Curación
Esotérica
Por el Maestro Tibetano Djwhal Khul
(Alice A. Bailey)
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INTRODUCCIÓN
El tema de la curación es tan antiguo como las
mismas edades y ha sido siempre materia de investigación y de experimentación.
Pero el correcto empleo de las fuerzas de curación y de la facultad de curar
está en su infancia. Solo en esta era y generación, es posible, por fin,
impartir las leyes de la curación magnética e indicar las causas de la
enfermedad –originadas en los tres cuerpos internos- que hoy devastan la
estructura humana, causan un sinfín de sufrimiento y dolor, y hacen que el
hombre atraviese el portal que conduce al mundo de la existencia incorpórea.
Recién ahora el hombre ha llegado a un grado de evolución de su conciencia en
que puede comenzar a comprender el poder de los mundos subjetivos y la nueva y
vasta ciencia de la psicología es su respuesta a este creciente interés. Los
procesos de adaptación, eliminación y curación constituyen la preocupación de
las personas que piensan y sufren. Tenemos mucho que hacer, por lo tanto les
pido que tengan paciencia.
Cuando entramos en el reino de la
curación, penetramos en un mundo de gran conocimiento esotérico y de infinidad
de conclusiones, y enfrentamos las formulaciones de innumerables mentes, que en
el transcurso de las épocas han tratado de curar y ayudar. El por qué y el
motivo de las enfermedades ha sido tema de un sinfín de investigaciones y
especulaciones y se han efectuado incontables deducciones categóricas respecto
a la cura de tales dolencias. También se han formulado innumerables métodos,
técnicas, fórmulas, prescripciones, variedad de manipulaciones y teorías. Todo esto sirve para colmar la mente
de ideas –unas correctas, otras erróneas- lo cual dificulta la entrada de
nuevas ideas y la asimilación, por parte de los estudiosos, de lo hasta ahora
desconocido.
Los aspirantes pierden valiosos
conocimientos si rehúsan abandonar lo que la mente inferior estima. Cuando han
logrado abrir su mente y estén dispuestos aceptar las nuevas teorías e hipótesis,
descubrirán que las antiguas y estimadas verdades, realmente no se pierden,
sino que son relegadas a su debido lugar en un esquema mayor.
Los iniciados de la Sabiduría Eterna
son necesariamente sanadores, aunque quizás no todos curen el cuerpo físico. La
razón de ello es que todas las almas que
han logrado cierta medida de verdadera liberación son transmisoras de energía
espiritual. Esto, automáticamente, afecta algún aspecto del mecanismo
utilizado por las almas con quienes entran en contacto. Cuando empleo la
palabra mecanismo en estas instrucciones, me refiero a los diferentes aspectos
del instrumento, el cuerpo o naturaleza forma, a través del cual las almas
procuran manifestarse, por lo tanto me refiero a:
1. El cuerpo físico denso, suma total de todos los
organismos que lo componen; éstos realizan las distintas funciones que permiten
al alma expresarse en el plano físico u objetivo, como parte de un organismo
mayor, más grande e incluyente. El cuerpo físico es el mecanismo de respuesta
del hombre interno espiritual, y sirve para poner esta entidad espiritual en
armonía con el mecanismo de respuesta del Logos planetario, esa Vida en la cual
vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
2. El cuerpo etérico, tiene un fundamental
objetivo, que consiste en vitalizar y energetizar al cuerpo físico y así
integrarlo al cuerpo de energía de la Tierra y del sistema solar. Es una red de
corrientes de energía, de líneas de fuerza y de luz. Constituyó parte de la
vasta red de energías que subyace en todas las formas, grandes o pequeñas
-micro o macrocósmicas. A través de estas líneas de energía fluyen las fuerzas
cósmicas, así como la sangre corre a través de las venas y arterias. Esta
constante circulación individual (humana, planetaria y solar) de fuerza de vida
a través del cuerpo etérico de todas las formas, es la base de toda vida
manifestada y la expresión de la esencial no separatividad de cada vida.
3. El cuerpo astral o de deseos (a veces denominado cuerpo
emocional) es el efecto producido por la interacción del deseo y de la
respuesta sensible sobre el yo que se halla en el centro, y el efecto
resultante (en dicho cuerpo) se experimenta como emoción, dolor, placer y todos
los pares de opuestos. En ambos cuerpos, el cuerpo etérico y el astral, reside
el noventa por ciento de las causas de las enfermedades y dolencias físicas.
4. El cuerpo mental, o esa cantidad de sustancia
mental o chitta, que la unidad humana individual puede utilizar e impresionar,
constituye el cuarto mecanismo de la serie, a disposición del alma. Recordemos
también que los cuatro cuerpos constituyen un solo mecanismo. El cinco por
ciento de las enfermedades modernas se originan en este cuerpo u estado de
conciencia; quiero aclarar aquí que lo que reiteran constantemente ciertas
escuelas de curadores, de que la mente es la causa de todas las enfermedades,
aún no es un hecho comprobado. Dentro de un millón de años, cuando la atención
humana cambie su enfoque de la
naturaleza emocional a la mental, y cuando el hombre sea tan esencialmente
mental como hoy es esencialmente emocional, entonces las causas de las
enfermedades deberán buscarse en el reino de la mente. Hoy pueden atribuirse,
excepto en pocos y raros casos, a la falta de vitalidad o al excesivo
estímulo, y a las esferas del sentimiento, de los deseos (frustrados o excesivamente
satisfechos) y también al carácter, a la supresión o expresión de anhelos
profundamente arraigados, a la irritabilidad, placeres secretos y muchos
impulsos ocultos, que emanan de la vida de deseo del sujeto.
Este anhelo de ser y poseer, ha
construido y está construyendo el mecanismo físico externo de respuesta, y hoy
está forzando a ese mecanismo, que fue construido expresamente para fines físicos,
a servir propósitos más subjetivos. Esto produce dificultades, y sólo cuando el
hombre comprenda que dentro de la envoltura física externa existen otros
cuerpos que responden a propósitos más sutiles, entonces veremos el gradual
reajuste y la salud del cuerpo físico. De estas sutiles envolturas nos
ocuparemos más adelante.
Naturalmente se preguntarán aquí: Qué
plan general seguiré a medida que los instruyo sobre las leyes de curación,
esas leyes que guían a los iniciados y gradualmente reemplazarán a los métodos
físicos del actual arte de curar. Lógicamente querrán conocer la técnica
especial que -como curadores- deben aprender a aplicar tanto ustedes corno los
que tratan de curar. Delinearé brevemente la enseñanza que impartiré; señalaré
dónde deben poner el énfasis, cuando comiencen a estudiar este tópico.
Primero, me ocuparé de las causas de
las enfermedades, porque el estudiante esotérico siempre ha de comenzar en el
mundo de los orígenes y no en el mundo de los efectos.
Segundo, elaboraré los siete métodos
de curación que rigen el “trabajo de restitución” (denominado así en la
terminología esotérica) tal como lo practican los iniciados del mundo. Estos
métodos determinan las técnicas que deben ser empleadas. Se observará que
tales métodos y técnicas están condicionados por los rayos, (sobre los cuales
ya he escrito) * y por lo tanto el curador debe considerar no sólo el rayo a
que pertenece, sino también el rayo del paciente. Existen en consecuencia siete
técnicas de rayo y éstas requieren una elucidación antes de poder aplicarlas
inteligentemente.
Tercero, pondré el énfasis sobre la
curación psicológica y la necesidad de tratar al paciente de acuerdo a su vida
interna, porque la ley básica que fundamenta toda curación ocultista puede
decirse que es la siguiente:
Toda
enfermedad es el resultado de la inhibición de la vida del alma. Esto es verdad
para todas las formas de todos los reinos. El arte del curador consiste en
liberar al alma, a fin de que su vida pueda fluir a través del conglomerado de
organismos que constituyen una forma determinada.
Es interesante observar que el
intento de los científicos de liberar la energía del átomo es en general de la
misma naturaleza que el trabajo del esotérico cuando se esfuerza por liberar la
energía del alma. En tal liberación se halla oculta la naturaleza del verdadero
arte de curar. Aquí hay una insinuación esotérica.
Cuarto, consideraremos el cuerpo
físico, sus enfermedades y sus males, pero sólo después de haber estudiado esa
parte del hombre que se halla detrás del cuerpo físico denso y lo rodea. De
esta manera trabajaremos desde el mundo de las causas internas al mundo de los
acontecimientos externos. Veremos que todo lo que concierne a la salud del
hombre tiene su origen en:
1. La suma total de fuerzas,
sentimientos, deseos y procesos mentales ocasionales que caracterizan los tres
cuerpos sutiles y determinan la vida y experiencia del cuerpo físico.
2. El efecto que produce sobre
el cuerpo físico la condición en que se halla la humanidad corno un todo.
Un ser humano es una parte integral de la humanidad; un organismo dentro de un
organismo mayor. Las condiciones existentes en el todo serán reflejadas en la
unidad-yo; y muchos de los males que el hombre sufre hoy, son efectos de las
condiciones existentes en el cuarto reino de la naturaleza, no siendo el hombre
responsable de ellas.
3. El efecto sobre su cuerpo
físico, producido por la vida planetaria, expresión de la vida del Logos
planetario, una Entidad en evolución. Las implicaciones de esto están más allá
de nuestra comprensión, pero los efectos son discernibles.
No tengo mayor interés en entrenar
individuos para que lleguen a ser curadores más eficientes. Mi objetivo es que
realicen las curaciones en forma grupal, pues me interesa el trabajo
realizado en esa forma. Ningún grupo puede trabajar como una unidad, a no ser
que se amen y sirvan mutuamente. La energía curadora de la Jerarquía espiritual
no puede fluir a través del grupo si hay desarmonía y crítica. El primer
trabajo, en consecuencia, de cualquier grupo de curadores, es establecer entre
ellos una corriente de amor y trabajar mediante la unidad y comprensión
grupales.
Quisiera puntualizar aquí la
necesidad de tener paciencia a medida que se va integrando el grupo curador y
las auras de sus miembros se fusionan. Llevará tiempo para que las personas
aprendan a trabajar juntas con perfecta comprensión e impersonalidad, y
a la vez lograr, durante su trabajo, una centralización que produzca el
necesario ritmo grupal, un ritmo de tal unidad e intensidad que el trabajo
pueda sincronizarse internamente. A medida que los aspirantes y estudiantes
trabajen en estas líneas, deben entrenarse a pensar como grupo y dar al grupo,
sin mezquindad ni reticencias, lo mejor que hay en ellos y también el fruto de
sus meditaciones sobre tales cuestiones.
Podría agregar también que estas
instrucciones deben ser en lo posible muy concisas. Me esforzaré para poner en
breves palabras muchas verdades e informaciones, a fin de que cada frase
trasmita alguna idea real y arroje verdadera luz sobre los problemas que
enfrenta el grupo de curación. Lo que diré se dividirá en dos partes: Primero,
me ocuparé del trabajo general de curación y enseñanza, y esto implica que he
de impartir leyes, técnicas y métodos. Segundo, me ocuparé del curador, y cómo
puede perfeccionarse en el arte de curar.
¿No es verdad que el primer requisito
para todo curador es establecer una simpática armonía con el paciente, a fin de
que el curador tenga una visión interna de la dificultad y gane su confianza?
Magnetismo e Irradiación son dos
palabras que encierran los requisitos para todos los verdaderos curadores y
deben esforzarse para adquirirlos. Un curador debe ser magnético sobre todas
las cosas y atraer hacia sí:
a. El poder de su propia alma;
esto involucra alineamiento por medio de la meditación individual.
b. A aquellos que él puede
ayudar; esto involucra actitud descentralizada.
c. Esas energías que, cuando
surge la necesidad, estimularán al paciente para que inicie la actividad
deseada. Esto involucra conocimiento ocultista y una mente entrenada.
El curador ha de saber también en qué
forma debe irradiar, porque la irradiación del alma estimulará la actividad del
alma del que debe ser curado, iniciándose el proceso de curación; la
irradiación de su mente iluminará la otra mente y polarizará la voluntad del
paciente; la irradiación de su cuerpo astral o emocional controlada y
desinteresada, impondrá un ritmo a la agitación del cuerpo astral del paciente,
que le permitirá a éste actuar correctamente; mientras que la irradiación del
cuerpo vital, actuando a través del centro esplénico, ayudará a organizar el cuerpo-fuerza del paciente,
facilitando así la tarea de curación. Por lo tanto el curador tiene el deber de
ser eficaz y, de acuerdo con lo que él es, así será el efecto que producirá
sobre el paciente. Cuando un curador trabaja magnéticamente e irradia la
fuerza de su alma sobre el paciente, éste podrá lograr más fácilmente el fin
deseado lo cual puede ser la total curación o bien el establecimiento de un
estado mental que le permitirá seguir viviendo con su dolencia, sin verse
obstaculizado por las limitaciones kármicas del cuerpo, o quizás pueda
liberarse debidamente (con alegría y facilidad) del cuerpo y obtener la
completa salud a través del portal de la muerte.
Notas: * Tratado sobre los Siete Rayos, Tomos I y
II
PRIMERA PARTE
LAS CAUSAS FUNDAMENTALES DE LAS ENFERMEDADES
Este es el problema por el cual toda la
ciencia médica ha luchado para encontrar una solución en el transcurso de las
épocas, y consiste en hallar las causas fundamentales de las enfermedades. En
nuestra actual era mecanicista hemos deambulado demasiado sobre la superficie
de las cosas, alejándonos del punto de vista parcialmente veraz, mantenido en
siglos pretéritos, de que las enfermedades se hallan detrás de los “malos
humores” gestados, y proliferan en la vida subjetiva interna del paciente. Por
la evolución del conocimiento obtenido, hemos llegado ahora a la superficie
de las cosas (obsérvese que no empleo la palabra “superficial”) y ha llegado el
momento en que el conocimiento puede volver a entrar en el reino de lo
subjetivo y transmutarse en sabiduría. En la actualidad alborea el
reconocimiento, en las mejores mentalidades de las profesiones médica y afines,
de que en las actitudes subjetivas e ignotas de la mente y de la naturaleza
emocional, y en la vida de inhibidas o excesivas expresiones sexuales, deben
buscarse las causas de todas las enfermedades.
Al comenzar este estudio quisiera
decirles que aunque yo conociera la ultérrima causa de las enfermedades, para
ustedes resultaría incomprensible. La causa se halla muy atrás, en la historia
del legendario pasado de nuestro planeta, en el curso (ocultamente
interpretado) de la Vida planetaria, y tiene sus raíces en lo que se denomina
generalmente “mal cósmico”. Esta frase no tiene ningún sentido, pero describe
simbólicamente un estado de conciencia, de ciertos “Dioses
imperfectos”. Dada la premisa inicial de que la Deidad misma está trabajando
para lograr una perfección, más allá de nuestra comprensión, se puede inferir
de que existe para los Dioses mismos y para DIOS (como la VIDA del sistema
solar) ciertas limitaciones y zonas o estados de conciencia que todavía esperan
ser dominados. Estas limitaciones y relativas imperfecciones pueden causar
efectos definidos sobre Sus cuerpos de manifestación -los distintos planetas
considerados como expresión de Vidas y el sistema solar considerado como
expresión de una VIDA.
Dada
también la hipótesis de que tales cuerpos externos de la divinidad, los
planetas, son las formas a través de las cuales ciertas deidades se expresan a
Sí Mismas, puede deducirse verdadera y lógicamente que todas las vidas y formas
dentro de esos cuerpos, están necesariamente sujetas a estas limitaciones y a
las imperfecciones surgidas de esas zonas inexploradas de la conciencia y esos
estados de percepción, hasta ahora no alcanzados por las Deidades encarnadas en
la forma planetaria y solar. Dado el postulado de que cada forma es parte de
una forma mayor, y que en realidad “vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”
dentro del cuerpo de Dios (como lo expresa San Pablo), nosotros, como parte
integrante del cuarto reino de la naturaleza, compartimos esta limitación e
imperfección generales.
Captar algo más de esta premisa general
está más allá de nuestro poder de comprender y expresar, pues el equipo mental
general de los aspirantes y discípulos comunes es inadecuado para la tarea. Los
términos “mal cósmico, imperfección divina, zonas limitadas de la conciencia,
la libertad del espíritu puramente divina”, empleados tan superficialmente por
los místicos y pensadores esotéricos de la época: ¿Qué significan en realidad?
Las afirmaciones de muchas escuelas de curación, respecto a la máxima
perfección divina, y la formulación de sus creencias de que la humanidad se
liberará realmente de las comunes dolencias de la carne, ¿no son frecuentemente
altisonantes, personificando un ideal basado a menudo en deseos egoístas? ¿No
constituyen frases sin significado alguno en sus implicaciones místicas? ¿Cómo
podría ser de otra manera, cuando únicamente el hombre perfecto puede tener una
idea real de lo que constituye la divinidad?
Es mucho mejor admitir la
imposibilidad de que el hombre comprenda las causas profundamente arraigadas de
lo que puede verse surgir en la evolución de la vida de la forma. ¿No es más
inteligente enfrentar las realidades y los hechos, tal como existen para
nuestra actual comprensión, y entender que así como el hombre puede penetrar
más inteligentemente en la mente de Dios que en la mente inferior del animal,
también pueden existir otras mentes superiores, actuando en reinos más elevados
de la naturaleza, que ciertamente han de ver la vida con más realidad y exactitud
que el género humano? Es muy posible que el objetivo de la evolución (corno ha
sido delineado y acentuado por el hombre), en último análisis, sea solo un
fragmento de un objetivo mayor que el hombre, con su finita comprensión, puede
captar. Todo el propósito, tal como se halla oculto en la mente de Dios,
quizás sea muy diferente de lo que el hombre podría concebir hoy; y el mal y el
bien cósmicos, reducidos a terminologías, pueden perder todo su significado y
sólo ser vistos a través del espejismo y la ilusión con que el hombre rodea todas las cosas. Las
mejores mentalidades de esta era están comenzando ya a ver el primer tenue rayo
de luz que horada este espejismo y sirve para revelar la realidad de la
ilusión. Por medio de esta Luz se les revelará la siguiente verdad a quienes
estén a la expectativa y posean mente abierta: La Deidad misma se halla en
el camino de la Perfección. Muchas son las implicaciones que encierra este
enunciado.
Al tratar las causas de las
enfermedades, adoptaremos la posición de que la fundamental y ultérrima causa
cósmica escapa a nuestra captación, y que sólo a medida que el Reino de Dios se
vaya revelando en la tierra, obtendremos un real entendimiento de la amplia y
general difusión de las enfermedades en nuestro planeta y en los cuatro reinos
de la naturaleza. Sin embargo pueden exponerse unas pocas enunciaciones
básicas que, en sentido macrocósmico, oportunamente serán establecidas como
verdades y ya pueden ser demostradas como tales en lo que concierne inteligentemente
al microcosmo.
1. Toda enfermedad (y esto es
algo conocido) es producida por la falta de armonía o desarmonía entre el
aspecto forma y la vida. Aquello que une la forma y la vida, o más bien el
resultado de esta unión, denominada alma, el yo en lo que respecta a la
humanidad, y el principio integrador, en lo que concierne a los reinos
subhumanos. Las enfermedades aparecen donde no hay alineamiento entre estos
diversos factores, el alma y la forma, la vida y su expresión, las realidades
subjetiva y objetiva. En consecuencia, espíritu y materia no están
libremente relacionados entre sí. Esto es un modo de interpretar la Primera
Ley y toda esta tesis está destinada a exponer esa Ley.
2. La desarmonía que produce lo
que se denomina enfermedad, corre a través de los cuatro reinos de la
naturaleza y trae esas condiciones que producen dolor (donde la sensibilidad es
exquisita y está desarrollada) y en todas partes congestión, corrupción y
muerte. Reflexionen sobre las palabras siguientes: Desarmonía, Enfermedad,
Dolor, Congestión, Corrupción, Muerte, porque describen la condición general
que rige la vida consciente de todas las formas, macro y microcósmicas. Ellas
no constituyen las causas.
3. No obstante, estas
condiciones pueden ser consideradas como purificadoras en sus efectos, y así
debe considerarlas la humanidad si se quiere asumir la correcta actitud hacia
las enfermedades. Esto a menudo lo olvida el curador fanático y el exponente
extremista de una idea, finitamente captada y en la mayoría de los casos sólo
forma parte de una idea mayor.
4. Métodos de curación y
técnicas paliativas que son peculiares de la humanidad, resultantes de la
actividad mental del hombre. Indican el latente poder que posee como creador,
y que progresa hacia la liberación. Señalan su habilidad discriminativa para
presentir la perfección, visualizar el objetivo y por ende trabajar hacia esa
ultérrima liberación. En la actualidad su error consiste en:
a. Su incapacidad de ver el
verdadero valor del dolor.
b. Su resentimiento por el
sufrimiento.
c. Su incomprensión de la ley de
no-resistencia.
d. Su excesivo énfasis puesto
sobre la naturaleza forma.
e. Su actitud hacia la muerte y
su sensación de que la desaparición de la vida, fuera de la percepción visual,
por intermedio de la forma, y la consiguiente desintegración de esa forma,
indican desastre.
5. Cuando el pensamiento humano
invierta las ideas comunes, respecto a las enfermedades, y las acepte como un
hecho natural, el hombre comenzará a aplicar la ley de liberación, correctos
pensamientos, que conducirá a la no-resistencia. Actualmente, por el poder de
su pensamiento dirigido y su intenso antagonismo hacia la enfermedad, sólo
tiende a vigorizar la dificultad. Cuando reoriente su pensamiento hacia la
verdad y el alma, las enfermedades del plano físico comenzarán a desaparecer.
Esto será evidente al estudiar más adelante el método de extirparlas. La
enfermedad existe. Las formas en los reinos de la naturaleza carecen de armonía
y no están alineadas con la vida inmanente. En todas partes existen enfermedad
y corrupción y la tendencia a la disolución. Elijo mis palabras con cuidado.
6. Por lo tanto, la enfermedad
no es el resultado del erróneo pensar humano. Existió entre las innumerables
formas de vida mucho antes que la familia humana apareciera en la tierra. Si
ustedes buscan una expresión verbal y si se desea hablar dentro de los limites
de la mente humana, podrían decir con cierta exactitud que: Dios, la Deidad
planetaria, es culpable de pensar erróneamente. Pero no expresarán toda la
verdad, sino sólo una ínfima fracción de la causa, como aparece a vuestra débil
y finita mentalidad, a través del espejismo y la ilusión mundial general.
7. Desde cierto ángulo, la
enfermedad es un proceso de liberación y el enemigo de lo estático y
cristalizado. No crean por lo que expongo que debería aceptarse la enfermedad y
anhelar el proceso de la muerte. Si así fuera cultivaríamos la enfermedad y
premiaríamos el suicidio. Afortunadamente para la humanidad, toda la tendencia
de la vida es contraria a la enfermedad, y la reacción que produce la vida de
la forma en el pensamiento del hombre,
fomenta el temor a la muerte. Esto ha sido correcto, porque el instinto de
autoconservación y la preservación de la integridad de la forma, es un
principio vital de la materia, y la tendencia hacia la autoperpetuación de la
vida dentro de la forma, es uno de los más grandes dones de Dios y persistirá.
Pero en la familia humana esto debe oportunamente ceder su lugar a la muerte
como un proceso organizado y liberado, a fin de conservar fuerza y proporcionar
al alma un mejor instrumento de manifestación. Para esta libertad de acción la
totalidad del género humano no está aún preparada. Los discípulos y aspirantes
del mundo deberán comenzar a captar estos nuevos principios de la existencia.
El instinto de autopreservación rige la relación del espíritu y la materia, de
la vida y la forma, hasta que la Deidad misma decida encarnar dentro de Su cuerpo
de manifestación, un planeta o un sistema solar. En lo expuesto he dado un
indicio en lo que respecta a una de las causas básicas de la enfermedad y a la
interminable lucha entre el espíritu aprisionado y la forma aprisionante. Esta
lucha emplea como método la cualidad innata que se expresa a sí misma como el
anhelo de preservarse y el ansia de perpetuarse (en la forma y especies
actuales).
8. La Ley de Causa y Efecto,
denominada de Karma en Oriente, rige todo esto. El karma, en realidad, debe ser
considerado como el efecto (en la vida de la forma de nuestro planeta) de las
causas profundamente arraigadas y ocultas en la mente de Dios. Las causas que
debernos buscar respecto a las enfermedades y la muerte son en realidad sólo la
actuación de ciertos principios básicos que rigen -¿quién podrá decir si
correcta o erróneamente?- la vida de Dios en la forma y serán siempre
incomprensibles para el hombre hasta el momento de recibir la gran iniciación,
simbolizada para nosotros en la Transfiguración. Durante todo nuestro estudio
nos ocuparemos de las causas secundarias y sus efectos, con los resultados
fenoménicos que esos efectos subjetivos que emanan de causas demasiado remotas
para poder captarlas. Esto debería aceptarse y comprenderse, siendo lo máximo
que puede hacer el hombre con su actual mecanismo mental. ¿Cómo puede el
hombre, pretender arrogantemente, comprenderlo todo, cuando la intuición raras
veces actúa y la mente pocas veces se halla iluminada? Antes debe dedicarse a
desarrollar la intuición y lograr la iluminación. Entonces podrá llegarle la
comprensión, pues habrá merecido el derecho de adquirir el conocimiento divino.
Pero el reconocimiento mencionado será suficiente para nuestro trabajo y nos
permitirá establecer esas leyes y principios que indicarán cómo la humanidad
puede dejar de ser consciente de la forma, y su
consecuente inmunidad a la muerte y a esas condiciones enfermizas que
rigen hoy nuestra manifestación planetaria.
Dividiremos nuestro estudio, respecto
a las causas de la enfermedad, en tres partes, eliminando, en la búsqueda de
la verdad, el comprensible pero igualmente inútil deseo de captar los pensamientos
de la Deidad.
I.
Causas psicológicas.
II.
Causas emanantes de la vida grupal.
III.
Las deudas kármicas, causas kármicas.
Todo esto sólo proporciona una idea general
(lo único posible ahora) sobre las enfermedades que existen en la familia
humana y, en cierto porcentaje, en el reino animal. Cuando esta idea general
sea captada se tendrá un entendimiento más claro del problema y entonces se
podrá continuar con la consideración de los métodos que permitirán manejar, con
mayor facilidad, los efectos indeseables. Los estudiantes del Arte de Curar
deberán análogamente recordar que hay tres métodos para obtener la curación, y
los tres tienen su lugar y valor, dependiendo del punto de evolución del sujeto
sometido a curación.
Primero, tenemos la aplicación de
esos métodos paliativos y mejoradores que gradualmente curan las enfermedades
y eliminan condiciones indeseables; reconstruyen la vida de la forma, y fomentan
la vitalidad, a fin de que la enfermedad pueda ser desarrollada. De estos
métodos las escuelas alópatas y homeópatas y las diversas osteópatas y
quiroprácticas y otras escuelas terapéuticas, son buenos ejemplos. Han
realizado un trabajo bueno y constructivo y la deuda que tiene la humanidad
para con la sabiduría, la capacidad y las atenciones altruistas de los médicos
es muy grande. Enfrentan siempre condiciones apremiantes y efectos peligrosos
de causas que no manifiestan síntomas evidentes en la superficie. De acuerdo a
estos métodos el paciente se halla en manos de un desconocido y deberá ser
pasivo, obediente y negativo.
Segundo, tenemos el trabajo y los
métodos del psicólogo moderno, que trata de encarar las condiciones subjetivas
y enderezar las actitudes erróneas de la mente, las inhibiciones, la psicosis y
los complejos que producen los estados externos de la enfermedad, condiciones
mórbidas y neuróticas y trastornos mentales. De acuerdo a este método se le
enseña al paciente a colaborar en lo posible con el psicólogo, para poder
obtener la debida comprensión de sí
mismo, aprender a eliminar esas situaciones internas y compulsoras,
responsables de los resultados externos. Se le enseña a ser positivo y activo,
y esto es un gran paso hacia la correcta dirección. La tendencia de combinar
la psicología con el tratamiento físico externo es sensata y correcta.
Tercero, un método superior y nuevo que
consiste en llamar a la propia alma del hombre para que inicie una actividad
positiva. La verdadera y futura curación se efectuará cuando la vida del alma
pueda fluir sin impedimento ni obstáculo a través de cada aspecto de la
naturaleza forma, pudiendo entonces vitalizarla con su potencia y también
eliminar esas congestiones y obstrucciones que son fuente fructífera de
enfermedades.
He aquí mucho para reflexionar. Si
explico cautelosamente la aplicación práctica de las técnicas y métodos, se
debe a que trato de sentar una sólida base para lo que impartiré
posteriormente.
Sobre el entrenamiento del curador
daré en forma espaciada seis reglas que rigen (o deberán regir) su actividad.
Recuerden las dos palabras que di anteriormente. Resumen la actividad del
curador: MAGNETISMO y RADIACIÓN. Ambas producen diferentes efectos, como
veremos más adelante.
El curador debe
tratar de vincular su alma, corazón, cerebro y manos. Así puede verter la
fuerza vital curadora sobre el paciente. Esto es trabajo magnético.
Puede curar la enfermedad o acrecentar el estado maligno, de acuerdo al
conocimiento del curador.
El curador debe
tratar de vincular su alma, cerebro, corazón y emanación áurica. Así su
presencia puede nutrir la vida del alma
del paciente. Este es trabajo de irradiación. Las manos no son necesarias.
El alma despliega su poder. El alma del paciente, a través de la respuesta de
su aura, responde a la irradiación del aura del curador, inundada con la
energía del alma.
Al considerar las causas de las
enfermedades es necesario decir unas palabras respecto a las condiciones
externas e internas. Será evidente para el pensador casual, que muchas
enfermedades y las causas de la muerte se deben a las condiciones ambientales
de las cuales él no es responsable. Éstas abarcan desde los acontecimientos
estrictamente externos hasta las predisposiciones hereditarias, y podrían
enumerarse de la manera siguiente:
1.
Accidentes, que pueden ser causados por negligencia personal, acontecimientos
grupales, descuidos de otras personas, refriegas callejeras como en los casos
de huelgas y por la guerra. También pueden ser producidos por un animal o
víbora, envenenamiento accidental y muchas otras causas.
2.
Infecciones que llegan al hombre externamente y no como resultado de su propia y
peculiar condición sanguínea, constituyendo las diversas enfermedades
infecciosas y contagiosas y las epidemias prevalecientes. El hombre puede
contraerlas en el cumplimiento del deber, por sus contactos diarios o por la
amplia propagación de la enfermedad en su ambiente.
3.
Enfermedades debidas a la desnutrición, especialmente en los niños. Este
estado de desnutrición predispone al cuerpo a la enfermedad, aminora la resistencia
y la vitalidad y contrarresta el “poder luchador” del hombre, conduciéndolo a
la muerte prematura.
4.
Herencia. Existe como bien se sabe ciertos tipos de debilidad hereditaria que
predisponen a la persona a contraer ciertas dolencias y llevan a la consecuente
muerte o producen esas condiciones que conducen a un constante debilitamiento
del aferramiento a la vida; también existen esas tendencias que constituyen una
especie de apetito peligroso y producen hábitos indeseables, relajamiento de la
moral, y son un peligro para la voluntad del individuo, inhibiéndolo en su
lucha contra tales predisposiciones, sucumbe a ellas y paga con la enfermedad y
la muerte el precio de tales hábitos.
Estos cuatro tipos de enfermedades y
las causas de la muerte explican gran parte de lo que acontece en la vida de la
gente pero no han de ser definidamente clasificados como causa psicológica de
las enfermedades, y sólo serán considerados muy brevemente en la parte que
trata de la vida grupal y las causas que predisponen a la enfermedad. Se
tratarán también las enfermedades infecciosas, pero situaciones como las que
se producen, por ejemplo, en un accidente automovilístico o ferroviario, no se
considerarán dentro del acápite, respecto a las causas que producen
enfermedades, si bien la tarea del curador puede estar involucrada en estos
casos, el trabajo que se debe realizar es algo diferente del que se lleva a
cabo cuando se trata de esas enfermedades que tienen sus raíces en uno de los
cuerpos sutiles, o son el resultado de enfermedades grupales, etc. Las
dolencias producidas por la mala nutrición y la alimentación errónea de nuestra
moderna vida y civilización, no serán consideradas aquí. Ningún niño es
individualmente responsable de ellas. Me ocupo de las enfermedades derivadas
de erróneas condiciones internas.
La responsabilidad del niño por las
condiciones de su vida es prácticamente nula, a no ser que se admita el karma
como factor predisponente y el poder de producir esos reajustes que surgen del
pasado y afectan el presente. Trataré esto más ampliamente en el tercer punto,
referente a nuestras deudas kármicas. Sólo sugeriré que el temario de las
enfermedades podría ser encarado desde el ángulo del karma, lo cual seria de
valor definido y concluyente si se
hubiera dado una correcta enseñanza sobre este abstruso tema, desde que
fue impartido en Occidente pero la verdad tal como nos ha llegado de Oriente ha
sido tan distorsionada por los teólogos orientales, como las doctrinas de la
Expiación y del Nacimiento virginal han sido mal interpretadas y enseñadas por
los teólogos occidentales. La genuina verdad tiene muy poca semejanza con
nuestras formulaciones modernas. Por lo tanto me encuentro seriamente limitado
cuando debo tratar el tema de las enfermedades desde el ángulo del karma. Me es
difícil impartir algo de la verdad tal como realmente existe, debido a las
ideas preconcebidas sobre la antigua Ley de Causa y Efecto, que necesariamente
existen en su mente. Si les dijera que la doctrina de la Emergente Evolución y
las teorías modernas acerca de la actuación de un catalizador sobre dos
sustancias -que cuando son puestas en mutua relación bajo el efecto del
catalizador produce una tercera y diferente sustancia- encierra mucha verdad
sobre el karma, ¿me comprenderían? Lo dudo. Si les dijera que el énfasis puesto
sobre la Ley de Karma, que explica aparentes injusticias y acentúa la aparición
del dolor, la enfermedad los sufrimientos, es solo una presentación parcial de
la verdad básicamente cósmica, ¿aclararía algo? Si señalara que la Ley de
Karma, correctamente interpretada y manejada, puede traer aquello que produce
más fácilmente la felicidad, el bien y la liberación del sufrimiento, que el
dolor con su corolario de consecuencias, ¿creen que captarían el significado de
lo que digo?
El mundo del espejismo es en la
actualidad tan fuerte y la ilusión tan potente y vital que no podremos ver
estas leyes básicas en su verdadero significado.
La Ley de Karma no es la Ley de
Retribución, coma podría suponerse al leer los libros actuales sobre el tópico:
Esto es solo un aspecto de la actuación de la
Ley de Karma. La Ley de Causa y Efecto no se debe entender como hoy se
interpreta. Existe, a manera de ilustración, una Ley denominada Ley de Gravedad,
que se ha impuesto en la mente del hombre. Tal ley existe, pero sólo es un
aspecto de una ley mayor, y su poder puede ser, como sabemos, relativamente
contrarrestado, pues cada vez que vemos volar un avión tenemos la demostración
de la anulación de la ley por medios mecánicos, simbolizando la facilidad con
que puede ser superada por los seres humanos. Si se dieran cuenta verían que
están aprendiendo la antigua técnica por la cual el poder de levitación es uno
de los ejercicios iniciales más fáciles y simples.
La Ley de Consecuencias, no es
inevitable ni algo establecido como creen las mentalidades modernas, sino que
está relacionada con las Leyes del Pensamiento, más íntimamente de lo que se
imaginan; la ciencia mental ha ido a tientas tratando de comprenderla. Su
orientación y propósito son buenos y correctos y tiene grandes probabilidades de obtener resultados;
sus conclusiones y métodos de trabajo son hoy extremadamente malos y engañosos.
Me he referido a esta incomprendida
Ley de Karma, pues ansío que emprendan el estudio de la Ley de la Curación con
mente libre y abierta, hasta donde sea posible, teniendo en cuenta que la comprensión
de estas leyes está limitada por:
1. Antiguas teologías con sus
estáticos, distorsionados y erróneos puntos de vista. La enseñanza de la
teología es mucho más engañosa, pero por desgracia, es generalmente aceptada.
2. El pensamiento del mundo,
fuertemente matizado por el elemento deseo, que contiene muy pocos
pensamientos verdaderos. Los hombres interpretan estas leyes, confusamente
percibidas, en términos determinantes y desde su pequeño punto de vista. La
idea de retribución subyace en gran parte en la enseñanza sobre el karma,
porque el hombre busca una plausible explicación de las cosas tal como él las ve, y tiende a retribuir de la
misma manera. Sin embargo hay mucho más karma bueno que malo, aunque, por vivir
en un periodo como el actual, les cueste creerlo.
3. La ilusión y el espejismo
mundiales que evitan al hombre común e ignorante, ver la vida tal como
verdaderamente es. Incluso el hombre avanzado y los discípulos están sólo
comenzando a obtener una vislumbre fugaz e inadecuada de una gloriosa realidad.
4. Mentes incontroladas y
células cerebrales que no han sido liberadas ni despertadas, impiden al hombre
llegar a una correcta comprensión. Este hecho pocas veces se reconoce. El
mecanismo de la comprensión es todavía inadecuado. Este detalle debe ser
recalcado.
5. Temperamentos nacionales y
raciales con sus temperamentos predisponentes y prejuicios. Estos factores
también impiden la exacta apreciación de estas realidades.
Por lo expresado verán que sería una
tontería de mí parte decir que ustedes comprenden las leyes que están tratando
de descubrir y entender. Nada es tan confuso en la mente humana como lo que
concierne a las leyes relacionadas con las enfermedades y la muerte.
Por lo tanto es necesario comprender,
desde el comienzo, que todo lo que diré, bajo el título de Las causas
psicológicas de la enfermedad, no se relaciona con esas dolencias o
predisposición a las enfermedades surgidas del medio ambiente, o esas taras
definidamente físicas, heredadas de los padres, que han llevado en sus cuerpos
y transmitido a sus hijos gérmenes de enfermedades, heredados a su vez de sus
padres. Quisiera aclarar que las enfermedades heredadas son mucho más escasas
hoy de lo que se supone; la predisposición
a la tuberculosis, a la sífilis y al cáncer son las más importantes en
lo concerniente a nuestra presente humanidad; son heredadas y también pueden
trasmitirse por contacto. De estas me ocuparé en nuestro segundo y principal
acápite, sobre las enfermedades que emanan del grupo.
Antes de continuar quisiera decir que trataré
de evitar en lo posible todo tecnicismo. Nuestro tema es la consideración
esotérica de la enfermedad y sus formas; intenta elucidar el tema de esas
enfermedades y sus causas vitales e indicar las leyes generales que debe
aplicar el curador y las seis reglas que se ha de imponer a sí mismo, y
cumplirá a través de la disciplina y la comprensión.
Habrán observado que he enumerado las
causas psicológicas en cuatro acápites:
1. Las que surgen de la
naturaleza sensorio-emocional.
2. Las que tienen origen en el
cuerpo etérico.
3. Las que están fundadas en un
pensamiento erróneo.
4. Las peculiares dolencias y
perturbaciones psicológicas de los discípulos
Les habrá llamado la atención que
haya colocado las enfermedades del cuerpo etérico en segundo lugar y no en el
primero. La razón de ello estriba en que las enfermedades y dolencias grupales
aferradas a la raza, actúan primordialmente a través del cuerpo etérico y
encuentran su camino hacia la manifestación, por conducto del cuerpo etérico de
todas las formas. Las he colocado en segundo lugar, aunque en último análisis
son más numerosas, debido a que la humanidad todavía no puede ocuparse de
ellas en forma colectiva. El
acercamiento debe hacerse por medio de los individuos, y los hombres deben
eliminar de su cuerpo astral o emocional esas condiciones que, como individuos,
los predispone a la enfermedad. En la actualidad la raza está polarizada astralmente.
La naturaleza sensorio-emocional es excesivamente poderosa en las masas. Esto
conduce a poseer un cuerpo etérico relativamente negativo, el cual está
sintonizado con toda la sustancia etérica del planeta. Esta sustancia, que
subyace en todas las formas, es sencillamente un agente transferidor y
transmisor de la energía vital al cuerpo físico denso externo. La energía
circula a través de esta sustancia etérica, libre de todo control por
parte del ser humano individual, que
casi no se da cuenta de ello, porque el foco de su atención es astral. Desde
el estado de conciencia astral o emocional, pueden ser deducidas muchas
condiciones físicas individuales. En consecuencia debemos eliminar esas enfermedades
que son de carácter grupal, las cuales han penetrado en la humanidad, y a
través de ella, desde el mundo de la fuerza etérica, dejándola exhausta o
sobrestimulada, o en tal condición que la muerte sobreviene en forma natural.
Podría decirse, básicamente generalizando, que las dificultades físicas
personales tienen actualmente su asiento en el cuerpo emocional y que ese
vehículo de expresión es el agente predominante y predisponente de la mala
salud del individuo, así como las enfermedades grupales y las de cualquier tipo
de epidemias a través de las masas están fundadas en alguna condición de la
sustancia etérica del planeta. Esas enfermedades que son generales, nacionales,
raciales y planetarias, llegan al individuo por conducto del cuerpo etérico, y
no son tan personales en sus implicaciones. Sobre esto me extenderé más
adelante. Hoy sólo expongo
una proposición general.
Quisiera puntualizar que las
enfermedades de las masas, del ciudadano común, de los intelectuales y de los discípulos
del mundo, pueden diferir y difieren ampliamente, no tanto en su manifestación
como en su campo de expresión. Este punto difícilmente el curador lo reconoce:
no le es fácil ni posible comprender estas diferenciaciones y valorar el grado
de evolución que un hombre puede haber alcanzado. Algunas enfermedades deben
tratarse desde el plano mental y será necesario que el curador emplee la
mente; algunas requieren una concentración de energía emocional por parte del
agente curador; en otros casos el curador debe tratar de ser sólo un transmisor
de energía pránica para el cuerpo etérico del paciente, por intermedio de su
propio cuerpo etérico. ¿Cuántos curadores se dan cuenta realmente del enfoque
de la conciencia o de la fuerza vital, al ocuparse del paciente? ¿Cuántos
conocen el tipo de curación que es posible y necesario aplicar a un discípulo?
¡Cuán pocos se dan cuenta que ningún discípulo, por ejemplo, puede ponerse en
manos de un curador magnético común o de quien trabaja con radiaciones, o de un
experto psicólogo de cualquier tipo! Un discípulo no se atreve a someterse a
las emanaciones áuricas de ningún ocasional curador ni al poder de un inexperto
psicólogo académico, no importa cuán prominente pueda ser. Sin embargo, puede
someterse a la sabia pericia del médico cirujano del plano físico, porque, para
él, el cuerpo físico es sólo un autómata. Por lo tanto, puede valerse de medios
físicos para su beneficio. Muchos de los fracasos de los métodos curativos
empleados actualmente se deben a la incapacidad del curador para:
1. Calcular dónde puede estar
localizada básica y ampliamente la dificultad y de qué cuerpo surge y dónde
yace principalmente.
2. Conocer dónde está colocado
el paciente en la escala de la evolución y por lo tanto, dónde debe buscar primeramente
el origen de la dificultad.
3. Diferenciar entre las
enfermedades que se deben a las condiciones internas personales, a las
tendencias heredadas o a la propagación grupal.
4. Saber si la enfermedad
requiere ser tratada:
a. Alópata u homeopáticamente,
pues ambos procedimientos pueden desempeñar su parte a veces, o a través de
cualquier otro agente de la ciencia y tecnicismo modernos.
b. Por radiación o
magnetización, o ambas.
c. Mediante el correcto reajuste
interno psicológico, ayudado por una verdadera percepción interna, por parte
del agente curador.
d. Evocando el poder de la
propia alma del hombre; algo que no es posible, excepto en las personas
avanzadas.
e. Por medio de métodos
esotéricos definidos, tales como formar un triángulo de curación entre:
**********************
Este método implica por parte del
curador, mucho conocimiento y un elevado punto de realización espiritual; también
presupone la existencia de un vínculo entre el curador, un Maestro y el grupo
del Maestro, más el derecho adquirido de acudir al grupo para la afluencia de
energía en bien del paciente, algo que raras veces se otorga.
Quisiera ante todo puntualizar que mi
propósito e intento no es escribir un tratado médico, tampoco trataré la
anatomía del cuerpo, ni discutiré los síntomas de las enfermedades, excepto incidentalmente.
No detallaré los síntomas ni consideraré las muchas enfermedades con extensos nombres que
caracterizan a la raza de hoy; toda esta información puede extraerse de los
libros de texto comunes si se prefiere, y estudiarlos si se desea; aunque
personalmente no lo considero satisfactorio. Partiremos de la premisa de que
existen las enfermedades y que son efectos de causas internas; que el hombre ha
hecho grandes progresos para comprender el efecto de estas causas cuando
producen cambios en la vestidura externa del hombre, así como los conocimientos
obtenidos por la ciencia para comprender la vestidura externa de Dios, el mundo
de la naturaleza fenoménica.
El trabajo lenitivo, paliativo y
curativo en la medicina y cirugía, ha sido comprobado más allá de toda
controversia. Los métodos empleados, tales como la vivisección de animales,
puede ocasionar verdadera ansiedad. A pesar de todo ello la deuda que tiene el
género humano con la profesión médica es grande, y el servicio rendido a la
humanidad por esa profesión, contrarresta en gran parte el mal. Aunque es
verdad que no lo saben todo, también es cierto que existe un pequeño porcentaje
(mucho menor que en ninguna otra profesión) de clínicos y cirujanos que buscan
sus propios intereses y no honran a su profesión; también podría decirse que
ya saben bastante como para admitir que aún les queda mucho que aprender.
Igualmente es verdad que constituye un gran grupo altruista y autosacrificado
dentro de la familia humana. Recuerden esto.
Me ocuparé del aspecto subjetivo del
hombre y las causas secundarias que tienen sus raíces en los cuerpos internos
del hombre y en el aspecto subjetivo de la naturaleza misma. Las causas, primordiales
y principales, como anteriormente expliqué, no podrán ser captadas. Están más
allá de la capacidad de la mente concreta. Trato de aclarar lo que el hombre
debe realizar para liberarse cada vez más de la acumulación del pasado, tanto
individual como grupalmente y al hacerlo eliminar de su cuerpo físico los
gérmenes de la enfermedad. Sin embargo, se ha de tener en cuenta que muchas
enfermedades son de naturaleza grupal y
en consecuencia inherentes a la humanidad misma. Así como el reino de los insectos
devasta y destruye al reino vegetal, como puede observarlo cualquier fortuito
caminante del bosque, así los gérmenes -individuales y grupales- devastan y
destruyen hoy al reino humano. Son agentes de destrucción y ejecutan, en la
actualidad, una tarea y deber definidos en el gran esquema de las cosas.
El destino del hombre es morir, pues
todo hombre debe morir al requerimiento de su propia alma. Cuando el
hombre ha alcanzado una etapa superior en la evolución, deliberada y
definidamente elegirá el momento en que conscientemente se retirará de su
cuerpo físico, el cual permanecerá silente y sin alma, desprovisto de luz, sin
embargo, ileso e íntegro; entonces se desintegrará de acuerdo con el proceso
natural, y los átomos que lo constituyen volverán “a la reserva de los entes
que esperan”, hasta ser nuevamente requeridos para que los empleen las almas
encarnantes.
Entonces se repite el proceso en el aspecto
subjetivo de la vida, pero muchas almas ya han aprendido a retirarse del cuerpo
astral sin someterse a ese “impacto en la niebla”, una forma simbólica de
describir la muerte de un hombre en el plano astral. Luego pasa al nivel mental
y deja su carcasa astral para aumentar la niebla y acrecentar su densidad.
Por lo tanto, quiero puntualizar que
deliberadamente evitaré los tecnicismos médicos, aunque me referiré a menudo al
cuerpo físico y a las enfermedades que hacen de él su presa.
También les daré ahora otra de las
leyes sobre la curación así como una de las Reglas para el Curador. Estúdienlas
con cuidado
La enfermedad es el producto de tres influencias, y está sujeto a ellas.
Primero, el pasado del hombre en que paga el precio de antiguos errores; segundo, su
herencia, donde comparte con todo el genero humano, esas contaminadas
corrientes de energías de origen grupal; tercero, su participación con todas
las formas naturales, de aquello que el Señor de la Vida impone a Su cuerpo.
Estas tres influencias son denominadas “La Antigua Ley de Participación de
Mal”. Algún día ésta debe ceder su lugar a la nueva “Ley del Antiguo y
Predominante Bien” que reside detrás de todo lo que Dios ha creado. Esta ley
debe ser puesta en vigencia por la voluntad espiritual del hombre.
¿Qué es una Ley? Es la imposición
(sobre las cosas más insignificantes y más importantes) de la voluntad y el
propósito de aquello que es superlativamente grandioso. Por lo tanto está más
allá del conocimiento del hombre. El hombre algún día debe aprender que todas
las leyes de la naturaleza tienen su contraparte superior y espiritual, y en
breve nos ocuparemos de ellas. Nuestras leyes aún son secundarias, y por ser
leyes de la vida grupal rigen los reinos de la naturaleza y se expresan (para
el reino humano) por medio de la mente, de la naturaleza emocional y de un
agente del plano físico. No pretendo en este breve tratado elucidar las leyes
primarias. Sólo las menciono, y en el futuro (lo cual depende de ciertos
factores todavía no desarrollados) me ocuparé de ellas.
La tercera parte de este tratado está
destinada a las leyes básicas de la curación, las cuales no se refieren a las
leyes mencionadas, sino a los aspectos prácticos del arte de curar.
La segunda regla para el curador es
la siguiente:
El curador debe adquirir
pureza magnética a través de la pureza de vida. Debe lograr esa dispersiva irradiación
que se manifiesta en todo hombre que ha vinculado los centros de la cabeza.
Cuando se ha establecido tal campo magnético, entonces surge la irradiación.
El significado de esto será parcialmente
evidente para el estudiante esotérico avanzado. Como bien saben, el campo
magnético se establece cuando la poderosa vibración del centro que se halla
delante del cuerpo pituitario y el que se halla alrededor y arriba de la
glándula pineal, entra en la órbita de cada uno. El único punto de controversia,
en conexión con la regla citada (que consideraré más tarde), es cómo y de qué
modo debe ser adquirida la pureza magnética y cómo los dos centros en la cabeza
pueden formar conjuntamente un campo magnético. Más adelante, al finalizar me
ocuparé de estos dos puntos, lo cual será muy práctico.
Una de las causas que debería surgir
definidamente de nuestro estudio, es que la enfermedad raras veces tiene origen
individual -a no ser que un hombre disipe su vida y abuse excesivamente de su
cuerpo por la bebida o excesos sexuales- y que todas las enfermedades que
existen hoy en el mundo son casi totalmente heredadas, de origen grupal, y como
resultado de infección o de desnutrición. Esta última es principalmente un mal
de la civilización, efecto del desequilibrio económico o del alimento
adulterado. Como indiqué anteriormente, esas últimas causas de la enfermedad
no son principalmente el resultado de sutiles fuerzas internas, sino el ascenso
de energías al cuerpo etérico, provenientes del plano físico y del mundo
externo de fuerzas.
Los instructores de ocultismo han
prestado poca atención a estas fuerzas que vienen de lo externo, se originan en
el plano físico y afectan a los cuerpos internos. Existen energías físicas y
corrientes de fuerza que penetran en los cuerpos etéricos de todas las formas,
así como la ilusión mundial y las miasmas del plano astral, frecuentemente
tienen sus causas en las condiciones del plano físico. Las energías que
penetran en los centros del hombre desde los niveles más sutiles, han sido
frecuentemente consideradas en los libros de ocultismo, pero las fuerzas que
encuentran su camino hacia los centros, desde la vida en el plano físico, raras veces son comprendidas o discutidas.
Les doy una idea un tanto nueva para que reflexionen sobre ella.
He pedido a A.A.B. insertar un breve
resumen de algunos de los puntos que ya he dilucidado, bajo el titulo: ¿Qué es
la enfermedad? Le sugerí lo siguiente:
1. Toda enfermedad es desarmonía
y falta de alineamiento y control:
a. La enfermedad se halla en los
cuatro reinos de la naturaleza.
b. La enfermedad es de efecto
purificador.
c. Los métodos definidos de
curación son peculiares a la humanidad y de origen mental.
2. La enfermedad es un hecho en
la naturaleza:
a. El antagonismo hacia la
enfermedad simplemente la energetiza.
b. La enfermedad no es el
resultado del erróneo pensar humano.
3. La enfermedad es el proceso
de liberación y el enemigo de lo estático.
4. La ley de causa y efecto rige
las enfermedades así como todo en la manifestación.
Hallamos también que la curación se
realiza de tres maneras:
1. Por la aplicación de los
métodos de las innumerables escuelas de medicina y cirugía y grupos afines.
2. Por el empleo de la
psicología.
3. Por la actividad del alma.
También he anunciado que las causas
principales de la enfermedad son tres: de naturaleza psicológica, heredadas
por el contacto grupal, y también kármicas. Sin embargo recuerden que constituyen
causas secundarias. A continuación trataremos la primera de ellas.
1. CAUSAS ORIGINADAS EN LA NATURALEZA EMOCIONAL-DESEO
En Tratado sobre Magia Blanca,
di al mundo, por primera vez, información respecto a la naturaleza y control
del cuerpo astral. Dicho libro, prácticamente, fue el primero que se dio al
público sobre este tema. Mucho se ha impartido en el pasado sobre el cuerpo
físico y su atención, tanto por la ciencia exotérica como por la esotérica. Una
parte de ello es verdad y otra ilusión. Es ilusión porque se basa en falsas
premisas. Los esoteristas modernos se han ocupado del cuerpo etérico, lo cual
ha sido parcialmente verdadero o falso, pero generalmente es más verídico desde
el punto de vista oculto que del exotérico. Quizás les sorprenda si digo que el
Tratado sobre Magia Blanca es también relativamente veraz, siendo
necesariamente limitado, y debido a ello es también parcialmente incorrecto.
¿Les asombra lo antedicho? ¿Cómo puede ser totalmente veraz, conociendo el
limitado poder que poseen ustedes para comprenderlo? Me es imposible
impartirles la verdad, porque no existe terminología apropiada ni ustedes
poseen una base adecuada de conocimiento lo cual dificulta mi tarea. La enseñanza
sobre curación es para mí la más difícil que he emprendido, y ello por dos
razones. Ante todo, ¿no es verdad que la naturaleza real de la frase “cuerpos
sutiles” es algo sin sentido? Estos cuerpos no son como el cuerpo físico.
Pueden ser considerados como centros o
depósitos de tipos particulares de fuerza, adheridos a cada individuo y
poseyendo sus adecuadas entradas y salidas. Son una colección de átomos,
vibrando a alta velocidad y matizados (de acuerdo a algunas escuelas de
ocultismo) por ciertos y definidos matices; emiten cierto tono y están en
distintas etapas de su evolución. Según otros, son estados de conciencia, y
algunos los consideran hechos a semejanza del hombre. ¿ Cómo los definen
ustedes?
El cuerpo astral es para la mayoría de la
humanidad, el principal factor determinante a considerar. Es causa
preponderante de la mala salud. La razón de ello estriba en que tiene un
potente y predisponente efecto sobre el cuerpo vital o etérico. El cuerpo
físico es el autómata de cualquier cuerpo interno más fuerte que él. Si
recordamos que el cuerpo vital es el receptor de corrientes de energía, y en
realidad está compuesto y formado por tales corrientes, y estas corrientes
impelen a la actividad al cuerpo físico, es evidente que la más poderosa
controlará al cuerpo físico en el plano físico. Existen por lo tanto dos
corrientes de energía que deben ser consideradas al estudiar los factores que
conducen a la actividad en el plano físico. Les recordaré a este respecto que
la enfermedad es una actividad del plano físico.
1. La corriente de la vida
misma, anclada en el corazón, determina la vitalidad del hombre, su capacidad
para trabajar y la duración de su existencia.
2. Las predominantes corrientes
de energía que provienen de los cuerpos astral, mental o egoico. Éstas
controlan su expresión en el plano físico.
Referente a las masas del mundo y lo
que llamamos el vasto público irreflexivo, la corriente de vida y la corriente
de energía astral o de deseo, constituyen los factores predominantes. Éstos
pueden ser de calidad inferior o mediocre.
En lo que respecta al público
pensante, los factores predominantes los constituyen esas dos corrientes más
una constante afluencia y una creciente oleada de energía mental.
En conexión con los intelectuales del
mundo y los aspirantes (los que están preparados para entrar o se hallan en el
camino de probación), tenemos que las
tres corrientes mencionadas llegan a un punto de equilibrio, produciendo así
una personalidad integrada y coordinada. Entre ellos podemos contar a los
místicos del mundo y a los trabajadores creadores, que son conscientes de la
inspiración y del contacto espiritual, lo cual indica que comienza a afluir la
energía del alma.
En lo que atañe a los discípulos del
mundo tenemos un grupo de hombres y mujeres que comienza a ser controlado por
la energía del alma, mientras que las
otras tres energías están subordinadas cada vez más a este tipo superior de
control.
Debe recordarse que hay otros dos
tipos de energía que debemos tener en cuenta, cuando consideramos al hombre
inteligente.
1. La energía compuesta por las
fuerzas fusionadas y mezcladas de una personalidad coordinada.
2. La energía del plano físico,
identificada finalmente por el aspirante o discípulo, que llega a ser rechazada
en forma tan absoluta que oportunamente constituye uno de los principales
factores para la liberación de los centros.
Por último llega el momento en que el
iniciado trabaja simplemente con tres tipos de energía, mientras se manifiesta
en la encarnación: la energía de la vida misma, la energía negativa de la
personalidad y la energía positiva del alma. De esta manera llega a ser una
expresión en manifestación consciente de los tres aspectos de la Trinidad.
Ciertas cosas deben ser establecidas
como hechos esotéricos, en la conciencia del curador, antes de que pueda
trabajar constructivamente.
1. Ante todo, sólo existe
energía, la cual se manifiesta como muchas variadas energías. El universo está
compuesto de estas numerosas energías. También los cuerpos del hombre, o
vehículos de manifestación, están, sin excepción, constituidos de unidades de
energía. A éstas se las denomina átomos, y estas unidades atómicas están
sujetas a la forma corpórea, por la fuerza coherente de energías más potentes,
2. El principal punto focal de
energías que existe en los seres humanos es el alma, pero su potencia como
agente de cohesión e integración es mayor que su cualidad potencial. En las
primitivas etapas de la evolución humana se manifiesta el aspecto coherencia.
Cuando los mecanismos o cuerpos de respuesta del hombre están más
desarrollados, el aspecto cualidad del alma comienza a manifestarse cada
vez más.
3. Visto desde el aspecto
interno, donde no existe el factor tiempo, la criatura humana se manifiesta
como un calidoscopio, maravilloso y mutable fenómeno. Los así llamados cuerpos
o más bien conglomerados de unidades atómicas se desvanecen y desaparecen, o
vienen de nuevo a la manifestación. Corrientes de colores pasan y repasan, se
tejen y entretejen. Entonces ciertas zonas intensifican repentinamente su
brillo y resplandecen con brillantez, o también puede verse cómo se
desvanecen, siendo el fenómeno incoloro y aparentemente inexistente en ciertas
zonas. Pero siempre hay una persistente Luz influyente, desde la cual
descienden al hombre fenoménico haces de luz, los cuales pueden verse cómo se
adhieren a dos zonas principales del núcleo denso interno del hombre físico.
Los dos puntos de adhesión se hallan en la cabeza y el corazón. Tenuemente al
principio, pero con acrecentada brillantez, también pueden verse otros siete
pálidos discos de luz, los cuales constituyen las primeras evidencias de los
siete centros.
********************
4. Estos centros, que
constituyen los aspectos cualidad y conciencia y cuya función es colorar la
apariencia o expresión externa del hombre y utilizarla como mecanismo de
respuesta, están (durante el proceso evolutivo) sujetos a tres tipos de
desenvolvimiento, que reproducen:
a. Cuando un niño en el plano
físico crece hasta trasformarse en un hombre. Cuando llega a la edad de
veintiún años los centros tendrán que haber alcanzado normalmente la misma
cualidad de expresión que la obtenida al dejar la vida en una encarnación
anterior. El hombre inicia la vida donde la deja previamente.
b. Con el despertar de los
centros a través de la experiencia de la vida. Ocasionalmente sólo se puede
desarrollar un centro en determinada vida, pero a veces varios son llevados a
una mayor actividad consciente.
c. Finalmente, con el despertar
de tales centros mediante el proceso de iniciación. Esto sólo acontece cuando
el hombre recorre conscientemente el Sendero.
5. Los centros determinan el
punto de evolución del hombre en lo que concierne a su expresión fenoménica,
y actúan directamente sobre el cuerpo físico por medio del sistema endocrino.
Este punto debería tenerse en cuenta porque el futuro curador esotérico se
acercará a sus pacientes por medio de dicho conocimiento. Deberá entonces
trabajar con esos centros o glándulas que rigen la zona particular del cuerpo
donde está localizada la enfermedad o el malestar. Aún no ha llegado el
momento, pues es muy grande la ignorancia del hombre. Podría producirse
fácilmente la sobrestimulación de los centros y consecuentemente de las
glándulas y también la estimulación y el acrecentamiento de la enfermedad en
vez de disiparse o curarse.
A. Emoción
Incontrolada y Mal Regulada.
De acuerdo a estos hechos básicos
podrá observarse que las erróneas actitudes emocionales y la malsana condición
del cuerpo astral son los poderosos factores que producen el malestar y la
enfermedad. Ello se debe a que el cuerpo vital o etérico de las masas está
regido primordialmente e impelido a la actividad por la acción del cuerpo
astral. La excitación de este cuerpo en cualquier actividad violenta bajo la
tensión temperamental, la intensa preocupación o la prolongada irritabilidad,
derramará una corriente de energía astral en el centro plexo solar y a través
de éste, energetizándolo y produciéndole un estado de intensa perturbación que
afecta al estómago, al páncreas, al conducto biliar y a la vesícula. Pocas
personas (y podría muy bien preguntar, quién está exenta en esta época
particular de la historia del mundo) están libres de indigestiones, indeseables
condiciones gástricas o dificultades relacionadas con la vesícula biliar.
La tendencia a la crítica, las
violentas antipatías y los odios basados en la crítica o un complejo de
superioridad, producen en gran parte la acidez que sufre la mayoría de las
personas. Quisiera agregar aquí que estoy generalizando. Cuánta gente está
predispuesta a un complejo de inferioridad respecto a sí mismo, pero también a
un complejo de superioridad en lo que concierne a sus relaciones con otras
personas. Los efectos estomacales del plano físico están estrechamente
vinculados con el aspecto deseo del cuerpo físico, que halla expresión en comer
y beber lo que se desea, trayendo, en consecuencia, esos ataques de bilis a
que están predispuestas tantas personas.
Doy estos ejemplos a fin de demostrar
el efecto que produce la prevaleciente y errónea actitud hacia la vida y la
gente, que hoy caracteriza al género humano y produce las condiciones ya
mencionadas.
Los males basados en la crítica, en
el odio y en la tendencia a juzgar a otros (por lo común despiadadamente) pasan
del centro laríngeo al plexo solar. Esta interrelación existente entre los
centros, nunca ha sido debidamente considerada. Por los centros del cuerpo
etérico pasan distintos tipos de energía, y gran parte de la energía transmitida de un centro a otro es
indeseable, fluyendo de los centros situados abajo del diafragma a los de
arriba.
El cuerpo físico (etérico y denso)
puede ser comparado a una casa con dos instalaciones telefónicas, una trayendo
la energía desde afuera, la otra, de una habitación a otra como teléfono interno.
La analogía es mucho más exacta de lo que puede parecer al pensador casual. En
toda casa moderna se instala luz, agua, gas y teléfono. La luz simboliza el
alma, el agua las emociones, el intercambio telefónico la mente con su
intercomunicación de conocimientos, y el gas simboliza la naturaleza etérica.
Resulta interesante y penoso observar
que en la actualidad lo que sale de los hogares comunes son los residuos, lo
indeseable ésta es la analogía de la
triste y egoísta demanda para satisfacer las necesidades y deseos
personales.
Por lo tanto, habrán visto por qué he
señalado tan enfáticamente la necesidad de la inofensividad, pues es el
método científico por excelencia, hablando esotéricamente, de limpiar la casa y
purificar los centros. Esta práctica limpia los canales obstruidos y permite
la entrada de energías superiores.
Las causas emocionales de la
enfermedad y las actitudes mentales que producen enfermedad o malestar físico
son las que más prevalecen en esta época particular. Cuando persisten largo
tiempo y son llevadas vida tras vida, causan los aspectos más violentos de las
condiciones mencionadas y de ellas pueden surgir serias y destructivas
enfermedades que hacen necesaria, por ejemplo, la extracción de la vesícula
biliar o esas operaciones incidentales a la aparición de las úlceras gástricas
crónicas. Otras enfermedades provienen de la constante satisfacción de los
deseos, aunque las enfermedades sexuales son de otra categoría. Por lo
antedicho, puede verse cuán deseable es que el verdadero curador posea no solo
cierta medida de conocimiento esotérico sino que conozca -hasta llegar a ser un
iniciado- algo de psicología, parte del trabajo del curador magnético y al
mismo tiempo ser médico o cirujano entrenado.
Muchas de las curaciones realizadas
hasta ahora son más que inútiles, porque se carece de las tres condiciones
mencionadas. La mayor parte de los médicos, especialmente los denominados clínicos,
son buenos psicólogos y poseen también un sólido conocimiento de la
sintomatología, de la anatomía y las medidas curativas de que usualmente carece
el curador metafísico medio. Pero ignoran totalmente un gran campo de
conocimiento, el que concierne a las energías que se enfrentan y luchan dentro
de la estructura humana y las potencias que pueden ser puestas en movimiento si
ciertas verdades esotéricas son admitidas. Hasta que no trabajen con el cuerpo
etérico y estudien la ciencia de los centros no podrán progresar mucho. El
curador esotérico sabe mucho acerca de las fuerzas y energías internas y posee
cierta comprensión de las causas básicas de las enfermedades esotéricas, pero
es deplorable su ignorancia acerca del mecanismo del hombre, no llegando a
comprender dos cosas:
Primero, que la enfermedad es a veces
la aparición de ciertas condiciones subjetivas indeseables. Cuando éstas se
exteriorizan y son traídas a la superficie del cuerpo humano, pueden entonces
ser conocidas, tratadas y eliminadas. Es bueno recordar también que esta
aparición y eliminación puede llevar a la muerte a ese cuerpo. Pero el alma
continúa. Una vida breve significa muy poco en el extenso ciclo del alma, y se
considera valioso si un periodo de mala salud (aunque produzca la muerte)
elimina las erróneas condiciones emocionales y mentales.
Segundo, la enfermedad es a veces
parte incidental del proceso por el cual el alma abandona su morada. A esto le
llamamos muerte y puede venir rápida e inesperadamente cuando el alma se retira
súbitamente del cuerpo. O la muerte puede durar durante un largo período y el
alma demorar meses o años para su lento y gradual desprendimiento del cuerpo,
el cual agoniza lentamente.
Sin embargo los curadores no poseen
el suficiente conocimiento que les permita tratar con sabiduría estas
cuestiones. Debemos por lo tanto llegar a la conclusión de que:
1. La enfermedad es un proceso
purificador llevado a cabo para producir una expresión más pura, un aroma vital
y una influyente utilidad egoicas. Cuando esto sucede es posible la curación.
2. La enfermedad puede
constituir una muerte gradual y lenta y así liberar al alma. Entonces no será
posible la curación, no obstante son necesarias medidas paliativas y sedativas
y ciertamente deberán ser aplicadas. La duración de la vida puede prolongarse,
pero no es posible una curación permanente y definitiva. Esto no lo comprende
el curador mental común. Convierten a la muerte en algo horrible cuando en
realidad es una amiga benevolente.
3. La enfermedad puede ser el
súbito y final llamado para que el cuerpo renuncie al alma y la libere para
otro servicio.
En estos casos debe hacerse todo lo
posible desde el punto de vista de la moderna ciencia médica y quirúrgica y de
sus ciencias afines, tan numerosas hoy. También puede realizarse mucho desde el
ángulo de la curación mental y espiritual, con la ayuda de la ciencia de la
psicología. Algún día habrá mayor colaboración y una sintetización de sus
esfuerzos entre estos distintos campos.
Ya he señalado que el cuerpo astral
es el primer factor motivador en la vida de la mayoría. La causa de ello se
debe a que:
1. En este cuerpo están
concentrando su conciencia, en la actualidad, la mayoría de los seres humanos.
2. Es el más desarrollado de los
cuerpos actualmente, y por lo tanto recibe la mayor parte de la energía de
vida, al descender la corriente de la vida desde el alma, recibiendo
similarmente la energía proveniente de la corriente de la conciencia.
3. Está orientado, si así puedo
expresarlo, hacia afuera, o en el plano de experiencia física. Esa orientación
cambia a veces y, momentáneamente en el caso del aspirante, se dirige hacia
adentro. Así como los centros en el hombre, los “lotos de la vida”, están
representados como vueltos hacia abajo y los tallos hacia arriba en el hombre
no desarrollado, en el hombre desarrollado están vueltos hacia arriba, por eso
existen condiciones análogas en el cuerpo astral. En los casos de una persona
altamente evolucionada, de un iniciado o de un Maestro, el cuerpo astral está
constantemente orientado hacia el alma. En el místico, el aspirante y el
discípulo, el proceso de cambiar definidamente la dirección de las fuerzas
continúa adelante y produce, en consecuencia, un caos temporario.
4. El cuerpo astral del
individuo, siendo el último en desarrollarse (el físico y el etérico lo hacen
primero), es también el más vital y potente. Llegó a la culminación del
desarrollo en los últimos días atlantes. Su potencia es todavía muy grande,
constituyendo el potencial, el énfasis y la polarización de las masas. Esto también
aumenta debido a las energías provenientes del reino animal, cuya etapa de
realización es totalmente astral.
Recordaré aquí que el empleo de la
palabra “cuerpo” es muy engañosa e inadecuada. Produce en la conciencia la idea
de una forma definida y de una figura específica. El cuerpo astral es un
conglomerado de fuerzas que penetran en la conciencia en forma de deseos,
impulsos, anhelos, caprichos, determinaciones, incentivos y proyecciones,
sentando las bases para las verdades que contienen las enseñanzas de la
psicología moderna. Los psicólogos han descubierto (o mejor dicho desvelado) la
naturaleza de algunas de estas fuerzas, y su terminología a este respecto es
frecuentemente más esotérica y exacta que la de los teósofos y esoteristas ortodoxos.
Será conveniente que haga dos cosas.
Primeramente daré alguna información técnica en conexión con la penetración de
las fuerzas en el cuerpo físico, desde el plano astral, y luego explicaré los
efectos de esa penetración cuando adquiere la forma -debido a su erróneo empleo
por parte del hombre- de enfermedad, y los numerosos y variados desordenes a
los que el hombre está predispuesto. No nos interesa ahora su curación. Aquí
solamente erijo la estructura de los hechos en los cuales podremos basar más
adelante nuestras conclusiones. A este
respecto solo consideraremos al hombre común. Los problemas del discípulo
fueron establecidos en la primera parte, Punto 4.
Señalé anteriormente que los tres
tipos de enfermedades principales de las masas son:
1. La tuberculosis.
2. Las denominadas enfermedades
sociales; venéreas y sífilis.
3. El cáncer
A esto debemos agregar otros dos
tipos de enfermedades que afectan predominantemente a quienes se hallan un poco
más evolucionados que el hombre común, cuyo nivel general de inteligencia es
superior al de las masas, incluyendo también a los aspirantes del mundo.
4. las enfermedades del corazón,
pero no los denominados ataques al corazón
5. Las enfermedades nerviosas,
tan prevalecientes en la actualidad.
Estos cinco tipos de enfermedades y
sus variadas subdivisiones son responsables de la mayoría de los males físicos
que atacan a la humanidad. Un correcto entendimiento de sus preponderantes
causas será de gran ayuda para la medicina futura. En la actualidad no podemos
saber cuánto de lo expuesto se aceptará.
Quisiera
puntualizar aquí, que existen, como bien saben, analogías físicas de los siete
centros de fuerza situados en el cuerpo
etérico y nutridos desde el cuerpo astral. A estas las llamamos glándulas
endocrinas, las cuales son efectos de los centros o testimonian su existencia,
siendo a su vez causas iniciales de efectos menores en el cuerpo físico. Será
de valor clasificar algunas de las cosas que ya conocemos y facilitará la
comprensión.
Esta clasificación es simplemente un
delineamiento y, al igual que la clasificación de los principios y sus
analogías, tal como fue dada por H.P.B. en La Doctrina Secreta, Tomo
III, su interpretación dependerá del punto de vista del estudiante. La
emplearemos más adelante y agregaremos otras columnas y analogías. En todas
nuestras consideraciones, lo que diré tendrá como base la siguiente síntesis
estructural:
1. El alma.
2. Los cuerpos sutiles de la
mente y las emociones, que son simplemente centros de energía cualificada.
3. El cuerpo vital, con sus
siete centros mayores de fuerza.
4. El sistema endocrino, efecto
de los siete centros y factor determinante y controlador del cuerpo físico del
hombre.
5. El sistema nervioso en sus
tres divisiones.
6. La corriente sanguínea.
Todos los órganos subsidiarios del
hombre son efectos, no causas predisponentes. Las causas predisponentes en el
hombre y que hacen de él lo que es, son las glándulas, siendo exteriorizaciones
de los tipos de fuerza que afluyen a través de los centros etéricos desde los
mundos más sutiles del ser. Expresan el punto de evolución que el hombre ha
alcanzado; son vitales y activas o bien no vitales e inactivas, de acuerdo a la
condición de los centros. Demuestran supersuficiencia, suficiencia o
deficiencia, de acuerdo a la condición de los vértices etéricos.
El proceso de control también puede
ser establecido por el sistema nervioso; la estrecha dirección entrelazada del
sistema nervioso, el cerebro y la corriente sanguínea (como portadora del
principio vida) rigen las actividades del hombre, subconsciente, consciente,
autoconsciente y finalmente superconsciente. Los tres centros que ejercen hoy
un control absoluto sobre la mayoría de la gente son:
1. El centro ajna, el centro
entre las cejas.
2. El centro plexo solar.
3. El centro sacro.
Oportunamente, cuando el hombre “se
haya convertido en lo que es” (frase paradójica y esotérica), los centros de
control serán:
1. El centro coronario, el
brahmarandra.
2. El centro cardíaco.
3. El centro en la base de la
columna.
Entre el presente
y el futuro, el énfasis será puesto sobre una triplicidad que cambia
constantemente, y cada hombre diferirá de su semejante en lo que se refiere al
énfasis, las condiciones de sus centros, las analogías glandulares en el cuerpo
físico y, en conciencia, las enfermedades, dolencias, inhibiciones y
dificultades, que su carne recibirá como herencia. Es evidente por lo antedicho
que la tarea del médico y del psicólogo deben ir a la par. Los tres aspectos
más importantes de todo diagnóstico son:
1. El psicológico, o la medición de los
cuerpos internos del hombre desde el ángulo de su desarrollo, de su
integración y de la total coordinación de la personalidad, a medida que estos
aspectos sutiles del ser humano se expresan en la conciencia.
2. El trabajo del endocrinólogo, cuanto se ocupa de las glándulas
endocrinas, considerándolas como usinas de fuerza a través de las cuales la
energía -dinámica e iluminadora- puede afluir desde los centros.
3. El médico, que al tener en cuenta las
conclusiones a que han llegado los dos especialistas mencionados, diagnostica
la enfermedad y la trata en
colaboración con ellos.
Los tres pueden consultar a otros
expertos y especialistas en electroterapia, osteopatía y quiropráctica, pero
mediante la combinación del conocimiento que posee el médico, el psicólogo y
el endocrinólogo, la profesión médica puede expresarse en forma nueva y útil,
y entrar en la nueva era con un equipo apropiado para tratar a esas personas
que gradualmente asumirán nuevos tipos y un cambiante organismo físico. La
electricidad, en relación con los males humanos, es aún una ciencia que se
halla en la infancia, pero contiene en sí los gérmenes de las nuevas técnicas y
métodos de curación. El trabajo que efectúan los quiroprácticos es bueno y
necesario, pero debería constituir con la osteopatía una técnica definida,
subsidiaria de las otras tres. El trabajo de los quiroprácticos y de los
osteópatas forma las dos mitades de un todo, aunque no les guste reconocerlo a
quienes lo practican. El primer grupo necesita un entrenamiento cuidadoso y
prolongado, y debería exigírsele un alto nivel de conocimiento técnico.
La medicina está entrando lentamente
en una nueva faz útil. Una vez que la causa de la enfermedad sea trasladada de
un órgano o sistema corpóreo, a un reino más vital y sutil, veremos cambios
radicales y necesarios que conducirán a la simplificación y no a una mayor
dificultad y complejidad.
Por lo anteriormente dicho se verá
que la enfermedad penetra en el cuerpo físico desde el mundo invisible y por el
uso o mal uso que se hace de las fuerzas
sutiles en los planos internos. Debe recordarse que la enfermedad -tal como se
manifiesta en el hombre- puede considerarse generalmente que se debe a las
siguientes causas, y los estudiantes harían bien en tener esto muy cuidadosamente
en cuenta cuando reflexionan sobre estos tópicos.
1. La enfermedad individual,
debido a condiciones internas del propio equipo del hombre, a su estado mental
o a una condición emocional, heredada del pasado, que puede producir serios
males
2. La enfermedad inherente a la
humanidad en conjunto. Hay ciertas enfermedades a las cuales todos los hombres
están predispuestos; los gérmenes de estas enfermedades están latentes en los
vehículos físicos de la mayoría de ellos, sólo esperan condiciones
predisponentes para manifestarse, y podrían ser consideradas como enfermedades
grupales.
3. Enfermedades que,
curiosamente, son accidentales, estas las hereda el hombre cuando, por
ejemplo, sucumbe a algunos males infecciosos o contagiosos.
4. Enfermedades inherentes al
suelo. Sobre esto muy poco se conoce. El suelo de nuestra tierra es muy
antiguo, y está impregnado de gérmenes de enfermedades que cobran su derecho
de los reinos vegetal, animal y humano, manifestándose en forma diferente en
cada uno, pero básicamente se deben a las mismas causas.
5. Enfermedades que constituyen
dificultades resultantes del misticismo. Estos males peculiares y dolencias
atacan a los discípulos y aspirantes del mundo. En todos los casos pueden ser
achacados a la afluencia de energía a través de los centros, cuando no están
debidamente equipados ni adecuadamente desarrollados para manejar la fuerza.
Lo anterior es una generalización
que puede ser útil,
El método por el cual estas fuerzas
astrales (que como sabemos son preeminentemente las determinantes fuerzas de la
vida para la mayoría de los hombres en la actualidad) llegan a la manifestación,
es algo relativamente simple. En el vehículo astral de expresión existen, como
podrán darse cuenta, las analogías de los siete centros en el cuerpo etérico,
siendo esencialmente los siete puntos focales principales de fuerza, y cada uno
es la expresión de las siete energías de rayo. Antes que nada quisiera hacer
una aclaración sobre los centros que expresan estos siete tipos de rayo:
Centro Rayo Cualidad Origen
1. Centro de
la cabeza 1ro. La Voluntad divina Monádico
2. Centro ajna 7mo. Organización
Dirección Átmico
3. Centro cardiaco 2do. Amor-Sabiduría Amor grupal Búdico
4. Centro laríngeo 5to. Creatividad
Mental
5. Plexo solar 6to. Emoción.
Deseo Astral
6. Centro sacro 3ro. Reproducción
Etérico
7. Base de la columna 4to. Armonía. Unión a través
Físico
vertebral del conflicto
Nota: En
el cuarto reino, el humano, la energía de cuarto rayo en colaboración con el
primero, oportunamente produce la síntesis. Hay una estrecha relación entre el
centro más elevado (el coronario) y el que se halla en la base de la columna
vertebral. Este cuarto tipo de energía se expresa así en colaboración con el
primer tipo, porque todavía somos atlantes en nuestra polarización, y esa
civilización fue de acuerdo al orden, la cuarta. Constituye mayormente el trabajo
realizado por nuestra quinta civilización, la actual raza aria, que, en
colaboración con el quinto principio de la mente, traerá un cambio a un nivel
superior de conciencia, lo cual armonizará todos los centros por un acto de la
voluntad, intelectual e inteligentemente aplicada, con la finalidad de alcanzar
la armonía. Este punto merece ser reflexionado.
En el plano astral se hallará también
que en cada cuerpo astral hay siete correspondientes puntos focales a través de
los cuales entrará la energía, irradiándose en los centros vitales y en el cuerpo
físico etérico como siete tipos diferenciados de fuerza, los cuales producen
efectos buenos y malos, de acuerdo a la cualidad del negativo cuerpo físico
denso. Éstos difieren según el tipo de rayo o fuerza, y podría ser interesante
si indicara los efectos buenos y malos y las correspondientes enfermedades.
************************
Al estudiar esta clasificación deberían
recordar que es una generalización y sólo una enumeración parcial de tipos de
enfermedades que pueden ser el resultado de la afluencia de energía; está
destinada únicamente a sugerir, pues la complejidad del equipo humano y lo
intrincado de las energías de los rayos son tales, que no se puede aplicar una
regla común. Las fuerzas de rayo se manifiestan en forma diferente, de acuerdo
al tipo de rayo y grado de evolución. Por lo tanto, no contradicen las
clasificaciones anteriores, si se tiene en cuenta que cada ser humano es
básicamente una expresión de cinco fuerzas de rayo:
1. El rayo del alma.
2. El rayo de la personalidad.
3. El rayo que rige al cuerpo
mental.
4. El rayo que rige al equipo
astral.
5. El rayo de la naturaleza
física.
Cuando se trata de una persona común,
evidentemente será necesario presentar dos clasificaciones:
1. Se requeriría un análisis
positivo de las fuerzas astrales cuando expresan la personalidad.
2. Un análisis de las fuerzas
del alma cuando están débilmente expresadas. Un análisis negativo concerniente
a lo que no existe en el equipo, puede ser de poco valor.
También será necesario hacer un
análisis de las fuerzas que penetran en el cuerpo físico desde el plano astral,
recibidas directamente desde el alma, siendo por lo tanto, una combinación de
la fuerza del alma, más un tipo superior de energía astral. Esto sería una especie
de análisis sintético que sólo se lograría en el caso de un discípulo o un
iniciado. Entonces se tendrá oportunamente para cada persona:
1. Un análisis positivo de las
fuerzas de la personalidad, primordialmente de la fuerza astral, pues es la
que afluye predominantemente en los centros etéricos.
2. Un análisis negativo de esos
aspectos de la energía del alma que no están presentes.
3. Un análisis sintético, basado
sobre los dos anteriores, pero combinando también el registro de la expresión positiva
del alma.
En estas clasificaciones y
exposiciones he dado mucho material para reflexionar.
B. Deseo
Reprimido o Prevaleciente
Seria de valor aquí aclarar que una
de las primeras cosas que un estudiante debe recordar es que -para la mayoría
de los seres humanos, una inmensa mayoría las influencias e impulsos que emanan
del plano astral son factores predisponentes en todos los asuntos por los
cuales se interesa el individuo, aparte de esas condiciones que (impuestas por
el medio ambiente y el período en que vive) son para él inevitables. El plano
astral es un centro de emanante fuerza dinámica, que tiene efectos
fundamentalmente condicionantes, debido a la etapa de conciencia
individual que posee la mayoría. Los hombres son arrastrados por el impulso
del deseo, inferior o superior. Esto es lógicamente una amplia generalización,
pues esa básica condición es modificada constantemente por los impulsos que
provienen del plano mental, lo cual necesariamente complica el problema. Las
influencias que emanan del alma también se hacen presentes en forma apreciable,
complicando más el problema del ser humano avanzado. Esta “complicación” (si
así puedo denominarlo) difícilmente es comprendida por el estudiante en
relación con su propia condición física o la de aquel a quien está tratando de
ayudar.
A este respecto quisiera darles la tercera Ley
que rige el sagrado arte de curar.
Las
enfermedades son el efecto de la centralización básica de la energía vital del
hombre. Del plano en que dichas energías están enfocadas provienen esas
condiciones determinantes que producen la mala salud. En consecuencia, se
manifiestan como enfermedad o como buena salud.
Por lo tanto será evidente, que un cambio en
la atención interna (la actitud mental) del paciente puede producir y
producirá, la verdadera inmunidad a los males físicos, o una intensificación de
esas reacciones que producen malestar, enfermedad o muerte.
De las tres leyes que he dado y que
ahora deben considerar, surgen evidentemente los siguientes hechos, que
deberían constituir la base de sus reflexiones.
1. La enfermedad es el resultado
de la obstrucción de la libre afluencia de la vida del ALMA.
2. Es el producto, o resultado
de tres influencias:
a. Antiguos errores,
provenientes del pasado de las personas implicadas.
b. Taras humanas, que se heredan
por ser miembro de la familia humana.
c. Mal planetario, impuesto a
todas las formas de la tierra por la condición básica y el factor tiempo.
3. Está condicionada por las
fuerzas que emanan del plano en que la conciencia del hombre se halla
primordialmente centrada.
A lo antedicho se debería agregar
otro hecho ya mencionado, que:
4. Hay cinco grupos principales
de enfermedades, con sus dolencias afines y enfermedades subsidiarias.
a. Tuberculosis.
b. Enfermedades sifilíticas.
c. Cáncer.
d. Dificultades cardíacas.
e. Enfermedades nerviosas.
No agrupo lo que estoy diciendo, en
dificultades orgánicas y funcionales, ni me refiero a los males inducidos por
epidemias o accidentes, hago alusión a esas taras básicas o predisposiciones
que constituyen la dudosa herencia de toda la humanidad y a esas dificultades
incidentales a las etapas del desarrollo evolutivo, características de quienes
se hallan en las etapas más avanzadas del Sendero. Se observará también que el
hombre viene a la encarnación con la heredada predisposición a enfermedades,
provenientes de:
1. Su propio pasado, cuyos
efectos, por ejemplo, son el resultado de causas iniciadas en anteriores
encarnaciones.
2. La herencia racial general de
la humanidad.
3. Las condiciones de la vida planetaria.
Estas últimas llevan el problema más allá de la comprensión del hombre común.
El ser humano también está
predispuesto a perturbaciones si ha logrado (como resultado de una larga
historia evolutiva) despertar en cierta medida, por ínfima que sea, los
centros ubicados arriba del diafragma. En el momento en que esto ocurre, queda
sujeto, durante un largo ciclo de vidas, a las dificultades vinculadas con el
corazón o el sistema nervioso, en sus distintas ramificaciones. Con frecuencia
un ser humano avanzado, tal como un aspirante o discípulo, puede haberse
liberado de las taras heredadas, pero sucumbirá a los desarreglos cardíacos, a
los desórdenes nerviosos, al desequilibrio mental y a la excesiva
estimulación.Ocasionalmente se las clasifica como “las enfermedades de los
místicos”:
Quisiera aclarar que no intento
entrar en el terreno de la discusión psicológica, elaborar los síntomas de la
enfermedad u ocuparme de las lesiones, las condiciones patológicas y los
detalles angustiosos que acompañan al colapso de cualquier organismo humano.
No voy a escribir un tratado de anatomía ni de las diversas ciencias que han
surgido del estudio del mecanismo del ser humano, vinculadas como lo están, al
armazón y a la estructura, a los órganos, nervios, tejido cerebral y sistemas
interrelacionados que componen esa intrincada maquinaria del cuerpo humano. En
lo que respecta a la ciencia esotérica, dos cosas me detendrían.
1. Todo el tema está
maravillosamente tratado en los innumerables libros que encierran la
literatura de la medicina y de la cirugía. Poco podría agregar que fuera en
beneficio de una exposición como esta.
2. Quienes lean mis palabras, no
están, salvo pocas excepciones, versados en la construcción y constitución del
cuerpo humano; los detalles patológicos, la descripción de las enfermedades y
los variados síntomas desagradables de la degeneración humana. Constituyen una
lectura malsana para el ser humano común. El poco Conocimiento sobre estas
líneas puede ser muy peligroso.
Trataré primeramente las causas, las
fuentes internas donde se originan las enfermedades y los estados de conciencia
(no me refiero únicamente a los estados mentales) que inducen a un mal
funcionamiento y oportunamente a malas condiciones
El problema del curador, por lo tanto,
es doble: Primero, debe saber si la dificultad reside arriba o abajo del
diafragma, llevándolo definitivamente al reino de lo oculto como también al
del conocimiento psicológico. Segundo, debe captar con claridad el énfasis
interno del paciente; esto último ayudará a diagnosticar el primero.
Lo antedicho me lleva a formular la
tercera Regla para el Curador.
El curador
debe entrenarse a fin de conocer el nivel interno de los pensamientos y deseos
de quien busca su ayuda. Así podrá conocer la fuente de donde proviene la
dolencia. Debe relacionar la causa y el efecto y conocer el punto exacto por el
cual debe llegar el alivio.
Quisiera llamar la atención sobre
estas últimas palabras, acentuando el hecho de que la enfermedad constituye primeramente
un esfuerzo por parte del cuerpo físico natural que busca alivio y liberación
de las presiones internas, inhibiciones subjetivas y retenciones ocultas. Ante
todo, desde el punto de vista esotérico, toda enfermedad física es el resultado
de:
1. Erróneo estímulo, o
sobreestímulo, o estímulo mal aplicado y tensiones internas en alguna parte del
mecanismo.
2. Inhibiciones, inanición
psíquica, y esas fuerzas subjetivas acumuladas que detienen la afluencia de
las fuerzas de la vida.
Asimismo se observará que (en el
campo de la salud) todos los problemas se resuelven mediante el correcto empleo
y manejo de la fuerza, a fin de que se efectúe la libre afluencia de energía.
Surgen inevitablemente las siguientes
preguntas: ¿De dónde vienen esas taras heredadas? ¿Es posible llegar hasta sus
fuentes? El problema del pasado y los actuales efectos de ese pasado es tan
vasto para considerarlo, que ninguna explicación respecto a la situación
ayudaría a la humanidad. Sin embargo
puede hacerse una generalización, aunque quizás, poco llegarían a comprender.
De las tres enfermedades principales
heredadas del pasado podría decirse que la sífilis, o las denominadas
enfermedades sociales, son remanentes de los excesos de la época lemuria,
siendo de tan antiguo origen que hasta la misma tierra está saturada de los
gérmenes de estas enfermedades, hecho totalmente desconocido por la ciencia
moderna. En el transcurso de las épocas los hombres han sufrido esa serie de
infecciones, y millones murieron y fueron enterrados, contribuyendo con su
cuota infecciosa a la tierra. En la época lemuria, el énfasis de la fuerza
vital fue puesto sobre el cuerpo físico, su desarrollo, empleo y control y
también sobre su perpetuación o reproducción. En ese entonces se iniciaron las
dificultades vinculadas con el abuso de la vida sexual; esto fue, en sentido
peculiar, el mal esencial primitivo, y este hecho es mencionado en las
antiguas leyendas e insinuaciones halladas en los anales y escritos más
remotos. Existen muchos testimonios mal interpretados al respecto, y cuando los
hombres puedan leer los anales con más exactitud e interpretarlos más
correctamente, hallarán el camino de salida, pues verán con más claridad las
causas subyacentes.
El cáncer es un legado de la
humanidad atlante al hombre moderno, y el flagelo de esta enfermedad fue el
principal factor que devastó a los habitantes de la antigua Atlántida. Las
raíces de este terrible mal están profundamente asentadas en la naturaleza emocional
o de deseo, y cimentadas en el cuerpo astral. El cáncer es parcialmente el
resultado de la reacción a las enfermedades relacionadas con la vida
sexual, que tanto prevaleció en los últimos días de lemuria y primeros días
atlantes. La gente de tales épocas, viendo los pavorosos males y la extensión
de las enfermedades surgidas de la fértil vida en Lemuria, resultado de la
promiscua vida sexual en todas partes, a fin de lograr la autopreservación
detuvieron la afluencia natural del deseo (la
afluencia de vida cuando se
expresa a través de los centros de reproducción y procreación), y esto a su
debido tiempo produjo otros males. El cáncer primordialmente es una enfermedad
producida por la inhibición, así como las enfermedades sifilíticas son causadas
por la superexpresión y el excesivo abuso de un aspecto del mecanismo del
hombre.
Hoy, debido a la enorme extensión del
tiempo involucrado y a las incalculables generaciones que han muerto
sobre la tierra, los gérmenes (así llamados por el pensador ignorante) de la
temida enfermedad del cáncer, se hallan en el mismo suelo en que vivimos,
infectando al reino vegetal y también a la familia humana. En el reino mineral
existe una analogía de las dolencias sifilíticas del hombre.
La tuberculosis, que prevaleció en
forma devastadora en cierto período de la época atlante, es sin embargo una
enfermedad que ha sido generada principalmente en nuestra raza aria, y la
estamos trasmitiendo al reino animal y compartiéndola con él. Esto ya comienza
a ser comprendido. Sin embargo, tan estrecha es la relación entre hombres y
animales (particularmente los animales domésticos) que prácticamente comparten
hoy con el hombre todas sus dolencias, en una u otra forma, aunque a veces no
se lo reconozca. En forma curiosa la causa de este gran azote blanco reside en
que el énfasis de la vida se ha cambiado de la naturaleza emocional a la
naturaleza mental, produciendo una temporaria inanición de la naturaleza
emocional. Constituye en su mayor parte una enfermedad que proviene por
agotamiento. El cáncer a su vez se debió similarmente al cambio de la fuerza
vital del cuerpo físico a la naturaleza emocional, produciendo un excesivo
desarrollo de la vida celular mediante el sobreestímulo. Comprendo que es
difícil captar estas afirmaciones. Sólo puedo dar sugerencias que no han sido
corroboradas. Sólo descubrimientos posteriores podrán comprobar la verdad de
ellas. A continuación clasificaré las conclusiones siguientes:
Sífilis Lemuria Físico Mineral Órganos
sexuales.
Centro sacro.
Cáncer Atlante Astral Vegetal Plexo solar.
Tuberculosis Aria
Mental Animal Aparato respiratorio
Centro
laríngeo.
Respecto a los centros mencionados en
la clasificación, me refiero al centro para la distribución de la fuerza vital,
donde se hallará el punto de énfasis de las masas. Por lo antedicho resultará
evidente dónde se pondrá actualmente el énfasis de la posible cura. Hemos aprendido cómo curar la tuberculosis, porque
fue la última que apareció y por lo tanto es la menos arraigada de las tres enfermedades
principales heredadas por el hombre moderno. Se descubrió (cuando la mente fue
aplicada inteligentemente al problema) que los rayos del sol y la buena
alimentación podrían curar o por lo menos detener la enfermedad. Este es un
interesante dato en el campo de la analogía esotérica, que así como podemos
confiar en que la luz del alma, cuando afluye a la mente, resuelve cualquier
problema, así también la luz del sol y sus rayos profilácticos pueden disipar
los terribles síntomas de la tuberculosis.
Análogamente, cuando la raza haya
logrado un correcto control emocional, desaparecerá gradualmente el
fenómeno del cáncer. Dije correcto control emocional; la inhibición y la
represión de los impulsos del deseo, por la fuerza de la voluntad, no
es correcto control. Es interesante observar que aunque tanto los hombres como
las mujeres sufren de cáncer, la causa general no es idéntica, pero sí
lo es la causa básica (la reacción por una excesiva expresión de la vida sexual
mediante el desarrollo de la naturaleza de deseo). Debido a los riesgos que
corren las mujeres durante el embarazo por haber dirigido el énfasis de la vida
al aspecto sexual de la misma, se han rebelado en gran escala (como hicieron
los atlantes) contra este tipo de expresión de vida, y en esta línea -el sexo- se hallan sus principales inhibiciones.
Ellas no sufren tanto la inhibición de la expresión emoción-deseo-sentimiento,
pero sí el hombre, y tiene una tradición o marcada tendencia a poseer mejor
control emocional que las mujeres en el manejo de la vida. Los hombres no
requieren ni adquieren un control tan marcado del sexo. El campo de su
tendencia vital inhibida es, por lo tanto, de mayor extensión y en consecuencia
(si se puede confiar en las estadísticas) más hombres que mujeres sufren de
cáncer, aunque todos le temen a esta terrible enfermedad.
En la correcta transmutación
reside el secreto de la cura del cáncer, y con el tiempo esto será comprendido.
Empleo esta frase no sólo simbólicamente sino también técnica y científicamente.
Esto se verá más adelante. El secreto que oculta el correcto vivir
rítmico y la correcta proporción del énfasis puesto sobre todas las fases de la
vida, traerá (y llegará rápidamente) la total inmunidad a la tuberculosis. El
secreto que oculta la correcta comprensión de los tiempos y ciclos
y de la periódica procreación creadora, hará que la raza se libere de los males
que acarrean las enfermedades sociales.
Evidentemente, las enfermedades
sifilíticas serán las últimas en desaparecer, así como fueron las primeras en
devastar la raza. La tuberculosis va desapareciendo. Los especialistas centran
ahora su atención en la cura del cáncer
Quisiera agregar uno o dos comentarios que
serán de interés general o mejor dicho moderno. Señalé que las taras a que la
humanidad está propensa se encuentran en el suelo y ello se debe en gran parte
a los millones de cadáveres enterrados en el transcurso de las épocas. Cuando
se divulgue acrecentadamente el proceso de la cremación, tal situación
mejorará constantemente. En forma gradual, muy gradualmente, la tara
desaparecerá. Por lo tanto es altamente recomendable que se haga la mayor
propaganda posible para emplear el método de
disponer de los descartados vehículos físicos de las almas que
desencarnan. A medida que la tierra esté menos contaminada y se establezca
contacto con el alma, tendremos la esperanza de ver decrecer el número de los
que sucumben a las taras heredadas. En forma muy curiosa, los baños de mar
tienen un efecto definido en la sanidad del cuerpo físico. El agua,
incidentalmente absorbida por la piel y la boca, tiene un efecto vitalmente
profiláctico.
Uno de los mayores problemas para los
psicólogos actualmente, y en menor medida para los médicos, es el aumento de la
homosexualidad, tanto femenina como masculina. Sendos argumentos son
presentados a fin de probar que este anormal desarrollo (y el consiguiente
interés en esta morbosa tendencia) se debe a que la raza se está convirtiendo
lentamente en andrógina y que va apareciendo gradualmente el futuro hombre o
mujer hermafroditas. Esto tampoco es verdad. La homosexualidad es lo que
podría llamarse un “residuo” de los excesos sexuales de la época lemuria, si
se quiere es una tara heredada. Los egos que se individualizaron y encarnaron
en ese vasto período, son los que hoy demuestran tendencias homosexuales. En
esos días, el apetito sexual era tan apremiante que el proceso normal de las
relaciones sexuales no satisfizo el insaciable deseo del hombre avanzado
de ese período. La fuerza del alma, que afluyó por medio del proceso de la
individualización, sirvió para estimular los centros inferiores, por eso se
practicaron métodos ilícitos. Un gran número de quienes entonces los
practicaban, se hallan hoy encarnados y los antiguos hábitos son demasiado poderosos
para ellos. No obstante han avanzado bastante en el sendero evolutivo, de allí
que sea posible su curación en esta época si así lo desean. Con relativa
facilidad pueden transferir el impulso sexual al centro laríngeo, y entonces
llegar a ser creadores en el sentido más elevado, empleando la energía sentida y circulante, correcta y
constructivamente. Muchos de ellos comienzan ya automáticamente a hacerlo. Por
otra parte es bien sabido que entre los así llamados tipos artísticos, la
homosexualidad es muy prevaleciente. Digo “así llamados”, porque el verdadero
artista creador no es víctima de estos antiguos y predisponentes malos
hábitos.
Podría puntualizar aquí que la
homosexualidad es de tres tipos:
1. El resultado de antiguos
malos hábitos, siendo hoy la principal causa, e indica:
a. Individualización en este
planeta, pues lo que se han individualizado en la cadena lunar, no son
susceptibles de estas peligrosas características.
b. Una etapa relativamente
avanzada en el sendero de evolución, adquirida por los egos de la Lemuria que
sucumbieron a este deseo y satisfacción.
c. El consiguiente estudio de la
magia sexual, más un constante e insaciable impulso sexual y físico.
2. Homosexualidad imitativa. Un
sinnúmero de personas que perteneciendo a todas las clases sociales, imitaron
a los de clases mejores (si puedo emplear un término tan paradójico) y adquirieron
malos hábitos en las relaciones sexuales, que de otra manera no lo hubieran
hecho. Ésta es una de las prevalecientes razones por las cuales hoy abunda
entre muchos hombres y mujeres, basándose en una imaginación muy activa, además
de una poderosa naturaleza física o sexual, y una lasciva curiosidad. Digo esto
después de un cuidadoso estudio. Esto justifica el gran número de sodomitas y
lesbianas.
3. Son pocos y muy raros los
casos de hermafrodismo. Estas personas combinan en sí ambos aspectos de la
vida sexual, creándoseles un verdadero problema, el cual se agrava grandemente
por la ignorancia y la negación humanas de encarar los hechos, por la temprana
y errónea educación y por una difundida
incomprensión. Existen pocos casos, pues su número, en relación con la
población mundial, es todavía insignificante. El hecho de que existan,
constituye algo de real interés para la profesión médica y un tema que
despierta la piedad y la conmiseración del humanista y la comprensión del
psicólogo, pues se hallan ante una difícil situación.
Me he extendido sobre este tópico,
porque es útil que conozcan tales hechos, y la información les será de valor.
Arroja luz sobre ese problema que un acrecentado número de personas debe encarar.
Los psicólogos, los trabajadores sociales, los médicos y todos los que se
ocupan del entrenamiento grupal, afrontan constantemente este problema, y es
justo que se establezca una diferencia entre los tipos a considerar,
clarificando la cuestión.
El problema del Sexo. Tratado sobre Siete Rayos, T.I,
págs 217-244.
En estas instrucciones hallarán
muchas insinuaciones que, aunque no puedan ser clasificadas en forma definida
como instrucciones para la curación, caben en esta categoría porque
proporcionaran una comprensión más eficiente a quienes las lean.
Observarán por lo antedicho que esta tara,
como era de esperar, tiene sus raíces en el cuerpo astral, sensorial o de
sensación, razón por la cual la he incluido. Sería interesante analizar si
estas variadas y bien conocidas dificultades, enfermedades y dolencias,
pudieran ser clasificadas de acuerdo a sus impulsos originantes. Muy pocas son
de origen mental a pesar de todo lo que diga contrariamente la Ciencia
Cristiana o la Ciencia Mental; quizás debería decir que se basan en el erróneo
pensar humano, aunque el mal puede ser agravado e intensificado por los malos
pensamientos Gran parte o quizás la mayoría de las dolencias que el hombre común sufre, están
basadas en causas astrales o en un deseo claramente definido. Un deseo
formulado, halla expresión en alguna forma de actividad. De ellas, la
homosexualidad es la más fácil de definir. Las demás enfermedades que la
humanidad ha heredado no son tan fáciles de aclarar ni de definir. El hombre o
la mujer son víctimas, pero la causa de la enfermedad o la dificultad (física o
sicológica) se oculta en el lejano pasado, que la víctima (debido a su limitado
conocimiento) es incapaz de investigar, ni tampoco puede llegar a la causa que
produce el efecto. Lo que podrá afirmarse es que, con toda probabilidad, el
deseo fue el impulso iniciador. Lo que los seres humanos son hoy, y lo que
sufren, es el resultado de su lejano pasado, y el pasado presupone largos y
arraigados hábitos. Dichos hábitos inevitablemente son el resultado de uno de
los dos factores siguientes:
1. El deseo, que domina y
controla la acción,
2. el control mental que
sustituye al deseo, mediante una campaña planeada, contraría en muchos casos al
deseo normalmente sentido y definido.
Por lo antedicho, quisiera que capten
la importancia del cuerpo sensorio emocional y su poder para iniciar esas
causas secundarias que en esta vida se manifiestan como enfermedad.
Consecuentemente se evidencia que he
puesto el énfasis sobre el cuerpo astral como promotor de las condiciones
físicas erróneas y la necesidad de que el paciente posea un conocimiento y
control astrales, si quiere superar la enfermedad. ¿Podrán entenderme si digo
que la verdadera superación consiste en aceptar el Camino de la Muerte como
solución, si viniera en forma natural, o por la curación, si se han agotado las
causas de los impulsos iniciales? Reflexionen sobre esto.
En lo antedicho y en conexión con lo
expresado sobre la homosexualidad, también he considerado el deseo
prevaleciente o reprimido, pero sólo en términos generales y en amplios
delineamientos. ¿Me interpretan si les digo que cuando se reprime el deseo
(como lo hacen muchos aspirantes hoy) todo tipo de enfermedades resulta posible -cáncer, congestión pulmonar
y ciertos malestares del hígado- como también la temible tuberculosis? Las
enfermedades producidas por la inhibición son numerosas y serias, como podrán
ver por la anterior enumeración. Debería tenerse en cuenta que cuando prevalece
el deseo incontrolado y no se lo reprime, aparecerán enfermedades tales como
los desórdenes sifilíticos, la homosexualidad, inflamaciones y fiebres. De
acuerdo con el temperamento así serán los tipos de enfermedad, pues el
temperamento depende de la cualidad del rayo. Según el rayo a que pertenece una
persona, será la predisposición a ciertos desórdenes. Es exacta la básica
diferenciación de los seres humanos en dos tipos principales, extrovertidos e
introvertidos, que hacen los sicólogos. Ambos tipos producen su propia
categoría de enfermedad, demostrada como mala salud, debido a la excesiva
expresión o inhibición.
He considerado el segundo punto,
titulado la curación de las enfermedades que surgen de la naturaleza emocional
o de deseos. El primer punto tratado fue la emoción incontrolada. Recordaré que
había estipulado considerar sólo los males a que está propensa la humanidad
avanzada, los aspirantes y discípulos de todos los grados. No me ocuparé (en
este breve tratado) de toda la gama de enfermedades que afectan a la humanidad
en el transcurso de las edades. Cuanto más avanzado esté el aspirante, habrá
mayor probabilidad de que la enfermedad que sufre se agrave y manifieste más
poderosamente, a causa de la afluencia, en mayor o menor grado, de la fuerza estimuladora del
alma. Incidentales a los cinco grupos principales de enfermedades a que me
referí anteriormente y actuando en conexión con ellos en la estructura humana,
existe un conjunto de síntomas denominados superficialmente: fiebres, tumores,
zonas congestionadas, más la debilidad general y la autointoxicación, que están
detrás de tantos síntomas. Quisiera recordarles esto y que tengan siempre
presente que sólo estoy generalizando, pero que esta generalización es básica y
por lo tanto de importancia.
C. Enfermedades Producidas por la
Preocupación e Irritabilidad.
El tercer tipo de dolencias que
surgen del cuerpo emocional o astral se sintetizan esotéricamente con el
término: enfermedad por la irritabilidad. Estos son los insidiosos venenos que
acechan detrás del fenómeno de la enfermedad. Podría decirse que todas las enfermedades
pueden incluirse en dos definiciones, desde el punto de vista esotérico.
1. Enfermedades producidas por
la autointoxicación, siendo las más generales.
2. Enfermedades producidas por
la irritabilidad, siendo muy comunes entre los discípulos.
Mucho se habla hoy de la propia intoxicación y se
realizan grandes esfuerzos para curarla con regímenes alimentarios y regulación
de la vida en lo que respecta a vivir rítmicamente. Todo esto es bueno y de
ayuda, pero no constituye una cura básica como sus promotores nos quieren hacer
creer. La irritabilidad es una dolencia básica sicológica y tiene sus raíces en
la intensificación del cuerpo astral que definidamente produce efectos
anormales en el sistema nervioso. Es una enfermedad causada por el propio
interés, autosuficiencia o propia satisfacción. Aquí también diría que
reflexionen sobre estos términos porque los tres aspectos de la irritabilidad
deben ser descubiertos por cada uno. Por lo tanto me ocuparé de la
irritabilidad, o de “la peligrosidad”, según lo denominan los exponentes de
primer rayo, tal como el Maestro M.
Casi he terminado nuestra primera
sección sobre las Causas Sicológicas de la Enfermedad y he considerado breve,
aunque creo sugestivamente esos problemas que surgen de la superactividad y
condiciones erróneas del cuerpo astral. Todo lo que puedo hacer en este conciso
tratado es generalizar, porque la mayor parte de las declaraciones que he hecho
son en cualquier caso tan nuevas y revolucionarias (desde el punto de vista de
la medicina ortodoxa) que pasará aún mucho tiempo para que este primer conjunto
interno de ideas y la formulación más o menos nueva de la verdad, haga impacto
sobre los pensadores de la raza. Pero si son aceptadas como posibilidades
hipotéticas por los de mente abierta, pasará un extenso período antes de que se
hagan las suficientes investigaciones conducentes a conclusiones definidamente
formuladas, que harán que las ideas sean reconocidas y empleadas en forma
popular. Al decir esto no critico a la profesión médica. El especialista
ambicioso y el charlatán son raros, pero por supuesto existen, así como también
el inescrupuloso e indeseable, en cada profesión. ¿Dónde no existen? Los de
mente estrecha son muchos; mas, repito, ¿dónde no se los encuentra? Los
precursores en estas nuevas corrientes de pensamiento y el hombre que ha
captado alguno de los conceptos de la nueva era, poseen a menudo mentalidades
estrechas y sólo ven las nuevas modalidades, modos, métodos, y arrojan por la
borda todo lo antiguo, perdiendo mucho con ello. La profesión médica tiene uno
de los antecedentes más grandes y más hermosos del mundo acerca de su propósito
y campo de actividad, y ha desarrollado una de las más grandes cualidades del
alma, autosacrificio, compasión y servicio. Pero los métodos y las técnicas de
la nueva era son difíciles de captar. Gran parte de los antiguos métodos deben
ser abandonados y sacrificados antes de que el nuevo arte de curar sea posible.
Hasta que no sea apropiadamente
comprendida la realidad de los cuerpos sutiles, por los pensadores del mundo, y
se establezca su existencia mediante la recta y verdadera ciencia de la
sicología y el desarrollo de la facultad clarividente, trazar las causas de la
enfermedad, retrospectivamente hasta los cuerpos sutiles, no tiene ningún
significado. La mejor reacción que el médico de mente abierta puede (digo puede, no debe) producir
o admitir, es que la actitud sicológica, el estado mental y la condición
emocional del paciente ayudan u obstaculizan. La mayoría ya lo acepta y esto en
sí es mucho.
Por lo tanto, cuando digo que el
cáncer, por ejemplo, tiene sus raíces en una condición astral y que comenzó su
carrera en tiempos atlantes, significa muy poco para el hombre común de hoy.
No comprende que un gran número de personas poseen conciencia atlante en la
actualidad.
Quisiera tratar brevemente la
causa más común de las perturbaciones: preocupación e irritabilidad. Hoy
predominan más que nunca y por las razones siguientes:
1. La situación mundial es tal,
y los problemas y la incertidumbre son tantos, que casi ninguna persona en el
mundo está exenta de ellos. Más o menos todos están implicados en la situación
planetaria.
2. La intercomunicación entre
los pueblos ha aumentado mucho y los hombres viven en grupos colectivos
-grandes o pequeños- que inevitablemente producen un efecto mutuo como no ha
sucedido anteriormente, “Si un miembro sufre, todos los demás sufren con él”,
es una enunciación de la verdad, antigua pero nueva en aplicación, y reconocida
por primera vez.
3. La acrecentada sensibilidad
del mecanismo humano es de tal naturaleza, que los hombres sintonizan
recíprocamente sus condiciones emocionales y actitudes mentales en una forma
más nueva y poderosa. A sus propias
absorbentes incumbencias y preocupaciones agregan las de sus semejantes, con
quienes están relacionados.
4. Telepáticamente y también con
un desarrollado sentido de previsión, hoy los hombres suman a las dificultades
de otros o de algún grupo de pensadores o de personas, las dificultades que
pudieran existir, aunque no están seguros de que existan.
Dichos problemas demostrarán cuán
intensamente difícil es para el hombre encarar la vida. Será obvio que los
problemas de la preocupación e irritabilidad (llamados por el Maestro Morya
“peligrosidad”) son numerosos y deben ser considerados.
¿Por qué las dificultades del cuerpo
astral son tan “peligrosas” y tan serias? La preocupación y la irritabilidad son
peligrosas porque:
1. Reducen la vitalidad del
hombre a tal grado que llega a ser susceptible a la enfermedad. El azote de la
influenza tiene sus raíces en el temor y la preocupación, y cuando el mundo
logre liberarse de la “temible” condición actual, veremos desaparecer la
enfermedad.
2. Son tan infecciosas desde el
punto de vista astral, que hacen descender la presión atmosférica astral,
haciendo que sea difícil a las personas, astralmente, respirar libremente.
3. El temor, la preocupación y
la irritabilidad astrales están tan difundidos hoy que podrían considerarse
epidémicos, en sentido planetario.
4. La irritabilidad (no hablo
aquí de la preocupación) tiene efectos inflamatorios -y la inflamación es
insoportable- y conduce a muchas dificultades. Es interesante observar que
ciertas dolencias de los ojos se deben a esto.
5. La preocupación y la
irritabilidad obstaculizan la verdadera Visión. Tapan la vista. El hombre,
víctima de estas condiciones, sólo ve la causa de sus dolencias, estando tan
absorbido en la propia conmiseración y consideración o por una condición
negativa enfocada, que restringe su visión y obstaculiza a su grupo. Recuerden
que existe tanto el egoísmo grupal como el individual,
He dado suficientes razones respecto
a los efectos de la preocupación y la irritabilidad para demostrar la amplitud
de la dificultad. De nada sirve en la actualidad hablar del remedio. Al que
sufre de influenza (cuando la enfermedad se halla en su mayor virulencia) no se
le dice “no tiene nada, no se preocupe”, “levántese y atienda sus cosas”.
Tampoco de nada sirve decirle “no tema”, “deje de preocuparse, pues todo saldrá
bien”. Lógicamente no lo creerá, y eso está bien, pues en realidad es así. Las
cosas no están bien, y la humanidad y la vida planetaria tampoco lo están. Esto
lo sabe la Jerarquía, la cual trabaja para aliviar las condiciones. Cuando el
azote de la “influenza planetaria” termine (y el paciente no muera), entonces
se realizará la investigación y el esfuerzo que evitará su repetición. En la
actualidad todo lo que debe hacerse es mantener al paciente tranquilo y la
fiebre baja. Tal es el trabajo del Nuevo Grupo de Servidores del Mundo y de
los hombres inteligentes de buena voluntad, los cuales son legión.
2. CAUSAS QUE SE INICIAN EN EL CUERPO ETÉRICO
Sería prudente recordar que no voy a
tratar aquí esas causas que, produciendo efectos en el cuerpo físico, se
inician en la mente o en el cuerpo
astral. Necesariamente pasan a través del cuerpo etérico. El cuerpo etérico es
un transmisor de todas las energías al cuerpo físico, y todo tipo de fuerza pasa a través de él y
va a distintas partes de la forma física, produciendo resultados buenos y
malos, negativos o positivos, según el caso. Este es un hecho aceptado.
Considero aquí las enfermedades, los problemas y las dificultades físicas que
surgen del cuerpo etérico mismo y se manifiestan en relación con el cuerpo
físico. Esto es muy común y usual. Es esencial que se mantengan estas dos
líneas de fuerza-actividad claramente diferenciadas en la mente. Ambas pasan a
través del cuerpo etérico o provienen de éste, yendo al cuerpo físico, pero
sólo una de ellas se origina en las dificultades que tienen origen etérico o
que concierne a ellas.
El cuerpo etérico está compuesto
totalmente de líneas de fuerza y de puntos donde esas líneas se cruzan,
formando al cruzarse centros de energía. Donde tales líneas de fuerza se
entrecruzan, tenemos un mayor centro de energía, y donde grandes corrientes de
energía se encuentran y cruzan como lo hacen en la cabeza y a lo largo de la
columna vertebral, tenemos siete centros principales. Hay siete como éstos,
además de veintiún centros menores y cuarenta y nueve centros más pequeños,
conocidos por los esoteristas. Sin embargo, nos limitaremos esta vez a todo el
cuerpo etérico y a los siete centros principales. Quizás les interese saber
dónde se hallan los veintiún centros menores, y pueden ser localizados en los
siguientes lugares:
Dos de ellos delante de los oídos,
donde se unen los huesos de la mandíbula.
Otros dos están exactamente encima de
los dos senos.
Uno donde se unen los
huesos pectorales, cerca de la glándula tiroides. Éste, conjuntamente con los
centros de los senos, forma un triángulo de fuerza.
Uno en cada palma de las manos.
Uno en cada planta de los pies.
Uno detrás de cada ojo.
Dos también conectados a las gónadas.
Uno cerca del hígado.
Uno vinculado al estómago,
por lo tanto relacionado con el plexo solar, pero no es similar a éste.
Dos vinculados al bazo.
Éstos forman en realidad un centro, formado por los dos superpuestos.
Uno detrás de cada rodilla.
Un poderoso centro está estrechamente
relacionado con el nervio vago. Este es muy potente y está considerado por
algunas escuelas de ocultismo como un
centro mayor; no se halla en la columna vertebral, sino cerca de la glándula
timo.
Otro cerca del plexo solar,
y relaciona a éste con el centro en la base de la columna vertebral, formando
así un triángulo con el centro sacro, el centro plexo solar y el de la base de
la columna vertebral
Los dos triángulos referidos en esta
clasificación son de real importancia. Uno está arriba y el otro abajo del
diafragma.
Lógicamente se evidencia que cuando
hay libre afluencia de fuerza a través del cuerpo etérico al físico denso,
habrá menor posibilidad de enfermedad o dolencia. Sin embargo puede acrecentarse
la tendencia a las dificultades debido a la sobrestimulación y a la
consiguiente hiperactividad del sistema nervioso, con todos sus problemas.
Estas fuerzas que tratan de entrar en el vehículo denso son emanaciones provenientes
de tres direcciones (si puedo usar tal término):
1. De los vehículos de la
personalidad: los cuerpos astral y mental.
2. Del alma, si se ha
establecido contacto, reconocido o no.
3. Del mundo circundante, para
el cual los vehículos del alma y de la personalidad han servido de “puertas de
entrada”. Incidentalmente, en conexión con esta última frase, deseo llamar la
atención sobre una posible relación entre esas “puertas de entrada” y la frase
“portal de iniciación”
En el caso donde estos centros, a
través de los cuales afluye la energía proveniente de esas fuentes de reserva,
están pasivos, aletargados o sólo funcionando parcial o muy lentamente (en lo
que concierne a su ritmo vibratorio) entonces se producirá una condición de
bloqueo. Esto congestiona el vehículo etérico con las consiguiente y
subsiguiente dificultades en el funcionamiento del cuerpo físico. Una de las
más comunes es la congestión de los pulmones que -aunque tal vez exotéricamente
puede achacarse a ciertas y definidas causas físicas- en realidad se debe a
esas causas, además de una condición interna de congestión etérica. La
conjunción, de la aparente causa externa y la verdadera causa interna, es
responsable de la irrupción de la dificultad. Cuando ambas condiciones entran
en conjunción y existe un impedimento físico y una indeseable condición
etérica, entonces tendremos enfermedad, males o debilidad de cualquier clase.
Cada congestión externa siempre puede atribuirse a estas dos causas, una
interna y otro externa. En estos casos, la causa externa no es un efecto de la
causa individual interna, lo cual es muy interesante. No obstante se observará
que las enfermedades no son puramente subjetivas o de origen sicológico en lo
que concierne al individuo, sino que a veces son ambas, exotéricas y
esotéricas. De allí la complejidad del problema.
Lo antedicho presenta la cuestión de
la actividad que desarrollan los siete centros de fuerza en el cuerpo etérico.
Éstos pueden ser considerados como dormidos o aletargados, despertándose pero
no obstante perezosamente vivos, o funcionando normalmente, lo cual significa
que algunas de las energías que producen la forma del centro se mueven
rítmicamente, siendo los centros por lo tanto receptivos a la afluencia,
mientras otros están inactivos e insensibles. Otros centros estarán
enteramente activos y por lo tanto atraerán predominantemente cualquier fuerza
afluyente, y aún otros lo estarán parcialmente. En la mayoría de la gente, los
centros ubicados abajo del diafragma están más activos que los que se hallan
arriba del diafragma (me refiero aquí a los siete centros mayores y no a los
veintiún menores). En los aspirantes están activos los centros debajo del
diafragma y los centros cardíaco y laríngeo van lentamente entrando en
actividad, mientras en el caso de los discípulos, el centro ajna, más esos
centros del cuerpo que se hallan debajo del mismo, van rápidamente despertando.
En el iniciado el centro coronario está entrando en actividad vibrante,
llevando a todos los centros a un ritmo real y coordinado. Cada paciente o ser
humano, según el rayo o que pertenece, responde en forma diferente; el factor
tiempo también difiere; el canon de desarrollo varía y la respuesta a las
afluyentes fuerzas es ligeramente diferente.
Todo esto lo consideraremos con
debido cuidado cuando tratemos el Capítulo IX, que concierne a los siete modos
de curación. Simplemente lo menciono para sentar las bases de lo que se ha de
considerar más tarde, y demostrará que todo el tema de la relación existente
entre el cuerpo etérico y el físico está vinculado al problema de la curación.
Se evidencia así cuán importante es -antes de que pueda tener lugar la
verdadera curación- que el curador conozca la etapa de evolución alcanzada
por el paciente, debiendo también conocer
el tipo de su rayo, tanto el de la personalidad como el egoico. Si a esto se le
agrega algún conocimiento de sus inclinaciones e indicaciones astrológicas, se
podrá llegar a un diagnóstico más exacto.
La clave de toda liberación (ya sea
por la cura física de la enfermedad o por la muerte) reside en la comprensión
de la condición de los centros en el cuerpo etérico. Éstos determinan el grado
de actividad corporal vibratoria y la respuesta general del cuerpo físico.
Condicionan también exactamente la actividad de la naturaleza instintiva y su
relación con el plano externo de la vida y la “plenitud’’ y salud general del
sistema nerviosa simpático.
A. Congestión
Muchas de las verdaderas dificultades
puede atribuirse a la congestión o a la carencia del libre juego de las
fuerzas. En esta relación podría puntualizarse que el cuerpo etérico es un mecanismo
de entrada y salida. Hay en consecuencia una relación curiosa e íntima entre
éste y ciertos órganos como los pulmones, el estómago y los riñones. Esta
simbología, cuando se la comprenda correctamente demostrará que existe
profundamente una relación esotérica entre:
1. La mente y los pulmones El
proceso de la respiración con sus etapas de inhalación, intervalo y exhalación
actúan en conexión con los dos aspectos de la fuerza, mental y física.
2. La naturaleza de deseo y el
estómago. Aquí también tenemos el proceso de entrada, asimilación y
eliminación.
3. El cuerpo etérico y los
riñones, con los procesos claramente definidos en los casos de absorción,
quimicalización y transmisión. No existe un símbolo tan comparativamente exacto
del proceso creador como la estructura humana.
La congestión del cuerpo etérico, que
produce mucho malestar en el cuerpo físico, puede hallarse, por lo tanto, en el
punto de entrada del cuerpo astral o del plano astral (nótese la fraseología y
la diferencia) o en el punto de salida, en relación con el centro hacia el cual
un tipo particular de fuerza etérica puede afluir con más facilidad y pasar
también más fácilmente. Donde no hay libre juego entre el cuerpo etérico y el
cuerpo astral habrá dificultades. Cuando no existe libre juego entre el cuerpo
etérico y el cuerpo físico, involucrando también los ganglios, nervios y el
sistema endocrino, habrá también dificultades La estrecha relación que existe
entre los siete centros y las siete glándulas mayores del sistema físico, nunca
debe ser olvidada. Ambos sistemas forman una dictadura estrechamente
entrelazada y las glándulas y sus funciones están determinadas por la condición
de los centros etéricos. Éstos a su vez están condicionados por el grado de
evolución, por la experiencia que ha adquirido el alma encarnada, por la
polarización específica del alma en encarnación y por los rayos (de la
personalidad y egoico) del hombre. Recuérdese que los cinco aspectos del hombre
(cuando funciona en los tres mundos) están determinados por ciertas fuerzas de
rayo; tenemos el rayo del alma, el de la personalidad y los de los cuerpos
mental, astral y físico, los cuales en la nueva era venidera serán
definidamente considerados y descubiertos, y este conocimiento revelará al
curador la probable condición de los centros, el orden de su despertar y su
nota, o notas, básica individual. La nueva ciencia médica está erigida predominantemente sobre la ciencia de
los centros, y todos los diagnósticos y posibles curas se basarán en este
conocimiento. El endocrinólogo recién comienza a vislumbrar posibilidades, y
gran parte de lo que ahora está investigando contiene la simiente de la verdad
futura. El “equilibrio del sistema glandular”, la relación de las glándulas
con la corriente sanguínea y también el carácter y las distintas
predisposiciones, son considerados de real valor y vale la pena su
investigación. Aún queda mucho por descubrir antes de que se pueda trabajar sin
peligro con las glándulas, convirtiéndolas en tema de principal atención (como
sucederá algún día en todos los tipos de enfermedades). En este breve tratado
haré muchas insinuaciones, las cuales servirán para guiar correctamente al
investigador de mente abierta. Antes de entrar a considerar la relación del
cuerpo etérico, como una unidad con el cuerpo físico, señalaré que, en la lista
de enfermedades que surgen del cuerpo etérico, coloco en primer lugar las
complicaciones producidas por la congestión, porque hoy es, y lo será durante
varios siglos, la principal causa de las dificultades para la mayoría de la
humanidad o de esas personas que esotéricamente se las denomina “sacra-solar’.
Esto se debe en parte a los hábitos largamente establecidos de supresión y de
inhibición, desarrollados por toda la raza. La congestión en los puntos de
entrada y de salida, en el cuerpo etérico, es lo que impide la libre afluencia
de la fuerza de la vida, dando por resultado que se sucumbirá rápidamente a las
enfermedades. También aquí se podrá observar el empleo más generalizado de los
ejercicios de respiración cuidadosamente asignados, con sus efectos sutiles de
reorganización y reajuste de los cuerpos sutiles (particularmente los cuerpos
etérico y astral). El difundido interés en los ejercicios de respiración
evidencia hoy un reconocimiento subjetivo de este hecho, aunque todavía no se
sabe bastante acerca de los métodos y efectos.
Quisiera llamar la atención sobre
otra cosa, y es que los puntos de congestión pueden existir en el centro del
cuerpo astral o en el cuerpo etérico, y esta situación deberá investigarla el
curador.
B. Falta de Coordinación e Integración.
Llegamos ahora a una breve
consideración del segundo punto, que en nuestra enumeración hemos denominado falta
de coordinación o integración, donde la dificultad reside en el cuerpo
etérico. Esto prevalece excesivamente hoy y es responsable de la mayoría de las
dificultades. El cuerpo etérico es la forma “sustancial” interna sobre la cual
el cuerpo físico es erigido o construido. Es el andamiaje interno que subyace
en todas las partes del entero hombre externo; la estructura que sostiene el
todo y el patrón de la forma externa; la red de nadis (infinitamente
intrincada) constituye la contraparte o el duplicado de todo el sistema nervioso
que forma parte muy importante del mecanismo humano. Lo mismo sucede con la
corriente sanguínea, instrumento de la fuerza de la Vida. En consecuencia, si
hay debilidad en la relación entre la estructura interna y la forma externa, se
pondrá inmediatamente de manifiesto la verdadera dificultad, lo cual adquirirá
tres formas:
1. La forma física en su aspecto
denso está muy débilmente conectada con la forma o contraparte etérica. Esto
lleva a una desvitalizada y debilitada condición que predispone al hombre a la
enfermedad o a la mala salud.
2. La conexión débil en ciertos
lugares o aspectos del equipo. A través de ciertos puntos focales o centros, la
fuerza de vida no puede afluir adecuadamente, y así tenemos una definida
debilidad en alguna parte del cuerpo físico. Por ejemplo, la impotencia sería
una de estas dificultades y la tendencia a la laringitis otra, para mencionar
desórdenes muy diferentes.
3. La conexión puede estar
también tan básicamente floja y débil, que el alma tiene muy poco ascendente
sobre su vehículo de manifestación externa, estableciéndose fácilmente la
obsesión o posesión. Éste es un ejemplo extremo de las dificultades
incidentales a esta condición. También cierto tipo de desmayos o pérdida de la
conciencia y el “petit-mal”.
Existen también, como será evidente,
las condiciones exactamente opuestas, donde el cuerpo etérico está tan
estrechamente tejido o integrado con la personalidad -ya sea de naturaleza muy
evolucionada o simplemente el caso de un cuerpo etérico común- que cada parte
del cuerpo físico se halla en una constante condición de estimulación, de
esfuerzo energético, con la resultante actividad del sistema nervioso, que -si
no está correctamente regulado- puede llevar a una gran angustia. Me referiré
a esto en el tercer encabezamiento “La Sobrestimulación”, de los Centros”. Una
conexión demasiado floja o una muy fuerte, llevan a perturbaciones, aunque el
primer tipo de dificultad es comúnmente más grave que las otras. He dado
bastante para demostrar cuán interesante e importante puede ser el estudio del
cuerpo etérico. Todo el tema de la curación está “ligado” (empleando una frase
moderna que me resulta rara) al desarrollo, desenvolvimiento y control de los
siete centros mayores.
C. La sobrestimulación de los Centros.
Mucho podría agregar a lo dicho sobre
las causas de las enfermedades originadas en el cuerpo etérico, pero en la
Segunda Parte de este libro (donde se
refiere a ciertos requisitos básicos) elaboraré el tema más profundamente.
Congestión, falta de integración y sobrestimulación de los centros son causas
obviamente fundamentales, concernientes al cuerpo físico denso, siendo éstas
frecuentemente efectos de causas más sutiles ocultas en la vida de los cuerpos
astral y mental y, en el caso de la
sobrestimulación, el resultado a veces del contacto con el alma. El
cuerpo etérico, por designio, reacciona normalmente a todas las condiciones
existentes en los vehículos sutiles. Es esencialmente un transmisor y no un originador,
y sólo las limitaciones del observador conducen a adjudicar al cuerpo etérico
las causas de males corporales. Es el lugar de distribución de todas las
fuerzas que llegan al cuerpo físico, siempre y cuando el punto de evolución
haya llevado a los distintos centros de fuerza a una condición en que sean
receptivos a cualquier tipo particular de fuerza. Esotéricamente hablando, los
centros pueden hallarse en una de las cinco condiciones o estados de ser,
descritos en los siguientes términos:
1. Cerrado, inmóvil, hermético,
aunque con signos de vida, silencioso y profundamente inerte.
2. Abierto, sin trabas, e
imperceptiblemente matizado de color, la vida palpitando.
3. Activo, vivo, alerta en dos
direcciones; dos pequeñas puertas están abiertas ampliamente.
4. Radiante y emitiendo una nota
vibrante a todos los centros relacionados.
5. Todos fusionados y actuando
rítmicamente entre sí. La fuerza vital fluye de todos los planos. El mundo
permanece abierto ampliamente.
Relacionado a estos cinco estados
donde se expande el campo etérico y llega a ser la vivencia vital de
toda expresión en el plano físico, tenemos las cinco razas humanas, comenzando
con la raza lemuria, los cinco planos de la expresión humana y superhumana, las
cinco etapas de conciencia y varios otros grupos de cinco, expuestos en la
filosofía esotérica. Incidentalmente podría ser de valor e interés señalar que
la estrella de cinco puntas no sólo es signo y símbolo de la iniciación y,
finalmente, del hombre perfecto, sino que también es el símbolo básico del
cuerpo etérico y de los cinco centros
que controlan al hombre perfecto, los dos centros de la cabeza, el centro del
corazón, el centro de la garganta y el centro de la base de la columna
vertebral. Cuando estos centros están plenamente despiertos y funcionando
mutuamente en correcto ritmo, los varios quíntuples a los cuales me he referido
forman parte integrante de la conciencia del hombre perfecto.
Aunque esta particular información no
tiene una relación definida con la
ciencia de la curación, sin embargo todo el tema está relacionado con la
energía, la cual en una u otra forma está relacionada con las causas y los
efectos de la enfermedad, porque la enfermedad es el aspecto indeseable de la
energía, sobre la unidad de energía que denominamos átomo.
Debe recordarse que el cuerpo etérico
del ser humano es parte integrante del cuerpo etérico del Logos planetario,
estando por lo tanto relacionado como todas las formas que se hallan dentro de
ese cuerpo, en uno o en todos los reinos de la naturaleza. Es parte de la
sustancia del universo coordinada por la sustancia planetaria, proporcionando
así la base científica de la unidad.
Si me preguntaran qué hay en realidad
detrás de todas las enfermedades, frustraciones, errores y falta de expresión
divina en los tres mundos, respondería que la separatividad produce las
mayores dificultades que originan en el cuerpo etérico, más la incapacidad de
la forma externa tangible para responder adecuadamente a los impulsos internos
y sutiles. Aquí reside la causa (secundaria, como ya he puntualizado) de la
mayor parte de los trastornos. El cuerpo etérico del planeta todavía no
transmite ni permite circular libremente las fuerzas que están tratando de entrar
en la conciencia y en la expresión del hombre, en el plano físico. Estas
fuerzas emanan desde adentro de él mismo, cuando actúa en los niveles sutiles
de la conciencia y del alma; también provienen de grupos asociados y
relacionados, de la vida planetaria y,
eventualmente, en último análisis, de todo el universo. Cada uno de los centros
puede, cuando está plenamente despierto y se utiliza consciente y
científicamente, servir de puerta abierta que permite percibir aquello que está
más allá de la vida humana individual. El cuerpo etérico es fundamentalmente el
mecanismo de respuesta más importante que el hombre posee, produciendo no sólo
el correcto funcionamiento de los cinco sentidos y proporcionando por
consiguiente cinco puntos principales de contacto con el mundo tangible, sino
que permite también registrar sensiblemente los mundos sutiles y, cuando está
energetizado y controlado por el alma, los reinos espirituales se abren
ampliamente.
El cuerpo etérico es un potente
receptor de las impresiones impartidas a la conciencia humana por intermedio de
los centros ya despiertos. No existe, por ejemplo, verdadera clarividencia hasta
que el plexo solar y el centro ajna hayan despertado. Estas impresiones e
informaciones transmitidas se convierten en el incentivo por el cual se inicia
la actividad consciente. Hay muchas maneras de describir estas fuerzas y sus
efectos actuantes: impulsos, incentivos, influencias, potencias, deseos,
aspiraciones y muchos otros términos que sólo son sinónimos de fuerza o
energía, impartiendo así la misma idea general. Todas estas palabras se
refieren a formas de actividad del
cuerpo etérico, pero sólo cuando las registra el cuerpo físico y actúan bajo su
impresión. Todo el tema de la fuerza motivadora es de gran interés.
Sin embargo, la vastedad del asunto
es tan real que sólo poco a poco la humanidad podrá captar la situación y
llegar a comprender que el hombre es esencialmente (a través de su cuerpo
etérico) parte integrante de un Todo grande y vibrante; únicamente con el
tiempo aprenderá que por el proceso de la evolución puede registrar las
diferentes zonas de expresión divina. Sólo cuando el cuerpo etérico es impelido
a la actividad por la influencia de las
“fuerzas plasmadas” del alma, de la mente y temporariamente del cuerpo astral,
y a través de ellas, puede el hombre llegar a ser consciente de todos los
mundos, de cada fenómeno y estado de conciencia, y así lograr esa omnisciencia
que es el derecho de primogenitura de todos los hijos de Dios.
Pero durante el período en que este
estado del ser está en proceso de realización, la falta de desarrollo, de
registro, el trabajo de despertamiento y organización de los distintos centros
durante la vida y luego su relación mutua y correcta, produce muchas dificultades.
Esta condición es la fuente fructífera de esas dificultades que, cuando se
introducen en el cuerpo físico, producen los diversos tipos de enfermedad,
muchas tensiones y congestiones, la sobrestimulación de los centros en una
parte del vehículo etérico y el subdesarrollo en otra, más el desigual
desenvolvimiento y desequilibrio de los centros.
Las investigaciones médicas modernas
mencionan mucho el “desequilibrio” de las glándulas endocrinas, y muchas
dificultades físicas son adjudicadas a este frecuente desequilibrio. Pero
detrás de estas condiciones del sistema glandular subyace el básico desequilibrio
de los centros. Sólo cuando hay una correcta comprensión de las fuerzas y su
recepción y consecuente empleo, se logrará el correcto equilibrio, y el sistema
endocrino humano controlará al hombre físico en la forma designada. Es
imperativo que se estudien ya los problemas siguientes:
1.
La adecuada recepción de la fuerza a través del centro apropiado. Un
ejemplo de ello puede hallarse en el correcto control del centro plexo solar,
por el cual la sensibilidad astral puede ser registrada y debidamente manejada.
2.
La correcta relación entre un centro determinado y su glándula
correspondiente, lo cual permite la libre actuación de las fuerzas que afluyen
a través del centro, a la analogía glandular afín, condicionando así su
peculiar hormona y oportunamente la corriente sanguínea. Si se capta esta
secuencia de contactos, se comprenderá con más claridad el significado oculto
de las palabras de El Antiguo Testamento: “la sangre es la vida”.
La vitalidad, proveniente del cuerpo
etérico, penetra en la corriente sanguínea por intermedio del centro que
responde a uno de los siete tipos peculiares de fuerza y su glándula afín. Por
lo tanto se evidencia que hay una estrecha relación entre:
a. El cuerpo etérico, como
transmisor de un vasto conglomerado de energías y fuerzas.
b. El sistema endocrino, cuyas
diversas glándulas son en realidad la exteriorización o materialización de los
centros mayores y menores.
c. El corazón, que es el centro
de la vida, así como el cerebro es el de la conciencia. Desde el corazón la
sangre circula y es controlada. Estos tres grandes sistemas están relacionados.
d. Todo el sistema glandular con
el sistema nervioso, por medio de la red de nervios y “nadis” que subyacen en
esta red. Estos nadis son hilos de fuerza vital que fundamentan cada parte del
cuerpo y particularmente todos los aspectos del sistema nervioso.
A estos problemas y relaciones podría
agregarse otro, el cual constituye la interrelación que debe establecerse
entre todos los centros, y permite el libre juego de la fuerza, en correcto
ritmo, por todo el cuerpo físico.
Por lo tanto tenemos una gran directiva
entrelazada que controla o no al cuerpo físico. La falta de control se debe al
fracaso en establecer ciertas relaciones en el cuerpo, o a la falta de desarrollo.
Estos grupos entrelazados son:
1. El cuerpo etérico, que actúa
principalmente a través de sus siete centros principales y también por medio de
muchos otros centros.
2. El sistema endocrino, que
trabaja primordialmente a través de los siete grupos glandulares mayores y de
muchas otras glándulas menos importantes.
3. El sistema nervioso (el
simpático y el cerebro-espinal), con su peculiar énfasis puesto en el nervio
vago y su efecto sobre el corazón y en consecuencia sobre la corriente
sanguínea.
Todos estos puntos deben ser
considerados y correlacionados en cualquier sistema de curación esotérica, y la
parte técnica que debe abarcar es, en último análisis, menos intrincada que el
vasto sistema erigido por la medicina y la cirugía ortodoxas. Debido a la falta
de coordinación de estos tres sistemas el arte de la curación no ha podido
realizar todo lo que desea. Mucho ha hecho, pero debe dar otro paso hacia el
plano etérico antes que pueda descubrirse la verdadera clave de la enfermedad
y su curación.
Por ejemplo, la carencia de vitalidad
y la condición subnormal común, con las
cuales estamos tan familiarizados, indican la inercia del cuerpo etérico y su
falta de vitalidad. Los resultados de la inercia del cuerpo vital pueden ser físicos
y sicológicos, porque las glándulas del cuerpo físico no funcionan normalmente,
y como es bien sabido, condicionan la expresión física del hombre y también
sus estados emocional y mental, hasta donde puedan o no expresarse por intermedio del vehículo
físico. Las glándulas no condicionan al hombre interno o sus estados de
conciencia, pero pueden evitar, y lo hacen, esos estados internos que se
manifiestan externamente. En el caso contrario, un cuerpo etérico muy poderoso
y la sobrestimulación de los centros involucrados, ejercería una excesiva
tensión sobre el sistema nervioso y produciría en consecuencia trastornos
nerviosos definidos, hemicránea o jaqueca, desequilibrio mental y emocional y
en algunos casos llevaría a la demencia.
He elaborado este asunto en cierta
medida porque la relación del cuerpo etérico con el cuerpo físico y su
receptividad a las energías internas, condicionan decididamente al hombre.
Sería necesario recordar esto al estudiar las causas de las enfermedades
originadas en el cuerpo mental o debidas a la actividad del alma en la vida del
discípulo, o al investigar el proceso por el cual el hombre se prepara para la
iniciación. El cuerpo etérico siempre e invariablemente debe actuar como agente
transmisor de las energías internas al plano externo, y el cuerpo físico tiene
que aprender a responder y a reconocer aquello que es transmitido. La
efectividad de la transmisión y la resultante actividad física dependen siempre
de los centros, que a su vez condicionan las glándulas; éstas, más adelante,
determinan la naturaleza y la conciencia que expresa el hombre. Si los centros
están despiertos y receptivos tendremos un mecanismo físico que responderá a
las fuerzas afluyentes. Si los centros están aletargados pueden transmitir muy
poca fuerza; así tendremos un mecanismo físico lento e insensible. Si los
centros ubicados abajo del diafragma están despiertos y los de arriba no lo
están, tendremos un hombre cuya conciencia estará enfocada en las naturalezas
animal y emocional, y muchas de sus enfermedades físicas tendrán su asiento
abajo del diafragma. Podrán ver, por lo tanto, cuán intrincado y complejo es
todo este asunto, tan complejo, que sólo será plenamente comprendido cuando
los seres humanos recuperen el perdido poder de “ver la luz” del cuerpo etérico
y de sus siete centros mayores, y, a través de un desarrollado sentido del
tacto en las manos y dedos, verifiquen el grado de vibración de los diversos
centros. Cuando estos dos medios de conocimiento estén disponibles, el tema del
cuerpo etérico adquirirá nueva importancia y será correctamente comprendido.
3. CAUSAS QUE SE INICIAN EN EL CUERPO
MENTAL
Inicié esta sección de estudio con
las causas que se inician en los cuerpos astral y etérico, porque son fuentes
principales de perturbación, debido a que la mayor parte de la humanidad está
astralmente enfocada, así como la mayoría de las formas del reino animal están
enfocadas etéricamente. Las fuerzas que afluyen al reino animal llegan
predominantemente de los niveles etéricos y de los físico-densos de la vida.
Sin embargo, los animales más evolucionados, debido al desarrollo producido
por su contacto con los seres humanos, están llegando a ser susceptibles a las
fuerzas provenientes del plano astral, y actúan y reaccionan en forma que no
son puramente instintivas.
Hoy, por el desarrollo mental de la
raza aria, pueden surgir ciertas dificultades en el cuerpo físico. Su origen no
es básicamente mental, se debe primordialmente al hecho de que el cuerpo
mental es el transmisor (cuando está activo y correctamente alineado) de la
energía del alma, y esta energía, que afluye al cuerpo físico, puede producir
sobrestimulación y dificultades vinculadas con el sistema nervioso. La energía
transmitida es la causante del malestar y no el factor que se origina en la
mente misma. Elaboraré esto más adelante.
A. Actitudes
Mentales Erróneas.
Quisiera ocuparme ante todo, de la
premisa básica de que la enfermedad y los impedimentos físicos no son el
resultado de pensar erróneamente, probablemente son el resultado de no pensar,
o el fracaso en acatar esas leyes fundamentales que rigen la mente de Dios. Un
interesante ejemplo de ello es que el hombre no sigue la básica Ley del Ritmo,
que rige todos los procesos de la naturaleza, formando él parte de la
naturaleza. Gran parte de las dolencias inherentes al uso y abuso del impulso
sexual, podemos adjudicarlas al fracaso de actuar con la Ley de Periodicidad.
El hombre no está regido por la manifestación cíclica del impulso sexual, y
tampoco su vida es gobernada por un ritmo definido, excepto los ciclos por los
que atraviesa la mujer, a los cuales se les presta muy poca atención, Sin
embargo, el hombre no está regido por tales ciclos y ha roto también el ritmo
al cual debe estar subordinado el cuerpo femenino y que -bien entendido-
determinaría el uso de las relaciones sexuales, incluyendo lógicamente también
el impulso masculino. Este fracaso, en vivir de acuerdo a la Ley de
Periodicidad y en subordinar los apetitos al control cíclico, es una de las
principales causas de las enfermedades; a medida que esas leyes adquieren
forma en el plano mental, podría decirse legítimamente que su infracción tiene
una base mental. Esto podría ser así, si la raza trabajara mentalmente, pero no
lo hace. En el mundo moderno de hoy se está cometiendo una definida infracción
a estas leyes mentales, particularmente la Ley de los Ciclos que determina las
mareas, controla los acontecimientos mundiales y debería condicionar también
al individuo y establecer hábitos rítmicos de vida uno de los mayores
incentivos que predispone a la buena salud.
Al quebrantar la Ley del Ritmo, el hombre ha
desorganizado las fuerzas que, correctamente empleadas, tienden a llevar al
cuerpo a una condición sana y saludable; también ha sentado las bases para esa
debilidad general y tendencias orgánicas inherentes, que predisponen al hombre
a la mala salud y permiten entrar en el sistema los gérmenes y bacterias que
producen las formas externas de enfermedades malignas. Cuando la humanidad
recupere la comprensión del correcto empleo del tiempo (que la Ley del Ritmo
determina en el plano físico) y pueda determinar los ciclos apropiados para
las diversas manifestaciones de la fuerza de la vida en el plano físico,
entonces aquello que fue primordialmente un hábito instintivo se convertirá en
una costumbre inteligente en el futuro. Esto constituirá una ciencia totalmente
nueva, y el ritmo de los procesos naturales y los correctos ciclos del
funcionamiento físico establecidos como hábitos, traerán una nueva era de salud
y de sanas condiciones físicas para toda la raza.
Utilicé la palabra “establecidos”
porque a medida que la tensión racial se traslada a la región de los valores
superiores, el vehículo físico se beneficiará enormemente y la buena salud -por
el correcto vivir rítmico además del correcto pensar y del contacto con el
alma- quedará establecida permanentemente.
En consecuencia, pocos males que
tienen una base mental ha heredado la carne. Resulta extremadamente difícil
establecer cuales son. Hay dos razones para este fracaso estadístico:
1. Que muy pocos, de la raza,
relativamente hablando, están polarizados mentalmente y, por lo tanto, piensan.
2. Que la gran mayoría de las
enfermedades son etéricas o astrales.
Otro factor que produce esta
dificultad es que los pensamientos y las reacciones emocionales del hombre se
hallan tan estrechamente interrelacionadas que es difícil, en esta etapa de la
evolución, separar sentimientos y
pensamientos o decir que tal o cual enfermedad surge en el cuerpo astral o
mental, o que ciertas enfermedades se deben a erróneos sentimientos y otras a
erróneos pensamientos, hablando en términos de toda la familia humana, son
relativamente muy pocos los que piensan, en el mundo. EL resto se ocupa del sentimiento, de la percepción
sensorial y de muchos y diferentes aspectos del emocionalismo, tales como la
irritabilidad, preocupación, ansiedad aguda, aspiración hacia algún deseado fin
o meta, depresión, más la dramática vida de los sentidos y de la conciencia del
“Yo en el centro”. Pocas personas viven en el mundo del pensamiento y menos
todavía en el mundo de la realidad. Cuando lo hacen, el resultado es
inevitablemente mejor salud, porque hay mejor integración y por consiguiente
un juego más libre de las fuerzas de la vida por todos los vehículos de
expresión.
B. Fanatismo Mental. El Dominio de las Formas
Mentales.
Puntualizaré aquí que las
enfermedades y dificultades surgidas de lo que he llamado actitudes mentales
erróneas, fanatismos e idealismos frustrados y esperanzas desvanecidas, son de
tres categorías, y un estudio de ellas demostrará que, en último análisis, de
ninguna manera son de origen mental, sino principalmente resultado del
emocionalismo.
1. Las incidentales a la
actividad y al trabajo impuestos en el plano físico, que tienen su incentivo en
esas condiciones mentales. Conducen por ejemplo a la violenta actividad y al
trabajo excesivo, debido a la determinación de que el plan se desarrolle y no
sea frustrado. El resultado es frecuentemente el colapso del sistema nervioso,
que podría haberse evitado si la condición mental hubiera cambiado y logrado el
correcto ritmo en el plano físico, pero el trabajo físico fue la causa de la
dificultad, más que la condición mental.
2. Las que se producen por el
estado de rebelión, que cobra a la vida, y la manifestación de violentas
reacciones emocionales. Éstas, por ejemplo, pueden estar basadas en la
comprensión mental del Plan, más el reconocimiento de que esos planes no se
materializan a menudo, debido a lo inadecuado del equipo físico; pero la causa
básica de la enfermedad es la rebelión emocional y no la condición mental.
Amarguras, disgustos, odios y un sentido de frustración pueden producir, y lo
hacen, muchas de las prevalecientes condiciones tóxicas y un estado de
intoxicación general y mala salud de que mucha gente habitualmente sufre. Su
visión es más grande que sus realizaciones y esto causa sufrimiento emocional.
La curación de esto reside en la sencilla palabra aceptación. No es un estado
negativo de asentimiento a una sumisa vida inactiva, sino una positiva
aceptación (en pensamiento y expresión prácticas) de una condición que parece,
en el momento inevitable, lo cual conduce a evitar toda pérdida de tiempo al
tratar de realizar lo imposible y a efectuar el correcto esfuerzo para llevar
a cabo lo que es posible.
3. Las dificultades causadas
porque el mecanismo físico no está a la altura de las exigencias de la vida
mental del individuo, son natural y lógicamente parte de la herencia física, y
cuando ello sucede, generalmente nada puede hacerse, aunque, cuando la
aspiración es real y persistente, puede llegar a corregirse mucho y sentar las
bases para un mejor funcionamiento en otro ciclo de vida.
Es conveniente que me ocupe, lo más
brevemente posible, del problema de la curación mental y de la enseñanza de que
toda enfermedad es producto del pensar erróneo. Ustedes comienzan a trabajar, y
quisiera que piensen con claridad sobre este punto. Los dos problemas que he
presentado están estrechamente relacionados. Podría expresarlo en dos
preguntas:
1. ¿La enfermedad es resultado
del pensamiento?
2. ¿El poder del pensamiento
puede producir efectos curativos cuando son empleados por un individuo o grupo?
En vista de que muchas enfermedades
están, como he dicho, latentes en la materia misma del planeta, evidentemente
el pensamiento humano no es responsable de las enfermedades. Ello antedata a
la llegada de la humanidad al planeta. Existen enfermedades en el mundo
mineral, en el reino vegetal y también entre los animales, aún en su estado
salvaje y en su natural región nativa, incontaminadas por el hombre. Por eso él
no puede ser responsable de ellas, tampoco son el resultado del erróneo pensar
humano. Decir que se debe al erróneo pensar del Logos planetario o del Logos
solar, no constituye una respuesta al interrogante. Esto es apartarse de la
cuestión y evadir el tema.
Repetiré dos definiciones que di
anteriormente, sobre las causas de la enfermedad. Permítanme recordarlas:
“Toda
enfermedad es el resultado de la inhibición de la vida del alma. Esto es verdad
en las formas de todos los reinos”.
“La enfermedad
es el producto de tres influencias y está sujeta a ellas. Primero, el pasado
del hombre, en que paga el precio de antiguos errores; segundo, su herencia,
donde comparte con todo el género humano las contaminadas corrientes de energía
de origen grupal; tercero, su participación con todas las formas naturales de
aquello que el Señor de la vida impone a Su cuerpo. Estas tres influencias son
denominadas la Antigua Ley de Participación del Mal. Algún día ésta
cederá su lugar a la nueva Ley del Antiguo Bien Predominante que reside
detrás de todo lo que Dios ha creado. Esta ley debe ser puesta en vigencia por
la voluntad espiritual del hombre”.
Si se analizan las cuatro causas de la
enfermedad, dadas aquí, observarán que la enfermedad oportunamente será
controlada por la liberación del alma en todas las formas, y esto se efectuará
mediante el activo empleo, por el hombre, de su voluntad espiritual. Se podría
expresar esto de otra manera, diciendo que cuando la energía del alma y el
correcto empleo de la voluntad (que en el individuo es el reflejo y agente de
la energía volitiva del alma) sean correctamente liberados y dirigidos por la
mente, entonces la enfermedad podrá ser manejada y eliminada oportunamente. Por
lo tanto, la enfermedad puede ser controlada imponiendo una energía y ritmo
superiores sobre las fuerzas inferiores. En consecuencia la enfermedad es el
resultado del fracaso del cuerpo físico para atraer esas energías y ritmos
superiores, lo cual a su vez, depende del grado de evolución.
La vaga percepción de este fracaso y
la comprensión de estos hechos ha inducido a que numerosos grupos crean en la
curación de la enfermedad por el poder del pensamiento y culpen la aparición de
la enfermedad a los erróneos pensamientos. Pero, en realidad, la humanidad
debe aprender algún día que sólo la conciencia superior del alma, actuando a
través de la mente, puede finalmente solucionar este difícil problema.
No podemos por consiguiente afirmar
como regla general que la enfermedad tiene alguna relación con el pensamiento,
ello es simplemente el abuso de las fuerzas de los niveles etérico, astral y
físico denso. La mayoría de la gente se ve imposibilitada de hacer algo al
respecto, pues, por ejemplo, las fuerzas que constituyen el cuerpo físico y
pasan y actúan sobre él, son heredadas de un legendario pasado, constituyendo
parte del medio ambiente y de la vida grupal en que están integrados y que comparten
con sus semejantes. Esta materia-fuerza está matizada por los resultados de
antiguos y equivocados ritmos, fuerzas mal empleadas y cualidades heredadas.
La energía del alma, expresada por el correcto pensar, puede curar
enfermedades a la que el hombre está predispuesto. No registrar, expresar ni
pensar en los estados superiores de conciencia, conduce a ritmos erróneos. En
consecuencia, repito, la enfermedad no es el resultado del pensamiento.
C. Idealismo Frustrado.
Existen ciertas enfermedades que
aparecen en el mecanismo físico y están definidamente arraigadas por el hecho
de que la actividad (resultado del pensamiento específico) ha sido matizada y
condicionada por la vida emocional del individuo, y la vida emocional es la
fuente fructífera de la enfermedad y del establecimiento de ritmos erróneos.
Por lo tanto, el predominio de la fuerza astral y no de la energía mental,
realmente causa trastornos físicos. No me refiero a los trastornos del sistema
nervioso ni del cerebro, que son el resultado de la sobrestimulación y del
impacto de la energía (a menudo de la mente y del alma) sobre un instrumento
inapropiado para manejarla. Esto lo consideraremos más adelante. Me refiero
simplemente a la siguiente secuencia de los acontecimientos en la vida
sicológica y a las resultantes actividades:
La enfermedad es una forma de
actividad:
1. La actividad mental y la
energía producen (por el poder del pensamiento) ciertos registros de planes,
idealismos y ambiciones.
2. Esta energía, fusionada con
la energía astral, llega a ser dominada y controlada por las reacciones
astrales de tipo indeseable, tales como la preocupación por no haber realizado
algo, el fracaso en materializar los planes, etc. En consecuencia se produce
la amargura de la vida.
3. Entonces aparecen en el
cuerpo físico las enfermedades, de acuerdo a las tendencias predisponentes del
cuerpo y sus inherentes debilidades heredadas.
Observarán que, en realidad, el cuerpo mental
y el poder del pensamiento en ningún caso han sido la causa del malestar, sino
que se debió a la eliminación del pensamiento original y por haberlo hecho
descender al nivel del emocionalismo. Cuando este descenso y eventual control
no se efectúa por las fuerzas astrales y el pensamiento permanece claro e
incólume en el plano mental, puede haber trastornos de otra índole, debidos al
fracaso de “llevar completamente” el pensamiento a la acción efectiva en el
plano físico. Este fracaso produce no sólo el desdoblamiento de la
personalidad, tan conocida por el sicólogo activo, sino también el
cercenamiento de una corriente de energía muy necesaria. Como consecuencia, el
cuerpo físico se desvitaliza y sobreviene la mala salud. Cuando el pensamiento
puede ser llevado hasta el cerebro físico y se convierte allí en agente
directriz de la fuerza de la vida, tendremos generalmente buena salud, y esto
se ha comprobado, aunque el individuo haya tenido buenos o malos pensamientos,
correctamente motivados o erróneamente orientados. Es simplemente efecto de
la integración, porque santos y pecadores, el egoísta y el altruista y
cualquier tipo de persona, pueden lograr la integración y una vida dirigida
por el pensamiento.
La segunda pregunta se refiere a si
un individuo o grupo puede curar por el poder del pensamiento.
Podría decirse, generalizando, que un
individuo y un grupo pueden curar y que el pensamiento puede desempeñar una
parte poderosa en el proceso de curación, pero no el pensamiento solo y sin
otra ayuda. El pensamiento puede ser el agente directriz de las fuerzas y
energías que desintegran y disipan la enfermedad, pero el proceso debe ser
ayudado por el poder de visualizar, la habilidad de trabajar con determinadas
fuerzas, según se crea conveniente, la comprensión de los rayos y sus tipos de
energía y también por la capacidad de manejar la sustancia-luz, tal como
se la denomina. A estos poderes además de un corazón amoroso, debe agregarse la
capacidad de estar en armonía con quien se ha de curar. En realidad, una vez
que se han llenado estas condiciones, el excesivo empleo de la facultad
pensante y el intenso uso del proceso mental puede detener y obstaculizar el
trabajo de curación. El pensamiento tiene que condicionar el incentivo
inicial, haciendo que la inteligencia del hombre influya sobre el problema de
curación y la comprensión de la naturaleza del que debe ser curado; pero una
vez que el pensamiento ha ayudado a enfocar atención del curador y del grupo de
curación debe convertirse en un constante pero subconsciente agente directriz y
nada mas.
La curación se realiza, cuando es
posible, por el empleo de la energía correctamente dirigida y la visualización
detallada; la amor también desempeña un gran papel, como la mente en la primera
etapa. Quizás debiera decir que la energía más poderosa es la del corazón amoroso.
He respondido a estas dos preguntas
porque quisiera que estos problemas estén claros en sus mentes antes de
comenzar cualquier trabajo grupal de curación.
El pensamiento no cura ni causa las
enfermedades. El pensamiento debe ser aplicado durante los procesos, pero no
es el único agente ni el más importante. En esto muchos grupos y curadores se
desorientan. La mente puede dirigir energía y esta a su vez causar la
sobrestimulación del cerebro y las células del cuerpo trayendo trastornos nerviosos y a veces
enfermedades cerebrales, pero la mente y el pensamiento de por sí, no pueden
causar enfermedad ni malestar en el cuerpo físico. A medida que la raza aprenda
a pensar clara y definidamente y las leyes del pensamiento comiencen a
controlar la conciencia racial, la enfermedad (tal como la conocemos ahora)
disminuirá grandemente y muchas más personas lograrán la integración. Cuando
hay integración existe libre actuación de fuerza y energía por todo el cuerpo
material. Los problemas de la estimulación pueden por lo tanto acrecentarse,
constante y conjuntamente, con la creciente sensibilidad del hombre físico y el
enfoque de su conciencia -en progresivo desarrollo- en la naturaleza mental.
Esto continuará hasta que el hombre aprenda a manejar las energías superiores,
y a reconocer la necesidad de una vida
rítmica, prestando atención a la Ley de Periodicidad.
En el trabajo de curación, el curador
debería dominar y seguir ciertas reglas. Ya he dado tres reglas importantes.
Someramente son las siguientes y dividiré la primera en sus partes componentes
para mayor claridad:
1.
a. El curador debe tratar de
vincular su alma, corazón, cerebro y manos. Así puede derramar la fuerza
vital, con poder curador, sobre su paciente. Esto es trabajo magnético.
b. El curador debe tratar de
vincular su alma, cerebro, corazón y emanación áurica. Así su presencia puede
nutrir la vida del alma del paciente. Esto es trabajo de radiación. Las
manos no son necesarias. El alma despliega su poder.
2. El curador debe adquirir
pureza magnética, a través de la pureza de vida. Debe lograr esa dispersiva
radiación que se manifiesta en todo hombre, que ha vinculado los centros de la
cabeza. Cuando se ha establecido este campo magnético, entonces surge la
radiación.
3. El curador debe entrenarse
para conocer la etapa interna del pensamiento o del deseo de quien busca su
ayuda. Así podrá conocer la fuente de donde proviene el malestar. Debe relacionar
la causa y el efecto y conocer el punto exacto a través del cual debe llegar el
alivio.
Les daré como grupo, otra regla,
constituyendo así cuatro reglas principales.
REGLA CUATRO
El curador y el grupo de curación deben
mantener sujeta la voluntad, pues no debe emplearse la voluntad, sino el amor.
Esta última regla es de gran
importancia. Jamás debería utilizarse
la voluntad concentrada de cualquier individuo ni la voluntad dirigida
de un grupo unificado. El libre albedrío del individuo nunca debe ser sometido
al impacto de la voluntad de un grupo o individuo, poderosamente enfocado, pues
este procedimiento es demasiado peligroso para ser permitido. La energía de la
voluntad (particularmente de un número de personas, actuando simultáneamente
sobre los cuerpos sutiles y físico del que debe ser curado) puede acrecentar
grandemente el malestar en vez de curarlo, estimular la enfermedad hasta llegar
a proporciones peligrosas y desintegrar las fuerzas curativas de la naturaleza
en lugar de colaborar con ellas, y también oportunamente matar a la persona
involucrada, por el agravamiento de la enfermedad, de manera que la normal
resistencia del paciente llegaría a ser inútil. En consecuencia les pediré que en cualquier
trabajo grupal de curación, mantengan la voluntad (y aún el intenso deseo) en
suspenso. Sólo a los iniciados de alto grado se les permite curar por el poder
de la voluntad, enfocada en la PALABRA DE PODER, y esto únicamente porque
pueden probar la capacidad del paciente, la intensidad de la enfermedad y saber
también si por voluntad del alma la enfermedad será o no curada.
Hemos abarcado muchas cosas
importantes en esta sección, que demandará un cuidadoso estudio. En la próxima,
sólo trataré los problemas peculiares del discípulo; les pediría, como
preparación, estudiar cuidadosamente la enseñanza dada anteriormente sobre las
enfermedades de los místicos (Tratado sobre Siete Rayos, II, págs.
396-475). Mucho de lo explicado allí no es necesario repetirlo, pero debería
ser incorporado a la enseñanza sobre curación. Sugiero que lean y conozcan algo
sobre esos problemas, tanto teóricamente como basados en la comprensión acerca
de sí mismos. Se habrán dado cuenta, en cierta medida y por propia experiencia,
de algunas de estas dificultades.
El Sagrado Arte de Curar
En este tratado no intento considerar
la patología de la enfermedad, sus sistemas ni sus malignos indicios. Esto lo abarca plenamente
cualquier tratado y texto moderno comunes sobre medicina, y no soy clínico
entrenado ni autoridad médica, ni tampoco tengo tiempo para ocuparme de
tecnicismos. Lo que me interesa es dar al mundo una idea de las causas
verdaderas y ocultas de la enfermedad y de sus orígenes, y también, el trabajo
de curación, tal como lo lleva a cabo y sanciona la Gran Logia Blanca.
El trabajo, en realidad, es el empleo
razonable de la energía aplicada con amor y ciencia. Todo lo que explico es
resultado de la experimentación. Tales tipos de curación caen en dos
categorías:
1. En la curación magnética el
curador o el grupo de curación hace dos cosas:
a. Atrae al centro de curación
ese tipo de energía que contrarrestará la enfermedad. Esto lógicamente es un
tema muy vasto y de profunda importancia científica. Algunos tipos de fuerza
de rayo pueden ser utilizados en determinados tipos de enfermedad, necesitando
el empleo de ciertos centros específicos para su distribución. Esto lo
consideraremos y esbozaremos al llegar a la sección titulada Los Siete
Métodos de Curación.
b. Atrae hacia sí y absorbe esas
fuerzas que producen la enfermedad, extrayéndola del paciente.
Este último proceso exige que
el curador adopte precauciones para evitar el contagio de la enfermedad y para
que las fuerzas no se introduzcan en su cuerpo. También debe suministrársele al
paciente nueva energía que reemplace la energía extraída. Este proceso inicia
una interacción definida entre el curador y el paciente. En consecuencia,
existe un verdadero peligro en este trabajo de curación esotérica y por esta
razón el sanador en entrenamiento debe tener presente que trabajará como grupo
y no como individuo. La libre circulación de la fuerza produce la buena salud
en el individuo o el grupo. La libre circulación de la fuerza entre el curador
o el grupo de curación y la persona que debe ser curada, puede curar la
enfermedad, siempre que el destino del hombre permita ser curado en determinado
momento y él colabore en lo posible, aunque en realidad esto no es esencial. En
muchos casos pueden obtenerse resultados más rápidos. En otros, la ansiedad
del paciente puede contrarrestar los efectos deseados.
2. En la curación por
radiación el proceso es más simple y seguro, porque el curador
sencillamente acopia poder en sí mismo y luego lo irradia al paciente como una
constante corriente de energía radiante que afluye externamente, la cual deberá
ser dirigida al centro más cercano a la parte enferma.
Este trabajo no implica
ningún riesgo para el curador, pero si se introduce el elemento voluntad en su
pensamiento, o la corriente de energía proyectada es demasiado fuerte,
entonces pueda haber peligro para el paciente. El impacto de la fuerza que se
está irradiando sobre él, quizás no sólo produzca tensión nerviosa, sino un
acrecentamiento del poder de la enfermedad y su intensificación por la
estimulación de los átomos y las células involucradas en la actividad de la
tuerza responsable de la perturbación. Por esta razón el aprendiz debe evitar
concentrarse sobre la enfermedad o la zona implicada, en el cuerpo físico, y
mantener cuidadosamente pasivo todo pensamiento, una vez que se ha realizado el
trabajo preliminar, porque la energía sigue al pensamiento y se dirige allí
donde el pensamiento está enfocado.
Los curadores tienen que determinar la
efectividad de lo que están tratando de realizar, la potencia del trabajo
grupal unido y la fuerza que pueden manejar. También tienen que desarrollar la
capacidad de mantener su voluntad en segundo plano y enviar la radiación
curadora sobre una corriente de energía de amor, y además recordar que el amor
es energía y una sustancia tan real corno la materia densa. Esa sustancia
puede ser utilizada para expulsar el tejido enfermo y proporcionar un sustituto
sano en lugar de la materia enferma eliminada.
Por lo tanto, en el primer ciclo de trabajo
ensayarán el método de radiación, que es el más simple y más fácil de dominar.
Más tarde podrán experimentar el método de la curación magnética.
Por lo antedicho comprenderán el
propósito de las reglas acerca de los métodos de curación que impartí
anteriormente en esta serie de instrucciones y por qué, en este trabajo de
radiación, el proceso de vinculación involucra al alma, al cerebro y a toda el
aura o el campo magnético del individuo o de la actividad grupal. No se
menciona ni implica la mente, y el cerebro actúa sólo como punto de enfoque del
amor y la fuerza curadora que debe ser proyectada en la corriente de energía
que surge del centro ajna.
El curador deberá mantener todas las
fuerzas enfocadas en la cabeza y también su atención concentrada allí. El
corazón estará implicado automáticamente, pues al principio empleará totalmente
la energía del amor.
Clasificaré ahora las reglas por las
cuales se regirán los grupos curadores. Quisiera intercalar aquí que no siempre
es necesario ni posible reunirse y trabajar juntos en formación grupal. Este
trabajo puede ser llevado adelante eficiente y potentemente si los miembros
trabajan como grupo subjetivo; cada uno debería seguir las instrucciones
diariamente, como si estuviera
trabajando en su grupo en forma tangible. Esta real vinculación se logra
imaginándose que está en presencia de sus hermanos. Si se reunieran como grupo
en el plano físico, sería muy difícil evitar la disipación de fuerzas, por las
discusiones, los saludos efusivos y la interacción física entre las
personalidades. Inevitablemente se produciría demasiada conversación y el
trabajo no sería adecuadamente eficaz. Desde el punto de vista físico trabajan
solos, desde el verdadero punto de vista interno trabajan en la más estrecha
colaboración.
Las primeras reglas que quisiera que
dominara el estudiante son:
Reglas Preliminares para la Curación
por Radiación
1. Por un acto de voluntad,
después de haber hecho un rápido y consciente alineamiento, debe vincularse
como alma con las almas de sus hermanos de grupo, luego con sus mentes y luego
con sus naturalezas emocionales. Debe emplear la imaginación, comprender que
la energía sigue al pensamiento y que si lo realiza correctamente es inevitable
el proceso vinculador. Entonces ya puede actuar como grupo. Luego tiene que
olvidar la relación grupal y concentrarse en el trabajo a realizar.
2. Internamente deberá vincular
alma y cerebro, reunir las fuerzas del amor que están en su aura, enfocándose
en la cabeza, conjuntamente con todo lo que tiene para ofrecer,
imaginándose como un centro radiante de
energía o un punto de vívida luz. Esta luz debe ser proyectada sobre el
paciente a través del centro ajna, situado entre los ojos.
3. Luego debe pronunciar el
siguiente mántram grupal:
“Con pureza de móvil, inspirado por
un corazón amoroso, nos ofrecemos para este trabajo de curación. Este
ofrecimiento lo hacemos, como grupo, a aquel que tratamos de curar”.
Al hacer esto, debe visualizarse el
proceso vinculador, viéndolo como líneas de viviente sustancia de luz en
movimiento, y vinculándose usted por un lado con los miembros del grupo, y por
otro, con el paciente. Vea estas líneas yendo desde usted al centro cardíaco
del grupo y hacia el paciente. Siempre debe actuar desde el centro ajna, el
centro entre las cejas, hasta no recibir instrucciones de hacer otra cosa. Así
el centro ajna y el centro cardiaco de las personas involucradas estarán
estrechamente interrelacionados. Aquí puede observarse el valor de la
visualización. En realidad, es la exteriorización etérica de la imaginación
creadora. Reflexionen sobre esta última frase.
4. Debe emplear el pensamiento,
el pensamiento dirigido, durante un breve instante y pensar en aquel que está
tratando de curar, vincularse con él y enfocar su atención sobre él, a fin de
que llegue a ser una realidad en su conciencia y también en su fuero interno.
Cuando llega a percibir cuál es la dificultad física, recuérdela simplemente y
luego olvídela. Lo mismo debe hacer con los detalles del trabajo, tales como el
grupo, usted mismo y la dificultad del paciente, y concentrarse sobre el tipo
de fuerza que va a manipular, que en este caso y momentáneamente es fuerza de
segundo rayo, la fuerza del amor. Lo que aquí describo es la adaptación del
método de curación de segundo rayo, preparado para principiantes.
5. Debe sentir que en usted
penetra un profundo amor. Considérelo como luz sustancial que usted puede y
podrá manipular. Entonces debe enviarse como una corriente de luz radiante
desde el centro ama, dirigiéndola por intermedio de sus manos al paciente. Al
hacerlo colocará las manos delante de los ojos, con las palmas hacia afuera y
los dorsos cerca de los ojos, más o menos dieciocho centímetros delante de la
cara. De esta manera la corriente que surge desde el centro ajna se divide en
dos, afluyendo a través de ambas manos. Así se la dirige al paciente. Después
visualizarla como yendo al paciente y
sentir que éste la recibe. Cuando realiza esto, diga en voz baja pero en forma
audible:
“Que el amor del Alma una, enfocada
en este grupo, irradie sobre ti, hermano mío, y penetre en cada parte de tu
cuerpo -sanando, aliviando, fortaleciendo y disipando todo lo que obstaculiza
el servicio y la buena salud”.
Decir esto lenta y deliberadamente,
confiando en los resultados. Evitar que ningún poder mental o volitivo entre en
la corriente de energía curadora, sino sólo un concentrado amor irradiante. El
empleo de la facultad de visualizar y el de la imaginación creadora, más un
sentido de profundo y constante amor, mantendrán la mente y la voluntad
pasivas.
Haré hincapié sobre la urgente
necesidad de un completo silencio y parquedad, respecto a todo trabajo
de curación. Que nadie sepa que trabajan de esta manera ni mencionen los
nombres de quienes tratan de ayudar. Tampoco hablen entre ustedes del paciente
bajo tratamiento. Si no se cumple esta regla básica sobre el silencio, indicará
que no están preparados aún para este trabajo, debiendo interrumpirlo. Este
mandato es mucho más importante de lo que se imaginan, hablar y discutir no
sólo tiende a desviar y disipar la fuerza, sino a violar una regla fundamental
para la cual todo curador ha sido entrenado para cumplirla y hasta la profesión
médica en el plano físico sigue este mismo procedimiento general.
Tres Leyes Mayores para la Salud
Existen tres Leyes mayores y siete
menores para la salud. Rigen en los tres mundos y es todo lo que les concierne
en la actualidad. En las enseñanzas que se impartirán en el futuro inmediato,
el principal énfasis será puesto eventualmente sobre la técnica del cuerpo
etérico, pues tal es el siguiente paso adelante. Las leyes mayores son:
1. La ley que controla voluntad
de vivir, manifestación del primer aspecto del Logos, voluntad o poder.
2. La ley que controla la
igualdad de ritmo, manifestación del segundo aspecto del Logos, amor o
sabiduría.
3. La ley que controla la
cristalización, manifestación del tercer aspecto del Logos, la actividad o
aspecto fundamental.
Los tres factores regentes o leyes se
manifiestan a través de las tres principales divisiones del ente humano
1. El aspecto voluntad, se manifiesta a través de
los órganos de la respiración, otra de sus expresiones es la facultad de
dormir. En ambos tenemos la repetición o analogía en el microcosmos de la
manifestación y pralaya logoicos.
2. El aspecto amor, se manifiesta a través del
corazón, el sistema circulatorio y el sistema nervioso. Por muchas causas es
muy importante que se comprenda esto, pues controla predominantemente el cuerpo etérico y su asimilación de prana o
vitalidad. Este prana actúa por medio de la sangre y los nervios, pues la
fuerza de la vida utiliza la corriente sanguínea, y la fuerza síquica actúa a
través del sistema nervioso. Ambos sectores del organismo humano causan la
mayor parte de las dolencias en la actualidad y las causarán en mayor medida en
el futuro. La raza aprende por medio del sufrimiento, y sólo la extrema
necesidad impulsa al hombre a buscar una solución y alivio. Desde el actual
ángulo de las curaciones, el hombre forma también una trinidad menor que es
importante:
a. El cuerpo físico denso,
acerca del cual conocen mucho la ciencia y la medicina.
b.
c. El cuerpo etérico, el
siguiente campo de esfuerzos, experimentos y descubrimientos.
d. El cuerpo astral que,
simultáneamente con el etérico, es el siguiente objetivo para el control
científico. Aquí actuará la ciencia de la sicología.
3. El aspecto actividad, se manifiesta
principalmente a través de los órganos de asimilación y eliminación. Trato aquí
de acentuar un punto. Así como nuestro sistema solar está desarrollando el
aspecto amor, el segundo aspecto, y así como el ser humano está polarizado en
el cuerpo astral, reflejo de ese segundo aspecto, de la misma manera es de
suprema importancia el segundo de los tres sectores mencionados del organismo
humano, el etérico. Hasta ahora ha trasmitido principalmente energía astral al
cuerpo físico, y actualmente está en proceso de cambio.
La tendencia de la ciencia médica
debería haber despertado a los hechos concretos del cuerpo físico denso y
dedicarse al estudio de la vitalización y la circulación, pues ambas están
estrechamente relacionadas. El sistema nervioso está hoy controlado esencialmente
desde el cuerpo astral, vía el etérico, y la base de todo trastorno nervioso
se halla oculta en el cuerpo emocional, donde la humanidad se halla polarizada
en la actualidad. El sistema circulatorio del cuerpo físico está controlado
principalmente desde el cuerpo etérico. Cuando se posee un cuerpo etérico que
no funciona correctamente ni trasmite suficiente prana y un cuerpo astral o
emocional, que no está controlado adecuada y debidamente, tenemos en ambos el
origen de la mayoría de las enfermedades y las condiciones nerviosas y mentales
que aumentan anualmente. La acción refleja de la circulación inadecuada sobre
el cerebro físico (también debido al cuerpo etérico), conduce a la tensión
mental y eventualmente al colapso. Por lo antedicho puede verse la importancia
del vehículo etérico.
El primer aspecto, tiene para su
expresión y campo de control los órganos de la respiración y la facultad de
dormir; cuando no funcionan debidamente, traen muerte, insania y algunas de las
enfermedades del cerebro.
El tercer aspecto, cuando no funciona
adecuadamente, causa dificultades estomacales, trastornos intestinales y
diversas enfermedades localizadas abajo y debajo del plexo solar, en el
abdomen.
Por lo tanto observarán que la
ciencia médica deberá finalmente buscar la solución en la simplificación de
los métodos, salir de la complejidad de las drogas y operaciones y retornar a
la comprensión del correcto empleo de la energía que afluye del hombre
interno, por intermedio del cuerpo etérico, al físico.
Las siguientes sugerencias pueden ser
de utilidad:
1. Por el desarrollo de la buena
voluntad, la
voluntad de las buenas intenciones y móviles, se logrará la curación de las
enfermedades de la tráquea, los pulmones y la garganta, la estabilización de
las células cerebrales, la cura de la demencia y las obsesiones y se obtendrá
equilibrio y ritmo, lográndose la longevidad, pues la muerte debería ser el
reconocimiento, por parte del alma, del trabajo realizado y el merecido
pralaya, que sólo tendrá lugar posteriormente en prolongados y separados
períodos y será determinado por la voluntad del hombre, quien cesará de
respirar cuando haya terminado su trabajo, enviando entonces los átomos de su
cuerpo al pralaya. Entonces el físico duerme, termina la manifestación, y el significado
oculto de esto aún no ha sido comprendido.
2. Por la comprensión de las
leyes de la vitalidad -esta frase encierra las leyes que rigen al prana, a la radiación y al
magnetismo- se obtendrá la curación de las enfermedades de la sangre, de las
arterias y las venas, ciertas dolencias nerviosas, la falta de vitalidad,
decadencia senil, mala circulación y enfermedades similares. Esto también
tendrá como resultado la prolongación de la vida. Las leyes de la energía
eléctrica también serán mejor comprendidas.
3. Por la comprensión de los
métodos correctos de la asimilación y eliminación vendrá la curación de las
enfermedades relacionadas con los tejidos corporales, el estómago y el
intestino y los órganos genitales masculino y femenino. Algún día se comprenderá
que estos últimos constituyen simplemente otro sistema de asimilación y
eliminación, centrados esta vez en el aspecto femenino o mujer, pues debe
recordarse que éste es el segundo sistema o de amor. El orden es el siguiente:
a. El primer sistema fue
masculino.
b. El segundo sistema, el
actual, es femenino.
c. El tercer sistema será
hermafrodita.
Por lo
tanto, aunque la evolucionante jerarquía humana es masculina o positiva, no
constituye una garantía de que todo lo que existe en el actual sistema sea
también masculino. La realidad es que la facultad negativa o aspecto femenino
predomina, aunque no lo reconozcan ustedes. Permítanme demostrar y dar algunas
indicaciones de esta hipótesis, mediante guarismos:
1. En el primer sistema solar
existía una sola evolución predominante y consistió en cien mil millones de
mónadas.
2. En el actual sistema, el
segundo, hay dos evoluciones predominantes, la humana y la dévica; existen
-como ya dije- sesenta mil millones de mónadas humanas. Agreguen a esto
la evolución dévica femenina que consiste en ciento cuarenta mil
millones y tendremos los necesarios doscientos mil millones de mónadas. Esto
corrobora mi afirmación de que éste es un sistema femenino.
3. En el tercer sistema solar el
número de mónadas en evolución será de trescientos mil millones, necesarios
para lograr la perfección del triple Logos.
Esta exposición ha sido
necesariamente concisa, pues todo lo que trato de hacer es indicar las líneas
que oportunamente ha de seguir el arte de la curación y dar ciertas sugerencias
que señalarán el camino hacia la causa de las enfermedades prevalecientes y
así permitir a los inteligentes contrarrestar sus efectos. Esta brevedad y el
método de impartir conocimiento, por medio de insinuaciones, es esencialmente
ocultista, y será el único modo de encarar este tema relativamente peligroso,
hasta el momento en que un entrenamiento técnico y sólido de la medicina,
cirugía y neurología, se combine con una comprensión sicológica igualmente
sólida, más cierta medida de visión espiritual. Clínico y cirujano ideal sería
aquel que también fuera metafísico; a la carencia de esta combinación se le
puede atribuir gran parte de las actuales dificultades y confusiones. El
curador metafísico de hoy se halla tan absorbido por aquello que no es el
cuerpo, que es de menos utilidad que el clínico para la persona enferma o
accidentada. El metafísico común, no importa qué título se adjudique, tiene
una mente cerrada, acentúa excesivamente las posibilidades divinas, excluyendo
las probabilidades materiales o físicas.
La curación totalmente espiritual
será divinamente posible con el tiempo, pero no es materialmente posible en
determinados momentos, en tiempo y espacio, y con personas que se hallan en
etapas muy diferentes en la escala de la evolución. El momento oportuno y un
sólido conocimiento de la actuación de la Ley del Karma, más una amplia medida
de percepción intuitiva, son esenciales para el elevado arte de la curación
espiritual. A ello debe agregarse el
conocimiento de que la naturaleza forma y el cuerpo físico no constituyen
esencialmente la preocupación principal ni tienen la vasta importancia que
algunos creen.
Algunos sectarios y curadores
generalmente adoptan la posición de que es muy importante liberar al vehículo
físico de enfermedades y arrebatarlo de las manos de la muerte. Sin embargo,
quizás sea preferible (y frecuentemente lo es) dejar que la enfermedad realice
su trabajo y la muerte libere al alma del aprisionamiento. Llega
inevitablemente el momento, para todos los seres encarnados, en que el alma
demanda liberarse del cuerpo y de la vida de la forma, y la naturaleza tiene
sus propios y sabios métodos para hacerlo. Enfermedad y muerte deben ser
reconocidas como factores liberadores, cuando se producen como resultado del
exacto momento elegido por el alma. Los estudiantes deberán comprender que la
forma física es un conglomerado de átomos erigidos en organismos y finalmente
en un cuerpo coherente, el cual se mantiene unido por la voluntad del alma. Si
lleváramos esa voluntad a su propio plano o (como se dice esotéricamente) “si
dejáramos que el ojo del alma mire hacia otra dirección” inevitablemente sobrevendría
la enfermedad y la muerte en el actual ciclo. Esto no constituye un error
mental o el fracaso en reconocer la divinidad o que se haya sucumbido al mal,
en realidad es la resolución de la naturaleza forma, en sus partes componentes
y esencia básica. La enfermedad es esencialmente un aspecto de la muerte. Es el
proceso por el cual la naturaleza material y forma sustancial se preparan para
separarse del alma.
Sin embargo, se debe tener presente
que donde hay enfermedades, malestares o dolencias que no están relacionadas
con la disolución final, las causas pueden hallarse en muchos factores: en el
medio circundante, pues muchas enfermedades son ambientales y epidémicas; en
la sintonización del individuo con corrientes tóxicas que emanan del odio
mundial o de los complejos sicológicos que ya hemos tratado, y en las
enfermedades (si así puedo denominarlas) indígenas en la materia que la
humanidad ha elegido para construir su vehículo físico, aislándolo y
separándolo de la sustancia general de la manifestación, creando así un tipo de
materia consagrada a la tarea de formar la expresión externa de la realidad interna.
Esto constituye por lo tanto un aspecto excepcional y peculiar de la sustancia
universal, perfeccionada hasta cierto punto en el último sistema solar, y
lógicamente de un orden superior a aquel de la sustancia que vibra
creadoramente al llamado de los tres reinos subhumanos de la naturaleza.
Resumen de las Causas de las Enfermedades
Al considerar esotéricamente las
enfermedades debe aceptarse como proposición básica que toda enfermedad es el
resultado del mal uso de las fuerzas, en una vida anterior o en la presente.
Ello es fundamental. En relación con esto repetiré algunas de mis afirmaciones
sobre este tema.
1. El noventa por ciento de las
causas de las enfermedades se hallan en los cuerpos etérico y astral. El empleo
erróneo de la energía mental y el deseo mal aplicado, son los factores más
importantes; sin embargo, como la mayoría de la humanidad todavía se halla en
la etapa de conciencia atlante, sólo el cinco por ciento de las enfermedades
prevalecientes se debe a causas mentales. El porcentaje varía con el
desarrollo de la raza y su evolución. Por lo tanto la enfermedad es la
manifestación de las condiciones subjetivas indeseables, vitales, emocionales y
mentales.
2. Todo lo concerniente a la
salud del hombre puede ser encarado desde tres ángulos:
a.
De la vida de la personalidad -sobre ésta
estamos aprendiendo mucho.
b.
De la humanidad en conjunto -lo cual se está
empezando a apreciar.
c.
De la vida planetaria -de ésta poco podemos saber.
3. Toda enfermedad es causada
por la falta de armonía entre la forma la vida, entre el alma y la
personalidad; esta carencia de armonía existe en todos los reinos de la
naturaleza.
4. La mayor parte de las
enfermedades tienen su origen:
a. grupal,
b. como resultado de una
infección,
c. desnutrición, entendida
física, subjetiva y esotéricamente.
5. Las enfermedades de las
masas, del ciudadano común, de los intelectuales y de los discípulos, difieren
ampliamente y tienen distintos campos de expresión.
a. Los tres grupos principales
de enfermedades de los dos primeros tipos mencionados son:
La tuberculosis.
Las enfermedades sociales.
b.
Las dos enfermedades principales de los
intelectuales y discípulos Son:
Las dolencias cardiacas.
Las enfermedades nerviosas.
6. La enfermedad es un hecho en
la naturaleza. Cuando esto sea aceptado, los hombre comenzarán a trabajar con
la Ley de Liberación, con el recto pensar, que conduce a actitudes y orientación
correctas, y con el principio de no resistencia. La gran ansiedad de morir,
característica frecuente en la etapa final que precede inmediatamente a la
muerte, es la manifestación más inferior de esta no resistencia, la cual
sicológicamente rige al estado de coma.
7. La Ley de Causa y Efecto o de
karma, rige todas las enfermedades. Abarca el karma individual, grupal,
nacional y el humano en su totalidad.
Si nos detuviéramos en este punto y
analizáramos lo que he repetido, y si releyeran y reflexionaran sobre las
cuatro Leyes y las cuatro Reglas, tendrían la necesaria y fundamental base
sobre la cual se podría continuar con los futuros estudios, empezando con las
enfermedades incidentales a la vida del discipulado. Algo de esto ya lo he
tratado en Tratado sobre los Siete Rayos, T. II. páginas 392-469. Allí
el acercamiento se ha encarado mayormente desde el ángulo del místico, mientras
que aquí voy a ocuparme de los problemas del discípulo aceptado.
4. ENFERMEDADES ORIGINADAS EN LA VIDA DEL DISCIPULADO
Anteriormente expresé que las enfermedades tienen su
origen en las cuatro causas siguientes.
1. En la obstaculización de la
libre vida del alma,
2. En tres influencias o fuentes
de contaminación:
a. Antiguos errores, los
denominados pecados y los equívocos del individuo, cometidos en esta vida o en
una encarnación anterior.
b. Taras humanas y
predisposiciones, heredadas en común con el resto de la humanidad.
c. Mal planetario, incidental al
punto alcanzado por el Logos planetario y condicionado por el karma planetario.
3. Están condicionadas, por las
fuerzas que emanan desde el plano en que la conciencia del hombre está
principalmente enfocada.
4. En los cinco tipos
principales de enfermedades, que sus
efectos afines y subsidiarios, que pueden producir y producen resultados
en lo que concierne al discípulo, de los cuales no se halla inmune hasta
después de la tercera iniciación.
A. Enfermedades de los místicos.
El discípulo raras veces es
tuberculoso (excepto cuando está kármicamente condicionado), ni está
predispuesto a sucumbir a las enfermedades sociales, excepto en lo que puedan
afectarlo físicamente a través de su sacrificada vida de servicio. El contagio
puede afectarle, pero no seriamente. Puede ser víctima del cáncer, pero está
más propenso a sucumbir a las dolencias cardíacas y a las perturbaciones
nerviosas de cualquier tipo. El verdadero místico sucumbe más a las
situaciones estrictamente sicológicas vinculadas a la personalidad integrada,
siendo por lo tanto incidentales a su mayor enfoque en el plano astral. El
discípulo está predispuesto a trastornos mentales y a esas dolencias
relacionadas con la energía, debidas a la fusión -total o en proceso- del alma
y la personalidad.
La primera causa mencionada en este
tratado fue resumida en la afirmación de que la enfermedad es el resultado de
la obstaculización de la libre afluencia de la vida y de la energía del alma,
producida en el místico cuando sucumbe a sus propias formas mentales, creadas
constantemente en respuesta a su acrecentada aspiración, las cuales se
convierten en barreras entre él y la libre vida del alma e impiden su contacto
y la resultante afluencia de la energía del alma.
En cambio la situación del discípulo
es totalmente opuesta y cae víctima (antes de la tercera iniciación) de la
terrible afluencia de la energía del alma -la energía del segundo aspecto- que
le llega desde:
a. Su propia alma, centro de
energía en el cual tiene lugar rápidamente la fusión.
b. Su grupo o el Ashrama al
cual, como discípulo aceptado, está afiliado.
c. Su Maestro, con el cual tiene
relación espiritual y a cuya influencia vibratoria es siempre susceptible.
d. La Jerarquía, cuya energía
puede llegarle por medio de los tres factores mencionados.
Estas corrientes de energía tienen un
efecto definido sobre los centros del discípulo, de acuerdo a su rayo y
polarización específica, en esta encarnación. A medida que cada centro se
relaciona con cualquiera de las glándulas, y éstas a su vez condicionan la corriente
sanguínea y producen un efecto específico sobre la estructura orgánica, dentro del alcance de su
influencia vibratoria (por ejemplo, el estómago, cerca del plexo solar, y el
corazón, cerca del centro cardíaco, etc.), se observará que las enfermedades
principales que sufre el discípulo (que son excepcionales y limitadas principalmente
a la humanidad avanzada) pueden ser ocasionadas por la sobrestimulación o
afluencia de energía a un centro determinado, produciendo excesiva perturbación
en esa zona.
El místico no se halla tan
predispuesto a estas condiciones, a no ser que rápidamente se convierta en un
místico práctico u ocultista. Este ciclo es de transición entre la actividad
mística y esa posición más definida asumida por el ocultista. No trataré por lo
tanto las enfermedades que heredan los místicos, sólo indicaré un hecho
interesante: El místico es siempre consciente de la dualidad. Es el buscador
en demanda de la luz, del alma, del ser amado, de ese algo superior que
presiente que existe y que puede ser hallado. Se esfuerza por reconocer lo
divino y ser reconocido por ello; persigue la
visión, es un discípulo de Cristo, y esto condiciona su pensamiento y su
aspiración. Es un devoto y aquel que ama lo aparentemente inalcanzable, el otro
Yo.
Sólo cuando llega a ser ocultista, el
místico aprende que todas las veces el imán que lo atrajo y el dualismo que
coloreó su vida y pensamiento y constituyó el móvil de todo lo que quiso
realizar, fue su verdadero Yo, la Realidad Una. Entonces reconoce que esta
asimilación en la Realidad Una y su identificación con ella, permite a la
dualidad trasmutarse en la unidad y al sentido de búsqueda transformarse en
esfuerzo para llegar a ser lo que él esencialmente es un Hijo de Dios, uno con
todos los Hijos de Dios. Al lograrlo halla que el mismo es uno con el UNO en
Quien vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser.
Señalaré que la expresión más
inferior de la condición mística, con la cual nos vamos familiarizando cada
vez más, es la que se denomina “doble personalidad”; cuando existe esta
condición, el yo personal inferior se expresa a través de una condición básica
de dualidad, y dos personas se expresan a si mismas, aparentemente, en vez de
la personalidad integrada con el alma. Esto necesariamente crea una peligrosa
condición sicológica que exige un entrenado manejo científico, algo que no
poseernos en la actualidad, pues muy pocos sicólogos y siquiatras entrenados
reconocen la realidad de la existencia del alma. Menciono esto porque hoy es de
valor, y lo será acrecentadamente en años posteriores, cuando sea necesario
trazar y conocer esas analogías en las grandes zonas inexploradas de
percepción existentes en la conciencia humana. La doble personalidad y el
místico son dos aspectos de un todo, el aspecto correcto, de acuerdo a un
desenvolvimiento elevado, y ese aspecto que es reflejo y distorsión de la etapa
de desarrollo que precede a la del ocultista entrenado. En la actualidad
muchas condiciones prevalecientes en la humanidad pueden ser sometidas al mismo
razonamiento, y uno de los métodos de curación que se desarrollará más
adelante, es el descubrimiento de las analogías superiores correspondientes a
las dificultades y enfermedades inferiores, y el reconocimiento de que ellas
sólo son distorsiones de una gran realidad. Esto conduce a transferir la
atención de quien está bajo el cuidado del curador, a ese reconocido aspecto
superior.
La Ciencia de integración está
involucrada en esta cuestión y si se la comprende correctamente, abrirá un
campo psicológico totalmente nuevo, de acercamiento a las enfermedades, ya sean
fisiológicas o nerviosas. Los sicólogos y educadores espiritualmente
orientados ya han hecho un comienzo sobre estas líneas. El sistema de ayudar a
las personas sicológicamente, se hace definidamente sobre estas nuevas líneas,
pudiendo describirse de la manera siguiente: el sicólogo común emplea el
método (cuando se trata de casos nerviosos, de quienes están al borde de la
insania y de personas neuróticas) de descubrir los complejos arraigados profundamente,
cicatrices, antiguos shocks o temores que están detrás de la experiencia
presente y que han hecho del hombre lo que es hoy. Estos factores
condicionantes pueden por lo general ser atribuidos al subconsciente, por el
proceso de desenterrar el pasado, teniendo en cuenta el medio ambiente actual
y la herencia, y estudiando los efectos de la educación -académica o basada en
la vida misma. Entonces el factor que ha sido el mayor obstáculo y convirtió
al hombre en un problema sicológico, es llevado (con su ayuda, si fuera
posible) a la superficie de su conciencia, quedando inteligentemente explicado
y relacionado con las condiciones existentes, en consecuencia, a una
comprensión de su personalidad, sus problemas y su inminente oportunidad.
La técnica espiritual, sin embargo,
es totalmente diferente. El problema de la personalidad y el proceso de hurgar
en el subconsciente son pasados por
alto, porque a las condiciones indeseables se las considera como resultado de
la falta de contacto y control por el alma. Al paciente (si puedo denominarlo
así) se le enseña a apartar sus ojos y consecuentemente su atención de sí
mismo, de sus sentimientos, complejos, ideas fijas y pensamientos indeseables,
y a enfocarlos en el alma, la divina realidad dentro de la forma, y en la
conciencia crística. Esto bien podría denominarse el proceso de sustituir
científicamente aquello que hasta ahora acaparaba la atención por un nuevo
interés dinámico; pone en actividad funcionante un factor colaborador cuya
energía arremete a través de la vida inferior de la personalidad y arrastra
todas las erróneas tendencias sicológicas, complejos indeseables, conducentes
a erróneos acercamientos a la vida. Esto eventualmente regenera la vida mental
o de pensamiento, de manera que el hombre llega a ser condicionado por el recto
pensar, bajo el impulso o la iluminación del alma. Esto produce “el poder
dinámico expulsor de un nuevo afecto”. Las antiguas ideas fijas, depresiones y
miserias, los viejos deseos obstaculizantes, todo desaparece y el hombre queda
libre como alma y amo de sus procesos vitales.
He dilucidado extensamente estas dos
condiciones, pues es esencial comprender otra ley, respecto a la curación,
antes de seguir adelante. Los comentarios acerca de la doble personalidad, los
problemas del místico y el nuevo método de encarar la enfermedad (desde el
ángulo del alma y el reino de las causas, en vez del ángulo de la personalidad
y el reino de los efectos) podrán aclarar esta ley en sus mentes e indicar por
lo menos su valiosa y razonable aplicación a las necesidades humanas.
La
enfermedad, tanto física como sicológica, tiene sus raíces en lo bueno, lo
bello y lo verdadero y sólo es un reflejo distorsionado de las posibilidades
divinas. El alma frustrada, cuando trata de expresar plenamente alguna
característica divina o realidad espiritual interna, produce dentro de la
sustancia de sus envolturas un punto de fricción. Sobre este punto están
enfocados los ojos de la personalidad, lo cual conduce a la enfermedad. El arte
del curador consiste en elevar hacia el alma -el verdadero curador dentro de la
forma- los ojos que están enfocados hacia abajo. Entonces el tercer ojo, u ojo
espiritual, dirige la fuerza curadora, y todo está bien.
B. Enfermedades de los Discípulos
Dividiré en dos partes lo que voy a
decir acerca de las enfermedades de los discípulos: los problemas específicos
de los discípulos y las dificultades incidentales al contacto con el alma.
Es necesario recordar que todo
discípulo es susceptible de contraer los tipos principales de enfermedades,
pues al tratar de ser uno con toda la humanidad, ello incluye por lo tanto
todos los males hereditarios de la carne. Sin embargo, no pueden sucumbir a las
flaquezas del hombre común y deben recordar que las enfermedades cardíacas y
nerviosas constituyen su mayor problema. En conexión con esto los discípulos
podrían dividirse en dos grupos principales: Los que viven arriba del diafragma
y por lo tanta están predispuestos a las enfermedades del corazón, a las
dificultades de la tiroides y de la garganta, y aquellos que están en proceso
de transferir las energías de los centros situados abajo del diafragma a los de arriba del diafragma. La
mayoría de ellos está transfiriendo las energías del plexo solar al corazón, y
la agonía del mundo está acelerando profundamente el proceso. Dificultades estomacales,
hepáticas y respiratorias van a la par de tales trasferencias.
1. Los Problemas Específicos de los Discípulos.
Estos problemas específicos son, como
bien saben, peculiares de quienes han elevado su conciencia a la vida del alma,
fuera de la vida de la personalidad.
Están relacionados principalmente con la energía, su afluencia, su
asimilación o no asimilación, y su empleo correctamente dirigido. Las otras
enfermedades que constituyen la herencia de la carne en esta época de la
evolución humana (pues debe recordarse que las enfermedades varían de acuerdo a
la etapa de evolución y que su aparición es cíclica), y a las cuales los discípulos
pueden sucumbir y sucumben, no se considerarán aquí; basta decir que las tres
principales enfermedades de la humanidad, a las cuales me he referido, cobran
su tributo a los discípulos, particularmente para lograr que el alma se libere
de su vehículo. Sin embargo, son controladas en tales casos -aunque no lo
parezca- desde los niveles del alma, y el desenlace está planeado como
resultado de la decisión del alma y no por los estragos de la enfermedad. La
razón de que estas tres principales enfermedades, originarias de la vida
planetaria en la cual vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, ejercen este
poder sobre los discípulos, consiste en que ellos mismos son parte integrante
de la vida planetaria, y en las primeras etapas del reconocimiento de esta
unidad están propensos a ser fácil presa de ellas. Este es un hecho poco
conocido o comprendido, pero explica por qué los discípulos y personas
avanzadas son susceptibles a dichas enfermedades.
Dividiremos estos problemas en cuatro
categorías:
1. Los que están relacionados
con la sangre o el aspecto vida, porque “la sangre es la vida”. Esto produce un
efecto especifico sobre el corazón, por lo general sólo de naturaleza
funcional. Las enfermedades orgánicas del corazón se deben a causas más profundamente
arraigadas.
2. Los que son un efecto directo
de la energía, actuando sobre el sistema nervioso y a través de éste, por
intermedio del cerebro rector.
3. Los que están relacionados
con el sistema respiratorio y tienen un origen oculto.
4. Los que se deben
específicamente a la receptividad o no receptividad, al funcionamiento o no
funcionamiento, y a la influencia que ejerce el centro. Lógicamente éstas caen en siete grupos, que
afectan siete zonas principales del cuerpo. En lo que respecta al discípulo común, antes de que exista total
control por el alma y dirección monádica, el principal agente rector, vía el
cerebro, es el nervio vago, a lo largo del cual las energías (penetrando por intermedio
del centro coronario) son distribuidas al resto del cuerpo. En Oriente ha sido
creada, por una poderosa escuela esotérica, una ciencia definida de los centros
y su relación con el kundalini. Contiene muchas verdades y también muchos
errores.
He establecido diferencia entre
problemas, reacciones físicas y enfermedades, porque la afluencia, distribución
y dirección de la energía no producen necesariamente enfermedad. Sin embargo,
durante el noviciado que precede a todas las iniciaciones, se producen siempre
dificultades y problemas de todo tipo, ya sea en la conciencia del discípulo o
en relación con quienes están a su alrededor. De ahí que sea afectado su medio
ambiente y en consecuencia su propia acción recíproca.
Debería recordarse, en conexión con
esto, que todos los discípulos son centros de energía en el cuerpo de la
humanidad y están en proceso de convertirse en puntos de energía enfocada y
dirigida. Su función y actividad, siempre e inevitablemente, producen efectos,
resultados, despertamientos, desintegraciones y reorientaciones, en la vida de
aquellos que los rodean. En las primeras etapas producen esto
inconscientemente, por eso los resultados, sobre aquellos con quienes hacen
contacto con frecuencia, no son deseables, ni la energía está dirigida,
desviada o retenida inteligentemente. Una intención inteligente debe existir
detrás de toda sabia dirección de la energía. Más adelante, cuando estén
aprendiendo conscientemente a ser y estén convirtiéndose en centros
radiantes de energía curadora, conscientemente dirigida, esta energía animadora
será transmitida y luego empleada constructivamente en líneas sicológicas y
físicas. Sin embargo, en cualquier caso, el discípulo ejerce una eficaz influencia y nunca puede
pasar “inadvertido en su lugar ni dejar de hacer impacto sobre otras almas”,
como se dice esotéricamente. Su influencia, emanación y potente energía,
inevitablemente le acarrean problemas y dificultades, basadas en las
relaciones humanas que ha establecido kármicamente y en las reacciones de
aquellos con quienes hace contacto, ya sea para bien o para mal.
Esencialmente, la influencia de un
discípulo de la gran Logia Blanca es fundamentalmente buena y espiritualmente
condicionante; superficialmente y en sus efectos externos -en particular en lo
que concierne al discípulo- aparecen situaciones difíciles, aparentes
separaciones, y emergen los defectos lo mismo que las virtudes de quienes han
sido afectados, persistiendo a menudo durante muchas vidas, hasta que la
persona, así influenciada, llega a
“reconciliarse ocultamente con la energía emanante.” Reflexionen sobre
esto. El reajuste deben hacerlo quienes han sido influenciados y no el
discípulo.
Consideraremos ahora los cuatro
problemas desde el ángulo sicológico y no desde el físico.
a. Los problemas que surgen debido
al despertar del centro cardiaco del discípulo son quizás los más comunes y con
frecuencia los más difíciles de manejar; están basados en las relaciones
vivientes y la interacción de la energía del amor con las fuerzas del deseo. En
las primeras etapas, ésta afluyente fuerza-amor establece contactos con la
personalidad, que oscilan entre las etapas de máxima devoción y extremo odio,
por parte de la persona que ha sido afectada por la energía del discípulo. Esto
produce un constante disturbio en la vida del discípulo, hasta llegar a
adaptarse a los efectos de la distribución de su energía y también a las
frecuentes rupturas de relaciones y reconciliaciones. Cuando el discípulo ha
adquirido suficiente importancia como para llegar a ser el centro organizador
de un grupo o estar en posición de comenzar a formar esotéricamente su propio
ashrama (antes de recibir alguna de las iniciaciones mayores), entonces la
dificultad puede ser muy real y perturbadora. Sin embargo muy poco puede hacer
el discípulo, excepto tratar de regular la saliente energía del amor. El
problema continúa fundamentalmente para aquel que ha sido afectado; los
reajustes deben ser hechos por los demás, como he dicho anteriormente, y el
discípulo debe estar preparado para colaborar al primer indicio de una buena
voluntad en reconocer la relación y la intención de colaborar en el servicio
grupal. Este punto deben considerarlo ambas partes, el discípulo y la persona
que reacciona a su influencia. El discípulo está preparado; el sujeto que responde,
generalmente se retira o se acerca, de acuerdo al anhelo de su alma o de su
personalidad, probablemente ocurra esto último en las primeras etapas. Sin
embargo, oportunamente el sujeto presta su plena comprensión colaboradora con
el discípulo, finalizando la difícil experiencia de la enfermedad.
No me es posible dar detalles
explícitos al considerar estos problemas relacionados con el corazón y la
energía vital del discípulo, los cuales están condicionados por su rayo, la
iniciación para la cual se está preparando, y la calidad, etapa evolutiva y
rayo de quienes han sido afectados.
Existen también dificultades y
problemas de naturaleza más sutil, que surgen de la misma causa, pero no
localizadas en ciertas relaciones humanas definidas. Un discípulo sirve,
escribe y habla; sus palabras e influencias compenetran la masa de hombres, despertando
en ellos alguna actividad a menudo buena y espiritual, a veces mala, antagónica
y peligrosa. En consecuencia, no sólo tiene que ocuparse de sus propias reacciones
al trabajo que está realizando, sino, en un sentido general y específico, de
las masas a las que comienza a afectar. Esto no es algo fácil de realizar,
particularmente para un trabajador inexperto en el Plan. Fluctúa entre el
plano mental, donde normalmente intenta
actuar, y el plano astral, donde las masas se hallan enfocadas, y esto lo lleva
al reino del espejismo y al consiguiente peligro. Su conciencia se dirige a
quienes trata de ayudar, a veces como alma (entonces a menudo sobrestimula a quienes
lo escuchan) y otras como personalidad (entonces nutre y aumenta las reacciones
de la personalidad de la masa).
A medida que el tiempo pasa, aprende
-mediante las dificultades que trae el necesario acercamiento cordial- a
mantenerse firme en el centro, emitiendo la nota, dando su mensaje, distribuyendo
energía de amor e influyendo sobre quienes lo rodean, pero él permanece
impersonal, sólo como agente rector y alma comprensiva. Esta impersonalidad
(que puede ser definida como una abstracción de la energía de la personalidad)
acarrea sus propios problemas, como bien saben los discípulos; sin embargo,
nada pueden hacer sino esperar que el tiempo conduzca a los otros hacia una
clara comprensión del significado y sentido esotérico de las rectas relaciones
humanas. El problema de quienes trabajan con individuos y grupos está
básicamente relacionado con la energía del corazón y con la fuerza vivificadora
de su vida personificada. En conexión con este problema y su reacción sobre el
discípulo, pueden ocurrir ciertas dificultades físicas, y de éstas me ocuparé
en breve.
Debo puntualizar que también pueden
aparecer las dificultades del ritmo y los problemas vinculados con la vida
cíclica del discípulo. El corazón y la sangre están esotéricamente relacionados
y simbólicamente definen la vida palpitante del alma que se manifiesta en el
plano físico, en la exteriorización y abstracción de la vida dual del
discípulo: cada fase presenta su propio problema. Una vez que el discípulo ha
dominado el ritmo de su vida externa e interna y ha organizado sus reacciones
de manera que puede extraer de ellas el máximo significado, sin ser
condicionado por ellos, entonces entra en la vida relativamente sencilla del
iniciado. ¿Les asombra esta frase? Debe recordarse que el iniciado se ha
liberado, después de la segunda iniciación, de las complejidades del control
emocional y astral. El espejismo ya no puede dominarlo. Puede permanecer firme
a pesar de todo lo que haga y sienta. Se da cuenta que la condición cíclica
está relacionada con los pares de opuestos y es parte de la manifestación de la
vida de la existencia misma. Durante el tiempo que aprende esto pasa a través
de grandes dificultades. Como alma, se somete a una vida de exteriorización,
influencia magnética y extroversión. Inmediatamente después de esto puede
llevar una vida de abstracción, sin ningún interés aparente por sus relaciones
y medio ambiente, y expresarse en forma intensamente introspectiva e
introvertida. Quizás luche penosamente entre estos extremos, a veces durante
muchas vidas, hasta que aprende a fusionar y mezclar ambas expresiones. Llega
a comprender con claridad la vida dual del discípulo aceptado, en sus diversos
grados y etapas, y sabe lo que hace. Constante y sistemáticamente desempeñan
una parte útil la exteriorización y abstracción, el prestar servicio al mundo
y el vivir la vida reflexiva.
Mientras va dominando este proceso
surgen muchas dificultades sicológicas que conducen a separaciones
sicológicas, profundamente arraigadas o superficiales. El objetivo de todo
desarrollo es integración, integración como personalidad, integración con el
alma, integración en la Jerarquía, integración con el Todo, hasta lograr la
completa unidad e identificación, A fin de dominar esta ciencia de integración
cuya meta básica es la identificación con la Realidad Una, el discípulo
progresa de una unificación a otra, cometiendo errores, llegando con frecuencia
a un completo desaliento, identificándose con lo indeseable, hasta que como personalidad-alma
repudia las anteriores relaciones, y debe pagar
continuamente el fervor mal aplicado, la aspiración distorsionada, el
efecto abrumador del espejismo y las numerosas condiciones sicológicas y
desarreglos físicos que deben surgir mientras se subsanan las separaciones, se
logra la correcta identificación y se establece la debida orientación.
Durante este proceso básico,
necesario e ineludible, se lleva a cabo un definido trabajo en el cuerpo
etérico. El discípulo aprende a elevar las energías, extraídas de los centros
inferiores, al plexo solar y de allí al centro cardíaco, reenfocando así las
energías arriba del diafragma, en vez de hacerlo abajo del diafragma. Esto
conduce frecuentemente a grandes complicaciones, porque -desde el ángulo de la
personalidad- el centro plexo solar es el más poderoso, siendo el lugar donde
se distribuyen las fuerzas de la personalidad. Este proceso de
descentralización y “elevación” de la conciencia inferior a la superior, trae
las principales dificultades a las que está sujeto el discípulo. Este proceso
también se está llevando a cabo hoy en todo el mundo, causando la espantosa
dislocación de los asuntos humanos, culturas y civilizaciones. Todo el enfoque
de la conciencia humana está cambiando; la vida egoísta (característica del
hombre centralizado en sus deseos y consecuentemente en el centro plexo solar)
cede su lugar a la vida descentralizada del hombre altruista (centrado en su
yo alma), consciente de sus relaciones y
responsabilidades con el Todo y no con la parte. Esta sublimación de la vida
inferior en la superior es uno de los momentos más importantes para el
individuo y la raza. Una vez que el discípulo individual y también la
humanidad, que simboliza al discípulo del mundo, hayan dominado el proceso de
trasferencia, veremos establecido el nuevo orden del servicio individual
mundial y, por lo tanto, la llegada del tan esperado nuevo orden.
La circulación de la corriente sanguínea es el
símbolo de estos procesos, y la clave del establecimiento del orden mundial se halla
oculta en dicha simbología -la libre circulación de todo lo necesario para
cada parte de la gran estructura de la humanidad. La sangre es la vida, y el
libre intercambio, la libre participación, la libre circulación de todo lo que
se requiere para un correcto vivir humano, caracterizará al mundo futuro. Estas
condiciones no existen, el cuerpo de la humanidad está enfermo y su vida
interna desorganizada. En vez de la libre circulación del aspecto vida en todas
partes, ha existido separación, congestión, estancamiento y canales obstruidos.
Ha sido necesaria la terrible crisis actual para que la humanidad perciba esta
condición enfermiza, la enorme extensión del mal y descubra que las
enfermedades de la “sangre de la humanidad” (simbólicamente entendida) son tan
graves que se requieren las más drásticas medidas -dolor, agonía, desesperación
y terror- para lograr su curación.
Los curadores deberán recordar esto,
y tener presente que los discípulos, los hombres buenos y los aspirantes,
comparten esta enfermedad universal de la humanidad, la cual deberá cobrar
tributo, sicológica o fisiológicamente, o ambos. El malestar es de origen muy
antiguo y de arraigados hábitos, e inevitablemente afecta al vehículo físico
del alma. Estar exento de los efectos de las enfermedades humanas no indica
superioridad espiritual. Simplemente podría indicar lo que uno de los Maestros
denominó como “las profundidades del egoísmo y la autosatisfacción
espirituales”. El iniciado de tercer grado puede considerar que está exento, pero
sólo se debe a que está completamente liberado del espejismo y ningún aspecto
de la vida de la personalidad tiene poder sobre él. Todos los tipos de rayos
que rigen al individuo están sujetos similarmente a estos problemas
particulares. Sin embargo, los que pertenecen al séptimo rayo son más
susceptibles a los problemas, dificultades y enfermedades incidentales de la
corriente sanguínea, que ningún otro tipo. La razón es que éste rayo tiene que ver con la expresión y manifestación de
la vida en el plano físico y con la organización de la relación entre espíritu
y materia en la forma. Por lo tanto concierne hoy, mientras se trata de crear
el nuevo orden, a la libre circulación y la consiguiente y destinada
liberación de la humanidad de las enfermedades y problemas del pasado. Es
interesante recordar esto y sería útil para los estudiantes, en esta época -si
desean colaborar inteligentemente con los acontecimientos del día- reunir y
estudiar todo lo que he escrito acerca del séptimo Rayo de Orden Ceremonial y
Magia.
b. Las enfermedades del sistema
nervioso
producidas por la afluencia de energía a todas las partes del cuerpo, ya sea
dirigida por la personalidad, algún aspecto del yo inferior personal, o por el
alma, vía el cerebro, son muchas, y se agudizan a medida que el discípulo se
acerca a la iniciación o se convierte en un iniciado. Al margen de los males
sicológicos que esto produce, existen otras numerosas condiciones, debidas a
esta afluencia de tuerza. El discípulo, por ejemplo, llega a estar excesivamente
estimulado y por consiguiente superactivo; sufre un desequilibrio y con esto no
me refiero al desequilibrio mental (aunque puede ocurrir) sino al
superdesarrollo e hiperexpresión de alguna parte de su naturaleza. Puede llegar
a estar exageradamente superorganizado por medio de algún centro hiperactivo,
o suborganizado e inactivo. Por lo tanto está sujeto al desequilibrio del
sistema glandular, con todas las dificultades derivadas. La sobrestimulación o
el subdesarrollo, en lo que concierne a los centros, generalmente afecta a las
glándulas, y éstas a su vez producen las dificultades del carácter, que
lógicamente también traen problemas ambientales, así como impedimentos de la
personalidad.
Esto llega a convertirse en un
círculo vicioso y todo se debe a la errónea dirección de la fuerza y su
afluencia, desde uno de los vehículos de la personalidad a su correspondiente
centro (por ejemplo, la fuerza astral y su relación con el plexo solar),
apareciendo los problemas que conciernen a la salud, el carácter y a la
influencia que ejerce. La actividad excesivamente radiante de algún centro
llama la atención y el discípulo es víctima de su propia obra. Me ocuparé de
éstas más extensamente cuando considere las enfermedades que surgen de estas
cuatro categorías.
Dichas dificultades son de tipo
general, pero afectan principalmente a los discípulos de segundo y sexto
rayos. A los primeros, porque el segundo rayo es el rayo constructor y por lo
tanto concierne predominante a la manifestación externa y a la utilización de
todos los centros, y a los otros, porque es primordialmente el rayo de tensión,
tensión que puede convertirse en el más maligno fanatismo o en la más
altruista devoción. Es innecesario decir que todos los rayos presentan los
mismos problemas, pero el segundo rayo tiene que ver mayormente con la
actividad del alma a través de todos los centros (ubicados arriba y abajo del
diafragma), teniendo el cardíaco como principal centro de atención. El sexto rayo tiene una estrecha
relación con el centro plexo solar como lugar de distribución y de
reorientación de la tuerza vital en la personalidad. Continuamente recuerden
esto.
c. Los problemas vinculados con
el sistema respiratorio están relacionados con el corazón y por lo tanto con el establecimiento
del ritmo y contacto correctos con el medio ambiente. Inhalar el aliento de la
vida y compartir el aire con los demás seres humanos, significa un centro
individual de vida y la participación también en la vida general de todos. A
estos problemas de la existencia individual o separada y de su opuesto, está
íntimamente relacionada la Palabra Sagrada u el OM. Podría expresarse con las palabras de un manual ocultista sobre
oraciones, dado a los discípulos avanzados:
“Quien vive regido por el sonido AUM
se conoce a sí mismo.
Quien vive entonando el OM conoce a
su hermano. Quien conoce el SONIDO, conoce todo”.
Luego, en el lenguaje críptico y
simbólico del iniciado, el manual continúa:
“El aliento de vida se convierte en
la causa de la muerte para quien vive dentro de un cascarón. Existe, pero no
es; el aliento entonces se retira y asciende en espiral hacia el todo”.
“Quien exhala el OM no sólo se conoce
a si mismo. Sabe que el aliento es prana, vida y fluido vinculador. Los males
de la vida son suyos, porque constituyen el sino del hombre, no generado en un
cascarón porque el cascarón no existe.”
“Quien es el SONIDO y lo emite, no
conoce enfermedad ni tampoco la mano de la muerte”.
En estas pocas palabras se resume
todo el problema que corresponde al tercer grupo de problemas y enfermedades,
los cuales están relacionados con la circulación de la energía del alma, la
energía del amor, y nada tienen que ver con la circulación de la esencia de la
vida. Estas dos energías básicas, a medida que actúan sobre las fuerzas de la
personalidad, acarrean la totalidad de los problemas heredados por la
humanidad. Producidos por la falta de amor, de vida, y por no emitir ni
trasmitir correctamente la nota del alma y del rayo. El secreto para la
construcción de un canal puro (empleando una fraseología mística, pero no
ocultista) está considerado en el primer grupo de problemas, y el
establecimiento de correctas relaciones por la correcta enunciación de la nota
atractiva del alma, está considerado en los dos últimos grupos.
Este tercer grupo de dificultades, problemas y
enfermedades, corresponde lógicamente a esas personas que pertenecen a todos
los rayos, pero las de primer rayo tienen una marcada predisposición a estas
perturbaciones específicas. Al mismo tiempo, cuando emplean correctamente sus
poderes latentes, pueden superar, por el correcto empleo del OM y finalmente
del SONIDO, los problemas incidentales y las dificultades, mucho más
fácilmente que las de otros rayos. Aquí se refiere a la Palabra Perdida de la Masonería
y al SONIDO del Nombre Inefable.
Los sonidos AUM y OM y el SONIDO
mismo, están relacionados con la vibración y sus diferentes y variados efectos.
El secreto de la Ley de Vibración se está revelando progresivamente a medida
que las personas aprenden a emitir la PALABRA en sus tres aspectos. Los
estudiantes harían bien en reflexionar sobre la diferencia que existe entre el
aliento y el sonido, entre el proceso de la respiración y el proceso de
creación de la actividad vibratoria. Están relacionados, pero son diferentes.
Uno se relaciona con el Tiempo, el otro con el espacio, y (como lo expone El
Antiguo Comentario) “el sonido, sonido final aunque iniciador, concierne a
aquello que no es ni Tiempo ni Espacio; está más allá del Todo manifestado, Fuente
de todo lo que es y sin embargo es nada” (o ninguna cosa. A.A.B.)
Por esta razón los discípulos que
pertenecen al cuarto rayo pueden comúnmente progresar mediante el poder de la
intuición y la comprensión del OM. Este rayo de armonía a través del conflicto
(el conflicto de los pares de opuestos), necesariamente está relacionado con la
introducción de esa actividad vibratoria que llevará a la unidad, a la armonía
y rectas relaciones y a la liberación de la intuición.
d. Los problemas incidentales a
la actividad o inactividad de los centros son quizás los más importantes desde
el punto de vista de la enfermedad, porque los centros rigen el sistema glandular, y las glándulas tienen una
relación directa con la corriente sanguínea, condicionando también las
principales y más importantes zonas del cuerpo humano; tienen un efecto
fisiológico y sicológico sobre la personalidad y sus contactos y relaciones
internas y externas. La reacción es principalmente física pero los efectos son
mayormente sicológicos, por lo tanto me extenderé sobre este cuarto grupo
principalmente, trataré las enfermedades de los discípulos y daré algunas
instrucciones definidas sobre los centros, lo cual indicará más claramente que
en ninguna otra parte, las causas de muchos males humanos y dificultades
físicas.
Antes de proseguir con el próximo
punto, procuren captar más plenamente las Leyes y Reglas de la Curación, dadas
y repetidas aquí para facilitar sus esfuerzos.
Toda enfermedad es el
resultado de la inhibición de la vida del alma. Esto es verdad para todas las
formas de todos los reinos. El arte del curador consiste en liberar al alma, a
fin de que su vida pueda fluir a través del conglomerado de organismos, que
constituye una forma determinada.
La enfermedad es el producto
de tres influencias y está sujeta a ellas. Primero, el pasado del hombre, en
que paga el precio de antiguos errores; segundo, su herencia donde comparte
con todo el género humano esas contaminadas corrientes de energía de origen
grupal; tercero, su participación, con todas las formas naturales, de aquello
que el Señor de la Vida impone a Su cuerpo. Estas tres influencias son
denominadas “La Antigua Ley de Participación del Mal”. Algún día ésta debe
ceder su lugar a la nueva “Ley del Antiguo y Predominante Bien”, que reside
detrás de todo lo que Dios ha creado. Esta ley debe ser puesta en vigencia por
la voluntad espiritual del hombre.
Las enfermedades son efecto
de la centralización básica de la energía vital del hombre. Del plano en que
dichas energías están enfocadas, provienen esas
condiciones determinantes que producen mala salud. En consecuencia se
manifiestan como enfermedad o como buena salud.
La enfermedad, tanto física
como sicológica, tiene sus raíces en lo bueno, lo bello y lo verdadero, y sólo
es un reflejo distorsionado de las posibilidades divinas. EL alma frustrada,
cuando trata de expresar plenamente alguna característica divina o realidad
espiritual interna, produce, dentro de la sustancia de sus envolturas un punto
de fricción. Sobre este punto están enfocados los ojos de la personalidad, lo
cual conduce a la enfermedad. El arte del curador consiste en elevar hacia el
alma -el verdadero Curador, dentro de la forma- los ojos que están enfocados
hacia abajo. Entonces, el tercer ojo u ojo espiritual, dirige la fuerza
curadora, y todo está bien.
El curador debe tratar de vincular su
alma, corazón, cerebro y manos. Así puede derramar la fuerza vital curadora
sobre el paciente. Esto es trabajo magnético. Puede curar la enfermedad
o acrecentar su estado maligno, de acuerdo al conocimiento del curador.
El curador debe tratar de vincular su
alma, cerebro, corazón y emanación áurica. Así su presencia puede nutrir la
vida del alma del paciente. Esto es trabajo de irradiación. Las manos no
son necesarias. El alma despliega su poder. El alma del paciente, a través de
la respuesta de su aura, responde a la irradiación del aura del curador,
inundada por la energía del alma.
El curador debe adquirir pureza
magnética a través de la pureza de vida. Debe lograr esa dispersiva
irradiación, que se manifiesta en todo hombre que ha vinculado los centros de
la cabeza. Cuando se ha establecido tal campo magnético, entonces surge la
irradiación.
El curador debe entrenarse a fin de
conocer el nivel interno de los pensamientos y deseos de quien busca su ayuda.
Así podrá conocer la fuente de donde
proviene la dolencia. Debe relacionar la causa y el efecto, y conocer el punto
exacto por el cual debe llegar el alivio.
El curador y el grupo de curación deben
mantener sujeta la voluntad, pues no deben emplear la voluntad, sino el amor.
2. Dificultades Incidentales al Contacto con el Alma.
Hoy comenzaremos a estudiar las
dificultades, enfermedades y perturbaciones sicológicas (neurológicas y
mentales) de los aspirantes y discípulos del mundo. Las estudiaremos
definidamente desde el ángulo de los siete centros, y también consideraremos
los resultados de las fuerzas y energías (empleo estas palabras características,
premeditadamente) que afluyen a través de ellos. Gran parte de lo que diré lo
pondrá en duda la medicina ortodoxa, aunque ella paulatinamente va hacia el
punto de vista ocultista. No trataré de relacionar la actitud esotérica de la
curación, sus proposiciones y métodos, con las modernas escuelas terapéuticas.
Ambas se están acercando gradualmente. El lector lego, para quien están
destinadas estas enseñanzas, comprenderá con más claridad mi tesis si la
mantengo relativamente libre de los términos técnicos y de las actitudes
académicas de las ciencias médicas. Sólo servirían para confundir. Mi
intención es dar un cuadro general de las causas subyacentes en los males
físicos externos. Quiero presentar ciertos aspectos de la terapia esotérica,
para lo cual el género humano está preparado, recordándoles que la presentación
es lógicamente inadecuada y parcial, y por ello puede parecer incorrecta y ser
un desafío para aquellos que siempre buscan explotar la credulidad humana. Sin
embargo, esto no es asunto mío. El tiempo comprobará la veracidad de mis
afirmaciones.
La nueva medicina se ocupará dé factores que
en la actualidad apenas son reconocidos y aún no han sido relacionados con el
hombre y su cuerpo. La teoría básica sobre la cual descansará la nueva
enseñanza médica puede ser resumida en la afirmación de que en realidad sólo hay energía que considerar y
fuerzas que resisten o asimilan tipos de energía superiores o diferentes. Por
lo tanto, permítaseme dar una nueva Ley para agregar a las cuatro ya expuestas.
Las leyes anteriores han sido proposiciones abstractas, y a no ser que se las
relacione con esta quinta Ley, seguirán siendo ambiguas y sin significado.
No existe nada más que energía, porque Dios es Vida. En
el hombre se unen dos energías, pero hay otras cinco presentes. Para cada una
se ha de encontrar un punto central de contacto. El conflicto de esas energías
con las fuerzas, y de las fuerzas entre sí,
producen los males corporales del hombre. El conflicto entre los
primeras y las segundas persiste durante edades, hasta llegar a la cima de la
montaña, la primera gran cima. La lucha entre las fuerzas produce todas las
enfermedades, dolencias y dolores corporales que buscan la liberación en la
muerte. Las dos, las cinco y también las siete, además de aquello que ellas
producen, poseen el secreto. Ésta es la quinta Ley de Curación en el mundo de
la forma.
Esta Ley comprende ciertas
afirmaciones básicas clasificadas de la manera siguiente:
1. Vivimos en un mundo de
energías y somos parte constituyente de ellas.
2. El vehículo físico es una
fusión de dos energías y siete fuerzas,
3. La primer energía es la del
alma o energía egoica. Es la que produce el conflicto cuando la energía del
alma trata de controlar las fuerzas.
4. La segunda energía es la de
la triple personalidad -el rayo de la personalidad se resiste a la energía
superior.
5. Las fuerzas son las otras
energías o potencias de rayo que controlan los siete centros, siendo dominadas
por la energía de la personalidad o la del alma.
6. Por lo tanto, dos conflictos
tienen lugar entre las dos principales energías y también entre otras
energías, enfocadas a través de los siete rayos.
7. La interacción de estas
energías produce buena o mala salud.
Se ha dado mucha enseñanza sobre la
milenaria lucha entre la personalidad y el alma, pero siempre ha sido
presentada en términos de acercamiento espiritual, misticismo y religión, o
sino en términos de reacción del carácter, de aspiraciones abstractas y de
pureza o impureza. De esto no me ocuparé. Mi tema trata de los efectos que
produce este conflicto en el cuerpo físico. Por lo tanto me limitaré únicamente
a los problemas fisiológicos y sicológicos, incidentales a la lucha que
principalmente dificulta el camino del discípulo. Podría afirmarse que:
A. Todas las enfermedades y
dificultades físicas son causadas por una o varias de las tres cosas o
condiciones siguientes:
1. Por el contacto obtenido con
el alma,
produciendo así la vitalización de todos los centros en ordenado ritmo, de
acuerdo al rayo del alma. Esto necesariamente produce presión y tensión en el
vehículo físico.
2. La vida y enfoque de la
personalidad,
que trata de rechazar el control del alma y se expresa mayormente por la
actividad del centro laríngeo (predisponiendo a la actividad a la glándula
tiroides) y dé los centros abajo del diafragma.
3. Un ciclo en la vida del
aspirante,
donde el control de la personalidad comienza a debilitarse, y el énfasis y la
consiguiente actividad son transferidos a los centros arriba del diafragma,
causando también perturbaciones y reajustes.
B. Al aspirante se le presentan
ciertos objetivos en diferentes etapas, implicando cada una progreso, pero
trayendo al mismo tiempo algunas dificultades.
1. El objetivo que tiene ante sí
el iniciado
consiste en que todos los centros del cuerpo etérico respondan a la energía del
rayo a que pertenece el alma y a las otras siete energías de rayo subsidiarias
a aquél. Este proceso de estimulación, reajuste y establecimiento del control,
continúa hasta después de la tercera iniciación. Entonces, cuando se ha
recibido esta iniciación, el vehículo físico es de un calibre y cualidad
totalmente distintos y las Reglas y Leves de la Salud ya no le son aplicables.
2. El objetivo que tiene ante sí
el discípulo
consiste en procurar el control de los centros del cuerpo, vía el alma, por la
estimulación, eliminación y eventual estabilización. Ello inevitablemente
produce dificultad, vitalización o inspiración (cualquiera de estas palabras es
apropiada) o sino carencia o deficiencia, afectando los órganos corporales en
las zonas alrededor de los centros y toda la sustancia que los circunda.
3. El objetivo que tiene ante sí
el aspirante, o discípulo en probación consiste en transferir las fuerzas
desde los centros ubicados abajo del diafragma, por intermedio del centro plexo
solar, a los centros ubicados arriba del diafragma. La energía de la base de la
columna vertebral debe ser transferida a la cabeza; la energía del centro sacro
debe ser elevada a la garganta, mientras que la energía del plexo solar debe
ser transferida al corazón. Esto se hace en respuesta a la “atracción”
magnética del rayo del alma cuando comienza a dominar al rayo de la
personalidad. Este proceso es largo y
doloroso, abarcando muchas vidas y acarreando, como resultado, muchos males
físicos.
4. El objetivo que tiene ante sí
el hombre común (inconscientemente efectivo) consiste en responder plenamente a las
fuerzas de la personalidad, enfocadas principalmente en el punto medio, el
plexo solar, y en coordinar constante e inteligentemente estas fuerzas para
que una personalidad integrada sea presentada eventualmente al alma, y ésta la
controle y utilice.
5. El principal objetivo que
tiene ante sí el hombre primitivo o no desarrollado (también inconscientemente efectivo)
consiste en vivir una vida plenamente animal emotiva, adquiriendo así la
experiencia del crecimiento, del contacto y eventualmente de la comprensión.
Por este medio se construye el mecanismo de respuesta del alma en los tres
mundos.
Llamaré la atención sobre el
pensamiento que he intercalado aquí, de que los objetivos, intrínsecamente en
sí mismos, tienen efecto sobre aquello que el hombre se esfuerza en lograr.
Este pensamiento merece una cuidadosa consideración.
Estas generalizaciones serán útiles
si se recuerda que son sólo generalizaciones. Ningún aspirante, en ninguna
etapa, hasta después de la tercera iniciación, hace esfuerzos claramente
definidos ni está enteramente centralizado en su vida y esfuerzo. Los hombres
se encuentran en todas las etapas imaginables de desarrollo, y muchas de esas
etapas son intermedias a las cinco ya mencionadas. Éstas se fusionan y mezclan
entre sí, y a menudo constituyen un campo confuso y formidable para pensar y
actuar. Sólo en la vida del individuo subdesarrollado encontramos una clara
simplicidad. En el ínterin, desde la etapa infantil de la raza, o a la del
hombre liberado de la vida de la personalidad, no existe nada más que
complejidad, la superposición de estados de conciencia: dificultad, enfermedad,
problemas sicológicos, malestar y muerte.
Evidentemente esto debe ser así cuando se
ponen en relación el vasto número de energías y fuerzas que constituyen el ser
del hombre y forman su medio ambiente. Todo ser humano es, en realidad, un vórtice
en miniatura en el gran océano del Ser, en el cual vive y se mueve en incesante
movimiento hasta que el alma “exhale su aliento sobre las aguas” (o fuerzas) y
el Ángel de la Presencia descienda dentro del vórtice. Entonces todo se
aquieta. Las aguas agitadas por el ritmo de la vida, y más tarde encrespadas
violentamente por el descenso del Ángel, responden al poder curador del Ángel
y se trasforman “en una tranquila charca donde las pequeñas unidades pueden
entrar y hallar la curación que ellas necesitan”. Así reza El Antiguo
Comentario.
Los Centros y el Sistema Glandular
Es evidente que la enfermedad (cuando
no es de origen grupal o resultado del karma planetario o debido a un
accidente) surge de la actividad o inactividad de los centros. Ésta es una
verdad básica, dada en forma sencilla. Los centros, como ya saben, rigen el
sistema endocrino, que a su vez controla las siete zonas principales del
cuerpo físico y es responsable del correcto funcionamiento de todo el
organismo, produciendo efectos fisiológicos y sicológicos.
La importancia de este sistema
glandular no se puede sobrestimar. Es una réplica en miniatura de la
constitución septenario del universo y el medio de expresión e instrumento de
contacto para las fuerzas de los siete rayos, los Siete Espíritus ante el Trono
de Dios. Acerca de esta verdad actualmente no reconocida, se construirán los
métodos de la medicina y de la curación, en la civilización futura.
Las glándulas constituyen un gran
sistema vinculador en el cuerpo; ponen todas las partes del cuerpo físico en
mutua relación y también relacionan al hombre con el cuerpo etérico -tanto individual como planetario- y
análogamente con la corriente sanguínea, el portador del principio vida a
todas las partes del cuerpo. Por consiguiente, existen cuatro agentes
principales de distribución en el cuerpo físico; son unidades completas en si
mismas, contribuyen a la vida funcional y orgánica del cuerpo, están estrechamente
interrelacionadas y producen resultados fisiológicos y sicológicos de acuerdo a
su potencia, a la respuesta de los centros a la afluencia superior, a la etapa
de evolución alcanzada y a la libre expresión o inexpresión de las energías
entrantes. Los cuatro agentes de distribución de energía son:
1. El vehículo etérico, con sus miríadas de líneas
de fuerza y de energía entrante y saliente y su respuesta a los impactos de la
energía proveniente del medio ambiente, como también del hombre espiritual
interno y sus cuerpos sutiles, compenetra todo el cuerpo físico. En él se
hallan los siete centros como puntos focales de recepción y distribución; son
los receptores de siete tipos de energía, y las distribuyen por todo el pequeño
sistema humano.
2. El sistema nervioso y sus diversas y
entrelazadas directivas. Es una red relativamente tangible de energías y
fuerzas, expresión externa de la red interna, vital y dinámica del cuerpo
etérico y los millones de nadis o el prototipo de los nervios que subyacen en
el cuerpo sustancial. Esos nervios y plexos y sus innumerables ramificaciones
son los aspectos negativos de las energías positivas que condicionan o tratan
de condicionar al hombre.
3. El sistema endocrino es la tangible y exotérica
expresión de la actividad del cuerpo vital y sus siete centros. Los siete
centros de fuerza se encuentran en la misma zona en que están localizadas las
siete glándulas principales, y cada
centro de fuerza provee, de acuerdo a la enseñanza esotérica, el poder y la
vida de la correspondiente glándula que, en realidad, es su exteriorización.
Centros Glándulas
Centro coronario Glándula
pineal
Centro ajna Cuerpo
pituitario
Centro laríngeo Glándula
tiroides
Centro cardiaco Glándula
timo
Centro plexo solar Páncreas
Centro sacro Gónadas
Centro en la base de la
columna vertebral Glándulas
adrenales
Estos tres sistemas están muy
estrechamente relacionados y constituyen directivas de energías y fuerzas
entrelazadas, esencialmente vitales, energéticas, dinámicas y creadoras,
siendo básicamente interdependientes, y de ellas depende toda la salud interna
del organismo físico. Responden primero a cualquiera de los dos cuerpos
(emocional o mental), luego a la personalidad integrada y su rayo, y finalmente
al rayo del alma, cuando comienza a asumir el control. Son en realidad
responsables de la construcción del cuerpo físico y -después del nacimiento-
condicionan su cualidad sicológica, y esto a su vez produce el desarrollo del
hombre físico. También son los agentes de los tres aspectos divinos de toda
manifestación: vida-cualidad-apariencia
4. La corriente sanguínea. Portadora del principio
vida y de las energías y fuerzas combinadas de los tres sistemas mencionados.
Esta idea será algo novedosa para el ortodoxo. La relación del sistema
circulatorio de la sangre con el sistema nervioso, no ha sido aun adecuadamente
investigada por la medicina moderna. Sin embargo, mucho se ha realizado para
relacionar al sistema glandular con la sangre.
Únicamente cuando estos cuatro
sistemas interrelacionados sean considerados como un todo integrado y como
cuatro aspectos de un sistema vital circulatorio, emergerá la verdad. Sólo
cuando sean reconocidos como los cuatro agentes principales distribuidores de
los rayos combinados del hombre individual se captará la verdadera naturaleza
del fenómeno material. Podría agregar aquí que:
1.
El vehículo etérico, desde el ángulo circulatorio, es regido por la Luna,
cuando vela a Vulcano.
2.
El sistema nervioso está regido por Venus.
3.
El sistema endocrino está regido por Saturno.
4.
La corriente sanguínea está regida por Neptuno.
Estos cuatro sistemas son en realidad la
manifestación de los cuatro aspectos de la materia en su expresión inferior o
estrictamente física. Hay otros aspectos de expresión de la sustancia fundamental,
pero estos cuatro son los de mayor importancia.
Cada uno de ellos es esencialmente
dual, y cada dualidad corresponde al rayo del alma o al de la personalidad,
por lo tanto cada uno es positivo y negativo, y pueden ser descritos como una
unidad de resistente fuerza y de energía dinámica; cada uno es una combinación
de ciertos aspectos de la materia y de la sustancia, siendo la materia el
aspecto relativamente estático y la sustancia el agente relativamente fluido
que la dota de cualidad. Su interacción, relación y función unificadas,
constituyen la expresión del Principio de la Vida una, y cuando han alcanzado
un punto de fusión perfecta, síntesis o actividad coordinada, entonces aparece
“esa vida más abundante” de que Cristo hablara y de la cual nada sabemos. Los
cuatro aspectos de la materia constituyen también la analogía de los cuatro
atributos divinos, lo mismo que de los tres aspectos divinos.
La analogía de este dualismo básico de toda la
manifestación también se mantiene, constituyendo así el nueve de la iniciación
-los tres, los cuatro y los dos. Esta analogía del proceso iniciático es sin
embargo lo opuesto, porque significa iniciación en el tercer aspecto creador,
el aspecto materia y el mundo de la actividad inteligente. No es iniciación en
el segundo aspecto o aspecto alma, como sucede con las iniciaciones
jerárquicas, para las cuales el discípulo se prepara. Es la iniciación del alma
en la experiencia de la encarnación física, en la existencia del plano físico
y en el arte de funcionar como ser humano. La puerta que conduce a esta
experiencia es el “Portal de Cáncer”. La iniciación en el reino de Dios se hace
a través del “Portal de Capricornio”. Estos cuatro atributos y los tres
aspectos de la materia, más su actividad dual, son la analogía de los cuatro
aspectos de la personalidad y de la Tríada espiritual y su dual relación
activa. En esta declaración se halla oculta la clave de la liberación.
Los Siete Centros Principales
Sería de valor aquí si consideramos
por un momento la naturaleza de los centros, resumiendo parcialmente la
enseñanza dada en mis otros libros, así podré presentar una clara imagen del
cuerpo de energía que subyace en el vehículo físico denso.
Existen muchos puntos focales de
fuerza dentro del cuerpo, pero sólo me ocuparé de los siete principales que
controlan en cierta medida a los demás. De esta manera no habrá lugar a
confusión.
Consideraremos los cinco centros que se hallan
en la columna vertebral y los dos que están ubicados en la cabeza.
1.
El centro en la cabeza, está situado en la cima de la cabeza. Se lo denomina a
veces “el loto de mil pétalos”’ o el Brahmarandra.
a.
Corresponde al sol espiritual central.
b.
Entra en actividad funcionante después de la tercera iniciación y es el
órgano para la distribución de la energía monádica y el aspecto voluntad de la
divinidad.
c.
Está vinculado a la triple personalidad por medio del antakarana, que
los discípulos e iniciados están en proceso de construir, y alcanza su plena
utilidad sólo después de la destrucción del cuerpo causal, en la cuarta
iniciación.
d.
Es el centro Shamballa en el cuerpo físico y el agente del Padre o del
primer aspecto divino.
e.
Registra el propósito, corresponde al “fuego eléctrico” del sistema
solar, y es de cualidad dinámica.
f.
La glándula pineal ubicada en la cabeza es su exteriorización física.
Está activa durante la infancia hasta que la voluntad de ser éste
suficientemente desarrollada a fin de que la persona se arraigue firmemente en
la encarnación física. En las últimas etapas de la expresión divina en el
hombre, vuelve a entrar en actividad y a ser de utilidad como agente para cumplir
en la tierra la energía volitiva del Ser.
g.
Es el órgano de síntesis, porque después de la tercera iniciación y
antes de la destrucción del cuerpo causal, reúne en sí la energía de los tres
aspectos de la vida manifestada. En lo que concierne al hombre significa las
energías de la Tríada espiritual, del triple loto egoico y de la triple
personalidad, formando nuevamente el nueve de la iniciación. Las energías así
sincronizadas y enfocadas en la cabeza,
alrededor y encima de ella, son de gran belleza, de amplia radiación y
de efectividad dinámica. Sirven para relacionar al iniciado con todas las
partes de la vida planetaria, con el Gran Concilio de Shamballa y con el Señor
del Mundo, el ultérrimo Iniciador -por intermedio de Buda y uno de los tres
Budas de Actividad. El Buda, en un sentido muy peculiar, relaciona al iniciado
con el segundo aspecto de la divinidad -el del amor- y en consecuencia con la
Jerarquía; los Budas de Actividad lo relacionan con el tercer aspecto de la divinidad,
el de la inteligencia activa. Entonces la energía de la voluntad, de la
conciencia y de la creatividad se reúnen en él, proveyendo la síntesis de los
aspectos divinos.
h.
Éste es el único de los siete centros que en el momento de la perfecta
liberación mantiene la posición de un loto invertido, con el tallo del loto (en
realidad el antakarana) ascendiendo hasta “el séptimo Cielo”, vinculando al
iniciado con el primero y principal centro planetario, Shamballa. Los demás
centros, desde el principio, están invertidos, con los pétalos hacia abajo, en
dirección a la base de la columna vertebral; todos, durante el proceso de le
evolución despliegan gradualmente sus pétalos, entonces lentamente se dan
vuelta hacia arriba “hacia la cúspide del cetro”, tal como se lo denomina en El
Antiguo Comentario. Lo antedicho es un dato informativo de poco valor,
excepto que presenta una verdad, completa un cuadro y da al estudiante una idea
simbólica de lo que es esencialmente un agente distribuidor de la energía volitiva
de la Deidad.
2.
El Centro Ajna. Ubicado entre las cejas, en la región de la cabeza, está justamente
arriba de los dos ojos, desde donde “actúa como pantalla para la radiante
belleza y gloria del hombre espiritual”.
a.
Corresponde al sol físico y es la expresión de la personalidad, integrada
y funcionante, ante todo como discípulo y finalmente como iniciado. Esta es la
verdadera persona o máscara.
b.
Adquiere plena actividad funcionante cuando se recibe la tercera
iniciación. Recordaré que la Jerarquía considera esta iniciación como la
primera y principal iniciación, algo que ya he comunicado. Es el órgano para la
distribución de la energía del tercer aspecto, la energía de la inteligencia
activa.
c.
Está relacionado con la personalidad, mediante el hilo creador de la
vida, por lo tanto está estrechamente vinculado con el centro laríngeo (centro
de la actividad creadora), así como el centro coronario está relacionado con el
centro de la base de la columna vertebral. El establecimiento de una activa
interacción entre el centro ajna y el laríngeo produce una vida creadora y una
manifiesta expresión de la vida divina por parte del iniciado. Análogamente la
interacción activa entre el centro coronario y el de la base de la columna
vertebral produce la manifestación de la voluntad o propósito divino. Cuando
las fuerzas de los centros ajna y laríngeo se combinan, producen la más alta
manifestación del “fuego por fricción”, tal como las energías del centro
coronario y del centro básico producen el “fuego eléctrico” individual que,
cuando se expresa plenamente, lo denominamos fuego kundalini.
d.
Es el centro a través del cual la cuarta Jerarquía creadora, en su propio
plano, halla expresión; aquí también se fusionan y mezclan esta Jerarquía y el
cuarto reino de la naturaleza, la familia humana. El centro coronario relaciona
la mónada y la personalidad; el centro ama relaciona la Tríada espiritual (la
expresión de la mónada en los mundos amorfos) con la personalidad. Reflexionen
sobre esta afirmación, porque aquí tenemos -en el simbolismo del centro
coronario, físicamente considerado- el reflejo de atma, la voluntad espiritual,
y de budi, el amor espiritual. También tiene cabida aquí la enseñanza sobre la
ubicación de los ojos, en el desarrollo de la expresión consciente, llevando a
cabo creadoramente el propósito divino.
El tercer ojo el
centro coronario Voluntad.
Atma
El ojo del Padre, la Mónada. SHAMBALLA
El primer aspecto de la voluntad o
poder y propósito.
Relacionado con la glándula pineal.
El ojo derecho el
centro ajna Amor.
Budi
El ojo
del Hijo, el Alma. JERARQUÍA
El segundo aspecto de
amor-sabiduría.
Relacionado
con el cuerpo pituitario.
El ojo izquierdo el
centro laríngeo Inteligencia
Activa.
El ojo de la Madre, la personalidad. HUMANIDAD
El tercer aspecto de la inteligencia.
Relacionado con el ganglio o la
glándula carótida.
Cuando los tres ojos funcionan y “ven” simultáneamente,
se tendrá la percepción interna del propósito divino (el iniciado), visión
intuitiva del plan (el discípulo) y dirección espiritual de la actividad
creadora resultante (el Maestro).
e.
El centro ajna registra o enfoca la intención de crear. No es un
órgano de creación en el mismo sentido
que el centro laríngeo, sino que contiene la idea que está detrás de la creatividad
activa, el consiguiente acto de creación que oportunamente produce la forma
ideal para la idea.
f.
El cuerpo pituitario constituye su exteriorización física densa; los dos
lóbulos de esta glándula corresponden a los dos pétalos múltiples del centro
ajna. Expresa las dos formas mas elevadas de la imaginación y del deseo, siendo
ellos los factores dinámicos que subyacen en toda la creación.
g.
Es el órgano del idealismo, y -en forma peculiar- está estrechamente
relacionado con el sexto rayo, así corno el centro coronario lo está
esencialmente con el primer rayo. El sexto está curiosamente vinculado con el
tercer rayo y el tercer aspecto de la divinidad, y también con el segundo rayo
y al segundo aspecto. Fusiona, arraiga y expresa. En mis otros escritos no había
acentuado este hecho. El centro ajna es el punto de la cabeza que simboliza la
naturaleza dual de la manifestación en los tres mundos. Fusiona las energías
creadoras de la garganta y las energías sublimadas del deseo o el verdadero
amor del corazón.
h.
Este centro, teniendo sólo dos pétalos, no es un verdadero loto en el
mismo sentido que los demás centros. Sus pétalos están compuestos de 96 pétalos
menores o unidades de fuerza (48 + 48 = 96) pero éstos no tornan la forma de
flor de los otros lotos. Se abren, como las alas de un avión, a la derecha y a
la izquierda de la cabeza y simbolizan el sendero de la derecha y el de la
izquierda, los caminos de la materia y del espíritu. Constituyen, por lo tanto,
simbólicamente, los dos brazos de la
Cruz, en la cual el hombre está crucificado, dos corrientes de energía o de
luz, cruzadas oblicuamente a través de la corriente de vida que desciende de la
mónada a la base de la columna vertebral, pasando a través de la cabeza.
La idea de la relatividad se debe tener
presente cuando el estudiante trata de comprender los centros, internamente
vinculados en el cuerpo etérico, relacionados también con los cuerpos sutiles,
los estados de conciencia, similares a los estados de ser y de expresión, las
energías de rayo, las condiciones ambientales, los tres vehículos periódicos
(como H. P. B. denomina a la personalidad, a la triple alma y a la Tríada
espiritual), con Shamballa y con la totalidad de las Vidas manifestadas. La
complejidad del tema es muy grande, pero cuando el discípulo o iniciado actúa
en los tres mundos de las diversas energías del completo hombre quedan
“aferradas” en el hombre atado a la tierra, entonces el asunto se esclarece.
Empleo la palabra “aferradas” en su verdadero y correcto sentido, no para describir
al hombre que ha abandonado su cuerpo físico, como lo expresan los
espiritistas. Entonces son posibles ciertos reconocimientos en tiempo y
espacio; pueden observarse algunos efectos, y ciertas influencias de rayo
parecen más dominantes que otras, y aparecen ciertos “cánones de ser”. En
cierta etapa de la experiencia consciente surge con toda claridad la expresión
de un Ser espiritual, entonces puede ser diagnosticado espiritualmente. Sus aspectos
y atributos, sus fuerzas y energías pueden ser determinados en ese momento,
para darle una expresión de la vida especialmente creada. Se ha de tener
presente esto y el estudiante no debe permitir que sus pensamientos divaguen,
sino concentrarlos sobre la apariencia del hombre (él mismo, u otro) y
sobre la cualidad emergente. Si el estudiante es un iniciado o discípulo
podrá también estudiar el aspecto vida.
Sin
embargo nuestro estudio será algo diferente, pues trataremos de descubrir las
enfermedades y dificultades incidentales a la estimulación de la energía o a la
falta de estimulación de los centros, y así descubrir algunos de los efectos
que esta afluencia de energía y el conflicto con las fuerzas producirán.
3. El Centro Laríngeo. Se halla en la parte
posterior de la nuca, extendiéndose hacia arriba hasta la médula oblongada,
involucrando a la glándula carótida, y hacia abajo, hasta los omóplatos. Es
un centro extremadamente poderoso y bien desarrollado, en lo que a la
humanidad común concierne. Resulta interesante observar a este respecto que:
a. El centro laríngeo está
regido por Saturno, así como los dos centros de la cabeza están regidos
respectivamente por Urano (rige el centro coronario) y Mercurio (rige el
centro ajna). Esto, sólo en lo que concierne al discípulo. El regente cambia
después de la tercera iniciación o antes de la primera. Estos tres planetas
constituyen un interesante triángulo de fuerzas, y en las siguientes
triplicidades y sus inevitables interrelaciones tenemos -siempre en el caso de
los discípulos- una maravillosa historia gráfica o símbolo de la nonuplicidad
de la iniciación:
1. El centro coronario
El centro ajna
El centro laríngeo
2. El tercer
ojo
El ojo derecho
El ojo izquierdo
3. La glándula
pineal
El cuerpo pituitario
La glándula carótida,
presentando así el mecanismo a través
del cual la Tríada espiritual, el Alma y la Personalidad actúan. La clave para
comprender correctamente el proceso se halla en la relación de los tres
planetas, Urano, Mercurio y Saturno, cuando derraman sus energías a través de
esos nueve “puntos de contacto espiritual” en el plano físico, la “esfera de
luz y poder aferrada a la tierra, el hombre en tiempo y espacio”.
b. Este centro está relacionado
con la primera iniciación y desarrolla gran actividad cuando ha logrado esa
etapa de experiencia, así como la han alcanzado la vasta mayoría de los
hombres, actualmente aspirantes y discípulos
probacionista del mundo. (No olviden que, técnicamente hablando, la
primera iniciación mayor desde el ángulo jerárquico es la tercera. Los Maestros
consideran la primera iniciación como que significa su admisión en el Sendero.
La humanidad la denomina iniciación, porque en los días de Lemuria la primera
iniciación significaba lograr el completo control físico). Es el órgano para la
distribución de la energía creadora, la energía del tercer aspecto, que emplean
las almas que se hallan en esa etapa de evolución. Existen tres centros en el
ser humano, que están relacionados y son la principal expresión del tercer rayo
o aspecto, en las diferentes etapas de desarrollo en el sendero:
1. El centro sacro para el
hombre común y no evolucionado.
2. El centro laríngeo para el
aspirante y el discípulo probacionista.
3. El centro ajna para los
discípulos e iniciados.
Aquí tenemos una gran triplicidad de
energías de gran poder actualmente, debido a que la expresión del tercer aspecto
de la inteligencia activa ha alcanzado esas alturas por medio de la conciencia
y desenvolvimiento humanos.
c. Está relacionado con la
personalidad por el hilo creador, con el alma por el hilo de la conciencia y
con la mónada por el sutratma o hilo de vida. No está relacionado con ninguno
de los aspectos divinos por medio del antakarana, pues ese hilo que une
directamente la mónada y la personalidad (y por último separado del alma) introduce
sencillamente la expresión monádica de la vida en la cabeza, el centro coronario.
Entonces se establece la conciencia directa entre la mónada y la personalidad y
viene a la existencia una gran dualidad. Vida, Conciencia y Forma se enfocan
entonces creadora y activamente en la cabeza, y su actividad es dirigida desde
la cabeza por intermedio de los dos centros de la misma. El centro ajna sólo
entra en actividad creadora cuando se ha construido el antakarana. En las
primeras etapas el centro laríngeo es el agente creador, y el centro sacro
está activo en los períodos primitivos. Aquí hay algo muy interesante que
recordar. La construcción del antakarana sólo llega a ser genuinamente posible
cuando la vida creadora del aspirante cambia desde el centro sacro al laríngeo
y se hace activa y expresiva. La nuca es el símbolo de este “puente”
vinculador, pues relaciona la cabeza -sola y aislada- con el torso dual, que
incluye lo que está arriba del diafragma y lo que está abajo -simbolizando el
alma y la personalidad unidas, fusionadas y
mezcladas en una. La cabeza es el símbolo de lo que Patanjali describe
como el estado de “unidad aislada”.
d. Es el centro por el cual el
aspecto inteligente de la humanidad se enfoca creadoramente y por el que fluye la energía creadora de ese
gran centro planetario denominado humanidad. Los tres centros mayores
planetarios son Shamballa, Jerarquía y Humanidad. Cuando se haya alcanzado la
perfección, entonces la energía de la voluntad, del poder y del propósito de
Shamballa, afluirá libremente a través del centro coronario; las energías de
amor-sabiduría de la Jerarquía afluirán a través del centro cardiaco, y la
energía de la humanidad se enfocará a través del centro laríngeo, actuando el
centro ama como agente de las tres. Entonces tendrá lugar una nueva actividad
por parte de la humanidad, que consiste en relacionar los tres reinos
superhumanos con los tres suhhumanos, estableciendo así la nueva tierra y el
nuevo cielo. Entonces la humanidad habrá culminado su meta evolutiva en esta
Tierra.
e. El centro laríngeo es
específicamente el órgano de la PALABRA creadora. Registra la intención o
propósito creador del alma, trasmitido por la afluencia de energía desde el
centro ama; la fusión así realizada de las dos energías conducirá a algún tipo
de actividad creadora. Ésta es la analogía superior de la creatividad del
centro sacro. En ese centro se encierran las energías creadoras negativa y
positiva, personificadas independientemente en los organismos masculino y
femenino, los cuales se ponen en relación por un acto creador, conscientemente
realizado, aunque todavía sin un propósito muy definido.
f.
La glándula tiroides es la exteriorización física densa de este centro.
A esta glándula se la considera hoy de suprema importancia para el bienestar
del ser humano común. Su propósito es resguardar la salud, balancear el
equilibrio corpóreo en algunos aspectos importantes de la naturaleza física,
y simboliza el tercer aspecto de la
inteligencia y de la sustancia impregnada por la mente. En realidad, tiene
vinculación con el Espíritu Santo o el tercer aspecto divino en manifestación,
“influyendo” (como La Biblia lo expresa) sobre la Madre, la Virgen María. Las
paratiroides simbolizan a María y José y su relación con el influyente Espíritu
Santo. Oportunamente se llegará a determinar que existe una estrecha relación
fisiológica entre la glándula tiroides y la pineal, entre la paratiroides y los
dos lóbulos del cuerpo pituitario, lo cual convierte a la zona de la garganta y
de la cabeza en un solo sistema relacionado.
g. Así como la cabeza simboliza
la naturaleza esencialmente dual de Dios manifestado, así el centro laríngeo
simboliza la triple naturaleza de la divina expresión. La naturaleza dual
aparece como fusionada y mezclada en la cabeza por la relación que existe entre
los dos centros y sus dos reflejos físico densos. Las tres grandes energías
puestas en acción durante la actividad creadora divina realizan una actividad
unificada por la plena expresión de la energía que fluye a través del centro
laríngeo, del órgano de la palabra y de los dos pulmones. En esta relación
tenemos: la vida o el aliento, la palabra o el alma, y el centro laríngeo de la
sustancia en actividad.
h. Este loto de la garganta está
invertido en las primeras etapas de la evolución, y sus pétalos se extienden
hacia los hombros, e incluyen los dos pulmones o parte de ellos. Durante el
ciclo de la vida del alma, lentamente se da vuelta, y sus pétalos se extienden
hacia arriba hasta las dos orejas, e incluyen a la médula oblongada y a la
glándula carótida. Esta glándula está más estrechamente relacionada con la glándula tiroides que con las otras
dos glándulas de la cabeza.
En consecuencia será evidente de qué
manera zonas enteras del organismo físico pueden ser llevadas a un
funcionamiento activo y correcto, y también vitalizadas y conservadas en buena
y verdadera condición, por algún tipo de actividad del centro más cercano a la
zona del cuerpo en consideración. Será también evidente que las deficiencias y
la enfermedad pueden ser el resultado de la inactividad de un centro.
4. El Centro Cardiaco. Está localizado entre los
omóplatos, siendo, en estos días y época, el centro que recibe mayor atención
de Quienes son responsables del desenvolvimiento de la conciencia humana. En
verdad, puede decirse que el rápido desarrollo de este loto constituyó una de
las razones por las cuales no pudo evitarse la guerra mundial. En un sentido,
fue un acontecimiento necesario (dado el ciego egoísmo de la totalidad de la
humanidad), porque era imprescindible hacer desaparecer todas las antiguas
formas de gobierno, de la religión y del cristalizado orden social. La
humanidad ha llegado ahora a la etapa de conciencia e interrelación grupales de
un tipo profundamente espiritual, y se requerían nuevas formas por las cuales
este nuevo espíritu pudiera funcionar más adecuadamente:
a. El centro cardíaco
corresponde al “corazón del Sol” y por lo tanto a la fuente espiritual de luz y
amor.
b. El centro del corazón
funciona activamente después de la segunda iniciación, la cual marca la
consumación del proceso por el cual la
naturaleza emocional (con su destacada cualidad del deseo) es puesta bajo el
control del alma, y el deseo del yo inferior personal ha sido trasmutado en
amor. Es el órgano para la distribución de la energía jerárquica, que afluye
por intermedio del alma al centro cardíaco de todos los aspirantes, discípulos
e iniciados; de esta manera dicha energía queda disponible y trae dos
resultados:
1. La regeneración de la
humanidad por medio del amor.
2. La relación, firmemente
establecida, entre la humanidad que evoluciona rápidamente y la Jerarquía. De
esta manera dos grandes centros planetarios, la Jerarquía y la Humanidad, son
puestos en íntimo contacto y relación.
Según dice La Biblia: “el amor de
Dios se derrama por todas partes” en el corazón humano, y su poder
transformador, magnético y radiatorio, es esencial para la reconstrucción del
mundo y el establecimiento del nuevo orden mundial. En la actualidad se pide a
los discípulos que cavilen y reflexionen sobre el desarrollo del centro
cardíaco y la inteligente relación entre la humanidad y la Jerarquía, con la
consiguiente respuesta humana a la energía del amor, porque “como el hombre
piensa en su corazón, así es él”. Sólo puede pensar con el corazón
cuando las facultades mentales se han desarrollado adecuadamente y han llegado
a una etapa bastante elevada de desenvolvimiento Sentir con el corazón,
frecuentemente se lo confunde con pensar. La capacidad de pensar con el corazón
es resultado del proceso de transmutación del deseo en amor, durante la tarea
de elevar las fuerzas del plexo solar al centro cardíaco. Pensar con el corazón
también indica que el aspecto superior del centro cardíaco, el loto de doce
pétalos situado en el centro del loto de mil pétalos, ha alcanzado un punto de
real actividad. La reflexión, como resultado del correcto sentimiento,
sustituye a la sensibilidad personal. Nos proporciona los primeros y tenues
indicios de ese estado de ser característico de la mónada, que no puede
denominarse conciencia, tal como entendemos el término.
c. El centro cardiaco se
relaciona esencialmente con la personalidad, cuando es dominado el proceso de
alineamiento con el alma, proceso que hoy se enseña en las nuevas y sólidas
escuelas esotéricas y ha sido acentuado en la Escuela Arcana desde el comienzo;
éste es el procedimiento (caracterizado por la correcta orientación,
concentración y meditación) que relaciona la personalidad con el alma y con la
Jerarquía. La relación con la Jerarquía tiene lugar automáticamente en cuanto
se lleva a cabo este alineamiento y se establece contacto directo con el alma.
La conciencia de la personalidad es reemplazada por la conciencia grupal, y la
entrada de la energía jerárquica se produce como consecuencia natural, pues
todas las almas sólo son aspectos de la Jerarquía. Esta establecida relación,
con su consiguiente interacción (magnética e irradiatoria), trae la
destrucción final del cuerpo del alma o cuerpo causal, cuando la relación
alcanza el punto más elevado de intensificado reconocimiento.
d. En consecuencia, es ese
centro, en el cuerpo físico, por cuyo intermedio actúa la Jerarquía, siendo
también el agente del alma. Cuando empleo la palabra “alma” no sólo me refiero
al alma individual del hombre sino también al alma del Logos planetario,
siendo ambas el resultado de la unión espíritu y materia, de los aspectos
Padre y Madre. Sólo la iniciación puede revelar este gran misterio.
e. El centro cardíaco registra
la energía del amor. Aquí podría establecerse que, cuando finalmente se ha
construido el antakarana, los tres aspectos de la Tríada espiritual hallarán cada uno un punto
de contacto en el mecanismo etérico del iniciado que actúa en el plano físico.
El iniciado llega a ser una fusión del alma y la personalidad, a través de la
cual puede afluir la plena vida de la mónada.
1. El centro coronario se
convierte en punto de contacto para la voluntad espiritual, Atma.
2. El centro cardíaco se
trasforma en agente de amor espiritual, Budi.
3. El centro laríngeo es la
expresión de la mente universal, Manas.
Durante el trabajo que realiza el
iniciado, cuando cumple el propósito divino de acuerdo al plan, el centro ajna
se convierte en el agente directriz o distribuidor de las energías fusionadas
del hombre divino. El centro cardíaco corresponde al “fuego solar” dentro del
sistema solar, siendo de cualidad magnética y de actividad radiatoria. Es el
órgano de la energía que produce inclusividad.
f.
Su exteriorización física densa es la glándula timo. Poco se sabe en la
actualidad respecto a esta glándula, aunque mucho se aprenderá cuando los
investigadores acepten y experimenten la hipótesis que presenta la ciencia
esotérica y cuando el centro cardíaco se desarrolle y la glándula timo vuelva a
su actividad adulta funcionante. Esto no ha sucedido todavía. Tampoco se ha
establecido aún la naturaleza de su
secreción; los efectos de esta glándula son mejor conocidos desde el ángulo
sicológico que del físico. La moderna sicología, cuando se asocia a la medicina,
reconoce que la excesiva actividad de esta glándula hace que una persona sea
amoral e irresponsable. Cuando la raza de los hombres aprenda la naturaleza de
la responsabilidad, tendremos los primeros indicios del alineamiento con el
alma, de la descentralización de la personalidad y de la conciencia grupal y
luego -paralelo a este desarrollo- hallaremos que la glándula timo llegará a
actuar correctamente. En la actualidad, el desequilibrio general del sistema
endocrino, milita en contra del pleno funcionamiento, y sin riesgo, de la glándula
timo en la persona adulta. Hay todavía una relación no reconocida entre la
glándula pineal y la timo, lo mismo que entre ambas y el centro ubicado en la
base de la columna vertebral. A medida que la Tríada espiritual entra en
actividad por intermedio de la personalidad, estos tres centros y sus tres
exteriorizaciones trabajarán en síntesis, rigiendo y dirigiendo al entero
hombre. A medida que la glándula pineal vuelva a desempeñar plenamente su función
adulta (y esto no sucede con el hombre adulto), la divina voluntad al bien se
hará sentir y se cumplirá el divino propósito; cuando la glándula timo en
forma similar entre en actividad en la persona adulta, se evidenciará la buena
voluntad y comenzará a desarrollarse el plan divino. Éste es el primer paso
hacia el amor, las correctas relaciones humanas y la paz. La buena voluntad ya
está haciendo sentir su presencia en el mundo, indicando que el centro cardíaco
inicia su actividad y comprobando que el centro cardíaco de la cabeza comienza
a desplegarse como resultado de la creciente actividad del centro cardiaco a
lo largo de la columna vertebral.
g. Es el órgano de fusión, así
como el centro coronario es el órgano de síntesis. A medida que el centro
cardiaco entra en actividad, el aspirante individual es atraído lentamente a
una relación cada vez más estrecha con su alma, entonces se producen dos
expansiones de conciencia que él las interpreta corno eventos o
acontecimientos:
1. Es atraído al Ashrama de uno
de los Maestros, de acuerdo al rayo de su alma, convirtiéndose en discípulo
aceptado, en sentido técnico. El Maestro es el centro cardíaco del Ashrama y
puede ahora llegar hasta Su discípulo por medio del alma, porque ese discípulo,
mediante el alineamiento y el contacto, ha puesto su corazón en estrecha
armonía con el alma. Entonces responde al corazón de todas las cosas, que en lo
que concierne a la humanidad actualmente es la Jerarquía.
2. Es atraído para que sirva y
se relacione estrechamente con la humanidad. Su creciente sentido de
responsabilidad, debido a la actividad del corazón, lo lleva a servir y a
trabajar. Eventualmente también se convierte en el corazón de un grupo’ u
organización -pequeña al principio, llega a ser mundial a medida que su poder
espiritual se desarrolla y él piensa en términos de grupo y de humanidad.
Ambas relaciones por su parte son reciprocas. Así el aspecto amor de la
divinidad se hace activo en los tres mundos y el amor se anda en la tierra y
ocupa el lugar de la emoción, del deseo y de los aspectos materiales del
sentimiento. Observen esta frase.
h. En las primeras etapas del
desarrollo, tanto del individuo como de la raza, el loto invertido del corazón
con sus doce pétalos se extiende hacia abajo al centro plexo solar. Éste, desde
la época atlante, se ha dado vuelta y sus pétalos se extienden ahora hacia
arriba, hacia el siguiente centro a lo largo de la columna vertebral, el
cardíaco, debido a las energías que ascienden lentamente desde el centro plexo
solar, las cuales tratan de evadirse de la “prisión de las regiones inferiores”
mediante un proceso de transmutación.
Como resultado de lo antedicho el centro
cardiaco comienza a desarrollarse lentamente y a darse vuelta. Esta reversión
de los “centros lotos” siempre se produce como efecto de una actividad dual, el
empuje desde abajo y la atracción desde arriba.
La reversión del loto del corazón y
su despliegue hacia arriba se debe a los factores siguientes:
1. A la creciente potencia del
acercamiento jerárquico.
2. Al rápido establecimiento del
contacto con el alma.
3. A la respuesta del loto del
corazón, que va desplegándose, por la atracción del Ashrama del Maestro.
4. A la ascensión de las
energías trasmutadas desde abajo del diafragma, vía el plexo solar, en
respuesta a la “atracción” espiritual.
5. A la creciente comprensión
del hombre acerca de la naturaleza del amor.
Existen otros factores, pero los
enumerados son más fáciles de comprender si se los considera simbólicos y no en
forma demasiado literal. La relación que existía entre los centros plexo solar
y cardíaco, hasta el año 1400 d.C., está expresada pictóricamente en el
diagrama que aparece en la página 126.
************************
Oportunamente, al finalizar la siguiente raza
raíz, tendremos la plena expresión del amor y aparecerán los lotos a lo largo
de la columna vertebral -cinco en total-, difiriendo cada uno por el número de
pétalos.
Finalmente,
al terminar el gran ciclo mundial, cuando todos los lotos se hayan dado vuelto,
se abrirán y presentarán canales libres para la afluencia y transmisión de las
tres principales energías divinas y las cuatro fuerzas menores.
Gran
parte del malestar que siente la humanidad en los diferentes cuerpos, puede ser
atribuido a este constante movimiento de los centros y a la continua afluencia
de energías; la incapacidad de los centros para desarrollarse o responder,
produce, en muchos casos, enfermedades y dificultades; en otros, su
desenvolvimiento desequilibrado, desarrollo retardado y falta de respuesta,
crea problemas, y aún en otros su desenvolvimiento prematuro e hiperactividad
acarrea peligros; la causa de tantas dificultades reside en que el mecanismo
físico no está a la altura del desarrollo interno. Así se podrá apreciar
nuevamente la complejidad del tema. La etapa teórica es muy sencilla,
excepto cuando se ponen en movimiento fuerzas que oportunamente conducen a
dificultades. La etapa de reacción a la respuesta y de adaptación a la
teoría también establece un ciclo de gran dificultad y complejidad, porque
conduce a un ciclo de experimento y experiencia durante el cual el discípulo
sufre mucho y aprende. Luego, a medida que va adquiriendo experiencia,
sobreviene la etapa de expresión espiritual, y tiene lugar la anulación
de los peligros, librándose de las dificultades y enfermedades. Así se
restablece la simplicidad.
El Cuerpo,
la Apariencia Fenoménica
No
es necesario dar muchas explicaciones referentes a esto, pues la naturaleza
corpórea y el aspecto forma han sido objeto de investigación y tema de
reflexión y discusión de los pensadores, durante muchos siglos. Gran parte de
las conclusiones a que han llegado son básicamente correctas. El investigador
moderno admite la Ley de Analogía como base de sus premisas y reconoce a veces
que la teoría hermética, "así como es arriba es abajo", podría
arrojar mucha luz sobre los actuales problemas. Los siguientes postulados serán
esclarecedores:
1.
El hombre, en su naturaleza
corpórea, es una totalidad, una unidad.
2.
Esta totalidad está subdividida en
muchas partes y organismos.
3.
Sin embargo, esas numerosas
subdivisiones funcionan en forma unificada, y el cuerpo es un todo
correlacionado.
4. Cada una de sus partes
difiere en forma y función, pero todas son interdependientes.
5. Cada parte y cada organismo
están a su vez compuestos de moléculas, células y átomos, y la vida de la
totalidad los mantiene unidos en forma de un organismo.
6. La totalidad llamada hombre
se divide a grandes rasgos en cinco partes, unas de mayor importancia que
otras, pero todas completando ese organismo viviente denominado ser humano.
a. La cabeza.
b. El torso superior, o la parte
que se halla arriba del diafragma.
c. El torso inferior, o la parte
que está abajo del diafragma.
d. Las extremidades superiores.
e. Las extremidades inferiores.
7. Dichos órganos sirven a
distintos propósitos, y de su debido funcionamiento y adecuado ajuste depende
el bienestar del todo.
8. Cada uno de ellos tiene su
propia vida, que son la suma total de la vida de su estructura atómica, y están
también animados por la vida unificada del todo, dirigida desde la cabeza por
la voluntad inteligente o energía del hombre espiritual.
9. La parte importante del
cuerpo de esa triple división es: la cabeza, el torso superior y el inferior.
El hombre puede funcionar y vivir sin brazos ni piernas.
10. Cada una de estas tres partes
también es triple en su aspecto físico, constituyendo la analogía de las tres
partes de la naturaleza del hombre y las nueve de la vida monádica perfecta.
Hay otros órganos, pero los ya enumerados tienen mayor significado esotérico
que los otros.
a. Dentro de la cabeza tenemos:
1.
Los cinco ventrículos del cerebro, o lo que podríamos llamar el cerebro
como organismo unificado.
2.
Las tres glándulas: carótida, pineal y pituitaria.
3.
Los dos ojos.
b. En la parte superior del
cuerpo humano tenemos:
1.
La garganta.
2.
Los pulmones.
3.
El corazón.
c. En la parte inferior del
cuerpo tenemos:
1.
El bazo.
2.
El estómago.
3.
Los órganos sexuales.
11. La suma total del cuerpo es
también triple:
a. La estructura ósea y la
piel.
b. El sistema vascular o
sanguíneo.
c. El triple sistema nervioso.
12. Estas triplicidades
corresponden a cada una de las tres partes de la naturaleza del hombre:
a. La naturaleza física: La
estructura ósea y la piel son la analogía del cuerpo denso y etérico del
hombre.
b. La naturaleza del alma: Los
vasos sanguíneos y el sistema circulatorio son la analogía de esa alma
omnipenetrante que compenetra todas las partes del sistema solar, así como la
sangre circula por todas las partes del cuerpo.
c. La naturaleza del espíritu:
El sistema nervioso, que energetiza al hombre físico y actúa a través de él,
es la analogía de la energía del espíritu.
13. En la cabeza tenemos la
analogía del aspecto espíritu, la voluntad rectora, la mónada, el Uno:
a. El cerebro con sus cinco
ventrículos es la analogía de la forma física que el espíritu anima en relación
con el hombre, quíntuple totalidad que constituye el medio por el cual el
espíritu ha de expresarse en el plano físico.
b. Las tres glándulas de la
cabeza están estrechamente relacionadas con el alma o naturaleza síquica
(superior e inferior).
c. Los dos ojos son la analogía
de la mónada, en el plano físico, siendo voluntad y amor-sabiduría o atma-budi,
de acuerdo a la terminología oculta.
14. En la parte superior del
cuerpo tenemos una analogía de la triple naturaleza del alma:
a. La garganta, correspondiendo
al tercer aspecto creador, o sea la naturaleza corporal, la inteligencia activa
del alma.
b. El corazón, amor-sabiduría
del alma, el principio búdico o crístico.
c. Los pulmones, analogía del
aliento de la vida, es la equivalencia del espíritu.
15. En la parte inferior del
torso se repite este triple sistema:
a. Los órganos sexuales, el
aspecto creador, el modelador del cuerpo.
b. El estómago, manifestación
física del plexo solar, es la analogía de la naturaleza del alma.
c. El bazo, el receptor de
energías y por ende la expresión en el plano físico del centro que recibe esta
energía, es la analogía del espíritu energetizante.
Me doy cuenta muy bien de su dificultad para
comprender los tecnicismos que acabo de dar, y aparente inutilidad. Quizás pregunten,
qué necesidad hay de ser tan meticuloso al enumerar los detalles físicos,
sicológicos y del sistema, de naturaleza puramente académica, cuando por un
acto de la voluntad y del poder divino y empleando ciertas Palabras de Poder,
se puede lograr la curación. Estas ideas son básicamente veraces, pero están
basadas en una errónea comprensión, en tiempo y espacio. Si todos los curadores
fueran Maestros de Sabiduría, si fueran todos clarividentes, si comprendieran
la Ley del Karma y su actuación en la vida del paciente, si obtuvieran la
plena colaboración del paciente y si tuvieran la capacidad de agregar a todos
los requisitos mencionados el empleo de ciertas Palabras y Mántram, entonces,
en realidad, sería innecesario el conocimiento académico. Pero estos requisitos
no son, ni pueden serlo, llenados. Los curadores, por regla general, no poseen
tales poderes. Si bien es verdad que los sanadores frecuentemente curan
(aunque no tan a menudo como creen), cuando lo logran han realizado alguna de
las cosas siguientes:
Han curado al paciente cuando su sino o
destino así lo ordena, y su alma, por lo tanto, ha atraído a su vehículo (el
hombre físico) dentro de la irradiante aura del curador o del grupo de
curación. Probablemente el paciente podría haberse recuperado en cualquier
caso, pero el proceso fue acelerado por el esfuerzo y la atención aplicados,
además de la fe.
Han interferido el designio inmediato o canon de vida del
paciente, y así postergaron algunos procesos necesarios de tutoría espiritual.
Esto lo olvidan con frecuencia. Es un tema muy complicado para ser tratado
aquí, pero podrá ser aclarado algo cuando lleguemos a la última parte.
Por lo tanto (hasta que no haya pleno
conocimiento) es vitalmente necesario estudiar la estructura del poder, la
vitalidad y la red de energías y fuerzas que componen el organismo humano. Es
menester captar mentalmente los procesos de la curación, y las razones que los
hacen parecer difíciles, complicados e innecesarios y que ocasionan pérdida de
tiempo, son las siguientes:
La incapacidad,
incluso de la mente humana más avanzada, de captar temas y tópicos en su
totalidad. Aún se carece del elemento Sintético. En la actualidad la enseñanza
y los procesos implicados deben ser dominados paso a paso, detalle por
detalle, precepto tras precepto, aplicación tras aplicación. Pero el futuro
contiene una clara promesa; la capacidad del ojo humano para funcionar
sintéticamente, abarcar un paisaje, por ejemplo, y hacerlo simultáneamente y en
un vistazo, en sus contornos amplios y destacados, es la garantía de la futura
técnica de la raza. Con una sola mirada de la mente iluminada y una gran
irradiación de amor, el curador o el grupo de curación sabrán si se debe llevar a cabo la curación y
ayudar al paciente -un proceso mucho más lento- o abstenerse de curarlo.
La inercia del
hombre o mujer comunes, impide realizar el esfuerzo necesario para dominar el
aspecto técnico de la curación. Es mucho más fácil depender de la divinidad
(una divinidad que en realidad está latente pero no se expresa) y “dejar que
Dios lo haga”. Es mucho más fácil reconocer el amor y su emanación, que dominar
los procesos por los cuales puede ser eficaz o la naturaleza de aquello que
debe ser afectado.
Estos puntos requieren cuidadosa
atención y consideración, Merecen reflexión. El poder sintético de la mente,
ayudado por el verdadero amor, será algún día el instrumento de todos los verdaderos
curadores. Entretanto, en bien del porvenir, y a fin de ayudar en la
formulación del futuro arte de la curación -basado en la comprensión de la
energía, su afluencia y circulación-, este tratado se ocupará en parte del
aspecto académico. Después de todo, los hechos descritos existen y están
verdaderamente presentes, como lo está esa emoción que el curador común
denomina amor.
Los Siete Centros Mayores
(continuación)
Continuaremos considerando los
centros. Hemos visto ya los cuatro centros ubicados arriba del diafragma: los
tres centros a través de los cuales la Tríada espiritual debe eventualmente trabajar,
y el centro sintético, el centro ajna, que finalmente expresa a la personalidad
integrada y se convierte en agente directo del alma. Ahora debemos considerar
tres centros más, ubicados abajo del diafragma -centros plexo solar, sacro y en
la base de la columna vertebral. El centro más importante para el aspirante es
hoy el plexo solar; el más activo -generalmente hablando- en toda la humanidad,
es todavía el centro sacro; el centro más pasivo del cuerpo (desde el ángulo
del hombre espiritual) es el básico.
5.
El Centro Plexo Solar. Está ubicado muy por debajo de los omóplatos, en la columna vertebral, y
es extremadamente activo. En los días atlantes obtuvo un elevado grado de
desarrollo, así como en la época aria el centro laríngeo va despertando
rápidamente. Este centro está peculiarmente relacionado a otros dos: el
cardíaco y el ajna, formando actualmente un interesante triángulo de energías
en el cuerpo humano, que recibe mucha atención de la Jerarquía. Existe una
afluencia de energía desde el alma al centro ajna y al corazón, siempre que el
aspirante pueda hacer contacto con su alma. Ello conduce a tres cosas:
A la estimulación del centro cardíaco.
A la respuesta reaccionaria
del corazón que evoca la estimulación del centro ama y produce eventualmente
el reconocimiento de la conciencia grupal por la personalidad.
A la evocación del centro
cardíaco en la cabeza.
Sin embargo, todo esto es facilitado
por el avanzado desarrollo del plexo solar del aspirante, que produce su propio
efecto sobre el corazón y un efecto recíproco en el centro ajna. En
consecuencia, hay dos triángulos importantes a considerar:
Así como tenemos, astrológicamente,
una Ciencia de Triángulos, mas adelante se desarrollará también una ciencia de
triángulos en relación con el sistema humano. Aún no ha llegado el momento.
Acerca de esta ciencia daré de vez en cuando algunas indicaciones sobre las
cuales podrá actuar la intuición del discípulo:
a.
El plexo solar es un reflejo del “corazón del sol” en la personalidad,
como lo es el centro cardíaco. Constituye el factor central en la vida de la
personalidad de toda la humanidad de grado inferior al de discípulo
probacionista. En ese punto la mente comienza definidamente a funcionar, aunque
tenuemente. Es la salida -si puedo expresarlo así- del cuerpo astral hacia el
mundo externo, y el instrumento a través del cual fluye la energía emocional.
Es el órgano del deseo, siendo de suprema importancia en la vida del hombre
medio, y llegar a controlarlo es la meta vital del aspirante, que debe
trasmutar el deseo en aspiración.
b.
El plexo solar entró en pleno funcionamiento en la época atlante,
durante el período en que estaba en desarrollo la segunda gran raza humana.
Estos centros inferiores no están muy específicamente relacionados con las
iniciaciones, como lo están los centros ubicados arriba del diafragma, pues
esos centros pertenecen a la personalidad y tienen que estar plenamente controlados por el
alma, cuando se reciben iniciaciones de cierto grado.
c.
El centro plexo solar es el gran centro distribuidor para todas las
energías que se hallan abajo del diafragma. Esto se refiere a los tres centros
mayores y a los centros menores citados en la página 63. La relación de este
centro con el plano astral es estrecha (empleando una palabra peculiar
aunque muy expresiva). Es el receptor de todas las reacciones emocionales y de
los impulsos y energías del deseo, y debido a que la humanidad se está
haciendo más activa en sentido grupal y más incluyente que nunca en la
historia humana, la situación es de aguda y extrema dificultad. El género
humano, mediante el plexo solar individual y también colectivo, está siendo
sometido a una presión casi insoportable. ¡Éstas son las pruebas de la
iniciación! No tengo la intención de tratar aquí los procesos por los cuales
son atraídas las energías inferiores, ni el modo de centralizarlas en el plexo
solar y de allí trasmutarlas y refinarlas a tal grado que puedan ser
transferidas al centro cardíaco. Gran parte de ello está vinculado con el
entrenamiento dado a los discípulos aceptados, antes de la segunda iniciación.
Sería algo demasiado complejo desarrollarlo, pues acarrearía ciertos peligros
peculiares a quienes no están preparados para el proceso; esto sin embargo se
lleva a cabo casi automáticamente mediante un esfuerzo viviente. El plexo solar
es el más separatista de los centros (excepto el centro ama, en el caso de
quien sigue el sendero de la izquierda) porque se halla en el punto medio,
entre el centro laríngeo y el cardíaco -arriba del diafragma- y los centros
sacro y básico abajo del diafragma. Esto es algo muy importante.
d.
El plexo solar es el centro del vehículo etérico a través del cual la
humanidad (término medio, la humanidad no iluminada) vive, se mueve y tiene su ser, la cual está
condicionada por el deseo; deseos buenos, egoístas, erróneos y espirituales. A
través de este centro fluyen la mayor parte de las energías que lo hacen al
hombre progresista, porque es ambicioso, egoísta porque sus deseos personales
son para él de importancia, y fluido porque está astralmente polarizado. A
través de este centro fluye “la brillante luz generada en la Atlántida” y se
hace contacto con la luz astral. Por lo tanto es el centro a través del cual
trabajan la mayoría de los médium y actúan los clarividentes. Más adelante
aprenderán a trabajar como intermediarios, empleando sus poderes, consciente e
inteligentemente; poseerán clara percepción, y esto reemplazará a la
clarividencia.. Entonces estarán polarizados en el centro ajna. En consecuencia,
es el centro más perturbador del cuerpo y una de las causas
fundamentales de la mayoría de las dolencias estomacales y los malestares
vinculados con hígado. Toda la zona ubicada inmediatamente abajo del diafragma
se halla en un constante estado de turbulencia, en lo que concierne al hombre
común, debido a causas individuales y colectivas.
Es interesante observar aquí, que así
como el centro ajna (síntesis de las fuerzas de la personalidad, cuando está
altamente desarrollada) es el gran agente rector y distribuidor, así también
el centro plexo solar (síntesis de las energías de la personalidad, cuando
posee un desarrollo común, antes del proceso de integración) es un centro
recolector de todas las energías inferiores, y finalmente el punto focal para
la dirección y distribución de esas energías reunidas -enviándolas entonces a
sus centros receptivos superiores:
1. Las energías del centro plexo
solar deben ser dirigidas al centro cardiaco.
2. Las energías del centro sacro
deben ser trasmitidas al centro laríngeo.
3. Las energías del centro
básico, en la columna vertebral, deben ser transferidas al centro coronario.
Después de la tercera iniciación estas energías básicas son elevadas, controladas
o distribuidas por un acto de voluntad de la Tríada espiritual. Entonces “la
luz generada en Lemuria” (la luz sacra) y “la luz generada en Atlántida” (la
luz del plexo solar) desaparecerán y ambos centros serán simples receptores de
energías espirituales provenientes de lo alto; no poseerán luz propia directa
e inherente; la luz que trasmitirán les llegará de fuentes colectivas, que se
hallan en los planos etéricos.
La exteriorización física densa de
este centro es el páncreas, con una exteriorización secundaria en el estómago.
Existe, en relación con el centro plexo solar, un curioso vínculo simbólico
tanto en su forma como en su implicación. Tenemos:
**********************
Aquí aparece nuevamente el tema de un
centro de fuerza espiritual (porque la fuerza astral es espiritual en esencia)
y sus tres manifestaciones.
Son tres materializaciones densas, fomentadas y nutridas por las fuerzas y
energías del centro plexo solar. He dado aquí un importante dato para quienes
están interesados en estudiar la medicina desde el ángulo esotérico; si es
correctamente valorado conducirá a la comprensión del arte de la curación. El
control del centro plexo solar y la correcta recepción y liberación de las energías
enfocadas en ese centro producirá una mayor purificación, un intenso
fortalecimiento y la vital protección de los tres órganos vitales, situados en
esa zona del mecanismo físico humano.
Como anteriormente he puntualizado,
este centro es un órgano de síntesis y recoge en sí mismo todas las energías
inferiores durante cierta etapa del desenvolvimiento superior del ser humano.
De hecho, es un instrumento (cuando es correctamente comprendido y dirigido)
para ayudar a integrar la vida de la personalidad. El mayor problema que tiene
el hombre altamente desarrollado, pero sin inclinación espiritual, es el
deseo. ¿Cuáles son sus metas? ¿Hacia dónde dirige sus esfuerzos? ¿Cuál es la
naturaleza de sus ambiciones? ¿A qué aspira? De acuerdo a la naturaleza de las
fuerzas y energías que, por la influencia de su vida mental, ejercen presión
sobre el centro plexo solar, decidirá seguir adelante por el sendero de luz,
permanecer estáticamente autocentrado o tomar el camino inferior que conduce
al oscurecimiento de la luz del alma.
Como hemos visto, los pétalos del
centro plexo solar se extienden hasta el centro cardíaco. En realidad, significa
que la energía emocional, el deseo y la ambición (en la totalidad de la raza humana>
se esfuerzan hacia arriba para alcanzar el camino superior. Debería observarse
aquí que la trasferencia de la energía del plexo solar en sí, es la tarea de
todos los aspirantes al Sendero del Discipulado en este momento particular,
además del gradual despertar del centro cardiaco. Los primeros miembros de la
familia humana que adquirirán conciencia de grupo, son lógicamente los aspirantes
y discípulos, los cuales marcarán el paso para el resto de la humanidad, y lo
lograrán por medio de la presión de la vida misma y de las circunstancias, y no
por seguir las reglas o meditaciones específicas establecidas. Luego, antes de
recibir cierta iniciación mayor, tales reglas y medidas pueden ser aplicadas al
iniciado a fin de proporcionar un control inmediato y consciente sobre el
cuerpo astral y su punto focal de entrada en el organismo físico, el centro
plexo solar, y otra vez en el momento en que se hacen conscientemente ciertas
trasferencias mayores, de las cuales tres son de importancia primordial:
1.
Desde los tres centros abajo del diafragma a los centros cardíaco,
laríngeo y ajna.
2.
Desde los dos centros arriba del diafragma -los centros cardíaco y
laríngeo- al centro ajna y al loto de mil pétalos de la cabeza.
3.
Desde el centro ama al coronario, significando la total unificación de
las energías de todo el cuerno etérico en un solo punto focal central de
distribución -controlado directamente por la Tríada espiritual.
Los procesos comprendidos en esas
tres grandes experiencias (cada una precedida por numerosas pruebas y
experimentos) lógicamente ejercen tensión sobre el cuerpo físico y son la
causa de muchos males heredados por los discípulos.
Será evidente, por ejemplo, que la
trasferencia de las energías acumuladas en el centro plexo solar al centro
cardíaco causará dificultades, frecuentemente muy serias; por tal razón muchas
personas de edad avanzada mueren de ataques al corazón. En el largo ciclo de la
vida y experiencias del alma esto relativamente es de poca importancia; en el
corto ciclo de vida del discípulo individual es de grandes dificultades y
frecuentemente trágico. Análogamente, la trasferencia de energías de los cinco
centros, a lo largo de la columna vertebral a los centros de la cabeza,
acarreará sus propios problemas. La estimulación del centro ajna por el enfoque
de estas energías puede conducir a desastrosos problemas sicológicos. Un hombre puede convertirse temporariamente
en un maniático egocéntrico (todo es temporario en la larga vida del alma) y
llegar a ser un monstruo humano como Hitler y otros de su misma calaña, aunque
en menor grado; también puede sufrir violentos ataques epilépticos o afectarle
la vista y quedar ciego. Todos estos puntos merecen una cuidadosa reflexión.
6.
El Centro Sacro. Está localizado en la parte inferior de la zona lumbar, siendo muy
poderoso, pues controla la vida sexual. Una de las cosas interesantes sobre
este centro es que siempre debe seguir siendo un poderoso centro hasta que dos
tercios de la humanidad haya recibido la iniciación, porque los procesos
procreadores deben continuar y estar activos a fin de proporcionar cuerpos
para las almas que nacen. Pero a medida que la raza progresa, este centro será
controlado y sus actividades se llevarán a cabo inteligentemente como resultado
del conocimiento, de la percepción interna y de los contactos sutiles
superiores, y no como resultado del deseo ilimitado e incontrolado, como
sucede ahora. No puedo explayarme más sobre esta cuestión, pues el tema es
demasiado amplio. Sin embargo, llamaré la atención sobre lo ya escritos y
sugeriré, a quien tenga interés y tiempo, que reúna todo lo dicho en mis libros
acerca del tópico del sexo a fin de compaginar un folleto sobre el mismo:
a. El centro sacro corresponde
al sol físico, fuente de vitalidad y agente dador de vida en nuestro planeta.
b. El simbolismo del centro
sacro se relaciona con el período de gestación antes del nacimiento, y por su
correcta comprensión se puede trazar y ampliar la historia de la concepción,
de la construcción de la forma, ya sea la forma física de un ser humano, de una
idea, una organización erigida alrededor
de una verdad central, la forma de un planeta o la de un sistema solar. Quizás
por sobre todas las cosas sea el centro a través del cual las fuerzas de la
IMPERSONALIDAD oportunamente deberán expresarse y resolverse el problema del
dualismo. Esta solución e interpretación del símbolo debe provenir del reino de
la mente, controlando con ello la reacción física y ocupándose del propósito y
no del deseo. Reflexionen sobre esto, y cuando sea así comprendido, entonces
habremos alcanzado esa etapa en que puede tener lugar una gran trasferencia al
centro más elevado de la creación, el centro laríngeo.
c. El centro sacro está por lo
tanto estrechamente relacionado con la materia, y hay una afluencia de energía
entre tres puntos existentes en la parte inferior del cuerpo humano:
1.
El bazo, órgano del prana o la vitalidad física que proviene del sol.
2.
El centro sacro, agente que predispone a la procreación física.
3.
El centro en la base de la columna vertebral (hasta no despertar el
aspecto voluntad en el hombre) nutre el principio dador de vida, la voluntad de
vivir, en todas las partes de la estructura humana.
Éstos crean un
gran triángulo de fuerza, relacionado con la materia, la sustancia, la
construcción de formas, la creación, la vitalidad y con la persistencia de la
forma. Este triángulo es un reflejo de otro superior, compuesto por:
1.
El centro laríngeo, que corresponde al centro sacro.
2.
El cuerpo pituitario, que corresponde al centro esplénico.
3.
La glándula pineal, que corresponde al centro básico.
En la relación de estos dos triángulos reside
la clave del instinto de autopreservación, la supervivencia de los cuerpos
sutiles después de la muerte, y el principio de la inmortalidad asentado en el
alma, que funciona cuando la autopreservación
y la supervivencia ya no rigen. Esto constituye una triplicidad de ideas que
requiere un cuidadoso estudio y -si puedo expresarlo así- proporciona la clave
del movimiento espiritista.
d. En último análisis el centro
sacro, está también vinculado con el centro ajna; los dos crean una dualidad
funcionante, productora de esa cualidad sutil que llamamos personalidad.
Tenemos un amplio campo de investigación en el tema de la personalidad
integrada como un todo, y en la cualidad de esa personalidad que constituye el
aroma, la influencia, el efecto y la radiación de la personalidad. Proporciono
estas ideas a los estudiosos, con la esperanza de que se realicen
investigaciones que relacionarán este tópico de los centros con los conocidos
hechos de la coordinación, la integración y su consiguiente efecto, la
grandeza.
Quienes estudian La Doctrina
Secreta tienen mucho que descubrir acerca de la relación entre los
“Señores lunares”, los Barhishad Pitris, y el Señor o Ángel solar. El campo de
trabajo de los primeros es por excelencia el centro sacro, el del Ángel solar
es el centro laríngeo.
e. El centro sacro registra la
energía del tercer aspecto de la divinidad, así como el centro plexo solar
registra la del segundo aspecto y el centro básico expresa la energía del primer
aspecto. Aquí nuevamente tenernos los
centros inferiores, reflejando los centros laríngeo, cardíaco y coronario, completando
así las manifestaciones superior e inferior de la divina Trinidad en el hombre.
Este centro fue llevado a una plena actividad funcionante en la antigua
lemuria, la primera raza humana: su energía es la del Espíritu Santo, influyendo
a la sustancia virgen. Aquí nuevamente hallamos otra reflexión divina en lo
siguiente:
****************
Oportunamente, en el Divino Hermafrodita (que
aparecerá más tarde), tendremos otra combinación:
*****************
Nuevamente
observarán cómo la Ciencia de los Triángulos rige la estructura humana en todos
sus aspectos, y también la de un sistema solar. Esto es de esperarse.
f.
La exteriorización física densa de este centro puede hallarse en las
gónadas, los órganos humanos de procreación, considerándolos como una unidad
básica, aunque temporariamente separada de la actual expresión dualista del ser
humano. Debe recordarse que esta separación fomenta un poderoso impulso hacia
la fusión, y a esto lo denominamos sexo. En realidad el sexo es el instinto de
unión: ante todo, la unión física. Es el innato (aunque mal entendido) principio
del misticismo, nombre que aplicamos al anhelo de unión con lo divino. Sucede
como con todo aquello que el hombre no desarrollado ha tocado; hemos pervertido
y distorsionado una idea divina y prostituído un anhelo inmaterial por un
deseo material. Hemos revertido la dirección de la energía sacra y a ello se
debe el superdesarrollo de la naturaleza animal y las funciones de la humanidad
común.
Lógicamente mucho más podría agregar
a lo anterior, pero el tema requeriría un cuidadoso análisis, dilucidación y
fraseología que el tiempo no lo permite, o no podría mantenerse la continuidad
establecida para este tratado.
Tampoco puedo decir mucho referente
al centro de la base de la columna vertebral. Sin embargo, antes de dar
cualquier posible información fructífera, quisiera decir que el diagrama de la
pagina 126 representa el punto de evolución alcanzado por un discípulo y no
por un iniciado avanzado. No es tampoco la descripción del ser humano común.
Lo indica el hecho de que el reflejo en la cabeza del centro cardíaco, se está
dando vuelta hacia arriba, en respuesta a la creciente actividad del centro
cardíaco, y que el centro ajna está clara y exactamente definido, demostrando
una personalidad integrada y coordinada. Por lo tanto no es el diagrama de
los centros de una persona común o no evolucionada. Estos diagramas sólo pueden
describir un punto de culminación, pero debe recordarse que tales puntos no son
realizaciones estáticas, sino que están precedidos por fases y etapas de
actividad que producen constantemente resultados cambiantes y aspectos
variables de los centros; éstos a su vez son precedidos por otros ciclos de
movimiento, de cambio y de una renovada liberación de energías. Los efectos
de las causas que subyacen profundamente se convierten ellos mismos en causas,
pues en el ciclo de manifestación no existe nada estático, fijo o determinado.
Esto es algo muy importante. En consecuencia, no se dejen engañar por los
momentos aparentes de realización, sólo son preludios para el cambio, pues tal
es la Ley del Ser.
7.
El Centro en la Base de la Columna Vertebral. Este centro, ante todo está
controlado y regido por la Ley del Ser, ya mencionada, y rige cuando el
espíritu y la materia se unen, y la materia, la Virgen María -bajo la
influencia del Espíritu Santo, la energía del vehículo etérico-, es trasladada
“al Cielo”, donde (tal como lo expresa la fraseología cristiana) “se sentará
al lado de su Hijo en el hogar del Padre”.
Este centro está ubicado en
la base misma de la columna vertebral y sostiene a los demás centros.
En la época actual se halla relativamente pasivo, porque sólo entra en plena
actividad, por un acto de la voluntad, dirigida y controlada, del iniciado.
Responde únicamente al aspecto voluntad y, durante la encarnación, la voluntad
de ser constituye el factor que en la actualidad controla su vida y produce sus
efectos cuando nutre y dirige el principio vida de la materia y la forma. De la
misma manera en que el principio vida está “situado en el corazón”, también la
voluntad de ser está situada en la base de la columna. Se han dicho muchas y
peligrosas cosas vanas acerca de este centro, y todo el tema del “fuego
kundalínico” ha demostrado ser una fábula fantástica y atrayente para los
seudocultistas del mundo. El verdadero ocultista en entrenamiento nada tiene
que hacer con el fuego kundalínico, como comúnmente se lo entiende. Sólo puedo aclarar ciertos
hechos y al mismo tiempo debo abstenerme de indicar modos y métodos para
despertar la actividad de dicho centro, debido al extremo peligro que involucra
cualquier trabajo prematuro sobre este centro básico. Lo único que puedo hacer
es exponer una serie de observaciones que las comprenderán correctamente
aquellos que conocen (y son muy pocos y raros), lo cual ayudará a pensar a
quienes están en entrenamiento, y les dará un cuadro más completo que
protegerá del desastre al ignorante. Haré estas observaciones lo más clara y
brevemente posible, pero prácticamente no daré explicación alguna al margen.
1. Este centro básico, es el
punto donde, de acuerdo a la ley evolutiva, se unen el espíritu y la materia,
y la vida se relaciona con la forma.
2. Es el centro donde el
dualismo esencial de la divinidad manifestada -el hombre o Logos planetario-
se une y produce la forma.
3. La naturaleza de esta
divinidad es solamente revelada cuando el segundo aspecto ha completado su
trabajo por medio del tercer aspecto, pero bajo la voluntad rectora del primer
aspecto.
4. Es el centro donde la
“serpiente de Dios” experimenta dos transformaciones:
a. La serpiente de la materia
permanece arrollada.
b. Dicha serpiente es
trasformada en la serpiente de la sabiduría.
c. La serpiente de sabiduría es
trasladada y se convierte en el “dragón de luz viviente”.
5. Estas tres etapas están
nutridas por la vida y la energía que afluye y desciende a través de toda la
columna vertebral, por intermedio de la
analogía etérica del cordón vertical, y -en tiempo y espacio- este descenso
(además de la simultánea elevación de la vida) produce:
a. El despertar gradual y
ordenado de los centros, de acuerdo al tipo de rayo.
b. La reversión de los centros a
fin de que la conciencia del hombre que mora internamente sea adecuada a su
medio ambiente.
c. La síntesis de las energías
de la vida de todos los centros y su adecuación a las demandas del iniciado y
al servicio de la Jerarquía y de la Humanidad.
6. La columna vertebral (desde
el ángulo de las ciencias esotéricas) alberga un triple hilo. Es la
exteriorización del antakarana, compuesto por el propio antakarana, el
sutratma o hilo de vida y el hilo creador. Este triple hilo dentro de la
columna vertebral está compuesto por lo tanto de tres hilos de energía, los
cuales han abierto para sí, en la sustancia dentro de la columna, un “triple
camino de entrada y de salida”. A éstos se los denomina en terminología hindú:
los senderos de ida, pingala y sushumna, y juntos constituyen el sendero
de vida para el hombre individual, entrando en actividad en forma secuencial y
de acuerdo al tipo de rayo y etapa de evolución. El sendero de sushumna sólo
es empleado en forma correcta y sin peligro, cuando se ha construido el
antakarana y la Mónada y la Personalidad se relacionan, aunque sólo sea mediante un hilo muy tenue. Por lo tanto la Mónada,
el Padre, el aspecto voluntad, puede llegar a la personalidad en forma directa
y despertar el centro básico, y con ello fusionar, unificar y elevar los tres
fuegos.
7. Por uno de estos senderos
afluye la energía que nutre a la materia. Otro está relacionado con el sendero
de la conciencia y al desarrollo síquico sensorio. El tercero es el sendero del
espíritu puro. Así en cada forma viviente se lleva a cabo el trabajo del Padre,
de la Madre y del Hijo. Vida-conciencia-forma y vida-cualidad-apariencia se fusionan,
y el mecanismo de respuesta del hombre divino es perfecto, permitiéndole al
hombre hacer contacto y reconocer eventualmente los aspectos divinos mayores en
los reinos de la naturaleza, en el planeta y en el sistema solar.
*****************
No se engañen y sitúen estas esferas
entrelazadas de energía viviente a la derecha o a la izquierda de la columna
vertebral, pues siempre tiene lugar un constante movimiento, interacción y
reversión. Sólo puedo representar un símbolo que indica el sendero especial de
las tres energías de la divina Trinidad. No indico un lugar o ubicación real
porque la materialización y la ubicación de este concepto principal ha
producido situaciones peligrosas. El estudiante iniciado trata de captar la
relación de las tres energías básicas, los tres senderos del fuego viviente, su
relación e interrelación y polarización secuencial. No trata de ajustar la
enseñanza a puntos, líneas y lugar, hasta el
momento en que estos términos signifiquen poco para él y posea más
conocimiento.
8. Estos tres senderos de vida
son los canales para el fuego eléctrico, fuego solar y fuego por fricción, y
debido a su utilización están relacionados con las tres etapas del sendero de
evolución: el sendero de evolución que corresponde a las primeras etapas
materiales; el Sendero de Probación, las primeras etapas del Sendero del
Discipulado hasta la tercera iniciación, y el Sendero de Iniciación.
9. El fuego kundalini, sobre el
cual tanto se ha enseñado y escrito en Oriente y cada vez más en Occidente, en
realidad es la unión de los tres fuegos, enfocados en el centro básico, por un
acto de la voluntad iluminada, impulsada por el amor. Estos fuegos unificados
son elevados mediante el empleo de la Palabra de Poder (emitida por la
voluntad de la Mónada), y llega a integrarse y vivificarse por la autoridad
conjunta del alma y la personalidad. Por lo tanto, cuando el ser humano llega a
hacer esto con plena conciencia, es un iniciado que ha pasado la tercera
iniciación. Sólo él puede sin peligro elevar este triple fuego desde la base
de la columna vertebral al centro coronario.
10. De acuerdo a la
interpretación común de los esoteristas ignorantes en los diversos grupos
ocultistas, el fuego kundalini es algo que debe ser “elevado”, y cuando se
logra, entonces todos los centros entran en actividad funcionante y los
canales, hacia arriba y hacia abajo de la columna vertebral, quedarán libres de
toda obstrucción. Esta es una peligrosa generalización y lo contrario de la
realidad. El fuego kundalini podrá ser elevado y ascendido hacia el cielo cuando
todos los centros hayan despertado y los canales de la columna vertebral no
estén obstruidos. La remoción de las obstrucciones es el resultado de la
vivencia de los centros individuales que, debido a la potencia de su vida, son
por sí mismos eficaces para destruir todo impedimento y obstrucción. También
pueden “quemar” todo lo que impide su radiación. Lo que generalmente sucede en
esos casos accidentales (que producen tanto daño) es que el aspirante, debido a
su curiosidad ignorante y por un esfuerzo de la mente (no de la voluntad
espiritual, sino estrictamente como una expresión de la voluntad de la
personalidad), logra despertar el inferior de los tres fuegos, el fuego de la
materia, el fuego por fricción, lo cual quema y destruye prematuramente la red
etérica del cuerpo etérico. Esos discos o redes circulares se hallan entre cada
par de centros a lo largo de la columna vertebral y también en la cabeza.
Generalmente son disipados por la pureza de vida, la disciplina de las
emociones y el desarrollo de la voluntad espiritual.
Existen cuatro redes. Cuando la
cuádruple personalidad está altamente desarrollada y el centro ajna va
despertando, entonces estas redes desaparecen lenta y gradualmente, normal y
automáticamente. Las redes de la cabeza son de calidad superior y biseccionan
el cráneo, horizontal y verticalmente. De esta manera simbolizan la Cruz sobre
la cual es crucificado el Hijo de Dios.
********************
11. Los tres canales a lo largo
de la columna responden totalmente a los tres centros mayores:
a. Al centro plexo solar,
proporcionando el impulso del deseo y nutriendo la vida física y el anhelo
creador.
b. Al centro cardíaco,
proporcionando el impulso de amar y el contacto consciente con zonas cada vez
más amplias de la expresión divina.
c. Al centro coronario,
proporcionando el impulso dinámico de la voluntad de vivir.
No indico el canal que
responde a un centro, excepto en el caso del canal sushuma que responde
únicamente a la energía del centro coronario y a la voluntad rectora, centrada
en el loto de 1000 pétalos. Esto puede ser expuesto sin peligro porque la
voluntad espiritual está muy poco desarrollada en quienes buscan despertar el
kundalini. Cuando haya despertado, sabrán qué deben hacer sin correr riesgos.
12. Los tres centros de la cabeza
están también relacionados con este triple canal:
a. La zona de la médula
oblongada (el centro alta mayor) y la glándula carótida.
b. El centro ajna y el cuerpo
pituitario.
c. El loto de mil pétalos y la
glándula pineal.
Los estudiantes hallarán interesante
relacionar estas triplicidades con los tres rayos mayores:
a. el primer rayo de voluntad o
poder,
b. el segundo rayo de
amor-sabiduría,
c. el tercer rayo de
inteligencia activa,
y también con las tres razas humanas,
las cuales poseen el poder de desarrollar la simiente de esos aspectos divinos:
las razas lemuria, atlante y aria. Éstas pueden vincularse, como simiente,
a las dos razas finales ya mencionadas, que fusionarán y sintetizarán, en una
perfecta vida planetaria, todos los poderes, cualidades, realizaciones y metas.
Otra síntesis
es también posible y de importancia:
a. Sendero de evolución Centros abajo del diafragma
b. Sendero del discipulado Centros arriba del
diafragma
c. Sendero de iniciación Centros en la cabeza
Dichos grupos y triplicidades están
todos relacionados en tiempo y espacio con el triple cordón vertebral.
13. Tenemos -también en relación
con los mencionados cinco puntos de síntesis que se hallan en el cuerpo- un
punto culminante de completa fusión. Los enumeraré correlativamente de acuerdo
a la secuencia de su trabajo de fusión:
a. El centro plexo solar,
fusionando los centros de abajo del diafragma.
b. El centro ajna, fusionando
los centros de arriba y abajo del diafragma.
c. La base de la columna
vertebral, fusionando a los seis centros.
d. El loto de 1000 pétalos de la
cabeza, fusionando las siete energías.
Tengan presente, en relación
con lo antedicho, que tratamos totalmente con fuerzas y energías, funcionando a
través del cuerpo etérico; que nos ocupamos del mundo terciario de las causas,
responsable del mundo orgánico de la manifestación física densa. Esta
manifestación física está sujeta a la influencia del mundo secundario de la
vida consciente, que a su vez responde en tiempo y espacio al mundo dinámico
del propósito y del Ser.
En mis palabras reside oculta la
clave de la vida plena del alma, pero es necesario Nevar una vida dedicada y
una mente iluminada para aprovechar el conocimiento impartido y ver detrás de las
palabras el pensamiento clave que le da vida y -hablando ocultamente- calor
generador.
Tengan claros en la mente los
conceptos de estimulación o carencia de estímulo, de interacción o de
separatividad, de pasividad o de actividad, porque en estas dualidades radican
las causas de la salud o de la enfermedad.
Lo que ahora diré está basado sobre
ciertos comentarios expresados en páginas anteriores, donde señalé que
1. el cuerpo etérico,
2. el sistema nervioso y
3. el sistema endocrino
están estrechamente “relacionados entre sí y constituyen
un directorio entrelazado de energías y fuerzas esencialmente vitales,
energetizantes, dinámicas y creadoras..., dependiendo de ellas la salud interna
del cuerpo”. Agregué a éstas la corriente sanguínea como distribuidora por todo
el cuerpo de
1. el principio Vida,
2.
las energías combinadas de los tres sistemas
mencionados, y puntualicé que la gran combinación de fuerzas que llamamos pares
de opuestos o dualidades mayores, rige
las causas fundamentales de la salud y de la enfermedad. Al hacer estas
observaciones trato de llevar el tema a una máxima simplicidad, aunque se
pierde así algo de la verdad, no obstante es esencial que sean captadas por el
estudiante algunas amplias generalizaciones antes de abocarse al estudio de las
excepciones y ocuparse de las menudencias y detalles de los defectos corpóreos
o sus opuestos.
Ha llegado a ser una verdad muy
conocida para los estudiantes de ocultismo, que el cuerpo etérico condiciona,
controla y determina la expresión de la vida del individuo encarnado. Otra
verdad es que el cuerpo etérico transporta las fuerzas de la personalidad por
medio de los centros, energetizando así al cuerpo físico para entrar en
actividad. Estas fuerzas, encarriladas a través de los centros, corresponden a
toda la personalidad integrada, o simplemente a las fuerzas del cuerpo astral
o emocional, y también del mental; trasmiten además la fuerza del rayo de la
personalidad o la energía del rayo del alma, de acuerdo al grado de evolución
alcanzado por el hombre. El cuerpo físico, por lo tanto, no es un principio. Está
condicionado pero no condiciona -algo frecuentemente olvidado. Es la
víctima de la vida de la personalidad o la expresión triunfante de la energía
del alma. Ésta es la razón de por qué la
ciencia de la sicología dominará a la moderna ciencia médica, durante los dos
próximos siglos, excepto en lo que respecta a esas enfermedades de las que nos
ocuparemos en otra parte de este tratado, esas que emanan de la vida grupal,
tales como la tuberculosis, las enfermedades venéreas y el cáncer. Hasta que la
raza no llegue a tener más definidamente conciencia de grupo (algo que aún
está muy distante) no será posible aplicar amplias generalizaciones sicológicas
a las enfermedades naturales de nuestro planeta. Sin embargo, podemos
considerar el manejo de dificultades similares que surgen en el ente
individual; ellas están basadas en el conflicto de los pares de opuestos y en
la desarmonía que prevalece en los tres sistemas mayores rectores vinculadores.
Por consiguiente tienen que recordar
tres sistemas, y un agente portador o trasportador, más el hecho básico oculto
de que ciertas grandes energías opuestas, actuando dentro del cuerpo, producen
lo que llamamos enfermedad. A estos factores agregaría otra correlación
necesaria, recordándoles que nos ocupamos de formas de vida, y que todas ellas
son creadoras dentro de sí mismas y pueden potencialmente crear más formas o
proporcionar el medio ambiente donde dichas formas pueden vivir. Observen este
modo de expresar una verdad fundamental. La base de toda enseñanza oculta,
respecto a la manifestación, consiste en que las fuerzas constructoras existen
y que esta afirmación es verdadera, ya se trate de la Vida de un sistema solar
o únicamente de la conciencia de ese cuerpo en el cual el ser humano se mueve y
vive -en líneas sensatas o insensatas; nos referimos al cuerpo del mundo donde
reside el ser humano. Debido a esto enfrentamos otra gran Ley natural que puede
ser expresada, en forma sencilla, de la manera siguiente:
Cuando Las energías constructoras del alma están activas en el cuerpo,
entonces hay salud, amplia interacción, pura y correcta actividad. Cuando los
constructores son los señores lunares y los que trabajan controlados por la Luna,
a las ordenes del yo personal inferior, entonces hay enfermedad, mala salud y
muerte.
Esta regla es muy sencilla, pero da
la clave de las causas de la enfermedad y la razón de una establecida
inmortalidad; será entendida con gran claridad y comprensión dentro de pocos
años, y reemplazará a infundados y falsos sistemas idealistas denominados
Unity, Mental Science y Christian Science. Estos sistemas presentan como
posibilidades inmediatas y demostrables, la intención de la liberación de las limitaciones naturales y materiales
que hoy controlan todas las formas, ignoran el factor tiempo y pasan por alto
los procesos evolutivos y también el punto de desarrollo de la persona
implicada; su posición está basada en el deseo, ansioso e innato del ser humano
común, de comodidad y armonía física, disimulando el innato egoísmo de su
presentación de la verdad con el concepto de que todo es para la eterna gloria
de Dios. Indudablemente, desaparecerán las enfermedades y los impedimentos
físicos de cualquier tipo, pero esto sólo sucederá cuando el alma del individuo
controle, y el yo personal inferior se convierta en un autómata del alma, tal
como el cuerpo físico es en la actualidad el autómata de la naturaleza
emocional, de la mente y, ocasionalmente (y sólo muy ocasionalmente para la
mayoría de las personas), del alma.
Sólo cuando el alma, consciente y en
colaboración con la personalidad, construya el templo del cuerpo y luego lo
mantenga totalmente iluminado, desaparecerán las enfermedades; esta construcción
sin embargo es un proceso científico, y en las primeras etapas del discipulado
(o sea el momento en que el alma comienza a aferrarse a su instrumento, la
personalidad) conduce inevitablemente al conflicto, a una creciente tensión, y
frecuentemente se agravan las enfermedades y la desarmonía. Esta desarmonía y
enfermedad conduce necesariamente a dificultades y sus consiguientes efectos
indeseables, que serán superados, pero -durante este reajuste- mientras se
registran y expresan, habrá mucha angustia física y sicológica y grandes
dificultades, mayores y menores, que la humanidad parece haber heredado.
En la humanidad poco evolucionada, el
conflicto (desde el ángulo de la conciencia) es prácticamente nulo, porque es
menos susceptible a las enfermedades sutiles que emanan de los tres sistemas
vinculadores, pero al mismo tiempo responde mayormente a las tres enfermedades
naturales, a las infecciosas y contagiosas y a las grandes epidemias que azotan
naciones y grandes zonas planetarias. A medida que la humanidad va
evolucionando, las enfermedades se hacen más personales (si puedo expresarlo
así) y no están tan definidamente relacionadas con el rebaño o la masa. Las
enfermedades tienen su origen dentro de las personas mismas y aunque pueden
estar relacionadas con las enfermedades de las masas, se fundamentan en causas
individuales.
Cuando un hombre sale de la masa
común y entra en el sendero de probación, llegando así a ser un aspirante al
discipulado, entonces las enfermedades de la carne y la desarmonía de su
triple sistema, además de la corriente transportadora, constituyen un problema
consciente que el mismo aspirante debe resolver; esto le revelará la
necesidad de construir en forma consciente y creadora.
La doctrina de la reencarnación
adquiere aquí gran valor; el discípulo comenzará a establecer esas condiciones,
a crear esas formas y a
construir esos vehículos que, en otra vida, le serán más apropiados y el alma
podrá controlarlos, convirtiéndose en instrumentos más adecuados para llevar
adelante el proceso del perfeccionamiento que el alma demanda. Señalaré que el
discípulo no se concentra en ningún momento sobre el cuerpo físico ni trabaja
físicamente para eliminar las enfermedades o la desarmonía. Comienza con la
sicología que el alma enseña, empezando por las causas que producen efectos en
el plano físico. Es un proceso más lento pero perdurable. Gran parte de
los sistemas de extremada autosugestión, vinculados a la Christian Science y la
Unity, tienen sólo efectos temporarios y están basados en un proceso
científico de supresión y negación de los factores existentes. No están basados
en la verdad. En una vida posterior esa supresión surgirá nuevamente con mayor
potencia y continuará acrecentándose hasta quedar totalmente ignorada,
poniéndose el énfasis de la vida sobre el contacto con el alma, y la presión de la misma se exteriorizará en
servicio a los demás.
Referente a la enfermedad física y su
relación con los centros (considerándolos como puntos focales para las energías
que llegan de cualquier fuente) seria de utilidad que hiciera ciertas amplias
generalizaciones, recordando que en ellas puede haber excepciones,
particularmente en lo que respecta a la buena o mala salud de los discípulos.
1. Cada uno de los siete centro
mayores rigen o condicionan -desde el ángulo de la materia lo mismo que del
alma y del principio vida- la zona del cuerpo físico donde están ubicados cada
uno, incluyendo la multitud de centros menores de energía y plexos de fuerza
que pueden existir allí.
2. Las tres grandes y básicas
divisiones manifestadas de la divinidad, se hallan simbólicamente presentes en
cada centro:
a. El principio vida, el primer
aspecto, aparece cuando todo el centro se ha desplegado o despertado
esotéricamente. Siempre está presente en latencia, pero no es un factor
dinámico que produce un estímulo monádico hasta finalizar el gran ciclo de
evolución.
b. La cualidad o aspecto del
alma aparece gradualmente en el proceso del desenvolvimiento evolutivo y
produce, en tiempo y espacio, el efecto definido que el centro ejerce sobre su
medio ambiente. Esta cualidad depende del rayo (ya sea de la personalidad o del
alma) que origina la energía entrante, o del rayo que rige al cuerpo astral,
en el caso de una persona poco evolucionada) y también del grado de evolución y
de la influencia radiatoria de otros centros.
c. La aparición en el cuerpo
etérico de un centro desarrollado o en desarrollo, indica el lugar que ocupa
el hombre en la escala de evolución, su afiliación racial y su meta consciente;
esta última puede abarcar desde el énfasis puesto sobre la vida sexual y la
consiguiente actividad del centro sacro, hasta la meta del iniciado, que pone
en actividad el centro coronario. Todo esto produce el consiguiente efecto
sobre el tejido circundante, la sustancia y las formas orgánicas dentro del
radio de influencia del centro. La zona de influencia varía de acuerdo a la
actividad del centro y éste depende del grado evolutivo alcanzado por el
individuo y del preponderante tipo de energía al cual él reacciona.
3. La energía entrante se
trasmuta en fuerzas dentro del centro. Esto implica un proceso de
diferenciación, donde la energía primaría involucrada se convierte en energías
secundarias, sucediendo automáticamente; la rapidez del proceso de
transmutación, la potencia de la resultante acumulación de fuerzas y la
actividad radiatoria (que produce resultados condicionantes en el cuerpo físico
denso) dependen del grado de desarrollo del centro particular implicado y si
está despierto o no.
4. Las fuerzas salientes de un
centro actúan sobre la contraparte etérica de toda la intrincada red de nervios
que constituyen el sistema nervioso. Estas contrapartes, de idénticas analogías
subjetivas, se denominan “nadis” en la filosofía hindú; constituyen una
compleja y muy extensa red de energías fluídicas, un sistema intangible
interno, paralelamente al de los nervios corpóreos, el cual es la
exteriorización de un canon interno de energías. No existe todavía un término
en ningún idioma para la antigua palabra “nadis’ debido a que la existencia de
este sistema subjetivo aun no ha sido reconocida, y en Occidente prevalece el
concepto materialista de los nervios como un sistema creado en respuesta a
un ambiente tangible. El concepto de que
estos nervios son el resultado físico denso de un mecanismo interno y sensible
de respuesta, es todavía muy indefinido y no ha sido reconocido por la moderna
ciencia occidental. Cuando esta sustancia sutil (compuesta de hilos de
energía) sea reconocida como subyacente en los nervios tangibles, habremos
progresado en nuestro acercamiento al problema de la salud y de la enfermedad,
acercándonos más al mundo de las causas. Esta red de nadis forma un canon
definido de vida que varía de acuerdo al rayo de la personalidad.
5. Los nadis determinan por lo
tanto la naturaleza y la cualidad del sistema nervioso Con sus extensas redes
de nervios y plexos que abarcan todo el cuerpo físico. Los nadis y, por consiguiente, la red de nervios, están principalmente
relacionados con dos aspectos del equipo físico del hombre -los siete centros
mayores del cuerpo etérico (el cuerpo sustancial que subyace en el cuerpo
físico denso) y la columna vertebral con la cabeza. Debe recordarse que el
cuerpo etérico es un cuerpo físico, aunque compuesto de materia más sutil que
la que podemos ver y tocar. Esta hecho de sustancia o de aquello que “subyace”
o fundamenta cada parte y partícula del vehículo físico denso. Esto más
adelante recibirá la atención de los curadores y médicos iluminados de la nueva
era. Cuando se reconozca la relación que existe entre los nadis y los nervios,
conjuntamente con los centros y la columna vertebral, entonces se producirá una
gran revolución en los métodos médicos y psiquiátricos. La experiencia
demostrará que cuando se logre una interacción más estrecha entre ambos -los
nadis y los nervios- se controlará más rápidamente la enfermedad.
6. Los nadis en el cuerpo físico
corresponden a la vida o aspecto espíritu; los nervios son la analogía del
alma o aspecto cualidad. Lo que se demuestra como su exteriorización conjunta
es el sistema endocrino que corresponde a la forma o aspecto materia. Los tres
-nadis, sistema nervioso y glándulas- son las analogías materiales de los tres
aspectos divinos; responden esotéricamente a estos tres aspectos y hacen que el
hombre, en el plano físico, sea lo que es. Los tres están también condicionados
(por conducto de los siete centros, como ya hemos visto) por los vehículos
astral o mental, o por la personalidad integrada, o por el alma que comienza a
utilizar la personalidad como agente transmisor y trasmutador y -al finalizar
el sendero del discipulado- por la Mónada, vía el antakarana, empleando este
sendero autocreado como un canal directo de comunicación con los siete centros
y de allí con el triple sistema de nadis, nervios y glándulas.
7. Estos tres sistemas mayores
dentro del ser humano, expresan, por medio del cuerpo físico, la condición o
grado de desarrollo de los centros. La vida, la cualidad y la energía que
representan, son distribuidas por todo el vehículo físico mediante la corriente
sanguínea. La ciencia moderna ya está reconociéndolo como una realidad, lo cual
indica que la corriente sanguínea distribuye ciertos elementos liberados por
las glándulas. Aún no reconoce el hecho de la relación que existe entre las
glándulas y los centros, con el sistema intermedio de nadis y nervios. El
próximo gran paso que dará la medicina será el reconocimiento de la realidad
del cuerpo etérico, sustancia física que subyace en la materia densa.
8. Cuando los centros despiertan
en el cuerpo, aparece entonces un sistema nervioso altamente eléctrico que
responde inmediatamente a la energía conducida por los nadis, cuyo resultado será un sistema endocrino bien equilibrado. La
vitalidad y la vida que afluirá a través del cuerpo será entonces tan poderosa
que automáticamente el cuerpo físico quedará inmune a las enfermedades, ya
sean innatas, hereditarias o de origen grupal. Con estas palabras expreso una
probabilidad futura y no una posibilidad inmediata. Algún día el hombre
coordinará perfectamente los tres sistemas, que responderán físicamente al
Canon interno de nadis y centros, y se integrará conscientemente con el alma, y
más tarde -por medio del antakarana- con el principio Vida.
9. En la actualidad hay un
desarrollo desparejo y algunos centros aún no han despertado, otros están
sobrestimulados y los centros de abajo del diafragma sobreactivados; en
consecuencia tenemos zonas enteras del cuerpo en que los nadis están en estado
embrionario, en otras en que están altamente energetizados, pero sus
emanaciones detenidas por algún centro que en el trayecto de su actividad aún
no ha despertado o -si lo está- todavía no es irradiante. Estas condiciones
desparejas producen poderosos efectos sobre el sistema nervioso y las glándulas,
conduciendo en algunos casos al sobrestímulo, y en otros a condiciones
subnormales, falta de vitalidad, hiperactividad y otras reacciones indeseables
que producen inevitablemente enfermedad. Tales enfermedades surgen dentro del
cuerpo mismo, como resultado de las tendencias hereditarias inherentes (o
debería decir nativas) o predisposiciones existentes en el tejido corpóreo, o
aparecen como resultado de la irradiación o no irradiación de los centros, que
actúan a través de los nadis; pueden también originarse como resultado de los
impactos o contactos externos (tales como enfermedades infecciosas o
contagiosas, y epidemias). El sujeto es incapaz de resistirlas debido a que sus
centros no están desarrollados.
10. Resumiendo: Enfermedad,
incapacidad física de todo tipo (lógicamente exceptuando las que se deben a
accidentes y, en cierta medida, a condiciones planetarias que provocan
epidemias de naturaleza peculiarmente virulenta, como las producidas frecuentemente
por la guerra) y los numerosos y diversos aspectos de la mala salud, pueden
atribuirse directamente a la condición de los centros, pues ellos determinan la
actividad o la pasividad de los nadis, que a su vez afectan al sistema
nervioso, haciendo que el sistema endocrino sea lo que es en el individuo, y la
corriente sanguínea la responsable de distribuir esta condición a todas las
partes del cuerpo.
Consideraremos ahora algunos de los
efectos resultantes de los hechos mencionados, en las zonas regidas por los
centros donde aparecen las enfermedades.
Será evidente que a medida que la energía afluye
a través de los centros, vía los nadis y los nervios, afectando poderosamente
al sistema glandular y a la corriente sanguínea, las zonas del cuerpo quedan
involucradas vitalmente y responden a la energía. Esto abarca por supuesto la
cabeza, la garganta y el torso. La energía que así afluye penetra en todas las
partes del vehículo físico, en todo órgano y en cada célula y átomo. La
actuación de la cualidad de la energía sobre el cuerpo induce a la enfermedad,
y la estimula, cura o alivia. No me refiero aquí a las tres principales enfermedades
nativas (si puedo denominarlas así), cáncer, sífilis y tuberculosis. De ellas
me ocuparé más tarde porque son de alcance planetario, presentes en la
sustancia de la cual están hechas todas las formas y responsables de producir
una hueste de enfermedades menores, que a veces se las reconoce como afines,
aunque frecuentemente no son conocidas como tales.
Esas enfermedades que
superficialmente se las denomina mentales, relacionadas con el cerebro, son
poco comprendidas aún. Muy pocas enfermedades mentales hubo en la última raza
raíz atlante; la naturaleza mental era entonces pasiva y muy poco estímulo llegaba
de los niveles mentales vía el centro
coronario, a la glándula pineal y al cerebro. Casi no existían enfermedades de
los ojos ni nasales, pues el centro ajna aún no había despertado y el tercer
ojo estaba rápidamente entrando en inactividad. El centro ajna es el órgano de
la personalidad integrada, el instrumento de dirección íntimamente relacionado
con el cuerpo pituitario y los dos ojos, lo mismo que con toda la zona frontal
de la cabeza. En la época atlante, la integración de la personalidad era casi
desconocida, excepto en los casos de los discípulos e iniciados, y en aquel
entonces la meta del iniciado y el signo de su realización era esta triple
integración. Hoy la meta consiste en una fusión superior -la del alma y la
personalidad. Hablando en términos de energía, esto implica la formación y la
actividad e interacción relacionadas, de los siguientes triángulos de fuerza:
I.
1. El alma, el hombre espiritual en su propio plano.
2. La
personalidad, el triple hombre integrado, en los tres mundos.
3. El centro
coronario.
II.
1. El centro coronario, el punto de la segunda fusión.
2. El centro
ajna, el punto de la primera fusión.
3. El centro de
la médula oblongada, controlando la columna vertebral.
III.
1. La glándula pineal, la exteriorización del centro coronario.
2. El cuerpo
pituitario relacionado con el centro ajna.
3. La glándula carótida, la
exteriorización del tercer centro que existe en la cabeza.
Todas estas triplicidades, dentro de
la circunferencia de la cabeza. constituyen el mecanismo a través del cual:
1. El alma controla su
instrumento, la personalidad.
2. La personalidad dirige las
actividades del cuerpo físico.
La columna
vertebral (esotéricamente, los canales ida, pingala y sushumna), los dos ojos y
todo el tejido cerebral son o no receptores de estas energías de la cabeza y
están estimulados por ellas. En caso de no ser receptivos, toda la zona entra
en un estado de pasividad, hablando espiritualmente, y el foco de energía
reside en otra parte.
La deficiencia o estimulación. si
está desequilibrada o es mal aplicada, producirá un tipo definido de
perturbación, frecuentemente de naturaleza fisiológica y sicológica; en
nuestra era aria veremos el acrecentamiento de las enfermedades del cerebro (un
acrecentamiento constante de desequilibrio mental), dificultades de la vista,
hasta que la naturaleza de los centros y el tipo de las fuerzas entrantes y su
regulación sean reconocidos y cuidadosa y científicamente estudiados. Entonces
veremos desarrollarse la ciencia de la regulación de la energía, pues
condiciona al ser humano. Mientras tanto existen muchas dificultades en todas
partes, acrecentándose las enfermedades mentales, las condiciones neuróticas,
la demencia y, quizás prevalezca más, el desequilibrio glandular. Hasta la
fecha poco se conoce en Occidente acerca de los métodos de control o curación,
y en Oriente, donde existe algún conocimiento, poco se hace debido a la apatía
reinante.
La columna vertebral está
principalmente destinada a ser el canal a través del cual la energetización de
los centros y la distribución de la energía, a las zonas circundantes del
cuerpo, es llevada a cabo por la inteligente e integrada personalidad, actuando
bajo la consciente dirección del alma. No me refiero aquí a la
estructura ósea de la columna vertebral sino al cordón, su contraparte esotérica,
y a los nervios que surgen de ella. Hoy no existe este planeado y dirigido
control esotérico de la energía, excepto en el caso de aquellos que poseen
conciencia iniciática y en el de ciertos discípulos avanzados. Tenemos inhibiciones
obstaculizaciones, zonas inactivas, vitalidad deficiente, circulación
deficiente y la consiguiente falta de
desarrollo dentro del hombre integro, o si no, hay demasiada estimulación, una
actividad vibratoria excesivamente rápida, un prematuro despertar de los
Centros que conduce a la hiperactividad de los átomos y las células, regidos
por un centro determinado. Estas condiciones conjuntamente con otras no mencionadas, afectan el sistema nervioso,
condicionan las glándulas y producen dificultades y enfermedades sicológicas de
cualquier tipo. A continuación se da un sencillo diagrama, aunque sugestivo y
simbólico, de la columna vertebral y la cabeza, considerados ambos desde el
ángulo de los centros y las glándulas:
************************
Observarán que el bazo no ha sido
incluido en este diagrama. Su función es muy peculiar, siendo el centro de la
vitalidad, en relación a la actividad planetaria y a la radiación proveniente
del Sol. No está controlado en forma alguna desde la columna vertebral. Debe
tenerse en cuenta que este diagrama es sólo un esfuerzo para relacionar en
forma gráfica los centros, las glándulas que éstos condicionan, y los órganos
que son afectos por ambos. No tiene la
intención de ser una verdadera representación de alguna relación orgánica
fisiológica.
El centro en la base de la columna
vertebral tiene una excepcional función, y es la fuente de vida de la
sustancia del cuerpo, los tejidos físicos y toda materia que no esté incluida
en los órganos mencionados. En el hombre perfecto los dos centros (el superior
de la cabeza y el básico) representan la gran dualidad espíritu y materia, y
gobiernan y controlan en perfecta armonía la total orientación del vehículo del
alma. Finalmente, el aspecto espiritual del ser humano se expresará
perfectamente a través de la relación mónada y personalidad (la cual se logra
por una tercera gran fusión). El hombre material entonces responde a ambos, por
intermedio del centro en la cabeza (la mónada) y el centro básico (la
personalidad espiritualmente energetizada). Ambos centros estarán entonces en
completa armonía, expresando la plena naturaleza del hombre espiritual.
Es esencial que los curadores
espirituales mantengan con toda claridad en su mente el cuadro de las zonas del
cuerpo regidas por los centros de la cabeza y también por los otros centros,
pues dentro de esas zonas se hallan los distintos órganos que reaccionan a las
enfermedades. La salud de esos órganos depende ampliamente de los centros,
porque condicionan las glándulas a medida que la energía se distribuye por todo
el cuerpo. Una plena y equilibrada afluencia de energía, desde el centro hasta
la zona que éste controla, inmuniza contra las así denominadas
enfermedades; cuando no hay desarrollo
y prevalece una situación desequilibrada, en lo que concierne a los centros, no
habrá poder suficiente para evitar la enfermedad. El proceso de curación en la
nueva era comenzara con el definido proyecto de trabajar con los centros, y el
arte de curar tenderá -como bien pueden observar- a prevenir más bien que
curar. Todo el énfasis se pondrá sobre los centros de energía, las corrientes
de energía y la dirección de la energía hacia los órganos dentro del radio de
influencia de un centro determinado. Del estudio de las glándulas (un estudio
que se halla en su infancia, que apenas merece llamarse “embrionario”) y su
relación con los centros, mucho se podrá aprender más adelante, y se realizarán
grandes trabajos experimentales. Desde el punto de vista del esoterista, que
acepta la realidad de los centros, las glándulas son, por excelencia, el
principal factor determinante, en conexión con la salud general del individuo;
indica no sólo su desarrollo sicológico, en un mayor grado de lo que hoy se
comprende, sino que producen (tal como lo sospecha la ciencia médica ortodoxa)
un poderoso efecto sobre todo el sistema orgánico; su influencia, mediante la
corriente sanguínea, llega a todas las partes del cuerpo y extremidades. Las
glándulas son el resultado de la actividad de los centros, y primero,
finalmente y siempre, efectos de causas internas predisponentes, y a
través de los centros y sus glándulas afiliadas, el alma construye ese
mecanismo en el plano físico que llamamos hombre físico.
Por lo tanto, el conjunto de factores
relacionados que estamos considerando debe ser cuidadosamente estudiado y
captado por todo el que practica curaciones, porque eventualmente tendrá que
trabajar mediante sus propios centros en relación con los del paciente, cuya
enfermedad trata de curar. En consecuencia, debe recordar tres factores: Los
centros, sus glándulas relacionadas y el conjunto de órganos de los cuales son
responsables los centros y las glándulas. En las siete zonas del cuerpo,
regidas por los siete centros mayores y
sus glándulas afiliadas, nuevamente tenemos la trinidad básica de la
manifestación:
1. Vida o espíritu el centro de
energía.
2. Alma o cualidad la glándula.
3. Forma o materia los órganos de
determinada zona regida por determinado centro.
Esto nos lleva a otra ley, que el
curador debe tener siempre presente.
Cuando la
vida o energía fluye sin impedimentos y, mediante la correcta dirección,
alcanza su precipitación (la glándula relacionada), entonces la forma responde
y la mala salud desaparece.
Ésta es una ley básica para la
curación y concierne al verdadero arte de relacionar la energía espiritual con
la vida de la forma, dependiendo de ello la salud y la vitalidad de los
órganos. Por lo tanto llegamos a la siguiente regla que debe dominar el
curador. Está expuesta en forma concisa y se deberán entender y aplicar
inteligentemente esas frases que imparten instrucción.
Que el curador concentre la necesaria
energía en el centro necesario.
Que ese centro corresponda al centro
necesitado.
Que ambos se sincronicen y juntos
aumenten la fuerza.
Así la forma que espera trabajará
equilibradamente.
Así ambos centros y la forma,
correctamente dirigidos, curarán.
Será evidente que los curadores en la
actualidad (no me refiero a la profesión médica sino a las múltiples escuelas
de pensamiento) no han vuelto al factor básico, el amor, a pesar de que dicen
es una fuerza curadora. En realidad
hacen resaltar y se ocupan del móvil que impele al curador a practicar
su arte de curar. Se ocupan de la instrumentación por la cual se puede hacer
contacto con el paciente que deberá ser curado. Tal contacto tiene que realizarse
siempre con AMOR, puro, impulsor y altruista. Pero una vez establecida esa
relación, el curador debe captar el hecho de que, hasta donde a él le
concierne, ha de trabajar científicamente, aplicar los conocimientos y -después
del correcto diagnóstico, los correctos métodos de la moderna terapéutica y el
adecuado sentido común, que incluye lo mejor de lo que pueda dar de sí la
experimentada ciencia médica- comenzar entonces a trabajar a través de su
propio centro, poniéndolo en armonía con ese centro del paciente que rige la
zona perturbada o el órgano enfermo.
Al trabajar de esta manera, no debe
permitir (durante el proceso de curación) que la energía extraída y atraída
con intención amorosa y hábil conocimiento, estimule o afecte las glándulas correspondientes
del propio curador o que active la zona vinculada de su propio cuerpo. El
curador debe aprender a aislarse de la energía que empleará en bien del paciente.
Debe mezclarla con la energía de ese centro del paciente que rige la zona
enferma; entonces la glándula afín es energetizada doblemente (o aminorada
según sea el caso y lo requiera el diagnóstico), y la corriente sanguínea
libera en los tejidos enfermos aquello que es necesario para curar o prevenir
el acrecentamiento de la enfermedad.
En esta instrucción he dado mucho
tema para meditar. He acentuado un aspecto de la curación esotérica científica
que hasta ahora no había sido presentado a los estudiosos. Quisiera que
captaran el panorama general y vieran claramente los delineamientos del proceso,
que estudiaran la relación entre el paciente y el curador, cuando deja la etapa
en que es simplemente un ser que ama, envía amor o ve al paciente a la luz del
amor, y pasa a realizar el trabajo científico de acrecentar la energía espiritual del paciente. Así permite que
éste efectúe su propia cura, consciente o inconscientemente.
Tenemos por lo tanto al curador, al
paciente y a la reserva de energía espiritual, más el proceso científico de
poner a los tres en íntima armonía curadora. Esto se efectúa mediante el centro
implicado en el equipo del paciente, el que corresponde al equipo del curador,
y la dirección (por un acto de la voluntad del curador o del grupo curador) de
las corrientes unificadas de la energía específica necesaria, hacia la zona
enferma. Esto generalmente se lleva a cabo por intermedio de la glándula
relacionada, aunque no siempre es así.
Reflexionen sobre estas cosas y vean,
si pueden, la simplicidad del proceso, basado en la intención amorosa, que
aísla la zona especifica donde existe la dolencia, se identifica con el centro
espiritual de energía del paciente, y luego aplica y dirige las energías
fusionadas y mezcladas
Hemos estudiado, algo extensamente, los centros y
su relación con el cuerpo físico denso. Hemos observado las zonas condicionadas
por estos centros y el trabajo mediador de las glándulas de secreción interna.
Vimos que las causas principales que predisponen a las dificultades físicas
originadas en el organismo físico, son la subestimulación o la
superestimulación de los centros. Tenemos también, tal como recordarán, tres
enfermedades inherentes a la sustancia misma, y en consecuencia crean
predisposiciones básicas en el cuerpo humano: cáncer, sífilis y tuberculosis.
Estas tres no las consideraremos ahora. Pero la condición de los centros
produce básicamente todas las dificultades, permitiendo la entrada a las infecciones
y gérmenes que de otra manera no producirían dificultades, estableciendo esas
situaciones donde la enfermedad inherente a la naturaleza-forma puede ser
fomentada y hacer que las tendencias indeseables sean muy poderosas. En
consecuencia podríamos establecer la premisa (que posteriormente aceptará la
profesión médica) de que las enfermedades son autoengendradas (si puedo usar
esta curiosa e inadecuada palabra) y no el resultado del contagio, de la
infección o de accidentes; son causadas por el fracaso, la limitación, la
deficiencia o excesiva eficiencia, y por el super o subdesarrollo del sistema
endocrino. El sistema glandular de secreción interna, por intermedio de las
hormonas, afecta todas las partes del organismo físico a través de la corriente
sanguínea, y podría decirse con toda propiedad, que cuando las glándulas de
secreción interna están perfectamente equilibradas y funcionan correctamente,
no habrá zonas enfermas en el cuerpo. Entonces la corriente sanguínea se
mantendrá en perfectas condiciones. La clave de la perfecta salud física, que
posee un Maestro de Sabiduría, se debe a Su pleno control de los centros y
equilibrada recepción y distribución de energía, y al efecto que produce sobre
todo el sistema glandular de secreción interna. De esta forma, a cada zona del
cuerpo se le suministra debidamente las fuerzas necesarias, manteniéndose así
en perfectas condiciones.
Entre los centros y las
correspondientes glándulas endocrinas, se halla el sistema nervioso actuando
como agente distribuidor de energía. Sin embargo aquí reside la dificultad,
porque no hay una adecuada afluencia de energías; la energía distribuida al
cuerpo por su intermedio, vía los centros, es despareja; algunos centros
reciben un indebido abastecimiento; otros una cantidad inadecuada; algunos aún
no están despiertos y por lo tanto no son receptivos; otros están
prematuramente desarrollados y trasmiten demasiada fuerza a las zonas que
rigen. En la medicina esotérica y su interpretación filosófica (que en último
análisis es la efectiva y práctica aplicación
de los datos conocidos) el aspecto cerebroespinal condiciona y rige
todo el sistema nervioso, pues mediante este aspecto y por su intermedio, los
centros actúan y afectan al organismo corpóreo, suministrando al cuerpo la
energía vital necesaria; así el sistema nervioso eventualmente llega a
responder, por medio de los siete centros, a las siete energías principales o a
las fuerzas de los siete rayos.
Ningún ser humano, excepto un
Maestro, posee los centros adecuadamente despiertos y funcionando en forma
equilibrada, ni están apropiadamente relacionados por medio de una radiación
intensa; tampoco ningún ser humano posee un sistema nervioso que responda
correctamente a los centros. Existen dos razones para ello, y ambas están
relacionadas con el sistema cerebro-espinal:
1. El centro coronario aún no
está despierto, o sólo se está desarrollando lentamente, a medida que el
discípulo se somete al entrenamiento.
2. La afluencia de energía, a
través de la cabeza, a los centros a lo largo de la columna vertebral, es
despareja, debido a que la afluencia entrante es desigual y la red etérica -entre
los centros- sólo permite que afluya poca energía a los centros.
Debe recordarse que la vida de los
centros se funda, en la etapa inicial, en la inherente vida del organismo
mismo, con la vida emanante enfocada en el centro de la base de la columna.
Éste es un punto que frecuentemente olvidan los esoteristas. A través de este
centro básico actúa la vida de la materia, vida o energía del Espíritu Santo,
el tercer aspecto. Por medio de su vida se alimenta cada átomo del cuerpo. Este
proceso de animación de la sustancia de la forma física se inicia en la etapa
prenatal; después del nacimiento este tipo de fuerza es ayudado y parangonado
por la afluencia del prana planetario o energía vital, proveniente de la vida
planetaria misma, por intermedio del bazo,
órgano esencial vinculador entre la vida inherente a la materia misma,
tal como se halla presente en el microcosmos, y la vida inherente al planeta.
A medida que prosigue la evolución, se le agrega gradualmente a esta
inherente fuerza, una afluencia de energía “cualificada” que expresa el aspecto
conciencia de la divinidad e indica a los esoteristas el estado de percepción
del hombre y también el tipo de rayo a que pertenece su alma. Esta afluencia
proviene del segundo aspecto divino, alma o Cristo interno. Aquí podría
afirmarse, respecto a los dos centros de la cabeza, que:
1. El centro ajna o el centro de
la personalidad, enfocado entre las cejas y condicionando al cuerpo pituitario,
está relacionado
con la vida del triple organismo integrado. Por medio de ese organismo la
conciencia debe forzosamente expresarse y los vehículos físico, emocional y
mental demostrar su etapa de evolución.
2. El centro coronario (llamado
en la filosofía hindú, el loto de mil pétalos) condiciona la glándula pineal y
está relacionado con la vida del alma y -después de la tercera iniciación-
con la vida de la mónada; imparte a los centros los tres tipos principales de
energía del ser espiritual, de los cuales las tres fuerzas de la personalidad
son los reflejos o contrapartes físicas.
Más adelante, estará disponible la energía del aspecto
espíritu, el primero o aspecto Padre, y descenderá a través del centro coronario
al centro ama, combinando las energías de la personalidad y del alma. Luego por
un acto de la voluntad es proyectada hacia abajo de la columna vertebral, por
conducto del centro alta mayor, que condiciona la glándula carótida. Al
descender por la columna vertebral se vitalizan dos aspectos de los centros;
cuando llega al centro básico, se
combina con la energía latente de la sustancia misma, y tenemos así la unión de
las tres energías divinas y la manifestación, en el hombre, de los tres
aspectos divinos. Estas energías combinadas se precipitan entonces hacia arriba
por el canal central de la columna vertebral, y el tercero o aspecto receptivo
superior de los centros, queda energetizado. Todos los centros son llevados a
su plena expresión; es destruida toda limitación y vitalizada cada parte del
cuerpo, produciéndose la perfección material, además de la plena actuación de
la conciencia iluminada, así como también del aspecto vida.
El sistema nervioso entonces queda
controlado totalmente por el hombre espiritual, y la corriente sanguínea se
purifica y convierte en un canal apropiado, libre de impedimentos para la
circulación de lo que descargan las glándulas energetizadas. Éste es el
significado esotérico de las palabras bíblicas: “la sangre es la vida”, y
también de las palabras “salvado por la sangre de Cristo”. No es que el hombre
se salva por la sangre de un Cristo que murió en la cruz hace más de dos mil
años en Palestina, sino por la vivencia de la sangre de aquellos en quienes la
vida y conciencia erísticas y la cualidad crística, se manifiestan y expresan
perfectamente. En consecuencia, cuando la naturaleza del Cristo interno expresa
plena, espontánea y auténticamente, en la personalidad y a través de ella, los
tres fuegos del proceso creador -el fuego de la materia, el fuego del alma y el
fuego eléctrico del espíritu-, entonces se produce una perfecta manifestación
en la Tierra, de las vidas física, emocional y mental, y también de la vida
espiritual de un Hijo de Dios encarnado, un Cristo.
En este punto de comprensión muchas personas
inteligentes se extravían, especialmente en los movimientos de la ciencia
mental, la Unity y la Christian Science. En vez de enfocar su esfuerzo para
lograr la vida pura de Cristo en la vida diaria, y actuar como servidores
consagrados a sus semejantes y canales de amor, y llegar a ser conscientes
únicamente de la conciencia del todo, se han enfocado en afirmar una
perfección futura -mental y verbalmente- a fin de obtener buena salud y
bienestar físico. Lo consideran como un derecho que debe ser adquirido por la
afirmación, y olvidan el arduo trabajo necesario para establecer en ellos
mismos esas condiciones que harán posible la divina manifestación de Cristo.
Deben tener presente que la buena salud será normal y manifiesta internamente,
si la conciencia es inofensiva (y la mayoría de estas personas son culpables de
un elevado espíritu de crítica), si se descentralizan del yo inferior en los
tres mundos y si se “enfocan en el cielo, permitiendo al celestial Hijo del
Hombre, el Hijo de Dios, conducir la vida celestial cuando está alejado del
reino de los cielos” -palabras pronunciadas por un místico cristiano ya
olvidado, las cuales han sido recordadas por el Maestro M., llamándome la atención
sobre ellas.
Otras escuelas de pensamiento, que se
denominan engañosamente ocultistas, están igualmente equivocadas. Trabajan o,
más bien, alegan trabajar con los centros, y, afortunadamente para ellos, la
naturaleza los protege de sí mismos. Se esfuerzan conscientemente por
vitalizar los centros, quemar la red protectora y elevar los fuegos de la
materia antes que el fuego del espíritu se haya combinado con el fuego del
alma. En consecuencia, son víctimas de una estimulación prematura de los fuegos
de la sustancia, antes de que se produzca el equilibrio de las fuerzas.
Entonces tienen lugar la enfermedad, la demencia y muchas condiciones neuróticas,
además de serias condiciones patológicas. Algunas de las glándulas entran en
excesiva actividad, a otras se las pasa por alto, y todo el sistema glandular y
el sistema nervioso que de él depende, están en un estado de total
desequilibrio.
Los discípulos deben aprender a enfocar su
atención sobre la realidad y los factores de primordial importancia espiritual.
Cuando lo realicen, las energías de la cabeza, el correcto empleo de la zona
espinal con sus “centros engarzados”, y el despertar del centro básico y su
consiguiente fusión con las energías superiores, se hará en forma automática y
sin ningún peligro.
Entonces será posible establecer el
ritmo ordenado del sistema glandular y se empleará libremente y sin peligro el
sistema nervioso controlado; las energías proyectadas desde el centro, vía los
nadis, establecerán relación y serán puestas en actividad sintética dentro del
cuerpo, y el discípulo no sólo poseerá una conciencia plenamente despierta y
un cerebro cada vez más inteligentemente receptivo, sino que tendrá también una
constante afluencia de vida espiritual. Entonces tendremos ese perfecto
equilibrio y salud que caracteriza a los Maestros de Sabiduría.
El conocimiento concerniente a las
glándulas endocrinas o de secreción interna, está aún en estado embrionario.
Mucho se sabe acerca de las glándulas que están vinculadas al centro sacro y también
sobre la glándula tiroides, pero hasta ahora lógicamente la profesión médica no
admite que sean efectos de la actividad o inactividad de los centros, o la
línea de menor resistencia, existente entre los centros sacro y laríngeo. Algo
se conoce (no mucho) acerca del cuerpo pituitario, pero su primordial
importancia, al afectar la respuesta sicológica del individuo, aún no ha sido
captado adecuadamente. Nada se conoce, hablando con propiedad, sobre las
glándulas pineal y timo, y ello se debe a que los centros coronario y cardíaco
no están despiertos en el hombre subdesarrollado ni tampoco en el ciudadano
común. La existencia de una considerable riqueza de conocimiento sobre el
centro sacro (como fuente de creación física) y los efectos condicionantes de
la glándula tiroides, se debe a que ambos centros están ya despiertos en el
hombre común, y cuando funcionan adecuadamente
y se ha establecido la interacción necesaria, entonces tendremos un
individuo muy sexual que es también un artista creador en alguna línea del
arte. Como bien saben, esto es muy frecuente. Cuando el centro ajna y su
exteriorización, el cuerpo pituitario, se hallan también activos y los tres
centros -sacro, laríngeo y ajna- comienzan a relacionarse, a funcionar y a
establecer una relación consciente y definida entre aquel y los demás centros
(lo cual depende del rayo, de la conciencia objetiva y del entrenamiento),
entonces tendremos al místico práctico, al humanista y al ocultista.
Los estudiantes deben recordar que la
energía tiende a ir tanto hacia arriba como hacia abajo, dentro de la
estructura de los centros. En lo que concierne al aspirante y al discípulo:
1. La tendencia hacia arriba... produce
Transmutación.
Del centro
sacro al centro laríngeo. La creación física es trasmutada en creación
artística.
Del centro
plexo solar al centro cardíaco. La conciencia individual y emocional es
trasmutada en conciencia grupal.
De la base de
la columna vertebral al centro coronario. La fuerza material es trasmutada en
energía espiritual.
De cualquiera
de los cinco centros que se hallan en la columna vertebral, al centro ajna. La
vida sin coordinación es trasmutada en integración de la personalidad.
De los
seis centros, relacionados entre sí, al centro más elevado de la cabeza. La
actividad de la personalidad es trasmutada en vida espiritual.
Ésta es una amplia generalización, y
el proceso no se lleva a cabo mediante un método consecutivo y ordenado, como
podría sugerir la clasificación dada. El proceso implicado abarca muchas vidas
de transmutación inconsciente en las primeras etapas, y como resultado de
amargas experiencias y esfuerzo consciente en las etapas posteriores, llega a
ser acrecentadamente dinámico y efectivo a medida que el aspirante huella las
diversas etapas del sendero. Los cinco rayos, con los cuales el discípulo debe
actuar (dos rayos mayores condicionantes y tres rayos subsidiarios), tienen un
definido efecto activo; en los reajustes kármicas proveen la oportunidad o el
impedimento, y la complejidad de todo el proceso (dentro de la experiencia
relativamente limitada del discípulo) lleva a tal confusión mientras se está
desarrollando, que lo único que puede hacer es captar los amplios
delineamientos dados aquí y no prestar demasiada importancia a los detalles
inmediatos.
2. La tendencia hacia abajo... produce
Transformación.
Una vez que el
centro coronario comienza a despertar y el discípulo, activamente consciente,
se dedica a la tarea de dirigir las energías hacia los centros, a fin de regir
la vida de su personalidad, se ha logrado el procedimiento científico de energetizar
los centros con cierto ritmo ordenado, que a su vez es determinado por los
rayos, las circunstancias y el karma; entonces todas las energías corpóreas
son impelidas a una correcta actividad espiritual. El proceso involucrado no se
puede tratar aquí, excepto señalar que esta tendencia descendente puede ser
considerada burdamente en tres etapas:
1. La etapa de energetización de
la vida creadora, vía el centro laríngeo, poniendo así:
a. a los centros coronario y
laríngeo,
b. a ambos y al centro sacro, y
c. a los tres, simultánea y
conscientemente, en relación consciente.
Cuando se establezca
correctamente esta relación, se solucionará el problema sexual del individuo
sin recurrir a la inhibición o supresión, sino que por el correcto control se logrará que el discípulo
sea creador en sentido mundano, y por lo tanto de utilidad para sus semejantes.
2. La etapa de energetización de
la vida consciente de relación, vía el centro cardíaco, poniendo
a. a los centros coronario y
cardíaco,
b. a ambos y al centro plexo
solar, y
c. a los tres, simultánea y
conscientemente, en estrecha colaboración.
Esto sirve para establecer
rectas relaciones humanas, grupales y espirituales, durante toda la vida del
hombre. De la misma manera que la etapa de regulación de la vida creadora
produce un destacado efecto sobre el cuerpo físico, así esta etapa afecta
poderosamente al vehículo astral; las reacciones emocionales son trasformadas
en aspiración y servicio, el amor egoísta individual en amor grupal, entonces
la divinidad rige la vida.
3. La etapa de energetización de
todo el hombre, vía el centro básico, poniendo
a. a los centros coronario y
básico,
b. a ambos y al centro ama, y
c. a los tres, simultánea y
conscientemente, en expresión rítmica y coordinada. Esta etapa final es de gran
importancia y sólo tiene lugar cuando se completa en la tercera iniciación, la
de la Transfiguración.
Por lo tanto pueden ver que tres
importantes palabras describen el propósito del desarrollo científico y la
correcta dirección de los centros:
Este proceso se lleva a cabo inteligentemente
y sin peligro durante un largo periodo de tiempo y -volviendo a nuestro tema
de la salud y de la enfermedad- cuando se ha consumado, su resultado será
perfecta salud física; en el proceso intermedio de reajuste y de cambio sucede
frecuentemente lo contrario. El peligro involucrado en un gran numero de
enfermedades físicas puede atribuirse a la condición de los centros, a su
interacción o falta de ella, a un estado de subdesarrollo, aletargado y
perezoso, y a una sobrestimulación o actividad desequilibrada. Cuando un centro
se despierta prematuramente, lo hace con frecuencia a expensas de otros
centros. La robusta salud de los salvajes o del inexperto e ignorante obrero o
labriego (un estado de ser que está desapareciendo rápidamente a medida que la
mente se desarrolla y el proceso de evolución produce su efecto) se debe en
gran parte al estado pasivo de casi todos los centros, excepto el centro
sacro. El hecho de que ellos sean fácil presa de las enfermedades infecciosas
puede también atribuirse a la misma pasividad. A medida que la naturaleza
emocional se va desarrollando y la mente comienza a funcionar, los centros se
hacen más activos. Sobrevienen entonces perturbaciones definidas, debido en
gran parte a que comienzan a aparecer condiciones sicológicas. El hombre ya no
es un simple animal. El uso y abuso de la vida emocional principal factor que
predispone a la mala salud) inunda la naturaleza inferior con la energía mal
dirigida (o deberla decir desviada). El centro plexo solar llega a ser
excesivamente activo y tal actividad abarca cuatro etapas:
1. La etapa de su despertar, a
medida que el cuerpo astral se hace cada vez más poderoso.
2. La etapa de su potencia,
cuando constituye durante vidas el centro condicionador del cuerpo etérico o
vital, y el hombre está por consiguiente condicionado por su vida
emocional-astral.
3. La etapa en que el centro
plexo solar llega a ser el distribuidor para todos los centros (mayores y
menores) ubicados abajo del diafragma.
4. La etapa en que las energías
del plexo solar son elevadas al corazón.
Estas etapas acarrean, temporariamente, sus propios
males físicos.
Observarán que, aparte de ciertas
generalizaciones, no relaciono enfermedades específicas con centros
específicos. He indicado las zonas condicionadas por los centros, pero mucho
más poderosamente condicionadas de lo que pueden comprobar; he dicho que
fundamentalmente las glándulas de secreción interna -como exteriorización do
los centros- son los factores determinantes de la salud del cuerpo, y que donde
existe desequilibrio, super o subdesarrollo, habrá dificultades; he sugerido
que la profesión médica de la nueva era se ocupará acrecentadamente de la
teoría de la dirección de la energía y su relación con las glándulas de
secreción interna, y que admitirá por lo menos hipotéticamente y para el
propósito de experimentación, que la teoría de los centros de energía puede ser
correcta y que ellos constituyen los factores condicionantes principales que
actúan a través de las glándulas de secreción interna, las cuales a su vez
salvaguardan al cuerpo, producen la necesaria resistencia, suministran a la
corriente sanguínea los elementos necesarios para la salud y -cuando están
correctamente interrelacionados- producen una expresión equilibrada del hombre
espiritual, en todo el cuerpo físico -equilibrio fisiológico y sicológico.
Cuando no se halla presente esta condición deseable, entonces las glándulas de
secreción interna, por la errónea relación y el incorrecto y desequilibrado
desarrollo, no son adecuadas para la tarea, no pueden proteger al cuerpo de la
enfermedad ni derramar en la corriente sanguínea lo que necesita el vehículo
físico. Debido a su insuficiencia, el cuerpo es incapaz de resistir las
infecciones y está en un constante estado de mala salud, no
puede luchar contra la enfermedad proveniente de lo externo o latente dentro
del organismo corpóreo; esta debilidad produce frecuentemente enfermedades
mortales.
La medicina en el próximo siglo
estará construida sobre ciertas principales premisas:
1. La medicina preventiva
constituirá la meta, intentando mantener el cuerpo en un orden adecuado y
equilibrado.
2. Estricta salubridad y el
establecimiento de condiciones saludables, serán considerados como esenciales.
3. Será estudiado el suministro
de las correctas propiedades químicas para el cuerpo físico; una ciencia de la
química que aún está en su infancia, aunque va trasformándose en un infante
precoz.
4. La comprensión de las leyes
de la vitalidad será considerada de primordial importancia, debido a ello el
énfasis puesto sobre las vitaminas y la influencia del sol, son saludables
indicaciones.
5. El empleo de la mente será
considerado sobre todas las cosas, como un factor muy importante, y de gran
influencia en lo que respecta a los centros, pues a la gente se le enseñará a
desarrollar sus centros a través del poder mental, trayendo así la correcta
reacción del sistema endocrino. Esto necesariamente implicará la correcta
dirección del pensamiento a un centro o el retiro de la atención de un centro,
con el consiguiente efecto sobre el sistema glandular. Todo ello tendrá como
base la ley oculta que dice: “la energía sigue al pensamiento”.
Debido al hecho de que los discípulos poseen un mayor
desarrollo del poder mental que el hombre común y también a que su tipo de rayo
es más fácilmente comprobado, involucrando, en consecuencia, que se
determinará más correctamente la condición del sistema glandular, serán los
primeros en colaborar con la profesión
médica y en demostrar las relaciones de los centros con las glándulas y, por lo
tanto, con la totalidad del cuerpo. A través de la concentración y la correcta
meditación, llevada a cabo en el centro de la cabeza y dirigida hacia alguno de
los otros centros, se producirán en los discípulos cambios tan definidos en las
glándulas de secreción interna, que la profesión médica se convencerá de la
importancia y la existencia real de los centros y su poder, y también de la
posibilidad de controlar el mecanismo físico mediante el poder del
pensamiento. Todo esto se producirá en el futuro. Sólo señalo el camino e
indico las técnicas futuras por las cuales será Vencida la enfermedad. Las variadas
escuelas mentales de pensamiento, la Unity y Christian Science, han sido
caprichosas y fantasiosas
en sus pretensiones y no científicas en su acercamiento. Pero han tenido en sus
manos por lo menos un hilo de ese gran proceso de la correcta adaptación a la
vida y a las correctas relaciones. Tuvieron el sueño y la visión, les falto
percepción y sentido común e ignoraron el proceso evolutivo.
La ciencia fisiológica y el poder
sicológico, más la colaboración del discípulo y del médico entrenados (en particular
el endocrinólogo de mente abierta), oportunamente lograrán extirpar muchos
males humanos y curarán la mayor parte de las enfermedades que perturban hoy a
la humanidad.
Hemos estudiado con cierta finalidad
el primer capítulo: Causas Psicológicas de las Enfermedades. Hemos hecho
descender la idea desde las causas internas y más sutiles de las enfermedades a
los principales factores físicos condicionantes, las glándulas de secreción
interna. Podemos ahora considerar brevemente ciertas causas mucho más
esotéricas y tratar aquellas que emanan de la vida grupal de la humanidad y de
las deudas kármicas del género humano. Aquí penetraremos en el reino del
conocimiento ocultista y de la información esotérica, y esto será más difícil
que lo acepte el pensador ortodoxo.
Causas que Emanan de la Vida Grupal
AL CONSIDERAR LA ENFERMEDAD y sus causas
básicas, hemos tratado particularmente las que conciernen a nuestra raza aria y
a la humanidad moderna, que son mayormente de origen astral y podrían
describirse como de naturaleza atlante. También hemos considerado brevemente
las diversas enfermedades que se originan en el plano mental; éstas son más
estrictamente arias e involucran los males a que los discípulos están
propensos. Las enfermedades infecciosas y las que son fundamentales a la
sustancia planetaria tienen un poderoso efecto sobre las razas más antiguas de
nuestro planeta (que aún se hallan entre nosotros) y están relacionadas con
esos especímenes de la raza lemuria que van desapareciendo rápidamente; la raza
negra está especialmente predispuesta a las epidemias infecciosas.
No intento en este tratado encarar, desde el punto de vista
patológico, ninguna de las enfermedades consideradas, ni prestar atención a la
fisiología del paciente. Eso está fuera de mí jurisdicción. Sin embargo,
procuro indicar los orígenes de algunas enfermedades, llamar la atención sobre
la primordial importancia del sistema glandular, y relacionar con la sabiduría
occidental, hasta donde es apropiado e inteligente, algunas de las teorías
orientales respecto a los centros. Más adelante indicaré algunas condiciones
básicas humanas que deben ser cambiadas, si se quiere aplicar correctamente el
verdadero trabajo de curación, y luego espero dar alguno de los métodos con los
cuales el curador podrá llevar a cabo el trabajo, que estará de acuerdo con la información del caso y ayudará en el
proceso de restauración.
El problema de la enfermedad ha aumentado hoy grandemente
debido a que en la raza aria, que ahora predomina en el planeta, ha tenido
lugar la primera aparición verdadera y externa, en el plano físico, de la
síntesis básica de la humanidad, que -en su mejor forma- nos proporciona una
idea de lo que será la siguiente y principal raza-raíz, la sexta. Los matrimonios
efectuados entre los ciudadanos de distintas naciones y entre razas, la mezcla
de sangre durante cientos de años –debido a la emigración, los viajes la
educación y la unidad mental- ha hecho que no existan en la actualidad tipos
raciales verdaderamente puros. Esto es mucho más veraz de lo que creen los más
eruditos, si consideran la larga historia del género humano. Las relaciones
sexuales no conocen barreras impenetrables y los pueblos poseen hoy la estirpe
y la sangre de todas las razas, y esto (como resultado de la guerra mundial
1914-1945) se irá acrecentando. Dicho desarrollo, en definitiva, forma parte
del plan divino, no importa cuán indeseable puede parecer a quienes idealizan
la pureza de las relaciones, ni cuán despiadadamente es aplicado en los
momentos actuales. Ya se ha producido algo que está predestinado y no puede ser
evitado. El impulso de aparearse llega a ser peculiarmente fuerte cuando los
hombres se hallan lejos del ambiente familiar y experimentan la novedad de una
total soledad: cuando las inhibiciones normales, las costumbres impuestas por
las relaciones familiares o las normas nacionales son removidas; cuando
enfrentan constantemente el peligro de muerte; cuando los valores mayores
anulan a los menores y a las actitudes comunes convencionales, y cuando el organismo
físico ha sido entrenado y llevado, por medio de procedimientos científicos y
una fuerte alimentación, a la más elevada eficiencia física. Hablo en términos
de efectividad física y no de eficiencia mental, que puede ir o no paralela a
la primera.
Los
instintos animales son por lo tanto poderosos; los centros ubicados abajo del
diafragma se energetizan peculiarmente; las demandas emocionales vitalizan
enormemente el centro plexo solar, y el centro en la base de la columna
aumenta la actividad de las glándulas adrenales cuando la voluntad del hombre
es llamada a actuar a fin de vencer el peligro; la voluntad de vivir con su
similar, la voluntad de perpetuarse en los propios hijos, es fomentada
poderosamente. A esto también debe agregarse, como un derivado principal de la
guerra, la voluntad de la naturaleza misma, actuando (de acuerdo a ciertas
leves divinas) para equiparar las pérdidas de vidas y las bajas de la guerra,
mediante una nueva afluencia de vida hacia la forma, preservando así a la raza
humana, proporcionándolo cuerpos para la siguiente oleada de egos y en esa
forma poblar la tierra.
Con
esto sólo trato de explicar los fenómenos que pueden ser observados durante los
tiempos de guerra, y en la guerra mundial se ha podido observar en gran escala.
Los ejércitos del mundo se hallan en todas partes, diseminados por todos los
países; la transmigración racial es un factor universal, desde el ángulo de la
necesidad militar y de las penurias de los civiles que han sido arrollados por
la guerra. Este movimiento de millones de hombres, en todas partes, constituye
uno de los factores principales que condicionarán la nueva civilización, y su
importancia se basa en el hecho de que en el término de veinticinco
años hombres y mujeres serán una raza híbrida, cuyos padres y madres
pertenecerán a todas las naciones imaginables; padres blancos habrán tenido
relaciones físicas con mujeres de origen asiático o africano, produciendo una
mezcla de sangre que -si se la reconoce, maneja y desarrolla correctamente y
con comprensión, desde el ángulo educativo- expresará la naturaleza en embrión
de la sexta raza raíz, la cual será realmente la HUMANIDAD sin barreras
raciales o nacionales, ni seudas y exclusivas castas de sangre pura, pero con
un nuevo y viril sentido de la vida, debido a la mezcla de linajes más fuertes
con otros más débiles y agotados, y de
las estirpes raciales más nuevas con las antiguas y más desarrolladas. Nada
tengo que argumentar sobre la forma en que esto es llevado a cabo. Podría haber
acontecido sin la guerra, por la convicción de que todos los hombres son
iguales y humanos y que la mezcla de las razas podría resolver muchos
problemas; no obstante, la guerra ha acelerado el proceso y los soldados de
todos los ejércitos del mundo tienen relaciones físicas con mujeres de todas
las razas, civilizaciones y color. Esto debe producir, ya sea que se lo
considere correcto o erróneo, de acuerdo al código ético y a las normas del
observador, una situación totalmente nueva que deberá enfrentar el mundo del
futuro e inevitablemente debe derribar los prejuicios nacionales y las barreras
raciales las primeras producirán mayor efecto que las últimas, durante las
etapas iniciales. Una humanidad más homogénea aparecerá también inevitablemente
durante los cambios, en los próximos cien años. Muchas actitudes y reacciones
habituales que prevalecen todavía hoy, desaparecerán y aparecerán en gran
escala, tipos, cualidades y características, de las cuales hasta ahora no
tenemos precedentes.
Aunque
a las personas conservadoras y llamadas estrictamente “morales” no les agrade
este acontecimiento mundial, no afecta para nada la cuestión. Ello ha sucedido
y está sucediendo diariamente, y materialmente traerá cambios de gran alcance.
Estas relaciones y mezclas interraciales siempre han sucedido en pequeña
escala e individualmente, y ahora suceden en gran escala. Debemos prepararnos
para los resultados que esto producirá.
Como
bien saben, existen hoy ciertas enfermedades numéricamente predominantes en el
mundo y son:
1.
Varios tipos de enfermedades cardíacas, que
afectan particularmente a la humanidad avanzada.
2.
Demencia.
3.
Cáncer, que tanto prevalece en todos los tipos de
hombres.
4.
Enfermedades sociales de naturaleza sifilítica.
5.
Tuberculosis.
En
forma sutil y oculta, estas enfermedades se deben a dos causas básicas: Una es
la estrecha interacción, entre las personas que viven bajo condiciones
modernas, y su hacinamiento en ciudades y pueblos; la otra se debe a la edad
del suelo en que el hombre vive (un hecho poco reconocido o considerado), pues
está profundamente impregnado de gérmenes y residuos de eras pasadas. La
inmunidad del hombre es algo asombroso si sólo se dieran cuenta; resiste y se
desembaraza constante y continuamente de todo tipo de enfermedades, las que son
resultado del contacto con otros individuos, las que prevalecen en la atmósfera
misma, en cualquier época, las que están latentes en su propio organismo
corpóreo y las heredades, a las cuales está constantemente predispuesto. La
lucha del hombre por la salud es incesante e interminable, abarcando, desde la
fatiga común y el cansancio, más la universal tendencia a resfriarse, a las
enfermedades mortales, terminando con la muerte.
Para
el ocultista observador entrenado, parecería que toda la humanidad deambulara
parcialmente en una densa sombra que engolfa a la raza, y parte de ella cubre
una zona del cuerpo de todo ser humano. Uno de los propósitos de la nueva era
consistirá en “iluminar esta sombra y guiar a las personas hacia la fortaleza
que otorga la verdadera buena salud”. Esta misma sombra penetra también dentro
del reino mineral, afecta al reino vegetal e involucra además a los animales;
es una de las causas principales de todo aquello que puede ser clasificado bajo
el nombre de “pecado”, y esto quizás sorprenda. Es también la fértil simiente
del crimen. Esta realidad debe ser aceptada, adecuadamente considerada y manejada
racional, sensata, inteligente y
espiritualmente; se requerirán los factores mencionados para sacar a la
humanidad fuera de la oscuridad de la enfermedad y llevarla a una estable y radiante
salud. Algunos Maestros se ocupan de este problema en relación con otros reinos
de la naturaleza, pues el hombre no podrá evadirse mientras su medio ambiente
esté aún bajo la sombra de la enfermedad.
Gran
parte de lo que pueda decir sobre esto parecerá fantasioso y se mofarían los
cientistas cerrados. Las teorías que sostiene el género humano acerca del
origen de las enfermedades, y el reconocimiento de las bacterias, gérmenes y
otros intrusos organismos similares, son mayormente correctos, sólo si se tiene
en cuenta de que en realidad son efectos de causas que el investigador no ha
tocado y que están ocultas en la historia del planeta y en la historia racial
del pasado -de la cual poco o nada se sabe. Aquí imperan las presunciones y
conjeturas.
1.
ENFERMEDADES DE LA HUMANIDAD, HEREDADAS DEL PASADO
La
historia, tal como se la estudia hoy, se interna muy poco en el pasado y aunque
los historiadores y científicos esclarecidos pueden retrotraer la historia de
la humanidad hasta millones de años; nada se sabe acerca de las razas humanas
que vivieron millones de años atrás, nada se conoce de la civilización que
floreció en los primeros tiempos atlantes hace doce millones de años; tampoco
nada absolutamente se sabe de la antigua civilización lemuria que existió hace
más de quince millones de años, y aún menos se conoce de aquel período
crepuscular que existió hace veintiún millones de años, cuando los hombres
apenas eran humanos, y estaban tan estrechamente relacionados con el reino
animal, que les damos el engorroso nombre de “hombre-animal”.
Durante
el vasto periodo transcurrido entre entonces y ahora, han vivido, amado y
experimentado millones de personas; sus cuerpos han vuelto al polvo de la
tierra y cada uno ha contribuido con
algo de lo adquirido durante la experiencia de la vida, sin embargo distinto
de lo que ha contribuido a la vida del alma en su propio plano. Esta
contribución ha alterado en cierta forma los átomos y células del cuerpo
físico, y a su debido tiempo lo adquirido ha sido liberado nuevamente al suelo
del planeta. Cada alma que se retiró del cuerpo, ha vuelto repetidas veces a la
tierra, y muchos millones de ellas están hoy aquí, particularmente aquellas que
estuvieron presentes en los últimos días de la época atlante y constituyen la
flor y el producto más elevado de esa raza altamente emocional. Traen consigo
las predisposiciones y las tendencias innatas con que su historia pasada los
ha dotado.
En
consecuencia deberá tenerse en cuenta que los cuerpos físicos que ahora ocupa
la humanidad están construidos de sustancia muy antigua, la cual se halla
contaminada o condicionada por la historia del pasado. A este concepto debemos
agregar otros dos: Primero, esas almas que encarnan, atraen hacia sí el tipo de
materia con la cual deben construir sus envolturas externas que responderán a
algún aspecto de su naturaleza más sutil; por ejemplo, si las condiciona el
deseo físico, la materia de su vehículo físico responderá en gran parte a este
anhelo particular. Segundo, cada cuerpo físico lleva en sí la simiente de una
inevitable retribución, si se abusa de sus funciones. El gran pecado original
en tiempos de lemuria fue de naturaleza sexual, y no sólo se debía a las
innatas tendencias sino a la extraordinariamente densa población de su
civilización y a la estrecha relación con el reino animal. En esa época
originaron las enfermedades sifilíticas.
Los
ignorantes piensan ingenuamente que las razas primitivas están
libres de ese tipo de contaminación y que muchas enfermedades sexuales y sus
resultados, son preponderantemente enfermedades de la civilización. Esto no es
así desde el punto de vista ocultista.
El verdadero conocimiento comprueba ser lo contrario. En la infancia de la raza
se produjeron erróneos apareamientos, promiscuidad y una serie de perversiones;
de acuerdo a las palabras de algunos de los más antiguos libros, que existen
en los Archivos de los Maestros, leemos: “La tierra cobró su tributo y la
tierra lo hizo con la tierra, contaminada e impura, volviendo a la tierra;
entonces la vida pecaminosa penetró en la prístina pureza de la antigua madre.
En lo más profundo del suelo se halla el mal, emergiendo a la forma de vez en
cuando; sólo el fuego y el sufrimiento pueden purificar el mal que la madre ha
trasmitido a sus hijos”.
La
raza lemuria prácticamente se destruyó a sí misma por el abuso del centro
sacro, que entonces era el más activo y predominante. En los días atlantes el
centro plexo solar fue el objetivo principal del “fuego entrante”. El trabajo
de la Jerarquía en días de lemuria fue, como ya dije en otra parte, enseñar a
la infantil humanidad la naturaleza y el sentido y significado del vehículo
físico, y así corno en la siguiente raza fue fomentado el emocional y
constituyó el objeto de mayor atención, en nuestra raza la mente es sometida a
la estimulación. El iniciado en la época de lemuria había logrado controlar
completamente el cuerpo, y el hatha yoga era la principal práctica espiritual.
Éste a su vez, con el tiempo, fue reemplazado por el laya yoga, que puso en
actividad funcionante los centros del cuerpo etérico (excepto el centro
laríngeo y el coronario). Éste no es el tipo de actividad que se debe practicar
ahora, pues, como recordarán, el Maestro de esos días no tenía el desarrollo ni
la comprensión de los Maestros actuales, las únicas excepciones fueron Aquellos
que habían venido de otros esquemas y esferas para ayudar al hombre animal y a
la humanidad primitiva.
A. Enfermedades
venéreas y sifilíticas.
Paralelamente
a la actividad de la Gran Logia Blanca
(tal como sucedió entonces y sucede hoy) había una actividad de las
fuerzas oscuras. Debían producir sus efectos por intermedio del centro sacro,
estableciéndose una situación extremadamente viciosa, que debilitó el vigor del
cuerpo humano, acrecentó grandemente las exigencias de la naturaleza sexual por
la estimulación del centro sacro, producido artificialmente por la Logia Negra,
lo cual trajo como consecuencia numerosas alianzas impías y una amplia difusión
de relaciones malignas.
Entonces
el Logos planetario impuso una grande y nueva ley de la naturaleza, expresada
(muy inadecuadamente) por las palabras “el alma que peca, morirá”. Esta ley
podría ser mejor expresada con las palabras, “Quien abusa de lo que ha
construido, lo verá derrumbarse por las fuerzas internas que contiene”.
A
medida que transcurrieron los siglos y la raza lemuria se sometió a los
malvados impulsos de la naturaleza animal, aparecieron gradualmente los
primeros tipos de enfermedades venéreas; oportunamente toda la raza fue
contaminada y produjo su desaparición; la naturaleza cobró sus tributos y
exigió inexorablemente su precio. Cabe aquí interrogarse ¿cómo estos primitivos
habitantes de nuestro planeta pudieron ser responsables, puesto que no existía
pecado donde no habla sentido de responsabilidad ni conciencia de obrar mal?
La Jerarquía en esos días tenía sus propios métodos de enseñanza para estos
pueblos infantiles, así como se puede enseñar al niño en los primeros años a no
adquirir ciertos hábitos físicos. En aquel entonces la humanidad sabía muy bien
lo que era el mal, porque se puso en evidencia físicamente y era fácil
percibirlo. El castigo fue obvio y los resultados inmediatos; los Instructores
de la raza procuraron que la causa y el efecto fueran observados rápidamente.
En
esa época también aparecieron las primeras tendencias al matrimonio, algo
distinto de la promiscuidad; la creación de unidades de familia se convirtió
en objeto de atención y constituyó la
meta para los más evolucionados. Ésta fue una de las primeras tareas
emprendidas por la Jerarquía y el primer esfuerzo para realizar cualquier tipo
de actividad grupal, impartiendo la primera lección acerca de la
responsabilidad. La unidad familiar no era estable corno puede serlo hoy, pero
aún su relativamente breve comienzo fue un gran paso adelante; la segregación
del ente familiar y el desarrollo del sentido de responsabilidad han
continuado firmes hasta culminar en nuestro actual sistema matrimonial y en la
acentuación, en Occidente, de la monogamia; ha conducido al orgullo occidental
acerca del linaje y la alcurnia, al interés por las genealogías y vinculaciones
y al intenso horror que siente el pensador occidental por las enfermedades
sifilíticas, puesto que afectan a la familia y su descendencia.
Sin
embargo, dos cosas muy interesantes están aconteciendo hoy. La unidad de la
familia, en escala mundial, está siendo destruida debido a los azares de la
guerra y -en menor escala- a los modernos puntos de vista concernientes al
matrimonio y al divorcio. También se están descubriendo rápidas y definidas
curaciones de las enfermedades sexuales, lo cual hace que la gente tienda a ser
más insensata. Sin embargo, cuando la curación sea perfecta, a la larga
salvaguardará a la raza y después de la muerte devolverán al
suelo cuerpos libres de toda plaga que ha contaminado la tierra durante
infinitas edades. Así se producirá una gradual purificación del suelo. La
cremación también ayudará en este proceso de purificación. La destrucción por
el fuego y la intensidad del calor engendrado por la aplicación de los métodos
militares, también están ayudando, y durante el próximo millón de años veremos
que la sífilis (heredada desde lemuria) desaparecerá, tanto de la familia
humana como del suelo del planeta.
En
el transcurso de las épocas la humanidad entró en la etapa atlante de
desarrollo. El control consciente del cuerpo físico quedó bajo el umbral de la
conciencia; el cuerpo etérico se hizo en consecuencia más poderoso (un hecho
que frecuentemente no es considerado) y el cuerpo físico como un autómata
reaccionó acrecentadamente a la impresión y orientación impuestas por la
naturaleza deseo en constante desarrollo. El deseo se trasformó en algo mas
que una simple respuesta al impulso físico animal y a los instintos primitivos;
se dirigió hacia objetos y objetivos extraños al cuerpo, hacia las posesiones
materiales y aquello que (al ser visto y codiciado) podría poseer. Así como los
principales pecados de la época lemuria (si se los puede llamar pecados en su
verdadero sentido, teniendo en cuenta la poca inteligencia de la raza) se cometían
por el abuso del sexo, análogamente el mayor pecado de los atlantes fue el
latrocinio, muy difundido y general. Los gérmenes de la agresión y la
adquisición personal comenzaron a manifestarse, culminando en la gran guerra
(relatada en La Doctrina Secreta) entre los Señores de la Faz Luminosa y los
Señores de la Faz Oscura. Para apoderarse de lo que codiciaban y creían necesario,
los más evolucionados de esa raza comenzaron a practicar magia. Me resulta
imposible delinear la naturaleza y las prácticas de la magia de los atlantes,
ejerciendo control sobre los elementales y las formas de vida que ahora han
sido obligadas a retroceder a su guarida, y son inaccesibles a la humanidad;
tampoco puedo indicar los métodos especiales empleados para adquirir lo
deseado, las palabras de poder pronunciadas y los rituales cuidadosamente
planeados, seguidos por quienes buscaron enriquecerse y posesionarse de lo que
deseaban, sin tener en cuenta a costa de quién lo hacían. Este trabajo mágico
constituía la parodia de la magia blanca tan abiertamente utilizada en esos
días, antes de la gran guerra, entre las Fuerzas de la Luz y las Fuerzas del
Mal. La correcta magia era muy conocida por el pueblo atlante y utilizada por
los Miembros de la Jerarquía, a quienes se les había confiado la orientación de
la raza, y Ellos combatían el desenfrenado mal en las esferas superiores. Este
mismo mal, nuevamente en son de guerra, está siendo combatido por los hombres de buena voluntad
bajo la dirección de la Gran Logia Blanca. El colmo del lujo fue alcanzado en
la Atlántida, de la cual nuestra jactanciosa civilización nada sabe ni nunca ha
igualado. Algunos tenues indicios de ello nos han llegado de las leyendas del
antiguo Egipto, de los descubrimientos arqueológicos y de los viejos cuentos de
hadas. Se produjo un resurgimiento de la maldad y agravios puramente atlantes
en los días de la decadencia del Imperio Romano. La vida fue mancillada por la
miasma del egoísmo más abyecto, y las fuentes mismas de la vida fueron
contaminadas. El hombre vivía y respiraba únicamente para poseer el máximo
lujo y la mayor cantidad de cosas y bienes materiales. Fueron sofocados por el
deseo y acicateados por la idea de no morir nunca, vivir eternamente y adquirir
todas las cosas que deseaban.
B. Tuberculosis.
En
la situación anteriormente mencionada hallamos el origen de la tuberculosis.
Originó en los órganos que el hombre posee para respirar y vivir y fue impuesta
como castigo por la Gran Logia Blanca; los Maestros promulgaron una nueva ley
para el pueblo atlante cuando los vicios de lemuria y la codicia atlante
llegaron al grado más despiadado. Esta ley puede ser traducida en los
siguientes términos: “Quien sólo vive para los bienes materiales, quien
sacrifica toda virtud con el fin de adquirir lo imperdurable, morirá en vida,
encontrará que le falta el aliento y, sin embargo, rehusará pensar en la muerte
hasta que le llegue el llamado.”
Resulta
difícil en estos días apreciar o comprender el estado de conciencia de los
atlantes. No existían procesos mentales, excepto entre los conductores de la
raza; única mente prevalecían los despiadados e insaciables deseos. Esta acción
de la Gran Logia Blanca obligó la imposición de dos premisas y enfrentó a la
raza con dos problemas hasta entonces incomprendidos. El primero fue que las
actitudes sicológicas y los estados de conciencia pueden traer y traen
condiciones fisiológicas, buenas y malas. El segundo, que por primera vez los
pueblos debían reconocer el fenómeno de la muerte; muerte que ellos mismos
produjeron en forma nueva y no únicamente por medios físicos. Esto tuvo que ser
dramatizado en forma definidamente objetiva, porque aún las masas no
respondían a la enseñanza verbal sino sólo a los eventos visuales. Cuando
vieron que una persona particularmente inclinada al robo comenzaba a sufrir una
horrenda enfermedad que parecía surgir de dentro de sí mismo y -mientras
sufría- mantenía su amor por la vida (como lo hacen hoy los tuberculosos),
enfrentaron otro aspecto o forma de la ley original (impuesta en tiempos de
lemuria) qué decía: “El alma que peca, morirá”. La muerte hasta entonces
había sido aceptada sin protesta alguna, como el destino de todas las cosas
vivientes, pero desde ese momento, por primera vez, la relación mental entre la
acción individual y la muerte fue reconocida -aunque todavía en forma tenue y
débil- y la conciencia humana dio un gran paso adelante. El instinto no pudo
manejar esta situación.
La
muerte es una grande y universal herencia; todas las formas mueren, porque esa
es ley de la vida, hablando paradójicamente. Ha llegado el momento de enseñar a
la raza que la muerte puede ser el fin de un ciclo y una automática respuesta a
la Gran Ley de los Ciclos, que continuamente instituye lo nuevo y destruye lo
viejo, o puede producirse por el abuso del cuerpo físico, por la mala
aplicación de la energía y por la deliberada acción del hombre mismo. El hombre
que deliberadamente peca y sicológicamente se equivoca en sus actitudes y
consiguientes acciones, comete un suicidio, como el hombre que
premeditadamente se hace volar los sesos. Pocas veces esto es comprendido, pero
la verdad se irá haciendo cada vez más evidente.
Un mandato bíblico nos recuerda que los
pecados de los padres se extenderán a los hijos, afirmación literal acerca de
las enfermedades que la humanidad ha heredado de la raza lemuria y atlante. La
sífilis y la tuberculosis han prevalecido ampliamente durante la primera mitad
de la raza aria, en la cual nos hallamos, y hoy no sólo afectan a los órganos
de la procreación o a los pulmones (tal como sucedió en las primeras etapas de
su aparición), sino que han involucrado ahora la corriente sanguínea y en
consecuencia todo el organismo humano.
Mucho
se ha hecho durante los últimos cincuenta años para controlar la gran
enfermedad atlante de la tuberculosis, por medio de una vida sencilla,
alimentos sanos y abundantes y aire puro. Mucho se esta haciendo para
controlar, finalmente, las enfermedades sifilíticas, y ambas serán
eventualmente extirpadas, no sólo por el tratamiento sano y los descubrimientos
de las ciencias médicas, sino porque la raza -a medida que se polariza más
mentalmente- podrá encarar el problema desde el ángulo del sentido común, y
decidirá que el pecado físico exige un castigo demasiado severo y que no vale
la pena poseer lo que no se ha merecido ni se ha necesitado y en consecuencia
no le pertenece.
Alrededor
de estas ideas básicas se libró la guerra mundial (1914-1945). A la posesión
ilegal de las tierras, territorios, bienes y pertenencias, denominamos
agresión; pero en principio es lo mismo que violar, hurtar, robar. Hoy estos
males no constituyen faltas y pecados individuales, sino que pueden ser
características nacionales; la guerra mundial ha hecho surgir este problema a
la superficie de la conciencia
humana y la antigua lucha atlante se está librando amargamente con la
probabilidad de que esta vez la Gran Logia Blanca triunfe. Esto no fue así en
el primer conflicto. En ese entonces la guerra finalizó por la intervención del
Logos planetario y esa antigua civilización descendió a las profundidades y
fue sepultada por las aguas, símbolo de pureza, salubridad y universalidad, y
por lo tanto un final apropiado para “una raza tuberculosamente orientada”,
como los Maestros la han llamado. La muerte producida por inmersión y la muerte
por confusas causas físicas, las cuales no se me permite describir, han sido
probadas en el esfuerzo por salvar a la humanidad.
Hoy
se aplica la técnica de la muerte por el fuego, y promete ser exitosa. En
contradicción con las grandes crisis de Lemuria y Atlántida, la humanidad ya posee
una mentalidad más alerta, reconoce las causas de las dificultades, ve con más
claridad los móviles, y la voluntad al bien y el anhelo de cambiar las
condiciones malignas del pasado es más fuerte que nunca. Lo que la conciencia
pública está comenzando a manifestar hoy es algo totalmente bueno y nuevo.
Las
razones subjetivas dadas para justificar la aparición de estas dos enfermedades
raciales tan antiguas, puede parecerle, a quien no conoce esoterismo, como
posibles pero no probables, ilusorias y de naturaleza demasiado ambigua. Ello
es inevitable. Estos dos grupos de enfermedades son tan antiguos en su origen,
que las he denominado inherentes a la vida planetaria misma y herencia de toda
la humanidad, pues en cada uno de nosotros el quebrantamiento de ciertas leyes
producirá esas enfermedades. Si quisiera podría llevar al lector aún más atrás,
al reino del mal cósmico, tal como prevalece en nuestro sistema solar y afecta
al Logos planetario, que aún se cuenta entre “los Dioses imperfectos”. La forma
externa del planeta a través del cual Él se expresa, está impregnada, hasta
cierta profundidad, con las simientes y gérmenes do ambas enfermedades; no
obstante, a medida que se logre la inmunidad y se desarrollen los métodos de
curación, que la medicina preventiva ocupe su debido lugar y que el hombre
llegue a acrecentar el control mental y egoico de las naturalezas animal y de
deseos, tales sufrimientos humanos desaparecerán y (no importa lo que las
estadísticas puedan decir) están desapareciendo de esas zonas más controladas
de la familia humana. A medida que la vida de Dios (expresándose como divinidad
individual y universal) palpita más poderosamente a través de los reinos de la
naturaleza, estos dos castigos de la pecaminosidad no serán necesarios y desaparecerán
inevitablemente, por tres razones:
1.
La humanidad se está orientando frecuentemente
hacia la luz, y “la luz disipa el mal”. La luz del conocimiento y el reconocimiento de las causas
producirán esas condiciones cuidadosamente planeadas, que harán desaparecer
las enfermedades sifilíticas y la tuberculosis.
2.
Los centros ubicados abajo del diafragma estarán
sometidos a un proceso de purificación y elevación; será controlada la vida del
centro sacro y la energía usualmente enfocada allí será utilizada en forma de
vida creadora por medio del centro laríngeo; el centro plexo solar elevará su
energía al corazón, entonces desaparecerá la tendencia humana al egoísmo.
3.
La curación total, alcanzada por la ciencia,
pondrá fin gradualmente a todo contagio.
Otra razón
que pondrá fin a los deseos y a las prácticas y métodos de vida causantes de
estas enfermedades, es aun poco conocida; Cristo se refirió a ella cuando
habló de la época en que ningún secreto permanecería oculto, y de cuando todos
los secretos se proclamarían desde los tejados. El desarrollo de la captación
telepática y de los poderes síquicos, como la clarividencia y clariaudiencia,
oportunamente tenderán a evitar que la humanidad peque privadamente. Los
poderes que emplean los Maestros y los Iniciados superiores para comprobar el
estado síquico y la condición física de la humanidad, su cualidad y
conciencia, ya comienzan a manifestarse
en la humanidad avanzada. La gente pecara, cometerá malas acciones y satisfará
los deseos desordenados, pero lo sabrán sus semejantes y nada podrán hacer en
secreto. Alguna persona o grupo se dará cuenta de las tendencias de la vida del
hombre y hasta de los incidentes en los que satisface alguna exigencia de su
naturaleza inferior, y esta posibilidad actuará como un poderoso freno, mucho
más poderoso de lo que pueden imaginar. El hombre es en realidad el custodio
de su hermano, y esta custodia significa conocerlo y aplicar “el ostracismo y
las sanciones”; así se dice cuando se aplican sanciones a las naciones.
Quisiera que reflexionen sobre estos des modos de encarar las malas acciones.
Serán aplicados casi automáticamente por otros individuos y grupos, como algo
de buen gusto, buenos sentimientos e intenciones, y de esta manera el crimen y
la tendencia a la maldad prácticamente serán desarraigados. Se llegará a
comprender que la criminalidad se basa en alguna forma de enfermedad, en la
carencia o sobrestimulación glandular, que a su vez se funda en el desarrollo o
subdesarrollo de cualquiera de los centros. Una iluminada opinión pública -que
conozca la constitución del hombre y la gran Ley de Causa y Efecto- tratará la
criminalidad con procedimientos médicos, correctas condiciones ambientales y
penalidades de ostracismo y sanciones. No dispongo de tiempo para extenderme
sobre este tópico, pero tales sugerencias les proporcionará tema para
reflexionar.
C. Cáncer.
Ahora
entraremos a considerar el acrecentamiento rápido de esa típica enfermedad
atlante que denominamos cáncer. Hemos hablado de una enfermedad básica muy
difundida, relacionada con el cuerpo físico y hemos tratado superficialmente
otra que es producto de la naturaleza de deseos. El cáncer, en el actual siglo ario, es definidamente el
resultado de la actividad de la mente concreta inferior y del estímulo que
puede ejercer la mente sobre el cuerpo etérico. Ésta es la principal enfermedad
incidental al estímulo, en lo que concierne a las masas arias, así como las
enfermedades cardíacas se deben también al estímulo, afectando grandemente a
las personas evolucionadas, quienes -debido a su liderazgo e interés en los
negocios- a menudo sacrifican sus vidas y sufren el castigo por la energía mal
aplicada y excesivamente concentrada, desarrollando por ello diversas formas
de perturbaciones cardíacas agudas.
Los
discípulos e iniciados están propensos también a sufrir de esta enfermedad,
debido a que entra violentamente en actividad el centro cardíaco. En un caso,
la energía de la vida que afluye a través del corazón se emplea más allá de
toda tolerancia humana, al manejar los asuntos humanos; en otro, el centro
cardíaco se abre y la tensión ejercida sobre el órgano del corazón es demasiado
grande, sobreviniendo la enfermedad cardiaca. Una tercer causa se debe al
prematuro o deliberado planeamiento de elevar la energía del plexo solar al
corazón, ejerciendo así una inesperada tensión sobre él.
Lógicamente
estoy haciendo amplias generalizaciones; posteriores evidencias demostrarán
los tipos de actividad que evocarán las correspondientes dificultades en el
corazón. Las enfermedades del corazón aumentarán grandemente a medida que
entramos en la nueva: raza raíz, particularmente durante el intervalo en que se
aceptará la realidad de los centros, su naturaleza y cualidades y, en
consecuencia, serán objeto de atención entrenada. La energía sigue al
pensamiento, y este enfoque mental sobre los centros producirá inevitablemente
su sobrestimulación, y ello a pesar del cuidadoso desarrollo de la Ciencia de
los Centros, lo cual es inevitable debido al nerviosismo y al desarrollo
desequilibrado del hombre. Posteriormente este estimulo será regulado y controlado, y el corazón estará sometido
únicamente a una tensión general, juntamente con los otros centros.
El
cáncer es una enfermedad muy definidamente relacionada con los centros, y
hallaremos que el centro en la zona donde existe el cáncer está excesivamente
activo, con el consiguiente acrecentamiento de la afluencia de energía a
través de la sustancia corpórea relacionada. La energía y el sobrestímulo de un
centro no sólo puede ser el resultado de la actividad del centro y su
consiguiente radiación, sino de la supresión impuesta por la mente sobre cualquier
actividad de determinado centro. Esto produce una acumulación de energía, y
por lo tanto tenemos nuevamente la acumulación excesiva de energía, concentrada
en una zona particular. Una de las principales fuentes del cáncer, relacionada
con el centro sacro y por ende con los órganos sexuales, ha sido la
bienintencionada inhibición de la vida sexual, y de todo pensamiento conectado
con la vida sexual, por los aspirantes mal orientados; éstos son quienes hallan
en la enseñanza de la Edad Media -la vida monástica y el celibato- la línea de
menor resistencia. En esa época la buena gente creía que el sexo era algo
maligno y pecaminoso, que no debía mencionarse y que constituía una poderosa
fuente de perturbación. Las reacciones normales en vez de ser controladas y
trasmutadas en actividad creadora eran violentamente suprimidas y todos los
pensamientos acerca de la vida sexual reprimidos. Sin embargo, la energía sigue
la dirección del pensamiento, con el resultado de que este particular tipo
magnético de energía atrajo a un creciente número de células y átomos y de allí
el origen de los tumores, quistes y tipos de cáncer, tan prevalecientes hoy. Lo
mismo se puede decir acerca de la violenta inhibición, por parte del
aspirante, de todas las reacciones emocionales y de los sentimientos. En su
esfuerzo por controlar el cuerpo astral recurre a un proceso de directa
inhibición y supresión. Esta supresión convierte al centro plexo solar en un
gran depósito de energía drásticamente retenida. Cuando no se trasmutan las
emociones en aspiración y amor y cuando no hay un control dirigido, la existencia de esta reserva de
vibrante poder produce el cáncer de estómago e hígado y a veces de toda la zona
del abdomen. Simplemente menciono estas causas (excesiva actividad de un
centro y retención de energía, inexpresada e inhibida) como fructíferas fuentes
del cáncer.
Como
podrán observar, cada caso nos lleva a la realidad de la existencia de los
centros y sus efectos fisiológicos. Tanto énfasis se ha puesto sobre las
cualidades y características que el hombre desarrollará, cuando los centros
estén adecuadamente organizados y dirigidos, que se han pasado por alto los
efectos de la energía que reciben y distribuyen en el organismo físico. Dos
factores vinculados a los centros y la corriente sanguínea justifican por lo
tanto su repetición y atención:
1.
La corriente sanguínea es el agente del sistema
glandular y a su vez un efecto de los centros; la corriente sanguínea lleva a
cada parte del cuerpo esos elementos esenciales de los que sabemos muy poco,
responsables de hacer del hombre sicológicamente
lo que es y, en consecuencia, controla físicamente su equipo.
2.
La corriente sanguínea es también la vida,
llevando a todo el organismo un aspecto de la energía acumulada por los centros
que no están directamente relacionados con el sistema endocrino; este aspecto
de la energía penetra, mediante su radiación, en la corriente sanguínea y en
todas las venas, arterias y capilares dentro de la zona controlada por el
centro en consideración. Esta compenetrante energía de vida, localizada y
calificada, puede ser dadora de vida o provocadora de la muerte.
Todas las
enfermedades -excepto las que se deben a accidentes, a heridas que se infectan
y a epidemias- pueden ser atribuidas en última instancia a alguna condición de
los centros, y por lo tanto a la energía incontrolada, a la energía excesivamente
activa y mal dirigida, o a insuficiente y total carencia, o sino retenida en
vez de ser empleada y trasmutada al correspondiente centro superior de energía.
El misterio de la sangre aún queda por develarse, pero recibirá acrecentada
atención a medida que transcurre el tiempo. La anemia tan prevaleciente hoy, se
debe también al exceso de energías.
Sólo
puedo dar indicaciones generales, establecer causas y dejar al investigador
inteligente la tarea de estudiar los efectos después de aceptar como posibles
hipótesis las sugerencias que he hecho. Un cuidadoso estudio de las glándulas
de secreción interna (y más tarde toda la estructura glandular del cuerpo) y de
la corriente sanguínea, establecerá que son la principal fuente de los
trastornos físicos; inevitablemente, aunque en forma lenta y paciente, los
investigadores se verán obligados a retornar a los centros y llegarán a
incluir en sus cálculos un sistema nervioso subjetivo (el sistema subjetivo de
los nadis, que subyace en los nervios de todo el cuerpo) y demostrarán que esos
factores son responsables de las principales enfermedades y de muchas
subsidiarias y desconocidas dolencias que son el flagelo de la humanidad No
obstante, el investigador de mente abierta que comienza por aceptar la realidad
de los centros, considerando que posiblemente existan y eventualmente podrán
ser demostrados, progresará más rápidamente; las enfermedades serán entonces
controladas por el sistema de laya yoga (la ciencia de los centros) que será la
forma sublimada del laya yoga de los días atlantes. El estudiante avanzado
controlará los centros por el poder del pensamiento. En la yoga del futuro, por
medio de la meditación y el alineamiento y las prácticas correctas, los centros
serán controlados directamente por el alma -algo muy diferente del control de
los centros por la mente y para lo cual la humanidad no está aún preparada. A
esto será agregada la Ciencia de la
Respiración, no los ejercicios de respiración como ahora se enseñan, con sus
frecuentes y peligrosos resultados, sino un ritmo respiratorio impuesto por la
mente, mediante el cual puede actuar el alma, y sólo requerirá un simple ritmo
respiratorio físico que reorganizará los cuerpos más sutiles y llevará a los
centros a una ordenada actividad, de acuerdo al rayo y grado de evolución.
No
consideraré la patología de estas enfermedades. Ya ha sido considerada y
tratada extensamente por la medicina común. En esta parte de mi exposición
trato de poner el énfasis en las causas subjetivas y en los efectos objetivos,
pues ambos deben relacionarse. La actividad -excesiva o insuficiente- de los
centros es la causa subjetiva, pero aún no ha sido reconocida, excepto por los
esotéricos. Las causas aparentes (que en si son resultados de una verdadera
causa subjetiva) las origina el hombre físico, ya sea en esta vida o en una
anterior, punto que dilucidaré más adelante.
En
lo antedicho he dado mucho para reflexionar, y a medida que cavilan y piensan,
estudian los casos y tipos, y también observan las características y cualidades
de las personas conocidas, las cuales se manifestarán en alguna forma de
eventual enfermedad, entonces vendrá la luz.
La necesidad
de indicar, sin pasarlas por alto, las fuentes principales de las
enfermedades, aunque el tema es demasiado esotérico para que lo capte la
inteligencia común, me ha inducido a incluir el segundo punto:
2.
ENFERMEDADES QUE SURGEN DE LAS CONFUSAS CONDICIONES PLANETARIAS
Evidentemente
me es imposible extenderme sobre este tema, porque no puedo dar ni siquiera una
leve indicación que pudiera ser susceptible hoy de verificación. Deberán
confiar en lo que diré, lo cual depende de lo que creo es reconocido como mi
probada veracidad e integridad. Podría y
puedo decir muy poco, sólo lo necesario como para indicar una causa fructífera
de las enfermedades, y tan antigua que es inherente a la vida del planeta
mismo. Dichas enfermedades no tienen origen subjetivo o sutil, tampoco son
resultado de condiciones emocionales ni de procesos mentales indeseables. No
son de naturaleza sicológica y por lo tanto no pueden atribuirse a ninguna
actividad de los centros. Originan de dentro de la vida planetaria misma y de
su aspecto vida, ejerciendo un efecto emanante, directamente sobre los átomos
individuales, de los cuales está compuesto el cuerpo físico denso. Es
importante recordar este punto. La fuente de cualquier enfermedad de esta
naturaleza, inducida por el planeta mismo, se debe principalmente a un impacto
externo de ciertas emanaciones vibratorias que, engendradas en lo más profundo del planeta,
provienen de su superficie y hacen impacto sobre el cuerpo físico denso. Estas
radiaciones actúan sobre las unidades de energía, que en su totalidad constituyen
la sustancia atómica del cuerpo; ellas no tienen conexión alguna con la corriente
sanguínea ni con el sistema nervioso, siendo en consecuencia imposibles de
detectar o aislar, porque el hombre hoy se halla tan altamente organizado e
integrado, que estos impactos externos evocan inmediatamente respuesta del
sistema nervioso; los médicos modernos son incapaces de diferenciar entre las
enfermedades que surgen del mecanismo interno -tangible o intangible- del
propio paciente y las de naturaleza irritante que provienen de lo externo,
produciendo efectos inmediatos en el sensible organismo del cuerpo humano. No
me refiero aquí a las enfermedades infecciosas o a las contagiosas.
Quizás
sea de ayuda si señalo que este confuso efecto planetario (oscuro para
nosotros, en esta época) sobre el cuerpo físico, es la causa principal de la
muerte en lo que respecta a la naturaleza forma estrictamente animal, o las
formas de vida que se hallan en los reinos animal y vegetal, y en grado menor y
más lento en el reino mineral. La muerte, en lo que concierne al ser humano, se
debe a la intención y al retiro planeado del alma, presionada por su
propia intención formulada. En cierta medida esto es verdad para todo aquel que
muere, excepto para quienes poseen una inteligencia de grado tan inferior que
el alma prácticamente no es más que un agente influyente. Para todos los que
mueren, evolucionados o no, las posteriores etapas de la disolución comienzan
después del retiro consciente del alma (consciente por parte del alma, y
llegando a ser cada vez más consciente la persona agonizante), llevado a cabo por
la vida planetaria misma, que posee el poder de conferir la muerte.
En
el caso de los reinos subhumanos de la naturaleza, la muerte es el resultado
directo de esta confusa actividad del planeta. La única idea que puedo dar de
su funcionamiento, es que el alma de todas las formas de vida no-humanas es un
aspecto inherente a la sustancia, de la cual está construido el planeta; esta
alma puede ser abstraída de acuerdo a los ciclos, indeterminados aún por la
ciencia pero fijos y seguros en su actuación, independientemente de los
grandes accidentes planetarios o la acción directa del cuarto reino de la
naturaleza. Este innato poder planetario produce la muerte de un animal y
-abarcando toda la evolución- la extinción de una especie; conduce también, con
el tiempo, a la muerte de las formas del reino vegetal, siendo una de las
causas que ordena el ciclo otoñal del año, produciendo las “marchitas hojas
amarillas”, la desaparición del verdor de la hierba y esas cíclicas
manifestaciones que no sólo indican muerte, en escala temporaria y
pasajera, sino la total cesación de la vitalidad dentro de una forma. “Épocas
de perecimiento” son manifestaciones cíclicas del “aspecto destructor” dentro
del planeta mismo. Esto lógicamente son temas difíciles de captar.
Tal actividad radíatoria de la vida
planetaria, cíclica por naturaleza y eternamente presente, está estrechamente
relacionada con la influencia de primer rayo. Es ese aspecto del Rayo de
Voluntad o Poder que produce la disolución de la forma y la corrupción y
disipación del vehículo corpóreo hasta ser de nuevo totalmente reabsorbido en
la sustancia del planeta. Un concentrado empleo de la imaginación ayudará a
descubrir cuán vitalmente constructivo puede ser este agente de la divinidad.
La muerte ha estado presente en nuestro planeta desde la noche misma de los
tiempos; las formas han venido y desaparecido; plantas, árboles, animales y las
formas de los seres humanos han muerto durante incontables eones y sin embargo
nuestro planeta no es un osario, como muy bien podría serlo a la luz de estos
hechos; pero no obstante sigue siendo motivo de belleza, que no ha sido
envilecida ni siquiera por el hombre. El proceso de morir y de disolución y
disipación de las formas continúa en todo momento sin producir contaminación
contagiosa ni desfigurar la superficie de la tierra. Los resultados de la
disolución son de efectos benéficos. Reflexionen sobre esta actividad
benefactora y la belleza del plan divino de muerte y desaparición.
En
lo que respecta al hombre, la muerte adopta dos aspectos de la actividad; el
alma humana difiere del alma de las formas no humanas, en que ella constituye
una plena y efectiva expresión -en su propio plano- de los tres aspectos
divinos; determina, dentro de ciertos límites -basados en el factor tiempo y
necesidad espacial-, la entrada y salida de la forma humana. Una vez ha salido
el alma y ha retirado del cerebro el hilo de la conciencia, y del corazón el
hilo de la vida, aún persisten ciertos procesos vitales; están ahora bajo la
influencia de la vida planetaria, y el elemental físico (la suma total de los
átomos vivientes de la naturaleza corpórea) responde a ello. Quisiera que
observaran la esotérica paradoja de que la muerte es el resultado de los
procesos de la vida. La muerte, o la energía productora de la muerte que
emana del planeta, lleva a cabo la total
desintegración del organismo corpóreo, reduciéndolo a sus elementos esenciales,
químicos y minerales, además de ciertas sustancias inorgánicas susceptibles de
ser absorbidas dentro del suelo del planeta mismo. La muerte, como resultado de
la actividad del alma, retira por lo tanto del cuerpo físico, “el cuerpo de luz
y los cuerpos sutiles”, dejando la forma densa y sus partes componentes a los
procesos benignos del control planetario. Esta dual
actividad produce la muerte, tal como la conocemos desde el ángulo humano.
Es
necesario aquí puntualizar que esta capacidad del Logos planetario para extraer
la esencia de la vida innata en cada átomo, produce lo que podría llamarse
deterioración de la estructura de la forma, en cualquier punto desde donde es
emitida esta esencia de la vida. Esto trae condiciones que eventualmente se
hacen visibles; así la enfermedad y la “tendencia a morir” llegan a ser reconocibles.
Por lo tanto, el marchitamiento de una flor, la muerte por vejez de un animal o
un árbol, y las numerosas enfermedades del ser humano, son el resultado de la
atracción de la poderosa vida del planeta, hablando esotéricamente; esto es un
aspecto de lo que erróneamente se denomina la Ley de Gravedad. Esta ley
-hablando también esotéricamente- es un aspecto de la Ley de Retorno, que rige
la relación de una unidad de vida en la forma con su fuente de emanación.
“Polvo eres y al polvo volverás”, es una afirmación de la ley oculta. En la
curiosa evolución de las palabras -como todo buen diccionario lo demostrará- la
palabra polvo deriva de pulvis, parte menuda y desecha de la tierra, porción
de cualquier cosa menuda o reducida a polvo, partículas de sólidos que flotan
en el aire, El significado será aparente, siendo notable la secuencia de ideas.
Al retirarse el aire o aliento, se produce la desintegración y esto es veraz y
significativo. A medida que la vida mayor absorbe a la menor, tiene lugar la
desaparición de aquello que la vida ha animado; esto es igual para todas las
formas del reino subhumano, a medida que
responden al tirón o a la atracción de la vida planetaria; también atañe a la
forma humana cuando reacciona al requerimiento del alma, para devolver su
principio de vida al alma, vía el sutratma, y retornar como conciencia a su
fuente registradora.
En
este proceso e interacción, la forma manifiesta los resultados obtenidos por
haber sido la receptora de la oleada de vida proveniente del planeta, o la
liberadora de esa vida que, de acuerdo a la ley cíclica, vuelve al depósito
general de energía viviente. De estas dos reacciones dependen la salud o la
enfermedad de la forma, en las distintas etapas y estados de respuesta y bajo
la acción de otros factores contribuyentes y condicionantes. Existen tres etapas
principales en el ciclo de vida de las formas subhumanas, y también en la forma
humana cuando el alma es simplemente una fuerza influyente y no una energía
integrada:
1.
La etapa de afluencia, de vitalización y
crecimiento.
2.
La etapa de resistencia, en que la forma
preserva su propia integridad durante un ciclo temporario determinado por su
especie y medio ambiente, resistiendo exitosamente toda “atracción” de la vida
omnicircundante y cualquier reabsorción de su vitalidad.
3.
La etapa de emisión, donde la atracción de
la vida mayor del planeta extrae y absorbe la debilitada vida menor. Este proceso
de debilitamiento forma parte de una ley cíclica, como lo insinúa el antiguo
adagio: “Los días de vida de un hombre consisten en tres veintenas y una
década”. Cuando se atraviesa normalmente un período cíclico general, se
producirá, en forma inevitable y gradual, un punto de debilitamiento en los
tejidos corporales. Generalmente, la enfermedad o la deterioración de alguna
parte de la forma aparece oportunamente, y sobreviene la muerte. La extensión
de los ciclos y sus causas determinantes son un profundo misterio y están
específicamente relacionados con los diversos reinos de la naturaleza, con las
especies, tipos y formas, dentro de ese
conglomerado de procesos vivientes. Tales ciclos sólo son conocidos
hasta ahora por los Maestros y por esos iniciados’ a quienes se les ha confiado
la tarea de promover los procesos evolutivos dentro de los reinos subhumanos, y
también por los devas cuya tarea consiste en controlar el proceso.
Como
bien saben, la gran diferencia que existe entre el reino humano en los tres
mundos y los otros reinos de la naturaleza, es el libre albedrío. En la
cuestión muerte, el libre albedrío tiene, en último análisis, una definida
relación con el alma; la voluntad del alma se cumple consciente o
inconscientemente, en lo que a su decisión de la muerte concierne, y esta idea
contiene en sí muchas implicaciones sobre las cuales los estudiantes harían muy
bien en reflexionar.
Hemos
llegado ahora a otra importante generalización respecto a la enfermedad y la
muerte, en relación con la humanidad:
Enfermedad y muerte son el resultado de dos
fuerzas activas. Una es la voluntad del alma que dice a su instrumento: “Yo
retiro la esencia”. La otra es el poder magnético de la Vida planetaria que
dice a la vida dentro de la estructura atómica: La hora de la reabsorción ha
llegado. Retorna a mí. Así actúan todas las formas, de acuerdo a la ley
cíclica.
Aquí
se refiere a la disolución normal de la forma, al finalizar un ciclo de
reencarnación. Como bien sabemos, en el caso del hombre, este ciclo está
determinado por factores sicológicos importantes que pueden acelerar o
prolongar la “hora final’, pero sólo hasta cierto punto. El dictamen del alma y
el “fíat” de la Vida planetaria son los factores determinantes y finales,
excepto en los casos de guerra, accidente, suicidio o epidemias.
El
poder de absorción con que está dotado el planeta es, dentro de ciertas limitaciones,
enorme; estas limitaciones, por ejemplo,
promueven epidemias como corolario de la guerra. Tales epidemias tienen un
grave efecto sobre la raza humana, después que ha terminado el ciclo de guerra
y que la consiguiente epidemia desaparece. La humanidad, particularmente en
Europa oriental, no se había recuperado completamente de las epidemias,
incidentales a la primera parte de la guerra mundial, cuando estalló la
segunda fase. Los efectos sicológicos aún continúan; las cicatrices y los
resultados de la segunda fase de esa guerra mundial persistirán durante
cincuenta años, aunque -debido al mayor conocimiento científico del hombre- el
factor epidémico puede ser mantenido dentro de ciertos límites, en forma
sorprendente. Esto, sin embargo, aún es incierto. Sólo el tiempo demostrará
cuán exitosamente la humanidad neutralizará las penalidades que puede imponer
una naturaleza ultrajada.
Muchos
beneficios serán logrados debido a la creciente costumbre de cremar esas
formas que la vida interna ha abandonado; cuando llegue a ser una costumbre
universal, veremos una definida disminución de la enfermedad, lo que conducirá
a la longevidad y acrecentada vitalidad. El factor resistencia, o el proceso
mediante el cual una forma se inmuniza o no responde a la atracción y anhelos
planetarios hacia la reabsorción, requiere el expendio de mucha energía. Cuando
la vida aumente su potencia dentro de la forma y haya menor reacción a los
factores que trasmiten enfermedades, el alma dentro de la forma regirá más plenamente,
se expresará con mayor belleza y prestará un servicio más valioso. Esto será
verdad algún día en todos los reinos de la naturaleza, y así tendremos una
constante radiación, surgiendo de la creciente gloria de la Vida de Dios.
3.
ENFERMEDADES RACIALES Y NACIONALES
Hasta
aquí será evidente que me ocupo principalmente de señalar factores que son el
resultado de la historia pasada de la raza, más bien que de dar una explicación
específica y detallada de las enfermedades afines a las distintas naciones. En
realidad, no sería posible debido a la superposición y paralelismo que ocurre
en cada sector de la vida natural. Ante todo trato de aclarar lo que se debe
hacer, respecto a las curaciones preventivas, y realizar en la difícil tarea
de neutralizar las condiciones prevalecientes en la tierra, como resultado del mal
uso de los poderes naturales, en el pasado. Por lo tanto deberán sanearse
esas condiciones presentes en nuestro planeta en gran escala, y en
consecuencia no pondré el énfasis sobre lo específico ni lo individual. Estoy
también sentando las bases para dilucidar nuestro
próximo tema, la relación de la Ley del Karma con la enfermedad y la muerte y
con toda la humanidad.
Cuando
considere las enfermedades raciales y nacionales no intentaré señalar que la
tuberculosis es en todos los países, exclusivamente una enfermedad de la clase
media; que la diabetes es la que más prevalece entre los pueblos del mundo que
consumen arroz, y que el cáncer prevalece en Gran Bretaña, mientras que las
enfermedades del corazón son la causa principal de la mortandad en Estados
Unidos. Tales generalizaciones son al mismo tiempo verdaderas y falsas, como lo
son comúnmente las estadísticas, y nada se gana elaborando estos puntos. Todas
estas dificultades serán contrarrestadas a su debido tiempo por una mayor
comprensión, por el diagnóstico intuitivo de la enfermedad y por el magnífico
trabajo de la medicina científica y académica, además de una verdadera
comprensión de las correctas condiciones de vida.
Prefiero
más bien hacer generalizaciones amplias que indicarán las causas, y no
acentuaré las consecuencias de tales causas. Por lo tanto, trato de puntualizar
que
1.
El suelo del planeta
es la causa principal de las enfermedades y contaminaciones. Durante incontables
eones, los cuerpos de los hombres y de los animales han sido enterrados; el
suelo, en consecuencia, está impregnado de los gérmenes y los resultados de las enfermedades, en una
forma mucho más sutil de lo que se cree. En los distintos estratos del suelo y
del subsuelo existen los gérmenes de las enfermedades antiguas, conocidas y
desconocidas, que pueden todavía producir dificultades virulentas si se
presentan condiciones adecuadas. Quiero dejar establecido que la Naturaleza
nunca ha dispuesto que los cuerpos deben ser enterrados. Les animales mueren y
sus cuerpos retornan al polvo, pero lo hacen purificados por los rayos del sol
y las brisas que soplan y dispersan. El sol puede causar la muerte lo mismo que
la vida, y los gérmenes y bacterias más virulentos no pueden retener su
potencia si se los somete al calor seco de los rayos solares. La humedad y la
oscuridad fomentan las enfermedades cuando emanan y se nutren de esos cuerpos
a los cuales se les ha extraído el aspecto vida. Cuando, en todos los países
del mundo, a las formas muertas se las someta por ley, al “rito del fuego”, y
cuando esto se haya convertido en un hábito universal y persistente, entonces
veremos disminuir grandemente las enfermedades y tendremos un mundo mucho más
saludable.
2.
La condición sicológica
de una raza u nación, produce como hemos visto, una tendencia a la enfermedad y
una disminución de la resistencia a las causas de la enfermedad; puede engendrar la capacidad de
absorber fácilmente contaminaciones malignas. No es necesario que me extienda
más sobre esto.
3.
Las condiciones de vida
en muchos países también fomentan la enfermedad y la mala salud. Viviendas
oscuras y hacinadas, casas subterráneas, desnutrición, alimentos inadecuados,
malos hábitos de vida y diversas enfermedades profesionales, todas contribuyen
con su cuota a la mala salud general de la humanidad. Estas condiciones son
universalmente reconocidas, y mucho se ha hecho para neutralizarlas, pero aún
mucho queda por hacer. Uno de los buenos efectos, resultado de la guerra
mundial, consistirá en obligar a que se lleven a cabo los cambios necesarios,
la reconstrucción requerida y la nutrición científica de la juventud de la
raza. Los males físicos nacionales varían de acuerdo con las ocupaciones
predisponentes de los pueblos; las enfermedades de una raza de agricultores
podrán diferir ampliamente de las de una raza altamente industrializada; las
predisposiciones físicas de un marinero varían grandemente de las de un
empleado de nuestras grandes ciudades. Estos datos informativos son conocidos
por el trabajador social de muchas ciudades y países. Ciertas enfermedades
parecen ser estrictamente locales y otras universales en sus efectos; algunas
enfermedades van desapareciendo gradualmente y aparecen otras nuevas; otros tipos
de enfermedad están eternamente entre nosotros, y aun otros aparecen
cíclicamente; algunas son endémicas mientras que otras epidémicas.
¿Cómo
ha podido surgir este vasto despliegue de enfermedades y tipos de dolencias
corpóreas? ¿Cómo es que algunas razas están predispuestas a sucumbir a un tipo
de mal físico mientras que otras son inmunes a él? Condiciones climáticas
producen ciertas enfermedades típicas que permanecen estrictamente locales y
no existen en ninguna otra parte del mundo. Cáncer, tuberculosis, sífilis, meningitis
vertebral, neumonía y enfermedades del corazón, como también la escrófula
(empleando este término en su antigua acepción, que indica ciertos tipos de
enfermedades de la piel), prevalecen en todo el mundo, exigiendo el tributo de
millones de seres, y aunque dichas enfermedades pueden atribuirse a ciertos
grandes períodos raciales, tienen ahora un efecto general. Puede hallarse la
clave de esto si el estudiante recuerda que a pesar de que el período racial
atlante ha quedado atrás miles de años, un a gran mayoría es hoy básicamente
atlante en su conciencia, y por lo tanto está predispuesta a las enfermedades
de esa civilización.
Si
fuera presentada al público reflexivo una estadística de la salud del mundo
-hecha en condiciones normales y no en tiempo de guerra- surgiría la pregunta,
¿existen cien mil personas con perfecta salud
entre los miles de millones que ahora habitan en la tierra? Creo que no. Aunque no
exista una enfermedad efectiva y activa, a pesar de ello las condiciones de los
dientes, del oído y de la vista frecuentemente dejan mucho que desear;
tendencias heredadas y predisposiciones activas causan seria preocupación, y a
todo esto deben agregarse dificultades sicológicas, enfermedades mentales y
perturbaciones cerebrales específicas. Todo ello presenta un cuadro aterrador.
La medicina lucha hoy contra los males que va descubriendo; los científicos
buscan paliativos y curas y también sólidos y duraderos métodos de extirpación;
los estudiantes investigadores indagan sobre los gérmenes latentes, y los expertos
en salubridad buscan nuevos sistemas para enfrentar los ataques de las
enfermedades. Sanidad, inoculación obligatoria, frecuentes inspecciones, leyes
contra la adulteración de los alimentos, exigencias legales y mejores
viviendas, todo ello es aplicado, en esta lucha, por los humanistas de amplia
visión. Pero todavía prevalecen las enfermedades, son necesarios más
hospitales y aumenta la mortalidad.
Ciencia
Mental, Nuevo Pensamiento, Unity y Christian Science ofrecen su ayuda a estos
agentes prácticos y tratan honestamente de que el poder de la mente influya
sobre el problema. En la actual etapa estos agentes y grupos están en gran
parte en manos de fanáticos y personas ignorantes y devotas; rechazan todo
compromiso y parecen ser incapaces de reconocer que el conocimiento acumulado
por la medicina y por quienes trabajan científicamente con el cuerpo humano, es
tanto un don de Dios como lo es su ideal, aún no comprobado. Más adelante, las
verdades que estos grupos sostienen serán agregadas al trabajo de los
sicólogos y los médicos; cuando esto sea realizado tendremos un gran
mejoramiento. Cuando el trabajo del médico y del cirujano, en relación con el
cuerpo físico, sea reconocido como esencial y bueno, cuando los análisis y las
conclusiones de los sicólogos complementen su trabajo y cuando el poder del
recto pensar se emplee también como
ayuda, sólo entonces entraremos en una nueva era de bienestar.
A
las diversas categorías de dificultades debe también agregarse todo un grupo
de enfermedades que son más estrictamente mentales en su efecto:
desdoblamiento, demencia, obsesiones, lapsus mentales, aberraciones y
alucinaciones. A los variados agentes curadores mencionados anteriormente
debería agregarse el trabajo emprendido por los Miembros de la Jerarquía
espiritual y Sus discípulos; es necesario el poder y el conocimiento del alma
más la sabiduría de los otros grupos de curación para lograr la salud de los
pueblos; desocupar nuestros sanatorios y desembarazar a la humanidad de sus
enfermedades básicas, de la insania y la obsesión, y para prevenir la
delincuencia. En definitiva esto se llevará a cabo por la correcta integración
del hombre mediante la correcta comprensión
de la naturaleza de la energía y el correcto conocimiento del sistema
endocrino, sus glándulas y relaciones más sutiles.
En
la actualidad muy poco trabajo coherente e Integrado realizan al unísono
los cuatro grupos siguientes:
1.
Clínicos y cirujanos -ortodoxos y académicos.
2.
Sicólogos, neurólogos y siquiatras.
3.
Curadores mentales y los trabajadores del Nuevo
Pensamiento, más los pensadores de Unity y de Christian Science.
4.
Discípulos entrenados y quienes trabajan con las
almas de los hombres.
Cuando estos
cuatro grupos puedan ser llevados a una estrecha relación y trabajen juntos
para liberar a la humanidad de las enfermedades, entonces llegaremos a
comprender la verdadera maravilla del ser humano. Algún día tendremos
hospitales en los cuales los cuatro aspectos de este trabajo médico y
medicamentoso actuarán paralelamente, en la más plena colaboración. Ningún
grupo puede realizar una tarea completa sin los demás; todos son
interdependientes.
La incapacidad de tales grupos en reconocer el
bien en los demás grupos que se esfuerzan por lograr el bienestar físico de la
humanidad, casi me imposibilita dar una enseñanza más específica y hablar más
directamente sobre estas cuestiones. ¿Poseen ustedes una remota idea de la
barrera de pensamientos y palabras antagónicas contra la cual tiene que chocar
una idea nueva o precursora? ¿Han considerado alguna vez seriamente el
conglomerado de cristalizadas formas mentales que deben enfrentar todas las
ideas nuevas y podría llamarlas proposiciones jerárquicas? ¿Han calculado el
peso de las preconcebidas y antiguas determinaciones que deben ser removidas
antes de que la Jerarquía pueda hacer penetrar un nuevo y necesario concepto
en la conciencia del público reflexivo, o debería decir irreflexivo? Es muy
difícil trabajar en el campo de la medicina, pues el tema es muy íntimo y el
temor se Introduce fuertemente en las reacciones de aquellos a quienes debe
llegar. El abismo entre lo viejo y establecido y lo nuevo y espiritualmente
exigido, necesita una prolongada y cuidadosa unificación. Gran parte de la
dificultad es, en forma curiosa, fomentada por las nuevas escuelas de
pensamiento. La medicina ortodoxa es lenta, y debidamente lenta, en adoptar
nuevas técnicas y métodos; a veces es demasiado lenta, pero cuando se trata de
nuevos sistemas de tratamiento o diagnóstico, deben ser correctamente
demostrados y estadísticamente comprobados antes de que puedan ser incorporados
a los programas y métodos médicos: los riesgos para el ser humano son muy
grandes y el buen médico humanitario no convertirá
a su paciente en el objeto de experimentación. Sin embargo, en las últimas
pocas décadas, la medicina ha avanzado a pasos agigantados; la ciencia de la
electricidad y la terapéutica, mediante la aplicación de la luz y muchas otras
técnicas y métodos modernos, han sido agregadas a otras varias ciencias de las
que se vale la medicina. Las exigencias de lo intangible y el tratamiento de lo
nebuloso -si tales términos peculiares son apropiados- han sido
acrecentadamente reconocidos y se sabe que desempeñan una parte ortodoxa y
conocida en los nuevos acercamientos a la enfermedad.
El
acercamiento de las escuelas y cultos mentales, tal como erróneamente se los
denomina, no han sido de mucha ayuda. Esto en gran parte es culpa de ellos. Las
escuelas de pensamiento como Ciencia Mental, Nuevo Pensamiento, Unity,
Christian Science, actividades quiroprácticas, los esfuerzos de los
naturópatas y muchos otros, perjudican su causa, debido a las desmedidas
proclamas y a sus incesantes ataques a la medicina ortodoxa y a otros canales
de comprobada utilidad y también al conocimiento adquirido, durante siglos de
experimentación, por las escuelas académicas de medicina y cirugía. Olvidan que
la mayoría de sus pretendidos éxitos (frecuentemente irrefutables) pueden ser
clasificados bajo la denominación general de curaciones por la fe, lo cual
puede ser efectuado correcta o incorrectamente. Tales curaciones han sido
reconocidas durante mucho tiempo por los pensadores académicos y se sabe que
son reales. Estos cultos, que en realidad son custodios de las verdades
necesarias, ante todo deben cambiar su acercamiento y aprender la naturaleza
espiritual de las concesiones, en estos días de desarrollo evolutivo. Sus ideas
no pueden tener una plena y deseada utilidad, fuera del conocimiento que Dios
ya ha otorgado y la medicina ha acumulado en el transcurso de las épocas, y también
mantener un registro de sus numerosos fracasos y de los éxitos que tan
ruidosamente proclaman. Quisiera puntualizar aquí que estos éxitos no son de
ningún modo tan numerosos como los de la medicina ortodoxa ni el trabajo
benéfico realizado en las clínicas de nuestros hospitales, que -a pesar de los
fracasos y a menudo burda estupidez- alivian grandemente los dolores y males de
las masas humanas. Estos cultos no dicen ni siquiera reconocen, que en los
casos de enfermedad grave o accidente, el paciente está físicamente
incapacitado de afirmar o reclamar la curación divina, y depende del trabajo de
algún curador que actúa sin conocer el
karma del paciente. La mayoría de las denominadas curaciones (y tal es el caso
de la medicina ortodoxa) se debe a que no ha llegado el momento final para el
paciente, que de todas maneras se hubiera recuperado (aunque lo hace
frecuentemente) con rapidez, debido a las medidas medicamentosas del médico
entrenado.
En
los casos de graves accidentes, donde las personas accidentadas sangran, el
que pertenece a un culto (no importa cual sea) forzosamente aprovechará los
métodos de los médicos ortodoxos; aplicará, por ejemplo, un torniquete y
adoptará las medidas que la medicina ortodoxa prescribe, en vez de permanecer
inactivo y dejar morir a la persona accidentada, por no utilizar esos métodos.
Cuando enfrenta la muerte, frecuentemente empleará los probados y comprobados
métodos de ayuda y comúnmente acudirá a un médico antes de ser culpado de
asesinato.
Todo
lo que he dicho no ha sido con el espíritu de menosprecio, sino en un esfuerzo
por probar que las numerosas escuelas de pensamiento -ortodoxa, académica,
antigua, material o espiritual, nueva, precursora o mental- son
interdependientes y necesitan unirse en una gran ciencia de curación. Esta
ciencia curará al hombre y pondrá en juego todos los recursos -físico,
emocional, mental y espiritual- de que la humanidad es capaz. La medicina ortodoxa
está más dispuesta a colaborar con los nuevos cultos, que los neófitos de la
ciencia del control mental de la enfermedad; ellos no pueden, sin embargo,
permitir que sus pacientes se conviertan en cobayos (¿no es éste el término que
se emplea en estos casos?) para satisfacción de los cultores precursores y para
probar su teoría -no importa cuán correcta sea, cuando es aplicada
conjuntamente con lo que ya ha sido comprobado. El camino medio de las
concesiones y de la mutua colaboración es siempre el más inteligente, y
constituye una lección muy necesaria en todos los sectores del pensar humano.
Ahora entraremos a tratar la tercera y parte
final de los conceptos acerca de las causas básicas de la enfermedad. El tema
del karma ha sido escasamente considerado y lo trataré extensamente,
quizás más de lo que este particular tema merece.
CAPITULO TERCERO
Nuestras Deudas kármicas
INTRODUCCIÓN
HEMOS LLEGADO a la parte final de nuestro
acercamiento al problema de la enfermedad. En la parte siguiente trataré la
actitud y temperamento del paciente, teniendo en consideración su rayo y
también el estado mental del curador; todos estos puntos son de primordial
importancia cuando se considera el sutil arte de la curación. Sin embargo, es
esencial que la mala salud, las enfermedades graves y la muerte misma, ocupen
su lugar en el panorama total. Una determinada encarnación no es un
acontecimiento aislado en la vida del alma, sino parte y aspecto de una
secuencia de experiencias destinadas a conducir a una meta clara y definida,
meta elegida libremente, retorno deliberado de la materia al espíritu y
eventual liberación.
Se habla mucho entre los esoteristas
(particularmente en la presentación oriental del Sendero hacia la Realidad)
acerca de la liberación. La meta que se le presenta al neófito es la
liberación, libertad, emancipación; esto, en definitiva, es la nota clave de la
vida misma. El concepto que prevalece es la transición del reino de lo
puramente egoísta y de liberación personal a algo más amplio e importante. Este
concepto de liberación subyace en el amplio y moderno empleo de la palabra
“libertad”, pero tiene un significado más sabio, apropiado y profundo. La
libertad, en la mayoría de las mentes, consiste en liberarse de las reglas
impuestas por cualquier hombre, en tener
libertad para hacer lo que uno desea, pensar como uno determina y vivir como
uno prefiere. Esto es como debería ser, siempre y cuando los propios deseos,
preferencias, pensamientos y anhelos estuvieran libres del egoísmo y dedicados
al bien de la totalidad, lo cual sucede muy raras veces.
La liberación es mucho más que todo
esto; consiste en liberarse del pasado, tener libertad para progresar en
ciertas y predeterminadas líneas (predeterminadas por el alma) y también para expresar
toda la divinidad de que uno es capaz como individuo, o una nación puede
manifestar al mundo.
Durante la historia de los últimos dos mil
años se han producido cuatro grandes acontecimientos simbólicos, los cuales
secuencialmente han presentado (a quienes tienen ojos para ver, oídos para oír
y mente para interpretar) el tema de la liberación, no simplemente el de la
libertad.
1. La vida del Cristo. Él, por primera vez,
presentó la idea del sacrificio del ente, consciente y deliberadamente ofrecido
para servir a la totalidad. Han habido otros Salvadores del Mundo, pero las
cuestiones involucradas no fueron expresadas con tanta claridad, porque la
mente del hombre no estaba preparada para captar las implicaciones. Servicio es
la nota clave de la liberación. Cristo fue el Servidor ideal.
2. La firma de la Carta Magna. Este documento fue firmado
en Runnymede, durante el reinado del Rey Juan, el 15 de junio de 1215. d.C. En
él fue presentada la idea de la liberación de la autoridad, poniendo el énfasis
sobre la libertad personal y los derechos del individuo. El crecimiento y
desarrollo de esta idea básica, el concepto mental y la percepción formulada,
pueden clasificarse en cuatro fases o capítulos:
a. La firma de la Carta Magna,
acentuando la libertad personal.
b. La fundación de la República
Francesa con su énfasis sobre la libertad humana.
c. La Declaración de la
Independencia y la Carta de Derechos, que determinó la política nacional de
Norte América.
d. La Carta del Atlántico y de
las Cuatro Libertades, llevando toda la cuestión dentro del campo internacional
y garantizando a los hombres y mujeres de todo el mundo la libertad y
liberación para desarrollar la divina realidad en sí mismos.
El ideal se ha esclarecido
gradualmente en tal forma, que hoy las masas de hombres de todas partes,
conocen las cosas básicas esenciales para la felicidad.
3. La emancipación de los
esclavos. La
idea espiritual de la libertad humana, que llegó a ser un ideal reconocido, se
convirtió en un imperativo deseo, teniendo lugar un gran acontecimiento
simbólico -los esclavos fueron libertados-, que al igual que todas las cosas
que hace el ser humano, es imperfecta. El negro no es libre en esta tierra de
los libres, y Norteamérica tendrá que limpiar su casa a este respecto; poniendo
esto en concisas y claras palabras, los Estados Unidos de Norteamérica deben
procurar que la Constitución y la Carta de Derechos sean una realidad y no un
sueño. Únicamente así puede ser neutralizada inevitablemente la actuación de
la Ley de Karma (nuestro tema de hoy). El negro es tan norteamericano como lo
es el ciudadano de Nueva Inglaterra y toda otra estirpe no oriunda de ese país,
correspondiéndole los derechos que otorga la constitución de dicho país. Hasta
ahora los privilegios que ella confiere están restringidos por los esclavos
del egoísmo y el temor.
4. La liberación de la humanidad
por las naciones unidas. Participamos de un gran hecho espectacular y simbólico y observamos
su proceso. La liberación del individuo ha progresado a través de la liberación
simbólica de un sector de la humanidad (los remanentes de las dos primeras
razas, lemuria y atlante) y la liberación de millones de seres humanos,
esclavizados por las fuerzas del mal, por millones de sus semejantes. El ideal
ha llegado a ser un esfuerzo mundial práctico en el plano físico y ha demandado
también un sacrificio mundial. Ha involucrado la totalidad de los tres mundos
de la evolución humana, y por esta razón Cristo puede ahora conducir Sus
huestes y ayudar a los seres humanos a liberar al género humano.
¿Qué ha sucedido realmente en la vida de los individuos,
en la vida de las naciones y en la vida de la humanidad? Un grandioso movimiento
ha tenido lugar para corregir un mal muy antiguo y para contrarrestar
conscientemente la Ley de Causa y Efecto mediante el reconocimiento de las
causas en los mundos personal, nacional e internacional, las cuales produjeron
los efectos que sufre hoy la humanidad.
La Ley del Karma es actualmente un
grande e incontrovertible hecho en la conciencia de la humanidad. Quizás no la
denominen así, pero es bien consciente que en todos los acontecimientos las
naciones actuales están cosechando lo que han sembrado. Esta gran ley -que en
una época fue una teoría- es ahora un hecho comprobado y un factor reconocido
por el pensamiento humano. La pregunta por qué tan frecuentemente formulada,
hace surgir con frecuente inevitabilidad el factor causa y efecto. Los
conceptos que se tienen acerca de la herencia y el medio ambiente son esfuerzos
hechos para explicar las condiciones humanas existentes; cualidades,
características raciales, temperamentos nacionales e ideales, comprueban el
hecho de que existe algún mundo iniciador de causas. Las condiciones
históricas, las relaciones entre naciones, las restricciones sociales, las
convicciones religiosas y las tendencias, pueden ser atribuidas a causas
originantes, algunas de ellas muy antiguas. Todo lo que acontece en el mundo de
hoy y que afecta tan poderosamente a la humanidad -cosas bellas y horribles,
modos de vivir, civilización y cultura, prejuicios y preferencias, adquisiciones
científicas y expresiones artísticas y las innumerables maneras con que la
humanidad cobra la existencia de todo el planeta- son aspectos de efectos
iniciados por los seres humanos, en alguna parte, en algún nivel y época, ya
sea en forma individual o en masa.
Por lo tanto, karma es lo que el
Hombre -el Hombre celestial en el cual vivimos toda la humanidad, el género
humano como grupo de naciones y el hombre individual- ha instituido, llevado a
cabo, fomentado, realizado o no, en el transcurso de las épocas hasta el
momento actual. Hoy el fruto está maduro, y el género humano está cosechando lo
que ha sembrado, en preparación para arar nuevamente en la primavera de la
nueva era, sembrando nuevas simientes que producirán una mejor cosecha
(roguemos y esperemos que así sea).
Una evidencia muy destacada de la Ley
de Causa y Efecto es la raza judía. Todas las naciones comprueban esta Ley,
pero prefiero referirme al pueblo hebreo, porque su historia es bien conocida
y su futuro y destino son temas de preocupación mundial y universal. Los judíos
han tenido siempre un significado simbólico; resumen en sí -como nación, a
través de las épocas- las profundidades de la maldad humana y las alturas de
la divinidad humana. Su historia agresiva, tal como está narrada en El
Antiguo Testamento, va a la par de las presentes actuaciones alemanas; sin
embargo Cristo era judío y la raza hebrea lo engendró. Esto nunca debe
olvidarse. Los judíos fueron grandes agresores; despojaron a los egipcios y
tomaron la Tierra Prometida a punta de espada, sin perdonar hombres, mujeres y
niños. Su historia religiosa ha sido erigida alrededor de un Jehová
materialista, posesivo, codicioso, que fomentaba y alentaba la agresión. Su
historia simboliza la historia de todos los agresores, y su propio razonamiento
los lleva a la convicción que están cumpliendo con un propósito divino, arrebatando
a los pueblos sus propiedades en un espíritu de autodefensa y buscando
alguna razón, adecuada para ellos, a fin
de disculpar su inicua acción. Palestina fue tomada por los judíos porque era
“una tierra rebosante de leche y miel”, y proclamaron que la acción fue
emprendida obedeciendo a un mandato divino. Más tarde el simbolismo se hizo más
interesante. Se dividieron en dos: los israelitas con su sede en Samaria, y los
judíos (es decir, dos o tres tribus especiales extraídas de las doce) ubicados
alrededor de Jerusalén. El dualismo prevalece en sus creencias religiosas;
fueron aleccionados por los saduceos y fariseos, y esos dos grupos estuvieron
en constante conflicto. Cristo vino como miembro de la raza judía, pero ellos
Lo negaron.
Hoy la ley actúa y los judíos pagan
el precio, de hecho y simbólicamente, de todo lo que han efectuado en el
pasado. Están demostrando los efectos, de largo alcance, de la ley. De hecho y
simbólicamente representan una cultura y civilización; de hecho y
simbólicamente son la humanidad; de hecho y simbólicamente representan
lo que siempre han elegido representar, la separación. Se consideran como el
pueblo elegido y tienen una conciencia innata de ese elevado destino,
olvidando su papel simbólico y que el pueblo elegido es la Humanidad y no una
fracción pequeña y sin importancia de la raza. De hecho y simbólicamente
anhelan la unidad y la cooperación, sin embargo, no saben cómo cooperar; de
hecho y simbólicamente constituyen el “Eterno Peregrino”, y son la humanidad
que deambula por los laberintos de los tres mundos de la evolución humana,
contemplando con ansiosos ojos la tierra prometida; de hecho y simbólicamente
se asemejan a las masas de hombres, rehusando comprender el propósito
espiritual subyacente en todos los fenómenos materiales, rechazando al Cristo
interno (tal como lo hicieron hace siglos dentro de sus fronteras), codiciando
el bien material y desechando constantemente las cosas del espíritu. Claman por
la así llamada restitución de Palestina, arrebatándola a quienes la han
habitado durante muchos siglos, y por el continuo énfasis que ponen sobre las
posesiones materiales pierden de vista la verdadera solución, la cual
consiste, otra vez simbólicamente y de hecho, en ser asimilados a todas las
naciones y fusionados con todas las razas, demostrando así el reconocimiento de
la Humanidad Una.
Es interesante observar que los
judíos que habitaron al sur de Palestina, cuya ciudad principal fue Jerusalén,
lograron hacer esto y se fusionaron y asimilaron a los británicos, holandeses y
franceses, en una forma que los israelitas, gobernados desde Samaria, nunca lo
hicieron. Pongo esto a vuestra consideración.
Por lo tanto, si la raza judía
recordara su elevado destino simbólico y el resto de la humanidad se viera a
sí misma en el pueblo judío, y si ambos grupos hicieran resaltar el hecho de la
estirpe humana y se abstuvieran de pensar en sí mismos en términos de unidades
nacionales y raciales, cambiaría radicalmente el karma retributivo actual de la
humanidad, en un buen karma recompensador en el futuro.
Considerando esta cuestión desde una
visión de largo alcance (mirando hacia atrás históricamente y hacia adelante
con esperanza), es un problema que los judíos mismos deben aportar su mayor
contribución para solucionarlo. Nunca han enfrentado cándida y honestamente
(como raza) el problema de por qué la mayoría de las naciones, desde la época
egipcia, no los han aceptado ni querido. Siempre ha sido así en el transcurso
de los siglos. Sin embargo, debe haber alguna razón innata en el pueblo mismo
cuando la reacción es tan general y universal. Han encarado su penoso problema
por medio de la súplica, angustiadas quejas o
infausta desesperación. Su demanda ha sido de que las naciones gentiles
corrijan las cosas, y muchas ya han intentado hacerlo. Sin embargo, hasta que
los mismos judíos no enfrenten la
situación y admitan que puede constituir para ellos la actuación del aspecto
retributivo de la Ley de Causa y Efecto, y hasta que no hagan un esfuerzo para
verificar lo que hay en ellos como raza, que ha iniciado su antigua y
desesperada suerte, esta cuestión básica mundial permanecerá tal como ha sido
desde la misma noche de los tiempos. Es inalterablemente verdad que dentro de
la raza existen y han existido siempre grandes hombres, buenos, justos y
espirituales. Una generalización nunca es una completa expresión de la verdad,
pero contemplando el problema de los judíos en tiempo y espacio, en la historia
y hoy, los puntos que he señalado merecen una cuidadosa consideración de su
parte.
Lo dicho, de ninguna manera mitiga la
culpa de quienes han abusado tan penosamente de los judíos. ¿No es verdad que
hay un proverbio que dice que “dos negros no hacen un blanco”? La conducta de
las naciones hacia los judíos, que culminaron en las atrocidades del segundo
cuarto del siglo veinte, no tienen excusas. La ley debe actuar inevitablemente.
Aunque gran parte de lo que les ha sucedido originó en su historia pasada y en
su pronunciada actitud separatista, su no asimilación y su énfasis puesto
sobre los bienes materiales, sin embargo, los factores que han traído el mal
karma sobre ellos incurren igualmente en el aspecto retributivo de la misma
ley; la situación ha asumido ahora la forma de un círculo vicioso de errores y
hechos equívocos, de retribución y venganza, y en vista de ello debe llegar el
momento en que todas las naciones consultarán este problema y cooperarán para
terminar con las actitudes erróneas por ambas partes. Todo karma de
naturaleza maligna, se resuelve mediante una aceptación voluntaria, un amor
cooperativo, un franco reconocimiento de la responsabilidad y un hábil reajuste
de la actividad conjunta y unida, para obtener el bien de toda la humanidad y
no sólo el bien individual de una nación, un pueblo o una raza. El problema
judío no se solucionará posesionándose
de Palestina, con lamentos y demandas y con manipulaciones financieras. Esto
sólo sería la prolongación de antiguos errores y condiciones materiales. El
problema se solucionará por la disposición del judío a adaptarse a la
civilización, al trasfondo cultural y al “standard” de vida de la nación a la
cual -por derecho de nacimiento y educación- está relacionado y debe asimilarse.
Ello vendrá, renunciando al orgullo de raza y al concepto de selección; vendrá
por el renunciamiento de dogmas y costumbres, que son intrínsecamente caducos y
crean puntos de constante irritación en la matriz dentro de la cual se halla
el judío; vendrá cuando el egoísmo en las relaciones comerciales y en las
pronunciadas tendencias manipuladoras del pueblo hebreo sea reemplazado por
actividades menos egoístas y más honestas.
El judío, debido a su rayo y grado de
evolución, sobresale como creador y artista. Esto debe reconocerlo, y no
tratar, como hace ahora, de dominar todos los campos, de aprovechar las
oportunidades de los demás pueblos para su mejoramiento y el de su propio
pueblo, a expensas de los otros. La liberación de la presente situación vendrá
cuando el judío olvide que es judío y llegue a ser en su más íntima conciencia,
italiano, americano, inglés, alemán o polaco. Esto no sucede ahora. El problema
judío, pero no el del negro, será resuelto por el matrimonio entre razas. Esto
significará hacer concesiones por parte de los judíos ortodoxos -no las concesiones
por conveniencia, sino por convicción.
Quisiera también señalar que así como
la Kábala y el Talmud son líneas secundarias y materialistas en su técnica de
acercamiento esotérico a la verdad (encierran mucho trabajo mágico para
relacionar materia de cierto grado con sustancia de otro grado), así el Antiguo
Testamento es enfáticamente una Escritura secundaria, y espiritualmente no
está a la altura del Bhagavad Gita, la
antigua Escritura de Oriente, y del Nuevo Testamento. Su énfasis es material y
su efecto consiste en imprimir en la conciencia mundial un Jehová puramente
materialista. El tema general de El Antiguo Testamento es la recuperación de
la más alta expresión de la sabiduría divina en el primer sistema solar;
este sistema personificó el trabajo creador del tercer aspecto de la
divinidad, el de la inteligencia activa, expresándose a través de la materia.
En el actual sistema solar, el mundo creado está destinado a ser la expresión
del segundo aspecto, el amor de Dios. Los judíos nunca han comprendido esto,
porque el amor expresado en El Antiguo Testamento es el amor separatista y
posesivo de Jehová por un grupo característico dentro del cuarto reino o reino
humano. San Pablo resumió la actitud que debe asumir la humanidad con las
palabras “No existen judíos ni gentiles”. El mal karma de los judíos está
destinado a terminar con su aislamiento, a llevarlos al punto de abandonar los
objetivos materiales, al renunciamiento de una nacionalidad que tiende a ser
parásita dentro de las fronteras de otras naciones, y a expresar un amor
incluyente, en lugar de una separatividad desgraciada.
¿Y cuál deberá ser la actitud de los
gentiles? Es absolutamente necesario que las naciones se acerquen al judío algo
más de la mitad del camino, cuando llegue a alterar, lenta y gradualmente, su
ortodoxia nacionalista. Es esencial que cesen sus temores, persecuciones y
odios, no oponiendo barreras a la colaboración. El creciente sentimiento
antisemita en el mundo es inexcusable a los ojos de Dios y del hombre. No me
refiero aquí a las abominables
crueldades del obsesionado pueblo alemán. Detrás de ellos reside la
historia de las relaciones atlantes, que no es necesario detallar porque no
podría comprobarles la verdad de mis exposiciones. Me refiero a la historia de
los últimos dos mil años y a la conducta cotidiana de los pueblos gentiles de
todas partes. Debería realizarse un definido esfuerzo por parte de los
ciudadanos de cada país para asimilar a
los judíos, establecer lazos matrimoniales con ellos y negarse a reconocer como
barreras a los antiguos hábitos mentales y antiguas y malas relaciones. Los
hombres de todas partes deberían considerar como un estigma sobre su integridad
nacional si apareciera dentro de sus fronteras la antigua dualidad judíos y
gentiles. No hay ni judíos ni gentiles; sólo existe la Humanidad. Esta
guerra (1914-1945) podría decirse que ha terminado con la antigua enemistad
entre judíos y gentiles y ambos grupos tienen ahora la oportunidad de iniciar
un nuevo y feliz modo de vivir y una verdadera relación colaboradora por ambas
partes. El proceso de asimilación será lento porque la situación es de tan
antigua data que los hábitos mentales, las actitudes habituales y las costumbres
separatistas están muy bien establecidas y son difíciles de superar. Pero los
cambios necesarios podrán realizarse si la buena voluntad se halla detrás de la
palabra hablada y escrita y en el modo de convivir. La Jerarquía no hace
ninguna diferencia. El Guía de la Jerarquía, aunque no se halla en un cuerpo
judío en la actualidad, logró la meta espiritual más elevada para la humanidad
mientras poseía un cuerpo judío. La Jerarquía también está enviando a ciertos
discípulos en cuerpos judíos a fin de que trabajen intensamente para cambiar la
situación. Hoy, son muy pocos los judíos que no piensan como tales, ni se
preocupan del problema judío excluyendo a todo lo demás, y tratan de fusionar a
todos los pueblos en una sola humanidad, eliminando así la separación.
Repito, los Maestros de Sabiduría no
ven judíos ni gentiles, sino almas e hijos de Dios.
Al tratar el tema del karma como un
factor decisivo y duradero -tanto en la enfermedad como en la salud-, una de
las críticas a que están sujetas mis instrucciones es que hago demasiadas generalizaciones
y no un análisis detallado y específico de determinadas enfermedades,
particularmente respecto a las grandes
enfermedades básicas que producen tantos estragos en la humanidad y que
no han sido fundamentalmente extirpadas. No me ocupo de sus síntomas o de su
curación, ni indico técnicas por las cuales puedan ser tratadas. Creo que debo
referirme a esta crítica a fin de que continúen su estudio sin ninguna
aprehensión. Este punto es propicio para detenerme y enfrentar esta acusación.
El karma es lógicamente un tópico general y no específico; el público en general no lo ha aceptado aún en su
sentido esotérico. Debe ser considerado a grandes rasgos hasta el momento en
que la Ley de Causa y Efecto sea aceptada en la conciencia humana como el
principal factor condicionante, no sólo en amplia escala sino en relación con
las vidas individuales. El público aún ignora totalmente esta ley.
Evidentemente es innecesario que me
ocupe del aspecto sintomático de las enfermedades y de los hechos que han sido
tan hábilmente investigados por la ciencia médica ortodoxa. He considerado, en
forma algo extensa, las causas de tales enfermedades y expondré los métodos
esotéricos de la curación -siempre que la Ley del Karma permita tales
curaciones y el curador esté dispuesto a trabajar en forma esotérica. He
intentado aclararles que la causa fundamental está relacionada con la energía,
cuando hay excesiva o escasa afluencia a través de los centros. Tenemos aquí
los dos principales factores que producen las enfermedades. Es esencial que
quienes estén interesados en el estudio de la enfermedad y su curación,
acepten esto y permitan que constituya la base de su acercamiento. He indicado
que la medicina y el tratamiento médico, en el futuro, partirá de este hecho
como primera iniciativa. No niego la naturaleza real de los descubrimientos
médicos. Trato de llevar adelante este tópico comenzando desde ese punto; no
forma parte de mi programa ignorar los sabios descubrimientos de la ciencia
médica moderna, tampoco apoyo a esos
grupos de personas que menoscaban y rehusan admitir los hallazgos de la
medicina moderna. Esto lo he remarcado anteriormente. Quisiera indicar la
tendencia de las investigaciones médicas futuras, que consistirá en descubrir
el origen de la dificultad en el reino de la vitalidad (tal como lo han
denominado los investigadores ortodoxos), y que consideramos como el reino del
cuerpo etérico. Permítaseme hacer una afirmación práctica que podría
considerarse en este tratado como la siguiente regla:
El cuidadoso diagnóstico de la enfermedad,
basado en síntomas externos verificados, será simplificado en tal medida que,
cuando se conozca y aísle el órgano involucrado, el centro del cuerpo etérico
en más estrecha relación con él, será sometido a los métodos de curación
esotérica, aunque no serán rechazados los métodos comunes, paliativos, médicos
o quirúrgicos.
Es aquí donde actualmente el fanático en el culto de
curar o sanar, frecuentemente se desvía. El antiguo acercamiento a la medicina,
con su investigación física y sus diagnósticos afortunados o desafortunados,
también será necesario hasta que los clínicos y cirujanos posean la facultad
clarividente, la percepción intuitiva y la
visión espiritual interna y hasta que hayan desarrollado una técnica
para manejar la energía en relación con el paciente. Algún día a esto se le
agregará la correcta interpretación astrológica, el reconocimiento inmediato de
los tipos de rayo y la aplicación de las correctas técnicas de curación, como
lo requiere el rayo que condiciona la expresión de vida del paciente, más su
etapa de evolución.
Grandes impedimentos se me presentan
cuando trato de sentar las bases para este nuevo acercamiento a la medicina. Me
veo impedido por los pronunciamientos idealistas de los precursores en los
nuevos campos de la curación naturista, por los naturópatas y por las premisas de la Christian Science y la Unity.
Todo lo que puedo hacer (si quieren beneficiarse con lo que digo) es establecer
ciertas suposiciones amplias y generales, que regirán a los médicos del futuro.
Pero durante el período intermedio entre la antigua y la nueva era, los hombres
se debatirán en una bruma de conjeturas; se iniciará un gran conflicto entre
las escuelas fundamentalistas y los especuladores e investigadores de las
nuevas ideas y, temporariamente, olvidarán el “noble sendero medio” de Buda.
En la actualidad existe en la ciencia
de la medicina una situación paralela a la que existe en el campo de la
religión. El antiguo acercamiento es suficiente para las masas y con frecuencia
tiene éxito en sus aspectos paliativos y preventivos y en sus procesos de diagnosis.
Esto es todo lo que se puede hacer en esta época. También las antiguas
presentaciones religiosas bastan para guiar, a las masas irreflexivas, a
cumplir con ciertas amplias normas de vida en forma controlada y mantener clara
en la conciencia del hombre común algunos hechos espirituales
incontrovertibles. En la guía y protección de las masas, respecto a su
naturaleza espiritual, y en la guía y protección de sus vehículos físicos, los
médicos y sacerdotes pueden clasificarse en varios grupos, algunos adheridos a
las técnicas antiguas y probadas; otros adoptando una posición tan
fundamentalista que rehusan investigar lo nuevo e incomprobado; aún otros son
tan idealistas, especuladores y fanáticos, que precipitadamente penetran en un
mundo de experimentos especulativos que pueden o no darles la clave de la
medicina del futuro, pero que sin embargo ubican a sus pacientes en la
categoría de los cobayos.
El campo más seguro y menos
especulativo de las prácticas médicas es el que concierne al alivio quirúrgico
del paciente; se funda sobre un seguro conocimiento de la anatomía, y el diagnóstico
requerido puede ser inteligentemente controlado y su práctica (cuando está en manos de un
cirujano sensato y reputado) puede, y frecuentemente lo hace, lograr una curación
o verdadera prolongación de la vida. Sin embargo, hasta en ese campo poco se
conoce acerca de los resultados de una operación en lo que pueda afectar al cuerpo etérico y, en consecuencia,
al sistema nervioso a través del sistema intermedio de “nadis”, o sea la
contraparte etérica de los nervios. Pondré por ejemplo la extirpación de algún
órgano. Lógicamente se producirán resultados definidos, e inevitablemente
tendrá lugar un período de difícil reajuste dentro del mecanismo sutil del
paciente. La zona del cuerpo que ha recibido tratamiento quirúrgico y
particularmente el centro estrechamente relacionado con ella, deben ser
afectados, porque la corriente circulatoria de energía que emana desde el
centro estará en “corto circuito”, si puedo emplear esta frase. Esta
afluencia, que hasta ahora pasó a través de la zona de atención quirúrgica,
debe abrirse camino hacia todas las partes del cuerpo, vía los “nadis”, le:
cuales, como ya saben, subyacen en el sistema nervioso y lo nutren con la
necesaria energía. Como consecuencia de operaciones difíciles o fáciles habrán
sido extirpados antiguos canales para la afluencia de energía. Deberán
construirse nuevos canales o líneas de fuerzas que formen un puente en la zona
“mutilada” y realizarse los reajustes básicos dentro del mecanismo vital del
paciente. Sobre esto prácticamente nada se sabe. Ni siquiera se hallan en el
campo de la investigación avanzada.
La nueva medicina no puede ser
científicamente formulada ni inteligentemente presentada hasta que no se acepte
la realidad del cuerpo etérico y se reconozca su existencia, como un
mecanismo proveedor de energía y como el aspecto vital de la forma externa.
Entonces la profesión médica apartará su atención de los efectos físicos
externos y tangibles y la dirigirá a las causas internas, a medida que las va
descubriendo en los centros y en sus vinculados campos de actividad. Ya he presentado ciertos hechos esotéricos,
respecto a las zonas en que se manifiesta la enfermedad, relativos al tema
general:
1. La enfermedad, en su causa
inmediata, puede ser atribuida al cuerpo etérico individual, cuando la
dificultad es netamente local, o al cuerpo etérico planetario (en particular el
cuerpo etérico del cuarto reino de la naturaleza) cuando están involucradas
epidemias, o una condición como la guerra, que afecta a grandes masas humanas.
2. El cuerpo etérico no ha sido
considerado hasta ahora como una realidad existente, desde el ángulo de la
medicina ortodoxa, no obstante, hay una tendencia a poner el énfasis sobre la vitalidad,
las cualidades vitales de los alimentos y los productos vitamínicos, a fin de
provocar una reacción vital. Éste es el primer indicio de la necesidad
incomprendida de acrecentar la potencia del cuerpo vital.
3. La condición del cuerpo
etérico predispone al sujeto a las enfermedades o lo protege de ellas, haciendo
que el hombre sea resistente al impacto de los factores deteriorantes o epidémicos
o impidiendo lo antedicho, debido a la inherente debilidad etérica.
4. El cuerpo etérico es el
mecanismo de la vida pránica vital, y “fundamenta” además el equipo externo y
familiar del sistema nervioso que nutre y activa ‘todas las partes del
organismo físico” y además subyace en él. La relación que existe entre los
centros, los nadis y todo el sistema nervioso, constituye el campo de la nueva
medicina e indica un nuevo y más amplio campo de investigación.
5. Las causas principales de
toda enfermedad son dos:
a. En primer lugar residen en la
estimulación o no, de los centros. Implica simplemente la superactividad o subactividad
de algún centro en cualquier parte del cuerpo. Cuando la energía fluye en
medida proporcionada a las demandas del cuerpo físico en cualquier etapa
particular del desarrollo, se establece, en consecuencia, una relativa inmunidad
a la enfermedad.
b. En segundo lugar, residen en
los efectos kármicos de las tres enfermedades planetarias: cáncer, tuberculosis
y sífilis. Algún día la medicina se dará cuenta de que detrás de las
enfermedades (independientemente de los resultados que producen los accidentes
y la guerra) se hallan estas tres principales tendencias en el cuerpo humano.
Este enunciado es básico e importante.
6. El cuerpo etérico es el punto
donde se enfocan las energías internas del cuerpo, por lo tanto la energía
trasmitida no será una energía vital pura o simple prana planetario, sino que
estará cualificada por las fuerzas que vienen del mecanismo astral o
emocional, de la mente o del cuerpo egoico. Estas “cualificaciones de
fuerzas”, indicando como lo hacen, el karma del individuo, son en último
análisis las principales fuerzas condicionantes. Indican la etapa de desarrollo
del individuo y las zonas de control de su personalidad, señalando en consecuencia
su karma. Esto introduce el tema de la medicina en el campo sicológico y
presenta todo el problema de los efectos kármicos y los tipos de rayo.
7. Dichos factores
condicionantes hacen del cuerpo etérico lo que es en determinada encarnación, y
son, a su vez, el resultado de las actividades iniciadas y llevadas a cabo en
encarnaciones anteriores, constituyendo así las deudas kármicas del paciente o
su liberación del karma.
8. Las energías básicas que
afluyen al cuerpo etérico y condicionan al físico serán principalmente de
dos tipos: las energías del rayo del
alma y el de la personalidad, cualificadas por las tres fuerzas menores o los
rayos de la naturaleza mental, del cuerpo astral y del vehículo físico. Esto,
por lo tanto, involucra cinco energías presentes en el cuerpo etérico, que el
médico del futuro deberá tener en cuenta.
9. La diagnosis, basada en el
reconocimiento de estos factores subjetivos, no es una cuestión tan difícil y
complicada como cree hoy el estudiante de las teorías esotéricas avanzadas. Los
médicos de la nueva era oportunamente sabrán bastante como para relacionar estas
variadas fuerzas de rayo con sus centros correspondientes; en consecuencia
conocerán qué tipo de fuerza es responsable de las condiciones, buenas o
malas, de cualquier zona particular del cuerpo. Algún día, cuando se hagan más
experimentos e investigaciones, la ciencia médica será erigida sobre la
realidad del cuerpo vital y sus energías constituyentes. Entonces se
descubrirá que esta ciencia es mucho más simple y menos complicada que la
actual ciencia médica. La medicina ha alcanzado ya un punto tan complejo que
los especialistas son obligatoriamente necesarios para tratar la zona del
cuerpo y sus efectos sobre todo el vehículo físico. El clínico común no puede
estar al tanto del conglomerado de conocimientos detallados y acumulados ahora
respecto al cuerpo físico, sus diversos sistemas, su interrelación y su efecto
sobre los numerosos organismos que constituyen el hombre. La cirugía continuará
ocupándose de las necesidades anatómicas de la estructura humana; antes de
mucho tiempo la medicina trasladará su foco de atención al cuerpo etérico y
sus secundarios sistemas circulatorios de energía, sus relaciones vinculadoras
y la afluencia entre los siete centros y entre los centros mismos y la zona que
ellos controlan. Esto significará un enorme adelanto en el inteligente y útil
acercamiento; establecerá una básica simplificación; conducirá a aplicar métodos
más correctos de curación, especialmente cuando la visión clarividente esté
desarrollada y sea reconocida por la ciencia, y conocida como una extensión de
un sentido normal.
10. Cuando la verdadera
astrología ocupe su debido lugar y llegue a ser una ciencia respetable, y los
horóscopos del alma y de la personalidad puedan relacionarse mutuamente,
entonces el cuerpo etérico será controlado por las correctas conclusiones
astrológicas y los médicos pisarán en terreno más sólido que hasta ahora. La
astrología del pasado se ocupaba de la vida de la personalidad; la astrología
del futuro indicará el propósito del alma y revolucionará totalmente (entre
otras cosas) a la medicina. Es menester,
sin embargo, apartarla de las manos de quienes se interesan por las
predicciones astrológicas y también de los millares que en esta época dedican
mucho tiempo a la confección de horóscopos (tratando de interpretar sus conclusiones
generalmente erróneas), y ponerla en manos de científicos matemáticos
entrenados y de quienes han dedicado tanto tiempo al entrenamiento científico
sobre líneas astrológicas, así como ahora se entrena un médico, un químico o un
biólogo reputados.
11. Estos hallazgos astrológicos
no sólo se relacionarán con los horóscopos de la personalidad y del alma, sino
que abarcarán el campo de la medicina, particularmente en relación con el
cuerpo etérico. Actualmente, cualquier investigación astrológica realizada en
el campo de la medicina tiene relación con la enfermedad física, en el cuerpo
físico; en el futuro se ocupará de la condición del vehículo etérico. Éste es
un nuevo e inminente desarrollo en la investigación astrológica.
Otra dificultad que debo encarar (a medida que
describo la medicina del futuro) es que yo pienso en términos de ciclos y ustedes
en términos de unos pocos años. Lo que en realidad procuro hacer es indicar las
líneas hacia las cuales tenderá la investigación médica durante los próximos
doscientos años. El esfuerzo que se realiza actualmente consiste en cómo curar
a una persona aquí y ahora; esta reacción es natural y los pensadores avanzados
tratan de capacitarse para realizarlo en esta época por intermedio de los
denominados métodos de curación esotérica y mental. No obstante, muy poco se
conoce de la constitución del cuerpo vital y prácticamente no existen
antecedentes de investigación en dicho campo. La medicina moderna tiene un
origen muy antiguo. En el transcurso de los siglos progresó y se desarrolló,
hasta que la destreza e investigación modernas, los métodos y técnicas
modernos de curación y tratamiento, son asombrosamente exitosos. Esto con
frecuencia se olvida debido al énfasis puesto por los adherentes de las nuevas
e inexperimentadas escuelas, acerca de los fracasos en las curaciones que ellos
atribuyen a métodos erróneos, pero no tienen en cuenta las limitaciones
kármicas. El éxito de la medicina moderna es tan grande, que millones de
personas que en épocas primitivas, y cuando existía menos capacidad científica,
por lo general habrían muerto, viven -aunque no estén curadas. Debido a esta
desarrollada capacidad y conocimiento y a la aptitud para cuidar el mecanismo
físico, se ha convertido hoy en un gran problema mundial; el problema de la
superpoblación del planeta, que conduce a la humanidad a la vida de rebaño y al
consiguiente problema económico, mencionando sólo una de las dificultades
derivadas de este éxito. Esta “antinatural” preservación de la vida, es la causa de mucho sufrimiento y fértil
fuente de guerra, siendo contraria a la intención kármica del Logos planetario.
No puedo ocuparme aquí de este vasto
problema, sólo puedo mencionarlo. Será resuelto cuando desaparezca el temor a
la muerte y la humanidad aprenda el significado del factor tiempo y el sentido de los ciclos. Se simplificará
cuando sea posible realizar la verdadera investigación astrológica, cuando el
hombre sepa la hora de su partida de este plano externo y domine la técnica del
“retiro” y los métodos de abstraerse conscientemente de la prisión del
cuerpo. Pero antes se deben efectuar muchas investigaciones. Sin embargo, el
hecho de que se reconozca el problema y que las conjeturas e investigaciones
sean numerosas, indica que el tiempo ha llegado -kármicamente y desde el ángulo
del desarrollo evolutivo humano- de estudiar el cuerpo etérico, los rayos
condicionantes que rigen su manifestación en el espacio, y la astrología
que rige su manifestación en el tiempo.
Por esta razón el mundo está lleno de
grupos en rebeldía contra la medicina ortodoxa; erróneamente en rebeldía,
porque en su fanático entusiasmo hacia su particular acercamiento al problema
de la curación, ignoran los benéficos aspectos de la desarrollada ciencia
médica. Intentan arrojar por la borda la contribución de las edades al
conocimiento del hombre acerca del organismo humano, sus interrelaciones y su
cuidado, curación y preservación; se niegan a beneficiarse de la sabiduría
pasada, prefiriendo embarcarse en un mar de investigaciones con espíritu de
rebeldía, colmados de prejuicios y totalmente desprovistos del equipo necesario
para la tarea que tienen entre manos.
Los diversos tipos de naturópatas,
los profesores que enseñan métodos de curación por la electricidad, la luz y el
color, los dietistas con curas infalibles para todas las enfermedades, los
muchos que practican sistemas basados en el método Abrams de diagnóstico y
quienes defienden los métodos quiroprácticos así como los diversos sistemas de
curación, totalmente divorciados de la medicina, pero que intentan curar, todos
indican nuevas y esperanzadas tendencias, sin embargo son de índole
extremadamente experimental y tan fanáticamente endosados, tan excluyentes de
todos los métodos reconocidos de curación (excepto el propio), tan
violentamente opuestos a todos los descubrimientos del pasado y tan mal
dispuestos a colaborar con la medicina ortodoxa, que en muchos casos
constituyen un definido y real peligro para el público. En gran medida es
responsable de ello su acercamiento erróneo; su indudable ignorancia acerca de
la naturaleza del cuerpo humano, su ataque a las actuales prácticas médicas
(aun las de comprobado valor) y su unilateral creencia en la infalibilidad de
sus técnicas experimentales, los ha expuesto al ataque de los rígidos médicos practicantes ortodoxos
y de los fundamentalistas, dentro del circulo infranqueable de la medicina
académica. No obstante, en las filas de la medicina hay muchos hombres
iluminados que colaborarían gustosamente si los pequeños y vocingleros cultos
abandonaran sus exclusividades y estuvieran dispuestos a colaborar y aceptar
aquello que el instinto divino del hombre, en el transcurso de las edades, ha
enseñado, en conexión con la curación del cuerpo humano. Mediante la colaboración
de las nuevas escuelas experimentales y los antiguos y probados métodos, se
desarrollará la medicina del futuro. El valor de los numerosos grupos -buenos
e indiferentes- reside en el hecho de que señalan el camino hacia las nuevas
tendencias e indican las líneas por las cuales la medicina del futuro podrá
enriquecerse y adaptarse mejor a las necesidades del hombre. Son aún demasiado
experimentales para merecer confianza y no han sido científicamente
comprobados. Son grupos precursores y tienen una verdadera contribución que
aportar, que sólo será posible cuando se divorcien del pasado y estén
dispuestos a comprometerse en el presente. La medicina académica es el
resultado de la mente humana, un don de Dios; es una expresión divina
comprobada y una fuerza muy benéfica en el mundo, a pesar de las flaquezas
humanas, de la explotación comercial y de muchos errores. Lo mismo sucede con
la religión. Estas dos grandes ciencias deben eliminar las posiciones
reaccionarias y fundamentalistas y proseguir, con mente abierta, los nuevos caminos de
acercamiento a la divinidad y al bienestar físico.
Aquí podría decirse que mi principal
contribución en esta época es indicar las causas de la enfermedad y de la mala
salud, no reconocidas por la medicina ortodoxa, la cual se ocupa de los
efectos de estas causas sutiles cuando se exteriorizan en el cuerpo físico y en
el sistema nervioso. No estoy tratando (como ya he advertido) de los síntomas
de las enfermedades, los diagnósticos médicos o los sistemas de aplicación de
medios físicos para la curación o el alivio. Ellos han ido a la par de la
creciente capacidad del hombre de descubrir y conocer.
Permítanme repetir que estoy sentando
las bases para acercarnos al tema del cuerpo físico, sano o enfermo, y que tratará
principalmente del cuerpo etérico. Esto deberá conducir oportunamente a la
acumulación de conocimientos sobre la energía, sus puntos focales y la
distribución en el cuerpo etérico, que será igual al adquirido en el campo del
exacto conocimiento del cuerpo físico, y este conocimiento es ya una realidad.
El estudio de las enfermedades
heredadas indica un tenue reconocimiento de las deudas y tendencias kármicas
del hombre. Sin embargo, es un error creer que estas tendencias se originan en
los gérmenes de la vida y de la
sustancia, unidos en el instante de la concepción, y que el padre o la madre
son responsables por lo tanto de su transmisión. Esto no es así. El sujeto en
encarnación -desde el ángulo del alma- ha elegido definida y conscientemente a sus
progenitores, por lo que ellos pueden contribuir a su constitución física
mientras se hallan en encarnación. Por eso el cuerpo vital es de tal naturaleza
que el hombre está predispuesto a un particular tipo de infección o de
enfermedad; el cuerpo físico es también de tal naturaleza que su línea de menor
resistencia permite la aparición y el control de aquello que el cuerpo vital posibilita; el alma encarnada
produce, mediante su trabajo creador y su vehículo vital, una constitución
particular a la cual han contribuido con una definida tendencia los padres
elegidos. Por lo tanto, el hombre no resiste ciertos tipos de enfermedad. Esto
es determinado por el karma del hombre.
Es bien sabido por quienes estudian
las ciencias esotéricas, que el cuerpo físico es simplemente un autómata, que
responde a un cuerpo sutil de energías y es activado por estas energías que
expresan verdaderamente la etapa de evolución. Este grado de evolución puede
ser el que está controlado por la personalidad, mediante uno de sus cuerpos, o
controlado por el alma. Éstas son realidades que la profesión médica debe
captar y, cuando lo haga, se habrá dado un gran paso adelante. Los estudiantes
esotéricos están dispuestos a reconocer que el cuerpo físico es automático en
su respuesta a la impresión emocional, mental o egoica; sin embargo, el cuerpo
etérico está tan estrechamente entretejido con el vehículo físico que es casi
imposible separar los dos en la conciencia, lo cual no podrá comprobarse o no
será posible, hasta que la ciencia de la energía etérica y el desarrollo de la
percepción clarividente demuestren la veracidad de lo que digo. Ésta es una
repetición necesaria.
La ciencia médica, por el estudio del
sistema nervioso y por su reconocimiento del poder del pensamiento sobre el
cuerpo físico, se encamina rápidamente hacia una correcta dirección. Cuando
admita, en relación con el cuerpo físico, que “la energía sigue al pensamiento”
y comience a experimentar con el concepto de que existen corrientes mentales
(tal como erróneamente se las denomina) que están dirigidas a ciertas zonas del
cuerpo etérico -donde los esoteristas afirman la existencia de puntos o centros
de energía-, entonces mucho será descubierto. La Christian Science tuvo una
sólida concepción del concepto básico original acerca de la mente como un
factor que existe permanentemente; su excesivo énfasis puesto sobre la mente,
su presentación idealista de la naturaleza humana, su esperanza en la capacidad del hombre para
demostrarse hoy e inmediatamente como un hijo de Dios plenamente manifestado
(sin un desarrollo intermedio necesario), y su contradictoria posición de
emplear la energía de la mente para las necesidades principalmente físicas, han
negado rotundamente sus dogmas básicos. De lo contrario, el hombre podía haber
seguido engañado permanentemente. Si la Christian Science hubiera cumplido la
intención original del grupo de iniciados que trato de influir a la humanidad
por su intermedio, y si hubiese desarrollado correctamente la idea de que la
energía sigue al pensamiento, la ciencia médica se habría beneficiado
enormemente.
Su presentación fue muy superior y
muy inferior, perdiendo una gran oportunidad. La Christian Science fracasó
desde el ángulo de la Jerarquía, y su utilidad ha sido ampliamente neutralizada.
Los curadores y los grupos de
curación actúan todavía con gran desventaja, pero pueden comenzar a trabajar
ahora, y su trabajo será doble:
1. Por el poder del pensamiento
dirigido pueden derramar energía al centro que constituye el factor determinante
en esa zona del cuerpo físico donde reside la dificultad. Por ejemplo, si él
paciente sufre de una dolencia como ser úlcera gástrica, la estimulación del
centro plexo solar puede producir la curación, siempre y cuando el trabajo
realizado sea puramente mental y los resultados esperados puramente
físicos. De otra manera la naturaleza emocional participaría de la
estimulación y surgiría verdadera dificultad.
2. Pueden estimular un centro
superior a aquel que controla determinada zona y así -por la intensificación
del centro superior- reducir la vitalidad del inferior. Por ejemplo, si hay
enfermedad o perturbación, en conexión con los órganos genitales (como en el
caso de la enfermedad de la próstata), se debería prestar atención al centro
laríngeo. Este centro oportunamente deberá ser el receptor de la energía de la
analogía o aspecto creador inferior. A esto se lo denomina “la técnica de
retirar el fuego”; por su intermedio puede ser detenido lo que se denomina el
sobrestímulo en ciertos casos, o la inflamación en otros.
Estas dos formas de utilizar la
energía y ejercer control mental, constituyen la base esotérica de los dos
métodos fundamentales empleados para dirigir la energía a las zonas enfermas.
En un caso intensifican la vida del centro asociado, con el consiguiente y definido
efecto sobre la zona enferma, o disminuyen la afluencia de fuerza en el otro,
debilitando así la índole de la enfermedad. Por lo tanto es evidente que debe
saberse mucho acerca de los efectos de estas dos técnicas básicas diferentes,
antes de que un sanador se atreva
a trabajar. Si no fuera así podría acrecentarse grandemente la perturbación de
la zona enferma y hasta se llegaría (como frecuentemente sucede) a matar al
paciente.
Hay otro punto que quisiera subrayar.
Cuando se emplean métodos de curación de naturaleza esotérica, es esencial que
una sólida práctica médica de tipo ortodoxo acompañe a estos medios más
sutiles de prestar ayuda. Es en esta sabia combinación de los dos acercamientos
y en el trabajo colaborador del médico ortodoxo y del sanador esotérico o grupo
de curación, que se lograrán los más firmes resultados.
Los estudiantes que tratan de curar
deberán conocer dos cosas: la naturaleza de la enfermedad, diagnosticada por un
buen médico, además del centro que controla la zona de la enfermedad. El plan
más seguro de curación para el estudiante común o para un grupo de curación, es
trabajar en colaboración con un médico acreditado, y en relación con el
centro que controla la zona de la
enfermedad. Los iniciados que se dedican al trabajo de curación se ocupan de la
analogía superior del centro que controla, trabajando siempre a través de los
análogos centros emocional y mental. Esto no es posible ni permisible
para el grupo de curación común. Cuanto más elevados sean los centros
considerados, involucrados y tratados, tanto más poderosos serán los resultados
y por lo tanto más cuidado se debe ejercer.
Todo el proceso consiste en estimular
la actividad o en sustraer la energía, en acrecentar la actividad del centro
afín y luego apartar la atención del centro que rige la zona enferma u órgano,
o en equilibrar las energías que fluyen entre ambos centro y así producir una
interacción igual y equitativa. Cuanto más estudia el neófito el tema de la
curación, más complejo le parecerá, hasta que llega el momento en que puede
trabajar en colaboración con algún médico que posee visión interna y ve los
centros; o con pacientes que conocen internamente cual es su propio destino y
pueden colaborar con algún grupo que posee un sólido conocimiento esotérico, el
cual podrá comprobar el rayo del paciente y conocer, por lo menos, la
naturaleza de su disposición o “indisposición”, al consultar su horóscopo
natal.
En vista de todo esto quizás se
pregunten si es posible realizar un trabajo definido de curación que sea
eficaz, sólido, correcto y permisible. Los riesgos de la sobre o
subestimulación parecen ser demasiado grandes y el conocimiento del curador
parece ser demasiado escaso para poder experimentar, y el karma del paciente
es lógicamente (para el curador común) incomprobable.
A esto respondería que todo trabajo
de naturaleza precursora y experimental acarrea sus propios riesgos especiales.
Muchos han sido víctimas de la ciencia,
y particularmente de la ciencia médica, en los primitivos días de la medicina y
cirugía modernas. Pero esto nunca detuvo al sincero investigador ni mermó el
desarrollo del conocimiento; en estos días vanguardistas, en el campo de la curación esotérica, se debe
tener el mismo valor, y enfrentar los mismos riesgos. La salvaguardia, desde
el ángulo estrictamente legal y humano, consistirá en que el paciente esté en
manos de un acreditado médico para la diagnosis y tratamiento, durante el
tiempo en que el curador esotérico se esfuerce por prestar una ayuda vital.
El trabajo del curador y de los
grupos de curación será por lo tanto complementario del tratamiento ortodoxo;
los resultados deberán ser cuidadosamente vigilados y registrados por ambas
partes. Cualquier grupo que se forme para curaciones, debe trabajar de acuerdo
a cierta y determinada política, y aquí doy algunas sugerencias esenciales para
el éxito de este periodo de transición:
1. El paciente sometido a
curación (o que necesita ayuda si no es posible curarlo) deberá estar siempre
en manos de un médico bueno y acreditado, y si no aconsejarle que consulte a
uno.
2. El grupo deberá conocer la
naturaleza de la enfermedad, determinándola mediante una cuidadosa diagnosis
médica ortodoxa.
3. La edad del paciente, fecha
de nacimiento y toda información acerca de su trasfondo, deberían también ser
conocidas, a fin de tener un punto focal de interés y construirse una zona magnética,
alrededor del paciente, que atraerá la energía dirigida mentalmente por el
grupo.
4. El curador o el grupo de
curación, deberá poseer un conocimiento general de la naturaleza y de la
anatomía del cuerpo, la ubicación de sus diversos órganos y la posición y
naturaleza de los centros que rigen la zona, o zonas, enferma. También deben
ser estudiados los cuadros clínicos informativos.
5. La facultad de imaginación y
el poder de visualización deberán predominar en un grupo de curación, y desarrollarse la capacidad de enviar
corrientes de energía al paciente y a la zona del cuerpo donde reside la
perturbación.
6. El curador o grupo de
curación debe recordar que no trabaja sólo con energía mental, sino que por sí
mismo:
a. Crea un pensamiento de poder
curativo.
b. Ese punto focal de atención
concentrada que ha creado, se convierte en agente rector para la fuerza
curadora o prana.
c. Dicho prana no es de
naturaleza mental ni astral, sino sustancia puramente planetaria o esencia
viviente, siendo esa sustancia de la que está formado el cuerpo vital del
planeta.
d. El curador o grupo de
curación se apropia de la mayor cantidad posible de esta sustancia, y por el
poder del pensamiento unido es dirigida al centro involucrado y a través del
mismo. El trabajo de curación es circulatorio y esto debe recordarse. La
energía pránica (dirigida mentalmente) no debe enviarse al centro ni permitir
que se acumule allí. Debe pasar a través del centro, yendo primero al
órgano involucrado o zona donde reside la dificultad, entonces es enviada a
todo el cuerpo. Éste podría ser considerado como un sistema de limpieza
con su efecto purificador y estimulante.
En estos primeros días de experimentación y trabajo
sobre estas líneas, sólo es posible dar algunas reglas simples. De los
resultados obtenidos vendrá la experiencia, y el grupo de curación aprenderá
gradualmente cómo trabajar, cuándo cambiar sus métodos y qué
observar.
Desde la iniciación del trabajo deberían
llevarse registros. El paciente colaborará frecuentemente en este aspecto del
trabajo. Fechas, fenómenos incidentales, cambios en el mejoramiento o empeoramiento,
deben ser anotados, además de toda la información posible acerca de la
condición general del paciente. Por esta razón recomiendo que en las primeras
etapas, este trabajo de curación sea ensayado únicamente con quienes son muy
conocidos de los miembros, o han sido puestos en manos del grupo de curación
por médicos o por los que están dispuestos a dar una información completa.
Las personas que están muy enfermas,
y no se espera que vivan, o sufren enfermedades que impiden su recuperación, no
deberían admitirse en el grupo de curación para su tratamiento, excepto con el
fin de lograr resultados paliativos. El neófito no conoce bastante
sobre el karma para trabajar confiadamente, ya sea en la tarea de curación o de
liberación, mediante la muerte. No obstante, si el paciente empeora, mientras
el grupo está trabajando sobre su caso, no deberá ser abandonado, pero puede
emplearse una técnica definida y diferente para allanar el camino de la muerte.
En el siguiente acápite me ocuparé del karma de la muerte.
Si tienen presente que el trabajo en
conexión con el cuerpo etérico (como instrumento de vitalidad) es conocido hoy
tan poco como la ciencia de la medicina moderna lo fue en el año 1200 d.C.,
podrán actuar sin desaliento y sin esa indebida expectativa que hoy obstaculiza
al neófito. Adopten conscientemente la actitud de que realmente nada se conoce
acerca de los centros, de las zonas de energía del cuerpo y del modo de dirigir
el pensamiento; imagínense también que están empeñados en realizar un gran proyecto
de investigación. Nada, absolutamente nada se ha hecho en forma práctica
relacionado con la medicina y la ciencia de los
centros, aunque algunos libros sobre la relación de los centros con la
investigación sicológica y el equipo y sistema glandular o endocrino, han tratado superficialmente el
tema. El campo de investigación que propongo es totalmente nuevo. Quizás
quienes lo emprendan no vean los resultados de lo que tratan de realizar. Su
impaciencia y ansiedad por ayudar pueden ser un obstáculo; su ignorancia los
hará cometer errores. Pero sigan adelante, perseveren, mantengan cuidadosos
registros y conserven toda la correspondencia. Entonces los resultados serán
seguros.
1. LAS DEUDAS KÁRMICAS DEL INDIVIDUO
Hemos estudiado (quizás sin darnos
cuenta de sus implicaciones) el primer punto bajo este encabezamiento.
Concierne a las deudas kármicas del individuo, provenientes de los vehículos
subjetivos y de toda la personalidad.
Cuando tratamos las causas
sicológicas de las enfermedades que surgen de los vehículos sutiles en los tres
mundos, o que se deben a la tensión del discípulo cuando se esfuerza por hollar
el sendero, en realidad nos ocupamos del karma o el efecto de las causas internas
de los acontecimientos, del equipo y de las circunstancias en el plano físico.
Vimos que los cuerpos internos, vía el cuerpo etérico, condicionan la
manifestación externa del hombre y que la enfermedad o la salud dependían
mayormente de ellos, y que son la causa kármica inmediata de la existencia en
el plano físico. Si extendemos la idea hasta incluir encarnaciones anteriores
-como debe inevitablemente suceder- entonces llegamos a la conclusión que la
condición de estos cuerpos internos, sus limitaciones o su riqueza, sus
defectos y acerbo y sus tendencias generales síquicas y sicológicas, son heredadas
de vidas anteriores y por lo tanto responsables de la presente situación
terrena. En consecuencia, simplemente hemos retrotraído aún más atrás las
causas de las condiciones actuales y -si quisiéramos- podríamos penetrar en un
campo de mucha complejidad y detalle sin extraer nada de valor. Todo el
problema de rememorar las encarnaciones pasadas contiene infinitas
posibilidades, y cuando empleo la palabra “infinita” pongo inmediatamente el
tema fuera del alcance de la mente finita, lo cual significa que tratamos algo
que no es posible manejar racionalmente.
El karma fue, para la humanidad
infantil y el individuo subdesarrollado, una cuestión grupal. El hombre era
miembro de un grupo, sin la menor idea de las implicaciones y responsabilidades
involucradas. Más adelante, cuando el proceso de individualización adquirió un
carácter y propósito más efectivos y un temperamento más pronunciado, el karma
fue también más personal y definido y el hombre se halló en posición de iniciar
más causas y agotar más efectos. Al no estar enteramente desarrollada e integrada
la personalidad, estaba aún involucrado en la vida grupal, y las
interrelaciones se fueron ampliando. Posteriormente la personalidad se
convirtió en el creador consciente de sus propias causas y en el consciente
participante de los efectos. En el sendero, el karma del grupo elegido, del
individuo y de aquellos con quienes el hombre elige asociarse a través de la
unidad del propósito espiritual, lo envuelve, y así se agrega otro factor a
los anteriores tipos de responsabilidad kármica. Más adelante aún, el karma de
los tres mundos es enfrentado, superado y rechazado; al mismo tiempo, al karma
vinculado a la iniciación de las causas, mediante el servicio mundial, se añade
el que el individuo ya ha experimentado, compartiendo la responsabilidad
kármica de la Jerarquía misma. A estas etapas:
1. al karma grupal elemental
-del hombre primitivo,
2. al karma individual del
hombre autoconsciente en evolución,
3. al karma relacionado con la
vida del discípulo y
4. al karma jerárquico,
se
debe agregar el bien conocido Karma de Retribución, con el cual está ya
familiarizado el discípulo; a éste también debe agregarse el karma nacional y
racial, más el karma educativo correspondiente a todo discípulo que ansía
ingresar a un ashrama a fin de prepararse para la iniciación.
Tenemos también el Karma de
Recompensa en contraposición al de Retribución; este tipo de karma a
menudo se olvida, pero se lo conocerá mejor en el futuro ciclo mundial. La
humanidad ha agotado mucho mal karma, y el karma basado en causas iniciadas
posteriormente no generarán efectos tan terribles corno las del pasado. No todo
karma es malo, a pesar de lo que el hombre cree. Gran parte es punitivo y
doloroso, debido a la ignorancia de la humanidad y al inferior grado de
desarrollo. Cuando la retribución kármica es aguda y terrible, tal como sucede
hoy en la espantosa experiencia mundial, indica que la humanidad ha alcanzado
un punto donde las consecuencias pueden ser distribuidas equitativamente en gran
escala. El karma acarrea muy poco sufrimiento cuando, por ignorancia, conduce a
la irresponsabilidad y a la total carencia de reflexión, no existiendo sentido
de culpabilidad acerca de les acontecimientos. Podrán existir condiciones
desdichadas y circunstancias dolorosas, pero se carece de la capacidad de
responder a tales condiciones con análogo dolor, y hay muy poca reacción
mental por el proceso de la retribución kármica. Esto debería tenerse presente.
La raza aria está ahora desarrollada mentalmente en tan amplia escala, que el karma es
verdaderamente terrible y doloroso, y se manifiesta a través de las condiciones
mundiales. Al mismo tiempo el actual y difundido sufrimiento indica el extenso
y exitoso desarrollo humano, siendo el signo más esperanzado y prometedor. En
esta idea reside la clave de la carga tan pesada de mal karma que los buenos,
santos y sacrificados servidores de la raza sobrellevan en este ciclo mundial.
En consecuencia, resulta imposible, dentro de
los límites de este tratado, dilucidar más profundamente el tema del karma,
cuando produce los innumerables tipos de dolencias humanas, incluyendo la
enfermedad, siendo ésta una de sus manifestaciones. El tema es demasiado vasto,
extremadamente complicado y muy confuso en sus efectos. Todo lo que puedo hacer
es afirmar el hecho de que las acciones y reacciones pasadas han establecido en
vidas anteriores un ritmo kármico de tal naturaleza, que hoy están implicados
todos los aspectos de la naturaleza inferior, y entre los efectos más comunes
y corrientes tenemos aquel en que entra en vigencia la gran Ley de Retribución,
la enfermedad. Los curadores y los seudometafísicos deberían considerar
cuidadosamente este punto.
2. KARMA CAUSADO POR LOS SIETE RAYOS
Los siete rayos retrotraen la causa
de todas las dificultades humanas, incluyendo la mala salud y las enfermedades
-individual, nacional y racial- al mismo origen de la creación. El karma se
manifiesta en esas corrientes de energía, de sustancia primordial, que afluyen
al mundo creado y a través de él, incluyendo los tres mundos inferiores, donde
actúan los pitris lunares y las esencias elementales de todas las formas. Este
karma primordial (si puedo llamarlo así) contribuye a la enfermedad. Se dice en
antiguos libros, a los cuales tienen acceso los Maestros, que el mundo está
construido de sustancia ya contaminada por el karma de un sistema solar
anterior.
Evidentemente estas corrientes de
fuerza que emanan de los Señores de los siete rayos, están matizadas y
“contaminadas” (si puedo emplear esta palabra) por las limitaciones de estos
mismos grandes Seres; son Dioses, desde nuestro punto de vista, pero en
realidad, Dioses en cierne, aunque están mucho más cerca de la divinidad solar
que la mayoría de los más avanzados seres humanos lo están de la divinidad
planetaria. Son los “Dioses imperfectos” mencionados en La Doctrina Secreta y constituyen los Logos planetarios de los
planetas sagrados y no sagrados. Si las grandes Vidas que animan a los planetas
dentro de nuestro sistema solar son imperfectas, el efecto de esta imperfección
debe inevitablemente afectar a Sus creaciones planetarias, Sus cuerpos de
manifestación y, en consecuencia, introduce una condición kármica sobre la
cual el ser humano individual no tiene ningún control, pero que él comparte y
actúa en ella. Evidentemente me es imposible dilucidar este tema. Todo lo que
puedo y se me permite hacer es dar las siete estanzas del libro más antiguo del
mundo; tratan de las imperfecciones causadas por los siete rayos, en nuestras
manifestaciones planetarias. A ellas debería agregarse (si fuera posible) las
estanzas que imparten el significado de los defectos surgidos por las
condiciones astrológicas que producen efectos de naturaleza planetaria, e
involucran, por lo tanto, el horóscopo de nuestro Logos planetario particular.
Pero son demasiado abstrusas, complicadas y muy amplias en su tema y podrán
ser estudiadas y consideradas sólo cuando la humanidad haya alcanzado esa
etapa de desarrollo intuitivo en que el hombre puede “apreciar causas y efectos
como procesos globales y ver el comienzo y el fin en un destello de tiempo en
el espacio”. Con esas palabras, el Maestro Serapis resumió una vez la cuestión
cuando trataba de entrenar, a un grupo de discípulos iniciados, en este modo de
encarar vastos temas.
El “Libro del Karma” contiene las
siguientes estanzas, que pueden servir como introducción para esas que tratan
de la desarmonía y la enfermedad causada por los siete rayos. El aspirante
intuitivo extraerá algún significado de ellas, pero debe tener presente que
sólo procuro poner en palabras -inapropiadas y bastante inadecuadas- estanzas
que conciernen a los factores condicionantes del equipo de esos Grandes Seres,
cuya fuerza vital (que denominamos energía) crea todo cuanto existe, cobra y
da forma a todas las manifestaciones
dentro de los mundos y agrega su cuota de fuerza al equipo de cada ser humano.
Todo ser humano se apropia de esta energía en la medida de su necesidad, y ésta
indica su desarrollo. Las estanzas que he seleccionado son extraídas de El
Libro de las Imperfecciones. parte decimocuarta:
“Las siete imperfecciones surgieron y
contaminaron la sustancia, desde la esfera más elevada hasta la más baja.
Aparecieron luego las siete perfecciones, y las dos -aquello que es entero y
sano y lo que es conocido como detalle y malsano, en un horrible sentido- se
enfrentaron en el plano de la vida física. (El plano etérico. A.A.B.).
Allí lucharon
con todo lo que eran y tenían, con todo lo visible e invisible dentro del
triple círculo. (Los tres mundos inferiores. A.A.B.).
Las siete
imperfecciones se introdujeron en las siete razas de hombres, cada una en su
propio lugar; matizaron los siete puntos dentro de cada raza. (Los siete
centros planetarios, trasmitiendo energía imperfecta. A.A.B.).
Las siete
perfecciones se cernían sobre cada raza, sobre cada hombre dentro de cada raza
y sobre cada punto dentro de cada hombre.
Así se extendió
el conflicto desde lo más externo a lo más interno, desde el Ser más grande a
los más pequeños. Siete son las imperfecciones. Siete los todos perfectos;
siete los caminos para iluminar la oscura imperfección y demostrar la luz clara
y fría, la blanca luz eléctrica de la perfecta plenitud”.
Todo lo que podrán extraer de estas
estanzas es el concepto de un conflicto milenario, de siete grandes energías
que se manifiestan como dualidades y producen, cuando se anclan dentro de un
cuerpo (sea un planeta, un hombre o un átomo), una zona o ciclo de
dificultades, tal como se la denomina; estas dificultades producen el anhelo
evolutivo, siendo también la causa de la manifestación, mientras su
efecto (que es karma) constituye la liberación final de lo perfecto y lo
bueno. Estas cosas no son fáciles de comprender. Debe recordarse que las siete
imperfecciones están relacionadas con la séptuple naturaleza de Aquel en Quien
vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser, y que estas siete imperfectas
energías contienen en sí la perfecta voluntad al bien, que a la larga es más
potente que la voluntad de dañar.
Estas energías afluyen a través de
los siete centros del cuerpo planetario y son -hasta donde nos concierne- las
energías de los siete rayos. Respecto a la voluntad de dañar, que puede demostrarse
y se demuestra como enfermedad en los cuatro reinos de la naturaleza, tenemos
la razón por la que instituí, entre los estudiantes esotéricos de quienes soy
responsable, el desarrollo de la inofensividad. Es el agente más importante
para la neutralización del karma. Daré a continuación la Ley IX, completando
así un conjunto de leyes que, si se cumplen, serán esenciales para la curación
de la enfermedad y el mantenimiento de la salud.
La perfección hace surgir
la imperfección a la superficie. El bien expulsa el mal de la forma del hombre,
en tiempo y espacio. La inofensividad es el método empleado por el Uno Perfecto
y el método utilizado para el bien. Esto no es negatividad sino perfecto
equilibrio, un cabal punto de vista y comprensión divina.
Habrán observado que lo dicho a este
respecto lleva todo el tema de la enfermedad a un distante mundo de orígenes;
un mundo donde el hombre es aún incapaz de penetrar. Por esta razón he
dedicado tanto tiempo a la consideración de las causas de las enfermedades; más de la mitad de lo que
tengo que decir ya lo he incluido en la
primera parte de nuestra discusión. Casi hemos concluido esta parte, y nos
abocaremos a lo que muchos consideran la más útil y práctica enseñanza sobre
este tópico. Nunca he tenido la intención de ocuparme de la patología de las enfermedades
o de los síntomas de los innumerables tipos de mala salud que hacen estragos en
la humanidad. Procuro principalmente acentuar las razones subjetivas de la
mayoría de los males que atacan la estructura humana. Sin embargo mi propósito
es sano. El excesivo énfasis que las personas ponen sobre las enfermedades
resulta desconcertante para el alma, pues coloca a la transitoria y constantemente
mutable naturaleza forma, en una posición de indebida preeminencia, mientras
que -desde el ángulo del alma- las vicisitudes del cuerpo sólo tienen
importancia en la medida en que puedan contribuir a enriquecer la experiencia
del alma.
Las causas iniciadas por el hombre,
vida tras vida, constituyen el factor importante; éstas se desarrollan como
enfermedades, como alguna consecuencia desastrosa en las circunstancias y
acontecimientos, y como general acondicionamiento de alguna encarnación
determinada. El hombre debe aprender a tratar estas causas, reconocerlas y
descubrir cuál es la energía condicionante que produce el efecto
correspondiente, ocupándose primeramente de la tarea de contrarrestar la causa,
oponiéndole una voluntad entrenada. El karma no es un acontecimiento
inevitable, ineludible ni doloroso. Puede ser neutralizado, pero esta
neutralización, en lo que concierne a la enfermedad, incluye cuatro líneas de
actividad:
1. Determinar la naturaleza de
la causa y la zona de la conciencia donde originó.
2. Desarrollar esas cualidades
que son el polo opuesto de la causa efectiva.
3. Practicar la inofensividad a
fin de detener la expresión de las causas y evitar cualquier brote de esa
lamentable condición.
4. Dar los pasos físicos
necesarios que producirán las condiciones que el alma ansía. Estos pasos
incluirán:
a. Una pasividad mental y una
aceptación de la realidad del efecto -en el caso que estamos
considerando en relación con el karma-, la enfermedad.
b. La inteligente acción en los
procedimientos médicos ortodoxos.
c. La colaboración de un grupo
de curación o de un curador, para ayudar en las curaciones internas espirituales.
d. Una clara visión respecto al
resultado. Esto puede conducir a la preparación para vivir una vida más útil en
el plano físico o para la gran transición llamada muerte.
Pero detrás de este juicioso pensamiento y sabia
actividad, debe haber la aceptación de que existen ciertas condiciones
generales que se exteriorizan como mala salud física durante este ciclo mundial,
no sólo para el reino humano sino también para los tres reinos subhumanos. La
Ley de la imperfección existe, porque las Grandes Realidades (existen en todo
el mundo fenoménico) están análogamente en proceso de desarrollo y de
desenvolvimiento evolutivo. Por lo tanto, hasta que Ellos, como Seres
espirituales, no hayan desarrollado el “sublime control” -tal como se lo llama-
de la sustancia de Sus formas fenoménicas, éstas no llegarán a la divina
perfección. La enfermedad es una forma de imperfección transitoria, y la
muerte no es más que el método para reenfocar la energía, antes de iniciar una
actividad progresiva que conduzca eterna y constantemente hacia el
mejoramiento.
La comprensión de las siete estanzas
que me he propuesto dar a continuación, los llevará eventualmente a aislar las
siete causas sicológicas de la enfermedad, inherente a la sustancia de todas
las formas en este ciclo mundial, porque todas las formas están imbuidas de la
energía de la vida de los “Dioses imperfectos”.
Los siete Espíritus, nos dicen las Escrituras del mundo, se hallan “ante
el Trono de Dios”, lo cual significa que Ellos no están aún en posición de
ascender al Trono, simbólicamente hablando, porque no han adquirido todavía una
completa expresión divina. Estos Señores de los Siete Rayos son mayores y más
avanzados en la escala espiritual que esas grandes Vidas que forman el Concilio
del Señor del Mundo en Shamballa. Son los Representantes de las Energías de los
siete rayos que animan a los siete planetas sagrados, pero no están aún tan
divinamente desarrollados como Ellas. El problema de la humanidad, en lo que
respecta a la imperfección, es complicado, no sólo por el hecho de que las
siete Energías vitalizadoras y animadoras están “contaminadas de imperfección”,
sino porque el Señor del Mundo, desde el ángulo del Logos solar, por ejemplo,
está lejos de ser perfecto, por tal razón nuestro planeta Tierra no es un
planeta sagrado. Se dice que Sanat Kumara es el prisionero divino de este
planeta, retenido aquí hasta que el “último y cansado peregrino haya vuelto al
hogar”. Éste es Su pesado karma, aunque es la expresión de Su deseo y júbilo;
“los cansados peregrinos” son los átomos (humanos o no) de Su cuerpo, los
cuales están contaminados por las imperfecciones debidas a Sus imperfecciones;
su completa “curación” señalará el momento de Su liberación.
Por lo tanto, tengan presente que las
siete estanzas que daré, indican la cualidad de las energías descendentes y las
taras que estas energías acarrean e
imparten a todas las formas que están vitalizadas por la vida de nuestro Logos
planetario.
La Desarmonía y la Enfermedad Causada
por los Siete Rayos
I. “El Gran Ser se propuso
seguir solo por el sendero que eligió. No toleró interferencia. Se fortaleció
en Su ruta. Este continuado proceso de
fortalecimiento de un plano a otro, creció y se endureció. Su voluntad se fijó
como un cristal brillante, quebradizo y duro. Suyo fue el poder de cristalizar.
No trajo la voluntad de vivir, sino la voluntad de morir. La muerte fue Su don
a la vida. Le desagradaba la infusión y la difusión. Amó y buscó la
abstracción.”
Hasta donde llegamos a comprender el
significado de esta estanza, en relación con nuestro tema de la enfermedad,
parece ser que la imperfección de esta divina energía produce una peculiar
actitud que se manifiesta en el poder de cristalizar, endurecer, traer tribulaciones
y causar el gran proceso de abstracción llamado muerte. Otros de sus resultados
en la forma física son los innumerables procesos de cristalización, como el
atrofiamiento y la vejez.
II. “El Gran Ser derramó Su
vida por todas partes y aspectos de la manifestación. Del centro hacia la
periferia y de la periferia al centro se precipitó, llevando vida abundante,
energetizando todas las formas de Sí mismo, produciendo excesivo movimiento,
interminable expansión, abundante crecimiento e indebido apresuramiento. No
sabía qué quería, porque quería todo, deseaba todo, atraía todo y dio demasiado
a todos”.
La imperfección de esta gran energía,
con su potencia constructora, vitalizadora y cohesiva, fue y es el poder para
sobrestimular, acrecentar, acumular, construir demasiadas formas, atraer demasiados
átomos y producir esas condiciones que conducen a lo que se ha denominado
(esotéricamente) “la sofocación de la vida”, otra forma de morir, pero morir
como resultado de una excesiva vitalidad, afectando la corriente sanguínea,
construyendo dentro de las formas ya construidas y creando frecuentemente un
vehículo etérico excesivamente poderoso para la exotérica forma física externa.
Otros resultados son, por ejemplo, la aparición de tumores, cáncer,
excrecencias, excesivo desarrollo de aspectos corporales, dilatación de órganos
y partes corporales supernumerarias.
III. “El Gran Ser reunía de
aquí y de allá. Elegía y rechazaba. Rehusaba un poder y aceptaba otro. No
tenía ningún propósito vinculado a los seis propósitos de Sus seis hermanos. Adquirió una forma y no le agradó.
La arrojó y eligió otra. No tenía un punto establecido o plan, pero vivió en el
espejismo y le agradó. Sofocó lo bueno y lo malo, aunque empleó a ambos. Por un
lado había exceso, por otro inanición. Ambos extremos rigieron Su elección de
la sustancia viviente; reunió a quienes no eran afines; luego vio que el
resultado era el dolor y el engaño. Hizo proyectos, pero el propósito era
inadecuado. Desistió desesperado.”
El principal efecto de esta imperfecta “maniobra” y
manipulación, como se la denomina, es en su mayor parte de naturaleza astral,
produciendo la consiguiente mala salud física y los efectos indeseables que ya
hemos estudiado en este tratado. Debido a que esta energía de tercer rayo es la
energía de la sustancia misma, sus imperfecciones se demuestran profusamente en
la tendencia humana a la enfermedad. La ilusión es el resultado del espejismo
por el excesivo empleo de la energía de tercer rayo para fines egoístas y
personales y se manifiesta primordialmente en el sexto plano o astral. Como
resultado de esta manipulación del deseo y las incontroladas maniobras para
satisfacerlo en líneas materiales, se producen dolencias tales como el desorden
gástrico e intestinal y los distintos trastornos estomacales que devastan a
la humanidad civilizada, mucho más que
a las razas salvajes. Ciertos desórdenes cerebrales y la poca vitalidad son
también sus efectos.
IV. “El Gran Ser batalló y
entró en el combate. Todo cuanto enfrentó, Le pareció algo contra el cual demostrar
poder. Dentro del cuarto halló un campo de batalla y se preparó para luchar.
Vio lo correcto y conoció lo erróneo, y vibró entre ambos, luchando primero
contra uno y luego contra otro, pero sin percatarse, durante todo el tiempo, de
ese punto medio donde la lucha es desconocida. Allí se hallan la armonía, el
ocio, el descanso y el silencio apacible. Debilitó todas las formas que
emplearon Su fuerza y poder. Sin embargo buscó siempre la belleza; indagó lo
adorable y ansió la paz. Lo embargó la desesperación en Sus andanzas, y por
ello, desesperanzado no pudo sobrevivir a la voluntad de vivir. Sin embargo la
belleza siempre estuvo allí”.
Tenemos aquí un claro indicio de por qué la humanidad
(el cuarto reino de la naturaleza) sucumbe tan rápida y fácilmente a la enfermedad.
Los conflictos que la humanidad está librando constantemente, tanto en forma
grupal como individual, conducen -hasta que se los comprenda y emplee como
medios para triunfar y progresar- a una constante desvitalización. Cuando ésta
se produce, desaparece la resistencia a la enfermedad, entonces prácticamente
tenemos todo tipo de mala salud y dolencias corpóreas. La difusión de energía
produce una constante disminución de esta resistencia. Como resultado tenemos
debilidad, la rápida y mala reacción a las enfermedades nativas en el planeta
mismo, y la pronta adquisición de enfermedades infecciosas y contagiosas. Esta
energía se halla detrás de lo que denominamos epidemias, y la influenza
constituye una de las principales manifestaciones.
V. “El Gran Ser se irguió en
Su ira y se dividió a Sí Mismo. Apartó las grandes dualidades y vio
primariamente el campo de la multiplicidad. Produjo separación en todas
partes. Forjó con potente pensamiento la acción separatista. Estableció
barreras jubilosamente. No tuvo comprensión; no conoció la unidad porque era
frío, austero, asceta y siempre cruel. Permaneció entre el amoroso y tierno
centro de todas las vidas y el atrio externo de los vivientes y agonizantes
hombres. Sin embargo, no permaneció en el punto medio, y nada de lo hecho fue
suficiente para eliminar la brecha. Ensanchó todas las hendiduras, erigió
barreras y trató de abrir otras brechas más amplias.”
Ha sido muy difícil describir la naturaleza de la
imperfección de la energía del Señor de quinto rayo. En la actividad de esta
energía que se manifiesta principalmente en el quinto plano o mental, se
hallará eventualmente el origen de muchos desórdenes sicológicos y trastornos
mentales. Separación es la característica sobresaliente -separación dentro del
individuo o entre el individuo y su grupo, trasformándolo en antisocial. Me
ocupé de esto en una parte anterior de este tratado y es innecesario que me
explaye aquí sobre las dificultades (Sicología Esotérica, Tomo II del Tratado
sobre los Siete Rayos). Otros resultados son ciertas formas de insania,
lesiones cerebrales y esas brechas en la relación entre el cuerpo físico y los
cuerpos sutiles, que se manifiestan como la imbecilidad y trastornos
sicológicos. Otro tipo de enfermedad, que aparece como resultado de esta fuerza
de quinto rayo, es la hemicranea, causada por la falta de relación entre las
energías que se hallan alrededor de la glándula pineal y el cuerpo pituitario.
VI. “El Gran Ser se amó a Sí
Mismo en otros y en todas las formas. Por todas partes vio objetos de Su
devoción, y siempre probaron ser Él Mismo. Siempre se prodigó a Sí Mismo en
estos otros objetos, pidiendo respuesta, sin obtenerla nunca. Inevitable y
ciertamente los delineamientos de las formas tan amadas se perdieron,
desvanecieron y desaparecieron. Los objetos de Su amor fueron esfumándose
lentamente. Sólo quedó un mundo de sombras, de nieblas y brumas. Y cuando Él se
miró a Sí Mismo, dijo: Yo soy el Señor del Espejismo y el Ángel de la
Confusión. Nada me parece claro. ¡Amo, pero todo me parece erróneo! Sé que el
amor es lo correcto y el espíritu del Universo. Entonces, ¿qué es lo que está
mal?”.
En forma bastante curiosa la potencia de esta fuerza de
sexto rayo (a medida que nutre el deseo) es responsable de la mayor parte de
las dolencias y enfermedades de la humanidad, basadas en la tergiversación de
la misión y función del sexo. El deseo, el azoramiento, las debilidades, las
perversiones y el desarrollo unilateral del sexo y otras satisfacciones,
surgen por el mal empleo de esta energía. El azoramiento originado por el deseo
conduce a exigir violentamente una satisfacción y a dar esos pasos que
-correctos e incorrectos- proporcionan satisfacción. Los resultados abarcan un
amplio campo, desde la crueldad sádica y la lujuria hasta esos matrimonios
contraídos por el deseo físico y también esas condiciones que conducen a muchos
tipos de enfermedades sexuales. Una clave de este problema mundial reside en
las palabras de un antiguo escrito que dice: “la imperfección del Señor de
Sexto Rayo abrió la puerta para que se consumara un incorrecto matrimonio
entre los polos.”
VII. “El Gran Ser reunió para
Sí Sus fuerzas y afirmó Su intención de crear. Creó todo lo que es externo y
visible. Vio Sus creaciones y no le agradaron, y apartó Su atención; entonces
Sus creaciones murieron y desaparecieron. No obtuvo un éxito perdurable y sólo
vio el fracaso, a medida que recorría el sendero externo de la vida. No
comprendió la necesidad de las formas. A algunas Les otorgó una superabundante
vida, a otras demasiado poca; ambas murieron y no pudieron demostrar la belleza
del Señor que les dio vida, pero no les otorgó comprensión. En aquel entonces
no sabia que el amor sustenta.”
Los efectos de esta fuerza de rayo
son muy peculiares y prevalecerán mucho más que antes, pues este rayo está
ahora entrando en poder. Dicha energía es ampliamente responsable de las infecciones
y las enfermedades contagiosas. La nota clave del trabajo que realiza el
séptimo rayo consiste en reunir la vida y la materia en el plano físico. Sin
embargo, cuando se lo observa desde el ángulo de la imperfección constituye la
reunión (si pueden comprender la implicación) de la Vida, las vidas y la
vivencia general del proceso creador. Esto se halla simbolizado en la
promiscuidad y la incesante interacción de toda vida dentro de todas las vidas.
Su resultado es la actividad que despliegan todos los gérmenes y bacterias
dentro del medio que mejor los nutrirá.
Éstos son conceptos abstrusos y
difíciles, pero se debería reflexionar sobre ellos, pues una profunda
cavilación conducirá a la comprensión. Toda enfermedad y mala salud son el
resultado de la actividad o inactividad de cualquiera de los siete tipos de
energía, cuando actúan sobre el cuerpo humano. Toda enfermedad física surge
del impacto de esas energías imperfectas cuando golpean, penetran y atraviesan
los centros del cuerpo. Todo depende de las condiciones de los siete centros
del cuerpo humano; a través de éstos actúan las energías impersonales, llevando
vida, enfermedad o muerte, estimulando las imperfecciones del cuerpo o dándole
salud. Todo depende, en lo que concierne
al ser humano, de la condición del cuerpo físico, la edad del alma y las
posibilidades kármicas.
Les pediría que no interpreten mal el
significado de la palabra “imperfección”, que he empleado constantemente en
relación con los Grandes Seres, y expresan una divinidad inasequible para la
humanidad en este particular planeta. Se debe tener presente que el actual
sistema solar es el segundo y que en el primer sistema se destacó un
materialismo inteligente; la meta de los iniciados más elevados consistía en
obtener completo control sobre la materia, desarrollar el principio mental y
evidenciar un definido materialismo. En esos distantes eones eso marcó la
realización, mientras que en el actual sistema solar señala la derrota para la
humanidad. Este sistema, incluyendo a todos los planetas y también a nuestra
Tierra, tiene una meta diferente, y el segundo aspecto divino, el del amor, debe
ser manifestado, y manifestado por medio de la materia impregnada de las
cualidades desarrolladas en el primer sistema. Lo que fue perfección en aquel
entonces, no lo es ahora. Por lo tanto los Grandes Seres, suma total de todo lo
que existe, trabajan a través de la sustancia y en ella, la cual ya está
matizada o contaminada por aquello que debe ser abandonado y que no se someterá
a un mayor desenvolvimiento.
Las imperfecciones que estamos
considerando, son los siete aspectos del materialismo inteligente; es aquí
donde la enfermedad tiene su asiento y expresión. Se dice que el cuerpo físico
no es un principio; en el último sistema solar lo fue. En el actual, los principios
son diferentes, y en el choque entre lo que es y lo que será (lo que quiere ser)
tenemos, en el plano físico, las causas de la enfermedad y la muerte.
Reflexionen sobre estas cuestiones y tengan presente que deben ver el panorama
en amplia escala, lo más amplia posible, si quieren obtener una verdadera
comprensión de algunas de las causas de las enfermedades males y físicos.
CAPITULO CUARTO
Respuestas a Algunas Preguntas
LA MAYORÍA DE LAS
PREGUNTAS que hace el neófito no las haría, si tuviera más paciencia y
comprendiera mejor lo que estudia. El principiante debe esperar que se realice
el desarrollo en sí mismo y se expanda normalmente su conciencia, de acuerdo a
la instrucción. Sin embargo, el instructor puede invitar a formular preguntas
por ciertas razones:
1. Cuando se trata de un grupo
cuyos miembros son muy inteligentes, podrían progresar mucho a través de sus
preguntas y así aprenderían a conocerse y comprenderse mutuamente y también
podrían establecer líneas de intercambio que los vincularía más estrechamente.
2. Por medio de las preguntas el
instructor mismo puede ponerse en más estrecha armonía con el punto de vista
del estudiante. Por ejemplo, yo y el punto de vista occidental respecto al arte
de curar.
No olviden que en último análisis soy
oriental, y esa es mi raigambre y entrenamiento. Quizás conozca más
profundamente que ustedes acerca del arte de curar y de las energías que
constituyen el cuerpo humano, pero sus puntos de vista, terminología y actitudes
mentales son un tanto extrañas para mí. Sus preguntas me ayudarán a entender su
trasfondo y limitaciones, y ello me permitirá ayudarlos en forma más
inteligente.
3. La formulación de preguntas
inteligentes es el método ocultista de enfocar la mente, de sintetizar el
conocimiento y de llegar a ser consciente del campo de investigación y de posibles
expansiones de conciencia.
La Naturaleza de la Congestión.
¿Cómo podría definirles la palabra congestión
si el estudio para comprender la fuerza y la energía, y su mutua relación en
el cuerpo humano, está todavía en embrión? Decir que congestión es fuerza
congelada conduce a error; decir que es energía estática no significa nada;
decir que es una vibración irregular o arrítmica no tiene sentido. Mi problema es la carencia
de palabras y de términos correctos con los cuales impartirles la verdad
esotérica.
Quizás podría definir mejor la
palabra congestión, diciendo que es lo que impide la libre afluencia de fuerza
a través de los centros o centro, y de todo el cuerpo. Es de dos tipos:
1. La congestión que tiene
efecto dentro del centro mismo, y por lo tanto y como consecuencia, sobre la
glándula. Se la detiene ya sea al entrar en el centro (cuando no afecta a la
glándula, excepto en un sentido negativo), o al salir (cuando su efecto es
positivo en una u otra forma). Cuando la dificultad se produce al entrar en el
centro, entonces la energía es rechazada a su fuente de origen, el cuerpo
astral o mental. Así tenemos una inhibición sicológica. No hay impulso desde
adentro, al cual la glándula afín pueda responder. Cuando la dificultad está en
la salida y entra en el cuerpo físico, no habrá libre afluencia de fuerza,
afectando definidamente a la glándula relacionada con el centro, y la
afluencia arrítmica la sobrestimulará o no la nutrirá. Esto a su vez afecta a
la secreción glandular y más tarde a la corriente sanguínea.
2. La congestión que tiene lugar
cuando la energía o la fuerza de la vida fluye por todo el cuerpo físico, y a
medida que fluye encuentra ciertos tipos de debilidad, algunas zonas enfermas y
regiones donde su afluencia está obstaculizada o circula demasiado rápido. La
afluencia de energía puede ser detenida en ciertas zonas y también nutrir
partes enfermas del cuerpo, o también curar y limpiarlas. Una congestión
temporaria puede ser una fuerza benéfica así como maléfica. Quizás esto les sorprenda.
Nuevamente debo repetir cuán vasto es
el tema que estoy tratando, y todas las instrucciones anteriores y las
respuestas que doy a las preguntas sólo sirven para demostrar la complejidad
del tema, Pero si tienen paciencia y están dispuestos a aprender por absorción
más que por análisis, posteriormente descubrirán que saben mucho, en forma
intuitiva y discriminada.
Comprobación del Lugar de la
Congestión.
Hay tres maneras por las que el
curador puede comprobar la presencia y el lugar de la congestión y de cualquier
otro tipo de dificultad que produce enfermedades objetivas:
1. Ante todo tenemos la
clarividencia, que permite al curador comprobar visualmente dónde reside la
dificultad. Este tipo de diagnosis no siempre es exacto y puede estar
“matizado” por condiciones que existen en el curador mismo.
2. Existe una forma de
percepción directa, un proceso de “claro conocimiento”, una facultad del alma,
que es infalible cuando una persona ha aprendido a emplearla correctamente. Es
una mezcla de percepción mental y espiritual y un conocimiento definido, o una
intuición, si se quiere, que permite al curador en forma inequívoca señalar el
lugar de la dificultad y conocer su causa, efecto y fin.
3. Existe también un método más
físico, basado en la sensibilidad de la naturaleza inferior, que permite al
curador registrar en su propio cuerpo la misma dificultad que siente el
paciente. A esto se lo denomina “transferencia oculta” y sólo debería ser empleada
por quienes saben cómo absorber y disipar. En este caso el curador puede también
sentir la causa de la enfermedad por la afluencia de energía a la contraparte
etérica de la enfermedad física, o por el extremo emocionalismo o respuesta
sensible en la contraparte astral.
La Causa Dual de la Congestión.
Permítanme hacer una o dos
consideraciones concisas y luego explicarlas. Primero, la condición subjetiva sola
no puede causar una congestión externa. El alma ha dispuesto expresarse por medio
de un cuerpo que tiene ciertas predisposiciones.
Segundo, lo subjetivo es un
factor causativo cuando colabora con las tendencias inherentes al cuerpo
físico; por lo tanto resulta imposible evitar que se produzcan congestiones,
porque la vida subjetiva determina la condición, y el cuerpo físico está predispuesto
a ciertas enfermedades. Tal es la voluntad del alma. Aquí podría puntualizar
que en esta etapa de la evolución humana, las condiciones subjetivas nunca son
correctas.
Tercero, la condición externa por sí
sola no puede ser un factor causativo. Si mis principales premisas son
acertadas (y esto probará la nueva y venidera, ciencia), entonces las
observaciones del mundo médico deberán reajustarse a los hechos. El factor
causativo existe en la unión de los existentes factores internos y externos.
Permítanme aclarar un poco más la
cuestión, pues la confusión puede ser causada por la idea de que la enfermedad
es el resultado de dos causas, una interna y otra externa. La
situación subjetiva es la iniciadora.
Algún factor sicológico induce a un erróneo empleo de la energía, que pone en
movimiento esas tendencias internas que hallan su salida hacia el plano físico
como factores vitales determinantes. Allí entran en contacto con el cuerpo o
expresión física, que tiene ciertas predisposiciones, debilidades heredadas,
deficiencias glandulares todas las cuales formaron parte del equipo necesario,
por el cual el alma determinó que ciertas imprescindibles lecciones deberían
aprenderse. La relación establecida entre las fuerzas externas e internas es
la causa básica (expresándose en dos causas), la cual produce algún tipo de
enfermedad. Nuevamente, los aspectos negativos y positivos, puestos en
relación, producen un tercer factor: la manifestación de algún tipo de
enfermedad.
Si me hablan de perfectas condiciones
físicas diré que no conozco ninguna, tampoco un cuerpo físico o ambiente al
cual podría aplicársele tal término. Debe existir la situación y la causa sicológica
interna, que es la realidad subjetiva (en pequeña escala), y también la
condición física externa, manifestándose como debilidad o imperfecciones;
éstas, a su vez, constituyen tendencias traídas de vidas anteriores,
predisposiciones, una lesión hereditaria o una dificultad latente, basadas en
primitivos intereses de la vida o en prácticas perjudiciales. Uniendo estos dos
principales factores determinantes, y de acuerdo a la ley, se producirá
inevitablemente alguna manifestación visible de la enfermedad o dificultad
física; ésta puede ser grave o de poca importancia; peligrosa para la vida o
producir malestar temporario. Ninguna condición externa por sí sola puede
causar la enfermedad, pero la dificultad reside en que la medicina moderna aún
no acepta la hipótesis de la causa oculta, excepto esas causas superficiales
como, por ejemplo, que la preocupación y la intensa ansiedad pueden agravar
las dolencias cardiacas existentes. Tampoco acepta esos factores que pueden
atribuirse a una vida anterior. En el caso de las enfermedades contagiosas, la causa interna es de origen
grupal, y tienen por lo tanto un efecto grupal externo, siendo una expresión
del karma grupal. La dificultad del problema es por consiguiente muy grande.
Debe haber, como podrán percibir, dos
factores existentes, que cuando están relacionados y estimulados producen la
enfermedad. Debería recordarse que la elección de un cuerpo por el alma, y el
tipo de vehículo por el cual puede aprender ciertas lecciones y dominar
ciertas experiencias educativas, es un tema muy poco comprendido. En conexión
con esto, recordaré que la enfermedad es a menudo un sistema de eliminación,
benéfico en sus efectos. Es la manifestación de un factor interno indeseable, y
cuando las causas internas y externas se llevan a la clara luz del día, pueden
ser manejadas, comprendidas y a menudo disipadas y extirpadas por el
padecimiento que causan la enfermedad y el dolor. Estas palabras son un tanto
duras.
Algunos Tipos de Enfermedad.
La artritis y la diabetes son
enfermedades que tienen su origen en el cuerpo astral, pero si puedo explicar
algo en forma inadecuada, diré que la artritis es principalmente más objetiva
que la diabetes, pues es el resultado de la satisfacción de los deseos físicos
cuando se expresan por el alimento, ya sea en esta vida o en una anterior. No
existiría artritis o habría poca, si la raza se alimentara correctamente y si
comprendiera los verdaderos valores y efectos de la alimentación. La diabetes
es más definidamente el resultado de erróneos deseos internos, y no de
los erróneos deseos externos, y puede originarse en la actual vida, como
ya expresé, o heredarse de una existencia anterior. En este último caso el alma
encarnante elige una familia en la cual nacer, que le proporcionará un cuerpo
con tendencia o predisposición natural a esta enfermedad.
Tenemos aquí un vasto campo de investigación;
deberían aislarse los tipos que son presa fácil de ciertas enfermedades
grupales.
La sífilis y la artritis entran en la
categoría de enfermedades que se basan mayormente en la satisfacción del deseo
físico. El cáncer y la diabetes entran más definidamente en el tipo de enfermedades
vinculadas con los deseos emocionales internos y en la vida de deseos, que en
muchas personas ha sido violentamente inhibida. Las enfermedades infecciosas
como el sarampión y la escarlatina, la viruela o el cólera, son en forma
bastante curiosa y definidamente enfermedades grupales y aliadas a la
naturaleza mental. Esto les sorprenderá, pero es así.
Un estudiante que posea algún
conocimiento de las causas ocultas podría suponer que cuando la gente cambia
su foco de atención de la naturaleza física a la emocional, o de la emocional a
la mental, está propensa a contraer las enfermedades antiguas, tales como la
sífilis y el cáncer, que padeció la raza lemuria. Pero esto no es así.
Recordaré que las personas no
contraen tales enfermedades porque han trasladado su conciencia, sino por el
mal empleo de ciertos poderes que Dios les ha otorgado. El cambio de conciencia
y la enfermedad no tienen la más remota relación. También recordaré que hoy
las personas constituyen una mezcla de tres estados de energía denominados
físico, emocional y mental, o sea estados de conciencia lemuria, atlante y
aria. Hoy existe escasamente el tipo puro, es decir, predominando uno u otro.
Comúnmente son una mezcla de los tres. Será difícil encontrar una persona o
paciente “que traslade su foco de atención del físico al emocional”. Será
emocional o mental, y durante breves momentos, desde un punto de vista
estrictamente fisiológico, será físico. Las líneas más claras de demarcación
pueden observarse en el caso de los discípulos que están decidida y
conscientemente esforzándose por cambiar
su foco de atención al plano mental. Sin embargo, viven predominantemente en
una región denominada kama-manásica, lo que significa astral y mental. Es un
nivel intermedio de conciencia. Sólo puedo dar amplias generalizaciones,
diciendo que las condiciones sifilíticas son generalmente de origen más físico
que el cáncer. No es posible dar líneas claras de demarcación, y debe
recordarse siempre que ciertas enfermedades, que tienen su origen en un pasado
muy distante, pueden desarrollarse en una encarnación determinada; las
simientes de la condición han permanecido aletargadas durante edades, en el así
llamado átomo permanente. Quizás no tengan sus raíces en el tenor o cualidad de
la vida actual. Repentinamente surgen a la vida e influyen sobre la encarnación
actual e incidentalmente ofrecen la oportunidad para la liberación.
La Fiebre.
La fiebre indica simplemente
dificultades y es un sistema básico de purificación y eliminación. Es un
indicador y no la enfermedad en sí. Reflexionen sobre esto y aplíquenlo en
todos los planos, pues la fiebre del plano físico tiene su contraparte astral y
mental. Es energía excesiva que consume y, al hacerlo, alivia y cura (ya sea
subyugando al germen o conjunto de energías que la provocó, o mediante el poder
liberador de la muerte). Toda vez que es posible, y el cuerpo físico es
suficientemente fuerte para resistir la tensión, conviene dejar que la fiebre
siga su curso durante un tiempo, pues es el método que emplea la naturaleza
para curar ciertas condiciones indeseables. La fiebre no sólo advierte la
presencia de lo que causa el malestar, sino que contiene en sí un definido
valor terapéutico. Se requiere una cuidadosa vigilancia y equilibrio;
equilibrar las energías del cuerpo. Mientras la fiebre prevalece, el cuerpo
queda relativamente inutilizado, afectando sus actividades normales. Respecto a
la curación y al correcto tratamiento
de la fiebre, la profesión médica ortodoxa conoce mucho, y tal conocimiento
será suficiente hasta que sean mejor comprendidas las causas de la fiebre, y
los médicos puedan trabajar con la causa y no con los efectos.
El superemocionalismo es una analogía
astral de la fiebre física e indica que prevalece el germen del deseo, el cual
debe ser tratado antes de que pueda bajar la fiebre. Su analogía mental es una
mente superactiva, mal regulada, muy ágil, pero fútil en realizaciones.
La Cura del Cáncer.
En toda enfermedad de naturaleza
maligna, existe un núcleo vital o centro viviente de energía, que absorbe,
lenta o rápidamente, según el caso, la fuerza vital del hombre. En las
primeras etapas de una enfermedad corno el cáncer, el núcleo vital no se
descubre hasta que la condición maligna
es tan potente que resulta excesivamente difícil prestar ayuda. Sin embargo su
curación es posible únicamente en esas primeras etapas. Entonces puede ser
efectuada la curación, pero repito, sólo si se invoca la voluntad del paciente.
Poco puede hacerse en los casos de cáncer a no ser que haya una inteligente
colaboración de quien ha de ser curado, porque el único método (que detallaré
más adelante) consiste en fusionar la voluntad dirigida del paciente y la del
grupo curador, en una funcionante unidad de fuerza. Cuando esto ha sido
realizado, entonces la energía invocada y concentrada seguirá al pensamiento,
de acuerdo a la antigua ley, y así estimulará la zona que rodea el cáncer (es
decir, los tejidos sanos) para que sean absorbidos los tejidos enfermos y
débiles, por los tejidos sanos y fuertes. Si la energía es dirigida
directamente al cáncer, la condición cancerosa será estimulada y la dolencia
se multiplicará. La curación del cáncer en sus primeros indicios se hace en dos
etapas:
1. La estimulación de los
tejidos sanos.
2. La construcción de nuevos
tejidos para reemplazar a los enfermos, los cuales son expulsados y absorbidos
gradualmente.
El cáncer siempre aparece antes de la
transmutación de la fuerza emocional, debido a que muy pocos discípulos (y por
lo tanto mucho menos personas comunes) han logrado la transmutación de la
emoción. La liberación de la emoción es tan rara que -en esta etapa de la
historia del mundo- podría decirse que no existe.
Ninguna persona integrada que
funciona activamente, tiene predisposición para contraer una enfermedad como el
cáncer, o cualquier otra enfermedad, como sucede con las personas de tipo
emocional; aquellas son más propensas a las perturbaciones cardíacas. Una vida
plenamente activa impide una enfermedad como el cáncer, aunque no siempre. A
medida que las fuerzas vitales circulan más lentamente y se acerca la vejez, a
menudo aparece el cáncer, lo cual comprueba la veracidad de mi primer
argumento. En días como estos, en que el cáncer es el segundo gran agente de
destrucción y mortalidad (y si estoy en lo cierto el cáncer es una enfermedad
planetaria), casi todos están propensos a contraerlo. El temor es el gran
factor predisponente, como también la inercia y el emocionalismo.
La Demencia Precoz.
¿Qué es demencia precoz? ¿Evidencia
este fenómeno una herencia grupal de familia? ¿Podría ser una clave el hecho
de que se manifiesta en los primeros años de la adolescencia? ¿Es correcta la
actitud del médico clínico que la clasifica en la categoría de incurable?
Estas y similares preguntas son formuladas por los estudiantes y practicantes
de la curación.
Dichas enfermedades físicas,
clasificadas con el título general de demencia, son mucho más abstrusas de lo
que comúnmente se cree. De acuerdo al
punto de vista de los esotéricos se clasifican en las relativamente simples
categorías siguientes:
1. Las que se deben a la
deterioración del tejido cerebral. Muchas de ellas y más de lo que se admite,
son definidamente de origen sifilítico, y recordaré que, esotéricamente
hablando, por lógica es así, pues los órganos sexuales físicos son la analogía
inferior de la relación negativa-positiva que existe en el cerebro entre los
dos centros de la cabeza y las glándulas pituitaria y pineal.
2. Las que se deben al
sobrestímulo de las células cerebrales, por algún tipo de energía que
desequilibra otras formas y produce ciertos tipos graves de insania.
3. Aquellas donde no existe una
verdadera dificultad física, ni lesiones o tejidos enfermos, sino simplemente
una floja conexión entre el cuerpo etérico y el vehículo físico denso. Entonces
trae obsesión o posesión. Tales casos son frecuentemente (debería decir,
comúnmente) considerados por los siquiatras ortodoxos y los médicos, como tipos
de demencia, aunque en realidad no lo son. Si la persona afectada puede ser
puesta nuevamente “en posesión de sí misma” por un sicólogo comprensivo -y esto
es muy posible-, entonces cesa la perturbación. En la actualidad, hay una
pronunciada tendencia, entre los sicólogos más progresistas, a tratar estos
casos, basados en la hipótesis que he enunciado, y esto constituye un adelanto
definido.
4. Aquellas donde ocurren
ciertos tipos hereditarios de desequilibrio mental, causados por
acontecimientos originados en otras vidas, y constituyen karma punitivo o
retributivo. Para que esto suceda, el alma elige deliberadamente, como vehículo
físico, esa forma que contendrá ciertas taras heredadas, introducidas allí por los Señores del Karma, cuando el
alma es incapaz de aferrarse a su vehículo -como sucede con los no
evolucionados-, o con propósito e intención, cuando el cuerpo, por estar
altamente evolucionado, puede ser dirigido por el alma. No coloco estos
distintos tipos de insania o desequilibrio bajo diferentes rótulos, porque el
tema es demasiado complicado, y a menudo existen varios factores
predisponentes, y frecuentemente hay sólo indicaciones de dificultades que
nunca pueden llegar a ser graves. Únicamente enumero las categorías, dejando
al investigador la tarea de clasificar los síntomas y asignarles la causa
correspondiente, después de mucho trabajo experimental. El momento está
cercano.
5. Aquellas en que la mente es
indebidamente fija y estática y controla el cerebro tan irracionalmente que
parece existir un sólo punto de vista, una sola actitud hacia la vida y ninguna
fluidez y capacidad para adaptarse. Tales individuos pueden sufrir, por
ejemplo, lo que se denomina idea fija o pueden ser víctimas de algún
pensamiento mental obsesionante. Dichas obsesiones mentales pueden abarcar
desde un fanatismo moderado a una manía religiosa, con sus paralelas
características de sadismo, crueldad y morbosidad generales.
La demencia precoz puede ser ubicada
en el primero y cuarto grupos, y comúnmente es una mezcla de los factores que
describe a ambos. En todos los casos es heredada, y si no lo es, aparentemente
en forma física, entonces está basada en las condiciones astrales heredadas,
que a su vez contribuyen a determinar las condiciones físicas. Es de origen
sifilítico (frecuentemente traída de otra vida) siendo, en esta vida
particular, totalmente incurable.
Su base sexual se manifiesta porque
se presenta en los primeros años de la adolescencia. Sin embargo, se puede
ayudar mucho al paciente en las primeras etapas, si los síntomas son
debidamente reconocidos y es dirigida su vida mental, y la eficacia dinámica de nuevos intereses es
aplicada. Una motivación espiritual en intereses análogos puede a veces
retardar el desarrollo de la enfermedad; cuando esto ocurre y la enfermedad es
tratada desde los primeros años de la vida, pueden evitarse las peores crisis.
Dentro de la medida en que el paciente trata inteligentemente de ayudarse a sí
mismo, protegido también por el cuidado inteligente de un médico, puede
contrarrestarse grandemente la perturbación, particularmente en lo que
concierne a su repetición en otra vida.
Muchos de tales problemas están
intrínsecamente ligados al pasado, y hasta que no sean dadas al mundo las
leyes que rigen el renacimiento, me será difícil explicar los procesos que
rigen la herencia física, los resultados kármicos y también lo que se denomina
karma retributivo. El reconocimiento de los tipos más sutiles de enfermedad y
la ayuda de los sicólogos, en colaboración con la medicina ortodoxa (que
indudablemente tiene su lugar, por ejemplo, en la administración de los
correctivos glandulares), además del correcto tratamiento higiénico desde la
infancia, realizará mucho y extirpará gradualmente las enfermedades mentales y
cerebrales que todavía son tan numerosas y penosas.
La Eutanasia.
Algunos estudiantes están preocupados
por el organizado esfuerzo que se realiza para legalizar la eutanasia, y
tienen sus dudas sobre si debe otorgarse a los médicos el poder de vida o
muerte.
Tampoco ignoran que también está implicado el
factor humanitario en los casos donde no se puede aliviar un prolongado
sufrimiento. A ellos les diré:
El problema que presenta una
consideración de la práctica de la eutanasia propuesta, no existirá cuando se
obtenga la continuidad de conciencia que niega la muerte. Ello significa que
llegará un momento, en el desarrollo racial, en que el alma sabrá que ha
llegado al término de su ciclo de vida
física, y se preparará para retirarse de la forma con plena conciencia. Sabrá
que ya no necesita los servicios que presta la forma y que ella debe ser
descartada. Sabrá que su sentido de percepción, enfocado en la
naturaleza mental, es suficientemente fuerte y vital como para llevarla a
través del proceso y episodio de la abstracción. Cuando el hombre haya
desarrollado esta conciencia y el proceso sea reconocido por la profesión
médica y los estudiantes científicos del mecanismo humano, entonces toda la
actitud hacia la muerte y sus procesos, involucrando, como lo hacen, el dolor y
el sufrimiento, serán alterados materialmente. Cuando al hombre le llegue el
momento de morir, tendrá a su disposición ciertos métodos de liberación que,
desde el punto de vista general, podrán ser considerados como involucrando la
eutanasia. Los métodos de abstracción se estudiarán y aplicarán cuando se
acerca la muerte, y el proceso será considerado como el retiro del alma y
también como liberación y emancipación. Este momento está más cerca de lo que
se imaginan.
Graves peligros acechan hoy al
proceso de acelerar el retiro del alma, y las salvaguardas legales requerirán
un cuidadoso estudio; aun entonces surgirán graves y serias cuestiones. Pero
debe ser desarrollado algún aceleramiento del proceso de la muerte. Sin
embargo, la voluntad de morir del paciente no está basada hoy principalmente en
el conocimiento y en la polarización mental, o en una continuidad de conciencia
ya lograda, sino en las reacciones emocionales y en el horror al dolor y al
temor.
No obstante, cuando el sufrimiento es
terrible y no existe absolutamente ninguna esperanza de prestar una real ayuda
o lograr una recuperación, y cuando el paciente está dispuesto (o la familia
lo está si se halla muy enfermo), entonces, bajo una adecuada salvaguarda, algo
debe hacerse. Pero el momento de la partida no podrá basarse en la emoción y
compasión, sino en las ciencias espirituales y
en la correcta comprensión de las posibilidades espirituales de la
muerte.
Los Gérmenes.
Cuán inadecuadas son las palabras
para explicar la verdad. Empleamos la palabra “germen” para indicar la fuente
de alguna enfermedad o el tipo de origen. Hablamos del germen o simiente de
vida; nos referimos al germen de una idea; significamos ese punto intangible de
energía que más adelante se convierte en una especie de forma manifestada.
Puede ser una forma mental, un ser humano o una enfermedad, sin embargo, la
misma palabra debe bastar para todas. A menudo he dicho que todo es energía y
nada más existe. Un germen es un punto de energía que contiene en sí ciertas potencialidades
vivientes, causando ciertos efectos sobre el campo circundante de energía,
produciendo ciertas formas de expresión, reconocibles en el plano físico. Pero
en último análisis, sólo se refiere a un tipo de energía activa que forma
parte de la energía disponible que se halla dentro y alrededor del planeta
Tierra y sobre él.
Respecto a la enfermedad, un germen
continúa siendo un punto de energía, pero debe ser considerado como energía que
no funciona correctamente en relación con la forma particular que se ha hecho
susceptible a su actividad o es consciente de su presencia.
Los gérmenes son el primer efecto de
una causa original. Algunos pocos forman parte del mal planetario, lo cual
significa que tienen un origen mental profundamente arraigado y de tal
magnitud, que la mente finita de los hombres no puede concebirlos. Por
ejemplo, los efectos de tales causas pueden ser una violenta, ardiente y
frenética devoción a una idea o persona, o pueden manifestarse como una fiebre
en el cuerpo físico, análogamente violenta y ardiente y, de acuerdo a sus
síntomas, la profesión medica le
aplicará un nombre técnico. La causa originante es la misma y los efectos sobre
la personalidad diferirán de acuerdo al foco de atención o donde se haya puesto
el énfasis de la vida. Reflexionen sobre esto porque aquí he sugerido algo muy
importante.
Cuando emplee las palabras “el foco
de atención”, no me referí a ninguna actitud mental o a una mente atenta, sino
al impacto de la fuerza vital en determinada dirección, lugar y aspecto del
cuerpo humano, hacia donde la energía vital va dirigida. Los gérmenes son
organismos vivientes, grandes o pequeños. Se introducen en el mecanismo humano
por intermedio de la fuerza vital, que a su vez utiliza al corazón y a la
corriente sanguínea como agentes distribuidores, de la misma manera que la energía
de la conciencia utiliza al sistema nervioso y al cerebro como agente
distribuidor. Donde existe debilidad inherente o heredada, la fuerza vital no
está adecuadamente enfocada, entonces tendremos algún tipo de congestión, un
desarrollo detenido o alguna predisposición a la enfermedad. Cuando esto
sucede, los gérmenes pueden hallar un lugar fructífero en el cual desplegar su
actividad maligna. Cuando la vitalidad es grande y la fuerza vital circula
libre y sin impedimento, entonces no existirán estas predisposiciones, el
germen no hallará donde alojarse ni habrá riesgo de infección.
La escarlatina, por ejemplo, es contagiosa,
pero no todos los que se exponen a ella la contraen. La posibilidad de
desprenderse de la infección y estar inmune a las enfermedades contagiosas es
mayormente una cuestión de vitalidad (quizás vitalidad en zonas determinadas
del cuerpo donde reside el foco de atención y el énfasis de la fuerza vital).
También puede basarse en la actividad de los corpúsculos de la sangre, que sirven
para mantener en buenas condiciones la corriente sanguínea.
Este enfoque y énfasis es el mismo, respecto a
los animales, pues no es el enfoque de la mente sino el de la energía vital en
el cuerpo físico. Cuando ella se halla presente y es positiva, protege. Cuando
es negativa y débil, deja al cuerpo físico (humano o animal) abierto a los
peligros de la infección.
No puedo explicar más plenamente
esto, porque el problema del origen y método permanecerá insoluble mientras el
hombre emplee el actual acercamiento mental y las reacciones emocionales al
dolor y a la enfermedad, y mientras ponga el mismo exagerado énfasis sobre la
vida de la forma. Cuando se haya desarrollado un mejor sentido de
proporción y los hombres comiencen a pensar en términos de alma, propósitos y
destino, entonces la enfermedad, tal como la conocemos, se clasificará en dos
principales categorías:
1. Las que purifican y hacen
necesario un período de tonificación y descanso para el cuerpo, en preparación
para continuar la vida en la tierra.
2. Las que producen el retiro, o
abstracción del alma, en sus dos aspectos, vivencia y conciencia.
Las Inoculaciones.
¿Qué concepto se tiene o qué valor se
le da a la inoculación o vacunación, desde el punto de vista ocultista o
esotérico?” Esta pregunta se halla a menudo en la mente de los curadores cuando
formulan otro interrogante, verdadero fundamento de su interés. “¿Afecta a los
cuerpos sutiles? ¿Cómo?”.
La inoculación no tiene ningún objeto
ni valor oculto, como no lo tiene el hecho de dar una inyección hipodérmica.
Todo el asunto concerniente a los sueros e inoculaciones han sido excesivamente
acentuados por los denominados estudiantes de ocultismo. Actualmente el cuerpo humano es el receptor de una
cantidad tan enorme de sustancia, precipitada desde afuera al interior del
cuerpo, que el tema, no obstante ser de mayor importancia, es al mismo tiempo
de menor importancia de lo que los hombres creen. Ésta es la paradoja que les
presento. La ingestión de alimento erróneo de todo tipo, la inhalación de humo
durante siglos, la respiración de aire
contaminado, la ingestión de medicinas, píldoras y tabletas de toda
descripción, el saqueo de los reinos vegetal y mineral en la búsqueda de sus
ingredientes, la inyección de sustancias minerales, de drogas y sueros, causa
a veces admiración el maravilloso poder asimilador que posee la estructura
humana.
Sin embargo, para ser justo, quisiera
recordarles, en lo que concierne al bienestar físico del hombre, esos métodos
y técnicas occidentales han dado por resultado una raza más saludable que la
oriental, han prolongado definidamente la vida humana y eliminado innumerables
y penosos flagelos físicos que exigían su tributo al hombre. Esto, como
oriental, lo admito. He descrito la situación con el fin de ampliar vuestro
punto de vista, comenzando de lo especifico al todo.
Referente a la enfermedad y a la
inoculación, recordaré que existen tres grupos de enfermedades que no son
peculiares al hombre, pero sí nativas del planeta. Dichas enfermedades se dividen
en tipos totalmente diferentes en todos los reinos de la naturaleza, y estos
tres tipos o grupos de enfermedades son:
1. El cuantioso grupo de
enfermedades cancerosas.
2. El grupo de enfermedades
sifilíticas.
3. La tuberculosis.
La mayoría de las objeciones que presentan
los médicos con tendencias ocultistas están basadas inconscientemente en el sentimiento
de que deberían existir métodos superiores que controlen las enfermedades del
hombre, en vez de inyectar en el cuerpo humano sustancias extraídas de los
cuerpos animales, lo cual ciertamente es exacto y algún día será comprobado.
Otra reacción de su parte es de sensible desagrado, aún no reconocido
ampliamente. Otra objeción más vital estaría basada en el sufrimiento producido
a los animales que proveen vacunas y otras sustancias.
El efecto en los cuerpos internos es
prácticamente nulo, y mucho menor que las mismas enfermedades. He aquí un
interrogante muy interesante para el futuro. ¿En qué medida las condiciones
enfermizas del cuerpo humano pueden alcanzar y afectar los cuerpos internos,
desde el ángulo estructural? No tengo la intención de responder a esta
pregunta. La medicina moderna controla las enfermedades, principalmente de tres
modos: por medio de la ciencia sanitaria, de la medicina preventiva y de la
inoculación. Éstas son las analogías inferiores de los métodos empleados en la
actividad emanada del plano astral, de los niveles etéricos y de la tierra
misma.
La ciencia de la sanidad, el uso del
agua y el creciente conocimiento de la hidroterapia son la precipitación sobre
la tierra, de ciertas actividades
internas del plano astral, de naturaleza muy definida. Desde el ángulo del
aspirante, a estos métodos se los denomina de purificación.
La ciencia de la prevención (de las
enfermedades y de la muerte) es la precipitación sobre la tierra de ciertos
procedimientos en el plano etérico, por los cuales son empleadas correctamente
las fuerzas y controlados ciertos agentes destructores, evitando que sigan su
marcha destructora.
La ciencia de la inoculación es
puramente física en su origen y concierne únicamente al cuerpo animal. Esta
ciencia será en breve reemplazada por una técnica superior, pero aún no ha
llegado el momento.
Las Glándulas.
“¿Es posible, mediante ciertos tipos
de meditación, estimular los lóbulos anterior o posterior del cuerpo
pituitario, cuando existe un mínimo funcionamiento? Una fórmula de meditación
designada para integrar la personalidad, ¿podrá automáticamente solucionar la
dificultad y establecer una adecuada actividad pituitaria y podrá también
regular y equilibrar la actividad de otras glándulas importantes?”
Tenemos aquí varios interrogantes; el
asunto es demasiado vasto para ser tratado dentro de los límites y el tiempo
disponibles.
Sin embargo, diré, muy brevemente,
que la estimulación de cualquier lóbulo del cuerpo pituitario y análogamente de
alguna de las glándulas, por medio de la meditación practicada por el neófito,
es una empresa muy peligrosa. Puede lograrse, pero no es un procedimiento
aconsejable, excepto bajo la experta supervisión de aquellos que saben y ven
más que ustedes. Las glándulas son el resultado de la actividad o la
inactividad de los centros o chakras del cuerpo, y logran un desarrollo
paralelo, que depende del rayo y del grado de evolución. El tema es vasto y
difícil, y quisiera que recordaran que la constante centralización sobre los
factores físicos que existen en el equipo de la personalidad no
es la forma de actuar del discípulo. Debe lograrse, como se sugiere, la integración
de la personalidad y llegar a ser un canal puro para el alma. Tal integración
es el resultado, normalmente adquirido, de
1. la construcción del carácter,
2. el contacto con el alma, a
través de la meditación, y
3. la expresión de la vida, a
través del servicio.
La práctica de
estos tres, durante muchos años, inevitablemente producirá los resultados
deseados, en lo que respecta al equipo glandular, y hasta donde el mecanismo
pueda resistir la presión de los requisitos del alma, pues ellos deben ser
llenados en cada vida específica.
El Cuerpo Vital.
“¿Qué factores principales se
requieren para la construcción de un cuerpo vital fuerte y saludable? ¿Puede
una persona, si posee un cuerpo vital más o menos débil, fortalecerlo? ¿No
podría ser saludable al mismo tiempo ese cuerpo vital débil y la debilidad manifestarse
en la falta de resistencia y lentitud para recuperarse de la fatiga?”
Esta concisa pregunta puede ser
brevemente respondida. En efecto debe ser así, pues de otra manera sería
necesaria una larga discusión respecto al tema del cuerpo vital, el cual es
demasiado vasto para tratarlo aquí, y sus implicaciones innumerables. Acerca de
ello he dado mucho en varios de mis libros.
Cuando hablan de un cuerpo vital débil
presumo que se refieren a que está flojamente coordinado y conectado con el
vehículo físico, y por lo tanto débilmente aferrado a la forma externa, pues
la estrecha integración del cuerpo etérico con la forma física es la causa de
su poder de resistencia. Sí, se está en lo cierto al creer que se puede gozar
de perfecta salud, y sentirse fatigado.
Los principales factores para el
restablecimiento o el logro de un mejor control etérico son:
1. Los rayos solares.
2. Un cuidadoso régimen,
acentuando proteínas y vitaminas.
3. Evitar la fatiga y la
preocupación.
En la actualidad
el clima, las condiciones mundiales, el medio ambiente y nuestra civilización,
militan contra lo antedicho y por lo tanto el individuo debe resignarse a
aceptar un estado de cosas que está fuera de su control individual.
Una vida normal, sensata, regulada,
es la mejor manera de lograr una mayor medida de vitalidad. Presumo que se
refieren a esto. Sin embargo, ha de recordarse que donde existe un cuerpo
etérico desvitalizado y las condiciones son tales que el restablecimiento de
un control vital parece difícil o imposible, entonces deben reconocer las
limitaciones kármicas y estar dispuestos a someterse a ellas y dejar que las
cosas se arreglen por sí solas. Esta vida particular no es la única. Por lo
tanto, a menudo sucede que las condiciones no pueden ser cambiadas en
determinada encarnación y se prolongan debido a la rebelión y sublevación internas.
Un discípulo debe aprender a seguir adelante, según la expresión, a pesar de
las circunstancias y no debido a ellas.
El Prana.
Abundante información acerca de la naturaleza
del prana se halla en libro Tratado sobre Fuego Cósmico y en el libro de A.A.B.
La Luz del Alma,1
donde se considera todo el tema.
Sólo diré que:
1. En la manifestación no existe
más que energía, que toma una forma, la emplea, activa y disipa.
2. Esta energía se divide en
tres tipos de los denominados fenómenos eléctricos, que en La Doctrina
Secreta y en Tratado sobre Fuego Cósmico se los denomina fuego por
fricción, fuego solar y fuego eléctrico.
3. Prana es el nombre dado a la
energía atraída al plano físico, desde el aspecto etérico de toda vida
fenoménica Este aspecto etérico de la energía divina es una síntesis de
energías. Si la energía en la cual un individuo primordialmente vive, se mueve
y tiene el enfoque de su ser, es, por ejemplo, predominantemente astral,
entonces la principal expresión de la energía de su equipo será la energía
astral o emocional sensoria. Siempre reaccionará a la energía física o prana y
a la energía astral o a las innumerables fuerzas emocional sensorias. Éstas
actúan preeminentemente a través del bazo, el plexo solar y la garganta, y
afectan de diversas maneras al bazo físico, al estómago y a la glándula
tiroides.
4. El interés puesto sobre los
dos tipos de energía, cuando lo evidencia un individuo, se basa en el hecho de
que el mismo se halla habitualmente sumergido en ambos, y a ellos responde
normal y más fácilmente.
5. La corriente de energía
utilizada en la curación será la síntesis de las energías con las cuales el
curador comúnmente trabaja, con ese tipo de energía predominante que constituye
para él la suprema energía de su vida. El curador común e ignorante, por lo
general y simplemente es un transmisor de prana, la energía del planeta. Ésta
se combina con las energías físico etéricas del paciente, pasando a través del
cuerpo del curador, las cuales estimulan suficientemente al paciente para
permitirle eliminar la enfermedad debilitadora. Algunos curadores pueden trabajar
con ese tipo de fuerza, mezclada con la energía emocional, logrando así activar
no sólo el cuerpo físico del paciente sino también su cuerpo astral. Esto
acarrea a veces serias dificultades y a
menudo obstaculiza la verdadera curación física, debido el trastorno astral
producido. Sobre esto no puedo explayarme, pues no tengo tiempo para
dilucidarlo extensamente. Los curadores
mentales (los cuales ciertamente son muy raros de encontrar) mezclan la energía
del alma con las dos fuerzas mencionadas, y ello produce la síntesis de las
fuerzas de la personalidad. Llevada a cabo inteligentemente esta síntesis,
logra la curación de la persona mediante la organización y alineamiento
definidos.
La cura egoica reemplaza a los tres
métodos mencionados, haciendo que la energía pura del alma afluya al mecanismo
del paciente y a través de éste. De esta manera actuaba Cristo, y muy pocos
hombres actualmente pueden hacerlo. Sin embargo, deben tenerlo presente como
objetivo a alcanzar.
La curación física mediante el prana
es muy común. Con frecuencia es temporariamente eficaz, pues concierne y trata
los efectos, nunca las causas. La enfermedad por lo tanto puede mitigarse pero
nunca curarse. El poder de curar mentalmente se acrecienta y produce efectos
relativamente permanentes, pero la curación astral es rara y pocas veces tiene
éxito. El poder de la naturaleza astral del curador y también el del paciente,
y su condición generalmente irregular, son demasiado grandes para un trabajo
eficaz, debido a la polarización de la humanidad actualmente y a la falta de un
correcto equilibrio y control emocionales.
Los Cuerpos Oriental y Occidental.
Algunos curadores se preguntan
asiduamente si existen diferencias en las causas y efectos de las enfermedades
experimentadas en un cuerpo oriental u occidental. Responderé que:
La humanidad es una y la misma en
todo el mundo, y ambos cuerpos, oriental u occidental, están predispuestos a
las mismas enfermedades y manifiestan los mismos síntomas, todos sufren de
tuberculosis, de cáncer y muchas taras sexuales; todos mueren frecuentemente por neumonía e influenza. Mediante la sanidad
y otros métodos curativos, llevados a cabo en gran escala, antiguas
enfermedades (heredadas de los atlantes), tales como la peste bubónica y el
cólera, van siendo lentamente extirpadas. Todavía brotan en Oriente, debido al
vigor de las antiguas civilizaciones, a la carencia de alimentos y sanidad y a
la densa población. Hay también enfermedades climáticas, que desaparecen por el
aire frío de los hemisferios polares. Ciertas enfermedades son el resultado de
erróneos regímenes alimenticios, empleados durante innumerables siglos.
Una de las principales razones de la
aparente diferencia (si existe) debe atribuirse a la mayor antigüedad de las
razas orientales. Las enfermedades de la vejez, de la madurez y de la juventud
tienen sus variaciones, y Asia y sus pueblos son muy, pero muy antiguos. Las
reservas del cuerpo se van agotando rápidamente. Sin embargo, los japoneses no
manifiestan signos de esa vejez. La India es mucho más vieja que Europa, pero
la estirpe de chinos y japoneses es más antigua aún; no obstante no demuestran
los signos de una senil vejez. La razón de ello reside en los distintos tipos
de cuerpo emocional de los arios y atlantes. Toda esta cuestión es
extremadamente difícil,
De todas maneras podría responder a
la pregunta brevemente, diciendo que no hay casi diferencia en las causas
básicas de las enfermedades en Oriente y Occidente, pues son las mismas para
toda la familia humana.
El Sistema Nervioso.
Mediante la correcta comprensión de
la relación del cuerpo etérico o vital (sus centros mayores y menores y su red
de nadis) con el sistema nervioso del cuerpo humano, pueden conocerse dos
grandes aspectos de la actividad del alma.
Primero, ese aspecto de la vida
egoica que permite al alma movilizar y obligar al mecanismo físico, el cuerpo,
a que encarne y entre en actividad, mediante la acción energetizadora de lo que
llamamos Vida.
Segundo, ese aspecto de la vida
egoica que mantiene la salud del vehículo físico mediante el libre juego de las
corrientes pránicas. Lo antedicho intenta expresar una gran verdad, en la
forma más sencilla posible. El verdadero significado de la afirmación dada,
encierra el próximo gran paso a dar en el campo de la verdadera sicología y de
la curación. Todo el temario es profundamente interesante. Me he ocupado
parcialmente de él, y será de valor estudiar el tema allí delineado.
A este respecto podría discutirse la
situación general muy brevemente, de la siguiente manera.
El ser humano es una combinación de
variados tipos de fuerza. Tenemos la fuerza o energía de la materia misma, que
podría ser considerada en su totalidad como el aspecto energía de las células o
átomos del cuerpo. La palabra “célula” sugiere en su acepción común una vida
aprisionada, y vida y energía son, para los esotéricos, términos sinónimos,
este es el tercer aspecto de la divinidad, expresándose en la humanidad.
Existe también la energía dual que el alma personifica o transmite, lo cual se
asemeja a dos corrientes de energía que
se fusionan y mezclan para formar una sola corriente cuando están separadas del
cuerpo, y se dividen en dos cuando penetran en la materia y la forma. Llevan a
la materia o al conjunto de células vivas, la cualidad o conciencia y vida pura.
Podría decirse que:
1. La corriente de energía-vida
se abre camino hacia el corazón, el corazón físico, y allí (por medio del átomo
físico permanente) energetiza coherentemente a todo el cuerpo físico, empleando
la corriente sanguínea como principal agente y canal de contacto y comunicación
entre esta usina central de la vida y la periferia. Como bien se sabe, la
sangre es vida. Esta actividad de la vida es el factor que retiene y mantiene
viviente en la forma todos los átomos y células del cuerpo. Cuando el alma
retira este hilo de vida en el momento de la muerte, los átomos vivientes se
separan, el cuerpo se derrumba y se inicia la desintegración, y las vidas
atómicas retornan al depósito de poder, al seno de la materia viviente, de
donde provinieron.
2. La corriente de energía que
imparte la cualidad egoica de la inteligencia, más el amor-sabiduría, y que
constituye lo que entendemos por conciencia, con sus poderes de hacer contacto,
sentir y razonar, no penetra más allá del cerebro físico. Allí, en la región de
la glándula pineal, se concentra o anda este segundo aspecto. Desde allí con
creciente potencia, a medida que son aplicados los procesos de la encarnación y
la experiencia, el alma comienza a controlar y emplear el cuerpo físico, energetizándolo
para que inicie una actividad plena de propósito. Recuérdese que para el alma,
el cuerpo es sólo su mecanismo de respuesta en el plano físico y un medio de
expresión.
También debe señalarse, como una
tercera e imprescindible afirmación, que el alma vierte en el cuerpo físico
denso, por medio del cuerpo etérico o vital, su energía conscientemente
dirigida. Este instrumento está compuesto de:
a. Siete centros mayores de
fuerza y cuarenta y nueve centros menores. Los centros mayores se hallan en la
cabeza y a lo largo de la columna vertebral. Los centros menores, están
dispersos por todo el cuerpo.
b. La red etérica, compuesta de
corrientes de energía, conecta todos los centros con dos sistemas -uno mayor y
otro menor- e irradia desde esos centros a todo el cuerpo.
c. Los nadis son hilos infinitamente
pequeños de energía, o fibras de fuerza que irradian externamente desde todas
las partes de la red y subyacen en cada parte del triple sistema nervioso.
Existen por millones, y producen el mecanismo
sensorio de respuesta a través del cual actuamos, siendo una de sus
exteriorizaciones, el mecanismo de los cinco sentidos.
La usina controladora variará de
acuerdo al grado de evolución alcanzado:
1. La humanidad de grado
interior utiliza el plexo solar como lugar donde la energía básica se localiza
temporariamente. El centro ajna desarrolla muy poca actividad.
2. La humanidad común actúa
parcialmente a través del centro plexo solar, pero mayormente a través de los
centros ajna y laríngeo.
3. La humanidad más avanzada,
los intelectuales y los aspirantes del mundo emplean el centro coronario
además de los centros ajna, laríngeo, cardíaco y plexo solar.
Para finalizar podría decirse que el
mecanismo físico, resultado directo de la actividad interna de los centros, de
la red etérica y de los nadis, es el corazón, el sistema endocrino y el cerebro.
Dentro de este plan general, someramente delineado, tienen cabida la antigua
medicina (particularmente la tibetana, la china y la hindú), conjuntamente con
nuestra moderna ciencia occidental. Aún queda por establecer la correlación de
las técnicas orientales y occidentales, y mucho se obtendrá con ello. Más allá
de esto no puedo extenderme, pero lo antedicho será suficiente para demostrar
que los métodos que descubrirán al leer este libro, y son legión, pueden tener
relación con este esquema general de los procesos energéticos en el cuerpo
humano.
La Dieta.
Ninguna dieta puede ser del todo
apropiada para un grupo de personas de diferentes rayos, diferentes
temperamentos y equipos y diversas edades. Cada individuo difiere totalmente de
otro, en algunos puntos; deben investigar qué necesitan como individuo, cómo
pueden ser mejor satisfechos los requisitos corporales y qué tipo de sustancia
les permitirá prestar mejor servicio. Cada persona debe descubrirlo por sí
misma. No hay régimen alimentario grupal. Tampoco es obligatorio
eliminar la carne ni mantener un estricto régimen vegetariano. Existen períodos
en la vida y a veces encarnaciones enteras, en que el aspirante se somete a una
disciplina alimentaría así como en otros períodos, o en toda una vida, se
exige temporariamente un estricto celibato. Pero hay otros ciclos de vidas y
encarnaciones donde el interés del discípulo y el servicio que presta, se
orientan hacia otra dirección. Hay encarnaciones posteriores donde ya no
existe un constante pensamiento sobre el cuerpo físico, y el hombre actúa libre
de los complejos dietéticos y vive sin
concentrarse en la vida de la forma, ingiriendo alimentos disponibles, con los
cuales puede mantener una vida eficiente. En el pasado se consideraba esencial
seguir un régimen vegetariano como preparación para recibir ciertas
iniciaciones. Eso no siempre es así, pues muchos discípulos creen que se están
preparando prematuramente para la iniciación.
El Bazo
El bazo es el agente más importante
de la fuerza vital, pero ésta es fuerza vital inherente en la materia misma,
independientemente de la forma. Está estrechamente relacionado con el cuerpo
físico planetario, siendo la exteriorización de un centro muy importante.
Tres centros en el cuerpo (con
exteriorizaciones similares) son inicialmente básicos para la vida:
1. El centro cardíaco y el
corazón físico mismo. En ellos está localizado el principio vida (el aspecto Espíritu).
Vida y Espíritu son uno.
2. El centro coronario y el
cerebro, donde está localizado el principio conciencia (el aspecto Alma).
3. El centro pránico y el bazo,
donde está localizada la vida de la materia misma (el aspecto Materia).
Deben tener presente que, como indica H. P. B., el
cuerpo físico denso no es un principio. Es la materia atómica mantenida como
forma, por la sustancia etérica bajo el control del alma. Responde
automáticamente y reacciona a los impactos del mundo externo y a los impulsos
internos, pero no tiene vida iniciadora propia. Está compuesta por unidades de
energía, así como todo en la naturaleza, y tiene su propia vida individual; el
bazo es el foco de distribución de energía para esta vida.
Por medio del bazo se ponen en
contacto la vida negativa de la materia y la energía viviente del positivo
cuerpo etérico; entonces se enciende una “chispa”, según se la denomina, entre
los cuerpos internos vivientes del hombre (a través del cuerpo etérico) y el
plano físico. Esto es un reflejo en el peldaño más inferior de la escala
evolutiva, en lo que concierne al hombre, y corresponde a la relación alma y
cuerpo o -en una vuelta más alta de la espiral- espíritu y materia.
El Nervio Vago.
Hay dos centros poderosos conectados
con el nervio vago: el centro cardíaco y el centro en la base de la columna
vertebral. Ambos, cuando están controlados por el alma, funcionando a través
del centro coronario (el brahmarandra) producen el ascenso del fuego
kundalínico. Cuando esto tiene lugar, impele a todo el sistema nervioso a
emprender un tipo especial de actividad rítmica y de respuesta, y esto se logra
estimulando y controlando el nervio vago. El nervio vago no es el instrumento
para elevar el fuego kundalínico, sino a la inversa. Cuando la cabeza, el
corazón y el centro en la base de la columna vertebral están en relación magnética
y dinámica, produciendo un efecto radiatorio, entonces afectan al nervio vago y
los fuegos del cuerpo se unifican y elevan, purificando y “abriendo todas las
puertas".
El Ojo.
Existe cierta escuela de científicos
teóricos que trabajan sobre la teoría de que el ojo es el factor declarante en
el cuerpo humano y la regla o clave para su correcta comprensión. Ya han comprobado
muchas cosas en relación con su poder declarativo en lo que concierne a las
enfermedades. Van por buen camino. No obstante, la ciencia con la cual están
trabajando, es tan embrionaria aún, que sus conclusiones no se hallan
plenamente comprobadas ni son del todo dignas de confianza.
En un futuro inmediato, cuando
nuestra vida planetaria esté más apaciguada, el tema de la Visión y la
percepción de los mundos internos por el ojo, recibirá un gran impulso y se
revelarán condiciones hasta ahora no soñadas. El hombre entrará en una nueva
vida y en una era superior de comprensión. La enseñanza sobre el iris del ojo
es un indicio de ello.
¿Por qué no leen algo acerca del ojo
y observan las analogías ocultas, con el mundo creado y con todo el problema de
la luz? Los ojos y el alma están estrechamente relacionados y -hablando en
términos esotéricos- el ojo derecho representa al alma, por consiguiente, es
el agente de budi, mientras que el ojo izquierdo representa la personalidad y
es el agente de la mente concreta inferior. Hallarán interesante lo que se
dice en La Doctrina Secreta y en otros libros (incluyendo los míos)
respecto a esto, pues llevará a la conclusión de que aquí tenemos un campo
virgen de investigación y una enseñanza que justificará un cuidadoso estudio,
aunque sólo fuera para bien del grupo.
Las Causas Sicológicas de las
Enfermedades.
“Las causas sicológicas de las
enfermedades” ¿se registran como síntomas cerebrales antes de reflejarse en
otras partes del cuerpo? Una frase del libro La Luz del Alma tiene
relación con esto:
“El cerebro, por ejemplo, es la
‘sombra’ o el órgano externo de la mente, y el investigador hallará que el
contenido de la cavidad cerebral tiene una analogía con los aspectos del
mecanismo humano, en el plano mental”.
Tengan presente que las fuerzas de la
vida actúan a través del corazón, utilizando la corriente sanguínea, mientras
que el aspecto conciencia lo hace a través del cerebro, utilizando el sistema
nervioso. Éste es el primero y más importante punto a captar.
Las causas sicológicas de las
enfermedades se registran en el cerebro o (si es de orden muy inferior) en el
plexo solar. Sin embargo, no hacen sentir su presencia como síntomas de
enfermedad en los lugares donde así se registran. Son energías o fuerzas que
producen como resultado -cuando se ponen en contacto con las energías del
cuerpo- (y no antes) esas condiciones que denominamos enfermedades. Las causas
sicológicas constituyen tipos de energía, actuando a través de centros
apropiados del cuerpo, y éstos a su vez condicionan el sistema glandular. La
secreción u hormona, generada por esta estimulación esotérica, halla su camino
hacia la corriente sanguínea, y el resultado de esta interacción puede ser
buena salud, cuando expresa causas sicológicas sanas, o mala salud en caso
contrario.
La relación interna entre las
energías más sutiles que actúan a través de ciertos centros, además del sistema
endocrino relacionado y su relación con la corriente sanguínea, constituyen la
posibilidad de la enfermedad y su curación. Pero académicamente falta aún este
reconocimiento. Gran parte de la sicología inherente ha sido captada, pero hay
una brecha todavía entre los cuerpos físico y etérico y, académicamente, hasta
ahora el cuerpo etérico es muy poco reconocido. Tampoco hay una verdadera
comprensión de la relación que existe entre la siquis interna y la forma externa,
vía el cuerpo etérico. El estudio de las glándulas ha ayudado en parte, pero la
ciencia médica debe dar otro paso y relacionar el sistema glandular con los
centros internos.
Los Problemas de la Melancolía.
Los problemas de la melancolía son
difíciles de encasillar debido a una amplia variedad de causas. Las enumeraré
aquí y quizás alguna vez podrán ser de utilidad:
1. Un sentido de frustración,
una insatisfecha vida de deseos o el reconocimiento de un fracaso fundamental
en la vida.
2. Un sentido de lo dramático, y
un deseo de figurar en forma importante en el pequeño escenario de la vida
personal. Esto a menudo no es comprendido y tiene un origen verdaderamente
subconsciente, o podría ser un hábito o actitud cuidadosamente cultivada.
3. Un estado de desvitalización,
en gran parte de naturaleza etérica, que sustrae a la vida toda alegría y
deseo y siempre presenta un sentido de futilidad. Muchas mujeres tienen esta
experiencia durante la menopausia.
4. Ciertas formas de
desintegración de las células, en una zona particular del cerebro.
5. Basadas en el temor a la
demencia y a la muerte; temor infundado, que nunca se ha materializado, pero
constituye una idea fija, tanto que la persona llega a ser víctima de
una forma mental bien desarrollada.
6. Una sintonización, mediante
la supersensibilidad, con el sufrimiento y el dolor masivo del mundo. Esto
puede afectar temporariamente a los discípulos.
7. Esta situación raras veces es
producida por algún tipo de obsesión, tal como “una entidad aferrada a la
tierra o una persona viviente, semejante a un vampiro”. Se han conocido muy
pocos casos de éstos y son demasiado raros para ser considerados como un
factor.
8. A veces una persona se
sintoniza con un estado de melancolía masiva, como el que se reproduce en los
sanatorios o asilos. La condición no tiene nada que ver con el sujeto, pero por
ser sensible, se identifica con quienes sufren de melancolía aguda.
9. La melancolía, como síntoma
de enfermedad (no como enfermedad cerebral), es también muy frecuente y
desaparecerá cuando la enfermedad sea adecuadamente tratada.
Una persona puede sufrir debido a la
combinación de tales causas, por ejemplo, digamos, la combinación de las
causas 1, 2 y 6.
El Plenilunio y la Sicosis.
Uno de los sectores de la medicina
esotérica se ocupará en el futuro de la ley de los ciclos lunar y solar.
Entonces se comprobará que es una realidad lo que siempre se ha sospechado, y
generalmente se lo reconoce ahora, que el período del plenilunio tiene un
efecto definido sobre las personas desequilibradas, sobre el estado de ensueño
y frecuentemente condiciona drásticamente los estados neuróticos y eróticos,
tan predominantes en la actualidad.
El enorme acrecentamiento de la
demencia y del desequilibrio de hoy se debe a tres causas principales:
1. El período de transición
actual, que produce el choque entre las fuerzas acuaríanas y pisceanas, ha
llevado a tal condición, que dificulta a las personas sensibles vivir en forma
normal. Expresaré la idea simbólicamente: es como si la raza después de habituarse
a vivir en la tierra tuviera que acostumbrarse ahora a vivir en el agua. Hablo
desde el punto de vista de la forma.
2. El intenso estímulo
espiritual y mental aplicado hoy a las masas por la Jerarquía planetaria, tiene
como intención poner fin a las antiguas formas de vivir y crear nuevas,
mediante el proceso de adaptación, trayendo así una nueva civilización basada
en una cultura más subjetiva. Quisiera que reflexionen sobre esta última
frase.
3. La mayor afluencia de luz
desde el plano astral (hecho no reconocido hoy) y también el enorme
acrecentamiento de la iluminación común en el plano físico. Esto produce
supersensibilidad. El trabajo realizado por el prevaleciente empleo de la luz
eléctrica y el resplandor general en que ahora vive la humanidad, exigirá su
tributo a la raza, hasta que el mecanismo humano se haya adaptado a la luz.
Recuerden que sólo desde hace cien años se ha generalizado el empleo de la luz
y tiene un efecto esotérico, con resultados de amplio alcance.
Menciono estas tres cosas porque son
responsables de la mayor parte de la predisposición a una anormal sensibilidad.
Los estudiantes de ocultismo saben muy bien que, durante el plenilunio, son
más fáciles de hacer que en otro momento ciertos contactos elevados, pero
justamente aquí reside la dificultad.
En el momento del plenilunio (durante
un periodo de cinco días) la Luna y el planeta reciben y reflejan más cantidad
de luz del Sol, que en otros momentos. Ello tiene una causa subjetiva. Sólo
puedo explicarla por medio de un símbolo que les impartirá la verdad o servirá
de pantalla. Simbólicamente hablando, el período de más intensa meditación de
nuestro Logos planetario corresponde al plenilunio de cada mes, así como
ustedes meditan diariamente, también Él en Su alto lugar, tiene Su punto
cíclico de contacto. Ello produce la afluencia de radiación y la entrada de
energía subjetiva y objetiva y también facilita al verdadero estudiante el
trabajo que realiza en el plano mental; le permite meditar con más éxito y
comprender con más facilidad, compartiendo definidamente las realizaciones del
Señor de Shamballa.
La Luna, como bien saben, es un
cascarón, una antigua forma a través de la cual se expresó en un tiempo el
Logos planetario. Se está desintegrando física pero no astralmente, en forma
lenta, hallándose por lo tanto muy estrechamente vinculada con el cuerpo
astral del Logos planetario y en consecuencia con los cuerpos astrales de toda
la gente. Ejerce una influencia muy poderosa en el plenilunio, sobre las
personas desequilibradas. Oportunamente se descubrirá la falta de equilibrio
-pues en realidad es eso- entre el cuerpo astral, el cuerpo etérico y el
mecanismo físico.
Los aspirantes y las personas
definidamente mentales, pueden beneficiarse en estos ciclos de plenilunio;
quienes son decididamente desequilibrados, positivamente astrales y
emocionales y frecuentemente arrastrados por los deseos incontrolados, se ven
obstaculizados, sobrestimulados y síquicamente trastornados durante dichos
ciclos. En ese momento se ilumina el velo de la ilusión con el consiguiente
resultado de alucinación, visión astral,
impulso síquico, y esas erróneas interpretaciones de la vida, por el
excesivo énfasis puesto sobre ciertos aspectos de la misma, que denominamos
fobias, locura, etc.
Quisiera sugerirles algo que yo no
puedo probarles, pero que el futuro substanciará. Las principales enfermedades
llamadas mentales, rara vez tienen que ver con la mente misma, y son:
1. Enfermedades del cerebro.
2. Desórdenes del plexo solar.
3. Predominio astral.
4. Clarividencia y
clariaudiencia prematuras.
5. Obsesión.
6. Carencia de mente.
7. Insensibilidad anímica.
Esta amplia generalización no se
refiere a ese tipo de enfermedades que involucran la mente y el cerebro. Las
enfermedades de los místicos pertenecen a otra categoría, las cuales por
supuesto incluyen el cerebro, indican un desequilibrio mental, producen
variados tipos de enfermedades cardíacas y diversas tendencias neuróticas, que
afectan tan a menudo a los santos del mundo.
Sin embargo, agregaré algo para
alentarlos. A medida que toda la raza sea regida por el Señor solar, el dios
Sol, el Alma, entonces los ciclos de la Luna, irán perdiendo paulatinamente sus
malignos efectos y desaparecerán diversas dolencias neuróticas y enfermedades
mentales, hoy tan prevalecientes. No ha llegado aún el momento, ni es
conveniente que dé mayor información acerca de la Luna y de sus fases, pues
constituye uno de los más grandes misterios, que serán revelados en la tercera
iniciación.
La
Distribución de Fuerza; la Transfusión de Sangre.
En vez de dos interrogantes tenemos
aquí varios. Permítanme enumerarlos a fin de que se den cuenta de lo que quiero
significar y también para responder con claridad. Algunos se deducen y no están
presentados en forma definida, pero si he de ocuparme de ellos deben ser
formulados como preguntas, y aún así, el tema es tan vasto que no quedará
tiempo para tratarlo.
1. ¿Cómo se podría lograr, para
bien de todos, una distribución más armoniosa de la fuerza?
2. ¿Puede darnos una instrucción
más específica e indicarnos algunos métodos esotéricos, apropiados a nuestra
etapa de desarrollo, en conexión con este problema de distribución?
3. ¿La transfusión de sangre
tiene alguna analogía con el proceso de transfusión de las energías sutiles en
los planos internos?
4. ¿Existe algún sistema
especial, además del que ya estamos tratando de aplicar, por el cual, quienes
pertenecemos al segundo rayo, podríamos hacer una transfusión más eficaz de
nuestra cualidad del amor, a los hermanos de primer rayo, y viceversa?
5. ¿Cuál es la interrelación y
la colaboración, entre las vidas que pertenecen a los distintos rayos y
particularmente entre las entidades de primero y segundo rayos?
6. ¿En qué forma puede ayudarnos
e inspirarnos prácticamente el ejemplo de la estrecha colaboración y amistad
que existe entre el Maestro M. y el Maestro K. H.?
Verán, por lo mencionado, cuán
imposible es tratar este amplio campo temático. Sin embargo responderé
brevemente a algunas de ellas e indicaré las líneas que sus ideas pueden seguir.
1. La distribución armoniosa de
las fuerzas varía en su orden y por consiguiente en sus efectos externos, no
sólo de acuerdo a los tipos de rayo sino
a la edad del alma y a la etapa del individuo en el sendero. Existe una
diferencia en este orden en los cuerpos sutiles del discípulo en probación, del
discípulo en aceptación y del discípulo aceptado y para cada grado en el
sendero de iniciación. Este orden se establece de tres maneras o está sujeto a
tres tipos de influencias en desarrollo.
a. Mediante una vida de
aspiración tal como se registra en la conciencia del cerebro físico.
b. Mediante el despertar
espontáneo de los centros y su correcta progresión geométrica. Sobre esto me
he referido en alguno de mis libros y no es posible decir más, porque es uno de
los secretos de la primera iniciación. El reordenamiento y el reajuste
continúan durante todo el período en que se recorre el sendero, técnicamente
entendido.
c. Mediante la descentralización
de toda la vida interna consciente. El servidor se convierte en:
1. El místico extrovertido.
2. Aquel “que se aparta del
centro”.
3. Aquel “que vive en la
periferia del corazón”.
4. Aquel “que se cierne sobre el
loto central”.
5. Aquel “que está distante y ve
desde lejos, aunque vive dentro de la forma de todo lo que es
Un estudio de estas frases
descriptivas puede dar la clave de la correcta distribución de la energía.
2. La segunda pregunta está
parcialmente contestada en la breve explicación anterior: En mis instrucciones
personales impartidas a ustedes 3 hago todo lo posible por lograr
dos cosas:
a. Esclarecer el campo de la
vida de la personalidad a fin de que las energías superiores puedan actuar
libremente.
b. Establecer esas condiciones y
orientación que producirán armonía interna y, en consecuencia e igualmente,
relaciones armoniosas externas. Sin embargo recordaré que la armonía interna
del miembro de un grupo quizás no sea adecuada para lograr la armonía en otro
miembro o en el grupo.
3. La transfusión de sangre
simboliza dos cosas: primero, que la sangre es vida y, segundo, que existe sólo
una Vida que compenetra todas las formas, y por lo tanto es transferible
cuando las condiciones son correctas. Es también un acto sintético de servicio.
Reflexionen sobre esto.
4. Su pregunta me proporciona la
oportunidad de señalar que aún la comprensión y el interés puestos en los tipos
de rayo (tal como están representados, por ejemplo, en un grupo) pueden
conducir a una sutil actitud separatista. No es necesario para un Hijo de Dios
en encarnación en el plano físico o en los tres mundos, “transfundir” la
cualidad de su rayo a su hermano. Estas cualidades de rayo son compartidas
equitativamente por todos, y la propia alma del hermano -que no difiere de
otra alma- efectuará la necesaria transmutación o transfusión en la vida de la
personalidad. Se puede facilitar el proceso proporcionando esas condiciones
armónicas y de paz, donde un hermano enfrenta pocas actitudes antagónicas y
donde la interacción del amor puede producir una estimulación efectiva. Pero
esto no es transfusión. Lo que existe en uno existe en todos, y la cualidad del
amor (por encima de las demás cualidades) es la característica dominante
de todos los rayos.
5. Esta pregunta no sólo es uno
de los misterios de las ciencias ocultas, sino de naturaleza tan vasta en sus
implicaciones que constituye un problema demasiado complicado para ocuparme
aquí.
6. La relación entre los dos
Maestros que usted menciona puede ser estudiada de dos maneras:
a. Por la consideración de la
relación efectiva y activa existente entre Sus grupos de discípulos.
b. Por el estudio de esas
personas (y hay muchas) que tienen personalidad de primer rayo y Ego de segundo
rayo o viceversa.
En último análisis, cuando tratamos
de vivir altruístamente, efectuamos la correcta distribución de la fuerza, que
conduce a las relaciones armoniosas. Para el probacionista esto significa una
actividad altruista impuesta en el plano físico. Para el discípulo
aceptado involucra una vida liberada de todo egoísmo y emoción autocentrada, de
los cuales la autoconmiseración y autodramatización son ejemplos destacados;
para el iniciado significa una actitud mental, desprovista de pensamientos
egoístas y libre de dramatizaciones, en lo que al Ego se refiere.
El Sufrimiento.
El sufrimiento, en última instancia,
sólo es posible cuando el alma está identificada con el cuerpo, o más bien
cuando el aspecto espiritual del alma (en el cuerpo) está identificado con el
alma animal que anima y vitaliza la forma y constituye su vida temporaria.
Durante la inconsciencia, el alma animal es consciente del dolor y el
sufrimiento, y esto lo conocen muy bien quienes cuidan y vigilan; pero no
existe verdadero dolor ni angustia, cuando el hombre real, el alma espiritual,
ha sido expulsado por el excesivo dolor (como en la verdadera inconsciencia) o
por los narcóticos.
El sufrimiento del alma, cuando la
personalidad se desvía, es sólo una frase simbólica. No existe verdadero dolor
ni sufrimiento, y con frecuencia ningún conocimiento de lo que está sucediendo,
porque la vibración no es suficientemente elevada como para penetrar en ese
plano superior donde mora el alma. No obstante, cuando existe tal conocimiento, el alma experimenta,
si puedo expresarlo así, el sentimiento de que ha perdido la oportunidad y, en
consecuencia, un sentido de frustración, pero no pasa de esto, porque la
paciencia del alma así como la de la Jerarquía, son ilimitadas. Si hablamos
simbólicamente y decimos que el alma sufre, no debe ser interpretado en
términos comunes.
El sufrimiento de Cristo o el del
Logos planetario o el de Dios Mismo, no puede ser comprendido en términos de
reacción de la personalidad. Empleamos esas palabras pero, realmente, significan
“identificación desapegada y aislada”. ¿Esto significa algo?
Identificación errónea es causa de
dolor y conduce al sufrimiento, angustia y a diversos efectos. La
identificación correcta conduce a entender y comprender las actitudes
sicológicas del que sufre, pero no el verdadero dolor o la angustia, como
normalmente lo comprendemos.
La Energía Planetaria.
La totalidad de energías permanece la
misma mientras dura un planeta con sus formas y expresión de vida. Ella forma
parte del gran depósito de energía. El empleo y efecto de esta energía lo
observamos cuando es apropiada por una forma o formas de cualquier tipo y
atraída de su propio lugar y llevada a otro donde no actuaría comúnmente. Crea
allí situaciones y dificultades estrechamente vinculadas al karma y al destino
del hombre. Se produce una gran abstracción de energía que denominamos Muerte,
cuya influencia en un momento dado llega a ser más poderosa que las influencias
unidas de los átomos y las células del cuerpo. Tiende a retirar y finalmente a
abstraer la energía del alma, que se vale de esas potencias durante el proceso
de descarte de un vehículo en un plano u otro. Podría decirse que las simientes
de la muerte (el germen de la muerte) están latentes en el planeta y en las
formas. Cuando son suficientemente
fuertes para ser reconocidas, entonces las denominamos gérmenes, pero
esto significa una definida etapa de comprobación casi tangible. Cuando son
indebidamente potentes, producen una enfermedad grave y la consiguiente
muerte; cuando producen efectos más débiles los denominamos dolencias, y
observamos sus efectos purificadores. Estas contaminaciones (como podrían
denominárselas, aunque no es una palabra apropiada) lo son únicamente cuando
ese conjunto de energías que llamamos hombre son puestas en contacto con estas
influencias contaminantes o tipos de antiguas energías, y la reacción o respuesta
es mala, en lo que al bienestar del cuerpo físico concierne.
La Transmutación del Deseo.
Debe tenerse en cuenta aquí que el
deseo controla y domina la acción cuando la fuerza de la vida está enfocada en
la naturaleza deseo, como sucede predominantemente en la mayoría. El control
mental planificado es sólo posible cuando la vida está enfocada en el plano
mental. Cuando esto sucede, no será necesario reprimir el deseo, porque el
poder de la atención enfocada estará en otra parte y, en consecuencia, no habrá
que suprimir ningún deseo intenso. Supresión es el esfuerzo que hace el hombre,
enfocado en el cuerpo astral, para atraer el aspecto voluntad de la mente. Pero
esto lo hace raras veces. El deseo podrá desvanecerse debido al intenso
esfuerzo que hace el hombre para adquirir cierta conciencia mental, pero en
realidad no hay supresión de la voluntad ni tampoco se la evoca. Cuando la vida
del hombre ha transcurrido, controlada por la mente, desde los niveles
mentales, entonces tiene lugar de transmutación; la transmutación (por la cual
se cambia y altera la naturaleza astral) podrá ser de naturaleza espiritual, o
simplemente de conveniencia. El deseo puede ser transmutado en aspiración
espiritual o en una actitud acorde con la voluntad de la mente que la expresa.
De allí la necesidad de un cuidadoso análisis de los móviles y objetivos.
El Karma.
He sugerido ya que todo el tópico del
karma aún no es comprendido perfectamente. Existe una gran Ley de Causa y
Efecto, pero hay un particular aspecto que nunca ha sido acentuado, y el
conocimiento de la humanidad sobre el tema del karma es muy elemental. El karma
ha sido siempre interpretado como desastre, consecuencias dolorosas, error y
castigo, acontecimientos funestos para el individuo y el grupo. Sin embargo tal
es la belleza de la naturaleza humana, y gran parte de lo que se realiza es de
cualidad tan refinada y altruista y tan felizmente orientado, que frecuentemente
el mal es neutralizado por el bien. En todas partes hay, aunque no se crea,
abundancia de buen karma, de igual potencia (de acuerdo a la misma ley) que el
malo. Esto raras veces se menciona. El buen karma pone en actividad fuerzas que
pueden actuar como energías curadoras en cualquier caso específico. El curador
siempre puede disponer de esas energías, para el bien, porque las ha ganado y
son operantes. Éste es mi primer punto. Reflexionen sobre él.
El karma es un factor
determinante, pero si el curador no es un iniciado avanzado y capaz de trabajar
efectiva e inteligentemente en los niveles causales donde mora el alma, le será
imposible decidir si un caso específico cederá o no al tratamiento curativo.
Por lo tanto el curador o discípulo practicante asume mentalmente la
posibilidad de curar (pudiendo o no ser posible), y mediante el buen karma del
paciente, procede a aplicar toda la ayuda necesaria. Éste es mi segundo punto.
El tercer punto, consiste en sugerir
a quienes están dedicados al arte de curar, que muchos de los llamados
desastres, implicados en la enfermedad y la muerte (particularmente esta
última), residen en la errónea actitud hacia la muerte y en la sobrestimación de los beneficios que otorga
la vida de la forma. La liberación del alma, por medio de la enfermedad y la
muerte, no es necesariamente un acontecimiento desgraciado. Es esencial que se
adopte una nueva y mejor actitud hacia el fenómeno de la muerte, lo cual es
posible y está cercana. Sobre esto no es necesario que me extienda, pero trato
de darles una nueva perspectiva del tema de las enfermedades y la muerte.
¿Les sorprendería si dijera que de acuerdo a
la Ley se pueda “Interferir el karma”? Las grandes leyes pueden ser
trascendidas y a menudo lo han sido en el pasado, y en el futuro lo serán con
más frecuencia. La Ley de Gravedad es contrarrestada y trascendida, frecuente y
diariamente, por un avión en vuelo. La energía de la fe puede poner en
movimiento energías superiores que rechacen o retarden la enfermedad. El tema
de la fe y su significado y potencia vitales es tan poco comprendido como la
Ley del Karma. No puedo explayarme más sobre este vasto tópico, pero he dado
suficiente como para que reflexionen.
Referente a la prolongación de la
vida, lograda en el último siglo de realizaciones científicas, quisiera señalar
que las verdaderas técnicas y posibilidades de la organizada acción del alma
son siempre parodiadas y falsamente demostradas en el plano físico por las
primeras actividades científicas, que tienen un correcto móvil pero sólo son un
símbolo, en la esfera externa de la vida, de la verdadera y por lo común futura
actividad del alma. El lapso de vida oportunamente será corto o largo, según la
voluntad de las almas que sirven conscientemente y emplean el mecanismo del
cuerpo como instrumento para servir al Plan. En la actualidad, con frecuencia,
se mantiene la vida en la forma -tanto en la vejez como en la infancia- que
bien podría liberarse. No cumplen ningún propósito útil y causan mucho dolor y
sufrimiento a formas que la naturaleza (si se la dejara actuar) no las
utilizaría y las extinguiría. Observen esta última palabra. Debido al excesivo
énfasis puesto sobre el valor dado a la vida
de la forma, al temor universal que se tiene a la muerte -esta gran
transición que todos debemos enfrentar- y a nuestra incertidumbre acerca de la
realidad de la inmortalidad y debido a nuestro profundo apego a la forma,
detenemos el proceso natural y nos aferramos a la vida, la cual lucha por
liberarse, conformada en cuerpos muy inadaptados para los propósitos del alma.
No me interpreten mal. No tengo la intención de decir nada que pueda constituir
un aliciente para el suicidio. Pero sí digo, y Lo hago con énfasis, que la Ley
del Karma frecuentemente queda en suspenso cuando las formas se mantienen en
expresión coherente, las cuales debían haber sido descartadas, pues no sirven a
ningún propósito útil. En la mayoría de los casos esta preservación es impuesta
por el grupo al que pertenece el sujeto y por el sujeto mismo, siendo con
frecuencia un inválido consciente, una persona de edad cuyos mecanismos de
contacto y respuesta son imperfectos, o un niño anormal. Tales casos constituyen
ejemplos definidos de la neutralización de la Ley del Karma.
El alma, por medio del alineamiento,
comienza a utilizar correctamente el tiempo; o mejor dicho, el cerebro, que es
el único factor consciente del tiempo en el hombre, ya no es el atributo predominante; la mente, como agente del alma
(cuya conciencia incluye el pasado, presente y futuro), ve la vida y la
experiencia tal como realmente es. Por lo tanto se habla de la muerte como de
un episodio y como el punto de transición en una vasta serie de transiciones.
Cuando sea comprendida esta actitud del alma se alterará totalmente la técnica
de vivir, e incidentalmente la de morir.
En conclusión, aunque parezca una
negación de todo lo que he dicho anteriormente, repetiré que el curador, dará
lo mejor de sí mismo a quien trata de curar. Como la mayoría no posee el poder
de la clarividencia, siendo consciente del factor tiempo e influido por el
karma, hará todo lo que pueda, según su entrenamiento y las instrucciones dadas
en este tratado sobre curaciones. Deben comprender que el objetivo que tiene
ante sí actualmente todo curador, en esta época y en este punto del desarrollo
evolutivo de la raza, es la necesidad, cuando se le pida, de ayudar a
restablecer la salud del cuerpo y a prolongar la experiencia en la vida. Además
es conveniente comprender que gran parte de lo que creen, aceptan y enseñan los
metafísicos de hoy, está basado en erróneas premisas, tales como la naturaleza
de la materia, la ecuación tiempo, el valor de la existencia de la forma y el
temor a la muerte; traten de eliminar de la conciencia dichas actitudes y
obtendrán una perspectiva más verdadera del arte de curar.
Más adelante, probablemente dentro de
pocos años, podremos comenzar a ocuparnos de casos específicos. Ahora sólo
procuro darles amplias generalizaciones, leyes y proposiciones básicas, y no
oscurecer las cosas con ocurrencias, temporarias o crónicas, que pertenecen
exclusivamente al plano físico, o con la muerte y el destino.
Ningún pedido de ayuda debe ser
rechazado. No deben hacer oído sordo a los malestares, ya sean físicos,
mentales o sicológicos. Llamaré la atención sobre el hecho de que el éxito en
la curación no siempre podrá significar liberación de la enfermedad ni la
curación física del paciente. Simplemente podrá significar para el individuo,
si ha tenido éxito físicamente, la postergación del plan del alma. El éxito
podrá significar la corrección de erróneas actitudes internas, equívocas corrientes
de pensamiento y al mismo tiempo dejar al cuerpo físico tal como estaba. Ello
podría significar que el paciente (por la paciencia y la sabia enseñanza) se
pone en armonía con su alma y obtiene la consiguiente reorientación de la vida
hacia las eternas verdades, lo cual podría consistir en la preparación
adecuada para ese gran acontecimiento que llamamos muerte, trayendo así alivio
al dolor.
La ciencia de curación, oportuna y
acrecentadamente invadirá los reinos de la medicina preventiva, ocupándose de
les reajustes sicológicos del individuo, dentro de su grupo, y también de proporcionar
las correctas condiciones de vida y adecuada alimentación y vivienda para los
pueblos. Sin embargo ello tomará mucho tiempo, y mientras la raza se encamine
hacia nuevos modos de vivir, con sus resultantes efectos de buena salud, y
hacia una comprensión más exacta de las leyes de salubridad, todos aquellos
que en el mundo son centros magnéticos deberán continuar, de acuerdo a la luz
que poseen, trabajando con la gente, a fin de ayudarlos, curarlos y
auxiliarlos, para efectuar los reajustes necesarios. Nada debería evitar que
ustedes emprendan este servicio, ni que comprendan que existen limitaciones e
ignorancia. Hagan todo lo posible para alentar y simpatizar, para señalar las
actitudes indeseables, terminar con los erróneos modos de vivir y cambiar
métodos mediocres de expresión sicológica hasta donde puedan advertirlos, y
ello con la máxima capacidad posible. Recuerden, no obstante, que el mejor
método quizás no esté a la altura de sus capacidades futuras y deben estar
siempre dispuestos a cambiar su punto de vista cuando se presenta otro superior
o un método mejor. Sobre todas las cosas, den, durante la vida, la máxima medida
de amor a quienes buscan su ayuda, pues el amor libera, adapta e
interpreta y cura en los tres planos.
La Enfermedad Grupal.
En último análisis, la mayoría de los
males del cuerpo se originan por haber respondido en cierta medida a la
actividad grupal. Es necesario comprender que la frase “actividad y vida
grupales” debe incluir, no sólo la herencia del pasado o las tendencias heredadas
del grupo, sino también los actuales contactos del mundo, los cuales debilitan
o acrecientan la resistencia, mucho más de lo que generalmente se cree. Una de
las causas del cáncer, que no predominaba tanto en los primitivos y tranquilos
días de la vida racial -pues entonces el instinto de REBAÑO no era tan poderoso
como hoy- se debe a la creciente estimulación del cuerpo. Este estímulo es
producido por el estrecho contacto con los demás, durante nuestra vida diaria,
debido a la aglomerada existencia grupal, particularmente en los centros
urbanos. Si las células son organismos vivientes (y lo son) responden a la vida
grupal y a la emanación e irradiación celular masiva. Esta constante corriente
de energía que afluye desde el conglomerado de células corpóreas en la masa
humana, puede producir, en determinado tipo de gente, una sobrestimulación en
alguna parte de la estructura celular corpórea. Esto comúnmente ocurre cuando
hay una debilidad del cuerpo etérico o vital, lo cual significa que esas
defensas celulares son deficientes, trayendo frecuentemente como resultado el
cáncer o una condición general cancerosa, esta es la causa fundamental, aunque el investigador moderno se ocupe de
las causas y efectos secundarios de esta debilidad etérica. Más adelante y
detalladamente me ocuparé de ello. Será evidente que cuando nos ocupemos del
cuerpo vital y lo consideremos con mayor comprensión y conocimiento, podremos
tratar más eficazmente las enfermedades como el cáncer.
El Empleo de la Mente y de la
Imaginación para Desarrollar la Conciencia Grupal.
Cuando el miembro de un grupo, como
el de curación, habla del desarrollo de la conciencia grupal, se refiere a su
particular grupo de hermanos y a su grupo como una unidad, compuesta de
distintas almas. Recuerden que tal unidad constituye en si un concepto
separatista desde el ángulo del todo mayor, pero cumple un propósito útil en el
entrenamiento de los miembros del grupo, a fin de que piensen en términos más
amplios. Sirve de peldaño para apartarse de la conciencia de la personalidad
aislada.
Si pueden en realidad sentir, pensar
y actuar como una unidad completa -varias personalidades y una sola alma- será
relativamente fácil extender el concepto a una más amplia inclusividad, ensanchar su horizonte y llegar
a ser incluyentes, en sentido más vasto.
El empleo de la mente para tal fin,
involucra la aptitud de aprender a distinguir entre análisis y crítica. Para la
mayoría esto es algo muy difícil y casi imposible de aprender. Aparecerán destellos
de iluminación, sobre este tópico, si el grupo persiste con toda sinceridad.
Los miembros deben aprender a responder, como grupo, a las mismas ideas
espirituales, mentales y humanas, y en consecuencia penetrar -como una “unidad
telepática”- en una sola corriente de pensamiento unido. Como grupo deben
preocuparse de las mismas cosas que indica el alma del grupo y no lo que
señale un miembro del grupo, como suele ocurrir. Deben aprender, como grupo, a
mantener la mente firme en la Luz -la mente del grupo y no sus mentes
individuales.
Cuando se utiliza la imaginación para
este fin, debe cultivarse el poder de ignorar las formas externas y
concentrarse en las líneas internas de luz que une a un hermano con otro, a un
grupo con otro, a un reino con otro, al expresarse la Vida de Dios Mismo. El
empleo creador de la imaginación produce un cuerpo etérico grupal integrado, y
permite ver este cuerpo grupal de fuerza y de luz como una forma completa y
expresión de la inteligencia, voluntad y propósito grupales, expresándose
correctamente en el plano físico (pero no la voluntad o propósito de la mente
o mentes dominantes en el grupo). Cuando los miembros del grupo están principalmente ocupados de sus propias ideas,
sus planes y problemas y de cómo utilizar la luz y el conocimiento que pueden
recibir, impiden toda posibilidad de emplear creadoramente la imaginación
unida. Para llegar a liberarse totalmente de esto es necesario poseer una
cuidadosa educación y someterse a la propia alma.
La Energía
Curadora.
Los principiantes a menudo hacen las
siguientes preguntas:
“¿Podría establecerse claramente la
diferencia que existe entre la energía curadora, expresada por el alma y
también por la personalidad? ¿ Podemos obtener alguna comprensión de la parte
que desempeña el amor en el arte de curar?”
Responderé brevemente:
Cuando trabajamos como grupo con
individuos a quienes tratamos de ayudar, debemos aprender a emplear los
distintos tipos de energía, de acuerdo a la necesidad del individuo que debe
ser curado. Serviría a un real propósito grupal si todos estudiaran lo dicho
por Rama Prasad en su libro Las Fuerzas Sutiles de la Naturaleza, y por
Patanjali en La Luz del Alma, sobre el tema del prana, con el cual y dentro del
cual trabajamos; creo que estarán bastante familiarizados con el tópico.
Respondiendo en forma más específica
diré: un iniciado o hasta un clarividente de grado inferior puede fácilmente
distinguir entre las energías curadoras del alma y las de la personalidad, pero
el aspirante común inteligente no puede hacerlo todavía. El iniciado conoce
la fuente de donde puede provenir cualquier tipo de energía curadora. Siente
su vibración y puede seguirla hasta su fuente de emanación, por un esfuerzo de
la voluntad, dirigida por la intuición. El clarividente puede ver el centro
desde el cual la energía curadora puede fluir, y el centro entonces indica el
tipo y la cualidad de la fuerza proyectada. En el segundo caso toda la energía
proviene del alma, pero en el primero toda la energía es simplemente vida,
actuando con determinada orientación.
Respecto a la parte que desempeña el
amor en el proceso de curación, diré que: Amor es la expresión de la vida de
Dios Mismo; amor es la fuerza coherente que renueva todas las cosas (quisiera
que reflexionen sobre esta frase) y amor es todo lo que es. La principal
característica que establece la diferencia entre la energía del alma y la
fuerza de la personalidad, tal como se aplica en la curación, reside en la zona
donde se aplique y exprese el amor. La fuerza de la personalidad es emocional,
plena de sentimiento y -cuando se la emplea- la personalidad es siempre consciente
de sí misma como curadora y el centro dramático del escenario donde hay dos
actores, el curador y el que debe ser curado.
La energía del
alma actúa inconscientemente y es manejada por quienes están en contacto con
sus almas y, en consecuencia, descentralizados; ellos se hallan “fuera del
escenario”, si puedo emplear esta frase, dedicados completamente al amor,
actividad y propósito grupales.
Entonces ¿por qué es tan
extremadamente difícil, sino enteramente imposible, para los ansiosos
curadores en cierne, trabajar juntos, como grupo, con la sagrada ciencia de la
curación? Porque como individuos y como grupo son predominantemente personales
en sus relaciones individuales e intergrupales. Esto puede demostrarse como
aguda e intensa crítica, mutua y propia, como plena seguridad en la rectitud y
sano juicio personales, lo cual no permite ver a quienes las ostentan, que
quizás sus ideas no son tan correctas como ellos creen; también puede
manifestarse corno una profunda satisfacción por los contactos personales
subjetivos. Pueden estar presentes uno o todos los impedimentos mencionados, y
hacer de la manifestación grupal una demostración de la personalidad que niega
el trabajo constructivo, y cualquier intento sólo intensificaría las reacciones
de la personalidad y afectaría grandemente (y adversamente) a las personalidades
de quienes tratan de ayudar.
En ese caso, ¿cómo debería
procederse? Diré que cualquier miembro del grupo, que como individuo esté libre
de las debilidades de la personalidad y de tales actitudes, conoce no obstante
(y gozosamente reconoce) que participa de la cualidad grupal, como miembro del
grupo. Ésta es una de las dificultades incidentales al trabajo grupal.
Participar, sin embargo estar libre de flaquezas; reconocer que las
realizaciones o fracasos de cada miembro del grupo son asuntos privados;
compartir y sin embargo no dejarse dominar por los poderosos pensamientos e
ideas de los miembros más fuertes del grupo, constituye siempre un problema.
Señalo esto porque en la era venidera, donde el trabajo grupal será
desarrollado grandemente, será de valor comprender las situaciones y problemas
grupales y luego llevar adelante el trabajo grupal con quienes les corresponde
trabajar. Entonces, debido a las experiencias pasadas, serán mejores y más
inteligentes, y se fusionarán, como un grupo, por las limitaciones y
sufrimientos compartidos y por la habilidad adquirida en los fracasos
correctamente enfrentados.
Por lo tanto, permitan que el
verdadero amor, en silencio, sin lamentaciones ni críticas y con firmeza,
constituya su meta y la cualidad de su vida grupal. Después, cuando haya que
realizar algún trabajo definido, actuarán como una unidad con un sólo corazón
y mente.
La Curación Instantánea.
Las curaciones
instantáneas pueden ser de diversos tipos. Podemos citar, entre varias posibilidades
que las justifican, las siguientes:
1. La curación, como resultado
de una práctica definida, consciente o inconsciente, del Hatha Yoga. Ésta se
produce por la proyección del magnetismo puramente físico, que sumado a la
cuota de reserva del magnetismo físico disponible para el paciente en su propio
cuerpo físico, es suficiente para efectuar una cura inmediata. El magnetismo
del cuerpo del paciente en vez de exteriorizarse o irradiarse, se invierte y
va internamente para aportar su contribución a la reserva de la fuerza física
mantenida en una condición estática, dentro del cuerpo. Cuanto más inferior es
el grado del ser humano, con mayor facilidad se logra este tipo de curación. Lo
mismo es aplicado al paciente como al curador. El caso citado a continuación es
real. La curación se logró fácilmente
por el “jeque” implicado, pues la herida (una mordedura en el brazo
-A.A.B.) se la infligió él mismo y, antes de hacerlo, el paciente (si así puedo
llamarlo) cortó la exteriorización de las fuerzas por un acto de voluntad,
creando así una reserva de energía disponible para complementar la del jeque,
que a su vez fue liberado por un mántram. Esto no constituye,
definidamente, una curación espiritual.
2. También tenemos esa forma de
curación que puede ser instantánea porque la enfermedad es mayormente
sicológica y alucinante. El curador entonces está en una situación que permite
al paciente desechar la ilusión y así liberarse. La voluntad del curador,
sumada a la del paciente, ayuda a romper la ilusión y la forma mental del
espejismo; el paciente entonces queda liberado. Ésta es una curación sicológica
y sólo un ejemplo de ella.
También hay un tipo de curación que
constituye la verdadera curación espiritual y se lleva a cabo de dos maneras:
a. Aquella en que el paciente
establece un repentino y frecuentemente inesperado contacto con su alma, y la
energía del alma es tan grande y poderosa que se precipita a través de los
vehículos, produciendo efectos definidos. Así se producen curaciones en alguno
de sus vehículos y frecuentemente en el físico. La condición física, o la
enfermedad, absorbe tan frecuentemente la atención de la conciencia del ser
humano involucrado, que el alma se precipita en el punto en que está centrada
la atención. Para muchos de ustedes hay una clara insinuación en este concepto.
b. Cuando el mal karma físico
del paciente está agotado, la enfermedad en el plano físico no constituye su
destino en ese momento particular. Entonces, si el curador es espiritual y
posee gran conocimiento, puede comenzar a proyectar sobre la situación
suficiente energía espiritual para asegurar la curación.
Confío en que
estas respuestas serán sugestivas. Reflexionen profundamente sobre las
implicaciones.
El Empleo de la Imagen del Señor.
Aquí tocaremos un punto de verdadero
interés. El empleo de la imagen del Señor es frecuentemente de vital
importancia, pero -y esto es lo que trato de hacer resaltar- debe ser una
imagen creada por uno mismo, mediante la expansión de la conciencia crística en
la propia vida y por haber llegado a la etapa del discipulado consciente. En
esa particular etapa, cuando un hombre está definidamente vinculado con un
Maestro y Su grupo, entonces automática e individualmente se vincula con el
Maestro de Maestros. Luego, a través de su propia alma y el alma de su grupo
particular, puede extraer la fuerza de Maitreya Buda. ¿Por que creen que no
existe una buena y verdadera imagen del Bendito Ser? Sólo hay algunas
conjeturas de los devotos de la iglesia primitiva, pero ninguna, de quienes Lo
conocieron. La razón es contundente. No existe Su verdadera imagen porque debe
ser plasmada en el corazón y no en el lienzo. Llegamos a conocerlo porque Él
es nuestro y nosotros Le pertenecemos, ¿comprenden a qué me refiero? Es el
Curador y Salvador del mundo. Obra así porque es el alma personificada de toda
la Realidad. Ahora obra como lo hizo en Palestina hace 2000 años, a través de grupos.
Allí obró por medio de Sus tres discípulos amados, de los doce apóstoles, de
los setenta elegidos, de los quinientos interesados. Reflexionen sobre este
hecho tan poco destacado. Ahora obra por medio de Sus Maestros y Sus Grupos,
intensificando con ello grandemente Su esfuerzo. Puede obrar y obrará por medio
de todos los grupos, en la medida que éstos se capaciten para el servicio
planeado, la difusión del amor y para entrar en alineamiento consciente con la
potencia mayor de los grupos internos.
Hallarán (quizás dentro de poco) que los
grupos de curación emplearán los mántram de tipo definido y en ellos aparecerá
el nombre del Bendito Ser. Pero el mántram para la era de Su venida no se
puede emplear aún, ni el mundo está preparado para recibir la potencia
liberadora. ¿Existe hoy un mántram más poderoso que la conocida frase: “Por el
amor de Cristo y por la gloria de Su nombre”? Estas palabras deben ser
pronunciadas con voluntad y amor o sino serán sólo un hueco símbolo y símbolo
sonoro. Recuerden esto.
El Cristo.
Algunos aspirantes y discípulos pueden
experimentar casi constantemente un recuerdo del Cristo; ello se debe a su
acrecentada sensibilidad a los planos internos y especialmente a que la mayor
parte de la materia del cuerpo astral del aspirante avanzado, es extraída (y
por lo tanto sensible a ella) del subplano más elevado del plano astral.
También se debe a que el Señor Maitreya, con Sus colaboradores, se está
acercando cada vez más al plano físico. En el año 1936 enfocó Su atención
predominantemente, por primera vez, en el primer subplano del plano astral. He
aquí por qué los sensitivos responden correcta e inmediatamente a Su energía
allí expresada. Se está acercando con su pensamiento y actividad. Si los
pueblos del mundo responden a la oportunidad presentada, Sus fuerza y atención
podrán penetrar más profundamente y estar predominantemente en los niveles
etéricos, con todo lo que yace implicado en tal situación.
Esto muchos lo saben y sienten
subjetivamente, y por lo tanto es muy grande la oportunidad de ellos y de
ustedes para constituir acrecentadamente un canal para esta fuerza.
Recuerden que el trabajo que Él viene a
realizar, y la Jerarquía se ha comprometido ayudarlo, consiste en la “curación
de las naciones”, tal como lo expresa
La Biblia. Ésta es una afirmación real de un hecho inminente. Dicha
curación se logrará si las personas de buena voluntad de todas partes están a
la altura de su oportunidad, si el trabajo de Cristo y Sus colaboradores es
llevado definidamente a la atención de la opinión pública y si se logra un
relajamiento interno en el mundo de los hombres, que permita trabajar a los
devas. La disposición y respuesta de los devas al acercamiento de Cristo, que
muchos servidores consagrados presienten subjetivamente, los ha dejado algo
perplejos. Los devas sólo pueden ser presentidos y sentidos; la humanidad no
puede todavía acercarse a ellos por intermedio del mundo del pensamiento y el
empleo del mecanismo mental del hombre. No implica ningún peligro para el
servidor si, por intermedio del Cristo y su respuesta a Su trabajo e inminente
aparición, llega a ser consciente de estas fuerzas dévicas y de sus
actividades.
La frase “Madre del Mundo”.
Según como se emplee esta frase,
podrá significar cosas muy diferentes, por ejemplo:
1. El aspecto femenino de la
manifestación, simbolizado para nosotros en muchas religiones mundiales corno
la virgen madre, y en la religión
cristiana como la Virgen María. Es la sustancia que permite a la Deidad
manifestarse.
2. La naturaleza misma, la madre
de todas las formas.
3. La Luna también es el símbolo
de la vida procreadora y creadora que da nacimiento a las formas y, por lo
tanto, el símbolo de la naturaleza de la forma.
4. La concentración de la fuerza
femenina en la naturaleza, en una forma femenina individual, denominada la
“Madre del Mundo Una persona así nunca ha existido en nuestra particular vida
planetaria, aunque los avatares de un sistema solar anterior, expresándose a
través de la vida planetaria, siempre
adoptaron esta forma, pero no en nuestro sistema solar. La tradición de tales
apariciones es puramente simbólica, y fue heredada del sistema solar anterior,
del cual hemos heredado la materia de la que todas las formas manifestadas
están hechas. Este simbolismo nos ha llegado del lejano período del
Matriarcado, cuya religión revivió las antiguas formas del sistema anterior y
durante ese periodo en que Lilith simbolizó a la Madre del Mundo, hasta que
Eva la reemplazó.
El Sentido de Futilidad.
En lo que respecta al trabajo
efectuado con el paciente que está al borde de la muerte, el curador puede
experimentar un sentido de futilidad. ¿Es posible saber exactamente qué puede
hacer? ¿Deberá continuar sus esfuerzos para ayudar al alma recientemente
liberada, a fin de que avance hacia la luz? Con todo su conocimiento (y podrá
tener mucho) y a pesar de su ansioso deseo de ayudar al que se va, lo único que
aparentemente puede hacer es apartarse con un sentido de total futilidad,
mientras el ser amado atraviesa la puerta que conduce ¿hacia dónde, hermano
mío? Podemos llegar hasta la puerta, pero todavía no es posible ir más allá. Ni
siquiera es adecuada la creencia, profundamente arraigada, de la persistencia
del alma inmortal, pues sólo sirve para consolar personalmente al servidor
curador, pero no es suficiente para revelarle qué ayuda puede prestar.
Poco puedo decir de este
significativo momento, mientras esperamos la venidera revelación. Esta
revelación es inevitable y segura, y tales preguntas se formularán durante
doscientos años. La garantía de este emergente hecho, en el plano físico, la
tenemos en la creciente sensibilidad de la raza a los aspectos más sutiles de
la vida y a la enorme cantidad de investigaciones que se llevan a cabo en todas
partes. Esta gran verdad y su garantía, la presenta Constantemente, ante
nosotros, la historia de la “gloriosa resurrección de Cristo” y Su reaparición
postmorten, y el poderoso y poco
comprendido ritual del sublime grado de la Masonería, donde el Maestro
es resucitado.
La ayuda en el momento de la “entrada
en la luz” depende ampliamente de dos cosas: Primero, de la intimidad del
contacto establecido entre el agonizante y aquel que vigila, y del nivel donde
ese contacto es más fuerte. Segundo, la capacidad de quien vigila, de
desapegarse y disociarse de sus propios sentimientos, e identificarse, mediante
un acto de voluntad pura y desinteresada, con el moribundo. En realidad nada de
esto es posible realizar cuando el vínculo entre ambos es puramente emocional o
está basado en una relación del plano físico. El contacto debe ser más
profundo y más fuerte que eso. Debe ser un contacto personal en todos los
planos. No existen casi problemas donde hay verdadero contacto entre alma y
personalidad. Pero esto es raro de encontrar. A pesar de todo he dado aquí una
indicación.
El proceso, por parte de quien
vigila, deberla ser lo menos mental posible. Todo lo que se requiere y lo
único posible, en la actualidad, es simplemente llevar al moribundo hacia una
corriente de amor cada vez más profunda. Mediante el poder de la imaginación
creadora, y no a través de conceptos intelectuales (no importa cuán elevados
sean), el moribundo debe ser ayudado para descartar las vestiduras externas,
con las cuales ha sido revestido y con las que ha luchado toda su vida. Esto
involucra un acto de total autoolvido, lo cual muy pocos son capaces de lograr.
Muchas personas son embargadas por el temor, o por el fuerte deseo de retener
a la persona amada, o son desviadas de su objetivo por las actividades
involucradas en el alivio del dolor y el amortiguamiento de la agonía; también
están desanimadas por su profunda ignorancia sobre la “técnica de morir”,
cuando enfrentan la emergencia. Son incapaces de ver lo que está más allá de
los portales de la muerte, y se sumergen en una incertidumbre mental que forma
parte de la gran ilusión. No existe,
como sabemos, una técnica segura en este proceso de morir. Todo es
incertidumbre y perplejidad. Pero ello terminará pronto y el hombre conocerá
y también verá.
Respecto a quienes han penetrado en
la luz, que ustedes desean ayudar, síganlos con su amor, recordando que son las
mismas personas sin la mortaja limitadora del cuerpo. Sírvanlos, pero no pretendan
que ellos sirvan la necesidad que ustedes sienten de ellos. Vayan hacia ellos,
pero no traten de hacerlos volver a ustedes.
La vida en el plano físico es el
purgatorio, y la experiencia de la vida constituye una escuela de drástica
disciplina. No temamos a la muerte ni lo que está más allá. El inteligente
discípulo trabaja en el campo de servicio, pero mira adelante constantemente
hacia el alborear de la “clara y fría
luz” donde algún día él entrará y así dará fin momentáneamente al capítulo de
la fiebre y la fricción y el dolor de la existencia terrenal. Pero existen
otras fases, en la experiencia de la vida, donde el servidor enfrenta hoy en el
mundo el sentido de futilidad y frustración.
Desde el ángulo de la visión de un
discípulo, podríamos dividir al ser humano inteligente en tres grupos,
eliminando al mismo tiempo de nuestra mente el peso muerto de las masas
irreflexivas que registran el deseo, pero que aún no experimentan sentido de
futilidad o frustración. Desean y se satisfacen; o desean y sienten
frustración, envidia o ira hacia quienes tienen lo que ellos desean y demandan,
y que es atrayente para la vida de los sentidos. Los tres grupos son:
1. Esas personalidades, integradas
e inteligentes, ambiciosas y que arremeten conscientemente hacia adelante, sin
embargo se sienten frustradas. Ello se debe a que las condiciones mundiales
son demasiado fuertes para ellos, o a que sus propias almas observadoras se han impuesto y ponen obstáculos en su
camino, a fin de guiarlos hacia la luz.
2. Esas personas con inclinaciones
místicas y aquellos visionarios correctamente orientados que no han
construido aún esa estructura mental que les permite materializar
adecuadamente su visión por medio de correctos procesos mentales. Actualmente
son numerosos y su problema no es fácil.
3. Esos discípulos y
aspirantes que tratan de actuar en el campo mundial, pero debido a
limitaciones kármicas, a la errónea aplicación de la ley, o a alguna flaqueza
básica de la personalidad, nunca llegan a su meta en esta vida y por lo tanto
están embargadas por un abrumador sentido de futilidad.
Aparte de estos tres tipos que actúan
como el polo opuesto de las masas luchadoras, se hallan los activos e integrados
discípulos del mundo, que están en camino de realización, y muy ocupados y centralizados
como para perder tiempo en sentirse inferiores o pensar en errores y fracasos.
Por la ubicación inteligente de las
personas que llegan a ustedes pidiendo ayuda en cualquiera de estas cinco
categorías (teniendo presente la posibilidad de pasar a otra superior) podrán
auxiliadas más sabiamente.
En amplia medida, el complejo de
inferioridad que afecta hoy a tantas personas, se debe a la forma de reaccionar
a las afluyentes influencias espirituales. Saben que son superiores a lo
que realizan; se dan cuenta inconsciente y silenciosamente de su divinidad,
pero las circunstancias limitadoras y los impedimentos de la naturaleza
corpórea son demasiado grandes para la correcta respuesta a la oportunidad y a la realidad. Busquen a
esas almas y ayúdenlas con verdadera comprensión, apreciación y colaboración,
disipando así la ilusión de la no realización, que acecha sus pasos.
Sin embargo, el exhibicionismo y las
alucinaciones neurasténicas deben ser curados principalmente por el
autoesfuerzo individual, la descentralización, el altruismo y la trasferencia
de intereses. Las tendencias neurasténicas están propensas a acrecentarse
durante algún tiempo en vez de disminuir, pues tal es la tensión bajo la cual
el hombre trabaja actualmente. Las condiciones mundiales lo obligan hoy a
buscar caminos de escape y volver al poder curador de su propia imaginación
creadora. La liberación viene por la aceptación del drama que sufre la
totalidad y no la parte, y a través de la constante dedicación al trabajo
creador en el plano físico.
Más adelante se emplearán métodos de
entrenamiento, que ya están entrando en las etapas elementales, debido al
trabajo de los sicólogos del mundo.
Paralelos Científicos.
Parece ser que los estudiantes creen
que nosotros, los instructores del aspecto interno, hemos leído todos los
libros que pueden haberse escrito, particularmente los que exponen las verdades
nuevas y avanzadas, y que también estamos en contacto con esas personalidades
que son los exponentes de la creciente acumulación de nuevos conocimientos en
el mundo. Pero no es así. ¿ Cómo podría explicarles la realidad de las cosas?
Creo que únicamente en forma simbólica.
Cuando echamos una mirada al mundo
del intelecto y llevamos nuestro pensamiento desde los puntos de viviente
conocimiento que allí existe, podemos llegar a percibir zonas de luz (tal como
lo entendemos) que brillan en el plano físico, las cuales indican la luz
brillante de algún trabajador, algún discípulo o un miembro del Nuevo Grupo de
Servidores del Mundo. Sé, por ejemplo, que tales zonas existen (respecto a los
Estados Unidos) en Baltimore, Chicago, Cleveland y Rochester. Su peculiar fulgor indica que allí existe un centro donde
se hallarán los más recientes conocimientos, inherentes al cuerpo del hombre.
Sé que hay otras zonas de luz por todo el mundo. Mi trabajo y el de todos los
instructores, en este período de transición, consiste en estimularlos y
fertilizar sus mentes con ideas. Cada teoría que formulan en su búsqueda de la
verdad, cada libro que escriben y cada conclusión a que llegan, no son
conocidos por nosotros. Deben cargar con su propia responsabilidad, y si
fracasan o triunfan para llegar a la verdad, deben hacerlo por su propio
esfuerzo autoiniciado.
Hace muchos años H.P.B. profetizó el trabajo
que se está realizando ahora, cuando dijo que la ciencia reconocerá finalmente
a una Deidad universalmente difundida y omnipresente (también dijo que el éter
del espacio es una entidad), y que el misterio de la electricidad, cuando sea
develado, ayudará a solucionar la mayoría de nuestros problemas. Muchas de las
teorías de la ciencia moderna han sido establecidas en Tratado sobre Fuego
Cósmico, aunque los científicos no han llegado bastante lejos como para
reconocer este hecho; allí se afirma la naturaleza eléctrica del hombre.
Hallarán interesante y de valor leer esos párrafos. La ciencia no le da el
lugar que le corresponde a la fuerza eléctrica del alma, la cual aumenta
constantemente su potencia. Unos pocos científicos, entre los más avanzados,
comienzan a hacerlo. El próximo paso que debe dar la ciencia es el
descubrimiento del alma, descubrimiento que revolucionará, aunque no negará, la
mayoría de sus teorías.
Los estudiantes podrían ayudar
individualmente en esto, si tomaran algunos de los postulados básicos de un
científico cuyos experimentos los atraiga, procurando por ejemplo, descubrir en
mis libros o en La Doctrina Secreta, esos párrafos que arrojan luz
esotérica sobre lo que allí se dice, o refutar su hipótesis. Así podrían
desarrollar y emplear la mente analítica
como un factor de unión entre el mundo de la ciencia humana y las ciencias esotéricas.
Iones e Irradiación.
Los científicos han hecho declaraciones
de que el aire que respiramos contiene partículas electrificadas con cargas
positivas y negativas; que son capaces de producir artificialmente aire electrificado;
que hasta una llama abierta en una chimenea ioniza el aire; que con un aparato apropiado
se pueden extraer iones negativos o positivos, y que los pacientes expuestos a
iones electrificados positivamente, tienen sensaciones de fatiga, vértigos y
dolor de cabeza, mientras que los expuestos a iones cargados negativamente,
experimentan una sensación de alegría; que iones positivos aumentan la presión
sanguínea y producen un malestar general y los negativos disminuyen la presión
y crean una sensación de bienestar y relajación.
Se plantea el interrogante de si la
irradiación del curador tiene el efecto de ionizar la atmósfera que rodea al
paciente. Debo señalar que la respuesta exacta a tal interrogante implicaría
dos cosas: revelar uno de los misterios, para lo cual la humanidad no está
preparada aún y también dar una respuesta que sería completamente inexplicable
para ustedes, porque no hay terminología adecuada para explicar la verdad
latente. Esa verdad contiene toda la historia de la dualidad; historia de la
relación de los aspectos negativos y positivos del proceso de la vida. Sin
embargo, puedo decir ciertas cosas:
1. Los iones negativos y
positivos que ocupan la atención del científico, son de naturaleza etérica,
por lo tanto pertenecen al plano físico. Estas partículas invisibles de
sustancia, que sólo pueden ser seguidas a través de sus efectos, y por la
interferencia de sus actividades, son partículas que se mueven rápidamente,
en relación con las demás, siendo al mismo tiempo afectadas por un factor
controlante mayor que las mantiene en movimiento.
2. Al tratarse de una enfermedad,
el paciente sólo puede ser verdaderamente ayudado cuando la irradiación
positiva del curador supera la condición negativa del paciente.
3. La irradiación del curador
debe compenetrar y vencer la resistencia de la enfermedad del paciente; no la
del paciente, que puede ser mental y emocionalmente negativo, respecto al curador,
y por lo tanto en condición de ser ayudado. Esto se realiza por la irradiación
poderosa del curador. Entonces el magnetismo del curador se pone en actividad
y, consciente e intencionadamente, puede extraer y dispersar esos átomos de
sustancia donde reside y se origina el malestar del paciente. Aquí hago una
insinuación sobre uno de los futuros métodos para eliminar la enfermedad en el
plano físico. El poder de dirigir definidamente las corrientes magnéticas que
irradian desde una fuente fuera del cuerpo físico, aún no se conoce, pero
involucrará uno de los nuevos métodos de curación.
La radiación curativa, en
consecuencia, afecta lógicamente la atmósfera que rodea al paciente. Sin
embargo, esa irradiación es irregular y no está correctamente dirigida. Algunas
personas irradian magnetismo físico o animal; otras magnetismo astral o mental;
aún otros, la energía de una personalidad totalmente integrada. Unos pocos
irradian magnetismo del alma, la principal energía atractiva de todas las
formas. En el futuro, el verdadero curador deberá trabajar mediante la
irradiación de toda la personalidad o la del alma. Digo “o” premeditadamente,
porque muy pocos pueden trabajar con la energía del alma, pero muchos, si
quisieran, podrían hacerlo como personalidades integradas. Cuándo un hombre ha
adquirido el poder de irradiar, ¿qué pasa con el paciente? ¿Cómo puede ser
llevado el paciente a un estado en que responda adecuadamente a la irradiación
magnética? ¿Si él es de tipo astral, como la mayoría, podrá responder al
magnetismo de un curador mental? ¿Podrá ser ayudado por la irradiación de tal
curador, si él mismo es un ser humano totalmente integrado? Si me dijeran cómo
es que Cristo curó a todo tipo de seres humanos, diría que en este breve
tratado no me ocuparé de las leyes de la curación aplicadas por un Maestro de
Sabiduría o un iniciado. Si así fuera, este libro sería un esfuerzo inútil.
Escribo para los estudiantes interesados y para quienes pueden curar en algún
nivel inferior al del alma, pero que no saben todavía cómo hacerlo. Más
adelante, todo esto será dilucidado con mayor amplitud.
La Vibración.
Algunos estudiantes me piden que
defina el significado de la palabra “vibración” y que explique qué es
exactamente la vibración. ¿Me comprenderían si digo que la vibración es una
ilusión, así como la percepción sensoria lo es para el alma (limitados como
están todos los seres humanos por las reacciones de una serie de vehículos,
todos ellos instrumentes de percepción)? Si dijera que la reacción vibratoria
se debe a que poseemos un mecanismo que responde al impacto, contestaría
parcialmente a la pregunta, pero si ello es verdad, ¿qué significa para ustedes
el impacto y de dónde proviene? Si diera la definición científica (que pueden
encontrar en cualquier buen libro de texto sobre luz, color o sonido), haría
algo que ustedes mismos pueden hacer y para lo cual no tengo tiempo. En mis
libros doy varias definiciones de la vibración, ya sea directamente o por
inferencia, y ustedes deben buscarlas y meditar sobre ellas. Si dilucido aquí
la relación entre el Yo y el no-yo, entre la conciencia, lo que es consciente y
aquello de lo cual es consciente, abarco un terreno que un cuidadoso estudio del
Gita les ayudaría a comprender.
Que la simplicidad los guíe y el amor
centralizado sea el principal objetivo. Elijan un campo de servicio cuyos
límites sean definidos (porque todos los discípulos están limitados y no
pueden abarcar un campo planetario, en sus pensamientos) y trabajen -mental y
físicamente- dentro de esos límites. La consumación de una tarea autoimpuesta,
dentro del campo de limitaciones kármicas y del ambiente que el destino les ha
deparado, es todo lo que se exige de ustedes. ¿ Qué es lo que verdaderamente
están realizando en la actualidad? Presten servicio dentro del campo de
contacto donde se encuentran y no traten de abarcar todo el planeta. ¿Existe
mayor tarea y más importante, que cumplirla y terminarla en el lugar donde se
encuentran y con los compañeros elegidos?
Permítanme asegurarles que no trato
de eludir ninguna pregunta, pero si puedo despertar en ustedes la comprensión
de la necesidad de una “limitación espiritual” (tal como se dice esotéricamente, para definir la carrera de
un discípulo dentro de los límites de su tarea) y llamarles la atención sobre
la necesidad de alcanzar la meta autoimpuesta cuando comenzaron el trabajo, los
habré ayudado mucho más que si hubiera definido la vibración o indicado cuánto
han progresado, ustedes u otros, y por medio de qué procedimiento.
Las Futuras Escuelas de Curación.
Estas escuelas de curación no serán
establecidas en un futuro próximo, antes de terminar este siglo. Ahora se lleva
a cabo solamente el trabajo preparatorio, y se establece la base para desarrolles
futuros. Las cosas no van tan rápidamente, pues en tales escuelas debe
producirse una creciente síntesis de sus técnicas, las cuales son:
1.
Reajuste y curación sicológicos.
2.
Curación magnética.
3.
Las mejores técnicas alópatas y homeópatas, de las cuales no podemos
prescindir.
4.
Curaciones quirúrgicas modernas.
5.
Electroterapia.
6.
Hidroterapia.
7.
Curaciones por el color, el sonido y la irradiación.
8.
Medicina preventiva.
9.
La práctica esencial de osteopatía y quiropráctica.
10.
Neurología y siquiatría científicas.
11.
Cura de las obsesiones y enfermedades mentales.
12.
Cuidado de los ojos y oídos.
13.
Cultura de la voz, un definido agente de curación.
14.
Curación por la mente y la fe.
15.
Alineamiento y contacto con el alma.
Y también muchos otros procesos y procedimientos que
pertenecen al arte de curar. Algunas de las más antiguas escuelas, tales como
la alópata, postulan un proceso de eliminación, para llegar a la contribución
vital y verdadera que ellos han de dar. Otro tipo de escuela moderna, ensayista
y experimental, debe ser sustraída de las manos de los fanáticos, porque hasta
que no desaparezca el fanatismo con su ceguera y falta de síntesis inteligente
(como inevitablemente sucederá cuando el sexto rayo retroceda y la era pisceana
desaparezca), las nuevas escuelas no podrán existir; debe haber una comprensión
más profunda del bien subyacente y fundamental en todas las escuelas y un mejor
entendimiento de los principios que
subyacen en el verdadero arte de curar, antes de que las escuelas mencionadas
en Cartas sobre Meditación Ocultista puedan venir a la existencia.
Cuando algún curador o una escuela pone el énfasis, como sucede hoy, sobre un
especifico cúralotodo y desprecia todos los otros métodos o sistemas
dietéticos, no podrán establecerse las verdaderas escuelas.
Llegará el período en que atravesaremos un
ciclo donde recogeremos los frutos de las edades, y desnataremos (si puedo
expresarlo así) la leche de la experiencia humana; entonces, con lo mejor que
el pasado pueda conferirnos, inauguraremos esas nuevas actividades que
apresurarán el camino de la humanidad. Entre estas nuevas actividades, el arte
de curar será el más destacado, por ser el más necesario.
Descubriremos que el trabajo que
absorbe nuestra atención será de tres categorías, las cuales se producirán en
forma correlativa y no simultánea.
1. El entrenamiento en los
principios del arte de curar se hará a medida que:
a. Sentemos las bases para una
expansión posterior en la nueva era.
b. Tratemos de conservar lo
bueno y útil al cambiar el énfasis del hombre externo al cuerpo más sutil
etérico y vital.
c. Estudiemos este tratado sobre
la nueva curación, la cual sólo obtendrá cierta medida de respuesta, pero en el
futuro alcanzará su verdadera utilidad y desempeñará su misión.
2. Más adelante, cuando un grupo
pueda actuar impersonalmente como una unidad y lograr la verdadera interacción
del amor, entonces ese grupo podrá iniciar un trabajo definidamente curador,
tomando para cura y ayuda un caso, por ejemplo, de enfermedad física conocida,
de obsesión o de trastorno mental -dirigido por el alma o por discípulo
iniciado, y de acuerdo a la enseñanza delineada en este tratado. El estudio del
arte de morir debe también atraer su atención y más a delante la de todo el
mundo.
3. Finalmente, se formarán
grupos subsidiarios que serán enseñados y desarrollados por los miembros de
los grupos precursores de curación, bajo la instrucción del alma o de un
discípulo iniciado. Dichos grupos subsidiarios, dirigidos grupalmente, trabajarán
para curar a las personas. Esto no sucederá por ahora, ni hasta que el grupo
inicial (o grupos) pueda trabajar con cierto éxito, y los miembros de los
grupos tengan una inteligente comprensión de la técnica y principios
involucrados en la curación. Los desarrollos exotéricos de la curación, en la
nueva era, provendrán de los anteriores.
Ninguna de las escuelas existentes hoy, deberá
subsistir. Todas contienen alguna verdad, principio o idea útiles. Indicaré que
un grupo sintético continuará siendo una entidad separatista y separada, y un
grupo tal no constituye nuestra meta. Lo ideal sería la síntesis de la vida
y el conocimiento y no una síntesis de personas. Existirán con el
tiempo, esperemos que así sea, cientos y miles de grupos en todo el mundo, que
expresarán esta nueva actitud hacia la curación, todos ligados por su común
conocimiento y objetivos, y lo expresarán en su propio campo peculiar, con su
máxima capacidad y método especial y con su propia y particular terminología.
La unidad de vida subjetiva y el establecimiento de una red de verdaderos
curadores, por todo el mundo, interesa a los instructores del aspecto interno
de la vida.
Se está haciendo un nuevo comienzo.
Heredamos y heredaremos el maravilloso conocimiento adquirido en el pasado, y
gran parte de éste aún será utilizado. Todo lo que se necesita es eliminar lo
indeseable, las malas interpretaciones de hechos conocidos y la información mal
aplicada, y también poner término al interés egoísta, a la explotación
comercial y a la codicia. La cirugía, los métodos sanitarios y la ciencia
médica modernos son maravillosos y útiles.
Hermano mío:
Me sobran unos pocos minutos esta
mañana, después del habitual dictado a A.A.B., y quisiera arrojar alguna luz
sobre las preguntas que usted me ha formulado. Como observará, no digo que
responderé a los interrogantes.
Los descubrimientos de la ciencia son
todavía inadecuados para el cumplimiento de las profecías que hice en Tratado
sobre los Siete Rayos. Más adelante, hacia el fin de este siglo, cuando la
situación mundial se haya esclarecido y el período de reconstrucción esté
llegando a su fin, se harán descubrimientos que revelarán potencialidades
eléctricas desconocidas hasta ahora. No conozco otra palabra para explicar
estos rayos eléctricos que harán sentir su presencia y conducirán a
posibilidades más allá de los sueños de los investigadores de hoy. La futura
ciencia de la electricidad será tan distinta en el próximo siglo, como las
modernas aplicaciones de la electricidad distan de la comprensión del
científico de la Era Victoriana.
Referente a su pregunta acerca de la
fotografía de las almas desencarnadas, le advertiría que el proceso será
comprendido por el estudio de la fotografía de las formas mentales. Sobre esto
hubo un comienzo de parte del gran
científico francés d’Arsonval, de París. A.A.B. puede darle información sobre
el particular, si usted lo desconoce. La luz sobre el tema vendrá a través del
perfeccionamiento de las placas de recepción y su sensibilidad grandemente
acrecentada, y relacionando la electricidad con la fotografía. Quizás crea que
es poco menos que imposible fabricar placas de mayor sensibilidad que las
empleadas por los laboratorios mejor equipados, pero no es así. Por la línea
de la fotografía del pensamiento y el equipo eléctrico, vendrá la solución. El
pensamiento de los que están en el más allá y su capacidad de proyectar formas mentales de sí mismos, además de
proporcionar placas adecuadamente sensibles o su equivalente, marcará una nueva
era en la así llamada “fotografía espírita”. Las personas se preocupan aquí,
tan frecuentemente, de los instrumentos tangibles, que se olvidan de la
contribución que deben hacer aquellos que han pasado al más allá.
El trabajo se realizará desde allí,
con la ayuda material que aún no ha proporcionado el campo externo de la
ciencia. Para obtenerlo, se requerirá la colaboración de un médium consciente
(no un médium de trance, sino alguien que sea clarividente y clariaudiente
consciente). Existen muchos de ellos entre los niños de hoy, y en la próxima
generación habrá muchos más. El velo separador desaparecerá por el testimonio
de miles de personas que pueden ver fenómenos y oír sonidos, más allá del
alcance de lo tangible.
Usted dice que los espíritus afirman
no poder soportar la electricidad. Ello significa que no pueden resistir la
electricidad tal como se aplica en la actualidad, y es un ejemplo de las
afirmaciones inexactas propaladas por los médium ignorantes o por quienes no
poseen, en el más allá, mayor comprensión de las leyes de la electricidad que
las que probablemente poseían en cuerpo físico. Sólo existe electricidad en la
manifestación, el “misterio de la electricidad” al cual se refiere H.P.B. en La
Doctrina Secreta. Todo en la Naturaleza es de naturaleza eléctrica, la vida
misma es electricidad, pero hoy hacemos contacto y utilizamos sólo aquello que
es físico y está relacionado con lo físico e inherente a la materia física y
etérica de todas las formas.
Debe recordarse que los denominados
“espíritus” actúan en el ilusorio cuerpo astral, mientras que los
"espíritus” avanzados lo hacen únicamente como mentes, y sólo puede llegarse a ellos por la mente y no por otro
camino. Nunca podrá ser fotografiado el vehículo mental; sólo el cuerpo astral
será susceptible de ello. Cuanto más burdo sea el cuerpo, deseos y apetitos,
más fácilmente será fotografiado el individuo después de pasar al más allá (si
es que alguien quiere hacerlo), y cuanto más avanzada la persona, será más
difícil obtener una fotografía.
Respecto al empleo de la radio, como
medio de comunicación con el “mundo de los espíritus”, los instrumentos
eléctricos actuales son de actividad vibratoria muy lenta (si puedo emplear un
término tan poco científico) para realizar el trabajo; si los “espíritus”
revestidos de materia astral se aproximaran a ellos, podrían producir un efecto
desintegrador. Sin embargo, la primera demostración de la existencia
postmorten, en forma tal de poder ser registrada en el plano físico, vendrá
por medio de la radio, porque el sonido siempre precede a la visión. Reflexione
sobre esto. Sin embargo no existe hasta ahora una radio suficientemente
sensible para propalar ondas sonoras captadas desde el plano astral.
Por lo tanto el secreto se halla
oculto en los futuros descubrimientos científicos. Esto no constituye una
evasiva de mi parte, es simplemente la afirmación de un hecho. Los
descubrimientos eléctricos se hallan recién en las etapas iniciales, y todo lo
obtenido es simplemente el preludio del verdadero descubrimiento. La magia de
la radio sería totalmente incomprensible para el hombre del siglo dieciocho.
Los descubrimientos y desarrollos que hay por delante, en el siglo veintiuno,
serán igualmente increíbles para el hombre de este siglo. Un gran descubrimiento,
en relación con el empleo de la luz, mediante el, poder y la agencia rectora
del pensamiento, se producirá al fin de este siglo o en los comienzos del
próximo. Dos pequeños niños -uno que vivirá en este país (EE.UU.) y otro en la
India- descubrirán una fórmula científica que eliminará algunas brechas
existentes en la escala de la vibración de la luz, partiendo desde los rayos
y ondas de alta frecuencia como ustedes
los conocen. Esto requerirá instrumentos hasta ahora no soñados, pero que en realidad
son posibles. Serán tan sensibles que se pondrán en movimiento por el poder del
ojo humano, mediante la dirección enfocada del pensamiento. Desde ese momento
será posible una relación tangible con el “mundo de los espíritus”. Todo lo que
puedo hacer es darle esta indicación.
Estoy restringido por la total
ignorancia de A.A.B. acerca de estas cuestiones, que involucran conocimientos y
términos eléctricos. No existe en su mente un pensamiento simiente sobre el
cual yo pueda trabajar o desde el cual pueda expandir la idea. Ella le
explicará lo que quiero significar si usted se lo pide. Pero aunque recibiera
un entrenamiento como el suyo no podría explicarle con claridad, porque antes
debe hacerse el descubrimiento, lo cual revolucionará las ideas actuales y aún
las sobrepasará. Un tratado común de electricidad, como los estudiados por los
ingenieros electricistas, hubiera sido completamente incomprensible aún para
los hombres más cultos de hace doscientos o cien años, y lo mismo sucede ahora.
Mientras tanto, trabaje con la fotografía de los pensamientos, como preludio
para la futura ciencia, porque de ella y
del gradual desarrollo de métodos más sensibles de captación y registro
de los fenómenos sutiles, vendrá la nueva idea y las posibilidades. ¿Significaría
algo para usted si digo que la electricidad y la fotografía están estrechamente
relacionadas, porque el ser humano es de origen y naturaleza eléctrica? Esto
debe ser demostrado en el plano físico con la ayuda de los necesarios aparatos
sensibles.
Febrero 1944.
Notas:
1.
Tratado sobre
Fuego Cósmico, págs, 90-121.
La Luz del
Alma, Libro I, Af. 34; Libro II, Afmos. 44-50; Libro III, Afmos. 21, 39 y 40
2.
Tratado sobre
Magia Blanca, págs. 14-39.
3.
Discipulado en
la Nueva Era, T. I y II.
Requisitos
Básicos para la Curación
ENTRAMOS AHORA en la segunda parte de
nuestra discusión sobre los rayos y las enfermedades Es esencialmente de un
alcance mucho más práctico que la sección altamente especulativa (especulativa
para ustedes) recién concluida. Gran parte de lo que en ella dije es para
ustedes una verdad discutible (empleando la palabra “discutible” en su real
sentido, o sea que suscita interrogantes). En el mejor de los casos,
constituye, para el más intuitivo, una hipótesis “posiblemente exacta”.
Quisiera que observaran esta frase, por paradójica que parezca. No tienen un
medio seguro para comprobar su veracidad. Gran parte del enigma de la vida y
del vivir se desvelará a medida que un acrecentado número de aspirantes en el
mundo comience a funcionar conscientemente en el reino de las causas. La
Jerarquía no abriga dudas, excepto sobre esas cuestiones que versan sobre la
impredecible naturaleza de las reacciones humanas. Incluso, en conexión con las
inciertas actividades de la humanidad, los Maestros pueden saber generalmente
lo que ocurrirá, pero esotéricamente rehúsan “pensar sobre las energías
liberadas en el plano de la vida terrena, por temor a que las energías
contrarias, que emanan del Centro donde ellos moran, puedan neutralizar la
realidad del libre albedrío del hombre”. Estoy citando a uno de los Maestros
que habló en una conferencia celebrada en el año 1725.
Lo que he expuesto en la primera parte es para
mi una verdad indiscutible y probada; para ustedes puede ser una adecuada
hipótesis o una interpretación, discutible e inaceptable, de las causas
subyacentes en las enfermedades.
Detrás
de la humanidad hay un milenario pasado donde los llamados pecados y errores,
maldades y actitudes erróneas, han acumulado un pesado karma que
(afortunadamente para la raza humana) se está agotando rápidamente en la
actualidad. El enorme interés manifestado hoy por las enfermedades, la
centralización de todos los recursos de la ciencia médica y quirúrgica a favor
de los ejércitos que luchan (recursos que más tarde serán movilizados para
ayudar a la población civil de los países
devastados en ambos hemisferios), la amplia investigación llevada en
los hospitales y centros de estudio y los rápidos descubrimientos de la ciencia,
más la constante tendencia hacia una necesaria simplificación, producirá,
dentro de poco, grandes cambios en la forma de tratar la enfermedad, lo cual
conducirá a la extirpación de numerosas y temibles enfermedades heredadas.
Por
la inspiración y la corriente de conocimientos esotéricos de los discípulos e
iniciados del mundo, se alterará grandemente la técnica; la venidera revelación
de nuevas, aunque más simples, leyes de la salud, y la fusión que
inevitablemente vendrá entre la medicina ortodoxa, la sicología y los métodos
espirituales de curación, se producirá un nuevo acercamiento al tema; el creciente
empleo del fuego como medio de purificación (en relación con el suelo
del planeta y con la estructura humana) producirá grandes cosas. La técnica de
provocar fiebre como medio de curación, para ciertos tipos de enfermedades, y
los métodos (frecuentemente empleados por la naturaleza) de someter amplias
zonas del suelo al impacto del fuego, desarrollarán una nueva y más valiosa
ciencia. Pero esto tendrá lugar más adelante. Aquí sólo indico una débil
tendencia en esa dirección. El hombre se halla -en todos los campos del conocimiento- en un punto culminante; esto ha
sido inducido mediante el rápido desarrollo de la conciencia humana y es el
preludio de una gran expansión de la comprensión y una nueva visión interna de
las causas condicionantes responsables de todo aquello que hoy padece el cuerpo
físico del hombre.
El nuevo estudio y el futuro conocimiento surgirán como resultado
de una intuición incipiente, de la presencia en la tierra de un gran número de
almas avanzadas y evolucionadas y de la venidera y más estrecha relación entre
la Jerarquía y la Humanidad. La fusión (que progresa lentamente) de las
energías de esos dos centros planetarios, dará por resultado grandes cambios y
desenvolvimientos, no sólo en las facultades perceptivas del hombre sino
también en el mecanismo físico. Habrá mayor resistencia a las enfermedades
nativas y heredadas y verdadera capacidad para resistir las infecciones, lo
cual eliminará mucho dolor y sufrimiento. La reducción de todo el karma humano
a través de la experiencia de la guerra planetaria (1914-1945), permitirá a las
almas que tratan de encarnar, crear cuerpos sin tendencias morbosas. Los Maestros
están totalmente libres de enfermedades porque han agotado totalmente el karma
de los tres mundos y alcanzado la liberación.
La
capacidad adquirida durante los últimos cincuenta años para enfrentar la enfermedad
planetaria de la tuberculosis, será extirpada totalmente cuando sea
aplicada a las zonas densamente pobladas
de Oriente y a los distritos que han sufrido hasta ahora inadecuada atención
médica. Las enfermedades sifilíticas son controladas rápidamente por el
empleo de drogas recientemente descubiertas, aunque consideradas por los
Maestros sólo como paliativos, y superficiales en tiempo y espacio. Tales
enfermedades serán lenta y correctamente extirpadas en su totalidad, a medida
que la humanidad traslade su conciencia al plano mental y la aleje del campo
del deseo astral y sexual, con su acción refleja sobre el cuerpo físico, que es
automáticamente responsivo. La tercera gran enfermedad planetaria, el cáncer,
aún es básicamente incontrolable, y hoy la relativa simplicidad de la cirugía
parece constituir la única cura posible. No se conoce aún el modo de evitar la
reproducción del cáncer y la naturaleza de su causa; todo se halla en el campo
de las conjeturas y sujeto a infinitas búsquedas e investigaciones. Muchos
achaques menores, infecciones y un sinnúmero de males físicos afines,
eventualmente serán atribuidos a cualquiera de estas tres enfermedades básicas,
las cuales a su vez tienen relación con el definido mal empleo de la energía de
los tres rayos mayores. Podría decirse que:
1.
Las enfermedades sifilíticas se deben al uso
indebido de la energía de tercer rayo, la energía creadora e inteligente de la
sustancia misma.
2.
La tuberculosis es el resultado del mal empleo de
la energía de segundo rayo.
3.
El cáncer es una reacción misteriosa y sutil a la
energía de primer rayo, la voluntad de vivir, uno de los aspectos de este rayo.
Por lo tanto se exterioriza como superactividad y proliferación de las células
del cuerpo, cuya voluntad de vivir se hace destructiva para el organismo en el
cual residen.
Sólo
he hecho una insinuación, y no tiene mucho valor en la actualidad. Gran parte
de la investigación oculta debe ser realizada, sobre estas líneas, por la
profesión médica, pero sólo será posible cuando la Ciencia de los Rayos sea
mejor comprendida, y la evidencia que sustancia la presencia de cinco energías
básicas en todo ser humano (las energías de sus cinco rayos condicionantes)
pueda ser comprobada. Algún día los hombres aprenderán fácilmente a determinar
su tipo de rayo y los rayos que rigen su triple personalidad.
A lo largo de cada línea hacia las cuales se
expande la comprensión del hombre, se evidencia cada vez más el momento oportuno
para que se introduzca y rija lo nuevo. La puerta hacia la aventura (en su
sentido más elevado) permanece ampliamente abierta y nada le ha impedido a la
humanidad atravesar esa puerta. En el transcurso de las edades el hombre ha
atravesado los portales y ha penetrado en nuevos y más ricos reinos de
investigación, descubrimiento y su consiguiente aplicación práctica.
La
puerta que se abre hoy al hombre admite un mundo de significados un mundo que
es la antecámara del mundo de las causas. Efecto, Significado, Causa.
Estas tres palabras encierran la clave del desarrollo de la conciencia del
hombre. La mayoría de los hombres viven hoy en el mundo de los efectos y no
tienen la menor idea de que ellos mismos son efectos. Unos pocos ahora
comienzan a vivir en el mundo de los significados, mientras que los discípulos
y quienes actúan en el mundo de la Jerarquía son conscientes o continuamente
llegan a serlo, de las causas que producen los efectos que los significados
revelan. Por esta razón podemos empezar a considerar los requisitos básicos que
el hombre debe cumplir antes de avanzar por el sendero de la futura iluminación.
Esta iluminación necesariamente eliminará todo temor a la muerte y solucionará
el problema que durante tanto tiempo ha empujado a la humanidad hacia las
profundidades de la desesperación y el temor. También quiero referirme a esas
actitudes necesarias que deben adoptar quienes tratan de curar la enfermedad,
y superar los males físicos, los cuales deben ser enfrentados principalmente
en líneas mentales. Estos requisitos atraerán la atención mental del agente
curador y del paciente. Esto también se refiere al hombre como un todo.
Generalmente
se supone que la fe es el principal requisito para el arte de curar. Pero no es
así. La fe poco tiene que ver en ello. La curación depende de ciertos factores básicos vitales en los
cuales no tiene cabida la fe. El esfuerzo del paciente para obtener fe es
frecuentemente un gran detrimento para liberarse de las dificultades que se
anteponen entre él y la completa curación. Cuando Cristo acentuó tan a menudo
la fe (o más bien esa cualidad traducida como fe en las Sagradas Escrituras de
Occidente), en realidad se refirió a la aceptación de la ley, ante todo al reconocimiento
del karma y a un conocimiento del destino divino. Si esto se comprende, traerá
una nueva actitud hacia Dios y hacia las circunstancias. Los requisitos previos
que quisiera recalcar son los siguientes:
1.
El reconocimiento de la gran Ley de Causa y
Efecto, si ello es posible. No siempre lo es cuando se trata de personas sin
iluminación.
2.
La correcta diagnosis de la enfermedad por un
clínico competente, y más tarde por un clarividente espiritual, cuando esa
capacidad la ha desarrollado el curador iniciado.
3.
La creencia en la ley del karma inmediato. Por
esto quiero significar la capacidad, por parte del paciente o del curador, de saber si el destino del paciente permite
su curación o debe ayudárselo a hacer la gran transición.
4.
La disposición de reconocer que dicha curación
puede ser perjudicial y básicamente indeseable desde el punto de vista del
alma. Las personas a veces se curan por el poder del curador cuando su destino
no es continuar una vida activa en el plano físico.
5.
La colaboración activa entre el curador y el
paciente; colaboración basada en la mutua comprensión.
6.
La pasiva determinación, por parte del paciente,
de aceptar la voluntad manifestada por el alma, cualquiera que sea. Esto podría
denominarse una expresión de la divina indiferencia.
7.
El esfuerzo realizado por el curador y el paciente
a fin de expresar una total inofensividad, lo cual merece una cuidadosa
reflexión. Se refiere básicamente a la relación entre ambas partes y sus
asociados.
8.
El esfuerzo por parte del paciente (a no ser que
esté muy enfermo) para adaptarse y corregir esos aspectos y características de
la naturaleza, que puedan militar en contra de la correcta percepción
espiritual. Éste es uno de los significados, aunque no el más importante,
oculto en la frase, “el trabajo de restitución”.
9.
La iluminación deliberada de las cualidades,
líneas de pensamiento y de deseos que puedan impedir la afluencia de fuerza espiritual;
fuerza que puede lograr una integración más estrecha del alma con el cuerpo,
en los tres mundos, e inaugurar una renovada expresión de vida, o integrar el
alma con su fuente de emanación e iniciar una renovada vida en los niveles del
alma. Ello afecta, por lo tanto, las relaciones del paciente con su alma.
10. La
capacidad del curador y del paciente para integrarse en el alma grupal con la
cual están subjetivamente afiliados; y la integración en otros casos de la
personalidad y el alma y, si han alcanzado la etapa necesaria de desarrollo,
ambas deben lograr una integración más estrecha en el grupo ashrámico del
Maestro.
Estos
diez requisitos podrán parecer sencillos, pero de ninguna manera lo son.
Superficialmente parecería que se refieren al carácter, a la cualidad y a la
capacidad; fundamentalmente conciernen a la relación entre el alma y el cuerpo
y tratan de la integración o abstracción. El objetivo que subyace en ellos
consiste, en cualquier caso, en establecer una ininterrumpida armonía entre el
curador, o el grupo de curación, y el
paciente que recibe la atención científica del agente curador -grupal o
individual.
Una de las primeras cosas que un agente
curador debe hacer, es formular un simple conjunto de instrucciones que
deberían regir la actitud del enfermo. Dichas instrucciones deben ser sencillas,
porque cuando hay una enfermedad grave le es imposible al paciente realizar el
más mínimo esfuerzo físico para cambiar su actitud. Esto a menudo se olvida.
Hay
una o dos cosas que quisiera dejar en claro y que ustedes a su vez deben
aclararle al paciente:
1.
La curación no se garantiza. El paciente debe
comprender que continuar viviendo en el cuerpo físico no constituye la meta más
elevada posible. Podría serlo si hubiera que prestar un servicio muy
importante, si debiera cumplir aún con ciertas obligaciones o si tuviera que
aprender otras lecciones. La existencia corpórea no es, sin embargo, el bien
más preciado. Liberarse de las limitaciones del cuerpo físico es verdaderamente
beneficioso. El paciente debe aprender a reconocer y aceptar la Ley del Karma.
2.
El temor es innecesario. Uno de los primeros
objetivos del agente curador debería ser ayudar al paciente a obtener una
visión feliz, sana y esperanzada, acerca de su futuro -no importa lo que el
futuro le depare.
Evidentemente
tienen ante sí la oportunidad de presentar una nueva actitud en todo el
problema de la enfermedad y de la curación, y entrenar a la humanidad para que
adquiera un mejor y más feliz sentido de proporción en lo que concierne a la
enfermedad y a la salud.
Se evidencia también que la palabra
“restitución” concierne al elevado arte de restituir al paciente aquello que
necesita para encarar la vida correctamente; vida en el cuerpo y en el plano
físico, o la continuidad de la vida en otros niveles, invisibles para el hombre
común y considerados problemáticos e intangibles. La restitución puede también
involucrar la rectificación de actos erróneos, cometidos por el paciente antes
de recibir lo que él considera un tratamiento exitoso, pero principalmente
atañe al efecto que produce el grupo curador cuando establece el primer
contacto con el que ha de ser curado. Esto no se ha de olvidar. A veces, cuando
lo indica el karma del paciente, se le debe restablecer la voluntad de vivir;
en otros casos hay que inducirlo a que elimine el temor (temor a la vida o a la
muerte), restableciendo así la valentía; una actitud afirmativa en todas las
circunstancias podría ser esa cualidad necesaria, que trae consigo el
restablecimiento de la disposición para aceptar, con comprensión y alegría,
cualquier cosa que el futuro depare; también puede involucrar la restitución de
las relaciones armoniosas con el medio ambiente del paciente, la familia y los
amigos, y el consiguiente resultado debido al renovado y correcto reajuste, el
surgimiento de un espíritu de amor y el rechazo de lo que pudo haber sido un
erróneo modo de pensar profundamente arraigado.
Será
evidente por lo tanto, que el proceso de seguir un ritual de curación es sólo
una fase del trabajo a realizar y que la relación del curador y el paciente es
básicamente educativa; debe ser una educación atemperada por la condición
física de la persona enferma. Hallarán que, a medida que trabajan en estas
líneas, será menester hacer una breve exposición del trabajo a realizar y de
las restituciones que el paciente debe estar preparado a efectuar a fin de
facilitar la afluencia de la fuerza curadora. Debe inducírselo a “limpiar la
pizarra” (si puedo emplear esta frase
simbólica) para que el trabajo de curación tenga éxito de acuerdo a la
Ley del Karma.
Esta
fase preparatoria del trabajo es difícil. Sí el paciente está muy grave no es
posible aplicarla. Todos los agentes curadores hallarán que, cuando atienden a
personas espiritualmente orientadas, cuyas vidas han estado consagrada durante
mucho tiempo al correcto esfuerzo y a “dar al César lo que es del César y a
Dios lo que es de Dios”, el trabajo de curación será acelerado grandemente, o
la tarea de allanar el camino a través de las puertas de la muerte se
simplificará enormemente. Después de todo, la muerte es en si un trabajo de
restitución. Implica la tarea de devolver la sustancia a los tres mundos de
sustancia, haciéndolo voluntaria y gozosamente; implica también la restitución
del alma humana al alma de la cual emanó, haciéndolo con el gozo de la
reabsorción. Todos deben aprender a considerar la muerte como un acto de
restitución; cuando puedan hacerlo, se obtendrá nueva luz y verdadero
significado sobre la muerte, y se convertirá en parte integrante -reconocida y
deseada- de un constante proceso viviente.
Si
se me preguntara cuál es la principal tarea de todos los grupos de curación,
tal como la Jerarquía quisiera que actuaran en el futuro, diría que consiste en
preparar a los seres humanos para lo que podríamos considerar el aspecto
restaurador de la muerte, dando así un nuevo y más feliz significado, del dado
hasta ahora al temible enemigo del género humano. Hallarán que cuando trabajan
en estas líneas indicadas de pensamiento, se repite constantemente el tema de
la muerte, y el resultado de ello será la adopción de nuevas actitudes hacia
la muerte y se inculcará una gozosa expectativa cuando ocurra ese inevitable y
tan familiar acontecimiento. Los grupos de curación deben prepararse para
encarar esta condición básica de todo lo que vive, y la mayor parte de su trabajo consiste en elucidar el principio
muerte. Se dice que el alma debe retornar
a quien la dio. Hasta ahora ello constituye una restitución obligada y temida,
que engendra temor y hace que hombres y mujeres de todas partes clamen por la
curación del cuerpo físico, sobrestimando su importancia, y los induce a considerar
que la prolongación de la existencia terrenal es el factor más importante de
sus vidas. En el próximo ciclo, tales actitudes erróneas deben llegar a su fin,
la muerte se convertirá en un proceso normal y comprensible -tan normal como el
proceso de nacer, aunque menos doloroso y temible. Este comentario es una
profecía y como tal debe ser considerado.
Insistiré,
por consiguiente, acerca del hecho elemental de que todo grupo curador que
trate de trabajar en estas nuevas líneas, debe procurar (como esfuerzo
preliminar) entender algo acerca del factor muerte, denominado “el gran proceso
restaurador” o “la gran restitución”. Concierne al arte de devolver el cuerpo,
en forma inteligente, correcta y a su debido tiempo, a la fuente de donde
originaron sus elementos constituyentes y de restaurar el alma a la fuente de
su ser esencial. Elijo mis palabras cuidadosamente, pues deseo que reflexionen
profunda y sensatamente sobre el denominado enigma de la muerte. Un enigma para
el hombre, pero no para los discípulos y los conocedores de la sabiduría.
Los
individuos y los grupos de curación a veces hallarán necesario enfrentar al
paciente con el hecho de la muerte; una de las tareas de los discípulos de mi
Ashrama y del Ashrama del Maestro K. H. consiste en intercalar el tema de la
muerte en sus conversaciones con otros buscadores de la verdad, introducirlo
en sus pensamientos y discusiones y particularmente con quienes tratan de
curar. Esto será difícil y no debe hacerse en forma precipitada, pero el tema
no puede ni debe ser evitado o eludido. Los grupos de curación que trabajan
externamente en un Ashrama no ponen el énfasis sobre la curación corporal,
sino sobre el momento exacto y los ciclos de trabajo o el vivir en el plano
físico, y sobre los ciclos de restitución o muerte en el plano físico.
Esta
parte del tratado denominada “Requisitos Básicos”, en realidad se refiere a los
procesos de morir, a las condiciones del mundo material, o los tres mundos del
servicio, prestado durante la encarnación. El primer punto trata de la restitución
del cuerpo al depósito general de sustancia, o a la prestación de servicio en
el mundo externo de la vida física cotidiana, la restauración del alma a
su fuente de origen, el alma en su propio plano o -a la inversa- el
cumplimiento pleno de su responsabilidad en el cuerpo. El segundo punto encara
la eliminación del principio vida y el aspecto conciencia, y el tema no
trata de la construcción del carácter como algunos pueden suponer. Me ocupé del
carácter y cualidades personales en las
palabras preliminares de esta parte del tratado, porque la verdadera
comprensión de los principios básicos de la vida y de la muerte se facilita con
la correcta acción basada en el recto pensar, dando por resultado la correcta
formación del carácter. Sin embargo, no trato de elucidar acerca de estos
requisitos previos elementales. Los procesos de integración, tal como deseo
considerarlos aquí, conciernen a la integración del alma en el triple cuerpo,
si el karma así lo decide o, en el reino de las almas, si el karma decreta la
muerte para el hombre.
En
consecuencia, en esta segunda parte, consideraremos el problema de la muerte o
el arte de morir. Esto es algo que todas las personas gravemente enfermas deben
inevitablemente encarar, y los que poseen buena salud deben prepararse para
ello mediante el recto pensar y la sensata anticipación. La actitud morbosa que
adopta la mayoría de la gente hacia el tema de la muerte y su negativa a
considerarla cuando gozan de buena salud es algo que debe ser alterado y
cambiado deliberadamente. Cristo demostró a Sus discípulos la correcta actitud
cuando se refirió a Su venida e inmediata muerte en manos de Sus enemigos, y a
Su reprensión cuando los vio acongojados, recordándoles que Él iría al Padre.
Siendo un iniciado de alto grado, quiso significar, esotéricamente hablando,
que haría “la restitución a la Mónada”; la gente común y los que no han
alcanzado el tercer grado de iniciados hacen “la restitución al alma”. El temor
y la morbosidad que el tema de la muerte comúnmente evoca y la poca disposición
para encararlo con comprensión, se debe a que la gente pone excesivo énfasis
sobre el cuerpo físico, a la facilidad de identificarse con él y a que está
basado en el temor innato a la soledad y a la pérdida de las cosas familiares.
Sin embargo, la soledad que acontece después de la muerte, cuando el hombre se
encuentra a sí mismo sin un vehículo físico, no tiene comparación con la
soledad del nacimiento. Al nacer, el alma se halla en un nuevo ambiente,
sumergida en un cuerpo que al principio es totalmente incapaz de valerse por sí
mismo o de establecer un contacto inteligente con las condiciones
circundantes, durante un largo período de tiempo. El hombre viene a la
encarnación sin recordar la identidad, o lo que para él significa el grupo de
almas en esos cuerpos con quienes está relacionado; esta soledad desaparece
gradualmente, y sólo cuando establece sus propios contactos personales,
descubre a los que congenian con él y eventualmente reúne a su alrededor a
quienes considera sus amigos. Después de la muerte no sucede lo mismo, porque
el hombre encuentra en el más allá a quienes conoce y se vincularon con él en
la vida del plano físico, y nunca está solo, como el ser humano entiende la
soledad; también es consciente de los que poseen aún cuerpos físicos; puede
verlos, captar sus emociones y también
sus pensamientos, pues no existiendo el cerebro físico no actúa como un
obstáculo. Si la gente tuviera mayor conocimiento, temería a la experiencia del
nacimiento y no a la de la muerte,
porque el nacimiento encierra al alma en la verdadera prisión y la muerte física
es sólo el primer paso hacia la liberación.
Otro
temor que induce a la humanidad a considerar la muerte como una calamidad es el
que ha inculcado la religión teológica, particularmente los Protestantes
fundamentalistas y la Iglesia Católica Romana -el temor al infierno, la
imposición de castigos, comúnmente fuera de toda proporción a los errores
cometidos durante una vida, y el terror impuesto por un Dios iracundo. Le
dicen al hombre que debe someterse a ello y que no hay escapatoria posible,
excepto por medio de la expiación vicaria. Como bien saben, no existe un Dios
iracundo, un infierno ni tampoco la expiación vicaria. Solo existe un gran
principio de amor que anima a todo el universo; existe la Presencia de Cristo,
indicando a la humanidad la realidad del alma y que somos salvados por la
vivencia de esa alma, y que el único infierno que existe es la tierra misma,
donde aprendemos a trabajar por nuestra propia salvación, impulsados por el
principio de amor y de luz e impelidos por el ejemplo de Cristo y el anhelo
interno de nuestra propia alma. Esta enseñanza acerca del infierno nos recuerda
el giro sádico que la Iglesia Cristiana, en la Edad Media, dio al pensamiento
y a las erróneas enseñanzas establecidas en El Antiguo Testamento, acerca de
Jehová, el Dios tribal de los Judíos. Jehová no es Dios, ni el Logos
planetario, ni el Eterno Corazón de Amor que Cristo reveló. A medida que estas
erróneas ideas vayan desapareciendo, será eliminado, de la mente del hombre,
el concepto del infierno y reemplazado por la comprensión de la ley que hace al
hombre lograr su propia salvación en el plano físico, lo cual conducirá a
corregir los males cometidos durante sus vidas en la tierra y que oportunamente
le permitirá “limpiar su propia pizarra”.
No
trato aquí de imponerles una discusión teológica; solo procuro señalar que el
actual temor a la muerte debe ceder su lugar a una inteligente comprensión de
la realidad y ser sustituido por el
concepto de continuidad, que niega toda interrupción, y acentuar la idea de
que existe una vida, una Entidad inteligente, que adquiere experiencia en
muchos cuerpos.
Podría
decirse, a fin de resumir esta propuesta general, que el temor y el horror a la
muerte tienen su fundamento en el amor a la forma -nuestra propia forma, la de
quienes amamos, las que nos circundan y las de nuestro medio ambiente. Esta
clase de amor es contrario a nuestra enseñanza acerca de las realidades
espirituales. La esperanza del futuro y la de liberarnos de este mal infundado
temor, reside en poner el énfasis sobre la realidad del alma eterna y la
necesidad de que esa alma viva en forma espiritual, constructiva y divina,
dentro de los vehículos materiales. Este concepto también encierra la idea de
restitución. Los conceptos erróneos deben ser olvidados; además tiene cabida la
idea de eliminación, para lograr un correcto enfoque. Debe tenerse en cuenta
la integración, para que la absorción en la vida del alma reemplace a la
absorción en la vida del cuerpo. El dolor, la soledad, el infortunio, la decadencia,
la pérdida de alguien, todas estas ideas deben desaparecer a medida que la
reacción común hacia la muerte vaya también desapareciendo. Cuando los hombres
aprendan a vivir conscientemente como almas, a enfocarse en los niveles del
alma y a considerar a la forma o formas como simples modos de expresión, todas
estas infortunadas y antiguas ideas acerca de la muerte desaparecerán
gradualmente y tendrá lugar un nuevo y más alegre acercamiento a esa gran
experiencia.
Observarán
que he elegido diversas palabras al considerar los requisitos básicos, debido a
sus significados específicos.
1.
El Trabajo de Restitución.
Significa el retorno de la forma a la reserva básica de la sustancia; o el
alma, la divina energía espiritual, retornando a su fuente de origen -ya sea a
los niveles egoicos o a los monádicos, de acuerdo al grado de evolución. Esta
restitución constituye predominantemente el trabajo del alma humana dentro del
cuerpo físico y abarca los centros cardíaco y coronario.
2.
El Arte de Eliminación. Se
refiere a dos actividades del hombre espiritual interno; por ejemplo, la
supresión de todo control por el triple hombre inferior, y el proceso de
reenfoque en los niveles concretos del plano mental como punto de luz radiante.
Esto concierne principalmente al alma humana.
3.
Los Procesos de Integración.
Se refieren a la tarea del hombre espiritual liberado, cuando se fusiona con
el alma (la superalma) en los niveles superiores del plano mental. La parte
retorna al todo, y el hombre comprende el verdadero significado de las
palabras de Krishna: “Habiendo compenetrado el entero universo, con un
fragmento de mi mismo, Yo permanezco”.
Así
el hombre, siendo el fragmento consciente que adquiere experiencias, habiendo
compenetrado el pequeño universo de la forma en los tres mundos, aún permanece.
Sabe que Él es parte del todo.
Estos
tres procesos constituyen la muerte.
Resultará evidente que cuando la humanidad
logre esta perspectiva sobre la muerte y el arte de morir, toda la actitud de
la raza humana sufrirá un benéfico cambio. Esto irá a la par, a medida que el
tiempo transcurre, de una sensibilidad humana en los niveles telepáticos; los
hombres serán cada vez más inteligentes y la humanidad se enfocará
acrecentadamente en los niveles mentales. Esta sensibilidad telepática será un
fenómeno común y corriente, siendo el espiritismo actual una garantía de ello,
aunque la seria distorsión existente se basa en gran parte en los ansiosos
deseos de la humanidad, pero contiene muy poca telepatía verdadera. Actualmente
la telepatía que existe entre el médium
(esté o no en trance) y el pariente o amigo desaparecido, no existe
entre aquel que ha experimentado la liberación de la muerte y el que todavía se
halla en la forma. Esto debe tenerse siempre presente: Mientras tanto, donde
la mente no es normalmente telepática, puede haber (aunque muy raras veces) la
interposición de una mediumnidad, basada en la clarividencia y clariaudiencia,
pero no en el trance. Aún así esto precisará establecer un contacto totalmente
astral por medio de un tercero, y estará basado en el espejismo y el error. No
obstante será un paso adelante para las actuales sesiones mediumnímicas, que
simplemente ignoran al muerto, respondiendo solamente al interesado lo que el
médium lee en su aura los recuerdos de la apariencia personal, las reminiscencias
significativas acumuladas en la conciencia del que pregunta, y la llana
ilusión de pedir consejos, pues cree que porque ha fallecido es más inteligente
que antes. Cuando el médium a veces logra establecer una verdadera
comunicación, se debe a que el solicitante y la persona fallecida son tipos
mentales, por lo tanto se establece una verdadera sensibilidad telepática entre
ellos, la cual es captada por el médium.
La
raza va progresando, desarrollándose y haciéndose cada vez más mental. La
relación entre los muertos y los vivos debe y deberá existir en los niveles
mentales, antes de los procesos de integración; la verdadera interrupción de
la comunicación se producirá cuando el alma humana esté reabsorbida en la
superalma, antes de volver a encarnar. La realidad de que se establece
comunicación hasta ese momento, destruirá completamente el temor a la muerte.
En el caso de los discípulos que trabajan en el Ashrama de un Maestro, este
proceso de integración no constituirá siquiera una barrera. En las siguientes
páginas daré alguna enseñanza de lo que podría llamarse el arte de morir, a
fin de ampliar lo que dije en Tratado sobre Magia Blanca.
LA ACTITUD
ACTUAL HACIA LA MUERTE
Me propuse considerar con ustedes los procesos
de la muerte y ocuparme algo más ampliamente del factor muerte, la experiencia
más familiar (si el cerebro físico pudiera recordar y comprender) en la vida de
la entidad reencarnante o alma. Permítanme hacer algunos comentarios respecto
a la actitud del hombre en la experiencia de la “restitución”. Esta palabra es
peculiarmente esotérica, y la emplea generalmente el iniciado cuando se refiere
a la muerte. La actitud más destacada, asociada a la muerte, es el temor, y está
basado en la incertidumbre mental prevaleciente, acerca de la realidad de la
inmortalidad. Aparte del hecho ya comprobado de alguna forma de supervivencia,
establecida por los grupos de investigación síquica, la inmortalidad o la
existencia permanente de lo que usualmente significamos cuando hablamos del
Yo, está aún en el reino de los vanos pensamientos o creencias. Esta creencia
puede estar fundada en premisas cristianas, en afirmaciones religiosas basadas
en la racionalización de la materia, y en un acercamiento más científico, el
cual arguye que la necesidad económica requiere que lo que ha estado tanto
tiempo para evolucionar y es el resultado culminante del proceso evolutivo, no
debe desaparecer. Es interesante observar que no hay en nuestro planeta ninguna
evidencia de que exista un producto evolutivo superior al reino humano; hasta
para el pensador materialista, lo que hace excepcional al hombre, reside en sus
diversos estados de conciencia y en su capacidad de presentar a la
investigación todos los estados de conciencia, desde el del salvaje
analfabeto, a través de todas las etapas intermedias de eficiencia mental,
hasta el del más avanzado pensador o genio, capaz de producir el arte creador,
realizar descubrimientos científicos y tener percepción espiritual.
Puesto
en palabras simules, el interrogante que el tema de la muerte suscita es:
¿Dónde está el Yo, el ocupante del cuerpo, cuando éste es abandonado y
desintegrado? En definitiva ¿existe un ocupante?
La historia humana registra la incesante
búsqueda de algo que sustancia la cuestión; hoy esta búsqueda está culminando
en las numerosas sociedades que se ocupan de probar la inmortalidad y penetrar
en esas profundidades del espíritu que aparentemente ofrecen un santuario a
ese Yo que ha sido el actor en el plano físico y que hasta ahora ha
desconcertado al más ansioso buscador. El acicate del temor se halla detrás de
esta frenética búsqueda; desafortunadamente la mayoría de las personas (aparte
de unos pocos científicos iluminados y similares investigadores inteligentes)
que aplican técnicas generalmente dudosas en las sesiones espiritistas, son de
tipo emocional, fácilmente convencidas y muy dispuestas a aceptar como
evidente, aquello que el más inteligente investigador, inmediatamente
rechazaría.
Permítanme
aquí aclarar mi posición acerca del gran movimiento espiritista que tanto ha
hecho en el pasado para probar la realidad de la supervivencia y en ciertos
aspectos también hizo mucho para desviar y engañar al género humano. Dentro de
ese término genérico incluyo también los diversos grupos de investigación
síquica y exceptúo todo sincero trabajo científico. Ninguno de estos grupos ha
comprobado su caso. El misterio y las estupideces de las sesiones espíritas
comunes y el trabajo de los médium han demostrado, no obstante, la presencia de
un factor inexplicable; el investigador científico ni siquiera ha comprobado
eso en el laboratorio. Por cada caso en que ha habido una aparición
definidamente aceptable de una persona desencarnada, hay miles que pueden ser
atribuidos a la credulidad, sensibilidad telepática (con la persona afligida,
pero no con la que ha pasado al más allá), formas mentales que ve el
clarividente y voces que oye el clariaudiente y también mistificaciones.
Observen que me refiero a la “aparición aceptable” de un espíritu que retorna.
Evidentemente es suficiente para justificar la creencia y probar su naturaleza
efectiva. Basándonos en el inexplicable fenómeno de los contactos hechos con los supuestos
muertos, observados, investigados y comprobados, y en el carácter de esas
personas que testimonian la realidad de ese fenómeno, podemos afirmar que algo
sobrevive a la “restitución” del cuerpo material al eterno depósito de
sustancia. Sobre esta premisa continuaremos nuestro estudio.
El
fenómeno de la muerte es hoy cada vez más familiar. La guerra mundial ha
enviado a millones de hombres y mujeres -civiles y a quienes han pertenecido a
las distintas ramas de las fuerzas armadas de todas las naciones- a ese mundo
desconocido que recibe a todos los que han descartado la forma física. Las
condiciones son actualmente de tal naturaleza que, a pesar del antiguo y
profundamente arraigado temor a la muerte, está surgiendo en la conciencia
humana la comprensión de que existen muchas cosas peores que la muerte; los
hombres han llegado a conocer el hambre, la mutilación, la incapacidad física
permanente, la incapacidad mental, como resultado y tensión de la guerra; han
observado el dolor y la agonía que no han podido mitigar, ciertamente peores
que la muerte; también muchos saben y creen (pues ésa es la gloria del
espíritu humano) que el abandonar los
valores, por los cuales los hombres han luchado y muerto durante edades,
juzgados como esenciales para la libertad del espíritu humano, tiene mayor
significado que el proceso de la muerte. Esta actitud, característica de las
personas sensibles y de recto pensar, está surgiendo hoy en gran escala. Esto
significa el reconocimiento, conjuntamente con el antiguo temor, de una imperecedera
esperanza de lograr mejores condiciones en todas partes, no siendo
necesariamente un ansioso anhelo sino el indicio de un conocimiento latente
subjetivo que lentamente va saliendo a la superficie. Algo está en camino como
resultado del sufrimiento y pensamiento humanos, lo cual es presentido hoy y
posteriormente se demostrará. Opuesto a esta confianza interna y comprensión
subjetiva, tenemos los antiguos modos de pensar, la desarrollada actitud
materialista del presente, el temor al
engaño y el antagonismo entre científicos y hombres religiosos o
eclesiásticos. Los primeros se niegan, con justicia, a creer en aquello que aún
no ha sido comprobado y que además parece no ser susceptible de comprobar,
mientras que los grupos y organizaciones religiosas desconfían de cualquier
presentación de la verdad que ellos no han formulado en sus propios términos.
Esto pone un indebido énfasis sobre la creencia, y desalienta así a cualquier
entusiasta investigador. El descubrimiento de la realidad de la
inmortalidad vendrá del pueblo; oportunamente será aceptada por las iglesias y
comprobada por la ciencia, pero ello sucederá cuando las consecuencias de la
guerra hayan terminado y este trastorno planetario esté apaciguado.
El
problema de la muerte, es innecesario decirlo, se funda en el amor a la vida,
el instinto más arraigado de la naturaleza humana. La ciencia reconoce que
nada se pierde de acuerdo a la ley divina; la eterna supervivencia, de un modo
u otro, es considerada universalmente como una verdad. De todo el cúmulo de
teorías se han extraído y propuesto tres soluciones principales, muy conocidas
por las personas reflexivas, y son:
1.
La solución estrictamente
materialista afirma que la experiencia y la expresión de la
vida consciente continúan mientras la forma física tangible existe y persiste,
pero también enseña que después de la muerte y la consiguiente desintegración
del cuerpo, ya no existe una persona consciente, activa y autoidentificada. El
sentido del Yo, la percepción de la personalidad, en contraposición con las
otras personalidades, se desvanece al desaparecer la forma; creen que la
personalidad sólo es la suma total de la conciencia de las células del cuerpo.
Esta teoría relega al hombre al mismo estado de cualquiera de las formas de
los otros tres reinos de la naturaleza;
está basada en la insensibilidad del ser humano común hacia la vida,
fuera de un vehículo tangible; ignora toda evidencia contraria y explica que
como no podemos ver (visualmente) y comprobar (tangiblemente) la persistencia
del Yo o la inmortal entidad después de la muerte, ella no existe. Muchos ya
no sostienen esta teoría como en años anteriores, particularmente durante la materialista
Era Victoriana.
2.
La teoría de la inmortalidad
condicional. Esta teoría es sostenida aún por ciertas
escuelas fundamentalistas de pensamiento, teológicamente estrechas, y también
unos cuantos intelectuales principalmente de tendencia egotista. Afirma que
sólo quienes obtienen una etapa particular de percepción espiritual o aceptan
un conjunto peculiar de pronunciamientos teológicos pueden recibir el don de
la inmortalidad personal. Los altamente intelectuales también arguyen que a
quienes poseen una mente desarrollada y cultivada, don culminante para la
humanidad, análogamente se les otorga la eterna supervivencia. Una escuela
rechaza a aquellos que consideran espiritualmente recalcitrantes o negativos a
la imposición de su verdad teológica particular, lo cual los condena a un total
aniquilamiento como en la solución materialista, o a un eterno castigo, que al
mismo tiempo aboga por una especie de inmortalidad. Debido a la innata bondad
del corazón humano, muy pocos son vengativos o suficientemente irreflexivos
para considerar aceptable esta presentación; por supuesto, entre ellos, debemos
clasificar las personas irreflexivas que evaden la responsabilidad mental,
aceptando ciegamente los pronunciamientos teológicos. La interpretación
cristiana, dada por las escuelas ortodoxas y fundamentalistas, prueba ser
falsa cuando es sometida a un claro razonamiento; entre los argumentos que
niegan su veracidad reside el hecho de que el cristianismo proclama un largo
futuro pero ningún pasado; siendo así mismo un futuro que depende totalmente de
las acciones del actual episodio de vida y de ninguna manera explica las
distinciones y diferencias que caracterizan a la humanidad. Esto sólo tiene
asidero en la teoría de una Deidad antropomórfica, cuya voluntad -en su
actuación práctica- sólo presenta aquello que no tiene pasado sino únicamente
futuro; reconocen ampliamente la injusticia de esto, pero dicen que la
inescrutable voluntad de Dios no debe ser puesta en duda. Millones de personas
sostienen esta creencia, pero no tan fuertemente como lo hacían cien años
atrás.
3.
La teoría de la reencarnación,
tan familiar para todos mis lectores, está llegando a ser acrecentadamente
popular en Occidente; siempre fue aceptada en Oriente (aunque con muchas
adiciones e interpretaciones tontas). Dicha enseñanza ha sido tan distorsionada
como las enseñanzas de Cristo, Buda o Shri
Krishna, por sus teólogos de mente estrecha y limitada. Los básicos
fundamentos de un origen espiritual, de un descenso a la materia, de un ascenso
por medio de las constantes encarnaciones en la forma, hasta que esas formas
sean expresiones perfectas de la conciencia espiritual que mora internamente, y
de una serie de iniciaciones, al finalizar el ciclo de encarnación, están
siendo más rápidamente aceptados y reconocidos como nunca lo fueron.
Tales
son las principales soluciones a los problemas de la inmortalidad y de la
supervivencia del alma humana; aspiran responder a la eterna pregunta del
corazón humano respecto a cuándo, por qué, dónde y adónde. Sólo la última de
estas soluciones propuestas ofrece una respuesta verdaderamente racional a
todas ellas. Su aceptación ha sido demorada, porque desde la época de H. P.
Blavatsky, que formuló esta antigua verdad al mundo moderno, en el último
cuarto del siglo diecinueve, ha sido
presentada en forma poco inteligente, obstaculizada por el hecho de que las
razas orientales siempre la han sostenido y -desde el punto de vista
occidental- son paganas, y los paganos, “en su ceguera, se inclinan ante la
madera y la piedra”, citando uno de los himnos fundamentalistas. Es curioso
comprobar que para el hombre de los países orientales, los pueblos religiosos
occidentales hacen lo mismo, y pueden vérselos arrodillados ante los altares
cristianos con estatuas del Cristo, de la Virgen María y de los Apóstoles.
Los
ocultistas del mundo, a través de sus sociedades teosóficas y de otros grupos
llamados ocultos, han perjudicado grandemente la presentación de la verdad
acerca de la reencarnación, con detalles innecesarios, intrascendentes,
inexactos y puramente especulativos, que enuncian como verdades los procesos
de la muerte y las circunstancias del hombre después de ella, detalles que
dependen mayormente de la visión clarividente de prominentes síquicos astrales
de la Sociedad Teosófica. Sin embargo, en las Escrituras del mundo no se dan
esos detalles y tampoco los proporcionó H.P.B. en La Doctrina Secreta.
Un ejemplo de esta inexacta y tonta tentativa de arrojar luz sobre la teoría
del renacimiento, puede observarse en el límite de tiempo impuesto, a las
almas humanas desencarnadas, entre una encarnación y otra y al renacimiento
físico; dicen que los años de ausencia dependen de la edad del alma que ha
partido y el lugar que ocupa en la escala de evolución. Dicen que si el alma es
muy avanzada, su ausencia del plano físico es prolongada, mientras que sucede
todo lo contrario. Las almas avanzadas y las que están desarrollando
aceleradamente su capacidad intelectual, retornan con gran rapidez debido a su
respuesta sensible a la atracción que ejercen las obligaciones, intereses y
responsabilidades, ya establecidos en el plano físico. La gente tiende a olvidar que el tiempo es la
secuencia de los acontecimientos y de los estados de conciencia, tal como los registra el cerebro
físico. Donde no existe cerebro físico, no existe aquello que la humanidad entiende
por factor tiempo. La eliminación de las barreras de la forma, etapa tras
etapa, trae una acrecentada comprensión del Eterno Ahora. En el caso de quienes
han atravesado el portal de la muerte y que continúan pensando en términos de
tiempo, se debe al espejismo y a la persistencia de una poderosa forma mental.
Indica polarización en el plano astral; en este plano han trabajado los más
destacados síquicos y escritores teosóficos y sobre él han basado sus escritos.
Son sinceros en lo que dicen, pero no reconocen la naturaleza ilusoria de todos
los descubrimientos basados en la clarividencia astral. El reconocimiento de un
pronunciado factor tiempo y el constante énfasis puesto sobre la exactitud del
tiempo, son características de las personas encarnadas, altamente desarrolladas,
y de aquellos cuyas mentes inferiores y concretas son de poderoso calibre. Los
niños y las razas infantiles por una parte, y esas personas altamente
avanzadas, cuyas mentes abstractas están activas (por medio de la mente interpretativa
inferior), por lo general no tienen un sentido del tiempo. El iniciado aplica
el factor tiempo en sus relaciones y trato, con los que viven en el plano
físico, pero dentro de sí mismo no reconoce en ninguna parte del universo el
factor tiempo.
Por
lo tanto, el empleo del término “inmortalidad” infiere infinitud, y enseña que
esta infinitud existe en aquello que no es perecedero o está condicionado por
el tiempo. Esto es una afirmación que requiere una cuidadosa reflexión. El
hombre reencarna sin apremio de tiempo. Encarna de acuerdo a las exigencias de
las deudas kármicas, a la atracción de lo que él inició como alma, y porque ha
sentido la necesidad de cumplir obligaciones instituidas; también encarna por
un sentido de responsabilidad y para cumplir con los requisitos impuestos por
un anterior quebrantamiento de leyes que rigen las correctas relaciones
humanas. Cuando estos requisitos, necesidades del alma, experiencias y
responsabilidades han sido satisfechos, penetra permanentemente “en la clara y
fría luz del amor y la vida”, y no necesita (en lo que a él concierne) la etapa
infantil de la experiencia del alma en la tierra. Está libre de imposiciones
kármicas en los tres mundos, pero se halla aún bajo el impulso de la necesidad
kármica, exigiéndole el máximo servicio que está en situación de prestar a
quienes aún se hallan bajo la Ley de la Deuda Kármica. Por lo tanto, tenemos
tres aspectos de la Ley del Karma, que afectan al principio de renacimiento:
1.
La Ley de la Deuda Kármica,
rige la vida en los tres mundos de la evolución humana y termina totalmente en
la cuarta iniciación.
2.
La ley de la Necesidad Kármica,
rige la vida del discípulo avanzado y del iniciado, desde el momento de la
segunda iniciación hasta cierta iniciación superior a la cuarta; estas
iniciaciones le permiten pasar al Camino de la Evolución Superior.
3.
La Ley de la Transformación
Kármica, una misteriosa frase que rige los procesos que se
llevan a cabo en el Camino Superior, los cuales capacitan al iniciado para
salir totalmente del plano físico cósmico y actuar en el plano mental cósmico.
Concierne a la liberación de quienes son similares a Sanat Kumara y Sus
Asociados en la Cámara del Concilio de Shamballa, y a ser liberados de la
imposición del deseo cósmico que se manifiesta en nuestro plano físico cósmico
como voluntad espiritual. Este concepto quizás les sorprenda. No obstante será
evidente que poco puedo decir sobre este tema. El conocimiento implicado no me
pertenece todavía.
Volvamos ahora a otro aspecto de nuestro tema.
Existen, hablando en sentido más amplio, tres episodios principales de la
muerte.
Tenemos,
ante todo, la constante repetición de la realidad de la muerte física,
siéndonos familiar, si sólo lo comprendiéramos, por su extremada frecuencia.
Este reconocimiento podría eliminar rápidamente el actual temor a la muerte.
Existe también la “segunda muerte”, mencionada en La Biblia, que en este ciclo
planetario está asociada con la muerte de todo control astral en el ser humano.
En sentido más amplio, esta segunda muerte es consumada en la cuarta
iniciación, donde también muere la aspiración espiritual, pues ya no es
necesaria; la Voluntad del iniciado es ahora firme e inamovible y la
sensibilidad astral ya no es necesaria.
Existe
una curiosa contraparte de esta experiencia en un nivel muy inferior, cuando
tiene lugar la muerte de todas las emociones astrales del aspirante individual,
en el momento de la segunda iniciación. Constituye un episodio completo y es
conscientemente registrado. Entre las iniciaciones segunda y tercera el
discípulo debe demostrar continuamente que no responde al astralismo y
emocionalismo. La segunda muerte, a la que me refiero, tiene que ver con la
muerte o la desaparición del cuerpo causal en el momento de la cuarta iniciación;
ésta marca la terminación de la construcción del antakarana y la institución de
una relación directa, ininterrumpida y continua entre la Mónada y la
personalidad.
La
tercer muerte tiene lugar cuando el iniciado abandona, en definitiva y sin
perspectiva de retorno, toda relación con el plano físico cósmico. Esta muerte
lógicamente está muy distante de todos los que pertenecen a la Jerarquía y en
la actualidad sólo es posible y permisible para unos pocos de la Cámara del
Concilio de Shamballa. Sin embargo no
es un proceso por el cual pasará Sanat Kumara. Él experimentó esta
“transformación” hace muchos eones, durante el gran cataclismo que inauguró la era lemuria, inducido por Su
experiencia cósmica y la necesidad de que afluyera energía desde Seres extraplanetarios.
He
hecho este breve resumen a fin de ampliar la comprensión general de aquello que
los Maestros denominan “la extensión de la muerte en el espacio”. Sin embargo,
en las siguientes páginas nos limitaremos al tema de la muerte del cuerpo físico
y de los cuerpos sutiles en los tres mundos; trataremos también los procesos
que producen la reabsorción del alma humana dentro del alma espiritual en su
propio plano, el plano mental superior; consideraremos la reasimilación de la
sustancia y la apropiación de la materia con el fin de reencarnar.
Por
consiguiente, consideraremos los tres principales procesos a los cuales me
referí; abarcan tres períodos y conducen oportunamente a otros procesos
regidos por la Ley de Renacimiento, y son:
1.
El Proceso de Restitución,
que rige el período de abstracción del alma del plano físico y de sus dos
aspectos fenoménicos, el cuerpo físico denso y el cuerpo etérico. Concierne al
Arte de Morir.
2.
El Proceso de Eliminación,
rige el período de vida del alma humana después de la muerte y en los otros dos
mundos de la evolución humana. Concierne a la eliminación del cuerpo
astral-mental, por el alma, para que esté “preparada para permanecer libre en
su propio lugar”.
3.
El Proceso de Integración,
trata del período en que el alma liberada llega a ser consciente de que es el
Ángel de la Presencia y está reabsorbida en el mundo de las almas, entrando
entonces en un estado de reflexión. Posteriormente, bajo el impacto de la Ley de Necesidad o Deuda Kármica, el alma
se prepara de nuevo para otro descenso en la forma.
El
campo de experiencia (la muerte tal como la conoce la persona común) son los
tres mundos de la evolución humana, el físico, el de la emoción y del deseo y
el plano mental. El mundo, en último análisis, es dual desde el ángulo de la
muerte y de allí deriva la frase “la segunda muerte”, y la he aplicado
anteriormente a la muerte o destrucción del cuerpo causal, donde el alma
espiritual había funcionado hasta entonces. Sin embargo, puede ser aplicado en
un sentido más literal, y referirse a la segunda fase del proceso de la muerte
en los tres mundos. En ese caso concierne sólo a la forma, y está relacionada
con esos vehículos de expresión que se hallan debajo de los niveles amorfos del
plano físico cósmico. Los niveles de la forma son (como bien saben, pues este
conocimiento constituye el abecé de la teoría oculista) aquellos donde actúa la
mente concreta inferior y reacciona la naturaleza emocional a los planos
denominados astral y físico dual. El cuerpo físico está compuesto por el
cuerpo físico denso y el vehículo etérico. En consecuencia, cuando
consideramos la muerte del ser humano, debemos emplear la palabra muerte
respecto a dos fases, en las cuales funciona.
Primera fase:
La muerte del cuerpo físico-etérico. Esta fase comprende dos etapas:
a.
Aquella en que los átomos que constituyen el
cuerpo físico son devueltos a la fuente de origen. Esta fuente es la suma total
de la materia del planeta, constituyendo el cuerpo físico denso de la Vida
planetaria.
b.
Aquella en que el vehículo etérico, compuesto de
un conjunto de fuerzas, devuelve esas fuerzas al depósito general de energía. Esta fase
dual abarca el Proceso de Restitución.
Segunda fase: El
“rechazo” (tal como se denomina a veces) de los vehículos mental-emocional. En
realidad, éstos forman un cuerpo, al que los primitivos teósofos dieron
correctamente el nombre de “cuerpo kama-manásíco” o vehículo deseo-mente. He
dicho en otro lugar que no existe tal cosa como plano o cuerpo astral. Así como
el cuerpo físico está compuesto de materia que no es considerada un principio,
así el cuerpo astral -en lo que concierne a la naturaleza mental- se halla en
la misma categoría. Es muy difícil que capten esto, porque el deseo y la
emoción son muy reales y devastadoramente importantes. Pero -textualmente
hablando- desde el ángulo del plano mental, el cuerpo astral es “una ficción de
la imaginación”, no un principio. El empleo masivo de la imaginación, puesta
al servicio del deseo, ha construido, sin embargo, un ilusorio mundo de
espejismos, el mundo del plano astral. Durante la encarnación física y cuando
un hombre no está en el sendero del discipulado, el plano astral es muy real y
posee vida y vitalidad propias. Después de la primera muerte (la muerte del
cuerpo físico) sigue siendo igualmente real. Pero su potencia va
desvaneciéndose lentamente; el hombre mental llega a comprender su propio y
verdadero estado de conciencia (desarrollada o no), y es posible y tiene lugar
la segunda muerte. Esta fase abarca el Proceso de Eliminación.
Cuando estas
dos fases del Arte de Morir han concluido, el alma desencarnada queda libre del
control de la materia; está purificada (temporariamente por las fases de
Restitución y Eliminación) de toda contaminación por la sustancia. Esto se adquiere,
no por medio de alguna actividad del alma en la forma, el alma humana,
sino como resultado de la actividad del
alma en su propio plano, abstrayendo la fracción de sí misma que llamamos alma
humana. Esto es principalmente el trabajo que efectúa el alma influyente; no es
llevado a cabo por el alma en la personalidad. El alma humana durante esta
etapa, sólo responde a la atracción o fuerza atractiva del alma espiritual
cuando ésta -con deliberada intención- extrae el alma humana de las envolturas
que la aprisionan. Más adelante -a medida que prosiguen les procesos
evolutivos y el alma va controlando acrecentadamente a la personalidad- el
alma, dentro de las envolturas que la aprisionan, producirá consciente e
intencionadamente las fases de la muerte. En las primeras etapas, esta
liberación será lograda con la ayuda del alma espiritual influyente. Luego,
cuando el hombre vive en el plano físico como alma, él mismo -con plena
continuidad de conciencia- lleva a cabo los procesos de abstracción, y entonces
(con propósito dirigido) “asciende al lugar de donde vino”, lo cual es el
reflejo, en los tres mundos, de la divina ascensión del perfeccionado Hijo de
Dios.
Ya
he dado en otros de mis libros alguna información respecto al tópico de la
Muerte, que podría agregarse aquí. Tengo un propósito definido al sugerir
esto. La Muerte los acecha como nunca en esta época; la demanda del espíritu
humano por obtener luz sobre este tema ha alcanzado su máxima potencia, y está
evocando la inevitable respuesta de la Jerarquía. Abrigo también la esperanza
que los estudiantes hagan algo muy importante para ayudar a arrojar luz sobre
los procesos de la muerte, que la humanidad hoy demanda.
ACERCA DE LA
MUERTE
EXTRACTADO DE
OTROS LIBROS
“¿Por
qué este poder ciego? ¿Por qué la Muerte? ¿Por qué esta desintegración de las formas? ¿Por qué negar el poder de
posesión? ¿Por qué la muerte, Oh Poderoso Hijo de Dios?”
Imperceptiblemente
llega la respuesta: “Poseo las llaves de la vida y de la muerte. Ato y desato.
Soy el Destructor”.
Tratado sobre
los Siete Rayos, T. 1 pág. 72.
La
intención del Señor de primer rayo es permanecer detrás... de los demás
aspectos divinos... a fin de destruir las formas que Ellos han construido
después que han realizado Su propósito.
El
primer rayo controla el drama de la muerte en todos los reinos, destruye las
formas, lo cual origina la liberación del poder y permite la “entrada a la luz
a través del portal de la muerte”.
ídem pág. 73.
a.
“Detén tu mano hasta que haya llegado el momento.
Entonces da la dávida de la muerte, Oh Señor que abres la Puerta”.
Ídem pág. 74.
b.
“Abre la vestidura... de aquello que se halla
oculto entre sus múltiples pliegues. Retira las envolturas que ocultan. Que
Dios sea visto. Desciende a Cristo de la Cruz.”
Ídem pág. 77.
El
primer paso para sustanciar la realidad de la existencia del alma es establecer
el hecho de la supervivencia, aunque esto no comprobará la realidad de la
inmortalidad... Se está comprobando constantemente que algo sobrevive al
proceso de la muerte y que algo persiste después de la desintegración del
cuerpo físico. Si esto no es verdad, entonces somos víctimas de una alucinación
colectiva, están enfermos y pervertidos los cerebros y las mentes de miles de
personas. Es más difícil creer en tal gigantesca locura que en la alternativa
de una expansión de conciencia.
Ídem pág. 99.
a.
El desarrollo de la visión etérica y el sin número
de personas clariaudientes y clarividentes revelan constantemente la existencia
del plano astral y la contraparte etérica del mundo físico. También aumenta el
número de los que perciben este reino subjetivo: ven a personas que han muerto
o que durante el sueño han abandonado la envoltura física.
Ídem pág. 99.
b.
En los próximos doscientos años se verán la
abolición de la muerte, así como ahora comprendemos esa gran transición, y el
establecimiento de la realidad de la existencia del alma. El alma será conocida
como un ente, como el impulso motivador y el centro espiritual que se halla
detrás de las formas manifestadas... Nuestra esencial inmortalidad será
demostrada y conocida como un hecho real de la naturaleza.
Idem pág. 97.
Dentro
de los próximos años la realidad de la supervivencia y de la eternidad de la
existencia, habrán dejado de ser una incógnita para convertirse en una
convicción... No quedarán dudas de que el hombre al abandonar el cuerpo físico
continúe siendo una entidad viviente y consciente. Se sabrá que continúa su
existencia en un mundo más allá del físico y que vive, está despierto y es
consciente. Esto se comprobará de diversas maneras, por:
a.
El desarrollo de un poder dentro del ojo físico
del ser humano que... revelará el cuerpo etérico... y se verá que los hombres
ocupan ese cuerpo.
b.
El creciente número de personas que tienen el
poder de emplear... “el tercer ojo”..., que ha despertado nuevamente,
demostrará la inmortalidad... porque verá fácilmente al hombre que ha
abandonado sus cuerpos etérico y físico.
c.
Un descubrimiento, en el campo de la fotografía,
comprobará la supervivencia.
d.
Por medio de la radio, con el tiempo se
establecerá comunicación con aquellos que han pasado al más allá, y esto se
convertirá en una verdadera ciencia.
e.
El hombre será sensibilizado a tal grado de
percepción y contacto, que le permitirá ver a través de las cosas y revelará la
naturaleza de la cuarta dimensión, y fusionará en un nuevo mundo los mundos
subjetivo y objetivo. La muerte ya no inspirará terror y desaparecerá el temor
particular que provoca.
Ídem pág.
156.
Deben
recordar que la conciencia siempre es la misma, esté en encarnación o no, y el
desarrollo puede llevarse a cabo con mayor facilidad que cuando está limitado y
condicionado por la conciencia cerebral.
Discipulado
en la Nueva Era, T. 1, pág. 81 (ed. inglesa).
La
ley de Sacrificio y Muerte es el factor que controla en el plano físico. La
destrucción de la forma, a fin de que pueda progresar la vida evolucionante,
es uno de los métodos fundamentales en la evolución.
Tratado sobre
Fuego Cósmico, pág. 467.
a.
La Ley de Desintegración... es un aspecto de la
Ley de Muerte. Es la ley que rige la destrucción de la forma a fin de que la
vida inmanente pueda brillar en su plenitud... Esta ley destruye las formas y
la Ley de Atracción atrae nuevamente a la fuente de origen la materia de esas
formas...
Ídem págs.
474-75.
b.
La Ley de Muerte controla similarmente los tres
mundos.
Ídem pág.
487.
c.
La ley del Sacrificio es la Ley de la Muerte,
similarmente a lo que llamamos muerte del cuerpo físico.
Ídem pág.
487.
d.
La Ley de Muerte y Sacrificio, rige la
gradual desintegración de las formas
concretas y su sacrificio a la vida evolucionante...
Ídem pág.
487.
e.
Cuando todas las unidades o células del cuerpo...
del Logos planetario... hayan logrado la realización, también El se liberará
de la manifestación densa y morirá físicamente.
Idem pág.
420.
El proceso
oculto de la MUERTE es el siguiente:
a.
La primera etapa consiste en retirar la fuerza
vital del vehículo etérico del triple cuerpo físico... y la consiguiente
“corrupción”, siendo “dispersado en los elementos”. El hombre objetivo
desaparece y el ojo físico ya no lo ve aunque se halla en su cuerpo etérico.
Cuando la visión etérica esté desarrollada, la idea de la muerte asumirá
proporciones muy diferentes. Cuando la mayoría de la raza pueda ver a un hombre
actuar en su cuerpo físico etérico, el abandono del cuerpo denso será
considerado como una “liberación”.
b.
La segunda etapa consiste en retirar la fuerza
vital del cuerpo etérico y en desvitalizarlo...
c.
La tercera etapa consiste en retirar la fuerza
vital de la forma astral o emocional, para que ésta sea desintegrada en forma
similar y la vida centralizada... en cualquier otra parte. Ha adquirido una
acrecentada vitalidad por medio de la
existencia en el plano físico, y le ha dado color por medio de la experiencia
emocional.
d.
La etapa final para el... ser... humano consiste
en ser retirado del vehículo mental. Las fueras vitales, después de esta
cuádruple abstracción, son centralizadas totalmente... en el alma...
Ídem págs.
590-91.
La
Ley de Atracción... destruye las formas... y atrae nuevamente a la fuente de
origen la materia de las formas antes de comenzar su reconstrucción. En el
sendero de evolución los efectos de esta ley son muy conocidos, no sólo en la
destrucción de los vehículos abandonados... sino en la destrucción de las
formas que encierran grandes ideales... Oportunamente, todo se destruye debido
a la acción ejercida por esta ley.
Su
actuación, para la común mentalidad humana, es más evidente, en sus
manifestaciones actuales en el plano físico. Podemos trazar la conexión entre
el plano átmico (espiritual) y el físico (que se demuestra en el plano inferior
como la ley de Sacrificio y Muerte), pero su efecto también puede
observarse en los otros cinco planos. Es
la ley que destruye la última envoltura que separa... al alma perfecta.
Ídem pág.
475.
Cuando
desaparece la “voluntad de vivir”, entonces los “Hijos de la Necesidad” dejan
de manifestarse objetivamente... Cuando el Pensador en su propio plano aparta
su atención del pequeño sistema, en los tres mundos, y repliega dentro de sí
todas sus fuerzas, su existencia termina en el plano físico y todo vuelve a la
conciencia causal... Ello se manifiesta en el plano físico cuando el radiante
cuerpo etérico se retira por la parte superior de la cabeza, teniendo lugar la
consiguiente desintegración del físico.
La estructura desaparece y la forma física densa se desintegra.
Ídem pág. 96.
a.
El cuerpo etérico está realmente formado por una
red de finos canales, que forman un sutil cordón trenzado; parte de este cordón
es el eslabón magnético que une los cuerpos físico y astral y se corta al
retirarse el cuerpo etérico del cuerpo físico denso en el momento de la muerte.
(Véase Ecl: XII, 6.)
Ídem, pág.
106.
b.
Más adelante “‘... se pondrán en práctica métodos
definidos cara demostrar que la vida persiste después de la muerte del cuerpo
físico, y la trama etérica será reconocida como factor operante”.
Ídem pág.
360.
La
muerte es “... la iniciación o la entrada... en un estado de liberación...”
Tratado sobre
los Siete Rayos, T. I, pág. 163.
La Muerte y
el Cuerpo Etérico
No
tenemos el propósito de exponer hechos para que la ciencia los verifique, ni
indicar la dirección del nuevo paso que han de dar los investigadores
científicos; si esto sucede es casual y secundario. Nos proponemos
especialmente señalar el desarrollo y las analogías de la triple totalidad,
que hace de nuestro sistema solar lo que es -el vehículo por medio del cual una
gran ENTIDAD cósmica, el Logos solar, manifiesta inteligencia activa con el
propósito de demostrar perfectamente el aspecto amor de Su naturaleza. Detrás
de este designio existe un propósito, posterior y esotérico, oculto en la
Conciencia Voluntad del Ser Supremo,
propósito que necesariamente se manifestará cuando se haya logrado el actual objetivo.
La alternativa entre la manifestación objetiva y la oscuración subjetiva, la
periódica exhalación, seguida de la inhalación de todo aquello que ha sido
llevado a cabo por intermedio de la evolución, personifica, en el sistema, una
de las vibraciones cósmicas fundamentales y la tónica de esa ENTIDAD cósmica de
la cual somos el cuerpo. Los latidos del corazón del Logos (si se puede
expresar en forma tan inadecuada) son la fuente de toda la evolución cíclica;
de allí la importancia que se le atribuye a ese aspecto del desarrollo,
denominado el aspecto “corazón” o “amor”, y el interés que despierta el estudio
del ritmo. Esto no sólo es verdad, cósmica y macrocósmicamente, sino también
cuando se estudia al ente humano. Subyacentes en todas las sensaciones físicas
producidas por el ritmo, la vibración, los ciclos y los latidos del corazón, se
hallan las analogías subjetivas -amor, sentimiento, emoción, deseo, armonía,
síntesis y orden consecutivo-, y detrás de estas analogías se halla el origen
de todo, la identidad de ese Supremo Ser que así se expresa.
Por
lo tanto, el estudio del pralaya, la extracción de la vida del vehículo
etérico, no variará, ya sea que se estudia la extracción del doble etérico
humano, la del doble etérico planetario o la del doble etérico del sistema
solar. El efecto es el mismo y las consecuencias son similares.
¿Cuál
es el resultado de dicha extracción? o, más bien, ¿cuál es la causa de ese algo
que llamamos muerte o pralaya? Debido a que hemos adoptado el estilo de un libro
de texto, continuaremos en este tratado con nuestros métodos de clasificación.
La extracción del doble etérico del hombre, de un planeta o de un sistema, se
debe a las causas siguientes:
a.
Cesación del deseo.
Debería ser el resultado de todo proceso evolutivo. La verdadera muerte, de
acuerdo a la ley, se produce por haberse
alcanzado el objetivo y por haber cesado la aspiración. Esto sucede cuando el
ciclo perfecto llega a su término, respecto al ser humano individual, al Hombre
celestial y al Logos Mismo.
b.
Logro de la vibración adecuada
por la reducción y cesación gradual del ritmo cíclico, por el trabajo
realizado. Cuando la vibración o nota se siente o emite perfectamente, produce
(en el punto de síntesis con otras vibraciones) la total desintegración de las
formas. El movimiento se caracteriza, como sabemos, por tres cualidades:
1.
Inercia
2.
Movilidad
3.
Ritmo
Las tres se experimentan
sucesivamente en el orden indicado y presuponen un período de actividad lenta,
seguido por otro de máximo movimiento. Este período intermedio (cuando se busca
la nota exacta y el grado de vibración) produce incidentalmente ciclos de caos,
de experimento, de experiencia y de comprensión. A continuación de estos dos
tipos de movimiento (que caracterizan al átomo, al Hombre, al Hombre celestial
o grupo, y al Logos o la Totalidad), viene un período de ritmo y
estabilización, en que se alcanza el punto de equilibrio. El pralaya es la
consecuencia inevitable de la fuerza equilibradora de los pares de opuestos, y
trae equilibrio.
c.
Separación del cuerpo físico del
cuerpo sutil, en los planos internos, mediante la
desintegración de la trama. Esto tiene un efecto triple:
Primero.
La vida que ha animado a la forma física (tanto densa como etérica) y que
partiendo del átomo permanente “compenetró lo activo y lo estático” (lo que se
encuentra en Dios, en el Hombre celestial, en el ser humano, lo mismo que en el
átomo de la materia), se recoge
totalmente dentro del átomo en el plano de abstracción. Este “plano de
abstracción” es distinto para cada uno de los entes implicados:
a.
Para el átomo físico permanente, es el nivel
atómico.
b.
Para el hombre, es el vehículo causal.
c.
Para el Hombre celestial, es el segundo plano, el
de la vida monádica, lugar donde habita.
d.
Para el Logos, es el plano de Adi.
Esto indica
los puntos donde desaparece la unidad en el pralaya. Debemos tener presente que
siempre es pralaya cuando se observa desde abajo. Desde la visión
superior, que percibe lo más sutil, cerniéndose constantemente sobre lo denso,
cuando no está en manifestación objetiva, pralaya es simplemente subjetividad,
aquello que es esotérico, no aquello “que no es”.
Segundo.
Cuando el doble etérico de un hombre, de un Logos planetario y de un Logos
solar se desintegra, ya no se polariza con su morador interno, y por lo tanto
puede evadirse. Ya no es (para expresarlo en otras palabras) fuente de
atracción ni punto focal magnético. Se convierte en no magnético, cesando de
regirlo la gran Ley de Atracción; de allí que la desintegración es la condición
inmediata de la forma. El Ego ya no es atraído por su forma en el plano físico
y, mediante la inhalación, retira su vida de la envoltura. El ciclo se acerca a
su fin, ya se ha llevado a cabo el experimento, se ha alcanzado el objetivo
-el cual es relativo en cada vida y encarnación-, entonces ya no se desea nada;
el ego o ente pensante pierde su interés por la forma y dirige su atención internamente. Cambia su
polarización y, con el tiempo, abandona el cuerpo físico.
Similarmente, el Logos planetario durante Su
ciclo mayor (la síntesis o conglomerado de los minúsculos ciclos de las células
de Su cuerpo) sigue el mismo curso; cesa de ser atraído hacia abajo o afuera, y
dirige Su mirada hacia adentro; recoge internamente el conglomerado de pequeñas
vidas dentro de Su cuerpo, el planeta, y corta la conexión. La atracción por lo
externo cesa y todo gravita hacia el centro en vez de dispersarse hacia la
periferia de Su cuerpo.
En
el sistema, el Logos solar sigue el mismo proceso; desde Su elevado lugar de
abstracción ya no es atraído por Su cuerpo de manifestación, porque ha dejado
de interesarle, y los dos pares de opuestos, el espíritu y la materia del
vehículo, se separan. Con esta separación, el sistema solar, el “Hijo de la
necesidad” o del deseo, deja de ser y sale de su existencia objetiva.
Tercero.
Finalmente se produce la dispersión de los átomos del cuerpo etérico, que
vuelven a su condición primitiva. Se retira la vida subjetiva, se activa la
síntesis de la voluntad y del amor. La sociedad se disuelve. Entonces la forma
se desintegra porque el magnetismo que la mantenía coherente ya no está
presente y la dispersión es total. Persiste la materia, pero no la forma.
El
trabajo del segundo Logos termina, y la divina encarnación del Hijo llega a su
fin. Pero la facultad o cualidad, inherente a la materia, persiste, y al fin
de cada periodo de manifestación, la materia (aunque vuelve a su forma
primitiva) llega a ser materia inteligente activa, incorporando lo adquirido durante
la objetividad y la acrecentada actividad latente e irradiante lograda por la
experiencia. Permítaseme dar un ejemplo: la materia indiferenciada del sistema
solar fue materia inteligente activa, y esto es todo lo que puede afirmarse de
ella. Dicha materia inteligente activa fue materia cualificada por una
experiencia anterior y coloreada en una encarnación anterior. Ahora esta materia tiene forma, el
sistema solar no se encuentra en pralaya, sino en objetividad; esta objetividad
tiene por objeto agregar otra cualidad al contenido logoico, la cualidad
amor-sabiduría. Por consiguiente, en el próximo pralaya solar, al final de los
cien años de Brahma, la materia del sistema solar estará matizada por la
inteligencia y el amor activos. Esto significa, textualmente, que el conjunto
de materia atómica solar vibrará, con el tiempo, a un ritmo distinto que en los
albores de la manifestación.
Puede
aplicarse este mismo razonamiento al Logos planetario y a la unidad humana, pues la analogía es
perfecta. En pequeña escala, tenemos la analogía en el hecho de que en cada
período de la vida humana el hombre ocupa un cuerpo físico más evolucionado y
de mayor sensibilidad, sintonizado a una vibración más alta, más refinada, y
vibrando a un ritmo diferente. Estos tres conceptos contienen mucha información
si se los estudia y amplia, cuidadosa y lógicamente.
d.
La transmutación del color
violeta en azul. Sobre esto no podemos extendernos. Simplemente
lo exponemos, dejando su elucidación a los estudiantes cuyo karma se lo permita
y su intuición esté suficientemente desarrollada.
e.
Mediante la extracción de la
vida, la forma se disipará gradualmente. Resulta
interesante observar la acción refleja, pues los Constructores y Devas
superiores, agentes activos durante la manifestación, que mantienen la forma en
un conjunto coherente, transmutando, aplicando y haciendo circular las
emanaciones pránicas, análogamente ya no son atraídos por la materia de la
forma y dirigen su atención a otra cosa. En el sendero de exhalación (ya sea
humano, planetario o logoico) estos devas constructores (que se hallan en el
mismo rayo o en uno complementario al del ente que desea manifestarse) son
atraídos por su voluntad y deseo, y realizan su tarea de construcción. En el
sendero de inhalación (humano, planetario o logoico) ya no son atraídos, y la
forma empieza a disiparse. Pierden su interés, y las fuerzas (entidades),
agentes de destrucción, efectúan el trabajo necesario de destruir la forma; la
dispersan (como se dice en ocultismo) a “los cuatro vientos del cielo” o a las
regiones de los cuatro alientos, cuádruple separación y distribución. Aquí hay
una sugerencia que merece un detenido estudio.
Aunque
no han sido descritas, como era de esperarse las escenas desarrolladas en el
lecho de muerte, ni la dramática evasión del palpitante cuerpo etérico a través
del centro coronario, sin embargo se han dado algunas de las reglas y
propósitos que rigen dicha evasión. Hemos visto que el objetivo de cada vida
(humana, planetaria o solar) consiste en realizar y llevar adelante un propósito
definido. Propósito que involucra el desarrollo de una forma más adecuada para
uso del espíritu; una vez logrado, el Morador interno dirige su atención a otra
parte, y la forma se desintegra después de haber llenado su cometido. Esto no
siempre ocurre en cada vida humana ni en cada ciclo planetario. El misterio de
la Luna es el misterio del fracaso. Conduce, una vez comprendido, a llevar una
vida digna, ofreciéndonos un objetivo que merece nuestros mejores esfuerzos.
Cuando este aspecto de la verdad sea reconocido universalmente, y lo será si la
inteligencia de la raza se desarrolla suficientemente, entonces la evolución
avanzará con certeza y los fracasos disminuirán.
Tratado sobre
Fuego Cósmico, págs. 129-132.
Toda
rotura de eslabones produce serias reacciones. No obstante, si sólo pudiéramos
comprenderlo, la rotura de los eslabones del plano físico externo es la menos
grave y la más inestable de tales acontecimientos. La muerte misma es parte de
la gran ilusión y se debe a los Velos con que nos hemos envuelto. A todos
nosotros, como trabajadores en el campo del
espejismo (el nuevo campo donde la humanidad debe aprender a trabajar conscientemente)
se nos ha honrado y demostrado confianza. La muerte llega a todos, pero para
los discípulos no debería existir el espejismo y la angustia comunes. Le
pediría que no mire hacia el pasado. En esa dirección existe espejismo y
angustia, pues es la dirección común y la línea de menor resistencia para la
mayoría. Pero éste no es el camino para usted. No espere la revelación ni
tampoco recibir un consuelo ilusorio de aquellos que fluctúan en la línea
divisoria entre lo visible y lo invisible. Repito, éste no es el camino para
usted, porque no es un discípulo angustiado y apenado que mira ansiosamente el
velo separador, esperando ver algún indicio que lo convenza de que todo va
bien.
Procure
alcanzar las alturas del alma, y habiendo buscado y alcanzado ese pináculo de
paz y esa altitud de alegría, donde su alma permanece inamovible, entonces mire
hacia el mundo de los vivos, el triple mundo donde se encuentran los hombres
encarnados y desencarnados. Descubra allí aquello que su alma puede reconocer
y reconocerá. El espejismo de nuestra propia angustia, el maya del pasado,
siempre distorsiona nuestro punto de vista. Sólo el alma permanece apartada de
la ilusión y sólo ella ve las cosas tal como son. Ascienda, por lo tanto, hasta
el alma.
Discipulado
en la Nueva Era, T. 1, págs. 428-429.
CAPITULO
QUINTO
El Proceso de
Restitución
EL TEMA DE LA MUERTE, que estamos
considerando, debemos encararlo con un gran espíritu de sensatez e
investigación científica. El complejo humano del temor halla su punto de entrada
en la conciencia del hombre mediante el acto de morir; el temor básico es no
poder sobrevivir; sin embargo constituye el fenómeno más común que ocurre en el
planeta. Recuerden esto. El acto de morir es el gran ritual universal que rige
toda nuestra vida planetaria, pero este temor sólo existe en la familia humana,
y apenas muy tenuemente en el reino animal. Si pudieran ver el mundo etérico
como lo experimentan y ven Quienes se hallan en el aspecto interno de la vida,
lo observarían (continuamente y sin pausa) como el gran acto planetario de
restitución. Verían una gran actividad dentro del mundo etérico, donde el ánima
mundi, el alma animal y el alma humana, constantemente restituyen la sustancia
de todas las formas físicas al gran depósito de sustancia esencial. Esta
sustancia esencial es una unidad tan vital y dirigida como lo es el alma del
mundo, de la que tanto se habla. Esta interacción del principio vida produce
la actividad básica de la creación. La fuerza impulsora y directriz es la Mente
de Dios, del Logos planetario, a medida que desarrolla Sus propósitos divinos,
llevando Consigo en este proceso todos
los medios a través de los cuales Se manifiesta.
El temor humano a la muerte se debe principalmente a que la
orientación del reino de las almas, el quinto reino de la naturaleza, ha sido
(hasta relativamente tarde en el ciclo mundial) dirigida a la expresión de la
forma y la necesidad de pasar las experiencias a través de la materia, para
eventualmente controlarla con plena libertad. El porcentaje de almas que se
apartan de la expresión en los tres mundos es relativamente tan pequeño -en
proporción al número de almas que exigen experiencia en los tres mundos- que,
hasta podría afirmarse, la muerte reina triunfante en el ciclo o era que
denominamos cristiano. Sin embargo, estamos en vísperas de ver un cambio total
de esa condición, debido a que la humanidad -en una escala mucho más amplia que nunca- está obteniendo la
necesaria reorientación; los valores superiores y la vida del alma,
descubiertos por la insistencia de los aspectos superior e inferior de la
mente, están comenzando a ejercer control. Esto forzosamente traerá una nueva
actitud hacia la muerte, y será vista como un proceso natural y deseable,
padecido cíclicamente. Los hombres comprenderán eventualmente el significado
de las palabras de Cristo cuando dijo: “Dad
al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. En el incidente en
que pronunció estas palabras se refirió al gran acto de restitución que
denominamos muerte. Reflexionen sobre dicho relato y observen el simbolismo del
alma, contenido en el alma universal, como el pez en el agua, sosteniendo una
moneda de metal, símbolo de la materia.
En
uno de los antiguos escritos hallamos las siguientes palabras simbólicas:
Díjole el Padre al hijo: Ve y toma
para ti lo que no eres tú, y aquello que
no es tuyo sino Mío. Considéralo como si fuera tuyo y busca la causa de
su apariencia. Deja que se parezca a ti. Descubre así el mundo del espejismo,
el mundo de la profunda ilusión, el mundo de la falsedad. Entonces aprende que
has tomado aquello que no es la meta del esfuerzo del alma.
Cuando llegue ese momento en cada ciclo y aparezca el engaño y el
latrocinio, entonces se oirá una voz. Obedece esa voz. Es la voz que dentro de
ti escucha Mi voz, una voz nunca escuchada por quienes aman el latrocinio. El
mandato surgirá una y otra vez: “Restituye los bienes robados. Aprende
que no son para ti”. Durante intervalos muy extensos esa voz surgirá
nuevamente: “Restituye los bienes prestados; paga tu deuda”.
Entonces cuando todas las lecciones hayan sido aprendidas hablará una
vez más la voz: “Restituye con alegría lo que fue Mío; fue tuyo, pero ahora es
otra vez nuestro. Ya no necesitas la forma. Libérate”.
Las
implicaciones de estas palabras son claras.
Dos
conceptos servirán para esclarecer el tema de la muerte, que ahora nos concierne: Primero, el gran dualismo siempre presente
en la manifestación. Cada dualismo tiene su propia expresión, está regido por
sus propias leyes y busca sus propios objetivos. Pero, en tiempo y espacio,
sumergen sus intereses en bien de ambos, y juntos producen la unidad.
Espíritu-materia, vida-apariencia, energía-fuerza, cada uno tiene su propio
aspecto emanante; cada uno se relaciona entre sí, cada uno tiene un objetivo
mutuo temporario, y así al unísono producen la eterna afluencia, el
cíclico flujo y reflujo de la vida en manifestación. En este proceso de relación entre
Padre-Espíritu y Madre-Materia, el hijo viene al ser, y durante la etapa
infantil lleva a cabo sus procesos de vida dentro del aura de la madre, y
aunque identificada con ella trata siempre de escaparse de su dominio. Cuando
llega a la madurez se intensifica el problema y “la atracción” del padre
comienza lentamente a neutralizar la actitud posesiva de la madre, hasta que
finalmente se rompe el aferramiento que ejerce la materia o madre, sobre su
hijo (el alma). El hijo, el Cristo-Niño, liberado de la tutela y de las manos
protectoras de la madre, llega a conocer al Padre. Estoy hablando en símbolos.
Segundo:
Todos los procesos de la encarnación, de la vida en la forma y de la restitución
(por la actividad del principio muerte), de materia a materia y de alma a
alma, son llevados adelante bajo la gran Ley Universal de Atracción. ¿Pueden
imaginarse una época en que el proceso de la muerte, claramente reconocido y
bienvenido por el hombre, sea descrito con la sencilla frase: “Ha llegado el
momento en que la fuerza atractiva de mi alma requiere que abandone y
restituya mi cuerpo al lugar de donde vino”. Imagínense el cambio a producirse
en la conciencia humana cuando la muerte sea considerada un mero acto de
abandonar conscientemente la forma, temporariamente apropiada para dos
objetivos específicos:
a.
Controlar los tres mundos.
b.
Dar una oportunidad a la sustancia de esas formas
que han sido “hurtadas, prestadas o legítimamente apropiadas”, de acuerdo a la
etapa de evolución, para alcanzar, por el impacto que la vida hace sobre ella
por intermedio del alma, un alto grado de perfección.
Estos
conceptos son muy significativos. Ya han sido expresados, pero fueron
desechados como simbólicos, reconfortantes o como deseos ansiosos. Los presento
como una realidad de la naturaleza, inevitables en la práctica, y como una
técnica familiar o proceso de esas actividades (rítmicas y cíclicas en la
naturaleza) que rigen la vida del hombre común -que se levanta, acuesta, come y
bebe, desempeñando periódicamente todas esas tareas a que está acostumbrado.
En
Tratado sobre Magia Blanca ya me ocupé del tema de la muerte,
concentrándome principalmente sobre los procesos físicos de la muerte,
haciéndolo desde el punto de vista del espectador u observador. Traté de
indicar cuál debía ser la actitud del espectador. Aquí quisiera presentar un
cuadro algo diferente, describiendo lo que sabe el alma que se va. Si esto es
una repetición de lo que ya conocen, sin embargo hay ciertas repeticiones y enunciados fundamentales que
deseo formular nuevamente. Permítanme clasificarlos brevemente, considerándolos
como fundamentales y reales.
1.
Ha llegado el momento en que el alma encarnante
debe partir. En el pasado el alma
a.
se ha apropiado de un cuerpo físico, de cierta
calidad, adecuado a los requisitos y edad de esa alma;
b.
ha energetizado ese cuerpo físico por medio del
cuerpo etérico, impulsándolo a una actividad vital durante un término ya
establecido por el alma para efectuar su trabajo físico.
2.
Dos corrientes principales de energía penetran en
el cuerpo físico produciendo su actividad, su cualidad y tipo de expresión,
además de la impresión que ejerce sobre su medio ambiente:
a.
La corriente de vida dinámica,
la cual se ancla en el Corazón. La corriente de energía dinámica penetra en el
cuerpo, por la cabeza, y desciende hasta el corazón, enfocándose allí durante
el ciclo de vida. Una corriente más pequeña de energía universal o prana,
distinta de la fuerza individualizada de la vida, penetra en el cuerpo físico
por el bazo. Luego se eleva hasta el corazón para unirse a la más grande e importante corriente
de vida. La corriente de vida energetiza y mantiene coherentemente integrado
al cuerpo físico. La corriente de energía pránica vitaliza los átomos y
células individuales de los cuales está compuesto ese cuerpo.
b.
La corriente de conciencia
individual, está anclada en la cabeza; es un aspecto del
alma, y revela el tipo de conciencia que a su vez indica la etapa alcanzada en
la evolución. Esta corriente de energía también actúa en conexión con la
corriente de fuerza de la personalidad: esta fuerza se caracteriza por el deseo
(sensibilidad emocional o astral) y penetra en el cuerpo físico por el centro
plexo solar, lo cual relaciona al hombre con el plano astral y en consecuencia
con el mundo del espejismo. En lo que respecta a las personas no evolucionadas
y al tipo humano común, el plexo solar es el foco de conciencia, y la energía
es registrada por el punto focal de la conciencia situado en la cabeza, sin
darse cuenta de ello. Por esta razón (en el momento de la muerte), el alma
abandona el cuerpo por el plexo solar y no por la cabeza. En el caso del hombre
evolucionado, el individuo de tipo mental y el aspirante, discípulo o
iniciado, el hilo de la conciencia se retirará del cuerpo por la cabeza.
3.
El alma grupal de todas las formas del reino
animal -de acuerdo a la Ley de Atracción- retira el principio vida de cualquier
forma física específica por medio del plexo solar, el cerebro del animal común.
Los animales muy evolucionados y domesticados comienzan a utilizar el cerebro
en mayor o menor grado, pero el principio vida y el aspecto sensible, o conciencia
animal, se retiran todavía por el plexo solar. Tenemos por lo tanto en todas las etapas del proceso
evolutivo algunos interesantes triángulos de energía:
a.
En el caso de los animales y de esos seres humanos
que son algo más que animales, también de los imbéciles y de ciertos hombres
que parece que han nacido sin ningún punto centralizado de conciencia
individual, es de importancia la siguiente triplicidad:
El alma grupal
El plexo solar
El centro esplénico o pránico
b.
En el ser humano de grado inferior pero
individualizado, y en la persona común de tipo emocional, debe observarse la
triplicidad siguiente:
El alma
El centro coronario
El plexo solar
c.
Las personas muy evolucionadas y los que se hallan
en el sendero del discipulado, en el momento de la muerte está activo el
triángulo siguiente:
El alma
El centro coronario
El centro ama.
En
conexión con estas triplicidades existe una interrelación dual con el principio
vida:
a.
El corazón, donde está enfocada la vida del alma
en la forma.
b.
El bazo, a través del cual pasa constante y
rítmicamente la esencia universal de vida o prana.
Todo
el tema lógicamente es muy oscuro, y aún inverificable para quienes se hallan
en niveles estrictamente humanos. Sin embargo, la aceptación de los tres puntos
mencionados, hipotéticos hoy, ayudarán a
esclarecer la mente sobre el tema de la restitución.
4.
El siguiente punto no necesita ser comprobado,
porque generalmente se acepta que el deseo rige el proceso de la muerte, como
también los procesos para adquirir experiencia en la vida. Decimos
constantemente que cuando se carece de la voluntad de
vivir, el resultado inevitable es la muerte. Esta voluntad de vivir, o la
tenacidad del cuerpo físico, ya sea actuando como un ser elemental o como la
intención dirigida del alma, es un aspecto del deseo, o más bien, una reacción
de la voluntad espiritual en el plano físico. Existe por consiguiente una relación
vinculadora entre:
a.
El alma en su propio plano.
b.
El cuerpo astral
c.
El centro plexo solar.
Esta
relación hasta ahora ha recibido poca atención en lo que respecta al Arte de
Morir. Sin embargo merece una cuidadosa reflexión.
Observarán
que me refiero a la muerte cuando hace sentir su presencia por enfermedad o
vejez. No me refiero a la muerte cuando acontece por guerra o accidente,
asesinato o suicidio. Éstas y otras causas de la muerte están regidas por un
proceso directriz totalmente diferente; quizás ni siquiera involucre el karma
de un hombre o su destino individual, como en caso de guerra, cuando mueren
muchas personas. Esto no tiene nada que ver con la Ley de Causa y Efecto como un
factor en la trayectoria del alma de cualquier individuo. No es un acto de
restitución planeado por un alma determinada que cumple con su destino
individual. La muerte, a través del proceso destructivo de la guerra, está
bajo la dirección e intención cíclica del Logos planetario, que actúa a través
de la Cámara del Concilio de Shamballa. Los seres que allí dirigen los procesos
mundiales saben que ha llegado el
momento en que la relación entre el mal planetario y las Fuerzas de la Luz o
del Bien, han alcanzado un punto de “antagonismo explosivo” -según se lo
denomina. A ello debe dársele rienda suelta si querernos que el propósito
divino actúe sin impedimentos. Por lo tanto es permitida la explosión; sin
embargo está presente todo el tiempo un factor controlante, aunque el hombre
no se de cuenta de ello. Estos Seres (que cumplen la voluntad de Dios) no se
identifican de ninguna manera con la vida de la forma, en consecuencia se dan
cuenta exacta de la importancia relativa que tiene la vida en la forma; para
Ellos la destrucción de las formas no es la muerte en el sentido que nosotros
la entendemos, sino sencilla y únicamente un proceso de liberación. El temor a
la muerte es fomentado insistentemente por la visión limitada de quienes se
identifican con la forma. El ciclo que ahora vivimos ha sido testigo de la más
grande destrucción de formas humanas, en toda la historia de nuestro planeta. No
hubo destrucción de seres humanos. Quisiera que observaran este enunciado.
Debido a esta destrucción total, la humanidad ha ido adoptando rápidamente
una actitud más serena respecto a la muerte. Esto no es muy evidente todavía
pero -dentro de pocos años- tal nueva actitud comenzará a destacarse y el temor
a la muerte empezará a desaparecer del mundo. En gran parte también se deberá a
la acrecentada sensibilidad del mecanismo humano de respuesta, que conduce a
una interna o nueva orientación de la mente humana, con imprevisibles
resultados.
La
base de todas las guerras es fundamentalmente el sentido de separatividad. Este
individualismo fundamental, o complaciente aceptación del aislamiento, conduce
a todas las demás causas secundarias de la guerra: la codicia que produce
desastres económicos, el odio que trae fricción nacional e internacional, la
crueldad que da por resultado el sufrimiento y la muerte. Las raíces de la
muerte están profundamente arraigadas; es la destrucción del ciclo de
separatividad, como individuo, en el plano físico, comúnmente denominado
muerte; en consecuencia, la muerte es un
proceso de unificación. Si analizaran algo más la cuestión, verían que la
muerte libera la vida individualizada, llevándola a una existencia menos
restringida y confinada, y eventualmente -cuando el proceso de la muerte haya
sido aplicado a los tres vehículos en los tres mundos- a la vida de la
universalidad. Éste es un estado de inexpresable bienaventuranza.
La
Ley de Atracción rige los procesos de la muerte como así también todo lo demás
en la manifestación. Constituye el principio de coherencia que, regido por la integración
equilibrada de todo el cuerpo, lo mantiene intacto; estabiliza su ritmo y los
procesos cíclicos de la vida, y relaciona entre si sus distintas partes. Es el
principio mayor coordinador, dentro de todas las formas, porque es la expresión
primaria (dentro del alma) del primer aspecto de la divinidad, el aspecto
voluntad. Quizás esta afirmación resulte sorprendente, habituados como están, a
considerar la Ley de Atracción como expresión del segundo aspecto,
amor-sabiduría. Este principio atrayente existe en todas las formas, desde la
del pequeño átomo hasta la del planeta Tierra, a través del cual nuestro Logos
planetario se expresa. Pero por ser el principio de coherencia y la causa de
la integración, también es el medio a través del cual se establece la
“restitución”, por la que el alma humana es reabsorbida periódicamente dentro
del alma influyente. Este aspecto de la Ley de Atracción ha recibido hasta
ahora poca atención. Ello se debe a que concierne a la expresión más elevada
de esta Ley, estando, por lo tanto, relacionada con el aspecto voluntad de la
Deidad, así como también con el aspecto voluntad de la mónada. El
esclarecimiento sólo vendrá cuando la fuerza shambállica actúe en forma más
directa en el próximo ciclo, y los hombres comiencen a discriminar (como deben
hacerlo y lo harán) entre la propia voluntad y la
voluntad espiritual, entre determinación, intención, planificación, propósito
y polarización fija. En la Ley de Atracción existen (como en todo lo
manifestado) tres fases o aspectos,
vinculados a los tres aspectos divinos.
1.
Relaciona la vida y la forma, espíritu y materia
-tercer aspecto.
2.
Rige el proceso coherente de integración que
produce las formas -el segundo aspecto.
3.
Lleva a cabo el equilibrio, que da por resultado
el acto de desintegración, disolviendo así la forma -en lo que concierne al ser
humano-, y lo hace en tres etapas que denominamos:
a.
Restitución,
da por resultado la disolución del cuerpo y el retorno de sus elementos, átomos
y células a su fuente de origen.
b.
Eliminación,
involucra el mismo proceso básico en relación con las fuerzas que han
constituido el cuerpo astral y el vehículo mental.
c.
Absorción,
el modo en que el alma humana se integra a su fuente de origen, la influyente
alma universal. Expresión del primer aspecto.
Todas
estas fases correctamente comprendidas, ilustran o demuestran la singular
potencia de la Ley de Atracción y su relación con la Ley de Síntesis, que rige
el primer aspecto divino. Oportunamente la integración produce la síntesis. Las
numerosas integraciones cíclicas, llevadas a cabo durante el gran ciclo de vida
de un alma encarnante, conducen a la síntesis final, alma y espíritu, meta del
proceso evolutivo en lo que concierne a la humanidad. Después de la tercera
iniciación permite al hombre liberarse de la “atracción” de la sustancia en los
tres mundos y adquirir la consiguiente habilidad de aplicar con plena comprensión
la Ley de Atracción en sus variadas fases, en lo que al proceso creador concierne. Más adelante
serán dominadas otras fases.
Debe
tenerse presente una cosa, y es que las palabras “la tierra a la tierra, y el
polvo al polvo”, tan familiares en los rituales funerarios de Occidente, se
refieren a este acto de restitución y significan el retorno de los elementos
del cuerpo físico al depósito original de la materia, y de la sustancia de la
forma vital al depósito general etérico; las palabras “el espíritu que Dios
otorgó volverá a Él” es una referencia distorsionada de la absorción del alma
por el alma universal. Sin embargo los rituales comunes no acentúan que el alma
individualizada, en proceso de reabsorción, instituye y ordena, por un acto de
la voluntad espiritual, esa restitución. En Occidente se olvida que esta
“orden de restitución” fue dada frecuentemente en el transcurso de las edades
por cada alma, dentro de una forma
física; al hacerlo, constante e inevitablemente, el primer aspecto divino -la
mónada en su propio plano- se aferra más a su cuerpo de manifestación, mediante
su reflejo, el alma. Así el aspecto voluntad comienza a actuar acrecentadamente
hasta que, en el sendero del discipulado, la determinación espiritual es
llevada a su punto más elevado de desarrollo y, en el sendero de iniciación,
la voluntad comienza a actuar conscientemente. Vale la pena recordar que por la
deliberada orden que el alma, en su propio plano, da a su sombra en los tres
mundos, el alma aprende a expresar el primero y más elevado aspecto de la
divinidad; esto, al principio y durante largo tiempo, sólo lo hace mediante el proceso
de la muerte. En la actualidad, la dificultad reside en que relativamente muy
pocas personas son conscientes del alma y, en consecuencia, la mayoría de los
hombres son inconscientes del “mandato oculto” de sus propias almas. A medida
que la humanidad va siendo consciente del alma (y será uno de los resultados de
la agonía de la actual guerra), la muerte será considerada como un proceso “por
mandato”, llevado a cabo con plena conciencia y comprensión del propósito cíclico. Esto lógicamente terminará
con el temor que hoy prevalece, y eliminará también la tendencia al suicidio,
acrecentadamente evidenciada en estos tiempos difíciles. Un asesinato en
realidad constituye un pecado, por el hecho de que interfiere los propósitos
del alma y no por haber dado muerte a determinado cuerpo físico humano. Por
esta razón la guerra no es un asesinato como lo consideran muchos fanáticos
bien intencionados, sino la destrucción de las formas con una intención
benéfica (si pudiéramos escudriñar el propósito divino) del Logos planetario.
Sin embargo, los móviles de quienes originan la guerra en el plano físico la
convierten en un mal. Si la guerra no tuviese lugar, la vida planetaria se
vería obligada, mediante los denominados “actos de Dios”, a hacer retornar en
gran escala a las almas de los hombres, de acuerdo a Su intención amorosa.
Cuando los hombres perversos precipitan una guerra, Él convierte el mal en
bien.
Por
lo tanto, podrán ver por qué las ciencias ocultas ponen el énfasis sobre la ley
cíclica y por qué existe un creciente interés por la Ciencia de la
Manifestación Cíclica. Frecuentemente, la muerte parece no tener ningún
propósito, ello se debe a que no se conoce la intención del alma; los
acontecimientos pasados, a través del proceso de la reencarnación, continúan
siendo un enigma; son ignoradas las antiguas herencias y medio ambientes y aún
no se ha desarrollado en forma general el reconocimiento de la voz del alma.
Estas cuestiones no obstante están en vísperas de ser conocidas; la revelación
está en camino, y para ello estoy sentando las bases.
Ansío
que capten la enseñanza que ya he dado, antes de entrar en la faz explicativa o
nueva. Estúdienla con cuidado para que el tema de la muerte pueda configurarse
en vuestra mente con más firmeza y sensatez. Traten de obtener un nuevo ángulo
del tema y procuren ver la ley, el propósito y la belleza de la intención,
detrás de lo que hasta ahora ha sido el mayor terror y temor.
Posteriormente trataré de darles una vislumbre
del proceso de la muerte tal como lo registra el alma, cuando inicia el acto de
restitución. Esto podrá parecerles especulativo o hipotético; en todo caso
constituirá una afirmación que pocos de ustedes podrán comprobar su exactitud.
Pero, seguramente, puede ser más sensato y saludable, más sólido y bello, que
la actual oscuridad y enfermiza esperanza, o la desafortunada especulación y
frecuente desesperación que se cierne en la actualidad sobre cada lecho de
muerte.
1. LA NATURALEZA DE LA MUERTE
El
todo debe ser considerado de importancia más vital que la parte, y esto no es
un sueño, visión, teoría, deseo ansioso, hipótesis o anhelo. Debe
considerárselo como una necesidad innata e inevitable. Significa la muerte,
pero la muerte como belleza, alegría, espíritu en acción y la consumación de
todo lo bueno.
Tratado sobre
los Siete Rayos. T. V.
La
muerte, si solo pudiéramos comprenderlo, es una de las actividades que más
hemos practicado. Hemos muerto muchas veces y moriremos muchas más. La muerte
es esencialmente cuestión de conciencia. En cierto momento somos conscientes en
el plano físico, en otro nos retraemos a otro plano y somos allí activamente
conscientes. En la medida que nuestra conciencia se identifica con el aspecto
forma, la muerte continuará manteniendo su antiguo terror. Tan pronto nos
reconozcamos como almas y hallemos que somos capaces de enfocar a voluntad
nuestra conciencia o sentido de percepción, en cualquier forma o plano, o en
cualquier dirección dentro de la forma de Dios, ya no conoceremos la muerte.
Tratado sobre
Magia Blanca, pág. 358-359.
Reflexionen por lo tanto respecto a esta
doctrina de abstracción. Abarca todos los procesos de la vida y les revelará
el eterno y amoroso secreto de la Muerte, que es la entrada en la vida.
Tratado sobre
los Siete Rayos, T. V.
En
esta regla tenemos dos conceptos principales, ambos vinculados con el primer
aspecto divino: el concepto de la MUERTE y la naturaleza de la VOLUNTAD. En el
próximo siglo: la muerte y la voluntad tendrán inevitablemente un nuevo
significado para la humanidad, y desaparecerán muchas ideas antiguas. La muerte
para el hombre común reflexivo constituye un punto de catastrófica crisis. Es
la cesación y el fin de todo lo amado, lo familiar y lo deseado; es una brusca
entrada en lo desconocido, en la incertidumbre, y la abrupta terminación de
todos los planes y proyectos. A pesar de toda la fe, puesta en los valores
espirituales, de cuán lúcido sea el razonamiento de la mente acerca de la inmortalidad,
y cuán concluyente sea la evidencia de la supervivencia y la eternidad, aún
queda una duda, el reconocimiento de que existe la posibilidad de una completa
extinción y negación y el fin de toda actividad, reacción cardíaca,
pensamiento, emoción, deseo y aspiración y de las intenciones enfocadas
alrededor del núcleo central del ser humano. El ansia y determinación de sobrevivir
y el sentido de continuidad, todavía descansan, hasta para el más ferviente
creyente, sobre una probabilidad, una inestable base y el testimonio de otros
-los cuales en realidad nunca han vuelto para contar la verdad. El énfasis de
todo pensamiento acerca de este tópico concierne al Yo central o a la
integridad de la Deidad.
Observarán
que en esta regia, el énfasis se transfiere del Yo a las partes constituyentes
de la vestidura del Yo, y este punto debe ser considerado. La información dada
al discípulo es para que trabaje en la desintegración de esta vestidura, a fin
de que las vidas menores retornen al depósito general de sustancia viviente. En
ninguna parte se hace referencia al océano del Ser. Una cuidadosa reflexión
demostrará aquí que este ordenado proceso de desapego, que la vida grupal hace
efectivo en el caso del individuo, es uno de los argumentos más sólidos en
favor de la continuidad y de a supervivencia individual e identificable.
Analicen estas palabras. El foco de actividad se traslada del cuerpo activo a
la entidad activa dentro de ese cuerpo, el amo de lo que lo circunda, el
administrador de sus posesiones, que es el aliento mismo, y envía las vidas al
depósito de sustancia, o las ordena a voluntad para que reasuman su relación
con él.
Ídem, T. V.
Primero,
el Eterno Peregrino, por propio libre albedrío y acuerdo, eligió “ocultamente”
morir y tomar un cuerpo o una serie de cuerpos para hacer ascender o elevar las
vidas de la naturaleza forma que él corporificó; en el proceso de realizarlo,
él mismo “murió” en el sentido que, para el alma libre, la muerte y la apropiación
de una forma y el consiguiente sumergimiento de la vida en la forma, son
términos sinónimos.
Segundo,
entonces el alma vuelve a recapitular en pequeña escala sobre lo que el Logos
solar y el Logos planetario también han hecho y están haciendo. Las grandes
Vidas quedan bajo la regencia de esas leyes del alma durante el período de
manifestación, aunque Ellas no están regidas o controladas por las leyes del
mundo natural, según lo denominamos. Sus conciencias no se identifican con el
mundo fenoménico, aunque las nuestras lo están hasta el momento en que quedamos
bajo la regencia de las leyes superiores. Por la “muerte” oculta de estas
grandes Vidas pueden vivir todas las vidas menores, ofreciéndoseles una
oportunidad.
Ídem, T. V.
Las fuerzas de la muerte imperan hoy, pero es
la muerte de la libertad, la muerte de la libre expresión, la muerte de la
libre actividad humana, la muerte de la verdad y de los más altos valores
espirituales. Éstos son los factores vitales en la vida de la humanidad.
La muerte de la forma física no tiene importancia en relación con éstos y puede
ser fácilmente modificada también por los procesos de renacimiento y renovada
oportunidad... La destrucción de la forma en el campo de batalla es de poca
importancia para quienes saben que la reencarnación es una ley básica de la
naturaleza y que no existe la muerte.
Mensaje de
junio 1940.
Quizás
piensen que éstas son sólo hipótesis sobre la inmortalidad y no evidencias
tangibles. Por la acumulación de testimonios, las afirmaciones internas del
corazón humano y la creencia en la perdurabilidad eterna como un concepto en la
mente de los hombres, tenemos un indicio seguro de ello. Esto dará lugar a la
convicción y al conocimiento antes de haber pasado cien años, pues ocurrirá
otro acontecimiento y la raza tendrá una revelación, que convertirá la esperanza
en certidumbre y la creencia en conocimiento. Mientras tanto, debe cultivarse
una nueva actitud y establecerse una nueva ciencia respecto a la muerte. La
muerte debe dejar de ser algo que no podemos controlar y que inevitablemente
nos vence; empecemos por controlar nuestro tránsito al mas allá y comprender
parte de la técnica de esa transición.
Tratado sobre
Magia Blanca, pág. 363.
Todo
lo que pido es un acercamiento sensato a la muerte; sólo quiero sugerir que
cuando el dolor ha terminado y sobreviene el debilitamiento, se le permita a la
persona moribunda prepararse para la gran transición aunque esté aparentemente
inconsciente. No olviden que requiere fuerza y una presión intensa sobre el mecanismo
nervioso para producir dolor. ¿Son capaces de concebir que llegará el momento
en que el acto de morir sea considerado el final triunfante que nos llevará a
la vida? ¿Pueden imaginarse el momento en que las horas transcurridas en el
lecho de muerte sea un glorioso preludio para el retiro consciente? ¿Pueden
imaginarse el momento en que el hombre llegue a desprenderse del impedimento
de la envoltura física y constituya para él, y quienes lo rodean, la tan
esperada y feliz consumación? ¿Pueden visualizar el momento en que, en vez de
lágrimas, temores y la negación a aceptar lo inevitable, la persona moribunda y
sus amigos acuerden mutuamente la hora de la muerte, y la felicidad
caracterice el tránsito? ¿Que en las mentes de quienes quedan, no se alberguen
ideas funestas y que el proceso de morir sea considerado como un acontecimiento
más feliz que el nacimiento y casamiento? Diré que antes de mucho tiempo ésta
será la actitud que asumirán los inteligentes de la raza, y paulatinamente
todos.
Ídem, pág.
362-363.
Es
interesante observar aquí que la muerte está regida por el Principio de
Liberación y no por el de Limitación. La muerte es sólo reconocida como un
factor que concierne a las vidas auto-conscientes y mal interpretada únicamente
por los seres humanos, los más ilusos y alucinados de todas las vidas encarnadas.
Ídem, pág.
386.
Cuando
sea comprendida la verdadera naturaleza del servicio, se hallará que es un
aspecto de esa energía divina que actúa siempre bajo el aspecto destructor,
porque destruye la forma con el fin de liberarla. El servicio es una manifestación
del Principio de Liberación; la muerte y el servicio constituyen dos aspectos
de este principio. El servicio salva, libera y emancipa, en distintos niveles,
a la conciencia aprisionada. Lo mismo puede decirse de la muerte. Pero a no ser
que el servicio se preste, comprendiendo intuitivamente todos los hechos del
caso, interpretándolos inteligentemente y aplicándolos con espíritu de amor en el plano físico, se
fracasará en el cumplimiento de la misión.
Ídem, pág.
388.
El Temor a la Muerte.
El
temor a la muerte está basado en:
a.
El terror al proceso final de desgarramiento, en
el acto mismo de la muerte.
b.
El horror a lo desconocido y a lo indefinido
c.
La duda con respecto a la inmortalidad.
d.
La angustia por tener que abandonar a los seres
queridos o ser abandonado por ellos.
e.
Las antiguas reacciones a las muertes violentas
anteriores, que subyacen profundamente en la conciencia.
f.
El aferramiento a la vida de la forma, por estar
principalmente identificados con ella en la conciencia.
g.
Las viejas y erróneas enseñanzas referentes al
cielo y al infierno, perspectivas desagradables para ciertos tipos de personas.
Ídem, pág.
218-219.
A
medida que transcurre el tiempo y antes de terminar el próximo siglo, se
comprobará por fin que la muerte no existe tal como ahora se la comprende. La
continuidad de conciencia estará tan ampliamente desarrollada y serán tantas
las personas altamente evolucionadas que actuarán simultáneamente en ambos
mundos, que el antiguo temor desaparecerá y el intercambio entre el plano
astral y el físico estará tan firmemente establecido y científicamente
controlado que se pondrá fin, correcta y misericordiosamente, al trabajo de
los médium de trance. La común y vulgar mediumnidad y las materializaciones
bajo el control y guía de los caciques indios son perversiones del intercambio
entre los dos planos, como lo son las perversiones sexuales y la distorsión de
la verdadera relación e intercambio entre los sexos. No me refiero aquí al
trabajo de los clarividentes por pobre que sea, ni a la posesión del cuerpo por
entidades de alta calidad, sino a los desagradables fenómenos de
materialización, de ectoplasma y al trabajo ciego e ignorante efectuado por
antiguos atlantes degenerados y almas aferradas a la tierra, tales como el
común cacique y el guía indio. No hay nada que aprender de ellos, pero sí
mucho que evitar.
El
reino del temor a la muerte casi está terminando, y pronto entraremos en un
período de conocimiento y seguridad que socavará la base de todos nuestros
temores. Acerca del temor a la muerte, poco puede hacerse, excepto elevar el
tema a un nivel más científico y, en este sentido, enseñar a las personas a
morir. Existe una técnica para morir, así como existe una para vivir, pero se
ha perdido en gran parte en Occidente, y casi totalmente, excepto en algunos
centros de Conocedores, en Oriente. Quizás me ocupe de ello más adelante, pero
la idea del necesario acercamiento al tema puede permanecer en la mente de los
estudiantes que lo leen, y probablemente a medida que estudian, leen y piensan,
hallarán material de interés que gradualmente podrá ser recopilado y publicado.
Ídem, págs.
219-220.
El
temor a la muerte y la depresión, constituyen para el hombre el Morador en el
Umbral en esta era y ciclo. Ambos indican que hay reacción sensoria a los
factores sicológicos y no pueden ser tratados mediante el uso de otro factor
tal como el valor. Tienen que ser enfrentados mediante la omnisciencia del
alma, que actúa a través de la mente, pero no mediante su omnipotencia. Aquí
hay una indicación oculta.
Ídem, págs.
225.
El
instinto de autoconservacíón tiene su raíz en un innato temor a la muerte;
debido a la presencia de ese temor la
raza ha luchado hasta alcanzar el actual punto de longevidad y
resistencia.
Idem, pág.
447.
Definición de
la Muerte.
La
muerte por sí misma es parte de la Gran Ilusión, y sólo existe por los velos
con que nos hemos envuelto.
Tratado sobre
los Siete Rayos, T. V.
Las
personas olvidan generalmente que todas las noches, durante las horas de
sueño, morimos en lo que respecta al plano físico y vivimos y actuamos en otro
lugar. Olvidan también que ya han adquirido la facilidad de dejar el cuerpo
físico; a causa de que no pueden conservar en la conciencia del cerebro físico
los recuerdos de esta muerte y el consiguiente intervalo de vida activa, no
establecen una relación entre la muerte y el sueño. La muerte, después de todo,
es sólo un intervalo más prolongado de la cesación de la vida activa en el
plano físico; es decir, “nos vamos” durante un período más extenso. Pero el
proceso del sueño diario y el de la muerte son idénticos, con la única
diferencia que en el sueño el hilo magnético, o corriente de energía, a través
del cual corren las fuerzas vitales, se mantiene intacto, constituyendo el
camino de retorno al cuerpo. La muerte se produce al romperse o cortarse este
hilo de vida. Cuando ha sucedido esto, la entidad consciente no puede retornar
al cuerpo físico denso, entonces ese cuerpo, por carecer del principio de
coherencia, se desintegra.
Tratado sobre
Magia Blanca, págs. 359.
Los
procesos de abstracción se hallan (como pueden ver) vinculados al aspecto vida
y son puestos en actividad por un acto de la voluntad espiritual, constituyendo
el “principio de resurrección, oculto en el trabajo del Destructor”, tal como
lo expresa un antiguo adagio esotérico. La manifestación inferior de este principio puede ser vista en el
proceso que llamamos muerte, que en realidad es el método de
abstraer el principio vida, animado por la conciencia, de la forma de los
cuerpos en los tres mundos.
Así
aparece la gran síntesis y la destrucción, la muerte y la disolución, que son
en realidad meros procesos de la vida. La abstracción indica el proceso, el
progreso y el desarrollo. De este aspecto de la Ley de la Vida (o la Ley de
Síntesis, tal como se la denomina con un significado más amplio) se ocupa
específicamente el iniciado.
Tratado sobre
los Siete Rayos, T. V.
La
vida es enfrentada desde el ángulo del Observador y no de quien participa en el
experimento y experiencia efectivos en los tres mundos
(físico-emocional-mental)..., si son discípulos iniciados, llegan a ser cada
vez más inconscientes de las actividades y reacciones de sus personalidades,
pues ciertos aspectos de la naturaleza inferior están ya controlados y
purificados en tal medida, que quedaron bajo el umbral de la conciencia y
penetraron en el mundo del instinto; por lo tanto, ya no hay conciencia de ello
así como el hombre dormido es inconsciente del rítmico funcionamiento de su
vehículo físico dormido. Esta profunda verdad por lo general no es comprendida.
Está relacionada con todo el proceso de la muerte y podría ser considerada como
una de las definiciones de la muerte; contiene la clave de las misteriosas
palabras “el depósito de vida”. La muerte, en realidad, es inconsciencia de
aquello que puede estar actuando en una forma, pero en una forma de la cual la
entidad espiritual es totalmente inconsciente. El depósito de la vida es el
lugar de la muerte, y ésta es la primera lección que aprende el discípulo...
Ídem, T. V.
Propósitos de
la Muerte.
A
través de la muerte se lleva a cabo un
gran proceso unificador. En la “caída de una hoja” y en su consiguiente
identificación con el suelo, en el cual cae, tenemos un pequeño ejemplo de este
grandioso y eterno proceso de unificación, mediante el proceso de llegar a ser
y morir como resultado de llegar a ser.
Tratado sobre
los Siete Rayos, T. II, pág. 142.
Hablo
de la muerte como aquel que conoce el tema, basándome en la experiencia en el
mundo externo y en la expresión de la vida interna: No existe la muerte.
Como saben, tenemos la entrada en una vida más plena, la liberación de los
obstáculos del vehículo carnal. No existe el tan temido proceso de desgarramiento,
excepto en el caso de muerte violenta o repentina, y entonces lo único
desagradable es el instantáneo y abrumador sentido del inminente
peligro y destrucción, y algo que se parece a un shock eléctrico y nada más.
Para los no evolucionados, la muerte es literalmente un sueño y un olvido,
porque la mente no está suficientemente despierta para reaccionar y el
receptáculo de la memoria está aún prácticamente vacío. Para el ciudadano bueno
común la muerte es una continuación, en su conciencia, del proveniente, y la
prosecución de los intereses y tendencias de la Su conciencia y sentido de
percepción son invariablemente lo mismos. No percibe gran diferencia, está bien
cuidado y frecuentemente no se da cuenta que ha pasado a través del episodio de
la muerte. Para el perverso y cruel egoísta, el criminal y quienes viven
solamente para el aspecto material, se produce esa situación denominada
“ligados a la tierra”. Los vínculos forjados en la tierra y la atracción hacia
todos sus deseos, los obliga a permanecer cerca de la tierra y de su último medio
ambiente terreno. Tratan desesperadamente, por todos los medios posibles, de
volver a hacer contacto y de entrar nuevamente. En contados casos, un gran amor
personal hacia aquello que han dejado, o el incumplimiento de un deber
reconocido y urgente, mantiene a los buenos y a los hermosos en una
situación semejante. Para el aspirante,
la muerte es la entrada inmediata en una esfera de servicio y expresión, a la
cual está muy acostumbrado, dándose cuenta en seguida que no es nueva. En sus
horas de sueño ha desarrollado un campo de servicio y aprendizaje activo. Ahora
funciona en él simplemente, durante las veinticuatro horas (hablando en
términos de tiempo del plano físico), en vez de las breves horas de sueño
terreno.
Tratado sobre
Magia Blanca, pág. 219.
La
verdadera muerte, de acuerdo a la Ley, se produce por haber alcanzado el
objetivo y cesado la aspiración... Cuando se desintegra el doble etérico de un
hombre, de un Logos planetario y de un Logos solar, ya no está polarizado, en
lo que respecta a su morador interno, y por lo tanto puede evadirse. Ya no es
(para expresarlo en otras palabras) fuente de atracción ni punto focal
magnético. Se convierte en no magnético, dejando de regirlo la gran Ley de
Atracción; por eso la desintegración es la condición inmediata de la forma.
Tratado sobre
Fuego Cósmico, págs. 129-130.
“La
Ley demanda la entrada de aquello que puede efectuar un cambio”.
Teniendo
presente lo que he dado en otra parte, se evidencia que lo que deberá entrar en
esa concentrada voluntad vital que, cuando se pone en movimiento en un
individuo, grupo, nación, reino de la naturaleza (un
centro planetario) y en el planeta como un todo, por ejemplo, traerá,
simultáneamente, en todos los centros planetarios, agitación, cambio de ritmo,
nuevo movimiento e impulso, un surgimiento y la consiguiente abstracción. Los
cambios producidos en los centros, cuando tiene lugar la muerte del cuerpo
físico, nunca han sido observados ni registrados; sin embargo están
definidamente presentes para el ojo del iniciado y prueban ser muy interesantes
e informativos. El hecho de percibir las condiciones de los centros, permite
al iniciado saber si -en el proceso de
curación- está permitida o no la curación física del cuerpo y ver si el
principio voluntad de abstracción, al cual me he referido, está o no presente
activamente. El mismo proceso puede verse en organizaciones y civilizaciones
donde el aspecto forma es destruido para que la vida pueda ser abstraída, y así
reconstruir para sí una forma más adecuada. Lo mismo sucede en los grandes
procesos de iniciación, los cuales no son sólo procesos de expansión de
conciencia sino que están arraigados en la muerte, o proceso de abstracción,
conducentes a la resurrección y ascensión.
Lo
que efectúa un cambio constituye una descarga (empleando una frase totalmente
inadecuada) de energía-voluntad dirigida y enfocada. Ésta tiene una cualidad
muy magnética que atrae hacia sí la vida de los centros, produciendo la
disolución de la forma, pero liberando la vida. La muerte le llega al
individuo, empleando el sentido común del término, cuando la voluntad de vivir
desaparece del cuerpo físico y es reemplazada por la voluntad de abstracción.
A esto denominamos muerte. En un caso de muerte durante la guerra, por ejemplo,
no es que el individuo tenga la voluntad de partir, sino una obligada
participación en una gran abstracción grupal. Desde su propio lugar el alma del
individuo reconoce el fin de un ciclo de encarnación y retira su vida. Esto lo
hace descargando la energía-voluntad que es suficientemente fuerte para
producir el cambio... Cristo se refirió a este trabajo de abstracción en lo que
respecta al tercer y gran centro planetario, la Humanidad, cuando dijo (y Él
hablaba como Representante de la Jerarquía, el segundo centro planetario, en
el cual todos los seres humanos que reciben la iniciación son “retirados”
esotéricamente): “Si yo fuera ascendido atraeré a todos los hombres hacia Mí”.
Al fin de la era será pronunciada una palabra diferente a la Suya cuando el
Señor del Mundo hable desde Shamballa
(el primer centro planetario), lo cual abstraerá el principio vida de la
Jerarquía; entonces toda la vida y conciencia se enfocará en el centro
coronario planetario -la gran Cámara del Concilio en Shamballa.
“La
Ley exige que los cambios así efectuados retiren la forma, lleven cualidad de
luz y pongan el énfasis sobre la vida”.
Aquí
los tres grandes aspectos -forma, cualidad, vida- son puestos en relación y la
meta del objetivo evolutivo es vista en su verdadera LUZ-VIDA. Observen esta
fraseología. Forma o apariencia, habiendo servido sus propósitos, desaparece.
Tiene lugar la muerte de la forma. La cualidad, el principal atributo divino
desarrollándose en este planeta, llega a predominar y a ser “consciente de sí
misma” -según lo expresan las antiguas escrituras. Ésta se identifica y es
individual, pero no posee una forma complementaria, excepto la del todo mayor
en el que tiene su lugar. Ni la forma ni la cualidad (ni el cuerpo ni la
conciencia) predominan en el nuevo estado de existencia; sólo el aspecto vida,
el espíritu en su propio plano, se convierte en el factor dominante. Podrá
obtenerse una tenue e imperceptible luz, respecto a su significado, si
recuerdan que nuestros siete planos son únicamente siete subplanos del plano
físico cósmico. El proceso del desarrollo de la sensibilidad en esta séptuple
evolución se ha llevado a cabo para permitir al iniciado actuar en el plano
astral cósmico, cuando fue retirado o abstraído después de las iniciaciones
superiores. Es abstraído totalmente de nuestra vida planetaria. El único factor
que podría evitarlo, sería su promesa de servir temporariamente dentro del
círculo infranqueable planetario. Se dice que los miembros de la Jerarquía que
se comprometen a realizar este trabajo poseen conciencia búdica, y la línea de
Su linaje (esotéricamente comprendido) desciende del Eterno Peregrino, el Señor
del Mundo, luego del Buda y después, del Cristo. Se identifican, por propia
decisión, con la “cualidad que se ve
dentro de la luz” y, durante el período de servicio que prestan
libremente, trabajan con el aspecto conciencia para poner mas adelante el
énfasis sobre el aspecto vida...
Tratado sobre
los Siete Rayos, T. V.
Los
dieciocho fuegos deben apagarse; las vidas menores (personificando el
principio forma, deseo y pensamiento, la suma total de la creatividad, basado
en el amor magnético) deben retornar al depósito de la vida sin dejar nada,
excepto aquello que fue la causa de su existencia, la voluntad central conocida
por los efectos que produce su radiación o aliento.
Tal
dispersión, muerte o disolución, es en realidad el gran efecto producido por la
causa central; en consecuencia el mandato es: “Esto deben realizarlo
mediante la evocación de la Voluntad”... El discípulo halla su grupo en el
Ashrama del Maestro, y conscientemente y con plena comprensión, domina la
muerte, el tan largamente temido enemigo de la existencia. Descubre que la muerte es simplemente un
efecto producido por la vida y por su voluntad consciente, y un modo por el
cual dirige la sustancia y controla la materia. Esto llega a ser
conscientemente posible porque, habiendo desarrollado la conciencia de dos
aspectos divinos (la actividad y el amor creadores), está ahora enfocado en el
aspecto más elevado y se conoce a sí mismo como la VOLUNTAD, la Vida, el Padre,
la Mónada, el Uno.
Ídem, T. V.
Grandes
trastornos, en todos los reinos de la naturaleza, caracterizan este día y
generación; una enorme destrucción de todas las formas de la vida divina, en
cada reino, ha sido la nota sobresaliente de este cataclismo. Nuestra
civilización moderna ha recibido un golpe mortal, del que nunca se recuperará,
pero será reconocido algún día como el “golpe de liberación” y como la señal
para que aparezca lo mejor, lo nuevo y lo más apropiado para el espíritu
evolucionante. Las grandes y penetrantes energías y sus fuerzas evocadas han entrado en conflicto y,
hablando en forma figurada, han elevado el reino mineral a los cielos, lo cual
ha hecho descender el fuego desde el cielo. Hablo en forma real y no
simbólicamente. Los cuerpos de los hombres, mujeres y niños y también de los
animales, han sido destruidos; las formas del reino vegetal y las potencias del
reino mineral fueron desintegradas, desparramadas y devastadas. La vida
coherente de todas las formas planetarias ha quedado temporariarnente
incoherente. De acuerdo a una antigua profecía: “ningún verdadero Sonido
unificado se propala externamente de una forma a otra, de una vida a otra. Sólo
un grito de dolor, una demanda de restitución y una invocación para liberarse
de la agonía, desesperación e infructuosos esfuerzos, va de acá para allá”.
Todo
este trastorno del “suelo” del mundo -espiritual, sicológico y físico-, toda
esta desintegración de las formas y de los contornos familiares de nuestra vida
planetaria, tuvieron que ocurrir antes de que la Jerarquía pudiera
surgir en la conciencia pública; todo esto tuvo que actuar en las almas de los
hombres antes de llegar la nueva era, trayendo consigo la Restauración de los
Misterios y la rehabilitación de los pueblos de la Tierra. Ambas van juntas.
Éste es uno de los puntos principales que trato de explicar. La disolución y
desintegración y las condiciones totalmente caóticas que han existido durante
los últimos quinientos años, en todos los reinos de la naturaleza, finalmente
se han abierto camino hacia condiciones físicas paralelas. Ello es bueno y deseable;
marca el preludio para la construcción de un mundo mejor y formas más adecuadas
de vida y actitudes humanas más correctas, más una sensata orientación hacia
la realidad. Lo mejor está aún por venir.
Todo
va surgiendo rápidamente a la superficie, lo bueno y lo malo, lo deseable y lo
indeseable, el pasado y el futuro (pues
ambos son uno); el arado de Dios casi ha completado su trabajo; la espada del
espíritu ha separado el pasado maligno del futuro radiante, y ambos son
considerados ante los Ojos de Dios como contribuyentes; se observará que
nuestra civilización materialista cede su lugar rápidamente a una cultura más
espiritual; nuestras organizaciones eclesiásticas, con sus limitadoras y
confusas teologías, pronto cederán su lugar a la Jerarquía, con su emergente
enseñanza -clara, efectiva, intuitiva y no dogmática.
Ídem, T. V.
El
intenso deseo por la existencia sensoria o apego, lo cual es inherente a cada
forma, se perpetúa a sí mismo y lo conoce hasta el más inteligente.
Cuando
la vida o espíritu se retira, esotéricamente la forma muere. Cuando el
pensamiento del Ego o Yo superior, se ocupa de su propio plano, ninguna energía
va hacia la materia de los tres mundos, de manera que no es posible construir
formas ni apegarse a ellas, lo cual está de acuerdo con la verdad oculta de que
“la energía sigue al pensamiento”, y también con la enseñanza de que el cuerpo
del principio crístico (el vehículo búdico) sólo comienza a coordinarse a
medida que desaparecen los impulsos inferiores... El apego a la forma, o la
atracción que ejerce la forma sobre el espíritu, es el gran impulso involutivo.
El rechazo de la forma y su consiguiente desintegración es el gran impulso
evolutivo.
La Luz del
Alma, Libro II, Af. 9.
Cuando
la causa -el deseo- ha producido su efecto -la personalidad o aspecto forma
del hombre- mientras exista la voluntad de vivir, persistirá la forma. Se
mantiene en manifestación por la vitalidad mental. Esto ha sido demostrado
repetidas veces en los anales de la medicina, porque se ha comprobado que
mientras persiste la determinación de vivir así será la probable duración de la
vida en el plano físico; pero desde el
instante en que falta esa voluntad o cuando el morador del cuerpo ya no centra
su interés en la manifestación de la personalidad, se produce la muerte y la
desintegración de esa imagen mental, el cuerpo.
Ídem, Libro
IV, Af. 11.
Hay
dos líneas principales de evolución, la que concierne a la materia y la forma y
la que corresponde al alma, el aspecto conciencia, el pensador en
manifestación. En cada uno de ellas difiere el sendero de progreso y cada una
prosigue su curso. Como ya fue observado durante un largo período de tiempo, el
alma se identifica con el aspecto forma
e intenta seguir el “Sendero de la Muerte”, pues en realidad eso es lo que
constituye el sendero oscuro para el pensador. Más tarde, mediante un arduo
esfuerzo, cesa esta identificación; el alma llega a ser consciente de sí misma,
de su propio sendero o dharma, y luego sigue el camino de la luz y de la vida.
Debe recordarse siempre que, para ambos aspectos, su propio sendero es el de la
derecha, y que los impulsos ocultos en el vehículo físico o en el cuerpo astral
no son malos en sí. Se convierten en malos desde cierto ángulo cuando ha sido
pervertido su correcto empleo; esta comprensión condujo al discípulo, en el
Libro de Job, a exclamar: “He pervertido lo correcto.” Las dos líneas de
desarrollo son independientes y distintas, y esto debe aprenderlo todo
aspirante.
Ídem, Libro
IV, Al. 15.
El Arte de
Morir.
El
alma, situada en el corazón, es el principio vida, el principio de
autodeterminación, el núcleo central de energía positiva, mediante el cual los
átomos del cuerpo son mantenidos en su propio lugar y están subordinados a la
“voluntad de ser” del alma. Este principio vida utiliza la corriente sanguínea
como su modo de expresión y agente controlador, y mediante la íntima relación
del sistema endocrino con la corriente sanguínea, tenemos los dos aspectos de
la actividad del alma, unidos, para hacer del hombre una viviente, consciente y
actuante entidad, regida por el alma y expresando el propósito del alma en todas
las actividades del diario vivir.
La
muerte es literalmente el retiro de esas dos corrientes de energía del corazón
o de la cabeza, produciendo en consecuencia la pérdida total de la conciencia y
la desintegración del cuerpo. La muerte difiere del sueño en
que ambas corrientes de energía son retiradas, pues durante el sueño
sólo es extraído el hilo de energía “anclado” en el cerebro; cuando esto
ocurre, el hombre queda inconsciente. Significa que su conciencia o sentido de
percepción está enfocado en otra parte. Su atención no está ya dirigida hacia
las cosas tangibles y físicas, sino que se traslada hacia otro mundo del ser y
se centraliza en otro mecanismo. Durante la muerte, ambos hilos son retirados o
unificados con el hilo de la vida. La vitalidad ya no penetra a través de la
corriente sanguínea, el corazón deja de funcionar y el cerebro de registrar,
entonces desciende el silencio. La morada queda desierta. La actividad cesa,
excepto esa asombrosa e inmediata actividad que es prerrogativa de la materia
misma y se expresa en el proceso de descomposición. Desde ciertos aspectos, ese
proceso indica la unidad del hombre con todo lo material, demuestra que forma
parte de la naturaleza misma,
queriendo significar con la palabra naturaleza el cuerpo de la Vida Una en
Quien “vivimos, nos movemos y tenemos nuestro ser”. Las palabras -vida,
movimiento y ser- encierran toda la historia. Ser es percepción,
autoconciencia y autoexpresión, y los símbolos exotéricos son la cabeza y el
cerebro del hombre. Vida es energía, deseo en la forma, coherencia y
adhesión a una idea, siendo los símbolos exotéricos el corazón y la sangre. Movimiento
indica integración y respuesta de la entidad existente, consciente y viviente
dentro de la actividad universal, siendo el estómago, el páncreas y el hígado,
sus símbolos.
Debe
observarse también que la muerte se produce bajo la dirección del ego, no
importa si el ser humano es inconsciente de tal dirección. En la mayoría,
el proceso ocurre automáticamente, pues (cuando el alma aparta su atención) la
reacción inevitable en el piano físico es la muerte, ya sea por la abstracción
de los dos hilos, de la vida y de la energía razonadora, o por la abstracción
del hilo de energía cualificado por la mentalidad, dejando que la corriente de
vida funcione todavía a través del corazón, pero sin un conocimiento
inteligente. El alma se halla en otro lugar, ocupada en su propio plano con sus
propios asuntos.
Tratado sobre
Magia Blanca, págs. 360-361.
Antes
de abordar con mayor detalle este tema quisiera referirme a la “trama del
cerebro”, que se halla intacta en la mayoría, pero inexistente en el vidente
iluminado.
En
el cuerpo humano, como sabemos, tenemos un cuerpo vital subyacente,
interpenetrante, contraparte del físico, más grande que éste, denominado cuerpo
doble o etérico. Es un cuerpo de energía y está compuesto de centros de fuerzas
y nadis, o hilos de fuerza, los cuales subyacen en el sistema nervioso -los
nervios y los ganglios nerviosos- o son la contraparte. En dos lugares del cuerpo
humano hay orificios de salida, si puedo emplear una frase poco eufónica. Uno
está ubicado en el plexo solar y el otro en el cerebro, en la cima de la
cabeza. Ambos están protegidos por una tupida trama de sustancia etérica,
compuesta de hebras entrelazadas de energía vital.
En
el proceso de la muerte la presión de la energía vital, golpeando contra la
trama, produce eventualmente una puntura
o abertura. Por ella sale la fuerza vital, a medida que aumenta la
potente influencia abstrayente del alma. En el caso de animales, niños, hombres
y mujeres, totalmente polarizados en los cuerpos físico y astral, la puerta de
salida es el plexo solar, rasgándose la trama y permitiendo la salida de la
fuerza vital. En el caso de tipos mentales, de unidades humanas altamente
evolucionadas, se rasga la trama de la cima de la
cabeza en la zona de la fontanela, permitiendo así la salida del ser racional
pensante.
En
el proceso de la muerte, por lo tanto, dos son las salidas principales: el
plexo solar para los seres humanos astralmente polarizados y físicamente
predispuestos, por lo general la gran mayoría, y el centro coronario para los
seres humanos mentalmente polarizados y espiritualmente orientados. Éste es el
primer y más importante factor que debe recordarse, y fácilmente se verá que la
tendencia de la vida y su enfoque de atención determinan la forma de salida al
morir. También se podrá ver que el esfuerzo para controlar la vida astral y la
naturaleza emocional y para orientarse hacia el mundo mental y las cosas
espirituales, tiene un efecto muy importante sobre los aspectos fenoménicos del
proceso de la muerte.
Si
el estudiante piensa con claridad, le será evidente que una salida concierne al
hombre espiritual y altamente evolucionado, mientras que la otra, al ser humano
de grado inferior, que apenas ha salido de la etapa animal. ¿Qué sucede
entonces con el hombre común? Existe una tercer salida, empleada ahora
temporariamente; exactamente debajo del ápice del corazón hay otra trama etérica
que cubre un orificio de salida. Por lo tanto la situación es la siguiente:
1.
La salida por la cabeza, es utilizada por los
intelectuales, los discípulos y los iniciados del mundo.
2.
La salida por el corazón, es utilizada por la
mujer o el hombre bondadoso, bien intencionados, buen ciudadano, amigo
inteligente y trabajador filantrópico.
3.
La salida por la zona del plexo solar, es
utilizada por las personas que poseen una fuerte naturaleza animal.
Este
primer punto de la nueva información, lentamente se convertirá en conocimiento
común en Occidente durante el próximo siglo. Gran parte es conocido por los
pensadores de Oriente, siendo el primer paso hacia la comprensión racional del
proceso de la muerte.
Ídem, págs.
363-365.
En
relación con la técnica de morir, sólo me es posible ahora hacer una o dos
sugerencias. No me ocupo aquí de la actitud de quienes vigilan sino de esos
puntos que facilitarán el paso del alma transeúnte.
Ante
todo, debe haber silencio en la habitación. Esto sucede con frecuencia. Debe
recordarse que, por lo general, la persona moribunda está inconsciente. Tal
inconsciencia no es real sino aparente. De novecientos casos sobre mil
conservan la percepción cerebral
con plena conciencia de los acontecimientos, pero existe una paralización de la
voluntad para expresarse e incapacidad para generar la energía que indica
vivencia. Cuando el silencio y la comprensión reinan en la habitación del
moribundo, el alma que parte puede mantener con lucidez la posesión de su
instrumento hasta el último instante, y prepararse debidamente.
En
el futuro, cuando se sepa más acerca de los colores, sólo se permitirá la luz
anaranjada en la habitación de un moribundo, que será instalada con una
ceremonia apropiada y cuando no haya posibilidad de restablecimiento. El color
anaranjado ayuda a enfocarse en la cabeza, así como el color rojo estimula el
plexo solar y el verde tiene un definido
efecto sobre el corazón y las corrientes de vida.
Ciertos
tipos de música podrán ser empleados cuando se conozca algo más respecto al
sonido, pero no tenemos aún una música que facilite al alma el trabajo de
retirarse del cuerpo, aunque se hallará que ciertas notas del órgano son
eficaces. Si se emite la misma nota de la persona en el momento exacto de la
muerte, se coordinarán las dos corrientes de energía que eventualmente cortarán
el hilo de vida, pero este conocimiento es demasiado peligroso para ser
transmitido y sólo podrá revelarse más adelante. Quisiera indicar las líneas
que seguirán los futuros estudios esotéricos.
Se
hallará también que la presión sobre ciertos centros nerviosos y ciertas
arterias facilitará el trabajo, y que esta ciencia de la muerte se mantiene en
custodia en el Tíbet, como bien saben muchos estudiantes. Será muy útil y
eficaz ejercer presión sobre la vena yugular y ciertos grandes nervios de la
zona de la cabeza y en un punto especial de la médula oblongada. Más adelante
será elaborada inevitablemente una ciencia definida de morir, pero sólo cuando
sea reconocida la existencia del alma y haya sido científicamente demostrada
su relación con el cuerpo.
También
serán empleadas frases mántricas definidamente plasmadas en la conciencia de
la persona moribunda, por quienes están a su alrededor, o empleadas deliberada
y mentalmente por ella misma. El Cristo lo demostró cuando exclamó: “Padre, en
Tus manos encomiendo Mi espíritu”. Tenemos otro ejemplo en las palabras:
“Señor, ahora dejarás a tu siervo irse en paz”. El constante empleo de la
Palabra Sagrada entonada en voz baja o en una nota especial (a la cual podrá
responder el moribundo) más adelante constituirá también una parte del ritual
de transición, acompañado por la unción de aceite según se practica en la
Iglesia Católica. La Extrema Unción tiene una base oculta y científica. La cima
de la cabeza del moribundo debería estar
apuntando simbólicamente hacia el este, y las manos y los pies cruzados. Únicamente
deberá quemarse madera de sándalo en la habitación y no se permitirá ninguna
otra clase de incienso, porque el sándalo es el incienso del Primer Rayo o
Destructor y el alma está en el proceso de destruir su morada.
Ídem, págs.
367-368.
El
aspirante reconoce como factor importante la necesidad de liberarse de la Gran
Ilusión. Arjuna lo sabía y sin embargo sucumbió a la desesperación, pero en la
hora de necesidad, Krishna no le falló. En el Bhagavad Gita se plasmaron las
sencillas reglas mediante las cuales se vencen la depresión y la duda, las
cuales pueden resumirse brevemente:
a.
Conócete a ti mismo como el Uno inmortal.
b.
Controla tu mente, porque a través de ella puede
ser conocido el Uno imperecedero.
c.
Aprende que la forma sólo es el velo que oculta el
esplendor de la divinidad.
d.
Comprende que la Vida Una compenetra todas las
formas, de manera que no existe la muerte, el sufrimiento ni la separación.
e.
Deslígate por lo tanto de la forma y ven a Mí, y
así morarás donde se encuentran la Luz y la Vida. Así desaparece la ilusión.
Ídem, págs.
224-225.
Un
Maestro aprende el significado de cada forma limitadora, asume el control y
aplica la ley en el plano que corresponde a la forma. Habiendo trascendido la
forma, la desecha por otras formas superiores. Así progresa constantemente a
través del sacrificio y de la muerte de la forma. Reconoce que ella siempre
aprisiona, que hay que sacrificarla y morir para que la vida interna progrese
rápidamente hacia adelante y arriba. El camino de resurrección presupone la crucifixión y la muerte; luego conduce al
Monte donde tendrá lugar la Ascensión.
Cartas sobre
Meditación Ocultista, pág. 193.
EL ACTO DE LA
RESTITUCIÓN
Nuevamente
puntualizaré que al considerar la conciencia del alma que se retira (observen
esta frase), cuando inicia el acto de restitución, trato un tópico que no se
puede comprobar en forma tangible ni física. A veces los hombres son traídos
nuevamente a la existencia en el preciso instante que se produce la total
restitución física. Esto sólo puede hacerse mientras la entidad consciente
ocupa todavía el vehículo etérico, aunque haya logrado abandonar el cuerpo
físico denso con toda intención y propósito. Aunque el cuerpo etérico
interpenetra todo el cuerpo físico, es mucho más grande que ese cuerpo, y el
cuerpo astral y la naturaleza mental pueden hallarse aún etéricamente
polarizados, aunque esté bien encaminado el retiro y se haya producido la muerte
del cuerpo físico, la cesación de toda actividad cardíaca y la concentración
del enfoque básicamente etérico en la región de la cabeza, del corazón o del
plexo solar.
En
primer lugar, son retiradas las fuerzas etéricas dentro de la extensión
circundante, del circulo infranqueable etérico, antes de la disipación final
que libera al hombre como alma humana dentro del círculo infranqueable de su
vehículo astral. He aquí un aspecto algo nuevo del proceso de la muerte. El
retiro del cuerpo etérico, del cuerpo físico denso, con frecuencia ha sido
verificado y evidenciado. Pero aunque ya se haya realizado, la muerte todavía
no es total, pues la voluntad del alma debe iniciar una actividad secundaria,
que dará por resultado la disolución de las fuerzas etéricas dentro de una
fuente emanante, el depósito general de
fuerzas. Recuerden que el cuerpo etérico no tiene una vida propia que lo
caracterice. Únicamente es una amalgama de todas las fuerzas y energías que
animaron al cuerpo físico y lo energetizaron para entrar en actividad durante
el ciclo de vida externa. Recuerden también que los cinco centros ubicados en
la columna vertebral no están dentro del cuerpo físico, sino en ciertos
lugares característicos de la sustancia etérica, paralelamente al cuerpo físico;
se hallan (aún en el caso del hombre subdesarrollado, y muy especialmente en el
hombre medio) por lo menos a dos pulgadas de la columna vertebral física. Los
tres centros de la cabeza están ubicados también fuera del cuerpo físico denso.
El recordar esto facilitará la comprensión de la afirmación de que aunque el
cuerpo físico es, de por sí, abandonado cuando la muerte es certificada por
quienes están autorizados, no obstante quizás el individuo no esté en realidad
muerto. Quisiera recordarles que esto también atañe a los numerosos centros
menores tanto como a los mayores, con los cuales estamos tan familiarizados.
Los
últimos centros menores que “desaparecen en la nada” con el fin de resolverse
en la totalidad de la sustancia etérica, son dos, y están estrechamente
relacionados con la zona de los pulmones y en ella. El alma actúa sobre estos
dos centros cuando por alguna razón se la hace volver al cuerpo físico denso.
Entonces inician una nueva actividad hacia adentro o de retorno, de manera que
el aliento de vida vuelve a la forma física abandonada. El conocimiento
inconsciente de esto constituye la causa promotora de los procesos que
normalmente se llevan a cabo en todos los casos de
asfixiados o ahogados. Cuando un hombre ha sucumbido a la enfermedad y el
cuerpo físico está consiguientemente debilitado, no es posible efectuar los
ejercicios restauradores ni deberían ser empleados. En los casos de muerte
repentina, por accidente, suicidio, asesinato, inesperados ataques al corazón o
por la guerra, el choque es de tal naturaleza, que el proceso un tanto lento
del retiro del alma, queda enteramente contrarrestado y el abandono del cuerpo
físico y la total disolución del cuerpo etérico son prácticamente simultáneos.
En los casos normales de muerte por enfermedad, el retiro es lento y (cuando la
virulencia de la enfermedad no ha producido una deterioración excesiva del organismo
físico involucrado) existe la posibilidad de un retorno durante un período
breve o prolongado. Esto sucede con frecuencia, especialmente cuando hay una
fuerte voluntad de vivir o la tarea de la vida aún no ha sido realizada ni
concluida debidamente.
Hay
otro punto que quisiera tocar y tiene relación con el eterno conflicto que
libra la dualidad del cuerpo físico denso y el vehículo etérico. El elemental
físico (nombre dado a la vida integrada del cuerpo físico) y el alma, cuando
trata de retirar y disolver la totalidad de energías combinadas del cuerpo
etérico, se hallan en violento conflicto y el proceso es a menudo terrible y
prolongado; esta lucha se libra durante el extenso o breve período de coma que
caracteriza tantos lechos de muerte. El estado de coma, esotéricamente
hablando, es de dos clases: El “estado de coma de lucha” que precede a la
verdadera muerte y “el estado de coma de restauración” que tiene lugar cuando
el alma ha retirado el hilo, o aspecto conciencia, pero no el hilo de vida en
un esfuerzo por dar al elemental físico, tiempo suficiente para recuperar su
aferramiento sobre el organismo y así restablecer la salud. La ciencia moderna
todavía no reconoce la diferencia entre estos dos aspectos del estado de coma.
Más adelante, cuando la visión etérica o clarividente sea más común, se
conocerá la dualidad prevaleciente del estado de coma y no habrá razón para la
esperanza o la desesperación. Los amigos y parientes de la persona inconsciente
sabrán, con toda exactitud, si están observando un grandioso y final retiro de
la actual encarnación o simplemente siendo un proceso restaurador. En el último
caso, el alma todavía retiene su aferramiento sobre el cuerpo físico por intermedio de los
centros, pero retiene también temporariamente todo proceso energetizador. El
centro cardíaco, el bazo y dos centros menores, conectados con el aparato
respiratorio, están exceptuados de esta sujeción. Siguen siendo energetizados
normalmente, aunque debilitada su actividad, y por su intermedio es retenido
el control. Cuando el alma decide que se produzca la verdadera muerte, entonces
se establece, primero, el control sobre el bazo, luego el control
sobre los dos centros menores, y finalmente el control sobre el centro
cardíaco, y el hombre muere.
Lo
antedicho dará una idea de los muchos puntos vinculados a la muerte, que aún
debe descubrir la medicina ortodoxa, lo cual será revelado a medida que la raza
humana vaya adquiriendo mayor sensibilidad.
Les
pediría recordar que en estas consideraciones nos ocupamos de las reacciones y
actividades del alma, cuando deliberadamente atrae hacia sí su aspecto
encarnado, porque ha concluido un ciclo de vida. El término de ese ciclo puede
ser largo o corto, de acuerdo al propósito involucrado; puede abarcar sólo unos
pocos años o un siglo. Previamente al séptimo año, la vitalidad del elemental
físico constituye mayormente el factor determinante. El alma está entonces
enfocada en el cuerpo etérico, pero no utiliza plenamente todos los centros;
apenas ejerce un suave control pulsativo y una tenue actividad impulsora
suficiente como para mantener la conciencia, vitalizar los variados procesos
físicos e iniciar la manifestación y disposición del carácter. Esto se acentúa
acrecentadamente hasta los veintiún años, cuando se estabiliza en lo que
llamamos la personalidad. En el caso de los discípulos, el aferramiento del
alma, sobre los centros etéricos, será más poderoso desde el mismo comienzo de
la existencia física. Alrededor de los catorce años se determina la cualidad y
naturaleza del alma encarnada y su edad o experiencia aproximada, los
elementales físico, astral y mental quedan bajo control, y el alma, el hombre
espiritual que mora internamente, ya ha determinado las tendencias y
preferencias de la vida.
En
el caso del hombre común, cuando está determinada su muerte, la lucha entre el
elemental físico y el alma es un factor característico, denominándosela
esotéricamente “partida lemuriana”; en el caso del hombre medio, en que la
vida está enfocada en la naturaleza de deseos, el conflicto se desata entre el
elemental astral y el alma, y a esto se lo denomina “la muerte atlante”; en lo
que concierne a los discípulos el conflicto será más estrictamente mental,
estando frecuentemente enfocado alrededor de la voluntad de servir, la
determinación de cumplir con algún aspecto particular del Plan y en la voluntad
de retornar con todas sus fuerzas al centro ashrámico. En lo que concierne a
los iniciados no existe conflicto, sino un retiro consciente y deliberado. En
forma curiosa, si aparenta ser conflicto, será entre las dos fuerzas
elementales que todavía permanecen en la personalidad: el elemental físico y la
vida mental. No existe ningún elemental astral en el equipo de un iniciado de
alto grado. Respecto a la propia naturaleza del individuo, el deseo ha sido
totalmente trascendido
Factores que
Enfrenta el Alma que se Retira
Por
lo tanto, en la muerte física y en el acto de restitución, el alma que se
retira debe enfrentar los siguientes factores:
1.
El elemental físico, la vida integrada y
coordinada del cuerpo físico, que trata siempre de mantenerse unida bajo las
fuerzas atractivas de todas sus partes componentes y su mutua interacción.
Dichas fuerzas actúan a través de cierto número de centros menores.
2.
El vehículo etérico, cuya poderosa vida propia
coordinada, se expresa a través de los siete centros mayores, que reaccionan a
la impulsora energía mental y astral del alma. Actúa también a través de
ciertos centros menores cuya función no consiste en responder a ese aspecto del
equipo del hombre que H. P. B. afirma que no es un principio -el mecanismo
físico denso.
Los centros
menores por lo tanto existen en dos grupos: Primero, los que responden a la
vida de la materia densa, al aspecto madre, y se hallan definidamente en el
arco involutivo, siendo heredados del sistema solar anterior, cuando el hombre
era controlado a través de estos centros menores, y algunos centros mayores
escasamente desarrollados en el caso de los iniciados y discípulos avanzados
de esa época; segundo, los que responden a las energías que les llegan vía los
centros mayores, quedando entonces bajo el control del cuerpo astral y el
mecanismo mental. En consecuencia verán por qué anteriormente en este tratado
me referí a los centros menores. Quizás será de valor si expongo la ubicación
de los veintiún centros menores. Están localizados en los siguientes puntos:
1.
Dos delante de las orejas, cerca del lugar donde
se unen los huesos de la mandíbula.
2.
Dos justamente arriba de los dos senos.
3.
Uno en el esternón, cerca de la glándula tiroides.
Éste, conjuntamente con los dos centros de los senos, forman un triángulo de
fuerza.
4.
Una en cada palma de las manos.
5.
Uno en cada planta de los pies.
6.
Dos exactamente detrás de los ojos.
7.
Dos también vinculados con las gónadas.
8.
Uno cerca del hígado.
9.
Uno vinculado con el estómago, por lo tanto, está
relacionado con el plexo solar, pero no es igual a él.
10. Dos
vinculados con el bazo. En realidad constituyen un solo centro, formado por la
superposición de ambos.
11. Uno
detrás de cada rodilla.
12. Un
poderoso centro íntimamente vinculado con el nervio vago. Éste es muy potente y
algunas escuelas de ocultismo lo consideran como un centro mayor; no está en
la columna vertebral, sino cerca de la glándula timo.
13. Uno
cerca del plexo solar, y se relaciona con el centro en la base de la columna
vertebral, formando así un triángulo entre el centro sacro, el plexo solar y
el centro de la base de la columna.
Los dos
triángulos mencionados en esta clasificación son muy importantes. Uno está
arriba y el otro debajo del diafragma.
Una
vez más, puede verse el proceso de la muerte como actividad dual y concerniente
principalmente al cuerpo etérico. Ante todo tenemos el acopio y el retiro de la
sustancia etérica, de manera que ya no interpenetra el organismo físico denso,
y su subsiguiente densificación (elijo esta palabra deliberadamente) en
esa zona del cuerpo etérico que siempre ha circundado, pero no penetrado, el
vehículo denso. Erróneamente se la ha denominado a veces el aura de la salud, y
puede ser fotografiada muy fácil y exitosamente durante el proceso de la
muerte, más que en ningún otro momento, debido a la acumulación de las fuerzas
en retiro, que tienen un espesor de varias pulgadas en la parte externa del
cuerpo tangible. En este punto de la experiencia del retiro del alma es cuando
se pronuncia “la palabra de la muerte” y previamente a esta enunciación es posible el retorno a la vida física, y las
fuerzas etéricas retiradas pueden nuevamente interpenetrar el cuerpo. La
relación con todas las fuerzas retiradas es, hasta este punto, retenida por
medio de la cabeza, el corazón o el plexo solar, lo mismo que por los dos
centros menores del tórax.
Durante
todo este tiempo la conciencia del moribundo está enfocada en el cuerpo
emocional (astral) o en el vehículo mental, de acuerdo al grado de evolución.
No está inconsciente, como podrá parecer al observador, sino plenamente
consciente de lo que está ocurriendo. Si se halla fuertemente enfocado en la
vida del plano físico, y si constituye el deseo predominante, del cual es más
consciente, entonces podrá intensificar el conflicto; tendremos entonces el
elemental físico debatiéndose furiosamente por la existencia, la naturaleza de
deseos luchando por retardar el proceso de la muerte y el alma empeñada en
realizar el trabajo de abstracción y restitución. Esto puede ocasionar, y
frecuentemente lo hace, una lucha evidente para los observadores. A medida que
la raza humana progresa y se desarrolla, esta triple lucha no será tan
frecuente; el deseo por la existencia del plano físico no parecerá tan
atractivo y la actividad del cuerpo astral se desvanecerá.
Quisiera
que imaginaran (simbólicamente) a un hombre en plena encarnación, arraigado en
su faz de experiencia, y a un hombre que se retira de esa experiencia.
Significa la repetición, en pequeña escala, del gran proceso planetario de
involución y evolución; concierne a esas actividades que producen un enfoque o
polarización en cualquiera de las dos direcciones; se asemeja a lo que podría
considerarse un proceso de verter vida y luz en un recipiente, en el plano
físico, y a la intensificación de la radiación de esa vida y luz, de índole tan
potente que, debido al poder evocador del alma, ambas son retiradas y
acumuladas en el centro de vida y luz del que originalmente provinieron. He
dado (si pudieran reconocerlo) una
definición de la iniciación, pero con una fraseología fuera de lo común. Quizás
algunas líneas extraídas de El Manual de la Muerte, que existe en los
archivos jerárquicos, podrían explicar y ayudar a adquirir una nueva
perspectiva acerca de la muerte. Este manual contiene lo que se denomina “fórmulas
que preceden al Pralaya”, las cuales tratan de todos los procesos de la muerte
o abstracción, abarcando la muerte de todas las formas, ya sea la muerte de una
hormiga, de un hombre o de un planeta. Las fórmulas conciernen únicamente a los
dos aspectos de vida y luz -la primera está condicionada por el Sonido y la
segunda por la Palabra. Los escritos a que me refiero conciernen a la luz y a
la Palabra que la abstrae de la forma o la enfoca en la forma:
“Ten presente oh chela, que en las esferas conocidas, la luz sólo
responde a la PALABRA. Sabe que esta luz desciende y se concentra; sabe que
desde su punto de enfoque escogido ilumina su propia esfera; sabe también que
la luz asciende y deja en la oscuridad aquello que, en tiempo y espacio, ha iluminado.
A este descenso y ascenso los hombres le llaman vida, existencia y muerte; a
esto Nosotros, que hollamos el Camino Iluminado, le llamamos muerte,
experiencia y vida.
La luz que desciende se ancla en el plano de la apariencia temporaria.
Extiende siete hilos, y siete rayos de luz pulsan a lo largo de estos hilos. De
allí son irradiados veintiún hilos menores, haciendo que los cuarenta y nueve
fuegos fulguren y ardan. En el plano de la vida manifestada surge la palabra:
He aquí, ha nacido un hombre.
A medida que la vida prosigue, aparece la cualidad de la luz; puede ser
tenue y brumosa, o radiante, clara y brillante. Así los puntos de luz dentro de
la Llama pasan y repasan, vienen y van.
A esto los hombres lo denominan vida, la verdadera
existencia. Así se engañan ellos mismos, sin embargo cumplen el propósito de
sus almas y se adaptan al Plan mayor.
Entonces es emitida una Palabra. El descendente y radiante punto de luz
asciende, respondiendo a la apenas perceptible nota de llamada, atraído a su fuente
de donde emano.
A esto el hombre le llama muerte y el alma le llama vida.
La Palabra retiene la luz en la vida; la Palabra abstrae la luz y sólo
queda Ese que es la Palabra misma. Esa Palabra es Luz. Esa Luz es Vida, y Vida
es Dios”.
La manifestación
del cuerpo etérico, en tiempo y espacio, contiene en sí lo que ha sido
esotéricamente llamado ‘los dos momentos brillantes”. Tenemos, primero, el
momento previo a la encarnación física, cuando la luz descendente (trayendo
vida) se enfoca con toda su intensidad alrededor del cuerpo físico y establece
una relación con la luz, innata en la materia misma, que existe en cada átomo
de sustancia. Esta luz enfocada se concentra en siete zonas de su
infranqueable, creando así siete centros mayores que controlarán su expresión y
existencia en el plano externo, esotéricamente hablando. Es un momento de gran
esplendor, trasformándose casi en un punto de luz palpitante convertido en una
llama, y como si dentro de esa llama los siete puntos de intensificada luz
adquirieran forma. Este elevado punto en la experiencia de la venida a la
encarnación tiene lugar, durante un breve período de tiempo, antes del
nacimiento físico. Ello determina la hora del nacimiento. La siguiente fase del
proceso, tal como la ve el clarividente, es la etapa de interpenetración,
durante la cual “los siete se convierten en veintiuno y luego en los muchos”;
la sustancia luz, el aspecto energía del alma, comienza a compenetrar el cuerpo
físico, y se completa el trabajo creador del cuerpo etérico o vital. El primer
reconocimiento de esto en el plano físico es el “sonido”, proferido por el niño
recién nacido, culminando el proceso. El acto de la creación, por el alma, se
ha completado: una nueva luz baila en un oscuro lugar.
El
segundo momento brillante se produce a la inversa de este proceso y anuncia el
periodo de restitución y abstracción final, por parte del alma, de su propia
energía intrínseca. La prisión de la carne es disuelta mediante el retiro de la
luz y la vida. Los cuarenta y nueve fuegos dentro del organismo físico se
apagan; su calor y luz son absorbidos por los veintiún puntos menores de luz,
que a su vez son absorbidos por los siete centros mayores de energía. Luego es
pronunciada la “Palabra de Retorno” y el aspecto conciencia, la cualidad, la
luz y la energía, del hombre encarnado, son abstraídos del cuerpo etérico. El
principio vida es retirado también del corazón.
Le sigue el brillante surgimiento de una luz eléctrica pura y el “cuerpo de
luz” rompe finalmente todo contacto con el vehículo denso, se enfoca durante un
breve período en el cuerpo vital y luego desaparece. El acto de restitución se
ha realizado. Todo el proceso de enfoque de los elementos espirituales en el
cuerpo etérico, con la subsiguiente abstracción y la consiguiente disipación
del cuerpo etérico, debería ser grandemente acelerado, sustituyendo la
cremación al entierro.
Dos
Importantes Razones para la Cremación
La
cremación, esotéricamente hablando, es necesaria por dos razones importantes.
Acelera la liberación de los vehículos sutiles (que aún envuelven al alma) del
cuerpo etérico, produciendo así la liberación en pocas horas en vez de unos
cuantos días; es además un medio muy necesario para purificar el plano astral e impedir al deseo “la
tendencia al descenso”, que obstaculiza grandemente al alma encarnante. No
encuentra ningún punto de enfoque, porque el fuego repele esencialmente el
aspecto de crear formas que posee el deseo, y es una expresión mayor de la
divinidad con la que no tiene una verdadera relación el plano astral, siendo
enteramente creado por el alma humana y no por el alma divina. La afirmación de
La Biblia “nuestro Dios es un fuego consumidor” se refiere al primer aspecto
divino, el aspecto destructor que libera la vida. “Dios es Amor” significa el
segundo aspecto, y presenta a Dios como existencia encarnada. La expresión
“Dios es un Dios celoso” describe a Dios como forma, circunscripto y limitado,
autocentrado y no exteriorizado, o sea, el Sonido destructor, la Palabra de
atracción, el Lenguaje individualizado.
En
el momento de la muerte, desaparece el lenguaje a medida que se enuncia la
Palabra y se lleva a cabo la restitución; luego la Palabra ya no se oye, porque
el Sonido la elimina o absorbe, produciéndose entonces la total eliminación de
todo lo que interfiere al Sonido. Entonces sobreviene el Silencio, y el Sonido
mismo ya no se oye; después del acto final de la integración viene la profunda
paz. Tenemos así descrito, con fraseología esotérica, todo el proceso de la
muerte.
Es
importante observar que el Arte de Morir se lleva a cabo bajo la básica y
fundamental Ley de Atracción, y que el aspecto amor, el segundo aspecto de la
divinidad, efectúa el acto de atracción. Excluyo los casos de muerte
repentina, porque es el resultado de la actividad del destructor o primer
aspecto divino. Aquí la condición es diferente; quizás no involucre la
necesidad kármica individual, y detrás de tal acontecimiento pueden existir
razones muy confusas y de acondicionamiento grupal. Tan confuso es el
tema en la actualidad que no trataré de dilucidarlo. No poseen suficiente
conocimiento acerca de la Ley del Karma, de las implicaciones kármicas
grupales y de las relaciones y obligaciones establecidas en vidas pasadas. Si
dijera, por ejemplo, que a veces “el alma puede dejar abierta la puerta
protectora para que las fuerzas de la muerte entren nuevamente, sin tener un
punto focal detrás de la puerta”, a fin de “pagar más rápidamente las debidas
deudas pasadas”, podrá verse cuán oscuro es este tema.
En
todo lo que escribo me ocupo simplemente de los procesos normales de la muerte
-muerte causada por las enfermedades, la edad o la voluntad impuesta por el
alma que ha completado un ciclo designado de experiencia y utiliza canales
normales para lograr los fines proyectados. La muerte en estos casos es normal,
y esto debe captarlo la humanidad con mucha paciencia, comprensión y
esperanza.
De
acuerdo a la Ley de Atracción, al terminar un ciclo de vida y con toda
intención, el alma ejerce su poder de atracción, en tal forma, que neutraliza
el poder atractivo inherente a la materia misma. Ésta es una clara definición
de la causa básica de la muerte. Cuando no se ha establecido conscientemente
el contacto con el alma, como sucede en la mayoría de las personas actualmente,
la muerte llega como un acontecimiento inesperado o penosamente anticipado. Sin
embargo, es una verdadera actividad del alma. Éste es el primer gran
concepto espiritual que debe proclamarse para combatir el temor a la muerte. La
muerte se lleva a cabo de acuerdo a esta Ley de Atracción y consiste en una
constante y científica abstracción del cuerpo vital, fuera del cuerpo físico
denso, que conduce eventualmente a la eliminación de todo contacto del alma
con los tres mundos.
Secuencias de
los Acontecimientos durante la Muerte
Creo
que lo mejor que puedo hacer, a fin de esclarecer más este tópico, es describir
la secuencia de los acontecimientos que suceden en el lecho mortuorio,
recordándoles que los puntos de abstracción final son tres: la cabeza, para los discípulos e iniciados y
también los tipos mentales avanzados; el corazón, para los aspirantes, las
personas de buena voluntad y todos aquellos que han logrado cierta medida de
integridad de la personalidad y están tratando de cumplir, hasta donde les es
posible, con la ley del amor, y el plexo solar, para las personas no
desarrolladas y emocionalmente polarizadas. Todo lo que puedo hacer es
clasificar las etapas del proceso, dejando que las acepten como posibles e
interesantes hipótesis que esperan ser verificadas; que crean en ellas sin duda
alguna, porque confían en mi conocimiento, o bien, las
rechacen como fantásticas, inverosímiles y sin importancia alguna. Recomiendo
lo primero, porque les permitirá mantener la integridad mental e indicará una
mente abierta que los protegerá al mismo tiempo de la credulidad y la estrechez
mental. Estas etapas son:
1.
La orden del alma de retirarse a
su propio plano, e inmediatamente se produce un proceso interno y se evoca una
reacción interna en el hombre, en el plano físico:
a.
Tienen lugar ciertos sucesos
fisiológicos donde se halla asentada la enfermedad,
vinculados con el corazón, afectando también a los tres grandes sistemas que
tan poderosamente condicionan al hombre físico: la corriente sanguínea, el sistema
nervioso en sus diversas expresiones, y el sistema endocrino. No me ocuparé de
estos efectos. La patología de la muerte es bien conocida y ha sido muy
estudiada exotéricamente; todavía queda mucho por descubrir y será descubierto
más adelante. Ante todo me ocuparé de las reacciones subjetivas que, en último
análisis, producen la predisposición patológica a la muerte.
b.
Una vibración corre a lo largo
de los nadis. Los nadis son, como bien saben, la contraparte
etérica de todo el sistema nervioso y
subyacen en todo nervio del cuerpo físico. Son los agentes, por excelencia, de
los impulsos directrices del alma, reaccionando a la actividad vibratoria que
emana de la contraparte etérica del cerebro. Responden a la Palabra directriz,
reaccionan a la “atracción” del alma, y entonces se organizan para la
abstracción.
c.
La corriente sanguínea es
afectada en forma oculta peculiar. Se dice que la “sangre es
vida”; es cambiada interiormente como resultado de dos etapas previas, pero
principalmente como resultado de una actividad, aún no descubierta por la
ciencia moderna, de la cual es responsable el sistema glandular. Las
glándulas, en respuesta al llamado de la muerte, inyectan en la corriente
sanguínea una sustancia que a su vez afecta al corazón. Allí está anclado el
hilo de vida; esta sustancia en la sangre es considerada como “productora de la
muerte” y una de las causas básicas del estado de coma y de la pérdida de
conciencia. Evoca una acción refleja en el cerebro. La medicina ortodoxa todavía
pondrá en duda lo relativo a dicha sustancia y su efecto, pero su presencia
será reconocida más tarde.
d.
Se produce el temblor síquico
cuyo efecto es aflojar o romper la conexión entre los nadis y el sistema
nervioso; por ello el cuerpo etérico se desprenderá
de su envoltura densa, aunque todavía interpenetre cada una de sus partes.
2.
Se produce frecuentemente una
pausa en este punto, de corta o larga duración. Esto es
permitido a fin de que el proceso de aflojamiento se lleve a cabo lo más
suavemente posible y sin dolor. Dicho aflojamiento de los nadis comienza en los
ojos. Este proceso de desprendimiento a menudo se demuestra en el relajamiento
y falta de temor que el moribundo
demuestra a menudo; evidencia una condición de paz y la voluntad de irse, más
la incapacidad de hacer un esfuerzo mental. Parecería como si el moribundo,
conservando aún su conciencia, reuniera todos sus recursos para la abstracción
final. En esta etapa -cuando el temor a la muerte se haya apartado una vez por
todas de la mente racial- los amigos y parientes “celebrarán un festival” para
el moribundo y se alegrarán con él porque abandona su cuerpo. Actualmente no es
posible, pues prevalece la angustia, no siendo reconocida ni utilizada esta
etapa, pero lo será algún día.
3.
El cuerpo etérico organizado,
desprendido de toda relación nerviosa, debido a la acción de los nadis,
comienza a recogerse para la partida final. Se retira de las extremidades hacia
la requerida “puerta de salida”, enfocándose en la zona alrededor de esa
puerta, esperando el “tirón” final del alma directriz. Hasta aquí esto ha
proseguido de acuerdo a la Ley de Atracción, la voluntad magnética y atractiva
del alma. Ahora se hace sentir otro “tirón” o impulso atractivo. El cuerpo
físico denso, la totalidad de los órganos, células y átomos, se van liberando
constantemente de la potencia integradora del cuerpo vital mediante la acción
de los nadis, y comienzan a responder al tirón atractivo de la materia misma.
Esto se ha denominado la atracción de la ‘tierra” y es ejercida por esa
misteriosa entidad que llamamos el “espíritu de la tierra”; tal entidad se
halla en el arco involutivo y es para nuestro planeta lo que el elemental
físico para el cuerpo físico del hombre. Esta fuerza de vida del plano físico
es esencialmente la vida y la luz de la sustancia atómica, la materia con la
cual están hechas todas las formas. La sustancia de todas las formas es
devuelta a este depósito de vida involutiva y material. La restitución de la materia apropiada a la forma ocupada por el
alma, durante un ciclo de vida, consiste en devolver a este “César”, del mundo
involutivo, lo que le pertenece, mientras que el alma retorna al Dios que la
envió.
Es
evidente, por lo tanto, que en esta etapa se lleva a cabo un proceso dual de
atracción:
a.
El cuerpo vital se está preparando para irse.
b.
El cuerpo físico responde a la disolución.
Podría
agregarse que hay también una tercera actividad, aquella en que el hombre
consciente, retira su conciencia, constante y gradualmente, dentro de los
vehículos astral y mental, como preparación para la total abstracción del
cuerpo etérico en el momento apropiado. El hombre se va desapegando cada vez
más del plano físico, retrotrayéndose en sí mismo. En el caso de una persona
evolucionada este proceso se lleva a cabo conscientemente, y el hombre
retendrá su interés vital y la percepción de sus relaciones con los demás,
aunque vaya perdiendo su aferramiento a la existencia física. En la vejez este
desapego puede observarse más fácilmente que en la muerte por enfermedad, y
con frecuencia puede observarse que el alma o el hombre viviente interno,
pierde su aferramiento sobre lo físico y, por lo tanto, sobre la realidad
ilusoria.
4.
Nuevamente se produce una pausa.
En este punto el elemental físico puede a veces recobrar su aferramiento sobre
el cuerpo etérico, si el alma lo considera deseable y si la muerte no es parte
del plan interno, o si el elemental físico es tan poderoso que puede prolongar
el proceso de la muerte. Esta vida elemental a veces libra una batalla que dura
días y semanas. Sin embargo, cuando la muerte es inevitable, la pausa en este
punto será excesivamente breve y a veces durará segundos. El elemental físico
pierde su aferramiento y el cuerpo etérico espera el “tirón” final del alma,
actuando de acuerdo a la Ley de Atracción.
5.
El cuerpo etérico sale del
cuerpo físico denso en etapas graduales y por un punto escogido de
salida. Cuando ha terminado de salir, el cuerpo vital asume entonces los vagos
contornos de la forma que energetizó, haciéndolo bajo la influencia de la forma
mental que el hombre ha construido de sí mismo durante años. Esta forma mental
existe en el caso de cada ser humano, y debe ser destruida antes que la segunda
etapa de eliminación se haya completado. Me referiré a esto más adelante.
Aunque liberado de la prisión del cuerpo físico, el cuerpo etérico no está aún
libre de su influencia. Existe todavía una pequeña relación entre ambos, la
cual mantiene al hombre espiritual cerca del cuerpo recién abandonado. Debido a
ello los clarividentes pretenden a menudo haber visto el cuerpo etérico
flotando alrededor del lecho de muerte o del ataúd. Interpenetrando todavía al
cuerpo etérico se hallan las energías integradas que llamamos cuerpo astral y
vehículo mental, y en el centro existe un punto de luz que indica la presencia
del alma.
6.
El cuerpo etérico se dispersa
gradualmente a medida que las energías que lo componen se
reorganizan y retiran, dejando únicamente la sustancia pránica que se
identifica con el vehículo etérico del planeta mismo. Estos procesos de
dispersión, como dije anteriormente, son grandemente ayudados por la cremación.
En el caso de una persona no evolucionada, el cuerpo etérico puede permanecer
durante largo tiempo en la cercanía de su cascarón externo en desintegración,
porque la atracción del alma no es potente y el aspecto material lo es. Cuando
es una persona evolucionada y su pensamiento está desligado del plano físico,
la disolución del cuerpo vital puede ser excesivamente rápida. Una vez que
esto se ha realizado, el proceso de restitución ha concluido; el hombre está
libre, temporalmente al menos, de toda reacción provocada por el tirón
atractivo de la materia física; permanece en sus cuerpos sutiles preparado para
el gran acto que he denominado “El Arte de la Eliminación
Al finalizar
esta inadecuada explicación de la muerte del cuerpo físico, en sus dos
aspectos, surge un pensamiento: la integridad del hombre interno. Permanece
siendo él mismo. Queda intacto, sin trabas; es un agente libre en lo que
concierne al plano físico, y ahora responde únicamente a tres factores
predisponentes:
1.
La cualidad de su equipo astral-emocional.
2.
La condición mental en la que habitualmente vive.
3.
La voz del alma, a menudo poco conocida, pero a
veces muy conocida y amada.
La individualidad no se
pierde, es la misma persona que se halla todavía en el planeta. Sólo ha
desaparecido lo que fue parte integrante de la apariencia tangible de nuestro
planeta. Lo que ha sido amado u odiado, lo que ha sido útil o inútil para la
humanidad, quien ha servido a la raza o ha sido ineficaz, aún persiste, está
en contacto con los procesos cualitativos y mentales de la existencia, y
permanecerá eternamente individual, cualificado por el tipo de rayo, parte del
reino de las almas y un alto iniciado por propio derecho.
3. DOS PREGUNTAS IMPORTANTES
He
procurado en las páginas precedentes, dar una vislumbre de la verdadera
naturaleza de lo que se denomina muerte. La muerte es el retiro, consciente o
inconsciente, de la entidad viviente interna de su cascarón externo, su
correspondencia o analogía vital interna y, finalmente, la muerte es el
abandono del cuerpo o cuerpos sutiles, de acuerdo al grado de evolución de la
persona. También he tratado de mostrar la normalidad de este proceso familiar.
El horror que produce la muerte en el campo de batalla o por accidente, se debe
al shock producido en la zona del cuerpo etérico, necesitando un rápido
reajuste de sus fuerzas constituyentes y una súbita e inesperada reintegración
de sus partes componentes en respuesta a una acción definida que por fuerza
debe emprender el hombre en su cuerpo kama-manásico. Esta acción no significa
reemplazar nuevamente al hombre interno dentro del vehículo etérico, sino que
requiere la reunión de los aspectos dispersos de ese cuerpo, de acuerdo a la
Ley de Atracción, para que pueda tener lugar la disolución final y total.
Antes
de encarar nuestro tema (el Arte de la Eliminación) quisiera responder a dos
preguntas que me parecen importantes, frecuentemente formuladas por el ansioso
e inteligente estudiante.
La
primera, en realidad, expresa cierto desengaño por esta serie de instrucciones.
Puede ser formulada de la manera siguiente: ¿Por qué el Instructor Tibetano no
se ocupa de las enfermedades definidas o básicas, no trata de su patología, no
expone cómo curarlas o sugiere cómo tratarlas, ni indica sus causas directas,
impartiendo detalladamente los procesos de recuperación? No lo hago, porque
poco puedo agregar técnicamente a lo que ya ha comprobado la ciencia médica
acerca de los síntomas, las localizaciones y las tendencias generales donde se
producen condiciones enfermizas. La observación, experimentación, prueba y
error, éxitos y fracasos, han dado al hombre moderno un conocimiento amplio,
exacto y definido de los aspectos externos y los efectos de la enfermedad.
Tiempo y constante observación entrenada han indicado análoga y definidamente
los procesos paliativos o medidas preventivas (tal como la vacunación
antivariólica) y han probado ser útiles después de muchos años. La
investigación, la experimentación y las crecientes facilidades que la ciencia
proporciona, aumentan la capacidad del hombre para ayudar, curar a veces, y
frecuentemente aliviar y aminorar las
reacciones del dolor. La ciencia médica y la destreza quirúrgica han avanzado a
saltos, pues lo que hoy se conoce o capta parcialmente es de índole tan vasta y
de aspectos científicos y terapéuticos tan intrincados, que ha hecho surgir a
los especialistas, dando cabida a quienes se concentran en un campo particular
y por lo tanto sólo se ocupan de ciertas condiciones que promueven la mala
salud y la enfermedad, y adquieren con ello mucha destreza, cono cimiento y
frecuente éxito. Todo esto es muy bueno, a pesar de lo que digan los amargados
y las personas con método propio de curación, o aquellos que nada quieren saber
con la profesión médica y prefieren algún culto o un acercamiento más nuevo al
problema de la salud.
La
razón por la cual existen acercamientos más nuevos se debe a que la ciencia
médica ha progresado tanto que ha tocado los limites de su zona o campo
puramente físico, que está ahora al borde de penetrar en el reino de lo
intangible, acercándose así al mundo de las causas. Por esta razón no he
perdido tiempo con los detalles de las enfermedades, la enumeración o
consideración de enfermedades específicas, sus síntomas o su tratamiento,
porque esto lo abarcan totalmente los libros de texto disponibles; también
pueden observarse sus muchas y variadas etapas en nuestros grandes hospitales.
Sin
embargo, me he ocupado de las causas latentes de las enfermedades -tales como
la tuberculosis, sífilis y cáncer- inherentes al hombre individual, a la
humanidad en su totalidad y también a nuestro planeta. He trazado las bases
sicológicas de las enfermedades y he indicado un campo prácticamente nuevo
donde la enfermedad, particularmente en sus primeras etapas, puede ser
estudiada.
Cuando
la base sicológica de la enfermedad pueda ser comprendida y su naturaleza real
aceptada por el médico ortodoxo, el cirujano, el sicólogo y el sacerdote,
entonces todos trabajarán juntos en esta zona progresiva de entendimiento y lo
que hoy se tilda vagamente de “medicina preventiva” ocupará su debido lugar.
Prefiero definir esta etapa de aplicación
médica como de organización de esos métodos por los cuales la
enfermedad puede ser evitada, y de desarrollo de esas técnicas por cuyo
intermedio se impartirá el correcto entrenamiento sicológico -desde la juventud-
y, por el preciso énfasis puesto sobre el hombre espiritual interno, se
subsanarán esas condiciones y evitarán esos hábitos que hoy conducen
inevitablemente a la mala salud, a definidas enfermedades sintomáticas y a la
muerte eventual.
En
la afirmación que antecede no me refiero a la ciencia afirmativa o especulativa,
tal como la “Christian Science” (Ciencia Cristiana) o esas escuelas de
pensamiento que atribuyen todas las enfermedades al poder del pensamiento. Me
interesa la necesidad inmediata del correcto entrenamiento sicológico basado en
el conocimiento de la constitución del hombre, en la ciencia de los siete
rayos (las fuerzas que condicionan al hombre y hacen de él lo que es) y en la
astrología esotérica; me interesa la aplicación de los conocimientos hasta
ahora considerados peculiares y esotéricos, que son considerados lentamente en
forma general y han progresado mucho durante los últimos veinticinco años. No
estoy interesado en la abolición del tratamiento médico, ni me preocupa apoyar
los más nuevos métodos de tratamiento -todos los cuales se hallan aún en la
etapa experimental y por lo tanto han contribuido en algo a la ciencia médica
en su totalidad. Por la unida contribución deberá surgir un más rico y fluido
acercamiento entre el médico y el paciente.
El
cuadro descrito, del antecedente sicológico de todas las enfermedades,
empleará mucho tiempo en plasmarse; mientras tanto la contribución de la
medicina es indispensable. A pesar de los errores, falsos diagnósticos y muchos
equívocos, la humanidad no puede permanecer sin médicos, cirujanos y hospitales.
Se necesitan urgentemente y se necesitarán durante muchos siglos. Esta
declaración no debe causar desaliento. La humanidad no puede ser llevada
inmediatamente a una condición de perfecta salud física, aunque el correcto
entrenamiento sicológico desde la infancia, hará mucho en el transcurso de
pocas décadas. Erróneas condiciones se han estado desarrollando durante mucho
tiempo. La moderna medicina debe llegar a poseer una mente más abierta y estar
dispuesta (después de la debida comprobación profesional) a endosar lo nuevo,
de naturaleza innovadora y poco común. Las barreras erigidas por la medicina
especializada deben derribarse, y buscarse, instruirse e investigar las nuevas
escuelas, y, finalmente, incluirlas en las filas ortodoxas. Las nuevas
escuelas, tales como las que se ocupan de la electroterapia, las
quiroprácticas, las dietéticas, que pretenden curar todas las enfermedades
mediante alimentos adecuados, y los excéntricos naturópatas, además de otras
escuelas y cultos, no deben estar tan arrogantemente seguros de que poseen todo
el conocimiento, que su acercamiento es el único o que tienen un cúralotodo
universal, excepcional y definitivamente infalible. Dichos grupos,
particularmente los quiroprácticos, han dañado definidamente su causa y
perjudicado su esfuerzo debido a su ruidosa seguridad (en un campo que aún se
halla en la etapa experimental) y por sus constantes ataques a la medicina
ortodoxa. Esta última, a su vez, se ha limitado a sí misma, porque no ha
reconocido lo bueno y correcto de las nuevas escuelas: se ha sentido
antagonizada por su clamor para ser reconocida y por su carencia de métodos
científicos. El deseo de la medicina ortodoxa es proteger al público en
general. Necesita hacerlo para evitar los desastres que provocarían los
fanáticos y los métodos no probados, y ha ido demasiado lejos a este respecto.
La escuela de pensamiento que he apoyado en estas instrucciones también será
desafiada, y esto durante largo tiempo. Sin embargo los efectos mentales y
sicológicos de la guerra mundial apresurarán grandemente el reconocimiento de
las bases sicológicas de las enfermedades y otras perturbaciones; por lo tanto
la medicina moderna enfrenta su mayor oportunidad.
Una
combinación de la verdadera ciencia médica (legrada por el hombre, en el
transcurso de las edades, bajo la inspiración de su naturaleza
divina) y de los nuevos sistemas del tratamiento formulados por las numerosas escuelas de pensamiento, de
práctica y experimento, y también el reconocimiento de las energías que
condicionan al hombre, actuando a través de los siete centros en su cuerpo
vital, y de las influencias astrológicas que igualmente lo condicionan por
intermedio del hombre interno, producirá oportunamente el nuevo
acercamiento médico, que mantendrá al hombre en un estado de buena salud,
detendrá la enfermedad en sus primeras etapas y, finalmente, inaugurará ese
ciclo en los asuntos humanos donde la enfermedad y la mala salud serán la
excepción, no la regla como en la actualidad, y donde la muerte será considerada
una feliz y designada liberación y no, como sucede hoy, un temible enemigo.
La
segunda pregunta concierne definidamente a los procesos de la muerte. Se han
hecho preguntas: ¿Qué actitud adopta El Tibetano acerca de la cremación y en
qué condiciones debería efectuarse? Es algo afortunado y feliz que la cremación
se vaya imponiendo acrecentadamente. Dentro de poco tiempo la tarea de sepultar
a los muertos en la tierra será contraria a la ley, y la cremación obligatoria
una medida saludable y sanitaria. Desaparecerán eventualmente esos lugares
síquicos e insalubres llamados cementerios, así como la adoración a los
antepasados va desapareciendo tanto en Oriente -con su culto a los
antepasados- como en Occidente -con su igualmente estúpido culto a la posición
social heredada.
Mediante
la aplicación del fuego, todas las formas son disueltas; cuanto más rápidamente
se destruye el vehículo físico humano, con más rapidez se rompe el aferramiento
del alma que se retira. Muchas tonterías se dicen en la literatura teosófica
actual acerca de la ecuación tiempo, en relación con la destrucción secuencial
de los cuerpos sutiles. Sin embargo, debe decirse que en cuanto se ha
establecido científicamente la verdadera muerte (por el médico ortodoxo
a cargo del caso) y se ha asegurado que no queda una chispa de vida en el
cuerpo físico, entonces es posible la cremación. Esta total o verdadera muerte
acontece cuando el hilo de la conciencia y el hilo de la vida han sido
retirados totalmente de la cabeza y del corazón. El respeto y la mesura tienen
exacta cabida en este proceso. La familia del muerto necesita pocas horas para
adaptarse al hecho de la desaparición inminente de la forma externa y
comúnmente amada; debe también cumplirse debidamente con las formalidades
exigidas por el estado o la municipalidad. Este elemento tiempo se refiere
principalmente a los que quedan, a los vivos y no a los muertos. La pretensión
de que el cuerpo etérico no debe ser precipitadamente creado y la creencia
de que debe deambular durante un periodo determinado de varios días, no tienen
tampoco una verdadera base. No existe una necesidad etérica para esta demora.
Cuando el hombre interno se retira de su vehículo físico, lo hace
simultáneamente del cuerpo etérico. Es cierto que el cuerpo etérico puede
deambular por un largo período en el “campo de emanación”, cuando el cuerpo
físico es enterrado, y frecuentemente persistirá hasta la total desintegración
del cuerpo denso. El proceso de momificación, tal como se practicó en Egipto, y
el embalsamamiento, tal como se practica en Occidente, han sido responsables de
la perpetuación del cuerpo etérico, a veces durante siglos. Esto es
particularmente así cuando la momia o la persona embalsamada fue un individuo
malo durante su vida; el ambulante cuerpo etérico a menudo es “poseído” por
una entidad mala o una fuerza maligna. Ésta es la causa de los ataques y
desastres que frecuentemente persiguen a quienes descubren antiguas tumbas y
sus moradores, las antiguas momias, y desentierran a ellas y sus posesiones.
Donde se practica la cremación no sólo se logra la inmediata destrucción del
cuerpo físico y su restitución a la fuente de sustancia, sino que el cuerpo
vital también rápidamente se disuelve y sus fuerzas son arrastradas por la
corriente ígnea al depósito de energías vitales. Siempre constituyó parte
inherente a este depósito, el poseer ya sea una forma o un estado amorfo.
Después de la muerte y de la cremación estas fuerzas aún existen, pero son
absorbidas en un todo análogo. Reflexionen sobre esta afirmación,
porque proporcionará la clave del trabajo creador del espíritu humano. Si es
necesario esperar debido al sentimiento de la familia o a los requerimientos
municipales, la cremación debería hacerse dentro de las treinta y seis horas;
cuando no hay razón para esperar, la cremación puede hacerse doce horas
después. Sin embargo, es prudente esperar doce horas a fin de asegurase que se
ha producido la verdadera muerte.
CAPITULO
SEXTO
El Arte de la
Eliminación
PARA RETOMAR el hilo de nuestra instrucción,
consideraremos ahora la actividad del hombre espiritual interno que ha descartado
sus cuerpos físico y etérico y permanece en el cascarón del cuerpo sutil, un
cuerpo compuesto de sustancia astral o sensoria, y mental. Debido a que el
hombre común es fuertemente emocional y está polarizado en los sentidos,
prepondera la idea de que él se retira, después de la verdadera muerte, primero
a su cuerpo astral y luego a su vehículo mental. Pero en realidad no es así. La
base de esta idea consiste en que un cuerpo está construido predominantemente
de materia astral. Muy pocas personas han llegado a tal grado de evolución que
el vehículo en el cual se encuentran después de la muerte, está compuesto en su
mayor parte de sustancia mental. Sólo los discípulos e iniciados que viven por
lo común en sus mentes, se encuentran inmediatamente después de la muerte en el
plano mental. Muchas personas descubren que están en el plano astral
revestidas de un cascarón de materia astral y obligadas a pasar un periodo de
eliminación en la zona ilusoria del plano astral.
Como
he dicho anteriormente, el plano astral no tiene existencia real, es una
creación ilusoria de la familia humana. Sin embargo, de ahora en adelante (por
la derrota de las fuerzas del mal y el revés sufrido por la Logia Negra) el
plano astral lentamente se convierte en una creación que va muriendo, y en el período final de la historia humana
(en la séptima raza raíz) dejará de existir, pero ahora no es así. Con la
sustancia sensoria que constituye el plano astral, se construyen formas
ilusorias, siendo todavía una barrera en el sendero del alma, que busca la
liberación. Aún “mantiene aprisionada” a innumerables personas que hasta en el
momento de la muerte su principal preocupación es el deseo, los pensamientos
ambiciosos y la sensibilidad emocional, constituyendo ellas una gran mayoría.
En la época atlante vino a la existencia el plano astral; no existía
prácticamente el estado mental de conciencia, aunque los “hijos de la mente”
ocupaban su lugar en lo que hoy se considera los niveles superiores de ese plano. El átomo mental permanente también se
hallaba prácticamente en estado pasivo dentro de cada forma humana, y por consiguiente
el plano mental no ejercía atracción como sucede hoy. Muchas personas poseen
todavía conciencia atlante, y cuando salen del estado físico de conciencia y
descartan su cuerpo físico dual, se enfrentan con el problema de la eliminación
del cuerpo astral, pero les resulta fácil liberarse de cualquier prisión mental
del alma. Éstas son las personas comunes y poco evolucionadas que después de
eliminar el cuerpo kámico o de deseos, poco tienen que hacer; no existe un
vehículo mental que las atraiga hacia una integración mental, porque no hay una
potencia mentalmente enfocada; el alma en los niveles mentales superiores está
aún “en profunda meditación” y totalmente inconsciente de su sombra en los tres
mundos.
El
arte de la eliminación puede por lo tanto clasificarse en tres tipos:
1.
Tal como lo practican esas personas cuya cualidad
y constitución son puramente astrales; se las denomina “kámicas”.
2.
Tal como lo practican las personas equilibradas que ya son
personalidades integradas; se las denomina “kama-manásicas”.
3.
Tal como lo practican las personas evolucionadas y
los discípulos de todos los grados, cuyo “enfoque vital” es principalmente
mental; se las denomina “manásicas”.
Todas están
regidas por las mismas reglas básicas, pero el énfasis difiere en cada caso.
Les pediría tener presente que allí donde no existe un cerebro físico y la
mente no se ha desarrollado, el hombre interno está prácticamente sofocado
en una envoltura de materia astral y durante largo tiempo sumergido en lo que
llamamos plano astral. La persona kama-manásíca posee lo que se llama “la libertad
que otorga la vida dual”, y es dueña de una forma dual que le permite hacer
contacto a voluntad con los niveles superiores del plano astral y con los
niveles inferiores del plano mental. Recordaré nuevamente que no hay en ese
momento cerebro físico para registrar estos contactos. La conciencia del
contacto depende de la actividad innata del hombre interno y de su peculiar
estado de captación y apreciación. La persona manásica posee un vehículo mental
trasparente cuya tenue densidad está en proporción con la liberación del deseo
y de la emoción.
Estos
tres tipos de personas emplean un proceso eliminador de naturaleza similar,
pero utilizan una técnica diferente en el proceso. En bien de la claridad
podría decirse que:
1.
El individuo kámico
elimina su cuerpo astral mediante la atrición y lo abandona mediante la
analogía astral del centro plexo solar. Esta atrición se debe a que todos los
deseos innatos y las emociones inherentes están, en esta etapa, relacionados
con la naturaleza animal y el cuerpo físico -que ninguno de los dos existen ya.
2.
El individuo kama-manásico
emplea dos técnicas. Esto sucede lógicamente porque elimina, primeramente, su
cuerpo astral y luego su vehículo mental.
a.
Elimina el cuerpo astral por el creciente deseo de
llevar una vida mental. Se retira gradual y constantemente al cuerpo mental y
el cuerpo astral esotéricamente “se desprende” y finalmente desaparece. Esto
sucede por lo general en forma inconsciente y quizás necesite bastante tiempo.
Sin embargo, cuando el hombre está por encima del término medio y al borde de
ser un individuo manásico, la desaparición se produce súbita y dinámicamente, y
el hombre queda liberado dentro de su cuerpo mental, lo cual sucede en forma
consciente y rápida.
b.
Destroza el cuerpo mental por un acto de voluntad
humana, y además porque el alma comienza a ser lentamente consciente de su
sombra. El hombre interno es atraído hacia el alma, aunque muy tenuemente. Este
proceso es relativamente rápido y depende de la extensión de la influencia manásica.
3.
El individuo manásico,
enfocado ahora en su cuerpo mental, tiene dos cosas que realizar para:
a.
Disolver y desembarazarse de cualquier sedimento
astral que pudiera empañar su trasparente cuerpo mental El denominado cuerpo
astral ya no existe prácticamente como factor de expresión. Esto lo logra
haciendo afluir mayor luz desde el alma. En esta etapa la luz del alma disuelve
la sustancia astral, así como la luz combinada del alma de la humanidad,
disolverá finalmente el así llamado plano astral.
b.
Destruir el cuerpo mental empleando ciertas
Palabras de Poder, las cuales son comunicadas al discípulo por intermedio del
Ashrama de su Maestro y hacen afluir el poder del alma en gran medida,
produciendo en consecuencia tal expansión
de conciencia dentro del cuerpo mental, que es despedazado y no constituye ya
una barrera para el hombre interno. Ahora puede ser un liberado hijo de la
mente, dentro del Ashrama de su Maestro, de donde “no saldrá más”.
Después de la muerte y particularmente si ha
tenido lugar la cremación, el hombre, en su cuerpo kama-manásico, está tan consciente
y atento a su medio ambiente como cuando estaba vivo en el plano físico. Esta
fraseología concede cierta elasticidad respecto a la amplitud de la percepción
y observación; por lo tanto la misma elasticidad debe tenerse en cuenta para
quienes se hallan en el plano físico. No toda la gente está igualmente
despierta ni es consciente de las circunstancias o de la experiencia inmediata.
No obstante, debido a que la mayoría de las personas son mas conscientes
emocionalmente que físicamente, y viven en gran medida enfocadas en sus
vehículos astrales, el hombre está bastante familiarizado con el estado de
conciencia en que se encuentra. Recuerden que un plano es esencialmente un
estado de conciencia y no un lugar, según creen muchos esotéricos. La
persona autoconsciente reconoce esto por medio de la reacción enfocada, que
constantemente y en forma característica son conscientes de sí mismas,
sensibles al tema de su medio ambiente y de sus deseos exteriorizados o (en lo
que respecta a las personas evolucionadas que actúan en niveles más elevados
del plano astral) son sensibles a la exteriorización del amor y la aspiración;
el hombre siempre es absorbido por aquello que ocupó su atención e involucró el
principio kámico durante su experiencia en la encarnación. Vuelvo a recordar
que en ese momento no hay cerebro físico que responda a los impactos generados
por el hombre interno, y también que el sexo, tal como se lo comprende en
sentido físico, no existe. Los espiritistas harían bien en recordar esto y en
darse cuenta de la estupidez y también de la imposibilidad de concretar esos
matrimonios espirituales que ciertas
escuelas de pensamiento enseñan y practican. El hombre, en su cuerpo astral, se
halla libre de sus impulsos estrictamente animales que, en el plano físico,
son normales y correctos, pero ahora nada significan para él en su cuerpo
kámico.
Por
lo tanto, tomemos al hombre común. ¿Cuáles son sus primeras actividades y
reacciones después de la restitución del cuerpo físico al depósito universal
de sustancia? Permítanme enumerar algunas de dichas reacciones:
1.
Llega a ser conscientemente consciente de sí
mismo. Esto involucra una claridad de percepción desconocida para el hombre
común, mientras está en encarnación física.
2.
El tiempo (que constituye la sucesión de
acontecimientos registrados por el cerebro físico) ya no existe tal como
entendemos el término, y a medida que el Hombre dirige su atención a su más claramente definido yo emocional-
surge invariablemente un momento de contacto directo con el alma. Esto se debe
a que, aun en el caso del hombre más ignorante y subdesarrollado, el momento
de la completa restitución no pasa inadvertido para el alma. Tiene un definido
efecto egoico, algo parecido a un largo y fuerte tirón dado a la cuerda de una
campana, si puedo emplear tan simple símil. Durante un breve segundo el alma
responde, y la naturaleza de su respuesta es tal, que el hombre, situado en su
cuerpo astral o más bien en su vehículo kama-manásico, ve ante sí, como en un
mapa, las experiencias que ha tenido en la reciente encarnación. Registra y
siente que el tiempo no existe.
3.
Como resultado del reconocimiento de dichas
experiencias, el hombre aísla esas tres experiencias que constituyeron los tres
principales factores condicionantes en la reciente vida y que contienen la
clave de la futura encarnación, que iniciará próximamente. Todo lo demás es
olvidado y todas las experiencias menores desaparecen de su memoria, no
quedando en su conciencia nada más que
lo que esotéricamente se denomina “las tres simientes o gérmenes del futuro”,
relacionadas en forma peculiar a los átomos permanentes físico y astral,
produciendo así la quíntuple fuerza creadora de las formas que aparecerán más
tarde. Podría decirse que:
a.
La primera simiente
determinará más adelante la naturaleza del medio ambiente físico en el cual
ocupará su lugar el hombre que retorna. Está relacionada con la cualidad de
ese medio ambiente futuro, condicionando así el campo necesario o zona de
contacto.
b.
La segunda simiente determina la cualidad del
cuerpo etérico como vehículo a través del cual las fuerzas de rayo pueden hacer
contacto con el cuerpo físico denso. Delimita la estructura etérica o red
vital, por la cual circularán las energías entrantes, y está particularmente
relacionada con ese centro especial, entre los siete, que estará más activo y
tendrá mayor vitalidad durante la próxima encarnación.
c.
La tercer simiente
da la clave del vehículo astral en el que estará polarizado el hombre en la
siguiente encarnación. Recuerden que me refiero al hombre común, no al ser
humano evolucionado, discípulo o iniciado. Es la simiente que -por medio de las
fuerzas de atracción- pone al hombre otra vez en relación con quienes amó
anteriormente o estuvo en estrecho contacto con él. Debería aceptarse como un
hecho que la idea grupal rige subjetivamente todas las encarnaciones y que el
hombre encarnado renace no sólo por el propio deseo de obtener experiencias en
el plano físico, sino también por el impulso grupal y de acuerdo al karma grupal,
además del propio. Debería dársele a este punto mayor énfasis. Una vez que sea
verdaderamente captado y entendido, desaparecerá en gran parte el temor que engendra la idea de la muerte.
Lo familiar y amado seguirá siendo familiar y amado, porque la relación ha sido
estrechamente establecida durante muchas encarnaciones, y según lo expresa El
Antiguo Comentario:
“Las simientes que determinan
el reconocimiento no están exclusivamente en mí y en ti, sino también en el
grupo; dentro del grupo relacionan mutuamente a sus miembros en tiempo y
espacio. Sólo en las tres inferiores hallan su verdadera existencia quienes
están vinculados. Cuando el alma conoce al alma en el lugar de reunión, hasta
donde llega el llamado del Maestro, dichas simientes desaparecen”.
Será
evidente, por lo tanto, que es necesario entrenar a los niños a reconocer y
beneficiarse de la experiencia, pues una vez aprendida, facilitará grandemente
esta tercera actividad en el plano astral después de la muerte.
4.
Habiendo completado “la experiencia del
aislamiento” el hombre buscará, y automáticamente hallará, a quienes la
influencia de la tercer simiente los señala como que forman constantemente
parte de la experiencia grupal, de la cual consciente o inconsciente es un
elemento. Una vez establecida nuevamente la relación (si los buscados no han
eliminado todavía el cuerpo físico), el hombre actúa, como lo haría en la
tierra, en compañía de sus íntimos y de acuerdo a su temperamento y grado de
evolución. También buscará a quienes están más estrechamente ligados a él, a
aquellos que ama u odia, si se hallan aún en encarnación física, y -así como lo
hizo en la tierra- permanecerá cerca de ellos, consciente de sus actividades,
aunque (a no ser que estén muy evolucionados) no se den cuenta de la de él. No
puedo darles ningún detalle del recíproco toma y daca ni de los modos y métodos
de contacto. Cada persona es diferente, cada temperamento es mayormente
excepcional. Sólo trato de poner en
claro ciertas líneas básicas de conducta, seguidas por el hombre antes del acto
o actos, de eliminación.
Estas cuatro
actividades abarcan diversos períodos de tiempo desde el ángulo de “aquellos
que viven en lo inferior”, aunque el hombre que vive en el plano astral
desconoce el tiempo. Gradualmente el engaño y el espejismo (en orden inferior
o superior) se desvanecen, y el hombre entra en la etapa en que sabe
-porque la mente es ahora más incisiva y dominante- que está preparado para la segunda muerte y la
eliminación total del cuerpo kámico o el vehículo kama-manásico.
Debe
recordarse, entre otras cosas, que una vez realizada la restitución del físico
en sus dos aspectos, el hombre interno se halla, como ya he dicho, plenamente
consciente. El cerebro físico y el girar de las fuerzas etéricas (muy
desorganizadas en la mayoría de los hombres) ya no están presentes. Éstos son
los dos factores que han llevado a los estudiantes a creer que las experiencias
por las que pasa el hombre en los planos internos de los tres mundos, consisten
en ambular de acá para allá, o en una experiencia semiconsciente, o indica la
repetición de la vida, excepto en el caso de gente muy avanzada, discípulos e
iniciados. Pero esto no es así. El hombre en los planos internos no sólo es
consciente de sí mismo como individuo -con sus propios proyectos, vida y
asuntos- como lo fue en el plano físico, sino que es análogamente consciente de
los estados de conciencia circundantes. Quizás esté bajo el espejismo de la
existencia astral o sujeto a la impresión telepática de las diversas corrientes
de pensamiento que emanan del plano mental, pero también será consciente de sí
mismo y de su mente (o de la medida de vida manásica desarrollada) en forma
mucho más potente que cuando actuaba por intermedio del cerebro físico, cuando
su enfoque de conciencia era como la del aspirante, pero anclado en el cerebro.
Su experiencia es mucho más rica y plena que cuando estaba encarnado. Si reflexionaran
sobre esto por un momento, comprenderían que lógicamente debe ser así.
Por
lo tanto podrá inferirse que el Arte de la Eliminación es practicado en forma
más definida y efectiva que la restitución del vehículo físico. Otro punto debe
ser considerado. En el aspecto interno, los hombres saben que la Ley de
Renacimiento rige los procesos experimentales de la vida del plano físico, y se
dan cuenta, que antes de la eliminación de los cuerpos kámico (deseo),
kama-manásico y manásico (mental), sólo pasan a través de un intervalo entre
encarnaciones y que consiguientemente encaran dos grandes experiencias:
1.
El momento (largo o corto de acuerdo al grado de
evolución) donde se hará contacto con el alma o ángel solar.
2.
Luego de ese contacto se produce una reorientación
relativamente violenta hacia la vida terrena, que conduce a lo que se denomina
“el proceso de descenso y llamado”, donde el hombre:
a.
Se prepara de nuevo para la encarnación física.
b.
Emite su propia y verdadera nota dentro de la
sustancia de los tres mundos.
c.
Revitaliza los átomos permanentes, que forman un
triángulo de fuerza en el cuerpo causal.
d.
Reúne la sustancia necesaria para formar sus
futuros cuerpos de manifestación.
e.
Los matiza con las cualidades y características
que ha adquirido mediante la experiencia de la vida.
f.
Organiza, en el plano etérico, la sustancia de su
cuerpo vital, de tal modo que los siete centros adquieren forma y pueden
convertirse en recipientes de fuerzas internas.
g.
Elige deliberadamente a quienes le proporcionarán
la envoltura física densa necesaria, y luego espera el momento de la
encarnación. Los estudiantes esotéricos harían bien en recordar que los padres
sólo aportan el cuerpo físico denso. Aportan nada más que un cuerpo de cualidad
y naturaleza particular, que proporcionará el necesario vehículo de contacto
con el medio ambiente exigido por el alma encarnante. También pueden
proporcionar relación grupal, en cierta medida, allí donde la experiencia del
alma es prolongada y se ha establecido una verdadera relación grupal.
Estos
dos momentos críticos los enfrenta conscientemente el hombre desencarnado y
sabe lo que está haciendo dentro de los limites establecidos por su grado de
evolución.
Quisiera
también puntualizar que la tarea de emprender conscientemente el arte de la
eliminación, y la percepción del proceso y propósito, constituyen en realidad
el estado de conciencia llamado devachán por los teósofos ortodoxos.
Esta experiencia ha sido muy mal entendida. Prevalece la idea general que,
después de haberse desprendido de los cuerpos astral y mental, el hombre entra
en una especie de estado de ensoñación donde vuelve a experimentar y considerar
pretéritos acontecimientos a la luz del futuro y atraviesa por un período de
descanso, algo así como un proceso de asimilación, en preparación para
emprender un nuevo nacimiento. Ha surgido esta idea un tanto errónea, porque el
concepto tiempo rige aún las presentaciones teosóficas de la verdad. Sin
embargo, si se comprende que el tiempo es desconocido fuera de la experiencia
en el plano físico, todo el concepto respecto al devachán se esclarecerá. Desde
el momento de la total separación de los cuerpos físico denso y etérico, y a
medida que se emprende el proceso de eliminación, el hombre es consciente
del pasado y del presente; cuando la eliminación es total y ha llegado el
momento de hacer contacto con el alma y el vehículo manásico está en proceso de destrucción, entonces
inmediatamente tiene conciencia del futuro, pues la predicción es un
haber de la conciencia del alma, participando el hombre de ella
temporariamente. Por lo tanto, el pasado, el presente y el futuro se ven como
uno; entre una encarnación y otra y durante el continuado proceso de renacimiento
se va desarrollando el reconocimiento del Eterno Ahora. Esto constituye un
estado de conciencia (característico del estado normal del hombre evolucionado)
que puede ser denominado devachánico.
No
tengo la intención de detallar la técnica del proceso de eliminación. Los seres
humanos pasan por tantos estados diferentes -intermedios entre los tres ya
delineados- que sería imposible definir o precisar. La atrición es
relativamente fácil de comprender, porque al no producirse un llamado de la
sustancia física evocando el deseo, el cuerpo kámico muere, y nada existe para
nutrir este vehículo. El cuerpo astral viene a la existencia por medio de la
interacción recíproca entre el plano físico, que no es un principio, y el
principio deseo; durante el proceso de renacer, este principio es utilizado con
dinámica intención por el alma en el vehículo mental a fin de invertir el
llamado, entonces la materia responde al llamado del hombre que reencarna. El
hombre kámico, después de un largo proceso de atrición, queda liberado dentro
de un vehículo mental embrionario; este período de vida semimental es
excesivamente breve y llevado a su fin por el alma, que repentinamente “dirige
su ojo a aquel que espera”, y por el poder de esa potencia dirigida, reorienta
instantáneamente al hombre kámico individual hacia el sendero descendente del
renacimiento. El hombre kama-manásico aplica el proceso de retiro y responde a
la “atracción” del cuerpo mental en rápido desarrollo. Este retiro es cada vez
más acelerado y dinámico, hasta llegar a la etapa en que el discípulo en
probación -regido por un creciente contacto con el alma- destroza el cuerpo
kama-manásico, como una unidad, por un acto de voluntad mental, complementada por el alma. Observarán que la
experiencia “devachánica” necesariamente será más breve en relación con esta
mayoría que con la minoría kámica, porque la técnica devachánica de recapitulación
y reconocimiento de las implicaciones de la experiencia, lentamente va
controlando al hombre en el plano físico, para obtener la significación del
significado y aprender constantemente mediante la experiencia, mientras está
encarnado. De este modo, podrán darse cuenta que la continuidad de la
conciencia también se desarrolla paulatinamente, y la percepción del hombre interno
comienza a demostrarse en el plano físico, al principio por intermedio del
cerebro físico y luego independientemente de esa estructura material. He dado
aquí una definida insinuación sobre un tema que recibirá amplia atención
durante los próximos doscientos años.
En
la persona manásica, la personalidad integrada actúa, como hemos visto, de dos
maneras, que dependen necesariamente de la integración lograda, la cual será de
dos clases:
1.
La personalidad integrada, enfocada en la mente,
adquiriendo una constante y creciente relación con el alma.
2.
El discípulo, cuya personalidad integrada está
ahora integrándose rápidamente con el alma y es absorbida por ella.
En esta etapa de desarrollo de la mente y de constante control
mental (basada en el hecho de que la conciencia del hombre está ya
definidamente enfocada y permanentemente centrada en el vehículo mental), los
procesos previos a la destrucción del cuerpo astral, por medio de la atrición y
el “dinámico rechazo”, se llevan a cabo durante la encarnación física. El
hombre encarnado rehúsa ser regido por el deseo; lo que queda del cuerpo astral
ilusorio es dominado entonces por la mente, y el anhelo de satisfacer los
deseos es rechazado con plena y
consciente deliberación, ya sea por las ambiciones egoístas y las
intenciones mentales de la personalidad integrada o por inspiración de la
intención del alma, que subordina la mente a su propósito. Cuando se ha logrado
esta etapa de evolución, el hombre puede entonces disolver los últimos
vestigios de todo deseo por medio de la iluminación. En las primeras
etapas de la vida puramente manásica o mental, esto se logra por medio de la
iluminación que el conocimiento proporciona, e involucra principalmente la
innata luz de la sustancia mental. Más adelante, cuando el alma y la mente
establecen una estrecha relación, la luz del alma acelera y complementa el proceso.
Entonces el discípulo emplea métodos más esotéricos, pero sobre éstos no me
explayaré. La destrucción del cuerpo mental ya no se produce por el poder
destructor de la luz misma, sino que es acelerado mediante ciertos sonidos que
emanan desde el plano de la voluntad espiritual; al finalizar el ciclo de
encarnación éstos son reconocidos por el discípulo, y algún iniciado avanzado
del Ashrama o el Maestro Mismo, le permite utilizarlos en palabras-formas
adecuadas.
Décima Ley de
Curación
Quisiera
establecer ahora ciertos postulados que será necesario considerar en nuestro
estudio de la Tercera Parte, donde nos ocuparemos de las Leyes Fundamentales
de la Curación. Estas leyes y Reglas ya fueron dadas, pero ahora trataré de
explicarlas.
Hemos
estudiado, con cierta extensión, los procesos inmediatos que se llevan a cabo
cuando el principio vida se retira o es
retirado del cuerpo. En ambos procesos existe una diferencia basada en
el desarrollo evolutivo. Hemos trazado el retiro del principio vida, y el de la
conciencia, de los cuerpos sutiles en los tres mundos, y llegamos al punto en
que no nos ocuparemos del hombre común
ni del subdesarrollado, sino de la actividad consciente del alma en relación
con su aspecto forma.
En
el caso del hombre subdesarrollado o común, el alma, aparte de la mera
determinación de finalizar el ciclo de vida encarnada, antes de retornar al
plano físico, desempeña una ínfima parte en el proceso de la muerte. Las
“simientes de la muerte” son inherentes a la naturaleza forma y se manifiestan
como enfermedad o como senectud (empleando esta palabra en su sentido técnico y
no familiar), en cambio el alma persigue lo que le interesa en su propio plano,
hasta el momento en que el proceso evolutivo produce una situación donde la
integración o estrecha relación entre el alma y la forma es tan real, que el
alma se identifica profunda y ampliamente con su expresión en manifestación. Podría
decirse que al llegar a esta etapa, el alma encarna verdaderamente por primera
vez; en realidad “desciende a la manifestación” involucrando, por lo tanto,
toda la naturaleza egoica. Este punto no ha sido acentuado ni debidamente
comprendido.
En
las anteriores vidas del alma encarnante y durante casi todos los ciclos de la
vida de experiencia, ésta se preocupa muy poco por lo que sucede. La redención
de la sustancia con la cual están construidas todas las formas se lleva a cabo
por un proceso natural, y el “karma de la materia” es la fuerza inicial
regente, siendo reemplazada, con el tiempo, por el karma generado mediante la
fusión del alma y la forma, aunque (en las etapas primitivas) el alma asume
muy poco la responsabilidad. Lo que ocurre en la triple envoltura del alma,
necesariamente, es el resultado de las tendencias innatas de la sustancia
misma. Sin embargo, a medida que el tiempo transcurre y se produce una
encarnación tras otra, el efecto de la cualidad del alma inmanente evoca
gradualmente la conciencia, y por su intermedio, la aplicación del sentido
discriminador, desarrollado cuando la mente asume un acrecentado control; finalmente evoca el despertar de una
conciencia incipiente. Esto se manifiesta en el primer caso como sentido de
responsabilidad, que gradualmente establece una acrecentada identificación del
alma con su vehículo, el triple hombre inferior. Entonces los cuerpos se van
refinando constantemente; las simientes de la muerte y la enfermedad no son tan
potentes; aumenta la sensibilidad hacia las realizaciones internas del alma,
hasta que llega el momento donde el discípulo iniciado muere por un acto de
su voluntad espiritual o en respuesta al karma grupal, nacional o planetario.
La enfermedad y la muerte son condiciones
esencialmente inherentes a la sustancia, y así como el hombre se identifica
con el aspecto forma, así también será condicionado por la Ley de Disolución.
Esta ley, fundamental y natural, rige la vida de la forma en todos los reinos
de la naturaleza. Cuando el discípulo o iniciado se identifica con el alma, y
el antakarana está construido por medio del principio vida, entonces el
discípulo queda fuera del control de esta ley universal y natural y utiliza o
descarta el cuerpo a voluntad -por la demanda de la voluntad espiritual o por
el reconocimiento de las necesidades de la Jerarquía o los propósitos de
Shamballa.
Llegamos
ahora a la enunciación de una nueva ley que sustituye a la Ley de la Muerte y
se refiere únicamente a quienes están en las últimas etapas del sendero del
discipulado o en las primeras etapas del sendero de iniciación.
Atiende, oh discípulo, al llamado que el Hijo hace a la
Madre, y luego obedece. La Palabra anuncia que la forma ha cumplido su
propósito. El principio mente (el quinto principio A.A.B.) entonces se organiza
y luego repite la Palabra. La forma expectante responde y se desprende. El alma
queda liberada.
Responde, oh Naciente Uno, al
llamado que proviene de la esfera de la obligación; reconoce el llamado que
surge del Ashrama o de la Cámara del Concilio, donde espera el Señor Mismo de
la Vida. Se emite el Sonido. Tanto el alma como la forma deben renunciar al
principio vida y así permitir a la Mónada liberarse. El alma responde. La forma
rompe entonces la conexión. La Vida queda ya liberada, debido a la cualidad del
conocimiento consciente y al fruto de todas las experiencias. Éstos son los
dones del alma y de la forma combinados.
He
querido aclarar en sus mentes, la diferencia entre la enfermedad y la muerte,
tal como las experimenta el hombre común, y ciertos procesos correspondientes a
la disolución consciente, como son practicados por el discípulo avanzado o el
iniciado. Estos procesos posteriores involucran una técnica que se va
desarrollando lentamente, en la cual (en las primeras etapas) el discípulo es
aún víctima de la tendencia que posee la forma a producir enfermedad como
sucede con todas las formas de la naturaleza. Esta tendencia trae la
subsiguiente muerte, pasando por las etapas benignas de las enfermedades y la
consiguiente muerte pacífica, hasta las etapas en que la muerte se produce por
un acto de la voluntad -el momento y el modo lo determina el alma, registrado y
plasmado conscientemente por el cerebro. En ambos casos se manifiesta el dolor,
pero en el sendero de iniciación el dolor es mayormente rechazado, no porque el
iniciado trate de evitar el dolor, sino
porque desaparece la sensibilidad de la forma hacia los contactos indeseables,
y con ello desaparece también el dolor; el dolor es el guardián de la forma y
el protector de la sustancia; advierte el peligro; indica ciertas etapas
definidas en el proceso evolutivo; está relacionado con el principio por el
cual el alma se identifica con la sustancia. Cuando cesa la identificación, el
dolor, la enfermedad y también la muerte, pierden su aferramiento sobre el
discípulo; el alma ya no está sujeta a sus requerimientos, y el hombre queda
liberado, porque la enfermedad y la muerte son cualidades inherentes a la forma
y están sujetas a las vicisitudes de la vida de la forma.
La muerte para el hombre es exactamente lo que
parece ser la liberación del átomo; esto lo ha demostrado el gran descubrimiento
científico de la liberación de la energía atómica. El núcleo del átomo ha sido
dividido en dos. (Esta expresión es científicamente incorrecta). Este
acontecimiento, en la experiencia de la vida del átomo, libera una gran luz y
una gran potencia; en el plano astral el fenómeno de la muerte tiene un efecto
un tanto similar y también un estrecho paralelo con el fenómeno producido por
la liberación de la energía atómica. Cada muerte, en todos los reinos de la
naturaleza, produce en cierta medida este efecto; destroza y destruye la forma
sustancial y sirve así un propósito constructivo; este resultado es mayormente
astral o síquico y permite disipar algunos de los espejismos circundantes. La
destrucción de las formas en gran escala, llevada a cabo durante los últimos
años de guerra, ha producido cambios fenoménicos en el plano astral y ha
destruido gran parte del espejismo existente en el mundo, y esto es muy, pero
muy bueno. Tales acontecimientos deberían dar como resultado menor oposición a
la afluencia del nuevo tipo de energía; deberían también facilitar la aparición
de ideas que contengan los necesarios reconocimientos y captar ahora nuevos
conceptos; su introducción en el reino del pensamiento humano dependerá de la
formulación de los nuevos “senderos o canales de impresión”, por los cuales las
mentes de los hombres podrán ser sensibles a los planes jerárquicos y a los
propósitos de Shamballa.
No
obstante, esto lo digo al margen. Mi proposición servirá para demostrar algunas
de las relaciones que existen entre la muerte y la actividad constructiva, la
gran utilidad de la muerte como un proceso de reconstrucción. Les impartirá la
idea de que esta Gran Ley de la Muerte -cuando rige la sustancia de los tres
mundos- es un acontecimiento benéfico y correctivo. Sin extenderme sobre ello,
recordaré que la Ley de la Muerte, que rige tan poderosamente los tres mundos
de la evolución humana, es un reflejo de un propósito cómico que rige los planos etéricos cósmicos de nuestro
sistema solar, el plano astral y el plano mental cósmicos. La energía que
produce la muerte, emana como una expresión del principio vida de esa VIDA
mayor que abarca totalmente los siete sistemas planetarios, que en Sí Mismos
expresan la Vida de nuestro sistema solar. Cuando, en nuestra reflexión y
esfuerzo por comprender, nos introducimos en el reino de la abstracción pura,
ha llegado el momento de detenernos y retrotraer nuestras mentes a los métodos
prácticos del vivir planetario y a las leyes que rigen el cuarto reino de la
naturaleza, el humano.
Después
de esta tentativa de argumentar desde lo universal a lo particular (que es
siempre el método esotérico), estamos en posición de abocarnos a estudiar, en
la Tercera Parte, el último punto que trata de los Requisitos Básicos. Ahora
debemos considerar el empleo del principio muerte por el discípulo o el
iniciado. Quisiera que observaran la forma de expresar este concepto, que será
tratado bajo el título de Los Procesos de Integración.
CAPITULO
SÉPTIMO
Los Procesos
de Integración
AL CONSIDERAR este acontecimiento
inteligentemente utilizado por el alma, cuando actúa conscientemente en los
tres mundos, será de valor encararlo bajo dos acápites principales:
Primero:
Los procesos donde se da fin al ciclo de encarnación mediante la total
integración del alma y la personalidad. Esto lo abordaremos desde tres puntos
de vista:
El
significado de la integración.
El
estado mental del alma.
La
eliminación de la forma mental de la personalidad.
Segundo:
Su resultado:
En
el Ashrama del Maestro, en lo que concierne al discípulo. De la manera en que
el discípulo liberado puede crear un cuerpo para establecer contacto en el
plano físico y servir en los tres mundos, sin estar regido por la Ley de la Necesidad,
sino por la Ley del Servicio, tal como lo entiende el iniciado.
A
esta altura se habrán dado cuenta que hemos tratado el hecho de la muerte, en
lo que afecta al cuerpo físico (cosa muy
familiar) y también a las envolturas astral o mental -esa acumulación
de energía condicionada, con la cual no estamos tan objetivamente
familiarizados, pero que también el sicólogo admite su existencia y creemos
que debe desintegrarse o desaparecer con la muerte del cuerpo físico. Sin
embargo ¿no se les ha ocurrido pensar que el principal aspecto de la muerte,
que concierne más definidamente al ser humano, es la muerte de la
personalidad? No hablo en términos abstractos, como lo hacen los esoteristas
empeñados en negar la cualidad o cualidades que caracterizan al yo personal.
Hablan de “matar” tal o cual cualidad, suprimir totalmente al “yo inferior” o
frases similares. Me refiero aquí textualmente a la destrucción, disolución,
disipación o final dispersión de ese tan preciado y muy conocido yo personal.
Debe
tenerse presente que la vida de la personalidad abarca las siguientes etapas :
1.
La lenta y gradual construcción durante un largo
período de tiempo. Durante muchos ciclos de encarnaciones el hombre no es una
personalidad, sino simplemente un miembro de la masa.
2.
En esta etapa, prácticamente no existe la
identificación consciente del alma con la personalidad. El aspecto alma,
oculto en las envolturas, ha sido dominado por la vida de esas envolturas,
durante un período excesivamente largo, y sólo hace sentir su presencia
mediante lo que se denomina “la voz de la conciencia”. Sin embargo, a medida
que transcurre el tiempo, la vida activa inteligente del individuo es
gradualmente realzada y coordinada por la energía que afluye de los pétalos de
conocimiento del loto egoico o de la inteligente naturaleza perceptiva del alma
en su propio plano. Esto produce eventualmente la integración de las tres
envolturas inferiores, en un todo funcionante. El hombre es entonces una
personalidad.
3.
La vida de la personalidad del ahora coordinado
individuo. persiste durante muchas vidas, y también abarca tres fases:
a.
La de la agresiva y dominante vida de la
personalidad, básicamente condicionada por su tipo de rayo, de naturaleza
egoísta y muy individualista.
b.
La de transición, donde se libra un conflicto
entre la personalidad y el alma. El alma comienza a tratar de liberarse de la
vida de la forma y, sin embargo, en último análisis, la personalidad depende
del principio vida, conferido por el alma. Expresado en otras palabras,
comienza el conflicto entre el rayo del alma y el rayo de la personalidad, y
la lucha se libra entre dos enfocados aspectos de energía. Este conflicto
termina en la tercera iniciación.
c.
La del control ejercido por el alma, conduciendo a
la muerte y destrucción de la personalidad. Esta muerte comienza cuando la
personalidad, el Morador en el Umbral, permanece ante el Ángel de la
Presencia. La luz del Ángel solar entonces extingue la luz de la materia.
La
fase del “control” está condicionada por la total identificación de la
personalidad con el alma; esto es el reverso de la identificación anterior, del
alma con la personalidad. También es lo que queremos significar cuando hablamos
de la integración de ambas, las dos son una. San Pablo se refirió a ello cuando
dijo (en las Epístolas a los Efesios) que Cristo “hizo de dos, un nuevo
hombre”. Ésta es principalmente la fase de la etapa final del sendero de
probación (donde se inicia conscientemente el trabajo) y es llevado a su fin en
el sendero del discipulado. Es la etapa del servidor práctico triunfante y de
aquello en que todo el enfoque y producto de la vida del hombre está dedicado
al cumplimiento de la intención jerárquica. El hombre comienza a actuar en esos
niveles no incluidos en los tres mundos de la evolución común y también desde
ellos, pero que sin embargo producen sus efectos y llevan a cabo sus objetivos
planeados en esos tres mundos.
La
mayoría de los instructores y aspirantes ponen el énfasis sobre la integración
de la personalidad y su correcta orientación hacia el mundo de los valores
espirituales. Debería recordarse que tal etapa es una de las primeras, y así
debe ser. La integración de la mente, de la naturaleza emocional y del
cerebro, es la principal característica de todos los seres humanos evolucionados
-los malos y los muy malos, los buenos y los muy buenos. Sin embargo, esto no
indica vida espiritual, sino frecuentemente lo contrario. Un “Hitler” o persona
ambiciosa con un profundo egoísmo, o una vida inclinada a la crueldad, es una
personalidad que dirige todos los poderes de su mente hacia propósitos malignos,
cuya naturaleza emocional está constituida en tal forma que no presenta
obstáculos para promover estas intenciones egoístas, y con un poderoso cerebro
receptivo a los planes y métodos de los dos vehículos, cumpliendo los mandatos
de la personalidad.
Señalaré
que la mayoría de las personas no son personalidades, no importa cuán
volublemente puedan hablar acerca de la propia. El objetivo inicial, por
ejemplo, que tiene el conjunto de aspirantes y estudiantes, consiste ante todo,
en integrar el triple hombre inferior a fin de convertirse en personalidades
funcionantes, antes de llegar a ser almas funcionantes; el trabajo tiene como
propósito producir un enfoque consciente de la personalidad, evitando al mismo
tiempo pasar por ese ciclo de encarnaciones donde la personalidad estará
dedicada a cumplir fines inferiores y egoístas. Los estudiantes mas avanzados
tienen el propósito de producir una integración mayor del alma y la personalidad, que conduce a esa
integración final que lleva al aspecto más elevado de todo, el de la vida
monádica.
Existen
hoy en el mundo muchas personalidades realmente integradas, las cuales, debido
a la integración del alma y la personalidad, pueden hollar el sendero del
discipulado aceptado. Éste es un desarrollo muy auspicioso, si sólo pudieran
comprender sus implicaciones y significado; pero surge el interrogante acerca
de como, únicamente los que están en proceso de reorientarse, pueden
desarrollar una adecuada integración de la personalidad. Nunca lo conseguirán
si se sobreestiman o desprecian a si mismos. Muchos tienden a considerarse
como personalidades, por natural y
propia voluntad o porque son estudiantes ocultistas. Olvidan que estudiante de
ocultismo es aquel que busca lo que se halla oculto -en su caso, aquel oculto e
integrador hilo que les permitirá fusionar los tres cuerpos y así merecer
verdaderamente el nombre de personalidad. Algunos de ellos no llegarán a ser
personalidades durante esta vida, pero podrán desarrollar el concepto mental
de su posibilidad y naturaleza; deben recordar que “como un hombre piensa en su
corazón, así es él”. Ello no constituye una pérdida de tiempo, sino que es un
proceso muy necesario, a través del cual han pasado todos los Miembros de
la Jerarquía.
El
estudio y la meditación combinados son factores que todos los aspirantes
deberían emplear si desean lograr esta necesaria integración y consiguiente
vida de servicio. Así el aspirante podrá comprobar su punto de integración y
la amplitud de la cualidad del servicio, producida por dicha integración. Si
los aspirantes estudiaran cuidadosamente su vida en el plano físico,
descubrirían que trabajan automáticamente en respuesta a las ideas
convencionales de buena voluntad o de bondad, que existen en el plano físico o
trabajan emocionalmente porque les gusta ser estimados, les agrada ayudar y
también aliviar el sufrimiento (debido a la aversión que sienten por el
malestar que les produce el sufrimiento) o creen seguir los pasos de Cristo, derramando el bien, o
por la natural y profundamente arraigada tendencia de la vida. Esto constituye
el último y esperanzado desenvolvimiento.
Los
aspirantes oportunamente descubrirán (cuando hayan terminado las fases de la
integración física y emocional) que viene otra fase de servicio inteligente,
motivado, en primera instancia, por la misericordia, posteriormente por la
convicción de su esencialidad, más tarde por una etapa de definida ambición
espiritual, luego siguiendo sumisamente el ejemplo de la Jerarquía y, finalmente,
por la actuación de la cualidad del amor puro, amor que acrecentadamente se
expresa a sí mismo a medida que prosigue la integración superior del alma y la
personalidad. Todas estas fases de la intención y de las técnicas están bien,
en su propio lugar, mientras tienen un valor educativo y las siguientes fases
superiores permanecen vagas y nebulosas. Son erróneas si se perpetúan y llevan
a cabo cuando se percibe con claridad la siguiente etapa y no se la sigue.
Reflexionen sobre esto. Será de valor para ustedes comprender el verdadero
significado de esas variadas fases de integración, realizadas -como lo son- de
acuerdo a la ley evolutiva.
Todos
estos pasos en el camino de integración conducen a esa culminante etapa en que
la personalidad -rica en experiencia, poderosa en expresión, reorientada y
dedicada- se torna simplemente en el mediador de la vida del alma entre la
Jerarquía y la Humanidad. Nuevamente, reflexionen sobre esto.
Mientras
todas estas fases, etapas y realizaciones tienen lugar en la vida de la
personalidad ¿qué actitud adopta el alma en su propio plano? Considerar esto
involucra, ante todo, el reconocimiento de los tres aspectos de la mente, que
residen en lo que llamamos plano mental:
1.
La mente inferior concreta,
constituye la actitud mental mantenida por ese aspecto inferior del alma que
inicialmente se “hizo descender” a la manifestación en el momento de la individualización.
Esto -durante un largo ciclo de encarnaciones- ha llegado a ser
acrecentadamente sensible para su influyente Yo, el cual le dice a su aspecto
encarnado: “Habiendo compenetrado todo el universo con un fragmento de Mí
Mismo, Yo permanezco”. La atracción de este influyente Yo “que permanece” es lo
que atrae y hace retornar al pequeño fragmento a su fuente de origen.
2.
El Hijo de la Mente,
el alma, el producto del pensamiento de la Mente Universal, la Identidad
pensante, percibidora, discriminadora, analizadora, o la Entidad espiritual.
Este aspecto de la Vida Una está caracterizado por la mente, la razón, el amor
y La voluntad puros. Un “Señor del Sacrificio” que, a través de la experiencia
de la encarnación, la integración y la expresión, ha emprendido la tarea de
redimir la materia y elevar la sustancia hasta los Cielos. Éstas, aunque
teóricas para ustedes, son verdades comunes y trivialidades antiguas. Pueden
comprobar su naturaleza teórica formulándose la pregunta: ¿que hago como alma
(si es que actúo como alma) para elevar mi aspecto materia, mis tres vehículos
y la sustancia con la cual están construidos, a planos superiores de
expresión?
3.
La mente superior abstracta
es para el alma lo que el aspecto inferior del alma, contenido en los pétalos
del conocimiento, es para la mente concreta. Esta mente abstracta constituye el
aspecto inferior de la Tríada espiritual.
Una vez que tuvo lugar la integración entre la personalidad y el
alma, entonces el alma -en su propio cuerpo, naturaleza y plano- puede
comenzar a dedicarse a una integración o relación vinculadora superior, que
oportunamente debe lograr entre ella y la Tríada espiritual. La realización en
un nivel inferior posibilita siempre la realización en uno superior. No existe
verdadera realización superior hasta que el aspecto inferior reflejado es
gradualmente dominado, empleado y reconocido como un instrumento para llevar a
cabo actividades aún más elevadas.
El
estado mental del alma, durante los procesos de integración inferior, puede ser
brevemente resumido:
1.
De total desinterés, durante las primeras etapas
del ciclo de encarnación. Su “aspecto incrustado” (como se lo ha llamado) es
absolutamente adecuado para la lenta y tediosa tarea de la evolución de los
cuerpos, desarrollo de sus características y pago de la amarga experiencia de
la ceguera y la ignorancia. Este período es, en mucho, el más largo, y mientras
transcurre, el alma sigue adelante con los intereses de su propia vida, en su
propio nivel de experiencia, en su propio rayo y regida por la influencia del
Maestro, que eventualmente guiará el pensamiento (por medio de la impresión
gozosamente aceptada) de la personalidad en desarrollo. Recuerden que este
reino o conjunto de almas constituye lo que los cristianos llaman el Reino de
Dios y los ocultistas la Jerarquía espiritual del planeta. No olviden que el
propósito de ese conjunto de vidas consiste en inducir a la conciencia a
comprender la polarización espiritual de la VIDA planetaria.
2.
A medida que prosigue la evolución, los tres
vehículos -creados y desarrollados- se hacen potentes, y su vibración llega a
ser bastante fuerte para llamar parcialmente la atención de la preocupada alma.
La primera reacción es la irritabilidad. La irritabilidad ocultista no
es el mal humor como lo manifiestan los seres humanos, sino respuesta al
contacto -una respuesta que no agrada. En otras palabras, es fricción. Por ello
comprenderán mejor el significado de la enunciación de que la última cadena que
el Maestro rompe es la irritabilidad. La
personalidad ya no atrae, por lo tanto cesa la fricción, y sólo existe un canal
puro por el cual puede fluir la energía espiritual. La irritabilidad, tal como
se la comprende, se produce cuando la voluntad, la propia estimación y las
ideas y planes personales son infringidos por otras personas. Esta no es la
índole de irritabilidad de la que se desembaraza el Maestro.
La
segunda reacción constituye el proceso de meditación o la generación de poder,
que más tarde se empleará en los tres mundos para acrecentar la energía del
alma dentro de la forma y crear el campo del conocimiento, poblado de formas
mentales, dentro del cual la personalidad se aventurará más adelante. El alma
está por lo tanto preparándose para su propia reorientación hacia la Vida y su
expresión en los tres mundos, y no para adquirir experiencias de la vida.
3.
Cuando la personalidad llega a dominar, el alma
introduce un nuevo factor en la vida de su reflejo, el alma encarnada. Moviliza
y enfoca la energía del rayo del alma y, por un acto de la voluntad, la pone en
contacto directo con el rayo de la personalidad. Esto produce una acción
refleja sobre los rayos del triple hombre inferior, estimulándolos, despertándolos
y condicionando el cuerpo etérico, de manera que los centros por los cuales
afluyen los rayos de la personalidad, y el centro coronario que responde al
rayo del alma, puedan ser más activos. El centro ajna, mediante el cual actúa
la personalidad, trabaja e intensifica su actividad, y tienen lugar dos cosas:
a.
La vida de la personalidad se hace
acrecentadamente potente y el hombre desarrolla una individualidad intensa.
b.
El centro coronario comienza a ejercer influencia
sobre el centro ajna y, lenta y gradualmente, sobre los centros de la columna
vertebral. La propia voluntad aumenta, así como también las otras cualidades.
4.
El alma está desarrollando ahora lo que los
esotéricos llaman “un proceso de reversión”. Esto despierta un gran interés en
su reflejo en los tres mundos, y tres cosas tienen lugar:
a.
La mente concreta inferior se somete a la
iluminación del alma.
b.
La energía del rayo del alma afluye
acrecentadamente a la personalidad, intensificando su conflicto.
c.
El recorrido del hombre alrededor del zodíaco, de
Aries vía Piscis a Tauro, se invierte, prosiguiendo entonces en forma contraria
a las agujas del reloj.
Todos
estos factores producen un violento conflicto en el sendero de probación,
acrecentándose cuando el hombre entra en el sendero del discipulado. La
potencia de la personalidad dominante, que está siendo dominada, induce a una
intensa actividad kármica. Eventos y circunstancias se acumulan rápida y
violentamente en la experiencia del discípulo. Su medio ambiente es de la más
alta calidad disponible en los tres mundos; su experiencia fluctúa entre los
extremos; agota sus obligaciones kármicas, y paga con gran rapidez la
penalidad impuesta por los errores del pasado.
Una
encarnación sucede a otra durante todo este tiempo, y el proceso familiar de la
muerte continúa aconteciendo entre ciclos de experiencia. Sin embargo, las tres
muertes -física, astral y mental- se llevan a cabo con un constante despertar
del estado de percepción, a medida que se desarrolla la mente inferior; el hombre ya no deambula -dormido y sin saberlo-
fuera de los vehículos etérico, astral y mental, sino que cada muerte llega a
ser un acontecimiento como lo es la muerte física.
Finalmente,
llega el momento en que el discípulo muere deliberadamente y, con plena
conciencia y real conocimiento, abandona sus distintos vehículos.
Constantemente el alma va controlando, y entonces el discípulo produce la
muerte por un acto de voluntad del alma, sabiendo exactamente lo que está
haciendo.
Al
tratar este tema (que sólo puedo hacerlo muy brevemente) dos cosas deben
tenerse presente:
1.
Que consideramos únicamente la idea que tiene la
mente acerca del alma y el hecho básico de la ilusión que ha controlado todo
el ciclo de encarnación y mantiene al alma prisionera en la forma. Para el
alma, la personalidad significa dos cosas:
a.
La capacidad de identificarse con la forma; ante
todo, esto lo realiza el alma cuando la personalidad comienza a reaccionar al
obtener cierta medida de real integración.
b.
La oportunidad para recibir la iniciación.
2.
Que la eliminación de la forma mental de la
personalidad, que llega a consumarse en la tercera iniciación, constituye una
gran iniciación para el alma en su propio plano. Por esta razón la tercera
iniciación es considerada como la primera iniciación mayor, pues las dos
iniciaciones anteriores producen muy poco efecto sobre el alma y sólo afectan
al alma encarnada, el “fragmento” del todo.
Estos hechos
son muy poco comprendidos y raras veces acentuados en la literatura publicada
hasta ahora, donde el énfasis fue puesto siempre sobre las iniciaciones, en lo
que afectan al discípulo en los tres mundos. Pero me ocupo específicamente de
las iniciaciones en lo que afectan o no al alma, influyendo sobre su
reflejo, la personalidad en los tres mundos. Por lo tanto, lo que he dicho
tendrá poco significado para el lector común.
Desde
el ángulo del yo personal, que se considera a sí mismo como el Morador en el
Umbral, la actitud o estado mental ha sido inadecuadamente descrito como de
total absorción en la luz del alma; tal es, la Gloria de la Presencia,
transmutada por el Ángel, que la
personalidad, con sus demandas y aspiraciones, desaparece completamente. Sólo
queda el cascarón, la envoltura y el instrumento a través del cual la luz solar
puede afluir para ayudar a la
humanidad. Hasta cierto punto esto es verdad, pero -en último análisis- sólo es
el intento del hombre para explicar con palabras los efectos transmutadores y
transfiguradores de la tercera iniciación, lo cual no puede llevarse a cabo.
Infinitamente
más difícil es el esfuerzo que realizo para describir la actitud y las
reacciones del alma, el yo uno, el Maestro en el corazón, cuando reconoce el
maravilloso hecho de su propia y esencial liberación, y de una vez por todas se
da cuenta de que ahora es incapaz de responder a las vibraciones inferiores de
los tres mundos, tal como son transmitidas al alma por su instrumento de
contacto, la forma de la personalidad, forma que es ya incapaz de tal
transmisión.
La
segunda reacción del alma, una vez enfocada y aceptada esta comprensión, es que
la liberación -cuando se ha logrado- presenta sus propias demandas:
1.
Una vida de servicio en los tres mundos, muy familiar,
aunque totalmente trascendida.
2.
Un influyente sentido de amor dirigido a aquellos
que aún buscan la liberación.
3.
Un reconocimiento del triángulo esencial,
convertido ahora en el centro de la vida conceptual del alma:
El alma ahora vibra entre los dos puntos o
pares de opuestos y actúa como centro invocador y evocador.
Ninguno de
los conocimientos mencionados pueden ser registrados en la conciencia cerebral
o en la mente de la personalidad iluminada. Teóricamente puede percibirse
alguna tenue visión de las posibilidades inherentes, pero ya no es la
conciencia del discípulo servidor en los tres mundos, empleando la mente, las
emociones y el cuerpo físico para llevar a cabo, en lo posible, el mandato y la
intención jerárquica. Esto ha desaparecido con la muerte de la conciencia de la
personalidad. La conciencia es ahora la del alma misma, consciente de que no
existe separación, instintivamente activa, espiritualmente obsesada por los
planes del Reino de Dios, y totalmente libre de la atracción o del más leve
control de la materia-forma; sin embargo, el alma responde aún a la sustancia-energía, y está sumergida en ella,
y su analogía superior actúa todavía en los niveles del plano físico cósmico
-los planos búdico, átmico, monádico y logoico.
¿Qué
debe hacerse si queremos que la vida del alma sea plena y completa y tan
enteramente incluyente que los tres mundos formen parte de su zona de
percepción y su campo de servicio? La única forma en que puedo aclarar lo que
debe realizar el alma, después de la tercera iniciación, puede resumirse de dos
maneras:
Primero: El alma llega a ser un creador
consciente, porque el tercer aspecto -desarrollado y dominado mediante la experiencia
en los tres mundos, durante el largo ciclo de encarnaciones- ha alcanzado un
grado de actividad perfecta. En términos técnicos diré: la energía de los
pétalos de conocimiento y la energía de los pétalos de amor están tan
activamente fusionadas y mezcladas, que dos de los pétalos internos, rodeando
la joya en el loto, ya no velan esta
joya. Hablo aquí simbólicamente. Debido a este acontecimiento, la muerte o la
eliminación de la personalidad constituye la primera actividad en el drama de
la creación consciente, y la primera forma creada por el alma es un sustituto
de la personalidad. Así se crea un instrumento para el servicio en los tres
mundos. Sin embargo, esta vez es un instrumento sin vida, deseos, ambiciones
ni poder propio para pensar. Es sólo una envoltura de sustancia, animada por la
vida del alma, pero que -al mismo tiempo- responde y se adecua al período, a la
raza y a las condiciones ambientales, donde el alma creadora ha elegido actuar.
Reflexionen sobre esta afirmación y acentúen las palabras “adecuada a él”.
Segundo: El alma entonces se prepara
para la futura cuarta iniciación. Es básicamente una experiencia monádica, y
da por resultado -como bien saben- la desaparición o destrucción del vehículo
del alma o cuerpo causal, y el establecimiento, por lo tanto, de una relación
directa entre la mónada en su propio plano y la personalidad recientemente
creada, vía el antakarana.
He presentado
por primera vez, en orden consecutivo, estos dos puntos impartidos en la
enseñanza esotérica; sin embargo, las insinuaciones han preparado el camino
para ambos hechos. También he dado información acerca del maya-virupa, a través
del cual el Maestro actúa y establece contacto con los tres mundos que Él crea
deliberadamente a fin de servir Sus propósitos y planes. Constituye un
sustituto definido de la personalidad y sólo puede ser creado cuando la vieja
personalidad (construida y desarrollada durante el ciclo de encarnación) ha
sido eliminada. Prefiero utilizar la palabra “eliminada” en vez de “destruida”.
La estructura -en el momento de la eliminación- persiste, pero su vida
separatista ha desaparecido.
Si reflexionan con toda claridad acerca de
esta afirmación, observarán que ahora es posible lograr una total integración.
La vida de la personalidad ha sido absorbida; todavía queda la forma de la
personalidad, pero persiste sin tener verdadera vida propia; ello significa que
ya puede ser la receptora de energías y fuerzas que necesita el Iniciado activo
o Maestro, a fin de llevar a cabo la tarea de salvar a la humanidad. Los
estudiantes hallarán de valor estudiar las tres “apariciones de Cristo”, tal
como están registradas en El Evangelio:
1.
Su aparición transfigurada, en el Monte de la
Transfiguración. Ese episodio describe simbólicamente a la radiante alma y
también a los tres cuerpos abandonados por la personalidad, e insinúa además la
futura construcción de un vehículo de manifestación. San Pedro dijo: “Señor,
construyamos aquí tres chozas” o tabernáculos.
2.
Su aparición como la verdad misma (silenciosa,
aunque presente), ante la barra o tribunal de justicia de Pilatos -repudiado
por el mundo de los hombres, pero reconocido por la Jerarquía.
3.
Su radiante aparición, después de la iniciación de
la resurrección:
a.
A la mujer en el sepulcro -simbolizando Su
contacto con la Humanidad.
b.
A los dos discípulos en el camino hacia Emaús
-simbolizando Su contacto con la Jerarquía.
c.
A los doce discípulos en la cámara superior
-simbolizando Su contacto con la Cámara del Concilio del Señor del Mundo en
Shamballa.
Por lo antedicho podrán ver la naturaleza efectiva de los resultados
a que me he referido anteriormente en esta instrucción. El discípulo que ha
eliminado (en el sentido técnico así como en el místico) el aferramiento de la
personalidad, posee ahora la “libertad que otorga el Ashrama”, según se lo
denomina, pudiendo moverse a voluntad entre sus discípulos e iniciados. Nada
existirá en su vida o cualidad vibratoria, que perturbe el ritmo del Ashrama;
no existirá riada que obligue al Maestro a una “intervención pacífica”, como
frecuentemente sucede durante las primeras etapas del discipulado; nada puede
ya interferir en esos contactos y esferas de influencia superiores, sellados
hasta ahora para el discípulo, por la intromisión de su propia personalidad.
LAS LEYES
FUNDAMENTALES DE LA CURACIÓN
HE COMENTADO la primera y segunda parte del
estudio sobre el arte de curar. He tratado someramente las causas de la
enfermedad y observado que emanan en su totalidad de tres principales fuentes:
el estado sicológico del paciente, sus deudas kármicas y aquellas en que ha
incurrido por medio de su relación grupal, ambiental, nacional o planetaria.
Luego me ocupé de ciertas condiciones y actitudes básicas requeridas, que
deben ser establecidas entre el curador y el paciente y, finalmente, abordé el
tópico de la muerte. Lo consideré en lo que afecta a los tres vehículos
transitorios, acentuando su naturaleza divina y su propósito constructivo.
Ahora entraré en la parte donde serán brevemente consideradas las Leyes y las
Reglas de la Curación que deberán condicionar los procesos de curación.
Hallamos
que existen diez leyes y seis reglas. Observarán que la décima ley es demasiado
abstrusa para ser dilucidada más extensamente; concierne al principio vida,
del cual hasta ahora nada sabemos, y está implicado en el propósito monádico.
Toda enseñanza esotérica que emana directamente de la Jerarquía, contiene en
si la semilla viviente de lo que será más tarde. En La Doctrina Secreta,
por ejemplo, H.P.B. (de acuerdo a mis instrucciones) se refirió ocasionalmente
al antakarana, en forma muy breve y confusa; así sembró la semilla, y cuando florezca plenamente indicará los
requisitos para quienes -habiendo recibido las iniciaciones superiores- pueden
entrar en el Camino de la Evolución superior. Por lo tanto, en esta décima ley
incorporo también la simiente para un acercamiento muy posterior, a los
problemas de la Vida y la Muerte.
Recordaré
que una ley es en realidad el efecto producido por la vida de una entidad
mayor, cuando abarca a una menor dentro de sus procesos vivientes. Incluye ese
propósito formulado, o voluntad organizada de una vida envolvente, contra la
cual, el propósito expresado o la voluntad determinada de aquello que envuelve,
nada puede hacer. Podrán argüir que esta afirmación niega el libre albedrío del
ente individual así incluido o envuelto.
Ello ciertamente milita contra el aspecto forma de la manifestación
-ese aspecto, por ejemplo, del que el ser humano es preeminentemente
consciente. Por lo tanto, esta relación entre lo superior o mayor, y lo
inferior o menor, dominará equitativa y seguramente y, con el tiempo, anulará
las leyes menores de la naturaleza forma, que hoy se denominan leyes de la
naturaleza.
Sin
embargo, en sentido igualmente esencial, el alma de todas las formas se halla
en conflicto con esas formas, y en su propia vida integral está condicionada
por leyes superiores, las de su propio ser; a éstas las obedece y sigue
libremente, sin el más mínimo deseo de hacer lo contrario. En consecuencia, no
existe ningún infringimiento esencial del libre albedrío del sujeto; sólo hay
resistencia de lo que llamamos el “no-yo’ o aspecto materia. A esto podría
denominárselo causa básica de toda enfermedad.
Lo
que llamamos Leyes de la Naturaleza fueron la fase más elevada de la vida
divina, posible en el primer sistema solar. Constituyen primordialmente las
leyes inherentes al aspecto vida de la forma, poseyendo, no obstante, las
semillas de la muerte. Las Leyes del Alma, debido a que subordinan y hacen
negativas a las Leyes de la Naturaleza, son las leyes superiores, a las cuales
la humanidad (el más elevado reino de la
naturaleza actualmente) puede responder y -cuando se cumplan- completarán el
propósito del segundo sistema solar. Las Leyes de la Vida reemplazarán
finalmente a las Leyes del Alma y totalmente neutralizarán y negarán a las
Leyes de la Naturaleza; esas leyes serán características del tercer sistema
solar, la última expresión de la personalidad del Logos solar, por intermedio
de los siete logos planetarios, con sus variadas formas y expresiones del alma.
Tenemos
así tres grupos de leyes, que rigen la expresión del propósito viviente en este
segundo sistema solar, uno desarrollado, otro en desarrollo y el tercero
latente y relativamente pasivo.
1.
Las Leyes de la Naturaleza -las leyes separatistas
de la naturaleza forma.
2.
Las Leyes del Alma -las leyes fusionantes de la
integridad grupal.
3.
Las Leyes de la Vida -las leyes dinámicas del Ser.
Ahora nos
ocuparemos de ciertos aspectos de las Leyes del Alma, pues conciernen a la
actividad e integridad del alma en la forma. Esto deben tenerlo muy en cuenta.
La enfermedad es algo que ataca la integridad o armonía de la naturaleza forma,
que el hombre espiritual interno debe emplear a fin de hacer contacto en los
tres mundos, que constituyen su medio ambiente cuando está en encarnación. Las
leyes tratadas podrán considerarse por lo tanto como las diez leyes
subsidiarias de la fundamental Ley de Integridad Esencial. Constituyen
nueve elaboraciones o aspectos de esa ley, y esto debe tenerse cuidadosamente
presente. Con estas leyes debe trabajar siempre el verdadero curador.
Las seis reglas tratan únicamente de la
aplicación de esta integridad, lograda en las condiciones y situaciones que el
curador enfrenta. La integridad significa enfoque, tensión, y expresión
(simultáneamente captada, conscientemente generada y dinámicamente empleada).
En
las leyes y reglas que he dado se mencionan ciertas características necesarias
del curador y también se indican los requisitos indispensables. Estos los
expondremos primero, pues no sólo presentan cualidades y actitudes esenciales
para la práctica exitosa del arte de curar, sino que indican también por qué
-hasta la época actual- prácticamente no se ha logrado una exitosa y
sistematizada curación de un paciente en ninguna de las actuales escuelas de
curación. Se ha producido lo que podría denominarse “curación accidental”,
porque el paciente se hubiera curado de todos modos, no habiéndole llegado la
hora de pasar al más allá. La deliberada curación consciente, con pleno
conocimiento, sólo ocurre cuando el curador es un iniciado de alto grado, imitando
la vida y naturaleza de Cristo.
Veremos
ahora las cualidades y actitudes indicadas. Las enumeraré y comentaré
brevemente:
1.
El poder de hacer contacto y
trabajar corno alma. “El arte del curador consiste en liberar al
alma”. Piensen por un momento lo que involucra este poder. El curador no sólo
se halla en contacto inmediato y consciente con su propia alma, sino que por
medio de ese contacto puede fácilmente hacer contacto con el alma de su
paciente.
2.
El poder de ordenar, de la
voluntad espiritual. La ley particular involucrada en el acto de la
curación debe ser “puesta en actividad por la voluntad espiritual”. Esto
requiere la capacidad de establecer contacto con la Tríada espiritual. Por lo tanto, el antakarana debe estar más o
menos en proceso de construcción.
3.
El poder de establecer relación
telepática. El curador debe “conocer la etapa interna de los
pensamientos y deseos” de su paciente.
4.
La posesión de un conocimiento
exacto. Hemos visto que debe “conocer el punto exacto a través
del cual debe llegar el alivio”. Éste es un punto muy importante, el cual es
pasado totalmente por alto por los así llamados curadores, en ciertos
movimientos como Christian Science, Unity y otros. Las curaciones no se logran
mediante una intensa afirmación de la divinidad o por derramar simplemente amor
y expresar un indefinido misticismo. Se logra por el dominio de la ciencia
exacta de contacto, de impresión, de invocación, más una comprensión del
mecanismo sutil del vehículo etérico.
5.
El poder de invertir, reorientar
y “exaltar” la conciencia del paciente. El curador debe
“elevar hasta el alma los ojos enfocados hacia abajo”. Esto se refiere a los
ojos del paciente. Esta declaración implica limitación, porque si el paciente
no está en la etapa de evolución donde esto es posible, ni en el punto de
evolución donde puede hacer contacto con su propia alma, el trabajo del curador
será inevitablemente inútil. Por lo tanto, la esfera de acción del curador
espiritual, está estrictamente limitada a quienes tienen fe. La fe, no
obstante, es la “evidencia de las cosas no vistas”; la mayoría carece de esa
evidencia. La fe no es el pensamiento ansioso ni una esperanza ingeniosa. Es
la evidencia de una convicción bien fundamentada.
6.
El poder de dirigir la energía
del alma hacia la zona necesaria. “El ojo espiritual o tercer
ojo, dirige entonces la fuerza curadora”. Esto presupone, por parte del
curador, una técnica científica, el correcto funcionamiento, dentro de la
cabeza, del mecanismo que recibe y dirige la fuerza.
7.
El poder de expresar la pureza
magnética y la necesidad de radiación. “El curador
debe adquirir pureza magnética... y lograr una radiación dispersadora”. Esto
involucra una gran disciplina personal en la vida diaria y el hábito de vivir
en forma pura. Inevitable y automáticamente la pureza da por resultado la
irradiación.
8.
El poder de controlar La actividad
del mecanismo de la cabeza. El curador debe haber
“vinculado los centros de la cabeza”. El verdadero curador ha establecido una
zona magnética en su cabeza, la cual se presenta o expresa por medio de una
definida y reconocida radiación.
9.
El poder sobre sus propios
centros. El curador debe “concentrar la necesaria energía
dentro del centro requerido”. El centro, en el cuerpo del paciente, más
cercano al lugar de la perturbación física, debe llegar a ser receptivo de la
energía descargada en él por el correspondiente centro en el cuerpo del curador. Por lo tanto será evidente
cuánto conocimiento y control de energía requiere el verdadero curador.
10. El
poder de utilizar tanto los métodos exotéricos como los esotéricos de curación.
El curador empleará los “métodos de curación ocultista, aunque también se
utilicen los métodos comunes de medicina y cirugía”. Constantemente he acentuado
que la naturaleza de la medicina experimental es un don de Dios, frase que
califica a la medicina actual y aún más a la curación metafísica. No es
necesario llamar a un curador espiritual para soldar los huesos rotos o para
esas dificultades que la medicina ortodoxa ya ha dominado. No obstante, la
moral y condición general del paciente pueden ser ayudados razonablemente
mientras se aplica una inteligente cirugía y los conocimientos médicos
paliativos. Esto generalmente tiende a ignorarlo el así llamado curador
metafísico. Con el tiempo los curadores se clasificarán en dos grupos:
a.
Los curadores espirituales definidamente entrenados.
b.
Los curadores que han desarrollado menos poder,
pero poseen suficiente irradiación y magnetismo para ayudar en los procesos
curativos comunes. Éstos por lo general trabajarán guiados por el curador
espiritual.
11. El
poder para trabajar magnéticamente. Así “puede derramar la
vital fuerza curadora sobre el paciente”. El curador realiza esto mediante la
coordinación científica de su equipo, empleando las manos como agente
directriz. De esta manera la enfermedad puede ser curada, aliviada o empeorada,
e incluso producir la muerte. Por lo tanto, la responsabilidad del curador es
muy grande.
12. El
poder para trabajar con la irradiación. Así “su
presencia puede nutrir la vida del alma del paciente”. Esto también se realiza
mediante un sistema de coordinación, pero en ese caso el agente de irradiación
es el aura y no las manos.
13. El
poder para practicar durante todo el tiempo una total inofensividad.
“El método que emplea el Uno Perfecto... es la inofensividad”. Se dice que
involucra una expresión positiva de equilibrio, un punto de vista incluyente y
una divina comprensión. ¿Cuántos curadores combinan estas tres cualidades y
trabajan por medio del amor?.
14. El
poder para controlar la voluntad y trabajar por medio del amor.
“El curador... debe mantener sujeta la voluntad”. Ésta es una de las cualidades
más difíciles de desarrollar, porque la voluntad del curador es frecuentemente
tan poderosa, en su determinación por lograr una curación, que hace inútil el
esfuerzo para aplicar ese proceso de curación. Desde el ángulo opuesto,
frecuentemente el deseo sentimental y místico de amor al paciente, inutiliza
todo esfuerzo para refrenar la voluntad. Recuérdese que la voluntad espiritual
debe ser como un tranquilo y profundo
depósito de poder, respaldando toda expresión de la energía del amor.
15. El
poder eventual para aplicar la Ley de la Vida. Sobre esto,
poco puede decirse, porque sólo es aplicable a quienes han desarrollado o están
desarrollando rápidamente la conciencia de la Tríada espiritual -algo todavía
muy raro.
El
estudio de estos requisitos no debe producir desaliento. Dicho estudio servirá
para establecer una meta necesaria para todos los curadores de la nueva era.
También explicará por qué los distintos sistemas de curación practicados hoy en
todo el mundo (especialmente en los países angloamericanos) han fracasado
notablemente hasta ahora a pesar de sus pretensiones. Ninguno de ellos -si han
llevado registros debidamente comprobados y científicamente exactos
(prácticamente nadie lo ha hecho)- acusaría más de un ínfimo porcentaje de
curas basadas en la curación puramente espiritual. El porcentaje curado
alcanza a menos de uno por millón. En todo caso, dichas curaciones se habrían
efectuado a su debido tiempo si se hubiera permitido la acción de la naturaleza
o la actuación de la ciencia médica o quirúrgica comunes.
Pero
hoy es tan grande la estimulación espiritual en el mundo, y el número de los
que responden tan enorme, que inevitablemente un gran grupo podrá salir de las
filas de la humanidad común y entrar en el sendero del discipulado. A causa de
este progreso surgirán -durante los próximos quinientos años- muchos curadores
que llenarán en cierta medida los requisitos enumerados.
Las
filosofías que apoyan los distintos sistemas como Unity, Christian Science, son
básicamente sanas y afirman trilladas verdades fundamentales (no obstante
verdades esenciales), que subyacen en todo lo que acabo de decir. Sin embargo,
la gente no se cura por la enunciación de verdades trilladas, por la afirmación
de la divinidad ni por la exposición de teorías abstractas. Se curará cuando
llegue el momento oportuno, debido a la habilidad del curador de la nueva era
para expresar en sí mismo y en su vida diaria la cualidad de la divinidad,
capaz espiritualmente de invocar el alma de su paciente y también ser
magnéticamente puro, y por el poder de un tipo particular de energía irradiante
estimular al paciente a que él mismo se cure, mediante su propio mecanismo
interno. El curador de la nueva era poseerá la
capacidad de hacer, con facilidad y comprensión, los siguientes contactos:
1.
Con su propia alma.
2.
Con el alma del paciente.
3.
Con el particular tipo de energía que reside en el
rayo del alma o de la personalidad del paciente.
4.
Con uno de sus propios centros, que le es
necesario para actuar como agente transmisor de la energía que debe ser enviada
a una zona regida por algún centro en el cuerpo del paciente.
5.
Con el centro en el cuerpo etérico del paciente,
que controla la zona donde la enfermedad está ubicada.
Esto, como
podrán apreciar, significa poseer mucho conocimiento técnico. Además el curador
también debe poseer esa percepción espiritual que le permitirá intuir el “karma
del momento”, tal como se lo denomina esotéricamente, y así saber si su
curación es permitida, practicable o imposible. Este tipo de conocimiento no lo
posee hoy ningún curador en el mundo, no importa que así lo proclame. Repito
nuevamente, esto no debe causar desaliento.
Lo
que verdaderamente se requiere y se obtendrá en el transcurso de las décadas,
es que los discípulos y hombres y mujeres con orientación espiritual, ingresen
en la profesión médica y se perfeccionen
en las técnicas de la medicina ortodoxa y en el conocimiento exotérico de la
anatomía física y de los síntomas patológicos, más los medicamentos y los
métodos ortodoxos de tratar las enfermedades. A este conocimiento y comprensión
técnica agregarán cierta medida de conocimiento esotérico; entonces comenzarán
a combinar, mientras practican su profesión, la sabiduría, tanto exotérica
como esotérica, que poseen. Al principio esto será puramente experimental, pero
de la experiencia adquirida, al utilizar ambos campos del conocimiento,
emergerá una nueva ciencia médica basada en dos reconocidos e importantes
factores.
1.
Una acumulación de conocimiento e información,
acerca del vehículo físico denso, por los hombres de ciencia en el transcurso
de las edades, lo cual ha sido en su mayoría comprobado y exacto.
2.
Un aumento constante de la comprensión de la
naturaleza del cuerpo etérico, de los centros y de la transmisión y circulación
de ciertas energías controladas.
Esta
combinación de dos aspectos de la verdad se facilitará por la acrecentada
sensibilidad y la casi clarividente percepción de la humanidad en desarrollo.
Se hallará que uno de los resultados sobresalientes de la reciente guerra
mundial es la enorme y acrecentada
capacidad de reacción nerviosa. Esta receptividad nerviosa es actualmente
anormal, teniendo penosos resultados. La razón de ello es que el mecanismo
nervioso del ser humano común (y con ello quiero significar su sistema
nervioso, más los nadis que subyacen en él) no es todavía adecuado a las
demandas que se le imponen. Sin embargo, el tiempo reajustará todo esto.
Los
curadores metafísicos y los médicos ortodoxos tienden hoy a repudiarse
mutuamente en forma demasiado violenta. Considerado en su totalidad, el médico
ortodoxo es menos fanático y excluyente que los metafísicos modernos. Conocen muy bien las limitaciones de sus
actuales realizaciones médicas. Pero el así llamado curador espiritual no
reconoce en la actualidad limitaciones, y ello constituye definidamente una
debilidad. Ambos grupos, con el tiempo, llegarán a convertirse en colaboradores
y no en opositores. Uno tiene mucho que aprender del otro y ambos deben reconocer
que el campo particular del conocimiento en el cual se hallan son igualmente
una expresión divina, e indican la capacidad de la mente humana para
investigar, registrar, descubrir y formular la verdad, a fin de que otros
puedan beneficiarse.
Quisiera
recordarles que ambos grupos tienen mucho que hacer -uno penetrar en el reino
de lo sutil y lo intangible (y esto está sucediendo rápidamente) y el otro
salir de sus vagas abstracciones y generalizaciones imprácticas para aprender
a reconocer las realidades acerca de lo objetivo y lo tangible; esto
aún no se ha hecho; las así llamadas curaciones metafísicas se pierden en medio
de una nube de palabras y afirmaciones altisonantes.
La
sinceridad de la mayoría de quienes pertenecen a esas escuelas de pensamiento
es incuestionable; sus móviles son casi uniformemente sinceros y buenos. En
ambos grupos existen charlatanes y también una pequeña -muy pequeña- minoría
de egocéntricos e ignorantes explotadores de la humanidad. Entre ellos figuran
médicos y metafísicos inclinados comercialmente; sin embargo son una minoría.
El investigador sincero que ama a la humanidad, en ambos grupos, constituye la
esperanza futura de la ciencia médica, que trata de satisfacer la necesidad de
la humanidad -una humanidad que va acrecentando su sensibilidad y orientándose
subjetivamente.
Enumeración
y Aplicación de las Leyes y Reglas
Nota: Algunas de estas
Reglas están conectadas con ciertas Leyes y las consideraré en su correcta
relación. He pedido a A. A. B. la confección de una lista de las diez leyes y
-cuando una regla está vinculada a una ley particular- dar esa regla con dicha
ley. Las reglas se han de enumerar nuevamente y no siguen el orden impartido
anteriormente.
Toda enfermedad es el
resultado de la inhibición de la vida del alma. Esto es verdad para todas las
formas de todos los reinos. El arte del curador consiste en liberar al alma, a
fin de que su vida pueda fluir a través del conglomerado de organismos que
constituyen una forma determinada.
La enfermedad es el
producto de tres influencias y está sujeta a ella: Primero, el pasado del
hombre, en que paga el precio de antiguos errores; segundo, su herencia, donde
comparte con todo el género humano esas contaminadas corrientes de energía de
origen grupal; tercero, su participación, con todas las formas naturales, de
aquello que el Señor de la Vida impone a Su cuerpo. Estas tres influencias son
denominadas “La antigua Ley de Participación del Mal”. Algún día ésta debe
ceder su lugar a la nueva “Ley del Antiguo y Predominante Bien”, que reside
detrás de todo lo que Dios ha creado. Esta ley debe ser puesta en vigencia por
la voluntad espiritual del hombre.
El curador debe
entrenarse a fin de conocer el nivel interno de los pensamientos y deseos de
quien busca su ayuda. Así podrá conocer la fuente de donde proviene la
dolencia. Debe relacionar la causa y el efecto, y conocer el punto exacto por
el cual debe llegar el alivio.
Las enfermedades son el efecto de la centralización
básica de La energía vital del hombre. Del plano en que dichas energías están
enfocadas provienen esas condiciones determinantes que producen mala salud. En consecuencia, se manifiestan como enfermedad o como
buena salud.
La enfermedad, tanto
física como sicológica, tiene sus raíces en lo bueno, lo bello y lo verdadero,
y sólo es un reflejo distorsionado de las posibilidades divinas. El alma
frustrada, cuando trata de expresar plenamente alguna característica divina o
realidad espiritual Interna, produce -dentro de la sustancia de sus
envolturas- un punto de fricción. Sobre este punto están enfocados los ojos de
la personalidad, lo cual conduce a la enfermedad. El arte del curador consiste
en elevar hacia el alma -el verdadero curador dentro de la forma- los ojos que
están enfocados hacía abajo. Entonces el tercer ojo, u ojo espiritual, dirige
la fuerza curadora, y todo está bien.
El curador debe
adquirir pureza magnética a través de la pureza de vida. Debe lograr esa dispersiva
irradiación que se manifiesta en todo hombre que ha vinculado los centros de la
cabeza. Cuando se ha establecido tal campo magnético, entonces surge la
irradiación.
No existe nada más que
energía, porque Dios es Vida. En el hombre se unen dos energías, pero hay otras
cinco presentes. Para cada una ha de encontrarse un punto central de contacto.
El conflicto de esas energías con las fuerzas, y de las fuerzas entre sí, producen
los males corporales del hombre. El conflicto entre las primeras y las segundas
persiste durante edades, hasta llegar a la cima de la montaña, la primera gran
cima. La lucha entre las fuerzas produce las enfermedades, males y dolores
corporales que buscan la liberación en la muerte. Las dos, las cinco y también
las siete, además de aquello que ellas producen, poseen el secreto. Ésta es la
quinta Ley de Curación dentro del mundo de la forma.
Que el curador
concentre la necesaria energía en el centro necesario. Que ese centro
corresponda al centro necesitado. Que ambos se sincronicen y juntos aumenten la
fuerza. Así la forma que espera trabajará equilibradamente. Así los dos y el
uno, correctamente dirigidos, curarán.
Cuando las energías constructoras del alma están activas
en el cuerpo, entonces hay salud, limpia interacción y correcta actividad.
Cuando los constructores son los señores lunares, los cuales trabajan
controlados por la Luna y a las órdenes del yo inferior personal, entonces hay
enfermedad, mala salud y muerte.
Cuando la vida o energía fluye sin impedimentos y,
mediante la correcta dirección, alcanza su precipitación (la glándula relacionada),
entonces la forma responde y la mala salud desaparece.
El cuidadoso
diagnóstico de la enfermedad, basado en los síntomas externos verificados,
será simplificado en tal medida que, cuando sea conocido y aislado el órgano
implicado, el centro en el cuerpo etérico en más estrecha relación con él, será
sometido a los métodos de curación esotérica, aunque no serán rechazados los
métodos comunes, paliativos, médicos o quirúrgicos.
Enfermedad y muerte
son el resultado de dos fuerzas activas. Una es la voluntad del alma que dice a
su instrumento: Yo retiro la esencia. La otra es el poder
magnético de la Vida planetaria que dice a la vida, dentro de la estructura
atómica: “La hora de la reabsorción ha llegado. Retorna a mí.” Así, de acuerdo
a la ley cíclica, actúan todas las formas.
El curador debe tratar de vincular su alma, corazón,
cerebro y manos. Así puede verter la fuerza vital curadora sobre el paciente. Esto
es trabajo magnético. Puede curar la enfermedad o acrecentar el estado
maligno, de acuerdo al conocimiento del curador.
El curador debe tratar de vincular su alma, cerebro,
corazón y emanación áurica. Así su presencia puede nutrir la vida del alma del
paciente. Esto es trabajo de irradiación. Las manos no son necesarias.
El alma despliega su poder. El alma del paciente, a través de la respuesta de
su aura, responde a la irradiación del aura del curador, inundada con la
energía del alma.
La perfección hace
surgir la imperfección a la superficie. El bien expulsa el mal de la forma del
hombre, en tiempo y espacio. La inofensividad es el método usado por el Ser
Perfecto y empleado para el Bien. Esto no es negatividad, sino perfecto
equilibrio, cabal punto de vista y comprensión divina.
El curador o el grupo de curación debe mantener sujeta
la voluntad, pues no debe emplearse la voluntad, sino el amor.
Atiende, oh discípulo, al llamado que el Hijo hace a la
Madre, y luego obedece. La Palabra anuncia que la forma ha cumplido su
propósito. El principio mente entonces se organiza a sí mismo, y luego repite
la Palabra. La forma expectante responde y se desprende. El alma queda
liberada.
Responde, Oh Naciente Uno, al llamado que proviene de la esfera de la
obligación; reconoce el llamado que surge del Ashrama o de la Cámara del
Concilio donde espera el Señor Mismo de la Vida. Se emite el Sonido. Tanto el
alma como la forma deben renunciar al principio vida y así
permitir a la Mónada liberarse. El alma responde. La forma rompe entonces la
conexión. La vida queda ya liberada, debido a la cualidad del conocimiento
consciente y al fruto de todas las experiencias. Estos son los dones del alma y
de la forma, combinados.
Nota: Esta última ley es la enunciación de una nueva que sustituye a la
Ley de la Muerte y se refiere sólo a quienes están en las últimas etapas del
sendero del discipulado y en las del sendero de iniciación.
En las últimas páginas he aclarado ampliamente el tema, indicando -aún
corriendo el riesgo de producir algún desaliento- ciertos requisitos esenciales
para el curador de la nueva era y también algún contacto que deberá establecer
con facilidad y prontitud cuando trata de curar. También definí la naturaleza
de la Ley. Esto fue preliminar a la consideración de las Leyes, a las cuales el
curador debe ajustarse, y de las Reglas que automática e intuitivamente
obedecerá. Podríamos considerar estas Leyes y Reglas en mutua relación y
también con el curador, pues varias de las Reglas están íntimamente
relacionadas con una Ley que controla al curador.
Por la definición anterior, resultará evidente, en último análisis, que
la enfermedad, la muerte, la mentira, la falsedad y la desesperación, son
inherentes al planeta mismo, porque nuestro Logos planetario (como lo afirmé
anteriormente, cuando ayudaba a H. p. B. a escribir La Doctrina Secreta)
es un “Dios Imperfecto”. Después de la actual gran crisis mundial, incidental a
nuestro Logos planetario, y habiendo recibido por lo tanto una iniciación
cósmica, pasó al sendero cósmico, disminuyendo palpablemente sus
imperfecciones; habrá mucha menos desesperación y enfermedad en la tierra una
vez que se hayan efectuado los necesarios reajustes planetarios. Ustedes no lo
verán aún, porque los reajustes tardarán siglos para efectuarse en tan amplia
escala. Por lo tanto lo que tengo que decir respecto a la futura curación de la
enfermedad no tendrá un valor práctico durante mucho tiempo, pero deben ser
consideradas y discutidas la teoría y las indicaciones acerca de su
posibilidad. También, durante mucho tiempo, la ciencia médica y el conocimiento
quirúrgico desempeñarán una parte valiosa en la medicina preventiva, prácticas
paliativas y procesos curativos. A éstos se agregarán acrecentadamente numerosos
métodos sicológicos de curación, los cuales irán de la mano con los dos
mencionados, anexándose a éstos los servicios de los curadores espirituales;
así se irá desarrollando constantemente
un acercamiento cabal al entero hombre, necesidad reconocida hoy en
todas partes por médicos de ideas progresistas. Así también por medio del
método experimental de prueba y error, mucho se aprenderá.
Los procesos de curación que estoy delineando e indicando por medio de
estas Leyes y Reglas, son fundamentalmente nuevos. No se basan en afirmaciones
como las de la Christian Science y otros cultos de curación mental; no tienen
su fundamento en orígenes comprobados ni en pretendidos resultados, que sólo
será posible alcanzar cuando la raza logre un nivel mucho más elevado de
perfección que el observado actualmente o que sea factible de desarrollo
inmediato. Como he dicho repetidas veces en este tratado, nada existe
fundamentalmente malo en las afirmaciones hechas por estos grupos y
organizaciones, acerca del hombre que ha llegado a expresar el alma y a obtener
conciencia crística. Erróneo es pretender que el hombre común (que
evidentemente no se halla en este avanzado punto de evolución) pueda realizar
estos milagros de curación en sí mismo o en otros. Muy pocas personas han
alcanzado esta etapa y ciertamente es muy raro que la alcance el curador que
pertenece a dichos cultos y organizaciones. El curador de la nueva era
reconocerá las limitaciones y las circunstancias condicionantes, además del
destino. Esto predispone al desarrollo
interno de los poderes que otorgan conocimiento. También será espiritualmente
consciente de que la curación del cuerpo físico no constituye siempre el más
elevado bien espiritual; la sobrestimación y el serio y ansioso cuidado de la
vida de la forma, del vehículo físico, no es de mayor importancia.
El curador de la nueva era no trabaja ni lo hará directamente con el
cuerpo físico; siendo ocultista, no considera a ese cuerpo como un principio.
Actúa práctica y totalmente sobre el cuerpo etérico y las energías vitales,
dejando que esas energías hagan impacto sobre el automatismo del cuerpo físico,
de acuerdo a una intención dirigida; entonces producirán su efecto de acuerdo a
la respuesta de ese cuerpo, que estará condicionado por muchos factores. Esas
energías, dirigidas por medio del cuerpo etérico del paciente, o emanando de
ese cuerpo, pueden traer la curación si el destino del paciente lo permite, o
estimular de tal manera la zona enferma, que la dolencia sea llevada a una
crisis y el paciente muera. Esto a menudo sucede bajo el tratamiento de los
curadores de los cultos que ignoran las leyes de la curación y basan sus
actividades en el conocimiento de una divinidad presente -aunque generalmente
inexpresada.
Se requiere una mayor medida de percepción espiritual y comprensión
mental antes de que pueda ser eficaz el sistema que propongo. Todo lo que doy
en mis escritos es mayormente de índole precursora, y esto debe recordarse.
Estudiaremos ahora la Ley I; no tiene ninguna Regla agregada o
relacionada con ella, pues es la afirmación básica de la principal teoría que
fundamenta el trabajo del curador.
Toda enfermedad es el
resultado de la inhibición de la vida del alma. Esto es verdad para todas las
formas de todos los reinos. El arte del curador consiste en liberar al alma, a
fin de que su vida pueda fluir a través del conglomerado de organismos que
constituyen una forma determinada.
Esta ley indica que el triple hombre inferior
puede ser destruido por la enfermedad debido a que no está controlado por el
alma. La enfermedad se aloja en el cuerpo físico, cuando la libre afluencia de
la energía, que se vierte desde el alma, está inhibida y limitada. El hombre
verdadero, el alma en su propio plano, administra debidamente al organismo
físico su energía creadora y regeneradora. Cuando existe una total e
inobstruída afluencia del alma, hacia los siete centros vitalizadores, tenemos
la perfecta salud que manifiesta el iniciado de cuarto grado, a no ser que en
su caso le sea aplicado un karma experimental o iniciador. No obstante, como
regla general y aparte de estas condiciones planetarias, un iniciado de alto
grado no necesita un curador, pues nada en él requiere ser curado.
¿Qué debe hacer el curador cuando se halla ante un paciente y se da
cuenta de la inhibición, evidenciada por la enfermedad? ¿Trabaja con el alma
del paciente, de acuerdo a la ley? ¿Trata de que esa alma (en su propio plano)
afecte definidamente al hombre, supervisando la trasferencia de la energía del
alma a la mente, y de la mente al cuerpo astral, y de allí al vehículo etérico?
De ningún modo. En los casos de verdadera y grave enfermedad, el estado del
paciente es por lo general de tal naturaleza que no le es posible responder
convenientemente al tratamiento que intenta emplear, consciente o
inconscientemente, el curador. Cualquier esfuerzo mental está más allá de su
poder y por lo tanto no podría colaborar con el esfuerzo de su alma para
transferir energía; la actividad de su cuerpo astral generalmente está
concentrada en la expresión de un gran deseo de vivir y de desembarazarse de la
enfermedad, a no ser que el enfermo esté tan grave que haya llegado a la etapa
donde sencillamente no le importa nada y vaya perdiendo rápidamente la voluntad
de vivir. A estas dificultades debe agregarse el hecho de que muy pocas
personas se hallan tan integradas que pueden funcionar como personalidades
íntegras, en respuesta a la estimulación
del alma.
Se hallan polarizadas generalmente
en cualquiera de sus tres cuerpos y este hecho también presenta para el curador
una poderosa condición limitadora. Análoga y muy frecuentemente, el hombre
está tan intensamente preocupado con el presente malestar y dolor del cuerpo
físico denso, que las impresiones superiores que pudieran venir a través de la
mente o de los cuerpos egoicos, serían incapaces de hacerlo. ¿ Entonces, qué
debe hacer el curador entrenado e instruido?
Ante todo debe comprender que el cuerpo etérico es el factor más
importante y el principal vehículo de preocupación. En consecuencia concentra
su atención sobre ese cuerpo de energía. Ello implica la necesidad de averiguar
ciertos hechos y luego establecer algunos puntos de contacto eficazmente
útiles.
Lo primero que debe averiguar es la fuerza con que el alma se ha
aferrado, y todavía se aferra, a su personalidad. Debido a que el paciente vive
aún, el curador se da cuenta de que el alma todavía está definidamente
presente, por intermedio de los centros coronario y cardíaco del cuerpo
etérico, anclando así los principios de conciencia y vida. Si el paciente se
halla inconsciente, las dificultades del curador se acrecientan grandemente en
algunos casos, aunque disminuyen en otros. Si es retirado el principio
conciencia del centro coronario del cuerpo vital, entonces el curador sabe que
puede sobrevenir la muerte y ve con más claridad su camino, particularmente si
se produce una disminución de la luz de la vida, en el corazón. Si la
conciencia aún se halla poderosamente presente, se da cuenta que aún existe la
posibilidad de curar, entonces puede, con mayor confianza, continuar con el
trabajo a realizar. Me refiero a la persona común. En el caso de los iniciados
esto es algo diferente, porque con frecuencia permanecen plenamente
conscientes durante el proceso de la muerte.
Por consiguiente, comprenderán la fundamental necesidad de que el curador
de la nueva era sea clarividente o -mucho mejor
aún- posea la verdadera percepción espiritual con su don de
infalibilidad. Su primer tarea es investigar o “ver ocultamente” el cuerpo
etérico del paciente y así llegar al conocimiento siguiente:
1.
La potencia con que el alma
influye a su cuerpo etérico. Esto está indicado por el punto de luz en el
centro coronario y su zona de irradiación.
2.
La condición del centro
etérico que controla o rige la zona en la cual está enfocado el malestar
físico.
3.
La relación de los centros
ubicados arriba del diafragma, con los de abajo, porque le dará una indicación
general del grado de evolución del
hombre a ser curado.
Habiendo averiguado estos puntos, según su capacidad, podrá entonces
tratar, de acuerdo a la ley de la “vida inhibida del alma”, y mediante el poder
de su propia alma (trabajando en los niveles superiores del plano mental y a
través de su centro coronario), de estimular el punto de la vida del alma en el
cuerpo etérico del paciente. Esto lo hará con la idea de llevar, si es posible,
una mayor afluencia de la energía del alma del paciente hacia el centro
coronario, a fin de que el hilo de la vida pueda llevar un mayor abastecimiento
de la vida al corazón. De esta manera "la propia vivencia” del paciente
producirá la curación deseada; aparentemente será curado por la naturaleza
misma, o por el método normal y natural de una adecuada vitalidad, y así podrá
desembarazarse de la enfermedad.
Cuando el curador, por lo tanto, reconoce y actúa con esta ley, reconoce
y emplea los siguientes puntos de contacto:
1.
El alma del paciente, anclada
en su cuerpo etérico.
2.
El alma del curador, abocada a
la estimulación de ese punto de contacto con el alma, mediante el siguiente
triángulo de energía:
******************
Esto pone en relación el cuerpo vital del curador con el del paciente,
por intermedio de sus centros coronario y cardíaco, porque allí está enfocado y
estrechamente involucrado el principio vida, y lo afecta cualquier cosa que
ocurra.
3.
Cuando este triángulo de
energía funciona correctamente y se está recibiendo alguna respuesta del centro
coronario del paciente, evocando un mayor contacto con el alma y produciendo
una resultante afluencia de energía del alma dentro del centro coronario y de
allí al centro cardíaco, entonces -por un acto de la voluntad y el empleo de un
mántram invocador- el curador tratará de complementar, por intermedio del
corazón, esta acrecentada afluencia de vida a la zona enferma, empleando el
centro que controla esa zona del cuerpo físico. Esto debe realizarse con el
mayor cuidado posible para que la afluencia no sea demasiado brusca y en
consecuencia de efectos destructores; también debe tenerse especial cuidado en
los casos de enfermedades cardíacas; la embolia, por ejemplo, que es fatal,
frecuentemente se debe a la violenta manifestación, por parte del paciente, de
la voluntad de vivir, produciendo una afluencia anegadora del principio vida.
Esto hace un impacto sobre el corazón, demasiado repentino, causando un
movimiento análogamente repentino en la corriente sanguínea y también la
embolia, produciendo la muerte. Describo esto en términos poco técnicos,
exponiéndome a la crítica de los expertos, pero lo hago con el fin de impartir
al lector lego una idea general de los riesgos involucrados y así lograr
prudencia dentro del entusiasmo.
Esta ley abarca ciertas premisas fundamentales y muy poco mas puedo decir
acerca del valor de sus implicaciones. Mucho se aprenderá aceptando las
premisas y trabajando sobre lo que ellas implican. Lo dicho está muy lejos de
ser lo que podría haber dicho, pero he dado al estudiante una sencilla y activa
comprensión de ciertos conceptos esenciales y básicos. Ahora entraremos a
considerar la Ley II y la Regla Uno.
La enfermedad es el
producto de tres influencias y está sujeta a ella: Primero, el pasado del hombre,
en que paga el precio de antiguos errores; segundo, su herencia, donde comparte
con todo el género humano esas contaminadas corrientes de energía de origen
grupal; tercero, su participación, con todas las formas naturales, de aquello
que el Señor de la Vida impone a Su cuerpo. Estas tres influencias son
denominadas “La antigua Ley de Participación del Mal”. Algún día ésta debe
ceder su lugar a la nueva “Ley del Antiguo y Predominante Bien”, que reside
detrás de todo lo que Dios ha creado. Esta ley debe ser puesta en vigencia por
la voluntad espiritual del hombre.
Esta Ley contiene afirmaciones muy amplias y en realidad constituye el
resumen de dos leyes, una de las cuales rige en la actualidad y la otra lo hará
eventualmente. En bien de la claridad y porque las personas leen comúnmente en
forma muy superficial, permítanme dividir esta ley en sus diferentes afirmaciones
y así podrán adquirir una mejor idea de sus implicaciones:
1.
La enfermedad es el producto
de tres influencias y está sujeta a ellas:
a.
El pasado del hombre, en que
paga el precio de antiguos errores.
b.
Su herencia, donde comparte
con todo el género humano esas
contaminadas corrientes de energía de origen grupal.
c.
Su participación, con todas
las formas naturales, de aquello que el Señor de la Vida impone a Su cuerpo.
2.
Estos tres tipos de energías
se denominan “La Antigua Ley de Participación del Mal”.
3.
La “Ley del Antiguo y
Predominante Bien” que reside detrás de todo lo que Dios ha creado.
4.
Esta Ley reemplazará algún día
a la “Antigua Ley de Participación del Mal”.
5.
Será puesta en vigencia por la
voluntad espiritual del hombre.
Esta ley
retrotrae el pensamiento del hombre hasta la ley básica del karma, que, como
bien saben, es ineludible y que el curador moderno, en los actuales cultos y
organizaciones de curación, pasa por alto constantemente. Ya nos hemos ocupado
de estas influencias y causas predisponentes y no es necesario elaborarlas
más, excepto decir que una de las cosas más útiles que el paciente debe
recordar y el curador tener presente, es que la enfermedad tiene sus raíces en
el pasado (un pasado grupal o individual) y puede ser, en último análisis, una
forma benéfica de pagar antiguas deudas. Esto induce al paciente a mantener una
actitud pasiva y constructiva; no una pasividad que conduce a la inactividad,
sino que despierta el sentido de responsabilidad para una correcta acción.
Esta correcta acción conducirá a cancelar totalmente la deuda, mediante el bien
conocido proceso de la muerte, o al éxito de los pasos emprendidos, para lograr
la salud. En el caso del curador, lo conducirá al conocimiento de poderosas
fuerzas que actúan a través del paciente, y a aceptar lo que el destino le ha asignado; en ambos
casos la febril ansiedad, tan a menudo presente, no se entrometerá entre la
intención del curador y el paciente, evitando sensatos acontecimientos.
Otra cosa de importancia para el paciente es tener presente, si su estado
lo permite, que está sufriendo el mismo destino y sino de la mayoría, y que él
no es el único. Un correcto tratamiento para restablecer la salud constituye
el principal factor para eliminar la separatividad y el sentido de soledad y
aislamiento; por esta razón los efectos de la mala salud, cuando se los maneja
correctamente, conducen a dulcificar el estado de ánimo y acrecentar la
simpatía. El sentido general de compartimiento y participación, se aprende
comúnmente de la manera más dura, repito, tal es la ley.
En esta ley tenemos la clave de aquello que finalmente erradicará de la
tierra a la enfermedad. Permítaseme decirlo en forma más sencilla. Cuando la
mayoría de los habitantes de la tierra se orienten rápidamente hacia el bien,
hacia la rectitud, como lo expresa La Biblia, y cuando el conjunto de seres
humanos se incline hacia la buena voluntad (la segunda y principal expresión
del contacto y la influencia del alma en la vida del individuo y de la
humanidad; la primera expresión es el sentido de responsabilidad) entonces la
persistente mala salud irá desapareciendo, aunque sólo gradualmente, y se desvanecerá
y dejará finalmente de existir. Esto sucede en forma lenta, muy lenta, no la
desaparición de la enfermedad, sino la obtención de una orientación más
correcta. Lo que ello realmente significa es que el canal de contacto entre el
individuo y su alma y el alma de la humanidad, es cada vez más directo y sin
obstrucción. El alineamiento se va logrando. Por lo tanto, pueden ver
nuevamente por qué el curador durante la vida debe poner el énfasis sobre el
contacto y el alineamiento y por qué muy pocos pueden lograrlo. Los curadores
de hoy establecen poco o ningún contacto, y casi no tienen conciencia directa
de la necesidad ni verdadero conocimiento
de las técnicas a seguir.
Es conveniente captar este importante punto para evitar el desengaño. Las
enfermedades no desaparecerán del mundo, súbita ni milagrosamente, en el
período inmediato que anuncia la nueva era. Si así fuera, implicaría que la Ley
de Karma ha dejado de regir y esto no es así.
La frase final de esta segunda ley da una indicación básica acerca del
período de tiempo: la Ley del Bien Predominante, que será puesta en vigencia
por la voluntad espiritual del hombre. ¿Qué significa esto? Significa que
cuando un sinnúmero de hombres estén controlados por la Tríada espiritual,
hayan construido el antakarana y puedan en consecuencia emplear la voluntad
espiritual, se erradicará la enfermedad y solamente regirá el bien. Por
supuesto este proceso será gradual y casi imperceptible en las primeras etapas.
Nuevamente, ¿por qué esto es así? Porque el mal, la delincuencia y la
enfermedad son el resultado de la gran herejía de la separatividad y porque
rige el odio y no el amor. No olviden que quien no ama a su hermano es un
criminal, y constituye siempre el símbolo del odio. El sentido de universalidad
y de identificación con todos, no existe aún, excepto en los discípulos
avanzados e iniciados; la conciencia de masa y la manifestación del instinto de
rebaño no debe confundirse con el sentido de unicidad que señala a la persona
correctamente orientada. En la nueva era, las enseñanzas sobre el antakarana y
la constitución del hombre, principalmente desde el ángulo de los “tres cuerpos
periódicos” y no tanto desde el triple hombre inferior, se acentuará
particularmente en las escuelas superiores
de enseñanza, sentando así una sólida base para las escuelas esotéricas,
las cuales irán surgiendo lentamente. Con ello se obtendrá una nueva
perspectiva para la humanidad. Se enseñará la naturaleza de la voluntad
espiritual, en contraposición con la voluntad personal egoísta; por su
intermedio las grandes y nuevas potencias serán liberadas sin peligro en la
vida diaria.
Hasta ahora ni los discípulos tienen una mínima idea del excesivo poder
de la voluntad triádica. Aquí podría afirmarse que esos curadores que poseen
conciencia triádica y pueden ejercer la potencia de la vida y la voluntad
monádica, por intermedio de la Tríada espiritual, siempre obtendrán éxito, no
cometerán errores, porque poseerán una exacta percepción espiritual, lo cual
les permitirá saber si es factible la curación y, mediante el empleo de la
voluntad, actuar con poder y sin peligro sobre el centro coronario del
paciente. Lógicamente confinarán sus poderes curativos para quienes viven
enfocados en la cabeza. Estimularán al alma, anclada allí, para que entre en
actividad efectiva, iniciando así la verdadera autocuración.
Observarán por lo antedicho, cuán relativamente sencillas son estas
Leyes, si se las considera detenidamente, y cuán bellamente están relacionadas
entre sí. El dominio y la comprensión de una, facilita la comprensión de la
siguiente.
Recuerden que la voluntad actúa a través del centro coronario y,
teniendo esto presente, relacionen la información dada al principio de esta
instrucción acerca de la Ley 1. con lo que he dado aquí. Si estudian
profundamente estas leyes quienes tratan de aprender a curar espiritualmente, y
si el curador se esfuerza en ajustar su vida a las rejas, se irán configurando
en su mente un definido método de curación y una emergente técnica y se acrecentará
grandemente su servicio efectivo. También observarán que no doy regias y leyes
aplicables a enfermedades específicas. Me temo que esto desilusione a muchos
trabajadores sinceros, pues esperan que indique lo que se debe hacer, por
ejemplo, para curar el cáncer del hígado, la neumonía, la ulcera gástrica, o
ciertos tipos de enfermedades cardíacas. No tengo la intención de hacerlo. Mi
trabajo es mucho más fundamental. Me ocupo
de las causas y principalmente del cuerpo etérico como distribuidor de
energías o detentor de esas energías cuando son trasformadas en fuerzas; trato
del estado de conciencia del curador y de las teorías que debe abarcar, de su
comprensión acerca de la relación del alma con sus vehículos de expresión
(particularmente, en el caso de curación, con el cuerpo vital) y del control de
los centros establecidos en cada zona del cuerpo, ya sea distribuyendo
libremente la energía y manteniendo el cuerpo en buena salud o -por
una actividad subdesarrollada o inhibida- produciendo esas condiciones que
hacen posible y probable la enfermedad.
Podrán observar, por lo tanto, la simplificación del proceso de curación
cuando reconocemos y comprendemos las causas responsables del funcionamiento
del cuerpo en el plano externo. El curador debe recordar los hechos, en las
siguientes secuencias:
1.
La realidad de la existencia
del alma, que actúa a través de
2.
la mente y el cuerpo astral,
cuyas energías condicionan a
3.
el vehículo etérico, un
vértice de energías enfocadas a través de numerosos centros, mayores y
menores.
4.
Los siete centros mayores, que
controlan zonas definidas del cuerpo a través de
a.
los nadis,
b.
los nervios,
c.
el sistema endocrino,
d.
la corriente sanguínea.
Estos cuatro grupos de aspectos condicionados del hombre, conciernen a
la vida y a la conciencia, los dos principales aspectos del alma cuando se
manifiestan en el plano físico.
La medicina ortodoxa se ha limitado
necesariamente hasta la fecha, a los síntomas objetivos y a su aparente causa
inmediata y por consiguiente a los efectos y no a las verdaderas causas. La
curación de que me ocupo está dirigida a la reorganización y revitalización del
cuerpo etérico, con la intención de penetrar, tras los indicios formales
externos de condiciones incorrectas, hasta el vehículo de energías que -si
funciona correctamente y esta alineado debidamente- mantendrá al cuerpo físico
en buenas condiciones y libre de enfermedad. El conocimiento requerido por el
curador en la nueva era es, no obstante, más fundamental y menos minucioso. Se
ocupa de las zonas y no de los órganos. se ocupa de las energías y sus puntos
de distribución, y no de los detalles del cuerpo físico, la construcción de los
órganos y su mal funcionamiento. Se ocupará de los siete centros etéricos, de
los nadis a través de los cuales ellos afectan y estimulan (independientemente
de las radiaciones) al sistema nervioso; vigilará cuidadosamente el sistema
nervioso y la corriente sanguínea que son afectados cuando los centros irradian
a través de las hormonas que allí se encuentran y sobre ellas. Pero la tónica
de todo este trabajo será la distribución dirigida, y el centro de su atención
los canales de distribución -el entero sistema de los centros etéricos.
Les pediría encarecidamente que reflexionen con detención sobre toda esta
información. La nota clave de la buena salud,
esotéricamente hablando, es compartimiento o distribución, como
también lo es para el bienestar general de la humanidad. Los males económicos
del género humano se asemejan mucho a las enfermedades del individuo. Las
necesidades de la vida no afluyen libremente a los puntos de distribución, los
cuales están inactivos; su distribución adolece de defectos y sólo mediante una
sensata y mundial comprensión del principio de compartir de la nueva era, se
curarán los males de la humanidad; únicamente por la correcta distribución de la energía se
curarán también los males del
cuerpo físico del individuo. Esto es lo fundamental (diría, el principio
fundamental) de toda curación espiritual. En último análisis, ello también presupone
un eventual y científico reconocimiento del cuerpo etérico del planeta, y en
consecuencia del hombre.
Entraremos ahora a considerar la Regla Uno.
El curador debe
entrenarse a fin de conocer el nivel interno de los pensamientos y deseos de
quien busca su ayuda. Así podrá conocer la fuente de donde proviene la
dolencia. Debe relacionar la causa y el efecto, y conocer el punto exacto por
el cual debe llegar el alivio.
Será evidente que la primera regla que el curador debe dominar es necesariamente
importante. Sus implicaciones son básicas y esenciales si se quiere efectuar
una cura, y el curador no quiere perder tiempo en intentar lo imposible. Esta
regla contiene cuatro mandatos:
1.
El curador debe entrenarse a
fin de conocer si el paciente está mental o astralmente (emocionalmente)
enfocado.
2.
Puede y debe por lo tanto,
averiguar las bases sicológicas de la perturbación existente.
3.
Entonces será capaz de
averiguar el lugar del efecto (la enfermedad) por la percepción de la causa
subyacente.
4.
Esto le permitirá conocer
a.
la zona afectada,
b.
el centro del cuerpo etérico
que controla esa zona.
También se
comprenderá por qué comencé por analizar la enfermedad y la curación,
presentando las causas sicológicas. Esta
primera regla está relacionada con toda esa parte de la enseñanza que, como
podrán ver, es intensamente práctica.
Cuando se conoce la polarización de la personalidad emergen dos factores
principales: el acercamiento puede hacerse a través de los centros coronario o
cardíaco si el paciente es muy
evolucionado -presumiblemente el curador lo sabe por las indicaciones
del carácter y la efectividad de su vida-, o el acercamiento puede hacerse por
medio del centro laríngeo o el centro plexo solar si el paciente es una persona
común y de una evolución similar; si es un ser humano subdesarrollado, de grado
relativamente inferior, el punto exacto a través del cual llegará el alivio
será el centro plexo solar o el sacro. Es interesante observar que cuando un
hombre se halla en un grado tan inferior de la escala evolutiva que debe
llegarse a él etéricamente por intermedio del centro sacro, con frecuencia se
cura fácilmente y responderá con mayor rapidez que otros a lo que a menudo se
denomina manipulación etérea. Una de las razones de esto consiste en que su
mente y sus emociones no presentan un real obstáculo y todas las energías
disponibles pueden ser dirigidas en forma ininterrumpida a la zona enferma.
Si el curador es clarividente, puede averiguar con facilidad el punto de
entrada de las fuerzas curativas, porque la “entrante luz” será entonces más
brillante; la luz del centro mismo impartirá la información necesaria. Si el
curador es muy avanzado, no empleará ningún tipo de percepción síquica, sino
que reaccionará inmediatamente, al establecer contacto con una impresión tan
poderosa proveniente del paciente, que no podrá ser rechazada y probablemente
sea adecuada, pudiendo depender de ella. Sin embargo debe recordarse que debido
a la integridad del alma humana y a que toda alma es por propia naturaleza un
Maestro se permitirá siempre un margen de error en lo que concierne al curador,
aunque el curador sea un iniciado; allí le será evidente que existe un punto
donde el hombre espiritual (del cual el paciente es sólo un reflejo) controla, y más allá del cual
-excepto como alma en igualdad de condiciones con el alma del paciente- no
puede ni se atreve a llegar. Existen condiciones, por ejemplo, en que un
discípulo avanzado o un alto iniciado (con el propósito definido de abandonar
su vehículo físico) puede permitir que las fuerzas de la desintegración,
delimitación y destrucción, rompan y destruyen su forma física externa. Cuando
esto sucede, quizás el curador no se dé cuenta de la intención; sin embargo,
podrá ser consciente de la oposición y se verá forzado a desistir de sus
esfuerzos para curar.
Cuando el paciente es un tipo estrictamente mental, la aplicación de los
procesos de curación debe hacerse por medio de un centro superior, el
coronario. Será inteligente que el curador obtenga la colaboración consciente
del paciente, a fin de que las dos voluntades funcionen al unísono; esto
implicará una relación positiva entre ambos. Cuando el paciente no está tan
evolucionado, el curador deberá esforzarse por despertar en el hombre un
espíritu de esperanzada pasividad; en este caso la naturaleza emocional será
más fuerte que la del individuo más evolucionado, y la tarea del curador, por
consiguiente, más ardua. Muy a menudo tendrá que combatir la ansiedad, las
reacciones emocionales de diversos tipos, el temor y las premoniciones. La
condición sicológica será por lo tanto fluida, y el curador tendrá que ayudar
mucho al paciente a mantener una constante reacción emocional y llegar a
calmarse y hacerse pasivo. Esta reacción pasiva debe ser lograda si se quiere
que las energías curadoras pasen efectivamente al debido centro y a la zona
que él controla. Esto se puede obtener estableciendo una relación armoniosa
entre el curador y el paciente, previamente a cualquier proceso curador. Los
curadores de la nueva era tendrán también su propia clientela, igual que los
médicos de hoy, y aprenderán a conocer la constitución y el temperamento de
quienes soliciten su ayuda; también deberán educarlos acerca de ciertos
procesos y técnicas de curación como
preparación para su uso posterior, si es necesario; no obstante, esto aún está
muy lejano.
Cuando el paciente es un ser humano subdesarrollado, de grado muy
inferior en la escala evolutiva, será controlado sicológicamente por la
personalidad consagrada del curador y por la imposición de la voluntad del
curador sobre el cuerpo etérico del paciente. Esto no significa que la
imposición de la energía de la voluntad sobre una persona negativa, impulse al
paciente a la acción y ponga en peligro la pequeña medida de libre albedrío que
posee; significa imponer la autoridad del conocimiento y la estabilización
espiritual sobre el paciente, despertando en él la confianza y la disposición a
obedecer.
Tenemos aquí los tres primeros pasos que el curador debe dar, respecto al
paciente y su siquis inferior:
1.
Obtener la colaboración de la
personalidad del hombre evolucionado; sólo la personalidad requiere curación.
2.
Producir una condición de
esperanzada pasividad, por parte de la personalidad del hombre común; todavía
no es capaz de colaborar inteligentemente, pero puede manejarse a sí mismo, de
modo de reducir al mínimo los obstáculos de la personalidad.
3.
Inducir las sugerencias del
curador a una confiada obediencia. Esto es todo lo que el hombre
subdesarrollado puede hacer.
Será
evidente que las amplias generalizaciones, tal como la anterior, no abarcan a
todos los tipos humanos ni a los numerosos tipos y etapas intermedias. El
curador deberá amar verdaderamente a sus semejantes y ser al mismo tiempo
sicólogo entrenado; esto significa que
deberá practicar la curación como alma y también como mente perceptora.
Aquí debe observarse otro punto.
Un problema que el curador tendrá que enfrentar con los tipos mentales, es la
tendencia a mantener en la cabeza, o por lo menos arriba del diafragma, todas
las energías que provienen del alma; esto no significa que todas las zonas del
cuerpo abajo del diafragma están habitualmente desprovistas de las energías
necesarias, sino que su funcionamiento es mayormente automático y el hombre no
está acostumbrado a dirigir conscientemente la energía al centro y a su zona de
control abajo del diafragma. Quizás sea necesario darle instrucciones, si
trata de colaborar con el curador e intenta efectuar una curación. Su enfoque
mental y la actividad del centro coronario constituirán una gran ayuda,
siempre que acepte las instrucciones sobre el arte de dirigir la energía,
pudiendo hacerlo comúnmente, si no está demasiado enfermo o preocupado en mantener
un contacto consciente con su cuerpo. Cuando está incapacitado para enfocar su
atención, sea por dolor y falta de conciencia física o excesiva debilidad, el
curador tendrá que trabajar principalmente de alma a alma, y confiar en una
adecuada armonía entre el alma y el cuerpo etérico del paciente, para obtener
la curación, si tal es el destino del hombre.
Cuando se origina la dificultad en el cuerpo emocional o astral, la
tarea del curador no es tan fácil; tiene entonces que trabajar, enfocado como
alma, en su centro coronario, pero dirigiendo la necesaria energía y
controlando la naturaleza emocional del paciente por intermedio de su centro
plexo solar, correctamente orientado. Me refiero aquí al centro plexo solar
del curador, que por regla general no lo utiliza como punto de enfoque o de
atención en su propia vida. El curador ha adquirido la facilidad de emplear a
voluntad todos sus centros, considerándolos como puntos de distribución de
energía dirigí da. Quisiera hacerles notar que dicha energía no va
dirigida con un fin curativo, sino que la energía del alma del curador se
dirige a controlar algún centro en el
cuerpo del paciente, debido a su desplegado emocionalismo, y también a
reorganizarlo como centro receptor de las energías curativas que emanan de la
propia alma del paciente -algo muy distinto y que debe tenerse muy en cuenta.
El curador, por consiguiente, utiliza dos centros, hablando normalmente:
su propio centro coronario y ese centro en su propio cuerpo, correspondiente a
la zona enferma y al centro que la controla. En toda exitosa curación debe
establecerse una relación simpática. “De alma a alma, ambos son uno; de
extremo a extremo, juntas deben sufrir; de lugar a lugar están aliados, y
entonces la corriente dual de energía trae como resultado la curación”. Según
reza en un antiguo libro de los archivos de los Maestros.
Una de las mayores dificultades que el
curador encara, particularmente, y si es relativamente inexperto, es el
resultado de esta relación simpática establecida. Puede ocurrir que se produzca
lo que denominamos “transferencia”. El curador toma sobre sí las condiciones de
la enfermedad o del malestar y se hace cargo de ellos, no en forma real sino
sintomáticamente. Esto puede incapacitarlo o por lo menos interceptar la libre
actividad de los procesos curadores. Es un espejismo y una ilusión, y tiene sus
fundamentos en la habilidad que ha adquirido el curador para identificarse con
su paciente; también está fundamentado en su ansiedad y en el gran deseo de
brindarle alivio. El curador se preocupa tanto por la necesidad del paciente y
se ha descentralizado tanto de su propia conciencia identificada y positiva,
que Inadvertidamente se ha hecho negativo, quedando temporariamente sin
protección. Para curar esto, si el curador descubre en sí mismo esta tendencia,
lo hace por medio del centro cardíaco y también del centro coronario,
manteniendo así una constante afluencia de la energía positiva de amor
vertiéndose hacia el paciente. Ello lo aislará de la enfermedad, pero no del
paciente. Puede lograrlo trabajando por medio del centro cardíaco dentro del brahmarandra
(el centro coronario), acrecentando grandemente la potencia de su trabajo
curador; sin embargo, presupone un alto grado de desarrollo por parte del
curador. El curador espiritual común tendrá que vincular los centros coronario
y cardíaco, por un acto específico de la voluntad. Entonces se dará cuenta que
el amor que fluye de él hacia el paciente evitará el retorno de las emanaciones
indeseables desde el paciente, las cuales han estado afluyendo hacia él; esto
es así porque al existir tal afluencia, milita contra el paciente que está
siendo curado.
El curador que responde al anhelo interno de curar, encarará, corno
podrán ver, un rígido curso de entrenamiento antes que su propio equipo -la
personalidad, el cuerpo etérico y sus centros- sea sometido al alma, en tal
forma que ya no constituya una obstrucción para el arte de curar. En
consecuencia, respecto a sí mismo, debe aprender a:
1.
Establecer un rápido
alineamiento entre el alma, la mente, el Centro coronario y el cerebro físico.
2.
Emplear la mente, iluminada
por el alma, en el diagnóstico sicológico de las causas de la enfermedad que se
propone tratar.
3.
Aplicar y establecer métodos
de radiación simpática con el paciente.
4.
Buscar medios para protegerse
a sí mismo de cualquier trasferencia producida por dicha relación.
5.
Establecer una correcta
relación con el paciente, ya sea de colaboración, pasividad o control
espiritual.
6.
Formular diagnósticos físicos
y localizar la zona desde donde vendrá el alivio por medio del centro
controlador.
7.
Colaborar con el alma del
paciente, de tal manera que su cuerpo etérico enfoque todas las energías que
afluyen para aliviar la zona enferma. Esto involucra la actividad directa del
cuerpo etérico del curador en conexión
con una renovada actividad por parte del cuerpo etérico del paciente.
8.
Retirar técnicamente su poder
curador cuando la técnica del paciente es adecuada para la empresa.
Creo que he dado lo que se necesita para el estudio y reflexión
inmediatos. He demostrado que el arte de curar no es un vago proceso místico,
un anheloso deseo ni simplemente buenas intenciones. He indicado que presupone
ante todo, el dominio de la ciencia del contacto con el alma, la constante
práctica del alineamiento y la comprensión de la Ciencia de los Centros, o -literalmente-
una forma moderna de Laya Yoga. En el futuro, los curadores recibirán durante
muchos años un entrenamiento drástico y esto no debe sorprenderlos, pues la
profesión médica común exige años de intenso estudio y trabajo. Muchos
curadores de la nueva era combinarán el estudio y conocimiento ortodoxos con el
arte de la curación espiritual.
Cuando los curadores entrenados, que poseen percepción, cabal
conocimiento del cuerpo etérico, comprensión de las energías que lo componen y
que trasmite o puede trasmitir, y también comprensión de la sutil constitución
del hombre y de los métodos para dirigir energías de un punto y lugar a otro,
puedan trabajar con pleno conocimiento médico y con la total colaboración del
médico o cirujano ortodoxo, entonces se producirán grandes cambios. Llegará a
la raza humana una gran iluminación.
Para esto debemos prepararnos; no principalmente para la curación del
cuerpo físico, sino para la expansión de la conciencia de la raza que, con
este nuevo y esotérico estudio, se logrará.
Hemos tratado ciertas realidades fundamentales que deben dominar
esencialmente todos los curadores que se esfuerzan en aplicar el nuevo tipo de
curación esotérica; lo expuesto es muy
importante. Cada punto presentado podría constituir la base de una prolongada
discusión, pero no es posible hacerlo en este tratado, porque sólo intento
indicar futuras posibilidades. También procuro fomentar la desconfianza en el
actual acercamiento del mundo metafísico, al tema de la enfermedad y su
curación, y de socavar -si puedo emplear tan drástica expresión- la confianza
que ha puesto el público en los así llamados métodos de curación de la nueva
era, en los sistemas de la Christian Science, en la Ciencia Mental y en esas
escuelas de pensamiento que intentan curar desde el ángulo de la afirmación de
la divinidad del hombre, y la pretensión que esa inherente e innata divinidad
garantiza su curación. Dicha pretensión es un espejismo y un engaño, como
frecuentemente he tratado de demostrar.
Ahora, abordaremos una ley que (si se la comprende adecuadamente)
demostrará cuán inadecuado resulta el acercamiento del moderno metafísico a
este tema y -aunque ella ubica en una base sólida nuestras instrucciones sobre
la curación- posterga muy definidamente a una época más distante la era de la
verdadera curación ocultista. Esta tercera ley es la siguiente:
Las enfermedades son el efecto de la centralización
básica de La energía vital del hombre. Del plano en que dichas energías están
enfocadas provienen esas condiciones determinantes que producen mala salud. En
consecuencia, se manifiestan como enfermedad o como buena salud.
Esta ley indica que una de las principales determinaciones del curador
consiste en llegar a ese nivel de conciencia desde donde emana la energía
predominante en el cuerpo etérico. Recordaré aquí que en La Doctrina Secreta
H. P. B. establece que plano y estado de conciencia son términos sinónimos e
intercambiables; en todos mis escritos no trato de hacer hincapié sobre el nivel de la materia o sustancia (un plano,
como se lo llama) sino sobre la conciencia, cuando se expresa en esa zona
ambiental de la sustancia consciente.
Esta antigua ley asegura que la enfermedad es un efecto de la
centralización básica de la energía vital del hombre, la cual no es la misma
que la energía o fuerza de la conciencia, sino que la conciencia es siempre el
factor directriz en toda expresión de la vida inmanente, porque existe básica y
únicamente una energía mayor, la energía de vida. Donde está enfocada la conciencia
del hombre, la energía de vida reunirá allí sus fuerzas. Si la conciencia está
enfocada en el plano mental o en el astral, la energía de vida no estará tan
fuertemente enfocada ni anclada en el centro cardiaco (el centro donde se halla
el principio vida), y sólo una parte de su energía vital encontrará su camino
hacia el cuerpo físico, vía el vehículo etérico. La mayor parte será retenida
(empleando una palabra inadecuada) en el plano donde la conciencia funciona
predominantemente o -en otras palabras-
su expresión estará condicionada por el estado de conciecia correspondiente a
ese nivel de percepción o lugar de contacto con el Todo divino, o Conciencia
divina, que hace posible el grado de evolución en el hombre.
La tarea del curador consiste por lo tanto en descubrir dónde se halla
este foco de conciencia; ello nos retrotrae al punto donde dije que el paciente
es esencialmente de tipo mental o emocional, y muy raras veces su conciencia
está centrada exclusivamente en lo físico. Cuando esa conciencia se haya
estabilizado en la del alma, habrá pocas enfermedades, y los trastornos físicos
del paciente muy evolucionado serán vinculados entonces con el impacto que la
energía del alma hace sobre un vehículo físico no preparado; en esta etapa
sólo lo afectarán ciertas enfermedades principales. No será susceptible a las
pequeñas dolencias y a las constantes e
insignificantes infecciones que convierten la vida del hombre común o
subdesarrollado en molesta y difícil. Podrá sufrir de enfermedades cardíacas y
nerviosas y dolencias que afectan la parte superior del cuerpo y esas zonas
controladas por los centros ubicados arriba del diafragma; no obstante, las
dificultades producidas por intermedio de los centros etéricos menores (de las
cuales existen muchas), o por los centros ubicados abajo del diafragma, no
existirán generalmente, a no ser (como puede suceder en el caso de un discípulo
muy avanzado) que deliberadamente haga suyas las condiciones engendradas por su
servicio mundial a los hombres.
Debido a que la mayoría de los seres humanos están actualmente
centralizados en el plano astral (o en el cuerpo astral), se evidencia
inmediatamente la clave de una de las fuentes más grandes de la enfermedad.
Cuando la conciencia de la raza se traslade al plano mental -y esto tiene lugar
lentamente- entonces desaparecerán las enfermedades más ampliamente conocidas
y prevalecientes y sólo quedarán las de tino mental o las de los discípulos
para perturbar la paz del individuo. Sobre éstas ya me ocupé en un tomo
anterior. 1
La Ciencia Mental (tal como se expresa en la pobre imitación de la
realidad denominada pensamiento) reconoce correctamente que las emociones del
hombre son responsables de gran parte de las enfermedades. También es correcto
en sus esfuerzos por lograr que el paciente cambie sus actitudes emocionales y
reaccione en diferente línea, ante la vida, las circunstancias y la gente. Pero
está muy equivocada si cree que eso es suficiente; al ignorar todos los procedimientos
científicos vinculados con el cuerpo etérico, no tiene cómo relacionar la
naturaleza emocional con el vehículo físico, por lo tanto existe una laguna en
sus razonamientos y una falla consiguiente en su técnica. Esto hace que sus
actividades sean inútiles, excepto desde el ángulo del carácter. Cuando ha
logrado una curación, se debe a que en cualquier caso el paciente estaba
destinado a recuperarse, pero ha servido un propósito útil al corregir la
condición del carácter, por el cual se mantuvo en constante peligro de
enfermarse. Ella no ha obtenido la curación, y proclamarlo es un engaño tanto
para el curador para el paciente. Todo engaño es peligroso y obstaculizador.
Sería útil que indicara en amplias y generales líneas algunos tipos de
enfermedades que pudiera producir por ejemplo, la centralización de las fuerzas
de la vida en el plano astral. Únicamente las clasificaré, sin detallar, porque
hasta que los modernos curadores no reconozcan la realidad del cuerpo
etérico y trabajen científica e inteligentemente con él y sus centros
controladores de fuerza, será inútil cualquier cosa que pudiera decir acerca
del procedimiento. Mi intención de hoy es promover ciertas aceptaciones
básicas tales como la realidad de la existencia del cuerpo etérico: