Busque en este sitio web:


Para más opciones de búsqueda


Novedades

¿Quiénes somos?
Introducción y bienvenida
Acerca de Sanctus Germanus
El objetivo de este sitio web

La Gran Hermandad de la Luz
Sobre el Amanuense
La Fundación Sanctus Germanus

Galería de fotos

Enseñanzas
Mensajes de actualidad
Enseñanzas esotéricas de la Hermandad
Contraparte feminina
Libros pertinentes
Formación esotérica y mística
Autosuficiencia - (en inglés)
Invocación y meditación
Contacto con el alma
Posesión por una entidad
THO

Presentaciones
Conferencias
Conversaciones esotéricas
Videos de conferencias y discusiones - (en inglés)
Webinars

Servicios
Perspectivas astrológicas
Proyecto de educación de la nueva raza
Sembrando en la conciencia global
Curación telepática


Contáctenos
Preguntas y respuestas
Contáctenos
Perspectivas humorísticas

Boletín (en inglés)

La librería Sanctus Germanus

 


Email Newsletter

 

idiomas
Inglés Español

 

 



Books of Interest

Teachings of the Great Brotherhood of Light by the Masters Kuthumi and Morya

Sanctus Germanus Prophecies Vol. 1 by the Amanuensis

Sanctus Germanus Prophecies Vol. 2 by the Amanuensis

Sanctus Germanus Prophecies Vol. 3 by the Amanuensis

 

www.sanctusgermanus books.com

Una narración personal de entrenamiento como médium

Páginas
1 2 3 4 5 6 7 8 9

Encuentro con un médium en trance

Varios meses después, Kathy me envió un folleto anunciando una serie de reuniones que se llevarían a cabo durante varios días previos a la Navidad. Asistí a uno de los servicios y fui testigo de algo que me asombró completamente.

El pastor de la iglesia anunció que tenía un mensaje de Sir Arthur Conan Doyle y que entraría en trance. Todos se callaron y el médium en trance cerró sus ojos y comenzó a respirar profundamente. Su cuerpo comenzó a sacudirse y su cara tomó una expresión completamente diferente. "Ahora tenemos el cuerpo y podemos comenzar a hablar", dijo en un acento notablemente británico. Sir Arthur Conan Doyle, el mismo que hizo famoso a Sherlock Holmes, había llegado a través del cuerpo del médium en trance y entregó su mensaje. Yo estaba fascinado por su tono jovial, su mensaje salpicado de bromas, y sus afirmaciones ocasionales sarcásticas expresadas en una sintaxis y tono contundentemente británicos semi-arcaicos.

Nunca en mi vida había sido testigo de un médium que entrara en trance. Pensé, "Él tiene que ser un magnífico actor o es un verdadero fenómeno". Escuché cómo Sir Arthur recitó el mensaje con tal espontaneidad y broma, que no podía haber sido ensayado o practicado. Mientras escuchaba, traté de encontrar algún comentario que me diera un indicio de que todo esto era ensayado. Estaba asombrado y perplejo, pero al mismo tiempo sabía en lo más profundo de mi ser que lo que estaba presenciando era REAL. Sería un año más tarde que le daría una cinta a un amigo inglés para que la escuchara. Él declaró que el acento y los patrones de discurso eran auténticamente británicos. Cuando le dije quien era, se le doblaron las piernas.

Después del servicio, Kathy vino y me dijo, "Deberías pedir una cita con él. Podría ser interesante".

Al fin, algunas respuestas

Me lancé a un nuevo programa de inversión y me puse a planear una nueva empresa de negocios. Estas actividades "concretas" solamente sirvieron para sofocar temporalmente el malestar dentro de mí. Me discipliné para seguir una rutina diaria, me inscribí en un curso intensivo para actualizar mis conocimientos sobre computadoras, no obstante en esas quietas horas matutinas mientras caminaba por los hermosos parques paradisíacos, todavía sentía que algo estaba mal. Finalmente, hice una cita para ver al médium.

El médium comenzó echándole una mirada a mi carta astrológica. Él solamente se apoya en las cartas para explicar la cronología de los eventos, ya que cree que nosotros en la tierra aún somos afectados por los eventos cíclicos cósmicos. Después de darme un par de advertencias menores, pasamos a la lectura. Preguntó si yo tenía preguntas. Las discutimos.

"¿Más preguntas?" dijo.

"Sí, qué hay de Saint Germain," pregunté.

"Bien, bien, Saint Germain, ¿eh? Qué interesante que preguntaras acerca de él", dijo el médium. Miró hacia el techo como si escuchara a alguien hablar. "Tengo que entrar en trance. Sir Arthur quiere ocuparse de esta parte de la sesión".

Una gran emoción de expectación llegó a mí mientras el médium se preparaba para Sir Arthur. ¡El gran Sir Arthur Conan Doyle, el autor maestro de Sherlock Holmes, iba a hablarme! Lo siguiente es un extracto de su mensaje:

"Bien, bien, bien, has dicho las palabras mágicas, mi amigo, cuando hiciste el llamado al Maestro Saint Germain. En verdad, tú, tú mismo, estás apadrinado por él y todo eso fue arreglado antes de esta encarnación. Parte de lo que él ha tenido en mente, por decirlo así, por supuesto tu mente más profunda y tu yo superior saben bien esto, es que tú, a medida que avances en tu vida, encontrarás una oportunidad tras otra para abrir las mentes de las personas hacia nuevas dimensiones, hacia nuevas posibilidades, a la magia de la vida, si así lo quieres, en parte escribiendo y en parte a través del contacto directo, aparentemente como se hace en los negocios".

Él citó al Maestro Saint Germain diciéndome lo siguiente, en una vida previa en las cortes de Europa:

"Listo o no, deberás regresar una y otra y otra vez, hasta que todo este mundo esté iluminado como estamos nosotros ahora. Cumple con el mandato de tu padre. Aprende todo lo que puedas aprender. Siempre valora la gran luz de la sabiduría. Y observa cómo, dentro de siglos, nos encontraremos nuevamente, no seré tan visible, tu sí, cuando hable directamente a lo más recóndito de tu corazón".

Sir Arthur continuó:

"Él apadrinó tu encarnación. Él estará ahí para recibirte cuando hayas cumplido tu misión. Pero hasta entonces, él está, en un sentido, y ciertamente quiero decir con esto con toda la debida reverencia y honor hacia él, "a la mano" es decir, puedes llamarlo en cualquier momento y él encontrará el medio para responderte. Él te trajo aquí, ¿o no?

Entonces, eso es parte de toda la misión.

Solamente para hacerlo más y más claro para ti, a donde vayas que sea de importancia, a donde viajes, te encontrarás guiado hacia las almas que más necesitan conocerte. Vas a ir en una misión, si así lo quieres, de iluminación, no tanto propia sino para aquellos a quienes habrás de contactar. Las palabras que deberás decir estarán en tu boca y en tus manos las que deberás escribir. Y te verás funcionando más y más y más como su amanuense, literalmente su secretario, cuando él, en completa gloria y color, se vierta a través de ti con creciente poder y frecuencia hasta que seas ciertamente y en verdad, uno de sus médiums personales, y ciertamente uno que pueda transmitir sus pensamientos sobre cualquier asunto dado". (Sir Arthur Conan Doyle, 28 de diciembre, 1998)

Después de escuchar el discurso, salí flotando de la oficina del médium. Al fin tenía una respuesta, no obstante la lectura engendró inmediatamente un grupo de otras preguntas. ¿Qué acaba de escuchar? ¿Con quién podía hablar sobre esto? ¿Quién entendería? ¿Qué entendí?

Comienza el largo camino: Ahora, ¿qué hacer?

Después de la lectura del médium, continué impregnándome del sonido de la voz de Sir Arthur, escuchando el mensaje grabado docenas de veces. No obstante, no sabía qué hacer con la información. Me parecía claro seguir los nuevos planes de negocio que había establecido, así que decidí regresar a Asia y reanudar mis actividades en el comercio internacional.

Pero antes de dejar Hawai, algo dentro de mí me dijo que fuera a la cima del Monte Haleakala en la isla de Maui. El Maestro me hablaría ahí. Primero, me pregunté, "¿Por qué no me podía hablar aquí? ¿Por qué ir hasta allá?" Así que ignoré el deseo hasta que se volvió claro que debería ir.

Volé hacia Maui, alquilé un auto y manejé hacia la cima del Monte Haleakala. Me senté en el carro y esperé. No pasó nada. En cierta manera, había esperado una gran luz inundándome o al menos una revelación trascendental, algo en el estilo de Moisés. Todavía no pasó nada, así que comencé a bajar de la montaña. Una búsqueda inútil, pensé. Obviamente había recibido el mensaje equivocado.

A mi regreso, detuve el auto y escalé hacia un lugar aislado y me senté a ver el panorama. Estaba mirando hacia el cielo y observé nubes moviéndose como si fueran a hacer una deliberada formación. Vi la formación y lo que vino a mi mente fue una ciudad en Canadá. Las nubes habían formado un retrato del Río  San Lorenzo, la misma vista que había tenido veinte años antes cuando llegué a Canadá en carro desde los Estados Unidos con algunos amigos.

"¿Qué significaba esto?" me pregunté en ese raro momento en el Monte Haleakala. "¿Qué tenía que ver un hijo del trópico con Canadá?" Odiaba el frío.
Regresé al auto, un poco decepcionado de que nada espectacular había pasado realmente y regresé a Honolulu. Sería solamente casi dos años más tarde que me vería mudándome de Asia a Canadá ¡con todo! Los Maestros un año más tarde me dijeron, "Te presentamos esta idea para que tuvieras tiempo de considerarla. Sabíamos que te resistirías al principio".

De esta experiencia aprendí que un poco de obediencia puede llevarte lejos. 

 

Páginas
1 2 3 4 5 6 7 8 9

Vuelva a la Cumbre

 


Sanctus Germanus Libros

Principal página

Comunícase con Nosotros

©2007 El sitio web entero es protegido bajo la Ley canadiense de Derecho de autor de 1985 y todas revisiones después
y la Convención de Berna. Bien en todo el mundo reservado por la Fundación Sanctus Germanus.