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Una narración personal de entrenamiento como médium

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Sri Lanka y las nuevas aperturas psíquicas

Mientras estaba en Sri Lanka, más ideas inundaban mi cabeza acerca del sitio web y entre los tratamientos y cuidados ayurvédicos, pasé muchas horas escribiendo y diseñando mentalmente el sitio web. Era época de monzones y espectaculares tormentas asestarían a la mitad de la noche, despertándome con su violencia y poder, pero al mismo tiempo estimulando el pensamiento respecto al sitio web.

Durante los relajantes tratamientos ayurvédicos, mi mente se dejaba llevar a la deriva. Un día, la cara de un hombre asiático me llegó a la mente tan clara como una foto en color. No conocía a este hombre, ni tampoco lo había visto antes. No había ninguno con su descripción en el hotel. Otro día, la cara de una mujer rubia llegó a mi mente, después otra, y otra. Estaba muy perplejo y no conocía el significado de estas visiones.

Unos cuantos días después, mientras estaba paseando en la playa frente al centro, una pareja de amigos huéspedes del hotel me llamaron para presentarme a alguien que acaba de llegar al hotel. Me sorprendí cuando lo vi. ¡Él era el hombre asiático que vi en mi mente un par de días antes! Unos días después, mientras estaba sentado en el restaurante del hotel para comer, otro recién llegado huésped del hotel se sentó en la mesa a mi lado. ¡Era la mujer rubia que vi en mi mente unos cuantos días antes! Y así sucesivamente yo obtenía una vista previa de los huéspedes que iban a llegar a registrarse.

Leí Dentro de lo oculto y aprendí que ese libro era en realidad el primer volumen de las Hojas del Viejo Diario de Henry Steel Olcott, una narración personal en 6 volúmenes que describe los inicios de la Sociedad Teosófica. Descubrí que Olcott era muy bien conocido y respetado por su trabajo en establecer la educación budista en Ceilán durante la última mitad del siglo diecinueve mientras co-fundaba la Sociedad Secreta en Adyar, India, no lejos de Madras. De hecho, cuando le pregunté a unos ancianos de Sri Lanka acerca de Olcott, estaban llenos de elogios por el bien que él había hecho por la unidad y la educación budista. Me señalaron una gran estatua de él en el parque frente a la estación de ferrocarril.

Llamé a un viejo amigo de Sri Lanka que había sido mi compañero de cuarto en París hacía años. Cuando mencioné a Olcott, tanto él como su esposa me dijeron que ellos habían asistido a escuelas budistas que él había ayudado a establecer cien años antes. Este amigo me había invitado a Ceilán hacía treinta años para conocer a su familia, y visitar toda la isla con ellos.

Reflexionando sobre mis conversaciones con estas personas acerca de Helena Blavatsky y Henry S. Olcott en Sri Lanka me hizo sentir extrañamente cercano a ellos, y me convencí de que yo tenía una conexión con Sri Lanka y el dueto Blavatsky-Olcott en una vida anterior. Hice una nota mental para preguntarle a Sir Arthur acerca de esta conexión durante mi siguiente sesión con el médium.

Y entonces, una mañana temprano, antes del amanecer, me llevé la sorpresa de mi vida. Mientras estaba todavía en el nebuloso mundo entre el sueño y la conciencia, un sentimiento extático pasó sobre mí y después lo vi, ¡tan claro como el día, con el ojo de mi mente! Justin Moreward Haig me había venido a visitar. Esta vez lo reconocí aunque no tenía una noción preconcebida de cómo era él. Yo sólo sabía que era él.

Volví de esta experiencia en Sri Lanka lleno de ideas para el sitio web y ya había comenzado un libro que Sir Arthur me sugirió que escribiera. Este libro fue publicado un año más tarde con el título de Las profecías de Sanctus Germanus.

El sitio web y sus implicaciones

Cuando Sir Arthur me recordó que había hecho un trato de poner un sitio web para la Hermandad, también anticipó una pregunta que estaba albergando en mi mente. "¿Por qué? Ya hay tantos sitios como éste, ¿quién querría leer éste?"

Él respondió, "Porque está apadrinado por el que te apadrinó a ti". Explicó además que el sitio web desencadenaría un llamado a los miles de trabajadores de la luz dispersados por todo el mundo. Los reuniría en una fuerza que traería la Nueva Era Lemuriana, la Era de Acuario.

Con esto en mente, me vino el pensamiento de registrar el sitio como www.sanctusgermanus.net. Sactus Germanus o el Hermano Santo era el nombre que esta gran alma tomó en los siglos diecisiete y dieciocho mientras frecuentaba las cortes de Europa, conocido como el Conde de Saint Germain. Tomé un curso acelerado de auto aprendizaje en diseño y administración de sitios web y finalmente subí el nuevo sitio en agosto del 2002.

Unas semanas después, en septiembre del 2002, fui a Hawai para encontrarme con el médium y Sir Arthur. Sir Arthur me dijo que esto era más que un sitio web, puesto que en las pocas semanas que había estado en línea, cuarenta y cinco trabajadores de la luz habían sido conmovidos y les seguirían miles más. Me sentí aliviado. También señaló que Saint Germain había hecho un anuncio acerca del sitio web al Consejo de Maestros tenido en Venus anteriormente. Entonces le pedí sugerencias para mejorar el sitio, y los Maestros me hicieron varios comentarios demostrando que ellos ciertamente habían leído el sitio web.

En los meses que siguieron, el sitio web rebosaba con nuevo contenido. Discursos en audio dados por los Maestros y el Consejo de los Seis (Sir Arthur, Estelle Roberts, Ho Le Wei, Arthur Ford, Águila Dorada y C.W. Leadbeater) llenaron al sitio web con las perspectivas y enseñanzas de la Gran Hermandad de la Luz. Las estadísticas del sitio web que siguen el número de visitantes y sus orígenes muestran que está haciendo su trabajo: llegando a miles alrededor del mundo.

Una revelación adicional

Durante la misma sesión, le hice a Sir Arthur una pregunta a través del médium en trance que había permanecido en mi cabeza desde Sri Lanka. ¿Cuál era mi conexión con el equipo Blavatsky-Olcott?

"¿No lo sabes todavía?" preguntó Sir Arthur. Respondí que solamente tenía indicios o sentimientos de que había estado cerca de ellos.

El médium permaneció en silencio por bastante tiempo. Finalmente, él explicó, "He hecho la pregunta cinco veces a Sir Arthur y al Consejo de los Seis y cada vez recibí la misma respuesta. La quinta vez, ellos incluso emitieron un retrato de la persona que habías sido en la encarnación anterior". El médium tomó un profundo respiro y me miró seriamente. "No tomo a la ligera lo que estoy a punto de decirte, pero lo he verificado cinco veces. Tu fuiste Henry Steel Olcott en una encarnación anterior".

Tomé esta información con calma. Una sensación de "volver a casa" me invadió. Tenía sentido y confirmaba sentimientos internos. Otro misterio había sido resuelto. Otra pieza del rompecabezas había sido encontrada. Esto explicaba por qué estaba tan atraído hacia los escritos de la Sociedad Teosófica. Esto explicaba por qué estaba tan inclinado a ir a Sri Lanka.

Pasé los siguientes meses digiriendo esta revelación y leyendo los seis volúmenes completos de las Hojas del Viejo Diario, de Olcott.

Mi Maestro instructor se hace cargo

Regresé a Hawai en enero del 2003, aunque en realidad no había planeado ir allá en esa época. Nuevamente contacté al médium, puesto que para ese tiempo nos habíamos vuelto amigos cercanos a través del correo electrónico.

Mientras el médium hacía sus profundas respiraciones y entraba en trance, su cuerpo de repente se sacudió y la profunda y masculina voz del Maestro El Morya surgió:

Te saludo con el saludo de la Hermandad - corazón, cabeza y mano. Vengo a cumplir con la cita, el pacto hecho en amor.

Se dice que cuando el amor no es expresado emocional o físicamente pero que existe, su poder crece. Creo que esto es verdad. Como la presa que detiene el agua y su deseo por fluir hacia el mar lo convierte en un receptáculo de poder. Canalizada, se puede convertir en electricidad. Este es el principio con el cual opero.

No es tarea fácil para nosotros ponernos a merced de nuestros devotos. Puesto que ellos, como niños, con frecuencia comprenden mal nuestros motivos, nuestras pautas, nuestra ayuda, a nosotros mismos. Sentimos esto de forma penetrante aunque generalmente se hace poca mención de ello. Tú entiendes ahora con más claridad la situación de la época de la Teosofía, donde el caso era semejante. Tanto Kuthumi como yo lo sentimos de esa forma
.
Me muevo en una llama azul. Solamente busco una cosa y es que sea Su Voluntad. Él que me dio la vida, Él que me amó lo suficiente para pensarme y crearme, Nuestro Padre, Al Que Adoro. Mi adoración por él es tan grande que parezco alejado de mi entorno y he sido acusado de frialdad y eso que también llaman severidad. ¿Soy severo? Tal vez. Pero si veo que una acción de parte de uno de mis hermanos más jóvenes lastimará no solamente a ellos, sino a todos, incluyéndolo, debo hablar, debo actuar. No puedo permanecer sin hacer nada. Tal es mi camino.
 
Su Voluntad es mi Amor y con ESO estoy enamorado. Y entonces debes saber que es Su Voluntad que yo esté aquí, hablándote, amándote, amando a todos, ya que es el caso.

Perdona si mi amor no siempre se demuestra. Veo en ti una similitud. Tal vez sea por esta razón que sirves como lo haces bajo mi dirección, que sirves, y punto. Y lo haces.

Poco es conocido y por designio sobre aquellos días anteriores a la Teosofía; cómo llegamos a nuestros estados, a nuestro estatuto, a nuestro amor. Puesto que hubo un gran amor entre Kuthumi y Yo, compuesto sólo de tiempo, o lo que parece ser el tiempo. Profunda es de hecho la fuente de este amor, y en un sentido podría decirse que nuestro amor ha dado nacimiento a la Teosofía, y luego a nuestros nietos, todos ustedes. Conoces el cariño que uno siente por sus nietos,  contenido en el corazón de este Gran Padre.

Tal vez un día estos detalles y hechos se conocerán, así como los comparto contigo - cómo nací de un cuerpo físico, del físico femenino, de la concepción física, igual que tú. Y cómo ocurrieron mis propios despertares, parecidos a los tuyos, ciertamente algunos de ellos idénticos, astrológicamente hablando. Y así, hijo mío, verás, que lo que llega a ti me ha sucedido a mí. Y así puedes anticipar despertares similares. ¡Así es! Pronto van a resplandecer en tus manos.

Cuando nos manifestamos, no es con el propósito de palabrear sino de ofrecer una visión pura. Las palabras por sí solas tienen poca capacidad de transmisión.
 
Yo estoy contigo siempre, incluso cuando estoy en Darjeeling, simultáneamente. Yo soy El Morya, el que conoce tu profunda devoción a la Voluntad de Dios. Y es eso la que me atrajo como un imán. Y con el permiso de mi Padre, estoy aquí. Dejo contigo una parte de mí, que nunca más será recuperada. Yo estoy contigo siempre. Yo soy un ojo para tu frente.

Siempre había sentido cierta afinidad con El Morya pero como mencioné anteriormente, los únicos dos Maestros que se habían comunicado conmigo hasta este punto habían sido Justin Moreward Haig y Saint Germain. Además, tanto El Morya como Kuthumi habían trabajado de cerca con Blavatsky y Olcott en la época de la Teosofía; El Morya se encargaba personalmente del entrenamiento de Olcott. Una vez más, los recuerdos de esta relación debían penetrar poco a poco. 

Me lancé en otra frenética lectura, estudiando de cerca las famosas Cartas del Mahatma, las Hojas del viejo diario y las varias biografías de Helena P. Blavatsky. Escena tras escena, las imágenes que se producen en la India inundaron mi mente de recuerdos (los largos polvorientos viajes en tren a lo largo de la India, las negociaciones con la jerarquía budista para establecer un sistema de escuelas budistas en Sri Lanka, los innumerables discursos improvisados delante de las multitudes tanto en la India como en Ceilán, el agobiante calor de los trópicos, las visitas personales de los Mahatmas, las sanaciones masivas realizadas por Olcott a los largo de sus viajes) y se fijaron en mi memoria conciente y subconsciente.

Me enfoqué en el "Pacto de Amor" que el Maestro El Morya había mencionado y llegué a la conclusión de que este pacto había sido hecho entre El Morya, Blavatsky y Olcott. Pero, ¿en dónde estaba Blavatsky? ¿Iba también a reencarnar durantes estos últimos días? Todo lo que sé es que Sir Arthur había mencionado en alguna ocasión que HPB había visitado el sitio web y estaba complacida. Y eso fue todo lo que tenía permitido decirme.

Cambio de guardia

En mayo del 2003, recibí la devastadora noticia de que el médium estaba seriamente enfermo y que se había sometido a una cirugía mayor del cerebro. Habíamos perdido un gran acceso hacia la Hermandad en shamballa.

En mis meditaciones pedía ser guiado por la Hermandad y se me decía que los siguientes meses serían un período de gracia antes de que reanudara el camino del destino. Viajé y experimenté la vida durante esta época. Pasé la mayor parte de mi tiempo afinando el libro que Sir Arthur me sugirió que escribiera y que finalmente fue publicado como “Más allá del Armagedón” en julio del 2003 y más tarde como “Las Profecías de Sanctus Germanus”. También comencé otro proyecto con algunos amigos para escribir un guión cinematográfico sobre la vida de Helena P. Blavatsky.

También decidí que navegaría hacia la India, así como Mme Blavatsky y H.S. Olcott lo habían hecho en 1875. Podrían llamarlo un viaje de nostalgia. Puesto que no hay tales barcos de vapor del siglo diecinueve navegando en los océanos actualmente, reservé un pasaje en un buque de carga para navegar desde Saint John, Nuevo Brunswick a Mumbai (Bombay) India en noviembre del 2003.

Viaje de reconexión

Un mes después, zarpé en un carguero alemán de Saint John, Canadá hasta Mumbai (India). El barco era enorme y el alojamiento muy confortable. Era un barco muy lento con una velocidad máxima de catorce nudos por hora, aproximadamente la misma velocidad de un buque de vapor de finales del siglo diecinueve. De manera que, en un sentido, el tiempo que me tomó llegar a India fue el mismo que cuando HPB y HSO navegaron en 1875, menos la  escala en Inglaterra. El viaje fue mitad nostálgico y mitad aventura, y me encantó cada momento de él.

Treinta y dos días después, atracamos en el moderno puerto de contenedores de Nhava Sheva, en las afueras de Bombay. Para ese momento, y desde pocos días antes de atracar, estaba bastante seguro de adonde iría en India. El Morya vino a mi en mi cabina y me dijo telepáticamente que el Maestro Babaji me había preparado el camino para ir a Darjeeling, la sede etérica del Maestro El Morya.

Al cabo de tres días en India, me encontré en las faldas de los grandiosos Himalayas, a punto de tomar un taxi, que me conduciría durante un horroroso viaje de cuatro horas hasta Darjeeling, ascendiendo las montañas de unos 2500 metros de altitud. Podría haber tomado el famoso tren bucólico que toma de diez a doce horas para llegar a Darjeeling (creo que HPB tuvo que tomar ese tren para ir a Darjeeling donde El Morya restauró su deteriorada salud).  Mientras bordeábamos el precipicio, después de un último viraje pronunciado por el estrecho camino de la montaña, vi delante de mí el gran monte Kanchanjunga, el tercer pico más alto del mundo. Había valido la pena cada segundo del recorrido agonizante, para contemplar esa espectacular y majestuosa montaña.

Cuando me  registré en mi hotel, yo me esperaba algún tipo de fiesta de bienvenida, por ejemplo, la aparición del Maestro para darme la bienvenida a Darjeeling. Buscaba alrededor de mí signos, como la aparición de un alto príncipe con turbante pero no reconocí a nadie con esa descripción. Pero pensándolo bien, alguien vestido así en la India moderna habría lucido bastante fuera de lugar. Le pregunté al recepcionista y al gerente del hotel si conocían el nombre El Morya y me miraron sin comprender. Nunca habían oído de él. ¿En dónde vive? ¿Trabaja para el gobierno? "No, él no vive en esta dimensión sino allá arriba", dije torpemente mientras veía sus caras inexpresivas y desconcertadas.

Decepcionado de que el comité de bienvenida no se había mostrado, me fui a la cama en un hermoso y antiguo cuarto de un antiguo palacio del Maharajá. Era diciembre y hacía mucho frío, así que los empleados del hotel habían encendido un fuego en la chimenea para mantener el cuarto caliente. Mientras estaba en la cama tratando de salir de mi decepción, el fuego de la chimenea proyectaba un reflejo danzante en el techo. Cuando miré al techo, los reflejos comenzaron a juntarse y lentamente formaron la imagen que sabía era el rostro del Maestro El Morya. Ahí estaba él en el techo, sonriéndome benevolentemente, llevando puesto su turbante y barba. Parpadeé un par de veces para asegurarme que no estaba alucinando. Su rostro desapareció y me dormí feliz de que había visto a mi Maestro.

 


Mi cuarto con la chimenea de la cual se formaron los reflejos en el techo con forma de la cabeza del Maestro.

Educación himalaya

Después del desayuno la siguiente mañana, me senté en mi cuarto a disfrutar el hermoso escenario de las plantaciones de té que estaban abajo y preguntándome que estaba haciendo en Darjeeling. Algunos movimientos atrajeron mi atención sobre cierta sección de la pared y de repente pude ver a personas que comenzaban a entrar al cuarto. Otra vez, estaban vestidos en una diversidad de razas y culturas, pasando uno después del otro, así como aparecen en la parte trasera de la medalla de El Morya. Mientras observaba este desfile de personalidades atravesando la pared, no me sentí sólo o con miedo, sino como parte de algo. ¿Eran fantasmas en el cuarto? ¿Era mi audaz imaginación engañándome de nuevo? ¿Quiénes eran estas personas? No parecían querer asustarme. Al contrario, la mayoría parecía preocupada con sus propios pensamientos y demasiado inteligentes como para jugar tales bromas infantiles.

 


Una de las paredes de donde comenzó a surgir el desfile de personas.

Decidí en ese momento, que ayunaría por un par de días para limpiar tanto el cuerpo como la mente y para esperar instrucciones de cualquiera que sea. Me sentía impaciente. Todo parecía suceder de manera circunstancial y no planeado, pero seguía recordándome de mantenerme flexible.

La mañana siguiente me desperté con una imagen en mi ojo mental de un hombre mirándome. Era un europeo que tenía una barba negra y espesa con cabello negro ondulado que llegaba hasta los hombros. Tenía la piel blanca y parecía muy intenso. Me transmitió telepáticamente el mensaje que había sido enviado para enseñarme. ¿Enseñarme qué? Pregunté. Él no dijo nada. Estuve de acuerdo pero aún quería saber quién era.

Me levanté y comencé a hojear un libro que había comprado un día antes llamado “La historia de Darjeeling y el Sikkim Himalaya”, de K.C. Bhanja. De repente, mis ojos fueron atraídos a una sección acerca de un místico europeo de Hungría que había venido al Tibet y recorrido los Himalayas a principios de 1800. Su nombre era Alexander Csoma de Koros. En ese instante supe, que el hombre que había venido a enseñarme era él.

Csoma de Koros había caminado desde Hungría hasta el Tibet y pasado muchos años en los monasterios. Conocía las enseñanzas de Shambhala y fue autor del primer diccionario de traducción del lenguaje tibetano al lenguaje occidental, el cual como la Piedra de Rosetta, abrió las enigmáticas prácticas budistas tibetanas al occidente. En un sentido, sirvió como puente entre las culturas de occidente y de oriente. Murió en Darjeeling en abril de 1842.

Csomo de Koros entonces me incitó a regresar a la librería en la que había comprado el libro. Un par de horas más tarde, salí de la librería con una docena de tomos y volví al hotel. Los siguientes días leí insaciablemente tratando de absorber más de las enseñanzas budistas tibetanas del famoso Tsong Khapa, cuya reencarnación supuestamente es el actual Dalai Lama.

Regreso a la Hermandad

Unos cuantos días después del estudio relámpago, me senté y me pregunté hacia dónde estaba encaminado todo esto. Aún me sentía incómodo acerca de la naturaleza etérea de mi viaje. Necesitaba algo sólido para aferrarme porque tenía miedo de que mi imaginación se vuelva un tanto descontrolada para compensar la falta de concreción.
 
Tomé mi usual caminata vespertina a lo largo de las cordilleras de Darjeeling para ver las majestuosas montañas y el Monte Kuchanchanga, y después fui a un ciber café para revisar mi correo electrónico. Una de las características más asombrosas de la India moderna es la omnipresencia de Internet. Solamente en Darjeeling, conté al menos diez de esos cafés. Así que desde las cimas de los Himalayas era capaz de comunicarme con mis amigos más cercanos alrededor del mundo por medio del Internet de alta velocidad.

Recibí un mensaje que decía: "Desde tu actual posición, mira al noroeste y verás un templo. Ve allá".

Regresé rápido a mi hotel y estando de pie en mi cuarto trataba de entender en qué dirección estaba el noroeste. Era de noche así que no podía tener orientación del sol. Tendría que esperar hasta la mañana para ver el lugar exacto de la salida del sol.  ¡Pueden imaginar cuán emocionado estaba de levantarme a la mañana siguiente!

Finalmente amaneció y después de tener mi relativa orientación del sol, fui capaz de identificar la dirección en general del noroeste. Fui rápido a la recepción. Señalé hacia el noroeste y le pregunté a la recepcionista, "¿hay un tempo budista en esa dirección?" Ella no sabía. Le pregunté al administrador y él tampoco no sabía. Por último, un caballero que pasaba por ahí dijo, "Sí. Hay un templo en esa dirección. Se llama Templo Bhutia Busty". Entonces todos dijeron, "¡Ah sí! ¡El Templo Bhutia Busty!"

La razón por la que los otros no sabían era porque el camino al templo serpentea alrededor del pico de la montaña de donde estábamos y comienza al este. Metí botellas de agua en mi mochila y me dirigí a la entrada del camino que conduce al templo. Una hora más tarde, descendiendo por pronunciados declives (los cuales tendría que escalar para regresar), finalmente llegué al templo.

Bhutia Busty es un pequeño y modesto templo budista pintado de rojo brillante con columnas doradas. Desde el exterior es bonito pero no un templo extraordinariamente adornado como algunos de los otros más grandes del área. Cuando entré al patio, unos dos o tres monjes estaban apurados preparando y sirviendo la comida. Sentado dándome la espalda estaba el Lama del templo a quien ya le habían servido. Me aproximé a él y le dije que no quería molestar pero quería saber si podría meditar en el templo. Él dijo, "Por supuesto". Señaló a uno de los monjes para que abriera la puerta del templo principal, y cuando entré, cerró la puerta.

 

Estaba oscuro y frío en el templo, pero por suerte me había puesto mi abrigo de invierno. Me senté en un pequeño nicho y me preparé para meditar. Unos minutos más tarde se abrió la puerta y el Lama vino y se sentó a mi lado. Él hablaba muy bien el inglés, porque, según dijo, era de Nepal. Le conté un poco sobre mí y me dijo un poco sobre su trabajo en el templo. Entonces se disculpó y se marchó. Continué mi meditación unos cuantos minutos más, después me levanté para irme.

El Lama me estaba esperando afuera. Me sonrió y dijo, "Arriba tenemos un cuarto interno especial que está reservado para ocasiones especiales y para los monjes. ¿Le gustaría meditar en él?".

 

Por supuesto, acepté con entusiasmo la propuesta. Lo seguí por una escalera de puro hormigón. Abrió una puerta con cerrojo, y entramos a una antecámara completamente oscura. Él abrió otro conjunto de puertas y ¡entramos a un cuarto asombroso! Alineadas en un lado en un recinto de cristal estaban todas las deidades, todas bañadas en oro brillante. Él explicó el significado de todas las deidades. Él dijo que los monjes acababan de pintar meticulosamente cada columna y todo el techo con diseños de adornos budistas. Me sentí muy privilegiado de que se me permitiera estar en este cuarto.

Entonces me preguntó si me gustaría meditar en el cuarto, y por supuesto ¡acepté el honor! Me mostró un par de cojines y salió del cuarto, cerrando las puertas detrás de él.

Solo en este hermoso cuarto, entré en una profunda meditación. De repente, me encontré sentado en el mismo lugar pero en un cuarto mucho más grande con una puerta frente a mí. Aquellas mismas personas que había visto caminando a través de la pared de mi cuarto de hotel comenzaron a fluir en el cuarto y a rodearme. No sentí miedo, solamente amor de estos seres.

Miré entre ellos y reconocí a El Morya, a Saint Germain, a Kuthumi, y a otros de los bien conocidos Maestros. Entonces todos voltearon hacia la puerta y un ser alto, magnífico caminó hacia adentro del cuarto. Instantáneamente supe que era Sanat Kumara, el Anciano de los Días. Inmediatamente incliné mi cabeza en reverencia a él, pero todavía podía ver todo lo que estaba pasando en el cuarto.

El Gran Ser se me acercó y puso un collar alrededor de mi cuello. Entonces todos en el cuarto se alinearon e hicieron lo mismo. Pensaba que mi cuello y cabeza estarían repletos de collares pero al final solamente había uno. Después de esta ceremonia, la cual interpreto como mi re-introducción a la Gran Hermandad de la Luz, todos salieron del gran salón después de Sanat Kumara. Luego, gradualmente me encontré de regreso en el cuarto especial del Templo Bhutia Busty.

Traté con fuerza de comprender lo que me había pasado. Todo lo que sabía era que había pasado. No era mi imaginación. Y hasta hoy, no he entendido el completo significado de esta ceremonia.

Me senté unos minutes más en semi-meditación y después me levanté para salir.

Afuera, estaba el Lama esperándome. Le dije, "Tuve la experiencia más maravillosa en ese cuarto". El sacudió su cabeza y dijo, "Lo sé". Su respuesta me sorprendió en ese momento como viniendo de alguien que es clarividente.

El Lama y yo entonces nos sentamos en el balcón del templo y platicamos otra hora. Le conté más acerca de mi vida y le mostré los objetos materializados que había recibido, incluyendo el de El Morya. Los miró con calma y no parecía demasiado impresionado, pero dijo, "Sí, también hacemos esto en los templos". Compartí con él un libro sobre Shamballa, que encontró interesante, después prometí regresar dentro de los siguientes dos días para darle la copia de otro libro que había visto en la librería sobre Shamballa. Partimos de ahí y comencé mi largo y arduo ascenso de la colina donde el oxígeno es escaso.
 
Al siguiente día regresé al templo para darle al Lama el libro que prometí. El joven monje me dijo que el Lama había ido a hacer algunas diligencias y que sentía no verme. El joven monje realizó una ceremonia especial para mí de tambores y cantos, y después me invitó nuevamente a sentarme en el cuarto especial para meditar. No sucedió nada espectacular como la primera vez.

Al día siguiente, temprano por la mañana, recibí una llamada telefónica de la recepción. "Hay un monje que quiere verlo", dijo la recepcionista. Me vestí rápidamente y corrí a la recepción. Ahí, sentado tranquilamente en la silla de la terraza estaba el Lama. Me saludó y lo invité a desayunar conmigo. No gracias, dijo. Él ya había comido e iba en camino hacia el Reino de Sikkim. Había pasado por ahí para despedirse de mí y disculparse por no estar en el templo cuando yo fui.

Platicamos por unos cuantos minutes e intercambiamos correos electrónicos. (Sí, ¡el Lama tenía una dirección de correo electrónico!) Miró su reloj y dijo, "Debo irme. Mi autobús a Sikkim sale dentro de poco."

Caminé con él a la plaza principal, donde los otros monjes del templo esperaban. Le tendí la mano para decirle adiós, pero en cambio, él me dio un enorme abrazo delante de sus colegas. Me dijo que algún día nos volveríamos a ver en Canadá. Me quedé con la sensación de que decía adiós a un hermano, un hermano muy cercano.

Recuperación de un fragmento de mi alma

¿Cuál había sido el propósito de este viaje a Darjeeling? Hay varias dimensiones. Primero, era para confirmar que todavía era una parte de la Hermandad de la Luz. El papel actual que tenía que jugar solamente estaba siendo revelado poco a poco. Segundo, se volvió evidente para mí que este viaje había sido planeado mucho antes de mi encarnación. La Hermandad había retenido un fragmento de mi alma para asegurarse que regresaría, y el propósito de mi viaje a Darjeeling era en esencia recuperar ese fragmento. Mientras escribo esto, se me dice que tomará aproximadamente un año para que se reintegre con el resto de mi alma y el proceso no siempre será fácil. Tercero, fue durante estas horas meditabundas que pasé mirando los picos de los Himalayas que me fueron sopladas las ideas concernientes la creación de la Fundación Sanctus Germanus, como un "recordatorio" de lo que me había comprometido a hacer antes de esta encarnación.

Un plan cuidadosamente orquestado

He detallado arriba el proceso por el que pasé para alcanzar esta etapa de servicio. Mi entrenamiento continúa actualmente. Al hacer un balance de estos últimos años, veo que todo fue parte de un plan cuidadosamente concebido y orquestado para regresarme al rebaño, un plan que yo mismo desarrollé antes de esta encarnación. Como lo dijo Sir Arthur Conan Doyle, me ofrecí para esto, lo planeé con los consejeros más elevados, y estoy aquí para ejecutarlo. Todo esto tuvo lugar antes de esta encarnación y apenas estoy despertando para la realización.

Con esta experiencia única en la India, he comenzado una nueva fase del camino que he elegido durante muchas vidas. De aquí en adelante, estaré involucrado en la realización concreta de actividades educativas y de sanación para la Hermandad. La continuación, en lo que se refiere a mi papel en el Plan Divino, el cual aún es un misterio, se revelará. Aquellos que leen este testimonio, experimentarán despertares similares en sus propias vidas y se unirán a mí, así lo espero, para participar en la activa implementación del Plan Divino.

 

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