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Una narración personal de entrenamiento como médium

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Otro encuentro más

A mi regreso de Singapur, aterrizamos en la noche en Newark, Nueva Jersey durante la peor tormenta de nieve de la temporada. Tan pronto desembarcamos, todas las puertas de embarque se cerraron y también el aeropuerto. Los autobuses de enlace para los hoteles dejaron de circular y el tren que conectaba con las terminales dejó de funcionar. Miles de personas estaban estancadas en el aeropuerto y obligadas de dormir en el piso de la terminal. No había forma de salir del aeropuerto excepto a pie. Me dijeron que esto era un signo de los tiempos que se avecinan: los sistemas técnicos construidos por el hombre son tan frágiles que no serán capaces de manejar el caos causado por los cambios terrestres que se multiplican. He aquí una prueba inconfundible. Más adelante en ese año tuvimos al huracán Katrina que impactó a Nueva Orleáns, y algunas de esas escenas tenían una marcada similitud a lo que yo vi esa noche en el aeropuerto.

¿Qué iba yo a hacer? Encontré una esquina apartada en la Terminal para pasar la noche. Estaba cansado después de un vuelo de 20 horas y me dormí enseguida sobre el piso. Desperté a las 5 de la mañana y me encontré rodeado de otros pasajeros estancados que se habían acomodado alrededor de mí. Todo era bastante extraño. Recogí  mis cosas y fui al mostrador de la línea aérea para ver si había alguna posibilidad de salir ese día, ya que se acercaba otra tormenta. Me metí en una larga fila de pasajeros estancados.

Cuando finalmente llegué al agente, me dijo que el único asiento que tenían disponible era dentro de dos días, de lo contrario tendría que buscar otro medio de transporte. Ninguno de los trenes, autobuses y taxis estaban disponibles, así que ¿Qué podía hacer?

Fui a la parada de autobús. Había dos turistas indios que también buscaban una forma de salir. Había un letrero en el mostrador notificando que todos los servicios de autobús estaban cancelados hasta nuevo aviso. Ellos se encogieron de hombros y se marcharon. Yo permanecí parado solo y aturdido pensando en cómo iba a regresar a Montreal, cuando de pronto oí una voz detrás de mí. « ¿Quiere ir al centro de la ciudad?»

Me viré y ahí estaba un tipo agradable de aproximadamente 38 años de edad. Yo le dije «Sí, pero todo está cerrado y no podemos salir.»

«Yo trabajo aquí. Mire, esta es mi placa oficial. Acabo de salir del trabajo. Yo trabajo toda la noche quitando el hielo a los aviones para que puedan despegar. »

«Yo creía que habían cerrado el aeropuerto,» dije yo.

«Oh no, hemos estado despegando vuelos toda la noche. Venga. No podemos tomar un taxi en esta terminal. Tenemos que ir a la terminal número 3. »

«El tren no funciona. Tendremos que caminar a través de la nieve. Yo lo hice ayer. »

« ¡Espere! » dijo. En ese momento una furgoneta blanca oficial del aeropuerto bajó por la rampa. Él salió corriendo afuera y la paró. La señora conductora asintió con la cabeza, y él me hizo señas para que subiera. Arrastré mi maleta y mis cosas a través de la nieve y subí a la furgoneta, que nos llevó a la próxima terminal. Nos acercamos a un taxi, el único a la vista. El hombre se bajó y regateó con el chofer y me dijo, «20 dólares para llevarnos a la estación de ferrocarril de Newark.» Acepté, y él me ayudó a cargar todas mis cosas en el taxi y nos fuimos..

En el taxi, el hombre me dio un billete de $10.00. «Aquí tiene mi parte», me dijo. «Usted le paga.»

En menos de diez minutos llegamos a la estación de ferrocarril de Newark. Al entrar en la terminal, me preguntó, « ¿Quiere un café? »

Le dije, «Sí, yo invito. Pero voy a ver primero el horario de trenes. Vuelvo enseguida.»

Él tomó su lugar en la fila y yo caminé unos 5 metros para ver el tablón del horario de trenes. Cuando miré de nuevo la fila para el café, el hombre había desaparecido. Caminé alrededor del puesto de café pero no logré encontrarlo, entonces pensé que lo encontraría en el mismo tren a Manhattan, y así darle las gracias.

Subí las escaleras a la vía indicada en el horario del tren, pero no había nadie ni siquiera el tren. De pronto apareció un empleado del ferrocarril. « ¿Va a Manhattan?» Asentí con la cabeza.  «Ese tren está en la vía al otro lado. Venga, yo le llevo.» Tanta cortesía en Nueva Jersey, pensé. ¡Y a las cinco de la mañana!

El hombre del ferrocarril me llevó al otro tren y le dijo al otro empleado que yo quería ir a Manhattan. Me dijo que comprara un boleto de la máquina expendedora que estaba en la pared. «Puede subir, pero no sabemos cuando vamos a partir. Al menos está cálido adentro.»

« ¿Cuántos pasajeros tienen? » Le pregunté esperando ver al caballero que me ayudó llegar ahí.

«Solamente seis.» dijo.

Me subí y miré alrededor a los otros pasajeros. El caballero no estaba entre ellos. De verdad que quería agradecerle.

Tan pronto me senté, el tren empezó a moverse. En pocos minutos llegamos a la estación Penn en el centro de Manhattan.

La estación Penn en medio de una tormenta de nieve es algo de otro mundo, como una morgue. La gente sin domicilio dormía parada dondequiera, y los pocos guardias de seguridad obligaban a pararse aquellos que habían caído al suelo. No se permite merodear o dormir en la estación. Subí arriba a la puerta de salida en la esquina de la Séptima Avenida y había un enorme terraplén de nieve que el quitanieves había empujado contra la entrada, así que tuve que treparme encima para poder llegar al otro lado de la calle. Todavía estaba oscuro y no se veía a nadie. ¿Qué iba yo hacer ahora? Entonces me fijé en un coche con los faros destellando en mi dirección. Milagrosamente resultó ser un taxi amarillo. Le hice señas para que viniera. El chófer tenía puesto un turbante y parecía ser un Sikh. No era comunicativo y no quería charlar. Sin tráfico, llegamos al apartamento de mi amigo. Al bajar del taxi, miré mi reloj. ¡¡El viaje entero desde el puesto del autobús en el aeropuerto de Newark al apartamento de mi amigo en Manhattan tomó menos de una hora!! ¡Me asombré y supe instantáneamente que alguna forma de intervención divina había ocurrido!

Eventualmente, logré tomar otro vuelo de regreso a Montreal desde el aeropuerto La Guardia ese día.

Una nueva cara para la Fundación

Pasé el mes siguiente mudando la Fundación a un edificio de oficinas. El ruido de los estudiantes en la planta baja había hecho imposible proseguir con nuestro trabajo. Decoré la nueva oficina para que no aparentara ser una oficina, y la mayor parte de la gente se sorprendía al entrar. El lugar era tan silencioso que llevábamos acabo sesiones de meditación en grupo ahí.

Después de instalar la nueva oficina, alquilé una pequeña casa de campo al lado de un lago en las montañas Laurentinas al norte de Montreal. Era un sitio ideal para empezar a escribir el boceto del volumen 2 de Las profecías de Sanctus Germanus

Los Maestros, principalmente Saint Germain, me transmitían la información a una hora predeterminada por la mañana o por la tarde en un jardín pequeño frente al lago, un lugar hermoso y sereno. Muchas veces estas transmisiones eran consejos sobre temas sobre los que debiera enfocar mi pensamiento o investigar. Sus esfuerzos tenían como objetivo involucrarme en lo escrito, en vez de dictármelo todo. Así que después de terminar con las transmisiones, escribí el primer borrador, pensando que pasaría las próximas semanas puliéndolo con un editor. Sin embargo, me notificaron que el libro aún no estaba listo para la publicación. Tendría que terminarlo después de hacer otro viaje a la India.

Regreso a Darjeeling y viaje a Rumtek, Sikkim

Mientras me preparaba para ir a Darjeeling en noviembre del 2005, recibí el mensaje que debería llevar conmigo unas pastillas para dolor, y entonces vi una escena proyectarse en mi mente en que me estaba retorciendo de dolor en la cama. « ¿De qué se trata esto?» pregunté.

«Ya verás, si te vas.» Me advirtieron que este sería un viaje difícil. ¿Por qué? No lo sabía en ese momento. Así que la decisión era mía. Pero sabía que sería otra prueba más de mi sinceridad y compromiso en lo que estaba haciendo.

« ¿No he demostrado suficiente compromiso hasta el día de hoy? Pregunté. No contestaron.

Otro encuentro más

El viaje empezó mal. Mi vuelo de Montreal a Newark fue en un nuevo avión tipo "Embraer" de Brasil, y problemas técnicos comenzaron antes del despegue. Tenía una espera de cinco horas en Newark antes de tomar el vuelo de enlace a Singapur, así que según el personal aéreo, habría tiempo suficiente para corregir el problema y tomar la conexión. Le dijeron a los pasajeros que esperasen en el avión. Todo iba a salir bien.

El tiempo pasó hasta que el piloto anunció que tendrían que llamar un equipo de especialistas para arreglar el problema con los instrumentos. Todo estaría bien y dentro de poco tiempo saldríamos. Uno hora más tarde, un equipo de tres técnicos subió al avión. Dos de ellos fueron a la cabina del piloto y el tercero se dirigió por el pasillo hacia el fondo del avión. Cuando me pasó, se sonrío ampliamente, como si me conociera. Yo también lo reconocí, pero no me recordaba de dónde. Él ajustó algo en el panel electrónico, y entonces se dirigió hacia el frente para reunirse con sus compañeros. Otra vez, cuando pasó a mi lado, se volteó y se sonrió de nuevo. En ese instante, me di cuenta de quién era. Era el mismo hombre que me ayudó salir del aeropuerto de Newark - el que había desaparecido antes de que pudiera ofrecerle un café y darle las gracias. ¿Pero qué hacia él en Montreal? ¿Acaso no era de Nueva York? Claramente no había una respuesta lógica a este encuentro, así que lo acepté con una sonrisa. De pronto me sentí más seguro de volar en ese avión.

Segundo viaje a Darjeeling

Finalmente llegamos a Newark con seis horas de atraso, tiempo suficiente para yo perder mi vuelo a Singapur. El próximo vuelo sería dentro de tres días. En ese instante sentí ganas de regresar a Montreal en vez de quedarme tres días en Newark.

Finalmente, cuando la Línea Aérea de Singapur se dio cuenta que no había sido por culpa mía, decidieron cambiar mi boleto y permitieron que partiera el próximo día desde JFK Nueva York a Frankfurt y entonces a Singapur y Kolkata (Calcuta). El viaje desde Newark a JFK fue tenso, estuvimos metidos en el tráfico por horas. Me preocupaba que se repitiera el mismo escenario, pero con suerte llegamos justo a tiempo para tomar el vuelo.

Al llegar a Singapur dos días más tarde, encontré que había perdido el vuelo a Kolkata, India y tendría que permanecer en Singapur un par de días. Aproveché la ocasión para visitar algunas amistades. Finalmente, llegué a Kolkata con seis días de atraso y agotado.

Después de un par de días de descanso, volé a Bagdogra donde alquilé un coche que me llevara a Darjeeling. Me dijeron que escogiera un chofer en particular por que si no, tendríamos problemas en el camino. Ellos habían proyectado la imagen de un hombre tibetano que sería el conductor. Cuando llegué al aeropuerto de Bagdogra, pagué por adelantado al taxi, como es la costumbre. Por la ventanilla, pude ver al despachador asignarme un chofer, pero no se parecía a la persona cuya imagen había visto. Decidí correr el riesgo. Si algo sucediera, tendría que aceptar las consecuencias.

Al salir del aeropuerto con mis maletas, de pronto un joven tibetano se paró frente a mí. «Hola, soy su chofer.» Él era el que vi en la imagen proyectada. Me dijo que había intercambiado boletos con el otro chofer para no tener que volver a Darjeeling vacío. Me sentí seguro con él, así que decidí mantenerlo como conductor durante mi viaje a Darjeeling  y Sikkim. Vamos a decir que fue "altamente recomendado", y por cierto que era un chofer muy bueno, cuidadoso y no frenético como muchos de los jóvenes chóferes indios.

Llegamos a Darjeeling al oscurecer y fui al hotel para registrarme. Era un sitio de mala muerte, así que fuimos a otro, que era un poco mejor, excepto que no tenía buena calefacción y los vecinos de la segunda planta eran ruidosos. Después de una noche sin dormir, me mudé a otro hotel que estaba en la cima de una colina.

Me sentí un poco débil del viaje pero igual bajé al Monasterio Bhutia Busty para ver a mi amigo el Lama Tenzing. Cuando llegué, el asistente del lama me dijo «Lama Tenzing no está aquí. Se fue a Calcuta hace dos semanas y debería llegar pronto. Pero llamó hoy y nos dijo que alguien de Canadá va a venir. Debe ser usted. Él dijo que estará aquí mañana.» Hacía dos años que no hablaba con el lama, y no le dije que iba a venir. Al conocerlo mejor con el tiempo, vi que él era muy telepático y clarividente, y había muchas cosas que no necesitaba decirle porque ya las sabía.

Como ya estaba en el monasterio, pedí permiso para meditar en el salón del segundo piso del monasterio. Al comenzar la meditación, entré en un semi-trance. Los Hermanos me dieron una entusiasmada bienvenida. Se presentaron en el plano etéreo y Saint Germain se acercó para hablar a través de mis cuerdas vocales. Me felicitaron por hace el viaje y dijeron que había sido una excelente decisión hacer el viaje a pesar de los problemas encontrados. Entonces, Saint Germain me habló dándome algunos detalles sobre la organización de la Fundación Sanctus Germanus y las tareas por hacer.

Después de esta sesión, fui al balcón. Uno de los monjes gritó, « ¡Está aquí! ¡Ahí viene!» Ahí estaba el Lama Tenzing bajando por una montaña con un porterito detrás cargando sus dos maletas. En seguida me reconoció y charlamos un poco. Estaba muy cansado de su largo viaje y yo también, así que hicimos planes para reunirnos al día siguiente en mi hotel.

Parecía que yo era el único huésped en el hotel. El día siguiente el Lama llegó muy temprano y desayunamos juntos. Él tenía que viajar a Sikkim y estaría muy ocupado con ceremonias y viajes a los pueblos cercanos, por lo tanto, nos quedamos de vernos de nuevo dentro de unos cuantos días.

Al llegar ese día, yo estaba enfermo con un resfriado debido a las tantas noches sin sueño durante el viaje. Entonces algo más me empezó a ocurrir. Estaba pasando por algunos otros ajustes, la mayor parte ocurrieron en el área de mi cabeza y garganta. Hubo momentos en que creía que mi cabeza literalmente se iba a partir en dos. No podía bajar al restaurante para comer y me tuvieron que servir la comida en mi cuarto. Estos ajustes duraron alrededor de diez días y me dejaron muy debilitado, pero todo ese tiempo sabía que ellos estaban trabajando conmigo. Supe no dejarme llevar por el pánico ante la idea de morir sólo en los Himalayas, aunque algunas veces tenía la impresión que me iba a morir. Sabía que era un ajuste necesario, y que tenía que pasar por esto. Por esto fue que hice este viaje. Comprendí ahora porqué compré las pastillas para el dolor.

Lo que ocurrió fue una de las últimas etapas de la ascensión de la energía kundalini desde la base de la espina dorsal. En vez de subir de golpe, la energía kundalini se liberó en diferentes intervalos a través de un periodo de cinco años, y fue subiendo por la espina dorsal de chakra a chakra. A veces sentía malestares en la parte baja de mi espalda seguidos por varios síntomas raros o dolor en el chakra afectado. Esto se iba y venía. Esta vez el kundalini estaba llegando a mis chakras de la garganta y la frente lo cual causó un dolor intenso en la cabeza.

Después de este episodio, permanecí en un estado físico debilitado por alrededor de un mes. Me tomó tres semanas más de reposo en la playa y comer alimentos frescos para recuperarme por completo. Todavía estoy descubriendo cosas sobre esta apertura. Me explicaron porqué ocurrió esta apertura y el trabajo que voy a desempeñar en el futuro. Comunicaciones desde dimensiones superiores necesitarían más precisión ya que los mensajes y enseñanzas se volverían más complejos, y yo tendría que grabarlos tan precisamente como fuera posible. Las imágenes acompañantes que se proyectan ahora son de un color más vívido y realista.

Visita a Rumtek, Sikkim y el Monasterio Rumtek

Aunque me sentía aún un poco débil, decidí alquilar un jeep e ir a Sikkim, específicamente a Rumtek, donde está ubicado el famoso Monasterio Rumtek. Más tarde entendí porqué tenía que ocurrir esta visita.

Después de un paseo por un interminable camino sinuoso por los Himalayas para llegar a Rumtek, me registré en el Hotel Shamballa, que quedaba a pocos pasos del Monasterio. Yo pensé que era un nombre apropiado, ya que el tema de Shamballa, el trono etéreo de la Jerarquía Espiritual, siempre me ha fascinado.

Yo era el único huésped en el hotel, sin embargo estaba completamente provisto de personal. Me sentí como un rey.

 


Hotel de Shamballa en Rumtek, Sikkim

Fui a visitar el Monasterio la mañana siguiente donde fui parado por los guardias armados que querían revisar mi pasaporte y la visa interna de Sikkim. Después de este puesto de control un tanto inquietante, subí a la entrada principal del Monasterio sólo para encontrar dos soldados más con ametralladoras vigilando la puerta principal. Otra vez, me sorprendí ver la demostración de fuerza bruta a la entrada de un monasterio, que se suponía era un lugar de paz y espiritualidad.

 


Templo Principal en monasterio Rumtek

El monasterio Rumtek se supone que sea la sede de la orden exiliada Kagyu de los budistas tibetanos y fue construido hace 40 años por el decimosexto Karmapa, el antiguo dirigente espiritual de la orden. Él murió en los Estados Unidos en 1981. La orden esperó pacientemente por la reencarnación del Karmapa y no fue hasta 1992 que un equipo de búsqueda enviado a Tibet encontró a un niño que se dice es su reencarnación. El niño, el decimoséptimo Karmapa se entronizó en Tibet, y fue oficialmente reconocido por el Dalai Lama. Desde ese momento, sobrevino una lucha de dominación entre los monjes Kagyu de alto rango. El Shamar Rinpoche, o asistente del fallecido decimosexto Karmapa, declaró al niño Karmapa tibetano un impostor y puso en liza a su propio candidato, otro tibetano, en Kalimpong, India. Por lo tanto, ahora hay dos jóvenes tibetanos de veintitantos años afirmando ser el decimoséptimo Karmapa.

Se dice que el Monasterio Rumtek alberga grandes tesoros de la orden Kagyu que el previo Karmapa trajo clandestinamente de Tibet. Esto incluye un sagrado sombrero negro que dio los poderes mágicos al 16º  Karmapa. Ambas facciones de los Kagyu afirman que Rumtek es la sede del Karmapa, pero ninguna ha podido ni siguiera acercarse a la puerta principal. Los guardias armados alrededor del monasterio están estacionados ahí para proteger los tesoros mientras esta controversia sigue hirviendo. Nadie puede predecir si o cuando este problema de los dos Karmapas será resuelto.

Pasé dos guardias armados y entré al patio del monasterio. Era impresionantemente hermoso.

Uno de mis objetivos era reunirme con los que están encargados de enseñar la astrología tibetana, ya me di cuenta de su utilidad, especialmente la astrología védica. Seguí a algunos visitantes al templo principal, después del cual pasé al patio principal donde estaban cientos de monjes vestidos de túnicas rojas pululando, charlando, practicando sus esculturas de mantequilla (hacía lo suficientemente frío para que la mantequilla no se derritiese), o jugando alborotadamente persiguiéndose el uno a otro como niños en cualquier patio de escuela. Me fijé en un monje trabajando en una escultura de mantequilla y me acerqué a él. Se sonrió y yo le comenté sobre la complejidad de su escultura. ¿Estaba estudiando escultura de mantequilla? Él dijo que sí, como muchos otros de los monjes.

Le pregunté si me podía dirigir a la escuela de astrología. Se sonrió tímidamente y respondió, «Yo soy el único estudiante de astrología en el monasterio.» ¡De los cientos en el patio, fui dirigido al único estudiante de astrología! Me tuve que reír. «Mi maestro está ahí dentro y muy enfermo. Él es muy viejo. Ellos quieren que yo aprenda lo más posible antes de que muera.» Apuntó hacia el cuarto de su maestro.

Me dijo que sus compañeros no estaban interesados en la astrología. Solamente él. Me mostró sus textos y las cartas estelares que utilizan. Todo estaba escrito en tibetano, pero por la forma de las cartas, pude ver que probablemente había una fusión de la astrología védica y quizás la china.

« ¿Puedo enseñarte el monasterio? » preguntó.

Acepté con entusiasmo el ofrecimiento. Fue a poner sus cosas en su cuarto y volvió de nuevo. Subimos al Instituto de tibetología Nalanda, visitamos otro templo en el piso superior del instituto donde todos los monjes se congregan, entonces caminamos por un pequeño camino que nos llevaba a otros edificios en la cima de la montaña donde los monjes entran para su retiro de tres años. Finalmente, me llevó a un cuarto donde se preservaban algunas reliquias del decimosexto Karmapa. En el mismo cuarto, había dos otros altares consagrados a ambos niños reclamantes al puesto del decimoséptimo Karmapa. Le pregunté al joven monje cuál de ellos creía él que era el verdadero Karmapa. Él contestó, «Ambos.»

Le pregunté si podía ver su cuarto monástico. Él accedió. Era muy simple con dos camas dispuestas en forma de L contra la pared. Una cama era un poco más alta que la del monje. Él dijo que esa cama era para un monje superior, su mentor. Me di cuenta que había un retrato de una cantante popular tibetana en la pared. Bromeando le pregunté si era su novia, sabiendo que la pregunta lo abochornaría. Él se rió y dijo que era una cantante popular. ¿Se permite a los monjes tener novias? «Solamente amigas,» contestó.

Entonces me dio su tarjeta con su nombre y me sorprendí que tuviera una dirección de correo electrónico. «Sí, algunas veces voy al café del Internet en Gangtok.» Tuve que reírme. Aún en esta parte remota de Sikkim, los monjes jóvenes de hoy día saben del milagro del Internet.

Una comunicación sorpresiva de Krishnamurti

Mientras estaba en los Himalayas, los Hermanos me transmitían mensajes diariamente. Estos mensajes tenían que ver con la futura organización de la Fundación Sanctus Germanus, salpicados con consejos sobre diversos asuntos.

Una noche en el Hotel Shamballa, recibí una indicación para canalizar un mensaje de alguien diferente. Prendí la grabadora y me senté en silencio. La voz se presentó a sí misma como el fenecido Krishnamurti, la persona designada por los primeros teósofos como el próximo Maestro Mundial y quien más tarde renegó su misión con la Sociedad Teosófica. Esta ruptura con los teósofos causó un gran escándalo y vergüenza a la segunda generación de dirigentes teosóficos, especialmente Annie Besant y Charles Leadbeater, sus principales promotores.

En la comunicación con Krishnamurti, me explicó un poco sobre los ajustes físicos que yo había padecido en Darjeeling y cómo él tuvo que padecer unos similares. Él me dio la explicación sobre la energía kundalini que yo mencioné anteriormente.

Le pregunté sin rodeos porqué había abortado su misión como maestro mundial. Él contestó que él no la había abortado, sino que simplemente rompió su conexión con la Sociedad Teosófica. Me recordó que había pasado su vida entera enseñando, escribiendo y dando conferencias. Tuve que admitir que tenía razón. Pero el problema, dijo él, fue que lo que enseñó era demasiado avanzado para lo que debiera haber enseñado. El mundo no estaba listo para esto. Admitió que había sido engañado por otras fuerzas (las cuales yo asumí eran extraterrestres) en algunas ocasiones, pero al mismo tiempo, nunca renegó su conexión con el Maestro KH y el mensaje de Cristo que estaba destinado a transmitir.

Esta comunicación me hizo sentir una profunda compasión por él y una mayor compresión sobre lo que tuvo que pasar, especialmente los ajustes físicos que compartimos. Y viendo simplemente el estado del mundo entre las dos guerras mundiales, yo creo que su misión fue malentendida desde el principio. Quizás fue un avatar mandado en ese momento de crisis mundial para reducir alguna negatividad, pero fueron sin duda las visiones ambiciosas de Besant y Leadbeater que condujeron al malentendido de su supuesto papel como instructor mundial. Con un poco de conocimiento de la historia, el mundo de 1930 no estaba ni remotamente listo para recibir las profundas enseñanzas del Instructor Mundial. Algunos dicen que el mundo hubiera sido un sitio muy diferente si hubiera completado su misión. Quizás, pero seriamente lo dudo, ya que la maquinaria de guerra ya había sido movilizada.

 

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