, servirá un propósito similar al del
delineamiento técnico. Cuando se comprende que cualquier sustantivo es, por
ejemplo, el nombre de una cosa y, por lo tanto, de una forma, sirve como
pensamiento simiente en la meditación. La forma se estudiará respecto a su
cualidad y propósito, y con el tiempo todo puede ser retrotraído a una idea, y
toda verdadera idea emana del reino del alma. Si se asume la actitud adecuada
y, por lo tanto, se siguen los procesos delineados en el Capitulo V, el
pensador se verá conducido desde el mundo fenoménico al mundo de las realidades
divinas. A medida que se adquiera práctica en la concentración, se podrá
omitir la consideración de la forma externa y de la cualidad y aspecto de la
misma, y una vez que la concentración (gracias a la persistencia y práctica)
llegue a ser automática e instantánea, el estudiante puede comenzar con el
aspecto propósito o la idea subyacente que trajo a la existencia a la
forma externa. Este concepto lo expresa Plutarco cuando dice:
"Toda idea es un ser incorpóreo, que no tiene
subsistencia propia, pero que da figura y forma a la materia amorfa y se
convierte en causa de la manifestación". (De Placit, Philos).
Palabras
significativas que encierran mucha información para el estudiante de esta
antigua técnica de la meditación.
Podría decirse, por consiguiente, que desde el punto de vista de la mente,
la finalidad de la meditación consiste en alcanzar el mundo de las ideas; desde
el ángulo del alma constituye la identificación del alma individual con el
mundo originador de todas las ideas. Mediante el control de la mente nos damos
cuenta que las ideas están detrás de nuestra evolución mundial y la manifestación
(a través de la materia) de la forma que adoptan. Por medio de la meditación
establecemos contacto con una parte del Plan; percibimos los anteproyectos del
Gran Arquitecto del Universo, dándonos la oportunidad de participar en su
surgimiento a la objetividad, mediante nuestro contacto con las ideas durante
la meditación y su correcta interpretación.
Por lo tanto, es evidente la necesidad de que el aspirante posea una
mente bien entrenada y provista de conocimiento, si quiere interpretar con
exactitud lo que percibe; es evidente, asimismo, que debe ser capaz de formular
con claridad los pensamientos con que trata de revestir las ideas nebulosas y,
a la vez, mediante su claro pensar, plasmarlas en el cerebro expectante. Quizá
sea verdad que Dios en muchos casos desarrolla Sus planes, valiéndose de seres
humanos, pero necesita agentes inteligentes, hombres y mujeres de más capacidad
que los elegidos por los conductores de la raza para participar en sus
esfuerzos. No es suficiente amar a Dios. Sólo es un paso hacia la correcta
dirección, pero cuando la devoción no está equilibrada con el buen sentido y la
inteligencia, conduce a muchas acciones torpes y a esfuerzos mal dirigidos.
Dios busca a quienes poseen mentes altamente desarrolladas y entrenadas y
refinados cerebros (para registrar sensiblemente las impresiones más
elevadas), a fin de llevar a cabo correctamente el trabajo. Podría decirse que
los santos y los místicos revelaron la naturaleza de la Vida divina y la
cualidad de las ideas que rigen Sus actividades en el mundo fenoménico, y que a
los conocedores del mundo y a los intelectuales de la raza les corresponde a su
vez revelar al mundo el Plan sintético y el Propósito divino. De este modo
hallaremos el hilo de oro que nos sacará del laberinto de nuestra actual
condición caótica mundial y nos llevará a la luz de la verdad y la comprensión.
Debemos recordar que vivimos en un mundo de energía y de fuerza. El poder
de la opinión pública (emocional como comúnmente es, iniciada con frecuencia
por algunas ideas básicas, malas o mediocres, formuladas por los pensadores) es
bien conocido, siendo una forma de energía que produce grandes resultados. El
efecto devastador de la emoción incontrolada, por ejemplo, es igualmente bien
conocido, y también una demostración de fuerza. La expresión, tan generalmente
empleada, "las fuerzas de la naturaleza", demuestra que desde que el
hombre empezó a pensar, supo que todo es energía. El científico dice que todo
es manifestación de energía y que no existe otra cosa sino energía, estamos
sumergidos en ella, afluye a través nuestro y actúa en nosotros. Se dice que
todas las formas están compuestas de átomos y los átomos son unidades de
energía. En consecuencia el hombre mismo es energía, formado de unidades de
energía, viviendo en un mundo similarmente constituido, y trabajando con
energía todo el tiempo.
La ley fundamental que rige toda la práctica de la meditación, es la que
antiguamente formularon los videntes de la India hace siglos, según la cual
"la energía sigue al pensamiento". Desde la región de las ideas (o
del conocimiento del alma) fluye energía. La opinión pública que prevalece en
el reino del alma, se filtra poco a poco en las densas mentes de los hombres,
y a ello pueden atribuirse todos los movimientos progresistas de la época
actual, todas las organizaciones de bien común y mejoramiento grupal, todos los
conceptos religiosos y todo conocimiento externo de las Causas que producen la
objetividad. Tales ideas asumen ante todo una forma mental, y alguna mente las
capta, medita sobre ellas o las trasmite a algún grupo de pensadores,
llevándose a cabo la tarea de reflexionar cabalmente sobre las mismas.
Comienza entonces a penetrar el deseo y tenemos una
reacción emocional hacia los pensamientos evocados por las ideas, y va
construyéndose gradualmente la forma. Así continúa el trabajo, y la energía del
alma, de la mente y del deseo, se correlaciona con la energía de la materia y
viene a la existencia una forma definida. Puede afirmarse que toda forma, ya
sea la de una máquina, un orden social o un sistema solar, es la
materialización del pensamiento de algún pensador o grupo de pensadores. Es un
tipo de trabajo creador, y las mismas leyes que han intervenido para que surja
a la existencia rige todo el proceso, y el trabajo ha sido concentrado con una
energía de determinado tipo. El estudiante de meditación debe, por lo tanto,
recordar que trabaja siempre con energías, las cuales varían y tienen un efecto
definido sobre las energías de que él mismo está compuesto (si se permite esta
expresión).
Es evidente, en consecuencia, que el hombre que aprende a meditar debe
procurar realizar dos cosas:
Primero: traer a la mente y luego
interpretar correctamente aquello que ha visto y con lo cual se ha puesto en
contacto, y luego trasmitirlo con exactitud y precisión al atento e impresionable
cerebro. Así el hombre, en su despierta conciencia física, percibe las cosas
del reino de Dios.
Segundo: conocer la naturaleza de las
energías con las que hace contacto y entrenarse para utilizarlas correctamente.
Podría darse un ejemplo práctico universalmente reconocido. Cuando nos sentimos
arrastrados por la ira o la irritabilidad, instintivamente empezamos a gritar.
¿Por qué? Porque la energía emocional nos domina. Aprendiendo a controlar la
energía de la palabra hablada, empezamos a dominar este tipo particular de
energía emocional.
Ambas ideas, correctas interpretación y trasmisión y correcto empleo de
la energía, resumen toda la práctica de la meditación. Evidencian también el
problema que enfrenta el estudiante y por qué todos los instructores
inteligentes de la técnica de la meditación recomiendan a sus discípulos la
necesidad de que procedan despacio y con cuidado.
Es esencial comprender que la meditación puede resultar una práctica muy
peligrosa, causar al individuo serias dificultades, resultar destructiva y
desorganizadora, ser más perjudicial que beneficiosa y llevar al individuo a
una catástrofe, si entra en el Camino del Conocedor sin la adecuada comprensión
de lo que está haciendo, y de a dónde lo llevará. En realidad puede ser la
"tarea salvadora", y librar al hombre de todas sus dificultades, y en
forma constructiva y liberadora, guiar al hombre, mediante correctos y sensatos
métodos, por la senda que conduce de las tinieblas a la luz, de la muerte a la
inmortalidad y de lo irreal a lo Real. Podría ser de utilidad considerar estos
dos puntos un poco más detenidamente.
Hemos visto que la profunda necesidad del aspirante es traer con
exactitud a la conciencia del cerebro físico los fenómenos del mundo espiritual
con los cuales podrá ponerse en contacto. Sin embargo, es probable que
transcurra mucho tiempo antes de poder penetrar en tal mundo. Por lo tanto debe
aprender a diferenciar los campos de percepción que se le abrirán, a medida que
se hace más sensible y conoce el carácter de lo que ve y oye. Consideraremos
brevemente algunos fenómenos de la mente inferior, que los estudiantes
constantemente interpretan mal.
Algunos, por ejemplo, registran un arrobador encuentro con el Cristo o
alguna gran alma que se les aparece cuando meditan, les sonríe y les dice:
"Alégrate, estás haciendo un gran progreso. Eres uno de los trabajadores
elegidos y te será revelada la verdad", o algo igualmente fatuo. Se
entusiasman por el acontecimiento, lo anotan en sus diarios y me escriben con
gran gozo, diciendo que es el acontecimiento más importante ocurrido en sus
vidas. Puede serlo, si lo manejan correctamente y aprenden la lección. ¿Qué ha
ocurrido realmente? ¿Ha visto el estudiante al Cristo? Aquí debe recordarse la
verdad de que "los pensamientos son cosas" y que todos los
pensamientos toman forma. Dos cosas lo han producido, si realmente ha tenido
lugar, pero no es el resultado de una imaginación vívida y sobreestimulada. El
poder de la imaginación creadora recién ahora empieza a presentirse y es
posible ver lo que queremos ver, aunque no esté allí. El deseo del aspirante
por progresar y su arduo esfuerzo, lo han obligado a despertarse o a ser
consciente en el plano síquico, el plano de las imaginaciones vanas, de los
deseos y de las realizaciones ilusorias. En tal reino se pone en contacto con
una forma mental de Cristo o de algún grande y reverenciado Instructor. El
mundo de la ilusión está lleno de estas formas mentales, construidas en el
trascurso de las edades por los amorosos pensamientos los hombres, y el
individuo, actuando por medio de su propia naturaleza síquica (la línea de
menor resistencia para la mayoría), llega a hacer contacto con tal forma
mental, la confunde con la realidad, y se la imagina diciendo todo lo que
quisiera que diga. Anhela que lo alienten; busca, como la mayoría, justificar
el fenómeno mediante su esfuerzo; tranquiliza su cerebro, y se desliza
suavemente a una condición síquica y negativa. Mientras se encuentra en tal
condición, su imaginación empieza a actuar, ve cuanto quiere ver, y oye
magníficas palabras de reconocimiento, que es lo que él ansía. No se le ocurre
que los guías de la raza están demasiado ocupados con las actividades
grupales de los pensadores avanzados y
líderes de la humanidad, mediante los cuales Ellos actúan, para emplear Su
tiempo con los infantes de la raza, que pueden quedar bajo la tutela de seres
menos evolucionados. Tampoco se les ocurre que si estuvieran tan avanzados y
altamente evolucionados como para merecer el privilegio de tal contacto, el
Maestro no malgastaría Su tiempo y el del aspirante, dándole golpecitos en la
espalda y pronunciando sandeces muy altisonantes, pero sin sentido. Más bien
utilizaría el breve momento en indicar alguna debilidad que debe eliminarse o
alguna obra constructiva a emprender.
También puede suceder que alguna fuerza (palabra frecuentemente
empleada) o entidad, llegue al estudiante mientras medita y le describa una
gran obra, para la cual ha sido elegido; algún mensaje mundial que debe dar
para ser oído por el mundo entero, o algún gran invento que debe presentar al
mundo expectante, si continúa siendo bueno. Alegremente se ciñe el manto de
profeta y, con inquebrantable creencia en su capacidad y habilidad para influir
a miles de personas, aunque es relativamente impotente para influir a quienes
lo rodean, se prepara para llevar a cabo su misión divina. En un año, tres
"Instructores mundiales", que estudiaban meditación en otras
escuelas, solicitaron ingresar en el grupo con el que estoy asociada. Pero no
lo hicieron por querer llevar a cabo la práctica de la meditación, sino por
creer que nos alegraría el ingreso en el grupo de los cientos de personas que
ellos salvarían. Decliné tal honor, y desaparecieron sin saber nunca más de
ellos. El mundo todavía los espera. Su sinceridad no ofrece duda alguna. Creían
en lo que decían. Pero sin duda sufrían de alucinación. Todos corremos el
peligro de engañarnos de la misma manera cuando empezamos a meditar, si la
mente discernidora no está alerta, o si tenemos secretas aspiraciones de
sobresalir espiritualmente y sufrimos un complejo de inferioridad, el cual debe
ser neutralizado.
Otra causa del engaño reside en que estas personas quizá hicieron
verdadero contacto con el alma. Tuvieron un destello de su omnisciencia y
perdieron la cabeza, debido a lo maravilloso del conocimiento y de la visión.
Sobreestimaron su capacidad pero el instrumento del alma fue totalmente incapaz
de estar a la altura de los requisitos; hay aspectos en sus vidas sobre los
cuales no puede brillar la luz; existen fallas secretas que conocen, pero no
pueden remediar, y también el deseo de fama, poder y ambición. Aún no son almas
que funcionan activamente. Han tenido simplemente la visión de una posibilidad
y se derrumban debido a que no ven la personalidad tal cual es.
Sin embargo, a pesar de ser verdad lo que antecede, tengamos siempre
presente que es privilegio del verdadero conocedor, trabajar en íntima
colaboración con los Guías de la raza, pero el medio de colaboración no es
engañar al estudiante. Recién cuando empezamos a funcionar conscientemente
como almas y nos ocupamos de prestar un servicio desinteresado (un servicio
autoiniciado y desarrollado, porque el alma es consciente del grupo y la
naturaleza del alma es servir), estableceremos tal contacto. Cristo es el Hijo
de Dios en plena actividad funcional, el "Primogénito de una gran familia
de hermanos". Posee una conciencia de alcance universal y a través de Él
afluye el amor de Dios, y los propósitos de Dios llegan a su fructificación. Es
el Maestro de Maestros, el Instructor de ángeles y hombres. Cuando Él y Sus
colaboradores descubren que un aspirante está absorbido en la obtención de la
autodisciplina, y es fiel y consciente en sus esfuerzos, trata de ver si la luz
que reside en él ha llegado a la etapa en que puede brillar. Si descubren a
alguien que ansía tanto servir a sus semejantes, que no espera establecer
contactos fenoménicos ni tiene interés en alabanzas, ni en satisfacer su
vanidad y complacencia, posiblemente le es revelado el trabajo que puede
realizar en su propia esfera de influencia para impulsar el Plan divino. Pero
tendrá que empezar por demostrar allí donde se encuentra, primeramente su
capacidad en su hogar y ocupación y en las pequeñas cosas, antes de confiársele
sin peligro las grandes. La ridícula arrogancia que aparece en alguno de los
escritos que registran los contactos psíquicos de quienes los escriben, es casi
increíble, por lo menos podrían demostrar sentido del humor.
El punto que el estudiante de la meditación debe recordar es que todo
conocimiento e instrucción es transmitido a la mente y al cerebro por la propia
alma del hombre, la cual ilumina su camino. Los Instructores y Maestros de la
raza trabajan por mediación de las almas. Nunca se reiterará esto
suficientemente. El primer deber de cada aspirante debería ser la práctica
perfecta de la meditación, el servicio y la disciplina, y no establecer
contacto con una gran Alma. Quizá sea menos interesante, pero lo protege de la
ilusión. Si lo hace, los resultados elevados se manifestarán por sí mismos. Por
lo tanto, si se le presenta alguna aparición, y tal entidad hace comentarios
trillados, debe utilizar el mismo criterio que emplearía en los negocios o en
la vida común, si alguien se le presentara y dijera: "tienes un gran
trabajo en tus manos, vas bien, observamos y sabemos, etc., etc.,".
Probablemente soltaría una carcajada y continuaría con la actividad o deber
del momento.
Otro efecto de la meditación muy prevaleciente en esta época, es el
diluvio de los denominados escritos inspirados, a los que en todas partes se
les da mucha importancia. Hombres y mujeres escriben en forma automática,
inspirada y profética, y difunden al público los resultados de su tarea. Estos
escritos se caracterizan por la uniformidad de ciertos detalles, lo cual puede
explicarse de varias maneras. Proceden de muy diferentes fuentes internas. Son
curiosamente similares; indican un espíritu de amorosa aspiración; no dicen
nada nuevo, sino que repiten lo ya dicho tantas veces; contienen muchas
afirmaciones y frases relacionadas con los escritos de los místicos o con las
enseñanzas cristianas; quizá encierren algunas profecías sobre acontecimientos
futuros (generalmente deplorables y terribles y muy raras veces auspiciosas);
dan muchas satisfacciones a quien los escribe y hacen que se considere un alma
grande y maravillosa, siendo, por lo general, afortunadamente inofensivos. Son
legión y resulta cansado leer varios de esos manuscritos. Algunos son
decididamente destructivos, predican grandes e inmediatos cataclismos y
fomentan el temor en el mundo. Aun suponiendo que estas predicciones fueran
verdad, cabe preguntar, qué ganan con atemorizar al público y si no es más
constructivo que las personas conozcan su destino inmortal, en vez de que sean
arrastradas por un maremoto, o víctimas de una catástrofe, o que su ciudad sea
borrada del mapa. ¿Qué son estos escritos —buenos e inofensivos, dañinos,
destructivos, subversivos? Se pueden clasificar, en general, en dos tipos;
primero, tenemos los escritos de esas almas sensibles que se pueden sintonizar
—en los niveles síquicos— con el cúmulo de aspiraciones, anhelos e ideas de
los místicos de todas las épocas, o los engendrados por las actuales
condiciones mundiales, o análogamente sintonizar los temores de las épocas, los
temores raciales y hereditarios o los engendrados por las actuales condiciones
mundiales prevalecientes. Esto lo captan, escriben y distribuyen entre sus
amigos. A esta categoría pertenecen los escritos de los sensitivos más
mentales, que pueden ponerse en relación telepática con el mundo mental,
responden a la mente de un poderoso pensador, o al conjunto de conceptos del
mundo religioso, y registran en las esferas mentales el temor, el odio y la
separatividad de las masas. Aunque el material registrado sea bueno o malo,
placentero (raras veces sucede), desagradable o imparta temor o un presagio, en
todos los casos es materia síquica, y de ninguna manera indica la cualidad
reveladora del alma. Las profecías de los Libros de Daniel y del Apocalipsis,
han dado pie a la construcción de una forma mental de temor y terror, a la
cual se deben muchos escritos de naturaleza síquica; el exclusivismo de la
religión organizada condujo a muchos, a separarse del resto de la humanidad y a
considerarse como los elegidos del Señor, con la marca del Cristo en su frente
y, por consiguiente, asumen la posición de que nada les pasará y el resto del
mundo debe perecer, a no ser que se les convenza para que interpreten la verdad
y el futuro, en los términos expuestos por el ungido y el elegido.
Segundo, estos escritos pueden indicar un proceso de
auto-desenvolvimiento y un método por el cual el místico introvertido puede
convertirse en extrovertido. El escritor puede haber extraído de la riqueza
del conocimiento subconsciente que posee, acumulado en sus lecturas,
reflexiones y contactos. Su mente ha registrado y almacenado muchos
conocimientos, de los cuales ha sido inconsciente durante muchos años. Empieza
a meditar y, repentinamente, se sumerge en las profundidades de su propia naturaleza,
hasta penetrar en las fuentes de su propia subconciencia, llegándole la
información que ha quedado bajo el umbral de su conciencia diaria. Comienza a
escribir asiduamente. Constituye un enigma la razón por la cual considera estas
ideas como emanadas del Cristo o de algún gran Instructor. Probablemente nutre
su orgullo (también inconscientemente) al considerarse un canal por el cual
Cristo puede comunicarse. No me refiero aquí a la masa de escritos automáticos
tan populares hoy. Supongo que el estudiante de la meditación nada quiere saber
con este peligroso tipo de trabajo. Ningún verdadero aspirante, que trata de
dominarse a sí mismo, entregará las riendas de su gobierno, sometiéndose al
control de entidad alguna encarnada o desencarnada, ni prestará su mano
ciegamente para ser empleada por cualquier fuerza. Los peligros de este tipo de
trabajo son demasiado bien conocidos y llevaron a muchas personas a institutos
sicopáticos, o fue necesario liberarles de obsesiones e ideas fijas, por lo
tanto, no es preciso extenderme sobre ello.
Lógicamente se preguntarán, ¿cómo es posible diferenciar los escritos
inspirados de un verdadero conocedor, de este cúmulo de literatura que inunda
la mente del público en la actualidad? Diría ante todo, que el escrito
realmente inspirado carecerá totalmente de referencias personales; emitirá una
nota de amor y no contendrá nada que despierte odios y erija barreras raciales;
trasmitirá conocimiento definido y su autoridad residirá en la respuesta de
la intuición; responderá a la ley de analogía, y se adaptará al cuadro mundial.
Sobre todo contendrá la impronta de la sabiduría divina y llevará a la raza un
poco más adelante. Respecto a su mecánica, los escritores de este tipo de
enseñanza tendrán una cabal comprensión de los métodos empleados. Dominarán la
técnica del proceso; serán capaces de protegerse de la ilusión y la intromisión
de personalidades, y tendrán un conocimiento práctico del mecanismo con que
trabajan. Sabrán cómo recibir las enseñanzas de entidades desencarnadas y de
grandes Maestros, y conocerán todo lo concerniente a quienes trasmiten tales
enseñanzas.
Los verdaderos servidores de la raza y quienes hacen contacto con el
mundo del alma, por la meditación, no tienen tiempo para exponer generalidades,
lo dejan para quienes repiten las cosas como loros. Dichos servidores están
demasiado ocupados en servir constructivamente, y no disponen de tiempo para
ceñirse el manto que sólo es el velo del orgullo; no les interesa la buena
opinión de cualquier persona, encarnada o desencarnada, sino únicamente la
aprobación de su propia alma, interesados vitalmente en el trabajo precursor
del mundo. Tampoco harán nada para nutrir el odio y la separatividad ni
fomentar el temor, siendo muchas las personas en el mundo que están demasiado
dispuestas a hacerlo; avivarán la llama del amor dondequiera vayan; enseñarán
la verdadera inclusividad de la hermandad y no un sistema que enseñe la
hermandad a unos pocos, excluyendo al resto; reconocerán a todos los hombres
como Hijos de Dios y no se ubicarán en un pedestal de rectitud y conocimientos,
desde donde proclamar la verdad tal como la ven, condenando a la destrucción a
quienes no están de acuerdo ni actúan como ellos creen que deben actuar,
ubicándolos fuera de la ley; tampoco consideran una raza mejor que otra, aunque
reconozcan el plan evolutivo y la labor que corresponde a cada raza. En
resumen, tratarán de educar el carácter de los hombres, no malgastarán el
tiempo destruyendo personalidades, ni se ocuparán de efectos o resultados.
Trabajarán en el mundo de las causas y enunciaran principios. El mundo está
lleno de destructores que nutren los actuales odios y agrandan las divisiones
entre razas y grupos, ricos y pobres. Que el verdadero estudiante de la meditación
recuerde que, cuando hace contacto con su alma y se unifica con la Realidad,
entra en un estado de conciencia grupal que derriba toda barrera y no excluye,
de su esfera de conocimiento, a ninguno de los hijos de Dios.
Podrían mencionarse otras formas de ilusión, porque el primer mundo que
el aspirante alcanza generalmente es el psíquico, el de la ilusión. Esto tiene
su utilidad, y penetrar en él es una de las experiencias más valiosas, siempre
que las reglas del amor y la impersonalidad guíen al aspirante y todos los
contactos sean sometidos a la mente discriminadora y al prevaleciente sentido
común. Muchos aspirantes carecen del sentido del humor y lo toman demasiado en
serio. Dejan de lado el sentido común al penetrar en un nuevo campo de
fenómenos. Es útil registrar y luego olvidar lo que se ve y oye, hasta empezar
a actuar en el reino del alma, pues entonces no les interesará recordarlo.
Deben evitarse también los personalismos y el orgullo, pues no tienen cabida en
la vida del alma, la cual se rige por principios y por amor a todos los seres.
Cuando estas cualidades se desarrollan, no hay peligro de desvío o demora para
quien estudia la meditación, pues inevitablemente penetrará algún día en ese
mundo del cual se dice que "nadie ha visto ni oído las cosas que Dios ha
revelado a quienes Lo aman". Ese momento depende de su persistencia y
paciencia.
La segunda dificultad a considerar puede interpretarse en términos de
energía. Los estudiantes con frecuencia se quejan de un sobreestímulo y una
acrecentada energía que son incapaces de manejar, y dicen que al tratar de
meditar se sienten indebidamente inquietos o con deseos de llorar;
experimentan períodos de intensa actividad, donde corren de un lado a otro,
sirven, hablan, escriben y trabajan y terminan reaccionando violentamente,
hasta llegar a veces al punto de un colapso nervioso. Otros se quejan de cierto
dolor en la cabeza, de una molesta vibración en la frente o en la garganta
después de meditar. Sufren, además, de insomnio. En realidad, están sobre
estimulados. Su sistema nervioso ha sido afectado por intermedio de los finos y
sutiles "nadis" que fundamentan los nervios, a los que ya me he
referido. Los principiantes en la ciencia de la meditación atraviesan por
dificultades que deben superar cuidadosamente. Si se manejan en forma correcta
desaparecerán pronto, pero si se descuidan pueden conducir a serios trastornos.
Todo aspirante ansioso e interesado, constituye él mismo una dificultad en esta
etapa, porque su ansia por dominar la técnica de la meditación, lo hace olvidar
las reglas dadas y precipitarse, a pesar de todo lo que le diga el instructor o
las advertencias hechas. En vez de sujetarse a la fórmula señalada de quince
minutos, trata de forzarse y dedicar treinta minutos; en vez de seguir el
delineamiento establecido, trata de sostener la concentración el mayor tiempo
posible, y en el máximo esfuerzo olvida que está aprendiendo a concentrarse
y no a meditar. Por lo tanto sufre de insomnio, sobreviniéndole el colapso
nervioso, culpando al instructor y considerando peligrosa esta ciencia; sin
embargo, el verdadero culpable es él mismo.
Al presentarse alguna de estas dificultades primordiales, debería
suspenderse momentáneamente la práctica de la meditación o hacerla con más
lentitud. Si la condición no es demasiado grave para justificar la completa
cesación de la práctica, debe observarse y descubrirse hacia dónde parece
dirigirse (en el cuerpo humano) la energía entrante. Durante la meditación se
extrae energía, que se dirige a determinada parte del mecanismo.
En los tipos mentales o en el caso de quienes ya tienen cierta
facilidad en "centrar su conciencia" en la cabeza, se sobreestimulan
las células del cerebro, dando lugar a dolores de cabeza, insomnio, sensación
de plenitud o vibración perturbadora, entre los ojos o en la parte superior de
la cabeza. Otras veces, se tiene la sensación de una luz enceguecedora,
similar a un repentino relámpago o destello de electricidad, que se ve con los
ojos cerrados, lo mismo en la oscuridad que en la luz.
Cuando esto ocurre, el período de la meditación debe reducirse de quince
a cinco minutos, o practicar la meditación día por medio, hasta que las células
del cerebro se hayan ajustado al nuevo ritmo y al creciente estímulo. No hay
motivo de ansiedad si se es prudente y se obedece a los consejos del
instructor, pero si el estudiante en tales condiciones empieza a forzar su
meditación o a alargar el tiempo, se expone a serios trastornos. De nuevo entra
en juego el sentido común, y con la reducción del tiempo y la práctica de una
breve meditación cada día, es posible volver a la normalidad. Tuvimos
estudiantes que pasaron por esto, pero obedientes a las reglas indicadas y
aplicando el sentido común, ahora meditan treinta minutos o una hora
diariamente.
En los temperamentos emocionales, la dificultad se siente primeramente
en la región del plexo solar. El estudiante es propenso a la irritabilidad,
ansiedad y preocupación; las mujeres, especialmente, tienen disposición a
llorar con facilidad y a veces a sentir náuseas, pues hay una íntima relación entre
la naturaleza emocional y el estómago, como lo prueban los vómitos que se
producen en casos de sobresalto, temor o intensa emoción. Se aplica, como en
los primeros casos, la misma regla, el sentido común y la práctica más
cuidadosa y más lenta del proceso de meditación.
Podría mencionar otro efecto del sobreestímulo. Hay personas que se hacen
excesivamente sensibles. Los sentidos trabajan en exceso y sus reacciones son
más agudas. Se apropian de las condiciones físicas y psíquicas de quienes los
rodean, están totalmente abiertas, por así decirlo, a los pensamientos y
temperamentos de otras. Su terapéutica no consiste en acortar los períodos de
meditación —que deben continuar de acuerdo al programa— sino en interesarse en
forma más mental sobre la vida, el mundo de las ideas, algún tema que tienda a
desarrollar la capacidad mental y la habilidad de vivir centrado en la cabeza y
no en la zona emocional. La cura se obtendrá enfocando la atención en la vida
y sus problemas, y efectuando un intenso trabajo mental. Por esta razón los
instructores prudentes no enseñan meditación si no va acompañada de algún curso
de lectura o estudio, a fin de mantener el equilibrio de sus estudiantes. El
desarrollo cabal es siempre necesario, y la mente entrenada debe ir a la par
del crecimiento en la vida espiritual.
Existe una tercera categoría de resultados indeseables, que no debemos
omitir. Muchos estudiantes de meditación se quejan que su vida sexual ha sido
extremadamente estimulada, causándoles numerosos trastornos. Se han presentado
varios casos cuya investigación permitió observar que dichos estudiantes
tenían una naturaleza animal aún muy poderosa, de vida sexual activa y
desordenada y, aunque llevaron una vida física controlada, sus mentes eran
absorbidas por pensamientos sexuales. Se descubre con frecuencia un fuerte
complejo mental en relación con lo sexual, y quienes considerarían erróneo
llevar una vida sexual anormal o practicar perversiones, se ocupan mentalmente
del sexo o lo discuten en todo momento, permitiéndole desempeñar una parte
indebida en su actividad mental.
Algunas personas dignas tienen, además, la firme convicción de que el
celibato debe acompañar siempre la vida del espíritu. ¿No será que el verdadero
celibato a que se refieren las antiguas reglas, concierne a la actitud del alma
o del hombre espiritual hacia el mundo, la carne y el demonio, como lo expresan
las escrituras cristianas? ¿No será que el verdadero celibato se refiere a
nuestra abstención de todo lo que parece malo? El celibato en unos, consistirá
en abstenerse de toda relación sexual, a fin de demostrarse a sí mismos que han
llegado a controlar la naturaleza animal; en otros, por ejemplo, abstenerse de
toda murmuración y charla inútil. Nada hay de pecaminoso en el matrimonio, que
probablemente es la única solución para muchos que, de otra manera, llevarían
una indebida actividad mental en lo que se refiere al sexo. Es innecesario
agregar que el verdadero estudiante de meditación no debe tolerar en su vida la
promiscuidad o las relaciones sexuales ilegítimas. El aspirante a la vida del
espíritu se somete no sólo a las leyes del reino espiritual, sino también a las
costumbres legalizadas de su época y tiempo. Por consiguiente, regulariza su
vida física cotidiana de tal manera, que el hombre de la calle reconoce en él
la moralidad, la rectitud y la corrección, con que se presenta ante el mundo.
Un hogar que esté fundamentado en una verdadera y feliz relación entre el
hombre y la mujer, en la mutua confianza, colaboración y comprensión, y donde
resalten los principios de la vida espiritual, es una de las mejores ayudas que
se puede proporcionar al mundo en la actualidad. La relación basada en la
atracción física y en la gratificación de la naturaleza sexual, cuyo principal
objetivo sea prostituir la naturaleza síquica para el deseo animal, es
pecaminosa y errónea. Si la meta de nuestros esfuerzos es poner de manifiesto
al Dios inmanente en la forma, ningún nivel de conciencia es intrínsecamente
más divino que otro, y la divinidad puede expresarse en todas las relaciones
humanas. Si un hombre o mujer casados no pueden alcanzar la iluminación y
llegar a la meta, debe haber algo que no está bien, pues la divinidad no puede
expresarse por lo menos en uno de los planos. Poniéndolos en palabras que
quizá sean consideradas una blasfemia, pero que nos permitirán captar la
futilidad de estos razonamientos, puede decirse que "Dios es derrotado en
una parte de Su reino".
Nos hemos extendido en este punto porque muchas personas, particularmente
hombres, encuentran que la naturaleza animal requiere atención cuando
comienzan a meditar. Descubren en si mismos deseos incontrolados, además de
efectos fisiológicos que causan agudo malestar y desaliento. Una persona puede
poseer altas aspiraciones y sentir un fuerte anhelo hacia la vida espiritual y
al mismo tiempo tener aspectos en su naturaleza aún incontrolados. La energía
que afluye durante la meditación, desciende a través del mecanismo y estimula
todo el sistema sexual. Siempre se descubre y estimula el punto débil. La cura
de esta condición puede resumirse en estas palabras: control de la actividad
mental y trasmutación. Debe cultivarse una intensa preocupación e interés
mental en otra dirección que no sea la de menor resistencia, el sexo. Debe
hacerse un esfuerzo constante para retener en la cabeza la energía recibida,
empleándola en alguna actividad creadora. La enseñanza oriental dice que la
energía generalmente dirigida a la actividad sexual debe ser elevada y
conducida a la cabeza y a la garganta, particularmente a esta última, que según
se expone, es el centro del trabajo creador. Expresándolo en términos
occidentales significa que aprendemos a transmutar la energía utilizada en el
proceso procreador o en pensamientos sexuales, y a utilizarla creadoramente en
escritos, en esfuerzos artísticos o en alguna actividad grupal. La moderna
tendencia de encontrar al pensador, centralizado y de tipo puramente mental que
eluda el matrimonio y, como frecuentemente se hace, lleve una vida exclusivamente
célibe, puede ser una demostración de la veracidad de la posición oriental, y
causa de gran preocupación entre quienes estudian la disminución de la
natalidad. La transmutación no es por cierto la muerte de una actividad o el
cese de una función en cualquier nivel de conciencia, en bien de otro
superior. Constituye la correcta utilización de los distintos aspectos de la
energía, donde el yo cree que debe emplearse para impulsar los fines de la
evolución y ayudar en el Plan. La mente iluminada por el alma debería ser el
factor controlador, y cuando pensemos y vivamos correctamente y elevemos los
pensamientos y energías a "los lugares celestiales", resolveremos
nuestros problemas, mediante el desenvolvimiento de una normal espiritualidad,
tan necesaria en esta época, particularmente entre los aspirantes y
estudiantes esotéricos.
Es conveniente, además, antes de terminar este capítulo, referirnos a
los peligros a que se exponen quienes responden al llamado de instructores que
buscan alumnos "para desarrollar la mediumnidad". Se les enseña a
meditar sobre algún centro de energía, generalmente el plexo solar, a veces el
cardíaco y, lo curioso, nunca el coronario. La meditación sobre un centro está
basada en la ley según la cual la energía sigue al pensamiento y conduce a
estimular directamente a dicho centro, con la resultante demostración de las
características particulares, de las cuales estos puntos focales —diseminados
por todo el cuerpo humano— son responsables. Debido a que la mayoría de las
personas actúan principalmente por medio de las energías acumuladas abajo del
diafragma (la energía sexual y la emocional), su estímulo es muy peligroso.
Teniendo esto en cuenta ¿por qué arriesgarse?, ¿por qué no aprender de la
experiencia de otros?, ¿Por qué no aprender a actuar como el hombre espiritual,
desde ese punto descrito en forma tan amena por los escritores orientales,
"el trono entre las cejas", y desde este elevado lugar controlar los
aspectos de la naturaleza inferior y guiar la vida cotidiana por los caminos de
Dios?
CONCLUSIÓN
"El espíritu inmanente es el Verbo, largo tiempo
extraviado,
buscado con dolor por el mundo del alma,
a través de un mundo de palabras huecas y vanas.
Mientras la sombra y la luz estén mezcladas
nunca la mundana búsqueda del Verbo será terminada,
ni las heridas del mundo serán curadas
hasta que el Verbo hecho carne, 'sea el Verbo hecho
Alma'".
Arthur
Edward Waite
¿Cuál será el resultado de todos nuestros
esfuerzos? ¿La satisfacción personal o un gozoso cielo de eterno descanso y
beatitud? ¡Dios no lo quiera! La búsqueda en el mundo continúa; el grito de la
humanidad se eleva desde las profundidades y asciende hasta el trono de Dios
Mismo. Desde el Corazón del Templo de Dios, hasta el cual nos hemos abierto
camino luchando y esforzándonos, volvemos y trabajamos en la Tierra. No
descansamos de nuestros esfuerzos hasta que el último de los buscadores del
mundo haya encontrado su camino de retorno al hogar.
¿Qué salvará a este mundo de su agonía, desastre
económico y caos actuales? ¿Qué va a introducir la nueva era de hermandad y
vida grupal? ¿Quién o qué salvará al mundo? ¿No surgirá a la existencia activa
un grupo de místicos prácticos que, asociados en el sentido de unidad divina,
trabajen en forma práctica en la Tierra? Ellos no se retirarán a los
monasterios o a los lugares solitarios del mundo, no importa lo atrayentes que
les parezcan, sino que participarán de la vida normal del planeta. Serán los
ejecutivos de nuestras grandes ciudades; desarrollarán nuestros programas
políticos; conducirán a la juventud por los senderos de la correcta educación;
regularán nuestros destinos económicos, sociales y nacionales, y lo harán desde
el centro de su ser y desde el punto de vista del alma; conocerán el secreto de
la iluminación; sabrán cómo someter todos los problemas a la omnisciencia del
alma; conocerán el secreto de la vida, que hace que todos los hombres sean
hermanos.
Reconocerán, como hijos de Dios, a todos cuantos
los rodean, pero descubrirán también el signo del hombre iluminado y tratarán
de colaborar con él para bien de todos. Se encontrarán unos a otros
telepáticamente y trabajarán, por lo tanto, en la más estrecha colaboración.
Este grupo ya existe, y sus miembros están en íntima relación entre sí. Se
hallan en todos los países del mundo; sin embargo, se reúnen diariamente en el
reino del alma. Hablan un mismo lenguaje; tienen los mismos ideales; no conocen
fronteras ni divisiones; no sienten odios ni establecen diferencias de clase;
no establecen barreras raciales; ven las cosas tal cual son; no siendo
idealistas ilusos, se concentran sobre el siguiente paso que debe dar la
humanidad y no en las etapas finales de su propio desarrollo. Trabajan con
sabiduría mundana, a la vez que con percepción espiritual. Sobre todo, trabajan
unidos y se ponen en relación mediante el poder de una realización unificada.
Este grupo integrador de místicos y conocedores es
la esperanza del mundo y constituye el grupo Salvador del Mundo. Están por
encima y más allá de todos los credos y teologías; actúan en todos los campos
de la realización humana-científico, político, religioso, educativo y
filosófico. No se interesan en terminologías, ni pierden el tiempo tratando de
imponer a otros sus propias teorías, ni sus términos peculiares o su especial
método de acercamiento a la verdad. Reconocen la verdad subyacente en todas las
presentaciones y sólo les interesa los principios de la hermandad y hacer
resaltar lo esencial y vivir la vida del espíritu, en el mundo cotidiano.
Conocen el significado de la meditación y están con nosotros ahora. Nuestro es el privilegio de ingresar en sus filas, sometiéndonos a la técnica de la meditación, a la disciplina del correcto vivir cotidiano y a la influencia que ejerce el móvil puro de SERVIR.
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